participación en el periódico de la CTA

Sin teoría revolucionaria no hay acción revolucionaria

enaxxi

 

“Crear poder popular” es una noción tan atractiva como engañosa. En una sociedad de clases el poder político existe como instrumento de dominación. Hay que conquistarlo. No se trata de acrecer el “poder popular” gradualmente. Sólo en períodos de alza revolucionaria es posible dar carnadura a organismos de doble poder, sobre un neto basamento de clase. Contra éste, habrá otro enfrente, el poder burgués. Uno u otro prevalecerá. Antes, habrá una derrota letal para éste o aquél.

No es una diferencia de detalle. Los soviets (asambleas, en castellano, como las que tuvimos en 2001), los consejos obreros (como los que embrionariamente aparecieron en 1969), son por definición pasajeros: desalojan al poder dominante y ocupan su lugar. O sucumben. Fue después de la restauración constitucional, en los años 1980, que la expresión “crear poder popular” apareció en Argentina. Era, presumiblemente, la reacción a cierta concepción en sectores gravitantes en la etapa anterior, donde se concebía la toma del poder como un golpe de mano, al margen de la organización y sublevación de las masas. En realidad, esa polaridad reproducía un antiguo debate, entre el denominado “blanquismo” (o “putschismo”) y la concepción evolucionista, reformista, en la lucha por el poder político. El dilema había sido saldado teóricamente por el marxismo y llevado a la práctica con la Revolución Rusa. Pero con la degeneración de la Unión Soviética y la posterior degradación de la teoría, incluso en cuadros y organizaciones con voluntad revolucionaria se impuso aquel concepto, equivalente al de ganar espacio institucional hasta llegar al gobierno.

Esto se completa en la práctica con la idea de que “creando poder popular” no hace falta un Partido. En Argentina, con una rica tradición anarquista, ambas raíces se combinaron y llegaron a tener peso dominante en el activo militante. Lo hemos pagado caro. Sin Partido de masas y una vanguardia revolucionaria organizada y con gran capacidad de acción, un alza revolucionaria de masas no puede dar lugar a la consolidación de organismos de doble poder, tanto menos a la lucha franca por una victoria de clase.

Vale reflexionar sobre las causas determinantes de que una sublevación tan potente como la de 2001 terminara como terminó: con “todos de vuelta” y con los peores encaramados en el poder por una década, en medio de la confusión y la parálisis del inmenso activo militante que en nuestro país quiere una revolución.

Al cabo de esta experiencia nefasta –derrota costosa como pocas en nuestra historia nacional- se inicia un nuevo período de realineamientos que desembocará, más temprano que tarde, en una sublevación de nuestro pueblo contra el capital. La vanguardia militante no está hoy preparada para esto. Será clave que, esta vez, las y los innumerables cuadros comprometidos con la lucha por el socialismo asumamos que sin teoría revolucionaria no hay acción revolucionaria. Y que las modas son un poderoso instrumento del enemigo.

 

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ponencia al vii° congreso de filosofía en venezuela

Un paso delante del caos

PorLBenAXXI

 

Debate: entre el 16 y el 23 de septiembre tendrá lugar en Venezuela un Congreso Internacional de Filosofía. Sesionará inicialmente en Maracaibo y se expandirá luego a todo el país.
Un centenar de venezolanos e invitados extranjeros provenientes de distintas culturas y lugares del mundo se empeñarán en un debate abierto. Luego llevarán sus conclusiones al conjunto nacional a través de actos públicos multitudinarios para la exposición y confrontación de ideas.

 

El autor de este texto no es filósofo; se limita a cumplir con el significado etimológico de la palabra: amor por el conocimiento. Invitado al VIIº Congreso, la ponencia que presenta y se reproduce a continuación es una licencia alentada por la célebre Tesis XI de un no menos conocido librillo de Marx y Engels, según la cual “Los filósofos no han hecho sino interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”. Desentrañar la situación y la dinámica de la economía y la política mundiales es una exigencia que va más allá de una disciplina. Actuar en ella es tarea de revolucionarios, filosofantes o no. Detener la irracionalidad capitalista y trazar un horizonte para la humanidad es empresa colectiva, como bien lo han entendido las autoridades venezolanas, en su esfuerzo por lograr que millones amen el conocimiento y sean filósofos para la revolución.

¿Huyó vencido el fantasma de una depresión mundial? ¿Salió la Unión Europea de la recesión? ¿Superó Estados Unidos la caída con la que arrastró al mundo en 2008? ¿China –y los Brics– continúa siendo y puede al cabo ser el motor salvador de la economía mundial?

Éstas son las preguntas de nuestro tiempo, empeñado en mirar de soslayo el abismo. Tienen respuestas vagarosas de parte de los propagandistas del capital; temerosas de quienes con el bagaje teórico necesario intuyen lo que se gesta en el subsuelo pero no acaban de asumirlo; quiméricas, fruto de un razón que a la hora de la acción fuga hacia formas insólitas de irracionalidad, de parte de aquellos que Lenin denominaría infantoizquierdistas; esquivas en la opinión de conciencias abrumadas por la travesía dolorosa de las últimas décadas. Paradojalmente, suelen recibir réplicas netas en la voz de personas carentes de herramientas teóricas, sufrientes directas de la debacle capitalista y armadas con la voluntad de transformación radical.

Desprovista de voluntad política y objetivos revolucionarios la razón teórica desbarranca. Desprovista de basamento teórico, la voluntad política y los objetivos revolucionarios naufragan. Aún no plasma la conjunción virtuosa de los elementos capaces de provocar el alumbramiento. La ausencia de uno u otro, o su insuficiente despliegue y ensamble, produce adefesios. Es un momento sin parangón en la evolución de la humanidad y del sistema que domina al mundo.

Pero la marcha no se detiene. Si la teoría es insuficiente, la acción se apoya en lo que tiene al alcance y busca avanzar. La historia modela a los hombres que necesita. Fue en Venezuela donde brilló la chispa, cuando Hugo Chávez decidió transportar la llama en lugar de cuidar las cenizas, acaso sin registrar el discurso de Jean Jaurés y más inspirado por la idea nietzscheana de llevar el fuego al valle. Como sea, su accionar detonó un proceso en todo y por todo original. A poco andar el mundo asistiría atónito al renacimiento del socialismo como idea motriz. Tras el rayo vino la luz, aunque también encandilamiento y ceguera; luego el trueno, el temor, pero también la epifanía de ideas recuperadas y renovada voluntad revolucionaria. En apenas un instante, para remitir a la bella novela de Manuel Scorza, seguiría la tumba del relámpago. Y ahora, las grandes preguntas…

***

Cuando estuvo claro que la enfermedad de Hugo Chávez era irreversible, tras el impacto emocional comenzó a tomar forma otra dimensión de la pérdida: ¿volvería el panorama mundial a la desolación previa a la irrupción de la Revolución Bolivariana? ¿Perdería su impulso la transición al socialismo y desaparecería el eje ordenador de las vanguardias anticapitalistas en todo el mundo? Dicho de otro modo: ¿moriría de verdad el Libertador socialista?

Hubo diferentes momentos para el planteamiento crudo de este dilema. En las filas de la Revolución, pero también en las de la oposición burguesa, no se quería pensar –y no se pensó– en la desaparición de Chávez del escenario venezolano e internacional.

La religiosidad popular simplemente excluyó la posibilidad de que Chávez muriera. No puede haber un Dios tan injusto. Incluso los principales cuadros de la Revolución se negaron a reflexionar sobre un futuro cercano sin el comandante y confiaron en que todo volvería a la normalidad. Lo mismo ocurrió en el conjunto de cuadros y funcionarios identificados con la Revolución, que excluyeron la proximidad de un desenlace fatal, aunque no pocos habrán rezado por lo contrario.

El fenómeno de negación colectiva siguió incluso cuando el sábado 8 de diciembre de 2012, tarde en la noche, Chávez dio un discurso de extraordinaria carga dramática aunque formalmente idéntico a tantos otros y dijo –sin decirlo y hasta cerrando el paso a semejante idea– que no sobreviviría. Pidió permiso formal a la Asamblea Nacional para operarse en Cuba, trazó una línea de acción para la hipótesis de su ausencia definitiva y, para el caso de una obligada elección presidencial, designó a Nicolás Maduro como candidato.

El equilibrio político perfecto de esa pieza oratoria, ofrenda de lucidez, abnegación y coraje, aún no ha sido analizado, pese a que después, en la fugaz campaña electoral, fue un instrumento propagandístico clave. Como consta a numerosos cuadros de la Revolución Bolivariana, desde un principio y sobre la base de consultas a quienes podían mirar el tema con ojos científicos, mi expectativa fue mínima. No obstante, la recuperación a mediados de 2012 y la participación de Chávez en la campaña electoral que culminaría con su victoria del 7 de octubre me hicieron replantear el pronóstico negativo, para sumarme sin matices a la convicción general de que todo había vuelto a sus carriles.

Por eso el impacto fue mayor cuando se anunció el viaje a Cuba y luego, al ver aquella fatídica cadena nacional. Mis conclusiones a partir de ese mensaje quedaron expresadas en un conversatorio que realizamos el 14 de diciembre [Chávez y el futuro de la Revolución: http://www.luis-bilbao.com.ar/?p=1154]
Entre las excepciones que sí asumieron la inminencia de la muerte de Chávez cuentan, claro está, los funcionarios del Departamento de Estado. Con la información públicamente conocida y eficientes especialistas analizándola, podían llegar a la presunción cierta de que la enfermedad era irreversible. A partir de esa certeza y, con su interpretación de las fuerzas que mueven la historia, los estrategas del imperialismo concluyeron, bien antes del deceso del líder bolivariano, que la Revolución estaba acabada. Y actuaron en consecuencia: lanzaron una arremetida general que en su osadía incluyó el reemplazo del Papa [Vaticano, revolución y contrarrevolución en América Latina; 20/03/2013: http://www.luis-bilbao.com.ar/?p=178]
Ellos obraron según una interpretación idealista del curso de la historia, atribuyendo a un individuo el fenómeno desatado en Venezuela, extendido en América Latina y proyectado hacia todos los puntos cardinales. Erraron, como ya puede verse a medio año de la desaparición de Chávez. Pero la mecánica contraria, sobre la misma base teórica, llevaría igualmente a error. Y puesto que el accionar imperialista persistirá, intensificado y extendido, un fallo conceptual de los revolucionarios puede significar la muerte de la Revolución. La interpretación idealista del liderazgo de Chávez, sea para defenderlo o atacarlo, lleva fatalmente a error. De allí la necesidad de ahondar en el tema.

***

En tan extraordinaria circunstancia histórica ¿cómo actuaron y actúan las fuerzas de la Revolución? ¿Sobre qué base teórica apoyaron sus definiciones? ¿Cuál era el andamiaje para analizar la Revolución Bolivariana y el papel de su líder? ¿Qué basamento tienen las previsiones sobre lo que vendría en Venezuela y América Latina?
Así como la irrupción de Chávez descolocó a prácticamente todas las organizaciones e individuos involucrados en la lucha por la revolución, su prematura e inesperada partida reprodujo errores de apenas una década y media antes. Pero no se trata aquí de hacer una crítica detallada de las posiciones adoptadas ante la coyuntura sino, por el contrario, de resumir nuestras propias posiciones, puesto que son las que entendemos imperativas para afrontar lo que viene.
En 2008, cuando era impensable la muerte natural de Chávez (aunque siempre estuvo presente la posibilidad de un atentado que lograra su objetivo), publiqué mi quinto libro sobre la Revolución Bolivariana y, como parte de ella, del papel de su líder [Luis Bilbao. Venezuela en revolución, Renacimiento del socialismo. Capital Intelectual, Buenos Aires, octubre de 2008] En el capítulo IV, titulado Masa, individuo y dirección, decía lo siguiente:

“Evaluar el papel de un individuo circunstancialmente prominente no es una cuestión menor y no está en absoluto vinculada con interpretaciones psicológicas. En el caso venezolano, la exigencia es más imperativa que en otros. Acaso por eso mismo, sobresalen tanto más los errores.
En materia de intelección inmediata de grandes acontecimientos la historia registra resbalones grotescos y el listado no perdona derechas ni izquierdas, deslucidas a la hora de distinguir en sus primeros pasos una revolución de una contrarrevolución. O viceversa. Contra lo que puede suponerse, no es sencillo reconocer la naturaleza de una transformación social en medio de las convulsiones que le dan origen. Tanto más difícil es prever la llegada de tales situaciones y, cuando suceden, ocupar en ellas un papel dirigente. Venezuela es ejemplo descollante de confusión teórica y política, a derecha e izquierda, desde el momento en que el statu quo recibió un golpe mortal con el Caracazo, luego con la abrupta aparición de un dirigente militar y finalmente con el recorrido de una revolución que en cinco años atravesó una sucesión de etapas hasta proclamarse socialista.
¿Qué papel le cupo a Hugo Chávez en esa marcha vertiginosa? ¿Es responsable del giro en 180 grados de la Venezuela del Pacto de Punto Fijo, o sólo el emergente de un estado de cosas insostenible?
Con el paso de lo siglos han cambiado las formas de interpretar la gravitación real de quienes conquistan lugares prominentes en el devenir de la historia. Hacia los 1700 el sujeto individual lo era todo. Luego, por el contrario, se atribuyó a causas generales un destino fatal para la sociedad, ante las cuales el individuo no podía sino malearse y someterse. La primera cargaba todo el peso del desarrollo histórico al genio individual, a los “grandes hombres”. La segunda, negaba por completo la capacidad humana individual para pesar sobre los acontecimientos trascendentales.
Más tarde el materialismo histórico vendría a dar basamento científico a una interpretación en la cual la libertad se conjuga con la necesidad y bajo determinadas condiciones el individuo cuenta en grado sumo, acaso de manera decisiva. Cupo a Jorge Plejanov desarrollar esa interpretación dialéctica que combinaba las causas generales con el papel del individuo en la historia:
‘Las relaciones sociales tienen su lógica inherente: en la medida en que las personas viven en un determinado relacionamiento mutuo se comportarán, pensarán y actuarán de una manera dada y no de otra. Los intentos por parte de hombres públicos de combatir esta lógica serán infructuosos; el curso natural de las cosas (por ejemplo, esta lógica de relacionamiento social) reducirá todos sus esfuerzos a la nada. Pero si yo conozco en qué dirección están cambiando las relaciones sociales debido a determinados cambios en el proceso de producción socioeconómico, podré también saber en qué dirección está cambiando la mentalidad social; consecuentemente, estaré en condiciones de influenciarla. Influenciar la mentalidad social significa influenciar los acontecimientos históricos. De allí que, en un cierto sentido, puedo hacer historia, y no será necesario para mí esperar que ésta sea hecha’ (a).
En los idus del siglo XX este andamiaje teórico legado por los dos siglos anteriores se disolvió en un eclecticismo insustancial. Arrastrada por la superficialidad periodística, la interpretación del papel del individuo en la historia dio lugar a una caricatura adaptada a cada necesidad: el sujeto individual reemplazó a las clases sociales y fue investido de todos los poderes, a la vez que se daba por descontada la intangibilidad del sistema capitalista, con lo cual el lugar de los ‘grandes hombres’ en la historia se limitó a la adquisición de aptitudes suficientes para lograr apariciones exitosas en televisión, ganar votos e impulsar, con la fuerza así obtenida, el ‘modelo’ económico dictado por la coyuntura inmediata. Un mismo golpe de publicidad postmoderna desconoció el peso de las causas generales, es decir, de la necesidad, y eliminó toda libertad individual frente al devenir histórico. Los asesores ocuparon el lugar del pensamiento teórico, las consultorías reemplazaron a los partidos y la encuesta sustituyó la defensa de opiniones fundadas y la educación de las masas.
No es sorprendente que en semejante ambiente la aparición de Hugo Chávez fuera desdeñada, atacada o ensalzada, pero casi sin excepción incomprendida. Luego, ya con la dialéctica histórica a toda velocidad, esa misma incomprensión llevaría a la reacción internacional a identificarlo con la causa de todos los males, a la vez que una porción para nada desdeñable de las izquierdas transformaría su figura en poco menos que un ícono viviente, mientras que otra porción igualmente significativa continuó identificándolo con una mera variante de las incontables artimañas del capital para sobrevivirse. El factor común a todos, desde luego, es la incomprensión de la realidad mundial, del papel de América Latina en ese conjunto y del peso objetivo de Hugo Chávez sobre la marcha de la historia en este momento crucial de la humanidad.
En descargo de tanto desacierto hay que decir que errores de pareja magnitud fueron cometidos por no pocos ‘grandes hombres’ a lo largo de la historia”.
Soslayada la crítica de las posiciones de izquierdas frente a la irrupción de Chávez, tras su desaparición importa más aún que antes subrayar la dialéctica entablada entre la agonía del sistema en Venezuela y el líder aparecido en la sublevación militar del 4 de febrero de 1992. Permítasenos por tanto volver al capítulo citado, saltando por sobre una veintena de páginas:

