Luis Bilbao: «La Revolución Bolivariana enfrenta un ataque mediático sin precedentes»

YVKE Mundial/Oriana Flores

Luis Bilbao, periodista y especialista en comunicación, aseguró que estamos frente a una escalada sin precedentes de un ataque mediático contra la Revolución Bolivariana, a la memoria del Comandante Hugo Chávez y todos los miembros del gobierno.

Durante su participación como ponente en el Foro Conjura Mediática Contra Venezuela, coincidió con las declaraciones del Canciller, Elías Jaua, en que la gran batalla que se está librando en todo el mundo, se gana en la lucha política del país.
Bilbao señaló que los medios y su intervención son fundamentales si se asume hasta la última instancia el debate político, la concienciación del pueblo, la organización y la capacidad combativa de las masas: «La batalla se da en lo político», dijo
Al borde de una guerra mundial

«Desde hace nueve meses para acá, el mundo ha estado al menos en tres oportunidades al borde de la guerra, como por ejemplo en Siria y lo que pudo haber desatado esos hechos en la región. Otro conflicto como el de Ucrania, donde la planificación estratégica del gobierno ruso impidió que una nueva guerra se diera», ejemplificó Luis Bilbao.
Agregó que cuando se habla de un mundo pluriplural, ya no es una estrategia ni una perspectiva; donde EE.UU. no es más la potencia hegemónica del mundo. «Se terminó esa parte de la historia».
Para Bilbao el fin de un orden imperial hegemonizado por EE.UU. no presupone un nuevo orden, por ello las pugnas serán el factor de intervención permanente de lo que se viene.
América del Sur en la mira del mundo

El periodista y especialista en comunicación, Luis Bilbao, subrayó que el Cono Sur es decisivo para que los centros de poder puedan avanzar en correr la base que sustenta a EE.UU. en esta región.
La Revolución socialista es la que ha logrado «confundir incluso la política del capital, donde poco a poco han ido cayendo económicamente», sostuvo.

 

Los medios y el capital

Bilbao aseveró que los medios privados son una parte fundamental del capital, ya que viven y se lucran de eso, «por eso lo defienden y caen en la aberración de no sostener los valores que en alguna época de la historia la burguesía si pudo».

Además, el periodista objeta que en los medios los niveles se corrompen cada día más de forma escandalosa, ya que los medios comerciales de Venezuela, son los que abrieron y le enseñaron el camino a buena parte de los medios de Suramérica.
Denunció que está en juego más que el gobierno, una guerra o conflicto, ya que la crisis real que empuja al imperialismo a la guerra es la crisis estructural del sistema capitalista.
Ante esta realidad mundial, los medios «mienten con un descaro que da vergüenza. Jamás se debe mentir, jamás se debe engañar», finalizó.

 

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entrevista con rt

Estados Unidos prepara una guerra cibernética contra Venezuela

RT

 

Una ley aprobada por el Congreso estadounidense permitiría invadir el espacio mediático venezolano y restringiría el acceso libre a Internet en la nación. El periodista Luis Bilbao opina que EE.UU. está mintiendo de manera descarada y tergiversando la realidad.

entrevista con noticias 24

Luis Bilbao: “Estados Unidos necesita generar una agresión de prensa contra Venezuela”

(Caracas, 5 de junio. Noticias24) – El director de la revista América XXI, Luis Bilbao, en exclusiva con Noticias24, destacó que su ponencia dentro del Foro Internacional Conjura de los Medios Contra Venezuela, iba dirigida a explicar las “Las causas por las cuales Estados Unidos necesita esta espantosa agresión de prensa contra el país”.

Desde las instalaciones del Complejo Cultural Teatro Teresa Carreño, Bilbao explicó que “en los últimos nueve meses el mundo ha estado en tres oportunidades al borde de la guerra mundial, la gran prensa no lo ha dicho de esta manera (…) Estados Unidos estuvo a punto de atacar Siria y eso hubiera desatado una guerra regional con grandes potencias”.

Por otra parte, el director de la revista América XXI, hizo referencia a los hechos ocurridos en los últimos días con respecto al presidente de los Estados Unidos: “Hace 48 horas el presidente Obama está en la Unión Europea y está recorriendo lugares con un discurso de un belicismo tan grosero que no se podía esperar de quien iba a ser el más demócrata de los demócratas estadounidenses, y sin embargo está anunciando que va a desplegar más fuerzas y más tropas en toda Europa y particularmente en el este, apuntando directamente contra Rusia”.

Además Bilbao destacó que actualmente la pluripolaridad es una realidad, “se ha hablado durante mucho tiempo de la perspectiva de un mundo pluripolar, ya eso no es una perspectiva es una realidad. Hay un mundo pluripolar, significa que hay muchos polos, y si no hay uno solo es que Estados Unidos, que era ese polo, ha dejado de serlo”.

Para Bilbao, en Venezuela la prensa lo que necesita es cantidad, ya que “la calidad está establecida”, lo necesario es hacerla crecer y los periodistas deben asumirse como figuras muy importantes en el aspecto político, para lograr entender todos los acontecimientos.

Zozobras de un mundo pluripolar

 

 

Un celebrado poeta inglés proponía buscar “el orden superior de una vasta convulsión”. No es ése el horizonte visible a partir del fin de la hegemonía estadounidense: abundan signos de reconfiguración de un mapa geopolítico pluripolar, pero el realineamiento de fuerzas mundiales no muestra nada parecido a un sistema de equilibrio internacional; sólo exhibe los estremecimientos del cambio.
Una de esas señales es el acuerdo entre los presidentes de China y Rusia anunciado el pasado 21 de mayo: más que trato comercial implica un enorme desplazamiento de fuerzas.
Washington estaba alerta. Entre otros movimientos en diferentes puntos del globo, desde el Congreso estadounidense trascendía la intención de aplicar sanciones a Venezuela, mientras Evo Morales denunciaba en Argel el propósito de la Casa Blanca de provocar conflicto interno para luego intervenir con fuerzas internacionales: tras 100 días de ofensiva guerrerista, continúa sin pausa la escalada contra la Revolución Bolivariana.
El fenómeno de pluripolaridad se comporta como si se tratase de la teoría sobre la formación de los planetas: el gas se condensa y forma partículas de polvo; luego éstas se reúnen y dan lugar a cuerpos de dimensiones mayores. Hasta conformar un nuevo astro. Todo a elevadísimas temperaturas.
En la gaseosa realidad política mundial, hoy cada polo, constituido o en gestación, se ve compelido a acumular masa y ganar poder de gravitación; o debilitarse al riesgo de desaparecer como tal. Ésa es la clave de lectura de los movimientos que convulsionan el escenario visible –aunque no necesariamente comprensible– al leer las noticias de cada día.
Vladimir Putin y Xi Jinping firmaron en Shanghai un contrato a 30 años y por el equivalente a 400 mil millones de dólares, por el cual desde inicios de 2018 Rusia proveerá a China 38 mil millones de metros cúbicos de gas, a un precio no especificado. Para el intercambio se construirá un gasoducto desde Siberia. Cada país lo hará en su territorio. Rusia invertirá el equivalente a 55 mil millones de dólares. La compañía china Cnpc pagará por anticipado importaciones por un valor de 25 mil millones. Ambos presidentes se reunieron en siete oportunidades desde que Jinping asumió su cargo, en marzo del año pasado. Esta última cita podría entenderse como salto cualitativo en la acumulación de partículas.
Más hechos avalan esa presunción: en simultáneo con el encuentro entre ambos jefes de Estado tuvo lugar una Conferencia Asiática de Naciones, donde Jinping propuso una nueva estructura de cooperación y seguridad, que incluya a Rusia e Irán. Además, también entre el 21 y el 26 de mayo buques de guerra de la flota rusa del Pacífico arribaron a China y participaron en ejercicios navales conjuntos denominados “Cooperación Marítima 2014”, maniobras militares sin precedentes entre las dos mayores potencias de Asia.
Poco antes se anunció el proyecto chino de construir un tren bala para unir Beijing y Washington en poco más de dos días, pasando por Rusia y Canadá, a través de un túnel bajo el estrecho de Bering. La traza de este proyectado ferrocarril equivale a un tratado de política contemporánea: China, Rusia, continente americano: basta repasar la nota de tapa de esta edición para entrever el significado de semejante obra.
Apenas horas después desde Moscú se hizo un anuncio igualmente revelador: Rusia promueve una moneda común para su área de influencia en Europa oriental, al tiempo que se desprende de bonos del Tesoro estadounidense: entre octubre de 2013 y marzo de 2014 pasó de 149.900 millones de dólares a 100.400 millones. La divisa estadounidense sigue siendo, por ahora, unidad de cuenta; pero deja aceleradamente de ser recurso de atesoramiento y medio de cambio.

