Espionaje, democracia y tasa de ganancia

PorLBenAXXI

 

Uno a uno caen los velos que ocultan a los ojos de todos la realidad del sistema capitalista. Las revelaciones sobre el espionaje estadounidense en dos ámbitos opuestos –cientos de millones de personas y 35 líderes principales del mundo capitalista– hacen trizas cualquier alegación respecto de la vigencia real de garantías democráticas y derechos civiles, a la vez que señalan un hecho soslayado por la teoría y el accionar político de la mayoría de las fuerzas antisistema: la lucha interimperialista.

Gobernantes, analistas y periodistas fingen sorpresa e indignación ante lo que intentan presentar como asombroso descubrimiento: el gobierno de Estados Unidos no sólo infiltra a sus enemigos sino que espía con mayor empeño a sus aliados, sin excluir presidentes de los principales países en Europa. No hay aquí contradicción alguna y mucho menos motivo de extrañeza. Veintidós años atrás, un texto titulado Después de la guerra del Golfo y sin la Urss, el cual daba por cierto que la política mundial estaba signada por la crisis estructural del sistema capitalista, resaltaba la siguiente afirmación tras la reseña de una dura polémica entre las siete principales potencias capitalistas: “(ese enfrentamiento) dibuja con temible nitidez el curso de colisión de las grandes potencias imperialistas entre sí. Esto da lugar a una situación previsiblemente transitoria pero de gran trascendencia: en la medida en que la tensión Este-Oeste queda relegada por el colapso de la Urss y Europa Oriental, y teniendo en cuenta que mediante la extorsión y la guerra la contradicción entre las metrópolis hiperdesarrolladas y el Tercer Mundo aparece aplacada, la pugna interimperialista ocupa objetivamente el centro del escenario político internacional, lo cual presupone igualmente que la iniciativa está por el momento en manos del Norte” (Crítica N° 1, octubre de 1991).

Nadie como Hugo Chávez asumió en toda su significación esa realidad cargada de contenido estratégico. Ubicar como protagonista a Venezuela en ese marasmo planetario y marcar el rumbo hacia el socialismo del siglo XXI, implicó afirmar el tertium datur: salir de la crisis estructural del sistema utilizando las contradicciones intercapitalistas, pero con los motores en marcha para abolir el capitalismo.

Como caricatura, el listado de jefes de Estado espiados por Washington casi permite trazar la línea de evolución de aquella situación transitoria posterior al derrumbe de la Urss. Diez años oyendo subrepticiamente el teléfono celular de Angela Merkel verifica la agudización de los conflictos interimperiales; el acoso a la presidente brasileña Dilma Rousseff asegura que los intentos de sociedad calificada con el gigante sureño no van por un plácido camino; la utilización de novísimas técnicas para seguir los pasos del presidente Xi Jinping verifica el giro geopolítico dado por China, socio útil 20 años atrás, hoy devenido principal competidor en el mercado mundial. Detrás de esa conducta está la caída de la tasa de ganancia. Es decir, el resultado inexorable de la competencia capitalista, que empuja al sistema hacia el abismo.

Entre paréntesis, una paradoja ilustrativa: la mano de obra barata en China permitió dos décadas atrás camuflar la crisis capitalista global porque contrarrestaba la caída tendencial de la tasa de ganancia para las grandes transnacionales migradas al Este y oxigenaba así la economía mundial. A poco andar, sin embargo, el rasgo particular de aquel país se transformó en lo contrario: los productos chinos arrastran hacia abajo los precios de manufacturas en todo el mundo y desbaratan la tasa de ganancia media, transformándose en la principal amenaza intrínseca para el sistema mundial regido desde Washington.

Mientras tanto la Revolución Bolivariana armó un doble  glacis contemporáneo: por un lado, desde el Alba la extensión hacia Mercosur, Unasur y Celac (cada círculo más débil que el anterior, no obstante eficientes a la hora de la verdad); por el otro, la afirmación estratégica de mundo pluripolar. La improbable pero no imposible aparición del Bricso (propuesta de moneda virtual para los países Brics) indica hasta qué punto esta perspectiva amenaza de muerte a la hegemonía estadounidense, cuya caída arrastraría a la Unión Europea.

En su actual embestida furiosa contra Venezuela, la Casa Blanca afronta ese complejísimo conjunto de fuerzas. Pena que al otro lado de la trinchera, tantos y tantos comentaristas actúen con la irresponsabilidad de quien siquiera barrunta la magnitud de la confrontación en juego y en lugar de contribuir teórica y políticamente a la resolución positiva de ese choque histórico entre propuesta socialista y agonía capitalista, se limiten a un anecdotario para el cual, desde luego, no falta combustible.

Como sea, los poderosos, aún enfrentados a muerte entre sí, hallan espacio para unirse frente a los pueblos, incluidos los propios: ante las evidencias, Alemania y España han admitido que los medios para que la NSA espiara a cientos de millones de europeos fueron entregados por sus propios gobiernos. Lo cual confirma otra afirmación de antigua data: así como el socialismo es imposible sin democracia, el capitalismo inexorablemente tiende a aniquilar los derechos democráticos y las garantías civiles de la ciudadanía: allí está la utilización de Google y Facebook para meterse en la vida privada de millones de seres humanos. Ellos preparan así, ante todo, la guerra contra sus propios ciudadanos, acosados y crecientemente sublevados por exigencia de la crisis.

Tan antiguo como la historia, el espionaje entre potencias advierte hoy de un nuevo escalón hacia abajo en la degradación capitalista. Pero la labor de inteligencia (industrial, política, económica y, por supuesto, militar) es sólo indicadora de la tendencia. En Venezuela, Bolivia, Ecuador, Cuba y Nicaragua, Estados Unidos está ya en franca fase de pasaje del espionaje y la desestabilización política a la acción militar. De la capacidad para poner o no freno a esa dinámica depende que la misma lógica se despliegue –o no– hacia las grandes potencias con las que confronta Washington: en primer lugar Rusia y China, pero también las capitales de la Unión Europea.

Quien haya llegado hasta esta línea en su lectura, sabrá que su conducta cuenta frente a esta inexorable amenaza a la humanidad.

 

 

contraofensiva revolucionaria en todos los terrenos

Vencida la desestabilización, Venezuela va a otra elección

PorLBenAXXI

 

Recuperación: Maduro y la dirección político militar que lo acompaña reaccionaron con un plan general frente a la muy articulada escalada desestabilizadora que buscó derrocar al gobierno mediante una insurrección programada para el 15 de octubre. Mientras el Psuv apela a la movilización de masas y prepara una réplica letal mediante la lucha contra la corrupción y la sanción de crímenes de diferente carácter mediante la Ley Habilitante, la oposición prepara el desconocimiento del Consejo Nacional Electoral y hasta llegó a imaginar un “gobierno provisional” para el cual Washington designó una eventual figura femenina en la presidencia.

Fracasó otro plan golpista. Aún así, no habrá tregua y, por el contrario, arreciará el accionar combinado para acabar con el gobierno de Nicolás Maduro antes de fin de año.

El plan consistía en exacerbar el malestar popular por desabastecimiento, inflación, sabotajes y dificultades multiplicadas en todos los órdenes de la vida cotidiana. Todo apuntado a producir un Caracazo y derrocar al gobierno de la Revolución Bolivariana el 15 de octubre, antes del inicio de la campaña proselitista para elegir 335 alcaldes municipales el 8 de diciembre.

Quienes desde Washington conducen la arremetida saben lo que hacen y consiguieron buena parte de su objetivo, desquiciando la vida social con maniobras de desabastecimiento, sabotajes, presión para una alocada suba del dólar paralelo y una campaña político-psicológica de dimensiones aún mayores a las conocidas hasta ahora, todo lo cual se amplificó por obra de la prensa comercial internacional. El efecto desestabilizador alcanzó a capas medias intelectuales y sectores restringidos de la izquierda, que por momentos parecieron perder la confianza en la continuidad de Maduro y la Revolución. Funcionarios estadounidenses llegaron a programar la creación de un “Gobierno Provisional” que debía asumir desde el exilio en momentos de conmoción social. Fuentes opositoras confiaron que ese organismo lo presidiría la diputada María Corina Machado, reconocida por sus relaciones con la Casa Blanca desde tiempos de George W. Bush.

El centro del accionar conspirativo estuvo y aún está en la economía. Una cantidad de desajustes coloca coyunturalmente en situación de debilidad al plan de transición. Lo explicó sin rodeos el ministro Rafael Ramírez, también presidente de Pdvsa, al anunciar nuevas medidas tras ser designado como vicepresidente para la Economía: “No nos ha acompañado el sector productivo del país y es un gran reto que tenemos, aparentemente es una contradicción pero tenemos que resolverla, porque hemos logrado satisfacer las necesidades de nuestro pueblo importando masivamente los insumos necesarios para nuestra vida cotidiana pero, bueno, el sector productivo no ha avanzado y no ha crecido en la misma proporción. Entonces nosotros siempre vamos a estar sujetos a presiones inflacionarias y presiones especulativas, porque nuestro pueblo sencillamente ha venido satisfaciendo sus necesidades en todos los órdenes, gracias a que hay una mayor redistribución de la renta petrolera en nuestro país”.

Ramírez apuntó al corazón del dilema en la transición: políticas económicas que alientan la continuidad de importantes sectores privados, los cuales boicotean la producción y hacen infinitas maniobras comerciales para cargar las consecuencias nefastas de su accionar sobre las espaldas del Gobierno.

Además, quedó en evidencia la corrupción en torno al manejo del control de cambios por parte de funcionarios de Cadivi (Comisión Administradora de Divisas) y empresarios de diferente alineamiento político. El desorbitado precio del dólar paralelo fue atribuido a la falta de divisas, mostrada además como prólogo de un cataclismo general. Y buena parte de los sectores medios lo creyó. En conferencia de prensa Ramírez puso los hechos en su lugar: “Ya dije la cantidad de divisas que estamos vendiendo al país y que vamos a superar largo los 47 mil millones de dólares al año, esa es una cifra fabulosa, esa es una cifra extraordinaria, aquí no hay problemas de divisas, se siguen generando y de manera permanente, consistente (…) Cadivi ha liquidado en el período de enero a septiembre 33.143 millones de dólares, eso da 3.920 millones de dólares al mes, 920 millones de dólares semanales, 184 millones de dólares todos los días. Por favor, tengamos sentido de las proporciones, es una cantidad de dinero extraordinaria. Y tenemos un conjunto de medidas y decisiones que van a permitir, sumado al promedio semanal que está aportando Cadivi a la economía, 920 millones de dólares, los 100 millones de dólares que vamos a exponer por el Sicad (órgano adicional con el cual se subastarán dólares para particulares) y otras medidas que hemos venido implementando”.

