“No existe precedentes de un Congreso de Comunicadores como el que inicia este lunes en Caracas”
Así lo afirmó el periodista y editor de la revista América XXI desde las inmediaciones del Teatro Teresa Carreño donde se realizará el mencionado cónclave con más de 4 mil periodistas de todas las categorías, hecho que Bilbao aseguró “no creo que haya existido nunca”.
Este lunes el periodista y editor revolucionario, Luis Bilbao, sostuvo que en todos sus años en el campo periodístico, nunca ha tenido referencia sobre la existencia de la realización de ningún encuentro como el que se va realizar este lunes en Caracas con el Congreso de la Patria Capítulo Comunicadores.
Así lo afirmó el también editor de la revista América XXI desde las inmediaciones del Teatro Teresa Carreño donde se realizará el mencionado cónclave con más de 4 mil periodistas de todas las categorías, hecho que Bilbao aseguró “no creo que haya existido nunca”.
Periodistas de otra categoría
El analista resaltó la importancia del encuentro de comunicadores debido a que congrega a “periodistas de otra categoría, son los que básicamente han asumido la necesidad de transformar la realidad”, dijo.
Por otra parte, indicó que el Congreso de Comunicadores que se celebra en Caracas, puede servir de paliativo para esa falta de “lucidez, capacidad y moral” de algunos sectores políticos que ha provocado cierto fracasos en América Latina, donde Venezuela, “siempre ha sido una fuente de moral y de luces”, sostuvo Bilbao.
Siete preguntas por Ernesto Villegas
Novelesca lucha interburguesa en Argentina
Hay un refugio para quien se sienta agobiado por el espectáculo cotidiano de la corrupción en Argentina, complementado por la catadura de ciertos acusadores y la insustancial crónica detectivesca dominante en los medios de incomunicación.
Todo puede cambiar de tono y ritmo, para sobrellevar el mal momento. Basta observar que el país está ante una pugna destinada a recuperar para el capital establecido espacios de succión de plusvalía ocupados durante 12 años por un grupo advenedizo, con veleidades de nueva burguesía.
La sucesión de denuncias, juicios y encarcelamiento de ex funcionarios es parte de una operación de cerco y aniquilamiento. Apunta a la ex presidente Cristina Fernández, a quien finalmente llegará, a menos que la tormenta económica provoque un estallido que haga saltar por los aires a Macri y Cambiemos. Por eso el menguado elenco remanente en torno a Fernández apuesta a esa variante, no imposible pero poco probable.
No es el gobierno quien necesita la embestida contra la corrupción del denominado kirchnerismo. Son las clases dominantes tradicionales. Durante los últimos 12 años fueron parte inseparable, pero subordinada, del poder en manos de otros. Vieron impotentes cómo se les escurrían miles de millones de dólares. Asistieron al despedazamiento del aparato institucional burgués, el alegre desmantelamiento de los escasos restos del sistema para garantizar el control de la sociedad. Recuperada la hegemonía y dado que no pueden sanear la economía, pretenden ganar espacio con una cruzada moral para recobrar autoridad política y capacidad de control institucional.
Argentina ya vivió esto. Así como la burguesía que acompañó a la dictadura necesitaba encarcelar a militares asesinos para ganar credibilidad, recuperar terreno y retomar el control político sobre las masas, ahora necesita mostrarse como justiciera y llevar a la cárcel al elenco gobernante en los últimos doce años.
La caída como espectáculo
Bien es verdad que resulta difícil sustraerse al vodevil desopilante que en la madrugada del pasado martes 14 tuvo un capítulo asombroso. Cómico y nauseabundo a la vez. Obligatorio ocuparse de él.
Guiada por una prensa que incluso en sus mejores exponentes no transpone un milímetro la superficie de los acontecimientos, la ciudadanía argentina en todas sus clases y sectores absorbe y comenta en estos días el caso de José López, pillado in fraganti cuando pretendía enterrar en un convento de monjas de clausura el equivalente a 9 millones de dólares en joyas, billetes estadounidenses, euros, yuanes y riyales (la moneda de Qatar, donde Argentina compró gas en los últimos años).
Este episodio fue precedido por otros de pareja gravedad, reveladores de un sistema para recaudar mediante sobreprecios y coimas más allá de toda mesura y precedentes. El elenco caído en desgracia con la derrota del peronismo en las últimas elecciones acumuló fabulosas cantidades de dinero. Azuzados por la burguesía clásica en el poder recuperado, ahora ciertos jueces y fiscales se han lanzado a buscar esas montañas de dinero con máquinas excavadoras en sus propiedades. Parece broma exagerada. Pero no lo es.
Desconocido para el gran público, José López fue secretario de Obras Públicas durante los tres períodos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández. Antes, desde 1987, trabajaba con Kirchner en Santa Cruz, siempre en las mismas funciones. Y con Julio De Vido, el ministro de Planificación de quien dependía hasta el 10 de diciembre pasado.
Imposible soslayar el hecho crudo: José López fue detenido por la policía municipal de General Rodríguez, localidad del conurbano bonaerense, luego de arrojar por sobre un alambrado coronado con cintas de acero cortante varios bolsos que, se sabría después, contenían una fortuna. Luego él mismo saltó el portón, lo abrió desde dentro e ingresó con una camioneta donde llevaba otra gran maleta con dólares. Seis meses antes este señor tenía rango de ministro y se reunía diariamente con la Presidente.
No por nada hay un atropello de kirchneristas de paladar negro lanzados a gestos desesperados por tomar distancia de Cristina Fernández.
Que el episodio tuviera lugar en un convento, fundado como cosa nostra por un obispo recientemente fallecido; que el episcopado no se haya pronunciado y el Vaticano mantenga silencio, es harina de otro costal. No menos intrincado, corrupto y novelesco. Y por supuesto, cargado de enseñanzas respecto de las relaciones entre iglesia, poder y delito en Argentina: la dictadura ocultaba desaparecidos en instalaciones de la nunciatura vaticana en Tigre. De Vido se reunía en secreto con quién sabe quién y para qué, en este convento ad hoc.
Como sea, según la información oficial -concebida para niños de escuela primaria- un vecino denunció a las 4 de la madrugada la sospechosa conducta de López. En pocos minutos llegaron dos patrulleros con efectivos comandados por dos capitanes de policía.
López intentó primero sobornarlos, pero los bravos representantes del orden público rechazaron la oferta y entonces el ex secretario durante 12 años de la cartera que maneja toda la obra pública del país, comenzó a gritar que la policía quería robarle el dinero que él había robado para beneficiar a las tres monjas del convento.
