Agonía política en Argentina

A la memoria del compañero
Alcibíades González

A pocos días de la elección presidencial, encuestadores en tropel aseguran la victoria de un paracaidista sin partido ni apoyo formal en el gran capital. Ubican en segundo lugar, a 10 puntos de distancia, al actual ministro de Economía, integrante del trípode gubernamental completado por el Presidente Alberto Fernández y su vice Cristina Fernández. En tercer lugar, en esas encuestas ostensiblemente amañadas, aparece la candidata del Frente por el Cambio (FxC).
Después de haber convertido en héroe una figura payasesca con inequívocos rasgos de enfermedad mental, de vestirlo como “libertario” pese a su estridente definición liberticida, el periodismo comercial lo denuesta con nerviosos signos de temor. El recorrido circular de esta irracionalidad fue veloz y contundente: la conducta de Javier Milei, signada por violentas declaraciones en defensa del capitalismo y el liberalismo le valieron el apoyo de un sector juvenil. Para congraciarse con ese sector esquivo y por estrictas razones crematísticas, la industria mediática impuso a la sociedad una abrumadora presencia del bufón roquero en televisión, radios y prensa escrita. Diligentes analistas y comentaristas políticos lo entrevistaron ad nauseam, como contrapeso a la insoportable chatura de una campaña electoral iniciada dos años antes de los comicios e intensificada hasta el paroxismo en lo que va de 2023.
Al compás de la aceleración de la crisis económica y la degradación política, el partido oficialista decidió aprovechar el papel desviacionista que podía jugar el falso rebelde travestido como “libertario” (insultante calificación debida al periodismo comercial) y así el Partido Justicialista (PJ) optó por poner su aparato a su servicio. Así se llegó a las Primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (Paso) del 13 de agosto. Las Paso son un invento inconstitucional al que recurrió Alberto Fernández cuando era puntal de Néstor Kirchner, quien había sido ignominiosamente aplastado en las legislativas de 2009. Se impuso así una elección en la que todos deben votar obligadamente y lo hacen en cualquier partido que se presente, estén afiliados o no. Aparte el absurdo institucional, este recurso tramposo extiende las campañas electorales al punto de que jamás el país está ajeno a la vil disputa de quienes Martín Fierro llamaría “vagos y malentretenidos”; candidatos profundamente incultos que convierten el discurso político en repetición insoportable de frases dictadas por “consultores” no menos ignorantes. Al ciudadano le restan dos posibilidades: someterse a un ejercicio cotidiano de cretinismo intelectual o apartarse del accionar político.
El caso es que en las Paso obtuvo más votos el bufón del Mercado, quien no competía con nadie. No obstante, contra toda lógica y buen criterio, la prensa en su totalidad le puso el galardón de “ganador de las Paso”.
En ese punto, la mayoría de los miembros de la Asociación Empresaria Argentina (AEA, representación del gran capital), pareció tomar conciencia de peligroso rumbo que tomaba la farsa institucional. Y los más connotados analistas y comentaristas giraron en redondo.
Probablemente sea tarde. Una elevada proporción de la ciudadanía, principalmente en la juventud, parece aceptar la propuesta de Voltaire en su célebre Cándido: “¡¡Adelante!! Si no encontramos nada bueno, al menos encontraremos algo nuevo”.
Más por desesperación que por candidez, una franja de la sociedad argentina revela en estos días una conducta semejante: “salgamos de aquí; donde quiera que lleguemos será mejor”.
En este punto ha colocado al país el peronismo, tras ocho décadas de conciliación de clases en defensa del capitalismo. La voz de mando hacia una transición socialista no se hace oír. Su lugar lo ocupa una nueva versión de la socialdemocracia, empeñada en hallar un rinconcito en la bodega del barco que se hunde. De modo que en términos electorales las perspectivas recaen sobre Patricia Bullrich e incluso Sergio Massa, quien espera alcanzar un segundo puesto apoyado en los gobernadores del interior.

Perspectivas
Así las cosas, el 22 de octubre el país dará un paso más en su decadencia. Es dudoso que la unanimidad mediática anunciando el triunfo de la ignota y mal llamada La Libertad Avanza (LLA) se verifique en las urnas. No obstante, imposible prever la conducta de una clase obrera desperdigada, sin organizaciones propias de ningún tipo, sumada a una clase media en vertiginosa caída, unos y otros sumidos en la decepción y el miedo. Es el caldo de cultivo para el fascismo. Sin embargo, ni aun para eso tiene vigor la sociedad argentina. Por eso, incluso en ese marco de dificultad para prever el futuro inmediato, puede ocurrir que haya una segunda vuelta entre LLA y Juntos por el Cambio (JxC). Sería como elegir entre dos calamidades con peinado diferente. Pero en tal hipótesis no es imposible que quienes en 2015 votaron a Daniel Scioli contra Mauricio Macri y en 2019, también contra Macri, escogieron a Alberto Fernández, descubran que “el mal menor” es Patricia Bullrich y voten por JxC, es decir, por Macri.
Como sea, la verdadera incógnita es qué ocurrirá con el elenco kirchnerista gobernante -hoy en total descomposición- entre el 23 de octubre y el 10 de diciembre, fecha de la asunción del nuevo gobierno. Es menos incierto lo que ocurrirá desde ese día en adelante. El cataclismo económico bullente bajo los pies se transformará, inevitablemente y sea quien sea Presidente, en explosión de la catástrofe social hoy postergada por la complicidad sin fisuras del sindicalismo y los aparatos planeros. No es indiferente que a ese punto se arribe con el mandato cumplido del actual gobierno o con la renuncia anticipada del ministro de Economía, a la vez candidato peronista que podría salir tercero, dando lugar al colapso de los Fernández (Alberto y Cristina), no por casualidad hoy desaparecidos del escenario político.

Manos atadas
Para alcanzar la chance de entrar al balotaje, JxC apeló a dos recursos extremos: la entrega por adelantado del ministerio de Economía a la Fundación Mediterránea y el anuncio de que el jefe de gabinete sería Horacio Rodríguez Larreta. Ambas medidas afectan la cohesión y continuidad de la coalición, tanto más en el caso de acceder al gobierno.
Todo esto, sin dar un solo paso en la definición pública de medidas concretas a aplicar desde el 10 de diciembre, excepto generalidades obvias. El preanunciado ministro de Economía define su propuesta como “capitalista, occidental, federal, progresista”. LLA propone dolarizar y en sus actos públicos exhibe como estrategia una motosierra. El grado de rechazo a la situación actual y a las figuras políticas que la representan es de tal magnitud, que todo desenlace es posible.
En la hipótesis de victoria, Bullrich estaría inhabilitada para actuar sin provocar una fractura de su propio elenco, al margen del conflicto social que implica avanzar en el ajuste de una economía desquiciada, con 50% de pobreza, un desbarajuste sin precedentes de precios relativos, inflación del 200% para 2023 (12,7% en septiembre), una brecha inmanejable entre el dólar oficial ($365) y el paralelo ($1010), con el siempre latente riesgo de caer en hiperinflación y el estallido social, al que entonces sí contribuirían los sindicatos y aparatos planeros. Por el contrario, si el bufón liberal accediera a la Casa Rosada, la ingobernabilidad sobrevendría de inmediato, tanto más grave en la medida en que tendría lugar tras la derrota de los partidos y coaliciones tradicionales del gran capital.
Difícil suponer que la burguesía y sus mandantes extranjeros permitan esta deriva, catastrófica también para ellos. Por eso sus portavoces han virado 180º desde hace dos meses, para atacar a LLA y apoyar a JxC. Presumiblemente, los que mandan harán algo más que hablar.

Recomposición de fuerzas
En las últimas semanas proliferaron denuncias sobre casos de corrupción más escandalosos que lo habituales. Las demostraciones de riqueza y desparpajo en el robo de dinero público obran como multiplicadores del rechazo ciudadano no sólo al gobierno, sino a todo el espectro político. Los casos involucran a funcionarios kirchneristas y aumentan la ya demasiado pesada carga de Cristina Fernández, condenada a seis años de prisión e inhabilitación perpetua por casos probados de corrupción. Pero también envuelven a partidos de oposición, renuentes incluso en plena campaña a sumarse a la condena por los hechos revelados. Además, quedó expuesto ante la población el involucramiento de jueces y fiscales, corrompidos con el dinero saqueado a las arcas públicas y por el narcotráfico. Hamlet alertaba que “Algo huele a podrido en Dinamarca”. Argentina está anestesiada por un hedor que todo lo invade en el sistema institucional y político.
Es improbable que ese agravamiento del malestar colectivo derive en crecimiento del voto a candidatos de izquierda. Ellos no cuentan siquiera con el respaldo entusiasta del frente desagregado al que representan. Tampoco hay una propuesta de voto programático que pudiera obrar como factor de acumulación para una inexorable etapa ulterior de agravamiento de la crisis y movilización social.
Se puede esperar que, como en las Paso, haya una elevada proporción de ausentismo, voto en blanco y anulado. Desde esa endeble base habrá que partir para recuperar el pensamiento científico de la revolución social y recomponer las fuerzas dispuestas a emprender la tarea histórica de construir una nueva Argentina.

Irracionalidad, guerra y sus causas
La irrupción de Hamas en Israel, en la madrugada del 7 de septiembre, conmovió al mundo y cambió para siempre el futuro de ese país y toda la región. Un militar de inequívoca filiación, Hehud Barak, ex primer ministro y héroe de guerra, declaró que esta operación es “la mayor derrota de la historia” israelí.
La brutalidad criminal de Hamas ajena a todas las leyes de la guerra dio lugar a un alud de denuncias, justificadas, pero llevadas a extremos para negar toda responsabilidad de Israel en la opresión y represión del pueblo palestino. Se trata de una formidable operación de prensa de alcance mundial, destinada además a ocultar la masacre -pasado y en curso- perpetrada por el ejército israelí en Gaza (al cierre de esta nota se informa del bombardeo del Hospital Ahli Arab en la ciudad de Gaza, con un saldo de alrededor de 500 muertos).
En Argentina hay una muy numerosa comunidad judía. Caracterizada durante muchos años por sus posiciones progresistas e incluso revolucionarias, en el último período se ha visto dominada por un anacrónico retorno al sionismo. La política de este movimiento para ganar espacio en los medios ha tenido un éxito sobresaliente, sobre todo con la recuperación de muchos periodistas antes comprometidos con la verdad y la transformación social, hoy convertidos en meros propagandistas del Mossad (Instituto de Inteligencia y Operaciones Especiales), que además reclutó numerosos profesionales jóvenes los ubicó en los principales medios y los utiliza como títeres para repetir su propaganda.
De esta manera, los asesinatos del primer día de operaciones de Hamas han desatado un maremoto sionista que desconoce por completo el origen del problema en Palestina y prepara la justificación de una masacre de tal magnitud en Gaza que ha provocado movimientos de última hora de la Casa Blanca y las cancillerías europeas para limitarla.
En Argentina, los tres principales candidatos presidenciales se han sumado de manera indiscriminada a esta operación ultrarreaccionaria timoneada desde Tel Aviv. Si faltaba algo para enrevesar y tergiversar el cuadro político nacional la tragedia de la guerra en Israel -que tiende a extenderse a todo el Medio Oriente e incluso abre la perspectiva ominosa de una deriva nuclear- ha venido para confundir y desviar aún más a las juventudes, los trabajadores y el conjunto del pueblo de sus verdaderas necesidades y objetivos.
La guerra no deriva de la brutalidad de Hamas, sino a la inversa, es la brutalidad constante del sistema capitalista -que necesita a Israel como portaviones estadounidense en Medio Oriente- la que engendra la irracionalidad en su máxima expresión que es el empleo de métodos terroristas para imponerse frente a la opresión. Las personas aplastadas por el alud mediático que utiliza el término “terrorista” para descalificar la causa palestina, deberían saber que los fundadores del Estado de Israel eran denostados precisamente con ese epíteto por parte de Gran Bretaña.
La tradición marxista condenó desde siempre el terrorismo. No tiene por qué buscar contrapesos para defender los derechos históricos del pueblo palestino. Tampoco hay por qué responder la afirmación de propagandistas de la embajada israelí en Argentina, que han llegado a decir que ser antisionista es ser antisemita. No sólo el pensamiento revolucionario socialista, sino incluso el humanismo burgués, es por definición antisionista.
Ese concepto absurdo de la propaganda israelí lo asume una cantidad alarmante de periodistas relevantes en los medios de comunicación. Con la misma certeza de impunidad que actuaron los corruptos que hoy son desenmascarados, actúan los propagandistas del guerrerismo israelí. Esa impunidad se acabará, lo cual también vale para la sociedad argentina toda: si no logra crear una fuerza política comprometida con la clase trabajadora y el conjunto del pueblo, si no logra cambiar el oportunismo electoralista por una estrategia de emancipación nacional y social, si no puede detener la manipulación escandalosa de los medios de prensa comercial, si no es capaz de frenar el saqueo, que lejos de limitarse a la corrupción dominante a todo nivel social está en la base del sistema económico (dicho entre paréntesis: en este año de cataclismo económico, el gobierno ha pagado 8 mil millones de dólares de intereses por su deuda), si una nueva y poderosa fuerza política de carácter masivo, democrático y anticapitalista no se impone a la degradación que todo lo abarca hoy en Argentina, la irracionalidad también se manifestará en formas violentas. Condenar crímenes de guerra y terrorismo sin condenar las causas que lo provocan es un gesto vacío, al cabo cómplice de lo mismo que se denuncia.
El naufragio del capitalismo argentino y sus instituciones está a la vista. La próxima elección presidencial lo ratificará.