No hay lugar a la confusión en cambio para las grandes empresas extranjeras interesadas en invertir en Venezuela. Ramírez subrayó un reciente informe de la Cepal: “los flujos de inversión extranjera en la región colocan a Venezuela como el segundo país receptor de inversión extranjera con un 44%, sólo superado por Brasil. Son elementos de la economía que se invisibilizan en los medios y que nosotros estamos en la responsabilidad de explicar y educar a nuestro pueblo y que nuestro pueblo, y cuando digo pueblo estoy hablando de todos los habitantes  de este país, sepan cuál es la situación, qué fortalezas tenemos, qué problemas estamos afrontando. Ciertamente, aquí nosotros no vamos a evadir ningún problema, y cómo es nuestro plan para superarlo en el marco de nuestro Plan de la Patria, en el marco de nuestra propuesta del país que es la construcción del socialismo”.

 

Elecciones como plataforma desestabilizadora

Temerosa de volver a sufrir una derrota electoral, la oposición apela a todo para intentar que se suspendan. Recuérdese el sabotaje, ahora plenamente comprobado, en la planta destiladora de Amuay, previo a las elecciones presidenciales del 7 de octubre de 2012, también apuntada a provocar una reacción punitiva del gobierno contra los responsables, que eran los propios partidos opositores.

Ahora, fallido el propósito de provocar un estallido social antes de iniciar la campaña, preparan el desconocimiento de los resultados electorales, tal como lo hizo Henrique Capriles en abril, cuando perdió las presidenciales.

Maduro respondió a esa perspectiva en una reunión con todos los candidatos del Psuv y el Gran Polo Patriótico, el 29 de octubre: “(la oposición) tiene preparado un plan para incendiar Venezuela el 8 de diciembre en la noche y el 9 de diciembre y el 10 y el 11 porque no van a reconocer los resultados electorales. Lo digo hoy: no van a reconocer ningún resultado electoral. Ellos creen que pueden mantener ese jueguito por mucho más tiempo. Está bien, son dueños de sus pasiones políticas. Ya ellos tomaron esa decisión. Anoche estaban en una reunión con Fedecámaras, parte de la cúpula de Fedecámaras, parte de la trilogía del mal, planificando porque creen que tienen el poder todavía (…)tengo suficiente información cruzada de fuente directa, diversas fuentes que llegan a la conclusión que ellos van a seguir utilizando la campaña electoral para atraernos a su simulación pero en definitiva están buscando otro objetivo. Primer objetivo, a través de un hecho que conmueve a la sociedad venezolana, buscar que nos pongan en una situación obligada de suspensión de las elecciones y yo lo digo aquí: haga lo que haga la derecha, el 8 de diciembre hay elecciones. Vamos a medirnos, que el pueblo decida, haga lo que haga la derecha vamos a elecciones, así sea sin luz vamos a elecciones. Y que el pueblo decida”.

 

Desplegados en campaña

En ese mismo acto habló Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional y encargado de la conducción del Psuv. Desde el interior del país y en plena actividad de organización y esclarecimiento, a través de teleconferencia Cabello informó que el Psuv activará un total de 547.320 militantes que realizarán el trabajo político de cara a las elecciones municipales: “Tenemos 13.683 centros de votación, lo que es igual a 13.683 Ubch (Unidades de Batalla Hugo Chávez) en todo el país. Cada Ubch tiene una vanguardia de 40 compañeros y compañeras (…) lo que da 547.320 compañeros y compañeras en toda Venezuela”, explicó.

Por su parte Maduro insistió en la ofensiva contra la corrupción y llamó a la militancia a esforzarse para dar el ejemplo: “la revolución está por hacerse y lo grande del ser humano está por nacer todavía en cada uno de nosotros. En buena medida los procesos revolucionarios se pueden acelerar en Venezuela si el liderazgo de la revolución, a todo nivel, es un liderazgo moral, con una nueva ética, con nuevos métodos, que dé el ejemplo permanente, que empuje en la solidaridad, en el desprendimiento, en la lealtad al pueblo, en el amor al pueblo, es un reto que tenemos”.

Esta batalla tendrá un hito clave si la Asamblea Nacional aprueba la Ley Habilitante, solicitada por el Presidente para llevar a cabo una campaña arrolladora contra la corrupción “amarilla o rojo-rojita”, una plaga que azota al país y de la cual depende la ofensiva económica, a su vez decisiva para sostener el respaldo de la masa comprometida con la revolución y reconquistar la confianza de sectores medios agobiados por las maniobras desestabilizadoras.

 

maduro convoca a librar otra gran batalla por el socialismo en venezuela

“La corrupción es un asunto de vida o muerte”

PorLBenAXXI

 

Determinante:  la Ley Habilitante solicitada por el Poder Ejecutivo para enfrentar la corrupción es apenas uno de los instrumentos de una batalla mayúscula: la respuesta a la guerra económica incluye combate contra la especulación, el mercado de divisas, el desabastecimiento y acaparamiento de bienes de primera necesidad. “Se trata de la transformación del modelo ético y económico del país, dos elementos para combinar en una ofensiva nacional”, dijo el presidente Nicolás Maduro. En una histórica presentación ante la Asamblea Nacional argumentó con cifras y denuncias concretas que la corrupción no sólo tiene consecuencias económicas sino también contrarrevolucionarias.

“Si a nuestra parásita e importadora burguesía criolla le sigue correspondiendo alrededor del 70% del producto interno bruto, quiere decir que la dinámica económica todavía está lejos del socialismo”. La sentencia del presidente Nicolás Maduro ante la Asamblea Nacional mostró que los intentos por quebrar la hegemonía del capital sobre la sociedad venezolana son todavía insuficientes. En consecuencia el Ejecutivo pidió poderes habilitantes en el inicio de una renovada ofensiva histórica.

En su diagnóstico el mandatario pidió al pueblo venezolano trabajar para “extirpar de raíz las expresiones más vulgares de la existencia de la burguesía parasitaria”, en referencia a la especulación, el acaparamiento, el contrabando, mercado de divisas, lavado de dinero y legitimación de capitales. La batalla lanzada por el presidente Maduro el 8 de octubre en ocasión de presentar un proyecto de Ley Habilitante no distingue colores partidarios a la hora de combatir la corrupción y la guerra económica. “Ni de cuello amarillo, ni de cuello rojo rojito; es el mismo hamponato vístase como se vista”, alertó.

Para Maduro, la corrupción en todas sus formas afecta la salud pública y la salud de la Revolución Bolivariana. “Si no existe salud pública, una República marcha efectivamente hacia su disolución. Hay que eliminar las condiciones objetivas que permitan que se sigan desarrollando y cometiendo actos de corrupción”, dijo en un pormenorizado informe ante la Asamblea, en el que fundamentó detalladamente, incluyendo autocríticas, las necesidades y las urgencias del momento.

 

Fuerza de ley

 La Ley Habilitante faculta al titular del Poder Ejecutivo a dictar decretos con fuerza de ley sobre los asuntos que el propio mandatario estime imprescindibles sobre determinada necesidad del Estado. De acuerdo con el artículo 203 de la Constitución de Venezuela (1999), los poderes habilitantes son leyes sancionadas por la Asamblea Nacional, por las tres quintas partes de sus integrantes, a fin de establecer las directrices, propósitos y marco de las materias que se delegan al Presidente con rango y valor de ley.

Maduro prometió que los poderes especiales que otorga la Ley Habilitante servirán para acelerar y hacer eficiente “la batalla por una nueva vida política, republicana y una nueva sociedad”. Pidió al pueblo que tome conciencia de una nueva ética nacionalista. “Se trata de la transformación del modelo ético y económico del país, dos elementos para combinar en una ofensiva nacional”. Se trata –dijo– de un “asunto crucial, transcendente y de vida o muerte para la República”.

Como parte de esa lucha, adelantó que se hace necesario un proceso profundo de transformación de todas las instituciones del Estado y la creación de nuevas dinámicas económicas y sociales. Una vez aprobado el pedido del mandatario, el Ejecutivo podrá legislar durante un año para crear todas las armas institucionales necesarias, formular ordenamientos jurídicos, emitir nuevas leyes y mejorar las existentes.

En agosto pasado, cuando hizo pública su intención de pedir la Ley Habilitante, el jefe de Estado adelantó que buscará reforzar la normativa desde el texto de la Constitución. De la misma manera, debiera tener un paraguas legal la lucha contra lo que se ha calificado como “guerra económica”: especulación, desabastecimiento y acaparamiento de bienes de primera necesidad, de los que se nutren los planes de desestabilización de la derecha venezolana.

“La Habilitante será un instrumento para la ofensiva política y económica de la nueva etapa de la Revolución”, dijo Maduro el 15 de agosto. Propuso “ir a un proceso profundo y establecer las normas más rígidas y severas para combatir la corrupción”.

Reiteró que asume plenamente la responsabilidad que le dejó el comandante Chávez y recordó, en materia de lucha contra la corrupción: “hemos golpeado desde gobernadores hasta presidentes de institutos y empresas”. El Presidente afirmó que “todo corrupto es contrarrevolucionario y capitalista”.

Unos días después de la presentación del Proyecto de Ley Habilitante, la Asamblea Nacional designó una comisión especial para estudiar en las semanas siguientes el pedido del Poder Ejecutivo. El grupo de 19 diputados analizará la propuesta antes de que sea debatida en el pleno de los legisladores.

 

Sin cadivismo

 En su diagnóstico, Maduro admitió que “la economía venezolana atraviesa una coyuntura especial, toda vez que el aparato productivo está siendo impactado de una manera muy aguda por una serie de distorsiones, como la especulación, el acaparamiento, el contrabando, el mercado de divisas ilegal”.

Dijo que uno de los objetivos de la acción conjunta entre el Gobierno y el pueblo venezolanos es “lograr que la renta petrolera sea para el desarrollo de la economía y no para la especulación y enriquecimiento de grupos particulares que quieren el control político”.

En Venezuela se acuñó el término “cadivismo”, tomado de Cadivi (Comisión de Administración de Divisas), en referencia al organismo nacional acusado de corrupción y de existencia de mafias que se enriquecen con la compra y venta de monedas extranjeras. “El cadivismo –dijo Maduro– es una de las expresiones más vulgares de existencia de la burguesía parasitaria en la historia de Venezuela de los últimos 100 años” y que busca intereses personales más allá de la producción y desarrollo económico del país (recuadro). Prometió para esta institución la aplicación de la fórmula de “las tres R”, que consisten en “revisión, rectificación y reimpulso”.

Maduro consideró que “es inmoral, por ejemplo, que el margen de ganancia de los concesionarios oficiales de ciertas marcas de automóviles sea de un grosero 300%. Ello demuestra que la actuación de Cadivi deja mucho que desear”.