En el Gran Buenos Aires es imposible encontrar patrullas policiales a ninguna hora, tanto menos con oficiales a cargo. Y la idea de que lleguen en minutos al lugar de un crimen y se resistan al poder disuasorio de 9 millones de dólares, provoca risa a los habitantes del lugar, acostumbrados al constante apremio de la policía para obtener coimas en cualquier circunstancia y por cualquier razón.
Al día siguiente, el juez Daniel Rafecas, quien durante 8 años mantuvo paralizada una causa contra López por denuncias de cohecho, lo llamó a declarar y tomó una serie de medidas contra él, que incluyen allanamientos a sus propiedades y caución de bienes.
Carece de sentido continuar con la anécdota. El refugio contra el hartazgo y el asco está justamente en asumir que, circo aparte, ha llegado a su fin una etapa fuera de control para el gran capital establecido, durante la cual, por esas dolorosas ironías de la historia, tras la potente sublevación social de 2001 un grupo de advenedizos se hizo del poder y desde allí se lanzó a acumular riquezas maquillando su conducta con una pseudoteoría: la necesidad de construir una “burguesía nacional”.
No se trata de sumarse ahora a las largas filas de súbitos arrepentidos, dolientes, buscadores de argumentos y nuevos resquicios. Se trata de ser consecuentes con una línea de interpretación y de conducta (1).
La burguesía tradicional soportó a Kirchner y a su esposa sólo porque tras el colapso de 2001 carecía de toda posibilidad de reemplazarlos, razón por la cual los grupos componentes de ese sector que pudieron hacerlo se sumaron a los negociados, a la espera de su hora.
Ésta llegó con la victoria de Mauricio Macri. Desde entonces se desarrolla una ofensiva sistemática para desmantelar el entramado de negocios denominado kirchnerismo. Los jueces cambiaron de bando y acometieron causas aplazadas durante años. La lucha intraburguesa se despliega con la participación de todos los partidos del capital y todas las instituciones del sistema, que sin excepciones han abandonado el barco y condenado al aislamiento a Fernández, mientras preparan las condiciones para dar el tiro de gracia.
Fue una operación dirigida desde la cima del poder la que acorraló y detuvo a López, como antes lo hizo con Lázaro Báez, empleado bancario hasta 2003 y empresario megamillonario a partir de entonces, considerado testaferro de la familia Kirchner, al igual que Cristóbal López, dueño de casinos, empresas petroleras y medios de prensa. En la mira, aparte personajes menores, está todavía la familia Eskenazi, ex socia de YPF y también considerada testaferro de Kirchner primero y Fernández después. El siguiente en la lista es el ex ministro de Planificación y actual diputado Julio De Vido. Hay en preparación una ley para arrepentidos. Después llegaría la hora de Cristina Fernández.
Cuando concluya la maniobra habrá argumento para otra novela, aun más atrapante: la que narre cómo actúan por estas horas abogados, jueces, jefes policiales, banqueros y altos funcionarios de los tres poderes empeñados en apoderarse de remanentes de esta riqueza malversada, sin dueño reconocible y sin destino prefijado.
Cinismo de clase
Si repugna la revelación de las sumas fabulosas robadas por el anterior elenco gobernante, es mayor el efecto del cinismo de quienes hasta ayer compartieron migajas y ahora planean su revancha. Unos y otros son superados por la conducta de cierta intelectualidad domesticada, horrorizada hoy por maletas con 9 millones de dólares pero ciega y muda ante la transferencia al gran capital financiero de 200 mil millones de dólares entre 2008 y 2015. Los bolsos de López, incluso las fortunas depositadas en paraísos fiscales, son nada frente al saqueo legal, consentido y aplaudido por quienes ahora se erigen como caricaturas morales de un sistema en estado de putrefacción.
El hecho es que en su caída el último gobierno peronista arrastra consigo el andamiaje político de las clases dominantes, malamente restaurado después del estallido de 2001. Si la burguesía tradicional tiene aliento para llevar a la cárcel a los funcionarios del período anterior, con o sin ley del arrepentido, quedarán expuestos jueces, fiscales, diputados, senadores, gobernadores y, en primer lugar, la totalidad de los partidos políticos burgueses, sin excluir a varios de los que se sumaron a ellos (2). Si careciera de esa energía, la decadencia que arrasa al país desde los 1990 se acelerará.
También es verdad que este último período peronista completó una labor de destrucción de la militancia revolucionaria marxista iniciada décadas atrás. Esta vez no fue con represión, sino con recursos políticos, ideológicos y… económicos. Innumerables camaradas fueron arrastrados por un fenómeno cuya verdadera explicación estaba en la inexistencia de una contraparte socialista revolucionaria con suficiente capacidad teórica y fuerza organizada como para hacerle frente. Día a día, año tras año desde 2003, fueron desgranándose cuadros valiosos, con destino a la nada o, peor aún, a formas subordinadas de corrupción económica, infinitamente menores por cuantía, aunque más gravosas por su contenido esencial. Incluso al borde del precipicio, no pocos decidieron arrojar su pasado y votaron por Daniel Scioli, precisamente el hombre al que apostaron los obtusos cerebros en torno al poder para que el inexorable ajuste económico pudiera llevarse a cabo sin este incómodo espectáculo de mostración de corruptos.
Otra forma no menor de degradación militante fue el abandono de toda tradición teórica y organizativa, en la fútil expectativa de contribuir al cambio social desde el individualismo y el empirismo, desplegados desde una proliferación de siglas sin contenido genuino.
Una mirada objetiva asegura que en el próximo período se recuperará la tradición de lucha del proletariado, los estudiantes y las juventudes. La crisis del sistema y las semillas de conciencia, teoría y organización, sembradas tozudamente durante años de lucha darán lugar a nuevas instancias gremiales y políticas. Ensamblarlas con las experiencias de lucha anticapitalista en todo el mundo, a comenzar por América Latina, organizarlas nacional e internacionalmente, elaborar a partir de ellas una estrategia y programa de acción, son las tareas por delante. Razón de más para no perder tiempo y energías en la novela grotesca de la lucha interburguesa.