Buenos Aires, 17 de octubre de 2023
@BilbaoL

Dramático final de una triple estafa

Acaba el ciclo iniciado con el gran colapso de 2001. Del “que se vayan todos” al “venga un fascista para echarlos a todos”. La democracia burguesa no resiste más. Y todavía no hay instancia superadora. Detrás no está sólo el fracaso de nombres y partidos. Es un sistema que se hunde.
El 13 de agosto 31% de la ciudadanía no emitió su voto en las Paso. A eso se debe sumar un 4,8% de voto en Blanco y 1,2% de sufragios anulados. Si se descuenta un tercio de ausentismo habitual, el rechazo explícito alcanza al 27%. El frente de izquierda (Fit) logró el 2,65%. Dicho de otro modo: cada 10 que levantaron una expresión de protesta en los comicios uno la buscó en la nueva socialdemocracia infantoizquierdista. Difícil imaginar un fracaso mayor.
Mientras tanto el peronismo fue aplastado y quedó reducido al 27% (perdió más de 6 millones de votos respecto de 2019); el bloque conservador ahora llamado Juntos por el cambio (JxC), llegó al 28% (perdió 15 puntos de los obtenidos en las legislativas de 2021). El bufón del Rey Mercado subió de la nada y obtuvo un 30% (las embajadas de Estados Unidos e Israel se apresuraron a felicitarlo).
Ese porcentaje aparentemente insólito para un personaje desquiciado y con propuestas tales como derogar la ley de interrupción voluntaria del embarazo, hacer del dólar la moneda nacional y permitir la libre venta de órganos del cuerpo humano, provino en gran medida del aparato peronista. Si bien es cierto que sectores muy empobrecidos o marginalizados de la sociedad se volcaron a favor del liberalfascismo, no lo es menos que intendentes y punteros del conurbano bonaerense indujeron el voto a Javier Miley, hicieron acuerdos con su entorno e incluso le garantizaron un gran número de fiscales. El propio candidato oficialista, fue denunciado por negociaciones secretas en este sentido, con un objetivo bien pensado y hasta el momento exitoso: quitarle votos a JxC, tener como contrincante en las presidenciales de octubre a un candidato sin penetración social real, sin estructura política y sin despliegue territorial.
Dicho de otro modo: el demagogo antipartido no sólo tuvo su impresionante ascensión por reproducir multiplicada la demagogia peronista contra el poder establecido (tal como lo hizo Juan Perón en los años 1940), sino porque el propio peronismo le prestó apoyo para ello. En esta operación está la mano del Departamento de Estado, varios de cuyos empleados intelectuales aparecen ahora como adláteres del bufón que, como se ve, lo es de entidades más tangibles que el Rey Mercado. No es por acaso que los escasos analistas burgueses de valía omitan la similitud de la nueva estrella con Perón y la complicidad del peronismo con ella.

Coyuntura de extrema inestabilidad
Ninguno de los guarismos de estas Paso (primarias abiertas, simultáneas y obligatorias, absurdo y totalitario sistema electoral inventado por el actual presidente cuando era jefe de gabinete de Néstor Kirchner), se mantendrá en las presidenciales del 22 de octubre. Es probable incluso que el país asista a un revuelto de estas siglas, en el afán desesperado por salvar algo de lo perdido. Las tendencias marcadas en los últimos meses hacen pensable la ruptura de JxC, antes o después de las presidenciales. El motor visible está en una convergencia de perdedores: Rodríguez Larreta, Gerardo Morales, Juan Schiaretti. Es decir, el sector más descompuesto de la UCR, el estadista municipal con veleidades y el aspirante a la recomposición de un peronismo con saco, corbata y tonada forzada. Si bien la probabilidad de ganar en las presidenciales puede obrar circunstancialmente como fuerza centrípeta en JxC, un eventual acceso al gobierno haría estallar a corto plazo esa coalición. No obstante, el trasfondo reside en la inexistencia de un sector cohesionado del capital con interés por sostener estas expresiones caducas del pasado nacional. Vale lo mismo -de manera más marcada y urgente- para el oficialismo, donde todo puede ocurrir. Todo menos la recuperación del vigor que lo sostuvo artificialmente durante dos décadas. A no dudar, los restos dispersos del PJ (partido justicialista, que incluye al núcleo principal del sindicalismo procapitalista), se reciclarán para ocupar espacios que hoy la clase obrera no disputa. Sería erróneo igualar irreversible ocaso del peronismo con incapacidad para ganar elecciones y mantener espacios de poder.
Del mismo modo, sería un peligroso error desestimar el hecho de que la abstención masiva de una masa paralizada, así como el vuelco tantos hacia la irracionalidad explícita, constituyen una base social proclive a la constitución de una variante fascista, esta vez en el sentido tradicional, impulsada desde Washington y desde centros del poder burgués en América Latina y en Argentina.
En elecciones previas provinciales se adelantó el fenómeno de la retracción ciudadana. Treinta y tres de cada cien electores no acudieron a votar para gobernador y legisladores de Córdoba, la provincia históricamente más politizada del país, donde otros seis de cada cien votaron en blanco o apelaron a alguna forma de voto Protesta. Un 40% rechazó al sistema y el resto se dividió entre dos alternativas capitalistas. En Santa fe, la abstención sumada a voto en blanco y anulados llegó al 50%. Aun así, el peronismo sufrió una estrepitosa derrota.
En las 14 provincias donde hubo elecciones este año, el voto en blanco y de protesta aumentó un 50% respecto de 2019. En inusual elección para gobernador en San Juan hubo mayor participación, pero también en este caso el peronismo sufrió una aplastante derrota después de décadas de gobierno. Como colofón, la familia perdió en Santa Cruz el monopolio Kirchner mantenido durante décadas.
Así, tres grandes estafas de esta etapa se disuelven con los resultados señalados: la del kirchnerismo, la de JxC y la de la socialdemocracia ululante del Fit.
Caída brusca de la participación ciudadana en los comicios y aumento del voto de rechazo, son signos del debilitamiento extremo de los instrumentos políticos de las clases dominantes. Sin opción, el ciudadano argentino se retrajo ante las urnas y quitó base de sustentación al sistema político. La democracia burguesa queda desnuda en toda su falsedad. Sólo la ausencia de una alternativa anticapitalista garantiza la continuidad del sistema, aunque no su estabilidad.
En la última década, las clases dominantes ocuparon la totalidad del escenario. Mediante una renovada tropa de periodistas militantes para la ultraderecha y el sionismo, callaron y ridiculizaron toda opinión antisistema. Victoria completa. Ahora se despedazan entre ellos. Reproducen en todos los planos la fragmentación del capital. Lejos de defender un proyecto de país, se enfrentan todos contra todos en una lucha sin reglas por el reparto de la plusvalía.
Los trabajadores no existen como clase para sí. Por tanto no pueden usufructuar una coyuntura que, de otro modo, estaría abierta a un avance fulminante de la revolución social. Ocurre lo contrario. La deserción socialdemócrata del infantoizquierdismo, combinada con la transformación generalizada del sindicalismo en estructuras empresariales, dejan a los explotados en manos de las operaciones políticas de los explotadores. Y el país se desmorona.
Mientras la nueva socialdemocracia hace contorsiones para acrecer su lugar en el aparato del Estado, la clase trabajadora sufre como el conjunto social un proceso de centrifugación y empobrecimiento acelerado.
Así como un porcentaje elevado de obreros industriales y jóvenes de todo sector votaron a Mauricio Macri en 2015, un desvío análogo se producirá en las presidenciales de octubre de este año. Un nuevo actor fascista y notoriamente irracional, fue elevado por los medios a la categoría de salvador y disputa el mercado del conservadurismo extremo. Para añadir burla a la infamia han denominado a la nueva estructura en gestación “La Libertad Avanza” (LLA). Que el felpudo histriónico de un empresario corrupto esgrima como consigna la palabra Libertad y periodistas denominen a su fuerza “Libertarios” es una afrenta al pasado, al presente y al futuro. Que semejante esperpento pueda conquistar el voto de franjas juveniles, sobre todo en medio de la pobreza y la marginalidad, es un llamado a la autocrítica para todos quienes se consideren revolucionarios. Las izquierdas no reformistas hoy desperdigadas, desorientadas e impotentes, tienen una última oportunidad de reflexionar.
No se trata, por el momento, de un desplazamiento a derecha de la sociedad. Es uno más de los muchos giros espasmódicos entre la derecha camuflada -llamada kirchnerismo- y lo único a la vista, dada la ausencia de una propuesta genuinamente revolucionaria: un liberalismo fingido, tan mentiroso, endeble y sin futuro como el peronismo.
Este revés prueba la irreversible impotencia de quienes, tras el colapso de 2001, usurparon la fuerza inconsciente y desorganizada de millones de hombres y mujeres. Como complemento, muestra la catadura moral de todos los involucrados en la imposición de figuras presidenciales desde entonces.
Dos décadas atrás una eficiente maniobra burguesa vehiculizada por Raúl Alfonsín y Eduardo Duhalde convirtió la potente -aunque insustancial- demanda de “que se vayan todos” en el regreso triunfal de todos y más, encabezados por un inescrupuloso y ávido aventurero, cuyos socios y familiares quedaron al mando de la sociedad argentina inerme. Por una suma de circunstancias, apoyada en la ola de radicalización continental por entonces dominante, la camarilla al mando de las palancas del poder decidió y logró presentarse como opción “de izquierda”. Es esa estafa la que quedó a la luz pública en los últimos cuatro años y se consumó con el cierre farsesco de listas del 24 de junio último, cuando Cristina Fernández designó una fórmula presidencial que caería en menos de 24 hs para dar lugar a Sergio Massa, firme aliado de Washington, hasta poco antes crítico inmisericorde de la ex presidente.
El derrumbe en 24 horas del binomio presidencial -por rechazo de los gobernadores peronistas- es un mazazo letal para la viuda heredera; y prueba que si el Presidente carece de todo poder político efectivo, su vice lo iguala en debilidad e incompetencia.

