reseña

La identidad internacional de Brasil

porLBenLMD

 

De Celso Lafer

Editorial: FCE
Cantidad de páginas: 150
Lugar de publicación: Buenos Aires
Fecha de publicación: Junio de 2002

 

No es preciso coincidir con la óptica, el basamento conceptual o las conclusiones del autor, para valorar este pequeño libro del canciller brasileño. Y gratificarse leyéndolo: es inhabitual por estos tiempos –y en estas latitudes– hallar un alto funcionario con ideas y líneas de acción estratégica claras y distintas. El origen académico del texto, transformado en libro durante el año 2000, no obsta para que sus páginas sean de llana lectura.

Lafer parte de una reivindicación histórica de la diplomacia brasileña y fundamenta “la fuerza profunda, de larga duración”, determinante según su opinión en “la organización del espacio sudamericano como ambiente favorable a la paz y el desarrollo que ha sido, desde (el Barón de) Rio Branco, una constante de la política exterior brasileña y un componente fuerte de la identidad internacional de Brasil”.

No faltan fundamentos para laudar esa continuidad. Pero de hecho el canciller se impone al historiador y el político al académico: el libro es ante todo un programa de acción, que si bien guarda correspondencia con la tradición de Itamaraty, cobra un nuevo carácter –y singular vigor– con el equipo que Lafer integra, cuyo punto más alto fue “la inédita e innovadora Reunión de Presidentes de América del Sur, llevada a cabo en Brasilia los días 30 de agosto y 1 de septiembre de 2000” (*1).

Aquel acontecimiento –reiterado recientemente en Guayaquil– plasma un conflicto hemisférico que gravita hoy sobre cada país del área.

 

1 Dossier “La hora de Sudamérica”, Le Monde

diplomatique, edición Cono Sur, septiembre de 2000.

reseña

Amérique Central. Les naufragés d’Esquipulas

porLBenLMD

 

De Maurice Lemoine

Editorial: L’Atalante
Cantidad  de páginas:810
Lugar de publicación: Nantes
Fecha de publicación: Abril de 2002

 

Esquipulas, pequeño poblado guatemalteco, dio su ignoto nombre al acuerdo firmado el 7 de agosto de 1987, que marcaría, señala el autor, “lo que aún se considera el punto de partida de la democratización y de la construcción de la paz en América Central”. Puede que hoy la palabra Esquipulas no tenga significación alguna para la mayoría de quienes se interesan por la actualidad y el futuro de América Latina. Sin embargo, con la irrupción de una nueva etapa en la relación entre Estados Unidos y los países al Sur del Río Bravo resumida en hechos tales como el fallido golpe contra Hugo Chávez en Venezuela, el colapso argentino y el surgimiento del dirigente campesino Evo Morales en Bolivia, es oportuno volver sobre aquel momento crucial de la historia reciente.

Los años ‘80 estuvieron signados por la revolución sandinista en Nicaragua, el avance impetuoso de las guerrillas del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional en El Salvador y de la Unión Revolucionaria Nacional Guatemalteca. La otra cara de esta medalla fue la intervención directa de Estados Unidos en la región en el marco de una contraofensiva estratégica tan abarcadora como el desafío al que Washington debía enfrentar por entonces. A través de esta crónica histórica minuciosa y abarcadora, Maurice Lemoine presenta al lector el contexto real de aquella confrontación trascendental, expone a los protagonistas y permite observar el papel de cada uno y su evolución desde entonces.

Observando este pasado a la vez reciente y remoto, el presente aparece bajo otras luces. El registro de los hechos deja mal parado no sólo a Estados Unidos, con su ejército mercenario asentado en Honduras y operaciones terroristas de la CIA en toda la región, sino también al Vaticano y la socialdemocracia internacional. Dice Lemoine: “Después de una fase de fascinación por la revolución sandinista, la Internacional Socialista toma distancia, con la argucia de la radicalización del régimen y la presencia un poco demasiado visible de su aliado cubano. El viraje coincide con la mudanza ideológica que lleva a los socialistas europeos y latinoamericanos (…) al compromiso con el pensamiento neoliberal”. La experiencia del istmo, las conductas de las dirigencias, la evolución económica y política (todo registrado sin anestesia por el autor) permiten observar desde otra perspectiva la situación actual en toda América.

Pasando de los hechos cotidianos al registro de los grandes dilemas teóricos y políticos, Lemoine describe la vida en las maquilas y los zigzagueantes pasos de las izquierdas frente a una realidad que el autor capta en sus detalles: “Si el ‘primer mundo’ interpreta la caída del muro de Berlín como el ‘triunfo del capitalismo’, América Latina continúa en la experiencia desastrosa del ‘capitalismo real’”. O como le confiesan a Lemoine las obreras de una maquila en Nicaragua: “ellos son peores que los gringos”; lo cual en buen romance traduce una conclusión temible: la explotación en la fábrica es peor que la guerra en la montaña…

El Aleph en la quinta de Olivos

porLBenLMD

 

La reunión de presidentes del Mercosur, Chile Bolivia y México, realizada en la quinta presidencial los días 4 y 5 de julio, resumió el cúmulo de dificultades de las economías latinoamericanas, las pugnas entre el Norte y el Sur frente a la emergencia, y las severas dificultades de las economías centrales reflejadas en escándalos de corrupción y caídas bursátiles.

 

Extraño sino el del Mercosur. Fue forjado originalmente como instrumento económico regional al margen -y a menudo en contra- de los intereses de las naciones y pueblos componentes. Su desarrollo, siempre zigzagueante, le confirió gradualmente otro carácter: menos amarrado a los requerimientos inmediatos de un grupo de transnacionales y más anclado en el carácter de instancia de unión mercantil regional, camino por el que avanzó considerablemente, antes de ser objeto de fuego graneado desde dentro y fuera. Y ahora, cuando apenas respira en medio de un cataclismo económico que excede en mucho sus fronteras, adquiere carácter político, casi valor de símbolo y se replantea como una abstracción temible: de frustrada unión aduanera, a barrera geopolítica. Y cuando menos es lo primero, más se aferra a su nuevo papel, sin lograr no obstante definirlo y asumirlo.

Esa ambigüedad dominó el ambiente de la reunión de presidentes del Mercosur más Chile y Bolivia, a quienes se sumaría -novedad distintiva de la difícil coyuntura- el de México. Más que el encuentro jubiloso de dirigentes lanzados tras un proyecto de alcance continental, la reunión pareció una cita de familiares mal avenidos, forzados a estrecharse la mano por alguna circunstancia trágica. Bajo los efectos del «contagio» argentino y con cada mandatario -por diferentes razones- en escasísima posibilidad de ejercer el poder, Eduardo Duhalde, Fernando Henrique Cardoso, Jorge Batlle, Luis González Machi, Jorge Quiroga, Ricardo Lagos y Vicente Fox, eludieron a la prensa y toda instancia que pudiese echar luz sobre la naturaleza del encuentro y despejara la incógnita mayor: el presidente Fox ¿vino como embajador de Washington para neutralizar el Mercosur, quebrar la resistencia de Brasil, extender el Tratado de Libre Comercio (TLC) del que su país es parte con Estados Unidos y Canadá, para dar así una puntada final al ALCA (Area de Libre Comercio de las Américas)? ¿O acaso, empujado por los efectos devastadores de la pertenencia de su país al TLC, y acuciado por las derivaciones políticas letales de aquellos resultados, llegó a Olivos a buscar contrapeso para resistir la voracidad de su socio mayor(1)?

Las dos ruedas de prensa ofrecidas en Olivos graficaron con pinceladas patéticas el tembladeral económico y político sobre el que marchan los presidentes. En la primera, Duhalde y Fox redujeron el encuentro de México y Argentina al equivalente de la firma del boleto de compraventa de un automóvil: no sólo fue ése el único anuncio concreto, sino que en las intervenciones de ambos brilló por su luminosa ausencia cualquier idea referida a concepciones y tareas estratégicas para que América Latina afronte y resuelva no sólo la turbulenta coyuntura, sino una realidad signada por la pobreza, la marginalidad, la fuga descontrolada de riquezas en volúmenes que hacen empalidecer los datos de la era colonial, cuando naves españolas y británicas colmaban su capacidad de carga con oro y metales preciosos con destino a Europa. El punto central de las intervenciones de ambos presidentes fue el agradecimiento de Duhalde a Fox por su gestión de mediador frente a Estados Unidos y los organismos financieros internacionales. Y viceversa: Fox enfatizó la importancia de ayudar a Argentina a pasar el mal trago. La regimentación grosera del diálogo posterior con el periodismo fue, en rigor, una necesidad para que la puesta en escena no se desmoronara con estrépito.

Y otro tanto ocurrió al cierre del conclave, el viernes 5, cuando tras la presentación de los siete presidentes para la ceremonia de firma de documentos… se retiraron cinco y quedaron frente a la prensa sólo Duhalde y Cardoso: había que evitar el choque de líneas de proyección continental entre México y Brasil e impedir, sobre todo, que alguno de los restantes presidentes debiera definirse.

 

«Preocupación»

El comunicado conjunto emitido por los presidentes del Mercosur más Bolivia y Chile, tras el obligado tributo a «la profundización de la cooperación existente», en el punto 3 informa que los presidentes «analizaron con preocupación el comportamiento actual del sistema económico y financiero internacional, que ha sido una de las fuentes que ha contribuido a la inestabilidad de la región». Acusación inusual, y por cierto no excenta de significación. Sin embargo, a renglón seguido el documento confirma que los presidentes «se comprometieron a continuar coordinando posiciones sobre los tópicos más relevantes de la nueva agenda internacional, entre los que se destacan el terrorismo, la corrupción, el narcotráfico…»(1).

De modo que la «nueva agenda internacional» asumida por los mandatarios no pone en primer lugar -de hecho no incluye- «tópicos irrelevantes», como, por ejemplo, el hambre y la marginación de más de 200 millones de latinoamericanos, la desocupación masiva, el colapso de Argentina y su previsibles derivaciones a escala regional.

 

Sorpresas

Bajo el impacto múltiple del asesinato de dos jóvenes desocupados y la «atroz cacería» (expresión del propio Duhalde) de manifestantes empujados por el hambre, los presidentes y funcionarios reunidos en Olivos se mostraban además sorprendidos por otro dato de la realidad regional: el resultado electoral en Bolivia.

En conversaciones privadas altos diplomáticos apenas disimulaban su consternación por la noticia impublicable: pese a la manipulación de las cifras y la postergación de los cómputos, Evo Morales, el dirigente campesino del Movimiento al Socialismo, había ganado las elecciones en Bolivia.

Recién cuatro días después el dato -convenientemente macerado para su difusión- traduciría la perplejidad de los gobiernos de la región a la opinión pública: «Sorpresa en Bolivia: el cocalero Morales trepó al segundo lugar», titularía el diario de mayor difusión en Argentina(3).

