Tormenta geopolítica

PorLBenAXXI

 

 

Cambios trascendentales se precipitan en el mapa político mundial. La prensa burguesa busca describirlos apelando a conceptos tales como “Tercera guerra mundial”, o “guerra fría”.

Error: no hay en el futuro cercano una tercera conflagración global. Y la noción de “guerra fría” no sirve para interpretar el retorno pleno de Rusia a la arena planetaria como contraparte de Estados Unidos.

“Nombrar es la cosa más importante del mundo” afirmó Confucio. No obstante, es atinado estudiar, reconocer, comprender y describir antes de poner nombres. Tanto más si para hacerlo no se apela a otro recurso que referir al pasado.

En estos mismos momentos está tomando forma algo en todo y por todo diferente a la situación que en 1939 detonó la II Guerra Mundial y después de los acuerdos de Yalta, en 1945, dio lugar a la Guerra Fría. Rige ya un mundo sin eje, sin parámetros fijos de ninguna especie, sin puente de comando, ni timón, ni timonel, pero con poderosa fuerza propulsora: la crisis capitalista.

Pruebas al canto: Washington quiso barrer a Bashar al Assad de Siria como hizo con Gaddafi en Libia: no pudo; quiso someter a Irán como lo hizo con Irak: no pudo; quiso derrocar a Nicolás Maduro como hizo con los presidentes de Honduras y Paraguay: no pudo; quiso arrebatar Ucrania y arrinconar definitivamente a Rusia: logró deponer al presidente Viktor Yanukovich pero catapultó la independización de Crimea, alentó ese camino para otras regiones hasta ayer centralizadas por Kiev (Donetsk, Jarkov y Odessa ya demandan referenda para ser autónomos) y dejó al resto del país bajo un régimen nazi y en una crisis insostenible para la Unión Europea; quiso apoderarse de una llave estratégica ocupando Sebastopol: no pudo.

Como símbolo de esta deriva resalta la muerte del G-8. Al cabo de un breve período de ensueño éste vuelve a denominarse G-7 (Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia, Italia, Canadá y Gran Bretaña), no pudo deglutir a Rusia y retrograda a un bloque fragmentado, con insalvables disputas internas y con la mayoría de sus miembros en crisis sin salida. Y sobre todo, sin jefe.

Si el derrumbe de la Unión Soviética fue un cataclismo geopolítico, ahora la desaparición de Estados Unidos como inapelable centro ordenador planetario da lugar a un fenómeno análogo, aunque presumiblemente más caótico y violento para el futuro cercano.

Terminó el fugaz período histórico en el que la volatilización de la Unión Soviética pudo interpretarse como victoria definitiva del capitalismo, inalterable hegemonía para Estados Unidos y desaparición del socialismo en el horizonte para la humanidad.

Comienza una etapa de violenta disgregación durante la cual se jugará la posibilidad de que aparezca y se imponga, o no,
una fuerza en condiciones de encauzar la crisis en sentido positivo para la humanidad.

 

Bloques monetarios autónomos

Antes del golpe de mano estadounidense-europeo para apoderarse de Ucrania diversas voces adelantaron la intención del Kremlin de abandonar el dólar como moneda de reserva. Allí se tejen planes para marchar en breve hacia un área económica euroasiática que, además de Ucrania, se proyecta hacia Bielorrusia, Kazajstán y otras repúblicas antes integrantes de la Urss, pero sobre todo apunta estratégicamente a un bloque con una moneda común –del tipo del Sucre en el Alba– que eventualmente involucre a Irán, China e India. Desde comienzos de año trascendieron definiciones en sentido semejante también desde Beijing y se encendieron las alarmas en Washington. El propio Paul Craig Roberts, ex secretario asistente del Tesoro en tiempos de la reaganomics, alertó que eventuales sanciones contra Rusia podrían impulsar a los Brics a crear una moneda común y abandonar definitivamente el dólar como divisa.

Con prescindencia de que ese conjunto acabe integrando a China, lo cierto es que desde el colapso de 2008 esa tendencia objetiva quedó planteada con varios centros de gravedad regionales que atraen a conjuntos de naciones ante la amenaza de un dólar en coma irreversible.

Sólo el Alba tuvo la lucidez y la osadía suficientes para corporizar, ya en 2008, una respuesta práctica. Hugo Chávez y la Revolución Bolivariana jugaron un papel decisivo en ese salto exploratorio; pero también los restantes gobiernos del Alba asumieron el proyecto con vigorosa decisión. Razones materiales, estructurales, pero sobre todo subjetivas, dificultaron la articulación eficiente del Sucre como moneda virtual común para los componentes del Alba. Sin embargo la experiencia quedó planteada como respuesta estratégica de transición ante amenazas sin precedentes de desarticulación económica mundial. Entre otras conocidas causas que determinan su alocada carrera contra el mundo, en Venezuela y Ucrania Estados Unidos avanza preventivamente contra el riesgo estratégico que tal tendencia objetiva encarna. En ambos casos la Casa Blanca ha fallado, como se describe con detalle en esta edición.

Pese al altísimo precio de la prolongada guerra económica y tras cinco semanas de insurgencia mercenaria, la Revolución Bolivariana derrotó una vez más el intento golpista. Sin desdeñar los costos ulteriores de la escalada, todo indica que la estrategia de transición y la Dirección Revolucionaria Político Militar salen fortalecidas del trance y en mejores condiciones subjetivas para afrontar la inexorable continuidad de la agresión. En Ucrania, tras invertir 5 mil millones de dólares en los últimos años, la Otan consiguió deponer a
Yanukovich. Pero se trata de una victoria pírrica en sentido lato: el Departamento de Estado ganó esa guerra, pero perdió su ejército. No sólo Crimea sale total y definitivamente del área de gravitación occidental: toda la población rusa de Ucrania y la mayoría de la población restante rechaza al gobierno fascista impuesto por los demócratas de Berlín, París, Londres y Nueva York; aunque la verdadera fuente de inestabilidad de aquí en más es la penuria económica, que la Unión Europea y Estados Unidos no harán sino agravar: el colapso a corto plazo sólo puede ser evitado con masiva ayuda financiera. Peor aún, como indican alarmados analistas
de la prensa imperialista, Barack Obama ha detonado una multiplicidad de conflictos: la banca inglesa se verá afectada si el flujo de capitales rusos mengua o desaparece por las sanciones de Occidente a Moscú; Francia deberá suspender la venta de armas a Rusia, con el consiguiente agravamiento de su situación interna; Alemania puede sufrir, a término, el fantasma de desabastecimiento de gas y petróleo… No se trata de anuncios de un militante antimperialista: es la advertencia que el ultrarreaccionario y cada vez más degradado The Economist hace a las autoridades en Washington.

¿Y qué ocurrirá con los tan cortejados Brics? Ya hay definiciones: durante el Sexto Foro Académico de este bloque, realizado en Río de Janeiro, hubo un rechazo al golpe de Estado en Ucrania y respaldo sin fisuras a la independencia de Crimea, según informó Viacheslav Níkonov, presidente del Comité de Educación de la Duma de Estado (Cámara baja del Parlamento ruso). Alentados por este posicionamiento, los representantes rusos transmitieron la propuesta de que la próxima reunión se realice en Yalta, es decir, en el punto de Crimea con más resonancias históricas respecto del ordenamiento mundial.

 

Desafíos del nuevo cuadro internacional

Allí, o donde sea, no quedará plasmado como en 1945 un nuevo orden mundial, esta vez con los países imperialistas en un polo y los Brics en el otro. Muy lejos de eso. Como lo grafica la tapa de esta edición, el mapamundi del siglo XX está desarticulado y no se avizora todavía la única fuerza potencialmente capaz de proyectar las líneas estratégicas de un reordenamiento estable: un proletariado recompuesto y reorganizado, rector de una estrategia socialista mundial.

De allí la multiplicación de formas de resistencia y de supercherías ideológico-políticas anunciadas sucesivamente como panaceas, a cuyo influjo brotan “vendedores de pasado en copa nueva”.

La ausencia de una fuerza de clase también se traduce en conceptos organizativos, en negación de la teoría y la experiencia histórica, a favor del pragmatismo y el más ramplón empirismo.

No obstante, la radicalización del combate viene a delimitar conceptos. Imposible soslayar el papel del Psuv en la fortaleza electoral y la capacidad de resistencia social en Venezuela, algo que asimiló con rapidez el presidente Correa cuando, tras el reciente revés electoral, revalidó la noción de partido como factor imprescindible. Impacta esta ratificación pese a que la persistente retracción del movimiento obrero contribuye a cimentar, en la región y más allá, nociones movimientistas, no como complemento de unificación social ampliada sino como sustitución del partido para la revolución.

Otro rasgo subrayado sin demora por Correa a partir de su dura experiencia es la intrusión de fuerzas extranjeras hasta en elecciones municipales. No fue por capricho o doctrinarismo que Chávez se empeñó en la edificación del Psuv y convocó –sin suerte, por ahora– a la creación de una V Internacional: la injerencia de poderosas estructuras políticas internacionales del capital gravita más y más en todos los planos de la vida social. Se agravará en la nueva etapa y obligará a articular respuestas efectivas en la misma escala.

Venezuela será el centro de ese desafío, porque la agresión no cesará. Alimentada desde el exterior con dinero, armas, mercenarios y propaganda masiva, la contrarrevolución pasa de los intentos insurreccionales fallidos al terrorismo liso y llano. En otros países del Alba se repite la estrategia restauradora aunque con tácticas diferentes, menos impactantes pero igualmente amenazantes para los intentos de transición anticapitalista. Tampoco será menor la agresividad imperial en países donde agonizan pujos neodesarrollistas, que en la fase anterior permitieron ilusionarse con transformar a masas ultrapauperizadas en “clase media”. La añeja esperanza de
acabar con la lucha de clases desagua en fracasos capitalizados por las fuerzas más reaccionarias.

La vanguardia latinoamericana ha avanzado en su capacidad de respuesta, sobre todo frente a la manipulación mediática.
También hubo muestras de voluntad para la acción en movilizaciones de apoyo a Venezuela. Esos esfuerzos hacen más evidente la ausencia de partidos revolucionarios y una coordinación internacional efectiva.

Hasta fines de julio, en el fragor de una lucha que recién comienza, el Psuv trabaja en la preparación de su Congreso Nacional Ordinario. La vanguardia latinoamericana afronta la inaplazable exigencia de concurrir organizada y consciente a este combate trascendental.

Integración no equivale a Unión

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No por acaso el comandante Hugo Chávez sostenía la necesidad de apelar al concepto Unión, en lugar de integración. Éste alude al ensamblaje en Suramérica de ciertas áreas del aparato productivo-comercial-financiero.

Aquél comienza por la reivindicación de una nación común que, va de suyo, necesita integrar sus capacidades en todas las áreas para satisfacer las necesidades de la población, con la eficiencia que permiten la escala y la cooperación para la acumulación primitiva de capital y la complementación  en ciencia y tecnología.

Es oportuno discutir estas ideas cuando Venezuela afronta una escalada fascista, las tensiones a escala regional afectan las conquistas del último período y la necesidad de la unión es más importante que nunca para que Venezuela y el Alba puedan vencer la embestida contrarrevolucionaria de Estados Unidos.

Integración supone perspectiva economicista. Unión es estrategia política. La primera calza en el sistema vigente. La segunda requiere romper y transponer los límites del capitalismo. No todos quienes están comprometidos con la integración aspiran a la unión. En América Latina una parte hegemónica de los actores opone ambos conceptos: necesitan la integración para maximizar la ganancia empresaria, pero se oponen cerradamente a la unión, que implica un cambio político de ineludible impacto social: una nación unida del Río Bravo a la Patagonia supone un pueblo consciente y con objetivos, presa difícil para transnacionales o grandes conglomerados del capital, cualquiera fuese su origen. Entre tanto, es buena táctica camuflar el accionar contrario a la unión sosteniendo la integración.

En otras palabras: el imperativo capitalista de la gran empresa puede en muchos casos requerir la integración, pero por definición se opone a la unión. Por eso fue posible una abarcadora dinámica de convergencia tras lo primero que, no obstante, a poco andar choca con barreras estructurales y comienza a transformarse en lo inverso.

Aquel imperativo capitalista condiciona o directamente se impone en el accionar de gobiernos que, o bien son  prolongación directa del gran capital, o no tienen una estrategia definida, o carecen de la fortaleza y el compromiso necesarios para afrontar esa contradicción.

