Disputa geopolítica, despliegue militar y crisis económica

PorLBenAXXI

 

2015: no será el año en que se desaten las gravísimas tensiones que atenazan al mundo actual y detonen una guerra sin precedentes. Puede ser, en cambio, el punto histórico en el que la dinámica de inexorable confrontación que hoy domina al planeta gane en irracionalidad y desmanejo o, por el contrario, sea revertida por el accionar consciente de nuevos bloques de poder mundial, capaces de iniciar un camino que no se limite a enfrentar a Washington y Bruselas por disputas geopolíticas y control de áreas mercantiles. La Revolución Bolivariana y el Alba en la coyuntura internacional.

 

Sin el estrépito del muro de Berlín, uno tras otro han caído mitos y tópicos con los cuales se reemplazó la reflexión política en los últimos 25 años.

Victoria definitiva del capitalismo, nuevo orden mundial, globalización, unipolaridad, fin del socialismo… nada queda de aquello, a siete años del colapso económico en los centros del mercado mundial. Excepto la inercia, no sólo en cerebros defensores del capitalismo, que insisten en calzar la nueva situación en moldes pasados.

El derrumbe de aquel simbólico muro y el posterior desmoronamiento de la Unión Soviética pusieron punto final a un largo período de transición fallida al socialismo. Pero el colapso financiero de 2008 acabó con la ilusión de un ordenamiento planetario con plataforma capitalista y comando en Washington. De paso, apagó el áurea enceguecedora de un futuro de prosperidad y libertad estilo estadounidense.

Los países del entonces llamado “socialismo real” torcieron un cuarto de siglo atrás su línea de marcha e iniciaron una transición inversa: hacia el capitalismo.

Acaso las flamantes Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk, no sólo por el nombre escogido y su intento federativo bajo la denominación Novorossia (Nueva Rusia), estén adelantando una señal del desenlace futuro de aquella marcha ahistórica. Es temprano aún para sacar conclusiones, aunque no para registrar el nuevo curso de los acontecimientos: junto con la hegemonía estadounidense se desdibuja el horizonte de una ilusoria prosperidad capitalista.

Eso no implica un nuevo orden. No se trata de múltiples centros de poder con gravitación regional en armónico reemplazo del statu quo ante. No hay ni podrá haber equilibrio estable entre esos bloques, ni al interior de ellos mismos.

La coexistencia pacífica establecida entre Estados Unidos y la Unión Soviética luego de la segunda gran guerra no semeja en nada al cuadro de situación actual. Aunque el tránsito hacia el capitalismo (sobre todo en Rusia y China) no se completó al punto de arrasar total y definitivamente con la antigua sociedad, sí es comprobable que la disputa actual se desenvuelve estrictamente en términos de confrontación intercapitalista. La disputa geopolítica no está determinada por el choque estratégico entre dos sistemas, sino por el poder como palanca vital para afrontar una economía en crisis.

Hoy lo admiten las voces más obstinadas del sistema dominante: las economías de los centros mundiales del capitalismo no se recuperaron del estallido de 2008. Evitaron el deslizamiento de la recesión a la depresión. Y ése no fue un logro menor. En medio del cataclismo el imperio dio una formidable prueba de fuerza y lucidez: la constitución del G-20. Pero aunque éste consiguió reorientar las políticas mundiales en favor del sistema, no alcanzó para neutralizar las fuerzas centrífugas provocadas por la crisis estructural. Y se agotó.

Así está el mapa mundial al cabo de un lustro de esfuerzos por recobrar el equilibrio: disgregado, sin liderazgo, en el punto de reinicio de una nueva fase recesiva, signada esta vez por la deflación. La caída en los precios del petróleo, con obvios componentes especulativos, es acompañada por reducciones igualmente empinadas en los precios de cereales, otras materias primas e incluso el oro. Son signos de la retracción de la economía mundial, el achicamiento de la demanda agregada, la agudización de la competencia y la tendencia deflacionaria: el más temible indicio de deslizamiento hacia la depresión.

Con los instrumentos de incentivos estatales ya agotados, con Japón y la Unión Europea en retroceso sostenido, Estados Unidos no podrá eludir la retracción de su economía. Está por verse si otra vez los manejos de la Reserva Federal, convenientemente aceitados por guerras puntuales y controlables, consiguen sortear el abismo de la depresión mundial. Es la hipótesis menos probable para el próximo quinquenio y se verificará en 2015.

Por lo demás, la fragmentación no se reduce al choque entre Occidente y Oriente, como pretenden ciertos autores.

Las grietas se ahondan entre todos los actores principales de la economía mundial capitalista. También por eso es errado comparar la agudización actual de tensiones con la Guerra Fría. La Otan no es ahora el dispositivo militar para abroquelar a Europa frente al fantasma del comunismo. Es ante todo el instrumento de la primera potencia militar mundial para disciplinar a la Unión Europea y, eventualmente, lanzarla a la guerra por mercados hoy disputados en los cinco continentes, en coaliciones imprevisibles.

 

Estados Unidos, China, Rusia

Como sea, en la coyuntura histórica nada disminuye la significación de la dinámica de choque entre dos bloques principales de poder mundial: Estados Unidos, la Unión Europea y Japón por un lado, Rusia y China por el otro.

Si bien Washington y sus subordinados ya están en guerra en puntos como Libia, Siria, Palestina, sumados en los últimos años a las invasiones a Afganistán e Irak, además de internarse en situaciones pre-bélicas como en Venezuela o Irán, los puntos más sensibles de la geopolítica mundial son el noreste europeo, con Ucrania como víctima, y la sorda confrontación con China a través de Japón, centrada en el control de la región Asia-Pacífico, con el Tratado Transpacífico (TPP) como punto de apoyo para las fuerzas imperialistas. La magnificente acogida de Beijing a la cumbre de la Apec (Asian Pacific Economic Cooperation) en noviembre, apenas una semana antes de la cumbre del G-20 en Australia, presentó al mundo una nueva gran potencia con gravitación sobre la mayoría de sus vecinos y con proyección planetaria, en inequívoca y victoriosa prueba de fuerza con Estados Unidos y su TPP.