Es tarea de semiólogos y estudiosos de los medios precisar la significación del adjetivo «cocalero» en el título. Políticamente, sin embargo, es fácil entender la morosidad periodística, la reticencia conceptual, el adjetivo descalificativo y… la sorpresa.

Evo Morales estaba lejos de ser un favorito de las encuestas electorales. Tampoco tiene detrás un partido mayoritario. Y, al fin y al cabo, es un campesino que representa a sus pares del trópico cochabambino en la resistencia a la política estadounidense aplicada casi sin mediaciones en Bolivia desde hace años. El humilde cocalero, a diferencia de lo ocurrido en otras esferas, no se sorprendió por el resultado electoral. Antes bien, parece tener una perspicacia ausente en connotados think tanks, en no pocas cancillerías y en ciertas redacciones. En octubre de 2000 había declarado que «la lucha de los campesinos del trópico de Cochabamba es ahora contra el gobierno de Estados Unidos y no con el boliviano»(4). Días antes de las elecciones, en aparente asunción de este desafío, el embajador estadounidense en La Paz, Manuel Rocha, advirtió públicamente que si se votaba a Morales Bolivia no recibiría ayuda de Washington.

Pero ésa era una carta ya jugada. Y perdida. Le Monde diplomatique expuso un año y medio atrás la marcha de la coyuntura regional con un título inequívoco: «Colapsa en Bolivia la estrategia de Washington»(5). Pero la noción de fracaso no aludía exclusivamente al país vecino sino a América Latina en su totalidad. Al sistemático debilitamiento de Estados Unidos no sólo frente a sus tradicionales enemigos, las organizaciones campesinas y obreras del continente, sino respecto de sus propios socios, cada día más alarmados por la voracidad insaciable y las consecuencias más que riesgosas para ellos de las políticas dictadas desde Washington.

La «sorpresa» de Bolivia, llega después de innumerables desplantes de Brasil a la reiterada exigencia de Estados Unidos para consumar el ALCA. Y llega sobre todo después de la trascendental derrota de Washington en abril pasado en su intento por derrocar al presidente venezolano Hugo Chávez. Cuando en Brasil el candidato del Partido de los Trabajadores va por lejos primero en las encuestas para los comicios de octubre próximo, en Uruguay el Frente Amplio calienta los motores porque comienza a plantearse la posibilidad de un adelanto en las elecciones y en Argentina… las incógnitas superan a cualquier certeza, pero en unas u otras la diplomacia estadounidense sale mal parada.

Así y tras el nulo resultado de la reunión de presidentes en Buenos Aires, se explica la llegada al país del Sr. Otto Reich, subsecretario de Estados para asuntos hemisféricos del gobierno de George W. Bush.

No es preciso abundar acerca del currículum de Reich. Ya es pública su condición de figura reiterada en las operaciones encubiertas de la CIA en América Latina, desde la formación de un ejército mercenario en Honduras contra el gobierno sandinista de Nicaragua, hasta su papel en el reciente golpe fracasado en Venezuela. Su escala previa en Brasil resultó un episodio más de la dura confrontación diplomática entre el Planalto y la Casa Blanca: el enviado de Bush no fue recibido por Cardoso.

En un artículo publicado en la víspera de su arribo a Buenos Aires, Reich -de origen cubano y residente en Miami- inició la nota asegurando su voluntad de «expresar el respeto y la admiración de mi gobierno por ese gran país y sus ciudadanos»(6).

Desde hace algunos meses, y en directa correspondencia con el colapso de la estrategia de Washington en América Latina y sus redobladas presiones para aniquilar el Mercosur, se multiplicaron las pruebas acerca del «respeto y la admiración» que Washington profesa por la ciudadanía y el gobierno de Argentina. De modo que no puede caber duda respecto de la sinceridad y la fina elegancia en las palabras del enviado de Bush, como así tampoco de sus actividades en Buenos Aires luego del encuentro del Mercosur y, sobre todo, antes de la reunión de presidentes sudamericanos que tendrá lugar en Guayaquil, Ecuador, el 26 y 27 de este mes.

En este año de 2002, el Aleph no está en la calle Garay, donde lo puso Borges. Al menos por dos días estuvo en la quinta residencial de Olivos. Y quienes pudieron mirarlo sintieron un estremecimiento.

  1. Carlos Gabetta, «El suicidio a través del ALCA»; Le Monde diplomatique, Edición Cono Sur, Buenos Aires, julio de 2002.
  2. Comunicado conjunto de los presidentes de los Estados partes del Mercosur, Bolivia y Chile.
  3. Clarín, Buenos Aires, 9-7-02
  4. «Cocaleros cambian de enemigo, ahora es el gobierno de EE.UU»; Los Tiempos, Cochabamba, 9-10-00.
  5. Luis Bilbao, Le Monde diplomatique, Edición Cono Sur, noviembre de 2000.
  6. Otto Juan Reich, » Estados Unidos y la Argentina «, La Nación, Buenos Aires, 9-7-02.

reseña

El maestro de Bolívar. Simón Rodríguez, el utopista

porLBenLMD

 

De Pedro Orgambide

Editorial: Sudamericana
Cantidad de páginas: 208
Lugar de publicación: Buenos Aires
Fecha de publicación: Mayo de 2002

 

Hay quien supone que todo buen libro es escrito en el momento adecuado y leído cuando es necesario. Si no es siempre verdad, el aserto cuadra en el caso de El maestro de Bolívar. No podría ser más oportuna la reivindicación de esta figura desconocida –acaso por sus enormes dimensiones en su triple condición de rebelde, científico y maestro– capaz de imaginar para América Latina un destino aún inalcanzado, que vive hoy una instancia crucial precisamente en la tierra de Bolívar.

Pedro Orgambide repite en esta obra la práctica de escribir sin apego a un género literario definido. Presentado como novela, este libro es en realidad una biografía, que apela a la ficción, a la historia y al ensayo político con la plasticidad como única constante. Bien es verdad que la “novela histórica” ha dado lugar, sobre todo en los últimos tiempos, a muestras de arbitrariedad y oportunismo. Pero ni una sola línea aquí, aun en las ostensibles fugas hacia la ficción pura, tergiversa o fuerza la rigurosa investigación histórica que tiene detrás.

Literatura, entonces, puesta al servicio de una lección de historia y de vida, hoy como nunca actual y necesaria, sobre todo para los jóvenes, ahogados con textos de renuncia, cálculo mezquino y ausencia de otro horizonte aparte el del individuo aislado.

Simón Rodríguez, ante todo caminante y maestro, dedicó su vida al estudio y la investigación científica. Y en todo momento, en cualquiera de los muchos países donde vivió y trabajó, mantuvo su compromiso con la libertad. “Cambié de idiomas, de mujeres y de actividades”, le hace decir Orgambide a Rodríguez, en una síntesis de su vida intensa. El autor suelta con destreza, a lo largo de la narración, nociones y consignas acuñadas por este personaje novelesco, a menudo tildado de loco, para rescatarlo como pensador político original y hondamente latinoamericano: “el tiempo es el lugar de la acción”, “la fuerza material está en la masa, y la fuerza moral en el movimiento”, “nada es constante en el mundo, sólo la variación”, “inventamos o erramos”. Frases como látigos del tipo “no somos hijos de la vieja cultura, sino aprendices y forjadores de una nueva manera de observar el mundo”; “no soy el maestro del indio. Soy el indio que se transforma en su maestro”; “los europeos inventan medios para reparar un edificio viejo, por no tener dónde hacer uno nuevo”; “algunos alegan su derecho a la libertad personal para eximirse de toda especie de cooperación al bien general”, que permiten al lector aprehender el núcleo de una vasta obra, recientemente reeditada en dos gruesos volúmenes (1).

Pero acaso el valor más destacado de este libro es que, al exponer la vida de Rodríguez, pinta la figura de Simón Bolívar y recorre la historia de la lucha por la emancipación americana. Por momentos, el lector dudará si está leyendo historia o una crónica de nuestro tiempo. Y cerrará el libro con un sentimiento de gratificación, de vergüenza y, acaso, también de rebeldía.

 

 

 

1 Simón Rodríguez, Obras Completas.

Tomos I (520 págs.) y II (550 págs).

Presidencia de la República, Caracas, junio de 1999.

Brasil decide su lugar en el mundo

porLBenLMD

 

Las cuentas públicas de Brasil preanuncian la posibilidad de que en breve plazo el Estado no pueda cumplir con los vencimientos de la sideral deuda de alrededor de 685.000 millones de reales. Esta perspectiva eleva el «riesgo país» y desencadena una crisis de imprevisibles derivaciones. Pero la prensa atribuye esto al «efecto Lula», en sintonía con la táctica del oficialismo para remontar su desventaja frente a las elecciones de octubre y para beneplácito de Washington, que espera el caos generalizado en la región para reunir los despojos, doblegar la resistencia encabezada por el gran capital brasileño e imponer el ALCA.

 

Una paradoja estridente ensordece en Brasil y replica en toda América Latina: los cuatro candidatos mejor posicionados en las encuestas para las elecciones presidenciales de octubre próximo corresponden a partidos que se presentan como socialistas. Son el Partido de los Trabajadores (PT), el Partido Socialdemócrata de Brasil (PSDB), el Partido Socialista de Brasil (PSB) y el Partido Popular Socialista (PPS, ex comunista). No obstante, todos realizan los mayores esfuerzos para mostrarse como los mejores continuadores de un sistema que tanto en el auge como en la declinación, ha gestado la sociedad más desigual del planeta. A la vez, cada uno busca en el extremo opuesto del arco ideológico el respaldo necesario para vencer al adversario que debiera ser su aliado, si los nombres representaran contenidos y los programas escritos líneas de acción política. La hipocresía, se sabe, es el tributo que el vicio paga a la virtud. Pero algo más profundo, más potente que conductas individuales y partidarias, determina este contrasentido.

El rasgo político dominante en Brasil es hoy la búsqueda afanosa y urgente de cambio frente a la realidad intolerable y el horizonte ominoso. Una encuesta encargada el año pasado por la Confederação Nacional da Industria, indica que el 50% de los entrevistados cree que “el socialismo debería ser implantado en Brasil” (33% se pronunció en contra) y el 55% cree que “el país necesita una revolución socialista para resolver sus problemas” (32% en contra)(1). Paralelamente, la franja hegemónica de las clases dominantes brasileñas ha desplegado en los últimos tres años una decidida política continental signada por la oposición a la creación del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y dirigida a formas de asociación económico-política en Sudamérica (específicamente el Mercosur, profundizado y ampliado) que chocan de frente con la política de Estados Unidos hacia la región.

El mapa preelectoral, sin embargo, no contempla la asunción plena de ninguno de estos dos grandes ejes estratégicos. Mucho menos la combinación de ambos. El destacado nivel de las nuevas dirigencias brasileñas, el vigor singular de las grandes formaciones políticas y sociales creadas en las dos últimas décadas y la potencia de un aparato productivo sin par en la región no han cuajado hasta ahora una propuesta política a la altura de la crisis global.