 

Reacción imperial 

En diciembre de 2004, en Cuzco, nació la Comunidad Suramericana de Naciones. Poco después, en abril de 2007, en la cumbre de Margarita, esta organización se transformaría en Unasur. Casi cinco años más tarde, en diciembre de 2011, una cumbre en Caracas de todos los presidentes latinoamericano-caribeños alcanzaría una calidad superior con la Celac. En paralelo, nacía y se consolidaba una instancia cualitativamente diferente, el Alba, que potenciaba esa dinámica positiva.

Por detrás de este fenómeno histórico estaba la ya célebre cumbre de las Américas en Mar del Plata, en 2005, cuando una virtuosa conjunción de circunstancias y voluntades dio lugar al fracaso del Alca. Son dos caras de una misma medalla: avanzaba la convergencia latinoamericano-caribeña al compás del retroceso estadounidense.

Como era de esperar, hubo un contraataque. Se inició visiblemente con el viaje de George W Bush a Brasil y Uruguay en marzo de 2007. Y desde entonces, muy tímidamente al principio, a paso firme en el último año y medio, el curso del conjunto se detuvo primero para después enfilar en sentido contrario: la fuerza centrípeta comenzó a transformarse en fuerza paralizante y, en no pocos casos, centrífuga.

Esa deriva negativa no se explica por la estrategia de Washington, sino por fuerzas objetivas que operan en la estructura económica de la región.

El estallido de la crisis capitalista en 2008 aceleró contradicciones entre sectores diferentes del gran capital en cada país y agudizó la competencia entre sectores económicos de un país con los de los demás. Los estrategas del imperialismo supieron ver esto antes de que surgiera a pleno y lo están utilizando eficientemente en su favor.

Así, a la vuelta de pocos años hay un panorama bien diferente al de la primera década del siglo XXI. No hace falta argumentar para señalar la morosidad –cabe también decir lenidad- de Unasur. Son públicas y notorias las desavenencias de los dos mayores socios de Mercosur y las reiteradas quejas y amenazas de ruptura de Uruguay y Paraguay. Desentendidos de la voluntad de gobiernos como, por ejemplo, los de Brasil y Argentina, los intereses empresario chocan entre sí y bloquean el camino de la integración.

Mientras se hacen discursos de buenas intenciones, al lado hay peleas irreconciliables entre, por caso, productores de zapatos y electrodomésticos en Brasil y Argentina, que se traducen en un Mercosur paralizado, mientras su existencia se limita a poco más que su aprovechamiento por transnacionales automotrices y capitales bancarios para obtener superganancias.

A su vez la Celac –la más importante y trascendente conquista de la primera fase- después de la exitosa cumbre de La Habana, donde Estados Unidos pudo medir la magnitud de su decadencia como potencia inapelable, quedó temporalmente en manos de un gobierno comprometido con la estrategia inversa.

Por último, como signo inequívoco, se ha desgajado el grupo de cuatro países que conforman la Alianza del Pacífico, con una estrategia contraria a la defendida por Unasur en sus orígenes.

La región ingresa así en una nueva fase.

 

Causas y perspectivas

La línea divisoria entre la fase de convergencia y la actual, que avanza en sentido inverso, está trazada por el agotamiento irreversible de las políticas desarrollistas. El famoso “largo plazo” al que refería Lord Keynes con típico cinismo, ha llegado ya para los gobiernos escudados en esa teoría urgida al rescate del capitalismo en circunstancias de crisis extrema. La solución de las devastadoras consecuencias de esa táctica que supone “cavar zanjas” con recursos del Estado burgués para mover la economía queda para futuras relaciones de fuerzas.

Los pujos “neodesarrollistas” que en la fase anterior permitieron ilusionarse con transformar a masas ultrapauperizadas en “clase media” –la añeja esperanza de acabar con la lucha de clases- ahora no dejan sino la alternativa de retornar al más despiadado liberalismo o aplicar ajustes igualmente dramáticos con un sesgo pseudoindustrialista y con ayuda de un “Estado fuerte” (sin reparar, desde luego, en la naturaleza de clase de ese Estado).

Hay quienes creen que esto se resuelve pidiéndole al gran capital industrial que no se deje amedrentar por el capital financiero, como si éste no fuera precisamente la integración –fusión fue la palabra empleada para describir el fenómeno en sus orígenes- entre la gran industria y el capital bancario. Más que la lógica científica, pesa en tales opiniones la necesidad de defender una estrategia capitalista.

El hecho es que tales orientaciones amenazan con permitir que la sistemática ofensiva divisionista timoneada por Washington resulte exitosa. Nada que no fuera previsto por quienes en el comienzo de la fase virtuosa, impulsaron el proyecto estratégico de la unión latinoamericano-caribeña. Por lo mismo, nada que sorprenda y no pueda ser a su vez revertido por una política clara y firme, con apoyo en los gobiernos del Alba y los pueblos de los restantes países, estos sí dispuestos a la unión.

venezuela y ucrania

Ofensiva fascista de Estados Unidos y Europa

PorLBenAXXI

 

 

Escalada: una misma política tuvo resultados diferentes en Caracas y en Kiev. En ambos casos, las potencias imperialistas apelaron a un arma ya utilizada antes en momentos de extrema crisis: el fascismo. En Ucrania éste adoptó sin tapujos el rostro del antisemitismo, extendido ahora contra la minoría rusa. La Revolución Bolivariana resistió exitosamente el embate. No ocurrió lo mismo con el gobierno ucraniano. En aquellas latitudes crece el riesgo de una guerra de la Otan contra Rusia. Aquí, la repetida derrota de Washington se prolongará con nuevas y cada vez más violentas agresiones, dificultada por el respaldo de 120 países del Noal, buena parte de América Latina, más China y Rusia, al gobierno de Nicolás Maduro. Las tensiones entre la Casa Blanca y las capitales del Sur se agravan al extremo. Por detrás, asoma su feo rostro la crisis capitalista.

 

Otro laurel de gloria para la Revolución Bolivariana. Bien mirado, no cabría mayor homenaje en el primer aniversario de la muerte de Hugo Chávez: pueblo y gobierno de Venezuela en lucha franca y victoriosa contra la ofensiva fascista de los estrategas imperiales.

Otro ‘Cantar de gesta’, esta vez latinoamericano y en honor de Chávez, quien como el Cid campeador sigue ganando batallas después de muerto.

A su modo, en involuntaria ofrenda, también Washington rinde tributo a la memoria del Libertador socialista: tras masticar el polvo de la derrota en dos elecciones posteriores a su muerte, los agentes locales apelan a la violencia de escasos adherentes, movilizados con argucias en base a dificultades reales, pero actuantes sólo por obra de mercenarios locales y extranjeros.

Empujada por la Casa Blanca y un ala de la oposición interna Venezuela se asomó a la tragedia de una guerra civil. Sectores medios y altos de la oposición pudieron ver de cerca el espectro que amenazó al país y los dejaba a ellos al borde de un abismo mortal. Retrocedieron. De acuerdo con un precepto tan antiguo como la guerra (“a enemigo que huye, puente de plata”), el presidente Nicolás Maduro les ofreció una vía de salida para la emergencia: la Conferencia Nacional de Paz. Excepto uno, todos acudieron a la cita. Y farfullaron excusas, ante el rostro severo, elocuente, de las máximas autoridades nacionales. Con 19 muertos a cuesta, la embestida destinada a iniciar una confrontación militar interna quedó aislada.

Resta un foco en retirada en San Cristóbal. La capital del Estado Táchira, territorio fronterizo con Colombia, fue escogida por los hombres de gris del Departamento de Estado para desencadenar acciones armadas. Encabezada por agentes fascistas, Leopoldo López y María Machado, con el respaldo de escuadras paramilitares del país vecino, se logró ocupar la ciudad. El objetivo era declarar a Táchira “territorio liberado”. Allí López pretendía escenificar una parodia de “gobierno provisional”. Washington estaría allí para “defender la democracia”. La llave de la operación fue el alcalde opositor, Daniel Ceballos, cobijado bajo la sigla partidaria de López, Voluntad Popular. El gobierno ordenó la detención de López por haber proclamado el derrocamiento de Maduro. Hay más nombres directamente involucrados y una cantidad a la expectativa, ansiosa tras bambalinas, presta a saltar en una u otra dirección según el curso de los acontecimientos. También hubo, como ya ha comenzado a develarse, miembros infiltrados en organismos de seguridad, que actuaron siguiendo órdenes de fuera y provocaron muertes necesarias para el intento de sublevación y la campaña mundial: seis de ellos están presos.

La base de sustentación del plan tenía dos puntos de apoyo: uno, paramilitares colombianos (los temibles “paracos”) como fuerza vertebradora de la oposición fascista apoyada en grupos estudiantiles, acompañados por infiltrados en órganos de gobierno y seguridad; otro, la más desaforada campaña de prensa mundial que se haya visto en la historia de la guerra, destinada a mostrar lo indemostrable: un pueblo alzado contra un dictador.

Una cosa es ocultar, tergiversar y mentir, tareas en las que está altamente entrenada la gran prensa comercial del planeta y en las que obtiene permanentes victorias. Otra, bien diferente, es fabricar una realidad inexistente y convencer al mundo con ella. No lo lograron. Al menos por ahora.

Amplias franjas de la opinión pública en Europa y Estados Unidos, incluso en buena parte de América Latina, pueden estar convencidas de que Maduro es un tenebroso dictador, quien con respaldo de ávidos militares brutales oprime a las masas, saquea al país en su beneficio, cercena la libertad de prensa y hunde la economía en un desastre con efectos devastadores para las mayorías. Pero por el simple y fácilmente comprobable hecho de que nada esto ocurre en la vida cotidiana del país, el conjunto abrumador de la población –incluido grandes sectores de la oposición– no tienen esa convicción y, por el contrario, asumen una certeza inversa. Así, el periodismo sin apego a los hechos queda expuesto en toda su venal irresponsabilidad, pierde credibilidad y fracasa como herramienta para defender el capitalismo y vehiculizar sus grandes operaciones contrarrevolucionarias.

Eso ocurrió desde el 12 de febrero y hasta las vísperas del aniversario de la muerte de Chávez. Y se combinó con el espanto de una burguesía local que vio de frente y a nada de distancia una sólida conjunción de gobierno, fuerza armada, milicias, partidos revolucionarios y masas organizadas, dispuesta a defender la continuidad de la Revolución en combate franco. Arrastrado el país a una guerra lo más saliente no hubiese sido la arremetida devastadora contra los mercenarios en Táchira, sino la aceleración del paso de la Revolución y la transición al socialismo, a expensas no sólo de los bienes y prebendas de las clases altas.

 

Guerra o paz

Ese espectro ominoso lo palparon también intelectuales, periodistas, profesionales y funcionarios, quienes cambiaron drásticamente de tono y se aferraron a la propuesta de paz como a un clavo ardiente. Estaban convencidos de que la ofensiva derrumbaría sin combate a Maduro y acabaría con la Revolución. Como tantos, dentro y fuera de Venezuela, vivían en la ilusión de que el país podía volver a la supuesta normalidad de la IV República. No comprenden el significado histórico de la Revolución Bolivariana, no tienen conciencia de la gravedad de la crisis capitalista mundial y, en consecuencia, no saben dónde apoyan sus pies. Pero a la conciencia la reemplaza el instinto cuando la situación es extrema: en cuestión de horas vociferantes opositores comprobaron que para hacer retrogradar una revolución es preciso una guerra. Y que esta revolución, pacífica, está armada y resuelta al combate. La primera orden del instinto es la autoprotección. De modo que se lanzaron con fruición al puente tendido por Maduro.

Así, López y su consorte en el fascio caricaturesco, quedaron solos. Con el exclusivo apoyo del gobierno estadounidense, que exigió la liberación de su fantoche y, como respuesta, perdió tres diplomáticos pillados in fraganti en la conspiración. Amenazado de muerte por sus socios más cercanos, el ultramontano ex miembro de Tradición Familia y Propiedad, ahora travestido como socialdemócrata, optó por entregarse mansamente. También él vio de cerca lo que le esperaba. Y prefirió la garantía de sus enemigos a la traición y la muerte en manos de sus amigos: una grabación captada por organismos de inteligencia expuso públicamente a dos jefes opositores programando el asesinato de López. Medios recalcitrantes del hemisferio pasaron por alto este hecho, en sí mismo definitivo, y redoblaron su campaña de calumnias.