“(…) es la estrategia, no la psicología, la disciplina que explica a Chávez. Desde el juramento del Samán de Guare, no ha cesado de transmitir, todo el tiempo, por todos los medios, ante cualquier auditorio, conocimientos, convicciones y propósitos. Éstos mismos han ido cambiando, desenvolviéndose, hasta transformar en ciertos casos su contenido original en lo contrario (el más notorio es su adhesión inicial a la ‘tercera vía’, formal y públicamente autocriticada años después). Pero la actitud invariable ha sido compartirlos, tal vez en la convicción de que enseñar es aprender, transformando la política en docencia permanente. Ocurre que enseñar es también aprender, transferir ideas a una o millones de personas equivale a recibir de ellas nociones, conceptos, valores. Chávez personifica esa dialéctica. La simbiosis resultante ha dado como saldo la elevación asombrosa en la conciencia de las mayorías venezolanas, así como la clave para explicar la propia línea de marcha del Presidente. Con el mundo entero empujando en sentido contrario a la revolución socialista, es un prodigio que el conservadurismo propio de ese sector especial de las clases medias, la fuerza armada, combinado con la lógica reformista de un movimiento de masas en el que prevalecen las mayorías desocupadas o cuentapropistas y un proletariado sin plena conciencia, sin dirección propia, no haya doblegado la voluntad de quien marcha en primera fila y ocupa el lugar de comandante. La dialéctica negativa que hizo de Lula y el PT, por ejemplo, un líder reformista y una organización capaz de sepultar su propio programa inicial, en Venezuela obró de manera inversa, alumbrando un proceso revolucionario que lejos de llevar a un remanso un torrente embravecido, produjo un salto cualitativo en la evolución política de la sociedad al darle a la mayoría sumergida un contenido programático y organizativo enderezado hacia la transición al socialismo.
Hacia 1902, con el célebre Qué hacer de Lenin se inició en Europa un debate teórico que aún perdura, ¿pueden por sí mismos los trabajadores, las masas desposeídas, transformar sus reclamos sociales en conciencia revolucionaria socialista? Sin teorizar Venezuela salda en los hechos el dilema: Hugo Chávez obra como motor y vehículo de la conciencia de millones. Pero si la buena teoría asegura que ningún partido puede sustraerse a la realidad de la masa cuyos sentimientos encarna, tanto más ha de valer esa certeza cuando se trata de un individuo. Es patente que la realidad social, cultural e ideológica de la masa y las vanguardias que apoyan a Chávez condicionan y hasta cierto punto determinan su accionar y explican buena parte de su conducta. Lo notable del fenómeno no reside en los pasos a menudo cruzados en el andar político de la Revolución Bolivariana, sino la resultante de ese movimiento en sus primeros 10 años de desarrollo: siempre adelante, invariablemente en el sentido de mayor radicalización, amplitud y profundidad.
He allí –para usar la expresión de Plejanov– la ‘significación colosal’ de Hugo Chávez: en él vienen a expresarse la necesidad de un época, las causas generales que dan lugar a una crisis sin precedentes del sistema capitalista, el acervo político histórico de América Latina, el agotamiento de los instrumentos políticos de las clases dominantes para ejercer el poder. Con o sin Chávez, esa fuerza poderosa busca un cauce y al hacerlo descoyunta los regímenes burgueses de toda Suramérica.
No obstante, el desarrollo de la Revolución Bolivariana hasta el punto al que ha llegado, así como su futuro por todo un período que no será breve, reposa sobre los hombros de este individuo, con un grado de dependencia apenas un punto menos que absoluto. Ése debería ser un eje obligado para el análisis y el accionar político. El futuro depende de que la masa asuma conscientemente su condición de clase, el individuo complete su deliberada transmutación en Partido y quede conformada, como culminación de un proceso de rescate y recomposición, una dirección revolucionaria en Venezuela, con proyección y articulación internacionales. Esas tres tareas de dimensiones históricas tienen por tanto un punto de apoyo decisivo en la figura de Hugo Chávez, pero dependen en última instancia de la capacidad de las vanguardias para ensamblar el papel del individuo con el movimiento de las masas, lo cual estriba a su vez en la capacidad para interpretar la realidad internacional y saber actuar a partir de ella en la transición local”.

Definida la extrema dependencia del proceso revolucionario respecto de la figura y el liderazgo efectivo de Hugo Chávez y planteadas tres necesidades y tareas ineludibles, en aquella coyuntura con él al comando del timón, el capítulo terminaba diciendo:

“Sin el concurso de la ciencia como columna maestra para sostener y guiar la voluntad revolucionaria, masas y vanguardias tomarían por senderos que se bifurcan y dejan al individuo ante la fatalidad de las fuerzas ciegas de la historia, en momentos en que la crisis capitalista hace que éstas empujen en sentido inverso a las necesidades humanas”.

 

Subjetividad y fuerzas materiales:

las guerras de nuestro tiempo

A mediados de 2013 no puede afirmarse que en Venezuela la masa trabajadora, juvenil y popular asumió a plenitud conciencia de clase; el Partido resiente la ausencia de su fundador; afirmada como tal, la Dirección Revolucionaria tras sortear el obstáculo jamás inesperado brega con tantos y tan grandes desafíos que resulta excesivo esperar de ella una inmediata acción eficiente en función de la articulación de una fuerza internacional revolucionaria, pese a que allí estriba justamente su posibilidad de consolidación y superación.
Dicho de otro modo: no ha sido transpuesto aún el ‘punto de irreversibilidad’ en la transición al socialismo; no quedó completado antes de la partida de Hugo Chávez el período en el que la marcha de la Revolución reposó de manera determinante sobre sus hombros.
Y esto adquiere su verdadera magnitud a la luz de la respuesta que se dé a las cuestiones planteadas al inicio de este texto, resumibles en la siguiente: ¿está el capitalismo ante un nuevo ciclo de estabilidad y crecimiento?
No somos pocos quienes frente a esta pregunta pronunciamos un rotundo no. Tampoco son escasas las voces que, sin llegar a afirmar la idea de un futuro amasado en la argamasa capitalista, entrevén un muy largo período de recuperación relativa, suficiente para sostener la centralidad del poder imperial y el control político del planeta desde los instrumentos tradicionales que dan continuidad al capital (partidos, sindicatos, universidades, iglesias, aparato de difusión). Y están, desde luego, los propagandistas del sistema, cargados de premios Nobel.
Nos desentenderemos aquí de éstos y de los segundos, para sólo referirnos a quienes tienen la certeza de la actualidad e inexorable aceleración de la crisis estructural del sistema y la objetiva deriva guerrerista del imperialismo.
En cuanto a la fundamentación de esta certeza, remitimos a los textos publicados en América XXI, recopilados en Trinchera de ideas. América Latina y el mundo entre 2003 y 2012 [Luis Bilbao. Trinchera de ideas; Fuenap, marzo de 2012]. Aquí se trata exclusivamente de presentar y debatir la respuesta política revolucionaria a una situación de crisis sistémica imposible de sanear sin destrucción masiva, a escala planetaria, de bienes y personas. Día a día se evidencian las medidas a las que, por diferentes vías y con multiplicidad de actores, apela el capital para promover esa destrucción de valor imprescindible para su sobrevivencia pero, más que nunca antes, incompatible con la existencia humana.
Ante los riesgos de sanear el sistema con métodos tales como la Iª y IIª Guerras Mundiales, el capital se ha lanzado a la sistematización de la barbarie inducida: con la rémora de Vietnam, en una escala mayor y cualitativamente diferente a la experimentada en Afganistán e Irak fueron perfeccionando un modelo que Washington busca amplificar. Sobre la base de hendiduras sociales históricas en un pueblo dado (de origen religioso u otros), se promueve la guerra interna con mínima intervención militar directa de fuerzas imperialistas. El Departamento de Estado y sus secuaces europeos promueven el terrorismo a gran escala, al que alimentan militar y financieramente con apenas disimulo, sobre la base de la utilización de mercenarios a gran escala.
La guerra es, así, aparente resultado de fracturas sociales internas, pese a que proviene de otro origen y es practicada por actores externos, mercenarios en un sentido y con magnitudes hasta ahora no conocidas. La destrucción adquiere formas particularmente inhumanas, pero eficientes a los efectos requeridos por el capital. Aunque el precio inmediato es horroroso, es mayor aún el daño a mediano y largo plazos por la degradación que en todos los órdenes provoca el terrorismo que, una vez puesto en movimiento, es practicado por partes de la comunidad contra otras del mismo entorno.
No en vano el fanatismo religioso es una de las resultantes de esta barbarie inducida por los centros de una civilización agónica. Desde el cristianismo originario hasta la resistencia contra el fascismo y el nazismo, pasando por las dictaduras tradicionales en América Latina, el sufrimiento extremo provocado por el accionar militar de los defensores del statu quo muy lejos de quebrar el espíritu de lucha de los sectores más avanzados de una sociedad, llevó a elevadas expresiones de conciencia y combatividad, honradas hoy por todas las culturas. Por el contrario, el terrorismo inducido, la barbarie sistematizada desde fuera a partir de hendiduras reales en una sociedad, destruye también la moral y la conciencia de masas y vanguardias y abre paso a un nuevo tipo de guerra que, basada en el principio fascista de reprimir al pueblo con las propias fuerzas populares, transfigura el principio mismo de la guerra, en cuanto el enemigo se desdibuja y confunde.
Esa transfiguración de la guerra se explica por una razón de fondo, en apariencia paradojal: no es la confrontación de un pueblo contra otro la que lleva a la acción bélica, no es un gobierno y un régimen contra otros, no es un país contra otros, sino un sistema que se combate a sí mismo, necesitado de amputarse para sobrevivir. Sólo la destrucción en escala masiva de mercancía sobrante (incluidos los seres humanos), puede sanear el sistema. La ley de la baja tendencial de la tasa de ganancia ya no encuentra oxígeno extendiéndose hacia nuevas fronteras. Ya se cumplió sobradamente la etapa histórica durante la cual los límites insuperables del capital podían resolverse temporariamente ocupando otros espacios, otras economías. De hecho, la caída de la Unión Soviética, al abrir a las leyes crudas y puras del mercado mundial las compuertas de aquellas regiones que estaban siquiera parcialmente protegidas, en términos históricos asestó una puñalada mortal al sistema capitalista como un todo internacional.
Pero, a la par de esa necesidad, los centros imperialistas carecen de la fuerza político-militar para llevar a cabo victoriosamente una guerra tradicional. Los revolucionarios hemos prestado insuficiente atención a los ejemplos de Afganistán primero (incluso desde los pasos que llevaron a la intervención soviética), Irak después, posteriormente Libia, más tarde Siria y ahora Egipto.
En consecuencia, no estamos suficientemente pertrechados para afrontar el accionar imperialista en esta nueva fase de la contrarrevolución mundial. Basta ver los desvíos de fuerzas revolucionarias e intelectuales comprometidos al alinearse, por ejemplo, con los supuestos rebeldes democráticos de Siria.
Estados Unidos ensayó ese método en América Latina. Fue ostensible en los innumerables intentos por provocar un choque bélico entre Colombia y Venezuela. Allí también se vio la insuficiencia en la mirada de no pocos revolucionarios, que no comprendieron –muchos no lo han descubierto todavía– los extremos a los que debió apelar Chávez (Maduro sigue puntualmente esa línea) para cerrar esa vía de entrada al guerrerismo imperialista. En Bolivia los intentos discurrieron por un modelo más conocido para el Departamento de Estado –la división del país a partir de una histórica fractura étnico-cultural-económica– aunque también fracasó redondamente. Allí la capacidad de respuesta correspondió a la vanguardia revolucionaria boliviana encabezada por Evo Morales, pero acompañada con inusual celeridad y eficiencia por los países del Alba –otra vez, el papel de Chávez– de inmediato prolongada por Unasur. Pero si en esas oportunidades falló, la línea de acción de Washington continúa. Sectores particularmente corrompidos de las burguesías regionales lo acompañan. La instalación de bases no convencionales para guerras futuras menos convencionales aún, golpes de Estado quirúrgicos y camuflados, ensayo de alianzas comerciales, son entre tantos otros los recursos utilizados para bucear en los resquicios, en las fallas estructurales, siempre activas o latentes en cualquier sociedad humana. Allí, por diferentes medios según el caso, los agentes del capital buscan introducir cargas explosivas que detonen situaciones de consecuencias previsibles a la luz de lo que ocurre hoy en Siria y Egipto.
Es claro que la destrucción actual –y la que viene en el futuro inmediato– es insuficiente para resolver la aludida necesidad de saneamiento estructural. Al cabo, esa tarea de demolición masiva debe realizarse en las sociedades económicamente más desarrolladas, lo cual impide excluir la detonación de guerras capitalistas clásicas. Pero es improbable que el sistema practique la autofagia en sus centros vitales antes de que le sea absolutamente imprescindible por razones de competencia interimperialista o de sublevación interna incontrolable. Por el contrario, redoblará su accionar en los sitios que le resulten menos lesivos en lo inmediato aunque el objetivo obligado, sin medir consecuencias, reside allí donde pueda afirmarse una respuesta estratégica a esta dinámica de destrucción mundial. Eso es, precisamente, América Latina.

 

Venezuela y el Alba

Descartada cualquier interpretación metafísica del papel del individuo en la historia, medido el daño producido por la desaparición de Chávez, resta evaluar el saldo de la tarea por él cumplida y trazar un plan para completarla. En ella hay tres dimensiones: la venezolana, la latinoamericana y la internacional propiamente dicha.
Al comenzar por el curso político interno inmediatamente posterior a la muerte de Chávez, queda un saldo rotundamente positivo cuyo centro reside en la afirmación de una Dirección Revolucionaria unida, la victoria electoral del 14 de abril y los esfuerzos ciclópeos realizados por los principales cuadros desde entonces para resolver los innumerables puntos flojos del entramado político-económico-ejecutivo resultantes de una década de revolución pacífica y dos años de agonía de Chávez. Quejosos los hay por miles. Críticos sólidos, bastante menos. Pero a la vista está el hecho incuestionable de que un complejísimo cuadro económico, multiplicado por una furiosa embestida burgués-imperialista, fue en principio controlado y encaminado a su resolución en medio de una realidad política signada por el tremendo trauma de la muerte del líder. Lejos de un optimismo panglossiano, la realidad político-social venezolana, a menos de cuatro meses de una nueva confrontación electoral, esta vez para elegir alcaldes, muestra una línea de consolidación que, si bien debe ser todavía medida en términos comiciales, es inequívoca en términos políticos y se traduce en neto respaldo social mayoritario a Nicolás Maduro y al curso impreso por la Dirección Revolucionaria. Sobre esa plataforma, las tareas pendientes –en primer lugar la adecuación y reestructuración del Psuv, obligada por la ausencia de su numen fundador– permite prever con fría objetividad un curso de afirmación positiva. Sin embargo, aquí vale un axioma: la consolidación de la Revolución Bolivariana, la transición al socialismo, la superación del punto de no retorno, se juegan tanto al interior de Venezuela como en el terreno latinoamericano y mundial. Y en última instancia, es en ese plano internacional donde se librará la batalla que al cabo permitirá o no la abolición del capitalismo, la salvación de la humanidad y, por tanto, la marcha victoriosa de la revolución en Venezuela.
De allí la importancia del desempeño en ese plano del equipo gobernante: asunción por Maduro de la presidencia del Mercosur; reinicio de las relaciones con Washington y réplica inmediata, congelando esa vía de normalización diplomática cuando, con clara intención de medir fuerzas y colocar a Caracas en situación de subordinación, la Casa Blanca lanzó un vil ataque contra la Revolución; participación en la reunión de países productores de gas convocada por Rusia y luego, ante la incalificable agresión imperialista a uno de los participantes, Evo Morales, inmediata y durísima réplica mediante Unasur, Mercosur y luego, en tono mayor, desde el Alba.
En todos estos pasos se vio a los gobiernos del Alba (ahora nueve, con la incorporación de Saint Lucia en la cumbre de Guayaquil) en un creciente ensamble de neta confrontación con los centros imperialistas, que además reiteró en cada instancia la necesidad de articular igualmente a Partidos y fuerzas sociales de los países de ese bloque acompañados por los de toda la región.