 

Polo latinoamericano
Si con el golpe de marzo en Ucrania Estados Unidos buscó –sin éxito– el doble efecto de impedir la consolidación del polo oriental en el centro Este de Europa y, a la vez, fortalecer el suyo propio en torno a la Otan, con la sostenida ofensiva contra la Revolución Bolivariana el Departamento de Estado apunta a un nudo potencialmente más difícil de desatar: la conformación de otro centro de poder subregional, pero en este caso determinado por una fuerte impronta anticapitalista. Venezuela es desde hace una década el centro de esa dinámica.
Gravitante polo potencial de poder mundial y reservorio de materias primas, América Latina puede ser medida, acaso en primer lugar, como fuente de apropiación de plusvalía para un capital ávido en su declinación, es decir, en medio de la caída de la tasa de ganancia. Tradicionalmente la pugna por esa riqueza se dio entre los capitales imperialistas de Estados Unidos y Europa por un lado, y las burguesías
locales por otro. Precisamente el ahogo de la crisis agudizó esa pugna y, con la audaz intervención estratégica de Hugo Chávez, dio lugar a un vertiginoso reordenamiento que en pocos años vería el nacimiento de Unasur y Celac (Unión de Naciones Suramericanas; Comunidad de Estados Latinoamericano-Caribeños), mientras se extinguían instancias tales como la Cumbre de las Américas y la Cumbre Iberoamericana, caía el Alca y se esfumaba la OEA.
Ese torbellino podía muy bien encuadrar en la pugna interburguesa. Pero la proclamación del propósito socialista de la Revolución Bolivariana y el posterior fortalecimiento del Alba cambiaron el contenido del conflicto, que a su vez alcanzó un nuevo carácter con los efectos del colapso detonado en 2007/2008, a duras penas contenido desde entonces, mas no resuelto. Aquel quiebre de la economía mundial acentuó la necesidad de nuevos polos económicos en condiciones de salir de la tormenta cósmica del dólar. Rusia, China, Irán y un conjunto de otros países de diferente envergadura comprendieron el papel de una América Latina desprendida de Estados Unidos en la configuración de un nuevo mapa, con ellos como centros de poder. Y también, claro, vislumbraron esa masa de plusvalía en disputa.
Como sea, la consolidación de un polo latinoamericano-caribeño, en sintonía con China, Rusia y otros países orientales, era y continúa siendo una amenaza mayor para el ya desplazado poder imperialista estadounidense.
Era igualmente esperable un movimiento de aproximación de las economías latinoamericanas más involucradas en el proceso de convergencia regional con aquel polo en proceso de condensación. Otra vez, la vanguardia la tomó Venezuela. Luego, de manera errática, Brasil ensayó pasos en esa dirección. Tarde y con menos nitidez, Argentina hizo lo propio.
Acaso fue subestimada la capacidad de reacción de la Casa Blanca, que tras el fracaso del Alca lanzó una contraofensiva en toda la línea. Una de las palancas parecía trivial: un plan de producción de granos a gran escala para destinarlo a biocombustibles. Cambiar alimentos por gasolina pareció el epítome de la demencia capitalista. Y no pocos lo denunciaron de esa manera. Pero el veneno ya estaba instilado en las venas esclerosadas de la burguesía regional. Era sólo cuestión de tiempo que llegara al corazón: felices por las migajas, partidos y gobiernos procapitalistas acabaron embarcándose en una pugna por el reparto de la renta con los intereses imperiales.
El colapso financiero de 2008 ofreció otra herramienta: el capital subordinado sufrió un ataque de pánico. Estados Unidos reestructuró el G-20 y lo puso al servicio del salvataje del sistema. México, Brasil y Argentina optaron por ese camino.
Aunque la poderosa inercia daría todavía como resultado la creación de la Celac, la cuña ya estaba puesta. Ésta tomaría luego la forma de Alianza del Pacífico: Estados Unidos logró sustraer a un bloque significativo de la potencial condensación en un polo regional al Sur del Río Bravo, eventualmente decisivo para el equilibrio planetario. Con todo, los frutos obtenidos son insuficientes para el apetito de Washington, que además asume la volatilidad de la situación y teme el riesgo de un nuevo giro en las relaciones de fuerzas.

 

Clave socialista
En el centro de este delicado equilibrio de fuerzas están la Revolución Bolivariana y el Alba. Para consumar la re-balcanización de América Latina Washington necesita vencer esa fuerza. Sólo a condición de anular ese factor podría aspirar a neutralizar la doble encrucijada estratégica implícita en el desarrollo y consolidación del Alba: replanteo de la unión regional en un plano superior al recorrido durante los últimos años y… afirmación de una respuesta socialista a la debacle capitalista en curso.
Al margen la propaganda burda de columnistas sin rigor o sin principios, los centros de la economía mundial continúan en crisis: no hay recuperación real en Estados Unidos, mucho menos en la Unión Europea, que avanza hacia el abismo de la deflación. En un cuadro por completo diferente, aunque no por ello menos significativo, también Rusia y China resienten y resentirán aún más los efectos de la crisis capitalista en las metrópolis. Ni qué decir de los efectos sobre las economías subdesarrolladas y dependientes.
Sin centro hegemónico efectivo, corroído por la crisis estructural, el capital en cualquiera de sus formas avanza inexorablemente por el camino de la competencia día a día más brutal. A término, no habrá consolidación de un mundo pluripolar equilibrado y pacífico, sino desagregación creciente al compás del debilitamiento estadounidense. Y no porque faltaren altas temperaturas: las luchas sociales que afloran en los cuatro puntos cardinales las garantizan. Pero no plasmarán centros de estabilidad mundial sin una condición previa: el capital no puede sanearse sino con destrucción masiva y excluye la posibilidad de dar respuesta a las necesidades de miles de millones de seres humanos; un nuevo mundo sólo puede partir de la superación del capitalismo. Sólo una estrategia socialista puede evitar las múltiples confrontaciones latentes en el mundo de hoy.
En la medida en que Nicolás Maduro y la Dirección Político-Militar de la Revolución Bolivariana reafirman el rumbo anticapitalista y aplican –en circunstancias extremadamente críticas– las políticas necesarias para la transición, a cada instante crecen como enemigos irreductibles de la sobrevivencia imperialista. He allí la clave de la beligerancia estadounidense y de la coyuntura histórica en el hemisferio. Más aún: sólo la concepción y la práctica internacional anticapitalista pueden evitar que la pugna entre los grandes centros se circunscriba a la autodefensa de la renta propia y la posibilidad de absorber una porción de plusvalía en otras regiones, lo cual equivaldría al fracaso inexorable en la consolidación de nuevos polos de poder efectivo frente a Estados Unidos y sus aliados.
El paso gigantesco dado por Putin y Jinping demanda ahora una praxis que asuma sin rodeos la magnitud de la crisis global y el papel estratégico que le cabe al Alba y la Revolución Bolivariana de Venezuela.

 

1° de mayo: amenaza de guerra y esperanza socialista

PorLBenAXXI

 

“Que esta revolución siga siendo pacífica, ya no depende de nosotros”. El mundo debería tomar nota de esta advertencia de Nicolás Maduro en su discurso del 1º de mayo.

Delante del orador había un pueblo de pie. La clase obrera fue el nervio vital de esta inabarcable movilización que desbordó Caracas y replicó en todas las capitales del país. El Partido Socialista Unido de Venezuela actuó como motor y articulador, sumando a todas las organizaciones del Gran Polo Patriótico. Éste es en los hechos un frente antimperialista que completa la unificación del conjunto social tras el proyecto de transición personificado en Maduro. A su vez el presidente obrero expresa la ya probada unidad de la Dirección Político-Militar, que en el último año dio continuidad al proyecto revolucionario de Hugo Chávez y volvió a vencer, en todos los terrenos, los denodados intentos golpistas de la burguesía y el imperialismo.

En suma: el 1º de mayo millones de trabajadores, jóvenes, fuerza armada y pueblo en general, manifestaron su decidido apoyo al gobierno revolucionario y a su presidente, que también dijo en la tribuna: “Hoy es día de lucha contra el capitalismo. Es día de lucha por el socialismo”. Y completó su advertencia inicial: “(si hubiese un golpe) el pueblo decretaría una huelga general y se iría a la insurrección”.

¡Cuánta falta hace un lenguaje claro y resuelto como éste en más de un país latinoamericano! No obstante, tal vez sea necesario traducirlo, puesto que en franjas de la derecha hemisférica, pero también de ciertas izquierdas, no parece ser interpretado: la Revolución Bolivariana ha sido y seguirá siendo democrática, subrayó Maduro. También ha sido hasta ahora una revolución pacífica. Pero que siga siendo pacífica ya no depende de la Dirección Político-Militar, sino del imperialismo y la burguesía. De la venezolana, por cierto, pero también las de América Latina, que hoy acompañan el diálogo de paz desde Unasur: la soberana decisión de construir el socialismo no está en cuestión. Quien quiera torcer la voluntad mayoritaria por fuera de las reglas de la Constitución de 1999 deberá asumir que desata la violencia en Venezuela y da inicio a una conflagración regional.

Una guerra civil como en Siria, como antes en Afganistán, Irak y Libia y ahora en Ucrania: ésa es la meta trazada por el imperio y sus socios. Sólo que en Venezuela y Ucrania, aunque por vías diferentes, han encontrado su límite.
Creyeron ese objetivo al alcance de la mano tras la muerte de Hugo Chávez. A partir del 12 de febrero último, oscuros estrategas del Norte jugaron sus piezas claves en Venezuela, Colombia y Panamá, para poner al gobierno de Maduro ante la opción de renunciar o lanzar a la Fuerza Armada contra un movimiento presentado al mundo como rebelión popular encabezada por estudiantes.