A la Conferencia de Paz le siguió una rápida y efectiva ofensiva diplomática el canciller Elías Jaua. Simultáneamente, en los últimos días de febrero, el ministro de Petróleo y Minería, presidente de Pdvsa y vicepresidente para la Economía, Rafael Ramírez, viajó para entrevistarse con los gobiernos de China y Rusia. Con esta panoplia Maduro recuperó la iniciativa en toda la línea y arrinconó a los guerreristas.

Mientras se redactan estas líneas, en el día del primer aniversario de muerte del comandante Chávez, la imponente manifestación popular, coronada con un desfile militar de inequívoca significación, prueban la consistencia de esa iniciativa que tiene dos objetivos de ejecución inmediata, aparte la extinción de los focos paramilitares, en palabras de Maduro: consolidar la victoria de la paz y concretar la revolución económica.

 

Teoría y práctica de la transición

No será fácil para el Presidente y la Dirección político-militar de la Revolución Bolivariana corregir las distorsiones de la economía en transición. Lo saben partidarios y enemigos del gobierno. Maduro ha explicado que, como continuidad obligada de la revolución política y la posterior revolución social desarrollada en Venezuela desde 1999, ahora se abre la fase de la revolución económica. Ese objetivo choca con obstáculos objetivos y subjetivos. Como ha ocurrido una y otra vez desde que en 1917 Rusia ensayó el primer salto más allá del sistema capitalista desde una conformación socioeconómica signada por el atraso en relación con las economías más avanzadas de su época, Venezuela afronta la combinación de ese atraso relativo con la desmesurada riqueza petrolera y las profundas huellas que esa rémora deja en la sociedad y en sus expresiones políticas. Además, debe cargar con décadas de anquilosamiento, tergiversación y degradación del pensamiento económico anticapitalista a escala mundial. No es exagerado afirmar que, salvo alguna excepción que confirma la regla, la teoría económica que se identifica con el marxismo está empantanada a tal punto que en lugar de iluminar, oscurece; en lugar de orientar, extravía. Y, como se sabe, sin teoría revolucionaria, al cabo no hay acción revolucionaria efectiva. De modo que, a la par de verse obligada a cargar con la desigualdad en el desarrollo del accionar anticapitalista en América Latina y en el resto del mundo, Venezuela se ve afectada por la distancia entre el punto alcanzado en la marcha de la transformación social y la media mundial del desarrollo teórico para comprender y conducir la transición. Y eso ocurre en el marco de una furiosa embestida imperialista.

 

 

Tras la escalada guerrerista

Ya es inocultable la falacia según la cual los centros de la economía mundial remontaron la crisis detonada en 2008. Está a la vista que la Unión Europea, Japón y Estados Unidos, muy lejos de retomar la senda del crecimiento continúan en el estancamiento o la recesión, ahora con indicios de deflación ya señalados a tiempo por la presidente del FMI, Christine Lagarde. Pese a ello, bajo la amenaza de un estallido financiero, la Reserva Federal cambió de rumbo y con nueva titular reduce la emisión desenfrenada (única palanca con la que se impidió el pase de la recesión a la depresión) y comienza a aumentar la tasa de interés, un mazazo a plazo fijo para las economías subordinadas. China, por su parte, no regresa a los índices que la convirtieron en el motor de la economía mundial, mientras India, Brasil, Turquía y otros países de rango similar acompañan la caída verificada en los centros metropolitanos. El nuevo año se inicia con signos elocuentes: más de 3 billones (3 millones de  millones) de dólares se evaporaron en el primer mes de 2014 al compás de una caída del índice S&P 500 de casi el 5%, de alrededor del 14% para el Nikkey y del 9% para Msci, que mide el nivel de los absurdamente llamados “mercados emergentes”. Febrero no revirtió esa dinámica. Pero esos sacudones apenas reflejan el desacompasado ritmo de la economía mundial; tanto menos el desbarajuste sin precedentes del sistema financiero.

Es en ese contexto que Estados Unidos despliega una contraofensiva general. Por un lado, en el terreno económico se lanza tras un Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP) con 11 países del área, mientras simultáneamente procura una Sociedad Transatlántica de Comercio e Inversión (Ttip) con la Unión Europea. Para que este doble movimiento sea efectivo en el propósito de frenar la caída y reubicar a Washington en el centro del poder económico planetario, es imperativo incorporar a América Latina, lo cual implica doblegar la resistencia de dos fuerzas centrales que por razones diferentes se interponen en ese camino: Venezuela y Brasil. Aquél, aunado con los países del Alba; éste, como fuerza predominante en el Mercosur.

En esta proyección estratégica estadounidense se inscriben el golpe de Estado en Ucrania y el intento de detonar una guerra interna en Venezuela. En Kiev la Casa Blanca pudo considerarse vencedora. Pero al precio de incendiar un país que tiene indestructibles lazos históricos y actuales con la Federación Rusa. En otras palabras: Estados Unidos avanza hacia la guerra en el este europeo. Y se topa allí con la conducta prudente pero resuelta de Moscú. Mutatis mutandi, otro tanto ocurre en Venezuela, donde el gobierno revolucionario tuvo la templanza y la eficacia para no caer en la trampa tendida en Táchira (y, como parodia, en el este de Caracas).

No es pensable que el imperialismo ceje en su empeño por derrocar a Maduro, puesto que es una obligación dictada por la crisis irreversible del sistema. Y esto tiene consecuencias insoslayables para Venezuela, pero también para el resto de América Latina.

La crisis que empuja a Washington produce simultáneamente la agonía de los pujos neodesarrollistas ensayados por varios gobiernos de la región, los cuales ahora se encuentran ante los límites implacables de un keynesianismo de utilería (es decir, de la teoría para salvar el capitalismo en los países centrales, aplicada con arrestos progresistas en países periféricos), a la vez que se desencadena una nueva escalada librecambista desde la Casa Blanca.

Así como al interior de Venezuela la oposición no puede enmascarar su posición contrarrevolucionaria con un antifaz democrático, al sur del Río Bravo es imposible una política soberana disociada de una estrategia revolucionaria y de transición anticapitalista. Las opciones son insoslayables y perentorias.

Como en los últimos 15 años, Venezuela está cumpliendo con su responsabilidad histórica ante el mundo. No podría imaginarse mayor homenaje a la memoria del comandante caído en combate. Resta saber cómo actuarán no ya los gobiernos, sino los pueblos y sus vanguardias en América Latina.

 

Narcoeconomía

PorLBenAXXI

 

Está a la vista: en la guerra contra las drogas vence hasta ahora el narcotráfico. Con apenas excepciones, no importa de que país o región del mundo se trate.

Cada día es más cuantioso el negocio, más violento y abarcador, más destructivo de las instituciones y la vida social. Basta recorrer las notas que integran este informe especial para comprobar la magnitud del desafío a las condiciones de vida humana planteado por la producción y distribución de drogas. El cuadro actual se agravará mientras las personas honestas involucradas en el combate no lleguen a la raíz del problema; mientras las víctimas directas e indirectas no lo comprendan y asuman.

El narcotráfico corrompe lo que toca. Partidos, sindicatos, organizaciones sociales de base, fuerzas militares y de seguridad, parlamentos, jueces, gobernantes a todo nivel, sin excluir presidentes. Como prueba, Álvaro Uribe; entre otros. También, acaso en primer lugar, servicios de inteligencia, comenzando por la Drug Enforcement Administration (DEA), organismo mediante el cual el gobierno estadounidense entra en el corazón de las tinieblas.

 

Cantidad y calidad

Aunque no hay estadísticas comprobables, se estima que el narcotráfico mueve en el mundo entre 500 mil y un millón de millones de dólares anuales. Sólo un puñado de países tiene un producto interno superior a estas cifras. Tales magnitudes aplicadas al delito y la corrupción implican un salto de cantidad en calidad: no se trata de la vida de un joven arruinada por un vicio inducido; es el orden político y social contemporáneo amenazado.

Aún así, no es el poder corruptor de este negocio clandestino lo que lleva a la putrefacción de instituciones, corrompe el funcionamiento político y degrada la vida social. A la inversa, es la lógica intrínseca de la producción capitalista la que lleva al narcotráfico.

Por lo mismo, no es posible luchar exitosamente contra este negocio infame sin combatir y vencer al sistema que lo engendra. Drogadicción masiva y negocio criminal de extraordinarias dimensiones no son una excrecencia en el orden liberal burgués, sino una condición de sobrevivencia de éste, por mucho que tal afirmación espante a personas de bien, convencidas de que el sistema dominante es el único imaginable y posible.

Como en tantos otros fenómenos que requieren explicación diferente a la ofrecida por el sentido común, aquí se trata de ensayar una mirada objetiva y sistemática. Y de asumir sin prejuicios la conclusión que tal mirada indique.

Cualquiera de las sustancias estupefacientes que envenenan a millones de seres humanos es, ante todo, una mercancía. Como la soya, los teléfonos celulares, aviones, aspirinas o camisas: mercancías todas. La diferencia entre éstas y aquélla no reside en la condición intrínseca de cada una –útil, beneficiosa, inocua o destructiva– sino en algo completamente ajeno a ellas mismas: la tasa de ganancia que ofrecen al dueño del capital-dinero.

Combinados, adicción y prohibición hacen de las drogas un objeto de intercambio que produce altísimas tasas de ganancia. Paralelamente, desde hace décadas volvió a dominar la realidad mundial el ciclo en que la lógica propia del sistema capitalista empuja hacia abajo la tasa de ganancia en la producción y comercialización de todas las demás mercancías. En ese cruce de caminos está el punto de partida.

 

De dónde viene la riqueza

En el sistema capitalista la riqueza no proviene, como habitualmente se cree, de la diferencia de precio entre la compra y la venta de un mismo bien. La riqueza proviene del trabajo, descubrió Adam Smith (y no Marx, como también erróneamente muchos creen). La única fuente de valorización del capital deriva exclusivamente del trabajo incorporado a un bien, que en su proceso de producción deja un plusvalor al dueño del capital, quien realizará su ganancia al vender la mercancía. Cuando ese mecanismo se traba –por razones reiteradamente explicadas en América XXI– el capital, irracional por definición, es arrastrado a formas de sobrevivencia (ganancias extraordinarias sin producción de riqueza) que, a poco andar, agravarán al extremo la crisis original.

Un apacible y bondadoso ciudadano suizo que invierte sus excedentes en un fondo de inversión, contrafigura de mafiosos del tipo Pablo Escobar, en acuerdo con sus convicciones protestantes puede estar convencido de que nada en su práctica de vida respalda al narcotráfico. No obstante, si su administrador financiero no le ofrece cada año un interés suficiente para sus ahorros, cambiará de operador. Las cosas son menos bucólicas, incomparablemente más agresivas, cuando se trata de grandes transnacionales y, sobre todo, de poderosas instituciones financieras, que conscientemente incorporarán a un universo de oscuridad montañas de dinero imposibilitadas de valorizarse en el giro normal de la economía. Cualquiera sabe que es imposible manejar, por caso, 500 mil millones de dólares anuales, sin que intervenga la gran banca internacional. Está públicamente probado que al menos la mitad de ese giro es lavado en Bancos estadounidenses. Cualquiera puede deducir que con todo su poderío Estados Unidos podría acabar con el ingreso de drogas a su territorio si se lo propusiese. No obstante, el malo de la película es un individuo mezcla de antropófago y multimillonario, de preferencia gordo y mal entrazado.

Ocurre que la existencia de esas sobreganancias fabulosas requieren la penetración delictiva de todas las instituciones. Exportar y distribuir a gran escala toneladas de drogas implica comprar miles de voluntades. Aprovechar la necesidad de los de abajo y la avidez de los de arriba. Manipular jóvenes vendedores que antes habrán de ser enviciados. Financiar políticos, colocar legisladores y gobernadores y presidentes, comprar la pasividad o complicidad de fuerzas militares y de seguridad, lograr que la justicia se transforme en lo contrario, envilecer organizaciones sindicales y organismos de base de la sociedad, son necesidades naturales de este negocio. El paliativo fugaz a la baja tendencial de la tasa de ganancia se cobra un precio altísimo no sólo en las condiciones de vida de cientos de millones de personas, sino en la salud de las instituciones creadas desde Cromwell por la burguesía para ejercer establemente su poder sobre el conjunto social.

