Hugo Chávez fue un genuino gran revolucionario. Sus sucesores, progresivamente abandonaron el rumbo por él trazado. Entre ellos, aun integrados en los más altos cargos de su gobierno por el propio Chávez, hubo quienes jamás lo compartieron. El resto, estuvo determinado por ausencia de formación teórica, ambiciones mezquinas, cortedad de miras y exceso de plasticidad moral. Cuando tuvieron la oportunidad, unos y otros giraron el timón y trocaron la perspectiva socialista. Primero en favor de una supuesta “burguesía nacional” y luego, sin rodeos, por la sumisión explícita al imperialismo.
El secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores, el 3 de enero de 2026, es inexplicable al margen de esta deriva iniciada incluso en medio de la heroica lucha contra el terrorismo interno teledirigido por Washington, acelerado desde 2013. Ya hacia 2018, el abandono de los principios revolucionarios socialistas fue predominante. La invasión imperial sin resistencia sólo encuentra explicación en el caballo de Troya del mercado enquistado desde mucho antes. Los 32 combatientes cubanos y los todavía no debidamente identificados y reivindicados 47 o más venezolanos asesinados por intentar resistir la agresión, son un baldón sobre las autoridades militares y políticas, impregnadas de la ideología capitalista. Ninguno de ellos podrá alegar valentía. Pero si esa fecha fatídica no es el comienzo del fin de la Revolución Bolivariana, tampoco es la consumación de la entrega.
Desde el primer momento, día a día, las así llamadas “negociaciones” con la caterva de funcionarios estadounidenses arribados a Caracas -principalmente de la CIA y otras agencias- penetraron o completaron la penetración a todos los niveles del poder en Venezuela. Quedaron expuestos los rostros de la traición. “Colaboración mutua” por parte de las nuevas autoridades con el gobierno que mantiene secuestrado y pretende enjuiciar al presidente electo de Venezuela, no es una definición. Es una confesión.
El reciente “acuerdo petrolero” que entrega al imperialismo precisamente lo que éste buscaba desde hace décadas, es la firma de una rendición sin lucha. Se le endosan 65 millones de barriles de petróleo. Las reservas de Estados Unidos suman 40 millones. Colaboración mutua. El bravo pueblo venezolano ha sido desarmado y desmoralizado por quienes ahora dicen que lo hacen para cumplir la voluntad de Chávez. Vergüenza…
No es lo más importante, sin embargo. La negación del pensamiento revolucionario socialista dominante en Venezuela durante la época chavista es extremadamente onerosa no sólo para ese pueblo valiente hoy maniatado. Toda América Latina sufre esa derrota. Allá ellos quienes optaron por montarse en la ola contrarrevolucionaria regional. No tendrán lugar. Será de la propia Venezuela y de la hoy expectante América Latina de donde provendrá el rescate. Malinche no es una maldición. Es un episodio en la historia marginal de las deserciones. La bajeza no puede estar en la cima de nada excepto una montaña de hienda. Chávez recuperará su lugar impulsado por una resistencia estratégica que ya ha comenzado, aunque pocos la vean. La realidad dista de su apariencia. Estados Unidos no está ya en decadencia, sino en franca caída. Ha sido derrotada militarmente por Irán, económicamente por China y estratégicamente por Rusia. Quienes se le aferran como parásitos caerán ignominiosamente.
Buenos Aires, 7 de septiembre de 2026
@BilbaoL