Estados Unidos, Israel y una guerra que amenaza al planeta

La Historia agradecerá a Irán por mostrar la feroz fragilidad del imperialismo. Por estas horas, en la tercera semana del ataque iniciado por Israel, Irán paga un precio altísimo en muerte y destrucción. Es el costo por ser motor de un vuelco decisivo en las relaciones internacionales y el devenir mundial. La memoria universal medirá en antes y después de la agresión imperial-sionista contra el país persa. Estados Unidos será relegado a la tradición de los bárbaros e Israel arrastrará al judaísmo en su irreversible caída, acelerada por el holocausto palestino.
Dos misiles estadounidenses fueron lanzados contra una escuela en el primer día de la agresión. Fueron asesinadas 165 niñas de entre 6 y 12 años. No hay prueba mayor de que Washington es la reencarnación de la barbarie. Ahora con inteligencia artificial. El fatuo y vacío individuo que oficia como ministro de Defensa asegura que lanzaron 20 mil bombardeos después del asesinato de niñas. La reacción de Irán sorprendió al mundo. En la primera semana de combate destruyó 27 bases militares estadounidenses en la región. En términos estratégicos, definió así el destino de la guerra. Washington busca desordenadamente una salida y choca con la firmeza de Teherán. El país agredido ha dado vuelta la situación y ahora exige, entre otros puntos, el retiro de todas las bases y tropas estadounidenses de Oriente Medio. El cierre del estrecho de Ormuz, por donde pasa del 20 al 25% del petróleo con el que se mueve el mundo, catapultó el precio del barril. Al estancamiento o retracción de las economías occidentales se suma ahora un salto inflacionario global, lo cual hace más palpable el derrumbe del dólar.
Habitada por individuos corruptos, ignorantes y desquiciados y ante su ostensible incapacidad militar, la Casa Blanca, alude cada día a su ultima ratio: la amenaza nuclear. El “sueño americano” transformado para siempre en pesadilla de la humanidad. Los países árabes del Golfo, supuesto paraíso de la riqueza y el lujo desmedidos, han desaparecido como tales y nunca volverán a ser lo que fueron. Ahora, con la vía cerrada para la exportación de petróleo y el comercio con el resto del mundo, imploran por agua y alimentos. Israel, clave de esta empresa criminal, está siendo desmantelada tras su agresión artera contra Irán, cuando en medio de conversaciones de paz, el 28 de febrero bombardeó Teherán y asesinó al líder religioso Alí Khameney en medio de una matanza de civiles. Nunca como ahora estuvo el Estado hebreo tan cerca de la desaparición. Y esto no ocurre por el ataque del mundo árabe en el que está enclavado a la fuerza, sino por la enajenación sionista de sus gobernantes y la complicidad irracional de buena parte de los judíos en el mundo. Los restantes, están en la encrucijada de defender el holocausto palestino y la guerra o recuperar el acervo humanista forjado por tantos brillantes pensadores y políticos de ese origen.
Pese a la brutalidad de los ataques y la devastación provocada, a poco de iniciada la agresión estaba claro que los objetivos de Washington y Tel Aviv habían fracasado. En menos de una semana la situación militar se volcó a favor de los agredidos. Esa deriva impensada concluye con una era histórica: terminó el dominio mundial estadounidense y comienza a delinearse un nuevo mapamundi. El respaldo de Rusia y China a Irán pone de manifiesto la dinámica y el alcance potencial de este conflicto: el mundo trastabilla ante el abismo de una guerra nuclear. Como sea, el hecho es que el papelón militar de Estados Unidos y la exposición de la calidad intelectual, moral, militar y política de los partidos gobernantes en Washington, acaba para siempre con el modelo de la democracia capitalista como horizonte para la humanidad. Por si este desmoronamiento no fuese suficiente, Europa se suma como vasallo cobarde a la vesania imperial y, además de fracasar en su intento de doblegar a Rusia promoviendo y financiando la destrucción de Ucrania, se hunde en la crisis económica antes de que ésta comience a escala mundial en magnitudes incontrolables.

Naturaleza de la guerra
El mundo ha cambiado de manera vertiginosa e inesperada. La brusquedad del cambio y los horrores de la guerra ocultan su naturaleza. Analistas, políticos y comentaristas no atinan a explicar la causa de semejante giro y exponen las más diversas razones: demencia de los promotores de la guerra; ineptitud de los ocupantes de la Casa Blanca; terrorismo al que se debía poner fin; afán estadounidense por el petróleo iraní; disputa geopolítica… y otros tantos argumentos. El hecho es que ésta es una guerra por los mercados del mundo. Por supuesto es preciso señalar la causa que provoca esa pugna irrefrenable, capaz de lanzar a la guerra a los países más poderosos de la Tierra. Pero antes y tras subrayar que no todos los contendientes son lo mismo (Rusia y China tienen particularidades socioeconómicas y políticas que no es el caso analizar aquí), resalta el hecho de que por parte de Estados Unidos está en disputa el control de las vías de transporte de mercancías y las áreas de dominio comercial. Luego de haber perdido la supremacía económica mundial, el Washington está empeñado en frenar el poderío de la principal economía mundial y para ello se propone cuatro objetivos principales: cortar a China las vías de transporte de productos manufacturados (por Irán y Rusia hacia Europa, por el Ártico hacia América); condicionar la provisión de petróleo (Venezuela, Irán y los países del Golfo, antes del desastre por ellos mismos provocado); impedir que la supremacía económica y militar se prolongue con el predominio de una nueva moneda que reemplace al dólar en el comercio mundial; bloquear la convergencia de China y Rusia con países cuyas clases dominantes subordinadas entienden que la hegemonía estadounidense ha terminado y deben cambiar de estrategia.
Mientras tanto la Unión Europea, exigida y apoyada por Washington, contra toda racionalidad busca pasar de motor de la beligerancia ucraniana a provocar directamente una guerra europea contra Rusia. Como sea que esta pretensión evolucione, ya está lanzada una carrera armamentista con el consiguiente aumento del presupuesto militar mientras la crisis económica azota a la Unión con eje en Alemania, Inglaterra y Francia.
Estancamiento y recesión económica, guerras y más guerras, no resultan de la corrupción, la perversión o la estupidez de los gobernantes (quienes en los últimos años parecen haber sido seleccionados precisamente por esas características). Ellos, en su degradación asombrosa, son sólo la emanación nauseabunda de otra causa. El mundo asiste a un nuevo ciclo de superproducción, agudización de la competencia y caída de la tasa de ganancia, todo lo cual tiene décadas de acumulación. Ésa es la causa de la guerra, como lo fue en dos oportunidades en el siglo XX. Y no se resuelve sino con la destrucción de mercancía excedente. No otra cosa es lo que está en curso. Paradojalmente, la formidable revolución tecnológica que acentúa esa dinámica, permite a la humanidad asistir a la guerra en tiempo real desde una pantalla. Pero ninguna pantalla -ninguno de los contendientes- explica su involucramiento en la violencia demencial más allá de condenar la perversidad del enemigo.
Tampoco hay partidos u organizaciones obreras de masas con capacidad y voluntad para concientizar con base científica y solidez política la encrucijada ante la cual está el planeta. Incluso la intelectualidad mundial retrocede ante la evidente marcha hacia una tercera guerra mundial y la devastación nuclear que supondría. Así, a milímetros de la consumación de la amenaza, a escala mundial no hay una fuerza social alternativa en condiciones de frenarla y marcar otro rumbo.
Aunque parezca un contrasentido, es la propia inexistencia de una alternativa lo que permite el espacio que hoy tienen las fuerzas dominantes en la economía, la política y la capacidad militar para hallar una solución de compromiso. En la totalidad del escenario planetario no se alude siquiera a la superación del sistema capitalista como vía para acabar con la amenaza de una guerra nuclear.

El mundo en el futuro inmediato
¿Cuál sería entonces el compromiso que podría terminar con las guerras hoy en Irán y Ucrania y poner freno a la dinámica de conflagración nuclear? Uno que adecue la realidad a las nuevas relaciones de fuerza internacionales. Esto implicaría un sismo político en detrimento del imperio decadente y a favor de China, Rusia y el bloque que contenga o reemplace a los Brics, también ellos víctimas de la guerra. Un cambio en la hegemonía global y el rediseño del planisferio económico y político. ¿Se avendrá la Casa Blanca a aceptar pacíficamente este resultado? En cualquier hipótesis, es el único posible.
Si lo otro es la guerra atómica, esto podría aparecer como posibilidad deseable. Sin embargo, resta saber cómo se resolverá la crisis de sobreproducción, el endeudamiento desorbitado (Washington debe 39 billones de dólares y paga 2600 millones diarios sólo en intereses: el dólar está a punto de sufrir un colapso; los países subordinados aceleraron en los últimos 20 años su impagable deuda) y los costos siderales de la destrucción provocada en Medio Oriente, Ucrania y Rusia. Esta somera pincelada adelante uno de sus efectos: el derrumbe del actual sistema monetario internacional, la caída en tirabuzón del dólar y el derrumbe bursátil y bancario mundiales, con las consecuencias imaginables de desempleo masivo, hambrunas y más violencia. Destrucción humana y material.
Ciertamente es justamente lo que necesita el sistema para reiniciar un ciclo. Ahora bien: ¿quién pagará el costo de esta catástrofe? Estados Unidos perderá su condición dominante. Los escombros de semejante derrumbe histórico golpearán ante todo a la clase trabajadora y las clases medias de aquel país todavía altanero y prepotente en su inconsciencia. Esto será presumiblemente peor en Europa, ya en acelerada decadencia. Sin embargo, el precio será todavía más gravoso para los pueblos de los países subordinados. Argentina, cuyo gobierno pervertido y servil ha insultado la historia de la Nación al apoyar la agresión imperial, muestra por adelantado lo que espera a las víctimas de una crisis sin resolución positiva: decadencia, desagregación, degradación en todos los terrenos.
En la mejor y más probable de las hipótesis, si las potencias principales toman el control de la situación y logran frenar antes de una guerra atómica, los efectos del actual cuadro de situación mundial azotarán impiadosamente a cada país, sin excepción. Será imprescindible e inevitable retomar el camino del socialismo.
15 de marzo de 2026
@BilbaoL

Con Venezuela, con la Revolución Socialista del siglo XXI

Después de varias semanas de amenazas verbales y movimiento de naves y tropas a las cercanías de Venezuela, horas atrás medios afines al gobierno de Donald Trump anunciaron un inminente ataque contra objetivos militares. Poco después el histriónico presidente estadounidense negó haber tomado esa decisión, que fuentes informadas anunciaron para el 4 o 5 de noviembre. Esas mismas voces alertan que, como es obvio, un eventual ataque se extendería a Colombia, Nicaragua y Cuba.
Rusia y China han declarado su oposición a la invasión estadounidense aunque esto, por diferentes razones, no supone que ambas potencias -que superan largamente a Estados Unidos en términos militares- se dispongan a entrar en una guerra nuclear, para frenar a Washington.
Así las cosas, el hemisferio está ante la decisión arbitraria de un pequeño grupo de promotores de la violencia planetaria desde la Casa Blanca, encabezado por un presidente de visible inestabilidad psicológica y respaldado por un puñado de propietarios de fortunas obscenas, cifradas en cientos de miles de millones de dólares.