Así, engendrado y potenciado por la crisis estructural del sistema capitalista, el narcotráfico revierte en el agravamiento de aquella crisis y lleva a la putrefacción de todos –sí: todos– los mecanismos efectivos del poder burgués. La raíz latina de la voz corromper significa “romper completamente”. Hijo del sistema en decadencia, el narcotráfico completa en la superestructura la labor de destrucción que las leyes del capital producen en las estructuras.

Con todo, aunque temporaria e insuficientemente, las superganancias del tráfico de droga ayudan a contrarrestar la caída de la tasa de ganancia media para el capital mundial. Por eso el control de ese fabuloso negocio no podría ser ajeno al manejo político de los centros imperiales.

Richard Nixon abandonó el patrón oro en 1971 y en 1973 detonó la primera gran crisis del petróleo. Eran los signos del inicio de la crisis cíclica del capitalismo global. Si alguien cree casual que también en 1973 se fundara la DEA, debiera revisar su opinión a la luz de lo ocurrido desde entonces.

Sucede que aquella onda larga de la crisis continúa y no ha hecho sino agravarse desde entonces, pese a la pausa lograda merced al desmoronamiento de la Unión Soviética. Auge de narcotráfico y crisis del sistema de producción vigente son hermanos gemelos.

Ésta es una de las razones por las cuales combatir la droga y su comercialización y, a la vez, defender el capitalismo, es un contrasentido. Pero no la única. Con el paso del tiempo y el retroceso obligado del imperialismo frente a los avances de la revolución, Washington perfeccionó un uso político contrarrevolucionario del narcotráfico. Ya lo había ensayado en Irán contra la sublevación antimperialista islámica, en Afganistán contra la Unión Soviética y el gobierno de Mahmud Najibullah, en Nicaragua contra la Revolución Sandinista. Contaba la Casa Blanca con el pedagógico antecedente de las guerras del opio de Gran Bretaña contra China en el siglo XIX. De vuelta a estos tiempos, con la DEA el Departamento de Estado sistematizó una internacional contrarrevolucionaria con eje en Colombia y proyección a todo el continente. El último intento por esa vía tiene varios capítulos, algunos de los cuales son la invención de la categoría de narcoguerrilla (ya fracasada y arrojada a la basura); la campaña de calumnias contra la Revolución Bolivariana; los constantes esfuerzos por penetrar con drogas en Cuba; la acusación de narcotraficante contra Evo Morales y la posterior utilización de la DEA para desestabilizar su gobierno.

 

Droga y contrarrevolución

Además de una necesidad económica, las tinieblas de la drogadicción, la violencia y la degradación de todo para lograr la distribución de estupefacientes, son una necesidad política para los centros del poder mundial: el consumo obnubila y anula a millones de jóvenes; las estructuras mafiosas sirven para armar ejércitos mercenarios que eventualmente son utilizados contra quienes buscan el camino de la revolución. Allí están hoy mismo, como prueba viviente, entre otros muchos, los mercenarios en Siria o los paramilitares colombianos sembrados clandestinamente en Venezuela, traficando drogas para financiarse, multiplicando la delincuencia por orden de sus mandantes y por descontrolada lógica propia, armados como tropas de elite, prestos a producir hechos violentos de gran envergadura.

Traslade esto a cualquier país, desde México a Argentina; analice cada situación particular en relación a las necesidades estratégicas de Estados Unidos; observe cómo actúan las mafias que combinan narcotráfico, trata de personas y otros delitos. Siga la conducta de instituciones y personas que deberían enfrentar esta enfermedad que hace metástasis en cada poro de la sociedad. Y forme su opinión.

No hay extrapolación ni pizca de fanatismo en la tesis de esta nota: la guerra contra el comercio de drogas no se ganará sin derrotar al imperialismo; no habrá solución al drama civilizatorio provocado por el narcotráfico sin abolir el capitalismo.

 

Réplica

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Entiendo las razones por las cuales el embajador de la República Bolivariana de Venezuela responde mi nota del 19 de noviembre. Es de esperar que el Gral. Carlos Martínez Mendoza comprenda las mías para escribirla.

Sin cargo ni mandato, me asumo defensor de los intereses históricos de la clase trabajadora y el pueblo argentino. Por tanto tengo no sólo el derecho, sino la inapelable obligación de hablar sobre el destino de mi país, tanto más cuando considero que se lo está arrastrando, otra vez, al abismo.
¿Desde qué posiciones me expreso? Un sumarísimo recuento:

  •  defiendo dos objetivos indisociables: unión latinoamericano-caribeña y socialismo;
  • brego por la construcción de un partido revolucionario de los trabajadores y el pueblo, plural, de masas, democrático, antimperialista y anticapitalista;
  • defiendo la soberanía nacional en todos los terrenos y desde hace 30 años lucho –con insignes compañeros/as de innumerables vertientes- contra el pago de la deuda externa, mecanismo de saqueo permanente;
  • defiendo la propiedad nacional de las riquezas naturales y su utilización en función de las necesidades de los pueblos y no de la ganancia empresaria;
  • busco la unidad social y política de las mayorías, como condición indispensable para la emancipación.

Pues bien: Argentina no marcha en pos de ninguno de estos objetivos. Y en el último quinquenio, se mueve francamente en sentido inverso, contra la voluntad incluso de no pocos integrantes de la alianza gobernante. Como resultado de esa orientación y la incapacidad de las fuerzas revolucionarias –incluyo la cuota que me corresponde- tal como demuestra el saldo electoral de octubre, la derecha liberal y proimperialista recuperó un terreno que había perdido desde las grandes luchas de 2001/2002 (comparto el balance de esas elecciones que puede leerse en http://archivo.uniondemilitantes.com.ar/eslabon113.pdf).
En su respuesta, Embajador, usted minimiza los errores de la Presidente por mí señalados y dice textualmente: “no estaba dando un mensaje político ni mucho menos histórico”. Coincidimos. Sólo que para mí resulta vergonzoso que la Presidente de mi país, mostrándose totalmente recuperada después de 40 días de convalecencia –durante los cuales ocupó la más alta magistratura un vice acerca de quien no me referiré aquí-, en medio de una escalada inflacionaria, estancamiento económico, brutal ataque de mercado, fuga de divisas agravante del ya intolerable saqueo de nuestras riquezas, incertidumbre generalizada sobre el rumbo inmediato de la economía y el gobierno, no se dirija al país para dar un mensaje político. Demando de un mandatario una conducta diferente a la agraviante frivolidad de ese video que, por supuesto, nada tiene de improvisado. Es en ese ambiente de insustancialidad e irresponsabilidad que la Presidente se cree en condiciones de darnos lecciones de historia, como si ésta fuese un adorno simpático.
Usted dice, Embajador: “quien más ha hecho por el rescate de la verdadera historia argentina y latinoamericana han sido precisamente los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner ¿o puede negar esto Sr. Bilbao?”
Sí, puedo negarlo. Me asombraría –y desde luego me retractaría- si usted pudiera afirmarlo con ejemplos concretos. La trayectoria del revisionismo histórico –de todas las tendencias- no comenzó en 2003; hay una riquísima tradición de más de un siglo en esa labor. No hay tal rescate en la última década. Nada se ha hecho para educar a nuestro pueblo en una versión diferente a la de las clases dominantes. En mi opinión, rescatar la verdad del pasado no consiste en cambiar una estatua por otra, mientras la historia de la lucha de clases continúa sepultada bajo un alud de mentiras y superficialidades sistematizadas.
Ya en otro orden usted se pregunta: “¿Cuál es el mensaje de Bilbao con este artículo? Parecería que quiere decirles a los venezolanos: ‘rompan con el gobierno de Argentina que es un gobierno proimperialista e irrespetuoso con los símbolos de los venezolanos’».
No hay una sola palabra en mi texto que sugiera semejante cosa. Tampoco se hallará en ningún trabajo de mi autoría algo semejante a indicaciones sobre lo que debe hacer o no el gobierno de Venezuela. Pongo a disposición todos mis archivos.
“Parecería” dice usted. Y tras ese parecer suyo, pone entre comillas un supuesto pensamiento mío. Su parecer es errado. Ante todo, como usted bien sabe, porque lo que pienso lo digo. Pero en este caso, pienso lo opuesto a su inferencia y lo repito en infinidad de artículos e intervenciones públicas a las que es fácil acceder.
Si es por romper con gobiernos, déjeme asegurarle que, excepto por alguna causa mayor insoslayable, no creo que Venezuela debiera romper relaciones con Estados Unidos. Pero con Argentina, Venezuela debe hacer –como estoy seguro que hace- los mayores esfuerzos por mantener las mejores relaciones posibles.
De su propia infundada inferencia usted saca una conclusión y me condena por ella: “¡Qué rara coincidencia tiene Ud. con los imperialistas que precisamente desean lo mismo!”.
Feo método para la polémica. Le invito a releer mi libro Argentina como clave regional, escrito en 2004 y entregado a usted en mano. Como bien sabe, allí me expreso sin ambigüedades sobre el gobierno Kirchner y sobre el lugar de Argentina (“clave por su debilidad y no por su fuerza”, decía entonces y repito ahora), en la marcha de la revolución latinoamericana.
De inmediato usted me aclara que “en América Latina se está librando una batalla decisiva contra el imperialismo y sus aliados” Yo he copiado su idea desde hace años y vengo repitiéndola en todas las publicaciones en las que me expreso. De modo que no hace falta decir que concuerdo con ella.
Su texto agrega: “Sr. Bilbao: Ud. dice apoyar a la Revolución Bolivariana, y en más de una oportunidad nuestro gobierno ha reconocido sus gestos de solidaridad”. Tal vez sea cuestión de redacción. Pero por las dudas lo aclaro: yo no digo que apoyo a la Revolución Bolivariana: lo hago. Desde antes de las elecciones de diciembre de 1998. Y hasta el fin de mis días. Pago con orgullo e íntima alegría el precio que esa conducta me cobra en mi país. Además, no tengo gestos de solidaridad: mi compromiso con el pueblo venezolano, con la dirección revolucionaria político-militar, con el gobierno y el Psuv, ocupan mi vida desde hace 15 años y no trepidaré en cumplir con lo que sea necesario para defenderla de la permanente amenaza imperialista.
Finalmente su texto afirma: “con un estilo propio de la retórica socialdemócrata, Ud., con este tipo de manifestaciones, ayuda más a la desunión que a la unión entre nuestros países.
No es hora de intrigas ni de comentarios ponzoñosos, que solo favorecen al imperialismo y sus aliados naturales”.
Tampoco la acusación de socialdemócrata podrá apoyarla Usted en mis textos o mi accionar. Pero no lo abrumaré ofreciéndole artículos o videos y transcripciones de actividades (por ejemplo una en la que compartimos el estrado en la Facultad de Ciencias Sociales) donde invariablemente denuncio la alianza socialdemócrata-socialcristiana contra la revolución en marcha en América Latina. Pongo a un lado el término “ponzoñoso”–no olvido que me dirijo al representante de la Revolución Bolivariana en Argentina- y me limito a decirle que entiendo de manera diferente lo que significa favorecer al imperialismo.
En mi opinión eso resulta de, por ejemplo pagarle 173 mil millones de dólares (cifras dadas por Cristina Fernández como reivindicación y ejemplo) de una deuda externa fraudulenta. No crea que olvido la cumbre de Mar del Plata. Pero, de qué vale acompañar el freno al Alca si luego, por vía directa, le entregamos tamaña riqueza al capital financiero internacional y la Presidente se jacta, con su estilo: “Más que deudores recalcitrantes, somos pagadores seriales”. Lo pongo en cifras redondas para que quede claro: este gobierno recibió el país con 200 mil millones de dólares de deuda externa; pagó 200 mil millones de dólares y debe a la fecha 200 mil millones de la misma moneda. Favorecer al imperialismo es sumarse al G-20. O sentarse en una conferencia pública en Canadá con el presidente de la Barrick Gold, cometiendo la afrenta de poner detrás, como símbolo, la bandera argentina junto a la bandera de la transnacional que roba nuestras riquezas y destruye nuestro hábitat. O acordar con el Ciadi. O hacer del Indec un hazmerreír para después ir a arrodillarse otra vez ante el FMI… ¡para que nos enseñen estadística! O designar como jefe del ejército a un oficial comprometido con la represión. O privatizar primero y pseudoestatizar después a YPF, mientras se aniquila el autoabastecimiento energético. O tener como principal sostén sindical a Gerardo Martínez, secretario general del sindicato de la Construcción, adonde llegó durante la dictadura como informante del batallón 601, célebre por su actuación en la represión ilegal de aquellos años. O… le ahorro la lista interminable. ¿Oponerme a esto me hace coincidir con el imperialismo? ¿Debiera callarlo?
La unión latinoamericano-caribeña no se cimentará sobre el doblez, el silencio y la cobardía de quienes militamos en países con gobiernos no revolucionarios, que pretenden reparar las grietas del capitalismo. Por el contrario: sólo la verdad esgrimida a cuatro vientos podrá consolidar la fuerza necesaria para vencer a los enemigos de la unión y la emancipación dentro y fuera de nuestros países.
Veo un horizonte en el que los gobiernos vacilantes u opuestos a ese grandioso objetivo histórico serán barridos por los pueblos sublevados. De antemano estoy con ellos. Y valoro en toda su medida a quienes, desde el ejercicio del poder en gobiernos revolucionarios, cumplen la difícil e ingrata tarea de amalgamar fuerzas diferentes mientras ese proceso se desarrolla. Para su tranquilidad, cito un párrafo de mi Editorial en la edición de América XXI este mismo mes: “la Revolución Bolivariana armó un doble glacis contemporáneo: por un lado, desde el Alba la extensión hacia Mercosur, Unasur y Celac (cada círculo más débil que el anterior, no obstante eficientes a la hora de la verdad); por el otro, la afirmación estratégica de mundo pluripolar. La improbable pero no imposible aparición del Bricso (propuesta de moneda virtual para los países Brics) indica hasta qué punto esta perspectiva amenaza de muerte a la hegemonía estadounidense, cuya caída arrastraría a la Unión Europea”.
Usted conoce bien el significado de glacis. Puede disentir de mi interpretación o de mi accionar político. Pero no cabe la acusación de promover la división: como ve, abogo exactamente por lo inverso. Y está publicado pocas semanas antes del artículo por usted cuestionado.
Seguramente por razones de espacio usted no se refiere a mi condena a la Presidente por haber delegado el ejercicio del gobierno en Jorge Capitanich, designado como jefe de gabinete. En la nota que usted responde digo quién es: “Muy lejos de la Revolución Bolivariana, Capitanich fue secretario de Finanzas de Carlos Menem y durante la presidencia de Eduardo Duhalde ocupó el cargo al que ahora regresa. En su ruptura con Duhalde, Fernández lo llamó “El Padrino”. Es pública y notoria la amistosa proximidad con la embajada estadounidense en Buenos Aires del ahijado Capitanich, quien pocos meses atrás fue denunciado por instalar una base militar para inteligencia y manejo de aviones drones en Resistencia, la capital de su provincia. Su argumentación para desmentir la denuncia confirmó con elocuencia sus lazos con el Departamento de Estado”.
Aludo a Capitanich en relación con la Revolución Bolivariana porque la Presidente hizo un gesto (aquí sí vale la expresión) de simpatía con Venezuela, jugando con el perrito, para minutos después anunciar la entrega de la administración a este personaje.
En efecto, la Presidente en su video no habló de política. El anuncio de esta designación lo hizo poco después su portavoz. ¿Es posible para un revolucionario argentino callar ante esa conducta?
En los días siguientes, personajes tales como Mauricio Macri (Internacional Parda) y Eduardo Duhalde (ídem), Sergio Massa (Departamento de Estado, ex jefe de gabinete de este gobierno, gran vencedor de las elecciones en octubre), acompañados por buena parte de las cúpulas empresariales y políticas, salieron a cantar loas a Capitanich. No cabe sorpresa por hallarme a mí al otro lado de la barricada. El ajuste iniciado con cuentagotas en noviembre de 2011 se blanquea ahora y adquiere todo el ímpetu que le impone la crisis. ¿Debería ocultar este curso ante mi clase y mis compatriotas?
Asistiremos a muchos zigzagueos oficiales en el próximo período. Pero no abrigo dudas sobre la resultante: será la misma que se ve luego de 10 años de doble discurso. Argentina va en sentido inverso a la unión del pueblo, la afirmación interna y la unidad latinoamericana. Se impone una aceleración en la desagregación de la alianza política que sostuvo a Néstor y Cristina Kirchner. Y la crisis económica es más seria de lo que todos los enemigos burgueses del gobierno admiten. Vienen momentos difíciles.
Para afrontarlos, ante todo es preciso forjar un carácter y un temple en la clase obrera y las juventudes, ajeno y contrario al mostrado por la Presidente en su video. Estoy empeñado en trabajar por ese objetivo.
Si no logramos insuflar “moral y luces” –nuestras primeras necesidades- a las grandes mayorías, si continuamos presos de manipulaciones, mentiras y maniobras por parte de funcionarios que no tienen lo uno ni lo otro, seremos pasto del imperialismo y sus socios locales. Esa sería la peor noticia para la Revolución Bolivariana. Sigo convencido de que Argentina es una clave regional (o, como diría usted, Embajador: “El eje Caracas-Buenos Aires es un componente vital en el proceso de integración y unidad entre los gobiernos y pueblos que constituyen la Patria Grande”).
Ocurre que la burguesía no puede ni quiere llevar a buen término la unión latinoamericano-caribeña. Y que Argentina no es este gobierno en retirada. Aunque subterránea y balbuciente, hay una fuerza telúrica que busca recomponerse y retomar el hilo de la historia. El ejemplo de Venezuela y los países del Alba es vital para eso. Se agotó la fase frepasista del gobierno y la reemplazó el aparato del PJ, lo más corrupto de la burguesía local. No sólo el gobierno, sino el país entero entra en una dinámica de aceleración de la degradación en todos los terrenos. Pero hay reservas. Históricas y actuales. Todo revolucionario consecuente debe trabajar por apoyarse en ellas y acompañar su desarrollo, con certeza impetuoso. La primera condición es decir la verdad de lo que ocurrió y está ocurriendo con este gobierno.
La tarea de los revolucionarios en Argentina es impedir que el veneno de la mentira y la maniobra bloqueen una vez más la posibilidad de construir una fuerza antimperialista de masas. Al cabo, es la única verdadera ayuda que podemos ofrecer como pueblo a la difícil batalla que libran Venezuela y su gobierno contra la escalada imperialista. Y en eso estamos.
Hay algo más en la respuesta del Embajador, que nada tiene que ver conmigo y no obstante debo subrayarlo: no considero estratégicamente positivo que un revolucionario que en Argentina critica a su propio gobierno sea tratado de esta manera. Estamos en tiempo de forja. Entiéndase bien: la clase obrera votó masivamente contra el gobierno, aunque simplemente cambió por otros candidatos de la burguesía; el activismo se volcó casi en su totalidad a variantes opositoras, principalmente de izquierdas. Somos mayoría holgada quienes, desde diferentes trincheras en la lucha antimperialista, estamos frontalmente en desacuerdo con este gobierno.
No me quejo de la rudeza en un debate. Estoy firme en mis opiniones políticas, que nunca son individuales. Y, para decirlo con Artigas: “Con la verdad no ofendo ni temo”.
Para mi asombro, Embajador, usted me trata en su respuesta como “Sr. Luis Bilbao”. Es apropiado entonces cerrar esta réplica con un fragmento de nuestro Atahualpa Yupanqui en El payador perseguido, con la cual me identifico hondamente:

Si alguien me dice señor,
agradezco el homenaje;
mas soy gaucho entre el gauchaje
y soy nada entre los sabios.
Y son pa’mí los agravios
que le hagan al paisanaje.

 

Buenos Aires, 26 de noviembre de 2013

 

 

Las notas en cuestión son:

Tristeza, vergüenza, indignación
http://www.luis-bilbao.com.ar/?p=3341

Respuesta a Luis Bilbao
http://www.aporrea.org/internacionales/a177492.html

 

Referencias sobre mis posiciones pueden ser halladas en:
www.luis-bilbao.com.ar
www.nuestrotiempo.com.ar
www.uniondemilitantes.com.ar
www.deargentinaelespejo.blogspot.com.ar
www.americaxxi.com.ve

Tristeza, vergüenza, indignación

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En su reaparición pública tras 40 días de convalecencia, Cristina Fernández empleó un tono amable y distendido para dirigirse a la ciudadanía por cadena nacional a través de un breve video.

En la única alusión política de su breve mensaje, expresó afecto por Hugo Chávez a través de un cachorrito. Regalo de Adán Chávez en cumplimiento de un compromiso de su hermano fallecido.

Toda una definición tácita de simpatía con el líder de la Revolución Bolivariana y, se entiende, con su ideario.

Pero una suma de errores en ese tramo del video, más una contradicción flagrante minutos después, dieron al mensaje un contenido inverso al buscado.

Cuando explicó el origen del cachorrito y su raza, la Presidente aludió a la historia del perro que acompañó a Simón Bolívar. Contó que aquél murió en la batalla de Carabobo y explicó, para quienes no conocen o no recuerdan nuestra historia, que Carabobo fue “la última batalla en la emancipación del continente”. Y abundó: “cuando estuve en Ecuador estuve cerca del campo de batalla”.

Fernández confundió Carabobo con Ayacucho. Ayacucho, comandada por Sucre, fue la última en la emancipación del continente; Carabobo la última batalla en la emancipación de Venezuela.

Pero también erró el lugar: como se comprenderá, Carabobo no está en Ecuador, sino en Venezuela. Un Estado lleva ese nombre y el Campo de Batalla es una preciada reliquia histórica para todo venezolano de bien.

Hay más: ni Carabobo ni Ayacucho ocurrieron en Ecuador. La gloriosa batalla de Ayacucho se libró en Perú. Soldados argentinos pelearon, murieron y vencieron allí.

Tantos errores en tan pocas palabras asombra. Pero se corta el aliento al ver que la Presidente de nuestro país llama Simón a una mascota, como forma de homenajear al Libertador. Es de suponer cómo hubiera reaccionado Chávez ante este gesto.

El cuarto punto en cuestión ocurrió poco después, cuando el portavoz de la Presidente anunció la designación de Jorge Capitanich, actual gobernador de Chaco, como jefe de gabinete.

Muy lejos de la Revolución Bolivariana, Capitanich fue secretario de Finanzas de Carlos Menem y durante la presidencia de Eduardo Duhalde ocupó el cargo al que ahora regresa. En su ruptura con Duhalde, Fernández lo llamó “El Padrino”. Es pública y notoria la amistosa proximidad con la embajada estadounidense en Buenos Aires del ahijado Capitanich, quien pocos meses atrás fue denunciado por instalar una base militar para inteligencia y manejo de aviones drones en Resistencia, la capital de su provincia. Su argumentación para desmentir la denuncia confirmó con elocuencia sus lazos con el Departamento de Estado. Capitanich es además el hombre de la iglesia, el que sirvió para que el episcopado armara el gran acuerdo de 2002. Es el jefe de gabinete de Francisco.

Carabobo no puede ser confundida con Ayacucho por quien ocupa la primera magistratura del país. Y es todavía más grave que se utilice la imagen de Hugo Chávez para ocultar la orientación del gobierno en esta nueva etapa.

Para subrayar: ningún diario, ningún comentarista estrella, reparó hasta el momento en estas barbaridades.

Invade la tristeza al comprobar hasta qué punto ignoran nuestra historia quienes ocupan los más altos cargos. Avergüenza asistir al desparpajo con que desde allí se exhibe esa ignorancia. Indigna la manipulación del hondo sentimiento que anida en nuestro pueblo por Hugo Chávez, para encubrir el rumbo que se imprime a la política nacional e internacional argentina mediante un agente del imperio en quien se delega el poder.

Sobreponerse a la tristeza, vergüenza e indignación que producen estas conductas, requiere reafirmar la decisión revolucionaria de luchar para torcer el rumbo por el cual una burguesía corrupta e incapaz hasta el ridículo ha enfilado los destinos de Argentina.

19 de noviembre de 2013

11hs.

 

Espionaje, democracia y tasa de ganancia

PorLBenAXXI

 

Uno a uno caen los velos que ocultan a los ojos de todos la realidad del sistema capitalista. Las revelaciones sobre el espionaje estadounidense en dos ámbitos opuestos –cientos de millones de personas y 35 líderes principales del mundo capitalista– hacen trizas cualquier alegación respecto de la vigencia real de garantías democráticas y derechos civiles, a la vez que señalan un hecho soslayado por la teoría y el accionar político de la mayoría de las fuerzas antisistema: la lucha interimperialista.