17 de junio de 2016
1.- En 2004 publiqué Argentina como clave regional, libro en el cual, entre otras cosas, expuse mi opinión sobre Kirchner y su elenco, sin omitir que su obligado distanciamiento del gran capital establecido (de cuyos negocios pretendía apropiarse) y, por ende, del imperialismo, podía ser aprovechado por una política hemisférica de emancipación, a condición de no transigir ni por un instante con nociones y métodos de ese elenco defensor del sistema y corrupto por definición. Era, invertida, la misma lucha interburguesa a la que asistimos ahora. Remito a artículos, folletos y ensayos publicados desde entonces (www.luisbilbao.com.ar) y a sucesivas ediciones de Eslabón, portavoz de la Unión de Militantes por el Socialismo, con cuyas posiciones me identifico (www.uniondemilitantes.com.ar)
2.- El mismo día en que se conocía el episodio López, el PCA emitió un comunicado de su Comité Central, que acababa de sesionar: sin una palabra frente al hecho que sacudía al país, el texto pide la renuncia del actual ministro de Energía… No menos elocuente es el atronador silencio del PS, en camino de convergencia con Macri y Cambiemos.
Incógnitas de corto plazo en América Latina
¿De dónde provendrá la respuesta social y política a la escalada divisionista y regresiva timoneada por Washington en América Latina?
No haya duda respecto de la inviabilidad de un orden conservador con políticas clásicas de ajuste frente a la crisis global y regional del capitalismo. A la vez es cierto que la respuesta socialista, acosada en los países del Alba, no tiene chance en lo inmediato de mostrarse como ejemplo convocante para los trabajadores y las juventudes de la región.
Es la clásica figura del “ya no-no todavía”. El capital es incapaz de salir de la encerrona económica con apoyo ciudadano. Ya inició el enésimo ensayo de keynesianismo y está a la vista que una vez más fracasará. El retraso de la clase trabajadora impide lanzar desde ya mismo una contraofensiva anticapitalista apoyada en masas conscientes y organizadas.
Inmensas dificultades –obvias, insoslayables– limitan la capacidad de gobiernos y organizaciones dirigentes en los países del Alba para tomar la delantera y levantar una bandera visible y sensible desde Alaska a la Patagonia. Pueden hacer –y hacen– mucho. Pero ya era conocida la imposibilidad de construir el socialismo en un solo país. Tanto menos en una sola provincia de la nación latinoamericana, hoy otra vez bajo fuego imperial.
No sirve lloriquear por las falencias. El desafío es arbitrar capacidades y necesidades para superarlas. Y eso requiere de una vanguardia ideológico-política, también muy retrasada respecto de las exigencias planteadas por una coyuntura grave y urgente como nunca.
Pregunta la nota principal de esta edición: ¿Qué harán los estudiantes? ¿Sentirán la exigencia inaplazable de cientos de millones acosados por la incapacidad capitalista? ¿Serán los primeros en comprender y actuar? Si lo hicieren ¿encontrarán una avanzada obrera con la cual fundirse para sumar la fuerza y la capacidad imprescindibles a la hora de proponerse la conquista del poder político, el trazado de un horizonte convocante y la construcción del camino para alcanzarlo?
“Moral y luces”
Existía en amplios sectores la idea no expresada, tal vez inconsciente, de que el imperialismo no replicaría ante la impetuosa avanzada revolucionaria que cambió la geopolítica regional en la primera década del siglo. También el ensueño de que sería posible sostenerla desde un sistema capitalista reformado.
Los arquitectos visibles de la verdadera respuesta ya no están. Muerto uno, anciano y enfermo el otro. Tras ellos muchos miles comprendieron y asumieron la estrategia. Pero ahora atraviesan el arduo trecho entre los planes y su concreción.
Otra incógnita es si la ausencia de una respuesta eficiente dará lugar al aumento del caos y abonará el terreno para el objetivo real de Washington: multiplicar la división, impulsar la lucha fratricida, cumplir su labor de destrucción por interpósitos agentes, conscientes e inconscientes. Declararse vencedor sobre las ruinas.
No cabría esta duda si el proletariado latinoamericano –¡y el estadounidense!– tuvieran conciencia de su lugar en la sociedad y su responsabilidad ante la historia. Contra lo sostenido por comentaristas superficiales, hoy la clase trabajadora es más numerosa y potencialmente poderosa que jamás en la historia. Pero la cultura capitalista se ha impuesto en sus filas y hasta dirigentes con origen obrero propusieron que, con un ingreso un poco mayor, sería posible convertirse en “clase media” y alcanzar el paraíso capitalista.
Difícil medir el daño histórico producido por semejante patraña. Pero está hecho. Es la propia crisis del sistema la encargada de deshacerlo. Pero el primer momento del despertar no es el de mayor lucidez. Llevará algunos minutos de la historia alcanzarla. Y demandará el accionar enérgico de la vanguardia.
Cómo resuena en este momento la consigna de Simón Bolívar: “Moral y luces, son nuestras primeras necesidades”.
Acaso el primer paso de recomposición sea precisamente apartar a corruptos e incapaces de cualquier lugar de responsabilidad dirigente. Hay hechos suficientes en la historia reciente para distinguir a unos y otros. Para frenar la posibilidad que una vez más impidan tomar por el camino cierto.
Sin duda la incapacidad del sistema para reequilibrarse sin chocar de frente con las grandes mayorías provocará una respuesta de millones. La quimera de una democracia burguesa estable ya está sepultada por el zarpazo en Brasil –precedido por Honduras y Paraguay– por el acoso a Venezuela y los gobiernos del Alba. Ya es visible la realidad subyacente bajo la superficie del orden burgués.
En esa instancia de confrontación social a gran escala, más cercana que distante, se verá qué lugar ocupan trabajadores, estudiantes y sus vanguardias.
16/5/16
@BilbaoL
Argentina otra vez en la cuerda floja
Elevadísimo costo social, saneamiento a medias. Macri no logra eludir el impacto del ajuste. El plan contrarrevolucionario continental bambolea antes de que las masas lo enfrenten.
Imágenes superpuestas dibujan el panorama de la crisis argentina. El 19 de mayo el Congreso votó una Ley según la cual se suspenden los despidos por 180 días y se establece una doble indemnización. Dos días después Mauricio Macri la vetó, de acuerdo con las potestades que le adjudica la Constitución. El Presidente eligió un escenario singular para ejercer ese derecho: una fábrica productora y procesadora de pollos, cerrada durante el gobierno anterior y rescatada por el actual. Abrazado a obreros, Macri explicó que el objetivo es crear puestos de trabajo. En simultáneo, anunció una cantidad de obras públicas de diferente envergadura, reunió junto a empresarios y sindicalistas el Consejo del Salario Mínimo (que estableció el salario mínimo en 8.060 pesos –algo más de 550 dólares– para enero) y reunió a todos los gobernadores de Provincia, con los cuales acordó “un esquema más federal de gobierno, en el cual se descentralicen los recursos”, en favor, claro, de los Estados provinciales.