A comienzos de septiembre se publicó una encuesta según la cual el 71,5% de los venezolanos apoya la propuesta del Presidente de solicitar una Ley Habilitante. El trabajo fue realizado por la empresa International Consulting Services en una muestra de 1.600 personas en todo el territorio nacional. El 66% señaló que los poderes especiales consagrados en la Constitución son necesarios para establecer pautas precisas. Además, 59% de los consultados consideró que el presidente Maduro es un hombre honesto. Finalmente, 76% se mostró satisfecho con las medidas anticorrupción del gobierno nacional contra los funcionarios públicos que han apoyado o participado en actos de corrupción.

 

Sin protegidos

 Unos días después de su presentación ante la Asamblea, Maduro encabezó un acto público en el que recordó que recientemente había ordenado una investigación contra el alcalde socialista de Valencia, Estado Carabobo, Edgardo Parra, por presuntos actos de corrupción. “Es amargo (investigar a un socialista), pero lo único que cubre la amargura es la justicia a fondo (…) aquí no hay protegido político. Ahora que pague, que dé la cara. Ahora está en la cárcel, él y sus cómplices”.

De la misma manera, señaló el caso del opositor jefe de despacho de la gobernación del Estado Miranda, Oscar López Molina, por presuntas implicancias en una red de prostitución. “Esto no es persecución; se trata de una descomposición moral, política, ética, de unos farsantes”, señaló. Tras ratificar que se combatirá la corrupción “venga de donde venga”, el Jefe del Estado repudió a “aquellos que dicen ser revolucionarios y sólo buscan enriquecerse”.

Para Maduro no habrá socialismo si la riqueza sigue fluyendo hacia manos del poder económico establecido. Y no habrá revolución sin una ética capaz de aplastar la guerra económica. Insistió en que en esta batalla se juega el destino mismo del proceso bolivariano y reafirmó que “la corrupción es un asunto de vida o muerte”.

 

 

Urgencia por afirmar una nueva ética
Fragmentos del discurso del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, ante la Asamblea Nacional, el 8 de octubre, al solicitar la Ley Habilitante para luchar contra la corrupción en todas sus formas. • “Este es un asunto crucial, trascendente, de vida o muerte para la República Bolivariana. Si la corrupción sigue reproduciéndose y perpetuando su lógica capitalista de destrucción, aquí no habrá socialismo, el socialismo nunca podrá afianzarse plenamente en su dinámica profundamente humana entre nosotros, en medio de los antivalores de la corrupción.” • “Llamo al pueblo a no permitir la corrupción y a los corruptos; a no tolerar a la corrupción, ni de cuello amarillo, ni la corrupción de cuello rojo rojito. Es el mismo hamponato, vístase como se vista, la misma conducta apátrida y anti popular.” • “La economía venezolana atraviesa una coyuntura especial, toda vez que el aparato productivo del país está siendo impactado de una manera muy aguda por una serie de distorsiones como son: la especulación; el acaparamiento; el contrabando; el mercado de divisas ilegal… Una colección de dificultades que bien podríamos bautizar con el nombre del “cadivismo” como una de las expresiones más vulgares de la existencia de la burguesía parasitaria en la historia de la Venezuela de los últimos 100 años (…) Parece un asunto de la mayor importancia establecer quiénes se han aprovechado de estos flujos, cuáles son los grupos de poder y sus relaciones con la Banca, con la actividad aseguradora y con el mercado de valores, hacia allá vamos, que nadie tenga duda de ello.”
• “Hoy por hoy la burguesía sigue buscando de diversas formas mantener el control de la renta petrolera; es el centro del debate, de la batalla nacional e internacional. Cuando hay un imperio que nos declara la guerra nos la declara para venir por las riquezas del país, esencialmente el petróleo. Y cuando hay una burguesía parasitaria que se suma de manera automática a golpes, contragolpes y saboteos es porque tienen el ojo puesto en la renta petrolera y en los controles firmes que puso el comandante Chávez para orientar al gasto social a la inversión del pueblo.” • “Si a nuestra parásita e importadora burguesía criolla le sigue correspondiendo alrededor del 70% del producto interno bruto, quiere decir que la dinámica económica todavía está lejos del socialismo, muy lejos.” • “Es claro entonces que aquí no habrá socialismo si la burguesía sigue disfrutando del privilegio, privilegio flagrantemente incompatible con una dinámica socialista, de importar a gran escala sin que se le ponga coto. Sinceremos las cosas con el mayor rigor autocrítico: el Estado Nacional bolivariano no ha podido impedir que la importación se concentre en pocas manos, no ha alcanzado la eficiencia necesaria para cerrar los caminos a quienes viven de la apropiación de los dólares baratos, a quienes tienen un ancho margen de maniobra para ejercer la especulación comercial y perpetrar la reventa cotidiana de divisas; por aquí también se desangra Venezuela.” • “Tenemos que lograr que esa renta petrolera sea capturada para el desarrollo productivo de la economía y no para la especulación, para el chantaje, para el robo, para el enriquecimiento de grupos particulares que quieren controlar el poder político sea por la vía del disfraz rojo o por la vía de la burguesía parasitaria amarilla.”
• “El 96% de las exportaciones provienen de las exportaciones del petróleo venezolano. El sector privado exporta apenas el 1,2% del total de las exportaciones pero requiere entre 35 mil y 40 mil millones de dólares y acentúan sus solicitudes (de divisas) de una manera casi feroz cuando le quitan la renta petrolera.” • “Como consecuencia de este modus operandi la espiral de importar barato y revender más caro puede terminar por engullir a todo nuestro pueblo, de modo que los desbalances y dificultades serias que padece actualmente las afectaciones que padece la economía venezolana no obedecen al funcionamiento estructural del capital y sus consecuentes crisis reales sino a un empresariado apátrida y voraz que en conchupancia con el funcionariado corrupto termina pervirtiéndolo todo.” • “Especulación, acaparamiento y desabastecimiento inducidos, son apenas las caretas más visibles para inocularle a nuestro pueblo la creencia de que el modelo encarnado por la revolución no sirve, lo que no encaja con la supuesta pujanza de esa misma burguesía parasitaria. Y sobre esta base cabalgan en el sabotaje de la economía real.” • “Afortunadamente ha venido creciendo poco a poco un área productiva nueva que expresa una Venezuela que empieza a lograr una economía diversa y productiva, hacia allá debemos apuntar todo nuestro esfuerzo, acelerar la transición hacia una economía productiva, diversificada que descanse en el trabajo, en la creación de riquezas, que descanse en el esfuerzo colectivo del país, que descanse en una poderosa economía socialista y en un poderoso empresariado nacional productivo.” • “Tenemos que reconocer que no ha sido fácil pese a los logros políticos, sociales y económicos de la revolución desmontar una cultura de la riqueza fácil que heredamos de aquella época en que la renta petrolera era presa fácil de una clase que se la apropiaba y dejaba caer las migajas al pueblo.” • “Y es que desde 1999 el comandante Chávez, al frente de esta revolución democratizadora, llevó a cabo una inversión social que a estas alturas alcanza un valor equivalente a 550 mil millones de dólares estadounidenses, ingresados al país por su renta petrolera, capturado por el nuevo Estado y distribuido al pueblo.” • “Chávez fue y es el principal forjador y el mayor adalid de la nueva ética. Su ejemplaridad es indiscutible, en materia de equidad siempre predicó con el ejemplo. En cierta ocasión nuestro comandante amado y eterno, con su habitual sencillez y profundidad, nos dijo: ‘Hay una medicina para no ser corrupto: que uno mande al cipote las ambiciones personales y materiales’”. • “Una base fundamental (de una nueva ética) está en el cambio a fondo de las relaciones de poder, ¿quién tiene el poder político, económico? ¿quién lo ejerce nacional, internacionalmente? Una base fundamental está en el cambio de las relaciones de poder. Nosotros tenemos que profundizar, darle continuidad y acelerar en el horizonte de esta década del siglo XXI, al cambio revolucionario y radical que se inició en 1999, cuando la Revolución se hizo Gobierno. El cambio de las relaciones de poder es condición de posibilidad para una nueva ética, es claro entonces que se trata de llevar a su máxima plenitud la democracia participativa, protagónica, el verdadero poder en una democracia, el Poder Popular.” • “Otra base fundamental está en el ejemplo que demos quienes estamos ejerciendo responsabilidades de Estado, de Gobierno, públicas (…) por eso mismo la austeridad es y debe ser una regla de oro (…) quien no lo entienda es mejor que abandone definitivamente las filas de la Revolución. A nosotros por lealtad a nuestro Comandante Supremo nos está prohibido el disfrute del poder.” • “La nueva ética tiene en Chávez su referente fundamental: ‘necesitamos una educación alejada del individualismo y del egoísmo, que siembre nuevos valores humanos y sociales. A la juventud venezolana: iluminen el camino de este pueblo y sean sal para acabar con la corrupción moral, con la corrupción material y con la corrupción de valores’”. • “Recordemos de nuevo al gigante de este siglo: ‘nunca –decía el comandante Chávez– me cansaré de pedirle a todos y a todas que nos quitemos, como quien se quita una telaraña pegajosa, los viejos vicios de la corrupción, la burocratización, la ineficiencia, la incapacidad, la falta de planificación, la falta de trabajo en equipo. Pido, como pediría por mi vida, y creo que me importa más esto que mi propia vida, que la Revolución Bolivariana sea auténtica, que no sea una mentira como tantas ha habido, que no sea otro fracaso. Eso me importa un millón de veces más que mi propia vida’”. • “La crisis por la que atraviesa la economía venezolana es una crisis muy peculiar, pues no hay una merma significativa de los ingresos sino un incremento geométrico del consumo (…) No se explica cómo entonces, en un escenario de crecimiento tendencial del consumo, por más de una década, las fuerzas productivas no hayan sido capaces de acompañar este crecimiento con un incremento significativo de la producción nacional”. • “Desde la derecha local, muy sumisa, demasiado subordinada a la élite imperial de Estados Unidos, se me ha declarado la guerra. Ni un solo día de estos seis meses se ha dado tregua ni cuartel para que el gobierno bolivariano tenga éxito y gobierne para todo el país (…) No vengo a pedir tregua ni cuartel a una derecha que no tiene conciencia nacional, pero que lo sepa el pueblo honesto y decente de nuestra patria, que esta derecha antinacional apuesta cada segundo de nuestra vida a mi fracaso, a nuestro fracaso, para luego ponerle definitivamente la mano a las riquezas de la renta petrolera de nuestro país, para integrársela a los intereses transnacionales”. • “Diputados, diputadas, queridos compatriotas, para consolidar una nueva institucionalidad es absolutamente necesario continuar forjando una nueva ética en el día a día del proceso revolucionario, y una nueva ética está mucho más allá del establecimiento de un conjunto de preceptos y principios, una nueva ética implica una nueva subjetividad, una nueva subjetividad unida indisolublemente a los intereses colectivos, que se convierta y que convierta a cada compatriota, digámoslo así, en un agente ético capaz de pensar y actuar en función del bien común y de su defensa consciente y activa”. • “Se trata, como pensaba Bolívar, de vencer por el camino de la Revolución, y no por otro”.