Ya en junio América XXI reseñaba el acuerdo Rusia-China del 21 de mayo calificándolo de “enorme desplazamiento de fuerzas” y simbólico punto final para la hegemonía estadounidense.

Ese movimiento geológico se vería amplificado poco después con la cumbre del G-77 en Santa Cruz, Bolivia, para prolongarse todavía en tono mayor con las reuniones de los Brics en Brasil e inmediatamente de estos con Unasur y Celac.

Es el recorrido de una dinámica de disputa que culminaría el mes pasado en Beijing y Brisbane con un saldo neto: la Casa Blanca en retirada.

Diferente es el panorama en relación con Rusia. En este frente, Washington está lanzado a una beligerancia al parecer descontrolada. No sólo prorrogó la estada de sus tropas en Afganistán y disfrazó una nueva ofensiva contra Siria con la escalada contra su criatura terrorista denominada Estado Islámico. Entre el 15 y el 26 de septiembre 1.300 militares de 15 países realizaron maniobras al sur de Polonia. Bajo el comando de la Otan participaron efectivos de Ucrania, Azerbaiyán, Bulgaria, Canadá, Alemania, Georgia, Reino Unido, Letonia, Lituania, Moldavia, Noruega, Polonia, Rumanía, España y Estados Unidos.

“La Otan convierte prácticamente la región del Báltico en una zona de confrontación militar con Rusia”, afirmó Alexánder Grushkó, embajador ruso ante la otrora Alianza Atlántica, hoy dispositivo ofensivo de jurisdicción planetaria. El plan, acordado en la cumbre de la Otan en Gales en septiembre último, prevé la instalación de puestos de comando y tropas en seis países: Estonia, Lituania y Letonia, además de Polonia, Rumania y Bulgaria.

Semejante cerco contra Rusia se complementa con las sanciones económicas que pretenden ahogar la economía de ese país, afectado por la baja en el precio del petróleo. “Nadie levantará un muro a nuestro alrededor”, replicó el presidente Vladimir Putin, blanco de una orquestada campaña de desprestigio en la prensa internacional.

Mientras tanto, se acelera una nueva carrera armamentista. El Pentágono se ha lanzado a la planificación de un avión que supere al temible J-31 chino. Algo análogo planea la Fuerza Aérea de Japón, empeñada en construir un “caza-monstruo” capaz de enfrentarse a una escuadra. Estados Unidos continúa preocupado –aquí sí como en los peores momentos de la Guerra Fría– por la capacidad nuclear de las fuerzas armadas rusas. No le faltan razones: Rusia ya tiene el mismo número de portadores de armas nucleares y de ojivas que Estados Unidos.

Pável Podvig, responsable del proyecto Armamento Nuclear Ruso, explicó que la Armada ha recibido en los últimos años los primeros submarinos equipados con los nuevos misiles Bulavá con varias cabezas nucleares cada uno. “El submarino Alexandr Nevski, entregado el año pasado a la Marina de Guerra, ya está dotado de 16 misiles con seis cabezas cada uno. Los misiles Yars, con tres ojivas cada uno, han comenzado a sustituir los Topol-M que tienen sólo una” detalló Podvig. Desde el inicio del siglo XXI, es la primera vez que se ha alcanzado esa paridad. Otro motivo de preocupación para el Pentágono es el tanque de guerra ruso Armata, muy superior a los propios.

Esta carrera siniestra se espeja en otra por todos conocida: masacre israelí contra el pueblo palestino; decapitaciones de Isis; destrucción de mezquitas; asesinato de cinco judíos mientras rezaban en una sinagoga; 36 mil niños centroamericanos enjaulados por las autoridades estadounidenses; creación de un apartheid constitucional en Israel; boicot al proceso de paz en Colombia; destrucción institucional en México para alimentar el consumo de drogas en Estados Unidos y Europa…

Enajenación, brutalidad, irracionalidad: la lógica del capitalismo. O socialismo del siglo XXI, hoy empeño tenaz de la Revolución Bolivariana y el Alba

Fracasó el contraataque imperial

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No cesa el oleaje antimperialista en el continente. En forma de votos una fuerza telúrica remontó flaquezas y llevó al fracaso la más sofisticada, integral y mejor financiada contraofensiva estadounidense.

Comienza así una nueva fase en la lucha de la región contra la hegemonía estadounidense y la explotación capitalista.

Podía oírse el jadeo de las hienas, prontas a despedazar el ansiado cadáver. Pero no ocurrió la derrota electoral de las mayorías, por la que Washington trabajó a cara descubierta en Brasil y Uruguay. Tampoco tuvo éxito la escalada violenta ensayada otra vez en Venezuela.

Álvaro Uribe y José Aznar, cabezas visibles de la Internacional Parda, desperdiciaron el viaje simultáneo a Argentina en fecha supuestamente tan propicia para ellos. Esperaban anudar el gran éxito reafirmando un elenco fascista para el próximo período presidencial en el país sureño. Debieron limitarse a masticar arena en entrevistas con candidatos y periodistas adeptos. Los habían precedido celebridades de la prensa venal, todos contra Venezuela y aunando en la fácil condena al populismo el proceso político regional más rico y diverso en cinco siglos.

Así, por el momento el Departamento de Estado ha perdido la batalla. Continúa la guerra, desde luego, pero esta victoria tiene un valor trascendental y da nuevo aliento a las fuerzas revolucionarias de la región, debilitadas y en cierta medida confundidas por el retroceso visible de los últimos tiempos, interpretado por la Casa Blanca como su oportunidad para dar el zarpazo.

Este nuevo capítulo tiene base de sustentación en Bolivia, donde el saldo fue neto y no sólo ratificó la estrategia hacia el socialismo en ese país: orientó y estimuló a trabajadores, campesinos e indígenas de toda la región, contribuyendo a las victorias del Partido dos Trabalhadores en Brasil y el Frente Amplio en Uruguay.