En medio de una erupción irrefrenable de denuncias por corrupción de las principales figuras del régimen anterior, el país transita los avatares de un saneamiento a medias que, no obstante, multiplica efectos calamitosos al conjunto social.
Atónito, el ciudadano común descubre la descomposición de la sociedad burguesa, en este caso empeorada por las consecuencias imprevistas –e inmanejables para el capital– del estallido del control político tradicional en 2001. El espectáculo sirve para disimular el curso actual de esa decadencia.
No es posible sin embargo encubrir los efectos del intento por equilibrar la economía. Con fecha 12 de diciembre, en referencia a Venezuela y tras la circunstancial victoria legislativa de la derecha, decíamos en estas páginas: “No hay sino dos opciones: si el saneamiento lo realiza el gobierno revolucionario, el precio deberá asumirlo la burguesía. De lo contrario, si la política que ‘va por delante’ decide que no quiere o no puede dar ese salto cualitativo, el peso del caos actual caerá inexorablemente sobre las masas trabajadoras y desposeídas, sobre jóvenes y estudiantes” (http://bit.ly/243aIUt).
Todavía está en disputa esa opción en Venezuela. No en Argentina. El 22 de noviembre las elecciones le dieron la presidencia a Mauricio Macri y Cambiemos. Desde entonces quedó claro que las desproporciones fuera de control alcanzadas por la economía durante el período anterior sólo podían tener una respuesta: que el precio lo asumieran los trabajadores y el conjunto del pueblo, en beneficio excluyente del gran capital.
Exigencias del capital en crisis
Eso es lo que viene desenvolviéndose desde el 10 de diciembre en Argentina. Se trata de un fenómeno objetivo que sólo miradas miopes o interesadas presentan como resultante de perversidades individuales. Los propios economistas del candidato opositor a Macri designado por Cristina Fernández, Daniel Scioli, repiten cada día en radio y televisión que ellos hubiesen tomado las mismas medidas. Y agregan, con sonrisa cínica: “pero de manera diferente”.
A los primeros pasos, destinados a levantar retenciones a productores agropecuarios –excepto la soya– y arreglar con los fondos buitre, llegaron en marzo elevadísimos aumentos de tarifas (electricidad, gas, combustibles, transporte). Esto arrastró todos los precios y en abril la inflación bordeó el 7% (aún no hay cifras oficiales). La medida apuntó a poner bajo control la disparada sin parámetros de los precios relativos. No obstante, estos quedaron a mucha distancia de un equilibrio razonable para la economía capitalista. Igualmente se produjo un impacto intolerable sobre todo en las capas medias, imposibilitadas de acogerse a subsidios implementados para el tercio de la población bajo la línea de pobreza. A la vista de efectos y el riesgo de rebelión, el gobierno encaró una serie de medidas paliativas que comienza a definir e implementar a fines de mayo, lo cual implica acudir al salvataje con fondos públicos.
Paralelamente el Gobierno produjo una cantidad imprecisa de despidos en el Estado (alegando que se trata de personal contratado a última hora tras la derrota electoral del gobierno saliente). La combinación de ambas medidas apenas rozó el descontrolado déficit fiscal (7% en 2015, 5% estimado para 2016). A eso se sumaron la restricción en la emisión de dinero y elevadísimas tasas de interés (38%), para evitar la fuga hacia el dólar, todo lo cual produjo una severa caída del consumo –incluso en alimentos– y la consecuente recesión.
Al unísono la prensa alerta sobre la necesidad de distribuir alimentos gratuitos en el conurbano bonaerense. La gobernadora provincial, María Eugenia Vidal, actuó rápido y destinó 4 mil millones de pesos para comedores comunitarios. Lo hizo a través de movimientos sociales antes asociados a Cristina Fernández. En tanto, las discusiones salariales están completándose en torno al 28-35%. La poderosa movilización estudiantil en apoyo a los trabajadores docentes y no docentes quedó por el momento sin ese motor. Las centrales sindicales, que tras una importante concentración el 29 de abril apoyaron la ley contra los despidos, luego del veto presidencial no parecen dispuestas a convocar a una huelga general conjunta.
A fuerza de retracción al consumo, recesión y disminución de la base monetaria, pese a nuevos aumentos en mayo la inflación del mes parece estar algo más de dos puntos por debajo de abril. Las autoridades aseguran que a partir de julio bajará más y a fines de año estará en 1,5%.
Mientras vociferan contra el Gobierno, las principales dirigencias sindicales negocian tras bambalinas. El arreglo con los gobernadores traduce un acuerdo interpartidario a nivel nacional. Y el grueso del empresariado respalda al Gobierno. La clase trabajadora no tiene voz propia.
Onda expansiva de la situación en Brasil
Si no fuese por la crisis brasileña, Macri podría darse por vencedor de esta primera prueba de fuerzas y encarar con cierta tranquilidad su proyecto, expuesto en ediciones anteriores de América XXI. Pero la caída de la economía brasileña y la posibilidad de una incontrolable turbulencia política puede convertirse en factor de mayor caída económica y descontrol político y arrasar con toda la estrategia estadounidense para la región. Está además la incógnita de lo que hará el movimiento estudiantil.
Mientras tanto, las empresas consultoras –sucedáneas de partidos en extinción y dirigencias incapaces (con apenas un puñado de excepciones), indican que Macri mantiene un 60% de aprobación y un 80% de expectativa. Si esto fuese verdad –cabe la duda– significaría que la anomia social se expresa por ahora en carta de crédito a las promesas oficiales. En cualquier caso, más allá de los guarismos precisos, es evidente que el conjunto social no se pone de pie contra el Gobierno y, en mayor o menor medida, espera de él la solución a sus problemas inmediatos.
Dicho de otro modo: la degradación y desarticulación del sistema partidario y sindical ha llegado al punto más elevado en la historia argentina.
Ése es precisamente el punto fuerte de Macri y de quienes, desde el Departamento de Estado, planifican la consolidación de un eje Washington-Buenos Aires, replantear la expansión de la Alianza del Pacífico y desde allí completar la campaña para derrocar el gobierno revolucionario de Venezuela y arrasar con el Alba.
