luis bilbao en entrevista con el deber

«Bolivia está en un plano más alto de democracia»

ElDeber

 

El periodista y analista político argentino Luis Bilbao defendió la gestión de Evo Morales en estos ocho años de Gobierno en Bolivia. Advirtió que los mayores riesgos para la democracia y la libertad no están en los mandatos de izquierda, sino en Estados Unidos.

 

¿Qué avances y qué retrocesos observa Ud. en estos ocho años del Gobierno de Evo Morales?

No veo retroceso alguno, Bolivia ha dado un histórico salto adelante con la elección de Evo Morales y durante los ocho años transcurridos desde entonces. No corresponde hacer una evaluación economicista de esta transformación, lo cual dista de restar valor al crecimiento del PIB y el consecuente salto en el ingreso por persona (de $us 1.100 a $us 2.450), la triplicación de las exportaciones y la quintuplicación de las reservas. Se trata de subrayar que esas formidables conquistas resultan de la asunción de un Gobierno, un partido, organizaciones de masas y millones de ciudadanos dispuestos a lograr la emancipación y la forja de un destino propio y en franco choque con quienes desde siglos sometieron y saquearon Bolivia. Esa voluntad plasmó una y otra vez, a lo largo de estos años, con dos puntos de inicio simbólico: el discurso de Evo en la asunción del mandato en enero de 2006 y, en mayo, la nacionalización de los hidrocarburos. Postergaciones, diagonales e incluso pasos atrás, carecen de toda relevancia para el análisis histórico de este periodo.

 

¿Cómo ve la democracia en la gestión de Morales?

No existe democracia en abstracto, sin apellidos. Piénsese en la democracia estadounidense: la Constitución original mantenía la esclavitud. Muy lejos de hablar de retroceso de la democracia en Bolivia, con Evo se ha iniciado un camino en un plano diferente, incomparablemente más elevado, de democracia y participación de las mayorías. Todo indica que el país avanzará mucho más todavía en ese rumbo.

 

¿Por qué cree que el país sigue entre los más desiguales de la región?

Hay dos razones: una, el legado histórico de saqueo, discriminación, sumisión, represión, de aquellos que edificaron una sociedad con la injusticia y la desigualdad como bases. La otra, el hecho de llevar adelante esta revolución por vías institucionales limita en diferentes sentidos esas transformaciones. No obstante, el aumento absoluto del ingreso per capita y su redistribución positiva, la caída del desempleo, los planes sociales, educativos y sanitarios no tienen precedentes. En todo caso, la rémora de desigualdad y pobreza no deja espacio para vacilaciones respecto de la necesidad de continuar por el camino emprendido.

 

¿Cambió y cómo la imagen de Evo Morales en el exterior?

Claro que cambió: ocho años atrás los políticos burgueses en todo el mundo miraban con gesto de suficiencia la asunción de un indio a la Presidencia. Tenían la certeza de que todo volvería a la normalidad de ellos, sea por incapacidad de la nueva clase gobernante, sea por la ayuda de grupos económicos y potencias extranjeras para derrocarlo. Y bien: ahí está Evo, dando lecciones de buena administración a sus vecinos, de firmeza revolucionaria a todas las izquierdas, de lucidez estratégica e inteligencia táctica a unos y otros, todos atónitos, desconcertados por el nacimiento y afianzamiento de la nueva Bolivia, de la mano de un equipo gobernante inesperado para las élites de cualquier signo.

 

Diversas personalidades internacionales resaltan los riesgos para la libertad y la democracia en América Latina con estos regímenes de izquierda, ¿Coincide con esta evaluación?

En efecto, en América Latina hay severos riesgos para la libertad y la democracia. Pero no provienen de regímenes de izquierda, sino de Estados Unidos, de varios países europeos y de amanuenses a su servicio, que propagandizan la guerra que el capitalismo necesita. Washington logró, por ejemplo, armar la Alianza del Pacífico para primero aislar y luego enfrentar -sobre todo- a los países del Alba. Este balance no implica desconocer los inmensos desafíos que Bolivia afronta de aquí en más. Todo indica que Morales saldrá victorioso en las próximas elecciones. Allí se plantearán aún con mayor agudeza problemas viejos y nuevos. Los 13 ejes de la Agenda Patriótica son una plataforma sólida. Resta todavía el desafío mayor: la transición que deje atrás en todos los planos el legado de una sociedad capitalista. Pero esto es ya un objetivo solo alcanzable a escala regional. Al Gobierno de Evo cabrá encontrar el estrecho sendero a recorrer mientras se acompasan las desigualdades en el desarrollo político e ideológico que demoran la acción conjunta.

 

entrevista con luis bilbao

“Creen que la muerte de Hugo Chávez les da la oportunidad”

ElDeber
 

Carlos Morales Peña, del diario El Deber, de Santa Cruz de la Sierra, entrevistó a Luis Bilbao para la edición dominical del pasado 9 de junio, en torno a la conformación de la Alianza del Pacífico y la respuesta dada desde la integración regional.

 
 

Luis Bilbao es uno de los mayores expertos en política internacional de la región. Dirige en Argentina América XXI, que se ha transformado en uno de los principales observatorios de los procesos de integración en América Latina.

 
 
¿Qué evaluación hace Ud. de la decisión del Gobierno de Colombia de establecer un acuerdo con la Organización del Tratado del Atlántico Norte? ¿Es una “provocación” para la región como dijo el presidente de Bolivia, Evo Morales? 