 

Periodismo y revolución

PorLBenAXXI

 

América XXI es hija de las dos fuerzas estratégicamente más poderosas de nuestro tiempo: la Revolución Bolivariana y la contrarrevolución imperialista. Sólo por la deriva socialista de Venezuela y su impacto en el curso de la historia latinoamericana pudo nacer y sobrevivir durante 100 ediciones una revista como ésta. Sin una revolución en marcha, carecería de sentido y base de sustentación; sin la contrarrevolución en constante acecho, también.

Las clases dominantes han elevado a niveles de máxima sofisticación y eficiencia la tarea de confundir, desviar, manipular, la conciencia de explotados y oprimidos. Partidos, sindicatos, iglesias, medios de prensa e infinidad de organismos de diverso tipo, el uso masivo de la drogadicción y el narcotráfico, son los instrumentos. Así sostienen su poder. La violencia cruda es sólo la última instancia, posible precisamente por lo anterior. Por eso es imprescindible una prensa revolucionaria aunque, como se ha repetido desde estas páginas “hay más de una forma de periodismo válido”.

Con esa certeza, Hugo Chávez discutió e impulsó en 2002 este proyecto “Desde Venezuela para todo el continente”, parte de su trabajo en favor de un periodismo radial, televisivo, impreso y digital, a la altura de las necesidades.

Al poner en sus manos la centésima edición, transcurrida más de una década y ya sin la presencia física de Chávez, cabe preguntar: ¿está hoy el periodismo revolucionario en aptitud para contrarrestar la capacidad manipuladora de la burguesía sobre la conciencia, la opinión y la conducta de las masas?

No hay respuesta taxativa para esta pregunta. Los pasos dados, en más de un sentido gigantescos, permitirían afirmarlo. Por el contrario, las ostensibles falencias, mensurables en el éxito del capital para continuar engañando a sus víctimas, indican lo contrario. El resultado está a mitad de camino. Como la Revolución misma, enfrentada por estos días a una contraofensiva furiosa.

Esa embestida requiere una respuesta en tono mayor de la comunicación antisistema. Infinidad de medios contestatarios constituyen un poder potencialmente capaz de convertirse en factor de peso en esta batalla crucial.

A lo largo de 100 ediciones América XXI se ha esforzado por llevar a la práctica la convicción de que un periodismo revolucionario exige, además de un trabajo riguroso y profesional, la adhesión a una estrategia encarnada a su vez en programa y organización. Tales instrumentos emanan del nexo vivo entre masas y vanguardias al calor de la lucha de clases. De modo que la primera condición de un/a periodista revolucionario/a es ser parte del esfuerzo por forjar esos instrumentos.

 

Capitalismo o socialismo 

Nadie duda de que la gran prensa comercial tiene en todo el mundo una estrategia común: sostener el sistema del que es parte y apoyar a quien supone puede garantizarlo. Todo estará subordinado a esos objetivos. Un capitalismo en auge puede ofrecer márgenes incluso muy amplios, hasta incluir a su opuesto. A medida que la crisis avanza, ese margen se estrecha hasta desaparecer. La calidad alcanzada en la fase positiva se corrompe al extremo cuando la curva se invierte. Es lo que ocurre por estos días.

Para ocultar esa degradación se construye un alegado profesionalismo aséptico: ser periodista implica no tomar partido. Construir un pedestal desde donde el profesional y los medios alegadamente independientes miran con supuesta objetividad el devenir de los simples mortales.

Desde la trinchera contraria, donde se ubica América XXI entre tantos otros medios de diversa condición y carácter, es a menudo tentadora la predisposición a enaltecer la profesión explicando todos los males por obra de los medios de comunicación comerciales y todas las deficiencias de la revolución por las flaquezas en materia comunicacional. Semiótica en lugar de relaciones de fuerza entre las clases.

Con toda su relevancia, el periodismo es sólo un arma en la panoplia. Vital, pero dependiente de la estrategia. No hay revolución sin periodismo revolucionario. Pero no puede haber periodismo confrontado con el sistema, en el grado que sea, al margen de la estrategia socialista, lo cual lleva implícito proyectos de largo alcance, de unidad y acción programática. Antes y después de esto, nada reemplaza el estudio, el esfuerzo, el rigor y la pasión. Sin olvidar que hay más de un modo de periodismo válido.

América XXI arriba al número 100 con ediciones regulares en Bolivia, Ecuador, Uruguay, Argentina y Venezuela. Cantidades menores llegan también a Paraguay, Chile y otros países. No es poco, pero hace falta más y mejor: una prensa del Alba, con alcance de masas a escala hemisférica por vía impresa, radial, televisiva y digital.

Se trata de centralizar estrategia y programa de acción, proyectando de manera descentralizada la multiplicación de actuales y nuevos medios de comunicación tales como programas y emisoras radiales, canales de TV locales, periódicos barriales, revistas locales, en un haz ceñido al programa del Alba, a su vez articulado en múltiples instancias internacionales signadas por diferente grado de confrontación con los centros metropolitanos.

Como queda visto en las últimas semanas, hasta cierto punto es posible frenar el belicismo del gran capital internacional y los gobiernos a su servicio. Cada traspié imperial genera sin embargo nuevas agresiones. Los intentos se multiplicarán. Exponerlos ante cientos de millones, explicarlos y enfrentarlos es la tarea de una prensa revolucionaria. No hay márgenes para demorar el gran salto cualitativo que reclama la coyuntura histórica mundial.

participación en el periódico de la CTA

Sin teoría revolucionaria no hay acción revolucionaria

enaxxi

 

“Crear poder popular” es una noción tan atractiva como engañosa. En una sociedad de clases el poder político existe como instrumento de dominación. Hay que conquistarlo. No se trata de acrecer el “poder popular” gradualmente. Sólo en períodos de alza revolucionaria es posible dar carnadura a organismos de doble poder, sobre un neto basamento de clase. Contra éste, habrá otro enfrente, el poder burgués. Uno u otro prevalecerá. Antes, habrá una derrota letal para éste o aquél.

No es una diferencia de detalle. Los soviets (asambleas, en castellano, como las que tuvimos en 2001), los consejos obreros (como los que embrionariamente aparecieron en 1969), son por definición pasajeros: desalojan al poder dominante y ocupan su lugar. O sucumben. Fue después de la restauración constitucional, en los años 1980, que la expresión “crear poder popular” apareció en Argentina. Era, presumiblemente, la reacción a cierta concepción en sectores gravitantes en la etapa anterior, donde se concebía la toma del poder como un golpe de mano, al margen de la organización y sublevación de las masas. En realidad, esa polaridad reproducía un antiguo debate, entre el denominado “blanquismo” (o “putschismo”) y la concepción evolucionista, reformista, en la lucha por el poder político. El dilema había sido saldado teóricamente por el marxismo y llevado a la práctica con la Revolución Rusa. Pero con la degeneración de la Unión Soviética y la posterior degradación de la teoría, incluso en cuadros y organizaciones con voluntad revolucionaria se impuso aquel concepto, equivalente al de ganar espacio institucional hasta llegar al gobierno.

Esto se completa en la práctica con la idea de que “creando poder popular” no hace falta un Partido. En Argentina, con una rica tradición anarquista, ambas raíces se combinaron y llegaron a tener peso dominante en el activo militante. Lo hemos pagado caro. Sin Partido de masas y una vanguardia revolucionaria organizada y con gran capacidad de acción, un alza revolucionaria de masas no puede dar lugar a la consolidación de organismos de doble poder, tanto menos a la lucha franca por una victoria de clase.

Vale reflexionar sobre las causas determinantes de que una sublevación tan potente como la de 2001 terminara como terminó: con “todos de vuelta” y con los peores encaramados en el poder por una década, en medio de la confusión y la parálisis del inmenso activo militante que en nuestro país quiere una revolución.

Al cabo de esta experiencia nefasta –derrota costosa como pocas en nuestra historia nacional- se inicia un nuevo período de realineamientos que desembocará, más temprano que tarde, en una sublevación de nuestro pueblo contra el capital. La vanguardia militante no está hoy preparada para esto. Será clave que, esta vez, las y los innumerables cuadros comprometidos con la lucha por el socialismo asumamos que sin teoría revolucionaria no hay acción revolucionaria. Y que las modas son un poderoso instrumento del enemigo.

 

Lea la nota completa aquí

 

entrevista con RT

«Hay una predeterminación de intentar consumar el ataque militar contra Siria»

RT

EE.UU., Reino Unido y Francia han presentado el texto del proyecto de la resolución sobre Siria en la ONU. Según fuentes diplomáticas, consultadas por Reuters, el proyecto occidental condena y culpa al presidente sirio, Bashar al Assad, por el uso de armas químicas en Siria. Respecto a este tema, el analista internacional Luis Bilbao opina que «hay una predeterminación de intentar consumar el ataque militar contra Siria».

ponencia al vii° congreso de filosofía en venezuela

Un paso delante del caos

PorLBenAXXI

 

Debate: entre el 16 y el 23 de septiembre tendrá lugar en Venezuela un Congreso Internacional de Filosofía. Sesionará inicialmente en Maracaibo y se expandirá luego a todo el país.
Un centenar de venezolanos e invitados extranjeros provenientes de distintas culturas y lugares del mundo se empeñarán en un debate abierto. Luego llevarán sus conclusiones al conjunto nacional a través de actos públicos multitudinarios para la exposición y confrontación de ideas.

 

El autor de este texto no es filósofo; se limita a cumplir con el significado etimológico de la palabra: amor por el conocimiento. Invitado al VIIº Congreso, la ponencia que presenta y se reproduce a continuación es una licencia alentada por la célebre Tesis XI de un no menos conocido librillo de Marx y Engels, según la cual “Los filósofos no han hecho sino interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”. Desentrañar la situación y la dinámica de la economía y la política mundiales es una exigencia que va más allá de una disciplina. Actuar en ella es tarea de revolucionarios, filosofantes o no. Detener la irracionalidad capitalista y trazar un horizonte para la humanidad es empresa colectiva, como bien lo han entendido las autoridades venezolanas, en su esfuerzo por lograr que millones amen el conocimiento y sean filósofos para la revolución.

¿Huyó vencido el fantasma de una depresión mundial? ¿Salió la Unión Europea de la recesión? ¿Superó Estados Unidos la caída con la que arrastró al mundo en 2008? ¿China –y los Brics– continúa siendo y puede al cabo ser el motor salvador de la economía mundial?