Descontrol económico y político
Después de las Paso, al desbarajuste económico se sumó el descontrol económico. A pocas horas del resultado electoral el gobierno de Alberto y Cristina Fernández produjo una devaluación del 22%. A la hora de redactar estas líneas hay una disparada cambiaria (el dólar llegó a las $790, pulverizando salarios y jubilaciones), las mercancías no tienen precio y para una cantidad de productos se ha detenido la venta. El riesgo de deslizamiento hacia la hiperinflación es palpable. Aunque también es cierto que la licuación del peso reduce drásticamente las erogaciones del Estado que están en la base de un desmadrado déficit fiscal, y aminora el peso de las Leliq (Letras de Liquidez), deuda tomada en pesos pero en buena parte con garantía dólar, que constituyen una amenaza inabordable para cualquier gobierno futuro.
Como sea, el riesgo inminente es el de ruptura de la cadena de pagos, desabastecimiento general, parálisis de la producción y caída en la hiperinflación. Hasta el momento no se han registrado reacciones sociales. Esa especie inverosímil denominada “dirigencia piquetera” no emitió sonido alguno y la CGT continúa reuniéndose con el oficialismo para organizar paliativos y avanzar en la campaña electoral para octubre.
Semejante anomia social sirve de base para el plan ensayado en estas horas por el oficialismo: alcanzar un mínimo equilibrio con la devaluación, contrarrestar parcialmente los efectos de ésta en una parte de los salarios y jubilaciones, relanzar el gasto público con directo efecto electoral y, mediante el ya señalado plan de demoler al FxC e imponer como contrincante presidencial al demagogo payasesco, buscar una victoria en octubre.
Ínterin, la burguesía asociada al peronismo durante los últimos 20 años trata de polarizar a los pocos díscolos adeptos a JxC y define si juega la peligrosa carta de los advenedizos liberalfascistas o insiste con el peronismo y apoya, contra toda evidencia, a Sergio Massa. Estas vacilaciones del capital son fruto de su fragmentación y paradojalmente están alimentadas por su victoria contra los trabajadores y las clases medias bajas. Las luchas interimperialistas también se traducen en el escenario local y complementan el cuadro de dispersión e incapacidad para la acción. El Vaticano juega como de costumbre a dos puntas y pone sendos fascistas en las fórmulas del peronismo (un peón del Papa como pseudo contrapeso a Massa) y de LLA (la candidata a vicepresidente, grotesca defensora de la última dictadura). En JxC los falangistas no son exactamente papistas y se insertan a todos los niveles de la estructura. Mientras tanto el país se hunde en una ciénaga.

Una respuesta antisistema
A juzgar por las primeras reacciones públicas de los titulares del Fit, estas estructuras ya encastradas en el aparato del Estado y dependientes de él sólo se proponen superar el 2,65% obtenido en las Paso para llegar a un 3,5% en octubre. Aunque eso sólo contribuya a desorganizar y hundir al conjunto de las clases explotadas y oprimidas, satisfaría la necesidad de preservar algunas bancas en el Parlamento y resguardar unos pocos puestos de diputados provinciales y concejales.
Se impone la necesidad de una línea contraria a esta deriva vergonzosa de la nueva socialdemocracia. Es posible declarar a toda la militancia revolucionaria en estado de Asamblea y recorrer el camino hacia un congreso de delegados democráticamente elegidos desde fábricas, universidades, barrios y lugares de trabajo, converjan en una Federación, capaz de presentar un programa anticapitalista como base para un voto masivo de Protesta, plataforma a su vez para el avance orgánico y sistemático hacia un partido de masas dispuesto a dar una respuesta a la degradación insoportable a la que se somete a Argentina.
El primer paso sólo sería viable mediante la auto organización a partir de militantes resueltos a constituirse en vehículos de una poderosa convocatoria nacional. El desafío está planteado.

16 de agosto de 2023
@BilbaoL

Argentina 2023: fin de la utopía pequeño-burguesa

Ha concluido el ensueño de una camarilla rapaz, encaramada en el aparato del Estado con el plan de constituirse en nueva burguesía y refundar un país capitalista.
En medio de la indiferencia popular, el 6 de diciembre un tribunal federal condenó a Cristina Fernández a seis años de prisión e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos. Sectores empresarios que acompañaron la aventura y embolsaron su parte, se muestran indecisos sobre el curso a seguir mientras el panperonismo ahonda su disgregación. La lucha interburguesa tiene así una crucial definición: el gran capital se quita de encima a los advenedizos. Aunque la guerra está lejos de haber terminado.
En cambio, esta condena es definitiva para el llamado “kirchnerismo”. Éste es el primero de los siete juicios en curso contra la vicepresidente. Los que vienen, entre ellos el de los famosos Cuadernos que expusieron el mecanismo de recaudación extorsiva, avalados ya por la confesión de decenas de altos empresarios, será todavía más oneroso en todo sentido para el elenco encabezado primero por Néstor Kirchner y luego por su viuda.
Un poder judicial cómplice de innumerables crímenes, desde su nacimiento mismo, es otra vez utilizado como ariete para sanear el insalvable sistema político argentino. En el período 1983-1985, con el juicio a las juntas militares, la gran burguesía logró su cometido. Tras enjuiciamientos y condenas sin precedentes en el mundo, el encarcelamiento de los 12 comandantes de la tortura, el asesinato y el robo, permitió frenar la fuerza antisistema que, desviada por Perón en 1974 y ahogada en sangre por las fuerzas armadas en 1976, amenazaba con reaparecer en 1983. La magnitud positiva de juicios y condenas encubrió la operación de salvataje. Sería el agravamiento en la erosión del sistema, cuya crisis estructural había llevado a los crímenes y desmanes de la dictadura, lo que a poco andar vendría a dar continuidad a la irrefrenable decadencia.

Condena judicial
Ahora el país asiste a otro giro de la misma rueda. Cristina Fernández es ostensiblemente responsable de un saqueo económico inconmensurable durante sus dos mandatos presidenciales, continuadores del mecanismo depredador puesto en marcha por su esposo fallecido. La ciudadanía lo sabe. Entre otras razones porque ellos mismos se ocuparon de exhibir su obsceno enriquecimiento.
Acumular riqueza y alardear de ella mientras crecía vertiginosamente la pobreza es no obstante un delito menor, frente a la estafa moral perpetrada contra la sociedad, muy en particular contra las juventudes, cuando para lograr base política Kirchner decidió disfrazarse de “progresista” y se lanzó a comprar al contado organismos de derechos humanos y agrupamientos de izquierda. Esta columna no esperó la sentencia para denunciar la corrupción y el desfalco moral de Néstor Kirchner y su esposa, expandido a su alrededor como fétida mancha de aceite.
Esa cuenta hubo de pagarla cada trabajador con su empobrecimiento, pero también la militancia resuelta a no someterse a la presión aplastante que dominó el panorama político durante dos décadas: un ala burguesa travestida, acompañada por el grueso de las izquierdas reformistas y parlamentaristas, presentándose -sin pudor ante el grotesco- como fuerza revolucionaria.
Lejos de haber terminado, el combate recién comienza. Habrá que realinear fuerzas y emprender el largo camino por la concientización de trabajadores y juventudes anestesiadas, enajenadas y con grandes franjas corrompidas al influjo de empresarios del sindicalismo, remanentes de partidos políticos en estado de descomposición, pseudonacionalistas a la intemperie, usufructuarios del hambre y reformistas de todo pelaje.

Nuevo período
Aún así, ya el país ingresó a una nueva fase. La iniciativa está en manos de representantes del gran capital que, pese a su fragmentación, hace frente contra los advenedizos y se propone construir un futuro a su medida. Dueño de todo el escenario político, sin presencia ni desafío a corto plazo por parte de la clase obrera, este sector hegemónico del gran empresariado, cuenta con la promesa de grandes saldos exportables basados en agricultura, ganadería, petróleo y gas, litio y otros minerales.
Sin embargo, el verdadero activo para tal empresa es la actual relación de fuerza entre las clases y el avasallamiento sin precedentes de la masa trabajadora, cuyos ingresos han sido llevados al mínimo extremo por la política idéntica de sucesivos gobiernos, aunados en aumentar sin pausa la tasa de plusvalía con la complicidad de una nueva especie: los empresarios sindicales, mezcla de mafia y clase media gerencial, quienes han sabido usufructuar el desmoronamiento político, intelectual y moral del grueso de las izquierdas.
En cuanto a la coyuntura y el futuro inmediato del panperonismo, carece de interés enzarzarse en sus maniobras y trapisondas para sostenerse en el poder. Si no ocurren episodios convulsivos provocados por la mitad de la sociedad bajo la línea de pobreza, inflación del 100%, recesión creciente y un insostenible endeudamiento sideral, las elecciones del año próximo mostrarán un agravamiento de lo que ya se vio en las legislativas de 2021: rechazo al panperonismo, toma de distancia frente a las fórmulas de Cambiemos, crecimiento de un payasesco liberal-fascismo y, acaso, crecimiento marginal -obligadamente fugaz e intrascendente- de la izquierda parlamentarista.
Mientras tanto la sentencia será apelada por defensores y fiscales. Luego, previsiblemente, irá a la corte suprema. Pasarán años antes de la definición. Fernández podrá ser candidata en las elecciones de 2023, 2025 y tal vez más adelante. Pero la suerte está echada.
Tres ignotos jueces federales avalaron su condena en que “Nos hemos encontrado ante un hecho inédito en la historia del país, pues se ha acreditado que ciertas decisiones trascendentales respecto de la marcha empresarial del grupo (de Lázro Báez) fueron adoptadas siguiéndose órdenes expresas de los más altos integrantes del Poder Ejecutivo Nacional”. La encausada respondió con una escena de histeria desde la presidencia del Senado en la cual calificó al tribunal como “Mafia judicial”. Un punto de coincidencia, con detalles a considerar: la mayoría de los jueces del actual poder judicial fueron designados en los tres períodos durante los cuales gobernaron ella y su esposo fallecido. La calidad de los magistrados la conocía muy bien la ex presidente, como quedó demostrado en las escuchas legales que la mostraron ordenando a uno de sus empleados: “hay que salir a apretar jueces”. Ahora los utiliza como excusa para anunciar su renuncia a cualquier candidatura el año próximo. Sondeos de todo tipo, aparte el clima palpable en la sociedad y al antecedente de la estrepitosa caída en 2021 (el panperonismo perdió 5 millones de votos respecto a los obtenidos en las presidenciales de 2019), están detrás de esa fuga hacia la nada que con certeza traerá enfrentamientos internos en las filas de todas las fracciones peronistas. Es probable también una ruptura de Cambiemos. Hay sectores de la UCR lanzados a la búsqueda de convergencia con franjas peronistas.
Como sea, Partidos, sindicatos, iglesias, todas las instituciones del Estado (eso son los señalados), se desmoronan por efecto del terremoto económico, pese a la pasividad social.
Si bien el desmantelamiento del Estado burgués tradicional es causado por una fuerza objetiva, inherente al sistema, la recomposición de organismos propios de la clase obrera requiere la activación de fuerzas externas aún ausentes, al menos de manera visible. Hay pequeños puntos, inervados por fracciones de izquierda revolucionaria, a contramano de esta dinámica. No son las expresiones infantoizquierdistas empeñadas en hacer ruido con vista en próximas elecciones. Son puntos valiosos aún no enhebrados en una red capaz de alcanzar la unidad social y política de la masa trabajadora en su más amplio espectro.
Así, la distancia entre la incapacidad de las clases dominantes para dar respuesta a la crisis y la capacidad de la clase obrera para encabezar una genuina revolución socialista, se ensancha cada día. Por esa brecha se introduce el detritus social creado por el capitalismo agónico en las clases altas, medias y bajas, para colmo autodenominado “libertarios”. Un fascismo travestido según la técnica de la familia Kirchner.
El fin de la utopía pequeño burguesa –para muchos un redituable negocio- marca el inicio de una trascendental batalla ideológica, política y organizativa.
11 de diciembre de 2022
@BilbaoL

Argentina desangrada por la lucha interburguesa

———————
Advertencia: la nota que sigue tuvo su punto final a última hora de la tarde del 1º de septiembre. Minutos después se conoció la noticia de un atentado fallido contra la vicepresidente Cristina Fernández. Pese a que hasta el momento no hay información fehaciente respecto de lo ocurrido, corresponde el rechazo terminante a la metodología del atentado individual. No es así como se podrá afrontar y resolver la dramática situación que vive Argentina. Dicho esto y mientras se espera el esclarecimiento del hecho, mantiene plena vigencia el informe analítico aquí presentado, contribución además para la interpretación de la irracional agresión de ayer.
2 de septiembre, 16hs.
———————

Plantado ante un tribunal oral, el hasta ahora ignoto fiscal Diego Luciani desgranó argumentos y pruebas irrefutables contra la cónyuge supérstite del matrimonio Kirchner. Tras un alegato expuesto durante nueve sesiones, respaldado por pruebas acumuladas en tres toneladas de papel, el fiscal culminó su acusación contra la actual vicepresidente Cristina Fernández y una decena de integrantes de lo que denominó “asociación ilícita”, con un pedido de 12 años de prisión e inhabilitación perpetua para ejercer cargos públicos.
Carece de sentido abundar en detalles. La prensa comercial dio hasta el hartazgo todos los pormenores. En este caso el saqueo fue organizado mediante una empresa ficticia fundada una semana antes de la asunción de Néstor Kirchner, en mayo de 2003, y cerrada una semana antes de que Fernández entregara el gobierno a Mauricio Macri, en diciembre de 2019. En ese período mediante la obra pública se transfirió al testaferro un excedente de 1000 millones de dólares, que mediante una torpe ingeniería mafiosa culminarían en las arcas del matrimonio gobernante. Según lo programado la sentencia llegará en cuatro meses, aunque su consolidación podría llevar años y jamás consumarse con la prisión efectiva de la hoy vicepresidente, quien afronta además una cantidad de juicios en curso, por al menos cuatro mil millones de dólares más.
A cuarenta años de distancia, el poder judicial es llamado otra vez a cumplir un papel decisivo en la institucionalidad del capital. En los años 1980 fue con el juicio a las cúpulas militares, responsables de la innoble masacre represiva. Para garantizar la continuidad del sistema la burguesía arrojó el lastre uniformado -las fuerzas armadas lanzadas a la orgía represiva desde 1974, cuando todavía había un régimen civil. Hoy, necesita depurarse de las camarillas con veleidades de nueva clase dominante, a las que recurrió en 2002 cuando se derrumbó el sistema trabajosamente recompuesto desde 1983.