La opción pareció inexorable en Mérida, con zonas “liberadas” por grupos paramilitares, pero también por momentos
en Caracas, donde grupos altamente entrenados, encabezados por mercenarios extranjeros, con tácticas aceitadas de enfrentamiento extremo bajo la forma de guerrilla urbana y con armamento especial, intentaron pasar de las guarimbas con relativa participación civil al terrorismo avalado siquiera pasivamente por un sector de la sociedad. Los hechos, mostrados paso a paso en el informe especial de esta edición, muestran el fracaso de esa escalada.
Quien esto escribe se siente obligado a explicar que él mismo supuso que el choque frontal era impostergable. En esa presunción hubo una evaluación parcialmente errónea de dos componentes: el descontento social provocado por los efectos de la guerra económica y el grado de cohesión y afianzamiento en la Dirección Político-Militar de la Revolución Bolivariana.

Pese a la peligrosa magnitud del primero, la adhesión revolucionaria de las masas no retrocedió más allá del punto crítico: la conciencia pudo más que el cruel látigo de la carestía, el desabastecimiento y la suma de impericia y corrupción en bolsones del aparato del Estado. El segundo no estaba probado antes y ahora pasa a ser factor principal: la destreza táctica de una firme estrategia transicional y la capacidad política para implementarla.
Como sea, el hecho es que la contrarrevolución falló una vez más. Como en abril de 2002, pero en un plano cualitativamente mayor, abril 2014 plasmó una nueva victoria para la Revolución y la consecuente, costosísima, derrota para el imperialismo y sus agentes locales. En el volátil damero del cuadro político regional, este saldo puede computarse como un laurel para América Latina y un sensible desplazamiento de las relaciones de fuerzas a favor de los países del Alba. Aunque la tensión continuará y se agravará sin pausa, planteando desafíos cada vez más elevados, esto se traduce ya en la política regional.

 
Provocación mayor

Clave en este desenlace fue la mesa de diálogo con la oposición. En consecuencia, contra ésta apuntó el núcleo resuelto a llevar a Venezuela a la guerra.

En la noche del 26 de abril un grupo comando, encabezado por un ex jefe de la Policía Metropolitana, emboscó, baleó primero, torturó luego y finalmente completó el crimen con otros tres disparos a Eliécer Otaiza, símbolo del militar comprometido con la Revolución, con la lucha contra la burguesía, el imperialismo y, particularmente, contra la corrupta cohorte de infiltrados en el aparato del Estado. El asesinato de este hombre querido y respetado por los revolucionarios pudo hacer explotar el diálogo de paz. Más aún: conocido el hecho poco antes de la movilización del 1º de mayo, pudo haber transformado la imponente movilización ya en curso en una descontrolada reacción punitiva contra figuras de la burguesía.

También allí fallaron los cálculos contrarrevolucionarios. La disciplinada combatividad radical mostrada por millones el 1º de mayo se combinó con la veloz y eficiente respuesta del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin): al 2 de mayo ya estaba detenido uno de los asesinos (Gregory Javier Torres Castillo, de 20 años), pero el ministro de Interior Miguel Rodríguez Torres y el propio Presidente aclararon que estaban identificados todos los participantes. En un momento particularmente duro de su discurso, Maduro explicó que no callaría la verdad respecto del asesinato de Otaiza. Y subrayó que si fuera Diputado y supiera lo que sabe como Presidente, revelaría mucho más en ese momento. Se limitó a señalar que el atentado había sido programado en Miami y que notorios periodistas locales avalaban la continuidad del crimen con una operación de desinformación y calumnia. Todos comprendieron. Los nombres omitidos sonaron en la conciencia de los manifestantes. Al día siguiente Rodríguez Torres informó en rueda de prensa que en el financiamiento y conducción política de las guarimbas estaban probadamente involucrados el titular de la alcaldía mayor de Caracas, Antonio Ledezma y el ex candidato presidencial y ex gobernador del Estado Carabobo Henrique Salas Römer. Viene allí un choque político de proporciones. También informó de la detención durante este período de 58 mercenarios extranjeros, varios de ellos colombianos, por lo menos uno estadounidense y expuso fotos de algunos de ellos con el ex presidente colombiano Álvaro Uribe.

También informó la detención de Rodolfo Pedro González Martínez, alias el “Aviador”, a quien sindicó como principal articulador de las guarimbas en la Gran Caracas. Y explicó que “el Sebin le incautó gran cantidad de armamento y una computadora portátil de la cual se extrajo información de gran interés para la investigación”. Más choques políticos en perspectiva.

En línea con lo ya adelantado por Maduro el día anterior, Rodríguez Torres acusó a Washington por desarrollar un “plan de conspiración e insurrección” y señaló los dos objetivos de Estados Unidos: “impedir la propagación continental del ideal bolivariano y apropiarse y controlar las reservas petrolíferas más grandes del planeta”.

No es lo que se lee en la prensa mundial. Por eso cabe responder con energía a una demanda de Maduro, quien en su discurso explicó el significado político de la campaña internacional de calumnias y pidió a los trabajadores contrarrestar en su labor diaria esa campaña fronteras adentro. La Revolución Bolivariana, dijo, necesita “que la defendamos ante la mentira”. Lucha ideológica y política asumida por las masas en el día a día.

Después de la portentosa movilización del día del trabajador, el discurso de Maduro y las denuncias con pruebas irrebatibles del ministro de Interior, quienes interpretaron la mesa de diálogo como rendición vergonzante y sometimiento al plan contrarrevolucionario, tal vez cambien de opinión.

 
Ofensiva contra la guerra económica

Desconocer el vigor consciente de las masas y la voluntad transformadora del Gobierno, sería tan pueril como minimizar los efectos a mediano y largo plazos de los problemas económicos que acosan a la Revolución y la ponen en peligro.
Ha tocado a un Presidente obrero afrontar el punto crítico de la transición, en medio de la tempestad económica mundial. La noticia es que lo está haciendo bien. Nicolás Maduro, autobusero, militante socialista desde los años jóvenes, luego parlamentario y más tarde canciller de Hugo Chávez, pasa la prueba allí donde fallan tantos diplomados en universidades de renombre. No es que el estudio sistemático, el saber acumulado por siglos, pueda ser reemplazado por simple voluntad o una inteligencia especial. Es que la teoría social contemporánea, particularmente la Economía Política (reducida a llana Economía), se ha convertido en apología ciega de un sistema condenado. Aquellos templos del saber forman meros engranajes destinados a sostener, emparchar y rectificar un sistema al que no se estudia científicamente y, por lo mismo, no se conoce y mucho menos se cuestiona. He allí la razón por la cual incluso el empirismo revolucionario, sobre todo si tiene base en la clase obrera, supera largamente a la pseudoteoría burguesa.

Rafael Ramírez, ministro de Energía y Petróleo y titular de Pdvsa, desde su responsabilidad como vicepresidente para la Economía ha llevado a cabo los planes táctico-estratégicos que coronan una labor largamente desarrollada por Chávez. Éstos afrontan las deformaciones resultantes de errores y desviaciones, sobre una base de enorme distorsión macroeconómica, típica de un sistema capitalista subdesarrollado, todo potenciado por la renta petrolera. La “ofensiva contra la guerra económica” encara los problemas más graves, amplificados y manipulados por la oposición: ineficiencia, improductividad, corrupción, escasez, desabastecimiento y carestía. Maduro llamó insistentemente el 1º de mayo “a los sindicatos, federaciones, centrales, consejos obreros, a sumarse a la ofensiva contra la guerra económica”. No cabe duda de que tendrá respuesta y ésta contribuirá a la participación y mayor concientización de la clase obrera. Así se acerará la voluntad de lucha de millones. Y se angostará hasta casi hacerlo desaparecer el margen social de maniobra para la burguesía.

No obstante, a término la lógica del sistema se impone. La ley del valor corroe y acaba por derrumbar las mejores intenciones y los mayores esfuerzos revolucionarios si cuenta con el espacio de gravitación que le da la propiedad privada de medios de producción fundamentales, de la banca y los aparatos de distribución comercial. No hay coincidencia en el pensamiento revolucionario mundial sobre este punto. Pese a que Rusia ha cambiado ya el curso estratégico seguido desde la caída de la Unión Soviética, la rémora teórica permanece e incluso se expande. La idea de que se puede combinar el socialismo con las leyes del mercado ha hecho carne en cuadros de toda condición. Por eso es más que bienvenida la punzante frase lanzada por Maduro en su discurso: “Hace falta más beligerancia en la lucha de ideas”, dijo. Y es verdad. Así como la Dirección Político-Militar de la Revolución Bolivariana debe afrontar los inéditos desafíos de una transición sin previa derrota militar de la burguesía, tiene un reto mayor en la tarea de recomposición teórica de las fuerzas revolucionarias en todo el mundo.

 
Transición y crisis global

En el día internacional de los trabajadores quedó explícita la gravedad del cuadro para la burguesía mundial. Si en Francia el gobierno socialdemócrata afrontó el rechazo masivo al anunciado recorte por 50 mil millones de euros y en España las manifestaciones denunciaron la catástrofe social de seis millones de desocupados, en Ucrania el ensueño de los acuerdos firmados horas antes por Estados Unidos, la Unión Europea y Rusia en Ginebra, se transformaba en pesadilla con el ataque militar aéreo de Kiev contra objetivos civiles en Slaviansk. Este crimen de factura nazi siguió a la proclamación de independencia y formación de repúblicas populares en Jarkov, Lugansk y Donetsk, prólogo de un fenómeno de múltiples facetas: dinámica de desmembramiento de Ucrania, extensión a todo el país de la radicalización a izquierda de esta región sureste y cambio del papel de Rusia en este país y en buena parte –los meses próximos dirán cuál y cuánto– del área antes congregada en la Unión Soviética. La envilecida prensa comercial calla la naturaleza y la conducta fascista del gobierno ucraniano de facto, carga las tintas sobre una supuesta intención imperialista de Rusia y oculta por completo el plan de operaciones militares estadounidense, bautizado Tormenta de Primavera: un despliegue de tropas de la Otan en los países bálticos, Polonia y Ucrania, capaz de detonar un conflicto de magnitudes incontrolables.