Ya la cancillería argentina opera para conformar un grupo de supuestos amigos de Venezuela, empeñado en montar una mesa de negociación en Caracas. El Vaticano forma parte de la operación. También los gobiernos de Uruguay, Chile y Paraguay. Por consideraciones tácticas, relegarán por ahora a la OEA. Apuntan de inmediato a Mercosur y Unasur. En los próximos días Macri asistirá en Chile a una reunión de la Alianza del Pacífico, tras haber anunciado que su canciller, Susana Malcorra, será candidata a la secretaría general de las Naciones Unidas. Mientras tanto la totalidad de la prensa comercial argentina se dedica a glosar ad nauseam las fechorías de funcionarios del gobierno anterior. Los editorialistas, en cambio, se abocan a multiplicar las calumnias contra Venezuela.
Toda esta arquitectura está en delicado equilibrio. O, como diría un ingeniero, a punto de colapso. Es verdad que llegan algunas inversiones para emprender obras públicas. También que el Gobierno, contrariando toda ortodoxia y dejando helados a la amplia gama de keynesianos, neokeynesianos y neo-neokeynesianos, resigna el equilibrio fiscal para emprender obras públicas y la construcción de un número de viviendas, inusual por lo elevado.
Todo para mostrar a la región, como repiten estas páginas, las bondades de un presidente empresario asociado al imperialismo frente a un presidente obrero empeñado en el socialismo.
Para el corto plazo no es improbable que Macri consiga avanzar en su propósito. Ante la inexistencia de una voz autorizada y potente que provenga desde las raíces de la sociedad oprimida y explotada, todo es posible. En una dimensión más amplia, está claro que la fallida “Alianza para el Progreso” puesta en marcha por John Kennedy contra la Revolución Cubana en los 1960, tiene aun menos chance medio siglo después, cuando el capitalismo está en creciente e imparable crisis a escala global. Ya hay fuerzas proyectadas para esa batalla crucial.
L.B.
21 de mayo de 2016
@BilbaoL
La clase trabajadora ante una posibilidad histórica | Por Marcelo Zugadi
Descargue el folleto completo: folleto mayo 2016
Argentina con deuda eterna
Acabó el default. Continúa el plan de sobrevivencia sobre la base de más y más deuda. Un frente único burgués pretende salir de la recesión con obras públicas financiadas desde el exterior. El clima social se enrarece.
Luego de 15 años de cesación de pagos Argentina encontró una salida: pagar. Alfonso Prat Gay, ministro de Hacienda del presidente Mauricio Macri, anunció el 22 de abril la transferencia de 9.300 millones de dólares para saldar la deuda con fondos buitre. Para ello, en los días previos se colocaron bonos por 16.500 millones, a una tasa del 7,5%. Otros 3 mil millones serán destinados a abonar a los acreedores que habían ingresado a la negociación de 2005 pero no podían cobrar por una medida cautelar impuesta por el juez estadounidense Thomas Griesa. El resto irá a cubrir el déficit presupuestario hasta fin de año. Según especialistas, para cubrir esos gastos corrientes estarían faltando apenas 1.175 millones de dólares…
Como en el mito del eterno retorno, Argentina ve reaparecer la deuda externa. Olvidado otro mito, el del desendeudamiento, el ciudadano descubre no sólo la exigencia de tomar más deuda para pagar la anterior, sino el aviso de las autoridades de que, para morigerar el ajuste en curso y emprender obras que saquen a la economía de la recesión, el camino será iniciar un nuevo peregrinaje en busca de empréstitos. “Se trata de un hito importante, el cierre de una etapa que termina después de más de una década de aislamiento y conflicto”, declaró Macri. Faltó al mandatario aclarar que durante esa “década de aislamiento y conflicto” se pagaron 190 mil millones de dólares, tal como resaltó en 2014 la ex presidente Cristina Fernández. “Este arreglo nos vuelve a conectar con el mundo”, subrayó Prat Gay. Toda la prensa acompañó esta interpretación.
Pagar o no pagar
Desacatar la orden de Griesa en 2014 era una obligación política para quienquiera tuviese un mínimo compromiso con la nación; una exigencia moral para cualquier persona decente. Reducido al hecho de no pagar los 1.750 millones exigidos entonces y luego cruzarse de brazos fue una combinación insólita de incompetencia e irresponsabilidad, que llevó al desenlace actual, presentado por tirios y troyanos como única vía de salida. Más de 5 mil millones se sumaron a aquella desaforada, ilegítima obligación de pago a los buitres dispuesta por el aparato judicial estadounidense, bajo cuya jurisdicción se había puesto el gobierno argentino en 2005. Mientras tanto continúa la caída del salario real, el sistema sanitario nacional es una afrenta a la dignidad, la infraestructura educativa, productiva y vial es una calamidad sin precedentes en este país.
¿Es imposible no pagar la ilegítima y en su mayor parte ilegal deuda externa? Fue tomada a nombre de la nación por dictaduras militares y democracias sí-viles (Roa Bastos dixit). Tras el ejemplo vivido en los últimos años, las actuales autoridades pueden afirmar esa imposibilidad con argumentos sencillos y a la vista. Tienen razón en su silogismo porque la primera premisa es que las deudas han de pagarse y la segunda es que todo debe ocurrir dentro del sistema capitalista. La conclusión es obvia. Sólo que ambas premisas son falsas: no han de pagarse deudas pactadas a nombre de una nación por quienes no representan democráticamente a su pueblo. El endeudamiento argentino a gran escala comenzó en su última etapa con la dictadura militar. Siguió con un gobierno radical domeñado. Continuó con un títere que tuvo el tupé de decir que si hubiera anunciado su programa, nadie lo hubiera votado.
Ningún demócrata de los que ahora exhiben su indignación republicana ha plantado la bandera de una auditoría exhaustiva del endeudamiento. Nadie parece recordar la evolución de la deuda desde 1976, de 5 mil a mucho más de 200 mil millones, tras pagar ínterin alrededor de 300 mil millones en ese mismo período.
Más sujeción al capital internacional
Ahora Argentina se “reconecta con el mundo”. Será una religación singular. En este punto la inflación proyectada para el año en curso supera el 40%, la recesión proyecta una caída de entre 1 y 2 puntos del PIB, el déficit fiscal ronda el 7%, hay un inmanejable desequilibrio de precios relativos. Este formidable desquicio, se afirma sin rubor, tendrá solución mediante los dólares que vendrán al país en función de mayor endeudamiento. Gobernadores de 11 provincias se han lanzado ya a tomar préstamos internacionales. El gobierno nacional prevé un relanzamiento de la economía precisamente a partir de créditos de organismos multilaterales y bonos colocados en el exterior.