De las Juntas a la protoburguesía: condenar para salvarse
En aquella oportunidad fue indispensable condenar a los militares para evitar la radicalización de una masa popular que ganó las calles con demandas democráticas y económicas. Hoy, resulta imperativo poner freno a quienes, usufructuando el vacío de poder provocado por el colapso del gobierno de la UCR y la así llamada “izquierda peronista”, se encaramaron en los sillones del poder institucional. Cuando lo lograron, se lanzaron en desenfrenada carrera por acumular capital y reemplazar a la burguesía tradicional, al punto de descomponer por completo el mecanismo de gobierno burgués y poner en riesgo otra vez, la gobernabilidad de clase. El desplazamiento del eje espeja la dinámica del país y su acelerada decadencia. También revela la permanente ausencia de una clase trabajadora consciente y organizada.
De todos modos, el pedido de condena provocó un estallido en el elenco kirchnerista, ya fragmentado por incontables reyertas internas. Contrariando violentamente su historia, la vicepresidente pasó a identificarse con Perón y reivindicar al Partido Justicialista, hasta ahora blanco de su lenguaje soez y sus peores insultos. No obtuvo sin embargo el apoyo franco de gobernadores e intendentes. Y asestó un golpe adicional a su frente interno y al tambaleante gobierno de Alberto Fernández. De hecho, la totalidad de aparato peronista nacional se siente amenazado por una cruzada anticorrupción. Esa es la razón por la cual, aunque vacilante, rodea a quien el fiscal Luciani acusa como jefe de la “asociación ilícita”. Se desató así una lucha en la que los acusadores dicen defender los principios republicanos y los acusados recurren a un cómodo neologismo en inglés, “lawfare”, con el que aluden al empleo del aparato judicial para intervenir en la lucha política. Ambas partes mienten, desde luego. Con alguna excepción, los flamantes republicanos han estado involucrados desde siempre en negocios sucios con el Estado burgués como palanca. En cuanto al lawfare, no pueden alardear de sagacidad quienes apelan a tan extraordinario descubrimiento teórico: la utilización del poder judicial en la lucha política es tan antigua como el Estado. Y lo sabe bien la Sra. Fernández que en un audio muy difundido indicaba años atrás a uno de sus lacayos: “hay que salir a apretar jueces”.

El rayo que no cesa
Como sea, mientras la economía recorre el último tramo antes del inexorable colapso, dueñas absolutas del escenario político las clases dominantes tienen a la sociedad aturdida entre la corrupción y el lawfare. Imposible saber qué proporción de la población -y en especial, cuántos jóvenes- creen realmente que Fernández es inocente víctima de acoso judicial. Lo cierto es que pocos comprenden la naturaleza del conflicto desatado. El país está sumido en una lucha interburguesa. El tradicional poder establecido contra un puñado de advenedizos. La confusión frente a lo obvio proviene de la defección de las izquierdas que sucumbieron al chantaje del “mal menor”, arrastrados primero a una utopía pequeño-burguesa (el Frepaso y la Alianza) y luego a su transformación en masa de maniobra de mafias ávidas de capital, incluidos narcotraficantes. En cambio, el poder tradicional no se confundió, aunque sí puso de manifiesto la escualidez de sus cuadros y la endeblez de sus fuerzas.
Ahora es tarde para quienes se arrodillaron para votar a Daniel Scioli en 2015 y a los Fernández en 2019. La ofensiva del capital está en marcha y sólo se verá dificultada -eventualmente desviada- por las insanables debilidades intrínsecas del gran capital y, último pero de primera importancia, la desesperación de las diferentes capas de la pequeña burguesía, que si acaso saltaran al escenario político, lo harían por la ultraderecha.
En las fisuras de este entramado se multiplican los conflictos de diferentes sectores sociales. Tanto la CGT como los sindicatos que la integran hacen todo a su alcance para evitar que esos innumerables indicios del malestar social se transformen en lucha unificada. Hasta ahora lo consiguen. La burguesía no tiene contrincantes en el campo de batalla.

Crisis institucional
No obstante, un rayo cayó en ese panorama bajo control. El fiscal ahora célebre, formalizó una crisis institucional arrastrada desde el naufragio del gobierno de Mauricio Macri a inicios de 2018 y configurada en su actual diseño con la asunción de Alberto Fernández en diciembre de 2019, impuesto y telecomandado por su vice.
Sumado al descalabro económico, el desmoronamiento institucional coloca al país en situación de crisis extrema, cuya naturaleza parecen no interpretar actores locales y extranjeros, aunque para muchos de ellos es imprescindible negarse a comprenderla, porque están en juego sus propios intereses.
Se trata, claro está, de una sistemática avanzada de la derecha. La cuestión es ¿contra quién? Pues: contra la otra derecha, la advenediza, torpemente camuflada como “progresista”. La mano ejecutora es el poder judicial. Por ahora. El objetivo lo discute en estas horas el círculo áulico del capital: ¿todas las facciones del arcoíris peronista, o sólo el minúsculo núcleo kirchnerista? Lo definirá la relación de fuerzas que se vaya conformando en medio de esta escaramuza, destinada a convertirse en algo semejante a una guerra, en caso de que no haya definición neta de hegemonía en un plazo breve. Guerra civil, sí, pero de contornos aún no prefigurados. Una vez más tendrá el impulso de la ultraderecha católica, que apelará -ya lo está haciendo, ahora timoneada por el propio Papa, que en eso tiene experiencia- a métodos semejantes a los utilizados en los años 1960/70, esta vez con la existencia de una masa de maniobra inexistente medio siglo atrás, formada por millones de marginalizados y legiones juveniles atenazadas por la pobreza y sin conciencia social de ningún tipo.
Acorde con la degradación que todo lo corroe, se calificó como “gobiernos de izquierda” a los del matrimonio advenedizo. La falsa asunción de la lucha por los derechos humanos y el ataque retórico contra el poder establecido se impuso con la colaboración de una izquierda reformista (restos descompuestos del PS y la totalidad de las fracciones del aún más corrompido PC, más las numerosas fracciones de un peronismo contestatario sin rumbo ni timonel). Así se impuso esa estafa histórica. El complemento imprescindible fue una izquierda originalmente no reformista, ahogada por el sectarismo y la rápida transformación en infantoizquierdismo dependiente del Estado burgués mediante el electoralismo desenfrenado y las absurdamente llamadas “organizaciones piqueteras”.
Como no podía ser de otro modo, aquel engendro contra natura se agotó a poco andar. Su única victoria -para nada menor- fue la cooptación o directa demolición de los agrupamientos revolucionarios con base teórica y estrategia socialista, arrasados por el oleaje reaccionario que ahogaría, de manera ignominiosa, a millares de militantes originalmente comprometidos y finalmente sometidos a la presión dominante. Este resultado no era fatal. Un factor decisivo fue la reversión de la Revolución Bolivariana tras la muerte de Hugo Chávez, la deriva económica de la Revolución cubana y, en primer lugar, la inexistencia o incapacidad de los revolucionarios marxistas para edificar una alternativa de masas tras la estrategia socialista.
Los salvadores burgueses del naufragio de 2001 no tuvieron fuerzas para otra cosa que cooptar militancia sin base teórica ni moral, al calor de lo cual se abocaron a acumular bienes y dinero mediante el saqueo de las arcas públicas. Se agotaron en apenas 12 años. Ya durante el período del matrimonio que encabezó esta operación sin destino, comenzó la contraofensiva del gran capital para recuperar su lugar. Demoró 14 años, pero llegó su hora.
El detalle es que, a diferencia de los 1980, cuando el papel del imperialismo en la guerra de Malvinas y del capital financiero internacional con el desfalco de la deuda externa, ahora los beneficiarios del saqueo inicialmente llevado a cabo por Néstor Kirchner son empresarios, traficantes y fulleros locales, instalados en todos los partidos del capital y, principalmente, en el peronismo. (Nota bene: ya no basta proclamarse antimperialista).

Expansión o hundimiento
Está en marcha un ajuste económico pocas veces visto. Golpeará como un mortero sobre la sociedad. Mentiras y maniobras que enrarecen al extremo el clima político, buscan ocultar la realidad de la agresión económica contra 8 de cada 10 ciudadanos. Pretensión absurda. Aunque distante de lo necesario para que funcione el sistema capitalista, el ajuste en curso tendrá respuesta social. La inflación marcha al ritmo del 100% anual y en aumento. Con Bonos y otras dádivas, en acuerdo con los CEOs de la CGT, el gobierno tratará de evitar un choque frontal con la clase obrera. Ya hay, y habrá más, paliativos dinerarios y subsidios de tarifas para desocupados, además de multiplicar el reparto de víveres para comedores populares. Mientras se mantenga la actual relación de fuerzas los jubilados continuarán siendo la variable de ajuste más castigada. En tanto la inflación continuará golpeando y las clases medias no podrán mirar hacia otro lado.
Gobierno y oposición intentarán utilizar como masa de maniobra a las franjas desesperadas de la población. Demagogia populista de un lado y brutalidad ultracapitalista por el otro, disfrazados de falso antimperialismo y no menos simulado liberalismo, avanzan hacia una convergencia en el fascismo.
Sigue como propósito del nuevo ministro de Economía el plan ya descripto en estas columnas: reconstruir el país con base en la venta de gas y cereales a Europa y apoyo impetuoso a la producción de litio (Argentina en las vísperas). Lo diseñó un sector del gran capital cuando aún suponía que podía llevarlo a cabo Alberto Fernández, antes de su desdibujamiento. Ahora lo enarbola Sergio Massa, antiguo colaborador de Washington, desde un cargo equivalente a primer ministro, donde llegó con apoyo de la vicepresidente y su séquito pseudo progresista. Dividida en todo, la burguesía también se fractura respecto de apoyar o no esta quimera desde ahora. Por eso un sector del la UCR, a comenzar por su presidente, propone aliarse desde ya con franjas peronistas, para poner en marcha ese supuesto círculo virtuoso. Pero la operación exacerba las diferencias internas del núcleo conducido por la vicepresidente. Ahora a la franja “progresista” se le exige sumisión total y explícita a un proyecto bendecido por la Casa Blanca, que en todo caso lo confía a un próximo gobierno de Juntos por el Cambio.
Fuera de esta perspectiva, queda la resignación al naufragio antes de las próximas elecciones presidenciales. Eso explica la anuencia de la Sra. Fernández, empeñada en eludir los procesos judiciales y mantener espacio para una candidatura en 2023.
Quedó en el pasado el oficialista Frente de Todos. En Juntos por el Cambio se revelan estrategias contrapuestas. ¿Podrá la burguesía recomponer un instrumento político para ganar en 2023 y gobernar los cuatro años siguientes? Con certeza no aparecerá una fuerza lo suficientemente sólida como para afrontar la crisis argentina. No aspiran a tanto en las clases dominantes. Basta con que alcance la capacidad de arrastrar a la masa disgregada en dos sentidos previsibles: hacia un accionar con base popular y consignas falsamente progresistas, y hacia el liberalismo autodefinido como “libertario”. Otro engaño más en la larga lista de manipulación en perjuicio de una sociedad desarticulada y un proletariado sin conciencia de clase.
1º de septiembre de 2022
@BilbaoL