En 1960, cuatro años antes del golpe de Estado, un tercio de la población consumía menos de 2.240 calorías diarias, es decir, estaba desnutrida, según los parámetros de la FAO (Food Agricultural Organization). Tras 21 años de dictadura militar, al recuperarse la democracia política y en el apogeo del desarrollo, la franja de población subalimentada llegaba a los dos tercios. En ese momento, ocho millones y medio de niños en edad escolar no concurrían a la escuela, una de cada dos casas no tenía luz eléctrica, cuatro de cada diez familias tenían un ingreso inferior a medio salario mínimo y más de 40 millones de personas –uno de cada tres brasileños– vivían en estado de pobreza absoluta(2). Cuando tras innumerables movilizaciones de masas se logró en 1989 la elección directa para el cargo de Presidente y el candidato del PT, Luiz Inacio da Silva, Lula, pasó a la segunda vuelta mientras se reducían a la nada los partidos tradicionales(3), el PSDB, el PSB y lo que ahora se denomina PPS, conformaron junto a otros partidos el Frente Brasil Popular para poner a “Lula lá” (allá, en el Palacio del Planalto, la sede del gobierno). Fernando Henrique Cardoso, hoy presidente, saludaba sonriente desde los palcos de campaña, al lado del obrero metalúrgico que había despertado la esperanza de millones de jóvenes, trabajadores y profesionales.

Doce años después, el país tiene casi 160 millones de habitantes y todos los índices sociales han empeorado. La deuda pasó del 30 al 55% del PBI durante los dos períodos de Cardoso, pese al ingreso de 100.000 millones de dólares por privatizaciones. El año pasado el PBI creció un 1,5%, cifra inferior a la de crecimiento de la población y al ingreso de jóvenes al mercado laboral. Un cataclismo económico análogo al de Argentina, pero a escala brasileña, amenaza minuto a minuto. Pero si en 1989 el PT enarbolaba un programa de drásticos cambios y esgrimía sin tapujos su condición de socialista, distanciándose por izquierda de sus aliados, hoy ha invertido aquella postura y en términos programáticos difícilmente se diferencia de los que ahora son sus rivales.

 

Encuestas y alianzas

Una encuesta indicaba que al 13 de mayo pasado Lula contaba con el 42% en la expectativa de voto. Desde la portada, Veja, el semanario de mayor circulación en Brasil iniciaba la escalada: “Por qué Lula asusta al mercado”(4). Según ese sondeo, José Serra (PSDB), el candidato oficialista respaldado por el presidente Cardoso, alcanzaba sólo el 17%; Anthony Garotinho (PSB) el 15% y Ciro Gomes (PPS) el 12%. Para entonces, la candidata del PFL, Roseana Sarney (hija del ex presidente José Sarney), había salido de carrera tras un escándalo de corrupción. Y Lula había lanzado una bomba, al visitar el 13 de febrero una fábrica textil en Minas Gerais, propiedad de José Alencar, líder empresario, dirigente del Partido Liberal (PL) y figura prominente de la Iglesia Universal del Reino de Dios (IURD, dueña de la multimedia Récord) y anunciar que se proponía “hacer una alianza con el PL no sólo para ganar las elecciones, sino para gobernar”(5).

El giro estremeció al PT. Cuando días después Carlos Rodríguez, diputado y obispo de la IURD, declaró que “el país no puede embarcarse en nuevas experiencias en el área económica. No podemos hacer de Brasil un globo de ensayo”, la oposición estalló en el PT. En Río de Janeiro las tendencias de izquierda levantaron públicamente la consigna “Edir Macedo (jefe de la poderosa secta religiosa) não é meu companheiro”. El gobernador de Rio Grande do Sul, Olivio Dutra, condenó la alianza con expresiones de las que resulta difícil retroceder: “El PL no está en el campo democrático definido como nuestro ámbito de alianzas”, dijo(6). En el mismo sentido se pronunció el actual prefecto de Porto Alegre, Tarso Genro.

Pero allí no quedaron las cosas: “Para completar la reacción de condena nada menos que la Conferencia de Obispos de Brasil se sintió compelida a mostrarse en público (…) el vicepresidente de la CNBB, obispo Marcelo Cavalheira, declaró: ‘Nosotros sabemos el riesgo que se corre si elementos de una iglesia que tiene una potencia tan grande en la comunicación busca ciertos objetivos, como por ejemplo exigir un ministerio. Claro, eso puede preocupar a algunos sectores de la iglesia católica’”, según la revista Teoría e Debate(7). Para comprender la resistencia que genera la alianza con el PL –decidida por Lula y la mayoría de la conducción del PL– basta registrar que en la fundación del PT, en marzo de 1980, participaron unas 80.000 comunidades de base de la iglesia católica, a la sazón conducidas en su mayoría por sacerdotes enrolados en la Teología de la Liberación.

La posición oficial de la iglesia católica, sumada al rechazo ampliamente extendido en las bases, cuadros medios y tendencias internas que en conjunto constituyen una mayoría partidaria, había convencido a los analistas brasileños –y a la propia militancia– de que la coalición con el PL no plasmaría. Sin embargo, el 19 de junio pasado Lula anunció que Alencar sería su compañero de fórmula en octubre. “Hasta ayer a la tarde, prácticamente todos los diputados del PT y del PL afirmaban que la tentativa de coalición había naufragado en sus múltiples problemas, principalmente en la resistencia de parlamentarios que tenían miedo de ser perjudicados por sus socios”(8).

Lula no parece haber tenido en cuenta la sentencia de Goethe: “No se puede vivir para todo el mundo, sobre todo para aquellos con los cuales no se querría vivir”(9). Pero no se trata sólo del PT. El PPS hace igualmente los mayores esfuerzos por obtener aliados de “centroderecha”. Y el PSB, sin dejar de considerar la posibilidad de renunciar a la puja presidencial y apoyar al PT, continúa lanzando gruesos brulotes contra Lula (“es igual a Fernando de la Rúa”) y buscando alianzas con los fragmentos del PMDB. Mientras tanto, las últimas encuestas registran un leve avance de Serra (21%), y la equivalente caída de Lula (38%).

 

Debate programático

Antes de esta metamorfosis que conmueve dentro y asombra fuera, la dirección del PT confrontó respecto de los lineamientos programáticos a asumir. En un documento del Instituto Cidadanía presentado por destacados economistas del PT a fines del año pasado, titulado “Otro Brasil es posible”, sus autores sentaron las bases de la actual fórmula Lula-Alencar. La ríspida polémica desatada en las filas petistas quedó reflejada en las páginas de Teoría e Debate, que publicó un resumen de aquel documento y la réplica de un representante de la izquierda partidaria. El argumento principal subraya que un proyecto alternativo “debe ser políticamente eficaz, es decir, capaz de ampliar el marco de alianzas contra este modelo actual, movilizar las fuerzas populares y asegurar la sustentación de las políticas transformadoras”. En resumen, el texto propone “Políticas específicas orientadas a la reducción de la vulnerabilidad y de la dependencia externa, proyectadas en cinco dimensiones: recuperación del saldo comercial y reducción del déficit en la cuenta de servicios del balance de pagos (…) corrección de los desequilibrios oriundos de la apertura comercial (…) consolidación de la vocación de multilateralidad (…) adecuación de la política relativa al capital extranjero a las directrices y prioridades del nuevo modelo económico (…) regulación del proceso de apertura del sector financiero”(10).

Refiriéndose al agravamiento del endeudamiento y la dependencia, los autores proponen “una modificación radical de ese cuadro, que se proyecta en tres planos interconectados: recomposición de la capacidad estatal de regulación y apoyo al desarrollo (…) reversión de la fragilidad fiscal (…) desarrollo de mecanismos de participación democrática en la gestión estatal”.

En respuesta a estos lineamientos, la oposición de izquierda al interior del PT respondió en tono mesurado pero drástico: “El verdadero eje del documento es la creencia de que es posible conseguir ‘cambios profundos’, a partir de una situación catastrófica, sin grandes enfrentamientos, ni con el gran capital extranjero, ni con el interno. Y ni siquiera con aspectos centrales de la ideología neoliberal”(11). La crítica es más contundente en materia de política económica: “los autores del documento aceptan que un ciclo de crecimiento sea comandado por la inversión privada, y aceptan incluso que sea altamente dependiente del capital extranjero; se preocupan sólo por la inestabilidad que esto acarrearía (…) se sugiere que el Estado brasileño defina el papel y las tareas de las empresas multinacionales. ¿Alguien cree que éstas cumplirán las tareas que el Estado les atribuya? (…) Aunque el texto señale la desnacionalización de la economía como una cosa negativa, en ningún momento considera que sea necesario revertirla (…) no es exagerado decir que el texto entiende posible llegar a la ‘reconstrucción de la nación’ por medio de una especie de sociedad con el capital extranjero, sin colocar como objetivo la reducción del grado de desnacionalización de la economía y ni siquiera el fortalecimiento del sector público”.

Como se ve, de manera ordenada, seria y sin romper lazos organizativos, el debate ideológico-político en el PT es el mismo que se produce en forma desarticulada –y la más de las veces sin el mínimo de profundidad– en las izquierdas de todo el continente y de Argentina en particular. La devastadora campaña que la gran prensa brasileña centra en la metamorfosis física de Lula (ahora vestido con trajes de corte italiano y marcado paso a paso por el publicista Duda Mendonça, el mismo que asesoró a Eduardo Duhalde en las presidenciales de 1999), tiene como telón de fondo una incógnita mayor: ¿es posible cambiar de raíz el cuadro socioeconómico actual? ¿es posible introducirle reformas positivas y sostenidas en el tiempo? ¿qué carriles demandan la resolución del hambre, el analfabetismo y la marginalización? ¿cuáles son los prerrequisitos del desarrollo, de la soberanía y la independencia?

 

El recurso del método

Más allá del debate, se plantea la sucesión de hechos, comandados por una prensa que asume la iniciativa política que los partidos del statu quo no pueden arrebatarle al PT. El recurso consiste en atribuir el alza del dólar, el aumento del “riesgo país” y la consecuente amenaza de corrida bancaria y cesación de pagos al ahora llamado “efecto Lula”. Se oculta y tergiversa así la realidad, determinada por una deuda externa de 685.000 millones de reales (100.000 millones directamente en dólares), una masa de intereses equivalente al 8% del PBI, las tendencias recesivas dominantes a escala mundial y la imposibilidad de cobrar impuestos a las grandes empresas y fortunas, todo lo cual anuncia que antes de fin de año Brasil podría entrar en cesación de pagos.

Frente a la embestida, Lula llevó al extremo las líneas tendidas por el documento aludido: “vamos a preservar el superávit primario en la medida que sea necesario para impedir que la deuda interna aumente y destruya la confianza en la capacidad del gobierno de honrar sus compromisos. Estamos conscientes de la gravedad de la crisis. Para resolverla, el PT está dispuesto a dialogar con todos los segmentos de la sociedad y con el propio gobierno”, afirmó apenas dos días después de haber presentado a Alencar como candidato a vicepresidente(12).