Como causa última de ese guerrerismo imperial el 1º de mayo también fue signado por un anuncio de resonancia histórica: China sobrepasará este mismo año a Estados Unidos en capacidad económica. Washington pierde su primacía mundial en ese terreno luego de un siglo y medio de hegemonía indisputable.

Pero en medio de este terremoto del sistema capitalista y la reconfiguración en curso de la geopolítica mundial, resalta no sólo la nueva victoria de la Revolución Bolivariana, sino el vigor de la clase trabajadora y las juventudes en los países del Alba y, subrayadamente, en Venezuela, Cuba y Bolivia, donde las masas salieron a la calle enarbolando un programa de acción antimperialista y una estrategia socialista.

Esta columna ha reiterado la idea de que, en medio de la crisis ideológica, política, teórica y organizativa del movimiento obrero internacional, los procesos políticos en aquellos tres países plasmaron en la última década una forma nueva de vanguardia, en cuyo conjunto preponderó Bolivia como avanzada social, Venezuela llevó al frente la bandera política y Cuba mantuvo la primacía ideológica.

No se trata de una división metafísica, desde luego. Y en el último período esos rasgos han cambiado en varios sentidos. Se trata de asumir la desigualdad, la fortaleza y las debilidades de cada proceso; la necesidad imperiosa de hacer consciente y organizada la combinación de esas desigualdades, ya no sólo para estos países, sino para todos los trabajadores y pueblos del mundo que afrontan sin estrategia la crisis del sistema capitalista y la dinámica de guerra que impone su agonía.

“Este es el siglo de la esperanza socialista” dijo Maduro en otra inspirada frase del discurso en el día mundial de los trabajadores. Bajo fuego, la Revolución Bolivariana continúa encarnando esa esperanza.

 

2 de mayo de 2014

 

XII° aniversario del primer golpe fallido en Venezuela

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En momentos en que se reitera la intentona golpista, aunque ahora con otros actores y otras formas, porque hay una nueva Venezuela, es apropiado reproducir el posicionamiento del autor frente al golpe de estado del 11 de abril de 2002. El acto en el que hizo esta exposición fue boicoteado por el embajador venezolano de entonces, promotor apenas encubierto del naciente partido Primero Justicia. 12 años más tarde, ya sin la presencia física del comandante Hugo Chávez, las certezas expuestas en aquella oportunidad, continúan incólumes.

 

 

Acto de solidaridad al día siguiente del golpe de Estado

  12/04/2002

 

Exposición del autor en el Aula Magna de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, al día siguiente del golpe de Estado, el 12 de abril de 2002. La conferencia había sido programada por la revista Crítica de Nuestro Tiempo, con la presencia de altos representantes del gobierno venezolano: el profesor Adán Chávez, el gobernador de Méridas Florencio Porras, los diputados Tarek William Saab, la diputada Milagros Santamaría y el por entonces titular del Comando Político de la Revolución, Guillermo García Ponce. La conferencia fue transformada en acto de solidaridad.

 
Buenas noches. Ante todo quisiera preguntar –porque hay tanta gente que no puedo ver a todos– si hay representantes de partidos políticos, sindicatos, asambleas e instituciones de cualquier tipo que quieran adherirse a esta manifestación de repudio al golpe de Estado en Venezuela. Todos tienen un lugar en la mesa. No es el acto de la revista Crítica que habíamos preparado. Es una circunstancia especial y especial tiene que ser la respuesta. De manera que si hay alguien y quiere pasar, pues con mucho gusto está invitado a sumarse a esta mesa.
Como ustedes saben el objetivo previsto de este acto era hacer una exposición por parte de varios altos dirigentes del Partido y del Gobierno. Varios altos dirigentes del Partido y del Gobierno debían estar sentados conmigo esta noche aquí. Ustedes saben por qué no ha sido posible. Uno de ellos, el diputado Tarek Saab, está preso. Los demás, decidieron a última hora cancelar su viaje.
No hay que decir que compartimos su decisión: ¡debían permanecer allá!
Yo no quisiera dramatizar sobre lo que pasa. Es dramático un golpe de Estado, la persecución, los muertos de ayer; pero me parece que tenemos que hacer un gran esfuerzo por mirar esto en todo su dramatismo pero con objetividad y con valentía. Porque no es un rayo en cielo sereno; no es una circunstancia que no pudiera haber sido prevista. Aunque de esta manera, como ocurrió, admito que yo jamás lo pensé.
Y debo comenzar por ese punto. Porque he escrito y he hablado mucho sobre Venezuela. Y he dicho, en muchas oportunidades, que un golpe de Estado estaba excluido. Y soy de los que creen que cuando alguien dice algo se tiene que hacer cargo de lo que dice. Yo no admito dirigentes políticos, ni dirigentes de ningún género, que hoy dicen una cosa y mañana dicen otra. Yo he dicho y he repetido que un golpe de Estado estaba excluido, y después voy a explicar por qué lo dije y cuál es la significación de eso hoy día.
Pero lo primero es que al analizar esta situación tenemos que entender que recién esta tarde se ha comenzado a hablar de golpe de Estado. Hasta ayer era “la renuncia de Chávez”. Hoy todavía en la mayoría de los medios de comunicación fue “la renuncia de Chávez”. Tuvimos que aparecer en cantidades de medios un grupo de personas haciendo hincapié en el hecho harto evidente –pero sin embargo ocultado– de que se trataba de un golpe de Estado contra un gobierno constitucional democráticamente elegido. Esto tiene una significación muy profunda.
Todos ustedes saben que había dos causas fundamentales que ponían a Estados Unidos contra el gobierno de Chávez de manera absolutamente inexorable.
Una de ellas era la más obvia, la que se ve todos los días: el precio del petróleo. Ya es suficiente para derrocar uno y cien gobiernos; para provocar una y cien guerras. Pero déjenme decirles que no era la causa más importante. El punto fundamental en mi opinión es que Estados Unidos después de 10 años de primacía en el mundo, ha perdido la iniciativa política en varias regiones del planeta. Y muy específicamente en América Latina. Perder la iniciativa política significa ni más ni menos que aquellas banderas con las que recuperó el lugar que había perdido en los años 1970 con la guerra de Vietnam; aquellas banderas con las que en última instancia enfrentó a la Unión Soviética y políticamente la venció, no las tiene más.
Esas banderas son: democracia y derechos humanos.
Como muchas corrientes de izquierda revolucionaria no habían asimilado en toda su profundidad el valor histórico de la consigna democracia, Estados Unidos tuvo la posibilidad en los 1980 de levantar una bandera –que no le pertenece, que ha mancillado permanentemente– y sin embargo mostrarse como representante ante el mundo de los derechos humanos y la democracia.
El absurdo más inconcebible: Estados Unidos acababa de devastar Vietnam, Laos y Camboya; y se presenta ante el mundo como el defensor de los derechos humanos. Había hecho golpes de Estado aquí y allá en todo el planeta, y aparecía como el representante de la democracia.
Y el mundo lo creyó; los académicos lo creyeron; los periodistas lo creyeron; los políticos, incluso muchos de izquierda que se dieron vuelta en el camino, si no lo creyeron dijeron haberlo creído. Y estafaron a quienes son mayoría esta noche aquí: ustedes, los jóvenes.
Los estafaron con la promesa de que el mundo iba a vivir en democracia, que el desarrollo y la garantía de los derechos humanos se conseguirían sobre la base de este sistema; que había que corregir, reformar, pero que era el único posible. Los estafaron. Y no podíamos, ante la opinión dominante en el mundo, hacernos oír por las masas y explicar que estaban siendo estafados. Hoy quien quiera verlo lo ve, sin ayuda. Y esto es lo importante en este golpe de Estado que no es el primero y no va a ser el último.
Estados Unidos no fue ni puede ser jamás –mientras sea capitalista, potencia imperialista, claro, porque también le va a llegar su hora– no puede ser el abanderado de los derechos democráticos, de las garantías constitucionales, de los elementales derechos de la humanidad. A todos los viola aunque hace con algunos una muestra, una exhibición pública, pero en determinados lugares y en determinados momentos.
La gravedad y la imposible solución de la crisis del capitalismo hace que el sistema y sus gobernantes no puedan garantizar ningún derecho humano. En primer lugar el más elemental: que todas las personas coman todos los días. Pero con el curso de los acontecimientos no pueden garantizar la Constitución, las leyes, no pueden garantizar la verdad. Hace 10 días o un mes hemos sabido –no se puede creer pero hay que creerlo, porque se publicó en todos los diarios, salió en la tapa del New York Times– que el gobierno de Estados Unidos había creado formalmente una comisión para mentir a la prensa del mundo. Lo nuevo era, desde luego, que formaban la comisión públicamente, pero fíjense hasta dónde se llega. Ahora dicen que la disolvieron; y todos decimos: ésa fue la primera tarea de la comisión (risas). Este es el significado de lo que está pasando. Para sobrevivir, el capitalismo, el imperialismo, con Estados Unidos a la cabeza, debe violar la democracia.