De letras e iletrados

Maniatado por la economía, empantanado en la política, la emprende con la lengua. De los sos oios tan fuerte mientre lorando, Rudrijez tornaua la cabeça e estaua los catando: Ordénese: ¡no al lenguaje inclusivo! dijo, con fingida voz de mando. En afán por pasar de la alcaldía a la presidencia, ya lo vee Rudrijez que del rey non auie graçia.
Como gesto de afirmación, quiere volver al castellano antiguo. No entiende bien el Cantar del Myo Cid y se conforma con vetar la ‘e’, que tampoco comprende, como la mayoría de quienes defienden u ofenden su uso.
Sospiro Rudrijez, campeador de bicisendas, ca mucho auie grandes cuydados. Ffablo el alcalde bien e tan mesurado: “Con la ‘e’ fuimos para atrás en las pruebas educativas… Los docentes tienen que respetar las reglas del idioma español y en sus comunicaciones oficiales”. Dos años atrás el campeador refrendó un decreto según el cual todo mayor de 60 años debía pedir autorización telefónica para salir a la calle por dos horas, una vez por semana. Desde el sillón de Rivadavia respaldaron al socio sin demora. Eran otros tiempos…
Autoritarismo sin espada, ignorancia sin disculpas. No se legisla sobre la lengua y no existe un “idioma español”. Periodistas tan cultos como el primer edil explican que la Real Academia Española guía el lenguaje y no dudan en denostar la ‘e’ como modo de evitar la exclusión de media humanidad en el habla o, peor aún, la repetición con lucidez de topos “argentinas y argentinos, alumnos y alumnas, estudiantes y … (ah, no, aquí sí se puede usar la ‘e’)”. Admítase que la academia sea tal. Pero de seguro no es española, ya que tal lengua no existe y la corporación trata sólo del castellano. En cuanto a lo de Real… sorprende que tanto recién graduado en republicanismo defienda ese adjetivo sin reflexionar.
A su alrededor Rudrijez Vio puertas abiertas e vços sin cannados. Desolación total, como resultado de la guerra perdida contra la inflación, que no es cosa de moros, pero cae impiadosa como alfanje sobre todes… menos algunes. Alcandaras uazias sin pielles e sin mantos, e sin falcones e sin adtores mudados. Halló sin embargo fácil enemigo a la mano: CEO’s sindicales prestos a posar de progresistas. Mas dezid nos del sindicato, de que sera pagado,
O que ganançia nos dara por todo aqueste anno?
A Rudrijez e a los suyos abastales de pan e de uino. Así que pueden prometer: Que non me descubrades a moros nin a christianos; por siempre uos fare ricos que non seades menguados.
Tiene su encanto el castellano antiguo. Y es un placer inmenso leer, entre tantas maravillas de nuestra lengua pasada, el Cantar del Myo Cid. Si personajes públicos simpre prestos a emitir opinión cambiaran twitter por ese deleite, podrían reflexionar sobre el habla, los pueblos y la historia. Y evitar la paradoja de no entender los versos del Cid Campeador, escrito mil años atrás, pero pretender eterno el castellano del siglo XX. Detener el tiempo, frenar la evolución del lenguaje, no es cosa de reaccionarios. Hace falta mucho menos para tamaña pretensión.
Assi ffagamos nos todos iustos e peccadores.
Estas son las nueuas de Myo Çid el Campeador.
En este logar se acaba esta razon.

Buenos Aires, 10 de junio de 2022
@BilbaoL

Argentina en las vísperas

Con sigilo de salteador nocturno, el gran capital busca salida a la trampa en la cual ha encerrado al país. Apuesta a negocios inesperados, a causa de la guerra en Ucrania. Para alcanzarlos respalda a Alberto Fernández y su vapuleado ministro de Economía.

A la cabeza de los conjurados está el grupo Techint y grandes productores agrarios. Segundas y terceras líneas de la burguesía alientan a Washington para aferrarse a esta supuesta tabla de salvación: reemplazar a Rusia y Ucrania en el suministro de gas y cereales para la Unión Europea; desarrollar Vaca Muerta a toda marcha y multiplicar la productividad agropecuaria. Con este plan empujaron a Fernández a una súbita gira por España, Alemania y Francia. Envalentonado, el viajero hasta se animó a lanzar a distancia su candidatura presidencial para 2023.

La táctica del gran capital incluye una ruptura formal con Cristina Fernández y su menguada tropa. El desastre electoral en las legislativas de noviembre último le asestó un mazazo del que no podrá recuperarse y deja ese bloque jamás fraguado a merced incluso de un elenco como el que ocupa el actual Ejecutivo. Según los teóricos del gran viraje Argentina comenzaría un período de abrupto crecimiento y bonanza económica, con apoyo del FMI y una recomposición del espectro político. La condición es liberarse de la camarilla protoburguesa llegada al poder con Néstor Kirchner, puesta en la picota por su desenfrenada corrupción y convertida en intento fallido tras el contrataque exitoso del capital tradicional. Hasta han encargado a la Fundación Mediterránea un plan económico alegadamente apolítico, a ser aplicado por quienquiera que llegue al poder en 2023. Sobran los aspirantes ya comprometidos a cumplirlo.

No se alinean estrictamente a esta quimera -aunque tampoco la enfrentan- los sectores de la burguesía amarrados al mercado interno. Entienden que, aparte las dificultades de poner a punto, en un plazo relativamente breve, producción y transporte de gas a la vieja Europa, la demora hace riesgoso el manejo de la coyuntura social. Las empresas consultoras de todo el espectro, habitualmente locuaces ad nauseam, hacen silencio cuando se las indaga sobre las posibilidades de eludir una gran conmoción social antes de diciembre de 2023. Una causa más para la fragmentación. ¿Adelantar elecciones? ¿Acelerar la ruptura de Juntos por el Cambio para poner a la UCR y otros flancos menores en bloque con el oficialismo para llegar a los comicios? Entre estas alternativas se debaten las diferentes franjas del capital.

Atónitos gobernadores peronistas, pieza clave en este intento desesperado, deliberan sobre el modo de actuar en la emergencia. La CGT no tiene dudas: alineada con el oficialismo desde antes de que este ensueño tomara forma, redobla su empeño tras la idea de un gran acuerdo nacional para respaldar a Fernández y descartar a su vice acorralada. El infantoizquierdismo socialdemócrata no registra todavía esta maniobra del gran capital, sigue y presumiblemente seguirá en cualquier caso con la estrategia de sumar votos en la próxima contienda electoral, sea cuando fuere. Los saltimbanquis del liberalismo farsesco, disfraz del fascismo irresuelto, repetirán denuncias y se alinearán a las órdenes de sus mandantes, si estos llegan a algún punto de acuerdo.

Mientras tanto, tasas de inflación desorbitadas sirven al gobierno y el gran capital para licuar salarios y, sobre todo, aminorar la deuda oficial en pesos, la cual está fuera de todo control y amenaza con la erupción de un volcán financiero.

 

En el umbral

En cualquier hipótesis, en el paréntesis histórico abierto hace dos décadas y ahora cercano a su fin, con o sin acontecimientos convulsivos, emergerá una realidad hoy invisible. La ciudadanía percibe la inminencia de esos cambios. En medio de un malestar generalizado, contiene el aliento a la espera de lo que supone fuera de su alcance.

Con un gobierno fragmentado, paralizado y cubriéndose de ridículo cada día, sin autoridad alguna, las incógnitas dominantes en el conjunto social aluden a lo inmediato. La burguesía oculta su plan estratégico. Las clases dominantes han perdido sus instrumentos para ejercer el poder -institucionalmente o por la fuerza cruda- y lo mismo ha ocurrido con los medios sindicales y políticos de que se valió la clase obrera para defender sus intereses inmediatos. Los de arriba tienen terror de una dinámica de anarquía generalizada. De hecho, la integridad misma del país está amenazada. Es obvio que en el transcurso de la crisis en curso se reconfigurarán los alineamientos de clase, el sistema de partidos y, sobre todo, la conformación social y la conducta de las clases y sectores componentes. Las coaliciones hoy trastabillantes se reformularán. Acaso surgirán nuevos partidos.

Como queda dicho, en la dramática coyuntura internacional definida por la crisis del capitalismo y la guerra entre la Otan y Rusia, el sector más poderoso de la clase dominante en Argentina ensaya una maniobra estratégica en su exclusivo beneficio. Puede hacerlo por la inexistencia de una clase obrera para sí, es decir consciente y organizada. Esta carencia define la tarea histórica a cumplir.

14 de mayo de 2022

@BilbaoL

Significado de la guerra en Ucrania

Autores de diferentes signo coinciden en afirmar que el mundo no será el mismo a partir de la guerra en curso entre Ucrania y Rusia. Quienes enfocan su análisis de esta manera, colocan cabeza abajo el fenómeno examinado: se ha desatado esta guerra porque desde hace al menos una década el mundo es cualitativamente diferente del anterior.

No es un retruécano. Esta guerra ocurre a causa del desarreglo provocado por el fin de Estados Unidos como mayor e inapelable potencia mundial, combinado con el colapso económico detonado en 2008 y hasta la fecha no resuelto. En Ucrania el mundo asiste a un combate por los mercados a escala planetaria.

China es el poder mundial que relega a Washington y hace actual la pesadilla imperial de quedar en un segundo lugar en la economía global. La suma de China y Rusia le hace perder a la Casa Blanca la superioridad militar. Rusia y China, pese a las diferencias que los separan, sumadas su proyección mercantil y su potencia bélica, acabaron ya con aquello que colocaba a Estados Unidos a la cabeza del mundo.

Estos cambios hacen al mundo actual radicalmente diferente del anterior y son la causa del conflicto bélico que hoy se desenvuelve en Ucrania, pero amenaza extenderse no sólo hacia el occidente europeo, sino también al extremo oriente, con los escarceos de guerra que Estados Unidos ensaya en torno a Taiwán.

La decadencia imperial está tras el accionar de Washington por acosar a Rusia desde los países limítrofes con el anillo atómico de la Otan (Organización del Tratado del Atlántico Norte). En esto nada tiene que ver la voluntad del presidente Joseph Biden. Es la lógica capitalista la que impone su dinámica.

Esa fuerza empujó a Rusia a la guerra. Le será muy onerosa, pero en términos de supervivencia nacional resultaba inevitable. De hecho lo es desde que la Otan se instaló en Polonia. Ya a fines del siglo XX, desde las páginas de la revista Crítica esta columna afirmó que ese paso significaba casus belli para Moscú. Lo sorprendente es que el Kremlin haya soportado tanto tiempo desde que en 1999 no sólo Varsovia, sino también la República Checa, Hungría, los tres países bálticos, más Bulgaria, Eslovaquia, Rumania y Eslovenia, se sumaron al dispositivo de guerra comandado por Estados Unidos. No es preciso repetir el número y los nombres de esos países para comprender su significado geopolítico y la intención estratégica de Estados Unidos.

En el plan de sobrevivir como gran hegemón, Washington pretende desmembrar Rusia, reducirla a su mínima expresión y someterla mediante un collar de ahorque atómico. De este modo neutralizaría al potencial aliado decisivo de China, antes de emprender contra ésta la batalla en gestación ahora mismo. Según ese plan, la disputa por los mercados podría darse en un escenario nuevamente favorable para el imperio dominante desde fines del siglo XIX. Una utopía. Propia de estrategas ganados por la irracionalidad del sistema capitalista.

Primera conclusión entonces: la disputa por los mercados y el espacio vital (una vez más el lebensraum) empuja al mundo hacia la guerra. El punto de partida, como queda dicho, es el intento estadounidense de rodear para posteriormente someter a Rusia. La demora de 15 años hasta que el Kremlin decidió usar la fuerza para recuperar su control sobre Crimea, y otros 7 años hasta ponerle freno a Estados Unidos en Ucrania, se explica por dos razones principales: necesidad de completar –mediante una abrupta transición capitalista- la recuperación del control interno en la Federación Rusa tras el derrumbe del Estado soviético; y la reticencia a pagar el inmenso costo de una guerra abierta con Estados Unidos antes de que éste estuviera lo suficientemente debilitado. No improvisan las autoridades rusas. Enseguida se volverá sobre este punto.