Gobernantes, analistas y periodistas fingen sorpresa e indignación ante lo que intentan presentar como asombroso descubrimiento: el gobierno de Estados Unidos no sólo infiltra a sus enemigos sino que espía con mayor empeño a sus aliados, sin excluir presidentes de los principales países en Europa. No hay aquí contradicción alguna y mucho menos motivo de extrañeza. Veintidós años atrás, un texto titulado Después de la guerra del Golfo y sin la Urss, el cual daba por cierto que la política mundial estaba signada por la crisis estructural del sistema capitalista, resaltaba la siguiente afirmación tras la reseña de una dura polémica entre las siete principales potencias capitalistas: “(ese enfrentamiento) dibuja con temible nitidez el curso de colisión de las grandes potencias imperialistas entre sí. Esto da lugar a una situación previsiblemente transitoria pero de gran trascendencia: en la medida en que la tensión Este-Oeste queda relegada por el colapso de la Urss y Europa Oriental, y teniendo en cuenta que mediante la extorsión y la guerra la contradicción entre las metrópolis hiperdesarrolladas y el Tercer Mundo aparece aplacada, la pugna interimperialista ocupa objetivamente el centro del escenario político internacional, lo cual presupone igualmente que la iniciativa está por el momento en manos del Norte” (Crítica N° 1, octubre de 1991).

Nadie como Hugo Chávez asumió en toda su significación esa realidad cargada de contenido estratégico. Ubicar como protagonista a Venezuela en ese marasmo planetario y marcar el rumbo hacia el socialismo del siglo XXI, implicó afirmar el tertium datur: salir de la crisis estructural del sistema utilizando las contradicciones intercapitalistas, pero con los motores en marcha para abolir el capitalismo.

Como caricatura, el listado de jefes de Estado espiados por Washington casi permite trazar la línea de evolución de aquella situación transitoria posterior al derrumbe de la Urss. Diez años oyendo subrepticiamente el teléfono celular de Angela Merkel verifica la agudización de los conflictos interimperiales; el acoso a la presidente brasileña Dilma Rousseff asegura que los intentos de sociedad calificada con el gigante sureño no van por un plácido camino; la utilización de novísimas técnicas para seguir los pasos del presidente Xi Jinping verifica el giro geopolítico dado por China, socio útil 20 años atrás, hoy devenido principal competidor en el mercado mundial. Detrás de esa conducta está la caída de la tasa de ganancia. Es decir, el resultado inexorable de la competencia capitalista, que empuja al sistema hacia el abismo.

Entre paréntesis, una paradoja ilustrativa: la mano de obra barata en China permitió dos décadas atrás camuflar la crisis capitalista global porque contrarrestaba la caída tendencial de la tasa de ganancia para las grandes transnacionales migradas al Este y oxigenaba así la economía mundial. A poco andar, sin embargo, el rasgo particular de aquel país se transformó en lo contrario: los productos chinos arrastran hacia abajo los precios de manufacturas en todo el mundo y desbaratan la tasa de ganancia media, transformándose en la principal amenaza intrínseca para el sistema mundial regido desde Washington.

Mientras tanto la Revolución Bolivariana armó un doble  glacis contemporáneo: por un lado, desde el Alba la extensión hacia Mercosur, Unasur y Celac (cada círculo más débil que el anterior, no obstante eficientes a la hora de la verdad); por el otro, la afirmación estratégica de mundo pluripolar. La improbable pero no imposible aparición del Bricso (propuesta de moneda virtual para los países Brics) indica hasta qué punto esta perspectiva amenaza de muerte a la hegemonía estadounidense, cuya caída arrastraría a la Unión Europea.

En su actual embestida furiosa contra Venezuela, la Casa Blanca afronta ese complejísimo conjunto de fuerzas. Pena que al otro lado de la trinchera, tantos y tantos comentaristas actúen con la irresponsabilidad de quien siquiera barrunta la magnitud de la confrontación en juego y en lugar de contribuir teórica y políticamente a la resolución positiva de ese choque histórico entre propuesta socialista y agonía capitalista, se limiten a un anecdotario para el cual, desde luego, no falta combustible.

Como sea, los poderosos, aún enfrentados a muerte entre sí, hallan espacio para unirse frente a los pueblos, incluidos los propios: ante las evidencias, Alemania y España han admitido que los medios para que la NSA espiara a cientos de millones de europeos fueron entregados por sus propios gobiernos. Lo cual confirma otra afirmación de antigua data: así como el socialismo es imposible sin democracia, el capitalismo inexorablemente tiende a aniquilar los derechos democráticos y las garantías civiles de la ciudadanía: allí está la utilización de Google y Facebook para meterse en la vida privada de millones de seres humanos. Ellos preparan así, ante todo, la guerra contra sus propios ciudadanos, acosados y crecientemente sublevados por exigencia de la crisis.

Tan antiguo como la historia, el espionaje entre potencias advierte hoy de un nuevo escalón hacia abajo en la degradación capitalista. Pero la labor de inteligencia (industrial, política, económica y, por supuesto, militar) es sólo indicadora de la tendencia. En Venezuela, Bolivia, Ecuador, Cuba y Nicaragua, Estados Unidos está ya en franca fase de pasaje del espionaje y la desestabilización política a la acción militar. De la capacidad para poner o no freno a esa dinámica depende que la misma lógica se despliegue –o no– hacia las grandes potencias con las que confronta Washington: en primer lugar Rusia y China, pero también las capitales de la Unión Europea.

Quien haya llegado hasta esta línea en su lectura, sabrá que su conducta cuenta frente a esta inexorable amenaza a la humanidad.

 

 

contraofensiva revolucionaria en todos los terrenos

Vencida la desestabilización, Venezuela va a otra elección

PorLBenAXXI

 

Recuperación: Maduro y la dirección político militar que lo acompaña reaccionaron con un plan general frente a la muy articulada escalada desestabilizadora que buscó derrocar al gobierno mediante una insurrección programada para el 15 de octubre. Mientras el Psuv apela a la movilización de masas y prepara una réplica letal mediante la lucha contra la corrupción y la sanción de crímenes de diferente carácter mediante la Ley Habilitante, la oposición prepara el desconocimiento del Consejo Nacional Electoral y hasta llegó a imaginar un “gobierno provisional” para el cual Washington designó una eventual figura femenina en la presidencia.

Fracasó otro plan golpista. Aún así, no habrá tregua y, por el contrario, arreciará el accionar combinado para acabar con el gobierno de Nicolás Maduro antes de fin de año.

El plan consistía en exacerbar el malestar popular por desabastecimiento, inflación, sabotajes y dificultades multiplicadas en todos los órdenes de la vida cotidiana. Todo apuntado a producir un Caracazo y derrocar al gobierno de la Revolución Bolivariana el 15 de octubre, antes del inicio de la campaña proselitista para elegir 335 alcaldes municipales el 8 de diciembre.

Quienes desde Washington conducen la arremetida saben lo que hacen y consiguieron buena parte de su objetivo, desquiciando la vida social con maniobras de desabastecimiento, sabotajes, presión para una alocada suba del dólar paralelo y una campaña político-psicológica de dimensiones aún mayores a las conocidas hasta ahora, todo lo cual se amplificó por obra de la prensa comercial internacional. El efecto desestabilizador alcanzó a capas medias intelectuales y sectores restringidos de la izquierda, que por momentos parecieron perder la confianza en la continuidad de Maduro y la Revolución. Funcionarios estadounidenses llegaron a programar la creación de un “Gobierno Provisional” que debía asumir desde el exilio en momentos de conmoción social. Fuentes opositoras confiaron que ese organismo lo presidiría la diputada María Corina Machado, reconocida por sus relaciones con la Casa Blanca desde tiempos de George W. Bush.

El centro del accionar conspirativo estuvo y aún está en la economía. Una cantidad de desajustes coloca coyunturalmente en situación de debilidad al plan de transición. Lo explicó sin rodeos el ministro Rafael Ramírez, también presidente de Pdvsa, al anunciar nuevas medidas tras ser designado como vicepresidente para la Economía: “No nos ha acompañado el sector productivo del país y es un gran reto que tenemos, aparentemente es una contradicción pero tenemos que resolverla, porque hemos logrado satisfacer las necesidades de nuestro pueblo importando masivamente los insumos necesarios para nuestra vida cotidiana pero, bueno, el sector productivo no ha avanzado y no ha crecido en la misma proporción. Entonces nosotros siempre vamos a estar sujetos a presiones inflacionarias y presiones especulativas, porque nuestro pueblo sencillamente ha venido satisfaciendo sus necesidades en todos los órdenes, gracias a que hay una mayor redistribución de la renta petrolera en nuestro país”.

Ramírez apuntó al corazón del dilema en la transición: políticas económicas que alientan la continuidad de importantes sectores privados, los cuales boicotean la producción y hacen infinitas maniobras comerciales para cargar las consecuencias nefastas de su accionar sobre las espaldas del Gobierno.

Además, quedó en evidencia la corrupción en torno al manejo del control de cambios por parte de funcionarios de Cadivi (Comisión Administradora de Divisas) y empresarios de diferente alineamiento político. El desorbitado precio del dólar paralelo fue atribuido a la falta de divisas, mostrada además como prólogo de un cataclismo general. Y buena parte de los sectores medios lo creyó. En conferencia de prensa Ramírez puso los hechos en su lugar: “Ya dije la cantidad de divisas que estamos vendiendo al país y que vamos a superar largo los 47 mil millones de dólares al año, esa es una cifra fabulosa, esa es una cifra extraordinaria, aquí no hay problemas de divisas, se siguen generando y de manera permanente, consistente (…) Cadivi ha liquidado en el período de enero a septiembre 33.143 millones de dólares, eso da 3.920 millones de dólares al mes, 920 millones de dólares semanales, 184 millones de dólares todos los días. Por favor, tengamos sentido de las proporciones, es una cantidad de dinero extraordinaria. Y tenemos un conjunto de medidas y decisiones que van a permitir, sumado al promedio semanal que está aportando Cadivi a la economía, 920 millones de dólares, los 100 millones de dólares que vamos a exponer por el Sicad (órgano adicional con el cual se subastarán dólares para particulares) y otras medidas que hemos venido implementando”.

No hay lugar a la confusión en cambio para las grandes empresas extranjeras interesadas en invertir en Venezuela. Ramírez subrayó un reciente informe de la Cepal: “los flujos de inversión extranjera en la región colocan a Venezuela como el segundo país receptor de inversión extranjera con un 44%, sólo superado por Brasil. Son elementos de la economía que se invisibilizan en los medios y que nosotros estamos en la responsabilidad de explicar y educar a nuestro pueblo y que nuestro pueblo, y cuando digo pueblo estoy hablando de todos los habitantes  de este país, sepan cuál es la situación, qué fortalezas tenemos, qué problemas estamos afrontando. Ciertamente, aquí nosotros no vamos a evadir ningún problema, y cómo es nuestro plan para superarlo en el marco de nuestro Plan de la Patria, en el marco de nuestra propuesta del país que es la construcción del socialismo”.

 

Elecciones como plataforma desestabilizadora

Temerosa de volver a sufrir una derrota electoral, la oposición apela a todo para intentar que se suspendan. Recuérdese el sabotaje, ahora plenamente comprobado, en la planta destiladora de Amuay, previo a las elecciones presidenciales del 7 de octubre de 2012, también apuntada a provocar una reacción punitiva del gobierno contra los responsables, que eran los propios partidos opositores.

Ahora, fallido el propósito de provocar un estallido social antes de iniciar la campaña, preparan el desconocimiento de los resultados electorales, tal como lo hizo Henrique Capriles en abril, cuando perdió las presidenciales.

Maduro respondió a esa perspectiva en una reunión con todos los candidatos del Psuv y el Gran Polo Patriótico, el 29 de octubre: “(la oposición) tiene preparado un plan para incendiar Venezuela el 8 de diciembre en la noche y el 9 de diciembre y el 10 y el 11 porque no van a reconocer los resultados electorales. Lo digo hoy: no van a reconocer ningún resultado electoral. Ellos creen que pueden mantener ese jueguito por mucho más tiempo. Está bien, son dueños de sus pasiones políticas. Ya ellos tomaron esa decisión. Anoche estaban en una reunión con Fedecámaras, parte de la cúpula de Fedecámaras, parte de la trilogía del mal, planificando porque creen que tienen el poder todavía (…)tengo suficiente información cruzada de fuente directa, diversas fuentes que llegan a la conclusión que ellos van a seguir utilizando la campaña electoral para atraernos a su simulación pero en definitiva están buscando otro objetivo. Primer objetivo, a través de un hecho que conmueve a la sociedad venezolana, buscar que nos pongan en una situación obligada de suspensión de las elecciones y yo lo digo aquí: haga lo que haga la derecha, el 8 de diciembre hay elecciones. Vamos a medirnos, que el pueblo decida, haga lo que haga la derecha vamos a elecciones, así sea sin luz vamos a elecciones. Y que el pueblo decida”.