 

No hay en todo el planeta ningún gobierno que haya hecho en dos años y medio seis elecciones consecutivas; las haya ganado a todas, las haya ganado a todas con cada vez mayor cantidad de votantes y con mayor porcentaje frente a sus adversarios. Eso es el gobierno del presidente Chávez; eso es.
Y sin embargo, durante meses, meses y meses hemos asistido a una campaña sistemática de esos órganos de la mentira y de la antidemocracia que son los medios de incomunicación de masas, diciéndonos que había una dictadura en Venezuela. Contra toda lógica, contra toda evidencia.
Pérez Esquivel, que acaba de mandar la adhesión a este acto, ha dicho algo que yo comparto absolutamente. No he visto jamás, dijo Pérez Esquivel, jamás, una prensa nacional que atacara a las autoridades con la libertad y la brutalidad con que se lo hace en Venezuela.
Yo confirmo que esto era así, y hace mucho que es así. Desde que Chávez asumió no hubo un solo periodista preso, no hubo una sola radio cerrada, no hubo un solo canal intervenido. Y habrá que preguntarse si son aciertos o son errores políticos de Chávez. Pero lo que no se puede preguntar es si esto es democrático o no democrático.
Entonces éste es el primer gran factor que debemos despejar en la significación trascendental de este golpe: Estados Unidos vuelve a las únicas armas que tiene, la mentira, la violencia. Y no solamente para Venezuela. Pero hubo otro aspecto.
Cuando se trabaja con seriedad sobre los hechos hay que tener cuidado con los errores, porque en los errores hay una parte de verdad que puede ser muy importante. Puede sonar absurdo lo que yo les diré ahora, pero lo voy a decir porque es la base para comprender no sólo lo que pasó, ni tanto lo que pasó, sino lo que va a pasar en Venezuela de ahora en más.
La oposición política perdió todas las batallas en Venezuela, y antes de ayer y ayer mostró absolutamente su debilidad extrema. Lo estoy diciendo en el mismo momento en que tengo que admitir que hubo un golpe de Estado.
Miren, la secuencia es la siguiente. El 10 de diciembre… vamos a empezar un poquito más atrás. Me lo contó el propio protagonista de lo que les voy a explicar, el principal cerebro de la oposición, Allan Brewer, hace veinte días en Caracas.
El 5 de noviembre Brewer reunió a todos los sectores de la oposición, partidos, sindicatos y organizaciones de cualquier tipo en su casa, en su biblioteca. El es un hombre de la rancia oligarquía venezolana; ex ministro, ex senador, tiene el estudio jurídico más importante de Venezuela. No por acaso, fíjense, era el abogado de Enron en Caracas. Bueno, este señor, me dijo que reunió –o sea que tenía lugar en su casa, muy chica no debe ser– en su escritorio a toda la oposición, y descubrió que era la primera vez que se reunían en dos años. Entonces allí él presentó un programa de acción. Y se pusieron de acuerdo; se recompuso la oposición y plantearon un paro para el día 10 de diciembre.
Sobre la base de la CTV (Central de Trabajadores Venezolanos, asociada a la Socialdemocracia Internacional, a la Ciosl; brazo sindical de Acción Democrática que es el partido Socialdemócrata de Venezuela), y de Fedecámaras, que es una entidad empresarial que vendría a ser una instancia que agrupa a la vez lo que aquí en Argentina es el Consejo Empresario, la UIA, la Sociedad Rural y las entidades de banqueros.
Sobre la base de estas dos organizaciones se hizo un paro en el cual los patrones garantizaban a los trabajadores que les pagarían el jornal, y cerraron las fábricas. Eso se llama lock out, no se llama paro, no se llama huelga. Pero como quiera que se llame, y como quiera que sea, ese paro fue exitoso, muy exitoso el 10 de diciembre.
Así lo escribí. Yo estaba allá ese día, así lo escribí inmediatamente diciendo “fue exitoso el paro”. Ese mismo día Chávez hizo cantidad de movilizaciones y manifestaciones y lanzó una contraofensiva muy poderosa.
Hacia fines del mes de diciembre, montada en la gran experiencia positiva para ellos del 10 de diciembre, esa coalición contrarrevolucionaria le puso fecha a una Huelga General de 48 horas: el 18 de marzo. Entre comienzos de enero y comienzos de marzo hubo una sucesión de acontecimientos, fechas determinadas en las cuales la oposición convocó a sus bases e hizo manifestaciones importantes. Sobre todo el 4 de febrero, que era el aniversario de la sublevación militar de 1992, encabezada por Chávez. Y el 4 de Febrero la oposición juntó a 180 mil personas en la Plaza Francia, que está en el Este de la ciudad de Caracas, el lugar elegante, el lugar de los ricos de la ciudad. En ese momento –la prensa no lo decía, mostraba que había mucha gente contra Chávez (bueno, 180 mil personas es mucha gente), pero lo que no decía la prensa es que en ese mismo momento en Miraflores, que es el Palacio de Gobierno, en el centro de la ciudad de Caracas, había cientos de miles, algunos dijeron millones de personas. ¡¡Y la prensa internacional lo ocultó!! A partir de ahí, y de otras varias pruebas de fuerza, se trabajaba para el paro del 18 de marzo. Pero los resultados no eran auspiciosos para la oposición. Porque se percibía que las bases sociales se daban vuelta frente a sus dirigentes sindicales y se replegaban en relación con ellos.
Entonces para poder promover el paro, la huelga general, lanzaron una huelga de petroleros con un argumento claro. Toda la política de Chávez iba contra la política de la conducción de Pdvsa, que es la YPF de allá, sólo que mucho más importante. Es una empresa estatal que querían privatizar. Entonces largan la huelga petrolera –nuevamente me toca a mí estar ahí– largan la huelga petrolera en la semana del 11 al 15 de marzo y la huelga petrolera fracasa completamente. Se ven obligados a levantar la fecha de la huelga general del 18 de marzo y no le ponen fecha y se fractura la CTV; se fractura la burocracia sindical. Un sector importante, mayoritario, de las direcciones sindicales rompe con el presidente de la Central de Trabajadores, que por supuesto no es central y no es de trabajadores. Y no es venezolana.
En lugar de una huelga general el 18 de marzo, largan una huelga general por tiempo indeterminado de médicos en esa misma fecha. Fracasa totalmente, como me lo adelantó la ministra de salud, María Lurdes Urbaneja. Hay pruebas, hay argumentos dichos y publicados por la propia prensa de la oposición. No se puede ocultar que la huelga médica había fracasado. Y en medio de la semana lanzan una huelga docente. El ministro de educación es un maestro, un maestro que viene de una organización revolucionaria, Aristóbulo Istúriz. El sale a la calle a explicar los motivos del paro llamado por la conducción de CTV y la huelga docente fracasa.
Todo esto está comprobado, no son palabras. Es en esta situación que este líder de la oposición llamado Allan Brewer, me dice con todas las letras: “La oposición se ha fragmentado hasta lo imposible, no se puede hacer la huelga general”. Y dice más: “con una huelga general se termina, no se empieza”. Acuerdo total, aunque sea este señor quien lo dice.
Bueno, con este cuadro de fragmentación de la cúpula opositora, fragmentación dentro de Fedecámaras y fragmentación dentro de CTV; y con un vuelco masivo de la población en contra de estas conducciones aunque esto no necesariamente signifique que todo el movimiento sindical se alineó con Chávez, se lanza la huelga general finalmente para comienzos de esta semana.
¿Y qué ocurrió? Fracasó la huelga general. Absolutamente: fracasó la huelga general. Esta vez muchos de los patrones que cerraron las fábricas –que ya no eran tantos como lo fueron el 10 de diciembre– se encontraron con que los obreros iban a la puerta de fábrica a pesar de que tenían el día garantizado, la paga, la continuidad del trabajo y el día franco. Iban a la puerta cerrada de la fábrica, y en algunos casos las abrieron.
El comercio funcionó totalmente, el transporte funcionó totalmente, Pdvsa funcionó totalmente. Y todos los empleados del Estado trabajaban. (No dejen de recordar que los empleados del Estado siguen siendo los empleados del antiguo régimen). Todos fueron a trabajar. Por la razón que sea, pero todos fueron a trabajar. El paro fracasó absolutamente. Y sobre la base de ese fracaso ostensible, absolutamente imposible de negar, se lanzó la huelga general por tiempo indeterminado. Eso fue el miércoles. El jueves al mediodía los canales de televisión, todos en manos de la oposición, excepto Venezolana de Televisión que es del Estado –pero que no controlaba por completo el gobierno– esos canales de televisión ayer al mediodía anunciaron que Chávez había renunciado y que había que ir a Miraflores, a la Casa de Gobierno, para dar el empujón final a los militares para que derrocaran al Gobierno completo. Con esta argumentación, con esta mentira, los canales de televisión convocaron –militaron cabría decir– para la marcha a Miraflores. Pero Miraflores, como en todas las movilizaciones anteriores, estaba rodeado por decenas de miles de miembros de los círculos bolivarianos revolucionarios desde un día antes de la proclama de la huelga general. Es decir que llamar a una manifestación hacia Miraflores era llamar a la confrontación, al choque frontal con los círculos bolivarianos que rodeaban la Casa de Gobierno y que defendían a Chávez. Que defendían, vamos a ser más precisos, a la Revolución Bolivariana. Y que eran decenas de millares. En acuerdo, todos los medios de incomunicación anunciaron que Chávez había renunciado. Sobre la base de una mentira en cadena, llamaron a una manifestación para provocar un choque entre dos partes de la sociedad. Un choque obviamente armado. Mientras tanto había un agente de investigación, un espía del gobierno –seguramente había más de uno– en la marcha armada de esta manera, en la manifestación de la derecha. Lo descubrieron y lo mataron. Fue la primera baja que hubo ayer. Después… los acontecimientos ustedes los conocen. En todo caso después puedo dar detalles. Pero lo que quiero subrayar es que no fue una movilización de masas y no fue la oposición política la que derrocó a Chávez. Fue otra fuerza, que no tenía y no tiene fuerza para gobernar políticamente a Venezuela.