Sin Chávez
Durante mucho tiempo esta columna ha guardado silencio sobre Venezuela. La razón es simple. Acompañé la Revolución Bolivariana desde el primer momento. Porque Hugo Chávez encabezó una transición socialista, entendida por él como única manera de defender la independencia, la soberanía, el bienestar de las mayorías. Chávez murió en marzo de 2013. La situación del país era extremadamente complicada. Washington alimentó al sector fascista de la oposición y financió el terrorismo para enfrentar la Revolución. Acompañada por la inmensa mayoría del pueblo, la Revolución resistió. Uno a uno los títeres manipulados por el Departamento de Estado fueron cayendo. Mientras tanto la situación económica empeoraba. En ese marco el rumbo fue corregido, primero hacia el aliento a una “burguesía nacional”, supuestamente opuesta al capital imperialista, después hacia respuestas económica desesperadas, que en lugar de romper lazos con el capital, descargó la crisis sobre las masas populares.
Espectador impotente de esta deriva, el autor de estas líneas mantuvo su rechazo a los profesores de revoluciones capaces de condenar a distancia. Y defendió sus posiciones ante quienes habían acompañado a Chávez. Un militante no condena a camaradas que en su opinión marchan en el sentido equivocado si no está en medio de la batalla, tanto menos si en su propio país no puede impedir la sucesión de gobiernos directamente atados al poder imperial o empeñados en alentar el fortalecimiento de la meneada “burguesía nacional” hasta llevar a la parálisis y el colapso de la clase obrera y el pueblo.
Ahora respetar a tantos revolucionarios genuinos implica ponerse al lado de quienes defienden el país y la Revolución frente a la amenaza yanqui. De repetir la convicción de que enfrentar al imperialismo exige acelerar en la transición socialista, expropiar al gran capital local y entregar el poder a los trabajadores no únicamente en la producción y la banca sino en todos los niveles del sistema político. No es necesario creer las declaraciones de la Casa Blanca, según las cuales desde Caracas se intentó una negociación a cambio de petróleo, para afirmar que Washington no cederá mediante conversaciones amables y concesivas. Es socialismo o barbarie. Nadie debería encandilarse con posiciones intermedias.

Batalla continental
Miles de manifestaciones mostraron días atrás la oposición a Trump arraigada en millones en la sociedad estadounidense. Con ellos hay que buscar lazos y entendimientos. Y hacerlo desde una instancia latinoamericano-caribeña. Si la amenaza directa hoy es contra Venezuela, Colombia, Nicaragua y Cuba, es claro que todo el continente está amenazado. Argentina es la prueba cabal de adónde lleva la “tercera posición”. Un frente continental tiene la capacidad potencial de dar vuelta como un guante el panorama político en el Sur del hemisferio si levanta banderas que el sistema capitalista niega a cientos de millones. Sólo así se puede frenar la ofensiva imperialista. Washington ha perdido su primacía mundial. El dólar se aproxima a un cataclismo. Perdió la guerra contra Rusia en Ucrania y no puede restablecer la hegemonía que con Israel como catapulta tuvo en Medio Oriente. Ahora busca conflicto en Asia Central, pero sabe que sólo puede provocar dificultades, nunca imponerse.
América al Sur del Río Bravo es el último recurso para posponer la inexorable catástrofe del imperio. Replegarse al patio trasero y dominar el hemisferio como parapeto final en su inevitable caída. La condición para el éxito de la estrategia imperial es la ausencia de una voz firme y clara convocando a la Revolución Socialista del Siglo XXI. Hay fuerzas para convertir en estruendo el grito antimperialista. Tras esa bandera formaremos un ejército de milicianos desde el Bravo a Tierra del Fuego. Los revolucionarios de todos y cada uno de los países tienen la palabra.
31 de octubre de 2025
@BilbaoL

La Argentina que viene

Con prescindencia del resultado electoral del 26 de noviembre, la Argentina que fue no regresará. La deriva del funesto período actual condensa una prolongada decadencia, un fracaso de larga data, que ahora precipita. La historia eligió con acierto los figurantes para el último acto. Ignorancia, mezquindad, ramplonería, miopía, cobardía, son atributos no sólo de reptantes a altos sitios del poder, sino también de quienes dicen oponérseles desde los escombros de partidos, iglesias, aparatos sindicales y cualquier otra institución de la burguesía y sus adláteres.
No habrá retorno. Incluso si el país no cae en un torbellino de violencia, el futuro anuncia una drástica transformación anticapitalista o la desintegración social, disgregación territorial, desaparición de la nación. Pueden descreer de estas afirmaciones quienes en 2015 votaron a Daniel Scioli para oponerse a Mauricio Macri.

Sinfonía de un nuevo mundo
Mientras se resuelve esa alternativa, quienes actúen en la encrucijada histórica habrán de saber que tampoco el mundo es el conocido hasta ayer. Es ya una realidad el hundimiento del imperio más poderoso de la historia. Estados Unidos ha perdido la primacía económica y la hegemonía política mundiales. No las recuperará. El inexorable derrumbe del dólar y el efecto que esto provocará sobre el capitalismo mundial será devastador. El eje político del planeta se desplazará hacia el Este y la humanidad comenzará una nueva era, imprevisible, pero con rasgos opuestos a los dominantes desde la Revolución Industrial. La transición ha comenzado con el derrumbe del statu quo ante. Aun en medio de la bruma está claro que no será un regreso al medioevo, aunque la irracionalidad capitalista amenaza a Rusia con armas nucleares. Tras la derrota de la Unión Europea y Estados Unidos en la guerra contra Rusia librada en Ucrania, está planteada la disgregación de la Unión Europea y del propio Estados Unidos. Washington jugó al estallido interno de China, tratando de reeditar la estrategia coronada con la desintegración de la Unión Soviética, para lo que contó con el decisivo apoyo del Vaticano. Esta vez ocurre lo contrario. Al enviar tropas federales a Illinois y California, Donald Trump encontró la reacción de los gobernadores, quienes pusieron en movimiento su propia fuerza armada, dando cuerpo a la dinámica de confrontación interna. Habrá un nuevo mundo en todo y por todo. Nada de esto, a escala nacional o internacional, ocurrirá de inmediato. No hay fecha fija para un fenómeno que involucra al mundo entero. Aun así, no sería inteligente posponerlo a un futuro lejano.
Sectores alarmados del propio gran capital propugnan un repliegue mundial del imperio exhausto: abandonar la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte), dejar librado a su suerte al fascismo ucraniano, cerrar las 800 bases militares -cáncer fatal para el poderío estadounidense- y replegarse hacia el hemisferio Sur del continente, exclusivamente. Quieren librar aquí la batalla defensiva final contra China y el bloque Brics (Brasil, Rusia, India, China, Sudafrica, sigla insuficiente para describir este frente contra el dominio estadounidense y europeo).

Después de las elecciones
Mientras tanto, las instituciones de la burguesía argentina -con la prensa comercial a la vanguardia- buscan la cuadratura del círculo para alinearse con Washington y mantener el comercio con China. Argentina es una nota desafinada en esta estridente sinfonía. La alianza oficial con Washington y Tel Aviv es insostenible. Será arrastrada por el derrumbe económico. Hasta los más contumaces defensores de la regresión lo reconocen. Por eso la Casa Blanca se involucra hasta el ridículo para sostener su títere. Sin excepción unos y otros esperan una devaluación severa al día siguiente de los comicios. De allí en más, no hay acuerdo y por tanto no hay plan. El país está cegado por la niebla cerrada de una clase dominante sin proyecto y una clase obrera sin conciencia. Entre aquellos cuyas voces cuentan, no hay acuerdo para encaminar el recambio. Es poco probable que la instancia constitucional del juicio político sea el recurso a utilizar. El sector del capital directamente beneficiado por el oficialismo pretenderá hacer que el elenco Ejecutivo, refaccionado, llegue a las elecciones de 2027. Una variante para esto último es incorporar al gobierno a “la oposición constructiva”, pese a la obvia dificultad para encontrar nombres dispuestos a sumarse a un elenco fallido.
Como sea, el aumento de precios mayoristas de los últimos meses combinado con la devaluación estrujará más aún los ingresos de asalariados y clases medias, otra vuelta de tuerca a la recesión. En otras condiciones esto debería impulsar la resistencia de los trabajadores. Sin duda lo hará, pero en escala menor y sin estrategia propia: las elecciones ratificarán que las opciones del capital obtendrán más del 90% de los votos. Las fracciones burguesas tendrán margen para manipular la protesta en función de sus intereses y la clase trabajadora recibirá un nuevo golpe en ingresos y condiciones de vida. A término, esto llevará al nacimiento de una nueva vanguardia y el escenario político sufrirá una transformación total, sea positiva si aparece un partido de masas de los explotados, sea negativa si la disgregación deriva en descomposición.
En cualquier hipótesis, se agudizará la lucha interburguesa, oportunidad para el infantoizquierdismo socialdemócrata empeñado en alcanzar un lugar en el inframundo del capital. Todo indica que la derrota electoral del actual elenco favorecerá al peronismo, que intentará subordinar todo a la recuperación del poder en 2027, lo cual probablemente le resulte imposible, porque la aceleración de la crisis económica y social obrará como poderosa cuña en su aparato fragmentado y corrupto.
Deuda externa e interna de magnitudes siderales, impagable en cualquier hipótesis, reservas negativas por más de 10 mil millones de dólares, aparato productivo al 50% de la capacidad instalada, recesión agravada, inflación otra vez al alza, son otros tantos factores que garantizan el fracaso de cualquier alquimia para sostener un equilibrio estable.
Tras las elecciones, por tanto, se abre una etapa de agravamiento de la crisis económica, agudización de la disputa interburguesa, conflicto social creciente eventualmente transformado en lucha de clases, agudización de las pugnas por ubicar al país en el terreno internacional, inestabilidad política sostenida.