 

Obstáculos y dilemas teórico-políticos

Este marco auspicioso no puede ocultar amenazas cada vez más visibles que asedian a la revolución latinoamericana, entre las cuales destacan:

Punto crítico en la convergencia latinoamericana. Una sabia y eficiente diplomacia imperialista obtuvo en los últimos años logros tácticos de riesgosas derivaciones estratégicas. Apuntadas a la división dentro de cada país y entre estos con sus vecinos, a la vuelta de un quinquenio han tenido un éxito desigual que, en conjunto, supera lo inicialmente esperado por los gobiernos más comprometidos con la estrategia contraria. La dinámica de convergencia ha sido frenada y en casos vitales revertida. Sin necesidad de detalles, puede afirmarse que todos aquellos gobiernos que vacilaron –o por definición ideológica se negaron– a encarar una franca política de transición anticapitalista, cayeron en mayor o menor medida en la red imperialista. No por previsible es menos ominoso este saldo. Quedan a la vista tres bloques con dinámicas diferenciadas y, a término, contrapuestas: el Alba, la Alianza del Pacífico (más Paraguay y otros países centroamericanos), y en un tercer parámetro Brasil y Uruguay, estratégicamente descoyuntados ambos entre las perspectivas de afianzar una unidad suramericana antimperialista o refugiarse en convergencia desesperada con Estados Unidos y la Unión Europea a expensas de Unasur y Celac.

Inútil esperar una resolución a este dilema por parte de los gobiernos actuales e inmediatos futuros de estos dos países así como de los cuatro resueltos a integrar la Alianza del Pacífico (Chile, Perú, Colombia y México, más los que hacen fila para incorporarse bajo el chasquido del látigo yanqui).

Degeneración de viejos Partidos y freno a la emergencia de los nuevos. Un rasgo de la crisis actual es la disgregación social. Los partidos tradicionales del capital, cuando existen como tales, están corrompidos hasta la médula. Suponen no ya la instrumentación de políticas de naufragio burgués, sino la degradación del pensamiento y la acción política, con devastadores efectos destructivos sobre la masa popular en términos de conciencia social y moral pública. A la par, la emergencia de grandes organizaciones políticas con vigor programático y capacidad para promover la participación plural y democrática está trabada. En Venezuela, después de su formidable salto fundacional, aun afirmado como vehículo de asunción política masiva, movilización colectiva y formidable herramienta electoral, el Psuv no logra afianzarse como nexo vivo entre las masas y el gobierno al punto necesario para obrar como organizador y educador colectivo en condiciones de librar la guerra contra el sistema capitalista en todos los terrenos. Está a la vista el esfuerzo hercúleo de buena parte de la Dirección Revolucionaria que, en medio de las exigencias de la transición, intenta revitalizar y potenciar las fuerzas originarias del Psuv, plasmadas en documentos claves de su historia y en la incansable tarea educativa de Chávez. En Bolivia y Ecuador, donde por diferentes vías aparecieron nuevas fuerzas políticas capaces de encauzar la voluntad mayoritaria en los primeros pasos de la profunda transformación en curso, estas instancias han quedado frenadas en un punto intermedio. Distante de estos casos, en Perú la instrumentación electoral de una masiva voluntad de cambio, muy lejos de transformarse en fuerza partidaria con programa anticapitalista ha derivado en factor de freno y confusión, sin que hasta la fecha se perciban puntos de apoyo para una superación revolucionaria. En México y Argentina, donde el cuadro político-partidario tradicional ha llegado al máximo de degradación, no hay atisbos de conformación de nuevos partidos con voluntad y capacidad revolucionaria. En Chile y Uruguay, con formas diferentes de frentes electorales que han gobernado durante años, la asimilación de sus estructuras y dirigencias al sistema no presenta, como contraparte, estructuras, cuadros y programas para salir de esa regresión. Fuera de análisis queda Colombia, donde la eventual consecución de la paz abre la posibilidad de conformación de una poderosa fuerza revolucionaria de masas, con estrategia antimperialista y anticapitalista. Por último, en Brasil el Partido dos Trabalhadores, pionero en la renovación del panorama político latinoamericano cuando comenzaba a verificarse la completa putrefacción de los antiguos partidos del capital, tras haber recorrido paso a paso el camino de integración al sistema y con 10 años de gobierno, aliado con aquellos partidos a los que enfrentó en su nacimiento y primer desarrollo, no da muestras en la teoría, la política y la organización, del vigor necesario para remontar su vertiginosa caída, no negada por sucesivas victorias electorales.

Elecciones. Como directa expresión de la ausencia de partidos revolucionarios socialistas con arraigo en las masas, con excepción de los miembros del Alba, los procesos electorales en las sociedades latinoamericanas muestran signos de agotamiento como expresión de la democracia. Comicios regulares y eventuales recambios de gobiernos al compás de un constante empeoramiento de las condiciones sociales y el ostensible festival de corrupción de los aparatos gobernantes en función del capital, todo amarrado por instituciones que para la participación electoral exigen cantidades fabulosas de dinero y alimentan el recambio exclusivo entre representantes del gran capital, producen un desencanto general con esta mascarada democrática y obligan a sectores de la vanguardia a preguntarse por nuevos caminos para alcanzar mudanzas verdaderas. Paraguay es un caso clave, pero está lejos de ser el único.

Pluripolaridad. Éste fue un vector fundamental en la estrategia internacional de Chávez. Su enorme potencia reside precisamente en la posibilidad de encauzar las fuerzas centrífugas generadas por la crisis capitalista hacia la conformación de bloques de diferente naturaleza pero aunados en su distanciamiento defensivo de los centros imperiales (es la forma contemporánea del concepto Frente Único Antimperialista elaborado por la Tercera Internacional en tiempos de Lenin y Trotsky). Con intrépida sagacidad y eficiencia, en momentos de eclosión de la crisis el gran capital imperialista respondió rearticulando el G-20, el cual serviría desde 2008 para imponer la política de salvataje global elaborada en Washington y Bruselas. Ese paso desanduvo en buena medida el camino recorrido en la primera década del siglo. La reaparición de la crisis estructural, todavía invisible a la mirada superficial, conflictúa por estos días ese grupo eficiente durante cinco años decisivos para evitar el pasaje de la recesión a la depresión. Pero la nueva dinámica centrífuga no encuentra un centro de atracción antimperialista con suficiente poder. La citada reunión en Moscú de productores de gas, con la participación de Rusia, Venezuela, Irán, Bolivia, Ecuador y otros países (y la comprensible réplica brutal del imperialismo), el zigzagueo irresuelto en la agresión a Siria (Rusia y China mediante), el callejón sin salida de Estados Unidos en su intento de emplazar misiles de largo alcance en los bordes de Rusia, son algunos entre muchos otros signos de que la evolución tendencial hacia un contrabloque del G-20 cuenta con suficientes fuerzas motrices aunque no con estrategia explícita y liderazgo suficiente.

Caminos de la transición. Aun en este cuadro de severas dificultades, la marcha con rumbo antimperialista y anticapitalista de los países del Alba avanza paso a paso. Hay barreras objetivas (PIB conjunto comparado sobre todo con los tres mayores países de la región, insuficiente acumulación primitiva, subdesarrollo industrial y científico-técnico, falta de instrumentos políticos a la altura de las exigencias…) que plantean límites sólo superables mediante dos factores: tiempo y extensión de la estrategia anticapitalista a todas o algunas de las economías mayores (Brasil, México, Argentina). Resistir y ganar terreno mientras esa posibilidad se realiza es la gran tarea a la que todo genuino revolucionario, en América Latina y en cualquier parte del mundo, está compelido a contribuir con el máximo de esfuerzo, lucidez y disciplina. Se trata de la mayor amenaza política actual al sistema capitalista y, por tanto, será atacada por los centros imperialistas desde todos los flancos, sin excluir el de la violencia a gran escala si se les permite.

Disritmia en el corazón del capital. Movimientos de víctimas de la crisis en los países centrales conmovieron Europa e hicieron una aparición fugaz en Estados Unidos. Impensable un mundo futuro sin la participación de los proletariados y las juventudes en los países imperialistas. A la vez, impensable el desarrollo y radicalización efectivos de esos movimientos sin un choque frontal con las fuerzas reformistas pro-capitalistas dominantes en partidos y sindicatos. Desde hace años se estructuró una alianza socialdemócrata-socialcristiana para cerrar el paso a cualquier variante revolucionaria. Las formaciones alternativas están a menudo cribadas por concepciones antipartido o por sectarismo, enfermedades ambas que impiden su transformación en alternativas reales de lucha por el poder y la revolución. También aquí el tiempo es un factor insoslayable; aunque si éste es relativo en cualquier circunstancia, tanto más lo es cuando se desencadena una crisis y las masas quedan ante situaciones extremas.

Un centro internacional para la revolución. A la disgregación capitalista sólo puede contrarrestarla la centralización por el socialismo. Los esfuerzos por la unión antimperialista a gran escala serán frustrados –¿cuántas veces se ha visto esto en el último medio siglo?– si no aparece y se afianza con poder real un centro internacional por el socialismo. Entre las muchas intuiciones geniales de Chávez, ésta fue la más brillante y osada. También la menos meditada y aquilatada por cuadros y partidos anticapitalistas en el mundo. Su llamado a la creación de una Vª Internacional fue respondido con inmediato apoyo en innumerables casos a escala global, pero soslayado o rotundamente enfrentado por fuerzas fundamentales. Era uno de sus objetivos principales cuando lo atacó la enfermedad. Y el proyecto estratégico cayó en saco roto, tanto en la acción como en el pensamiento anticapitalistas. No es función de gobiernos crear una internacional revolucionaria. Pero sí les corresponde a ellos impulsarla, directa e indirectamente, a través de partidos, cuadros y líneas políticas de acción estratégica. Como sostuvimos en 2009, cuando el comandante Chávez lanzó la idea, estamos convencidos de que tal instancia organizativa se asemejará más a la Primera Internacional, fundada por Marx y Engels, que a las que la sucedieron: “En la actualidad, por razones objetivas y subjetivas una organización internacional no puede pretender la homogeneidad ideológica que originalmente tuvieron la IIª, IIIª y IVª. Por el contrario, en lo que hace a su heterogeneidad superaría largamente a la Iª, aparte de que no resultaría del impulso consciente y organizado de una vanguardia obrera con aval de masas” [Ibid. Hora de definiciones. Chávez llama a la Vª Internacional; pág. 356]

Esta certeza no contradice la necesidad de organización partidaria, sino lo contrario, con la capacidad para incorporar a millares de instancias políticas, sindicales, campesinas, estudiantiles y populares de todo tipo. Se verá si la mirada realista de direcciones políticas con aval de masas no se reduce al accionar pragmático.

 

Colofón

No: el fantasma de una depresión mundial, superior en todos los órdenes a la de 1929, lejos de haber huido, planea cada vez a menor altura sobre las grandes economías. No: la Unión Europea no salió de la recesión; Estados Unidos al contrario de haber revertido la caída de 2008 vio el aumento de la desocupación, la disminución del nivel de vida del conjunto social y la distorsión sin precedentes de sus números macroeconómicos arrastrados por una emisión sideral, base de la pausa en la caída. No: China no continúa jugando el papel de dinamizador de la economía mundial al nivel requerido por la crisis occidental. Por el contrario, en dinámica de estancamiento, obrará más y más como feroz competidor, en tanto gran potencia industrial. En cuanto a los restantes Brics, con la excepción relativa de Rusia y con Brasil a la vanguardia, no son ya, ni pueden en ninguna hipótesis ser a mediano y largo plazos, el motor capaz de mantener en vuelo a la aeronave averiada del sistema dominante.

En suma: la pervivencia del capitalismo requiere, como siempre para sanear su estructura y remontar una crisis, control y abaratamiento de fuentes energéticas y materias primas (primera exigencia para contrarrestar la ley de la baja tendencial de la tasa de ganancia), destrucción de valor por doquier (condición para resolver la sobreproducción) y acción contrarrevolucionaria en cada punto donde pueda aparecer un faro anticapitalista. Todo esto conduce a la guerra, clásica o postmoderna. La tragedia provocada en Siria por Washington y Bruselas es un ominoso adelanto. América Latina, en particular los países del Alba, afrontan esa realidad o sucumben ante la supremacía político-militar del conjunto imperialismo-burguesías locales. Aliados, munidos de poderosísimos recursos, socialdemocracia y socialcristianismo trabajan para sostener el capitalismo, aunque dicen estar contra el autoritarismo y la guerra (muchos pueden incluso creerlo, puesto que, como dice Adriano por la pluma de Marguerite Yourcenar “a la larga la máscara se convierte en rostro”).

Este dilema está planteado en ausencia del Libertador socialista, quien citando al Che insistió siempre en la necesidad de estar “un paso delante del caos”.

Permítasenos repetir, ahora en clave latinoamericana, que el futuro depende de que la masa asuma conscientemente su condición de clase, el individuo complete su deliberada transmutación en Partido y quede conformada, como culminación de un proceso de rescate y recomposición, una dirección revolucionaria en Venezuela, con proyección y articulación internacionales.

Una inmensa labor de difusión y debate, de educación de masas, de enseñar para aprender, de organización política en cada país y a escala internacional, es la contribución que propongo, con carácter impostergable, a las y los participantes en este VIIº Congreso Internacional de Filosofía.

 

Buenos Aires, 24 de agosto de 2013

 

 

Cambiante relación de fuerzas

PorLBenAXXI

 

Cuatro gobiernos europeos disculpándose ante Evo Morales y de cara al mundo son un hecho político contundente y una advertencia para los tiempos que vienen. También lo es la agresión del Departamento de Estado al calificar a Venezuela como país represivo y la respuesta de Nicolás Maduro, quien de inmediato suspendió las conversaciones apuntadas a normalizar las relaciones entre Washington y Caracas. Entre otros, estos hechos revelan una cambiante relación de fuerzas en el terreno internacional.

Tal vez por no registrar que vive en un mundo diferente al de una década atrás, el gobierno de Estados Unidos actuó como lo que ya no es: la potencia hegemónica inobjetable. Error costoso. Al insultar a Evo Morales afectó a toda América Latina y permitió que el Mercosur retomara una iniciativa basculante desde que, dos meses antes, Washington lograra articular la Alianza del Pacífico. En el zafarrancho la Casa Blanca arrastró a sus socios de la Unión Europea.

Los gobiernos de Francia, España, Italia y Portugal debieron pedir disculpas públicas a Evo Morales. Demoraron, mintieron como niños descubiertos tras romper una copa, zigzaguearon… pero acabaron doblegándose sin elegancia ante el presidente de Bolivia.

“Parece que hay un malentendido. Si lo hubo, si el presidente Evo Morales tuvo esa percepción, yo no tengo ningún inconveniente en pedir disculpas” balbuceó el canciller español José Manuel García Margallo, lejos de la conducta de un caballero peninsular. En la carta García lamentó “el proceder de (el embajador español en Viena) Alberto Carnero”, quien en la forzada escala de Viena intentó revisar el avión de Evo para verificar si a bordo se encontraba Edward Snowden.

Lo propio hizo el ministro de Exteriores de Portugal, Paulo Portas. Le expresó al canciller boliviano David Choquehuanca que su país se disculpaba, a fin de “contribuir a superar la tensión entre los países del Mercosur y los miembros de la Unión Europea”.