Pese a la enorme concesión, el lazo opositor no aflojó: la prensa reprodujo con gran despliegue que para la consultora Goldman Sachs, lo dicho por Lula es “alentador”, pero “insuficiente”(13). “La reticencia del PT a acordar la independencia del Banco Central con medidas que aumenten la autonomía operacional de la institución, también es un factor de desconfianza en relación al PT”, agrega el comentario, antes de exponer las condiciones que podrían aventar esos temores, sugestivamente idénticas a las adelantadas una semana antes por el semanario británico The Economist: “que el próximo gobierno mantenga el actual superávit fiscal (antes del pago de intereses) del 3,5% del PBI; que la economía crezca al menos 3,5% anualmente, que el real se sostenga firme; y que la tasa real de intereses no supere el actual 9%”(14).

Estas condiciones presuponen otras, que el órgano portavoz de las altas finanzas no trepida en presentar: “La única manera de lograr que los inversores presten a tasas bajas es continuar la larga cuesta hacia la modernización de la economía, mientras se mantiene un firme control de las finanzas públicas y de la inflación. Si el señor Da Silva vence, y si los inversores le dan una chance, tendrá pocas alternativas aparte de marchar por este largo, difícil camino”. Tampoco Washington se privó de ejercer presiones públicas: “El problema de Brasil es 100% político, no tiene nada que ver con la economía”, declaró Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal. Más directo aun fue el vicepresidente del Citigroup y ex vicedirector del FMI, Stanley Fisher: “Las dudas están centradas en lo que hará Lula, todo indica que va a vencer en las elecciones”(15).

Semejante presión, y sus propias concesiones, ponen a Lula a tiro de piedra de sus rivales electorales. “Brasil está siendo víctima de un ataque internacional”, declaró Ciro Gomes, quien agregó refiriéndose a Lula: “un estadista tiene que proteger a su gente, no asumir compromisos espúreos o retóricos con esos especuladores”(16). Por su parte, Garotinho comparó a Lula con Fernando de la Rúa y aseguró que “está a la derecha del candidato oficial”(17). Pero más filoso aun fue el estilete de Serra, su principal rival: “Me parece bien que el PT apoye ahora nuestras metas de superávit. Yo mismo las presenté, hace dos semanas”. El candidato oficialista agregó: “Nuestra alianza está más preparada, tiene más voluntad política, más competencia y más persistencia para conseguirlo”(18).

 

El ALCA es la clave

En este cuadro socioeconómico y político preelectoral, Brasil refleja como ningún otro país el naufragio del Consenso de Washington, instrumento estadounidense mediante el cual el continente fue puesto tras el neoliberalismo. Los partidos involucrados en aquella estrategia imperial pagan ahora con el rechazo masivo de la población. De México a Buenos Aires, basta haberse comprometido con la marea de privatizaciones, endeudamiento, enajenación de empresas públicas y manejos financieros, para ser condenado por la opinión pública. Con los recursos extraordinarios obtenidos, los centros del capital paliaron la caída de su propia tasa de ganancia media (ver páginas 2-3). Y aun así, Estados Unidos, la Unión Europea (UE) y Japón están en recesión.

Es en este cuadro que América Latina (más específicamente Sudamérica) oscila entre una política propia, los cantos de sirena de la UE y la exigencia terminante de Estados Unidos: un mercado único continental bajo su égida inapelable, el ALCA.

El Dipló ha registrado el realineamiento de fuerzas regionales encabezado por Brasil contra el proyecto estadounidense(19). Bajo la presidencia de Cardoso y en medio de reacomodamientos político-sociales aún en curso, un sector de las clases dominantes brasileñas impuso la oposición al ALCA y su punta de lanza militar, el Plan Colombia. Una y otra vez Estados Unidos chocó contra esta oposición, que amenazó con cobrar carácter de nuevo eje geopolítico cuando Brasilia convergió con Caracas(20). Fracasado el golpe contra Chávez(21), el Departamento de Estado centró su fuego en Argentina, el eslabón débil e inconsistente del Mercosur, transformado por obra de la necesidad extrema en línea de defensa de las burguesías regionales contra el ALCA. Pero el verdadero objetivo de este despliegue múltiple es Brasil.

“Estados Unidos considera a Brasil un ‘aliado esencial’ para el éxito del ALCA”, declaró la embajadora estadounidense en Brasilia, Donna Hrinak (casualmente trasladada desde Caracas a la capital brasileña). “Debemos superar los mitos y estereotipos de sectores interesados en no permitir que avance la integración comercial hemisférica que acusan a Estados Unidos de llevar adelante una política comercial sin equidad”, agregó(22).

Tales “mitos y estereotipos” calaron no sólo en Cardoso, sino también en el PT. El documento citado del Instituto Cidadanía expresa con inequívoco tono que “el ALCA no es una cuestión de plazos o de eventuales ventajas en este o aquel sector. Tal como está propuesto es un proyecto de anexión política y económica de América Latina, cuyo objetivo principal, por la potencialidad de su mercado interno, es Brasil”.

Imposible mayor contundencia. El hecho es que, bajo el peso de las presiones, medio año después de difundido aquel documento, Lula repitió la caracterización general respecto del ALCA, pero remató con una afirmación que supone un cambio de dirección: “Queremos un ALCA sin exclusiones (…) tenemos que incluir a Cuba en el ALCA”(23). O sea, sí al ALCA.

El “proyecto de anexión política y económica de América Latina” es hoy protagonista clave en las elecciones brasileñas y está llamado a jugar un papel aun mayor en el resto del hemisferio. Aunque no se debería desestimar la capacidad operativa del establishment político brasileño, es improbable que Cardoso, responsable de privatizaciones, endeudamiento, aumento en flecha de la pobreza y la marginalidad, así como de la extranjerización de áreas fundamentales de la economía brasileña, pueda imponer a su delfín. Lula tiene amplias posibilidades de ser presidente. Que el PT (un partido obrero de masas cuyo programa aún reivindica el socialismo) gobierne Brasil equivaldría a un terremoto político continental. Resta saber quién será deglutido por las inmensas grietas que se abren a medida que se aproxima octubre.

  1. Encuesta publicada por el semanario brasileño Veja, tomada de Teoría e Debate, revista teórica del PT, N° 49, San Pablo, octubre-diciembre de 2002.
  2. Luis Bilbao, PT Brasil: respuesta latinoamericana al desafío imperialista, Búsqueda Editora, Buenos Aires, septiembre de 1990.
  3. Ibid. Ulyses Guimaraes, patriarca nacional, candidato del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), obtuvo el 4% de los votos; Aureliano Chávez, del Partido del Frente Liberal (PFL), el 0,6%.
  4. Veja, San Pablo, 22-5-02.
  5. André Singer; “Uma virada en tres tempos”, Teoría e Debate, San Pablo, Nº 50, febrero-abril de 2002.
  6. Ibid.
  7. Ibid.
  8. João Domingos, “PT fecha acordo com PL e Alencar será Vice”, O Estado de São Paulo, 20-6-02.
  9. J. W. Goethe, O. C., Tomo I, Aguilar, México, 1991.
  10. Aloizio Mercadante e María da Conceicao Tavares, “Eixos de um novo modelo”,Teoría e Debate, N° 49.
  11. Joao Machado, “Um programa anacrónico”, Teoría e Debate, N° 49.
  12. Silvio Bressan, “Lula asume meta fiscal para acalmar mercado”, O Estado de São Paulo, 23-6-02.
  13. “Para analistas, discurso de Lula é insuficiente”, O Estado de São Paulo, 24-6-02.
  14. “The 685 billion reais question”, The Economist, Londres, 15-6-02.
  15. Sonia Racy “Problema do Brasil é só político, diz Greenspan”, O Estado de São Paulo, 24-6-02.
  16. “Garotinho compara petista a De la Rúa”, O Estado de São Paulo, 23-6-02.
  17. Ibid.
  18. Angela Lacerda, “Serra elogia petista por adotar idéias tucanas”, O Estado de São Paulo, 23-6-02 (“tucanos” es el apelativo con que se alude a los miembros del PSDB, por el pájaro que utilizan como distintivo).
  19. Luis Bilbao, “Brasil tentado por una opción sudamericana”, julio de 2000; “Militarización de la política”, septiembre de 2000; “Colapsa en Bolivia la estrategia de Washington”, noviembre de 2000; “La tenaza de Washington”, febrero de 2001; “Estados Unidos y la Unión Europea confrontan en Sudamérica”, abril de 2001; “ALCA: democracia tras el muro”, mayo de 2001; “Argentina vacila ante el nuevo mapa continental”, julio de 2001; “Estados Unidos alista un ejército para el ALCA”, septiembre de 2001; “Washington y la fractura global”, marzo de 2002; Le Monde diplomatique, edición Cono Sur.
  20. Luis Bilbao, “La revolución pacífica”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, noviembre de 1999.
  21. Varios autores, “Lecciones desde Venezuela”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, mayo de 2002.
  22. “EE.UU. considera a Brasil ‘aliado esencial’ para éxito del ALCA”, Unión Radio, edición digital, Caracas, 4-6-02.
  23. João Domingos, “Lula defende inclusao de Cuba na ALCA”, O Estado de São Paulo, 20-6-02.

reseña

Nuevos ricos, nuevos pobres, nueva Rusia

porLBenLMD

 

De Bertram Silverman – Murray Yanowitch

Editorial: Siglo XXI
Cantidad de páginas: 220
Lugar de publicación: México
Fecha de publicación: Agosto de 2001

 

Un tema soslayado por regla general en el debate teórico y político de la última década ha sido el de una precisa caracterización respecto de la condición socioeconómica de Rusia y demás países integrantes de la ex Unión Soviética y el Pacto de Varsovia. Silverman y Yanowitch no apuntan a un objetivo tan ambicioso. Acompañados por académicos “expertos en administración laboral y dirigentes sindicales de Estados Unidos y Rusia”, se abocan a analizar “la transformación de las instituciones del mercado laboral en ambos países”. Pero el resultado es una valiosa contribución para el debate: ¿es Rusia un país capitalista? Y si la respuesta es afirmativa: ¿qué proyección histórica permite el balance social de lo actuado desde que la ley del valor recuperó el lugar de factor decisivo en las economías y sociedades ex soviéticas?

Los autores parten de una premisa con categoría de conventional wisdom: “de la noche a la mañana se creó una nueva clase capitalista”, afirman. Clase, aquí, es la extensión de la noción “nuevos ricos”, constatable a simple vista.