¡¡No podrá gobernar!! Excepto sobre la base de la extrema represión, no hay la menor chance de que pueda gobernar.
La gran pregunta y que queda pendiente –yo al menos no puedo responderla hoy, pero voy a estudiar el punto sistemáticamente y apenas tenga una conclusión la transmitiré– es por qué Chávez no actuó de otra manera. Por qué a las cuatro de la mañana pueden detenerlo cuatro generales. La hipótesis más manejada es que hubo una amenaza de masacre de las personas que rodeaban Miraflores. Esto es lo que más inmediatamente está planteado como explicación.
Bueno: pero ¿por qué se llega a esa situación? Todo esto queda abierto y deberá ser respondido. Pero hay una cosa: Chávez no ha renunciado. Chávez está vivo y es un problema tremendo. Porque hay que matarlo, lo cual es un problema enorme. No les temblaría la mano, ustedes se dan cuenta, si no temieran las consecuencias inmediatas. Hay que matarlo pero no pueden. Hay que meterlo preso entonces en Venezuela. ¿Pero cómo se hace para tener preso en Venezuela, a un hombre que, no cabe la más mínima duda, tiene el apoyo de la inmensa mayoría de la población venezolana?
O hay que mandarlo al exilio. Nosotros desde esta mesa, aceptamos que venga a Argentina. Nos ponemos a trabajar con todo su equipo para organizar el Movimiento Bolivariano Revolucionario, en toda América Latina. ¡¡A ver si lo mandan a Argentina!! (aplausos)
Además de Chávez y de Diosdado Cabello, que era el Vicepresidente, hay una cantidad de gobernadores, hay la mayoría de los diputados, hay cientos de intendentes o alcaldes, como se llaman allá. ¿Los van a meter a todos presos?, ¿Los van a matar a todos? Bueno, supongamos que sí (dice alguien: “la derecha no tiene escrúpulos). No es un problema de escrúpulos, es un problema de poder. Desde luego, coincido absolutamente: no tienen escrúpulos. Pero supongamos que se hace eso. ¿Qué se hace con los millones de personas que manifestaban constantemente a favor del gobierno en toda Venezuela? ¿También se la va a masacrar? (dice alguien: Franco en España lo hizo…)
No es mi intención dialogar, porque de ese modo se pierde el hilo de lo que estoy tratando de exponer, pero quiero decir que Franco primero tuvo que ganar una guerra. Y ése es el punto al que voy: si quieren hacer esto, van a comprar lo que no pueden comprar. Es una guerra. Este era el punto al que quería llegar.
Si Chávez hizo bien o mal, si pensó o no pensó que ante la inevitabilidad de la guerra estaría más legitimado no como el presidente que asume esa situación sino como el hombre al que se le ha impuesto lo que no quería, es una de las conjeturas, de las posibilidades. Se puede discutir. Lo que no se puede discutir es que ayer quedó cabalmente probado que la oposición política, la oposición social, no tenía fuerza para ninguna otra cosa que no fuera movilizar mediante argucias, mentiras y medios masivos, a entre 50 y 80 mil personas.
Ahora vamos a ver quién gobierna con esa base social, a un país en que, déjenme decir, hay 15 mil círculos bolivarianos con un mínimo de cinco miembros cada uno y hay un número considerable de ellos –no sé cuántos pero muchos– con inequívoca determinación de asumir la lucha en todos los terrenos y, presumiblemente, con armas.
Hay un sector importantísimo de las fuerzas armadas, sobre todo de coronel para abajo, que no está de acuerdo con esto y que está con Chávez. Estamos ante la división, ya en otro terreno, que habíamos visto muy claramente marcada en la sociedad venezolana. Pero ahora tiene que gobernar un señor que ha sido puesto en nombre de la democracia por tres personas. Desconociendo al Parlamento, ¿Qué van a hacer con el Parlamento? No estamos hablando de lo que quieren hacer; estamos hablando de lo que pueden hacer y pueden hacer sin consecuencias que los arrolle inmediatamente.
Entonces, he aquí mi visión de lo que esta pasando en Venezuela. El problema más grande que se planteó en el último período de la Revolución Venezolana es que Chávez y su equipo no tenían un partido, no tenían la herramienta política para encauzar a la masa que sí tenían y tienen.
Pero fíjense que en el último período Chávez aceleró precisamente en dos direcciones claves. En dos direcciones sobre las cuales nosotros desde nuestra revista Crítica, hemos repetido que se debe trabajar; lo hemos repetido una y otra vez, no para Venezuela –porque no damos línea para Venezuela– sino para Argentina: una herramienta política de masas que congregue a la totalidad de la población explotada y oprimida, más allá de sus definiciones ideológicas y políticas; y un partido político con un claro programa de lucha revolucionaria.
Los círculos bolivarianos son esa herramienta de masas. Y con el conjunto de organizaciones que apoyaban al gobierno el 11 de enero pasado se fundó el Comando Político de la Revolución, cuyo presidente debía estar hoy en esta mesa: el compañero Guillermo García Ponce, un viejo luchador, sin Partido ahora, pero siempre hombre de Partido y hasta hace unos cuantos años, cuando rompió con el Partido Comunista. Este compañero que deberíamos estar escuchando ahora es el responsable del Comando Político Revolucionario. Iba a estar con nosotros para informar, para discutir de este tema crucial del partido y para discutir la realidad venezolana. Estaba en marcha y hay que suponer que sigue en marcha la idea de la construcción de ese Partido, pero no dieron los tiempos.
Un viejo teórico de la revolución social lo dijo hace mucho tiempo: si no se lo construye antes, en el momento de la eclosión de la crisis no se puede construir el Partido capaz de garantizar la Revolución.
Esa es la gran lección. Yo creo –y con esto les voy a dejar ya la palabra a todos ustedes– que nosotros debemos transformar esto que inicialmente era un acto de ilustración y de debate, a partir del cual nos proponíamos formar un movimiento contra la guerra (porque estábamos hablando de un movimiento contra la guerra antes de esto y sin suponer que esto iba a ocurrir; porque la guerra no tiene que ver con esto. Al revés: esto tiene que ver con la guerra. Pero nosotros ahora estamos proponiendo –y ya tenemos muchas adhesiones– conformar hoy mismo un movimiento de solidaridad con Venezuela (Aplausos).
Y proponemos encargar desde ya al compañero Pérez Esquivel una misión internacional, para garantizar la integridad del presidente Chávez y de todos los detenidos y perseguidos por los golpistas.
Proponemos a todos ustedes y a los muchos que se sumarán una misión internacional que viaje de inmediato a Caracas, encabezada por Pérez Esquivel e integrada por muchas personas, varias de las cuales están aquí presentes. Para ir a Caracas, si es posible pasado mañana, con un aviso internacional de que se está yendo, con el acompañamiento de la prensa internacional que podemos garantizar y para decir esto: si quieren asumir que son represores no hablen de la democracia, y si quieren hablar de democracia cúmplanla; ¡¡cumplan con los requisitos elementales, el primero de los cuales es la restitución de Chávez en el poder!!
Tenemos que tener el máximo de audacia y de amplitud para formar esta comisión. Tenemos diferencias políticas y diferencias ideológicas a montones y ninguno se va a olvidar de ellas y a ninguno se le debe pedir que las olvide. Tendremos que ser capaces de entender el momento que vive América Latina y el mundo.
Estados Unidos, el 11 de septiembre pasado, le declaró la guerra a seis mil millones de personas sobre el planeta. Y el 29 de enero en el discurso denominado “El estado de Unión” el presidente Bush dijo con toda claridad que iba a la guerra. A la guerra en todo el mundo, y contra todos. Y hay que reconocerle un mérito: a las palabras las acompaña con la acción.
Bueno, pues eso es lo que hay que enfrentar. Entonces, llamamos a todos, ¡a todos!, cada cual con su bandera al hombro, con su bandera en alto, pero junto a quien quiera que sea que se oponga a la guerra; que se oponga al imperialismo y que se oponga a la dictadura.
Le dejo entonces, la palabra a la asamblea, no sin antes decir que quisiera que subieran a la mesa compañeros a los que veo y si hay alguien que no veo por favor que se haga ver porque hay mucha gente. Quiero invitar al compañero Julio Louis que es representante de la Corriente de Izquierda del Frente Amplio de Uruguay, quiero invitar a un compañero, coronel retirado del ejército, Horacio Ballester (..) me disculpo porque no había visto al decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, Dr. Federico Schuster y, por favor, si estoy cometiendo una omisión ayúdenme a enmendarla rápidamente. Tiene la palabra entonces el señor decano de la Facultad (Aplausos prolongados).