Negar el Holocausto
El sionismo ha cometido un crimen contra la humanidad que pesará durante siglos sobre sobre los hombros de la comunidad judía internacional. Ésta deberá levantarse -y sin duda lo hará- contra quienes transformaron una idea religiosa en maquinaria de guerra. Tan a contramano de la historia como negar el Holocausto judío es negar el Holocausto palestino.
En uno y otro caso, Argentina fue colocada por sus gobiernos del lado de los asesinos. Ahora se quiere consumar esa conducta sumando al país a los sanguinarios estertores del imperio, del cual Israel es un tentáculo feroz. El gobierno de los usureros internacionales pretende embarcar al país en otro conflicto de dimensión internacional que podría derivar en una confrontación aún más sangrienta que la de Palestina: la maquinaria bélica estadounidense contra América Latina.
En línea con el repliegue a su hemisferio, Estados Unidos amenaza con invadir Venezuela. La excusa es el tráfico de drogas. La verdad es justamente hacerse fuerte en América Latina y arrasar con lo que quede del legado de Hugo Chávez. Ya Rusia, China y Brasil han declarado su oposición a semejante pretensión. Eso no ha detenido el envío de tropas y las maniobras militares en el Caribe. La amenaza está latente.
Argentina no saldrá por sí sola del abismo donde se encuentra. Los BRICS son una instancia defensiva frente a los centros del capitalismo mundial en vías de una crisis económica mayor a todas las vividas. Restos de malogrados bloques de la misma naturaleza en América Latina reaparecerán ante la gravedad de la coyuntura y eventualmente serán vehículos para sumar a un bloque mundial contra la guerra que buscan Washington y Bruselas.
La militancia anticapitalista que no se resigna a luchar por un 3% de los votos sabrá trabajar para transformar la ominosa coyuntura de guerra y devastación en un futuro de libertad, igualdad y fraternidad, es decir, un futuro socialista.
23 de octubre de 2025
@BilbaoL

La etapa que se avecina

Como sea que resulten las legislativas bonaerense en septiembre y nacionales en octubre, el agotamiento del gobierno es inexorable, así como la irrupción de la crisis general. El año próximo será de enfrentamiento interburgués y conflicto social creciente. Todo en un marco internacional explosivo.
Los recientes episodios de corrupción probablemente no pasarán de una mancha más en el sucio cuerpo político de la burguesía. Lo determinante es el fracaso económico. La imposibilidad de sanear el sistema e iniciar un nuevo ciclo de crecimiento acelera la marcha hacia la pérdida del control político. La sociedad va hacia la insurgencia espontánea; hacia la rebelión de masas contra lo establecido. El desenlace puede demorarse o sufrir una brusca aceleración.
El punto no está en predecir el momento en que esto ocurrirá, sino en determinar el carácter de la situación que se abrirá para el conjunto de la sociedad. La clase trabajadora ingresa a esa etapa en relaciones de fuerzas desfavorables, pese a que el desarrollo capitalista y la crisis han proletarizado al 80% de la población. Al frente tiene un enemigo fragmentado, disociado y sin programa para hegemonizar a sus propios componentes. Aun así, la carencia de conciencia de clase y, en consecuencia, de organizaciones obreras genuinas, ubica al capital en el control total del escenario. Los trabadores son víctimas, además, de un conjunto social al extremo despolitizado, con total ausencia de conciencia de Nación, la enajenación sin límites de las clases medias, con las juventudes a la vanguardia de esa caída en la desagregación colectiva.

Crisis y proletariado
La historia de la lucha de clases asevera que, a pesar de lo que vociferan epígonos irresponsables, el proletariado no es revolucionario. Si lo fuera, su abrumador peso social trabaría las manos del capital y le impondría las reivindicaciones económicas y políticas paso a paso. El sistema caería ante la imposibilidad de sostenerse en la sobrexplotación, sin necesidad de una revolución. Sin violencia. Pero las masas explotadas y oprimidas son en su mayoría conservadoras. Sólo una vanguardia consciente actúa en todo momento en pos de una sociedad sin explotación. De allí que la imposición gradual de la fuerza social es imposible. Por eso los sindicatos -no sólo en Argentina- pueden convertirse en puntales del sistema de explotación con anuencia de sus bases. Por eso partidos obreros de masas pueden convertirse en fuerzas reformistas conciliadoras con el capital.
Pero el sistema desemboca invariablemente en una crisis que, como queda a la vista en Argentina, destruye todas las conquistas sociales e incluso se degrada a sí mismo al punto de promover y sustentar gobiernos de ladrones e incapaces.
Ahora bien, cuando las condiciones de vida se vuelven insoportables, cuando no es posible ninguna reforma positiva en el marco del sistema dominante, se producen las explosiones sociales, las revoluciones. Y en ese punto, cuando la crisis estalla, no deriva en votos a candidatos diferentes sino en rebelión e insurgencia. Esa lección, básica para el pensamiento socialista, está en vías de tener una nueva comprobación histórica en Argentina.
El punto es que, con un proletariado disgregado y sin conciencia de sí mismo, sin partidos anticapitalistas con un programa de acción para que las masas puedan tomar el poder, con cuadros entrenados e insertos en los diferentes estratos de las clases explotadas, las clases dominantes tendrían un enorme margen de acción para ahogar en sangre la rebelión y restablecer su orden sobre los escombros del derrumbado por la crisis. Si el colapso es inexorable, evitar tal desenlace es el desafío de la hora en Argentina.

Un llamado a la conciencia
No es por acaso que la así llamada oposición esté paralizada. Es que sólo puede sostenerse apoyando al elenco gobernante. Ante el riesgo de que éste se desmorone como resultado de una derrota electoral o una abstención masiva un sector del gran capital prepara un elenco alternativo. Tal renovación no podría sino ser peor que la camarilla actual. Sólo apretando el cuello de los trabajadores y las clases medias bajas, pueden subsistir las clases dominantes.
De manera que el antiguo debate entre reforma y revolución carece de sentido hoy en Argentina. El muy extendido sector llamado “progresista” tendrá como alternativa apoyar un proceso de transición al socialismo u observar en silencio cómo la ultraderecha -hoy penetrada por el sionismo- intenta aplastar mediante la violencia toda reivindicación social.
El “progresismo”, así como las diversas siglas socialistas atrapadas en el reformismo parlamentararista, no son en principio enemigos de una transición anticapitalista. Lo mismo vale para todo un sector peronista que se considera “de izquierda” (aunque excluye variantes reaccionarias con antifaz, asociadas a la iglesia católica y otras denominaciones religiosas). A toda la sincera militancia que forma en esas filas, cabe convocarla a un proceso de unidad sobre la base de un programa, no electoral, sino para la acción. Tiempo atrás esta columna publicó un “Plan de operaciones”, como base para un debate (Ver xurl.es/qvnd0). Con esa o cualquier otra plataforma enderezada en el mismo sentido, el conjunto de quienes comprenden la gravedad de la situación deberían sumarse a un llamado a una Conferencia Federal Anticapitalista a realizarse en el menor plazo posible.

Crisis de alcance mundial
Días atrás el canciller alemán anunció ante su partido -ultraconservador- que “el Estado de bienestar se ha terminado”. Lo precedió en el descubrimiento el presidente francés, quien a poco de asumir dijo lo mismo. En el reino unido ya es cosa antigua la asunción de esa imposibilidad. Para contrarrestarlo, esos tres gobiernos sostienen la imposible guerra de Ucrania con Rusia y no ocultan que el verdadero objetivo de esa masacre iniciada por ellos y Estados Unidos con el golpe de Estado fascista en Kiev en 2014, es un choque frontal con Rusia.
Ese plan ha fracasado hasta ahora. Ucrania y sus mandantes perdieron la guerra. Estados Unidos trata de girar en redondo para asumir una realidad desde lejos vigente: Washington no es ya el centro dominante del planeta. Incluso perdió la primacía económica mundial a manos de China. Y su economía interna amenaza cada día con una explosión de la sideral deuda pública (37 billones de dólares), el hundimiento del dólar y el caos en los 50 Estados de la Unión.
Rusia tiene hoy más capacidad militar que el Pentágono. Y los Brics avanzan -a veces en zigzag- como un bloque que sepulta al dólar en tanto divisa mundial y consolida un polo comercial, diplomático y económico que cambia por completo el mapa planetario. La creciente aproximación de China y Rusia también en el terreno militar, deja a Estados Unidos y la OTAN a la defensiva y sin chances de revertir esa dinámica. En su promoción de la guerra como última instancia de sobrevivencia del sistema, también la Casa Blanca crea un foco de conflicto en el mar del Sur de China, amenazando con una provocación en Taiwán. El departamento de Estado también persiste en atacar nuevamente a Irán, esta vez involucrando a varios países vecinos, entre ellos Azerbaijan y Armenia.
El Holocausto palestino, respaldado económica, militar y diplomáticamente por Estados Unidos, con la complicidad de la prensa comercial en todo el mundo, es indicativo no sólo del carácter nazi del sionismo, sino de lo que las cúpulas en retirada están dispuestas a hacer para conservar el statu quo resquebrajado.
Con contenido diferente pero igualmente peligroso, el choque entre India y Pakistán se suma a este cúmulo de amenazas, todas con dinámica de confrontación nuclear. Quien piense que el riesgo de un choque nuclear es una exageración, debería mirar objetivamente las guerras en curso y su ostensible dinámica, todo subrayado por la ofensiva israelí para realizar una limpieza étnica en Palestina que, a término, puede derivar en la desaparición del Estado de Israel. Éste cuenta con armas atómicas y podría utilizarlas en última instancia, cuando la locura guerrerista del gobierno sionista, tras hundir en la ciénaga nazi la historia y la cultura del pueblo judío, culmine -como inevitablemente terminará- en una guerra panárabe contra Israel.
Por último, pero en primer lugar de importancia para nuestra región, la amenaza militar imperialista contra Venezuela, con una excusa ridícula para encubrir el propósito de saquear la riqueza petrolífera de ese país, es además una fuga desesperada del imperio en decadencia que apunta a América Latina como último territorio en su desgajamiento mundial, lo cual adelanta qué les espera a los países al Sur del Río Bravo.
La Teoría del valor, desconocida por los propagandistas del capital y faranduleros de una supuesta “economía austríaca”, ya ha desarmado el orden imperialista y dibuja un nuevo mapa mundial. La batalla en Argentina tiene ese contenido, esa dimensión, esa urgencia.
28 08 25
@BilbaoL