No obstante, el relevamiento objetivo de la situación rusa –el grueso de este trabajo– habla con voz potente y clara y permite encarar sobre bases firmes un debate científico. El capítulo “Surgimiento de la pobreza de masas” describe el cuadro social postsoviético, completado en “Asalariados: ganadores y perdedores” y rematado con: “La mujer como perdedora”. La conclusión de los autores calza más con esta descripción que con sus propias definiciones ideológicas: “Es difícil anticipar (…) hacia dónde llevará la crisis de legitimación que enfrenta el Estado”.

reseña

La batalla de las ideas. (1943 – 1973)

porLBenLMD

 

De Beatriz Sarlo

Editorial: Ariel
Cantidad de páginas: 470
Lugar de publicación: Buenos Aires
Fecha de publicación: Septiembre de 2001

 

Séptimo volumen de la Biblioteca del Pensamiento Argentino, colección dirigida por Tulio Halperin Donghi, continuación del tomo dedicado también al mismo período y titulado Bajo el signo de las masas (1).

La “batalla de ideas” se despliega en una selección de textos anticipados en un Estudio preliminar, en el cual quedan dispuestos los contendientes del período en torno a la divisoria gruesa del período: peronismo-antiperonismo.

Aparecen así textos que hicieron época como “La liquidación del peronismo”, de Mario Amadeo y la réplica de Ernesto Sabato “El otro rostro del peronismo”; el célebre “Qué es esto” de Ezequiel Martínez Estrada; la “Carta a Ernesto Sabato” de Arturo Jauretche; “La hora de la verdad” de Victoria Ocampo; “L’illusion comique” de Jorge Luis Borges y “El régimen bonapartista” de Jorge Abelardo Ramos. La antología cubre casi todo el espectro ideológico de ese período y no faltan textos de Jordán Bruno Genta, Atilio Dell’Oro Maini, José Luis Romero, Risieri Frondizi, o el propio Juan Perón.

Resulta significativo, sin embargo, que no figuren siquiera aludidos los nombres de Silvio Frondizi y, sobre todo, Milcíades Peña, un pensamiento imprescindible en este debate. La omisión no es de detalle: la alternativa peronismo-antiperonismo queda reducida a una oposición nacionalismo-liberalismo, en modo alguno inocente a la hora de mirar hacia atrás o de evaluar conductas políticas actuales. Sea cual sea la opinión que se tenga de ellos, omitirlos en la “batalla de ideas”, más que una injusticia es una definición de las ideas con las que cada quien afronta su batalla.

 

1 Ver Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, Nº 30.

reseña

Diario de la crisis

porLBenLMD

 

De Pedro Orgambide

Editorial: Aguilar
Cantidad de páginas: 240
Lugar de publicación: Buenos Aires
Fecha de publicación: Abril de 2002

 

No es un diario. O no lo es en la forma habitual del género. Una serie de breves textos iniciales semejan más una introducción a la historia de la Argentina hoy sumergida. Como si el autor partiera de la certeza de que buena parte de los argentinos –y no sólo los jóvenes– desconocen o han olvidado rasgos esenciales de su pasado. Luego, los textos toman el tono de aguafuertes, en las que se describirán “Una tarde en el shopping”; la omnipresente figura de los “Mendigos”; la novedad de “El piquetero”, o la de “Mafiosos y rufianes”. Entre ellas aparecen notas que, recurriendo a “Los nietos del inmigrante”, o a preguntas como “Para qué sirve la política”, permiten al autor reflexionar sobre dramas actuales. Orgambide elude exigencias de géneros literarios definidos y se deja llevar por un imperativo mayor: aprehender la crisis y exponerla, tanto en sus grandes como minúsculas manifestaciones.

El hombre de letras no deja de serlo, pero asume el reclamo de una sociedad ávida de comprensión frente a una realidad inaprehensible: “Se ha enrarecido el accionar y también el discurso de los políticos tradicionales (…) No se habla de pueblo ni de clases sociales por temor a parecer un rezagado sesentista; la palabra imperialismo ha sido borrada o sustituida por globalización (…) La palabra ha sido devaluada, empobrecida, vaciada de significado (…) El político radical ya no se refiere a los suyos como correligionarios, el comunista no dice camaradas por temor a parecer sectario, el nuevo justicialista prefiere olvidar el rotundo compañero para no parecer un nostálgico del ’45. Se habla como se vive, en la indeterminación, lo amorfo, lo ambiguo”.

Temblores políticos en Uruguay

porLBenLMD

 

A la recesión, que lleva ya cuatro años, Uruguay suma el impacto de la crisis argentina. Devaluación, fuga de capitales, quiebra bancaria, son fantasmas tangibles en Montevideo. Por si fuese poco, la Casa Blanca, para doblegar la creciente fuerza opositora a los planes económicos y políticos de Washington, ha resuelto utilizar como ariete al país incrustado entre Brasil y Argentina. El presidente Jorge Batlle ha sido empujado a la vanguardia de batallas de alcance y significación estratégicos: defensa del ALCA, confrontación con Venezuela, condena a Cuba. Y sobre todo a asumir el papel protagónico en el choque con el gigantesco Brasil para trabar el desarrollo del Mercosur.

 

“La Banda Oriental tiene la clave”. Casi dos siglos después de que Lord Ponsomby acuñara esa frase, Uruguay vuelve a ocupar un lugar de extraordinario valor estratégico. En el siglo XIX, la política imperial del astuto mediador inglés en la guerra entre Portugal y las colonias recién emancipadas requería un “Estado tapón” en la desembocadura del Plata. Hoy, Estados Unidos despliega sus artes para que este país opere como ariete de la voluntad y los intereses de Washington en el hemisferio.

Lejos de impedirle ese papel, los sombríos pronósticos económicos obran como fuerza adicional para hacer del gobierno uruguayo un instrumento de Washington. Sólo que en el cuadro contemporáneo la complejidad del mundo, de la región y del propio Uruguay, excluyen la reducción de este país al papel de cuña. El opositor Frente Amplio (FA), factor de estabilidad institucional, es a la vez una barrera objetiva frente al gobierno de coalición de Blancos y Colorados. La crisis económica, el alineamiento sobreactuado del presidente Jorge Batlle con el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y contra el Mercosur, completado con el papel jugado por su gobierno al ponerse en manos de Washington para acusar a Cuba en la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, obran como un relámpago en el apacible y siempre previsible panorama político montevideano, donde junto con nociones tales como “riesgo país” (que a fines de abril superaba los 700 puntos) aparecen en boca de líderes moderados como Líber Seregni o de derechas, como Luis Alberto Lacalle, frases del tipo “Se agotan los tiempos políticos”, o “La estabilidad no va a poder sostenerse por mucho tiempo”, sin drásticos cambios económicos(1). Más directo, el hombre al que todas las encuestas prevén como vencedor en las presidenciales de 2004, Tabaré Vázquez, señala el riesgo sin subterfugios: “No quiero ser alarmista, pero aquí se viene una crisis igual a la de Argentina”(2).

Las devaluaciones en Brasil en enero de 1999 y en Argentina tres años después, han resultado devastadoras para la economía uruguaya. “Las exportaciones uruguayas a Brasil cayeron en un 40% y a Argentina un 70% ”, dice Constanza Moreira, investigadora del Instituto de Ciencias Políticas. “Uruguay ha sido muy maltratado en el Mercosur”, explica, sin justificar la conducta oficial. Pese a todo, opina que es improbable que se abandone por completo la perspectiva de integración regional: “Todo el sector diplomático, el sindicalismo, la industria, apuestan al Mercosur. Sólo el sector importador acompaña a Batlle”, sostiene Moreira.

Con todo, no es menos explícito el alineamiento del Presidente con Washington y la consecuente fractura política, que pone en riesgo incluso la base bipartidista del gobierno. “Algunos han sugerido como necesaria una modificación en definiciones estratégicas de nuestra política exterior nacional y regional con respecto a la permanencia del Mercosur. No compartimos esta opinión”, disparó Washington Abdala, un diputado colorado alineado con el Foro Batllista, fracción opositora en el propio partido oficialista(3). Si para Batlle es serio que se le cuestione una línea directriz de su plan político, más grave es que la voz de esta fracción suene acorde con la del FA: “En nuestra fuerza hay unanimidad: el Mercosur debe ser la base de la expansión comercial. Estamos contra la política de romper la solidaridad con el Mercosur para cortarse solo”, dijo el diputado frenteamplista Carlos Baraibar(4).

La hendidura política se produce además sobre un terreno cenagoso, que altera los nervios de todas las facciones: las exportaciones de bienes y servicios se reducirán todavía un 8% más sobre los deprimidísimos niveles actuales, el PBI caerá este año un 3,5%, siempre que se verifique la previsión de una inflación anual del 10% y se cumpla con la devaluación prevista del 32%.

“El único sentido que puede tener este intento del presidente Batlle de asociación bilateral con Estados Unidos es debilitar la posición de Brasil”, dice Raúl Sendic a este corresponsal. Hijo del legendario fundador de Tupamaros, Sendic es diputado del FA en representación del Movimiento 26 de Marzo, uno de los numerosos agrupamientos situados a la izquierda de la conducción hegemónica de la coalición. “En términos económicos, Estados Unidos no tiene nada que ofrecer a Uruguay”, subraya el diputado. Ante el entusiasmo de algunos sectores por los beneficios de eventuales negocios con Estados Unidos, Sendic narra que en un reciente almuerzo con políticos y diplomáticos el subsecretario de Comercio estadounidense, Walter Bastion, esgrimió un dato lapidario: “No olviden que en términos de mercado Uruguay es un barrio de Chicago”.

La retórica cruda del presidente George W. Bush contagia, como se ve, a sus funcionarios de rango menor. Pero si en casos como el señalado no pasa de generar incomodidad o disgusto, adquiere otra categoría cuando se traduce en presiones como la sufrida por el gobierno uruguayo para asumir la función de acusador de Cuba. El presidente Fidel Castro sabía dónde golpeaba cuando acusó a Batlle de “servil, genuflexo, Judas abyecto”, para preguntarse luego ante la prensa internacional “¿Qué esperan para romper las relaciones con Cuba?”(5).

Ante el tenor de la réplica y el desafío explícito, Batlle no tuvo opción y rompió relaciones diplomáticas con La Habana, sumando así al aislamiento creciente de su gobierno una decisión impopular como pocas en este país de añejos y sólidos vínculos con la Revolución Cubana. El resquebrajamiento de la base política de Batlle y la turbulencia social alimentada por la crisis tienen en este episodio un acelerador adicional, probatorio además de que el papel destinado por Washington para el gobierno uruguayo tiene contrapartida y la tendrá en mayor grado en el futuro inmediato.

Con todo, si bien los trazos que delinean el intento estadounidense con base en Montevideo son nítidos, los hechos parecen ir por delante de interpretaciones y formulaciones políticas: el debate ALCA-Mercosur no es explícito en medios académicos ni partidarios (aunque sí, hasta cierto punto, en medios sindicales), ni la estrategia política del presidente Batlle se expone en términos de abierta confrontación con sus vecinos, pero su onda expansiva se expresa en una franca y muy honda fractura social, destinada acaso a impactar de manera trascendental en el panorama político uruguayo.