Como de costumbre Francia estuvo a la vanguardia: fue el primero en cerrar el espacio aéreo al avión de Morales y también en pedir disculpas, aunque el presidente François Hollande se demoró hasta el 21 de julio para retroceder en persona. “Francia lamenta de verdad este hecho y nunca tuvo el ánimo de ofender a Bolivia; nunca hubo intención de insultar al presidente boliviano”, dijo Hollande según el embajador Michel Pinard.

Evo fue magnánimo: “Aceptamos las disculpas de los cuatro países como un primer paso, porque queremos continuar con las relaciones de respeto entre nuestros países, las relaciones de complementariedad y solidaridad”.

En medio de una crisis económica que no cede, para la economía de la UE resultaba una amenaza demasiado gravosa el retiro de los embajadores dispuesto en la reunión del Mercosur ampliado. «¿Y después nos hablan de cumbres EU-AL (Europa – América Latina)? ¡A reaccionar Patria Grande!”, exclamó en twitter el presidente de Ecuador Rafael Correa al enterarse del episodio.

 

Detrás de la agresividad estadounidense

«El mundo en el umbral de un nuevo capítulo de la crisis económica», señaló América XXI en su edición de julio. Arreciaba en ese momento la propaganda según la cual la economía estadounidense estaba ya en plena expansión. Días después llegó el informe sobre la evolución del PIB en Estados Unidos para el primer trimestre: la previsión era un aumento del 2,4%; la realidad, 1,8%. «Hay una correspondencia directa entre agravamiento de la crisis capitalista y sistemática negación de los derechos y garantías individuales», afirmaba el mismo texto. También la hay entre la revelación del espionaje masivo practicado por Estados Unidos en todo el mundo y los agresivos pasos dados por la Casa Blanca, que en las semanas siguientes, directa e indirectamente, a través de sus aliados, sumó gestos de belicosidad extrema hacia todos los flancos.

La agresión a Evo estuvo enmarcada por el relanzamiento de la política de intervención en Siria, ostensible distanciamiento respecto de China, llamados telefónicos amenazadores a presidentes y ministros latinoamericanos para evitar la concesión de asilo a Snowden, una advertencia fuera de lugar y proporciones a Rusia por el mismo caso y el giro en redondo respecto de la distensión con Venezuela: del encuentro de los cancilleres de ambos países en Guatemala destinado a reiniciar relaciones diplomáticas plenas, a una gratuita acusación utilizada como provocación.

El Departamento de Estado utilizó a Samantha Power para dinamitar la balbuciente relación diplomática con Venezuela. Al presentarse ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado en el trámite de aprobación como embajadora ante la ONU, Power sostuvo que su trabajo incluirá “responder a la represión a la sociedad civil que se está produciendo en países como Cuba, Irán, Rusia y Venezuela”.

Estados Unidos está actuando como en los años 1980 frente a la Unión Soviética y sus aliados. En ese entonces ensayó la combinación de un discurso democrático (allí nació la noción actual de «derechos humanos», entendidos exclusivamente como garantías constitucionales) con la extrema agresividad de la llamada «guerra de las galaxias». Tuvo excelentes resultados para el capitalismo central. Pero los tiempos han cambiado: dos ciclos de agravamiento sistémico colocan a la economía mundial en un cuadro de fragilidad sin precedentes; mientras Estados Unidos, lejos de poder ser presentado una vez más como cuna de la democracia, se exhibe como motor del totalitarismo y la negación de las garantías individuales. La diferencia fundamental, sin embargo, reside en que los países del Alba no son equiparables a la ex Unión Soviética. En ellos prima la plena participación democrática de las mayorías. Y no sostienen una política de statu quo, sino la propuesta revolucionaria definida como «socialismo del siglo XXI». Ahora hay capacidad de respuesta frente a la estrategia yanqui.

Quedó comprobado con el conjunto de decisiones que obligaron a la retractación de Europa. Fue reafirmado con la réplica venezolana a la provocación estadounidense: “Yo repudio, rechazo en todas sus partes las destempladas, injustas y además agresivas declaraciones de la embajadora Samantha Power contra Venezuela. Y pido una rectificación inmediata del Gobierno de Estados Unidos por estas declaraciones infames”, dijo Maduro. Como esa rectificación no llegó en las horas siguientes, el presidente venezolano suspendió las conversaciones con el gobierno de Barack Obama: “Hasta que ustedes no respeten, no hablamos; hasta que ustedes no rectifiquen, no habrá punto de encuentro», anunció el mandatario. Días después Samantha Power fue confirmada como embajadora ante la ONU y ocupará el puesto de Estados Unidos en el Consejo de Seguridad.

Maduro asumió en los hechos que el poder real en Washington no quiere restablecer relaciones con Venezuela. De hecho, necesita lo contrario. La Revolución Bolivariana es la vanguardia de un cambio muy profundo en América Latina. Una revolución de neto cuño antimperialista y estratégicamente anticapitalista. Washington quiere, necesita, chocar de frente con esta perspectiva: no sólo por lo que Venezuela implica en sí misma, sino porque se desarrolla en medio de la desestructuración del mecanismo capitalista y el debilitamiento del imperialismo en todos los órdenes, excepto el militar.

Librada precisamente a esa ventaja, la Casa Blanca apeló a su ultima ratio y amenazó a Rusia con «problemas de largo plazo», supuestamente para impedir que Vladimir Putin diera asilo a Snowden. Pero el célebre fugitivo de la CIA es una excusa en el deterioro de las relaciones entre las dos principales potencias atómicas del mundo, como lo es para la coacción estadounidense a Ecuador y la ruptura con Venezuela. No existía el caso Snowden cuando el Pentágono comenzó a establecer bases con misiles estratégicos en torno a Rusia. En esta dinámica irracional hay razones geopolíticas y por debajo hierve la crisis estructural de una economía que ni Estados Unidos ni la Unión Europea han conseguido resolver desde 2008 y ahora anuncia nuevos terremotos.

 

Desafío al Alba

Esta tensión creciente y las causas que la generan están en el centro de la reflexión y las decisiones que afrontan los presidentes de la Alianza Bolivariana para los pueblos de nuestra América en su reunión de Guayaquil el 29 y 30 de julio, cuando estas páginas estarán en las rotativas.

En tanto presidente anfitrión, Correa lleva tres propuestas al cónclave: hacer un bloque para luchar contra los centros de arbitraje internacionales dependientes de intereses de las ricas multinacionales y no de los Estados; insistir en la reforma al sistema interamericano de derechos humanos, utilizado por Estados Unidos como ariete contra la rebelión suramericana; fortalecer la unión de todas las naciones integrantes.

Ya hubo un adelanto de tales definiciones en la reunión conmemorativa del 60 aniversario del asalto al cuartel Moncada, punto de partida de la Revolución Cubana. Con toda certeza Washington tomó buena cuenta de los discursos allí pronunciados por los presidentes de los países del Alba. En ellos también se percibe un cambio en las relaciones de fuerzas, que desde América Latina se proyecta al mundo entero.

 

 

 

Injerencia de Washington en el Mercosur

PorLBenAXXI

 

Aunque recién asumirá su cargo el 15 de agosto próximo, Horacio Cartes ya asumió una operación estratégica diseñada por Washington en función de una embestida imperialista contra América Latina. «Si asume Venezuela de nada servirá todo lo conversado», declaró el futuro mandatario. Más explícito fue el ministro de Relaciones Exteriores: “Paraguay no retornará al Mercosur si Venezuela asume la presidencia pro témpore” dijo José Fernández.

 

A nombre de la Casa Blanca las autoridades de Paraguay están operando como instrumento destinado a trabar la reunión del Mercosur el próximo viernes 12 en Montevideo. El plan consiste en potenciar los conflictos internos que aquejan al bloque. Para ello el Departamento de Estado utiliza a Cartes como palanca y, como punto de apoyo, la excusa de la presidencia pro tempore y el retorno pleno de Paraguay, tras la suspensión provocada por el golpe de Estado que un año atrás derrocó a Fernando Lugo.
Venezuela asumirá en el encuentro de la capital uruguaya el comando del Mercosur para los próximos seis meses. Con escaso sentido de la realidad, como si nada hubiese ocurrido, Cartes pretende que la reunión se aplace hasta después de su asunción y que él mismo sea elegido en lugar de Nicolás Maduro como presidente temporario. No es exceso de autoestima. Es la forma que encontró Washington para clavar una cuña en el organismo regional y, de paso, quitar obstáculos para la incorporación plena de Paraguay a la Alianza del Pacífico, criatura del imperialismo como alternativa estratégica a Unasur y Celac.
Está claro, sin embargo, que el objetivo de los estrategas imperialistas consiste en golpear a la Revolución Bolivariana. Todo lo que ocurre hoy, aquí y en cualquier latitud, se explica en última instancia por la necesidad del capitalismo de neutralizar y eventualmente aplastar una alternativa frente a la crisis que lo acosa. Para el Departamento de Estado es claro que ésta reside en el Alba, con Venezuela y su propuesta socialista a la vanguardia.

Formatear el Mercosur
Es presumible que Washington una vez más dé con los dientes contra la pared. No se trata de minimizar las barreras objetivas y subjetivas que en el último período han paralizado al Mercosur. Pero no es el momento más adecuado para que Estados Unidos se apunte una victoria. Ante todo, porque la presión incontenible de la crisis interna le quita al imperialismo cualquier margen de acción mutuamente beneficiosa frente a la las burguesías subordinadas. Además, el escándalo del espionaje masivo denunciado por Edward Snowden golpea de lleno al gobierno brasileño. San Pablo y otras capitales fueron utilizadas como eje para obtener información secreta en toda América del Sur. La NSA estadounidense no buscaba terroristas allí. Buscaba información sobre convenios económicos y transacciones empresarias de Brasil con sus vecinos. No sólo el gobierno de Dilma Rousseff y el PT tienen ahora menos incentivo para ser concesivos: la propia gran burguesía industrial paulista tiene claro ahora el tipo de relación planteada por Estados Unidos.
La guerra por los mercados, así como dificulta las relaciones entre las burguesías de la región y por esa vía empantana al Mercosur, contrapone ante todo los intereses del capital imperialista con los de sus socios-enemigos del Sur. Hay un sector no desdeñable de empresarios latinoamericanos dispuestos a someterse una vez más a las exigencias del Norte y abandonar la idea de disputar el mercado regional con las transnacionales asentadas en Estados Unidos y Europa. La avidez ciega ojos que, por lo demás, nunca se caracterizaron por la agudeza de su mirada. En mayor o menor grado estos sectores tienen, en cada país, capacidad de influenciar a sus gobiernos.
Allí reside la trabazón del Mercosur. Y el margen de acción de la Casa Blanca con su Cartes en la manga. Washington sabe que la presidencia de Venezuela puede imprimirle al bloque una energía diferente, capaz de revitalizarlo y replantearlo como un enemigo imbatible para la Alianza del Pacífico. Esto es tanto más así por cuanto Bolivia y Ecuador participarán de la cumbre en Montevideo y, presumiblemente, se incorporarán a pleno en esta instancia que, así, cambiaría de naturaleza y carácter. “El Mercosur se formatea o se muere”, decía hace años, palabra más o menos, el comandante Hugo Chávez, cuando culminaba el camino de incorporación de Venezuela al bloque, después postergado por acción del Senado paraguayo, en función de instrucciones directas de Washington.
La perspectiva planteada por esa expresión tan elocuente tomada del lenguaje cibernético, “formatear el Mercosur”, es lo que teme Washington. Con la incorporación de Bolivia y Ecuador y la presidencia de Venezuela, Brasil y Argentina podrían imprimir un nuevo impulso por el camino que a comienzos de la década diera lugar a la creación de Unasur y la Celac.
Tal parece que el presidente Nicolás Maduro confía enteramente en esa perspectiva. En una actividad especialmente destinada a imbuir al pueblo venezolano de las posibilidades planteadas por el Mercosur, el martes 9 explicó que este bloque apunta a «trascender lo económico, lo comercial, y va constituyéndose en un bloque social, en un bloque político, el Mercosur social, el Mercosur político». Se comprende la inquietud de Washington.
Los ojos de la región están puestos en los presidentes de Uruguay, de Brasil y Argentina. Sobre todo el accionar del titular saliente del bloque y anfitrión de la cumbre, José Mujica, puede facilitar la incorporación de Ecuador y Bolivia y dar un formidable impulso, de hecho un contraataque a la maniobra urdida por Washington con su Alianza del Pacífico. En tal hipótesis, es improbable que Paraguay lleve al extremo de romper con Mercosur. Se juega en estos días una batalla importante para el futuro suramericano.
Buenos Aires, 9 de julio de 2013

estado policial imperialista y crisis del capital

“Para la libertad

PorLBenAXXI

 

El mundo en el umbral de un nue­vo capítulo de la crisis económica. Al compás de anunciadores temblores bursátiles en los centros financieros del planeta y nerviosos golpes de timón en los Bancos Centrales, aparecen de­nuncias espectaculares sobre formas contemporáneas de confrontación entre potencias y de los Estados imperialistas contra sus ciudadanos.

 

Espionaje masivo e intrusión sin lími­tes en la vida privada de cada habitan­te. Más que nunca antes el capitalismo embiste contra toda y cualquier forma de libertad individual. Metamorfosis de democracia burguesa en Estado policial y de medidas heterodoxas en políticas clásicas de saneamiento capitalista.

Lo denuncian los propios grandes me­dios, atrapados en una contradicción sin salida: si llevan hasta el extremo la denuncia, acaban cho­cando de frente consigo mismos, puesto que forman parte inseparable del sistema.

Ése es el corolario de la denuncia de Edward Snowden, ex­haustivamente informada en esta edición de América XXI: el capitalismo, bajo cuyo reinado la humanidad alcanzó cimas de garantías individuales más elevadas que en cualquier otro momento de la historia, en su agonía se vuelve obligadamen­te contra ellas y se transforma en negación absoluta de la libertad. Así, en esta fase histórica, defender derechos civiles y garantías democráticas equivale a luchar por el socialismo. Lo contrario obliga a participar en mayor o menor grado de la deriva totalitaria y represiva del sistema.

Así lo comprendió The New York Times, que como de­nuncia ahora el titular de WikiLeaks desde su encierro en la embajada ecuatoriana en Londres, Julian Assange, en su momento censuró miles de documentos y –para dar sólo un ejemplo– de un cable secreto de 62 páginas sobre los críme­nes en Irak publicó unas pocas líneas irrelevantes.

Aunque de manera pasiva, el ciudadano común rechaza esa conducta periodística y le da la espalda. La encuestado­ra Gallup reveló que más del 77% de los estadounidenses desconfía de los medios de comunicación. Sólo el 23% tie­ne confianza en grandes diarios y en la televisión. La caída es sistemática: ese porcentaje fue del 25 en 2012 y del 28 en 2011. He allí uno de los factores del colapso económico de pilares supuestamente inconmovibles de la comunica­ción imperialista.

Pero no sólo el gran capital y la prensa que lo defiende están ante una encrucijada dramática. También quienes pre­tendemos abolir el mecanismo devenido trituradora de sus propias conquistas afrontamos un dilema no menos crudo y perentorio: cómo articular las fuerzas necesarias, en cada país y a escala mundial, para doblegar al gigante agónico que amenaza destruirlo todo en sus violentos estertores.

 

 

La crisis económica no se detiene

Hay una correspondencia directa entre agravamiento de la crisis capitalista y sistemática negación de los derechos y ga­rantías individuales. Este es uno de los debates que atenazó a las izquierdas sinceras en los últimos tiempos: ¿se derrum­ba o no por su propia dinámica el capitalismo? No importa que Marx haya dado su conclusión científicamente fundada con impar claridad: sí, el derrumbe ocurre por la evolución lógica del propio mecanismo. Siempre hay espacio para el debate. Eso es sano y positivo, al menos cuando la contra­dicción proviene del estudio concienzudo, lo que no siempre ha sido el caso en los aludidos debates. Como sea, el mundo está ante la evidencia de una retrogradación sin precedentes, a menos que se prefiera sostener la idea de que Bush era sim­plemente un demente y Obama un traidor más.