Mientras tanto la escalada de precios y la oleada de despidos, ya en su tercer año de aumento sistemático, ha caldeado el clima social. Fue en reacción a esa dinámica económica dominante desde fines de 2011 que Macri ganó la elección. Sólo que en materia económica siguió el camino en picada desde el 10 de diciembre de 2015. El Presidente tomó nota de los riesgos latentes. Y anunció que a partir del próximo mes el índice inflacionario descenderá.
Recesión, caída del 8% en el consumo, tasas de interés al 38% y política de restricción de dinero circulante, no pueden tener otro efecto. Según informan los ministerios del área, al momento en que ceda el alza de precios se lanzará el ya reiterado plan de obras públicas y se bajará significativamente la tasa de interés. En el segundo semestre, aseguran, revertirá la tendencia y ya para 2017 el PIB crecerá entre el 5 y el 7%, según afirma Prat Gay.
Entre realidad y perspectiva hay una distancia que el gobierno de Cambiemos recorrerá en tensión extrema, cada día con la posibilidad de una cadena de estallidos y crisis de gobernabilidad. La probabilidad de un desenlace turbulento, objetivamente elevada, disminuye cuando se consideran dos factores clave: el conjunto de la burguesía, más las cúpulas sindicales y los aparatos políticos, están comprometidos con el éxito del gobierno de Macri; enfrente, el movimiento obrero carece por completo de organización y perspectiva propias. Las capas más pauperizadas y marginalizadas de la población, a su vez, ya no están encuadradas en estructuras con capacidad de movilizar y sus antiguas dirigencias carecen por completo de autoridad, aunque pueden todavía contar con recursos económicos. Por sobre este conjunto la Iglesia y el Papa actúan como factor de equilibrio, en favor del sistema y de sus propios intereses. El margen de maniobra de la burguesía es amplio.
En coincidencia con el pago a los buitres el Gobierno anunció la aceleración de un ambicioso plan de obras públicas, que tiene como base agua y cloacas, escuelas y viviendas, más obras hídricas imprescindibles, demoradas más allá de toda lógica (en este momento hay 40 mil evacuados por inundaciones y pérdidas por entre mil y 2 mil millones de dólares en la cosecha de soya y por muerte de ganado). También se reinicia la construcción de autovías largamente postergadas. Se anunció además la extensión de la asignación universal por hijo a 1,2 millones de niños; una suma por única vez de 500 pesos para jubilados, a quienes se les eximirá del IVA a los alimentos hasta un límite mensual de 300 pesos. Beneficios más retóricos que reales para paliar los efectos de la inflación y frenar el deterioro en la imagen pública del Presidente, que no obstante se mantiene por sobre el 50%.
En esa carrera contra el tiempo es improbable –aunque no imposible– que el régimen pierda el equilibrio antes de la gran disputa por las legislativas en 2017. El costo ya está medido: cuatro puntos de aumento en la pobreza, caída del salario real, escandalosa absorción de riqueza por parte del capital financiero internacional…
Política y corrupción
Mientras tanto un alud de denuncias por corrupción, con arrepentidos del gobierno anterior lanzados al “sálvese quien pueda”, convive con la angustia por el frenazo económico y la ostensible caída del consumo. A las revelaciones locales que sacuden día a día a la población se sumó el caso “Panama papers”, que involucró no sólo a personajes muy cercanos a la ex Presidente, sino también al actual mandatario y varios de sus más próximos colaboradores, que además están involucrados en la mega estafa con compra de dólares a futuro, por la cual un juez procesará a Cristina Fernández. Macri salió al cruce, negó toda responsabilidad en empresas montadas por su familia en paraísos financieros y se puso a disposición de la justicia. Los adláteres del Presidente, en cambio, no atinan a explicar sus conductas. La conclusión de franjas crecientes de la población es clara: extienden a todos los políticos el estigma de la corrupción.
Cuando América XXI esté en imprenta, el 29 de abril todas las fracciones sindicales se aunarán en un acto por el 1 de Mayo frente al monumento al Trabajo, cerca de la Casa Rosada. El símbolo es muy poderoso. Será, sin duda, una movilización que pondrá un signo diferente al cuadro actual de disputas interburguesas. El movimiento obrero, sin embargo, no definirá allí una política propia. Mientras cinco centrales con de trabajadores de muy diferente envergadura social y política recorren un camino que culminará el 22 de agosto con una recomposición de la estructura sindical, la clase trabajadora y la nación en su conjunto siguen pagando el precio obligado por la ausencia de una alternativa frente a la vertiginosa decadencia argentina.
24 de abril, 2016
L.B
@BilbaoL
América Latina no gira a derecha
Una controversia opone a quienes aseguran que América Latina ha iniciado un período de desplazamiento hacia la derecha y quienes niegan que la región asista a un fin de ciclo.
Doble error, que suma confusión a la compleja coyuntura latinoamericana. Sí: el fin del ciclo está a la vista y fuera de discusión. No: el cambio de período no supone un giro conservador y reaccionario de los pueblos involucrados en el vertiginoso proceso que llevó a la creación del Alba, Unasur y Celac, más la ampliación de Mercosur.
No es el apoyo a propuestas y dirigencias reaccionarias la causa de resultados electorales que debilitan o directamente reemplazan gobiernos calificados como “de izquierda”. Por el contrario, es la ineficacia, la inconsecuencia o directamente la traición de algunos gobiernos a la participación democrática como medio para abolir la opresión y construir una sociedad socialista.
No hay un solo líder reaccionario con aval de masas. Por todo un período no lo habrá. El riesgo no reside en una tendencia definida de las masas hacia la derecha, sino en la frustración de su voluntad de cambio. Gobiernos considerados “de izquierda” decepcionaron a las masas y las empujaron hacia las garras de dirigentes prefabricados por consultoras y medios de difusión. En ausencia de instancias revolucionarias reconocidas la crisis económica, inexorable, provoca desagregación social y confusión política. Allí está el riesgo a afrontar.