Un horizonte nítido para esta nueva fase fue trazado en Venezuela por los estrategas del gran capital. Mientras volcaban cientos de millones para alimentar un letal aparato de propaganda, destinada a intoxicar a las mayorías en Suramérica, en Venezuela programaron una campaña terrorista, con base en paramilitares colombianos. El propósito inmediato era alentar la derrota del PT y el FA. Pero apuntaba también a sacar rédito en cada país de la región, sobre todo en Argentina, donde las metrópolis dan por seguro la victoria de fuerzas explícitamente proimperialistas en las presidenciales del año próximo.

Fallaron ambos objetivos. Descubierta y desmantelada por la inteligencia de la Revolución, la intentona terrorista tuvo un corolario particularmente brutal con el asesinato a sangre fría del joven diputado Robert Serra y su compañera. Operó otra vez sin embargo la conciencia y disciplina revolucionaria de vanguardias y masas, quienes comprendieron el sentido de la provocación. De modo que mientras fracasaba el intento de desatar un baño de sangre en Venezuela, la táctica imperial chocaba contra la voluntad de las masas en Brasil y Uruguay.

El papel que en la campaña de prensa tradicional jugó el elenco estable de pseudointelectuales itinerantes al servicio del Departamento de Estado lo cumplieron mercenarios en acción en Venezuela, donde el capital ya descarta la vía electoral. La beligerancia yanqui reitera el empleo de mercenarios terroristas, destinados a dividir el país y detonar una guerra civil como en Siria y Ucrania.

Con la programada derrota electoral de las mayorías en Uruguay y, sobre todo, en Brasil, Washington aspiraba al aislamiento de los países de la Alianza Bolivariana para los pueblos de nuestra América, condición para continuar en escala mayor el accionar terrorista en Venezuela y extenderlo luego al resto del Alba.

 

Nuevo cuadro regional

Doble frustración para la contrarrevolución. Y, de aquí en más, un desafío táctico-estratégico sin precedentes para gobiernos y fuerzas políticas anticapitalistas.

Son numerosas las consecuencias de esta derrota estadounidense. Inicia un nuevo ciclo en las relaciones de fuerza al sur del Río Bravo. La expresión no es mera fórmula: en consonancia con las victorias de naturaleza diferente en Venezuela, Bolivia, Uruguay y Brasil, México se ha instalado en una zona de turbulencia que dificultará su papel de plataforma estadounidense para vaciar de contenido a Unasur-Celac y ocupar el espacio con la Alianza del Pacífico.

Por un lapso de tiempo necesariamente breve las fuerzas de la revolución están en ventaja. La reforma política anunciada por Dilma Rousseff, aún indefinida, tendrá necesariamente un contenido democratizador, es decir, contrario al aparato elitista de la burguesía que integra el propio gobierno en la figura del Pmdb. En Uruguay el resultado electoral debe ser todavía refrendado en segunda vuelta, aunque es improbable otro resultado que afirmación de Tabaré Vázquez. En ambos casos es previsible que, pese a las exigencias objetivas de la economía y la eventual voluntad de los gobiernos o algunos de sus sectores, será imposible aplicar las medidas de saneamiento exigidas por la crisis internacional del capital, particularmente en el caso de Brasil.

A menos que el PT y el FA contradigan en lo inmediato sus promesas de campaña, la Alianza del Pacífico perderá músculo durante un período. Si el Alba actúa con eficacia, Unasur y Celac podrán recuperar autonomía frente a Estados Unidos, neutralizando las intenciones del arco Chile-Perú-Colombia-México. Frente a éste, el bloque suramericano del Alba –Venezuela, Ecuador y Bolivia- se convierte en un eje de enorme proyección potencial, incluso contando con el posicionamiento centrista de Brasilia y Montevideo y la presumible debilidad en el accionar de Buenos Aires, víctima de un desgaste extremo y en período preelectoral.

Sobre estos tres conjuntos dispares gravitará con creciente fuerza la crisis estructural del capitalismo que ya ha pasado de los centros imperiales al llamado bloque Brics (Brasil, Rusia, India, China y Suráfrica) y golpeará con dureza creciente sobre la totalidad del planeta, no sólo por la caída en los precios de las materias primas. De la respuesta táctica y estratégica a esta crisis dependerá el resultado de la gran batalla.

Socialdemocracia y socialcristianismo actúan alineados ora con el bloque centrista, ora con el arco de la Alianza del Pacífico. La manipulación de movimientos sociales bajo el manto de Francisco es una herramienta poderosa en solapado apoyo a la línea de acción estadounidense en esta pugna estratégica.

La Internacional socialdemócrata y el Vaticano obran con mayor peso incluso que el de algunos gobiernos del área. Oposición explícita o camuflada frente a la Revolución Bolivariana de Venezuela, combinada con ambigüedad y ambivalencia respecto de la definición socialista y la asunción de urgentes medidas de transición anticapitalista, son las maneras en que a menudo se filtran posiciones que dividen y debilitan a las masas. El Alba tiene la difícil tarea de mostrar un camino diferente al centrista, a la vez que detecta y proyecta toda posibilidad de frente único antimperialista.

En esta suerte de paréntesis estratégico se librará una franca batalla de clases extensible a toda la región, en la cual la perspectiva socialista enfrentará a corrientes reformistas y otras que se empeñan en afrontar la crisis del sistema desde el “capitalismo nacional”. Ese combate dirimirá quién estará al comando en la próxima etapa.

Aquí el terreno no es electoral y sólo en escasa proporción partidario. Se trata de cómo evolucionan las clases trabajadoras en materia de conciencia y organización. Si logran o no salir de la encerrona histórica en la que quedaron prisioneras tras la degeneración de la Revolución Rusa primero y la disolución de la Unión Soviética después. Por definición es una batalla a librar a escala mundial, con preponderancia en los países de mayor desarrollo industrial. Brasil entre ellos.

Acaso el factor más relevante del resultado electoral en ese país es que la clase obrera no se dejó engañar con la socialdemocracia que asume su condición, lo cual no atenúa el hecho de que esté encuadrada en estrategias de ese signo o, aún peor, adosada a fuerzas declaradamente burguesas. Es un hecho a subrayar y revertir que franjas juveniles y altamente calificadas de la clase obrera brasileña sí se encolumnaron electoralmente con el Psdb.

