Qué significa el paso al costado de Cristina Fernández

Quedó consumada la decisión del gran capital de que Cristina Fernández y su equipo no puedan acceder al gobierno.

Fue sorprendente la decisión de la ex presidente de postularse como candidata a la vicepresidencia y poner como aspirante al cargo máximo a Alberto Fernández, sobre quien más abajo se darán algunos detalles elocuentes. Pero en modo alguno podía caber duda sobre el hecho de que la “abogada exitosa”, dos veces Presidente, debía buscar un atajo para evitar otra derrota electoral después de las tres extremadamente gravosas que sufrió desde 2013.

Resta todavía despejar dos incógnitas esenciales: 1. ¿Es el último movimiento de la ex presidente o faltan algunos capítulos de la telenovela? 2. Esa gran burguesía que bloqueó el camino a los remanentes del llamado kirchnerismo ¿está dispuesta a permitir el retorno del Partido Justicialista (PJ) al poder, o sostendrá la continuidad de Mauricio Macri?

Por el momento es otra victoria del oficialismo, aunque todavía está irresuelto si el Frente amplio burgués (Fae) se recompone y decide quién ocupa la Casa Rosada a partir de diciembre próximo, o consolida su fractura y a las elecciones de octubre próximo van dos o tres candidatos, con el mismo programa pero con diferente base de sustentación directa, con las clases dominantes formal y explícitamente divididas.

El próximo martes 21, comienza el juicio oral a la ex Presidente, además de su ex ministro Julio de Vido (también a cargo de Planificación durante los cuatro años de mandato de Néstor Kirchner), el socio comercial Lázaro Báez, el vituperado operador José López (célebre por llevar bolsos colmados de dólares a un convento) y otros tantos que acudirán al tribunal desde la cárcel donde cumplen prisión preventiva.

Una exitosa operación de prensa impuso la idea de que Alberto Fernández (AF) fue informado por su jefa Cristina Fernández (CF) el miércoles 15 de que su nombre sería anunciado como candidato a Presidente el sábado 18 por CF, que en un gesto de extraordinaria generosidad se contentaría con la candidatura a vice.

Es una patraña. En realidad esta candidatura resulta del estridente fracaso en la maniobra de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) para postergar sin fecha el juicio a CF. La insólita decisión de este cuerpo que salvaba a CF del oprobio durante la campaña electoral, fue anunciada el martes, fracasó en menos de 48 horas y obligó a un apresurado cambio de planes.

La prensa tradicional se mostró escandalizada por la connivencia de cuatro miembros de la CSJ para “elegir a Cristina Presidente”, tal como dijo en un crudo editorial un probado defensor del statu quo, que sin embargo mostró singular arrojo e influyó en gran medida para que los supuestos defensores de la justicia debieran retroceder de inmediato e ignominiosamente. Gestora de esta operación fulminante es la misma prensa que protegió a AF y su musa repitiendo que el arreglo entre jefa y subordinado ocurrió el miércoles 15.

No hay sino una explicación para todos estos pasos en falso y su evidente manipulación periodística: la perplejidad del gran capital frente a la reaparición agravada de la crisis política y las sanguinarias peleas internas por hallar una salida e imponerse, cada fracción, como fuerza hegemónica. Dicho de otro modo: las dificultades extremas para sostener la reelección de Macri.

En un texto fechado a fines de abril (Adónde va la burguesía en Argentina) reiteré la afirmación de que aun en sus disputas internas, el gran capital local y extranjero excluía la posibilidad de un retorno al poder de una protoburguesía asociada a sectores menores del capital, con CF a la cabeza. En la imposibilidad de obtener ese visto bueno radica el paso desesperado de la ahora candidata a vice. Si el paso al costado es o no una carta de negociación para obtener impunidad, se verá con el tiempo. Pero está claro que AF es el frágil parapeto con el que se pretende afirmar una perspectiva de eventual negociación con Washington, con el FMI y el gran capital local, en primer lugar con ciertos medios de prensa.

AF fue un mentor inicial de Kirchner. Fue su jefe de gabinete durante cuatro años y durante un primer período de CF. Su único cargo electivo fue el de legislador (concejal) en la Capital Federal. Lo logró en el año 2000 en la lista de Domingo Cavallo. Iba detrás de la Sra. Elena Cruz, quien por defender ardorosamente al dictador Jorge Videla terminó separada de su banca y dejó paso al ahora candidato a Presidente. AF tuvo además estrechos lazos con el ex diputado Eduardo Varela Cid, personaje más que oscuro radicado en Miami, denunciado como agente de la CIA entre otros por Carlos Andrés Pérez, ex presidente socialdemócrata de Venezuela, a su vez conocido como hombre de la agencia estadounidense en su país. También administró la campaña presidencial de Eduardo Duhalde y Palito Ortega, motivo por el cual se lo vinculó a fondos provenientes del cartel de Juárez y a la penetración de esta organización narcotraficante en la provincia de Buenos Aires.

AF es, además, pero acaso en primer lugar, también un enemigo pertinaz de la Revolución Bolivariana y del presidente Nicolás Maduro.

Hasta ahora los ataques al flamante candidato se redujeron a reproducir sus tremendas acusaciones contra CF mientras estaba asociado al Sergio Massa, antes de salir de ese partido nonato para dirigir la fallida campaña de Florencio Randazzo y, finalmente, recalar otra vez junto a CF como asesor principal de la campaña que ahora lo tendrá como figura principal.

Como queda dicho, resta saber si el peronismo autodenominado republicano se reúne en torno a Roberto Lavagna –lo cual significaría que al menos un sector importante del Fae decide llegar a segunda vuelta para luego competir con Macri- o deja paso a la continuidad del actual Presidente. También queda pendiente el destino de la ahora candidata a vicepresidente. Por estas horas hay nerviosas negociaciones en el cenáculo más exclusivo de las clases dominantes.

19 de mayo de 2019

@BilbaoL

Qué sigue tras el fracaso del putsch en Venezuela

30 de abril de 2019.- A las 14hs de Argentina, una hora menos en Venezuela, todo asegura que el farsesco intento de golpe de Estado contra la Revolución Bolivariana ha fracasado, con ninguna gloria y mucha pena para sus promotores.

El único punto a mostrar como logro para los golpistas, es la liberación de Leopoldo López de su prisión domiciliaria. Se trata de un personaje declaradamente fascista, titular de un pseudo partido al que pertenece Juan Guaidó, el diputado investido por sí y ante sí como “presidente encargado”, en contraposición a la magistratura constitucional de Nicolás Maduro. Esta fuga, sin embargo, está llamada a tener consecuencias de alta significación.

Según informes de esta mañana, López fue liberado por personal del Sebin, órgano nacional de inteligencia. Fuentes oficiales aseguran que esto ocurrió por la intervención directa de agentes estadounidenses, que repartieron dólares para lograr el objetivo. López y Guaidó, acompañados por el Teniente coronel Ilich Sánchez, solitario líder militar de la asonada, se dirigieron al Distribuidor Altamira, nudo de tránsito en las cercanías del cuartel La Carlota, sede de la Fuerza Aérea. Por cuerda separada arribó al lugar un medio centenar de guardias nacionales y agentes del Sebin, quienes al comprender de qué se trataba el movimiento regresaron rápidamente a sus cuarteles y denunciaron haber sido engañados por algunos de sus jefes, cuyos nombres denunciaron.

Los jefes fascistas llamaron a la población a marchar a Miraflores, sede del gobierno nacional. Los datos accesibles indican que no hay tal marcha y en cambio un grupo de militares se recluyó en la Plaza Altamira, el mismo lugar donde se atrincheraron jefes golpistas en 2002, sin otro efecto que un penoso debilitamiento hasta la extinción. Se desconoce el paradero de López y Guaidó.