Argentina: el Voto Protesta es la respuesta

A la memoria de Carlos Gabetta

Llega a su fin el experimento in extremis ensayado por las clases dominantes mediante la Armada Brancaleone. El intento de sanear el sistema avanzó mucho. Más de cuanto alcanzaron los gobiernos anteriores. Aun así, está lejos de haber impuesto las condiciones para reiniciar un ciclo capitalista eficiente. Pese al escandaloso saqueo a las jubilaciones y los salarios reales, antes de siquiera iniciar la reforma institucional que consolide un nuevo statu quo, reapareció la crisis y el oficialismo ya no recuperará el equilibrio.
El movimiento obrero y las juventudes estuvieron y aún están desarmados, inermes. Por eso el elenco encaramado al poder pudo avanzar en su tarea de destrucción de derechos en todos los terrenos y con celeridad jamás vista. Un año y medio después persiste la carencia de una clase consciente y organizada, pero ya terminó la etapa de soportar golpes sin reaccionar. El riesgo ahora consiste en que los mismos que anestesiaron a la población y abrieron paso a un fantoche hacia la presidencia, logren engañar una vez más a las mayorías.
Por el momento el choque se dará en el terreno electoral. Y así será durante un período, previsiblemente breve, aunque de enorme costo para explotados y oprimidos. Pese a que no es el escenario para trabajadores y juventudes, es posible salir al cruce en estas elecciones. La base económica del ensayo desesperado llegó ya al punto crítico. No hay modo de continuar sin una confrontación exitosa del capital contra la clase trabajadora y el conjunto de sectores medios ahogados por la crisis.
Dada la coyuntura, asestarle una derrota letal al gobierno del gran capital en las elecciones de octubre sería decisivo para que el destino de disgregación y derrota no sea fatal. La clase obrera y el conjunto del pueblo tienen la oportunidad de abrir otro camino en función de las necesidades de las mayorías.
Pese a ser dueño absoluto del escenario, el poder carece de instrumentos para sostenerse y articularse. Una derrota del escuálido mecanismo utilizado para sostener el sistema tambaleante lo dejaría aturdido y sin alternativas eficientes a las cuales recurrir.
No se trata de un objetivo político menor. Por el camino trazado a los tumbos por la descompuesta burguesía argentina y su pelele de turno, el país va camino de una violencia irracional de todos contra todos. Es posible torcer ese rumbo. Es posible desechar las campañas individualistas y asumir la responsabilidad frente a la historia, que en caso de seguir linealmente, augura una tragedia para los habitantes de estas tierras.
En la coyuntura, urge acordar una táctica electoral que desarme a los de arriba. Frenar y torcer el rumbo de desastre que empuja hoy al país. Es posible. Los comicios en la Capital Federal y en varias provincias indican que, otra vez, la voluntad de protesta late en más de la mitad de la sociedad. Hay tiempo para transformar la debilidad en fortaleza.

Punto posible para la unión de masas
En la crisis de fines de los 1990, ante una situación análoga aunque menos grave, una considerable conjunción de agrupamientos antisistema propuso un Voto Protesta, o programático. Un sufragio opuesto a todos los partidos del sistema establecido y apuntado a un futuro anticapitalista. El resultado fue una derrota oficialista, la misma nómina de gerentes del imperio que hoy gobierna al país. El gobierno del gran capital cayó.
En todo caso, el desenlace probó igualmente que la inexistencia de una vanguardia revolucionaria fincada en una clase obrera consciente, lleva inexorablemente a la victoria de la burguesía. Al grito de “que se vayan todos”, todos volvieron. La palanca para esta malversación histórica fue el peronismo, que tras un cuarto de siglo de control de las masas llevó al desastre actual.
Sobre el elenco ejecutivo vigente no hace falta abundar. Todo lo necesario fue dicho en el momento correspondiente. Su carácter, condición y perspectivas fueron expuestos desde agosto de 2023 en sucesivos artículos hasta este año, recopilados en un folleto. (Puede leerse en bit.ly/45buVld). No era necesario esperar dos años para caracterizar la catadura moral y la miseria intelectual del equipo que, a contramano de sus propios planes, el gran capital catapultaba al poder. Además de exponer en esas páginas la farsa hoy dominante, se hacía hincapié ante todo en la caracterización sobre la situación de los trabajadores. La inexistencia como clase para sí y la conducta de las siglas de izquierda (así, con toda la equívoca ambigüedad que el concepto encierra) que alcanzaron un lugar en el antro legislativo, auguraban una batalla en la que el conjunto burgués y el imperialismo no tenían contrincante. Así fue y así está ahora Argentina, en vísperas de una nueva trampa electoral.
Ninguna fracción de la burguesía podría hacer algo diferente a la política de entrega y la supereplotación hoy dominantes a que han sido sometidos la clase obrera y el conjunto social. El país está en manos del gran capital imperial mediante un puñado de cipayos, ignorantes y arribistas, carentes de cualquier base ética que, agotados sus recursos para el recauchutaje capitalista, avanzan hacia una confrontación violenta con las mayorías ya en aprestos de sublevación.
Por eso, cualquiera de los atuendos que ensayan las cúpulas peronistas están destinadas a un fracaso mayor al protagonizado por el último botarate puesto en el sitial de presidente (ahora procesado por violencia contra su mujer, escamoteando su verdadero crimen frente a la Nación). Un peronismo vencedor no se sostendría en ninguna hipótesis, pero podría desviar a las masas y abrir una brecha para que el capital vuelva a imponerse y se ubique, entonces sí, en condiciones de asestar una derrota fascista que implicaría la destrucción de Argentina tal como la conocemos. Por eso tan importante como derrotar al actual equipo de ineptos voraces es impedir una victoria de los aparatos peronistas, en cualquiera de sus versiones.

La denominada “izquierda” no es alternativa…
Se ha dicho y repetido aquí que lo que hoy se conoce como “izquierda” en el panorama electoral, no es una alternativa para las masas. Por si faltaran pruebas, en las elecciones del 18 de mayo en CABA, el FITU pasó de los 93.759 votos obtenidos dos años antes, a 51.925. ¡¡Perdió la mitad del magro apoyo anterior!! Y esto pese a la crisis galopante y la comprobación de la política aplicada por el incalificable elenco gobernante.
Mientras tanto, la mitad del electorado porteño se abstuvo y el candidato oficial se impuso con el 16% de los votos sobre el padrón total. Con peores guarismos para la farseca “La libertad avanza” el mismo resultado se repitió en una decena de elecciones provinciales.
En las siglas que acompañan al FITU no se vio una autocrítica. Mucho menos un análisis de la realidad profunda en Argentina y el mundo. Como colofón, en una parodia grotesca del “entrismo en el peronismo” practicado en el pasado, ahora los epígonos se asociaron a la defensa de Cristina Fernández. Ésta fue procesada por la instancia máxima del corrupto aparato judicial burgués, carente de toda autoridad para juzgar a nadie. Pero la sociedad ya la había condenado mucho antes en las causas por las que le dictaron prisión. Las mismas por las que hoy la rechaza la inmensa mayoría de la población.
¿Ganar tres votos exculpando la corrupción de burgueses contrarrevolucionarios? Neosocialdemocracia devenida apéndice de aparatos putrefactos, a la caza de migajas electorales.
Por ese camino no hay salida. La militancia del Fitu debe sublevarse contra esta política enderezada exclusivamente a obtener un cargo en la guarida de los defensores del sistema. No se trata de pasarse a uno u otro partido. Se trata de aprobar una táctica electoral contraria al electoralismo, eficiente para llevar al colapso el intento de saneamiento capitalista, que implica mayor explotación, más miseria, más entrega de la soberanía al gran capital imperialista. La derrota electoral de los tres aparatos que han gobernado el último medio siglo derivará sin duda en el fortalecimiento de las masas populares. Y de allí la posibilidad de construir una herramienta política de los trabajadores y las juventudes.
Aunarse en un Voto Protesta masivo es el punto de partida para la recomposición de fuerzas. El único eje de unidad posible para abrir un nuevo cauce y echar los cimientos de una Argentina futura. La historia clava sus ojos en los protagonistas de esta instancia decisiva.

02/07/25
@BilbaoL

Coyuntura y Plan de operaciones

Si el paisaje argentino a comienzos de 2025 resulta desolador, será necesario ver bajo la superficie.
Allí se encuentran los restos desperdigados de un país que combatió sin conciencia clara de la naturaleza de su lucha, pero con el coraje propio de explotados y oprimidos dispuestos a dejar de serlo. Sucesivas derrotas no implican rendición.
¿Cómo rearmar esos restos? Se requiere un triple movimiento combinado:
# impedir que la clase enemiga alcance su objetivo de sanear el sistema a sangre y fuego en beneficio del gran capital financiero;
# aunar en una herramienta política de masas, plural y democrática, a las grandes mayorías;
# organizar una vanguardia anticapitalista en un partido de cuadros, inserto disciplinadamente en la herramienta de masas.
El núcleo originario de esa vanguardia deberá asumir ese conjunto de tareas. En la sabiduría de sus eventuales dirigencias, en la solidez teórica, en la voluntad de regeneración profunda de la militancia, estará asentada la posibilidad de victoria.
Bajo responsabilidad de ese núcleo originario de vanguardia estará la conformación de un Frente de Resistencia en el que estarán potencialmente incluidos todos quienes acuerden con un programa de acción básico:
1 dejar sin efecto todos los compromisos económicos asumidos por sucesivos gobiernos desde 1976 en adelante y cesación de todo pago por deuda externa o interna contraídas en ese período;
2 renacionalizar sin pago todas las empresas privatizadas; juicio y condena a todos los funcionarios bajo cuya responsabilidad se endeudó al país y se enajenaron sus riquezas; expropiación sin pago de todos los bienes en posesión de esos funcionarios y testaferros. Recuperación para el erario público de la riqueza robada a la nación mediante la corrupción y la manipulación política.

3 destitución sin indemnización de las autoridades de Anses, Pami, Indec, Banco Central y toda otra empresa u organismo estatal con responsabilidades en la economía. Revisión y replanteo del sistema de mediciones estadísticas. Establecimiento del monto genuino del costo de vida, a partir del cual se determinarán salarios, jubilaciones y pensiones mínimas. Para todos los hallados culpables de conductas delictivas, expropiación de todos sus bienes, concesión de una pensión equivalente al costo de vida, y prohibición de ejercer cargos públicos;
4 auditoría de la banca privada. Juicio y condena a todos quienes hayan obtenido ganancias usurarias y expropiación de la riqueza así obtenida; revisión de haberes de diputados, senadores, ministros, jueces y altos funcionarios. Sanción con expropiación y prisión a quienes se les compruebe enriquecimiento ilícito. Establecimiento de un ingreso máximo para diputados y senadores equivalente al salario de un médico de Hospital público;
5 destinar los fondos obtenidos de la recuperación de lo robado, mas los excedentes resultantes de acabar con el pago de intereses y deudas ilegítimas, a tres objetivos primarios:
– construcción de 4 millones de viviendas con crédito hipotecario a pagar en 30 años para todos quienes carezcan de vivienda propia;
– créditos para máquinas y herramientas a pagar en 20 años para toda familia que voluntariamente decida radicarse en tierras expropiadas a los corruptos y producir alimentos;
– créditos a pagar en 10 años para la pequeña y mediana empresa (capital inferior a un millón de dólares), por los montos que su sostenimiento requiera.
Aunada la nación en torno a un programa de estas características, la vanguardia consciente de la necesidad de abolir el capitalismo, se abocará a las siguientes tareas:
# conformación de asambleas populares democráticas desde cada municipio, articuladas a escala provincial y nacional;
# establecer sobre esa base gobiernos municipales y provinciales y culminar con la elección de un gobierno nacional representativo del pueblo organizado;
# organización, a partir de fábricas, barrios y universidades, de una fuerza armada revolucionaria para garantizar la transición al socialismo.