Diferencias
Casos especiales son los resultados electorales en Venezuela el 6 de diciembre de 2015 y en Bolivia el 21 de febrero. Baste decir aquí que la mayoría de la población respalda a los gobiernos de Nicolás Maduro y Evo Morales y en ambos países existen estructuras políticas con arraigo y capacidad de conducción. Tal como estas páginas expusieran en su momento, fueron otras razones las que llevaron a circunstanciales derrotas electorales, que en sí mismas no significan nada trascendental, aunque dadas ciertas condiciones podrían ser punto de partida para una dinámica inversa a la dominante en estos países.
En cambio el juicio político a Dilma Rousseff resulta de un fenómeno de otra naturaleza. Más diferenciado aún es el caso de Argentina. En este país ganó las elecciones un presidente ultraconservador con base en una estructura partidaria socialdemócrata. Y en una primera fase logró el respaldo pasivo de una mayoría significativa, básicamente como expresión de rechazo al gobierno anterior. Algo análogo ocurrió en Perú, donde la conducta de Ollanta Humala empujó a la ciudadanía a dar respaldo mayoritario a dos expresiones de ultraderecha. Diferenciados en otro sentido también están los gobiernos de Uruguay y Chile, los cuales no traicionan promesas que jamás hicieron pero tampoco avanzan un programa capaz de consolidar y proyectar el respaldo de las mayorías que los llevaron al poder.
En los comienzos del período de la convergencia latinoamericana hubo un abuso conceptual en la identificación de procesos que, con excepción de los países integrantes del Alba, carecían de programa, estrategia e ideología comunes. Ese exceso, dictado en ciertos casos por la ingenuidad, reaparece ahora al final del ciclo bajo la forma de infundado pesimismo.
Una y otra actitud distan de la base conceptual que permita comprender lo que está en juego. No es dable esperar piedad política del imperialismo. Washington tiene todo al alcance de su mano para que un mínimo error sea pagado muy caro. En la aplicación de un programa de revolución los errores son inevitables. En cambio la ausencia de estrategia antimperialista, la negativa a la organización y participación de las masas, la defensa del capitalismo, desemboca necesariamente en la victoria de las fuerzas reaccionarias.
Además, la corrupción no es un error ni un invento del imperialismo. Si bien es propia de una sociedad mercantil, jamás puede anidar en las máximas figuras de un proceso político que se pretende transformador. La ciudadanía en todas sus clases los rechazará.
Estas obviedades deberían ser suficiente para reivindicar la teoría como base para la acción. Revalidar la moral revolucionaria. Y promover el más grande esfuerzo por rescatar, difundir y aplicar conceptos forjados al calor de la lucha de clases internacional.
Eso podrá hacerse sólo sobre la base de los gobiernos del Alba articulados en los demás países con Partidos y movimientos sociales dispuestos a acordar un programa de acción, una organización regional y una estrategia de emancipación.
Allí está el aspecto más relevante del fin de ciclo: ya no rige una dinámica de convergencia de las burguesías de la región, sino todo lo contrario; ya no es la acumulación parlamentaria el ámbito de interés principal; ya no queda espacio para el reformismo fuera de sus alianzas con fuerzas conservadoras.
En la sostenida esperanza de las mayorías por cambios definitivos, en su compromiso actuante o expectante con direcciones revolucionarias de masas, está la realidad de la coyuntura. Y la posibilidad de convertir el retroceso a la vista en contraataque continental.
22 de abril de 2016
nueva alianza para el progreso, extemporánea y enclenque
Argentina asociada a una utopía capitalista
En medio de una gravísima coyuntura económica, aunque todavía sin exigencia social significativa, Macri recibe el espaldarazo de Obama para presentar a Argentina como alternativa a Venezuela y el Alba.
Con 165 votos a favor, 86 en contra y cinco abstenciones, el oficialismo sancionó en la Cámara de Diputados el 16 de marzo la ley que lo habilita para pagar a los fondos buitre un monto de 11.500 millones de dólares y aprobó en la misma sesión la autorización para tomar deuda externa por cifras equivalentes. El miércoles 30 el Senado votó la media sanción restante. La llamada Cámara alta decidió por 54 votos a favor y 16 en contra.
Estos resultados expresan un doble fenómeno en la coyuntura argentina: minoritario en ambas Cámaras, el gobierno de Cambiemos presidido por Mauricio Macri ha logrado un realineamiento fulminante; el bloque opositor peronista, del cual es parte la tendencia encabezada por la ex presidente Cristina Fernández, ya se fracturó en Diputados y vota dividido en Senadores. Durante el mes de abril debería haber un Congreso del Partido Justicialista para designar autoridades. Fuentes bien informadas aseguran que no hay acuerdo para una lista única y tampoco decisión para que compitan diferentes candidatos. Si esa presunción se confirma y el Congreso no se realiza, el PJ será intervenido por la Justicia.
Mientras tanto la totalidad de las fracciones burguesas y tras ellas las cúpulas del sindicalismo se alinearon con el programa político de Macri. El grueso del PJ respalda el pago a los fondos buitre y avala el endeudamiento como vía para salir de la gravísima coyuntura económica, mientras trata de desprenderse de la fracción denominada kirchnerista –a su vez dividida– y prepara una recomposición con vistas a las elecciones legislativas de 2017. Un factor sobresaliente de esta recomposición es la reunificación de la Confederación General de Trabajadores (CGT), prevista para el 22 de agosto. Antes, de manera ostensiblemente prudente, sus titulares exigen leyes que eleven a un monto mayor el mínimo no imponible para salarios altos, el 82% móvil para jubilados y un aumento acorde con la inflación en las discusiones paritarias en curso ahora mismo. El hecho es que la realidad económica tiene perfiles visibles: dos millones y medio de niños sufren déficit alimentario, según estadísticas de la Universidad Católica Argentina. Y que el estancamiento durante cuatro años, con dos –éste incluido– de franca recesión, producen un acelerado aumento de la desocupación desde mediados de 2014.
Pese a todo, Macri y su heterogénea coalición usufructúan la división del peronismo y la marginación del llamado kirchnerismo. Sobre todo sacan partido del estado de confusión y parálisis de la clase trabajadora y el conjunto de la población. Un dato indicativo del estado de ánimo social es que en medio de subas constantes de precio en alimentos y servicios básicos, con inflación superior al 35% anual y en franca caída recesiva, Macri es avalado por el 55% de la población; un 70% cree que el Gobierno logrará resolver el alza de precios y sacará al país del pantano económico. Todas las consultoras, igualmente desconfiables, coinciden en estas proporciones.