 

Falso pacifismo

Exasperan quienes desgarran sus vestiduras en hipócrita rechazo a esta guerra, al margen de las causas que la provocan. No hicieron lo mismo frente a las invasiones desatadas por Washington en los últimos veinte años, o a la masacre permanente de Israel contra Palestina. No se trata sólo de periodistas adocenados, incapaces de ensayar un pensamiento propio, alimentados por gacetillas y comunicaciones privadas de las embajadas de Estados Unidos e Israel. De esa fauna preponderante en la prensa comercial argentina no se puede esperar otra cosa. Pero el coro de fariseos con rango y función de intelectuales y cabezas políticas del poder, aunados para explicar la guerra por la supuesta locura de Vladimir Putin o su empeño en reconstruir el imperio zarista, indica que la degradación no sólo aqueja al Departamento de Estado. Arrasa también con escribas y hablistas reducidos al penoso papel de propagadores de la mentira y la ignorancia. En lugar de llevar claridad y conciencia a la sociedad, son vehículos de la irracionalidad y la confusión.

Un reconocido columnista estadounidense cifra esperanzas en el papel de Tik Tok contra el Kremlin. Es comprensible la apelación a este recurso después de haber visto y escuchado el discurso de Biden ya con la guerra iniciada en Ucrania. Pero es improbable que gente con formación y experiencia confíen en derrocar a Putin con Tik Tok (por caso, alguna luminaria argentina creyó que con este recurso el peronismo podría ganar las elecciones de medio término en noviembre último. Todavía no han recuperado el aliento). Por detrás de esa boutade está la creencia -ahora infundada- en la omnipotencia estadounidense. Y la inmensa irresponsabilidad de promover una confrontación entre Estados Unidos y Europa contra Rusia.

La guerra, en cualquier circunstancia, es un retroceso para la civilización, fuente de incalculable dolor, flagelo del que la humanidad debería liberarse para siempre. La pregunta es cómo hacerlo. Con certeza no es tarea para encomendar a la Casa Blanca, aunque así lo pretendan, guiados por las mencionadas gacetillas, periodistas que han descubierto al unísono que la opción es “Churchill o Chamberlain”. Aluden a la actitud adoptada en el pasado frente a la amenaza nazi: confrontación militar o negociación. Ya la comparación de Putin con Hitler, promovida por militantes sionistas con espacio en los medios, es mera propaganda de guerra. Pero el llamado a la intransigencia en defensa del títere en Ucrania -un impresentable humorista ubicado en el palacio de Kiev por Washington y Tel Aviv- equivale a impulsar la transformación de la confrontación actual en guerra atómica.

La presión mediática contra la negativa de Biden y la UE a enviar tropas a Ucrania derivó en el despacho de misiles, drones y armas pesadas a milicias fascistas ucranianas. Están alimentando esperpentos sanguinarios que en no mucho tiempo presentarán su factura. Putin respondió con la advertencia de eventual utilización de armas atómicas y la prevención a Finlandia y Suecia para que se abstengan de intentar sumarse a la Otan. Los gimientes pacifistas que por estas horas llaman a aplastar a las fuerzas armadas rusas, no sólo desconocen la historia. Niegan lo que tienen ante los ojos y se suman a la creciente irracionalidad belicista en el escenario internacional.

Es más que obvio que la prolongada espera de Moscú para responder militarmente al acoso de Washington finca en los dos factores señalados, cuyo anverso es también evidente: la guerra intercapitalista ya desatada no amenaza la estabilidad de Putin. En cambio, la prolongación del accionar militar o su extensión hacia Europa occidental, pondría en riesgo el sostenimiento del reconstituido Estado de la Federación Rusa y dejaría planteada la reversión de la transición rusa al capitalismo. Esta posibilidad vale tanto más para la propia Ucrania y constituye una amenaza diferente para Occidente.

Si las sanciones a multimillonarios rusos y el bloqueo a la economía sobre la que se apoya Putin tuvieran éxito, como livianamente dan por sentado los comentaristas alineados con Washington ¿cuál sería el único camino para las autoridades rusas frente a la desestabilización social que esto implicaría? ¿Cuál sería el rumbo de las masas trabajadoras y las juventudes en Rusia? ¿Y en Ucrania y los restantes países hoy bajo la órbita de la Otan? ¿Hasta qué punto apostará la burguesía imperial a la acefalía y la parálisis del movimiento obrero mundial?

Por cierto que esa eventual interrupción de la transición al capitalismo no ocurriría para regresar a la caricatura de socialismo vivida en la ex Unión Soviética y restantes países del hoy inexistente Pacto de Varsovia. La encrucijada histórica sólo tiene salida mediante un post-capitalismo cuya forma y contenido lo determinarán las futuras generaciones. En esa gestación de futuro participarán explotados y oprimidos de los propios países de mayor desarrollo capitalista. Y tendrá como base la propiedad colectiva de los medios de producción y cambio, inseparable de la democracia para gestionarlos.

La respuesta a estas incógnitas son tanto más relevantes cuando se consideran los efectos que la guerra y las sanciones de Washington y Bruselas descargarán sobre la economía global. “Tenemos que asegurarnos de no imponer sanciones que nosotros mismos no podríamos soportar”, dijo desde Estados Unidos Robert Habeck, ministro de Economía de Alemania. Al parecer menos enajenada, la clase dominante europea comprende que los hombres de gris del Departamento de Estado y los estrategas del Pentágono han puesto en marcha un mecanismo extremadamente peligroso.

 

Superioridad en un terreno clave

Si todo es negativo para el balance imperial, hay un punto en el que pueden considerarse, hasta el momento, victoriosos: la batalla informativa en la guerra por la opinión de la sociedad mundial.

El eficiente, arrollador operativo militar ruso, es presentado como débil desempeño de un ejército conducido por un demente asesino. Palabras como “psicópata”, “criminal”, “dictador”, reemplazan el análisis del conflicto y ocultan lo obvio: Rusia avanza según un plan que incluye la necesidad estratégica de reducir al mínimo posible la confrontación violenta con la población ucraniana. En 24 hs las tropas rusas llegaron a Kiev. Estados Unidos demoró 40 días para llegar a Bagdad cuando invadió Irak. La detención en la periferia fue presentada como resultado de la capacidad militar y “el heroísmo del pueblo ucraniano”. Nada más falso, como se verá en pocos días. Pero el manejo de la mentira sistemática es un terreno en el que Washington y sus innumerables aliados en la prensa internacional son imbatibles. No hay, como contrapartida, un sistema de información veraz de alcance mundial y con capacidad para conquistar a la audiencia con análisis de calidad suficiente. A comienzos de la Primera Guerra mundial el partido socialista alemán tenía cinco mil diarios (de aparición cotidiana). Desde hace décadas no tiene ninguno. El abandono de la prensa propia por parte de los partidos de masas en todo el mundo y el posterior debilitamiento extremo o desaparición de aquellas organizaciones, deja al mundo sin medios capacitados para informar y educar a las mayorías con base en la verdad de los hechos y la interpretación científica de las causas que los provocan. Cientos de millones de personas en el mundo buscan respuesta. Intuyen derivaciones gravísimas para su propio futuro. Pero están a merced de un sistema mediático profundamente corrompido.

En consecuencia, si bien para los propagandistas del capital es hoy imposible repetir el esquema de un adalid democrático con sede en Washington frente la encarnación de la maldad y la destrucción dictatorial instalada en Moscú, es un hecho fácilmente constatable que, sumergido en la confusión, predomina un sentimiento de temor que busca refugio en la propaganda estadounidense.

A esto se suma la reversión en la dinámica de convergencia antisistema que se imponía en América Latina a comienzos del siglo XXI y estimulaba la recomposición de fuerzas anticapitalistas en todo el mundo. Quienes en buena medida fueron responsables de ese retroceso histórico, ahora no atinan sino a alinearse contra Washington, lo cual es condición necesaria pero no suficiente para ganar la batalla ideológico-informativa. Con los acontecimientos ya desatados, resultará difícil cambiar el esquema mediático –en realidad, la estrategia política- impuesto durante el retroceso con base en la endeblez conceptual, la ausencia de formación científica para la transformación social y la primacía del pragmatismo del real-politiker pequeño burgués.

La obligada política de frente único antimperialista es inocua –y a mediano plazo negativa- si no está apoyada en una base material, que en este caso sería la consolidación de una definida estrategia anticapitalista, proyectada en un bloque latinoamericano con ese programa.

Explicar la naturaleza de esta guerra, defender la verdad y organizar a las víctimas de la opresión y la mentira, es la única manera de defender la paz.

2 de marzo de 2022

@BilbaoL

 

Táctica y estrategia frente al colapso del panperonismo

Con el estallido interno del Frente de todos (Fdt) queda consumado el fracaso panperonista. Se acelera la crisis política cuando faltan dos años para completar el mandato de Alberto Fernández. Su segunda no tiene en ninguna hipótesis la posibilidad de reemplazarlo. Más del 70% de la población rechaza a Presidente y Vice. Alimentada por la inflación, desocupación y abrupta disminución de salarios y jubilaciones, palpita la protesta social y la violencia.

Bajo este escenario de colapso, no hay red. Las clases dominantes comprueban la imposibilidad de gobernabilidad estable y, en el límite, arrastran las instituciones y al país con ellas.

Con alguna inaudible excepción, la intelectualidad establecida, no ve -o hace como que no ve- la catástrofe ya plasmada en las calles del país. Indigentes en cantidades jamás vistas, ciudadanos desesperanzados y enajenados en su conducta diaria como nunca antes en la historia nacional, crecimiento en flecha del narcotráfico y la delincuencia. Más distantes de esta realidad están las cúpulas políticas y sindicales. El hecho sobresaliente -y determinante para el futuro inmediato- es que también las izquierdas, desde su flanco más reformista hasta el ululante infantoizquierdismo socialdemócrata, se aferran al statu quo y giran como poseídas a la búsqueda de un voto más para las próximas supuestas elecciones.

Hay una distancia insalvable entre quienes ejercen o sirven al poder del capital -así como de aquellos que en los buenos viejos tiempos, mal o bien, supieron oponérsele- y el conjunto social, atónito, paralizado ante el derrumbe nacional, sin distinción de clase ni edad.

Como telón de fondo está el irreparable desbarajuste macroeconómico, coronado por el endeudamiento, externo e interno, imposible de pagar. El ajuste en curso desde hace un año y medio para afrontar ese imposible, ingresa a partir de marzo en un plano de mayor exigencia. Tal como se repite en estas columnas, la urgencia por ajustar las tarifas es ahora inaplazable. Su eventual ajuste, obrará sobre la población como una descarga eléctrica de cien mil kilovatios. Un ala del gobierno quiere despegarse de esas inexorables medidas, así como de la sumisión explícita al Fondo Monetario Internacional. Eso, sumado a la aplastante derrota electoral del peronismo en noviembre pasado, más la certeza de que por este camino la derrota se repetirá, corregida y aumentada, en las presidenciales de 2023, provocó el estallido interno del panperonismo, los movimientos desatinados de la vicepresidente Cristina Fernández y las peleas en público de todos contra todos en el elenco gobernante.

En la oposición hay dos flancos principales. Uno, heredero de la tradición de los partidos del capital, se acomoda como veleta al viento y espera así juntar votos para las remotas presidenciales. El otro, casi explícitamente adhiere a la línea de gran capital local: esperar la explosión social, el derrumbe del frágil entramado institucional y prepararse para ocupar todo el poder a favor del maremoto. Esta línea de acción es cuestionada incluso por sectores del imperialismo –entre ellos el Vaticano y el propio Papa- que temen “perder Argentina”. No hay hegemonía de unos ni otros. Por el momento en torno a esos polos está realineándose la desperdigada burguesía argentina y sus servidores sindicales y de pseudo izquierda. Eso aumenta la incertidumbre general. Y el temor de tirios y troyanos.

