los fondos buitre pretende una ganancia de $1.500 millones

«En el sistema capitalista no existe una solución al problema de endeudamiento»

Orinoco

“La ilusión de que podíamos pagar y continuar desarrollándonos se ha derrumbado gracias a esta arremetida irracional del capital de la vanguardia más salvaje del capital financiero”, expresó el periodista argentino

El escritor y periodista económico argentino Luis Bilbao manifestó este jueves que a raíz del caso de los Fondos Buitres, que amenaza la economía de Argentina, es necesario revisar a fondo las deudas externas de otros países de América Latina, ya que asegura que en “el sistema capitalista no existe una solución al problema de endeudamiento”

“La ilusión de que podíamos pagar y continuar desarrollándonos se ha derrumbado gracias a esta arremetida irracional del capital de la vanguardia más salvaje del capital financiero”, expresó.

Entrevistado en el programa Dossier que transmite Venezolana de Televisión, el también director e la revista América XXI, reiteró que un grupo minoritario de tenedores de deuda pública de Buenos Aires, aspiran a obtener un pago de 1.500 millones de dólares por unos bonos que adquirieron en apenas 48 millones de dólares.

Indicó que el gobierno argentino ha pagado en los últimos diez años 190 mil millones de dólares y que la deuda todavía es de 120.000 millones con acreedores extranjeros, por lo que el pago de la misma “significaría la detonación de un mecanismo jurídico que permitiría a todos los demás acreedores reclamar los valores originales, con lo cual Argentina seguiría endeudada”.

 

Estados Unidos pierde terreno

“Después de una década de avances sistemáticos en una dinámica de convergencia lo que tenemos es un intento de contraofensiva de Estado Unidos, con la intencionalidad de recuperar por lo menos alguna parte de los que ha perdido en nuestra región”, afirmó Bilbao.

En ese sentido, el analista destacó que el interés del imperio es doblegar a las naciones con potencial de crecimiento por medio de la extorsión y el cobro desmesurado de sus instrumentos de deuda.

Los fondos buitre representan capital de inversionistas de capital de riesgo que se dedican a comprar títulos de deuda pública a bajo precio en economías en problemas, como lo fue la de Argentina en 2001, y luego accionar judicialmente para el cobro total de los bonos más los intereses por los años adeudados.

El juez neoyorquino Thomas Griesa emitió una sentencia a su favor y congeló los pagos del país a la gran mayoría de los bonistas que sí aceptaron la reestructuración de la deuda.

 

 

durante el foro imperialismo financiero, fondos buitre

«La respuesta de Latinoamérica a los fondos buitre es la revolución socialista»

PorAVN

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El escritor y periodista económico argentino Luis Bilbao expresó este martes que la respuesta que debe dar América Latina a la especulación y agresión del capitalismo a través de la figura de los fondos buitre, se encuentra en el proceso de integración que propone una revolución socialista.

Durante su participación en el foro titulado Imperialismo Financiero, Fondos Buitre, celebrado en Caracas, indicó que el interés de Estados Unidos es doblegar a las naciones con potencial de crecimiento por medio de la extorsión y el cobro desmesurado de sus instrumentos de deuda.

Recordó que en 1985 el comandante de la revolución cubana, Fidel Castro, ya había advertido que la deuda externa de las naciones suramericanas, que había contraído con instituciones financieras norteamericanas,» era eterna, impagable e incobrable».

«Debemos dejar de lado la idea de que esforzándonos y pagando oportunamente vamos a conseguir buena ventura del norte», afirmó Bilbao.

Precisó, que en el caso argentino, a pesar de haber cumplido con los aportes y sus compromisos, la deuda parece no acabar, y se incrementa con la pretensión de los fondos buitres de obtener un pago de 1.500 millones de dólares, avalados por la decisión del juez neoyorquino Thomas Griesa, por unos bonos que adquirieron en apenas 48 millones de dólares.

Destacó además, que si el gobierno argentino accede a pagar dicha suma, se expondría al reclamo de aquellos tenedores de bonos (93%) que sí aceptaron las condiciones de reestructuración de la deuda, por lo que ésta podrían aumentar de 120.000 millones a 500.000 millones de dólares.

El analista expuso, que ante la profunda crisis que atraviesa el capitalismo, las naciones imperialistas van a redoblar sus presiones y a utilizar sus estructuras legales para avalar saqueos y agresiones en contra de naciones en desarrollo y con potencial de crecimiento.

«Quieren que Brasil y Argentina salgan de la convergencia y la solidaridad que tienen con los demás gobiernos de la región. Es una estrategia de división, una ofensiva que pretende acabar con la unidad, ya que están conscientes de que no pueden llegar a Venezuela y a sus recursos energéticos, sin antes vencer a América Latina», dijo.

A jucio de Bilbao, Latinoamérica debe fomentar la unión y la acción de sus mecanismos de cooperación e integración como la Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América (Alba), el Mercado Común del Sur (Mercosur), la Comunidad de Estado Latinoamericanos y Caribeños (Celac), y la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur).

También planteó la necesidad de solicitar un proceso de auditoría «para evaluar la deuda de Argentina, lo que permitirá definir la cantidad de los montos pagados, y demostrar que no era legal en su origen».

foro internacional imperialismo, financiero fondos buitre

«Fondos Buitre aspiran obtener $1.500 millones por bonos que compraron en 48 millones»

Orinoco

 

El escritor y periodista económico argentino Luis Bilbao puntualizó este martes en un foro en Caracas que los llamados fondos buitre, un grupo minoritario de tenedores de deuda pública de Buenos Aires, aspiran a obtener un pago de 1.500 millones de dólares, avalados por la decisión del juez neoyorquino Thomas Griesa, por unos bonos que adquirieron en apenas 48 millones de dólares.