Diosdado Cabello, vicepresidente del Psuv y titular de la Asamblea Nacional Constituyente, convocó a primera hora a la población a marchar a Miraflores para defender a Maduro. Una multitud se agolpó inmediatamente en torno al palacio. Poco después el ministro de Defensa, general Vladimir Padrino López, dio un parte del ensayo golpista, al que calificó como “pequeño y mediocre”. Junto a la totalidad de los altos mandos de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Fanb), Padrino dio por derrotado el intento y aclaró, significativamente, que hace responsables a los promotores de la intentona por cualquier muerte o derramamiento de sangre que pudiera producirse desde ese momento en adelante. Como hasta el momento no se han reportado muertos o heridos, cabe suponer que las autoridades suponen alguna forma de continuidad del proyecto golpista.

Los detalles de la operación estarán claros en los próximos días. Ya es visible, sin embargo, que el golpe no es sino un burda puesta en escena, destinada ante todo a la prensa comercial del mundo, que por supuesto respondió como se esperaba, magnificando hasta el absurdo los hechos durante toda la mañana, para menguar su entusiasmo apenas la información alternativa logró rasgar el manto de mentiras y exponer la realidad del fracaso contrarrevolucionario.

Destaca en esta circunstancia el papel del gobierno y la prensa burguesa de Argentina. En medio de un torbellino local, el presidente Mauricio Macri no demoró en tuitear (documentos conceptuales o discursos medulares no son recursos a la mano) que “apoyamos más que nunca la democracia en Venezuela”, para asegurar de inmediato que su gobierno reconoce al payasesco Guaidó. Inmediatamente antes, su canciller, personaje mentecato y estólido como pocos, hizo el encomio del intento de golpe (ya fallido mientras él hablaba) y comprometió a la ciudadanía argentina con el respaldo a la operación fascista. Este funcionario adelantó que esta misma tarde los cancilleres del cartel de Lima se reunirían para decidir qué medidas tomar en apoyo al títere de Washington en Caracas. Los mandatarios de Chile, Perú y Colombia acompañaron tan ignominioso desempeño, que las historia sin duda les demandará. Porque lo que están alentando, fracasado el golpe, es la intervención de una fuerza mercenaria, financiada por Estados Unidos y basada en Colombia, para irrumpir en Venezuela y mostrarle al mundo una supuesta guerra civil, ficción que no por serlo significaría un costo menor humano y material para el país donde se intenta la transición al socialismo.

Argentina no puede ser cómplice de este crimen de lesa humanidad. Semanas atrás, en una gira por el interior del país para difundir la verdad de Venezuela, tuve oportunidad de reafirmar en conferencias y encuentros con militantes del más amplio espectro, la convicción de que el activo político argentino simpatiza con la Revolución bolivariana y rechaza el intervencionismo guerrerista del imperialismo y sus súbditos del sur.

Aun con los condicionamientos de la coyuntura local y en plena conciencia de las dificultades que implican, la militancia antimperialista y anticapitalista debería hacer un supremo esfuerzo unitario para realizar acciones de verdadera significación en la denuncia de la agresión estadounidense a la que arrastra al cartel de Lima.

30 de abril de 2019

¡Último momento: el cofrade fascista del presidente Sebastian Piñera, Leopoldo López, se refugió en la embajada chilena!

@BilbaoL

Adónde va la burguesía en Argentina

Dos meses después de haber expuesto en público sus graves tensiones internas, el núcleo dominante del gran capital no ha resuelto la táctica a seguir y, en consecuencia, mantiene la posibilidad de ruptura y brusco cambio político.

En sordina durante 2018, abiertamente desde fines de enero pasado, los integrantes de la Asociación Empresaria Argentina (Aea) disputan en función de dos diferentes tácticas frente a las elecciones: mantener el apoyo al gobierno de Mauricio Macri y Cambiemos, o jugar su futuro a un candidato calificado como “de centro”, Roberto Lavagna.

En torno a la Aea, centro decisivo del capitalismo en Argentina, se aglomera el hasta ahora sólido frente amplio burgués (Fab), colocado por la coyuntura en situación de posible fragmentación.

El aún nonato proyecto de fuga hacia otro candidato con el mismo programa tiene base en por lo menos uno de los miembros de Aea, Paolo Roca (dueño de la transnacional Techint), quien a su vez ostenta estrechos vínculos de diferente tipo con el grupo Clarín, que oscila sobre la medianera, pero de todos modos pone a sus periodistas al servicio de una demolición sistemática de la figura de Macri. Otros empresarios, con peso pero fuera del círculo áulico, son el banquero Jorge Brito, el grupo Manzano-Vila, entre muchos otros nombres de menor gravitación, donde figuran por supuesto los más de 40 empresarios presos o procesados. Aunque todos ellos fueron socios-colaboradores-beneficiarios de los gobiernos de Kirchner y su esposa, buscan una figura capaz de vencer a Macri y, a la vez aventar la posibilidad de una eventual victoria de Cristina Fernández. Éste es el respaldo con que cuentan la socialdemocracia, diferentes ramas del Partido Justicialista (PJ) y el grueso de la estructura sindical, para presentar un tercer candidato. El plan es convocar otra vez (y van…) a un gran acuerdo nacional, con base en el PJ, la Unión Cívica Radical (UCR), las cúpulas sindicales y, como telón de fondo, el Vaticano. El candidato en cuestión, muy lejos del supuesto centro, cuenta con el respaldo del hoy menguado Opus Dei y su otrora famosa infantería di Dio, Comunión y Liberación, la vanguardia fascista del Vaticano.

La indefinición de Lavagna hasta el momento no proviene de sus dudas, sino de la irresolución del núcleo dirigente del Fab. Depende también de otro factor, para abrir el camino a la inclusión del peronismo: un acuerdo furtivo entre Lavagna y Cristina Fernández, para garantizar un trato judicial benévolo en caso de acceder a la Presidencia. El gestor de tal acuerdo es Alberto Fernández, hombre de Domingo Cavallo durante el menemismo, luego primera espada de Néstor Kirchner y siempre, según afirman quienes lo conocen de cerca, seguro colaborador del Departamento de Estado.

 

Argentina ha ingresado en una fase agravada de la lucha interburguesa

Ahora bien ¿por qué reemplazar a Macri? ¿Por qué el capital correría el riesgo de un gobierno de frente único entre socialdemócratas y peronistas clásicos, con estos últimos basados en feudos provinciales ajenos a toda idea de país Federal y con la conocida capacidad para barrer de un plumazo a tibios liberales socialdemócratas, acosados además por socialcristianos con rótulo de centro y garras derechistas?

Una respuesta generalizada es que el programa de Cambiemos ha fracasado. Que se ha instalado la volatilidad de la moneda y la inestabilidad puede tomar la forma de una espiral hacia la ingobernabilidad.

En función de estas inconsistentes certezas sectores patronales han llegado al extremo inédito de exigir públicamente que Macri no sea candidato para las presidenciales próximas y que en su luga ponga a la gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, devota discípula del papa Francisco. Una campaña mediática aplastante condena a Macri casi con la misma ferocidad con que denuesta a Nicolás Maduro. El alegado fracaso de Cambiemos parece ser un desenlace avistado recién desde febrero en adelante. Ya se verá qué ocurrió antes, para dar lugar a tan sagaz descubrimiento.

Hay considerable distancia entre la verdad y estas socorridas explicaciones. Porque… ¿fracasó Cambiemos? ¿Qué debía hacer y qué hizo este gobierno del frente amplio burgués?

Su misión explícita era sanear la economía, obviamente desde la perspectiva de la continuidad capitalista. Hacerlo implicaba atacar de frente a las masas, impidiendo a la vez que una sublevación social generalizada rompiera el frágil equilibrio del sistema. Está fuera de discusión la rampante ineptitud de una mayoría de los miembros del gabinete, así como la estolidez del Presidente. No obstante, tales objetivos se han alcanzado en gran medida en estos 40 meses.

Ningún grupo económico dominante, ningún Banco, por supuesto, puede aducir pérdidas económicas. ¿Acaso los grandes capitalistas derraman lágrimas por las quiebras en masa y los cierres de pequeñas y medianas empresas, o por el aumento de la desocupación? ¿Será un fracaso la caída del salario real, el aumento del desempleo y las superganancias para los especuladores de aquí y allá? ¿Será un fracaso la suba del dólar de 15 a 45 pesos, con la consecuente licuación de deudas del Estado en pesos?