 

Proclama del Obelisco

Las más de 100.000 personas que el 16 de abril pasado marcharon hacia el Obelisco de Montevideo no eran una fabricación de marketing político. Tras un paro de la central sindical unitaria PIT-CNT, ríos de trabajadores ocuparon las calles y convergieron con gauchos de a caballo, tractores y camionetas provenientes del interior del país, convocados por 31 entidades empresarias, encabezadas por la Federación Agraria. Los disensos estratégicos mencionados más arriba tomaron la forma de un drástico realineamiento social. El gobierno bicolor sintió que desaparecía la tierra bajo sus pies. Según observadores de diversa ubicación ideológica, la dirigencia sindical y las entidades empresarias, aun sin proponérselo, desplazaron incluso a las fuerzas políticas –específicamente al Frente Amplio-Encuentro Progresista– del centro del escenario. Aquí también los efectos de la crisis parecen ir por delante de la reflexión teórica y el accionar político.

La convergencia de trabajadores urbanos y entidades pequeñas y medianas del agro produjo un documento denominado Proclama del Obelisco, cuya tónica está dada por frases como ésta: “¡El país se nos hunde y lo tenemos que sacar adelante! ¡Toda la sociedad uruguaya tiene que decidirse a actuar para estabilizar y profundizar la democracia!”. Indicativo del vuelco en curso es que entre los dirigentes agrarios sobresalen nombres históricamente asociados con la represión dictatorial y el fascismo militante. No menos significativo resulta que quedaran fuera de esta convocatoria la Asociación Rural del Uruguay –entidad fundada en 1871 y representante tradicional de los terratenientes– así como la Cámara de Comercio (el poderoso sector importador) y los principales representantes de la industria. Se trata de una revuelta social que fragmenta la base histórica de la estabilidad uruguaya. La causa es explícita y está lejos de referir sólo al panorama uruguayo: “¿De que inversión está preocupado el equipo económico?”, dice la proclama en referencia a la pérdida del “grado inversor”… “Evidentemente no de la inversión productiva, donde cada vez son más los inversores nacionales que se quedan por el camino (…) de espaldas a la producción nacional y vestidos de gala para atraer al venerado inversor internacional se quedaron sin visita, mientras asistían impávidos a la agonía del auténtico inversor nacional y de nuestros trabajadores (…). Está demostrado que sin el crecimiento y el desarrollo de una economía real, anclada en la producción, son efímeras las preocupaciones del gobierno por cautivar a los inversores. La economía burbuja, la del permanente endeudamiento con los organismos financieros internacionales, la de las importaciones indiscriminadas, la de las desproporcionadas ganancias del sistema financiero, sin un anclaje en la vida productiva real, está agotada. El país está paralizado. Estamos ante una emergencia social y productiva. El modelo económico aplicado en los últimos 30 años atraviesa su fase de agotamiento definitivo. Ahora son necesarios cambios sustanciales en el modelo a seguir”.

 

Debates teóricos y realineamientos políticos

Tras el acto y sobre la base de la Proclama del Obelisco, la “Concertación por el crecimiento” –instancia creada por las entidades empresariales en junio de 2001– formó una Mesa Permanente con el PIT-CNT. “Tenemos un enemigo común” explica Juan Castillo, dirigente del sindicato portuario y del PIT-CNT. Militante comunista, Castillo sostiene que no están en cuestión las bases clasistas del programa de la central obrera. En el debate programático, dice, “se trata de no apurar más de lo que estamos logrando, siempre con el objetivo de profundizar el marco de la alianza”. El dirigente portuario rechaza toda identificación de esta convergencia con la verificada recientemente en Venezuela entre entidades sindicales y empresarias: “La central venezolana siempre fue amarilla y corrupta; nuestra organización es clasista y en la Concertación sólo están empresarios pequeños y medianos, los grandes no asistieron”. En referencia al curso que toman los trabajadores cuando dirigentes de izquierda asumen posiciones en alianza con partidos o entidades empresariales, como el reciente resultado electoral en Francia, donde el PC integraba el gabinete de ministros, Castillo aclara que “alguien se puede llamar comunista y defender intereses totalmente distintos de los trabajadores. Y después lo paga”.

Al interior de la central sindical, el movimiento provocó un debate. El documento conjunto fue aprobado por cuarenta votos a favor, dos en contra y tres abstenciones. Los sindicatos de Artes Gráficas y de Industrias Médicas y Afines que no aprobaron la plataforma, valoran el hecho de que “por primera vez en muchos años gremiales empresariales acuerdan con el PIT-CNT en que la actual política económica está agotada”, pero subrayan que “no se contemplan las aspiraciones básicas del movimiento sindical como recuperación salarial, negociación colectiva y protección a la organización sindical, ni tampoco la defensa de las empresas públicas contra la privatización”.

La Proclama centra sus objetivos programáticos en “reactivación del mercado interno; defensa de la producción nacional; reactivación del sector exportador; reformulación del papel del Estado, potenciándolo como factor de desarrollo nacional y de respaldo del aparato productivo y como mecanismo de redistribución social de la riqueza; reformulación del Mercosur, integrado macroeconómicamente, de complementación productiva, democrático y solidario, no solamente como condición necesaria para nuestro desarrollo económico sino para el afianzamiento de nuestra soberanía”.

Este programa, que tiende a repetirse en otras latitudes ante los efectos devastadores del llamado “neoliberalismo”, es atacado desde las filas liberales uruguayas con una afirmación demostrativa del tipo de debate abierto en la región: “conceptualmente, lo que ahí se propone el país ya lo hizo, con un resultado nefasto (…). Fue el modelo de ‘sustitución de importaciones’ que se aplicó desde comienzos de los años ‘50 hasta mediados de los ‘70, generando el peor desempeño de la economía uruguaya en este siglo”(6).

Por su parte, la conducción del FA asumió de inmediato la significación de la irrupción política de una fuerza social con ancha base de sustentación. “Es una interpelación a todo el sistema político (…) hay que canalizarla dentro del sistema político y el Frente Amplio va a trabajar sobre ese tipo de cosas y continuará su análisis” declaró Jorge Brovetto, vicepresidente del FA, tras una reunión de la conducción nacional(7). Para canalizar el nuevo fenómeno, el FA propone una reforma constitucional que permita que esos reclamos tengan formalmente cabida en la definición de las líneas de gobierno. Y poco después trascendió lo que ya se presentaba como certeza en círculos políticos “El Frente Amplio está pensando en la posibilidad de que un dirigente ruralista integre la fórmula presidencial con Tabaré Vázquez”(8).

La justificada certidumbre en la solidez de sus instituciones, como se ve, no paraliza los reflejos de la oposición uruguaya ante el papel asignado por Washington al actual gobierno y los riesgos de una derivación política de la crisis económica.

  1. “El gobierno prevé anunciar en dos semanas medidas para ‘retomar la iniciativa política’”; Búsqueda, Montevideo, 18-4-02.
  2. El Observador, Montevideo, 24-4-02.
  3. “Diputados reivindican al Mercosur como acuerdo prioritario y advierten al gobierno que no lo descuide”; Búsqueda, Montevideo, 18-4-02
  4. Ibid.
  5. La República, Montevideo, 23-4-02.
  6. Michele Santo, “La Proclama del Obelisco”, Búsqueda, Montevideo, 18-4-02
  7. “FA ultima proyecto de reforma constitucional”, La Juventud, Montevideo, 23-4-02.
  8. Loreley Nicrosi, “El FA busca un ruralista para fórmula con Vázquez”, El Observador, Montevideo, 24-4-02.

Acto de solidaridad al día siguiente del golpe de Estado

Exposición del autor en el Aula Magna de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, al día siguiente del golpe de Estado, el 12 de abril de 2002. La conferencia había sido programada por la revista Crítica de Nuestro Tiempo, con la presencia de altos representantes del gobierno venezolano: el profesor Adán Chávez, el gobernador de Méridas Florencio Porras, los diputados Tarek William Saab, y Milagros Santamaría, y el por entonces titular del Comando Político de la Revolución, Guillermo García Ponce. La conferencia fue transformada en acto de solidaridad.

 

Buenas noches. Ante todo quisiera preguntar –porque hay tanta gente que no puedo ver a todos– si hay representantes de partidos políticos, sindicatos, asambleas e instituciones de cualquier tipo que quieran adherirse a esta manifestación de repudio al golpe de Estado en Venezuela. Todos tienen un lugar en la mesa. No es el acto de la revista Crítica que habíamos preparado. Es una circunstancia especial y especial tiene que ser la respuesta. De manera que si hay alguien y quiere pasar, pues con mucho gusto está invitado a sumarse a esta mesa.

Como ustedes saben el objetivo previsto de este acto era hacer una exposición por parte de varios altos dirigentes del Partido y del Gobierno. Varios altos dirigentes del Partido y del Gobierno debían estar sentados conmigo esta noche aquí. Ustedes saben por qué no ha sido posible. Uno de ellos, el diputado Tarek Saab, está preso. Los demás, decidieron a última hora cancelar su viaje.

No hay que decir que compartimos su decisión: ¡debían permanecer allá!

Yo no quisiera dramatizar sobre lo que pasa. Es dramático un golpe de Estado, la persecución, los muertos de ayer; pero me parece que tenemos que hacer un gran esfuerzo por mirar esto en todo su dramatismo pero con objetividad y con valentía. Porque no es un rayo en cielo sereno; no es una circunstancia que no pudiera haber sido prevista. Aunque de esta manera, como ocurrió, admito que yo jamás lo pensé.

Y debo comenzar por ese punto. Porque he escrito y he hablado mucho sobre Venezuela. Y he dicho, en muchas oportunidades, que un golpe de Estado estaba excluido. Y soy de los que creen que cuando alguien dice algo se tiene que hacer cargo de lo que dice. Yo no admito dirigentes políticos, ni dirigentes de ningún género, que hoy dicen una cosa y mañana dicen otra. Yo he dicho y he repetido que un golpe de Estado estaba excluido, y después voy a explicar por qué lo dije y cuál es la significación de eso hoy día.

Pero lo primero es que al analizar esta situación tenemos que entender que recién esta tarde se ha comenzado a hablar de golpe de Estado. Hasta ayer era “la renuncia de Chávez”. Hoy todavía en la mayoría de los medios de comunicación fue “la renuncia de Chávez”. Tuvimos que aparecer en cantidades de medios un grupo de personas haciendo hincapié en el hecho harto evidente –pero sin embargo ocultado– de que se trataba de un golpe de Estado contra un gobierno constitucional democráticamente elegido. Esto tiene una significación muy profunda.

Todos ustedes saben que había dos causas fundamentales que ponían a Estados Unidos contra el gobierno de Chávez de manera absolutamente inexorable.