De este modo, el especialista ilustró el grado de especulación financiera de este tipo de operaciones y resaltó, además, que si el Gobierno argentino pagara dicha suma, se podría desatar un conjunto de reclamos por cláusulas firmadas en los contratos de renegociación de deuda con quienes sí aceptaron la reestructuración (que es la gran mayoría de los tenedores de bonos), que podrían aumentar de 120.000 millones a 500.000 millones de dólares los compromisos del país suramericano.

Bilbao, uno de los ponentes del Foro Internacional Imperialismo Financiero Fondos Buitre organizado por el Gobierno venezolano, señaló que este caso saca a la luz “el enorme problema de la deuda que toda América Latina tiene por imperio de la crisis del capitalismo”.

En ese sentido, recalcó que la gran industria y el capital bancaria están entrelazados y, al estallar la crisis capitalista, la necesidad de ganancia hace que se desplace el énfasis desde la producción a la especulación como una necesidad del sistema.

Los fondos buitre representan capital de inversionistas de capital de riesgo que se dedican a comprar títulos de deuda pública a bajo precio en economías en problemas, como lo fue la de Argentina en 2001, y luego accionar judicialmente para el cobro total de los bonos más los intereses por los años adeudados.

El juez neoyorquino Thomas Griesa emitió una sentencia a su favor y congeló los pagos del país a la gran mayoría de los bonistas que sí aceptaron la reestructuración de la deuda.

El caso ha levantado la solidaridad regional hacia el Gobierno de Cristina Fernández y contra estos fondos especulativos.

 

imperialismo a la carga para recuperar terreno perdido

Contraofensiva estratégica en la región

El Capitolio de Washington ya no es la cúpula de la política mundial. Con base en los acuerdos Rusia-China reseñados por América XXI en su edición de junio, más las recientes decisiones adoptadas en la reunión de presidentes de los Brics (Brasil, Rusia, India, China y Suráfrica), sumados los encuentros de Brics con Unasur y de China con Celac, queda completado el cuadro de una nueva realidad geopolítica en la que Washington, capital del mundo desde mediados del siglo XIX, pasa a la defensiva desde un lugar subordinado.

Quien se disponga a hacerlo puede observar y ser partícipe de un momento trascendente para la historia universal.

Lejos de arredrarse, Estados Unidos está empeñado en una estrategia contrarrevolucionaria. En aparente paradoja, cuenta con el apoyo de los mismos que le profesan una mezcla de temor y odio: todos los sectores, de todas las burguesías locales, aunque con obvias distinciones internas y diferente grado de adhesión, a la vez que toman distancia recostándose en nuevos polos de poder real, se suman a la estrategia de defensa del capitalismo frente a la amenaza revolucionaria. Hoy como siempre, esa defensa está encabezada por el Departamento de Estado y el Pentágono.

El contraataque imperial hemisférico es más fácilmente visible en América Latina y el Caribe. Pero apunta también al proletariado más poderoso del mundo: el estadounidense. Aunque con punto de partida en los trabajadores de origen hispano, el gobierno de los megamillonarios ha lanzado una operación ideológico-político-represiva contra el conjunto de la clase obrera estadounidense.

Se trata de una estrategia general. Ninguna de sus articulaciones puntuales puede ser entendida sin ese punto de partida. No hay “tercera posición” (los ya exhaustos y desprestigiados movimientos nacional-burgueses), ni “tercera vía” (la táctica redibujada en Colombia el pasado 1 de julio por cinco ex presidentes bajo el mando de William Clinton) frente a esta decisión trascendental nacida en el corazón del capitalismo mundial.

 

Similitudes

En los años 1980, acosado por la crisis estructural y por la marcha de la Revolución en todas las latitudes, Washington lanzó lo que entonces denominamos “Contraofensiva global estratégica” (“El mundo después de la guerra del Golfo y sin la Urss”, Crítica de Nuestro Tiempo, octubre de 1991). Es ilustrativo comparar, aun en excesiva síntesis, aquella avanzada y sus resultados, con la que el imperialismo estadounidense lanzó a mediados de la primera década de este siglo. Aquél fue un contraataque global en el sentido de total, no ya como referencia geográfica: la embestida fue militar, política, económica, religiosa y cultural. Y en todos los planos resultó exitosa. Para eso fue asesinado el papa Juan Pablo I y entronizado el polaco Karol Wojtyla, prólogo de una arremetida devastadora contra la denominada “teología de la liberación”. Fue instigada la guerra entre Irak e Irán para vaciar el proceso revolucionario iraní detonado en 1979; el Pentágono instaló mercenarios en Honduras, desde donde asolaron la Revolución Sandinista también a partir de 1979; con mercenarios, igualmente, se lanzó una guerra contra Angola y la dinámica de emancipación africana que entonces amenazaba con victorias revolucionarias en todo el continente; y esa oleada fue precedida en América Latina por golpes de Estado en cadena y el aniquilamiento por vía militar de fuerzas revolucionarias de todo rango y carácter. Un poderosísimo aparato mundial de prensa comenzó a aplicar metódicamente formas de acción simultánea y global para, entre otras cosas, imponer la supuesta superioridad del sistema capitalista sobre el por entonces llamado “socialismo real” (Unión Soviética, países del Este, China, Vietnam y Corea del Norte), acompañadas por escuelas económicas profusamente propagadas, ajenas a todo criterio científico, aplicadas exclusivamente a restañar las heridas graves del capitalismo. Fueron promovidas, también con apoyo en ese mecanismo planetario de difusión, formas musicales en línea con una nueva estética enajenante, estereotipos nuevos de comportamiento juvenil, todo acompañado por la masificación de nueva mercancía destinada entonces en primer lugar a torcer la peligrosa línea de caída de la tasa de ganancia: la droga. Acaso el arma más poderosa de esta panoplia contrarrevolucionaria fue la falsificación de dos conceptos: democracia y derechos humanos. Washington, que apenas salía de la guerra de Vietnam, que había prohijado –cuando no conducido directamente– golpes de Estado y feroces dictaduras militares en Brasil, Chile, Argentina, Uruguay y el resto del continente, se vistió de paladín de la democracia y defensor de las garantías individuales. Allí también, se entiende, fue decisivo el aparato universal de difusión. Ese arsenal tan disímil, perfectamente ensamblado y complementario, cayó sobre la Unión Soviética y, apoyado en deficiencias históricas de gran magnitud, acabó derrumbándola.