¿Qué pensamiento revolucionario es ése que basa su afirmación acerca del fracaso de un gobierno en las pullas de un sector burgués y los gritos en falsete de las burocracias sindicales?

El pequeño detalle, desde la perspectiva de la clase obrera y el socialismo científico, es que si el gobierno del frente burgués ha fracasado, las clases dominantes están a la defensiva y la clase obrera puede tomar la iniciativa, puede aprovechar relaciones de fuerza a su favor y dar un gran salto hacia delante. ¡Bravos estrategas quienes están viendo semejante paisaje en la Argentina de hoy!

No. La realidad es muy diferente. El gobierno de Macri no ha fracasado. Es verdad que sus tremendos éxitos en el saneamiento económico dieron lugar al empobrecimiento de las masas y la traslación volcánica de la plusvalía, lo cual pone en riesgo su victoria electoral en las presidenciales. Pero eso puede ser resuelto con relativa facilidad, dado que las víctimas de la victoria de Macri no tienen organización, ni programa de acción, ni estrategia propias. O puede que no, y que otro elenco con su mismo programa le haga morder el polvo en octubre o noviembre. En cualquier caso, los ataques que recibe Macri provienen de otras causas.

Mixturado con socialdemócratas y desarrollistas, además de liberales puros refunfuñantes pero de notoria plasticidad, apoyado en la venta por internet de espejitos de colores a las masas para consumar el saqueo, el de Cambiemos ha sido un gobierno extremadamente condicionado por presiones sectoriales de todo tipo, en primer lugar porque la carnada mayor en la excursión de pesca fue modernizar el país, acabar con la ineficiencia (y por extensión con una de sus causas principales, la corrupción, llegada con los Kirchner a niveles inmanejables para un sistema estable), erradicar al peronismo seguidor de la Sra. Fernández y, último pero de primera importancia, equilibrar precios relativos llevados a un desquicio sin límites.

Sometido a esas presiones múltiples y casi siempre contradictorias, en su recorrido hacia esos objetivos el gobierno del Fab dio lugar a acontecimientos resonantes, trascendentales más allá de su resultado inmediato. A comienzos de 2018 Macri envió al Congreso la ley sobre la despenalización del aborto, por las mismas razones que Néstor Kirchner y su esposa abrazaron en 2003, burda e inopinadamente, la causa de los derechos humanos.

Esa medida oportunista, obró como fulminante descarga eléctrica sobre la sociedad. No ya legisladores adocenados, en su mayoría ignorantes, acomodaticios y reaccionarios, sino grandes franjas de la población se vieron discutiendo un tema de peso singular: la interrupción voluntaria del embarazo.

Con Francisco a la vanguardia beligerante, la iglesia se lanzó contra Macri. En el camino, para poner sólo un ejemplo, el episcopado se vio obligado a admitir que el Estado deje de pagarle el salario a los miembros del egregio purpurado. Que la gran prensa lo minimice no debería implicar que el pensamiento político deje de medir el extraordinario impacto que esto tiene en el ordenamiento institucional.

Casi simultáneamente, y como por arte de magia (¿o habrá sido por la formidable laboriosidad y osadía de un periodista?), salieron a la luz misteriosos cuadernos con registro incontrastable de cobro de coimas a empresarios por parte de los gobiernos de Kirchner primero y su esposa después. La explosiva revelación no sólo golpeó a funcionarios del gobierno y en particular a Cristina Fernández. Sobre todo puso en la picota a grandes empresarios. Varios de ellos fueron detenidos y otros están desde entonces procesados, a merced del escarnio público. Dos emblemas del capitalismo local cayeron bajo el maleficio: Roggio y Roca. El primero se convirtió en colaborador arrepentido para eludir la cárcel; el otro lanzó a su segundo a los leones y huyó a México.

Sólo hay que imaginarlo: el titular de la única verdadera transnacional con asiento en Argentina, socio del Vaticano, patriarca entre los socios subordinados del imperialismo, huyendo como conejo en Pascuas frente a su propio sistema judicial.

Los mismos jueces comprometidos con la suma de tropelías cometidas desde siempre en el manejo de los tribunales respecto de los delitos económico, llenaron las cárceles VIP con nombres impensables. Muchos más están desde entonces procesados y a la espera del rumbo político que tome el país. Entre ellos figuran parientes cercanos del Presidente y hasta la empresa de su propia familia está bajo la lupa. Un fenómeno semejante no tiene parangón: grandes empresarios, altos funcionarios (entre ellos el ex vicepresidente y el todopoderoso ex ministro de Planificación), presos por un gobierno… ¡de empresarios!.

A esto cabe agregar que, sin cuadernos pero con montañas de pruebas, el gobierno de Cambiemos llevó a la cárcel –o intentó hacerlo, sin suerte en el caso más notorio- a prominentes señores feudales con membrete de dirigentes sindicales, también parte de la clase patronal, aunque con las singularidades del caso.

En suma: la búsqueda del indispensable saneamiento para que el capitalismo sobreviva, llevó por diferentes caminos y como resultante de un inmanejable juego de presiones a una confrontación interburguesa como jamás ha vivido Argentina.

Acaso involuntariamente, Macri estuvo al timón de esta tormenta impensable. Mientras tanto, para sofrenar los efectos del aspecto estrictamente económico del saneamiento, Cambiemos sostuvo e incluso incrementó las formas de contención social mediante asignaciones familiares y otros mecanismos adoptados por el capitalismo en las últimas décadas para evitar el apocalipsis social. Una herejía para el dogma liberal, existente sólo en antiguos libros que nadie lee. Paradojalmente, lo hizo con los que estaban y siguen estando al límite de la supervivencia, con lo cual el mayor peso del ajuste cayó sobre las clases medias: su propio electorado.

Quienes apostaron a la fuga de Macri en helicóptero y debieron soportar el oprobio de su arrolladora victoria electoral en 2017, cuando la Sra Fernández perdió contra nadie menos que Esteban Bullrich, en la Provincia de Buenos Aires, ahora han descubierto que Cambiemos comanda al Titanic. Para aludir al fracaso oficial, cambiaron de vehículo. Acaso no entienden la diferencia entre un helicóptero, símbolo de la derrota de un Presidente, y un transatlántico, representación del país todo, efectivamente a la deriva en medio de devastadores obstáculos. Al parecer el afán por regresar a la posesión de algún cargo oficial y eludir la cárcel nubla la vista y el entendimiento.

Quienes desechan o minimizan el papel de Macri en esta deriva de la crisis nacional, tienen razón en el sentido de que hay una fuerza invisible que ordena sus pasos, pero yerran redondamente en cuanto al significado de los hechos. Semejan a quienes pretendieron desconocer los juicios a las juntas militares, porque el presidente era Raúl Alfonsín.

Está ocurriendo una fractura muy honda en la burguesía y sus aliados de arriba (imperialistas de diferente nacionalidad) y abajo (sindicalistas venales, iglesias, instituciones deportivas, culturales, etc). En la coyuntura, la arremetida judicial contra algunos de los capitalistas mayores y la supuesta caída en las encuestas (otro instrumento repugnante de manipulación social) lleva al capital a la indecisión estratégica.

Como lo hizo después del Cordobazo, cuando la burguesía vio el rostro de la Revolución frente a frente, un sector entonces mayoritario y hoy minoritario apela al peronismo para sortear la crisis. Medio siglo atrás era la clase obrera quien lideraba la oposición social. Por eso los llamados “gorilas” abrieron las puertas a Perón para que –Triple A mediante- frenara ese ímpetu desde las bases, que implicaba un choque frontal con el capitalismo. Hoy, frente a quienes propugnan perseverar con Macri, hay quienes creen que es imprescindible abrir alguna válvula de escape y que para eso bastaría con… Lavagna. Tal la confusión, desorganización e indefensión políticas de trabajadores, estudiantes y pueblo en general. Aunque no está dicho que Lavagna llegue a ser candidato (aparte otras razones, las decisivas, hasta fines de abril no lo favorecen las mediciones), no está desencaminada la interpretación que le atribuya la posibilidad de encarnar “la tercera vía”.