No. Está claro que el problema no son los individuos ni los partidos a los que pertenecen. Es la lógica interna del siste­ma la que se impone sobre cualquiera de ellos y somete a la política a sus designios. Marx lo decía de otro modo y nun­ca será suficiente repetirlo: es la caída tendencial de la tasa de ganancia; la sobreproducción; la pugna feroz por los mercados y la necesidad inexorable de sanear el mecanis mo expulsando a miles de millones de personas y destruyendo la mercancía sobrante.

Por cierto, los portavoces del capital dicen lo contrario. Ben Bernanke, titular de la Reserva Federal, anunció días atrás que hacia fines de año Estados Unidos ingresará francamente en una fase de crecimiento, lo cual habilitará a la Fed para cambiar el recurso empleado hasta ahora para contener el tránsito de la recesión a la depresión, pomposamente denominado Quantiti­ve Easing (QE). Se trata de la emisión descontrolada de bonos para aumentar la liquidez y postergar la inexorable llegada del momento en que el motor se engrana por falta de aceite. Hubo tres fases ya de esa política iniciada en medio del desmorona­miento de 2008, conocidas en la jerga como QE1, QE2 y QE3: tres momentos de una carrera demencial en la decisión de agre­garle aceite usado a un motor que tose y se ahoga.

Con estadísticas groseramente falsificadas, las autoridades estadounidenses dicen que la desocupación bajó del 10 al 7% y que llegará al punto de equilibrio (6,5% según sus teorías) a comienzos de 2014. Allí, la Fed aumentará las tasas de interés, frenará la emisión de dinero ficticio y reiniciará, asegura Ber­nanke, la conducta monetaria “normal”.

Hay otra manera de explicar esto: tras cinco años de cavar zanjas con dinero del Estado (Keynes dixit), con todas las luces rojas encendidas es preciso retomar el dogma liberal (von Hayek dixit). Cunde la alarma en las cúpulas máximas de la gestión financiera. En la reunión de junio de la Fed, dos de los 10 miem­bros votaron contra la propuesta de Bernanke para sostener la QE. Simultáneamente, en Londres tres de los seis integrantes del Comité de Política Monetaria, responsable por la fijación de tasas en el Bank of England, votaron contra la intención de su gobernador, Mervin King, de incrementar la emisión. Esa in­usual rebeldía y la certeza de que se aproxima un brusco golpe de timón en los Bancos Centrales imperialistas provocaron en las horas siguientes el barquinazo bursátil que invirtió la curva ficticia de subida de los índices en los últimos meses. No es arbi­trario conectar esta dinámica y la estrategia del capital con el es­pionaje masivo de ciudadanos potencialmente sublevados contra los efectos del viraje. El Estado policial es la contracara obligada de la agudización de la crisis y del retorno al liberalismo tras un quinquenio de desesperación keynesiana. Cabe esperar que, en esta oportunidad, el facilismo no lleve a calificar la política de saneamiento capitalista como neoliberalismo y el activo mundial sea arrastrado una vez más a buscar respuesta en el fortaleci­miento del Estado burgués.

La realidad es que muy lejos de avanzar hacia la estabilidad y el retorno del crecimiento, en Estados Unidos se afirma el estancamiento y aumenta la probabilidad de una franca caída económica. Esto se combina con la recesión hasta el momento irreversible en la Unión Europea, la brusca desaceleración de la economía china y un ostensible estancamiento de los hasta ayer salvadores Brics. Masivas e hipercombativas manifesta­ciones en Turquía y Brasil, por motivos aparentemente bana­les, son un termómetro de la temperatura real de la economía mundial. Los tres centros del capitalismo mundial, más China y los Brics, caminan por el borde de un abismo recesivo.

 

“Sangro, lucho, pervivo”

En ese punto está la humanidad. No ya en la periferia, sino en el centro mismo del capitalismo. El único punto a favor de los que mandan en medio de la tempestad es la ausencia política de su contraparte: las mayorías explotadas y oprimidas, las juventu­des, munidas de una estrategia y un programa. No tienen, como Miguel Hernández cuando partió a la guerra y escribió herido su célebre poema, un objetivo nítido por el cual luchar.

La omisión permite no sólo dar por inexistente cualquier alterna­tiva a las recetas de uno u otro signo para afrontar la crisis. También da lugar a la posibilidad de engaño colectivo. Eso ha venido ocu­rriendo desde el estallido global de 2008, tras el cual los medios de difusión anunciaron día tras día la solución del colapso, la recupe­ración, el retorno del crecimiento. Frente a las usinas de falsedades que alimentan a periodistas y analistas –por regla general ignorantes de la economía política como ciencia– no hubo ni hay un centro político capaz de analizar la extraordinaria complejidad de la crisis, explicar la naturaleza y dinámica de las medidas de salvataje y pro­poner un programa para la acción al alcance al menos de cientos de millones entre víctimas que se cuentan por miles de millones.

Ésa no es tarea de un individuo. Ni de un centro de estudios. Ni de un partido nacional. Por supuesto, tampoco es tarea de hablistas pre­suntuosos, convencidos de que basta conocer algunos fundamentos científicos de la economía política para pontificar respuestas frente a cualquier coyuntura, en cualquier latitud, sean cuales sean las condi­ciones específicas. El conocimiento minucioso de la realización de la crisis a escala global y en cada país, así como de las medidas del capital para sortearla (siempre al precio de agudizar su gravedad), pero sobre todo el trazado de una línea de acción alternativa, cons­tituyen una tarea ciclópea que sólo una instancia internacional de máxima calificación en todos los terrenos podrá cumplir.

Con las revelaciones del espionaje masivo, sumadas a las ac­ciones de guerra que el imperialismo ha emprendido en cada región del planeta, queda clara la naturaleza de la respuesta capi­talista a este cuadro de degradación general.

Resta saber cuál será la habilidad para responder por parte de los contingentes de diversa condición y envergadura que, en cada rincón del mundo, buscan articular una respuesta en fun­ción de los intereses de las mayorías y en defensa de la huma­nidad. El punto de partida es que capitalismo y democracia son términos antitéticos, no ya en un sentido estratégico, como lo hemos defendido siempre, sin en términos actuales y concretos. No se podrá defender la democracia sin luchar franca y resuelta­mente por el socialismo.

Repítase: esa aseveración terminante es sólo un punto de par­tida, que sirve a nada si no se traduce en capacidad de aglutina­miento consciente de grandes masas enderezadas hacia la aboli­ción del capitalismo. Por eso el punto de unión no es ideológico, sino programático, estratégico. Plasmado en organización. Gra­dual pero inequívocamente avanzando hacia un partido de ma­sas, con la cohesión y la eficiencia suficientes para alcanzar y ejercer el poder. Esto no se hace con gestos ni maniobras, sean electorales o de cualquier otro género.

 

 

22 de junio de 2013

definiciones y desplazamientos en el damero geopolítico

Alianza del Pacífico: Obama pesca en el Sur

PorLBenAXXI

 

Escalada: la constitución de la Alianza del Pacífico es sólo un movimiento más en el cambiante mapa regional. Desde abril a la fecha Barack Obama viajó a México y Costa Rica; Maduro a Uruguay, Argentina y Brasil, para enseguida partir a Ecuador y Bolivia; Joseph Biden estuvo en Colombia y Brasil; Xi Jinping llega en estos días a Trinidad y Tobago, Costa Rica y México. Una disputa feroz ocurre al compás de la agudización de la lucha por los mercados y los esfuerzos por detener la revolución de un lado y por afirmarla y proyectarla del otro.

 

Un cerco político-ideológico está tendiéndose contra Venezuela, el Alba y el proceso de convergencia latinoamericano-caribeño. El Departamento de Estado tiene tres objetivos prioritarios en la región:

 

• derrotar la Revolución Bolivariana y con ella al Alba;

 

• dividir el bloque económico latinoamericano por el cual trabajó Brasil en la última década;

 

• cerrar el paso a China en el mercado del Río Bravo a la Patagonia.

 

A tales fines sirve la nueva criatura de la Casa Blanca: la Alianza del Pacífico, puesta en marcha en 2011 por el entonces presidente de Perú Alan García. Patrocinado ahora por México, este bloque traza un eje con apoyo en Colombia, Perú y Chile y se proyecta en un plan de expansión a través de Costa Rica, Panamá y Paraguay.

 

“Es el nuevo motor económico y de desarrollo de América Latina y el Caribe”, declaró Juan Manuel Santos, presidente de Colombia, al asumir la titularidad temporaria del bloque en la reunión realizada en Cali el pasado 23 de mayo.

 

Allí participaron en calidad de observadores el presidente de España Mariano Rajoy; el primer ministro de Canadá Stephen Harper; el presidente de Guatemala Otto Pérez Molina y el vicepresidente de Uruguay, Danilo Astori. También estuvieron presentes altos funcionarios de Nueva Zelandia, Australia y Japón. Como observadores fueron acreditados Ecuador, El Salvador, Francia, Honduras, Paraguay, Portugal y República Dominicana. Días antes, en su visita a Colombia, el vicepresidente estadounidense Joseph Biden declaró el interés de su país por integrarse al bloque como observador. Santos celebró la demanda y se comprometió a presentarla ante sus pares.

 

La Declaración final adelanta que “el 90% del universo arancelario tendrá arancel cero a la entrada en vigor del Acuerdo (el 30 de junio) y el 10% remanente se desgravará conforme lo acordado entre las Partes”. Señala también que Chile y Colombia acordaron compartir embajadas en Argelia y Marruecos, en tanto Perú y Colombia tendrán conjuntamente la embajada en Vietnam. Se estableció también, sin detalles, un Fondo de Cooperación. Esta inconsistente fusión del credo liberal con el discurso integracionista tiene un destino menos glorioso y más acelerado que el de la Unión Europea. No obstante, en la coyuntura sirve a los objetivos de la Casa Blanca.

 

Voceros oficiosos de la cumbre difundieron el propósito de sumar como miembros plenos a Paraguay y Uruguay, Honduras, El Salvador y República Dominicana. Santos no disimuló la intención de crear una contraparte regional frente a Brasil, Unasur y Mercosur: los organizadores entregaron a la prensa un resumen informativo donde se subraya que el nuevo bloque cuenta 210 millones de personas, 38% de la población de la región, frente a Brasil que con 195 millones de habitantes tiene el 35%, mientras que el Producto Interno Bruto (PIB) de los 4 países equivale al 35% de la región, en tanto Brasil representa el 45%. Una semana después Santos dio un paso más audaz: recibió en la Casa de Nariño al ultraderechista candidato derrotado en las recientes elecciones de Venezuela, Henrique Capriles, quien peregrina por la región buscando apoyo para desestabilizar al gobierno revolucionario. Biden estuvo también para eso en Colombia. Logró su objetivo táctico y, de paso, hasta puede torcer el rumbo de las negociaciones de paz entre Santos y las Farc: Estados Unidos necesita que la guerra continúe.

 

 

Golpear a Maduro

Aunque los centros imperiales están gravemente afectados por la crisis, con sus capacidades menguadas en todos los sentidos, la escalada iniciada tras la elección de Nicolás Maduro es una amenaza seria para las grandes conquistas alcanzadas en la región durante la última década. También para la Revolución Bolivariana.

Convulsionar la situación política y social, confundir y desmovilizar a las masas, mellar la unidad de las corrientes revolucionarias, debilitar a Maduro, son otros tantos objetivos inmediatos en la estrategia de Washington. Como ha ocurrido en otros momentos decisivos de la historia, no todas las tendencias del arco de izquierdas –y sus intelectuales– comprenden la magnitud del desafío y asumen la responsabilidad que les cabe.

Hugo Chávez murió en el preciso momento en que la Revolución Bolivariana debía atravesar el Rubicón y llevar la transición al socialismo hasta el punto de no retorno. Convencido de que la desaparición del líder dejaba huérfanas a las filas anticapitalistas y ofrecía la oportunidad por la que se esforzó sin éxito durante 15 años, Washington lanzó la contraofensiva general.

Por su parte, sin demorar un instante la Dirección Revolucionaria desplegó un enérgico esfuerzo interno e internacional. Mientras Barack Obama se desplazaba a México y Costa Rica, donde expondría sin tapujos su plan regional contrarrevolucionario con eje en Venezuela, Nicolás Maduro se abocó a reatar su relación con las masas a través del “Gobierno de calle”, reavivó Petrocaribe mediante una cumbre y nuevos acuerdos –que incluyen la incorporación de Guatemala y el retorno de Honduras– y realizó una gira por Uruguay, Argentina y Brasil.

Un duelo estratégico, reflejado de manera desigual en la prensa. Los medios comerciales empeñados en una furiosa campaña contra Maduro, multiplicando mentiras y calumnias respecto de la situación real de Venezuela. A mucha distancia, los órganos de difusión comprometidos con la Revolución, en marcada desventaja por capacidad de llegada y claridad de objetivos inmediatos.

 

América Latina como campo de combate

Para todos es claro que Estados Unidos procura recuperar terreno perdido durante la última década y media. No todos asumen que esta contraofensiva apunta a consolidar una opinión pública proclive a aceptar primero la desestabilización de Maduro y de seguido el inicio de acciones violentas al interior de Venezuela. Menos clara aún está la percepción de que Washington tiene en la mira a toda América Latina.

Una prueba de última hora: como parte de la escalada, en Argentina un oscuro fiscal hizo una presentación formal ante la justicia el 29 de mayo, denunciando un plan iraní para “exportar la revolución islámica” hacia América Latina. Según Alberto Nisman, fiscal general encargado del caso por la voladura de la mutual judía en Buenos Aires en 1994, Teherán habría emplazado “unidades de inteligencia y operación en Brasil, Paraguay, Uruguay, Chile, Colombia, Guyana, Trinidad y Tobago y Surinam”. Y esto no es, según el avispado fiscal, cosa del pasado. En su presentación Nisman asegura haber obtenido elementos de juicio suficientes para afirmar que “distintos pasos del plan criminal establecido por Irán podrían estar llevándose a cabo”. Nisman ha sido señalado, por periodistas de su propio entorno, como beneficiario de informes entregados por el Instituto para Inteligencia y Operaciones Especiales, más conocido por su sigla en hebreo: Mossad. Falta agregar que la principal base de operaciones del “Instituto” en la región está en Bogotá.

Nadie podría sorprenderse del otro dato importante descubierto por este creativo funcionario: según sus investigaciones el centro del esquema subversivo-terrorista para Norte, Centro y Sur América está… en Caracas.

Si la provocación coincide con la escalada general de Washington, la programación es antigua. El componente militar de esta encerrona comenzó hace tiempo con la reactivación de la IV Flota, luego el dispositivo bélico contra Venezuela a partir de siete bases en Colombia, seguido desde entonces con la multiplicación de bases no convencionales para reconocimiento y ataques puntuales mediante aviones no tripulados en toda la región. Y siempre la campaña mediática como parte esencial del plan de ataque. Todo complementado con un accionar diplomático minucioso, destinado a neutralizar y eventualmente cooptar las partes blandas del entramado político regional, mientras se anuda un esquema propio con aliados más firmes.

Se trata de una operación estratégica diseñada y sistemáticamente aplicada por la Casa Blanca desde el último tramo del gobierno de George W. Bush. Los golpes de Estado en Honduras y Paraguay son parte del plan. El G-20 es una pieza mayor en este ajedrez hemisférico.

 

 

Brasil en disputa

Desde los tiempos de Henry Kissinger la Casa Blanca considera a Brasil como punto decisivo de apoyo para su estrategia continental. Otra titular de la Secretaría de Estado, Condoleezza Rice, no sólo hizo su tesis de grado con el tema sino que, ya como ministra de Bush, tuvo oportunidad de comprobar el fracaso de todas sus cuidadas líneas de acción para seducir a Brasilia: con Fernando Henrique Cardoso primero, con Lula después, el gigante regional tomó por el camino de los intereses dominantes de la gran burguesía paulista y se lanzó a la conquista del mercado latinoamericano.