@BilbaoL
Buenos Aires, 12 de enero de 2025

Perspectivas para 2025

Con depresión económica e inédita parálisis social, Argentina ingresa a 2025 en estado de anomia, lanzada hacia una creciente penuria en todos los terrenos, sin excluir la violencia, ya instalada, aunque todavía sin apariencia y expresión política.
Desarticuladas las estructuras políticas mediante las cuales las clases dominantes condujeron el Estado, en su lugar proliferan camarillas de todo pelaje, testaferros del narcotráfico y empleados de diferentes servicios de espionaje extranjeros, con sede principalmente –aunque no exclusivamente- en Washington y Tel Aviv.
La burguesía ya no es una clase articulada sino una multiplicidad de intereses en pugna, sin capacidad ni intención de proyectar y conducir una nación, con escasos intelectuales capaces de reflexionar sobre presente y futuro, víctimas también ellos de la implosión provocada por la crisis estructural irreversible, a la cual no atinan a reconocer y enfrentar, por lo que sólo pueden amoldarse a la decadencia. O marginarse.
Al igual que su contraparte, la clase obrera carece de cohesión y, sin conciencia de sí misma, no puede cumplir en la coyuntura la misión histórica de asumir el poder político y transitar el arduo camino hacia la abolición del capitalismo. También en este costado de la sociedad la intelectualidad parece anestesiada, arrastrada por la ola reaccionaria que denuesta al pensamiento revolucionario y niega espacio a la rebeldía intelectual en la agonía del capitalismo tardío.
Saqueo
Así las cosas, Argentina se hunde en la ciénaga de la crisis. Como queda probado en el primer año de gobierno de las nuevas camarillas, la fórmula para salir de la caída capitalista y el consecuente riesgo de Revolución es la misma: un pelele en la presidencia y un agente del capital financiero en el ministerio de economía. Con ensayos previos, la aplicó en 1976 la dictadura militar, en 1990 el peronismo, en 1999 el radicalismo y ahora este remedo farsesco de aquellos funestos precedentes. Está probado que quienes desde los años 1970 intentaron una respuesta diferente sin atacar las columnas del capitalismo, no sólo fracasaron: agravaron la crisis, empobrecieron a las grandes mayorías y aceleraron el deterioro, hasta llegar al paroxismo, de la dirigencia política y la institucionalidad republicana. Hoy el poder ejecutivo, el Congreso y el poder judicial son una caricatura contrahecha del modelo teórico republicano, pero también del existente en Argentina hasta los años 70. A diario explotan escándalos en todos los estamentos del poder –siempre con el narcotráfico involucrado- poniendo a la luz la corrupción extrema de funcionarios, legisladores, jueces, empresario, sindicalistas y otros supuestos garantes de la institucionalidad burguesa.
Pretender que el freno a la inflación mediante una depresión inducida es un éxito, equivale a declararse incompetente para entender lo más obvio de la realidad, o ser un cínico contumaz, dispuesto a mentir descaradamente para sostener lo insostenible. Pretender que la pulverización del conjunto social, la destrucción de los partidos del capital, la cooptación de las izquierdas, la permanencia en el gobierno de una pandilla de personas incultas, oportunistas, chapuceras, enajenadas, ajenas a toda ética, puede afirmar bases para una nueva república capitalista, es asumirse parte integrante de ese elenco funambulesco que acelera la destrucción material y moral de Argentina.

Mentiras
La supuesta estabilidad económica es una estafa, apoyada en un freno brutal a la economía (un año de recesión transformada en depresión, de la cual no hay signos de salida), en un descontrolado endeudamiento (100 mil millones de dólares en un año), en el robo a cara descubierta a jubilados y trabajadores y el consecuente empobrecimiento de la sociedad (55% o más de la población por debajo de la línea de pobreza) y, sobre todo, en la desaforada corrupción política, palanca decisiva para sostener al elenco gobernante. Aunque es sumamente peligroso, por la cantidad y calidad de los involucrados, la lucha interburguesa se manifiesta en denuncias cruzadas destinadas a develar a qué precio (monetario) se consiguieron los votos para aprobar la ley ómnibus -transformada en taxi- que permitió al Ejecutivo sostenerse durante el primer año acelerando en línea de choque con los trabajadores y las clases medias, al compás de la entrega de empresas nacionales y riquezas naturales al gran capital internacional, asociado en reconocidos casos con miembros y testaferros del oficialismo.
Es legítimo preguntarse por qué ante semejante agresión la clase trabadora y los sectores medios no se levantaron en defensa propia. La respuesta es simple: todo lo anterior fue igualmente malo, nadie creíble ante las masas salió a denunciar al elenco nazisionista, los sindicatos actuaron según los intereses de sus cúpulas patronales, las izquierdas no pudieron, en algunos casos, y no quisieron, por regla general, enfrentar un fenómeno que despertaba simpatías en franjas de jóvenes y sectores medios. La prensa comercial abrió expectativas en el engendro sobreviniente. ¿Cómo podría la sociedad desarticulada y manipulada haber enfrentado el zarpazo? Aún hoy, a la vista de los efectos devastadores sobre la niñez y adolescencia, sobre los ancianos, sobre la cultura, con desocupación creciente y amenaza de cierre de más de 100 mil pequeñas y medianas empresas, predomina la resignación, denominada esperanza por consultores en oferta.
Así, el carrusel sigue girando. Con dinero que no tiene, el gobierno comenzó el año pagando 4700 millones de dólares de deuda. En 12 meses deberá pagar más de 20 mil millones. Algo menos de la mitad son intereses. Si la sociedad lo permite, refinanciará esos compromisos, es decir, pagará con más deuda y mayores intereses. Seguirá así con la técnica de saqueo mediante usura desmedida y sin destino. Cuando iniciaron esta política supuestamente liberal, en 1976, Argentina tenía una deuda externa de 5 mil millones de dólares. Desde entonces aquel monto se ha pagado unas 100 veces. Y el país debe hoy más de la suma que ha pagado. Nadie puede suponer que este drenaje fabuloso de riqueza es ajeno al empobrecimiento del país y su población.

Incógnitas
Se abren así numerosas preguntas: ¿adónde lleva la continuidad del saqueo? ¿Soportará la sociedad argentina la continuidad agravada de la decadencia? ¿Podrán las clases dominantes avanzar sin violencia por este camino? ¿Bastarán las policías y fuerzas de seguridad para garantizar la represión? ¿Podrá otra vez el gran capital –sin el peronismo y el radicalismo, sin los sindicatos a su servicio, con una parte minoritaria de la iglesia- lanzar a las fuerzas armadas contra el conjunto social, como lo hizo en 1976?
Aunque estas preguntas admiten diferentes respuestas, algo es indubitable: ni aún con el empeño directo de Washington y Tel Aviv podrá el capital local evitar la sublevación de las masas y la aparición de nuevas vanguardias. Éstas alcanzarán una síntesis superadora de las experiencias acumuladas desde la resistencia obrera en los años 1950/60, coronadas en un plano superior en 1969 con el Cordobazo.
Por los caminos que trazará el desarrollo de las luchas espontáneas a partir de ahora, tomará cuerpo un partido anticapitalista con fuerza de masas. Argentina estuvo a la vanguardia de esta respuesta social con el Partido Laborista, fundado en 1945, cooptado, reprimido y destruido en 1946/47 por Juan Perón, el mismo a quienes ese partido de extraordinaria potencia llevara al poder tras una fulminante campaña entre el 17 de octubre de 1945 y febrero de 1946.
Esas nuevas vanguardias -en gestación ahora mismo- asimilarán las enseñanzas de aquella traición histórica, enriquecerán su acervo con las experiencias de lucha armada fallidas y la frustración de organizaciones revolucionarias en los 1970/80, devenidas reformistas posteriormente. Sobre todo podrán nutrirse del Partido de los Trabalhadores en Brasil y el Partido Socialista Unido de Venezuela, dos formidables experiencias que marcaron a fuego el devenir latinoamericano a comienzos del siglo XXI (y pusieron en pie de combate estratégico a Washington), pese a que ambos torcieron su rumbo original, encallaron en formaciones adaptadas al sistema dominante y pusieron entre paréntesis la transición al socialismo.
Si la desviación impuesta al movimiento de masas por “la tercera posición” y la conciliación de clases degradó a Argentina hasta llegar a la situación actual, es improbable que el mismo desenlace se imponga de manera duradera en Brasil y Venezuela. Así, las nuevas vanguardias podrán ensamblarse a escala continental (sí, continental, ahora con la presencia también de la clase obrera estadounidense), para retomar en un plano superior la lucha desviada a partir de la muerte de Hugo Chávez.

Nueva realidad internacional
El punto de colapso en el que se encuentra Argentina se inserta en un mundo cambiante, con Estados Unidos en desesperado y violento retroceso, ya sin la hegemonía mundial y en franco declive frente a China, primera economía global, que a la cabeza de los Brics, con Rusia como punta de lanza ante la amenaza nuclear permanente del aparato mortífero mundial, la OTAN, presenta una barrera infranqueable al imperialismo hasta ahora dominante.
Frente a este desplazamiento político planetario, los avances de la ultraderecha en países de Europa y América Latina son insignificantes. Los nazisionistas de Argentina y todos los que respaldan o admiten con sordina la demencial conducta de quienes ocupan las instituciones, no tendrán dónde apoyar sus delirios reaccionarios y arrastrarán al país a una encerrona de otra naturaleza, donde la violencia será la ultima ratio.

Sumisión
No será con el actualizado y aumentado sometimiento a los dictados del Departamento de Estado como las gimientes burguesías locales podrán mantenerse en el poder. Esa conducta, traducida en hambre y superexplotación, dará lugar a la creación de una fuerza política de masas, frontalmente antiimperialista, con eje en una nueva clase trabajadora sin el lastre de la conciliación de clases y con un objetivo directamente enfrentado al capitalismo. Hoy presentado por propagandistas bien pagos como única posibilidad de organización social, el sistema dominante está cada vez más identificado con la miseria y la violencia; no sólo en Argentina, sino en el mundo. Basta echar una mirada al panorama mundial para comprender que el riesgo de una guerra planetaria, empujada por Estados Unidos y respaldada por Europa, es un riesgo real.
Detener esa carrera demencial del capitalismo es un imperativo, no sólo para los explotados y oprimidos. Contribuir a la concientización y organización de esas mayorías es la tarea por delante.