Una suma considerable de siglas alusivas a agrupamientos denominados progresistas se ha sumado a la eventual candidatura del ex ministro de economía de Eduardo Duhalde. Algo semejante ocurre para apoyar un retorno de la ex presidente Fernández. Según ignotos encuestadores, tan corruptos como los empresarios hoy encarcelados, Macri sería el tercero frente a estos dos contrincantes.

Mientras tanto, si la tilinguería dominante en los medios de incomunicación ha reemplazado la división de la sociedad en clases por “la grieta”, el vaciamiento del pensamiento socialista científico ha cambiado la tarea de concientización y organización de las masas por la obtención de una banca legislativa, siquiera sea de Concejal.

Es comprensible que en este cuadro político las mayorías estén abrumadas y confundidas y la intención de voto cambie como veleta en torbellino. Esa indecisión se traslada a las clases dominantes, razón por la cual aún no han optado. Obligadamente lo harán en los próximos 45 días, puesto que deben definirse candidaturas y fórmulas para las Paso (Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias, engendro mediante el cual el país vive diez meses en campaña electoral y vota innumerables veces).

 

Papel de los intelectuales orgánicos del capital

Ínterin, la suma de cualidades de analistas, comentaristas y periodistas de los grandes medio los ha llevado al pánico.

Como ocurre con ciertas mentes enfermizas, crean una fantasmagoría en sus propios cerebros, la proyectan a su entorno, son presa del pánico que propagan y luego tuercen desesperadamente para alejarse del peligro imaginado. Así, obligados por sus mandantes a corroer a Macri, ahora gimen ante lo que creen un segura victoria de Fernández.

El mecanismo es retorcido pero simple: primero asumen que a la primera magistratura se llega por la opinión consciente de las mayorías; luego, con base en ridículas encuestas pagas arriban a la conclusión de que esa opinión mayoritaria ya escogió a Fernández; enseguida, ya en la frontera del delirio, se convencen y difunden que Fernández presidiría un gobierno de cambios radicales y transformaciones estructurales con sentido anticapitalista (no importa que la propia interesada ponga como modelo a Portugal, así como en 2007 señaló a Alemania). Finalmente, cocinados en su propia salsa, salen desesperados a pedir que Macri ceda su lugar, o que Lavagna los salve de la pesadilla.

No se debería minimizar el hecho de que están en la cárcel muchos de quienes robaron sumas fabulosas (Fernández está amparada en fueros, como su hijo y a diferencia de su hija, parapetada en Cuba por el momento), pero sólo una ínfima parte de esos dineros ha sido recuperada. Dicho de otro modo: hay montañas de recursos para acicatear la opinión de encuestadores, periodistas, comentaristas, analistas y políticos a la caza de un cargo o, al menos, buena pitanza.

Además de Clarín, también La Nación contribuyó con ese clima que llegó al límite de la histeria: “Fernández gana y Argentina vuelve a enfilarse hacia Venezuela”; la sagrada “libertad de prensa está en peligro”.

Hay más falacias que palabras en esa afirmación. Los historiadores del futuro podrán hacerse un festín con estas elucubraciones a mitad de camino entre la ignorancia, la enajenación y la corrupción. Pero no importa, hoy lo difunden los grandes medios. Y convence a buena parte de la ciudadanía interesada en la política (una ínfima proporción de la sociedad), más los operadores financieros, que al socaire aprovechan para hacer grandes fortunas con obscenas especulaciones día a día.

La lucha interburguesa a punto de salirse de control y la estridente debilidad de Cambiemos y su presidente alientan este absurdo político que no se corresponde con la coyuntura económica del país y, mucho menos, con las relaciones de fuerzas sociales y políticas.

Un sector del capital y los políticos y sindicalistas a su servicio, con el cuco del caos pretenden llevar el generalizado descontento a votar por un Perón calvo y con sandalias de pescador; tan anciano como aquél, pero con apenas el espectro de los sindicatos, partidos, iglesia y respaldo social que apoyaron al original.

Imposible predecir si al límite el gran capital recompondrá el Fab y mantendrá su apoyo a Macri u optará por Lavagna. Depende en mucho del devenir económico de los próximos tres meses. Es altamente probable que quienes ven a un Macri en agonía inmediata se lleven una sorpresa. Para estar al día, observe si acaso Clarín y La Nación comienzan a cambiar el tono.

Como sea, la crisis estructural del país muestra que ni siquiera dominando sin disputa el escenario político el capital logra sostener, por medios democrático-burgueses, la hegemonía sobre la propia clase dominante. Por eso, si Macri revierte el cuadro negativo en el que lo han encerrado los suyos propios, obligadamente acelerará la dinámica hacia un bonapartismo colindante con el fascismo.

Aunque los cerebros del Fab no le dan apoyo y por tanto descartan la perspectiva de una victoria de Fernández, si yerran Argentina ingresaría a una fase diferente, superior, de la lucha interburguesa. Nuevas mafias, con rasgos desconocidos hasta ahora, más carteles narcotraficantes, enseñoreados en el país en los últimos años, estarían formalmente en la disputa. Esto implicaría ingobernabilidad y descontrol económico. Lavagna ofrecería un desenlace semejante, aunque en ritmos diferentes y con otros modales. En los tres casos el país vería formas crecientes de violencia como forma regular del accionar político.

Estas son las perspectivas que la burguesía, en cualquiera de sus fracciones, ofrece al país. Será necesario un arduo esfuerzo para comprender, asumir y educar a millones sobre este horizonte en el abismo. Quiérase o no, el futuro reclama un drástico cambio del panorama político actual, con la irrupción de una fuerza de masas basada en un programa anticapitalista, con metodología democrática y vocación de transformación raigal. No hay racionalidad alguna en aceptar el rumbo que le ofrece el capitalismo a nuestro país.

@BilbaoL

28 de abril de 2019

 

 

 

 

Trump aislado en la región para invadir Venezuela

Nicolás Maduro debía ser destituido el 10 de enero. Tras el primer fracaso, sucesivas fechas fueron posponiendo el límite, siempre con el mismo resultado. A esta altura no hay modo de negar lo obvio y la prensa se adecua a una realidad contraria a sus deseos. “Ya nadie niega que la intensa presión política sobre el régimen chavista está perdiendo impulso”, admite una nota editorial del diario Clarín el 14 de abril.

Probada la dificultad para derrotar a la Revolución Bolivariana por medios políticos y presiones económicas, a Estados Unidos le resta darse por vencido o utilizar su ultima ratio: invasión y guerra.

Esto último fue el objetivo de la reciente gira del secretario de Estado Michael Pompeo por Colombia, Chile, Paraguay y Perú. Simultáneamente hubo una cascada de declaraciones de altos funcionarios militares y civiles estadounidenses, así como informes y trascendidos sobre planes para invadir Venezuela antes de fin de 2019.

Es claro que la guerra requiere del secreto. ¿Por qué entonces tanto ruido? Hay una doble explicación. La Casa Blanca pretende asustar al enemigo y hacerlo retroceder sin combate, porque la perspectiva de guerra divide a la clase dominante estadounidense y, mucho más, a las mendicantes burguesías latinoamericanas.

El miedo, suponen los estrategas del Departamento de Estado, divide a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Fanb) y desmoraliza a la población chavista. No por acaso se empeñan en poner a Siria como ejemplo. La prensa venal ha llegado a señalar que Venezuela será “la Siria de Rusia en América Latina”.

Los asesores del Sr. Donald Trump le habían explicado en noviembre pasado que Maduro caería en enero porque la Fanb se fracturaría y lo abandonaría. Confiaron en lo que en Venezuela se califica, con típico humor, “cañonazos de un millón de dólares”, apuntados a altos mandos de la Fanb para neutralizarlos sin pólvora. Los hechos prueban que esa arma tan efectiva dio resultados ínfimos.

Al parecer, además de medir mal la realidad interna de la institución militar, olvidaron que existe un Partido Socialista Unido de Venezuela y Milicias Populares con alrededor de 3 millones de hombres y mujeres en armas.