Cristina Fernández hizo renunciar a su hijo a la presidencia del bloque oficialista de diputados. Se verá en las próximas semanas el desdoblamiento de esta medida desesperada de quien afronta una escalada de juicios con pruebas irrefutables por corrupción en escala mayor. En cualquier caso, la fractura oficial quedó a la vista y es irreparable. La única incógnita es qué hará el costado izquierdo del Fdt: ¿saltará a la oposición con perfil propio o seguirá medrando en los restos cadavéricos del panperonismo? Anecdotario útil para alimentar columnistas de la prensa burguesa, empeñados en escamotear la realidad y reemplazarla por chismes.

Por lo pronto, en su gira por Rusia, China y Barbados (¿¿!!) Fernández ofreció a Argentina como puerta de entrada para Rusia a América Latina y se asoció a la “Ruta de la seda” impulsada por China. Mañana podrá negar tales afirmaciones. Debe congraciarse también con los señores feudales peronistas, todos asociados con Washington. No obstante, la izquierda del Fdt tiene con esto un problema adicional, incluso si soslaya la denuncia por la manipulación del lugar de Argentina en el mundo para pujar en una mezquina pelea interna del fenecido Fdt.

Ya una diputada del Frente de Izquierda (FI) salió al ruedo para disputar el favor del hijo de la vicepresidente. ¡Qué vergüenza! Es la táctica ultraoportunista de la ausencia de estrategia. Pero es también el abandono de todo parámetro para una acción que se dice anticapitalista. En eso está el FI, mientras los restos del PC y sus aparatos menores sigue las órdenes del viceoficialismo, aunque por lo visto están a la retaguardia del FI que quiere seducirlo…

¿Por qué en este panorama desolador la derecha local e internacional con algo de materia gris teme “Perder Argentina”? Porque hay fuerzas latentes en la historia, que perviven y pueden renacer y multiplicarse. Bergoglio lo sabe. Y actúa como un puntero de La Matanza.

Las tácticas de sobrevivencia, sean de la burguesía, la iglesia o las izquierdas desnortadas, sólo ahondarán la crisis. Pero hay otro camino. No es preciso repetirlo. Cientos de miles lo conocen. Sólo hay que empeñarse en recorrerlo.

7 de febrero de 2022

@BilbaoL

Frente al naufragio argentino IV (Perspectivas 2022 del desgobierno panperonista)

Argentina comienza 2022 paralizada, en total oscuridad. Después de la aplastante derrota panperonista en las legislativas de medio término, el 14 de noviembre, el gobierno no ha logrado tomar la iniciativa política. Tampoco la oposición victoriosa consiguió ocupar ese lugar, aunque las relaciones de fuerza se invirtieron, siempre en el terreno de las fracciones del capital.

El rechazo a la caricatura de Presupuesto presentado por el Ejecutivo, fue un paso más en la desagregación institucional y la ingobernabilidad. Aparte la gravedad del hecho en sí, mostró un oficialismo dividido, impotente e incapaz de comprender su situación, frente a una oposición pulverizada en más fragmentos que su oponente, unida circunstancialmente en el rechazo a la inverosímil propuesta oficial. Faltan dos años para las presidenciales y el país queda sin timón ni timonel, sin plan ni perspectiva visible para el conjunto social.

Enfrente, a corta distancia, están los vencimientos de deuda externa sin reservas en el Banco Central para afrontarlas. La elevadísima inflación cada día amenazando con transformarse en híper. La pobreza sin cesar creciente. Acompañado por un espectáculo de insufrible hipocresía, vuelve a flamear el fantasma de cesación de pagos, sin que nadie atine a esbozar otra respuesta que “reducir el gasto” para poder pagar.

Las instancias políticas representativas del gran capital espejan la fragmentación de sus mandantes. Y estos parecen haber optado por aguardar el colapso. No imaginan otra vía para sanear la economía, desquiciada hasta lo inmanejable. Facciones incontables de la corrupta burguesía industrial y de advenedizos protoburgueses más corruptos aún, (incluyen ejecutivos sindicales, igualmente desmenuzados), se despedazan no ya en lucha por el poder, sino por retazos a menudo ínfimos de la renta nacional. Chacales y aves de rapiña ante una presa inerme: Argentina.

Desmanejo y corrupción multiplicaron los efectos de la pandemia: más de 117 mil muertos. Ni aún así hubo reclamo sensible. Antes bien, el flagelo sirvió para doblegar las escasas reservas de buena parte de la franja consciente de la sociedad. Y acabó como oxígeno adicional para un gobierno ahogado, que tuvo así espacio para un ensayo general de poder totalitario. Malestar, iracundia, sorda desesperación, dibujan el perfil social argentino, acompañado por una prensa dividida entre macrismo y peronismo, sin espacio para la racionalidad y el compromiso serio con el devenir argentino. Sea con adhesión mentirosa al proyecto de unión suramericana y choque con el gran capital, sea con explícito apoyo al imperialismo y a las concepciones más reaccionarias desde la época del macartismo, ambas facciones han llevado el ejercicio del periodismo a extremos de degradación sin precedentes en nuestra historia.

¿Cuánto tiempo puede navegar un barco a la deriva, incluso sin contar el maremoto en ciernes de la economía mundial? Los de arriba no pueden gobernar por los medios tradicionales de la democracia burguesa. Los de abajo, desarmados y desorientados, sometidos a la tenaza de cúpulas sindicales y fracciones de un activismo arribista con disfraz progresista.

Gravita de manera decisiva un sustrato de conciencia policlasista en decenas de miles de militantes. Conductas inverosímiles como haber apoyado a Scioli en 2015 y a Alberto y Cristina Fernández en 2019, con el argumento de impedirle el paso a Mauricio Macri, aniquilaron una franja sustantiva del activo político, en constante degradación desde hace tres décadas, cuando la militancia fue arrastrada hacia el Frepaso. Esa corrupción ideológica, acompañada en la mayoría de los casos por conductas de sumisión a un cargo o una prebenda, continúa alimentando confusión y parálisis de trabajadores y jóvenes. Una ínfima proporción, por el momento, huye por la vía de un pseudoanarquismo desesperado y tan nocivo como la conducta de quienes vendieron su alma por una banca, una asesoría legislativa o incluso posiciones menores.

 

Factura a pagar

Ahora viene el reajuste de tarifas. Quienes de un lado y otro se niegan a asumir la imperativa necesidad de una transición al socialismo, tampoco quieren aplicar las reglas obvias del capitalismo. Desde fines de 2019, durante el gobierno de Mauricio Macri, especulaciones electorales luego reiteradas por los Fernández desfasaron hasta el absurdo los precios de transporte, gas, electricidad, combustibles y otros rubros de servicios. Los subsidios y otras medidas asistenciales llevaron el déficit fiscal a un punto insostenible (hay quienes lo estiman para 2021 en más del 7% del PIB). Con o sin acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), esos desfasajes buscan el equilibrio y tenderán a imponerse, sea por decisiones políticas o por imperio de las leyes de la economía capitalista.

Si la clase trabajadora tuviese organización y política propias, habría otra opción. En el estado actual no la hay. El mazazo caerá sobre un conjunto social indefenso. Habrá reacción de las clases afectadas. Pero gobierno y oposición, asistidos por cúpulas sindicales, fracciones políticas degradadas y estructuras asistenciales financiadas por el Estado, conducirán a un callejón sin salida a quienes se movilicen. No es descartable que la violencia latente en cada milímetro de la sociedad salga a la superficie, incluso en escala mayor. Pero sin otro destino que el aplastamiento en el corto plazo. La perspectiva menos gravosa en lo inmediato es la continuidad de la anomia, en tanto sirva para que la vanguardia real resuelva tomar las riendas.

Mientras tanto, en la última semana de diciembre el gobierno pagó 1855 millones de dólares al FMI a la vez que multiplica declaraciones de supuesta resistencia y negativa a negociar. Durante 2021 Fernández/Fernández pagaron más de 4000 millones de dólares y agotaron las reservas del Banco Central. Al tiempo, tomaron deuda a través de las Leliq (Letras de liquidez) y otros instrumentos semejantes por alrededor de 5 billones de pesos, por la cual se paga un 38% de interés. Medido en dólares -al precio del dólar oficial- esto lleva el endeudamiento a cifras astronómicas. La transferencia de ingresos hacia los bancos (únicos autorizados a comprar Leliq) haría palidecer de envidia a Martínez de Hoz.

Ahí no termina el saqueo. Para el gobierno la manera de no sucumbir ahogado por el maremoto de Leliq es devaluar en grandes proporciones. Con opositores a menudo vociferantes, sólo discuten el ritmo y el mecanismo a utilizar. La inflación reduce entonces el endeudamiento y el déficit fiscal (a los intereses los llaman “déficit cuasi fiscal”, en un alarde de cuasi inteligencia). Como contracara, el mecanismo disminuye el déficit mediante el drástico recorte de las jubilaciones y los salarios de empleados públicos. Eso ocurrió sin pausa durante 2021 y continuará, acelerado, en 2022.

Hay legisladores que se vanaglorian por haber votado un aumento de los impuestos para medianas y grandes fortunas. Parecen ignorar el mecanismo por el cual esa disminución en la ganancia del gran capital se neutraliza metamorfoseándose sin demora, hasta meter la mano en el bolsillo de los de abajo.

Claro que no es sólo ignorancia. Es adaptación al statu quo capitalista; es cinismo, primer paso distintivo de los renegados.

 

Aprendizaje… o todo lo contrario

Una franja muy amplia de la sociedad vivió en los últimos años un duro proceso de aprendizaje. Interpreta ahora el significado real de la palabra “democracia” en este momento histórico. Si bien ese proceso no ha dado todavía lugar a la comprensión del mecanismo capitalista y a la conciencia de clase, es claro que el paisaje bochornoso de la institucionalidad argentina, resaltado cada día por el comportamiento de los así llamados “políticos”, sobrepasó el escepticismo y tras el rechazo avanza sin rumbo a la búsqueda de otra respuesta. Los niveles de condena a las principales figuras de las coaliciones gobernante y opositora, superiores al 70%, son indicativos de un malestar profundo, irreversible en el cuadro actual. El camino que tome ese rechazo casi unánime al sistema depende enteramente de la voluntad y capacidad militante de una vanguardia hoy inexistente en el escenario político nacional, aunque no por ello menos real. Su aparición y vigencia requiere un gran esfuerzo de educación y organización, ajeno por completo a la pugna por cargos legislativos.

Oficialismo y oposición ofrecen un espectáculo repugnante de corrupción en todos los órdenes, a todos los niveles. A falta de una respuesta cabal desde una perspectiva anticapitalista, durante 2021 creció una versión caricaturesca del liberalismo, con personajes cortados sobre el molde del fascismo y el nazismo. En una primera fase, camuflada esa condición bajo el torpe disfraz de “libertarios”, personajes de pacotilla han obtenido el respaldo de sectores juveniles, especialmente en barrios pobres de la Capital Federal. Las izquierdas fueron arrasadas por esa corriente, pero no toman nota del campanazo de alarma y celebran su patético “tercer lugar”, presentándolo como un triunfo. Es todo lo contrario. En medio de una crisis arrolladora y con las dos coaliciones burguesas sumando el 95% de los votos, las izquierdas mantuvieron sus porcentajes frente a la abrupta aparición del naziliberalismo, que los cuadruplico en votos en Capital Federal y Provincia de Buenos Aires. Fueron además ampliamente superadas por la abstención y por votos en blanco y anulados. No obstante, al igual que el gobierno, fingen haber obtenido una victoria.

Dicho de otro modo: el rechazo al sistema no encuentra cauce y se manifiesta en respaldo a caricaturas nazi-fascistas en las urnas y en conductas de irracional violencia en la vida cotidiana.

El gobierno asienta su estrategia propagandística en culpar a la deuda externa y el FMI por el desastre social en curso y su inexorable aceleración. Mienten como único recurso. En 2025 esta columna señalaba, en una simplificación pedagógica, que el matrimonio Kirchner había recibido el gobierno con 200 mil millones de dólares, había pagado en 12 años 200 mil millones y había entregado el poder con una deuda de 200 mil millones (en realidad era de 260 mil millones).