Buenos Aires, 9 de enero de 2025
@BilbaoL

Presagios del genocidio en Palestina

A un año de ofensiva israelí contra Hamas, el pueblo palestino cuenta 42 mil muertes, 97 mil heridos y una destrucción material inenarrable.
La atroz incursión de Hamas en territorio bajo control de Tel Aviv, el 7 de octubre de 2023, es utilizada como excusa para procurar la aniquilación de un pueblo. Limpieza étnica.
Hamas no tiene razón. Ni aun la opresión de décadas y los crímenes cotidianos contra los sometidos justifica el asesinato a mansalva de civiles, la captura de rehenes inocentes. La justa rebelión de los oprimidos deberá tomar otra forma. Y lo hará con el tiempo. Tanto menos sería justificable el genocidio y la devastación cometidos en Gaza por el gobierno israelí como retaliación. No hay pretexto posible.
Las autoridades israelíes reeditan la conducta nazi durante la segunda guerra mundial. Se proponen eliminar a millones de seres humanos a quienes consideran “una raza inferior”, como Hitler y sus verdugos calificaban a los hebreos de entonces. El sionismo, encarnado hoy en Benjamin Netanyahu, entierra siglos de cultura judía, afirma una razón contraria al humanismo de los grandes nombres de origen judío. A cambio, da cuerpo a la barbarie. Una ferocidad obligada por el capitalismo senil, pero asumida por un gobierno que toma de rehén a su propio pueblo y manipula la historia para reeditar un Holocausto, como el cometido por el nazismo alemán, esta vez perpetrado por un Estado confesional y ultraderechista usurpador de la memoria y el acervo cultural judíos.
Tel Aviv lleva hoy al extremo su condición de plataforma estadounidense en Medio Oriente, pieza clave de la geopolítica imperialista. Y con este genocidio inaugura una nueva etapa histórica, cuyo desenlace pone en juego la existencia misma de Israel, que al cabo estará ante la opción de utilizar la fuerza atómica con la que cuenta. Está en ciernes la extensión de la guerra a toda la región. Netanyahu ya ataca Líbano y Siria, mientras apunta a Irán, además de Yemen.
Es la dinámica irracional que no reside simplemente en la cabeza enajenada de Netanyahu, sino en la naturaleza misma del sistema mundial, ajenos ésta y aquél a una verdad tan obvia que golpea el rostro: “Si los palestinos no tienen un hogar, los israelíes tampoco lo tendrán (…) Cuando Israel ocupa y oprime a otra nación durante 51 años, y establece el apartheid en los territorios ocupados, se convierte mucho menos en un hogar”. Así clama ante los guerreristas el escritor israelí David Grossman, citado por la periodista Patricia Kolesnikov.

Argentina, pieza fundamental del sionismo
Desde hace demasiado tiempo el sionismo ha avanzado en la penetración de las instituciones estatales a todo nivel en Argentina. Primero se apoderó de las principales organizaciones de la comunidad judía. Una política trazada desde Tel Aviv y aplicada mediante organismos de espionaje y personajes inescrupulosos, llegó al impensable punto de captar a un sujeto ad hoc, al cual catapultarían hasta la presidencia de la Nación y a través del cual manipularían la política exterior argentina, como podría hacerlo un rufián con sus víctimas. Ahora está enquistado en todos los ámbitos, a comenzar por los organismos de espionaje y la así llamada “seguridad”, es decir, los instrumentos potenciales de la represión. La adhesión oficial del Ejecutivo argentino a la barbarie israelí adelanta su conducta fronteras adentro. Si la sociedad le da tiempo y espacio, lo hará.
Mucho debía degradarse el país para que esto fuera posible. El hecho es que se vio a un flamante presidente llorando abrazado a un rabino (su rabino personal, encargado de su conversión al judaísmo) ante el muro de los lamentos, para inmediatamente bailar como saltimbanqui en una ceremonia en su honor, en pago por haber resuelto el traslado de la embajada argentina a Jerusalem. Buenos Aires es ahora el ariete del ariete, a su vez títere del vigía ciego de Occidente. A esto ha sido reducida Argentina, sus clases dirigentes y buena parte de su intelectualidad.
Pieza fundamental de semejante deriva ha sido la prensa de todo el espectro, capaz de combinar ignorancia, corrupción y vesanía, para ocultar historia, presente y devenir. Sionistas con o sin raíces judías han sido catapultados en los últimos años a lugares preponderantes en la manipulación de la opinión colectiva. Operaciones de alta envergadura realizadas por organismos de espionaje extranjeros en connivencia con franjas maleables del capital local. Con alguna excepción, los beneficiarios de esta maniobra estratégica son arribistas incultos e ignorantes, dispuestos a los máximos excesos para servir al amo y ocupar un lugar a cambio. Con ellos, la prensa comercial ha caído en Argentina más hondo de lo imaginable. Uno de los recursos de estos periodistas venales ha sido igualar antisionismo con antisemitismo. Utilizan la tragedia histórica de la Shoá para entronizar el autoritarismo nazi y acabar con el pensamiento crítico. La Historia argentina deberá registrar con letras de fuego esta falacia, perpetrada para justificar la violencia más allá de toda medida. Sólo algunos pocos fanatizados lo hacen en función de ideas y creencias. La mayoría actúa por razones crematísticas. El futuro cobrará esta afrenta. Una acepción del término Shoá es “catástrofe”. Para una catástrofe global y local trabajan quienes justifican el genocidio palestino.
En un mundo signado por la inexorable crisis del sistema económico dominante, la amenaza no está sólo en la deriva del Medio Oriente. Por esto y por la guerra de la OTAN con Rusia, más los conflictos en el Mar de China, sin contar el derrumbe europeo y el volcán dormido de América Latina, los malos presagios tienen dimensión planetaria. El payasesco gobierno argentino ya envía pertrechos militares (parece una mala burla) a maniobras bélicas de las Fuerzas Marítimas Combinadas (Quinta Flota estadounidense) en torno a Israel, comandadas por Estados Unidos y Gran Bretaña. Los propagandistas del guerrerismo israelí callan ante semejantes fantochadas y ocultan la magnitud de los efectos que provocarán. Para mal de todos, contribuyen al recrudecimiento del antisemitismo, desde lejos latente en Argentina. Irresponsables autoridades de las instituciones judías avalan esta dinámica alineándose con el suicida régimen sionista de Israel y sometiéndose a sus tentáculos locales.
@LuisBilbao
Buenos Aires, 9 de octubre de 2024

Argentina en disolución

Un grupo circunscripto del capital financiero (entiéndase por tal la fusión del gran capital industrial y bancario), se adueñó institucionalmente del gobierno argentino. Lo está usando en su beneficio, al margen de toda racionalidad social.
Mientras embolsa beneficios desmesurados, el gran capital se divide y vacila frente al riesgo de una caída del gobierno ultraconservador y el inicio de una situación de caos y descontrol. Toda la gran burguesía se beneficia de la actual política económica, pero las desgastadas palancas del poder están sólo al alcance de un sector marginal, con apenas una excepción.
Hay razones objetivas para que las clases dominantes teman el peor desenlace, que tendría enormes costos sociales pero también implicaría una desestabilización probablemente irreversible del statu quo ante, con riesgo extremo para el equilibrio interno y la ubicación internacional del país.
En consecuencia, oscilando entre la avidez y el miedo, los grupos hegemónicos del sistema no apoyan ni dejan de apoyar al elenco funambulesco que ocupa la Casa Rosada.
Esa indecisión se transmite a toda la sociedad y paraliza al país. El ahogo económico sobre trabajadores y clases medias ha llegado a un límite insostenible. Los partidos tradicionales multiplican la irresolución de la burguesía. Los sindicatos amagan, pero tampoco resuelven una línea de acción. La iglesia bambolea. El Papa reproduce la conducta de sus mandantes terrenales. Los gobernadores –representantes de la fragmentación de las burguesías locales- la elevan al cuadrado. La dinámica de desagregación nacional se acelera sin que nadie en las clases dominantes atine a ponerle freno. Las izquierdas reformistas –todas, con excepciones invisibles e inaudibles para el conjunto- parecen empeñadas en cálculos electorales para las legislativas de 2025…

De bufón a palanca del saqueo
La Historia crea a los hombres que necesita. Con las clases dominantes fragmentadas y a los tumbos, Argentina requería de un personaje capaz de combinar, en elevadas proporciones, ignorancia, perturbaciones, inmoralidad y ambición. Por eso, como síntesis de un momento de descomposición social, el actual titular del Ejecutivo tuvo el apoyo transversal de la sociedad, empujada por el hartazgo, desesperada por años de decadencia, ineptitud, soberbia de desclasados y corrupción sin límites. La enorme fuerza sin cauce explotó en las urnas. La ausencia de cualquier alternativa dio lugar a la estética de una ética desbaratada. He allí el espectáculo inverosímil de la política cotidiana. De la mano del absurdo detonó la crisis múltiple que desde hace décadas crece y desgarra al país. En la confusión resultante hay quienes ven la posibilidad de sanear la economía y recomponer el sistema.