Algo más explica la escalada de amenazas: Washington necesita convencer al Grupo de Lima (GL) de su inexorable marcha hacia una intervención militar contra la Revolución. Porque ni siquiera este bloque de súbditos, más parecido a la brigada Brancaleone que a una base estratégica contra la Revolución en América Latina, tiene el mínimo de cohesión para afrontar una estrategia de guerra popular prolongada que de Venezuela y Colombia se expandiría al continente entero.

Pompeo no logró convencer a los presidentes visitados y su fracaso se tradujo en un contundente revés el lunes 15 en la reunión de cancilleres del GL, en Santiago de Chile. (Ver Grupo de Lima: intervención militar no es una opción). El mensaje es explícito: en la actual coyuntura las burguesías latinoamericanas no acompañan la aventura guerrerista de Trump.

A cambio aceleran en el desmantelamiento de Unasur y prometen un nuevo organismo regional con neta definición contrarrevolucionaria, mientras redoblan calumnias e infundios contra Venezuela.

En tanto la oposición interna a la Revolución está más dividida y desorientada que nunca, sumando a sus problemas la imposibilidad de sostener la fantochada de un “presidente encargado”, cuya única chance de sobrevivencia efectiva es el derrocamiento de Maduro.

 

Paréntesis favorable para la acción

De esta manera se abre una pausa en la escalada militar, aunque el anuncio de invasión para fin de año bien puede ser una táctica para actuar por sorpresa. Puede creerse, sin embargo, que por el momento se apuesta todo, otra vez, al agravamiento de la situación económica, con la expectativa de que acabe por demoler la base de sustentación de Maduro.

Para la dirección político-militar de la Revolución este paréntesis ofrece la oportunidad de recomponer el funcionamiento del aparato productivo y atacar las causas internas que permitieron su deterioro. A su vez, para el activo militante implica la posibilidad de superar la parálisis frente a la embestida hemisférica comandada por Washington.

Es obvio que tras la conducta de los presidentes del GL está el temor a las derivaciones sociales internas de una desestabilización regional. Sin embargo, cuentan en grado sumo la posición de China frente a las amenazas estadounidenses y la enérgica muestra de compromiso de Rusia frente a un eventual ataque militar de Estados Unidos a Venezuela.

Como “calumniosas e irresponsables” calificó el portavoz del ministerio de Exteriores chino, Lu Kang, las declaraciones de Pompeo respecto a la posición de Beijing. Entiéndase que éste no es un lenguaje diplomático. Por su parte Rusia fue acusada de intervencionismo por la prensa hemisférica, igualando su apoyo a una invasión.

Como sea, las cancillerías del GL tomaron nota del contenido económico y geopolítico del apoyo que exigía Washington. Y lo negaron.

En cambio, en la conducta de los gobiernos sumisos no gravitaron las fuerzas antimperialistas y anticapitalistas –excluidos los países del Alba- imposibilitadas de representar los intereses y los sentimientos de una inmensa mayoría de la población latinoamericana. Un gobierno travestido como el de Ecuador llegó al extremo de quitarle el asilo político a Julian Assange. La ausencia de reacción regional muestra hasta qué punto la desarticulación de esa fuerza potencialmente decisiva permite a Washington y sus secuaces cometer actos de inédita y descarada vileza sin obtener la respuesta que merecen. Pareciera dominar una obstinada negativa a ver la agonía de la democracia burguesa.

Hallar una instancia efectiva de coordinación, reflexión y acción política conjunta de la militancia antimperialista y anticapitalista no es una conclusión teórica. Es una necesidad práctica impostergable. Washington no se dará por vencido en este punto. Sin contar con el riesgo de un zarpazo inesperado, vale la certeza de un acoso permanente y la búsqueda sin pausa de una brecha para invadir a Venezuela. Se puede confiar en que la dirección político-militar de la Revolución Bolivariana hará lo necesario para defenderse. Pero si desde Alaska a Tierra del Fuego no se alistan las fuerzas para cerrarle el paso al guerrerismo estadounidense, la lógica de la crisis capitalista transformará incluso la conducta timorata del grupo de Lima y estará planteada la posibilidad de violencia generalizada en la región.

16 de abril de 2019

@BilbaoL

Tambalea el frente amplio burgués: otra oportunidad para la militancia

Nada está definido todavía. El frente amplio burgués (Fab) vacila y demorará en definir la opción: mantener el apoyo a Macri cuando aumenta la posibilidad de una derrota de Cambiemos en las presidenciales de octubre; o correr el riesgo de un Lavagna Presidente con el aparato peronista detrás.

En este vacío se presenta una nueva oportunidad para la militancia antimperialista y anticapitalista, mientras mengua Cambiemos y se disuelve al tradicional aparato peronista con todas sus fracciones. Es posible echar las bases de un partido de masas de la clase trabajadora y el conjunto de sus aliados potenciales.

El espacio producido por la vacilación de la gran burguesía resulta de la crisis estructural del sistema, manifestada en la imposibilidad de un mínimo saneamiento económico sin chocar de frente con la mayoría de la sociedad. Expresa también las irremediables fracturas del capital local y de éste con los centros de la economía mundial. Pero la consecuencia a la vista, si históricamente es irremediable, es políticamente temporaria.

Aunque a mitad de camino de lo necesario para el capital, las medidas económicas han provocado un espasmo social. No explosión ni movilización. Sí un replanteo político, lejos de la conciencia de clase, de una orientación definida, pero suficiente para lanzar a la nada a la mayoría del electorado que Macri y los suyos lograron volcar a su favor en 2015 y 2017.

 

La táctica del gran capital

La burguesía hegemónica comprueba ese fenómeno en curso. Y el Fab tambalea. A favor de una leve reactivación económica a partir de marzo –ya perceptible sectorialmente- y con medidas demagógicas, diseñadas según una ingeniería electoral tan minuciosa como endeble, espera recapturar al votante aterrado y confundido. A la vez, como medida precautoria, prepara un recambio apoyado en el ala subordinada de las clases dominantes y, sobre todo, en las cúpulas sindicales y sus operadores políticos.

En ese plan descarta a Cristina Fernández. Constata que Sergio Massa y Juan Urtubey no pueden ganar el apoyo de siquiera un quinto del electorado y desconfía de la aparición de un salvador desconocido. Pero no todo está bajo control. La avanzada de un sector (encabezado por Techint, más una cantidad de aliados hasta ayer subordinados al Fab) adelantó la candidatura de Roberto Lavagna y puso en crisis el manejo de la coyuntura. Consecuencias de la feroz disputa interburguesa que, como detalle, tiene decenas de grandes empresarios procesados por corrupción, muchos de ellos ya en la cárcel. Habrá que ver si en la disputa el Fab logra sostenerse como tal o la burguesía pierde su centro de unidad y el poder ingresa en zona de turbulencia.

La maniobra se hizo pública a mediados de enero, cuando apareció el nombre de Lavagna como candidato posible de otra coalición burguesa. Para hacerlo más digerible, lo presentaron con el gobernador socialdemócrata de Santa Fe, como eje de un amplio frente opositor, que incluiría al PJ, fracciones de la UCR (con Ricardo Alfonsín como mascarón de proa), Massa y su comparsa, más sectores desnortados de eso abusivamente denominado centroizquierda. Es el llamado “frente popular y progresista”. Y hasta el momento es sólo un proyecto.

Muchas semanas antes, esa variante hasta entonces secreta había sido denunciada en esta columna (En qué rumbo marcha Argentina, 10/12/18). Transcurridos casi tres meses, un arco político efectivamente muy amplio, que incluye a prácticamente todo el peronismo, así como denominaciones sabidamente oportunistas, se pronuncia hoy a favor de una candidatura presidencial del ex ministro de economía de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner. La cúpula del capital espera a ver la magnitud y el carácter de la crisis social. Demorará su opción por Lavagna. Y éste acaso demore su postulación, aunque de varios flancos lo azuzan para que se defina ya.