 

Cruje la economía mundial

América XXI lo repitió una y otra vez. Ahora lo admiten los medios del gran capital. Dice The Economist “A comienzos de año todo lucía color de rosa (…) Las problemáticas economías de la ‘periferia’ europea (¡¿por qué pondrán periferia entre comillas?!) comenzaban a cambiar de rumbo, parecía, y el Banco Central Europeo haría lo necesario para mantener unida la eurozona. Todo fue arrojado por la ventana durante la corrida de los mercados globales del 15 y 16 de octubre”.

Parecía que todo era color de rosa. Bravos editores los de la prensa imperialista…

Por la ventana fueron arrojadas las expectativas de recomposición no sólo de Grecia, sino también de España, Portugal y, un paso atrás, Italia y Francia, todo al compás de un anuncio para ellos asombroso: Alemania, la locomotora europea, beneficiaria de la estafa continental de la eurozona, ingresa al neblinoso terreno de la recesión. “Europa se está precipitando hacia una trampa de deflación y estancamiento de tipo japonés”, dice Paul Krugman, el keynesiano frustrado por las noticias cotidianas no sólo en el viejo continente: la Reserva Federal estadounidense aumentará en pocos meses la tasa de interés. Es decir: acaba con su política de descontrolada emisión de dólares sin respaldo, a la que denominó quantitative easing. Dicho de otro modo: deja de sostener la fallida reactivación con recursos falsos y admite el retorno de la recesión en Estados Unidos.

Yerran a distancia quienes pretenden responder a esta realidad corrigiendo el capitalismo con algún adjetivo, sea “humano”, “social”, “de Estado” o “progresista”. Ilusiones vanas. Queda recorrer el camino de la transición socialista, quebrar la espina dorsal de la ley del valor, abolir el sistema de opresión y explotación… o resignarse ante a las hienas que siguen allí.

 

 

27 de octubre de 2014

Escarnio al sentimiento nacional-latinoamericano, a la inteligencia y al buen gusto

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En su desordenado final el gobierno de Cristina Fernández contradice la retórica latinoamericanista y respetuosa de los derechos humanos, utilizada por conveniencia hasta ahora. Y lo hace con una estética acorde a su ética.

Vestida y maquillada como diva de programa de chimentos televisivos, con gestos ampulosos y vacíos, Fernández anunció el 21 de octubre una reedición tan extemporánea como inaplicable de la Ley de Residencia. Su atuendo para la exposición no es un aspecto desdeñable: ofende a un país sumido en una recesión del -4%, precedida por dos años de estancamiento, con 500 mil despedidos en el último año y medio, con 27,5% de pobreza y 5,5% de indigencia, un déficit fiscal que supera el 6% del PIB (aun medido con las malas artes de la burguesía para interpretar el producido nacional). La ostentación presidencial agrede al más elemental sentido de pudor frente a la pobreza creciente. Pero es más lacerante aún la inverosímil liviandad de sus palabras, acompañadas por gestos propios de joven principiante en programas de televisión. Todo esto para exponer un giro en 180 grados en la retórica oficial. Cambian las conveniencias… cambian los principios.

Sancionada en 1902, la Ley de residencia estuvo destinada a combatir al movimiento obrero de entonces. Hoy pretende lo mismo. Sólo que ahora los inmigrantes son bolivianos, uruguayos, paraguayos y peruanos. No son anarquistas ni socialistas, como en aquellos años. Trabajan en la industria de la construcción (35% de caída en el último año), hacen las tareas más duras de limpieza y servidumbre, habitan villas miseria dentro y alrededor de la Capital Federal y, en considerable proporción, sirven de carne de cañón para actos políticos prefabricados y elecciones amañadas.

Los dos primeros artículos de aquel instrumento legal de las clases dominantes establecían lo siguiente:

  • Artículo 1º: El Poder Ejecutivo podrá ordenar la salida del territorio de la Nación a todo extranjero que haya sido condenado o sea perseguido por los tribunales extranjeros por crímenes o delitos comunes.
  • Artículo 2º: El Poder Ejecutivo podrá ordenar la salida de todo extranjero cuya conducta comprometa la seguridad nacional o perturbe el orden público.

Fernández repitió textualmente estos objetivos, en la intención de arrebatarle las banderas a quienes con histeria fascista ponen el centro de la problemática nacional en “la seguridad” y con ello ganan votos. De esta manera la mandataria ha dado una bofetada a los esfuerzos realizados en la región durante la última década y media para alcanzar la unidad latinoamericana. Una Ley que entrega los hidrocarburos a las multinacionales completa este desvelamiento de un gobierno contrario a lo que dijo ser.

¿Tendrá también en esta oportunidad la presidente alguien que la defienda al margen de toda racionalidad y decoro? Será interesante comprobarlo. No sólo porque comprometerse con una posición tan abiertamente reaccionaria, copiada de la oligarquía gobernante en Argentina a comienzos del siglo XX, es un baldón ilevantable. También porque el vertiginoso declive de su elenco quita el aliento incluso a los más locuaces e irreflexivos. Apenas un ejemplo: una semana antes de este discurso, el frente Unidos y Organizados, que reúne a todas las agrupaciones oficialistas, incluyendo a ex piqueteros antes izquierdistas y ex comunistas de diversa denominación, obtuvo un 3,22% y quedó último en las elecciones del Centro de Estudiantes de la Facultad de Ingeniería. La farsa de una juventud politizada por este elenco gobernante queda aplastada por la realidad visible en el conjunto social y, particularmente, por el estudiantado.

El debilitamiento extremo expresado en este resultado se manifiesta ante todo en la total incapacidad para reaccionar frente al colapso económico. Y garantiza que la retórica derechista frente a nuestros hermanos latinoamericanos no será aplicada por el actual gobierno. Sólo ha sido legitimado por él. Y por sus flancos “de izquierda”, que no la condenaron.