Es mucho más que una provocación. Es una línea de acción estratégica. En esta edición que acaba de salir de América XXI decimos en el título principal: “Obama pesca en el sur”. Esto fue escrito antes de la declaración de Juan Manuel Santos, pero después de la reunión en Cali para la conformación de la Alianza del Pacífico. Está claro que hay una línea de acción frontalmente contrapuesta con la idea de la Unión de Naciones de Suramérica (Unasur) y de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac). En cambio, la Alianza del Pacífico (México, Colombia, Perú, Chile y ahora Costa Rica) tiene todos los trazos de una continuidad del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (Alca) que se inició en 1994 y viene a romper -hay que ver si puede- la dinámica de convergencia en América Latina.
Hay un intento de rearticulación de los esquemas de libre comercio. No es seguro que esto vaya a tener éxito porque las posibilidades de un mercado común en el sentido liberal de la palabra está muy condicionada, como lo muestra hoy la Unión Europea.

 

¿En qué medida el nuevo acercamiento de Estados Unidos coincide con el declive del Alba y del Mercosur?

Estados Unidos evaluó que la muerte del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, abría la posibilidad de embestir contra la dinámica de convergencia que precisamente se había puesto en marcha bajo su presidencia en combinación con Brasil. Creo que Estados Unidos yerra su evaluación cuando piensa que hay un debilitamiento de la Revolución Bolivariana y, por tanto, también equivoca su evaluación cuando piensa que es posible revertir el proceso. Ahora, sin duda, Washington está intentando rearmar a sus aliados más firmes. El problema que queda abierto es cuán firmes son sus aliados más firmes y por cuánto tiempo van a durar.

 

¿Qué otros elementos observa usted que son parte de este nuevo esquema de poder?

En la reunión de la Alianza para el Pacífico estaba el presidente español, Mariano Rajoy, que además es presidente del Partido Popular (PP). Esta organización está intentando armar una ‘internacional parda’, como la llamamos nosotros, de corte fascista que ha tenido varias reuniones. No ha conseguido hacer pie, pero está buscando establecer un nuevo esquema político en la región. El tercer punto de apoyo de esta embestida estratégica sería entonces una internacional de carácter ultraderechista.

 

¿Cómo deben tratar los países de la región a esta nueva estrategia de rearticulación? 

Hay dos planos. En el plano de los Gobiernos, estos tienen que superar las trabas que están frenando al Mercosur, impulsar mucho más a Unasur y perseverar en la articulación de la Celac, que es el proyecto más ambicioso. Pero hay un desafío que va mucho más allá de los gobiernos. Creo que los movimientos sociales y los partidos políticos comprometidos con los intereses de sus naciones y de sus pueblos tienen que articular sus propias fuerzas para poder actuar no solamente en función de Gobierno sino en función de movimientos de carácter antiimperialista, que empujen a las administraciones que vacilan o se suman a esta corriente reaccionaria que supone la Alianza del Pacífico.

 
¿Cómo juega Brasil en este contexto?  

Esta línea de acción de Estados Unidos a través de la Alianza del Pacífico tiene tres objetivos muy claros. Uno es la Revolución Bolivariana y el Alba. El otro es Brasil. Estados Unidos está disputando el mercado latinoamericano, que el gigante de la región intenta hegemonizar. Y el tercer objetivo que se plantea la Alianza del Pacífico es frenar a China frente al mercado latinoamericano.
Hay, entonces, un despliegue estratégico complejo donde los actores juegan con intereses contradictorios. En el caso de Brasil, por un lado es el más afectado por esta estrategia y, por otro lado, como gran contraparte económica y política de Estados Unidos en América del Sur, negocia muchas veces en función de los intereses de sus capitales más concentrados, es decir, de la burguesía industrial paulista.

 

¿Cómo deben tratar los países de la región a esta nueva estrategia de rearticulación?

Hay dos planos. En el plano de los Gobiernos, estos tienen que superar las trabas que están frenando al Mercosur, impulsar mucho más a Unasur y perseverar en la articulación de la Celac, que es el proyecto más ambicioso. Pero hay un desafío que va mucho más allá de los gobiernos. Creo que los movimientos sociales y los partidos políticos comprometidos con los intereses de sus naciones y de sus pueblos tienen que articular sus propias fuerzas para poder actuar no solamente en función de Gobierno sino en función de movimientos de carácter antiimperialista, que empujen a las administraciones que vacilan o se suman a esta corriente reaccionaria que supone la Alianza del Pacífico.

 

¿Cómo juega Brasil en este contexto?  

Esta línea de acción de Estados Unidos a través de la Alianza del Pacífico tiene tres objetivos muy claros. Uno es la Revolución Bolivariana y el Alba. El otro es Brasil. Estados Unidos está disputando el mercado latinoamericano, que el gigante de la región intenta hegemonizar. Y el tercer objetivo que se plantea la Alianza del Pacífico es frenar a China frente al mercado latinoamericano.

Hay, entonces, un despliegue estratégico complejo donde los actores juegan con intereses contradictorios. En el caso de Brasil, por un lado es el más afectado por esta estrategia y, por otro lado, como gran contraparte económica y política de Estados Unidos en América del Sur, negocia muchas veces en función de los intereses de sus capitales más concentrados, es decir, de la burguesía industrial paulista.