Speak softly and carry a big stick (habla suave y lleva un gran garrote) indica la sofisticada teoría política estadounidense. Joseph Biden llegó a Brasil una semana después del bautismo de la Alianza del Pacífico y se deshizo en lisonjas un tanto inapropiadas para el vicejefe del más poderoso imperio del mundo. El enviado de Obama explicó que “Ustedes demostraron una cosa que Estados Unidos cree: no es necesario escoger entre democracia y desarrollo”. Como buen político imperial, Biden desconoce la historia brasileña y pasa por alto el papel de la dictadura desde 1964 hasta 1984. En todo caso, no se privó de pasar el mensaje encomendado: “En América Latina, Colombia y Chile muestran un gran dinamismo económico” advirtió, oportunamente informado de que la economía brasileña atraviesa un alarmante período de estancamiento. Algún asesor le habrá acercado además datos recientemente publicados por la Comisión Económica para Latinoamérica y el Caribe (Cepal): los cuatro integrantes de la Alianza Pacífico crecieron en 2012 al 5%, en tanto el Mercosur registró un aumento medio del PIB del 2,9%. Más aún, el intercambio comercial del flamante vástago imperial aumentó un 1,3% en el mismo período en que en el Mercosur cayó 9,4%. Ése es un punto a favor de Washington: reaparecida la crisis estructural capitalista y sus efectos, sólo tienen respuesta aquellos gobiernos que, o bien están dispuestos y capaces de aplicar las medidas necesarias para el saneamiento del sistema, o bien están resueltos y armados para avanzar en la transición al socialismo.

Durante el empalagoso discurso de Biden un grupo de trabajadores petroleros parece haberse fijado más en el garrote. En consecuencia, enarboló pancartas explicándole que no era bienvenido. Por el contrario, la presidente Dilma Rousseff será recibida con plácemes en Washington el 23 de octubre, un mes antes de la reunión cumbre del G-20.

 

El dilema chino

En abril, dos meses antes de una gira de Xi Jinping por Trinidad y Tobago, Costa Rica y México, altos funcionarios chinos pidieron el status de observadores en la Alianza del Pacífico. No fueron invitados a la cumbre de Cali. Además de contrapeso frente a Brasil, este bloque debe operar como vallado contra la invasión de productos chinos en América Latina. La disputa feroz por los mercados es resultante obligada de la crisis estructural del sistema, traducida en sobreproducción y caída de la tasa de ganancia media para el capital. Y en este cuadro, mientras el coloso asiático registra un freno brusco en su crecimiento, se desenvuelve en paralelo la pugna estratégica por la primacía mundial entre el imperialismo en decadencia y la economía china en auge. Con todas las cartas jugadas a una repetición exitosa de su lucha contra la Unión Soviética, apuntada a la implosión y la disgregación, Washington aspira a que un proceso análogo impida que en la próxima década deba ceder el lugar de primera economía mundial.

Un factor cambia sin embargo el signo de la ecuación en la Alianza del Pacífico: el grado alcanzado por la crisis estructural del capitalismo. Aunque Obama y Biden no lo registren, las luchas interburguesas condicionan altamente la conducta de sus aliados más cercanos. No será suficiente la presión diplomática estadounidense para que sus cuatro aliados en este bloque eviten la tentación de utilizar también esa estructura para negociar con ventaja frente a las pretensiones de la Casa Blanca. Incluso si Santos, como indicaría su acatamiento a la imposición de Washington, pese al deterioro grave de las relaciones con Venezuela, se somete totalmente, no es esperable que a mediano plazo ocurra lo mismo con las burguesías de Chile y Perú, donde el gobierno de Ollanta Humala y el previsible retorno de Michelle Bachelet estarán compelidos por relaciones de fuerzas internas a tomar distancia de las urgencias estadounidenses. México será menos previsible: la crisis que le hace pagar su asociación con Estados Unidos se combinará con el desplazamiento interburgués plasmado por el retorno del PRI al gobierno.

La capacidad de seducción china frente a estas burguesías –a saber, compras de materias primas en elevadísimos volúmenes y precios– está llamada a torcer el rumbo y eventualmente llevar a la implosión de la Alianza del Pacífico, mientras Beijing define cómo actuará para resolver sus contradicciones internas y eludir la dinámica en la cual Washington ha puesto todas sus esperanzas. La volubilidad e inconsistencia de las burguesías cuyos gobiernos traducen directa o forzadamente sus necesidades inmediatas pesan también como factor de inestabilidad cuando se trata de seguir la voluntad imperial.

 

Venezuela sigue a la vanguardia

Al otro lado de estos ominosos indicios de fractura regional, en continuidad con la línea estratégica trazada por Chávez, la Dirección revolucionaria de Venezuela lleva a cabo el curso de acción necesario para neutralizarla. No sólo en el propósito de consolidar el poder interno y acelerar la transición: también –y acaso sobre todo– con el renovado impulso que Caracas está imprimiendo a Unasur y el vigoroso relanzamiento del Alba, anunciado con medidas de impacto por Maduro y Evo en Cochabamba el pasado 25 de mayo.

No obstante la incomprensión de ciertas fracciones de izquierdas, contra la presión negativa de partidos y gobiernos que en la región insisten en la necesidad de “disciplinar” a Maduro, la Revolución Bolivariana responde una vez más a la contraofensiva de Washington desde Mercosur, Unasur y Celac, con el Alba como punta de lanza para la transición conjunta al socialismo. Cada quién ocupará su lugar en el período histórico inaugurado ahora mismo, sin la presencia de Chávez pero con su legado más vigente incluso que en la década pasada.

 

murió videla, el sistema que lo engendró continúa su faena

Epitafio

PorLBenAXXI

 

Cada ser humano tiene la estatura de su enemigo. Regocijarse por la muerte de Jorge Videla revela la condición de quienes, más tarde o más temprano, de una manera u otra, con esta o aquella justificación, se han acomodado al sistema defendido por la junta militar de secuestradores.

 

Blasfemar contra un personaje en todo y por todo menor permite a no pocos vivir satisfechos en la desolada Argentina de 2013. Si la justicia consiste en llevar a la cárcel a las figuras visibles de secuestros, torturas y asesinatos… pues se ha hecho justicia: el comandante de torturadores fue juzgado y condenado en 1983, tuvo años de cárcel y murió en prisión.

¡Todos tranquilos y felices! ¡Videla ha sido derrotado! También Massera, y Suárez Masón y…

Por mi parte, no puedo sentir paz ni satisfacción; tanto menos alegría.

No se hizo justicia. El enemigo no eran Videla y su caterva.

Soy uno de los pocos sobrevivientes de un destacamento que resistió en los principales centros políticos del país durante más de cinco años de terrorismo de Estado: desde mediados de 1973 a mediados de 1978. La muerte del dictador no cierra la herida abierta por camaradas secuestrados, torturados y asesinados. Entre ellos Ana María Piffaretti, entonces mi compañera, llamada Inés Castellano en la clandestinidad. Pero tampoco es ese dolor sin cura por los camaradas desaparecidos lo que impide la satisfacción.

Sufrimientos y muertes eran una certeza calculada de la batalla emprendida. Éramos conscientes de lo que hacíamos y afrontábamos. Y estábamos felices por hacerlo. Ni en aquellos duros momento ni más tarde nos dejamos ganar por la cómoda idea de que es posible alcanzar la libertad y la justicia sin grandes sacrificios. Luchábamos -como hoy- por una revolución socialista. No pedimos tregua cuando los asesinos uniformados estaban en su apogeo. No la concedimos después, cuando fueron reemplazados por civiles. Mucho menos nos cebaríamos en los desechos humanos una vez condenados. Antes y después fuimos protagonistas de la lucha de clases y no plañideros por los «derechos humanos» según la definición impuesta al mundo por James Carter a nombre del imperialismo. Sabíamos que «en una revolución, cuando es verdadera, se triunfa o se muere».

Está a la vista: 37 años más tarde quienes armaron aquella máquina mortífera, quienes lanzaron contra el país a los esbirros y después los reemplazaron por supuestos demócratas, resultaron vencedores. Vencedores exhaustos de una victoria sin futuro, pero tangible y costosa. No ya para los revolucionarios, sino para Argentina toda.

Basta comparar nuestro país de hoy con el de 10, 20, 30 y 40 años atrás, para comprobar que la caída no ha cesado ni por un instante. Al contrario: es cada vez más acelerada, abarcadora y destructiva. No se pierde una confrontación histórica sin pagar el precio.

Para ellos el monto consistió en encarcelar y escupir a sus monstruos; perder fuerzas armadas, partidos, iglesia, sindicatos, que tendrían no obstante la sobrevida necesaria para asestar el verdadero golpe.

Para nueve de cada diez argentinos el costo fue más oneroso: asistir pasivamente a la destrucción de las más valiosas columnas de la nación; ver la degradación corroyéndolo todo; aceptar la mentira entronizada, el saqueo como motor principal, la ineptitud y la inmoralidad como condición necesaria.

Que los farsantes nunca involucrados en la lucha contra la explotación, jamás comprometidos en la resistencia a la dictadura, celebren cuando la muerte viene a poner punto final a una vida cobarde e innoble. Que los ladrones se vistan con galas de justicieros. Que los dispuestos a doblarse primero para romperse después traten de parecer magnánimos mientras pugnan por una banca o un cargo. Que los débiles de espíritu descarguen contra el asesino muerto todo lo que ya no le endilgan al sistema del que ahora son parte. Nada de eso importa demasiado hoy, ni durará más de un instante.

Argentina está nuevamente en el prólogo de una gran conmoción, mientras los centros de la economía capitalista se agrietan, tambalean y anuncian el derrumbe.

En honor a los ideales y a quienes cayeron en su defensa, siquiera le otorgamos carácter de enemigo a quien llegó al extremo de secuestrar recién nacidos. No son esos nuestros enemigos, como no podría serlo el hacha alzada por un verdugo.

Nuestro enemigo es el sistema que brutaliza y envilece. No hay perdón para ese mecanismo enajenante, degradante y destructor. Ni para quienes con diferentes disfraces lo sostienen y usufructúan.

Buenos Aires, 17 de mayo de 2013

 

 

Faschistisches Experiment in Venezuela

Mit kalter Berechnung befahl das konterrevolutionäre Kommando die Ermordung von neun Personen und zahlreiche gewalttätige und zerstörerische Handlungen seit dem frühen Morgen des 15. Aprils. Die Vereinigten Staaten versuchen, einen neuen Weg zu gehen, um die bolivarische Revolution zu niederzuwerfen: die Gründung einer klassischen faschistischen Bewegung.

 

Eine Woche vor dem Wahlsieg von Nicolás Maduro wies ich aus Anlass des Angriffs auf der Revolution nahestehende Künstler in einem im „Correo del Orinoco“ veröffentlichten Artikel auf die Unterschiede zwischen McCarthismus und Nazi-Faschismus hin.(*)

Der McCarthismus „handelt aus einem Kraftverhältnis heraus, das dem System positiv gegenübersteht, welches er aus der Höhe einer totalitären Ideologie verteidigt“, während der Faschismus „als letztes Mittel einer von den Massen in die Enge getriebenen Gesellschaftsordnung erscheint. Dabei gibt das Kapital vor, den Massen ebenfalls aus Massensektoren heraus antworten zu wollen, wozu es die am stärksten verarmten und zersplitterten Schichten ohne Bewusstsein zu organisieren sucht, begleitet von Teilen der Mittelschicht.

Davon ausgehend zeichnete sich eine vorhersehbare Dynamik ab: Die Aggression gegen die Künstler „als Ausdruck des McCarthismus hat eine begrenzte Dimension. Unerbittlich ist jedoch ihre Metamorphose in rohe, harte nazi-faschistische Verhaltensweisen, die nicht mehr nur gegen Künstler, sondern gegen die Massen gerichtet sind, die die Revolution vorantreiben“. Dies ist es, was nach dem Wahltag geschah.

Im Gegensatz zu nicht wenigen Anhängern der Revolution maß man im Außenministerium dem von einer Massenmobilisierung von bisher nicht dagewesener Größe und Dauer unterstützten revolutionären Sieg an den Urnen die richtige Bedeutung bei. Und man bereitete im Voraus die Antwort vor: den Mobilisierungen sollte mit einer schwachen Neuauflage des Faschismus, mithilfe von ausländischen Söldnern und verschwenderischen Geldausgaben entgegengetreten werden, um marginalisierte örtliche Bevölkerungsgruppen mitzureißen.

 

Strategische Auseinandersetzung  

Diese Maßnahme war im Voraus geplant. Aber es ist wichtig, ihren Versuchscharakter zu unterstreichen: Gerade wegen des Charakters der zwischen dem 9. Dezember und dem 11. April erlebten beispiellosen Mobilisierung und wegen des durch diese geschaffenen Kräfteverhältnisses zwischen den Klassen schloss das konterrevolutionäre Kommando eine Endoffensive nach den Wahlen aus. Es versuchte nur, seine Söldner in Bewegung zu setzen und die Reaktionsfähigkeit der Revolution zu testen. Der Multifokismus ist keine faschistische Bewegung, sondern ein Schritt bei dem Versuch, diese zu errichten. Außerdem bestand die Möglichkeit, dass eine falsche Vorgehensweise der bolivarischen Regierung unkontrollierte Gewaltakte auslösen würde, die in Richtung einer ausländischen Intervention im internen Konflikt gelenkt worden wären.

In jedem Fall stand die Bourgeoisie am Ende als Gewinner da: Wenn die Regierung einen Fehler beging, würde die Bourgeoisie in ihrer interventionistischen Militärstrategie einen Satz nach vorn machen; wenn die Regierung nicht in die Falle ging, würde sie ihr Raum lassen, um ungestraft die Kräfte der Revolution zu reizen, ohne dass diese ihre Gegenangriffsmöglichkeiten nutzen könnten – mit allen Folgen, die dies für die innere Ordnung hätte.

Dies ist derzeit der Fall. Und hier steht man vor der Wegkreuzung, an der sich entscheiden wird, ob der aufgepfropfte Faschismus in Venezuela Knospen treiben kann oder nicht; das heißt, ob die Konterrevolution mit einer organisierten gesellschaftlichen Basis rechnen kann, um die Revolution frontal anzugreifen.

Hier kommt es sehr wohl auf das Wahlergebnis an. Durch den aggressiven, dreisten Eingriff in den Wahlkampf in Abwesenheit von Chávez gelang es dem Imperialismus in stärkerem Maße als erwartet, Sektoren des Kleinbürgertums und zersplitterte Teile der besitzlosen Massen abzuspalten. Diese Verschiebung mit Fehlern und Unzulänglichkeiten der Revolution zu erklären, ist etwa dasselbe wie die Entdeckung der Feuchtigkeit im Regen. Häufig verraten derartige Einstellungen einen Hang zur Ablehnung des Regens, um nicht unter der Feuchtigkeit zu leiden. Wie auch immer, Tatsache ist, dass diese Gesellschaftsschichten sich jetzt weiter in Auseinandersetzungen befinden, aber unter anderen Bedingungen. Und sie stellen auch eine andere Herausforderung für die politisch-militärische Führung der Revolution dar.

 

Optionen 

Alle prominenten Persönlichkeiten der Regierung und der Vereinten Sozialistischen Partei Venezuelas(PSUV), angefangen mit Nicolás Maduro, haben wiederholt angekündigt, dass es keine Straffreiheit geben wird für die materiell und intellektuell Verantwortlichen für die neun Toten, beinahe hundert Verletzten und zahllosen Fälle von Vandalismus. Da diese Haltung durch den Willen der chavistischen Massen unterstützt wird, besteht kein Zweifel daran, dass sie in die Praxis umgesetzt wird und man gerichtlich gegen Henrique Capriles Radonski, Leopoldo López, Carlos Ocariz, Armando Briquet und andere vorgehen wird, die zur Gewalt aufgerufen haben. Wenn dies in den nächsten Tagen seinen Anfang nimmt, wird die Ultrarechte versuchen, die terroristischen Handlungen zu verschärfen. Außerdem nahm Capriles bereits in einem durch „El Mundo“ in Spanien und „La Nación“ in Argentinien veröffentlichten Interview seine Aktionslinie vorweg: Wenn die Prüfung durch den Nationalen Wahlrat (CNE) beendet ist, wird er Neuwahlen fordern und dadurch die Fortsetzung der terroristischen Handlungen rechtfertigen.