No se trata entonces de que el país afronte “una escalada represiva” de este gobierno, como vociferaron obnubilados izquierdistas diez años atrás. Es que avalado por la oposición, el oficialismo y el flanco “progresista” del elenco gobernante, este giro a derecha calará necesariamente más de lo que ya lo ha hecho en el desarmado proletariado argentino.

Argentina vive la repetición de un durísimo ajuste macroeconómico a expensas de trabajadores y jubilados. También lo sufren las clases medias, que viran en redondo a la búsqueda de representación política en propuestas filofascistas.

Es la reiteración de las políticas aplicadas por Martínez de Hoz, Sourrouille y Cavallo, pero en un contexto diferente. En el extremo de su debilitamiento y fragmentación el oficialismo halla fuerzas para este zarpazo en el callado respaldo de la oposición, el silencio de las cúpulas sindicales y la impotencia del activo clasista.

Todo el espectro político gira hacia la derecha. Massa y Macri se disputan el honor de agasajar al narcoparamilitar y ex presidente de Colombia Álvaro Uribe. El llamado “progresismo” se reparte entre posiciones conservadoras y reaccionarias: la UCR y el PS vacilan ante la opción de aliarse con el intendente de Tigre o el jefe de gobierno de Buenos Aires. Sin descendencia propia, el elenco oficial se refugia en Daniel Scioli, un menemista de pura cepa. Lo mismo sucede con las cúpulas sindicales. Franjas del movimiento obrero se ven arrastradas por la burguesía y tienden a sumarse a esta deriva, mientras los dos partidos tradicionales de la burguesía, UCR y PJ, se fragmentan al punto de perder cualquier eje de acción.

Con su conducta Fernández alimenta la dinámica de derechización frente al vertiginoso fenómeno de disgregación social. Ése es el significado de su conducta, que ha llevado en esta oportunidad al paroxismo el grotesco de sus últimas apariciones públicas.

Sólo queda redoblar esfuerzos por recomponer la vanguardia revolucionaria y bregar por la unidad social y política de las grandes mayorías.

Es posible. El activo obrero y estudiantil no se ha desembarazado todavía de lacras conceptuales y metodológicas de largos años de retroceso. Pero el ciclo nuevo ya está insinuado en toda su potencialidad. Trabajadores con y sin empleo, capas medias empobrecidas, estudiantes ahogados por el sistema marchan hacia la rebelión, al mismo inexorable paso en que avanza la crisis capitalista. Los destacamentos de genuinos revolucionarios tienen la oportunidad de preverlo y aprontarse en todos los órdenes, para cumplir su papel en una historia a punto de comenzar.

 

Buenos Aires, 24 de octubre de 2014

 

 

Dogma y pragmatismo en la nueva coyuntura latinoamericana

PorLBenAXXI

 

Para quien no sea panegirista del sistema es sencillo comprender la inédita magnitud de la crisis del capitalismo mundial. Y quien tenga ojos puede ver que, ante la encerrona, Estados Unidos se lanza a la guerra, arrastra hacia la hecatombe a sus socios subordinados y, si se le permite, al mundo entero.

Crisis y guerra conllevan certeza de revoluciones. Eso también es fácil de entender. Como lo es asumir que América Latina ha ingresado en una nueva etapa, tras una década de dinámica convergente y prevalencia antimperialista. La dificultad reside en saber qué hacer de aquí en adelante.
Conviene desconfiar de quienes tienen respuestas fáciles para problemas de extrema complejidad. Y más aún de quienes creen que el conocimiento proviene de haber leído bien y laboriosamente libros claves de la historia universal. Esa condición, imprescindible, es insuficiente. Y cuando el poseedor de tal riqueza no lo comprende, hace mucho más que el ridículo: aporta en su medida a los innumerables riesgos presentes en la coyuntura internacional. El mínimo de ellos es la contribución a la confusión del activo militante. Y nadie crea que si su capacidad se reduce a un rápido artículo para difundir en algún portal de internet, se exime de responsabilidad.

Estas obviedades tienen vigencia dramática en la América Latina de nuestro tiempo. Con el nuevo siglo, empujada por el torbellino subterráneo que estremece al sistema, comenzó una fase de insurgencia antimperialista con Venezuela a la vanguardia y el acompañamiento desacompasado de toda la región. Cupo a Hugo Chávez encabezar ese momento de extraordinaria fecundidad. Una más de las dolorosas ironías de la historia hizo que él muriera precisamente cuando ese proceso afrontaba un doble desafío: de una parte, definiciones obligadas para pasar de la acumulación cuantitativa al cambio cualitativo; de la otra, el esperable contraataque imperial.

Todavía en la plenitud de su vigor estratégico, Chávez tuvo oportunidad de comprobar la más peligrosa de las amenazas al fenómeno histórico en marcha: la desigualdad de las realidades políticas en cada país al sur del Río Bravo, irresoluble en lo inmediato.

Impulsados por una fuerza hasta entonces invisible, proveniente de las profundidades del conjunto social, elencos gobernantes de las más diferentes naturalezas y características tendieron a aunarse en torno a tópicos hasta poco antes impronunciables. Se impuso así un lenguaje genéricamente antimperialista, incluso con resonancias anticapitalistas, resumido en la noción de unión latinoamericana.
Esto era, de por sí, un paso de gigantescas proyecciones potenciales. Así se hizo sentir en todo el mundo, con Chávez como embajador de la buena nueva. Pueblos remotos del planeta vieron en el comandante la encarnación de lo que anhelaban.

En no pocos casos esto dio lugar a la emergencia de equipos gobernantes que asumieron a plenitud la estrategia resumida en la consigna “socialismo del siglo XXI”. No faltaron, tampoco, quienes vieron la oportunidad de obtener el respaldo político del que carecían apresurándose a ubicarse bajo el generoso paraguas de “la Patria Grande”. En medio quedaron multitudes en tránsito sin brújula y, va de suyo, al otro lado se abroquelaron las fuerzas conservadoras de la región, con los centros imperiales detrás.