Espejo deformante
Un diagnóstico para la coyuntura debe sortear ante todo las formas engañosas de una anomalía propia del país, donde el conjunto desconoce o rechaza el concepto de clases sociales en pugna y se siente feliz considerándose “clase media”. Es verdad que hubo una singular conformación social que incluyó enorme desarrollo cultural y educativo y, con ello, a través de diferentes etapas, el crecimiento de una extendida pequeña burguesía, abrazada con fervor a la alegada condición burguesa, sin estimar el significado de su pequeñez. Segunda generación de inmigrantes, sobre todo italianos y españoles, olvidaron sus orígenes y desecharon la idea de considerarse trabajadores. Eran abogados, médicos, arquitectos, ingenieros, y vivieron en la certeza de que sólo tenían bienestar y progreso en su futuro. Muchos de ellos mueren hoy a manos de salteadores, o viven encerrados en barrios de clausura.
El peronismo fue vástago y generador, efecto y causa, de esa singular conformación social, cuya raíz estuvo en el temprano desarrollo industrial, combinado con la llegada de obreros europeos con conciencia de clase, que crearían su propio verdugo pese a organizaciones anarquistas y socialdemócratas, impotentes frente al avance vigoroso del capitalismo, mientras en ellas se entronizaba el stalinismo.
A resultas de estos orígenes, en una etapa ulterior, ya con el capitalismo de lleno en crisis y con el peronismo macerado ideológicamente y pulverizado organizativamente, con las izquierdas entregadas al reformismo y ajenas a todo concepto científico de interpretación y accionar anticapitalista, fue posible que, al compás de una aceleración abrupta en la descomposición reaccionaria del peronismo -bajo el camuflaje pseudozquierdista tomado a préstamo por Néstor Kirchner y su familia- pudiera imponerse en jóvenes y viejos el insustancial concepto de casta, como antes se había entronizado la banal denominación de grieta, para reemplazar las nociones de clase y lucha de clases.
Dados los rasgos ultrarreaccionarios del personaje hallado en la emergencia (hizo campaña con la propuesta de vender órganos humanos de personas vivas y reivindicó la existencia de un mercado para ello), su victoria fue interpretada como un giro de la sociedad hacia la ultraderecha.
Sandeces. Capaces sin embargo de convertirse en profecía autocumplida. En 1976, con la asunción de otro ignaro sin principios y con idénticas ínfulas de personajillo, Rafael Videla, muchos se apresuraron a decretar la derrota de la clase obrera. Una mirada seria sobre la historia proletaria desde 1969 en adelante corrobora que lejos de haber sido derrotada, la clase obrera fue quien venció a la dictadura. No fue hasta 1983/85, cuando los trabajadores fueron vencidos por una combinación de reformismo socialdemócrata (a la sazón encabezado por Raúl Alfonsín, con respaldo de la iglesia, a inicios de la alianza internacional del Vaticano y la socialdemocracia), populismo peronista y sectarismo ultraizquierdista, todos los cuales se opusieron a la estrategia de un partido obrero de masas y apostaron –con mala puntería y peor fortuna- a una estructura al servicio de intrascendentes líderes prefabricados, todos terminados ya en el vertedero de la historia.
Mutatis mutandi, algo análogo ocurre en este período histórico. El bufón del mercado, supuesto vencedor sobre una sociedad derrotada, ahora trastabilla. Después de fracasar en el Congreso con un ridículo proyecto de “ley ómnibus”, se produjo un choque institucional jamás visto y potencialmente letal no sólo para el gobierno: el gobernador de Chubut, aliado del oficialismo, miembro del Pro, quien votó todo a favor durante el debate de la llamada ley ómnibus, fue castigado con la supresión –ilegal- de pagos por coparticipación provincial. El afectado anunció que si hasta el miércoles 28 de febrero (¡un ultimátum de cinco días!) no se revertía esa decisión, cerraría el paso al petróleo y el gas que produce Chubut. Desafío sin precedentes, sólo posible ante un gobierno central inexistente. De inmediato, otros 22 gobernadores se sumaron al afectado y el gobierno federal quedó sin otra base de sustentación que el puñado de capitalistas que lo apaña. El resto, beneficiado, feliz y condescendiente hasta ese momento, comprendió la magnitud del conflicto, titubeó y se abocó a amansar al bufón desbocado. Un juez resolvió la coyuntura, a favor de Chubut. Entre tanto, el titular del Ejecutivo denominó “nido de ratas” al Congreso (a cuyos integrantes calificó además como delincuentes, traidores y otras lindezas de su nutrido vocabulario escatológico). Pocos días después inauguraría las sesiones ordinarias del Parlamento, oportunidad en que convocó a todos (en primer lugar a los gobernadores, sólo la mitad de los cuales había concurrido a la ceremonia), a firmar un Pacto el próximo 25 de mayo. Patética marcha atrás, impuesta por el Fondo Monetario Internacional acompañado por el gran capital asustado. Papelón imposible de camuflar por muchos tuiteros de que se disponga.
Ni uno sólo de los hablistas oficiales o de oposición de su majestad ha adelantado opinión sobre lo que ocurrirá el 25 de mayo en Córdoba, cuando se trataría el Pacto. Se verá. Mientras tanto, el ataque a los periodistas Marcelo Bonelli, de Clarín, y Martín Rodríguez Yebra, de La Nación, es entre otras cosas un indicativo de la naturaleza del pacto propuesto y el tipo de régimen al que aspira el elenco oficial.

La verdad tras el espejo
No hay, todavía, un vuelco de la sociedad hacia la irracionalidad ultraderechista vigente en la Casa Rosada. Los hechos desnudos indican que muy lejos de eso, las masas desorientadas y desesperadas, carentes de cualquier rumbo, están a merced del albur aunque dan indicios de deslizamiento hacia una rebelión contra el sistema. Es probable que la CGT decida en los próximos días medidas de resistencia sindical, para frenar y desviar esa dinámica.
Como sea, la realidad es lo opuesto a la apariencia mostrada por la prensa comercial (aunque algunos de sus dependientes tienen la inteligencia suficiente para guardar reparos). Con 6 de cada 10 habitantes sumidos en la pobreza y otros dos acosados, con las clases dominantes pulverizadas, sin partidos, sin sindicatos e incluso sin su iglesia principal hoy arrollada por sectas evangelistas, Argentina transita una situación prerrevolucionaria.
Esto ocurre “cuando los de arriba ya no pueden y los de abajo ya no quieren”. Definición incompleta pero útil para saber cuándo comienza a ser objetivamente posible el derrocamiento del capitalismo, aunque semejante desenlace esté hoy lejano y a muchos parezca una alucinación.
Si algo deja claro la sucesión de presidentes desde hace al menos cuatro décadas, para culminar en el actual, es que los de arriba ya no pueden. Un esperpento tras otro (Alfonsín fue una excepción a medias) y agravamiento permanente de la crisis. En cuanto a los de abajo, de aquí en adelante se hará más y más evidente que ya no quieren.
Eso no basta. “Los de abajo”, es decir todos quienes sufren la crisis estructural del sistema -y no sólo esos 6 de cada 10 arrastrados a la pobreza- deben tener además la certeza de quién es su enemigo y las herramientas para enfrentarlo. Hoy no cuentan ni con una ni con otra. Mientras tanto, se prolonga sin fecha el desenlace. Con el paso del tiempo se agrava la posibilidad de que el sentido de la marcha se invierta y lleve a una situación contrarrevolucionaria. En última instancia, una crisis de la magnitud que sufre Argentina impone al capital la utilización de la violencia extrema contra las mayorías. La democracia burguesa resulta inoperante. La dictadura militar no está a la mano en este período histórico. Sólo queda la utilización de masas marginalizadas para chocar con el resto de la sociedad: el fascismo.
No es un decurso inexorable. A la fecha, pese a todo, es más probable la perspectiva anticapitalista. Para embaucar a la población, y sobre todo a los jóvenes, además de tomar del fascismo italiano contemporáneo la noción de “casta”, el elenco gobernante introdujo la fórmula “anarco capitalismo”. Era imposible conquistar a nadie con la promesa capitalista y por eso se apeló al prefijo “anarco”. La prensa, como ya se ha dicho en estas columnas, se aferró a la novedad e hizo su contribución. Describió a fascistas que arremetían contra el socialismo, pretendían poner como modelo a Thatcher, establecer un mercado de órganos humanos, punir el aborto, alinearse con Estados Unidos e Israel, como “libertarios”.
El lenguaje es la base del pensamiento. Su corrupción –que lleva años corroyendo la conciencia social- obró como arma mortal en manos de una prensa a la vanguardia en la degradación del país. Los medios y periodistas que contribuyeron para difundir y validar esta farsa no serán perdonados por sus víctimas. La procacidad entronizada en el lenguaje de políticos, periodistas, conductores de adefesios televisivos y titulare de diarios impresos o digitales, da una medida exacta de la hondura cenagosa en que ha caído el país.

Estrafalarios
La consistencia oficial puede resumirse en un hecho: durante la campaña electoral un candidato acusó a otro por su supuesto pasado terrorista. La imputaba de haber puesto bombas en un jardín de infantes. El acusador obtuvo la presidencia y la acusada el tercer lugar. Sin transición, ésta respaldó para la segunda vuelta al primero. A horas de asumir el cargo, el denunciante designó ministra de seguridad a la alegada terrorista asesina de niños. La calumniada aceptó. Sus respectivos votantes no se perturbaron (sumaron el 56%).
Ésa es la condición moral de quienes detentan los oropeles del poder político. Ahora, el mismo personaje acusa de terrorismo a Hamas, abraza al primer ministro israelí, llora ante el muro de los lamentos, luego baila y ríe en ceremonias medioevales, antes de correr a prosternarse ante el Papa a quien había acusado de comunista y encarnación del “maligno”.
A esto se llama Liberalismo, un engendro pseudo religioso, manipulado por funcionarios del sionismo, infiltrado en todas las áreas del gobierno y gracias al cual recibe el apoyo de una pléyade de periodistas…
Pero desvaríos y pasos cruzados de estandapero tienen, además del que podrían descubrir investigadores de los vericuetos de la economía y estudiosos de la mente humana, otro origen: la ignorancia. Una tosquedad intelectual tan honda que asombra. El titular del ejecutivo desconoce absolutamente la teoría económica y mucho más la historia y la realidad actual argentina. Esto se comprobará en pocas semanas, cuando se compruebe la falacia del equlibrio fiscal y desencadene el resultado de las medidas hasta ahora adoptadas. Al parecer estudió en algún terciario semejante a la antigua Academia Pitman, con lo que logró ser secretario de un empresario exitoso a costa del Estado. Ello no obsta para que en el Foro Económico de Davos haya dado lecciones a divertidos oyentes que, con gesto burlón, lo oían condenar a las potencias capitalistas por alentar el comunismo.
Quedó comprobado que el ya menguado prestigio argentino en los foros internacionales podía caer aún más, lo cual no parece preocupar al puñado de propagandistas que, con la excusa de oponerse al régimen anterior, ocultan o directamente ensalzan la conducta peligrosamente estrafalaria del personaje. Al hacerlo se rebajan ellos mismos a esa condición y afectan a todos, como un gas venenoso e insensible esparcido sobre la geografía argentina.