En caso de llegar a la certeza de que Macri pierde en segunda vuelta, el gran capital quiere un reemplazo breve. No se adelanta porque si la conclusión es una victoria de Cambiemos, rechaza la posibilidad de un jefe que congregue a toda la oposición e impida el accionar debido del aspirado segundo mandato de Macri. Así de inestable está la situación y de confusas las previsiones. Al límite de su oferta, Lavagna hizo trascender que sólo estaría en la presidencia por un período, es decir cuatro años.

Dicho de otro modo y observado del lado inverso: cuando la crisis general asoma otra vez en el horizonte, aun con sus insalvables diferencias,n las clases dominantes tiene dos proyectos políticos y sus respectivos candidatos, aparentemente opuestos, pero en sustancia idénticos como gotas de agua.

Al frente, la clase obrera no tiene proyecto ni estructura propios; mucho menos un programa para afrontar la crisis capitalista y un candidato para presidir la nación en un proceso revolucionario. Y eso no se reemplaza con afiches.

No hace falta decir que allí reside la principal fuerza del capital. Si esa falencia no se resuelve, de uno u otro modo el Fab se reconstituirá al menos por un período, quienquiera sea su candidato. Y la marcha de la política de obligado saneamiento continuará.

 

Cómo actuar en la coyuntura

Urge por tanto actuar con una estrategia no electoral en medio de la catarata de comicios que dominará el panorama en los próximos nueve meses. Está a la vista el despliegue no sólo de la burguesía como clase, sino también de organizaciones y políticos que juegan su destino a recoger las migajas de Cambiemos y las inanes fracciones del peronismo.

A tales estrategias no es posible torcerles la voluntad en esta circunstancia. Sí es posible en cambio gestar una convocatoria que incluso las abarque, aunque apuntada centralmente a decenas de miles de activistas que, más o menos pasivamente, la comparten en todo el país, en todas las estructuras partidarias, sindicales o, como mal se dice ahora, sociales.

La fuerza militante puede transformar el cuadro dominante si es capaz de un enérgico paso en dirección al protagonismo político del activo obrero, estudiantil y popular, con objetivos tan simples como insoslayables: “queremos otro país; no a la subordinación a la Casa Blanca y el FMI; no a los intentos de sanear el capitalismo; sí a la elaboración democrática de un programa de acción basado en las necesidades de los trabajadores, las juventudes y las grandes mayorías”.

Es posible hoy dar un nuevo impulso, acaso decisivo, a la edificación de una estructura política de masas, que no puede sino ser un partido, con definición antimperialista y anticapitalista, plural en ese ámbito, democrático, con particular énfasis en la educación política de las grandes mayorías y en la acción colectiva consciente y organizada.

Como punto de partida está la voluntad de cada militante para reunir activistas ya definidos en este sentido o abrumados por sucesivos fracasos sindicales o frustraciones políticas, en condiciones de escuchar y asumir una propuesta diferente.

Unas pocas decenas de militantes respetados/as y respetables en su ámbito propio pueden poner en marcha a escala nacional un mecanismo poderoso. Se trata de convenir en la estrategia de construir un partido político de las masas explotadas y oprimidas. No será difícil acordar un conjunto básico de objetivos al cual se sumen adhesiones desde cada fábrica, escuela o universidad, barrio, ciudad o provincia. De esta manera, un Manifiesto provisional puede convocar a reuniones de menor a mayor hasta llegar a un encuentro a escala nacional. Todo gradual y meticulosamente respetuoso de las particularidades, pero a velocidad de viento. Porque no hay tiempo para postergaciones ni demoras.

Este proceso puede adoptar un carácter federativo, para procesar las marcadas desigualdades de nuestro país, a condición de que ese inalterable federalismo tenga la capacidad de unirse tras un programa de acción común, en una estructura organizativa nacional, que participativa y democráticamente elija en todos los niveles a quienes conducirán la lucha contra los partidos y demás instituciones del capital.

 

Cuadrante latinoamericano

Estados Unidos y el Grupo de Lima acaban de sufrir otro rudo revés con el fracaso de la invasión supuestamente humanitaria a Venezuela. Resta saber si al fracaso le seguirá la invasión militar sin máscara. Mientras tanto, la extraordinaria disposición de lucha de la Revolución Bolivariana y las masas venezolanas, más el apoyo en toda América Latina, no orgánico y desperdigado, pero en cualquier caso altamente significativo, frenaron la payasada del pelele nombrado por Washington como “presidente encargado”. Nicolás Maduro emerge como gran vencedor de la batalla.

Los presidentes de Colombia y Chile, más el vicepresidente estadounidense, presentes en la ridícula escenificación de la “ayuda humanitaria”, son los grandes derrotados. Macri dio un paso al costado a último momento. No asistió a Cúcuta el 23F y no presentó batalla dos días después en Bogotá en a la cumbre del cartel de Lima. El vicepresidente de Brasil, al parecer a cargo de este país, tampoco asistió a Cúcuta el 23F, supuesto Día D, y en Bogotá el lunes 25 dijo muy explícitamente que su gobierno se opone a una guerra contra Venezuela y el territorio brasileño no será utilizado por Estados Unidos para ese fin. Macri no lo dijo. Pero lo hizo. Y esto selló la suerte del Grupo de Lima en la agresión contra la Revolución Bolivariana. En una farragosa declaración cargada de calumnias, mentiras y amenazas de matón humillado, cuenta únicamente el punto 16, en el cual los cancilleres Reiteran su convicción de que la transición a la democracia debe ser conducida por los propios venezolanos pacíficamente y en el marco de la Constitución y el derecho internacional, apoyada por medios políticos y diplomáticos, sin uso de la fuerza”.

Inesperadamente, en medio de una supuesta ola reaccionaria a favor de la Casa Blanca, los 10 gobiernos más derechistas del continente se negaron a cumplir la orden del núcleo fascista, tan grotesco como aislado, que desde Washigton encabeza la irracional marcha del ala descontrolada del imperio en caída vertical. Es evidente que con Brasil como bola sin manija, Argentina juega un papel especial en la coyuntura (Si Macri rectifica, se evita la guerra). Tal vez no es tan claro que una agresión armada a Venezuela era y sigue siendo un factor adicional para hacer estallar la alianza Cambiemos.

De modo que, además de lo obvio, en Argentina hay una razón interna, directa y de enorme peso para promover un frente antimperialista con consignas tan simples como la oposición a la injerencia en Venezuela, la negativa a la guerra en la región y la afirmación de la unidad latinoamericano-caribeña.

Puesto en ese cuadrante, el accionar del activo militante tiene una plataforma sólida para proyectarse no sólo a la acción política local, sino al protagonismo continental que la situación reclama de Argentina.

26 de febrero de 2019

@BilbaoL

Si Macri rectifica, se evita la guerra

A lo largo de tres años Mauricio Macri rectificó posiciones en muchos terrenos, luego de comprobar que las decisiones tomadas no convenían a su gobierno. Ahora el presidente de Argentina está ante el imperativo de rectificar una política que conduce a una guerra en la región, pero que también se volverá como búmeran rabioso contra su gobierno y su persona.

Años atrás titulé un libro “Argentina como clave regional”. En las primeras líneas me apresuré a subrayar que efectivamente lo era, pero no por su fuerza, sino por su debilidad. Hoy se puede afirmar: la debilidad históricamente coyuntural que aflige a Argentina hace que pueda gobernarla un elenco basado exclusivamente en la necesidad de sanear el agónico sistema capitalista local.

Pues bien: incluso desde esa miope y criminal perspectiva, Macri debe rectificar la política exterior que, ordenada desde la Casa Blanca y acompañada por sus antiguos cofrades José Aznar y Álvaro Uribe, pretende derrocar el legítimo gobierno constitucional de Venezuela y, falladas todas las instancias golpistas, apela a una guerra desde Colombia.

Para semejante estrategia, la clave fue y será Buenos Aires. Hace por lo menos una década el Departamento de Estado comprendió que no podría apoyar en Brasil sus políticas de largo plazo para América Latina. Cuando las mayorías dieron respaldo electoral a un bloque desarrollista-socialdemócrata-liberal con el rostro de Macri, ya desde la presidencia de Obama se articuló el plan del eje Washington-Buenos Aires.