Una explicación para esta paradoja es la evidencia de la herencia dejada por el gobierno anterior. El grueso de la población tiene claro que en la Capital Federal y el Gran Buenos Aires, tarifas como electricidad, gas, transporte y agua, congeladas durante 15 años, tenían precios absurdos en relación con el resto de bienes y servicios, pero también en comparación con el resto del país. Eso no vale para alimentos, que sobre precios anteriores elevadísimos sufrieron aumentos exorbitantes. El ministerio de Energía implementa una tarifa para “sectores sociales económicamente vulnerables”. Dos millones 800 mil personas tendrán electricidad a precio diferencial en todo el país, informó el titular de Energía Juan Aranguren, ex presidente de Shell. Los aumentos, por tanto, afectan sobre todo a los sectores medios y a trabajadores formales con salarios por encima de la media.
Otro factor de peso en la relación del conjunto social con el gobierno es la catarata de denuncias de corrupción que apabullan al ciudadano común. Sobresale un video –constantemente transmitido por todos los canales– en el cual se ve al hijo del empresario Lázaro Báez, su gerente y otros empleados transportando millones de dólares y euros en grandes bolsos, para luego contarlos y apilarlos. Son imágenes que aturden y en buena medida sublevan a amplios sectores del país. El registro es de 2012, cuando había restricciones cambiarias y empresas y particulares no podían comprar divisas. Aunque jamás objetó el pago de más de 200 mil millones de dólares de deuda externa durante el gobierno anterior, la prensa comercial exacerba denuncias por corrupción informando de cuentas multimillonarias en el exterior y desfalcos impositivos –con alegada complicidad del titular del ente recaudatorio, Ricardo Echegaray– que suman mucho más de mil millones de dólares por parte del mismo Báez y otro empresario cercano al gobierno anterior, Cristóbal López. Estas revelaciones redundaron en mayores enfrentamientos entre quienes se mantienen fieles a Cristina Fernández, con denuncias entre los principales protagonistas. “Báez va a terminar preso”, declaró Echegaray. “Ni Alicia Kirchner (hermana del ex presidente y actual gobernadora de Santa Cruz) ni Echegaray pueden justificar su patrimonio”, replicó Báez. Y agregó, en velada amenaza: “Le pido (a Echegaray) que diga cuál de sus jefes le ordenó hablar”.
Con este panorama en la oposición peronista y la completa ausencia de una alternativa revolucionaria, Macri avanza en el plan asignado.
“Alianza para no progresar”
Así llamó Ernesto Guevara al plan pergeñado por el imperialismo para contraponer a la Revolución Cubana en los 1960. Los rostros de esa pálida réplica del Plan Marshall fueron John Kennedy y Arturo Frondizi. Es sabido cómo terminó el proyecto contrarrevolucionario y qué suerte tuvieron el presidente de Estados Unidos y el de Argentina. Medio siglo después se intenta lo mismo. Obama no es Kennedy y Macri (¿hay que decirlo?) no es Frondizi. Eso sería irrelevante si el mundo no estuviera de lleno en una crisis capitalista sin retorno, a diferencia de aquel período, cuando faltaban aún algunos años para que el sistema dejara de sentir los efectos para él benéficos de la II Guerra Mundial. Inviable en aquella oportunidad, el plan desarrollista es hoy una utopía risible.
No obstante el viaje de Obama a Argentina fue un éxito rotundo para los propósitos del Departamento de Estado y derramó mieles sobre el gobierno local y su Presidente.
Fue una consolidación del realineamiento político: todo el espectro burgués se presentó al besamanos en una cena de gala. La prensa local informa: “Hubo una breve recepción privada con Obama y Macri, previa al banquete, a la que podían asistir 10 argentinos. Estuvieron la vicepresidente Gabriela Michetti por el Gobierno; Emilio Monzó, Federico Pinedo y el radical Mario Negri por el oficialismo en el Congreso; Elena Highton y Juan Carlos Maqueda de la Corte Suprema de Justicia y se abrieron cuatro lugares para opositores: Sergio Massa, Margarita Stolbizer, el senador Miguel Pichetto y el diputado José Luis Gioja”. A la recepción no exclusiva se sumaron los principales dirigentes sindicales: Hugo Moyano, Luis Barrionuevo, Antonio Caló, Armando Cavalieri, Roberto Fernández, Amadeo Genta, José Luis Lingieri, Gerardo Martínez, Omar Maturano, Andrés Rodríguez, Gerónimo Venegas, Carlos West Ocampo y Juan Carlos Schmid. Había por supuesto artistas, intelectuales y periodistas, ansiosos por el momento de gloria.
Es la imagen inapelable de la alianza burguesa que gobierna Argentina y se pone a los pies del imperialismo.
Como lo había hecho horas antes y repetiría al día siguiente, durante el acto de homenaje a los desaparecidos ante el cenotafio del Parque de la Memoria, Obama explicitó la línea estratégica de poner a Argentina como alternativa a Venezuela. A Macri le cabe el papel de gladiador contra Nicolás Maduro: “Usted desea comprometer a la Argentina a entrar a la comunidad global, para establecer el liderazgo histórico de su país a lo largo de los años. Esto es bueno para la región”, dijo con su potente capacidad expresiva el presidente estadounidense. Antes, en la conferencia de prensa, había subrayado que Macri “está brindando un ejemplo para otros países”.
Ese ejemplo es la ilusión de desarrollo, equidad, justicia republicana. El espejismo ante el cual se embelesan no sólo los privilegiados que asistieron a la recepción de gala.
Cuatro meses atrás América XXI adelantaba: “para avanzar en una etapa ulterior hacia una política consistentemente contrarrevolucionaria –y no sólo apuntada a Argentina, sino a los gobiernos del Alba con centro en Venezuela– Macri está empujado a hacer concesiones en todos los órdenes a una política populista-desarrollista” (http://americaxxi.com.ve/macri-y-venezuelapor-luis-bilbao).
Es altamente significativo que los liberales de Argentina califiquen al gobierno de Macri como “kirchnerismo de buenos modales”, mientras denuestan sus medidas económicas. No obstante, incluso ellos se sometieron a Obama y le dan crédito a Macri en tanto prepare las condiciones para el saneamiento real de la economía. Antes, debe completarse la faena con el presidente argentino como figura alternativa regional frente a Nicolás Maduro.
Un desvarío senil del capitalismo al que lejos de subestimar, hay que interpretar y responder con una urgente recuperación de la iniciativa continental.
L.B.
30 de marzo de 2016