Una de ellas era la más obvia, la que se ve todos los días: el precio del petróleo. Ya es suficiente para derrocar uno y cien gobiernos; para provocar una y cien guerras. Pero déjenme decirles que no era la causa más importante. El punto fundamental en mi opinión es que Estados Unidos después de 10 años de primacía en el mundo, ha perdido la iniciativa política en varias regiones del planeta. Y muy específicamente en América Latina. Perder la iniciativa política significa ni más ni menos que aquellas banderas con las que recuperó el lugar que había perdido en los años 1970 con la guerra de Vietnam; aquellas banderas con las que en última instancia enfrentó a la Unión Soviética y políticamente la venció, no las tiene más.

Esas banderas son: democracia y derechos humanos.

Como muchas corrientes de izquierda revolucionaria no habían asimilado en toda su profundidad el valor histórico de la consigna democracia, Estados Unidos tuvo la posibilidad en los 1980 de levantar una bandera –que no le pertenece, que ha mancillado permanentemente– y sin embargo mostrarse como representante ante el mundo de los derechos humanos y la democracia.

El absurdo más inconcebible: Estados Unidos acababa de devastar Vietnam, Laos y Camboya; y se presenta ante el mundo como el defensor de los derechos humanos. Había hecho golpes de Estado aquí y allá en todo el planeta, y aparecía como el representante de la democracia.

Y el mundo lo creyó; los académicos lo creyeron; los periodistas lo creyeron; los políticos, incluso muchos de izquierda que se dieron vuelta en el camino, si no lo creyeron dijeron haberlo creído. Y estafaron a quienes son mayoría esta noche aquí: ustedes, los jóvenes.

Los estafaron con la promesa de que el mundo iba a vivir en democracia, que el desarrollo y la garantía de los derechos humanos se conseguirían sobre la base de este sistema; que había que corregir, reformar, pero que era el único posible. Los estafaron. Y no podíamos, ante la opinión dominante en el mundo, hacernos oír por las masas y explicar que estaban siendo estafados. Hoy quien quiera verlo lo ve, sin ayuda. Y esto es lo importante en este golpe de Estado que no es el primero y no va a ser el último.

Estados Unidos no fue ni puede ser jamás –mientras sea capitalista, potencia imperialista, claro, porque también le va a llegar su hora– no puede ser el abanderado de los derechos democráticos, de las garantías constitucionales, de los elementales derechos de la humanidad. A todos los viola aunque hace con algunos una muestra, una exhibición pública, pero en determinados lugares y en determinados momentos.

La gravedad y la imposible solución de la crisis del capitalismo hace que el sistema y sus gobernantes no puedan garantizar ningún derecho humano. En primer lugar el más elemental: que todas las personas coman todos los días. Pero con el curso de los acontecimientos no pueden garantizar la Constitución, las leyes, no pueden garantizar la verdad. Hace 10 días o un mes hemos sabido –no se puede creer pero hay que creerlo, porque se publicó en todos los diarios, salió en la tapa del New York Times– que el gobierno de Estados Unidos había creado formalmente una comisión para mentir a la prensa del mundo. Lo nuevo era, desde luego, que formaban la comisión públicamente, pero fíjense hasta dónde se llega. Ahora dicen que la disolvieron; y todos decimos: ésa fue la primera tarea de la comisión (risas). Este es el significado de lo que está pasando. Para sobrevivir, el capitalismo, el imperialismo, con Estados Unidos a la cabeza, debe violar la democracia.

No hay en todo el planeta ningún gobierno que haya hecho en dos años y medio seis elecciones consecutivas; las haya ganado a todas, las haya ganado a todas con cada vez mayor cantidad de votantes y con mayor porcentaje frente a sus adversarios. Eso es el gobierno del presidente Chávez; eso es.

Y sin embargo, durante meses, meses y meses hemos asistido a una campaña sistemática de esos órganos de la mentira y de la antidemocracia que son los medios de incomunicación de masas, diciéndonos que había una dictadura en Venezuela. Contra toda lógica, contra toda evidencia.

Pérez Esquivel, que acaba de mandar la adhesión a este acto, ha dicho algo que yo comparto absolutamente. No he visto jamás, dijo Pérez Esquivel, jamás, una prensa nacional que atacara a las autoridades con la libertad y la brutalidad con que se lo hace en Venezuela.

Yo confirmo que esto era así, y hace mucho que es así. Desde que Chávez asumió no hubo un solo periodista preso, no hubo una sola radio cerrada, no hubo un solo canal intervenido. Y habrá que preguntarse si son aciertos o son errores políticos de Chávez. Pero lo que no se puede preguntar es si esto es democrático o no democrático.

Entonces éste es el primer gran factor que debemos despejar en la significación trascendental de este golpe: Estados Unidos vuelve a las únicas armas que tiene, la mentira, la violencia. Y no solamente para Venezuela. Pero hubo otro aspecto.

Cuando se trabaja con seriedad sobre los hechos hay que tener cuidado con los errores, porque en los errores hay una parte de verdad que puede ser muy importante. Puede sonar absurdo lo que yo les diré ahora, pero lo voy a decir porque es la base para comprender no sólo lo que pasó, ni tanto lo que pasó, sino lo que va a pasar en Venezuela de ahora en más.

La oposición política perdió todas las batallas en Venezuela, y antes de ayer y ayer mostró absolutamente su debilidad extrema. Lo estoy diciendo en el mismo momento en que tengo que admitir que hubo un golpe de Estado.

Miren, la secuencia es la siguiente. El 10 de diciembre… vamos a empezar un poquito más atrás. Me lo contó el propio protagonista de lo que les voy a explicar, el principal cerebro de la oposición, Allan Brewer, hace veinte días en Caracas.

El 5 de noviembre Brewer reunió a todos los sectores de la oposición, partidos, sindicatos y organizaciones de cualquier tipo en su casa, en su biblioteca. El es un hombre de la rancia oligarquía venezolana; ex ministro, ex senador, tiene el estudio jurídico más importante de Venezuela. No por acaso, fíjense, era el abogado de Enron en Caracas. Bueno, este señor, me dijo que reunió –o sea que tenía lugar en su casa, muy chica no debe ser– en su escritorio a toda la oposición, y descubrió que era la primera vez que se reunían en dos años. Entonces allí él presentó un programa de acción. Y se pusieron de acuerdo; se recompuso la oposición y plantearon un paro para el día 10 de diciembre.

Sobre la base de la CTV (Central de Trabajadores Venezolanos, asociada a la Socialdemocracia Internacional, a la Ciosl; brazo sindical de Acción Democrática que es el partido Socialdemócrata de Venezuela), y de Fedecámaras, que es una entidad empresarial que vendría a ser una instancia que agrupa a la vez lo que aquí en Argentina es el Consejo Empresario, la UIA, la Sociedad Rural y las entidades de banqueros.

Sobre la base de estas dos organizaciones se hizo un paro en el cual los patrones garantizaban a los trabajadores que les pagarían el jornal, y cerraron las fábricas. Eso se llama lock out, no se llama paro, no se llama huelga. Pero como quiera que se llame, y como quiera que sea, ese paro fue exitoso, muy exitoso el 10 de diciembre.

Así lo escribí. Yo estaba allá ese día, así lo escribí inmediatamente diciendo “fue exitoso el paro”. Ese mismo día Chávez hizo cantidad de movilizaciones y manifestaciones y lanzó una contraofensiva muy poderosa.

Hacia fines del mes de diciembre, montada en la gran experiencia positiva para ellos del 10 de diciembre, esa coalición contrarrevolucionaria le puso fecha a una Huelga General de 48 horas: el 18 de marzo. Entre comienzos de enero y comienzos de marzo hubo una sucesión de acontecimientos, fechas determinadas en las cuales la oposición convocó a sus bases e hizo manifestaciones importantes. Sobre todo el 4 de febrero, que era el aniversario de la sublevación militar de 1992, encabezada por Chávez. Y el 4 de Febrero la oposición juntó a 180 mil personas en la Plaza Francia, que está en el Este de la ciudad de Caracas, el lugar elegante, el lugar de los ricos de la ciudad. En ese momento –la prensa no lo decía, mostraba que había mucha gente contra Chávez (bueno, 180 mil personas es mucha gente), pero lo que no decía la prensa es que en ese mismo momento en Miraflores, que es el Palacio de Gobierno, en el centro de la ciudad de Caracas, había cientos de miles, algunos dijeron millones de personas. ¡¡Y la prensa internacional lo ocultó!! A partir de ahí, y de otras varias pruebas de fuerza, se trabajaba para el paro del 18 de marzo. Pero los resultados no eran auspiciosos para la oposición. Porque se percibía que las bases sociales se daban vuelta frente a sus dirigentes sindicales y se replegaban en relación con ellos.

Entonces para poder promover el paro, la huelga general, lanzaron una huelga de petroleros con un argumento claro. Toda la política de Chávez iba contra la política de la conducción de Pdvsa, que es la YPF de allá, sólo que mucho más importante. Es una empresa estatal que querían privatizar. Entonces largan la huelga petrolera –nuevamente me toca a mí estar ahí– largan la huelga petrolera en la semana del 11 al 15 de marzo y la huelga petrolera fracasa completamente. Se ven obligados a levantar la fecha de la huelga general del 18 de marzo y no le ponen fecha y se fractura la CTV; se fractura la burocracia sindical. Un sector importante, mayoritario, de las direcciones sindicales rompe con el presidente de la Central de Trabajadores, que por supuesto no es central y no es de trabajadores. Y no es venezolana.

En lugar de una huelga general el 18 de marzo, largan una huelga general por tiempo indeterminado de médicos en esa misma fecha. Fracasa totalmente, como me lo adelantó la ministra de salud, María Lurdes Urbaneja. Hay pruebas, hay argumentos dichos y publicados por la propia prensa de la oposición. No se puede ocultar que la huelga médica había fracasado. Y en medio de la semana lanzan una huelga docente. El ministro de educación es un maestro, un maestro que viene de una organización revolucionaria, Aristóbulo Istúriz. El sale a la calle a explicar los motivos del paro llamado por la conducción de CTV y la huelga docente fracasa.

Todo esto está comprobado, no son palabras. Es en esta situación que este líder de la oposición llamado Allan Brewer, me dice con todas las letras: “La oposición se ha fragmentado hasta lo imposible, no se puede hacer la huelga general”. Y dice más: “con una huelga general se termina, no se empieza”. Acuerdo total, aunque sea este señor quien lo dice.

Bueno, con este cuadro de fragmentación de la cúpula opositora, fragmentación dentro de Fedecámaras y fragmentación dentro de CTV; y con un vuelco masivo de la población en contra de estas conducciones aunque esto no necesariamente signifique que todo el movimiento sindical se alineó con Chávez, se lanza la huelga general finalmente para comienzos de esta semana.

¿Y qué ocurrió? Fracasó la huelga general. Absolutamente: fracasó la huelga general. Esta vez muchos de los patrones que cerraron las fábricas –que ya no eran tantos como lo fueron el 10 de diciembre– se encontraron con que los obreros iban a la puerta de fábrica a pesar de que tenían el día garantizado, la paga, la continuidad del trabajo y el día franco. Iban a la puerta cerrada de la fábrica, y en algunos casos las abrieron.