Sin demora los hechos demostrarían que Brasilia no será, por un largo período, un poder estable y coherente. Ocurrió sin embargo algo inesperado: el tramposo mecanismo electoral estadounidense le arrebató el triunfo a los Demócratas y la gran burguesía argentina quedó asociada a un delirante advenedizo que ahora pretende amarrar su continuidad -puesta en cuestión ante todo por el gran capital imperial- a una guerra que, supuestamente, lo llevaría a recuperar el control sobre la región.

Así, el Grupo de Lima, encabezado por Argentina, se convirtió en una palanca para la guerra del ala ultramontana del complejo militar-industrial, con Donald Trump como testaferro.

Macri quedó entre la espada y la pared. Y en año electoral. Hay muchas y buenas razones para prever que su reelección en octubre próximo es más y más improbable. Pero las posibilidades que efectivamente tiene todavía, incluso en medio del tembladeral, se esfuman si se incluye la detonación de una guerra que desde Colombia y Venezuela derramaría en todos los sentidos sobre el Continente. La guerra traería destrucción y muerte, centenares de miles de refugiados, mayor crisis económica e inestabilidad política.

La denuncia a Macri como responsable directo de semejante catástrofe humanitaria en la región sería mucho más que un instrumento electoral que acabaría con los restos de la Unión Cívica Radical, el último partido existente de la burguesía local y aplastaría electoralmente a Cambiemos.

Si la ex presidente Cristina Fernández afronta cinco procesos penales y la perspectiva –judicialmente inevitable- de ir a la cárcel (lugar donde ya están su ex presidente, ministros y altos funcionarios de su gobierno), para Macri la perspectiva sería mucho peor. Aparte el hecho de que sucesivas revelaciones colocan al Presidente en un lugar próximo al de su predecesora en cuanto a moral republicana y gobierno de la cosa pública, él sería condenado por atarse a Trump y desatar una guerra. No ya la cárcel, sino un imperecedero repudio generalizado y probablemente la imposibilidad de vivir en el país. Recuérdese lo ocurrido a los militares luego de 1983. Porque la debilidad de Argentina está sobrepuesta a un honroso y valiente legado de grandes luchas, a comenzar por las de la Independencia. Y mucho de esa fuerza potencial saltará al escenario, con neto contenido político, si el país de San Martín fuera amarrado a una aventura guerrerista contra el país de Bolívar.

Ya la torpe y balbuciente cancillería de Macri ha hecho saber que condena a Nicolás Maduro, reconoce al pelele plantado en una fantochesca “presidencia interina”, pero… se opone a la guerra.

Macri necesita mucho más que eso para salvarse del destino que lo acecha. Es imperativo que, por el camino que sea, tome distancia del Grupo de Lima y haga pública su oposición a la injerencia en Venezuela.

No le resta mucho tiempo. Pero puede hacerlo. De lo contrario, tal vez el hecho político más importante de 2019 no será la catarata de elecciones que pretende inundar al país con mentiras y discursos vacíos.

Argentina, 19 de febrero de 2019

@BilbaoL

Qué significa y adónde va el golpe en Venezuela

Ignominiosa y torpe conducta del gobierno de Argentina frente al golpe de Estado -una vez más fallido- en Venezuela. Detrás de los pasos desatinados de la Casa Blanca, Mauricio Macri violó toda legalidad en la política internacional y reconoció a un oscuro títere emplazado por Washington el 23 de enero como “presidente encargado”, en fantochesco reemplazo de Nicolás Maduro.

La deshonrosa conducta del primer mandatario mancha a 45 millones de argentinos/as. Y nos responsabiliza por el lugar innoble de nuestro país en un momento crucial para América Latina.

En un conjunto tan abigarrado como diferente, masas populares salieron el 23 y siguen movilizadas hoy, 24 de enero, en defensa de la Revolución Bolivariana y su legítimo gobierno. La Fuerza Armada (Fanb) se presentó a la nación junto al ministro de Defensa Vladimir Padrino López para respaldar a Maduro, denunciar un golpe de Estado y afirmar que impediría el deslizamiento hacia la violencia generalizada. El único éxito posible para Washington y sus epígonos suramericanos consiste en detonar una guerra fratricida. A eso están abocados ahora y en ello está involucrada Argentina y su Presidente.

¿Saben Macri y sus innobles cofrades del Grupo de Lima que están abriendo las puertas del infierno? ¿Saben periodismo y periodistas -muchos de los cuales podrían haberse comportado con un mínimo de dignidad, y no lo hicieron- que caerían bajo la barbarie si esta línea de acción se impusiera?

Personajes como Duque, Bolsonaro, Vizcarra (si usted no sabe quién es, no se culpe), Macri, Piñera, con Trump como jefe, encarnan el más inculto, inepto e inmoral elenco de presidentes jamás actuante desde Alaska a la Patagonia. Llegaron allí por dos razones sobresalientes: degradación extrema del sistema político en cada uno de sus países; incapacidad de las víctimas de esa degradación para enhebrar su propia alternativa.

Aunque rigen nuestros destinos en el torbellino de la decadencia, no pueden ver más allá de su nariz.

Les será imposible acusarnos, hoy y ante la historia, por  exponer e inhabilitar la democracia burguesa como recurso para gobernar estable y pacíficamente. Quienes descreemos de ella y la denunciamos por ser instrumento mellado del capitalismo en crisis no somos quienes la inhabilitamos ensuciándola más allá de todo precedente. Son ellos, títeres de fuerzas que no comprenden y mucho menos controlan, fascistas declarados y liberales sin principios, “revoltijo de carne con madera”, quienes están clausurando para cientos de millones la imaginaria vía de transformación pacífica de nuestras sociedades en colapso. Son ellos quienes indican a presentes y futuras generaciones que bajo las normas del capital el voto es una farsa manipulada o un valor sin importancia si acaso se logra, como hizo la Revolución Bolivariana, que las mayorías ganen conciencia y el sistema comicial les permita expresarse sin subterfugios.

A comienzos de 2018, guiada por la Casa Blanca la oposición venezolana exigió adelantar las elecciones. Tras arduas negociaciones, el gobierno accedió. Se fijó la fecha y se acordaron los preparativos. En ese punto, la misma oposición que exigió el adelanto, se retiró de la confrontación electoral. Naturalmente, ganó Maduro. Y desconocieron su legitimidad. Macri y el Grupo de Lima estuvieron allí desde la primera hora. Abonaron el terreno recrudeciendo la guerra económica, aprovecharon las vacilaciones oficiales frente a la crudeza de lo que tenían delante y esperaron al 10 de enero.

Este proceso quedó registrado por adelantado, entre otros muchos textos, en “Macri contra Venezuela”, con fecha 19 de diciembre, y en “Golpe de Estado fallido e intento de guerra civil tras la asunción de Maduro”, fechado el 13 de enero pasado. Así de transparente era la maniobra contrarrevolucionaria pergeñada por los seres de gris del Departamento de Estado, articulada por hombres más grises aún, y más cobardes, con cargo de Presidentes.

Falló el golpe de Estado. Maduro sigue firme en su cargo, con amplio respaldo popular y férreo sostén de la Fuerza Armada, complementada con 1 millón 600 mil milicianos/as en armas e innumerables luchadores dispuestos a defender a Venezuela de la agresión extranjera. Está además la Asamblea Nacional Constituyente, ante la cual se abre ahora una oportunidad excepcional para dar forma institucional a un nuevo y superior nivel de la Revolución.

Cabe subrayar, sin embargo, que el propósito de Washington no es el derrocamiento del gobierno Bolivariano. Tiene la certeza de que no le será posible. Su objetivo es aplastar la Revolución no sólo en Venezuela. Necesitan derrotar a las masas desde el Bravo a la Patagonia. Por eso necesitan fracturar a Venezuela y desatar una devastadora guerra interna. Por eso tienen el apoyo de Macri y consortes.