Cuando las autoridades del Pcus dieron por acabada la primera experiencia en busca del socialismo y disolvieron la Urss, el capitalismo se proclamó vencedor histórico. Era una afirmación sin fundamentos objetivos y sin horizonte. Pero de enorme potencia: sólo por excepción gobiernos, partidos políticos, sindicatos, intelectuales y artistas, resistieron esa fuerza arrolladora que preponderó durante casi dos décadas. A comienzos del nuevo siglo es otra la coyuntura y muy otro el futuro previsible de la contraofensiva imperial.

 

Diferencias

Dos factores principales diferencian el momento actual del punto de partida para la escalada estadounidense en el último cuarto del siglo XX: la crisis estructural del sistema parte ostensiblemente de los centros mundiales del capital, incluye regiones antes exentas, además de ser más aguda y profunda; el imperialismo carece en esta oportunidad de andamiaje ideológico, incluso falsificado y mentiroso como el que utilizó en los años 1980.

Pero hay mucho más. Con la caída de la Urss se desintegró el bloque denominado “Tercer Mundo”. A la vuelta del ciclo que mostraría la impotencia de los pseudovencedores globales, Rusia propuso hace más de una década lo que luego Goldman Sachs denominaría Brics. Partidos y sindicatos de todo signo subidos al carro de quien consideraron vencedor en los 1980 están hoy aniquilados, simplemente inexistentes como base para el ejercicio estable del poder burgués. Los textos de economía de aquel período quedaron arrumbados en un rincón en las universidades de todo el mundo. Los que fueron escritos para revivir el “neokeynesiano”, supuesta alternativa al denominado “neoliberalismo”, (neo, al parecer, significa disfraz de lo viejo y perimido), también van al desván de trastos inútiles. La enajenación y degradación de formas culturales propias de la decadencia capitalista ya no es una fuerza de gravitación para las vanguardias juveniles. Y aunque no hay nada en su reemplazo, la desordenada y desnortada búsqueda obrará como contraparte, a término efectiva como herramienta antisistema. Para reemplazar al troglodita Benedicto el Departamento de Estado –esta vez de manera incruenta– se vio compelido a buscar en un obispo argentino el anhelado reemplazo a la figura y programa de revolución encarnado por Hugo Chávez. Con arrestos progresistas y hasta revolucionarios desde una plataforma probada y decantadamente contrarrevolucionaria, el Papa Francisco no logra concitar el apoyo de las franjas progresistas de la propia iglesia, pero sí la furibunda oposición de las cúpulas reaccionarias, lo cual minimiza el papel efectivo del catolicismo en la defensa estratégica del sistema. Sólo en poderío militar no ha virado la situación en detrimento de Estados Unidos: la guerra ya no es el último, sino el primer recurso de cualquier intento imperial por recuperar lo perdido.

 

Supercherías y Quinta Posición

Así como fue una consultora y gestora del gran capital la que puso nombre al relevante fenómeno conocido hoy como Brics, cupo también a dos gestores estadounidenses de fondos de inversión inventar en los años 1990 la noción de “países emergentes” para denominar al Tercer Mundo: necesitaban un nombre nuevo y atractivo para juntar montañas de dinero y multiplicarlas en mercados subordinados. Demás está decir que lo lograron.

Si nombrar es importante, confundir con palabras lo es más aún. Nombrar para engañar se convierte entonces en tarea magna de consultores: neoliberalismo por capitalismo, neokeynesianismo en lugar de rescate capitalista, emergentes a cambio de capitalismo periférico y subordinado.

¿Serán los Brics una Quinta Posición, distante del nacionalismo burgués y la tercera vía, validadora del capitalismo en carrera desarrollista por el cetro mundial? Es el gran debate, el gran combate político, de aquí en adelante. Mientras tanto nadie pone en duda una afirmación rotunda: los Brics son hoy un potente acelerador de la agonía imperialista. Y son también, a la vez, motor y obstáculo de la contraofensiva estadounidense.

 

Dilema regional

Necesidades geoestratégicas de China y Rusia, más el imperativo económico y la participación de Brasil en el bloque Brics hacen de América Latina un teatro privilegiado de despliegue para el nuevo bloque. Esto, en el mismo momento en que Estados Unidos desenvuelve su panoplia a fin de recuperar terreno perdido desde comienzos del siglo XXI.