El comercio funcionó totalmente, el transporte funcionó totalmente, Pdvsa funcionó totalmente. Y todos los empleados del Estado trabajaban. (No dejen de recordar que los empleados del Estado siguen siendo los empleados del antiguo régimen). Todos fueron a trabajar. Por la razón que sea, pero todos fueron a trabajar. El paro fracasó absolutamente. Y sobre la base de ese fracaso ostensible, absolutamente imposible de negar, se lanzó la huelga general por tiempo indeterminado. Eso fue el miércoles. El jueves al mediodía los canales de televisión, todos en manos de la oposición, excepto Venezolana de Televisión que es del Estado –pero que no controlaba por completo el gobierno– esos canales de televisión ayer al mediodía anunciaron que Chávez había renunciado y que había que ir a Miraflores, a la Casa de Gobierno, para dar el empujón final a los militares para que derrocaran al Gobierno completo. Con esta argumentación, con esta mentira, los canales de televisión convocaron –militaron cabría decir– para la marcha a Miraflores. Pero Miraflores, como en todas las movilizaciones anteriores, estaba rodeado por decenas de miles de miembros de los círculos bolivarianos revolucionarios desde un día antes de la proclama de la huelga general. Es decir que llamar a una manifestación hacia Miraflores era llamar a la confrontación, al choque frontal con los círculos bolivarianos que rodeaban la Casa de Gobierno y que defendían a Chávez. Que defendían, vamos a ser más precisos, a la Revolución Bolivariana. Y que eran decenas de millares. En acuerdo, todos los medios de incomunicación anunciaron que Chávez había renunciado. Sobre la base de una mentira en cadena, llamaron a una manifestación para provocar un choque entre dos partes de la sociedad. Un choque obviamente armado. Mientras tanto había un agente de investigación, un espía del gobierno –seguramente había más de uno– en la marcha armada de esta manera, en la manifestación de la derecha. Lo descubrieron y lo mataron. Fue la primera baja que hubo ayer. Después… los acontecimientos ustedes los conocen. En todo caso después puedo dar detalles. Pero lo que quiero subrayar es que no fue una movilización de masas y no fue la oposición política la que derrocó a Chávez. Fue otra fuerza, que no tenía y no tiene fuerza para gobernar políticamente a Venezuela.

¡¡No podrá gobernar!! Excepto sobre la base de la extrema represión, no hay la menor chance de que pueda gobernar.

La gran pregunta y que queda pendiente –yo al menos no puedo responderla hoy, pero voy a estudiar el punto sistemáticamente y apenas tenga una conclusión la transmitiré– es por qué Chávez no actuó de otra manera. Por qué a las cuatro de la mañana pueden detenerlo cuatro generales. La hipótesis más manejada es que hubo una amenaza de masacre de las personas que rodeaban Miraflores. Esto es lo que más inmediatamente está planteado como explicación.

Bueno: pero ¿por qué se llega a esa situación? Todo esto queda abierto y deberá ser respondido. Pero hay una cosa: Chávez no ha renunciado. Chávez está vivo y es un problema tremendo. Porque hay que matarlo, lo cual es un problema enorme. No les temblaría la mano, ustedes se dan cuenta, si no temieran las consecuencias inmediatas. Hay que matarlo pero no pueden. Hay que meterlo preso entonces en Venezuela. ¿Pero cómo se hace para tener preso en Venezuela, a un hombre que, no cabe la más mínima duda, tiene el apoyo de la inmensa mayoría de la población venezolana?

O hay que mandarlo al exilio. Nosotros desde esta mesa, aceptamos que venga a Argentina. Nos ponemos a trabajar con todo su equipo para organizar el Movimiento Bolivariano Revolucionario, en toda América Latina. ¡¡A ver si lo mandan a Argentina!! (aplausos)

Además de Chávez y de Diosdado Cabello, que era el Vicepresidente, hay una cantidad de gobernadores, hay la mayoría de los diputados, hay cientos de intendentes o alcaldes, como se llaman allá. ¿Los van a meter a todos presos?, ¿Los van a matar a todos? Bueno, supongamos que sí (dice alguien: “la derecha no tiene escrúpulos). No es un problema de escrúpulos, es un problema de poder. Desde luego, coincido absolutamente: no tienen escrúpulos. Pero supongamos que se hace eso. ¿Qué se hace con los millones de personas que manifestaban constantemente a favor del gobierno en toda Venezuela? ¿También se la va a masacrar? (dice alguien: Franco en España lo hizo…)

No es mi intención dialogar, porque de ese modo se pierde el hilo de lo que estoy tratando de exponer, pero quiero decir que Franco primero tuvo que ganar una guerra. Y ése es el punto al que voy: si quieren hacer esto, van a comprar lo que no pueden comprar. Es una guerra. Este era el punto al que quería llegar.

Si Chávez hizo bien o mal, si pensó o no pensó que ante la inevitabilidad de la guerra estaría más legitimado no como el presidente que asume esa situación sino como el hombre al que se le ha impuesto lo que no quería, es una de las conjeturas, de las posibilidades. Se puede discutir. Lo que no se puede discutir es que ayer quedó cabalmente probado que la oposición política, la oposición social, no tenía fuerza para ninguna otra cosa que no fuera movilizar mediante argucias, mentiras y medios masivos, a entre 50 y 80 mil personas.

Ahora vamos a ver quién gobierna con esa base social, a un país en que, déjenme decir, hay 15 mil círculos bolivarianos con un mínimo de cinco miembros cada uno y hay un número considerable de ellos –no sé cuántos pero muchos– con inequívoca determinación de asumir la lucha en todos los terrenos y, presumiblemente, con armas.

Hay un sector importantísimo de las fuerzas armadas, sobre todo de coronel para abajo, que no está de acuerdo con esto y que está con Chávez. Estamos ante la división, ya en otro terreno, que habíamos visto muy claramente marcada en la sociedad venezolana. Pero ahora tiene que gobernar un señor que ha sido puesto en nombre de la democracia por tres personas. Desconociendo al Parlamento, ¿Qué van a hacer con el Parlamento? No estamos hablando de lo que quieren hacer; estamos hablando de lo que pueden hacer y pueden hacer sin consecuencias que los arrolle inmediatamente.

Entonces, he aquí mi visión de lo que esta pasando en Venezuela. El problema más grande que se planteó en el último período de la Revolución Venezolana es que Chávez y su equipo no tenían un partido, no tenían la herramienta política para encauzar a la masa que sí tenían y tienen.

Pero fíjense que en el último período Chávez aceleró precisamente en dos direcciones claves. En dos direcciones sobre las cuales nosotros desde nuestra revista Crítica, hemos repetido que se debe trabajar; lo hemos repetido una y otra vez, no para Venezuela –porque no damos línea para Venezuela– sino para Argentina: una herramienta política de masas que congregue a la totalidad de la población explotada y oprimida, más allá de sus definiciones ideológicas y políticas; y un partido político con un claro programa de lucha revolucionaria.

Los círculos bolivarianos son esa herramienta de masas. Y con el conjunto de organizaciones que apoyaban al gobierno el 11 de enero pasado se fundó el Comando Político de la Revolución, cuyo presidente debía estar hoy en esta mesa: el compañero Guillermo García Ponce, un viejo luchador, sin Partido ahora, pero siempre hombre de Partido y hasta hace unos cuantos años, cuando rompió con el Partido Comunista. Este compañero que deberíamos estar escuchando ahora es el responsable del Comando Político Revolucionario. Iba a estar con nosotros para informar, para discutir de este tema crucial del partido y para discutir la realidad venezolana. Estaba en marcha y hay que suponer que sigue en marcha la idea de la construcción de ese Partido, pero no dieron los tiempos.

Un viejo teórico de la revolución social lo dijo hace mucho tiempo: si no se lo construye antes, en el momento de la eclosión de la crisis no se puede construir el Partido capaz de garantizar la Revolución.

Esa es la gran lección. Yo creo –y con esto les voy a dejar ya la palabra a todos ustedes– que nosotros debemos transformar esto que inicialmente era un acto de ilustración y de debate, a partir del cual nos proponíamos formar un movimiento contra la guerra (porque estábamos hablando de un movimiento contra la guerra antes de esto y sin suponer que esto iba a ocurrir; porque la guerra no tiene que ver con esto. Al revés: esto tiene que ver con la guerra. Pero nosotros ahora estamos proponiendo –y ya tenemos muchas adhesiones– conformar hoy mismo un movimiento de solidaridad con Venezuela (Aplausos).

Y proponemos encargar desde ya al compañero Pérez Esquivel una misión internacional, para garantizar la integridad del presidente Chávez y de todos los detenidos y perseguidos por los golpistas.

Proponemos a todos ustedes y a los muchos que se sumarán una misión internacional que viaje de inmediato a Caracas, encabezada por Pérez Esquivel e integrada por muchas personas, varias de las cuales están aquí presentes. Para ir a Caracas, si es posible pasado mañana, con un aviso internacional de que se está yendo, con el acompañamiento de la prensa internacional que podemos garantizar y para decir esto: si quieren asumir que son represores no hablen de la democracia, y si quieren hablar de democracia cúmplanla; ¡¡cumplan con los requisitos elementales, el primero de los cuales es la restitución de Chávez en el poder!!

Tenemos que tener el máximo de audacia y de amplitud para formar esta comisión. Tenemos diferencias políticas y diferencias ideológicas a montones y ninguno se va a olvidar de ellas y a ninguno se le debe pedir que las olvide. Tendremos que ser capaces de entender el momento que vive América Latina y el mundo.

Estados Unidos, el 11 de septiembre pasado, le declaró la guerra a seis mil millones de personas sobre el planeta. Y el 29 de enero en el discurso denominado “El estado de Unión” el presidente Bush dijo con toda claridad que iba a la guerra. A la guerra en todo el mundo, y contra todos. Y hay que reconocerle un mérito: a las palabras las acompaña con la acción.

Bueno, pues eso es lo que hay que enfrentar. Entonces, llamamos a todos, ¡a todos!, cada cual con su bandera al hombro, con su bandera en alto, pero junto a quien quiera que sea que se oponga a la guerra; que se oponga al imperialismo y que se oponga a la dictadura.

Le dejo entonces, la palabra a la asamblea, no sin antes decir que quisiera que subieran a la mesa compañeros a los que veo y si hay alguien que no veo por favor que se haga ver porque hay mucha gente. Quiero invitar al compañero Julio Louis que es representante de la Corriente de Izquierda del Frente Amplio de Uruguay, quiero invitar a un compañero, coronel retirado del ejército, Horacio Ballester (..) me disculpo porque no había visto al decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, Dr. Federico Schuster y, por favor, si estoy cometiendo una omisión ayúdenme a enmendarla rápidamente. Tiene la palabra entonces el señor decano de la Facultad (Aplausos prolongados).