Tamaña desigualdad y la correspondiente amenaza reclamaban una combinación virtuosa. En un pujo de extraordinaria lucidez y coraje, Chávez le puso nombre al instrumento que podía bregar por ese objetivo: una instancia de unión superadora de las fuerzas revolucionarias en todo el mundo; la articulación orgánica de las fuerzas convencidas de que la alternativa es socialismo o barbarie: una Vª Internacional. No fue posible en ese momento. Nunca como en ese caso fue tan mal comprendido en su visión estratégica el presidente fallecido. Nunca como en este caso quedaron al trasluz debilidades ideológicas e incapacidades para la acción de las izquierdas a escala mundial, sin excluir señeras vanguardias de largo aliento. Las escasas dirigencias que sí comprendieron y apoyaron la empresa, son hoy un acervo invalorable para el futuro inmediato.

 

Revolución y contrarrevolución

Como sea, el hecho es que lejos de combinarse positivamente, la desigualdad se acentuó y las partes blandas en el proceso de convergencia fueron presa de otro doble juego de fuerzas: la reaparición multiplicada de la crisis estructural capitalista y la respuesta de las masas frustradas en sus expectativas.

A la fecha esa tenaza amenaza a los gobiernos centristas-oportunistas y plantea un cruce de caminos de sentidos potencialmente inversos para países clave de la región: radicalización revolucionaria de las masas que arrasen a los gobiernos atrapados en la defensa del capitalismo; o, por el contrario, victoria política de la ultraderecha proimperialista con respaldo en franjas significativas de la población, incluidos sectores de trabajadores, desocupados y clases medias bajas, conquistados a partir de la frustración vivida en el último período.

Si bien el potencial revolucionario de las masas está acrecentado en más de un sentido, corresponde tomar nota de que la ultraderecha utiliza con sagaz osadía las debilidades ideológicas de la clase trabajadora y los aparatos sindicales en los que la mayoría está atrapada, para ganar espacio y arrastrarla tras una perspectiva fascista. La Internacional Parda trabaja con eficacia en toda la región. Socialcristianismo y socialdemocracia arriman leña a esa pira medioeval.

En resumen, puede afirmarse que revolución y contrarrevolución disputan en esta coyuntura la conducción estratégica de las masas latinoamericanas, con todo lo que esto significa para el curso eventual de la crisis mundial.

En esta confrontación de alcance histórico el infantoizquierdismo –tradicional forma política del dogmatismo– significa un peligro mortal. Simétricamente, ocurre lo mismo con la eventual conducta de gobiernos revolucionarios y partidos de gran proyección que confundan la obligada flexibilidad con pragmatismo inmediatista. Va de suyo que todo gobierno revolucionario debe buscar alianzas, por mínimas y endebles que sean, con gobiernos que, comprometidos en la defensa del capital, por exigencias internas esgrimen un discurso engañoso, evidentemente hipócrita, que no obstante los coloca en cierta medida y determinados momentos por fuera del alineamiento automático con Washington. Esa obligada flexibilidad táctico-estratégica en la búsqueda del frente único, se transforma en lo contrario cuando el pragmatismo lleva al abandono de vectores estratégicos fundamentales, lo que a corto plazo redunda forzosamente en distanciamiento de las masas.

Allí también la cantidad (de concesiones imprescindibles para mantener un bloque contra la hegemonía estadounidense, siquiera en cuestiones puntuales) puede transformarse en calidad (abandono de los objetivos revolucionarios vitales y consecuente contradicción creciente con las necesidades y exigencias inmediatas de las masas).

Esto han de tenerlo en cuenta, so pena de muerte, gobiernos y grandes fuerzas políticas con enraizamiento social: las masas podrán eventualmente recuperarse de derrotas infligidas por errores que las lleven a encolumnarse tras dirigencias procapitalistas como si fueran propias; pero partidos y gobierno que yerren ante tal desafío serán irremediablemente condenados. En ese punto está ahora la región.

 

Revolución en la revolución

Nadie podría soslayar este cuadro mundial y regional al considerar los cambios de gobierno y las rectificaciones de orientación que el presidente Nicolás Maduro anunció el 2 de septiembre, detallados en esta edición de América XXI. Esos cambios tienen tres objetivos explícitos, dos de ellos inseparables: trasladar el poder efectivo a las organizaciones de masas y acabar con los restos del Estado burgués; el tercero, reordenar las capacidades de los cuadros principales para ejercer con eficiencia las tareas de gobierno.

“Acabar con los restos del Estado burgués”… se dice fácil. Y es verdad, como apuntan desde la izquierda voces críticas –significativamente multiplicadas a partir de ese momento– que la mera enunciación no cambia la realidad venezolana ni resuelve uno solo de los mil problemas urgentes que acosan a la sociedad. Pero ¿qué decir de quienes desconocen la significación trascendental de plantar ante el mundo semejante objetivo? No hay en el planeta un solo gobierno, un solo partido, comprometido con semejante programa. Su sola afirmación es una bandera estratégica más allá de las fronteras venezolanas y se convierte en estandarte para todo proyecto anticapitalista. Quienes lo soslayan difícilmente puedan reclamar para sí la condición de vanguardia revolucionaria. Quienes se oponen, digan lo que digan, están simplemente al otro lado de la barricada.

No basta apelar a El Estado y la revolución, el célebre folleto de Lenin (cuyo primer capítulo reproduce América XXI en esta edición). De una parte, porque la Revolución Bolivariana tiene rasgos distintivos fundamentales respecto no sólo de la Revolución Rusa, sino de las sucesivas victorias anticapitalistas desde entonces. (La militancia debería estudiar la polémica desatada a partir de la afirmación de Stalin según la cual las diferencias en cada país son, apenas, “una verruga en el rostro” de la revolución mundial). La diferencia más evidente, aunque probablemente no la más trascendental a largo plazo, es que la asunción del gobierno revolucionario no implicó la destrucción violenta del Estado previo y, mucho menos, de la Fuerza Armada que, por el contrario, se sumó a la revolución. De otra parte, es preciso asumir a Venezuela, en sentido lato, como provincia de vanguardia de la unión latinoamericano-caribeña o Patria Grande. Reaparece aquí el problema del desarrollo desigual en la radicalización antimperialista de la región. Los cultores del “socialismo en un solo país” suenan hoy más patéticos que nunca, incluso antes de observar que para sostener sus posiciones invocan las ideas de León Trotsky: pretenden el socialismo en una sola provincia.