Tormenta geopolítica

PorLBenAXXI

 

 

Cambios trascendentales se precipitan en el mapa político mundial. La prensa burguesa busca describirlos apelando a conceptos tales como “Tercera guerra mundial”, o “guerra fría”.

Error: no hay en el futuro cercano una tercera conflagración global. Y la noción de “guerra fría” no sirve para interpretar el retorno pleno de Rusia a la arena planetaria como contraparte de Estados Unidos.

“Nombrar es la cosa más importante del mundo” afirmó Confucio. No obstante, es atinado estudiar, reconocer, comprender y describir antes de poner nombres. Tanto más si para hacerlo no se apela a otro recurso que referir al pasado.

En estos mismos momentos está tomando forma algo en todo y por todo diferente a la situación que en 1939 detonó la II Guerra Mundial y después de los acuerdos de Yalta, en 1945, dio lugar a la Guerra Fría. Rige ya un mundo sin eje, sin parámetros fijos de ninguna especie, sin puente de comando, ni timón, ni timonel, pero con poderosa fuerza propulsora: la crisis capitalista.

Pruebas al canto: Washington quiso barrer a Bashar al Assad de Siria como hizo con Gaddafi en Libia: no pudo; quiso someter a Irán como lo hizo con Irak: no pudo; quiso derrocar a Nicolás Maduro como hizo con los presidentes de Honduras y Paraguay: no pudo; quiso arrebatar Ucrania y arrinconar definitivamente a Rusia: logró deponer al presidente Viktor Yanukovich pero catapultó la independización de Crimea, alentó ese camino para otras regiones hasta ayer centralizadas por Kiev (Donetsk, Jarkov y Odessa ya demandan referenda para ser autónomos) y dejó al resto del país bajo un régimen nazi y en una crisis insostenible para la Unión Europea; quiso apoderarse de una llave estratégica ocupando Sebastopol: no pudo.

Como símbolo de esta deriva resalta la muerte del G-8. Al cabo de un breve período de ensueño éste vuelve a denominarse G-7 (Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Italia, Canadá y Gran Bretaña), no pudo deglutir a Rusia y retrograda a un bloque fragmentado, con insalvables disputas internas y con la mayoría de sus miembros en crisis sin salida. Y sobre todo, sin jefe.

Si el derrumbe de la Unión Soviética fue un cataclismo geopolítico, ahora la desaparición de Estados Unidos como inapelable centro ordenador planetario da lugar a un fenómeno análogo, aunque presumiblemente más caótico y violento para el futuro cercano.

Terminó el fugaz período histórico en el que la volatilización de la Unión Soviética pudo interpretarse como victoria definitiva del capitalismo, inalterable hegemonía para Estados Unidos y desaparición del socialismo en el horizonte para la humanidad.

Comienza una etapa de violenta disgregación durante la cual se jugará la posibilidad de que aparezca y se imponga, o no,
una fuerza en condiciones de encauzar la crisis en sentido positivo para la humanidad.

 

Bloques monetarios autónomos

Antes del golpe de mano estadounidense-europeo para apoderarse de Ucrania diversas voces adelantaron la intención del Kremlin de abandonar el dólar como moneda de reserva. Allí se tejen planes para marchar en breve hacia un área económica euroasiática que, además de Ucrania, se proyecta hacia Bielorrusia, Kazajstán y otras repúblicas antes integrantes de la Urss, pero sobre todo apunta estratégicamente a un bloque con una moneda común –del tipo del Sucre en el Alba– que eventualmente involucre a Irán, China e India. Desde comienzos de año trascendieron definiciones en sentido semejante también desde Beijing y se encendieron las alarmas en Washington. El propio Paul Craig Roberts, ex secretario asistente del Tesoro en tiempos de la reaganomics, alertó que eventuales sanciones contra Rusia podrían impulsar a los Brics a crear una moneda común y abandonar definitivamente el dólar como divisa.

Con prescindencia de que ese conjunto acabe integrando a China, lo cierto es que desde el colapso de 2008 esa tendencia objetiva quedó planteada con varios centros de gravedad regionales que atraen a conjuntos de naciones ante la amenaza de un dólar en coma irreversible.

Sólo el Alba tuvo la lucidez y la osadía suficientes para corporizar, ya en 2008, una respuesta práctica. Hugo Chávez y la Revolución Bolivariana jugaron un papel decisivo en ese salto exploratorio; pero también los restantes gobiernos del Alba asumieron el proyecto con vigorosa decisión. Razones materiales, estructurales, pero sobre todo subjetivas, dificultaron la articulación eficiente del Sucre como moneda virtual común para los componentes del Alba. Sin embargo la experiencia quedó planteada como respuesta estratégica de transición ante amenazas sin precedentes de desarticulación económica mundial. Entre otras conocidas causas que determinan su alocada carrera contra el mundo, en Venezuela y Ucrania Estados Unidos avanza preventivamente contra el riesgo estratégico que tal tendencia objetiva encarna. En ambos casos la Casa Blanca ha fallado, como se describe con detalle en esta edición.

Pese al altísimo precio de la prolongada guerra económica y tras cinco semanas de insurgencia mercenaria, la Revolución Bolivariana derrotó una vez más el intento golpista. Sin desdeñar los costos ulteriores de la escalada, todo indica que la estrategia de transición y la Dirección Revolucionaria Político Militar salen fortalecidas del trance y en mejores condiciones subjetivas para afrontar la inexorable continuidad de la agresión. En Ucrania, tras invertir 5 mil millones de dólares en los últimos años, la Otan consiguió deponer a
Yanukovich. Pero se trata de una victoria pírrica en sentido lato: el Departamento de Estado ganó esa guerra, pero perdió su ejército. No sólo Crimea sale total y definitivamente del área de gravitación occidental: toda la población rusa de Ucrania y la mayoría de la población restante rechaza al gobierno fascista impuesto por los demócratas de Berlín, París, Londres y Nueva York; aunque la verdadera fuente de inestabilidad de aquí en más es la penuria económica, que la Unión Europea y Estados Unidos no harán sino agravar: el colapso a corto plazo sólo puede ser evitado con masiva ayuda financiera. Peor aún, como indican alarmados analistas
de la prensa imperialista, Barack Obama ha detonado una multiplicidad de conflictos: la banca inglesa se verá afectada si el flujo de capitales rusos mengua o desaparece por las sanciones de Occidente a Moscú; Francia deberá suspender la venta de armas a Rusia, con el consiguiente agravamiento de su situación interna; Alemania puede sufrir, a término, el fantasma de desabastecimiento de gas y petróleo… No se trata de anuncios de un militante antimperialista: es la advertencia que el ultrarreaccionario y cada vez más degradado The Economist hace a las autoridades en Washington.

¿Y qué ocurrirá con los tan cortejados Brics? Ya hay definiciones: durante el Sexto Foro Académico de este bloque, realizado en Río de Janeiro, hubo un rechazo al golpe de Estado en Ucrania y respaldo sin fisuras a la independencia de Crimea, según informó Viacheslav Níkonov, presidente del Comité de Educación de la Duma de Estado (Cámara baja del Parlamento ruso). Alentados por este posicionamiento, los representantes rusos transmitieron la propuesta de que la próxima reunión se realice en Yalta, es decir, en el punto de Crimea con más resonancias históricas respecto del ordenamiento mundial.

 

Desafíos del nuevo cuadro internacional

Allí, o donde sea, no quedará plasmado como en 1945 un nuevo orden mundial, esta vez con los países imperialistas en un polo y los Brics en el otro. Muy lejos de eso. Como lo grafica la tapa de esta edición, el mapamundi del siglo XX está desarticulado y no se avizora todavía la única fuerza potencialmente capaz de proyectar las líneas estratégicas de un reordenamiento estable: un proletariado recompuesto y reorganizado, rector de una estrategia socialista mundial.

De allí la multiplicación de formas de resistencia y de supercherías ideológico-políticas anunciadas sucesivamente como panaceas, a cuyo influjo brotan “vendedores de pasado en copa nueva”.

La ausencia de una fuerza de clase también se traduce en conceptos organizativos, en negación de la teoría y la experiencia histórica, a favor del pragmatismo y el más ramplón empirismo.

No obstante, la radicalización del combate viene a delimitar conceptos. Imposible soslayar el papel del Psuv en la fortaleza electoral y la capacidad de resistencia social en Venezuela, algo que asimiló con rapidez el presidente Correa cuando, tras el reciente revés electoral, revalidó la noción de partido como factor imprescindible. Impacta esta ratificación pese a que la persistente retracción del movimiento obrero contribuye a cimentar, en la región y más allá, nociones movimientistas, no como complemento de unificación social ampliada sino como sustitución del partido para la revolución.

Otro rasgo subrayado sin demora por Correa a partir de su dura experiencia es la intrusión de fuerzas extranjeras hasta en elecciones municipales. No fue por capricho o doctrinarismo que Chávez se empeñó en la edificación del Psuv y convocó –sin suerte, por ahora– a la creación de una V Internacional: la injerencia de poderosas estructuras políticas internacionales del capital gravita más y más en todos los planos de la vida social. Se agravará en la nueva etapa y obligará a articular respuestas efectivas en la misma escala.

Venezuela será el centro de ese desafío, porque la agresión no cesará. Alimentada desde el exterior con dinero, armas, mercenarios y propaganda masiva, la contrarrevolución pasa de los intentos insurreccionales fallidos al terrorismo liso y llano. En otros países del Alba se repite la estrategia restauradora aunque con tácticas diferentes, menos impactantes pero igualmente amenazantes para los intentos de transición anticapitalista. Tampoco será menor la agresividad imperial en países donde agonizan pujos neodesarrollistas, que en la fase anterior permitieron ilusionarse con transformar a masas ultrapauperizadas en “clase media”. La añeja esperanza de
acabar con la lucha de clases desagua en fracasos capitalizados por las fuerzas más reaccionarias.