A no dudarlo, la Revolución Bolivariana resistirá. Además del obvio respaldo de los componentes del Alba, un bloque de países de peso geopolítico decisivo enfrenta la maniobra de Washington: China, Rusia, Irán, Turquía, entre los de mayor peso en un conjunto que supera el centenar. Es de celebrar que los gobiernos de México y Uruguay no se hayan sumado a la escandalosa conducta de quienes reconocieron en cuestión de horas al títere colocado en Caracas.

En Estados Unidos, los poderes debaten si encaran o no la destitución de Trump. Ése es el grado de fortaleza del atacante. En Colombia, Brasil, Perú y Chile, los presidentes tambalean como beodos. En Argentina, Macri tiene más firmes los pies que todos ellos, sólo que sobre un cenagal, que lo devorará incluso si lograra vencer las elecciones de octubre próximo.

Es un momento difícil en las relaciones de fuerzas en Suramérica. Mucho depende de Venezuela y ésa es la causa por la cual Washington pretende desatar una guerra interna que, inexorablemente, se extendería a toda la región. ¡Que la historia contemple a los titulares del Cartel de Lima como promotores de una guerra fratricida a escala latinoamericana, en beneficio del gran capital y del agonizante imperio estadounidense!

De las sucesivas traiciones y frustraciones de la historia reciente germinarán las fuerzas para enfrentar y vencer la torpe embestida capitalista que amenaza a la región. Hay semillas de gloria y tierra fértil. Bastará trabajar.

24 de enero de 2019

@BilbaoL

 

 

 

Golpe de Estado fallido e intento de guerra civil tras la asunción de Maduro

Una situación de extrema gravedad detona en Venezuela, con potencia suficiente para repercutir violentamente en toda América Latina.

Era previsible –y fue prevista- la escalada golpista preparada con mucha antelación para desencadenarse con la asunción del presidente Nicolás Maduro el 10 de enero.

Ante todo, como es sabido, la insólita declaración del Grupo de Lima, que pasa por sobre todo y cualquier principio de legalidad internacional y llama a desconocer al mandatario venezolano, además de llegar al extremo de reconocer como “zona económica exclusiva” de Guyana un área en disputa desde hace décadas. Tan grosera fue esta intromisión que diez de los 12 países firmantes de ese documento debieron rectificarse de inmediato respecto del punto 9. Escrito por algún enviado del Departamento de Estado, es obvio que los cancilleres siquiera leyeron el texto con el que comprometieron a sus países. Entre quienes retrocedieron sin rubor estuvo el gobierno argentino, cuya cancillería pareció olvidar que tiene un territorio en reclamación y que Venezuela defiende desde siempre la pertenencia de las Malvinas a la nación argentina. Todavía no se ha decretado la dimisión del canciller Jorge Faurie, cuya grisura y notoria incapacidad aventajan a su absoluta carencia de principios. Parecen creer que todo les está permitido.

Más grave aún: mientras Maduro juraba su cargo ante el Tribunal Supremo de Justicia, comenzó el accionar terrorista. Un atentado incendió los galpones del Instituto Venezolano de Seguros Sociales y destruyó medicamentos y aparatos médicos en cantidades abrumadoras para un país atacado, precisamente, en su sistema sanitario. La simultaneidad no es un detalle. Y como símbolo, horas después un grupo de vándalos destruyó una estatua del artista plástico Armando Reverón, emplazada en el centro de Caracas.

Al día siguiente el plan continuó con una jugada decisiva: la oposición declaró como “presidente de Venezuela” al recientemente nombrado titular de la Asamblea Nacional, Juan Guaido, ignoto diputado, puesto en ese lugar por Leopoldo López, notorio fascista encarcelado por 43 muertes provocadas deliberadamente durante la intentona por derrocar a Maduro años atrás.

Sin pausa, en todo este proceso se buscó agravar la situación económica, ya desesperante para el ciudadano común: el dólar paralelo prácticamente cuadruplicó su precio en Bolívares, los precios se dispararon más allá de cualquier lógica y la escasez volvió a golpear al consumo de bienes básicos. Mientras tanto el Consejo de Indias mal llamado OEA, cerraba el nudo diplomático sobre el cuello de la Revolución Bolivariana. Sólo que la diplomacia burguesa es hoy en el hemisferio un tablado de títeres tan bien pagos como ridículos e impotentes.

El sábado 12 la oposición dio a conocer una “Ley del estatuto que rige la transición a la Democracia y el restablecimiento de la vigencia de la constitución de la República Bolivariana de Venezuela”. Si se excluye que esta vez no le cambiaron el nombre al país por decreto, es una copia apenas retocada del decreto que puso a Carmona Estanga en la presidencia de Venezuela por 47 hs en 2002. Por lo demás, se trata de la misma fórmula empleada 17 años atrás. Además del hecho esencial de que no está Hugo Chávez en Miraflores, las diferencias son considerables: los mandos de la Fuerza Armada no están con los golpistas, sino con el gobierno constitucional; hay un partido de masa capaz de articular a millones; hay una milicia popular con un millón 600 mil hombres y mujeres en armas; hay un equipamiento militar temible en primer lugar para Colombia, punto de apoyo de la intentona golpista, pero incluso para Estados Unidos si es que la confrontación llegara y se fuera de control.

Otra diferencia, crucial, es la situación económica de Venezuela y el cuadro de relaciones de fuerza en América Latina.

Es probable que quien lea estas líneas lo haga después de que Nicolás Maduro haya expuesto su plan económico ante la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), el lunes 14 de enero. La efectivización de esas medidas será decisiva para el futuro de Venezuela y, a no dudarlo, de toda América Latina. Igual lo sería su eventual no realización. Pero no vale adelantar presunciones sobre las medidas que adoptará el gobierno de la Revolución Bolivariana. Resta estudiarlas a partir de su presentación a la ANC y, desde la región, seguir con minuciosidad su aplicación.

Está claro que la transición pacífica al socialismo ha sido desafiada por el guerrerismo capitalista. Está claro que el mundo actual plantea un mapa geopolítico y relaciones de fuerzas imposibles de sortear tácticamente por un solo país, tanto más si éste es industrialmente subdesarrollado y monoproductor. Maduro y el Partido Socialista Unido de Venezuela podrían resolver esta dramática coyuntura con otros instrumentos si tuvieran un movimiento revolucionario mundial, una internacional anticapitalista, de dimensiones reales y efectivas.

No es el caso. Sin embargo, la injerencia descarada de Washington y el servilismo oprobioso del grupo de Lima, exigen instrumentos de ese alcance toda vez que plantea un tormentoso horizonte latinoamericano. Con la declaración del Grupo de Lima que presenta como condición la dimisión de Nicolás Maduro a la presidencia de Venezuela, la democracia ha quedado reducida a una palabra vacía.

Bien es verdad que en ese bloque hay hondas diferencias y cada uno de sus componentes tiene una ciénaga como punto de apoyo. No obstante, la capacidad de acción inmediata debe ser considerada como fuerza a neutralizar. El miércoles 16 de enero se reunirán en Brasilia Mauricio Macri y Jair Bolsonaro. Macri hizo el muy significativo desplante de no asistir a la toma de posesión del Mussolini carioca (aún no ha llegado a Hitler, pero es cuestión de tiempo, si se le ofrece). En la heterogeneidad inmanejable del gobierno argentino se resume el aquelarre de la burguesía latinoamericana, unida no obstante contra la amenaza latente de la Revolución. Es posible golpear sobre ese punto sensible del bloque burgués continental.

Como lo hice en una nota fechada el 19 de diciembre pasado, Macri contra Venezuela, insto a todas las organizaciones e individualidades que en América Latina y el mundo comprendan la gravedad de la coyuntura en el país de Hugo Chávez, a formar brigadas internacionalistas para contrarrestar a escala mundial la feroz campaña de desinformación y calumnias vehiculizada por la “prensa seria”, la que miente sin límites ni remordimientos.

A partir de este momento los acontecimientos se desarrollarán con mayor velocidad y ofrecerán mayores dificultades para ser interpretados. Es necesario estar alertas y con los pies bien plantados para afrontar el desafío.

13 de enero de 2019

@BilbaoL