En agosto del año 2000 Fernando Enrique Cardoso (montado ahora al tren de Clinton en Cartagena) y Hugo Chávez (vivo en la continuidad de la Revolución Bolivariana), convocaron a la primera reunión de presidentes suramericanos. Transcurridos 14 años, el reloj de la historia ha dado un giro completo y comienza una nueva cuenta. El gobierno brasileño encontró su lugar tras bascular entre el G20 y la Unasur: ahora Itamaraty debe acentuar un liderazgo regional para pesar de verdad en los Brics. Resuelta en ese camino, con respaldo de la Fiesp (Federación de Industrias del Estado de San Pablo) y como candidata del Partido de los Trabajadores, Dilma Rousseff encabeza encuestas para las presidenciales de octubre.

Argentina, por su parte, atrapada otra vez en el drama de la deuda externa, presa en la tenaza de recesión con inflación, parece encaminada hacia una victoria electoral de la burguesía tradicional en octubre de 2015. Colombia ya mostró a Juan Manuel Santos –instalado en la Alianza del Pacífico– en el intento de resucitar la tercera vía. Chile también apostó a la Alianza del Pacífico. El probable sucesor de José Mujica en Uruguay, Tabaré Vázquez, proclive como Michelle Bachelet a la tercera vía, parece igualmente dispuesto a sumarse al bloque del Pacífico propulsado por Washington.

Voceros de Washington proclamaban antes de la irrupción de los Brics en Fortaleza y Brasilia que este cuadro significaba poco menos que una victoria para la estrategia imperial. Pero Estados Unidos no tiene suficiente con medias victorias. Con buen criterio de autodefensa, señala como principal enemigo a la propuesta socialista de Venezuela, ataca frontalmente a todos los países del Alba, pero no perdona posiciones intermedias que por una u otra razón omitan un choque frontal con la perspectiva revolucionaria encarnada en el Alba. Los estrategas del Departamento de Estado saben el potencial revolucionario de las masas al sur del Río Bravo, con o sin gobiernos empeñados en la transición al socialismo. Y conocen mejor la fragilidad interna de los gobiernos contrarios o vacilantes frente a esa opción.

Probada la imposibilidad de derrotar a Nicolás Maduro mediante urnas, atentados o movilización mercenaria, el contraataque estadounidense tiene ahora como primer objetivo aislar a Venezuela en la región.

Así se explica la campaña de desgaste contra Dilma Rousseff: toda la prensa conservadora del hemisferio arremetió contra la presidente brasileña durante el mundial de fútbol y ahora muestra a Aecio Neves como vencedor en segunda vuelta. Ésa es también la causa de la política de asfixia al gobierno argentino, así como los intentos por infligirle una derrota electoral al Frente Amplio en Uruguay. Esta conducta imperial desconcierta a no pocos analistas que se preguntan: “¿Por qué torpedear a Rousseff, Fernández o Vázquez?”. La razón es simple: no hay tercera vía ni quinta posición. Resta ser subordinado incondicional o enemigo jurado de Washington. Sólo con la región encolumnada y sin chistar tras la Casa Blanca sería posible vencer a la Revolución Bolivariana y posponer sin fecha el peligro de la revolución socialista en la región. Eso equivaldría también a aplastar al interior de los Brics la perspectiva anticapitalista y enfrentar este desafío exclusivamente en el terreno de la lucha interburguesa e interimperialista.

Imposible hoy prever las sinuosidades en el rumbo de los Brics y el ritmo al que irán definiéndose sus contradicciones internas. En cambio es una certeza la imposibilidad para Estados Unidos de alinear de manera estable a la región tras su estrategia para destruir la Revolución Bolivariana y el Alba. A las mil razones ya existentes en el panorama social y político al sur del Río Bravo se suma el factor principal para el próximo período: el agravamiento sistemático de la crisis capitalista en los centros imperiales y sus efecto devastadores para el resto del mundo.

Con todo, está en cuestión si la respuesta a esa realidad mundial prefigurada por el desplome de economías como las de Grecia y España; por las guerras en Palestina, Siria, Irak, Ucrania y otros países, tendrá una plataforma de salvación reformista o de abolición revolucionaria del capitalismo. La primera es impotente frente a la irracionalidad desbocada del imperialismo. Por eso el curso de la estrategia trazada por Hugo Chávez en Venezuela continúa siendo decisivo en la opción socialismo o barbarie.

Significado del realineamiento global

PorLBenAXXI

 

 

Algo debe explicar que en Londres y Santa Cruz de la Sie­rra, simultáneamente, ocurran encuentros de alta signifi­cación en los que oradores diversos se suceden para advertir sobre la gravedad de la crisis económica mundial.

Un sitio web reseñó con sarcasmo –insuficiente para ocultar el temor– una reunión en la capital británica donde se discutió “la amenaza capitalista al capitalismo”. En ese escenario la presidente del FMI (Fondo Monetario Internacional) habló sin rodeos: tras citar la conclusión teórica de Carlos Marx según la cual el capitalismo “acarrea las semillas de su propia des­trucción”, Christine Lagarde advirtió que “el capitalismo está en riesgo de implosionar”.