 

Desplegados en campaña

En ese mismo acto habló Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional y encargado de la conducción del Psuv. Desde el interior del país y en plena actividad de organización y esclarecimiento, a través de teleconferencia Cabello informó que el Psuv activará un total de 547.320 militantes que realizarán el trabajo político de cara a las elecciones municipales: “Tenemos 13.683 centros de votación, lo que es igual a 13.683 Ubch (Unidades de Batalla Hugo Chávez) en todo el país. Cada Ubch tiene una vanguardia de 40 compañeros y compañeras (…) lo que da 547.320 compañeros y compañeras en toda Venezuela”, explicó.

Por su parte Maduro insistió en la ofensiva contra la corrupción y llamó a la militancia a esforzarse para dar el ejemplo: “la revolución está por hacerse y lo grande del ser humano está por nacer todavía en cada uno de nosotros. En buena medida los procesos revolucionarios se pueden acelerar en Venezuela si el liderazgo de la revolución, a todo nivel, es un liderazgo moral, con una nueva ética, con nuevos métodos, que dé el ejemplo permanente, que empuje en la solidaridad, en el desprendimiento, en la lealtad al pueblo, en el amor al pueblo, es un reto que tenemos”.

Esta batalla tendrá un hito clave si la Asamblea Nacional aprueba la Ley Habilitante, solicitada por el Presidente para llevar a cabo una campaña arrolladora contra la corrupción “amarilla o rojo-rojita”, una plaga que azota al país y de la cual depende la ofensiva económica, a su vez decisiva para sostener el respaldo de la masa comprometida con la revolución y reconquistar la confianza de sectores medios agobiados por las maniobras desestabilizadoras.

 

maduro convoca a librar otra gran batalla por el socialismo en venezuela

“La corrupción es un asunto de vida o muerte”

PorLBenAXXI

 

Determinante:  la Ley Habilitante solicitada por el Poder Ejecutivo para enfrentar la corrupción es apenas uno de los instrumentos de una batalla mayúscula: la respuesta a la guerra económica incluye combate contra la especulación, el mercado de divisas, el desabastecimiento y acaparamiento de bienes de primera necesidad. “Se trata de la transformación del modelo ético y económico del país, dos elementos para combinar en una ofensiva nacional”, dijo el presidente Nicolás Maduro. En una histórica presentación ante la Asamblea Nacional argumentó con cifras y denuncias concretas que la corrupción no sólo tiene consecuencias económicas sino también contrarrevolucionarias.

“Si a nuestra parásita e importadora burguesía criolla le sigue correspondiendo alrededor del 70% del producto interno bruto, quiere decir que la dinámica económica todavía está lejos del socialismo”. La sentencia del presidente Nicolás Maduro ante la Asamblea Nacional mostró que los intentos por quebrar la hegemonía del capital sobre la sociedad venezolana son todavía insuficientes. En consecuencia el Ejecutivo pidió poderes habilitantes en el inicio de una renovada ofensiva histórica.

En su diagnóstico el mandatario pidió al pueblo venezolano trabajar para “extirpar de raíz las expresiones más vulgares de la existencia de la burguesía parasitaria”, en referencia a la especulación, el acaparamiento, el contrabando, mercado de divisas, lavado de dinero y legitimación de capitales. La batalla lanzada por el presidente Maduro el 8 de octubre en ocasión de presentar un proyecto de Ley Habilitante no distingue colores partidarios a la hora de combatir la corrupción y la guerra económica. “Ni de cuello amarillo, ni de cuello rojo rojito; es el mismo hamponato vístase como se vista”, alertó.

Para Maduro, la corrupción en todas sus formas afecta la salud pública y la salud de la Revolución Bolivariana. “Si no existe salud pública, una República marcha efectivamente hacia su disolución. Hay que eliminar las condiciones objetivas que permitan que se sigan desarrollando y cometiendo actos de corrupción”, dijo en un pormenorizado informe ante la Asamblea, en el que fundamentó detalladamente, incluyendo autocríticas, las necesidades y las urgencias del momento.

 

Fuerza de ley

 La Ley Habilitante faculta al titular del Poder Ejecutivo a dictar decretos con fuerza de ley sobre los asuntos que el propio mandatario estime imprescindibles sobre determinada necesidad del Estado. De acuerdo con el artículo 203 de la Constitución de Venezuela (1999), los poderes habilitantes son leyes sancionadas por la Asamblea Nacional, por las tres quintas partes de sus integrantes, a fin de establecer las directrices, propósitos y marco de las materias que se delegan al Presidente con rango y valor de ley.

Maduro prometió que los poderes especiales que otorga la Ley Habilitante servirán para acelerar y hacer eficiente “la batalla por una nueva vida política, republicana y una nueva sociedad”. Pidió al pueblo que tome conciencia de una nueva ética nacionalista. “Se trata de la transformación del modelo ético y económico del país, dos elementos para combinar en una ofensiva nacional”. Se trata –dijo– de un “asunto crucial, transcendente y de vida o muerte para la República”.

Como parte de esa lucha, adelantó que se hace necesario un proceso profundo de transformación de todas las instituciones del Estado y la creación de nuevas dinámicas económicas y sociales. Una vez aprobado el pedido del mandatario, el Ejecutivo podrá legislar durante un año para crear todas las armas institucionales necesarias, formular ordenamientos jurídicos, emitir nuevas leyes y mejorar las existentes.

En agosto pasado, cuando hizo pública su intención de pedir la Ley Habilitante, el jefe de Estado adelantó que buscará reforzar la normativa desde el texto de la Constitución. De la misma manera, debiera tener un paraguas legal la lucha contra lo que se ha calificado como “guerra económica”: especulación, desabastecimiento y acaparamiento de bienes de primera necesidad, de los que se nutren los planes de desestabilización de la derecha venezolana.

“La Habilitante será un instrumento para la ofensiva política y económica de la nueva etapa de la Revolución”, dijo Maduro el 15 de agosto. Propuso “ir a un proceso profundo y establecer las normas más rígidas y severas para combatir la corrupción”.

Reiteró que asume plenamente la responsabilidad que le dejó el comandante Chávez y recordó, en materia de lucha contra la corrupción: “hemos golpeado desde gobernadores hasta presidentes de institutos y empresas”. El Presidente afirmó que “todo corrupto es contrarrevolucionario y capitalista”.

Unos días después de la presentación del Proyecto de Ley Habilitante, la Asamblea Nacional designó una comisión especial para estudiar en las semanas siguientes el pedido del Poder Ejecutivo. El grupo de 19 diputados analizará la propuesta antes de que sea debatida en el pleno de los legisladores.

 

Sin cadivismo

 En su diagnóstico, Maduro admitió que “la economía venezolana atraviesa una coyuntura especial, toda vez que el aparato productivo está siendo impactado de una manera muy aguda por una serie de distorsiones, como la especulación, el acaparamiento, el contrabando, el mercado de divisas ilegal”.

Dijo que uno de los objetivos de la acción conjunta entre el Gobierno y el pueblo venezolanos es “lograr que la renta petrolera sea para el desarrollo de la economía y no para la especulación y enriquecimiento de grupos particulares que quieren el control político”.

En Venezuela se acuñó el término “cadivismo”, tomado de Cadivi (Comisión de Administración de Divisas), en referencia al organismo nacional acusado de corrupción y de existencia de mafias que se enriquecen con la compra y venta de monedas extranjeras. “El cadivismo –dijo Maduro– es una de las expresiones más vulgares de existencia de la burguesía parasitaria en la historia de Venezuela de los últimos 100 años” y que busca intereses personales más allá de la producción y desarrollo económico del país (recuadro). Prometió para esta institución la aplicación de la fórmula de “las tres R”, que consisten en “revisión, rectificación y reimpulso”.

Maduro consideró que “es inmoral, por ejemplo, que el margen de ganancia de los concesionarios oficiales de ciertas marcas de automóviles sea de un grosero 300%. Ello demuestra que la actuación de Cadivi deja mucho que desear”.

A comienzos de septiembre se publicó una encuesta según la cual el 71,5% de los venezolanos apoya la propuesta del Presidente de solicitar una Ley Habilitante. El trabajo fue realizado por la empresa International Consulting Services en una muestra de 1.600 personas en todo el territorio nacional. El 66% señaló que los poderes especiales consagrados en la Constitución son necesarios para establecer pautas precisas. Además, 59% de los consultados consideró que el presidente Maduro es un hombre honesto. Finalmente, 76% se mostró satisfecho con las medidas anticorrupción del gobierno nacional contra los funcionarios públicos que han apoyado o participado en actos de corrupción.

 

Sin protegidos

 Unos días después de su presentación ante la Asamblea, Maduro encabezó un acto público en el que recordó que recientemente había ordenado una investigación contra el alcalde socialista de Valencia, Estado Carabobo, Edgardo Parra, por presuntos actos de corrupción. “Es amargo (investigar a un socialista), pero lo único que cubre la amargura es la justicia a fondo (…) aquí no hay protegido político. Ahora que pague, que dé la cara. Ahora está en la cárcel, él y sus cómplices”.

De la misma manera, señaló el caso del opositor jefe de despacho de la gobernación del Estado Miranda, Oscar López Molina, por presuntas implicancias en una red de prostitución. “Esto no es persecución; se trata de una descomposición moral, política, ética, de unos farsantes”, señaló. Tras ratificar que se combatirá la corrupción “venga de donde venga”, el Jefe del Estado repudió a “aquellos que dicen ser revolucionarios y sólo buscan enriquecerse”.

Para Maduro no habrá socialismo si la riqueza sigue fluyendo hacia manos del poder económico establecido. Y no habrá revolución sin una ética capaz de aplastar la guerra económica. Insistió en que en esta batalla se juega el destino mismo del proceso bolivariano y reafirmó que “la corrupción es un asunto de vida o muerte”.

 

 