Éstas son las preguntas de nuestro tiempo, empeñado en mirar de soslayo el abismo. Tienen respuestas vagarosas de parte de los propagandistas del capital; temerosas de quienes con el bagaje teórico necesario intuyen lo que se gesta en el subsuelo pero no acaban de asumirlo; quiméricas, fruto de un razón que a la hora de la acción fuga hacia formas insólitas de irracionalidad, de parte de aquellos que Lenin denominaría infantoizquierdistas; esquivas en la opinión de conciencias abrumadas por la travesía dolorosa de las últimas décadas. Paradojalmente, suelen recibir réplicas netas en la voz de personas carentes de herramientas teóricas, sufrientes directas de la debacle capitalista y armadas con la voluntad de transformación radical.

Desprovista de voluntad política y objetivos revolucionarios la razón teórica desbarranca. Desprovista de basamento teórico, la voluntad política y los objetivos revolucionarios naufragan. Aún no plasma la conjunción virtuosa de los elementos capaces de provocar el alumbramiento. La ausencia de uno u otro, o su insuficiente despliegue y ensamble, produce adefesios. Es un momento sin parangón en la evolución de la humanidad y del sistema que domina al mundo.

Pero la marcha no se detiene. Si la teoría es insuficiente, la acción se apoya en lo que tiene al alcance y busca avanzar. La historia modela a los hombres que necesita. Fue en Venezuela donde brilló la chispa, cuando Hugo Chávez decidió transportar la llama en lugar de cuidar las cenizas, acaso sin registrar el discurso de Jean Jaurés y más inspirado por la idea nietzscheana de llevar el fuego al valle. Como sea, su accionar detonó un proceso en todo y por todo original. A poco andar el mundo asistiría atónito al renacimiento del socialismo como idea motriz. Tras el rayo vino la luz, aunque también encandilamiento y ceguera; luego el trueno, el temor, pero también la epifanía de ideas recuperadas y renovada voluntad revolucionaria. En apenas un instante, para remitir a la bella novela de Manuel Scorza, seguiría la tumba del relámpago. Y ahora, las grandes preguntas…

***

Cuando estuvo claro que la enfermedad de Hugo Chávez era irreversible, tras el impacto emocional comenzó a tomar forma otra dimensión de la pérdida: ¿volvería el panorama mundial a la desolación previa a la irrupción de la Revolución Bolivariana? ¿Perdería su impulso la transición al socialismo y desaparecería el eje ordenador de las vanguardias anticapitalistas en todo el mundo? Dicho de otro modo: ¿moriría de verdad el Libertador socialista?

Hubo diferentes momentos para el planteamiento crudo de este dilema. En las filas de la Revolución, pero también en las de la oposición burguesa, no se quería pensar –y no se pensó– en la desaparición de Chávez del escenario venezolano e internacional.

La religiosidad popular simplemente excluyó la posibilidad de que Chávez muriera. No puede haber un Dios tan injusto. Incluso los principales cuadros de la Revolución se negaron a reflexionar sobre un futuro cercano sin el comandante y confiaron en que todo volvería a la normalidad. Lo mismo ocurrió en el conjunto de cuadros y funcionarios identificados con la Revolución, que excluyeron la proximidad de un desenlace fatal, aunque no pocos habrán rezado por lo contrario.

El fenómeno de negación colectiva siguió incluso cuando el sábado 8 de diciembre de 2012, tarde en la noche, Chávez dio un discurso de extraordinaria carga dramática aunque formalmente idéntico a tantos otros y dijo –sin decirlo y hasta cerrando el paso a semejante idea– que no sobreviviría. Pidió permiso formal a la Asamblea Nacional para operarse en Cuba, trazó una línea de acción para la hipótesis de su ausencia definitiva y, para el caso de una obligada elección presidencial, designó a Nicolás Maduro como candidato.

El equilibrio político perfecto de esa pieza oratoria, ofrenda de lucidez, abnegación y coraje, aún no ha sido analizado, pese a que después, en la fugaz campaña electoral, fue un instrumento propagandístico clave. Como consta a numerosos cuadros de la Revolución Bolivariana, desde un principio y sobre la base de consultas a quienes podían mirar el tema con ojos científicos, mi expectativa fue mínima. No obstante, la recuperación a mediados de 2012 y la participación de Chávez en la campaña electoral que culminaría con su victoria del 7 de octubre me hicieron replantear el pronóstico negativo, para sumarme sin matices a la convicción general de que todo había vuelto a sus carriles.

Por eso el impacto fue mayor cuando se anunció el viaje a Cuba y luego, al ver aquella fatídica cadena nacional. Mis conclusiones a partir de ese mensaje quedaron expresadas en un conversatorio que realizamos el 14 de diciembre [Chávez y el futuro de la Revolución: http://www.luis-bilbao.com.ar/?p=1154]
Entre las excepciones que sí asumieron la inminencia de la muerte de Chávez cuentan, claro está, los funcionarios del Departamento de Estado. Con la información públicamente conocida y eficientes especialistas analizándola, podían llegar a la presunción cierta de que la enfermedad era irreversible. A partir de esa certeza y, con su interpretación de las fuerzas que mueven la historia, los estrategas del imperialismo concluyeron, bien antes del deceso del líder bolivariano, que la Revolución estaba acabada. Y actuaron en consecuencia: lanzaron una arremetida general que en su osadía incluyó el reemplazo del Papa [Vaticano, revolución y contrarrevolución en América Latina; 20/03/2013: http://www.luis-bilbao.com.ar/?p=178]
Ellos obraron según una interpretación idealista del curso de la historia, atribuyendo a un individuo el fenómeno desatado en Venezuela, extendido en América Latina y proyectado hacia todos los puntos cardinales. Erraron, como ya puede verse a medio año de la desaparición de Chávez. Pero la mecánica contraria, sobre la misma base teórica, llevaría igualmente a error. Y puesto que el accionar imperialista persistirá, intensificado y extendido, un fallo conceptual de los revolucionarios puede significar la muerte de la Revolución. La interpretación idealista del liderazgo de Chávez, sea para defenderlo o atacarlo, lleva fatalmente a error. De allí la necesidad de ahondar en el tema.

***

En tan extraordinaria circunstancia histórica ¿cómo actuaron y actúan las fuerzas de la Revolución? ¿Sobre qué base teórica apoyaron sus definiciones? ¿Cuál era el andamiaje para analizar la Revolución Bolivariana y el papel de su líder? ¿Qué basamento tienen las previsiones sobre lo que vendría en Venezuela y América Latina?
Así como la irrupción de Chávez descolocó a prácticamente todas las organizaciones e individuos involucrados en la lucha por la revolución, su prematura e inesperada partida reprodujo errores de apenas una década y media antes. Pero no se trata aquí de hacer una crítica detallada de las posiciones adoptadas ante la coyuntura sino, por el contrario, de resumir nuestras propias posiciones, puesto que son las que entendemos imperativas para afrontar lo que viene.
En 2008, cuando era impensable la muerte natural de Chávez (aunque siempre estuvo presente la posibilidad de un atentado que lograra su objetivo), publiqué mi quinto libro sobre la Revolución Bolivariana y, como parte de ella, del papel de su líder [Luis Bilbao. Venezuela en revolución, Renacimiento del socialismo. Capital Intelectual, Buenos Aires, octubre de 2008] En el capítulo IV, titulado Masa, individuo y dirección, decía lo siguiente:

“Evaluar el papel de un individuo circunstancialmente prominente no es una cuestión menor y no está en absoluto vinculada con interpretaciones psicológicas. En el caso venezolano, la exigencia es más imperativa que en otros. Acaso por eso mismo, sobresalen tanto más los errores.
En materia de intelección inmediata de grandes acontecimientos la historia registra resbalones grotescos y el listado no perdona derechas ni izquierdas, deslucidas a la hora de distinguir en sus primeros pasos una revolución de una contrarrevolución. O viceversa. Contra lo que puede suponerse, no es sencillo reconocer la naturaleza de una transformación social en medio de las convulsiones que le dan origen. Tanto más difícil es prever la llegada de tales situaciones y, cuando suceden, ocupar en ellas un papel dirigente. Venezuela es ejemplo descollante de confusión teórica y política, a derecha e izquierda, desde el momento en que el statu quo recibió un golpe mortal con el Caracazo, luego con la abrupta aparición de un dirigente militar y finalmente con el recorrido de una revolución que en cinco años atravesó una sucesión de etapas hasta proclamarse socialista.
¿Qué papel le cupo a Hugo Chávez en esa marcha vertiginosa? ¿Es responsable del giro en 180 grados de la Venezuela del Pacto de Punto Fijo, o sólo el emergente de un estado de cosas insostenible?
Con el paso de lo siglos han cambiado las formas de interpretar la gravitación real de quienes conquistan lugares prominentes en el devenir de la historia. Hacia los 1700 el sujeto individual lo era todo. Luego, por el contrario, se atribuyó a causas generales un destino fatal para la sociedad, ante las cuales el individuo no podía sino malearse y someterse. La primera cargaba todo el peso del desarrollo histórico al genio individual, a los “grandes hombres”. La segunda, negaba por completo la capacidad humana individual para pesar sobre los acontecimientos trascendentales.
Más tarde el materialismo histórico vendría a dar basamento científico a una interpretación en la cual la libertad se conjuga con la necesidad y bajo determinadas condiciones el individuo cuenta en grado sumo, acaso de manera decisiva. Cupo a Jorge Plejanov desarrollar esa interpretación dialéctica que combinaba las causas generales con el papel del individuo en la historia:
‘Las relaciones sociales tienen su lógica inherente: en la medida en que las personas viven en un determinado relacionamiento mutuo se comportarán, pensarán y actuarán de una manera dada y no de otra. Los intentos por parte de hombres públicos de combatir esta lógica serán infructuosos; el curso natural de las cosas (por ejemplo, esta lógica de relacionamiento social) reducirá todos sus esfuerzos a la nada. Pero si yo conozco en qué dirección están cambiando las relaciones sociales debido a determinados cambios en el proceso de producción socioeconómico, podré también saber en qué dirección está cambiando la mentalidad social; consecuentemente, estaré en condiciones de influenciarla. Influenciar la mentalidad social significa influenciar los acontecimientos históricos. De allí que, en un cierto sentido, puedo hacer historia, y no será necesario para mí esperar que ésta sea hecha’ (a).
En los idus del siglo XX este andamiaje teórico legado por los dos siglos anteriores se disolvió en un eclecticismo insustancial. Arrastrada por la superficialidad periodística, la interpretación del papel del individuo en la historia dio lugar a una caricatura adaptada a cada necesidad: el sujeto individual reemplazó a las clases sociales y fue investido de todos los poderes, a la vez que se daba por descontada la intangibilidad del sistema capitalista, con lo cual el lugar de los ‘grandes hombres’ en la historia se limitó a la adquisición de aptitudes suficientes para lograr apariciones exitosas en televisión, ganar votos e impulsar, con la fuerza así obtenida, el ‘modelo’ económico dictado por la coyuntura inmediata. Un mismo golpe de publicidad postmoderna desconoció el peso de las causas generales, es decir, de la necesidad, y eliminó toda libertad individual frente al devenir histórico. Los asesores ocuparon el lugar del pensamiento teórico, las consultorías reemplazaron a los partidos y la encuesta sustituyó la defensa de opiniones fundadas y la educación de las masas.
No es sorprendente que en semejante ambiente la aparición de Hugo Chávez fuera desdeñada, atacada o ensalzada, pero casi sin excepción incomprendida. Luego, ya con la dialéctica histórica a toda velocidad, esa misma incomprensión llevaría a la reacción internacional a identificarlo con la causa de todos los males, a la vez que una porción para nada desdeñable de las izquierdas transformaría su figura en poco menos que un ícono viviente, mientras que otra porción igualmente significativa continuó identificándolo con una mera variante de las incontables artimañas del capital para sobrevivirse. El factor común a todos, desde luego, es la incomprensión de la realidad mundial, del papel de América Latina en ese conjunto y del peso objetivo de Hugo Chávez sobre la marcha de la historia en este momento crucial de la humanidad.
En descargo de tanto desacierto hay que decir que errores de pareja magnitud fueron cometidos por no pocos ‘grandes hombres’ a lo largo de la historia”.
Soslayada la crítica de las posiciones de izquierdas frente a la irrupción de Chávez, tras su desaparición importa más aún que antes subrayar la dialéctica entablada entre la agonía del sistema en Venezuela y el líder aparecido en la sublevación militar del 4 de febrero de 1992. Permítasenos por tanto volver al capítulo citado, saltando por sobre una veintena de páginas:

“(…) es la estrategia, no la psicología, la disciplina que explica a Chávez. Desde el juramento del Samán de Guare, no ha cesado de transmitir, todo el tiempo, por todos los medios, ante cualquier auditorio, conocimientos, convicciones y propósitos. Éstos mismos han ido cambiando, desenvolviéndose, hasta transformar en ciertos casos su contenido original en lo contrario (el más notorio es su adhesión inicial a la ‘tercera vía’, formal y públicamente autocriticada años después). Pero la actitud invariable ha sido compartirlos, tal vez en la convicción de que enseñar es aprender, transformando la política en docencia permanente. Ocurre que enseñar es también aprender, transferir ideas a una o millones de personas equivale a recibir de ellas nociones, conceptos, valores. Chávez personifica esa dialéctica. La simbiosis resultante ha dado como saldo la elevación asombrosa en la conciencia de las mayorías venezolanas, así como la clave para explicar la propia línea de marcha del Presidente. Con el mundo entero empujando en sentido contrario a la revolución socialista, es un prodigio que el conservadurismo propio de ese sector especial de las clases medias, la fuerza armada, combinado con la lógica reformista de un movimiento de masas en el que prevalecen las mayorías desocupadas o cuentapropistas y un proletariado sin plena conciencia, sin dirección propia, no haya doblegado la voluntad de quien marcha en primera fila y ocupa el lugar de comandante. La dialéctica negativa que hizo de Lula y el PT, por ejemplo, un líder reformista y una organización capaz de sepultar su propio programa inicial, en Venezuela obró de manera inversa, alumbrando un proceso revolucionario que lejos de llevar a un remanso un torrente embravecido, produjo un salto cualitativo en la evolución política de la sociedad al darle a la mayoría sumergida un contenido programático y organizativo enderezado hacia la transición al socialismo.
Hacia 1902, con el célebre Qué hacer de Lenin se inició en Europa un debate teórico que aún perdura, ¿pueden por sí mismos los trabajadores, las masas desposeídas, transformar sus reclamos sociales en conciencia revolucionaria socialista? Sin teorizar Venezuela salda en los hechos el dilema: Hugo Chávez obra como motor y vehículo de la conciencia de millones. Pero si la buena teoría asegura que ningún partido puede sustraerse a la realidad de la masa cuyos sentimientos encarna, tanto más ha de valer esa certeza cuando se trata de un individuo. Es patente que la realidad social, cultural e ideológica de la masa y las vanguardias que apoyan a Chávez condicionan y hasta cierto punto determinan su accionar y explican buena parte de su conducta. Lo notable del fenómeno no reside en los pasos a menudo cruzados en el andar político de la Revolución Bolivariana, sino la resultante de ese movimiento en sus primeros 10 años de desarrollo: siempre adelante, invariablemente en el sentido de mayor radicalización, amplitud y profundidad.
He allí –para usar la expresión de Plejanov– la ‘significación colosal’ de Hugo Chávez: en él vienen a expresarse la necesidad de un época, las causas generales que dan lugar a una crisis sin precedentes del sistema capitalista, el acervo político histórico de América Latina, el agotamiento de los instrumentos políticos de las clases dominantes para ejercer el poder. Con o sin Chávez, esa fuerza poderosa busca un cauce y al hacerlo descoyunta los regímenes burgueses de toda Suramérica.
No obstante, el desarrollo de la Revolución Bolivariana hasta el punto al que ha llegado, así como su futuro por todo un período que no será breve, reposa sobre los hombros de este individuo, con un grado de dependencia apenas un punto menos que absoluto. Ése debería ser un eje obligado para el análisis y el accionar político. El futuro depende de que la masa asuma conscientemente su condición de clase, el individuo complete su deliberada transmutación en Partido y quede conformada, como culminación de un proceso de rescate y recomposición, una dirección revolucionaria en Venezuela, con proyección y articulación internacionales. Esas tres tareas de dimensiones históricas tienen por tanto un punto de apoyo decisivo en la figura de Hugo Chávez, pero dependen en última instancia de la capacidad de las vanguardias para ensamblar el papel del individuo con el movimiento de las masas, lo cual estriba a su vez en la capacidad para interpretar la realidad internacional y saber actuar a partir de ella en la transición local”.

Definida la extrema dependencia del proceso revolucionario respecto de la figura y el liderazgo efectivo de Hugo Chávez y planteadas tres necesidades y tareas ineludibles, en aquella coyuntura con él al comando del timón, el capítulo terminaba diciendo:

“Sin el concurso de la ciencia como columna maestra para sostener y guiar la voluntad revolucionaria, masas y vanguardias tomarían por senderos que se bifurcan y dejan al individuo ante la fatalidad de las fuerzas ciegas de la historia, en momentos en que la crisis capitalista hace que éstas empujen en sentido inverso a las necesidades humanas”.

 

Subjetividad y fuerzas materiales:

las guerras de nuestro tiempo

A mediados de 2013 no puede afirmarse que en Venezuela la masa trabajadora, juvenil y popular asumió a plenitud conciencia de clase; el Partido resiente la ausencia de su fundador; afirmada como tal, la Dirección Revolucionaria tras sortear el obstáculo jamás inesperado brega con tantos y tan grandes desafíos que resulta excesivo esperar de ella una inmediata acción eficiente en función de la articulación de una fuerza internacional revolucionaria, pese a que allí estriba justamente su posibilidad de consolidación y superación.
Dicho de otro modo: no ha sido transpuesto aún el ‘punto de irreversibilidad’ en la transición al socialismo; no quedó completado antes de la partida de Hugo Chávez el período en el que la marcha de la Revolución reposó de manera determinante sobre sus hombros.
Y esto adquiere su verdadera magnitud a la luz de la respuesta que se dé a las cuestiones planteadas al inicio de este texto, resumibles en la siguiente: ¿está el capitalismo ante un nuevo ciclo de estabilidad y crecimiento?
No somos pocos quienes frente a esta pregunta pronunciamos un rotundo no. Tampoco son escasas las voces que, sin llegar a afirmar la idea de un futuro amasado en la argamasa capitalista, entrevén un muy largo período de recuperación relativa, suficiente para sostener la centralidad del poder imperial y el control político del planeta desde los instrumentos tradicionales que dan continuidad al capital (partidos, sindicatos, universidades, iglesias, aparato de difusión). Y están, desde luego, los propagandistas del sistema, cargados de premios Nobel.
Nos desentenderemos aquí de éstos y de los segundos, para sólo referirnos a quienes tienen la certeza de la actualidad e inexorable aceleración de la crisis estructural del sistema y la objetiva deriva guerrerista del imperialismo.
En cuanto a la fundamentación de esta certeza, remitimos a los textos publicados en América XXI, recopilados en Trinchera de ideas. América Latina y el mundo entre 2003 y 2012 [Luis Bilbao. Trinchera de ideas; Fuenap, marzo de 2012]. Aquí se trata exclusivamente de presentar y debatir la respuesta política revolucionaria a una situación de crisis sistémica imposible de sanear sin destrucción masiva, a escala planetaria, de bienes y personas. Día a día se evidencian las medidas a las que, por diferentes vías y con multiplicidad de actores, apela el capital para promover esa destrucción de valor imprescindible para su sobrevivencia pero, más que nunca antes, incompatible con la existencia humana.
Ante los riesgos de sanear el sistema con métodos tales como la Iª y IIª Guerras Mundiales, el capital se ha lanzado a la sistematización de la barbarie inducida: con la rémora de Vietnam, en una escala mayor y cualitativamente diferente a la experimentada en Afganistán e Irak fueron perfeccionando un modelo que Washington busca amplificar. Sobre la base de hendiduras sociales históricas en un pueblo dado (de origen religioso u otros), se promueve la guerra interna con mínima intervención militar directa de fuerzas imperialistas. El Departamento de Estado y sus secuaces europeos promueven el terrorismo a gran escala, al que alimentan militar y financieramente con apenas disimulo, sobre la base de la utilización de mercenarios a gran escala.
La guerra es, así, aparente resultado de fracturas sociales internas, pese a que proviene de otro origen y es practicada por actores externos, mercenarios en un sentido y con magnitudes hasta ahora no conocidas. La destrucción adquiere formas particularmente inhumanas, pero eficientes a los efectos requeridos por el capital. Aunque el precio inmediato es horroroso, es mayor aún el daño a mediano y largo plazos por la degradación que en todos los órdenes provoca el terrorismo que, una vez puesto en movimiento, es practicado por partes de la comunidad contra otras del mismo entorno.
No en vano el fanatismo religioso es una de las resultantes de esta barbarie inducida por los centros de una civilización agónica. Desde el cristianismo originario hasta la resistencia contra el fascismo y el nazismo, pasando por las dictaduras tradicionales en América Latina, el sufrimiento extremo provocado por el accionar militar de los defensores del statu quo muy lejos de quebrar el espíritu de lucha de los sectores más avanzados de una sociedad, llevó a elevadas expresiones de conciencia y combatividad, honradas hoy por todas las culturas. Por el contrario, el terrorismo inducido, la barbarie sistematizada desde fuera a partir de hendiduras reales en una sociedad, destruye también la moral y la conciencia de masas y vanguardias y abre paso a un nuevo tipo de guerra que, basada en el principio fascista de reprimir al pueblo con las propias fuerzas populares, transfigura el principio mismo de la guerra, en cuanto el enemigo se desdibuja y confunde.
Esa transfiguración de la guerra se explica por una razón de fondo, en apariencia paradojal: no es la confrontación de un pueblo contra otro la que lleva a la acción bélica, no es un gobierno y un régimen contra otros, no es un país contra otros, sino un sistema que se combate a sí mismo, necesitado de amputarse para sobrevivir. Sólo la destrucción en escala masiva de mercancía sobrante (incluidos los seres humanos), puede sanear el sistema. La ley de la baja tendencial de la tasa de ganancia ya no encuentra oxígeno extendiéndose hacia nuevas fronteras. Ya se cumplió sobradamente la etapa histórica durante la cual los límites insuperables del capital podían resolverse temporariamente ocupando otros espacios, otras economías. De hecho, la caída de la Unión Soviética, al abrir a las leyes crudas y puras del mercado mundial las compuertas de aquellas regiones que estaban siquiera parcialmente protegidas, en términos históricos asestó una puñalada mortal al sistema capitalista como un todo internacional.
Pero, a la par de esa necesidad, los centros imperialistas carecen de la fuerza político-militar para llevar a cabo victoriosamente una guerra tradicional. Los revolucionarios hemos prestado insuficiente atención a los ejemplos de Afganistán primero (incluso desde los pasos que llevaron a la intervención soviética), Irak después, posteriormente Libia, más tarde Siria y ahora Egipto.
En consecuencia, no estamos suficientemente pertrechados para afrontar el accionar imperialista en esta nueva fase de la contrarrevolución mundial. Basta ver los desvíos de fuerzas revolucionarias e intelectuales comprometidos al alinearse, por ejemplo, con los supuestos rebeldes democráticos de Siria.
Estados Unidos ensayó ese método en América Latina. Fue ostensible en los innumerables intentos por provocar un choque bélico entre Colombia y Venezuela. Allí también se vio la insuficiencia en la mirada de no pocos revolucionarios, que no comprendieron –muchos no lo han descubierto todavía– los extremos a los que debió apelar Chávez (Maduro sigue puntualmente esa línea) para cerrar esa vía de entrada al guerrerismo imperialista. En Bolivia los intentos discurrieron por un modelo más conocido para el Departamento de Estado –la división del país a partir de una histórica fractura étnico-cultural-económica– aunque también fracasó redondamente. Allí la capacidad de respuesta correspondió a la vanguardia revolucionaria boliviana encabezada por Evo Morales, pero acompañada con inusual celeridad y eficiencia por los países del Alba –otra vez, el papel de Chávez– de inmediato prolongada por Unasur. Pero si en esas oportunidades falló, la línea de acción de Washington continúa. Sectores particularmente corrompidos de las burguesías regionales lo acompañan. La instalación de bases no convencionales para guerras futuras menos convencionales aún, golpes de Estado quirúrgicos y camuflados, ensayo de alianzas comerciales, son entre tantos otros los recursos utilizados para bucear en los resquicios, en las fallas estructurales, siempre activas o latentes en cualquier sociedad humana. Allí, por diferentes medios según el caso, los agentes del capital buscan introducir cargas explosivas que detonen situaciones de consecuencias previsibles a la luz de lo que ocurre hoy en Siria y Egipto.
Es claro que la destrucción actual –y la que viene en el futuro inmediato– es insuficiente para resolver la aludida necesidad de saneamiento estructural. Al cabo, esa tarea de demolición masiva debe realizarse en las sociedades económicamente más desarrolladas, lo cual impide excluir la detonación de guerras capitalistas clásicas. Pero es improbable que el sistema practique la autofagia en sus centros vitales antes de que le sea absolutamente imprescindible por razones de competencia interimperialista o de sublevación interna incontrolable. Por el contrario, redoblará su accionar en los sitios que le resulten menos lesivos en lo inmediato aunque el objetivo obligado, sin medir consecuencias, reside allí donde pueda afirmarse una respuesta estratégica a esta dinámica de destrucción mundial. Eso es, precisamente, América Latina.

 

Venezuela y el Alba

Descartada cualquier interpretación metafísica del papel del individuo en la historia, medido el daño producido por la desaparición de Chávez, resta evaluar el saldo de la tarea por él cumplida y trazar un plan para completarla. En ella hay tres dimensiones: la venezolana, la latinoamericana y la internacional propiamente dicha.
Al comenzar por el curso político interno inmediatamente posterior a la muerte de Chávez, queda un saldo rotundamente positivo cuyo centro reside en la afirmación de una Dirección Revolucionaria unida, la victoria electoral del 14 de abril y los esfuerzos ciclópeos realizados por los principales cuadros desde entonces para resolver los innumerables puntos flojos del entramado político-económico-ejecutivo resultantes de una década de revolución pacífica y dos años de agonía de Chávez. Quejosos los hay por miles. Críticos sólidos, bastante menos. Pero a la vista está el hecho incuestionable de que un complejísimo cuadro económico, multiplicado por una furiosa embestida burgués-imperialista, fue en principio controlado y encaminado a su resolución en medio de una realidad política signada por el tremendo trauma de la muerte del líder. Lejos de un optimismo panglossiano, la realidad político-social venezolana, a menos de cuatro meses de una nueva confrontación electoral, esta vez para elegir alcaldes, muestra una línea de consolidación que, si bien debe ser todavía medida en términos comiciales, es inequívoca en términos políticos y se traduce en neto respaldo social mayoritario a Nicolás Maduro y al curso impreso por la Dirección Revolucionaria. Sobre esa plataforma, las tareas pendientes –en primer lugar la adecuación y reestructuración del Psuv, obligada por la ausencia de su numen fundador– permite prever con fría objetividad un curso de afirmación positiva. Sin embargo, aquí vale un axioma: la consolidación de la Revolución Bolivariana, la transición al socialismo, la superación del punto de no retorno, se juegan tanto al interior de Venezuela como en el terreno latinoamericano y mundial. Y en última instancia, es en ese plano internacional donde se librará la batalla que al cabo permitirá o no la abolición del capitalismo, la salvación de la humanidad y, por tanto, la marcha victoriosa de la revolución en Venezuela.
De allí la importancia del desempeño en ese plano del equipo gobernante: asunción por Maduro de la presidencia del Mercosur; reinicio de las relaciones con Washington y réplica inmediata, congelando esa vía de normalización diplomática cuando, con clara intención de medir fuerzas y colocar a Caracas en situación de subordinación, la Casa Blanca lanzó un vil ataque contra la Revolución; participación en la reunión de países productores de gas convocada por Rusia y luego, ante la incalificable agresión imperialista a uno de los participantes, Evo Morales, inmediata y durísima réplica mediante Unasur, Mercosur y luego, en tono mayor, desde el Alba.
En todos estos pasos se vio a los gobiernos del Alba (ahora nueve, con la incorporación de Saint Lucia en la cumbre de Guayaquil) en un creciente ensamble de neta confrontación con los centros imperialistas, que además reiteró en cada instancia la necesidad de articular igualmente a Partidos y fuerzas sociales de los países de ese bloque acompañados por los de toda la región.

 

Obstáculos y dilemas teórico-políticos

Este marco auspicioso no puede ocultar amenazas cada vez más visibles que asedian a la revolución latinoamericana, entre las cuales destacan:

Punto crítico en la convergencia latinoamericana. Una sabia y eficiente diplomacia imperialista obtuvo en los últimos años logros tácticos de riesgosas derivaciones estratégicas. Apuntadas a la división dentro de cada país y entre estos con sus vecinos, a la vuelta de un quinquenio han tenido un éxito desigual que, en conjunto, supera lo inicialmente esperado por los gobiernos más comprometidos con la estrategia contraria. La dinámica de convergencia ha sido frenada y en casos vitales revertida. Sin necesidad de detalles, puede afirmarse que todos aquellos gobiernos que vacilaron –o por definición ideológica se negaron– a encarar una franca política de transición anticapitalista, cayeron en mayor o menor medida en la red imperialista. No por previsible es menos ominoso este saldo. Quedan a la vista tres bloques con dinámicas diferenciadas y, a término, contrapuestas: el Alba, la Alianza del Pacífico (más Paraguay y otros países centroamericanos), y en un tercer parámetro Brasil y Uruguay, estratégicamente descoyuntados ambos entre las perspectivas de afianzar una unidad suramericana antimperialista o refugiarse en convergencia desesperada con Estados Unidos y la Unión Europea a expensas de Unasur y Celac.

Inútil esperar una resolución a este dilema por parte de los gobiernos actuales e inmediatos futuros de estos dos países así como de los cuatro resueltos a integrar la Alianza del Pacífico (Chile, Perú, Colombia y México, más los que hacen fila para incorporarse bajo el chasquido del látigo yanqui).

Degeneración de viejos Partidos y freno a la emergencia de los nuevos. Un rasgo de la crisis actual es la disgregación social. Los partidos tradicionales del capital, cuando existen como tales, están corrompidos hasta la médula. Suponen no ya la instrumentación de políticas de naufragio burgués, sino la degradación del pensamiento y la acción política, con devastadores efectos destructivos sobre la masa popular en términos de conciencia social y moral pública. A la par, la emergencia de grandes organizaciones políticas con vigor programático y capacidad para promover la participación plural y democrática está trabada. En Venezuela, después de su formidable salto fundacional, aun afirmado como vehículo de asunción política masiva, movilización colectiva y formidable herramienta electoral, el Psuv no logra afianzarse como nexo vivo entre las masas y el gobierno al punto necesario para obrar como organizador y educador colectivo en condiciones de librar la guerra contra el sistema capitalista en todos los terrenos. Está a la vista el esfuerzo hercúleo de buena parte de la Dirección Revolucionaria que, en medio de las exigencias de la transición, intenta revitalizar y potenciar las fuerzas originarias del Psuv, plasmadas en documentos claves de su historia y en la incansable tarea educativa de Chávez. En Bolivia y Ecuador, donde por diferentes vías aparecieron nuevas fuerzas políticas capaces de encauzar la voluntad mayoritaria en los primeros pasos de la profunda transformación en curso, estas instancias han quedado frenadas en un punto intermedio. Distante de estos casos, en Perú la instrumentación electoral de una masiva voluntad de cambio, muy lejos de transformarse en fuerza partidaria con programa anticapitalista ha derivado en factor de freno y confusión, sin que hasta la fecha se perciban puntos de apoyo para una superación revolucionaria. En México y Argentina, donde el cuadro político-partidario tradicional ha llegado al máximo de degradación, no hay atisbos de conformación de nuevos partidos con voluntad y capacidad revolucionaria. En Chile y Uruguay, con formas diferentes de frentes electorales que han gobernado durante años, la asimilación de sus estructuras y dirigencias al sistema no presenta, como contraparte, estructuras, cuadros y programas para salir de esa regresión. Fuera de análisis queda Colombia, donde la eventual consecución de la paz abre la posibilidad de conformación de una poderosa fuerza revolucionaria de masas, con estrategia antimperialista y anticapitalista. Por último, en Brasil el Partido dos Trabalhadores, pionero en la renovación del panorama político latinoamericano cuando comenzaba a verificarse la completa putrefacción de los antiguos partidos del capital, tras haber recorrido paso a paso el camino de integración al sistema y con 10 años de gobierno, aliado con aquellos partidos a los que enfrentó en su nacimiento y primer desarrollo, no da muestras en la teoría, la política y la organización, del vigor necesario para remontar su vertiginosa caída, no negada por sucesivas victorias electorales.