Al otro lado del mundo, la Declaración de Santa Cruz plas­maba un diagnóstico desde el ángulo opuesto, pero con idén­ticas conclusiones: “Creemos que el mundo se enfrenta a la peor crisis financiera y económica desde la Gran Depresión, y nos alarman los efectos adversos que está teniendo esta crisis sobre todo en los países en desarrollo. Creemos que la crisis ha puesto de relieve puntos débiles y desequilibrios sistémi­cos de larga data de la economía mundial, y ha puesto más de manifiesto la insuficiencia y el carácter antidemocrático de la gobernanza económica mundial”.

La titular del devaluado FMI hablaba ante “inversionistas internacionales que controlan 30 millones de millones de dó­lares de activos –un tercio del total global”, según el sitio Po­liticoMagazine. Con motivo del cincuentenario del G77, en Bolivia se reunían 129 gobiernos del mundo subdesarrollado y dependiente.

Uno de los oradores en Londres, el príncipe Carlos, expresó su preocupación ante el curso de los acontecimientos seña­lando que “el trabajo a largo plazo del capitalismo es servir a la gente, y no al revés”. Un izquierdista postmoderno y coro­nado. Evo Morales probablemente desconocía el dislate real cuando, como anfitrión de la exitosa cubre del G77 y China, puso el centro en la decadencia del capitalismo y subrayó que la solución no podría provenir de ese sistema.

Rodeado de megamillonarios en el salón Guildhall, el go­bernador del Banco de Inglaterra, Mark Carney, explicó con tono de alarma: “Así como toda revolución se come a sus propios hijos, el fundamentalismo de mercado no supervisado puede devorar el capital social esencial para el dinamismo a largo plazo del capitalismo”. Ese capital social con riesgo de ser deglutido es el control ideológico del sistema sobre las masas explotadas.

Los mandatarios reunidos en Bolivia apuntaron en otra di­rección: “Afirmamos la necesidad de reformar la estructura financiera internacional, de manera que tengamos un sistema financiero y monetario que refleje las realidades del siglo XXI, incluido un sector financiero internacional debidamente regla­mentado que reduzca y desestimule las inversiones especula­tivas, a fin de que se puedan movilizar los mercados de capital para alcanzar el desarrollo sostenible, y de que esos mercados desempeñen un papel constructivo en la agenda mundial para el desarrollo”.

El contraste habla por sí mismo: en 2014 los más altos actores del capital toman el libreto declamado durante medio siglo por el antes denominado Tercer Mundo, es decir, la necesidad de que intervenga el Estado en la economía para regular (supervisar, dicen ahora) el mercado y garantizar el futuro. En cambio, el G77 llega a una conclusión escalofriante para los centros imperiales: es necesario crear un nuevo sistema financiero y monetario internacional.

No es una mera formulación: ya lleva seis años de existencia el Sucre, la moneda virtual del Alba. Y ahora vienen en cascada fenómenos semejantes pero de magnitudes incomparables, entre los que destacan los acuerdos de intercambio con prescindencia del dólar entre Rusia y China y el mecanismo común puesto en marcha por Rusia, Bielorusia y Kasajstán que gravita ya sobre otros países del área. Habrá que ver qué discuten los Brics a fines de este mes en Brasil.

La fuerza que empuja esa dinámica está aludida en la Declaración del G77: “Nuestros países, individual y colectivamente, se enfrentan a desafíos emergentes y que continúan, como la desaceleración de la economía mundial y sus efectos en nuestros países”. Señalaron además un punto en especial que, horas después de que las delegaciones de los cinco continentes abandonaran Bolivia estallaría en Argentina: el eterno edeudamiento: “Nos preocupa el hecho de que, con la crisis económica mundial, las economías de un número cada vez mayor de países en desarrollo se están viendo afectadas y de que algunos países se están volviendo más vulnerables a nuevos problemas relacionados con la deuda externa o incluso a crisis. Por consiguiente, resolver los problemas de la deuda externa de los países en desarrollo constituye una parte importante de la cooperación internacional y de la alianza mundial para el desarrollo fortalecida”, dice la Declaración, a la vez que clama por “la necesidad de una enérgica recuperación”.

 

Recuperación y sistema

Sería pueril desconocer las diferencias que atraviesan al G77 y China, mellando su capacidad de acción efectiva conjunta. Igualmente errado sería ocultarse las razones que amalgaman ese conjunto extremadamente heterogéneo. En un larguísimo texto imposible de reseñar aquí, la Declaración las expone: urgencia por cambiar el sentido del movimiento y pasar de la recesión al crecimiento; malestar por “la falta de medidas sistémicas y mecanismos de rendición de cuentas adecuados para abordar las causas y los efectos de las crisis financiera y económica mundial, que plantea el consiguiente riesgo de que se mantenga el patrón de los ciclos de crisis”; urgencia en la “necesidad de que los países desarrollados asuman un nuevo y mayor compromiso con la cooperación internacional a fin de prestar apoyo al cumplimiento de las aspiraciones de desarrollo de los países en desarrollo”.

Sobre todo en la dinámica impuesta por el curso de la economía en los países centrales, esas razones dan margen para lo que la teoría política marxista ha llamado Frente Antimperialista. Dentro de límites obvios, incluso en el seno de las Naciones Unidas ese frente puede actuar –y actúa– como escollo a veces efectivo y siempre insoportable para Washington.

Una estrategia de revolución no puede desconocer el concepto acuñado y afirmado en el tercero y cuarto Congresos de la Interneacional Comunista. El Frente Antimperialista es un instrumento clave hoy para intentar el supremo objetivo de evitar que Estados Unidos avance con su irracional carrera guerrerista y enrumbe a la humanidad hacia un holocausto planetario. Pero es también un puente imprescindible para que fuerzas inmensas, acuciadas en todo el mundo por la crisis capitalista, encuentren un curso positivo al agotamiento de la propuesta keynesiano-desarrollista del sistema (hoy, vale insistir, adoptada por el gran capital amenazado).