Die notwendige gerichtliche Verfolgung und Verurteilung der Verantwortlichen ist nur ein Aspekt des Problems. Die größere Herausforderung besteht in der angemessenen Vorgehensweise im Hinblick auf weitere von ausländischen und örtlichen Söldnern angeführte Gewaltakte. Hierin besteht das jetzt beginnende Experiment nach der ersten Woche der Terrorhandlungen: das Verhalten der Regierung und der revolutionären Kräfte wird auf die Probe gestellt.

Es bleibt die Notwendigkeit bestehen, sich nicht dazu hinreißen zu lassen, den Kommandos der Ultrarechten mit Gewalt zu antworten. Gleichzeitig müssen weitere Morde und Zerstörungen unbedingt verhindert werden, denn diese hätten eine zweifachen Effekt: Einerseits würden sie demoralisierend wirken und in den Reihen der Revolution Samen der Spaltung säen; andererseits würden sie die weitere Entwicklung der ultrarechten Kommandos und ihr Anwachsen zu einer faschistischen Bewegung fördern, in der vollen Bedeutung des Begriffs, d. h. als eine Kraft, die bei ihren Gewalthandlungen gegen die Massen durch Massen unterstützt wird. Die Aufrufe zu Friedfertigkeit und Bedachtsamkeit sind notwendig, aber unzureichend. Hier ist mehr erforderlich: Überzeugungskraft und Selbstverteidigung.

Der Staat hat alle Instrumente, um die bedrohten Menschen und Güter zu schützen und, im Extremfall, die ultrarechten Kommandos zu vernichten: die Nationalen Bolivarischen Streitkräfte und insbesondere die Volksmiliz. Das eigentliche Instrument in dieser Phase der Konfrontation hat jedoch in erster Linie politischen Charakter: die PSUV und ihre durch die Gemeinderäte und andere Massenorganismen vervielfachte Interventionsmöglichkeit.

Entgegen den ernstzunehmenden Meinungen derer, welche die PSUV ablehnen oder sogar verurteilen, habe ich die Überzeugung verteidigt, dass in der Partei die Kraft liegt, die es ermöglichte, während der langen Krankheit von Kommandant Hugo Chávez die Kontinuität der Regierung und der Revolution zu gewährleisten, den Patriotischen Pool aufzustellen und die Wahlen am 7. Oktober zu gewinnen, anschließend die Regierungsmacht in 20 Bundesstaaten zu gewinnen, vier Monate lang die zunehmende Massenmobilisierung zu unterstützen und am 14. April abermals die Präsidentschaftswahlen zu gewinnen.

Aber die neue Phase stellt höhere Anforderungen. Die funktionalen Konzepte der PSUV, ebenso wie die während der kurzen Zeit ihres Bestehens entwickelte Praxis, befähigen sie, diese historische Herausforderung anzugehen. Ihre Führung ist dazu aufgerufen, dem Innenleben der größten und bedeutendsten Partei Lateinamerikas neue Kraft zu geben, für eine geordnete Auseinandersetzung zu sorgen, die Mitglieder zu informieren, mit wissenschaftlichem Urteilsvermögen die Wirtschaftslage zu verfolgen und Tag für Tag die Aktionslinien aufzuzeigen. Dazu benötigt die PSUV ein eigenes Presseorgan, das die Menschen informiert, bildet, schult und organisiert und Impulse für die politische Aktion und die notwendige Selbstverteidigung gibt, um der von Washington geförderten faschistischen Bewegung den Weg abzuschneiden.

Es ist Sache der aktiven AntiimperialistInnen in Lateinamerika und der Welt, die Desinformations- und Verleumdungskampagne der braunen Internationale und der in ihren Diensten stehenden Pressemedien aufzuhalten und zu besiegen. Wir alle sollten uns an diesem großen Kampf von strategischer Bedeutung beteiligen.

 

@BilbaoL 

 Caracas, 22. April 2013

Reaffirmation, Warning and Encouragement for the Revolution

ByLB

 

Continuity: with 50.75% of the votes, Nicolás Maduro was elected President. In 14 years, it is the sixth election to the presidency that carries the revolutionary proposal to victory. Despite the magnitude of an unprecedented mass mobilization in defense of the revolution, the opposition rose to 48,98%, five points higher than the same candidate’s outcome in October. The difference is a warning that the President acknowledged in his speech following the announcement of the National Electoral Council (CNE). Now comes the implementation of the Plan for the Homeland, the enormous economic challenges of transition in times of capitalism’s agony, the struggle against inefficiency, sabotage and insecurity, the defense of the regional union, the consolidation and projection of Alba (Bolivarian Alternative for the Americas). All this within the opposition’s offensive and an emboldened imperialism. But the real result of strategic significance is the role of the masses in a campaign that counter posed explicitly and directly the «labor candidate» against the “little bourgeois one;» the son of Chávez against the imperialism’s delegate, socialism against capitalism.

It was the longest and biggest mobilization in memory. It started in every corner of the country in December, when due to the risks posed by a fourth surgery, Hugo Chávez designated Nicolás Maduro as the candidate for the possible new presidential election. And culminated for the anniversary of the 2002 coup on Thursday April 11, with Caracas overwhelmed by an unprecedented human flood. Before that, with a different characteristic, Venezuela went through a similar mass mobilization for the October 7 presidential election.
As on April 14, 11 years ago, Chávez — embodied in the figure of Nicolás Maduro — returned to the Presidential Palace of Miraflores. Unlike that symbolic date in which the masses arose spontaneously to defeated the coup remote-controlled from Washington, this time an explicit strategy of transition to socialism won, it was the organized consciousness in an electoral struggle: 50.66% for Chávez’s candidate; 49.07% for the White House’s and local bourgeoisie’s candidate. It is a result that takes on another dimension considering that it comes after 14 years of a revolutionary government in constant confrontation with the bourgeoisie and the capitalist centers of world power. With the passage of time we will know details of the number of sabotages to power grids, the maneuvers to impose food shortages and cost of living, and the activity of undercover foreign mercenaries that acted in favor of the right’s candidate.
Nevertheless, the formidable mass mobilization succeeded in imposing the candidate of the Revolution. It did not happen by simple spontaneity; the masses would have won the street under any circumstances: it was the action and determination of the Political-Military leadership of the Bolivarian Socialist Revolution, that translated into a favorable outcome: working class, peasants, students, masses, armed forces, with the United Socialist Party of Venezuela (PSUV) as the center and leader, led by the team closest to Chávez: presidential candidate Nicolás Maduro, Diosdado Cabello from the directorate of the PSUV and the National Assembly, the Minister of Foreign Affairs Elias Jaua and Rafael Ramírez, President of the Venezuelan Petroleum Co. (PdVSA) and key figure in the finely-tuned Chávez core.
Also part of the political-military committee are ministers and military leaders, tested and committed cadres of the PSUV, Community Councils, union leaders and other social organizations, all united around the Homeland Plan and the figure of Maduro.

 

Advocacy of the masses

It is impossible to quantify the mass eruption of these 120 days. Hopefully someone will work on a rigorous survey about the many rallies, marches and acts of this period (between April 2 & 11, Maduro attracted 7 million). Millions upon millions of people took to the political stage to defend Chávez after his last surgical intervention, to mourn his death, lift his legacy and ensure continuity of the Revolution, from the March 5 onwards.
That prodigious mobilization is not reflected in the votes. Until late, the author of these lines expected a significantly greater difference. Local consultants’ polls had similar forecasts – even the official report of the CIA. They all ensured Maduro’s victory with an advantage of over 10% of the votes. In light of the results, a hidden discontent is revealed that, with Chávez’s absence, was demonstrated with a slight decrease in turnout (79.8% against 80.67% in October), and a significant vote crossover to the opposition candidate.
The right itself was surprised with the result and had no adequate reactions to the new situation open to them. In his speech at midnight on Sunday the 14th, on a mounted platform in Miraflores and in front of thousands of people in and out of the Palace, Maduro said that the losing candidate had called him to ask for delegates from both sides to negotiate an agreement with the National Electoral Council. The threat was to ignore the official data and launch a mobilization. The President rejected the claim and the defeated candidate finally announced that he considered the results of the CNE as temporary, while ordering street protests. When this article was finished, the protests were reduced to small pockets in neighborhoods of the oligarchy.
Then Maduro reiterated the points made during his campaign, the factors that resulted in the loss of votes. Days ago these were admitted as serious problems in the march of the revolutionary government, now they explain the countless attacks and constant power outages, insecurity, inefficiencies, pockets of corruption, inflation, shortages and incompetence to combat food shortages and the cost of living. These confirmed that the solution was to strengthen the Revolution, for a greater role and power by the Community Councils and, ultimately, a more radical advance toward «building a Bolivarian, Christian, Chavista socialism, in democracy and in peace.»
It is important to note that in the very short time stipulated by the Constitution for the election after the death of Chávez, the government could not respond with a firm hand to pre-election tactics such as sabotage and shortages and other destabilizing actions. That would have been an excuse for worldwide condemnation, the justification for the withdrawal of the opposition candidate and preparing the ground for a violent offensive articulated by Washington.
In the week prior to the election, groups of students were sent to violently protest at military installations. They were obviously seeking to provoke bloody confrontations to be blamed on the authorities.
Thus, the government had to move within very narrow space, while the opposition would get the benefits in either their actions or in the government’s reaction. In any case, to be effective, the authority’s actions required to stop the violent protests could not be superficial nor merely rhetorical. It is obvious that in addition to these factors, the results were significantly influenced by Chávez’s absence.
One hypothesis to be corroborated with specific studies indicates that the bulk of the votes that migrated to the counterrevolutionary candidate came from the middle class. Again, the traditional political flip-flopping of the petty bourgeoisie came to demonstrate and teach a lesson to the revolutionary forces. However, this cannot tarnish nor diminish the huge challenge of replacing — socially and politically — a figure of Chávez’s stature in just one month and 10 days of effective campaigning.
Even before the election period formally started on April 2, Nicolás Maduro had weathered the toughest test: the people recognized him as the son of Chávez. Gone are empty speculations engaged in pointing out the «lack of charisma» of the unexpected candidate. It seems that the bourgeois thought cannot understand the reality and can only repeat stereotypes. If it is certainly true that Chávez’s traits helped the majority of Venezuelans to assume a revolutionary and socialist perspective, it is also clear that without this perspective those traits could not have stood the test of time. Just as obvious is the fact that Maduro’s identification with the socialist strategy paved the way and in a dramatic timeline, endowed the disciple with the characteristics of the master Chávez, that up until now were invisible in Maduro.
There was, as expected, resistance and resentment in the middle class of society and the United Socialist Party of Venezuela (PSUV) to willingly accept the final strategic decision of the Comandante. But Maduro managed to communicate with the masses of workers and dispossessed; he vigorously promoted the Plan of the Homeland (which he called «Chávez’s Testament»); maintained the symbols; gained supporters and affirmed the socialist path. And when he began the journey «from Barinas to Miraflores» on the morning of April 2, the battle was already decided. However, what came in the next nine days astonished even the most optimistic connoisseurs of the grass-roots Revolution: in a poignant mix of sadness, pain, joy and combativeness, streams of men and women joined the slogan «Chávez, I swear to you, my vote is for Maduro.”
Chávez, Revolution, Socialism, Homeland, were the most repeated words these days. Shouted by millions, put into dozens of songs of all styles, and again acknowledged by Maduro in each of the 25 campaign events. An overwhelming synergy among millions of wills expressed loudly and the candidate ensured the determination to fight and the certainty in the continuity of the anti-capitalist transition.
Clear objectives, unparalleled energy, a determined and organized vanguard plus the unique traits of this exceptional people, was the mortar with which the collective spirit was recomposed after the severe blow caused by the death of Chávez. That force in action, rooted in the masses, cornered the bourgeoisie and defeated their candidate once again.

 

From Sabaneta to Miraflores

The starting point of the last stretch of this electoral campaign, was a humble house in Sabaneta de Barinas, where Chávez lived his childhood and adolescence with his beloved grandmother Rosa Inés. That place, now a historic landmark, is PSUV’s headquarters. In the large backyard, two trees planted years ago by Evo Morales and Hugo Chávez grow. They named them Rebellion and Revolution respectively, as if another symbol to both proletarian background principles was needed. Under their shadows, Maduro gathered parents and siblings of the Comandante to a round of anecdotes and remembrances. On the verge of tears, such a firmness of purpose made no slogans nor elaborated phrases necessary. It was crushing and yet genuinely invigorating emotions, no feigned mourning, culminating in music and songs from the plains, a constant combination that characterized every rally to come.
Outside, thousands of men and women, exuding strength, conviction, and a stunning clarity of purpose gathered. But that burst of fervor was nothing compared to what came next: on the road between Sabaneta and the capital Barinas, when Maduro drove in a simple open-top vehicle first and a public bus later.
The bourgeoisie tried to discredit Chávez’s candidate remembering his past as a bus driver at the Caracas’ subway company. Far from being intimidated, Maduro claimed proudly his working class background and made it his campaign image: a worker against a «little bourgeois whim [of Capriles].» He arrived to every rally driving a bus and often drove hundreds of miles between each State capital.
The attempt to disqualify him became the opposite: it gave the campaign an unequivocal class content and to Maduro, an opportunity to show his grassroots upbringing and to broaden his popularity. This writer knows what he’s talking about when he says that Maduro is a veteran driver. His many years on this profession are revealed when he sits behind the wheel and drives, while talking to the passengers and greeting the escorting flock of motorcycles and the crowds piled up on both sides of the road.
That experience is a book full of mysteries and revelations. The bikes loaded with parents and one or two children intersect like bees slowing down or speeding up to approach the bus. Red berets and Venezuela’s flag abound. Chávez’s photos hoisted from the bikes as spears pointed at an imaginary interlocutor.
What invisible force moves these people? Where does that fervor comes from? The outstanding religiosity of these people stands out; a feature which is at once a powerful force in the anti-capitalist struggle and yet also flank for penetration, which the enemy has already devised a strategy for. But there is more. They have seen a horizon of emancipation.
Adán Chávez, governor of Barinas and brother of the Comandante, analyzes the event with a sad smile. The question everybody asks is how there are no accidents. But like a swarm, each bee has an invisible sensor which allows them to intersect, buzzing between thousands without even touching anyone. In this apparent irrationality there is intelligence and order.
What comes next is even more astonishing: A motley crowd waiting for the bus near the place where the rally is. Jumping, dancing, shouting slogans, always accompanied by smiles and flying flags. From there the symbiosis between mass and candidate goes to a major key. The furor seems to be contagious and spreads like flame. From balconies and roofs, perched in trees and columns, thousands of men and women of all ages want to say hello, touch, give him a message, deliver a message to Chávez’s son. And always resonates, repeated with ardor, the name of the deceased Comandante.
Behold the Revolution engine, the infinite energy of the masses inspired by the idea of a better world, waving red flags and reaffirming socialism. «Ideas are a material strength when they penetrate the masses.» Mature ceaselessly greets pounding his left fist into his open right palm; a characteristic Chávez gesture that the people assumed as its own and uses to convey unequivocally a political proposal.
Invisible, the PSUV’s oiled machinery acts as an organizational guide in what the poet Herbert Read called «higher order of a vast upheaval». The political leaders in Europe and Latin America are confronting the capitalist crisis without the historical legacy of the class struggle, the notion of a revolutionary party. Would they learn these lessons?
The present situation prevails and shortens the time for reflection: the candidate steps up to the stage with all his companions. And the great test begins. From a recording: the hymn sung by Chávez as he always did in his rallies. Everyone ripples with excitement. The Comandante is present and Maduro does not try to hide this fact, quite the opposite, he stands as a humble and loyal disciple.
A video is shown where Chávez announces that «if something happens to me», the candidate is Maduro. «That’s why I’m here,» says the candidate. Then he takes the flag that the Comandante gave to him. Because of his legacy and the Homeland Plan – the program with which he won the elections last October 7 – Chávez still in command of the Revolution.
Maduro spends long minutes searching the invisible contact between the speaker and the masses in which each component feels and acts as an individual. Finally the time comes and the contact’s tune is affirmed. Then Maduro displays the government program. An explosion of endorsement is ignited. Done: Barinas, Chávez’s birthplace, has acknowledged and accepted his son.