El conjunto de resoluciones anunciadas por Maduro es un plan de acción adecuado a la realidad venezolana para abatir los restos amenazantes del Estado burgués, entendido en este caso, siempre según Lenin, como “aparato burocrático”. Esto, desde luego, no supone de antemano un desenlace exitoso y enseguida se verá cuál es la fuerza principal que amenaza el resultado.

Como sea, siete Consejos Presidenciales Populares de Gobierno y un Consejo integrado por seis vicepresidentes constituyen un plan de articulación de inusual amplitud, que democratiza el poder sin desmedro de la imprescindible centralización del Estado en transformación.
Rafael Ramírez fue designado Canciller y vicepresidente para la soberanía política. Aparte la acción exterior de la revolución, Ramírez tiene la responsabilidad sobre cuatro ministerios (Comunicación, Interior, Despacho de la presidencia –implica seguimiento de la gestión pública– y Defensa). Esta función equivale al corazón del aparato del Estado. Al designarlo Maduro subrayó que a Ramírez cabe la responsabilidad mayor en la tarea de acabar con el Estado burgués. No por acaso, a la burocracia tradicional se la ataca también mediante una secretaría especial (Autoridad única de trámites y permisología), a cargo de Dante Rivas y con la tarea de acabar con el laberinto kafkiano de la administración venezolana. El ariete restante se expresa en el cambio de Elías Jaua de la Cancillería al ministerio de Comunas y Movimientos Sociales: fortalecer el poder comunal es la contraparte inseparable de la lucha contra la burocracia del Estado burgués.

Quienes multiplican presunciones sobre estos cambios y a partir de ellas sacan conclusiones atrabiliarias, confunden la envergadura de este debate con intercambios de novedades en la peluquería y se impiden comprender lo que está en curso en Venezuela.
Es arbitrario dudar acerca de la voluntad de hacer vigente el poder efectivo de las masas, lo cual, junto con el fortalecimiento sistemático de las milicias populares, constituye el corazón conceptual de la teoría leninista en El Estado y la revolución, a condición de tener en cuenta que la abolición del capital es una tarea sólo realizable a escala internacional, con punto de apoyo en por lo menos la mayoría hegemónica de la región.

 

Enemigo invisible

Resta decir que la más grande amenaza contra los propósitos de la dirección revolucionaria político-militar en Venezuela es la ley del valor. Esa fuerza invisible y poderosa dimana del funcionamiento normal del sistema cuando el proceso de producción y distribución está hegemonizado por el capital. No depende de la voluntad de tal o cual funcionario y, por el contrario, se impone a ella en 99 de cada 100 casos. Ningún recurso administrativo o político puede eludir el resultado cuando esa ley gravita al punto de ordenar la producción, la distribución y el conjunto de la vida social.

Aunque no resulte fácilmente perceptible, en Venezuela se ha avanzado mucho tras el objetivo de quebrar esa hegemonía. No obstante, ninguna ventaja será suficiente –mucho menos irreversible– mientras no se transponga el punto a partir del cual la producción y la vida social dejen de regirse por el valor de cambio, por el trabajo asalariado en función de la plusvalía.

 

Urgencias

En simultáneo con el agresivo despliegue de la Otan en el Este europeo, las guerras en Medio Oriente y la conflictividad creciente contra Rusia y China, de ominosos presagios, Estados Unidos avanza a marcha forzada en América Latina para acabar con gobiernos capitalistas que no le responden automáticamente. Los golpes de Estado en Honduras y Paraguay se complementan con campañas para demoler liderazgos centristas y reemplazarlos por agentes directos de Washington. Basta un vistazo panorámico sobre las elecciones en curso este año y el próximo para concluir en qué punto está esa contraofensiva.

Ha pasado la hora de la convergencia de gobiernos de diferente naturaleza. Es la hora de la unión organizada de las masas populares del Bravo a la Patagonia.

Urge comprenderlo y desplegar una línea de enérgica acción regional e internacional que, manteniendo inalterable la exigencia del frente único, ponga especial énfasis en que esa política sea claramente comprendida por las mayorías. Urge enfrentar la escalada política del fascismo camuflado de democracia. Urge trabajar para que el descontento creciente se transforme en insurgencia anticapitalista y encamine la transición del caos actual a la sociedad socialista.

entrevista para vtv

Maduro dio en la ONU la estrategia necesaria para la paz e integración del nuevo mundo

VTV

Caracas, septiembre 25 – El editor de la revista América XXI, Luis Bilbao, indicó este jueves que el discurso dado por el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, ante la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la noche de este miércoles 24 de septiembre, se enfocó en temas primordiales como la paz y la integración, con el firme propósito de crear un nuevo mundo y una nueva estructura internacional.

«El presidente Maduro dio una estrategia de paz, de integración, de pluripolaridad, para la creación de un mundo diferente que ya existe, pero que todavía no ha terminado de conformarse, ni sus actores han aceptado exactamente sus papeles «, comentó Bilbao.

En un enlace vía Skype durante el programa Mesa Informativa, transmitido por Venezolana de Televisión, Bilbao resaltó que durante la 69 Asamblea General de la ONU quedó claro que «el mundo unipolar conducido por Estados Unidos se terminó».

Además, Bilbao resaltó los acuerdos firmados entre Rusia y China, que definitivamente plantean la «recomposición de un mundo» que EEUU no podrá aceptar, porque consolida la pérdida definitiva de su hegemonía, en el marco de «una profunda crisis del sistema capitalista».

El editor de la revista América XXI, resaltó que Estados Unidos, para tapar la gran crisis no ve otra forma que «la guerra» y frente a esto, la propuesta del Jefe de Estado de Venezuela, «tiene todo lo necesario para llevar adelante un contraataque frente a la brutalidad de Estados Unidos», debido a que es muy consistente y muy sólida, al asociarse con los nuevos bloques de poder y formar un banco conjunto como el Banco del Sur.