En Santa Cruz la presidente Cristina Fernández disintió amigablemente de Evo Morales señalando que “el mundo actual no es capitalista”, en alusión a la preponderancia de la especulación financiera. En esa visión, compartida por muchos –incluso autores y organizaciones de izquierda– la demencial deriva hacia la especulación sería causa de la perversión de sectores dirigentes y no resultante necesaria de la crisis intrínseca del sistema. Desde otra atalaya, Christine Lagarde, cita a Marx y asume que es el propio desarrollo del capitalismo el que lleva a su destrucción. Apelando o no a Marx, el punto de disidencia es si el capitalismo puede ser restaurado. Y si es en este sistema que se pueden alcanzar los objetivos en los que coincide el G77 y China.

Se trata del principal debate teórico político de este momento histórico: ¿puede el sistema capitalista recomponerse y emprender un camino de desarrollo y bienestar para la humanidad? Un debate subordinado es si el sistema llega al punto de colapso únicamente por acción de una fuerza política contraria, o si el capitalismo lleva consigo la semilla de su destrucción.

Pero esta controversia decisiva no se resuelve en artículos o libros, aunque unos y otros sean imprescindibles. Será al calor de conmociones sociales y políticas provocadas por la crisis económica actual –y su inexorable agravamiento– que la batalla de ideas tomará cuerpo en estrategias revolucionarias asumidas por pueblos enteros. O no…

Como sea, en Bolivia se expresaron coincidencias que harán reflexionar a los estrategas del Departamento de Estado. Su conclusión es previsible: a cualquier precio es preciso frenar la perspectiva socialista encarnada en el Alba.

Tanto más si, como instó Evo Morales, Rusia se suma al G77, este bloque alentará la conformación y afirmación de nuevos centros de poder en un mundo pluripolar. A condición de que se asuma la necesidad de dar respuesta e incluir también a los trabajadores y la población oprimida de Estados Unidos y Europa, hoy azotados por una crisis inédita, en este nuevo mundo el imperialismo estadounidense no sólo ya no es la voz inapelable, sino que estará impedido de propagar la violencia y la destrucción masiva, única terapia para el paciente agónico. Ése es el significado del esfuerzo de Bolivia al acoger con su revolución a representantes de todos los vientos.

Fase crucial de la Revolución Bolivariana

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América XXI, Julio 2014.- consumada la victoria frente al plan golpista detonado en febrero, el gobierno de Nicolás Maduro afronta la necesidad de llevar hasta el fin el combate contra la “guerra económica”. En ese punto de extrema tensión, debe lidiar también con no pocos nombres asociados al proceso iniciado y llevado muy lejos por Hugo Chávez, que dan un paso atrás, o al costado, en el punto crucial del combate.

Desde finales de mayo se hizo evidente que la guarimba estaba agotada. Quedó igualmente a la luz el fracaso en el intento de lanzarse a una especie de foquismo terrorista de ultraderecha, sobre la base de comandos mercenarios.

Es la coronación de una cadena de desastres políticos de la oposición. Leopoldo López, opositor de proclamada filiación fascista e iniciador del plan golpista, se entregó para preservar su vida ante amenazas de otros partidos de la coalición burguesa, tras el fracaso del delirante propósito de secesión que independizaría a Mérida de Venezuela. Como bravo combatiente, López subió por propia voluntad a un carro donde el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, lo esperaba para llevarlo sano y salvo a prisión.

La otra cabeza tonante de la asonada, la diputada amiga de George Bush María Corina Machado, fue expulsada de la Asamblea Nacional tras cometer un error insalvable: por indicación de la CIA aceptó un cargo de embajadora de Panamá (!) para acusar a Venezuela ante la OEA(!!). Además, ahora está formalmente procesada por sus públicos llamados al derrocamiento violento del presidente Nicolás Maduro.

Como corolario, la denominada Mesa de Unidad Democrática, el frente único contrarrevolucionario promovido por Washington, detonó una feroz lucha interna y perdió coyunturalmente toda posibilidad de ser y aparecer como dirección de la oposición.

En un desesperado intento por recomponerse, las filas diezmadas de la contrarrevolución fueron instadas a movilizarse nuevamente en guarimbas en la última semana de junio. Al menos en su primer ensayo, el martes 24, sólo lograron mostrar su extrema debilidad.

A la luz de estos acontecimientos pudo afirmar el vicepresidente Jorge Arreaza: “La guarimba ha sido totalmente neutralizada. No pudieron los sectores golpistas de la ultraderecha contra el Gobierno y el Estado venezolano”.

 

Rayo inesperado

Un aspecto de la furiosa ofensiva golpista ordenada por el Departamento de Estado fue exitoso sin embargo: la guerra económica. Carestía y desabastecimiento fueron inducidos desde el momento mismo en que Maduro ganó las elecciones, el 14 de abril de 2013, y no dejó un momento de tregua desde entonces. Paralelamente, no pocos funcionarios integrantes de las partes blandas adosadas a toda Revolución, convencidos de que Maduro no resistiría, acentuaron conductas corruptas en todos los terrenos. Uno de ellos fue la de la asignación de divisas, lo cual dio lugar a una fuga significativa de dólares, que a poco andar agravaría los efectos de la guerra económica.