 

Feverish Campaign

The official channel accompanies the candidate. And, presumably TV combines inequalities.
However, what is certain is that already in the second phase of the campaign, hours afterwards in Maracaibo, capital of Zulia state, key in the nation, the point of reference is what happened in Barinas and the candidate is now established. From there with each act is a growing quantitative and qualitative expression on both sides: above and below the stage. Maduro applies all the resources utilized by Chávez to make his speech simple and friendly, but he doesn’t copy the maestro. He introduces variants that some like and others don’t, but it always impacts those who are up close.
With an average of three events a day, followed with long marches among the multitudes in each case and then hours of talks, exchange with the crowds, more music and, each time with singing as the climax. It almost seems impossible that the energy of the masses and above the strength and voice of the candidate can keep on going. But they do.
As what happened with Chávez in October, each event brings larger crowds and more fervent combativeness. With a difference: although it is impossible to measure it precisely, the observer is convinced that these acts are bringing out the multitudes and that the revolutionary determination is even greater. It is not illogical: one of the most repeated slogans of the Comandante was when he explained that “We are all Chávez.” It is obvious that the idea penetrated among the masses. Millions of people realize that in the absence of the revolutionary leader, his role is crucial. And it fits with Maduro’s attitude, who facing the opposition’s claim that he is not Chávez, agrees that the deceased leader is irreplaceable and only together, the people in its entirety — the leadership of the party, the mass organizations and the Armed Forces — can take his place and carry the Revolution forward.
The apothesis came Thursday the 11th, in Caracas. Millions of people packed seven central avenues. The aerial shots prove it is not an exaggeration. But the direct experience in the streets tells a different story beyond the numbers: the organized contingents were complemented by spontaneous crowds to affirm the continuity of the revolution. When enormous screens showed the image of Chávez in that same place, October 4, in the rain, with his strident voice and even stronger concepts, an irrepressible emotion broke over the boundless crowd.
The contrast with the opposition gatherings could not be greater, doubly sparse: in their closing rally in Caracas four days before, it filled barely two blocks and a half of Bolívar Avenue with apathetic and thin lines that began to break up at the very moment that the ultra-right candidate began his speech. Some of the events in other states were even weaker.
We can presume that his more reactionary sectors will move toward an open break with the institutional regime, especially if, as Maduro stated in his speech as elected president, the Revolution’s forces move to renew, correct errors, energize and achieve their objective, to recover a new and more solid, broad majority. Because of all this, it is erroneous to characterize what has occurred in the last few days as an “electoral campaign.”
What we have is an eruption of the masses in an attitude of combat to defend and push the Revolution forward, understanding that Chávez himself was preparing for his third government an acceleration that would be capable of sweeping away all the obstacles that hold back and divert away from the transition to socialism. Four months crowned by nine days that moved Venezuela mark a strategic victory of the Revolution.
A residual balance remains as the sum of deforming habits, ideas and behavior characteristic to any essentially bourgeois election campaign.

 

Definitions and perspectives

In perfect tune with this collective affirmation, during the campaign events Maduro repeated his commitment with the Plan of the Homeland and his speeches produced a polarization that only Chávez knew how to do. “There are two models — he repeated time and again: Homeland or treason; there are two systems: neoliberal capitalism or Bolivarian, Christian and Chavista socialism; there are two candidates: one, the son of the bourgeoisie and the other a worker, a man of the people, formed by Chávez, son of Chávez.”
Against that dynamic — proposals were teeming from reformist sectors inside and outside of the Patriotic Pole and the State apparatus, for changing that radicalism starting the 15th. Sinister and protagonist interpretations about the current and future economic difficulties, are defending the idea of a strategic step backwards, negotiations with bourgeois circles and the abandonment of the perspective of radicalization in the transformation of the productive apparatus, such as is called for in the Plan of the Homeland.
It is highly improbable that the political-military leadership of the Revolution would opt for such a solution.
Regardless of conjectures about the behavior of these men and women who have sworn to give their lives for the revolution and legacy of Chavez, the final power of the masses is in the streets. It is not realistic to assume that after this workers’ and people’s epic, the protagonists will return to their homes to hear how 80% of television stations, 90% of the national newspapers and 90% of radio stations in the hands of the bourgeois opposition attack the Revolution, while in the feverish dreams of the reformists, the government led by Maduro makes concessions to those whom he defeated in the streets and at the polls, despite of the extreme resources used by the opposition .
There is no political willingness nor historical space to go backwards. The Bolivarian Socialist Revolution has won another great battle in the polls, but above all in the articulation and motion of the social and political forces committed to the transition to socialism. Regarding the risks that are posed by the electoral gain of the ultra-right, as Chávez would repeat in quoting Trotsky, “sometimes the revolution needs the whip of the counterrevolution.” This is one of those cases.
The intelligent and effective counter-attack that circumstantially diminished the relationship of forces of the government on the electoral plane compels the Political-Military Revolutionary Directorate to assert where it is strong and improve, as Maduro anticipated, the revolutionary gains. That means making the confrontation with the bourgeoisie and imperialism more direct and efficient. The bourgeoisie and the imperialist will not relent in its counterrevolutionary efforts. In turn, the popular power unleashed since December will oblige — and at the same time permit — the government to take all the necessary steps for effective action, the only way to strengthen its relationship with the masses.
At that point the strategic value of the PSUV will resurge, not limited to the role of a electoral machine, but as a living organism within the working class in all its strata, capable of affirming the conscience and extend the organizations of these majorities, articulated with the other classes and sectors committed to the transition.
They will be a rare exception, the principle cadres who do not understand these demands of the moment. The same team that was able to overcome the death of Chavez, promote and give direction to the mass mobilizations, will know how to improve itself to face this new stage.
Venezuela will continue to lead the Latin American-Caribbean-antiimperialist course. It remains to be seen whether the peoples and their vanguard will assimilate in time the legacy of Chavez and this new lesson of Bolivarian Socialist Revolution.

 

From Caracas, April 15, 2013
Traducción: Jacqueline Reinel, Fernando Torres

 

Armed Forces and revolution

Propagandists of capital, infiltrators and opportunistic charlatans rejoiced announcing that the death of Hugo Chavez would mean the disintegration of PSUV and its frontal collision with the Armed Forces.

Before the new government has begun its term, the facts expose the ignorance — and hidden objectives — of these agents of confusion:

How otherwise could such organization, the tremendous mobilization of the masses, be possible without the political-military leadership that is unified by a strategy, a plan of action and a common commitment?
How do they explain the fatal blow to the conspiracy in the hours before the election, the impeccable and implacable deployment of the Armed Forces during the Plan of the Republic, which guaranteed the election?
Of course there are tendencies in the PSUV. Of course there are differing grades of acceptance of the revolutionary strategy within the Armed Forces. Of course, by definition, one can assume the existence of weak elements and even traitors in any organization that involves hundreds of thousands and millions of people.
But ideological plurality and political differentiation is a conceptually agreed-upon characteristic since the founding of the PSUV. And the iron hand of the high-command and cadre structure of the Armed Forces is keeping an eye on any who would try a means of destabilization.
The heralds of gloom, undercover agents, usual speakers, must seek new arguments.

 

In the White House the counterrevolution continues

On the morning of Thursday, April11, three days before the elections, the authorities discovered and detained mercenaries of Colombian origin, dressed in Venezuelan military uniforms and on the verge of activating a terrorist plan. Before that, 30 people were caught in the act of carrying out various actions to sabotage electrical plants and high-tension wires. In previous weeks there were electrical blackouts in different parts of the country due to the acts of sabotage.
Also in the days before the elections, a group of 30 youths violently entered the La Carlota air base in Caracas, when they overwhelmed the four officers guarding the entrance. Similar instances occurred in other military units of the country; in all of them the military forces worked to avoid a direct confrontation and to prevent any wounded or deaths, which was precisely the objective sought by the promoters of these attacks.
Then, two commando groups from El Salvador were detected by the intelligence services, which detained three of the members and continued searching for the rest in the hours before the election. In turn, on Thursday evening the 11th, a worker was assassinated by a bullet at the entrance to PdVSA, where he was shooting fireworks to celebrate the marvelous concentration of the seven avenues in downtown Caracas.
In a morning press conference on April 12, Vice President Jorge Arreaza, accompanied by Interior Minister Néstor Reverol and Defense Minister Diego Molero, confirmed this information. He emphasized that the operations of pursuit and capture were continuing and more precise information could not be given until it was completed.
“We will be resolute against those who try to deny the will of the Venezuelan people,” declared Arreaza. Meanwhile, the candidate of the rightwing refused to sign a commitment to recognize the results that the National Electoral Council was to issue in the evening of the 14th.
These are all facts that confirm the constant destabilizing actions of the opposition and their followers, actions that have been limited because of the constant alert of the masses and silent and efficient action of the Armed Forces and their secret research organizations.

 

Elections and revolution

Citizen participation in the election of authorities and genuine democracy are inseparable. But as they are known in the bourgeois societies, the elections are far from being an exercise in democracy.

In the difficult transition from capitalism to socialism in Venezuela, the elections are at once a means of participation by the masses, and at the same time a source of deformation of every type for the voters and candidates, which becomes an open manipulation in the case of the bourgeois representative.

On the one hand, the pressure of constant elections presumes more participation, more advocacy and the possibility of educating and organizing the great majority. On the other hand, the same phenomenon tends to convert many a leader into just a candidate and the candidate into a product for sale; the product on sale becomes a commodity and the commodity an object of publicity, where anything that takes away votes is considered harmful, and everything that draws support is considered laudable. Truth is the first victim of this perverse logic.

Thus the “advisors” proliferate, a kind of marketing manager who will capture the candidate and the citizenry that he leads. Ideas are prohibited: There is only room for sound bites that say the least possible. The capitalist techniques of capitalist focused on political action work like lethal poison against one’s intelligence, and even against genuine participation. From then on, successful advisors and massive publicity mean money, a lot of money, and therefore whoever has the most money becomes the best candidate (which does not mean a better leader).

Indeed, a nonviolent transition has to live with this dual, harmful phenomenon, and it’s just as well: the opposite is war. And the people, the genuine vanguard, resorts to violence only when the enemy leaves them no other way. That is, among many others, an extraordinary lesson of Commander Hugo Chávez and the Bolivarian Revolution. And a possibility only in extraordinary circumstances, due to the uniqueness of the Bolivarian National Armed Forces.

Nevertheless, to uncritically glorify the elections of this type is the sure way towards committing errors and deviations that could potentially be very costly. Overturning the capitalist system also means overturning the elections as they are conducted in the bourgeois regimes.

Fascist attempt in Venezuela

byLBenAVN

 

With cold calculation the counter-revolutionary command ordered the murder of nine people and numerous acts of violence and destruction since early April 15. The United States tries a newway to defeat the Bolivarian Revolution: the creation of a classic fascist movement.

 

A week before the election victory of Nicolás Maduro, referring to the attack on artists committed to the Revolution, I pointed out the differences between McCarthyism and Nazism-Fascism in an article published in the Correo del Orinoco.

McCarthyism “operates from a balance of power in favor of a system it defends from the top of a totalitarian ideology,” while fascism “appears as the last resort of a social order harassed by the masses, to which capital also aims to respond from mass sectors, trying to organize the poorest and disorganized class, which also lacks of consciousness, accompanied by strips of the middle classes.”

Thus, predictable dynamics is strengthened. The attack on the artists, as a expression of McCarthyism, has a limited size. But its metamorphosis is inexorable in harsh and hard Nazi-fascist behaviours, not against artists, but against the masses that drive the revolution.” That’s what happened after the election.

Unlike lots of supporters of the Revolution, the State Department correctly assessed the meaning of the revolutionary victory at the polls, supported by a mass mobilization of unprecedented magnitude and duration. Accordingly, they prepared the answer in advance: face those demonstrations with a scrawny reissue of fascism, backed by foreign mercenaries and waste of money in order to persuade low-income sectors.

 

Strategic Dispute

That line of action was defined in advance. But it is important to stress its test nature. Given the kind of unprecedented demonstrations organized between December 9 and April 11, and the relationship of forces among the classes that it (line of action) established, the counter-revolutionary command discarded a final offensive after the elections. This line of action
only sought to put their mercenaries in motion and measure the response of the Revolution.
Multifocal strategy is not a fascist movement, but a step in the attempt to build it. In addition, there was a possibility that a wrong behavior of the Bolivarian government detonated uncontrolled acts of violence, which would have led to foreign intervention in the internal conflict.

In any scenario, the bourgeoisie had a gainful balance. If the government failed, it (bourgeoisie) would have transformed their strategy into a military intervention, if not falling into the trap, the government would have left a space for them to act with impunity to harass the forces of the revolution and prevent them from launching a counterattack, no matter the internal consequences.

This is the point. Here is where the confrontation arises in order to see if the grafted fascism sprouts in Venezuela, It was necessary to see if the counter-revolution may or may not count on organized social support to face the Revolution.

The election results count. The bold and aggressive intervention of imperialism in the election campaign in the absence of Chávez, in higher proportion than expected, managed to detach sectors of the petty bourgeoisie and disjointed parts of the dispossessed masses. Explaining that displacement because of the errors and foolishness of the Revolution is like finding
moisture in the rain. Such attitudes often reveal an inclination to refuse the rain to not suffer moisture. Anyway, these sectors of society continue now in dispute, but on different conditions. And this represents a challenge for Political-Military Board of the Revolution.

 

Options

All prominent members of the government and the United Socialist Party of Venezuela (PSUV), starting with Nicolás Maduro, have reiterated that there will be no impunity for the perpetrators and masterminds of the nine dead, nearly a hundred wounded and countless acts of vandalism.

This position is supported by chavists and undoubtedly legal actions will be taken against Henrique Capriles, Leopoldo López, Carlos Ocariz, Armando Briquet, among others who called for violence. When this occurs in the coming days, the extreme right-wing will try intensifying terrorist actions. In an interview published by El Mundo of Spain and La Nación of Argentina, Capriles already announced his line of action. When the audit of the National Electoral Council
(CNE) is completed, he will demand new elections and justify the continuity of terrorist actions.

The essential prosecution and conviction of those responsible is only one aspect of the problem. The biggest challenge is to face the continuation of violence led by local and foreign mercenaries. This is the core of the essay that begins after the first week of terrorist actions: check the behavior of the government and the revolutionary forces.

It is still necessary not to fall over the cliff by way of violence as a response against extreme right commands. At the same time, it is essential to prevent the continuity of killings and destruction, as this would have a double effect. On the one hand, this would demoralize and sow seeds of division in the ranks of the revolution. On the other hand, it would encourage the
development of extreme right-wing commands and their progress towards a fascist movement, considering the whole concept of that word: a mass-backed force that perpetrates violent actions against the masses. The calls for peace, reflection, are necessary but insufficient. It is necessary to develop the power of persuasion and self-defense .

The State has the tools to protect property and people at risk and, at most, to demolish ultra-right commands: the Bolivarian National Armed Forces and Militia specifically. However, the true instrument at this stage of the confrontation is primarily the political aspect: the PSUV and the possibility of intervention by Community Councils and other mass organizations.

Contrary to valuable opinions that plays down or condemn the PSUV, I have defended the certainty that the PSUV has the strength that allowed the continuity of the government and the revolution during the prolonged illness of Commander Hugo Chávez, as well as the articulation of the Polo Patriótico, the victory of the elections held on October 7th, the win of governorship in 20 states, the keeping of increasing mass mobilization for four months, and then winning of the
presidency on April 14.

But the new stage is more demanding. The PSUV founding concepts, as well as the practice developed in its short existence, enable it to meet this historic challenge. Its leadership is called to revitalize the internal life of the largest and most important Party in Latin America, to organize the debate, inform the membership, follow the joint scientific criteria and organize daily line of action. The PSUV needs a media that informs, instruct, educate, organize and take the
necessary political action for the self-defense, essential to the passage to the fascist movement
promoted by Washington.

It is up to the imperialist membership in Latin America and the world to counteract and defeat the misinformation and slander campaign launched by the Internacional Parda and media at their service. We should all strive in this great battle of strategic scope.

 

Caracas, April 22, 2013.