Elecciones. Como directa expresión de la ausencia de partidos revolucionarios socialistas con arraigo en las masas, con excepción de los miembros del Alba, los procesos electorales en las sociedades latinoamericanas muestran signos de agotamiento como expresión de la democracia. Comicios regulares y eventuales recambios de gobiernos al compás de un constante empeoramiento de las condiciones sociales y el ostensible festival de corrupción de los aparatos gobernantes en función del capital, todo amarrado por instituciones que para la participación electoral exigen cantidades fabulosas de dinero y alimentan el recambio exclusivo entre representantes del gran capital, producen un desencanto general con esta mascarada democrática y obligan a sectores de la vanguardia a preguntarse por nuevos caminos para alcanzar mudanzas verdaderas. Paraguay es un caso clave, pero está lejos de ser el único.

Pluripolaridad. Éste fue un vector fundamental en la estrategia internacional de Chávez. Su enorme potencia reside precisamente en la posibilidad de encauzar las fuerzas centrífugas generadas por la crisis capitalista hacia la conformación de bloques de diferente naturaleza pero aunados en su distanciamiento defensivo de los centros imperiales (es la forma contemporánea del concepto Frente Único Antimperialista elaborado por la Tercera Internacional en tiempos de Lenin y Trotsky). Con intrépida sagacidad y eficiencia, en momentos de eclosión de la crisis el gran capital imperialista respondió rearticulando el G-20, el cual serviría desde 2008 para imponer la política de salvataje global elaborada en Washington y Bruselas. Ese paso desanduvo en buena medida el camino recorrido en la primera década del siglo. La reaparición de la crisis estructural, todavía invisible a la mirada superficial, conflictúa por estos días ese grupo eficiente durante cinco años decisivos para evitar el pasaje de la recesión a la depresión. Pero la nueva dinámica centrífuga no encuentra un centro de atracción antimperialista con suficiente poder. La citada reunión en Moscú de productores de gas, con la participación de Rusia, Venezuela, Irán, Bolivia, Ecuador y otros países (y la comprensible réplica brutal del imperialismo), el zigzagueo irresuelto en la agresión a Siria (Rusia y China mediante), el callejón sin salida de Estados Unidos en su intento de emplazar misiles de largo alcance en los bordes de Rusia, son algunos entre muchos otros signos de que la evolución tendencial hacia un contrabloque del G-20 cuenta con suficientes fuerzas motrices aunque no con estrategia explícita y liderazgo suficiente.

Caminos de la transición. Aun en este cuadro de severas dificultades, la marcha con rumbo antimperialista y anticapitalista de los países del Alba avanza paso a paso. Hay barreras objetivas (PIB conjunto comparado sobre todo con los tres mayores países de la región, insuficiente acumulación primitiva, subdesarrollo industrial y científico-técnico, falta de instrumentos políticos a la altura de las exigencias…) que plantean límites sólo superables mediante dos factores: tiempo y extensión de la estrategia anticapitalista a todas o algunas de las economías mayores (Brasil, México, Argentina). Resistir y ganar terreno mientras esa posibilidad se realiza es la gran tarea a la que todo genuino revolucionario, en América Latina y en cualquier parte del mundo, está compelido a contribuir con el máximo de esfuerzo, lucidez y disciplina. Se trata de la mayor amenaza política actual al sistema capitalista y, por tanto, será atacada por los centros imperialistas desde todos los flancos, sin excluir el de la violencia a gran escala si se les permite.

Disritmia en el corazón del capital. Movimientos de víctimas de la crisis en los países centrales conmovieron Europa e hicieron una aparición fugaz en Estados Unidos. Impensable un mundo futuro sin la participación de los proletariados y las juventudes en los países imperialistas. A la vez, impensable el desarrollo y radicalización efectivos de esos movimientos sin un choque frontal con las fuerzas reformistas pro-capitalistas dominantes en partidos y sindicatos. Desde hace años se estructuró una alianza socialdemócrata-socialcristiana para cerrar el paso a cualquier variante revolucionaria. Las formaciones alternativas están a menudo cribadas por concepciones antipartido o por sectarismo, enfermedades ambas que impiden su transformación en alternativas reales de lucha por el poder y la revolución. También aquí el tiempo es un factor insoslayable; aunque si éste es relativo en cualquier circunstancia, tanto más lo es cuando se desencadena una crisis y las masas quedan ante situaciones extremas.

Un centro internacional para la revolución. A la disgregación capitalista sólo puede contrarrestarla la centralización por el socialismo. Los esfuerzos por la unión antimperialista a gran escala serán frustrados –¿cuántas veces se ha visto esto en el último medio siglo?– si no aparece y se afianza con poder real un centro internacional por el socialismo. Entre las muchas intuiciones geniales de Chávez, ésta fue la más brillante y osada. También la menos meditada y aquilatada por cuadros y partidos anticapitalistas en el mundo. Su llamado a la creación de una Vª Internacional fue respondido con inmediato apoyo en innumerables casos a escala global, pero soslayado o rotundamente enfrentado por fuerzas fundamentales. Era uno de sus objetivos principales cuando lo atacó la enfermedad. Y el proyecto estratégico cayó en saco roto, tanto en la acción como en el pensamiento anticapitalistas. No es función de gobiernos crear una internacional revolucionaria. Pero sí les corresponde a ellos impulsarla, directa e indirectamente, a través de partidos, cuadros y líneas políticas de acción estratégica. Como sostuvimos en 2009, cuando el comandante Chávez lanzó la idea, estamos convencidos de que tal instancia organizativa se asemejará más a la Primera Internacional, fundada por Marx y Engels, que a las que la sucedieron: “En la actualidad, por razones objetivas y subjetivas una organización internacional no puede pretender la homogeneidad ideológica que originalmente tuvieron la IIª, IIIª y IVª. Por el contrario, en lo que hace a su heterogeneidad superaría largamente a la Iª, aparte de que no resultaría del impulso consciente y organizado de una vanguardia obrera con aval de masas” [Ibid. Hora de definiciones. Chávez llama a la Vª Internacional; pág. 356]

Esta certeza no contradice la necesidad de organización partidaria, sino lo contrario, con la capacidad para incorporar a millares de instancias políticas, sindicales, campesinas, estudiantiles y populares de todo tipo. Se verá si la mirada realista de direcciones políticas con aval de masas no se reduce al accionar pragmático.

 

Colofón

No: el fantasma de una depresión mundial, superior en todos los órdenes a la de 1929, lejos de haber huido, planea cada vez a menor altura sobre las grandes economías. No: la Unión Europea no salió de la recesión; Estados Unidos al contrario de haber revertido la caída de 2008 vio el aumento de la desocupación, la disminución del nivel de vida del conjunto social y la distorsión sin precedentes de sus números macroeconómicos arrastrados por una emisión sideral, base de la pausa en la caída. No: China no continúa jugando el papel de dinamizador de la economía mundial al nivel requerido por la crisis occidental. Por el contrario, en dinámica de estancamiento, obrará más y más como feroz competidor, en tanto gran potencia industrial. En cuanto a los restantes Brics, con la excepción relativa de Rusia y con Brasil a la vanguardia, no son ya, ni pueden en ninguna hipótesis ser a mediano y largo plazos, el motor capaz de mantener en vuelo a la aeronave averiada del sistema dominante.

En suma: la pervivencia del capitalismo requiere, como siempre para sanear su estructura y remontar una crisis, control y abaratamiento de fuentes energéticas y materias primas (primera exigencia para contrarrestar la ley de la baja tendencial de la tasa de ganancia), destrucción de valor por doquier (condición para resolver la sobreproducción) y acción contrarrevolucionaria en cada punto donde pueda aparecer un faro anticapitalista. Todo esto conduce a la guerra, clásica o postmoderna. La tragedia provocada en Siria por Washington y Bruselas es un ominoso adelanto. América Latina, en particular los países del Alba, afrontan esa realidad o sucumben ante la supremacía político-militar del conjunto imperialismo-burguesías locales. Aliados, munidos de poderosísimos recursos, socialdemocracia y socialcristianismo trabajan para sostener el capitalismo, aunque dicen estar contra el autoritarismo y la guerra (muchos pueden incluso creerlo, puesto que, como dice Adriano por la pluma de Marguerite Yourcenar “a la larga la máscara se convierte en rostro”).

Este dilema está planteado en ausencia del Libertador socialista, quien citando al Che insistió siempre en la necesidad de estar “un paso delante del caos”.

Permítasenos repetir, ahora en clave latinoamericana, que el futuro depende de que la masa asuma conscientemente su condición de clase, el individuo complete su deliberada transmutación en Partido y quede conformada, como culminación de un proceso de rescate y recomposición, una dirección revolucionaria en Venezuela, con proyección y articulación internacionales.

Una inmensa labor de difusión y debate, de educación de masas, de enseñar para aprender, de organización política en cada país y a escala internacional, es la contribución que propongo, con carácter impostergable, a las y los participantes en este VIIº Congreso Internacional de Filosofía.

 

Buenos Aires, 24 de agosto de 2013

 

 

entrevista con RT

«EE.UU. tiene un efecto destructivo para las relaciones internacionales»

RT

 

Al menos 10 países han expresado su voluntad de participar en el ataque de EE.UU. en Siria, indicó la portavoz del Departamento de Estado de EE.UU., Jen Psaki. El analista internacional Luis Bilbao opina que, mientras dicen que cuentan con el apoyo de diez, habría que subrayar que tienen la oposición de más de 100, y agrega que ahora «en la reunión del G-20 está viéndose el efecto destructivo para las relaciones internacionales, con EE.UU. en el centro, que tiene la amenaza de ataque a Siria».

 

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