El Gobierno reaccionó con un plan global para afrontar esa amenaza, gravísima por tres razones fundamentales: contribuyó al aumento de precios y el desabastecimiento; trabó la proyectada aceleración en la transición pacífica y, sobre todo, afectó a la moral y la confianza de importantes franjas de la población que apoya a la Revolución.

En marcha la contraofensiva programada por la dirección revolucionaria político-militar para vencer en la guerra económica, que incluye la realización del III Congreso del Psuv, cayó sobre el tormentoso cuadro político venezolano un rayo imprevisto: unas horas después de ser reemplazado de su cargo, con todos los honores, el ex ministro de Planificación Jorge Giordani hizo pública una carta de elevadísimo tono crítico, en la que condena la política económica –a cuyo timón estaba él mismo- y descalifica de manera injuriosa al presidente Maduro.

Días más tarde otro ex ministro, Héctor Navarro, quien más aún que Giordani acompañó a Hugo Chávez desde el comienzo de la Revolución, se solidarizó con su ex colega de gabinete, aunque lo hizo sin atacar a Maduro, a quien pidió en cambio una revisión de las críticas.

Ni que decir tiene: ésta fue la pólvora para que la oposición interna y el imperialismo cargaran sus armas sin munición. A partir de allí se relanzó con vigor la ahogada campaña de prensa continental contra la Revolución Bolivariana y su Presidente.

Aparte de que en su texto Giordani omite cualquier responsabilidad propia, el ex ministro revela un odio personal por definición ajeno a un dirigente revolucionario. Y, como queda probado, además de demorar 10 años en criticar lo que condena tras perder su cargo, lo hace sin la menor consideración por el efecto político coyuntural de su conducta.

En la catarata de textos acerca de esta actitud (muchos de ellos reproducidos en www.americaxxi.com.ve) destaca la del diputado pesuvista Jesús Faría, quien califica la carta de Giordani como «desconsiderada e infame». Faría agregó: «sus críticas a la política económica del Gobierno es una mezcla de verdades, medias mentiras, medias verdades y muchísimas mentiras».

No es el lugar aquí para poner bajo la lupa las ideas económicas de Giordani. Baste decir que si en algo no tuvo colaboración fundada en sólida teoría marxista y eficiente capacidad práctica el ex presidente Chávez, fue en la planificación económica. Es fácil comprenderlo al leer un libro que el ex ministro publicó el año pasado al respecto, que eventualmente analizaremos en estas páginas. Ahora el tema es otro.

El breve texto de Navarro, un hombre noble y laborioso, no puede ser calificado de la misma manera. No obstante, él también incurre en una suerte de reacción al estilo francotirador, ajena desde luego e incompatible con el accionar en un partido revolucionario que, para colmo, está bajo fuego enemigo.

 

La transición continúa

 

“La igualdad entre los venezolanos tiene un solo concepto y lo trajo Hugo Chávez al siglo XXI: hoy se llama socialismo bolivariano”, dijo Maduro al finalizar el desfile en conmemoración del 193 aniversario de la Batalla de Carabobo. “Estamos unidos firmemente alrededor del Plan de la Patria, que es la obra más completa y acabada para el presente y el futuro del país, hecho por la pluma de Chávez” recalcó, para completar el contenido esencial de su mensaje con la esperanza de que “no se impongan las fuerzas disolventes que se impusieron en el siglo XIX”. Luego remató: “exijo máxima lealtad y disciplina a todos los líderes revolucionarios”.

Es la expresión política, rotunda, de la contraofensiva económica y la preparación del país para la constante amenaza bélica que, si bien tiene asiento en las fronteras de Colombia, proviene inequívocamente de la Casa Blanca.

Tal peligro no parecen asumirlo hasta sus últimas consecuencias cuadros de valía de la Revolución Bolivariana. En casos, porque se ha impuesto la idea de que es posible construir el socialismo sin enfrentar enemigos poderosísimos, en los terrenos que él plantee. En otros, porque ante la durísima y eventualmente cruenta perspectiva de llevar adelante la transición, optan por frenar. Estos últimos, a su vez divididos entre quienes tienen como basamento un pensamiento reformista, y aquellos que, por diferentes razones, retroceden ante la magnitud del desafío.

Sólo para sectas izquierdistas –en el sentido que Lenin le daba al término- este curso del gobierno venezolano puede dar lugar a condenas descalificatorias, aunque sí hay espacios para consideraciones críticas, incluso severas. Al margen los casos individuales, se trata de que también en este terreno el bolivarianismo revolucionario, como conjunto, es víctima de un momento histórico de extraordinaria degradación en la teoría, la organización y la estrategia socialistas. Sin esa perspectiva son incomprensibles las deficiencias, las sinuosidades, los errores a veces torpes en materia económica –particularmente en relación con la planificación- o en otras áreas. Pero lo sorprendente no son estas falencias, sino que, en ese cuadro de retroceso mundial de las luchas y la conciencia del proletariado, Venezuela haya logrado avanzar la revolución social, política y económica hasta el punto donde hoy está. Tanto más que para hacerlo debió combatir milímetro a milímetro contra el pensamiento reformista predominante en el escenario político e intelectual en todo el mundo, infiltrado por mil ranuras en la Revolución. Por si eso fuese poco, se trata de un proceso singular, puesto que no parte de la derrota violenta del Estado burgués, lo cual presenta retos políticos y teóricos en los cuales la dirigencia está obligada a “inventar o errar”, como proponía Simón Rodríguez. Claro que no todos los inventos salen bien. Los sabios profesores que condenan ese esfuerzo desde un escritorio sólo revelan que no sirven para conducir una Revolución viva, real.