Señaló que la «situación actual no tiene salida dentro del capitalismo, no tiene salida pagando la impagable deuda externa que vuelve a caer sobre los países de América Latina, no tiene caída con reformas al sistema dominante, la única salida es la estrategia del socialismo del siglo XXI», directrices que fueron propuestas por el presidente Maduro en la Asamblea General de la ONU.

Empantanados

PorLBenAXXI

 

Irak muestra el camino por donde marcha Estados Unidos desde hace años. Y los resultados que obtiene.

Es un error suponer que los estrategas del Departamento de Estados enviaron al Pentágono a ganar una guerra en aquel país. La estrategia no es ganar –conocen la imposibilidad– sino guerrear. Y, apoyados en su abrumadora superioridad bélica, provocar destrucción material y social más allá de lo imaginable.

Para el imperialismo en vertiginosa declinación la victoria consiste en quebrar, desarticular y degradar al extremo la sociedad atacada. Para Washington, gobernar es devastar. Su victoria consiste en llevar al enemigo hacia atrás en la historia, más atrás del medioevo. Degradar al ser humano, además de destruir la base material de cualquier desarrollo económico futuro. Convertir al ciudadano en lobo desesperado.

Irak es el ejemplo más acabado. Pero están allí Afganistán, después Libia, el objetivo a medias logrado en Siria, ahora
Palestina y Ucrania… y las armas constantemente apuntadas contra América Latina, con foco en Venezuela.

De motor poderosísimo del desarrollo en todos los órdenes, Estados Unidos pasó a ser lo contrario: fuerza destructora y retrógrada, que empuja a la humanidad al abismo. La quema y saqueo de la Biblioteca de Bagdad, en 2003, es el símbolo estremecedor del papel actual de Estados Unidos en la historia humana.

De tal modo, cada victoria es un paso más hacia su propio empantanamiento y prólogo de inexorables derrotas. También desde ese ángulo Irak resulta revelador: Obama retorna con tropas y armas sofisticadas al país demolido porque creó un monstruo cuya amenaza va más allá de su área de acción directa. Sin drones, con una simple daga, ante las cámaras de TV de todo el mundo, un salvaje enajenado decapita a un periodista estadounidense y empuja contra el gobierno a millones de sus aterrados conciudadanos. Detalle elocuente: el verdugo es británico. La CIA calcula que 12 mil europeos integran las huestes de islamitas fanáticos actuando en oriente medio. No tienen estimaciones serias sobre la cantidad latente en Europa y Estados Unidos.

 

Ciénaga económica

Luego de un año de ocultar, mentir y tergiversar sistemáticamente respecto del curso de la economía en los tres principales centros imperiales, los organismos financieros internacionales debieron admitir lo obvio: el PIB estadounidense cayó en el primer trimestre y arrastró los ensueños de recuperación durante 2014. Después de haber sostenido todo lo contrario, el Fondo Monetario Internacional (FMI) corrigió a la baja todos sus pronósticos para este año y el próximo. Como puede esperarse, la propia corrección mantiene la tónica que obliga a realizarla: continúa ocultando, tergiversando y mintiendo. No obstante, es harto elocuente: de abril a julio el FMI pasa de una previsión del PIB mundial para 2014 del 3,7% al 3,4%. Nada, se dirá. Pero aún con sus cifras (que volverán a ser corregidas a la baja en diciembre), la dinámica es transparente: aun con la fantasiosa previsión del FMI para Estados Unidos en los tres últimos trimestres, el PIB crecería menos del 3% en 2014 y 3% en 2015.

Paralelamente, la necesidad de equilibrio exige a la Reserva Federal acabar con la “quantitave easing”, que traducido significa urgencia por aumentar la tasa de interés y, con ello, quitar combustible a la economía mundial. De lo contrario, se agrava la perspectiva de acelerar hacia un nuevo colapso financiero internacional.

Como sea, el FMI admite que la eurozona crecerá 1,1% en 2014 y 1,5% en 2015. En compensación, el Fondo corrige en alza el PIB de Japón para 2014: 1,6%. Y lo anuncia en 1,1% para el año próximo. La palabra crecimiento, en estos guarismos, es más que falaz. Con aumento del 3% la economía estadounidense está estancada. El 1% europeo y japonés equivale al rigor mortis. Interrelacionadas las tres, indica recesión en todo el mundo imperialista. La tendencia europea a la deflación anuncia, por lo demás, que la recesión vuelve a apuntar hacia una depresión: el colapso de 2008 no fue resuelto. Y las magras victorias para impedir entonces la reiteración multiplicada de 1929 han agotado ya su potencia.
Es irónico que el propio FMI ponga el contrapeso positivo en lo que llama “países emergentes y en desarrollo”, cuyo crecimiento sería del 4,6% en 2014 y de 5,2% en 2015 (ambos revisados también a la baja). A la cabeza de estos países estarían los Brics. Pero con bemoles: Rusia pasó en la corrección del FMI de 1,3% a 0,2% para este año y de 2,3% a 1% para el próximo. Brasil, se sabe, está en mengua y revisada a la baja cada mes. China, en cambio, dice el FMI, aunque reduce la inversión en vivienda, crecerá alrededor del 7,5%.
En esto reside la deriva guerrerista de Estados Unidos y sus socios. Es la crisis estructural, irreversible, del sistema capitalista.

entrevista para el programa dossier con walter martinez

«La Revolución Bolivariana despertó a los países de la región»

VTV

 

Durante una entrevista concedida al programa Dossier, transmitido por Venezolana de Televisión, Bilbao aseveró que Estados Unidos ya dejó de ser la potencia de América, y ello quedó evidenciado en los grandes acuerdos que países de la región suscribieron con China y Rusia, que luego fueron ratificados en la reunión entre el bloque de los Brics (integrado por los países ya mencionado junto a Brasil, India y Sudáfrica) y la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur).