venezuela y ucrania

Ofensiva fascista de Estados Unidos y Europa

PorLBenAXXI

 

 

Escalada: una misma política tuvo resultados diferentes en Caracas y en Kiev. En ambos casos, las potencias imperialistas apelaron a un arma ya utilizada antes en momentos de extrema crisis: el fascismo. En Ucrania éste adoptó sin tapujos el rostro del antisemitismo, extendido ahora contra la minoría rusa. La Revolución Bolivariana resistió exitosamente el embate. No ocurrió lo mismo con el gobierno ucraniano. En aquellas latitudes crece el riesgo de una guerra de la Otan contra Rusia. Aquí, la repetida derrota de Washington se prolongará con nuevas y cada vez más violentas agresiones, dificultada por el respaldo de 120 países del Noal, buena parte de América Latina, más China y Rusia, al gobierno de Nicolás Maduro. Las tensiones entre la Casa Blanca y las capitales del Sur se agravan al extremo. Por detrás, asoma su feo rostro la crisis capitalista.

 

Otro laurel de gloria para la Revolución Bolivariana. Bien mirado, no cabría mayor homenaje en el primer aniversario de la muerte de Hugo Chávez: pueblo y gobierno de Venezuela en lucha franca y victoriosa contra la ofensiva fascista de los estrategas imperiales.

Otro ‘Cantar de gesta’, esta vez latinoamericano y en honor de Chávez, quien como el Cid campeador sigue ganando batallas después de muerto.

A su modo, en involuntaria ofrenda, también Washington rinde tributo a la memoria del Libertador socialista: tras masticar el polvo de la derrota en dos elecciones posteriores a su muerte, los agentes locales apelan a la violencia de escasos adherentes, movilizados con argucias en base a dificultades reales, pero actuantes sólo por obra de mercenarios locales y extranjeros.

Empujada por la Casa Blanca y un ala de la oposición interna Venezuela se asomó a la tragedia de una guerra civil. Sectores medios y altos de la oposición pudieron ver de cerca el espectro que amenazó al país y los dejaba a ellos al borde de un abismo mortal. Retrocedieron. De acuerdo con un precepto tan antiguo como la guerra (“a enemigo que huye, puente de plata”), el presidente Nicolás Maduro les ofreció una vía de salida para la emergencia: la Conferencia Nacional de Paz. Excepto uno, todos acudieron a la cita. Y farfullaron excusas, ante el rostro severo, elocuente, de las máximas autoridades nacionales. Con 19 muertos a cuesta, la embestida destinada a iniciar una confrontación militar interna quedó aislada.

Resta un foco en retirada en San Cristóbal. La capital del Estado Táchira, territorio fronterizo con Colombia, fue escogida por los hombres de gris del Departamento de Estado para desencadenar acciones armadas. Encabezada por agentes fascistas, Leopoldo López y María Machado, con el respaldo de escuadras paramilitares del país vecino, se logró ocupar la ciudad. El objetivo era declarar a Táchira “territorio liberado”. Allí López pretendía escenificar una parodia de “gobierno provisional”. Washington estaría allí para “defender la democracia”. La llave de la operación fue el alcalde opositor, Daniel Ceballos, cobijado bajo la sigla partidaria de López, Voluntad Popular. El gobierno ordenó la detención de López por haber proclamado el derrocamiento de Maduro. Hay más nombres directamente involucrados y una cantidad a la expectativa, ansiosa tras bambalinas, presta a saltar en una u otra dirección según el curso de los acontecimientos. También hubo, como ya ha comenzado a develarse, miembros infiltrados en organismos de seguridad, que actuaron siguiendo órdenes de fuera y provocaron muertes necesarias para el intento de sublevación y la campaña mundial: seis de ellos están presos.

La base de sustentación del plan tenía dos puntos de apoyo: uno, paramilitares colombianos (los temibles “paracos”) como fuerza vertebradora de la oposición fascista apoyada en grupos estudiantiles, acompañados por infiltrados en órganos de gobierno y seguridad; otro, la más desaforada campaña de prensa mundial que se haya visto en la historia de la guerra, destinada a mostrar lo indemostrable: un pueblo alzado contra un dictador.

Una cosa es ocultar, tergiversar y mentir, tareas en las que está altamente entrenada la gran prensa comercial del planeta y en las que obtiene permanentes victorias. Otra, bien diferente, es fabricar una realidad inexistente y convencer al mundo con ella. No lo lograron. Al menos por ahora.

Amplias franjas de la opinión pública en Europa y Estados Unidos, incluso en buena parte de América Latina, pueden estar convencidas de que Maduro es un tenebroso dictador, quien con respaldo de ávidos militares brutales oprime a las masas, saquea al país en su beneficio, cercena la libertad de prensa y hunde la economía en un desastre con efectos devastadores para las mayorías. Pero por el simple y fácilmente comprobable hecho de que nada esto ocurre en la vida cotidiana del país, el conjunto abrumador de la población –incluido grandes sectores de la oposición– no tienen esa convicción y, por el contrario, asumen una certeza inversa. Así, el periodismo sin apego a los hechos queda expuesto en toda su venal irresponsabilidad, pierde credibilidad y fracasa como herramienta para defender el capitalismo y vehiculizar sus grandes operaciones contrarrevolucionarias.

Eso ocurrió desde el 12 de febrero y hasta las vísperas del aniversario de la muerte de Chávez. Y se combinó con el espanto de una burguesía local que vio de frente y a nada de distancia una sólida conjunción de gobierno, fuerza armada, milicias, partidos revolucionarios y masas organizadas, dispuesta a defender la continuidad de la Revolución en combate franco. Arrastrado el país a una guerra lo más saliente no hubiese sido la arremetida devastadora contra los mercenarios en Táchira, sino la aceleración del paso de la Revolución y la transición al socialismo, a expensas no sólo de los bienes y prebendas de las clases altas.

 

Guerra o paz

Ese espectro ominoso lo palparon también intelectuales, periodistas, profesionales y funcionarios, quienes cambiaron drásticamente de tono y se aferraron a la propuesta de paz como a un clavo ardiente. Estaban convencidos de que la ofensiva derrumbaría sin combate a Maduro y acabaría con la Revolución. Como tantos, dentro y fuera de Venezuela, vivían en la ilusión de que el país podía volver a la supuesta normalidad de la IV República. No comprenden el significado histórico de la Revolución Bolivariana, no tienen conciencia de la gravedad de la crisis capitalista mundial y, en consecuencia, no saben dónde apoyan sus pies. Pero a la conciencia la reemplaza el instinto cuando la situación es extrema: en cuestión de horas vociferantes opositores comprobaron que para hacer retrogradar una revolución es preciso una guerra. Y que esta revolución, pacífica, está armada y resuelta al combate. La primera orden del instinto es la autoprotección. De modo que se lanzaron con fruición al puente tendido por Maduro.

Así, López y su consorte en el fascio caricaturesco, quedaron solos. Con el exclusivo apoyo del gobierno estadounidense, que exigió la liberación de su fantoche y, como respuesta, perdió tres diplomáticos pillados in fraganti en la conspiración. Amenazado de muerte por sus socios más cercanos, el ultramontano ex miembro de Tradición Familia y Propiedad, ahora travestido como socialdemócrata, optó por entregarse mansamente. También él vio de cerca lo que le esperaba. Y prefirió la garantía de sus enemigos a la traición y la muerte en manos de sus amigos: una grabación captada por organismos de inteligencia expuso públicamente a dos jefes opositores programando el asesinato de López. Medios recalcitrantes del hemisferio pasaron por alto este hecho, en sí mismo definitivo, y redoblaron su campaña de calumnias.

A la Conferencia de Paz le siguió una rápida y efectiva ofensiva diplomática el canciller Elías Jaua. Simultáneamente, en los últimos días de febrero, el ministro de Petróleo y Minería, presidente de Pdvsa y vicepresidente para la Economía, Rafael Ramírez, viajó para entrevistarse con los gobiernos de China y Rusia. Con esta panoplia Maduro recuperó la iniciativa en toda la línea y arrinconó a los guerreristas.

Mientras se redactan estas líneas, en el día del primer aniversario de muerte del comandante Chávez, la imponente manifestación popular, coronada con un desfile militar de inequívoca significación, prueban la consistencia de esa iniciativa que tiene dos objetivos de ejecución inmediata, aparte la extinción de los focos paramilitares, en palabras de Maduro: consolidar la victoria de la paz y concretar la revolución económica.

 

Teoría y práctica de la transición

No será fácil para el Presidente y la Dirección político-militar de la Revolución Bolivariana corregir las distorsiones de la economía en transición. Lo saben partidarios y enemigos del gobierno. Maduro ha explicado que, como continuidad obligada de la revolución política y la posterior revolución social desarrollada en Venezuela desde 1999, ahora se abre la fase de la revolución económica. Ese objetivo choca con obstáculos objetivos y subjetivos. Como ha ocurrido una y otra vez desde que en 1917 Rusia ensayó el primer salto más allá del sistema capitalista desde una conformación socioeconómica signada por el atraso en relación con las economías más avanzadas de su época, Venezuela afronta la combinación de ese atraso relativo con la desmesurada riqueza petrolera y las profundas huellas que esa rémora deja en la sociedad y en sus expresiones políticas. Además, debe cargar con décadas de anquilosamiento, tergiversación y degradación del pensamiento económico anticapitalista a escala mundial. No es exagerado afirmar que, salvo alguna excepción que confirma la regla, la teoría económica que se identifica con el marxismo está empantanada a tal punto que en lugar de iluminar, oscurece; en lugar de orientar, extravía. Y, como se sabe, sin teoría revolucionaria, al cabo no hay acción revolucionaria efectiva. De modo que, a la par de verse obligada a cargar con la desigualdad en el desarrollo del accionar anticapitalista en América Latina y en el resto del mundo, Venezuela se ve afectada por la distancia entre el punto alcanzado en la marcha de la transformación social y la media mundial del desarrollo teórico para comprender y conducir la transición. Y eso ocurre en el marco de una furiosa embestida imperialista.

 

 

Tras la escalada guerrerista

Ya es inocultable la falacia según la cual los centros de la economía mundial remontaron la crisis detonada en 2008. Está a la vista que la Unión Europea, Japón y Estados Unidos, muy lejos de retomar la senda del crecimiento continúan en el estancamiento o la recesión, ahora con indicios de deflación ya señalados a tiempo por la presidente del FMI, Christine Lagarde. Pese a ello, bajo la amenaza de un estallido financiero, la Reserva Federal cambió de rumbo y con nueva titular reduce la emisión desenfrenada (única palanca con la que se impidió el pase de la recesión a la depresión) y comienza a aumentar la tasa de interés, un mazazo a plazo fijo para las economías subordinadas. China, por su parte, no regresa a los índices que la convirtieron en el motor de la economía mundial, mientras India, Brasil, Turquía y otros países de rango similar acompañan la caída verificada en los centros metropolitanos. El nuevo año se inicia con signos elocuentes: más de 3 billones (3 millones de  millones) de dólares se evaporaron en el primer mes de 2014 al compás de una caída del índice S&P 500 de casi el 5%, de alrededor del 14% para el Nikkey y del 9% para Msci, que mide el nivel de los absurdamente llamados “mercados emergentes”. Febrero no revirtió esa dinámica. Pero esos sacudones apenas reflejan el desacompasado ritmo de la economía mundial; tanto menos el desbarajuste sin precedentes del sistema financiero.

Es en ese contexto que Estados Unidos despliega una contraofensiva general. Por un lado, en el terreno económico se lanza tras un Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP) con 11 países del área, mientras simultáneamente procura una Sociedad Transatlántica de Comercio e Inversión (Ttip) con la Unión Europea. Para que este doble movimiento sea efectivo en el propósito de frenar la caída y reubicar a Washington en el centro del poder económico planetario, es imperativo incorporar a América Latina, lo cual implica doblegar la resistencia de dos fuerzas centrales que por razones diferentes se interponen en ese camino: Venezuela y Brasil. Aquél, aunado con los países del Alba; éste, como fuerza predominante en el Mercosur.

En esta proyección estratégica estadounidense se inscriben el golpe de Estado en Ucrania y el intento de detonar una guerra interna en Venezuela. En Kiev la Casa Blanca pudo considerarse vencedora. Pero al precio de incendiar un país que tiene indestructibles lazos históricos y actuales con la Federación Rusa. En otras palabras: Estados Unidos avanza hacia la guerra en el este europeo. Y se topa allí con la conducta prudente pero resuelta de Moscú. Mutatis mutandi, otro tanto ocurre en Venezuela, donde el gobierno revolucionario tuvo la templanza y la eficacia para no caer en la trampa tendida en Táchira (y, como parodia, en el este de Caracas).

No es pensable que el imperialismo ceje en su empeño por derrocar a Maduro, puesto que es una obligación dictada por la crisis irreversible del sistema. Y esto tiene consecuencias insoslayables para Venezuela, pero también para el resto de América Latina.

La crisis que empuja a Washington produce simultáneamente la agonía de los pujos neodesarrollistas ensayados por varios gobiernos de la región, los cuales ahora se encuentran ante los límites implacables de un keynesianismo de utilería (es decir, de la teoría para salvar el capitalismo en los países centrales, aplicada con arrestos progresistas en países periféricos), a la vez que se desencadena una nueva escalada librecambista desde la Casa Blanca.

Así como al interior de Venezuela la oposición no puede enmascarar su posición contrarrevolucionaria con un antifaz democrático, al sur del Río Bravo es imposible una política soberana disociada de una estrategia revolucionaria y de transición anticapitalista. Las opciones son insoslayables y perentorias.

Como en los últimos 15 años, Venezuela está cumpliendo con su responsabilidad histórica ante el mundo. No podría imaginarse mayor homenaje a la memoria del comandante caído en combate. Resta saber cómo actuarán no ya los gobiernos, sino los pueblos y sus vanguardias en América Latina.

 

conversatorio con luis bilbao

Operación fascista en Venezuela (I)

poraxxi

 

Un sector de la derecha venezolana dirigido desde Estados Unidos lanzó un intento desestabilizador apoyado en la violencia y en una campaña internacional de mentiras y difamación. Sobre esta ofensiva, sus perspectivas y su significado en el contexto nacional, latinoamericano y mundial conversaron periodistas de América XXI, revista internacional dirigida por Luis Bilbao.

 

 

luis bilbao en entrevista con radio nacional de venezuela

«Estados Unidos recurre a la prensa internacional para mentir sobre Venezuela»

Como nunca antes se ha visto, la prensa internacional ha elevado su capacidad de mentira y tergiversación frente a este nuevo escenario de golpe de Estado en Venezuela, “se han convertido en portavoces de los más degradado y marginal de la oposición venezolana, representado en Leopoldo López y María Corina Machado” , señaló el periodista, director de la revista América XXI, Luis Bilbao.

“Es algo verdaderamente repugnante, no encuentro otra palabra para decirlo, escuchar una radio o leer un diario del circuito comercial en Argentina, porque todos están repitiendo un mismo discurso mentiroso y falsificador de la realidad (…)” que tiene un efecto negativo orientado a generar engaño y confusión en la población latinoamericana.

Durante un contacto telefónico con el programa Visión Pluripolar, que transmite El Informativo de Radio Nacional de Venezuela, aseguró que Estados Unidos ante su incapacidad de manipular las relaciones de fuerza interna -como sucedió en el 2002- tiene que recurrir a la mentira y el engaño a través de la prensa en América Latina.

Nada de lo que se está gestando en este momento en Venezuela es producto de la casualidad, “hay una operación directa de Estados Unidos en la acción de desestabilización” en contra del gobierno de Nicolás Maduro.

“Estados Unidos está interpretando que tiene un margen mayor en América Latina para llevar a cabo esta operación golpista, pero al mismo tiempo sabe que si no da un paso efectivo en este momento las relaciones de fuerza van a consolidarse de una manera negativa para EE UU, entonces ha lanzado una acción desesperada.”

Escuche la entrevista completa aquí

entrevista con rt

«EE.UU. intenta boicotear el proceso de paz con las FARC»

RT

El Ejército colombiano ha presentado los primeros resultados de la investigación sobre el presunto espionaje militar a los negociadores del Gobierno y de las FARC en los diálogos de paz en Cuba. El analista internacional Luis Bilbao cree que detrás de estas acciones puede estar el expresidente Álvaro Uribe, así como la inteligencia estadounidense que busca frustrar las negociaciones.

 

luis bilbao en entrevista con el deber

«Bolivia está en un plano más alto de democracia»

ElDeber

 

El periodista y analista político argentino Luis Bilbao defendió la gestión de Evo Morales en estos ocho años de Gobierno en Bolivia. Advirtió que los mayores riesgos para la democracia y la libertad no están en los mandatos de izquierda, sino en Estados Unidos.

 

¿Qué avances y qué retrocesos observa Ud. en estos ocho años del Gobierno de Evo Morales?

No veo retroceso alguno, Bolivia ha dado un histórico salto adelante con la elección de Evo Morales y durante los ocho años transcurridos desde entonces. No corresponde hacer una evaluación economicista de esta transformación, lo cual dista de restar valor al crecimiento del PIB y el consecuente salto en el ingreso por persona (de $us 1.100 a $us 2.450), la triplicación de las exportaciones y la quintuplicación de las reservas. Se trata de subrayar que esas formidables conquistas resultan de la asunción de un Gobierno, un partido, organizaciones de masas y millones de ciudadanos dispuestos a lograr la emancipación y la forja de un destino propio y en franco choque con quienes desde siglos sometieron y saquearon Bolivia. Esa voluntad plasmó una y otra vez, a lo largo de estos años, con dos puntos de inicio simbólico: el discurso de Evo en la asunción del mandato en enero de 2006 y, en mayo, la nacionalización de los hidrocarburos. Postergaciones, diagonales e incluso pasos atrás, carecen de toda relevancia para el análisis histórico de este periodo.

 

¿Cómo ve la democracia en la gestión de Morales?

No existe democracia en abstracto, sin apellidos. Piénsese en la democracia estadounidense: la Constitución original mantenía la esclavitud. Muy lejos de hablar de retroceso de la democracia en Bolivia, con Evo se ha iniciado un camino en un plano diferente, incomparablemente más elevado, de democracia y participación de las mayorías. Todo indica que el país avanzará mucho más todavía en ese rumbo.

 

¿Por qué cree que el país sigue entre los más desiguales de la región?

Hay dos razones: una, el legado histórico de saqueo, discriminación, sumisión, represión, de aquellos que edificaron una sociedad con la injusticia y la desigualdad como bases. La otra, el hecho de llevar adelante esta revolución por vías institucionales limita en diferentes sentidos esas transformaciones. No obstante, el aumento absoluto del ingreso per capita y su redistribución positiva, la caída del desempleo, los planes sociales, educativos y sanitarios no tienen precedentes. En todo caso, la rémora de desigualdad y pobreza no deja espacio para vacilaciones respecto de la necesidad de continuar por el camino emprendido.

 

¿Cambió y cómo la imagen de Evo Morales en el exterior?

Claro que cambió: ocho años atrás los políticos burgueses en todo el mundo miraban con gesto de suficiencia la asunción de un indio a la Presidencia. Tenían la certeza de que todo volvería a la normalidad de ellos, sea por incapacidad de la nueva clase gobernante, sea por la ayuda de grupos económicos y potencias extranjeras para derrocarlo. Y bien: ahí está Evo, dando lecciones de buena administración a sus vecinos, de firmeza revolucionaria a todas las izquierdas, de lucidez estratégica e inteligencia táctica a unos y otros, todos atónitos, desconcertados por el nacimiento y afianzamiento de la nueva Bolivia, de la mano de un equipo gobernante inesperado para las élites de cualquier signo.

 

Diversas personalidades internacionales resaltan los riesgos para la libertad y la democracia en América Latina con estos regímenes de izquierda, ¿Coincide con esta evaluación?

En efecto, en América Latina hay severos riesgos para la libertad y la democracia. Pero no provienen de regímenes de izquierda, sino de Estados Unidos, de varios países europeos y de amanuenses a su servicio, que propagandizan la guerra que el capitalismo necesita. Washington logró, por ejemplo, armar la Alianza del Pacífico para primero aislar y luego enfrentar -sobre todo- a los países del Alba. Este balance no implica desconocer los inmensos desafíos que Bolivia afronta de aquí en más. Todo indica que Morales saldrá victorioso en las próximas elecciones. Allí se plantearán aún con mayor agudeza problemas viejos y nuevos. Los 13 ejes de la Agenda Patriótica son una plataforma sólida. Resta todavía el desafío mayor: la transición que deje atrás en todos los planos el legado de una sociedad capitalista. Pero esto es ya un objetivo solo alcanzable a escala regional. Al Gobierno de Evo cabrá encontrar el estrecho sendero a recorrer mientras se acompasan las desigualdades en el desarrollo político e ideológico que demoran la acción conjunta.

 

Narcoeconomía

PorLBenAXXI

 

Está a la vista: en la guerra contra las drogas vence hasta ahora el narcotráfico. Con apenas excepciones, no importa de que país o región del mundo se trate.

Cada día es más cuantioso el negocio, más violento y abarcador, más destructivo de las instituciones y la vida social. Basta recorrer las notas que integran este informe especial para comprobar la magnitud del desafío a las condiciones de vida humana planteado por la producción y distribución de drogas. El cuadro actual se agravará mientras las personas honestas involucradas en el combate no lleguen a la raíz del problema; mientras las víctimas directas e indirectas no lo comprendan y asuman.

El narcotráfico corrompe lo que toca. Partidos, sindicatos, organizaciones sociales de base, fuerzas militares y de seguridad, parlamentos, jueces, gobernantes a todo nivel, sin excluir presidentes. Como prueba, Álvaro Uribe; entre otros. También, acaso en primer lugar, servicios de inteligencia, comenzando por la Drug Enforcement Administration (DEA), organismo mediante el cual el gobierno estadounidense entra en el corazón de las tinieblas.

 

Cantidad y calidad

Aunque no hay estadísticas comprobables, se estima que el narcotráfico mueve en el mundo entre 500 mil y un millón de millones de dólares anuales. Sólo un puñado de países tiene un producto interno superior a estas cifras. Tales magnitudes aplicadas al delito y la corrupción implican un salto de cantidad en calidad: no se trata de la vida de un joven arruinada por un vicio inducido; es el orden político y social contemporáneo amenazado.

Aún así, no es el poder corruptor de este negocio clandestino lo que lleva a la putrefacción de instituciones, corrompe el funcionamiento político y degrada la vida social. A la inversa, es la lógica intrínseca de la producción capitalista la que lleva al narcotráfico.

Por lo mismo, no es posible luchar exitosamente contra este negocio infame sin combatir y vencer al sistema que lo engendra. Drogadicción masiva y negocio criminal de extraordinarias dimensiones no son una excrecencia en el orden liberal burgués, sino una condición de sobrevivencia de éste, por mucho que tal afirmación espante a personas de bien, convencidas de que el sistema dominante es el único imaginable y posible.

Como en tantos otros fenómenos que requieren explicación diferente a la ofrecida por el sentido común, aquí se trata de ensayar una mirada objetiva y sistemática. Y de asumir sin prejuicios la conclusión que tal mirada indique.

Cualquiera de las sustancias estupefacientes que envenenan a millones de seres humanos es, ante todo, una mercancía. Como la soya, los teléfonos celulares, aviones, aspirinas o camisas: mercancías todas. La diferencia entre éstas y aquélla no reside en la condición intrínseca de cada una –útil, beneficiosa, inocua o destructiva– sino en algo completamente ajeno a ellas mismas: la tasa de ganancia que ofrecen al dueño del capital-dinero.

Combinados, adicción y prohibición hacen de las drogas un objeto de intercambio que produce altísimas tasas de ganancia. Paralelamente, desde hace décadas volvió a dominar la realidad mundial el ciclo en que la lógica propia del sistema capitalista empuja hacia abajo la tasa de ganancia en la producción y comercialización de todas las demás mercancías. En ese cruce de caminos está el punto de partida.

 

De dónde viene la riqueza

En el sistema capitalista la riqueza no proviene, como habitualmente se cree, de la diferencia de precio entre la compra y la venta de un mismo bien. La riqueza proviene del trabajo, descubrió Adam Smith (y no Marx, como también erróneamente muchos creen). La única fuente de valorización del capital deriva exclusivamente del trabajo incorporado a un bien, que en su proceso de producción deja un plusvalor al dueño del capital, quien realizará su ganancia al vender la mercancía. Cuando ese mecanismo se traba –por razones reiteradamente explicadas en América XXI– el capital, irracional por definición, es arrastrado a formas de sobrevivencia (ganancias extraordinarias sin producción de riqueza) que, a poco andar, agravarán al extremo la crisis original.

Un apacible y bondadoso ciudadano suizo que invierte sus excedentes en un fondo de inversión, contrafigura de mafiosos del tipo Pablo Escobar, en acuerdo con sus convicciones protestantes puede estar convencido de que nada en su práctica de vida respalda al narcotráfico. No obstante, si su administrador financiero no le ofrece cada año un interés suficiente para sus ahorros, cambiará de operador. Las cosas son menos bucólicas, incomparablemente más agresivas, cuando se trata de grandes transnacionales y, sobre todo, de poderosas instituciones financieras, que conscientemente incorporarán a un universo de oscuridad montañas de dinero imposibilitadas de valorizarse en el giro normal de la economía. Cualquiera sabe que es imposible manejar, por caso, 500 mil millones de dólares anuales, sin que intervenga la gran banca internacional. Está públicamente probado que al menos la mitad de ese giro es lavado en Bancos estadounidenses. Cualquiera puede deducir que con todo su poderío Estados Unidos podría acabar con el ingreso de drogas a su territorio si se lo propusiese. No obstante, el malo de la película es un individuo mezcla de antropófago y multimillonario, de preferencia gordo y mal entrazado.

Ocurre que la existencia de esas sobreganancias fabulosas requieren la penetración delictiva de todas las instituciones. Exportar y distribuir a gran escala toneladas de drogas implica comprar miles de voluntades. Aprovechar la necesidad de los de abajo y la avidez de los de arriba. Manipular jóvenes vendedores que antes habrán de ser enviciados. Financiar políticos, colocar legisladores y gobernadores y presidentes, comprar la pasividad o complicidad de fuerzas militares y de seguridad, lograr que la justicia se transforme en lo contrario, envilecer organizaciones sindicales y organismos de base de la sociedad, son necesidades naturales de este negocio. El paliativo fugaz a la baja tendencial de la tasa de ganancia se cobra un precio altísimo no sólo en las condiciones de vida de cientos de millones de personas, sino en la salud de las instituciones creadas desde Cromwell por la burguesía para ejercer establemente su poder sobre el conjunto social.

Así, engendrado y potenciado por la crisis estructural del sistema capitalista, el narcotráfico revierte en el agravamiento de aquella crisis y lleva a la putrefacción de todos –sí: todos– los mecanismos efectivos del poder burgués. La raíz latina de la voz corromper significa “romper completamente”. Hijo del sistema en decadencia, el narcotráfico completa en la superestructura la labor de destrucción que las leyes del capital producen en las estructuras.

Con todo, aunque temporaria e insuficientemente, las superganancias del tráfico de droga ayudan a contrarrestar la caída de la tasa de ganancia media para el capital mundial. Por eso el control de ese fabuloso negocio no podría ser ajeno al manejo político de los centros imperiales.

Richard Nixon abandonó el patrón oro en 1971 y en 1973 detonó la primera gran crisis del petróleo. Eran los signos del inicio de la crisis cíclica del capitalismo global. Si alguien cree casual que también en 1973 se fundara la DEA, debiera revisar su opinión a la luz de lo ocurrido desde entonces.

Sucede que aquella onda larga de la crisis continúa y no ha hecho sino agravarse desde entonces, pese a la pausa lograda merced al desmoronamiento de la Unión Soviética. Auge de narcotráfico y crisis del sistema de producción vigente son hermanos gemelos.

Ésta es una de las razones por las cuales combatir la droga y su comercialización y, a la vez, defender el capitalismo, es un contrasentido. Pero no la única. Con el paso del tiempo y el retroceso obligado del imperialismo frente a los avances de la revolución, Washington perfeccionó un uso político contrarrevolucionario del narcotráfico. Ya lo había ensayado en Irán contra la sublevación antimperialista islámica, en Afganistán contra la Unión Soviética y el gobierno de Mahmud Najibullah, en Nicaragua contra la Revolución Sandinista. Contaba la Casa Blanca con el pedagógico antecedente de las guerras del opio de Gran Bretaña contra China en el siglo XIX. De vuelta a estos tiempos, con la DEA el Departamento de Estado sistematizó una internacional contrarrevolucionaria con eje en Colombia y proyección a todo el continente. El último intento por esa vía tiene varios capítulos, algunos de los cuales son la invención de la categoría de narcoguerrilla (ya fracasada y arrojada a la basura); la campaña de calumnias contra la Revolución Bolivariana; los constantes esfuerzos por penetrar con drogas en Cuba; la acusación de narcotraficante contra Evo Morales y la posterior utilización de la DEA para desestabilizar su gobierno.

 

Droga y contrarrevolución

Además de una necesidad económica, las tinieblas de la drogadicción, la violencia y la degradación de todo para lograr la distribución de estupefacientes, son una necesidad política para los centros del poder mundial: el consumo obnubila y anula a millones de jóvenes; las estructuras mafiosas sirven para armar ejércitos mercenarios que eventualmente son utilizados contra quienes buscan el camino de la revolución. Allí están hoy mismo, como prueba viviente, entre otros muchos, los mercenarios en Siria o los paramilitares colombianos sembrados clandestinamente en Venezuela, traficando drogas para financiarse, multiplicando la delincuencia por orden de sus mandantes y por descontrolada lógica propia, armados como tropas de elite, prestos a producir hechos violentos de gran envergadura.

Traslade esto a cualquier país, desde México a Argentina; analice cada situación particular en relación a las necesidades estratégicas de Estados Unidos; observe cómo actúan las mafias que combinan narcotráfico, trata de personas y otros delitos. Siga la conducta de instituciones y personas que deberían enfrentar esta enfermedad que hace metástasis en cada poro de la sociedad. Y forme su opinión.

No hay extrapolación ni pizca de fanatismo en la tesis de esta nota: la guerra contra el comercio de drogas no se ganará sin derrotar al imperialismo; no habrá solución al drama civilizatorio provocado por el narcotráfico sin abolir el capitalismo.

 

Réplica

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Entiendo las razones por las cuales el embajador de la República Bolivariana de Venezuela responde mi nota del 19 de noviembre. Es de esperar que el Gral. Carlos Martínez Mendoza comprenda las mías para escribirla.

Sin cargo ni mandato, me asumo defensor de los intereses históricos de la clase trabajadora y el pueblo argentino. Por tanto tengo no sólo el derecho, sino la inapelable obligación de hablar sobre el destino de mi país, tanto más cuando considero que se lo está arrastrando, otra vez, al abismo.
¿Desde qué posiciones me expreso? Un sumarísimo recuento:

  •  defiendo dos objetivos indisociables: unión latinoamericano-caribeña y socialismo;
  • brego por la construcción de un partido revolucionario de los trabajadores y el pueblo, plural, de masas, democrático, antimperialista y anticapitalista;
  • defiendo la soberanía nacional en todos los terrenos y desde hace 30 años lucho –con insignes compañeros/as de innumerables vertientes- contra el pago de la deuda externa, mecanismo de saqueo permanente;
  • defiendo la propiedad nacional de las riquezas naturales y su utilización en función de las necesidades de los pueblos y no de la ganancia empresaria;
  • busco la unidad social y política de las mayorías, como condición indispensable para la emancipación.

Pues bien: Argentina no marcha en pos de ninguno de estos objetivos. Y en el último quinquenio, se mueve francamente en sentido inverso, contra la voluntad incluso de no pocos integrantes de la alianza gobernante. Como resultado de esa orientación y la incapacidad de las fuerzas revolucionarias –incluyo la cuota que me corresponde- tal como demuestra el saldo electoral de octubre, la derecha liberal y proimperialista recuperó un terreno que había perdido desde las grandes luchas de 2001/2002 (comparto el balance de esas elecciones que puede leerse en http://archivo.uniondemilitantes.com.ar/eslabon113.pdf).
En su respuesta, Embajador, usted minimiza los errores de la Presidente por mí señalados y dice textualmente: “no estaba dando un mensaje político ni mucho menos histórico”. Coincidimos. Sólo que para mí resulta vergonzoso que la Presidente de mi país, mostrándose totalmente recuperada después de 40 días de convalecencia –durante los cuales ocupó la más alta magistratura un vice acerca de quien no me referiré aquí-, en medio de una escalada inflacionaria, estancamiento económico, brutal ataque de mercado, fuga de divisas agravante del ya intolerable saqueo de nuestras riquezas, incertidumbre generalizada sobre el rumbo inmediato de la economía y el gobierno, no se dirija al país para dar un mensaje político. Demando de un mandatario una conducta diferente a la agraviante frivolidad de ese video que, por supuesto, nada tiene de improvisado. Es en ese ambiente de insustancialidad e irresponsabilidad que la Presidente se cree en condiciones de darnos lecciones de historia, como si ésta fuese un adorno simpático.
Usted dice, Embajador: “quien más ha hecho por el rescate de la verdadera historia argentina y latinoamericana han sido precisamente los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner ¿o puede negar esto Sr. Bilbao?”
Sí, puedo negarlo. Me asombraría –y desde luego me retractaría- si usted pudiera afirmarlo con ejemplos concretos. La trayectoria del revisionismo histórico –de todas las tendencias- no comenzó en 2003; hay una riquísima tradición de más de un siglo en esa labor. No hay tal rescate en la última década. Nada se ha hecho para educar a nuestro pueblo en una versión diferente a la de las clases dominantes. En mi opinión, rescatar la verdad del pasado no consiste en cambiar una estatua por otra, mientras la historia de la lucha de clases continúa sepultada bajo un alud de mentiras y superficialidades sistematizadas.
Ya en otro orden usted se pregunta: “¿Cuál es el mensaje de Bilbao con este artículo? Parecería que quiere decirles a los venezolanos: ‘rompan con el gobierno de Argentina que es un gobierno proimperialista e irrespetuoso con los símbolos de los venezolanos’».
No hay una sola palabra en mi texto que sugiera semejante cosa. Tampoco se hallará en ningún trabajo de mi autoría algo semejante a indicaciones sobre lo que debe hacer o no el gobierno de Venezuela. Pongo a disposición todos mis archivos.
“Parecería” dice usted. Y tras ese parecer suyo, pone entre comillas un supuesto pensamiento mío. Su parecer es errado. Ante todo, como usted bien sabe, porque lo que pienso lo digo. Pero en este caso, pienso lo opuesto a su inferencia y lo repito en infinidad de artículos e intervenciones públicas a las que es fácil acceder.
Si es por romper con gobiernos, déjeme asegurarle que, excepto por alguna causa mayor insoslayable, no creo que Venezuela debiera romper relaciones con Estados Unidos. Pero con Argentina, Venezuela debe hacer –como estoy seguro que hace- los mayores esfuerzos por mantener las mejores relaciones posibles.
De su propia infundada inferencia usted saca una conclusión y me condena por ella: “¡Qué rara coincidencia tiene Ud. con los imperialistas que precisamente desean lo mismo!”.
Feo método para la polémica. Le invito a releer mi libro Argentina como clave regional, escrito en 2004 y entregado a usted en mano. Como bien sabe, allí me expreso sin ambigüedades sobre el gobierno Kirchner y sobre el lugar de Argentina (“clave por su debilidad y no por su fuerza”, decía entonces y repito ahora), en la marcha de la revolución latinoamericana.
De inmediato usted me aclara que “en América Latina se está librando una batalla decisiva contra el imperialismo y sus aliados” Yo he copiado su idea desde hace años y vengo repitiéndola en todas las publicaciones en las que me expreso. De modo que no hace falta decir que concuerdo con ella.
Su texto agrega: “Sr. Bilbao: Ud. dice apoyar a la Revolución Bolivariana, y en más de una oportunidad nuestro gobierno ha reconocido sus gestos de solidaridad”. Tal vez sea cuestión de redacción. Pero por las dudas lo aclaro: yo no digo que apoyo a la Revolución Bolivariana: lo hago. Desde antes de las elecciones de diciembre de 1998. Y hasta el fin de mis días. Pago con orgullo e íntima alegría el precio que esa conducta me cobra en mi país. Además, no tengo gestos de solidaridad: mi compromiso con el pueblo venezolano, con la dirección revolucionaria político-militar, con el gobierno y el Psuv, ocupan mi vida desde hace 15 años y no trepidaré en cumplir con lo que sea necesario para defenderla de la permanente amenaza imperialista.
Finalmente su texto afirma: “con un estilo propio de la retórica socialdemócrata, Ud., con este tipo de manifestaciones, ayuda más a la desunión que a la unión entre nuestros países.
No es hora de intrigas ni de comentarios ponzoñosos, que solo favorecen al imperialismo y sus aliados naturales”.
Tampoco la acusación de socialdemócrata podrá apoyarla Usted en mis textos o mi accionar. Pero no lo abrumaré ofreciéndole artículos o videos y transcripciones de actividades (por ejemplo una en la que compartimos el estrado en la Facultad de Ciencias Sociales) donde invariablemente denuncio la alianza socialdemócrata-socialcristiana contra la revolución en marcha en América Latina. Pongo a un lado el término “ponzoñoso”–no olvido que me dirijo al representante de la Revolución Bolivariana en Argentina- y me limito a decirle que entiendo de manera diferente lo que significa favorecer al imperialismo.
En mi opinión eso resulta de, por ejemplo pagarle 173 mil millones de dólares (cifras dadas por Cristina Fernández como reivindicación y ejemplo) de una deuda externa fraudulenta. No crea que olvido la cumbre de Mar del Plata. Pero, de qué vale acompañar el freno al Alca si luego, por vía directa, le entregamos tamaña riqueza al capital financiero internacional y la Presidente se jacta, con su estilo: “Más que deudores recalcitrantes, somos pagadores seriales”. Lo pongo en cifras redondas para que quede claro: este gobierno recibió el país con 200 mil millones de dólares de deuda externa; pagó 200 mil millones de dólares y debe a la fecha 200 mil millones de la misma moneda. Favorecer al imperialismo es sumarse al G-20. O sentarse en una conferencia pública en Canadá con el presidente de la Barrick Gold, cometiendo la afrenta de poner detrás, como símbolo, la bandera argentina junto a la bandera de la transnacional que roba nuestras riquezas y destruye nuestro hábitat. O acordar con el Ciadi. O hacer del Indec un hazmerreír para después ir a arrodillarse otra vez ante el FMI… ¡para que nos enseñen estadística! O designar como jefe del ejército a un oficial comprometido con la represión. O privatizar primero y pseudoestatizar después a YPF, mientras se aniquila el autoabastecimiento energético. O tener como principal sostén sindical a Gerardo Martínez, secretario general del sindicato de la Construcción, adonde llegó durante la dictadura como informante del batallón 601, célebre por su actuación en la represión ilegal de aquellos años. O… le ahorro la lista interminable. ¿Oponerme a esto me hace coincidir con el imperialismo? ¿Debiera callarlo?
La unión latinoamericano-caribeña no se cimentará sobre el doblez, el silencio y la cobardía de quienes militamos en países con gobiernos no revolucionarios, que pretenden reparar las grietas del capitalismo. Por el contrario: sólo la verdad esgrimida a cuatro vientos podrá consolidar la fuerza necesaria para vencer a los enemigos de la unión y la emancipación dentro y fuera de nuestros países.
Veo un horizonte en el que los gobiernos vacilantes u opuestos a ese grandioso objetivo histórico serán barridos por los pueblos sublevados. De antemano estoy con ellos. Y valoro en toda su medida a quienes, desde el ejercicio del poder en gobiernos revolucionarios, cumplen la difícil e ingrata tarea de amalgamar fuerzas diferentes mientras ese proceso se desarrolla. Para su tranquilidad, cito un párrafo de mi Editorial en la edición de América XXI este mismo mes: “la Revolución Bolivariana armó un doble glacis contemporáneo: por un lado, desde el Alba la extensión hacia Mercosur, Unasur y Celac (cada círculo más débil que el anterior, no obstante eficientes a la hora de la verdad); por el otro, la afirmación estratégica de mundo pluripolar. La improbable pero no imposible aparición del Bricso (propuesta de moneda virtual para los países Brics) indica hasta qué punto esta perspectiva amenaza de muerte a la hegemonía estadounidense, cuya caída arrastraría a la Unión Europea”.
Usted conoce bien el significado de glacis. Puede disentir de mi interpretación o de mi accionar político. Pero no cabe la acusación de promover la división: como ve, abogo exactamente por lo inverso. Y está publicado pocas semanas antes del artículo por usted cuestionado.
Seguramente por razones de espacio usted no se refiere a mi condena a la Presidente por haber delegado el ejercicio del gobierno en Jorge Capitanich, designado como jefe de gabinete. En la nota que usted responde digo quién es: “Muy lejos de la Revolución Bolivariana, Capitanich fue secretario de Finanzas de Carlos Menem y durante la presidencia de Eduardo Duhalde ocupó el cargo al que ahora regresa. En su ruptura con Duhalde, Fernández lo llamó “El Padrino”. Es pública y notoria la amistosa proximidad con la embajada estadounidense en Buenos Aires del ahijado Capitanich, quien pocos meses atrás fue denunciado por instalar una base militar para inteligencia y manejo de aviones drones en Resistencia, la capital de su provincia. Su argumentación para desmentir la denuncia confirmó con elocuencia sus lazos con el Departamento de Estado”.
Aludo a Capitanich en relación con la Revolución Bolivariana porque la Presidente hizo un gesto (aquí sí vale la expresión) de simpatía con Venezuela, jugando con el perrito, para minutos después anunciar la entrega de la administración a este personaje.
En efecto, la Presidente en su video no habló de política. El anuncio de esta designación lo hizo poco después su portavoz. ¿Es posible para un revolucionario argentino callar ante esa conducta?
En los días siguientes, personajes tales como Mauricio Macri (Internacional Parda) y Eduardo Duhalde (ídem), Sergio Massa (Departamento de Estado, ex jefe de gabinete de este gobierno, gran vencedor de las elecciones en octubre), acompañados por buena parte de las cúpulas empresariales y políticas, salieron a cantar loas a Capitanich. No cabe sorpresa por hallarme a mí al otro lado de la barricada. El ajuste iniciado con cuentagotas en noviembre de 2011 se blanquea ahora y adquiere todo el ímpetu que le impone la crisis. ¿Debería ocultar este curso ante mi clase y mis compatriotas?
Asistiremos a muchos zigzagueos oficiales en el próximo período. Pero no abrigo dudas sobre la resultante: será la misma que se ve luego de 10 años de doble discurso. Argentina va en sentido inverso a la unión del pueblo, la afirmación interna y la unidad latinoamericana. Se impone una aceleración en la desagregación de la alianza política que sostuvo a Néstor y Cristina Kirchner. Y la crisis económica es más seria de lo que todos los enemigos burgueses del gobierno admiten. Vienen momentos difíciles.
Para afrontarlos, ante todo es preciso forjar un carácter y un temple en la clase obrera y las juventudes, ajeno y contrario al mostrado por la Presidente en su video. Estoy empeñado en trabajar por ese objetivo.
Si no logramos insuflar “moral y luces” –nuestras primeras necesidades- a las grandes mayorías, si continuamos presos de manipulaciones, mentiras y maniobras por parte de funcionarios que no tienen lo uno ni lo otro, seremos pasto del imperialismo y sus socios locales. Esa sería la peor noticia para la Revolución Bolivariana. Sigo convencido de que Argentina es una clave regional (o, como diría usted, Embajador: “El eje Caracas-Buenos Aires es un componente vital en el proceso de integración y unidad entre los gobiernos y pueblos que constituyen la Patria Grande”).
Ocurre que la burguesía no puede ni quiere llevar a buen término la unión latinoamericano-caribeña. Y que Argentina no es este gobierno en retirada. Aunque subterránea y balbuciente, hay una fuerza telúrica que busca recomponerse y retomar el hilo de la historia. El ejemplo de Venezuela y los países del Alba es vital para eso. Se agotó la fase frepasista del gobierno y la reemplazó el aparato del PJ, lo más corrupto de la burguesía local. No sólo el gobierno, sino el país entero entra en una dinámica de aceleración de la degradación en todos los terrenos. Pero hay reservas. Históricas y actuales. Todo revolucionario consecuente debe trabajar por apoyarse en ellas y acompañar su desarrollo, con certeza impetuoso. La primera condición es decir la verdad de lo que ocurrió y está ocurriendo con este gobierno.
La tarea de los revolucionarios en Argentina es impedir que el veneno de la mentira y la maniobra bloqueen una vez más la posibilidad de construir una fuerza antimperialista de masas. Al cabo, es la única verdadera ayuda que podemos ofrecer como pueblo a la difícil batalla que libran Venezuela y su gobierno contra la escalada imperialista. Y en eso estamos.
Hay algo más en la respuesta del Embajador, que nada tiene que ver conmigo y no obstante debo subrayarlo: no considero estratégicamente positivo que un revolucionario que en Argentina critica a su propio gobierno sea tratado de esta manera. Estamos en tiempo de forja. Entiéndase bien: la clase obrera votó masivamente contra el gobierno, aunque simplemente cambió por otros candidatos de la burguesía; el activismo se volcó casi en su totalidad a variantes opositoras, principalmente de izquierdas. Somos mayoría holgada quienes, desde diferentes trincheras en la lucha antimperialista, estamos frontalmente en desacuerdo con este gobierno.
No me quejo de la rudeza en un debate. Estoy firme en mis opiniones políticas, que nunca son individuales. Y, para decirlo con Artigas: “Con la verdad no ofendo ni temo”.
Para mi asombro, Embajador, usted me trata en su respuesta como “Sr. Luis Bilbao”. Es apropiado entonces cerrar esta réplica con un fragmento de nuestro Atahualpa Yupanqui en El payador perseguido, con la cual me identifico hondamente:

Si alguien me dice señor,
agradezco el homenaje;
mas soy gaucho entre el gauchaje
y soy nada entre los sabios.
Y son pa’mí los agravios
que le hagan al paisanaje.

 

Buenos Aires, 26 de noviembre de 2013

 

 

Las notas en cuestión son:

Tristeza, vergüenza, indignación
http://www.luis-bilbao.com.ar/?p=3341

Respuesta a Luis Bilbao
http://www.aporrea.org/internacionales/a177492.html

 

Referencias sobre mis posiciones pueden ser halladas en:
www.luis-bilbao.com.ar
www.nuestrotiempo.com.ar
www.uniondemilitantes.com.ar
www.deargentinaelespejo.blogspot.com.ar
www.americaxxi.com.ve

Tristeza, vergüenza, indignación

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En su reaparición pública tras 40 días de convalecencia, Cristina Fernández empleó un tono amable y distendido para dirigirse a la ciudadanía por cadena nacional a través de un breve video.

En la única alusión política de su breve mensaje, expresó afecto por Hugo Chávez a través de un cachorrito. Regalo de Adán Chávez en cumplimiento de un compromiso de su hermano fallecido.

Toda una definición tácita de simpatía con el líder de la Revolución Bolivariana y, se entiende, con su ideario.

Pero una suma de errores en ese tramo del video, más una contradicción flagrante minutos después, dieron al mensaje un contenido inverso al buscado.

Cuando explicó el origen del cachorrito y su raza, la Presidente aludió a la historia del perro que acompañó a Simón Bolívar. Contó que aquél murió en la batalla de Carabobo y explicó, para quienes no conocen o no recuerdan nuestra historia, que Carabobo fue “la última batalla en la emancipación del continente”. Y abundó: “cuando estuve en Ecuador estuve cerca del campo de batalla”.

Fernández confundió Carabobo con Ayacucho. Ayacucho, comandada por Sucre, fue la última en la emancipación del continente; Carabobo la última batalla en la emancipación de Venezuela.

Pero también erró el lugar: como se comprenderá, Carabobo no está en Ecuador, sino en Venezuela. Un Estado lleva ese nombre y el Campo de Batalla es una preciada reliquia histórica para todo venezolano de bien.

Hay más: ni Carabobo ni Ayacucho ocurrieron en Ecuador. La gloriosa batalla de Ayacucho se libró en Perú. Soldados argentinos pelearon, murieron y vencieron allí.

Tantos errores en tan pocas palabras asombra. Pero se corta el aliento al ver que la Presidente de nuestro país llama Simón a una mascota, como forma de homenajear al Libertador. Es de suponer cómo hubiera reaccionado Chávez ante este gesto.

El cuarto punto en cuestión ocurrió poco después, cuando el portavoz de la Presidente anunció la designación de Jorge Capitanich, actual gobernador de Chaco, como jefe de gabinete.

Muy lejos de la Revolución Bolivariana, Capitanich fue secretario de Finanzas de Carlos Menem y durante la presidencia de Eduardo Duhalde ocupó el cargo al que ahora regresa. En su ruptura con Duhalde, Fernández lo llamó “El Padrino”. Es pública y notoria la amistosa proximidad con la embajada estadounidense en Buenos Aires del ahijado Capitanich, quien pocos meses atrás fue denunciado por instalar una base militar para inteligencia y manejo de aviones drones en Resistencia, la capital de su provincia. Su argumentación para desmentir la denuncia confirmó con elocuencia sus lazos con el Departamento de Estado. Capitanich es además el hombre de la iglesia, el que sirvió para que el episcopado armara el gran acuerdo de 2002. Es el jefe de gabinete de Francisco.

Carabobo no puede ser confundida con Ayacucho por quien ocupa la primera magistratura del país. Y es todavía más grave que se utilice la imagen de Hugo Chávez para ocultar la orientación del gobierno en esta nueva etapa.

Para subrayar: ningún diario, ningún comentarista estrella, reparó hasta el momento en estas barbaridades.

Invade la tristeza al comprobar hasta qué punto ignoran nuestra historia quienes ocupan los más altos cargos. Avergüenza asistir al desparpajo con que desde allí se exhibe esa ignorancia. Indigna la manipulación del hondo sentimiento que anida en nuestro pueblo por Hugo Chávez, para encubrir el rumbo que se imprime a la política nacional e internacional argentina mediante un agente del imperio en quien se delega el poder.

Sobreponerse a la tristeza, vergüenza e indignación que producen estas conductas, requiere reafirmar la decisión revolucionaria de luchar para torcer el rumbo por el cual una burguesía corrupta e incapaz hasta el ridículo ha enfilado los destinos de Argentina.

19 de noviembre de 2013

11hs.