El endeudamiento es un cáncer que carcome al país desde la última dictadura militar. Una lucha sistemática para explicar a la sociedad el papel de la deuda externa se libra sin cuartel desde 1983. Un periódico de frente único antimperialista, titulado “Deuda E(x)terna” dio esa batalla durante muchos años. No pocos de los participantes de ese esfuerzo acabaron saltando con armas y bagajes al campo enemigo. El primero fue Julio Guillán, secretario del sindicato telefónico, quien tomó la delantera y se vendió a las privatizaciones del peronismo menemista. Muchos años después, los despojos del así llamado Partido Comunista, se entregaron a la farsa del peronismo kirchnerista; y por esa vía, a la estafa histórica de la que es víctima la población. Mientras tanto, en las siderales cifras de riqueza (trabajo humano) robada al país mediante mil desdoblamientos del pago por capital e intereses de la deuda pública, se halla la base para explicar el devastador empobrecimiento del país. Con las políticas en curso ese proceso continuará, hasta hacer estallar al país.

Por el camino que sea, la degradación avanzará. Sólo la conciencia social de la magnitud de la crisis, organizada y dispuesta a construir un nuevo país, podrá detenerla y revertirla. Durante 2022 quedará plasmada e irreversible la posición de cada actor frente a este punto de no retorno para Argentina.

8 de enero de 2022

@BilbaoL

Frente al naufragio argentino III (Elecciones y colapso institucional)

Con prescindencia del resultado de las legislativas el próximo 14 de noviembre, Argentina afronta un período prolongado de grandes turbulencias. La inestabilidad política se multiplicará, detonará una bomba económica y, aunque no se pueden prever los ritmos, dará paso al reclamo social masivo, con debilitamiento del poder central y posibles explosiones de violencia. Dicho de otro modo: la institucionalidad de la democracia burguesa culmina su agonía y prefigura un nuevo país.

Esta columna afirmó el 6 de septiembre, antes de las Paso, que fuera cual fuere el resultado en esa contienda ficticia: “(el país) ingresará en una severa crisis política, con alta probabilidad de que el presidente Alberto Fernández sea desplazado funcional o incluso físicamente del ejercicio del poder”.

En la semana siguiente al 12 de septiembre, una ofensiva lanzada por la vicepresidente Cristina Fernández desplazó funcionalmente al Presidente y dejó al país sin gobierno, puesto que ella carece de poder, instrumentos y condiciones para ejercerlo.

Podía esperarse una derrota panperonista en las primarias. No una “catástrofe política”, como caracterizó el resultado la propia Cristina Fernández (Véase un resumen informativo en Derrota electoral y crisis institucional en Argentina).

Un botón de muestra: en Villa Itatí, Quilmes, el FdT paso de un 67% obtenido en 2019 al 37% en esta elección. En la villa Iapi cayó del 71% al 23, y en Solano, del 69% al 44. En el total de la provincia, con una participación del 68,29%, Juntos por el cambio obtuvo el 37,99% y el Frente de Todos un 33,64%.

Encuestas de todo signo coinciden ahora en anunciar una segunda derrota del oficialismo. Todo indica que pese al descarado comportamiento preelectoral del gobierno, los resultados favorecerán a la oposición. Las consultoras de mayor peso aseguran que la diferencia a favor de Juntos por el Cambio (JxC) será mayor. Sin embargo la algarabía triunfalista de la prensa opositora debe ser tomada con pinzas. La obscena cantidad de dinero repartido de manera alocada en el afán por ganar votos, más la tenaza de presiones sistemáticas ejercidas puerta a puerta en el conurbano pobre de la provincia de Buenos Aires, pueden lograr el objetivo buscado y revertir esa caída abrupta del peronismo tradicional en ese sector. Más efectivo aún pueden ser otros dos factores: el peinado casa por casa en la llamada Tercera Sección para coaccionar a las personas que reciben diferentes planes sociales, y el fraude electoral que en el conurbano bonaerense se estima habitualmente en alrededor del 5%.

La desmoralización del aparato tradicional y la incursión sistemática de JxC en esos mismos sectores y con los mismos métodos, con más la compra en efectivo de los llamados “punteros” de panperonismo (quienes comprenden que el barco se hunde), dificultan la previsión del resultado final.

Si este despliegue alevoso de dádivas fracasara en su intento, entonces el país asistiría al tortuoso nacimiento de una nueva conciencia, acaso confrontada con la cultura de la dádiva y la prebenda. Tal deriva sería sorprendente: la conciencia social ha sido hondamente dañada por la mentalidad capitalista que antepone a todo valor la obtención de dinero. Lo cual no obsta para que, ante el colapso generalizado del panperonismo, haya un vuelco social análogo al que en 2015 le dio la victoria a Cambiemos y llevó a la presidencia a Mauricio Macri.

Con obvia finalidad manipulatoria y completo distanciamiento del análisis objetivo, los medios de oposición celebran por adelantado un triunfo mayor al obtenido en las Paso. Su contraparte oficialista carece igualmente de todo rigor y seriedad y se limita a propagar mentirosas indicaciones recibidas de algún funcionario de mayor rango, con absoluto desprecio por la verdad.

Así, el ciudadano común está huérfano de información fidedigna. La proliferación de comentaristas carentes de compromiso con el rigor analítico y, por regla general, sin la formación elemental para cumplir con tal tarea, en un momento extraordinariamente complejo de la historia nacional, llevan la confusión al paroxismo. Una poderosa fuerza centrífuga destruye lo poco que resta de las fuerzas políticas tradicionales y convierte inconsistentes coaliciones en una rara combinación de mercado persa y combate sin reglas entre arribistas dispuestos a llegar a cualquier extremo para obtener mezquinos objetivos personales.

Analistas adocenados aluden con total soltura a la renuncia de Fernández después de 14N. Explican la perspectiva de una “asamblea legislativa” para hallar reemplazante, dando por cierto que la vicepresidente no podría asumir, lo cual se corresponde con un análisis objetivo, aunque no provenga de una reflexión consistente. Si tales desvaríos coinciden con la realidad, es que esta misma está desquiciada.

 

Futuro inmediato

Como sea, hasta fin de año vendrá el desorden propio de una elección perdida y un gobierno fracturado que busca eje y mando sin posibilidad alguna de hallarlos. Ninguna fracción oficialista podrá imponerse. Aun así, serán suficientes para impedir una opción de los trabajadores. La asunción de una estrategia propia ocurrirá en una etapa ulterior, que de seguro requerirá varias fases intermedias.

La gran cuestión es: ¿cómo acompasará esto con la evolución de la crisis en América Latina? Alguna vez escribí que Cuba era la vanguardia ideológica, Bolivia la vanguardia social y Venezuela la vanguardia política. El desafío era entonces combinar, ensamblar, esas vanguardias. Hugo Chávez buscó crear los instrumentos para lograrlo. Hoy, todo aquello ha quedado como un momento frustrado. Nunca como hoy la primera línea en la lucha de clases ha estado tan dispersa y desnortada, sin punto de reencuentro y recomposición a corto y mediano plazos.

En un horizonte por ahora imprevisible, esta situación sólo puede desembocar en revolución social o contrarrevolución capitalista. Entre tantas incógnitas, hay una certeza: en la medida en que prevalezcan las tendencias hoy conglomeradas en el Frente de Todos, la contrarrevolución, el fascismo, llevarán ventaja en esta carrera donde se juega el futuro nacional y, en gan medida, el de América Latina. Argentina continúa siendo una clave regional… por su debilidad.

 

Despunta la rebelión de las clases medias

Esa debilidad de la nación es la ausencia de la clase trabajadora como tal en el escenario político. Desde el último cuarto del siglo XIX, a la cabeza de los trabajadores latinoamericanos, la clase obrera tuvo en Argentina su propia perspectiva y organización. En la década de 1940 los sindicatos comenzaron a ser cooptados por el Estado. Las posiciones de la socialdemocracia, ya de lejos entregada a la defensa del sistema capitalista, más las de la sucursal local del stalinismo, mal llamada Partido Comunista, fueron el complemento para la operación de absorción de las organizaciones obreras esforzadamente edificadas desde las primeras organizaciones anarquistas y el periódico El obrero, de raíz marxista.

El proletariado argentino llegó al siglo XXI con sus organizaciones sindicales sometidas por completo al Estado burgués y bajo la conducción de camarillas mafiosas. Ya no había siquiera vestigios de una estrategia para la emancipación social. Por el contrario, los sindicatos se metamorfosearon en manos de dirigencias corruptas hasta convertirse en empresas capitalistas en beneficio de sus gerentes.

El próximo 11 de noviembre la CGT hará una pantomima de congreso, en el cual elegirá una dirección a la medida de la tarea que tendrá como socio subordinado del capital para afrontar la devastadora crisis a partir del 15 de noviembre.

Ausente la clase obrera frente al estallido del sistema, en los últimos años se ha visto a las clases medias manipuladas para ocupar su lugar. Las poderosas movilizaciones contra el kirchnerismo en 2018 y la campaña final de Macri en 2019, que en situación de desastre le significaron un 41% en la elección presidencial, tienen como base a las clases medias, subrayando que, gracias a la contribución conceptual recibida de Brasil y el PT, la sociología acomodaticia pasó a considerar “clase media” a obreros y trabajadores en general con empleo estable y un ingreso suficiente para sobrevivir. Y en épocas de “autopercepción” como razón válida, no son pocos los trabajadores convencidos de pertenecer a una clase que consideran superior.

Tales “clases medias”, tienen la ideología que siempre inervó a la pequeña burguesía, en cualquier país: progresista en momentos de auge, fascista en situación de crisis.

Fue esa deriva la que en su primera fase llevó a la victoria de Macri en 2015. Ese mismo fenómeno, acentuado por el agravamiento de la situción económica y social, se expresó primero en el voto desesperado a los Fernández en 1919 y reaparece ahora, casi sin maquillaje, para condenar al gobierno actual –con eje en la figura de Cristina Fernández, rechazada por más del 70% de la opinión pública- y preparar el retorno de algún remedo de Macri –y muy probablemente del propio jefe de Cambiemos- en 2023.

Pero 2023 está muy lejos. Y en la crisis que ahora adquiere magnitud superlativa, el gran capital podrá contar con las clases medias (así como con las cúpulas sindicales) para afirmar una perspectiva reaccionaria contra los trabajadores y el pueblo. En un marco de obligado ajuste para sanear un mecanismo capitalista desquiciado, esto incluye, vale repetirlo, el riesgo de violencia extrema contra la sociedad en su conjunto, con foco en los desposeídos.

Mientras tanto las izquierdas se regodean propalando que han conquistado el sitio de “la tercera fuerza”. No parece importarles que las dos primeras sumen el 95% de los votos. Nunca el electoralismo socialdemócrata llegó a estos extremos del infantoizquierdismo contemporáneo. El lunes 15 podrá verificarse si esta fracción mantiene su condición de “tercera fuerza” o la cede a manos de un liberalismo retrógrado, inequívocamente fascista, nutrido por jóvenes enajenados por ausencia de una alternativa revolucionaria real.

 

Un tejido social putrefacto

Desde la cúspide oficial se ha instalado el método de desfigurar la realidad. Tergiversan, niegan o inventan hechos con total desparpajo. Así se conectan con la sociedad. Cinismo sin precedentes, como expresión de cobardía también sin parecido en la conducta política de antepasados de cualquier signo. Un baldón para la Historia.

Esa conducta ha permeado a buena parte de la sociedad. Es posible encontrarse con jóvenes violentando a sabiendas evidencias más allá de toda discusión; no para defender un proyecto de futuro, sino para obtener un beneficio personal. Es el ejemplo diario de lo que practican figuras públicas. La degradación de las clases dominantes ha calado muy hondo. Requerirá tiempo y esfuerzo recuperar el sentido de la decencia, el respeto a la verdad, la honra individual.

Razón de más para multiplicar centros de estudio, círculos de reflexión y debate sobre la realidad argentina e internacional. Estudiar e internarse en fascinante mundo del debate de ideas ajenas al interés individual, sin embargo, no es sufuciente. La primera y más importante tarea es contribuir a la recomposición de las fuerzas anticapitalistas, con cientos de miles de activistas entrampados en el electoralismo y el oportunismo. Esa tarea estratégica es inseparable de otra fundamental: echar las bases de un partido de masas de los trabajadores y su más amplio arco de aliados.

Buenos Aires, 9 de noviembre de 2021

@BilbaoL