No sólo en Venezuela vale recordar que el mundo no se divide entre traidores y traicionados, como parecen creer las sectas y los sectarios, error en el que no debería incurrir la militancia. Pero sí se divide, sobre todo en el vórtice de la lucha de clases, en revolucionarios y reformistas.

Hasta el momento, la conducción político-militar de la Revolución Bolivariana da una y otra vez pruebas de que mantiene en alto el legado de Chávez y avanza, en las circunstancias dadas, por el camino de la transición al socialismo. Mientras eso no pueda ser negado con hechos, la obligación de todo revolucionario es apoyar al gobierno bolivariano. Con el derecho a la crítica, desde luego; pero teniendo en cuenta que criticar una Revolución no es tarea a cumplir con un artículo en la web. Un revolucionario es, por definición, crítico y rebelde. También militante, esforzado y leal, disciplinado, contrario a toda mezquindad e individualismo.

25/6/14

 

 

 

 

 

Luis Bilbao: “Fuerzas Armadas, pueblo y partido sostienen la Revolución Bolivariana”

Entrevistado por el periodista Adrián Fernández, de Radio Nacional, el periodista y analista político aseguró que la base social, el Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv) y la fuerza militar tienen poder suficiente para afrontar los intentos de golpe de estado en Venezuela.

Bilbao, que es director de la revista América XXI, destacó que “los principales dirigentes de las Fuerzas Armadas están impregnados de la Revolución, en especial las milicias obreras”.

Además, reafirmó que “hay unidad social y política de extraordinaria potencia en Venezuela” y destacó que “es algo muy original porque en las revoluciones se producen fracturas marcadas por la violencia”.

Agregó que “la historia no ofrece ejemplos de que semejante vuelco de la sociedad se haya producido dentro del marco institucional, ya que las revoluciones siempre han tenido un contexto de convulsión social”.

Bilbao participó en Caracas del Foro Internacional “Conjura Mediática Contra Venezuela” en el que periodistas y escritores del mundo debatieron sobre la función actual de las trasnacionales de la comunicación empeñadas en tergiversar la realidad venezolana.

El periodista argentino recordó que a fines de julio próximo se realizará un congreso extraordinario del Psuv, el partido socialista al que definió como “el instrumento más poderoso en la generación de conciencia revolucionaria frente a la realidad mundial”.

Bilbao destacó que “la guerra económica ha sido afrontada y esta encaminada a ser solucionada” aunque estimó que “hay un conjunto de medidas perdurables que exigen la transición al socialismo, como abandonar criterios, conceptos y reglas del sistema capitalista”. Recordó que Hugo Chávez llamaba a esa instancia “punto de irreversibilidad de la Revolución”.

Pese a todo, Luis Bilbao advirtió que “la situación económica en Venezuela no debe ser minimizada porque se produce en un contexto de crisis capitalista mundial y frente a la creciente beligerancia de Estados Unidos”.

Escuche el audio de la entrevista aquí 

 

 

por agencia venezolana de noticias

Luis Bilbao: «Prensa latinoamericana se desbarranca sólo por denigrar a la Revolución»

5 de junio de 2014.- Con el objetivo de atacar y desvirtuar la Revolución Bolivariana y el Gobierno del presidente venezolano, Nicolás Maduro, la prensa en América Latina, en específico la del cono sur, está inmersa en un proceso de autodestrucción, sostuvo este jueves el periodista y escritor argentino Luis Bilbao.

Invitado al Foro Internacional Conjura de los Medios Contra Venezuela, que se realiza en Caracas, señaló que las corporaciones mediáticas «han llegado a mentir, tergiversar, ocultar y transformar hechos en lo contrario de lo que realmente son, en una campaña que tiene como centro de su accionar la política estadounidense en contra de la Revolución Bolivariana».

«La prensa conservadora, que es la más antigua, muchos de ellos medios con más de un siglo de vida y con buena calidad profesional, se está desbarrancando de una manera escandalosa sólo por denigrar a la Revolución Bolivariana», expresó, en entrevista concedida a la Agencia Venezolana de Noticias.

El fundador y director de la Revista América XXI enfatizó que estos medios, apoyados por las potencias occidentales, entre ellas Estados Unidos, emprenden este ataque contra Venezuela debido al momento crucial de desarrollo histórico por el que atraviesa el país.

«Estamos en un momento crucial y definitivo para la historia de la humanidad. Se está librando una batalla a vida o muerte contra el capitalismo», expresó el especialista en economía y política internacional.

En este punto, se refirió a la prensa comercial venezolana, que consideró impulsora «de la degradación de la prensa burguesa en general».

«En esa degradación ha recorrido un camino que la tiene en un punto que es muy difícil imaginarse que pueda caer aún más», comentó.

Frente a esto, el miembro fundador del Foro de Sao Paulo (1990) manifestó la necesidad de contrarrestar el accionar de este tipo de medios de comunicación, a través del fortalecimiento de medios de comunicación alternativos «con ideas claras».

«Lo que hay que hacer es salir al mundo a decir la verdad de Venezuela. Hay que esforzarse por hacer bien nuestro trabajo. Tenemos que tomar contacto con toda la realidad. Ese es el papel de la prensa revolucionaria: estar a la vanguardia de la política revolucionaria», puntualizó Bilbao.

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