Urgencia por afirmar una nueva ética
Fragmentos del discurso del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ante la Asamblea Nacional, el 8 de octubre, al solicitar la Ley Habilitante para luchar contra la corrupción en todas sus formas. • “Este es un asunto crucial, trascendente, de vida o muerte para la República Bolivariana. Si la corrupción sigue reproduciéndose y perpetuando su lógica capitalista de destrucción, aquí no habrá socialismo, el socialismo nunca podrá afianzarse plenamente en su dinámica profundamente humana entre nosotros, en medio de los antivalores de la corrupción.” • “Llamo al pueblo a no permitir la corrupción y a los corruptos; a no tolerar a la corrupción, ni de cuello amarillo, ni la corrupción de cuello rojo rojito. Es el mismo hamponato, vístase como se vista, la misma conducta apátrida y anti popular.” • “La economía venezolana atraviesa una coyuntura especial, toda vez que el aparato productivo del país está siendo impactado de una manera muy aguda por una serie de distorsiones como son: la especulación; el acaparamiento; el contrabando; el mercado de divisas ilegal… Una colección de dificultades que bien podríamos bautizar con el nombre del “cadivismo” como una de las expresiones más vulgares de la existencia de la burguesía parasitaria en la historia de la Venezuela de los últimos 100 años (…) Parece un asunto de la mayor importancia establecer quiénes se han aprovechado de estos flujos, cuáles son los grupos de poder y sus relaciones con la Banca, con la actividad aseguradora y con el mercado de valores, hacia allá vamos, que nadie tenga duda de ello.”
• “Hoy por hoy la burguesía sigue buscando de diversas formas mantener el control de la renta petrolera; es el centro del debate, de la batalla nacional e internacional. Cuando hay un imperio que nos declara la guerra nos la declara para venir por las riquezas del país, esencialmente el petróleo. Y cuando hay una burguesía parasitaria que se suma de manera automática a golpes, contragolpes y saboteos es porque tienen el ojo puesto en la renta petrolera y en los controles firmes que puso el comandante Chávez para orientar al gasto social a la inversión del pueblo.” • “Si a nuestra parásita e importadora burguesía criolla le sigue correspondiendo alrededor del 70% del producto interno bruto, quiere decir que la dinámica económica todavía está lejos del socialismo, muy lejos.” • “Es claro entonces que aquí no habrá socialismo si la burguesía sigue disfrutando del privilegio, privilegio flagrantemente incompatible con una dinámica socialista, de importar a gran escala sin que se le ponga coto. Sinceremos las cosas con el mayor rigor autocrítico: el Estado Nacional bolivariano no ha podido impedir que la importación se concentre en pocas manos, no ha alcanzado la eficiencia necesaria para cerrar los caminos a quienes viven de la apropiación de los dólares baratos, a quienes tienen un ancho margen de maniobra para ejercer la especulación comercial y perpetrar la reventa cotidiana de divisas; por aquí también se desangra Venezuela.” • “Tenemos que lograr que esa renta petrolera sea capturada para el desarrollo productivo de la economía y no para la especulación, para el chantaje, para el robo, para el enriquecimiento de grupos particulares que quieren controlar el poder político sea por la vía del disfraz rojo o por la vía de la burguesía parasitaria amarilla.”
• “El 96% de las exportaciones provienen de las exportaciones del petróleo venezolano. El sector privado exporta apenas el 1,2% del total de las exportaciones pero requiere entre 35 mil y 40 mil millones de dólares y acentúan sus solicitudes (de divisas) de una manera casi feroz cuando le quitan la renta petrolera.” • “Como consecuencia de este modus operandi la espiral de importar barato y revender más caro puede terminar por engullir a todo nuestro pueblo, de modo que los desbalances y dificultades serias que padece actualmente las afectaciones que padece la economía venezolana no obedecen al funcionamiento estructural del capital y sus consecuentes crisis reales sino a un empresariado apátrida y voraz que en conchupancia con el funcionariado corrupto termina pervirtiéndolo todo.” • “Especulación, acaparamiento y desabastecimiento inducidos, son apenas las caretas más visibles para inocularle a nuestro pueblo la creencia de que el modelo encarnado por la revolución no sirve, lo que no encaja con la supuesta pujanza de esa misma burguesía parasitaria. Y sobre esta base cabalgan en el sabotaje de la economía real.” • “Afortunadamente ha venido creciendo poco a poco un área productiva nueva que expresa una Venezuela que empieza a lograr una economía diversa y productiva, hacia allá debemos apuntar todo nuestro esfuerzo, acelerar la transición hacia una economía productiva, diversificada que descanse en el trabajo, en la creación de riquezas, que descanse en el esfuerzo colectivo del país, que descanse en una poderosa economía socialista y en un poderoso empresariado nacional productivo.” • “Tenemos que reconocer que no ha sido fácil pese a los logros políticos, sociales y económicos de la revolución desmontar una cultura de la riqueza fácil que heredamos de aquella época en que la renta petrolera era presa fácil de una clase que se la apropiaba y dejaba caer las migajas al pueblo.” • “Y es que desde 1999 el comandante Chávez, al frente de esta revolución democratizadora, llevó a cabo una inversión social que a estas alturas alcanza un valor equivalente a 550 mil millones de dólares estadounidenses, ingresados al país por su renta petrolera, capturado por el nuevo Estado y distribuido al pueblo.” • “Chávez fue y es el principal forjador y el mayor adalid de la nueva ética. Su ejemplaridad es indiscutible, en materia de equidad siempre predicó con el ejemplo. En cierta ocasión nuestro comandante amado y eterno, con su habitual sencillez y profundidad, nos dijo: ‘Hay una medicina para no ser corrupto: que uno mande al cipote las ambiciones personales y materiales’”. • “Una base fundamental (de una nueva ética) está en el cambio a fondo de las relaciones de poder, ¿quién tiene el poder político, económico? ¿quién lo ejerce nacional, internacionalmente? Una base fundamental está en el cambio de las relaciones de poder. Nosotros tenemos que profundizar, darle continuidad y acelerar en el horizonte de esta década del siglo XXI, al cambio revolucionario y radical que se inició en 1999, cuando la Revolución se hizo Gobierno. El cambio de las relaciones de poder es condición de posibilidad para una nueva ética, es claro entonces que se trata de llevar a su máxima plenitud la democracia participativa, protagónica, el verdadero poder en una democracia, el Poder Popular.” • “Otra base fundamental está en el ejemplo que demos quienes estamos ejerciendo responsabilidades de Estado, de Gobierno, públicas (…) por eso mismo la austeridad es y debe ser una regla de oro (…) quien no lo entienda es mejor que abandone definitivamente las filas de la Revolución. A nosotros por lealtad a nuestro Comandante Supremo nos está prohibido el disfrute del poder.” • “La nueva ética tiene en Chávez su referente fundamental: ‘necesitamos una educación alejada del individualismo y del egoísmo, que siembre nuevos valores humanos y sociales. A la juventud venezolana: iluminen el camino de este pueblo y sean sal para acabar con la corrupción moral, con la corrupción material y con la corrupción de valores’”. • “Recordemos de nuevo al gigante de este siglo: ‘nunca –decía el comandante Chávez– me cansaré de pedirle a todos y a todas que nos quitemos, como quien se quita una telaraña pegajosa, los viejos vicios de la corrupción, la burocratización, la ineficiencia, la incapacidad, la falta de planificación, la falta de trabajo en equipo. Pido, como pediría por mi vida, y creo que me importa más esto que mi propia vida, que la Revolución Bolivariana sea auténtica, que no sea una mentira como tantas ha habido, que no sea otro fracaso. Eso me importa un millón de veces más que mi propia vida’”. • “La crisis por la que atraviesa la economía venezolana es una crisis muy peculiar, pues no hay una merma significativa de los ingresos sino un incremento geométrico del consumo (…) No se explica cómo entonces, en un escenario de crecimiento tendencial del consumo, por más de una década, las fuerzas productivas no hayan sido capaces de acompañar este crecimiento con un incremento significativo de la producción nacional”. • “Desde la derecha local, muy sumisa, demasiado subordinada a la élite imperial de Estados Unidos, se me ha declarado la guerra. Ni un solo día de estos seis meses se ha dado tregua ni cuartel para que el gobierno bolivariano tenga éxito y gobierne para todo el país (…) No vengo a pedir tregua ni cuartel a una derecha que no tiene conciencia nacional, pero que lo sepa el pueblo honesto y decente de nuestra patria, que esta derecha antinacional apuesta cada segundo de nuestra vida a mi fracaso, a nuestro fracaso, para luego ponerle definitivamente la mano a las riquezas de la renta petrolera de nuestro país, para integrársela a los intereses transnacionales”. • “Diputados, diputadas, queridos compatriotas, para consolidar una nueva institucionalidad es absolutamente necesario continuar forjando una nueva ética en el día a día del proceso revolucionario, y una nueva ética está mucho más allá del establecimiento de un conjunto de preceptos y principios, una nueva ética implica una nueva subjetividad, una nueva subjetividad unida indisolublemente a los intereses colectivos, que se convierta y que convierta a cada compatriota, digámoslo así, en un agente ético capaz de pensar y actuar en función del bien común y de su defensa consciente y activa”. • “Se trata, como pensaba Bolívar, de vencer por el camino de la Revolución, y no por otro”.

 

Periodismo y revolución

PorLBenAXXI

 

América XXI es hija de las dos fuerzas estratégicamente más poderosas de nuestro tiempo: la Revolución Bolivariana y la contrarrevolución imperialista. Sólo por la deriva socialista de Venezuela y su impacto en el curso de la historia latinoamericana pudo nacer y sobrevivir durante 100 ediciones una revista como ésta. Sin una revolución en marcha, carecería de sentido y base de sustentación; sin la contrarrevolución en constante acecho, también.

Las clases dominantes han elevado a niveles de máxima sofisticación y eficiencia la tarea de confundir, desviar, manipular, la conciencia de explotados y oprimidos. Partidos, sindicatos, iglesias, medios de prensa e infinidad de organismos de diverso tipo, el uso masivo de la drogadicción y el narcotráfico, son los instrumentos. Así sostienen su poder. La violencia cruda es sólo la última instancia, posible precisamente por lo anterior. Por eso es imprescindible una prensa revolucionaria aunque, como se ha repetido desde estas páginas “hay más de una forma de periodismo válido”.

Con esa certeza, Hugo Chávez discutió e impulsó en 2002 este proyecto “Desde Venezuela para todo el continente”, parte de su trabajo en favor de un periodismo radial, televisivo, impreso y digital, a la altura de las necesidades.

Al poner en sus manos la centésima edición, transcurrida más de una década y ya sin la presencia física de Chávez, cabe preguntar: ¿está hoy el periodismo revolucionario en aptitud para contrarrestar la capacidad manipuladora de la burguesía sobre la conciencia, la opinión y la conducta de las masas?

No hay respuesta taxativa para esta pregunta. Los pasos dados, en más de un sentido gigantescos, permitirían afirmarlo. Por el contrario, las ostensibles falencias, mensurables en el éxito del capital para continuar engañando a sus víctimas, indican lo contrario. El resultado está a mitad de camino. Como la Revolución misma, enfrentada por estos días a una contraofensiva furiosa.

Esa embestida requiere una respuesta en tono mayor de la comunicación antisistema. Infinidad de medios contestatarios constituyen un poder potencialmente capaz de convertirse en factor de peso en esta batalla crucial.

A lo largo de 100 ediciones América XXI se ha esforzado por llevar a la práctica la convicción de que un periodismo revolucionario exige, además de un trabajo riguroso y profesional, la adhesión a una estrategia encarnada a su vez en programa y organización. Tales instrumentos emanan del nexo vivo entre masas y vanguardias al calor de la lucha de clases. De modo que la primera condición de un/a periodista revolucionario/a es ser parte del esfuerzo por forjar esos instrumentos.

 

Capitalismo o socialismo 

Nadie duda de que la gran prensa comercial tiene en todo el mundo una estrategia común: sostener el sistema del que es parte y apoyar a quien supone puede garantizarlo. Todo estará subordinado a esos objetivos. Un capitalismo en auge puede ofrecer márgenes incluso muy amplios, hasta incluir a su opuesto. A medida que la crisis avanza, ese margen se estrecha hasta desaparecer. La calidad alcanzada en la fase positiva se corrompe al extremo cuando la curva se invierte. Es lo que ocurre por estos días.

Para ocultar esa degradación se construye un alegado profesionalismo aséptico: ser periodista implica no tomar partido. Construir un pedestal desde donde el profesional y los medios alegadamente independientes miran con supuesta objetividad el devenir de los simples mortales.

Desde la trinchera contraria, donde se ubica América XXI entre tantos otros medios de diversa condición y carácter, es a menudo tentadora la predisposición a enaltecer la profesión explicando todos los males por obra de los medios de comunicación comerciales y todas las deficiencias de la revolución por las flaquezas en materia comunicacional. Semiótica en lugar de relaciones de fuerza entre las clases.

Con toda su relevancia, el periodismo es sólo un arma en la panoplia. Vital, pero dependiente de la estrategia. No hay revolución sin periodismo revolucionario. Pero no puede haber periodismo confrontado con el sistema, en el grado que sea, al margen de la estrategia socialista, lo cual lleva implícito proyectos de largo alcance, de unidad y acción programática. Antes y después de esto, nada reemplaza el estudio, el esfuerzo, el rigor y la pasión. Sin olvidar que hay más de un modo de periodismo válido.

América XXI arriba al número 100 con ediciones regulares en Bolivia, Ecuador, Uruguay, Argentina y Venezuela. Cantidades menores llegan también a Paraguay, Chile y otros países. No es poco, pero hace falta más y mejor: una prensa del Alba, con alcance de masas a escala hemisférica por vía impresa, radial, televisiva y digital.

Se trata de centralizar estrategia y programa de acción, proyectando de manera descentralizada la multiplicación de actuales y nuevos medios de comunicación tales como programas y emisoras radiales, canales de TV locales, periódicos barriales, revistas locales, en un haz ceñido al programa del Alba, a su vez articulado en múltiples instancias internacionales signadas por diferente grado de confrontación con los centros metropolitanos.

Como queda visto en las últimas semanas, hasta cierto punto es posible frenar el belicismo del gran capital internacional y los gobiernos a su servicio. Cada traspié imperial genera sin embargo nuevas agresiones. Los intentos se multiplicarán. Exponerlos ante cientos de millones, explicarlos y enfrentarlos es la tarea de una prensa revolucionaria. No hay márgenes para demorar el gran salto cualitativo que reclama la coyuntura histórica mundial.