Respuesta estratégica
Hoy el escenario político y la temperatura ideológica está por completo bajo control de las clases dominantes. No es posible en lo inmediato disputar una batalla victoriosa en esos terrenos. Se requiere antes aclarar, afirmar y asumir nociones básicas con las cuales puedan unirse los sectores que inicialmente tengan al menos la certeza de que el rumbo actual lleva a la desagregación nacional y a la violencia irracional, ya prefigurada por el aumento vertical de la delincuencia y el narcotráfico, que afecta sobre todo a adolescentes y ancianos.
Inútil apelar a la “unidad de izquierda”. Ante todo, porque “izquierda” es –desde los remotos orígenes de la calificación- una noción vaga, imprecisa, inútil para definir una posición teórica o política. Además, porque hay franjas con esa denominación que no discuten estrategias de transformación social, sino cargos y privilegios. Es otra la naturaleza de las fibras a congregar.
Ante todo es imperativo e inaplazable la recomposición de fuerzas anticapitalistas. En simultáneo, urge convocar a un frente único para afrontar la coyuntura, en la certeza de que asistimos al desmoronamiento de los partidos y todas las demás instituciones de la democracia burguesa, sin que haya nada que las reemplace. Como base, está el rechazo verificable de más de dos tercios de la población a lo que denominan “democracia”, sin conocer el apellido que determina su naturaleza.
Tecleadores con vocación de amanuenses machacan la idea de que en democracia no hay enemigos, sino adversarios. Soslayan que democracia burguesa no es gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Desconocen que en los últimos 10 años los jubilados perdieron más del 60% de su ingreso real y a los trabajadores les fue robado entre un 40% y hasta un 70% de sus salarios en los últimos doce meses. Quienes por una u otra razón –entre ellas el papel de algunos sindicatos- no vieron triturados sus ingresos, pueden sentirse amables adversarios. Quienes afrontan la miseria y sufren o perciben la amenaza de la desocupación masiva, habrán de asumir su condición de enemigos, lo quieran o no.
Sumada a los obreros industriales que día a día ven perder conquistas laborales, disminución del salario real y aumento de la enajenación, ésa es la base para articular una respuesta estratégica.
Sólo una nueva vanguardia puede hacerlo. Recompuesta por el conjunto de luchadores sociales que en los últimos 30 años –desde la entronización del peronismo menemista y luego el Frepaso- sufren derrota tras derrota pero mantienen las banderas en alto.
Las bases y mecanismos para afirmar una plataforma que permita avanzar hacia la unidad social y política de los trabajadores pueden debatirse y afirmarse ahora mismo. El sector más salvaje del capital llama a un pacto el 25 de mayo en Córdoba. Es posible contraponer un Encuentro el 29 de mayo, 55º aniversario del Cordobazo. Que la burguesía logre aunarse en ese remedo de “gran acuerdo nacional” es más que improbable. Ellos seguirán a los tumbos. En cambio, un esfuerzo de “los de abajo” tiene una potencialidad diferente. Aunque hoy mismo no se tenga conciencia de ello, se cuentan por millones quienes objetivamente están llamados a una Unión Federal de Trabajadores, Estudiantes y clases medias para diseñar un Programa de Acción Inmediata. Un plan de acción y los objetivos buscados es lo que deberá surgir del debate y los materiales previamente presentados a ese encuentro en gestación.
En la coyuntura actual, el aniversario del Cordobazo no debería ser omitido por quienes entienden la lucha de hoy como continuidad de la que llevaron a cabo cientos de miles de hombres y mujeres desde los albores del movimiento obrero en Argentina. El 29 de mayo de 1969, en Córdoba, ese combate tuvo un hito trascendental, insoslayable, de la lucha por la emancipación.
Un encuentro nacional de Resistencia obrera, estudiantil y popular el 29 de mayo próximo, en Córdoba, ofrece el escenario para definir un diagnóstico y una propuesta de salida a la catástrofe nacional.
Obreros y estudiantes, aunque en magnitudes diferentes y en muy otra situación en comparación con el Cordobazo, pueden en esa conmemoración dar un paso inicial hacia la unidad social y política de explotados y oprimidos.
Buenos Aires, 4 de marzo de 2024
@BilbaoL

Terremoto anunciado

Pese al apoyo de todas las cámaras empresariales, incluida la Sociedad Rural Argentina, el candidato peronista fue abatido en la segunda vuelta presidencial el 19 de noviembre. El nombre avalado por Cristina Fernández perdió por 12 puntos de diferencia y fue derrotado en 20 de las 24 provincias.
Antes de arrollar al Partido Justicialista y sus aliados de ultraderecha y pseudoizquierda, el inexistente partido La Libertad Avanza (LLA) había aplastado en la primera vuelta presidencial al ahora implosionado Frente por el Cambio (FxC), con lo cual pasaron a cuarteles de invierno la Unión Cívica Radical (UCR) y el Pro, respectivamente el más viejo y el más nuevo aparato político construidos por la burguesía argentina.
No valió siquiera el respaldo explícito de la totalidad de las dirigencias sindicales y la iglesia católica al candidato oficialista. En suma: todos los instrumentos del capital para el ejercicio del poder fueron desplazados de un plumazo.
No es un rayo en cielo sereno. El desmoronamiento de las instituciones del capital, la decadencia del sistema y el hedor a descompuesto de sus cúpulas, viene de lejos. Y en las dos últimas décadas se aceleró hasta el paroxismo. No es un giro a ultraderecha de la sociedad lo que provocó el colapso, sino a la inversa: es el colapso de la democracia capitalista lo que provocó un espasmo social y este circunstancial resultado electoral.
El vehículo para el terremoto político recién iniciado carece de importancia en sí mismo. Es una creatura del propio peronismo -rápidamente acompañado por la totalidad de la burguesía y sus descompuestos órganos de difusión- que en la desesperación por mantener el poder puso en marcha un títere contrahecho que rápidamente catalizó el insondable malestar social. Cuando unos y otros comprendieron la magnitud de la bola de nieve echada a rodar, viraron en redondo. Pero ya era tarde.
Corrompidas hasta lo indecible las estructuras sindicales, disgregadas las fuerzas revolucionarias (o quebradas, o transformadas en aparatos empeñados en asimilarse al Estado burgués), las masas trabajadoras y las juventudes quedaron huérfanas. En tales condiciones de dispersión y confusión, no podían comprender la naturaleza de la crisis. Y se volcaron hacia lo que aparecía como contrario al sistema dominante. Millones fueron así víctimas indefensas de una operación de captación masiva y encaminados a un callejón sin salida.

La raíz
Mientras tanto Argentina avanza sin pausa por el camino de la crisis extrema: la mitad de la población bajo la línea de pobreza, inflación del 200% para el año en curso y perspectiva de aún más para 2024, con el riesgo permanente de hiperinflación, caída de hasta el 40% en salarios y jubilaciones, endeudamiento desmesurado, déficit fiscal (incluyendo intereses) superior al 10% del PIB, desequilibrio inmanejable de los precios relativos…
Como respuesta a este desastre capitalista, el presidente electo propone recuperar el capitalismo, puesto que según él la decadencia argentina resulta de sucesivos gobiernos socialistas y comunistas, causa de la desagregación nacional, la pobreza sin precedentes en el país, la decadencia dominante en todos los órdenes. El programa alternativo propone eliminar la moneda nacional e instalar el dólar en su lugar. Pretende privatizar salud, educación y hasta propone un mercado de órganos humanos. Para sanear el desastroso funcionamiento del Estado propugna vender o cerrar todas las empresas hoy en manos de políticos y sindicalistas corruptos, a nombre el Estado.
Sus propuestas iniciales para afrontar la catástrofe económica y social en curso indican que desconoce en grado absoluto la teoría de la economía política y carece de la más elemental información sobre la realidad económica y social. Eso no obsta para que periodistas a la orden exalten las condiciones de quien parece instruido en una Pitman y adiestrado en un aparato corrupto del “capitalismo de amigos”.
Denomina a su propuesta “liberalismo libertario”, a la vez que reivindica la última dictadura y asume que la aplicación efectiva del programa de saneamiento requiere la utilización de las fuerzas armadas volcadas a las calles para enfrentar la presumible resistencia. Denuesta con los peores calificativos al marxismo y califica como comunista hasta al mismísimo Papa. El presidente electo, conducido por su hermana y en comunión diaria con cuatro perros vivos y uno muerto, se declara en tránsito del catolicismo al judaísmo y tiene como mentor un rabino estadounidense ultra reaccionario.
La primera decisión pública del presidente electo fue anunciar un viaje a Washington y Tel Aviv antes de asumir el 10 de diciembre. Hizo saber además que su gobierno trasladará a Jerusalem la embajada argentina en Israel. Hincarse antes de entrar al templo.
Esta simple enumeración indica mucho más que un resultado electoral. La burguesía ha perdido el control del poder ejecutivo y éste ha pasado, en primera instancia, a manos directas del gran capital estadounidense, con el sionismo como palanca eficiente. Esto, desde luego, es insostenible en el tiempo. Los graciosos episodios de manotazos entre los aspirantes a ministerios y secretarías reflejan la pugna por el poder en este nuevo escenario. De la obscena campaña electoral a la no menos escabrosa pelea por ubicar una ficha en el todavía nonato esquema de poder. La fractura interburguesa se multiplica en esta nueva situación y resquebraja por anticipado al futuro elenco oficial. Quien inicialmente se mostró como bufón roquero, ya mutó y se exhibe con saco y corbata. “Pragmatismo sobre todo”, declaró 48hs después de investirse. Si esa ductilidad alcanza para permitir al capital local recuperar posiciones en el organigrama oficialista, el futuro presidente tiene mayor margen de estabilidad. De lo contrario, es inevitable la tenaza entre los restos del peronismo, gobernadores y sindicatos por un lado y el gran capital desplazado por el otro.
Si, en cambio, el candidato metamorfoseado hace concesiones suficientes para comprar tiempo, la totalidad de los jóvenes que habiéndolo apoyado no consigan un salvavidas individual, mientras la debacle económica azota a ocho de cada diez habitantes, pasará a la vereda de enfrente, sin que hasta el momento esté claro cuál será.

Democracia y revolución
El último intento de restaurar la República capitalista en ejercicio de la democracia burguesa fue el ensayado por Mauricio Macri. Culminó en la entrega del poder a un pelele cuya mayor virtud había sido su papel como mano derecha de Néstor Kirchner. El resultado está a la vista. Macri ensayó luego con la candidatura de Patricia Bullrich. No alcanzó para llegar a la segunda vuelta. Entonces giró en redondo y apoyó al candidato “liberal-libertario”. Ahora forcejea para encastrar figuras propias en el fangal del nuevo elenco. Está claro cuán atrás han quedado las apelaciones a la República y la Democracia.
Pero sería erróneo culpar al talento de Macri (ahora empeñado en la vicepresidencia de un club de fútbol) o de Bullrich (aspirante al parecer perdidosa a la cancillería). Es la inviabilidad del sistema para resolver los problemas sociales. Tras el anecdotario penoso se eleva el horizonte de una confrontación sin atenuantes con el capitalismo.
Decíamos tres décadas atrás, en medio del derrumbe de la Unión Soviética: “no confundimos las garantías civiles y los derechos individuales con el sistema que los permite o los niega. Aquellos son el resultado de la permanente tensión de fuerzas entre el conjunto de la población por un lado y un puñado de capitalistas por el otro. Y también del resultado de ese choque de fuerzas en el plano internacional (…) De acuerdo con las circunstancias un mismo sistema socioeconómico puede permitir o negar el ejercicio de las libertades democráticas. Lo que importa establecer en esta relación, por tanto, es si la realización plena y el ejercicio universal de esas libertades favorece o, por el contrario, se contrapone al desarrollo de un determinado sistema socioeconómico (…) La experiencia histórica demuestra que existe una contradicción históricamente irresoluble entre la vigencia y ampliación de las libertades democráticas y un sistema estructurado a partir de la propiedad privada de los medios de producción y economía de mercado, del mismo modo que prueba la inviabilidad a largo plazo de un sistema de propiedad colectiva y planificación económica sin el más amplio ejercicio de la democracia en todos los terrenos”. (“Democracia y Revolución en la actual coyuntura mundial”; Luis Bilbao, Crítica de Nuestro Tiempo Nº 2, Abril-Mayo-Junio 1992; Buenos Aires, Argentina).
Sucesivos gobiernos, desde hace muchas décadas, prueban que en Argentina el desenvolvimiento del sistema capitalista no va en línea con el afianzamiento y la ampliación de la democracia. El episodio funambulesco que vive ahora Argentina es la demostración inapelable de ese curso. Nadie que haya defendido el mejoramiento del capitalismo puede eximirse de responsabilidad. Nadie que haya optado por el mal menor puede desconocer que tomó el camino hacia el mal mayor.
22/11/2023
@BilbaoL