La vanguardia latinoamericana ha avanzado en su capacidad de respuesta, sobre todo frente a la manipulación mediática.
También hubo muestras de voluntad para la acción en movilizaciones de apoyo a Venezuela. Esos esfuerzos hacen más evidente la ausencia de partidos revolucionarios y una coordinación internacional efectiva.

Hasta fines de julio, en el fragor de una lucha que recién comienza, el Psuv trabaja en la preparación de su Congreso Nacional Ordinario. La vanguardia latinoamericana afronta la inaplazable exigencia de concurrir organizada y consciente a este combate trascendental.

Integración no equivale a Unión

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No por acaso el comandante Hugo Chávez sostenía la necesidad de apelar al concepto Unión, en lugar de integración. Éste alude al ensamblaje en Suramérica de ciertas áreas del aparato productivo-comercial-financiero.

Aquél comienza por la reivindicación de una nación común que, va de suyo, necesita integrar sus capacidades en todas las áreas para satisfacer las necesidades de la población, con la eficiencia que permiten la escala y la cooperación para la acumulación primitiva de capital y la complementación  en ciencia y tecnología.

Es oportuno discutir estas ideas cuando Venezuela afronta una escalada fascista, las tensiones a escala regional afectan las conquistas del último período y la necesidad de la unión es más importante que nunca para que Venezuela y el Alba puedan vencer la embestida contrarrevolucionaria de Estados Unidos.

Integración supone perspectiva economicista. Unión es estrategia política. La primera calza en el sistema vigente. La segunda requiere romper y transponer los límites del capitalismo. No todos quienes están comprometidos con la integración aspiran a la unión. En América Latina una parte hegemónica de los actores opone ambos conceptos: necesitan la integración para maximizar la ganancia empresaria, pero se oponen cerradamente a la unión, que implica un cambio político de ineludible impacto social: una nación unida del Río Bravo a la Patagonia supone un pueblo consciente y con objetivos, presa difícil para transnacionales o grandes conglomerados del capital, cualquiera fuese su origen. Entre tanto, es buena táctica camuflar el accionar contrario a la unión sosteniendo la integración.

En otras palabras: el imperativo capitalista de la gran empresa puede en muchos casos requerir la integración, pero por definición se opone a la unión. Por eso fue posible una abarcadora dinámica de convergencia tras lo primero que, no obstante, a poco andar choca con barreras estructurales y comienza a transformarse en lo inverso.

Aquel imperativo capitalista condiciona o directamente se impone en el accionar de gobiernos que, o bien son  prolongación directa del gran capital, o no tienen una estrategia definida, o carecen de la fortaleza y el compromiso necesarios para afrontar esa contradicción.

 

Reacción imperial 

En diciembre de 2004, en Cuzco, nació la Comunidad Suramericana de Naciones. Poco después, en abril de 2007, en la cumbre de Margarita, esta organización se transformaría en Unasur. Casi cinco años más tarde, en diciembre de 2011, una cumbre en Caracas de todos los presidentes latinoamericano-caribeños alcanzaría una calidad superior con la Celac. En paralelo, nacía y se consolidaba una instancia cualitativamente diferente, el Alba, que potenciaba esa dinámica positiva.

Por detrás de este fenómeno histórico estaba la ya célebre cumbre de las Américas en Mar del Plata, en 2005, cuando una virtuosa conjunción de circunstancias y voluntades dio lugar al fracaso del Alca. Son dos caras de una misma medalla: avanzaba la convergencia latinoamericano-caribeña al compás del retroceso estadounidense.

Como era de esperar, hubo un contraataque. Se inició visiblemente con el viaje de George W Bush a Brasil y Uruguay en marzo de 2007. Y desde entonces, muy tímidamente al principio, a paso firme en el último año y medio, el curso del conjunto se detuvo primero para después enfilar en sentido contrario: la fuerza centrípeta comenzó a transformarse en fuerza paralizante y, en no pocos casos, centrífuga.

Esa deriva negativa no se explica por la estrategia de Washington, sino por fuerzas objetivas que operan en la estructura económica de la región.

El estallido de la crisis capitalista en 2008 aceleró contradicciones entre sectores diferentes del gran capital en cada país y agudizó la competencia entre sectores económicos de un país con los de los demás. Los estrategas del imperialismo supieron ver esto antes de que surgiera a pleno y lo están utilizando eficientemente en su favor.

Así, a la vuelta de pocos años hay un panorama bien diferente al de la primera década del siglo XXI. No hace falta argumentar para señalar la morosidad –cabe también decir lenidad- de Unasur. Son públicas y notorias las desavenencias de los dos mayores socios de Mercosur y las reiteradas quejas y amenazas de ruptura de Uruguay y Paraguay. Desentendidos de la voluntad de gobiernos como, por ejemplo, los de Brasil y Argentina, los intereses empresario chocan entre sí y bloquean el camino de la integración.

Mientras se hacen discursos de buenas intenciones, al lado hay peleas irreconciliables entre, por caso, productores de zapatos y electrodomésticos en Brasil y Argentina, que se traducen en un Mercosur paralizado, mientras su existencia se limita a poco más que su aprovechamiento por transnacionales automotrices y capitales bancarios para obtener superganancias.

A su vez la Celac –la más importante y trascendente conquista de la primera fase- después de la exitosa cumbre de La Habana, donde Estados Unidos pudo medir la magnitud de su decadencia como potencia inapelable, quedó temporalmente en manos de un gobierno comprometido con la estrategia inversa.

Por último, como signo inequívoco, se ha desgajado el grupo de cuatro países que conforman la Alianza del Pacífico, con una estrategia contraria a la defendida por Unasur en sus orígenes.

La región ingresa así en una nueva fase.

 

Causas y perspectivas

La línea divisoria entre la fase de convergencia y la actual, que avanza en sentido inverso, está trazada por el agotamiento irreversible de las políticas desarrollistas. El famoso “largo plazo” al que refería Lord Keynes con típico cinismo, ha llegado ya para los gobiernos escudados en esa teoría urgida al rescate del capitalismo en circunstancias de crisis extrema. La solución de las devastadoras consecuencias de esa táctica que supone “cavar zanjas” con recursos del Estado burgués para mover la economía queda para futuras relaciones de fuerzas.

Los pujos “neodesarrollistas” que en la fase anterior permitieron ilusionarse con transformar a masas ultrapauperizadas en “clase media” –la añeja esperanza de acabar con la lucha de clases- ahora no dejan sino la alternativa de retornar al más despiadado liberalismo o aplicar ajustes igualmente dramáticos con un sesgo pseudoindustrialista y con ayuda de un “Estado fuerte” (sin reparar, desde luego, en la naturaleza de clase de ese Estado).

Hay quienes creen que esto se resuelve pidiéndole al gran capital industrial que no se deje amedrentar por el capital financiero, como si éste no fuera precisamente la integración –fusión fue la palabra empleada para describir el fenómeno en sus orígenes- entre la gran industria y el capital bancario. Más que la lógica científica, pesa en tales opiniones la necesidad de defender una estrategia capitalista.

El hecho es que tales orientaciones amenazan con permitir que la sistemática ofensiva divisionista timoneada por Washington resulte exitosa. Nada que no fuera previsto por quienes en el comienzo de la fase virtuosa, impulsaron el proyecto estratégico de la unión latinoamericano-caribeña. Por lo mismo, nada que sorprenda y no pueda ser a su vez revertido por una política clara y firme, con apoyo en los gobiernos del Alba y los pueblos de los restantes países, estos sí dispuestos a la unión.

entrevista con rt

«Lo que busca Estados Unidos en Ucrania es arrinconar a Rusia»

RT

 

En opinión del analista internacional Luis Bilbao, Washington busca rehabilitarse a cuenta de Ucrania, ante el temor de perder liderazgo en la política y la economía global.

 

En sus declaraciones a RT el analista internacional dijo que asocia «directamente» la ofensiva en Ucrania con la ofensiva fallida en Venezuela y sostuvo que el interés de EE.UU. «radica en una ubicación para una recomposición general geopolítica».

«EE.UU está tratando de rearmarse porque tiene conciencia de que ha perdido el centro del escenario en la política y en la economía mundiales. Para comenzar a rearmar el nuevo mapa geopolítico necesita arrinconar a Rusia, que será en el próximo período una de las grandes contrapartes de esta recomposición económica geopolítica mundial», advirtió Bilbao.

El hecho de que el presidente Obama recibiera al primer ministro de facto, Arseni Yatsenyuk, que asumió el poder mediante un golpe de Estado, «demuestra la gravedad de la situación que tiene EE.UU. detrás y que lo empuja a cometer estos actos para tratar de reubicarse ante el temor de ocupar un segundo, hasta un tercer lugar en la economía mundial», dijo.

Bilbao subraya la «reubicación» geopolítica que está utilizando Washington de tal manera que «es un escándalo hablar de democracia, de emancipación, de independencia cuando la injerencia de los funcionarios estadounindenses es absolutamente descarada y se vanaglorian de poner armas para provocar una insurreción en Ucrania», enfatizó.

Para el analista, el Gobierno ucraniano asumido a través de un golpe de Estado «demuestra la falsedad, la hipocresía de los planes que verbalmente expresan los funcionarios tanto estadounidenses como europeos».