Cambiante relación de fuerzas

PorLBenAXXI

 

Cuatro gobiernos europeos disculpándose ante Evo Morales y de cara al mundo son un hecho político contundente y una advertencia para los tiempos que vienen. También lo es la agresión del Departamento de Estado al calificar a Venezuela como país represivo y la respuesta de Nicolás Maduro, quien de inmediato suspendió las conversaciones apuntadas a normalizar las relaciones entre Washington y Caracas. Entre otros, estos hechos revelan una cambiante relación de fuerzas en el terreno internacional.

Tal vez por no registrar que vive en un mundo diferente al de una década atrás, el gobierno de Estados Unidos actuó como lo que ya no es: la potencia hegemónica inobjetable. Error costoso. Al insultar a Evo Morales afectó a toda América Latina y permitió que el Mercosur retomara una iniciativa basculante desde que, dos meses antes, Washington lograra articular la Alianza del Pacífico. En el zafarrancho la Casa Blanca arrastró a sus socios de la Unión Europea.

Los gobiernos de Francia, España, Italia y Portugal debieron pedir disculpas públicas a Evo Morales. Demoraron, mintieron como niños descubiertos tras romper una copa, zigzaguearon… pero acabaron doblegándose sin elegancia ante el presidente de Bolivia.

“Parece que hay un malentendido. Si lo hubo, si el presidente Evo Morales tuvo esa percepción, yo no tengo ningún inconveniente en pedir disculpas” balbuceó el canciller español José Manuel García Margallo, lejos de la conducta de un caballero peninsular. En la carta García lamentó “el proceder de (el embajador español en Viena) Alberto Carnero”, quien en la forzada escala de Viena intentó revisar el avión de Evo para verificar si a bordo se encontraba Edward Snowden.

Lo propio hizo el ministro de Exteriores de Portugal, Paulo Portas. Le expresó al canciller boliviano David Choquehuanca que su país se disculpaba, a fin de “contribuir a superar la tensión entre los países del Mercosur y los miembros de la Unión Europea”.

Como de costumbre Francia estuvo a la vanguardia: fue el primero en cerrar el espacio aéreo al avión de Morales y también en pedir disculpas, aunque el presidente François Hollande se demoró hasta el 21 de julio para retroceder en persona. “Francia lamenta de verdad este hecho y nunca tuvo el ánimo de ofender a Bolivia; nunca hubo intención de insultar al presidente boliviano”, dijo Hollande según el embajador Michel Pinard.

Evo fue magnánimo: “Aceptamos las disculpas de los cuatro países como un primer paso, porque queremos continuar con las relaciones de respeto entre nuestros países, las relaciones de complementariedad y solidaridad”.

En medio de una crisis económica que no cede, para la economía de la UE resultaba una amenaza demasiado gravosa el retiro de los embajadores dispuesto en la reunión del Mercosur ampliado. «¿Y después nos hablan de cumbres EU-AL (Europa – América Latina)? ¡A reaccionar Patria Grande!”, exclamó en twitter el presidente de Ecuador Rafael Correa al enterarse del episodio.

 

Detrás de la agresividad estadounidense

«El mundo en el umbral de un nuevo capítulo de la crisis económica», señaló América XXI en su edición de julio. Arreciaba en ese momento la propaganda según la cual la economía estadounidense estaba ya en plena expansión. Días después llegó el informe sobre la evolución del PIB en Estados Unidos para el primer trimestre: la previsión era un aumento del 2,4%; la realidad, 1,8%. «Hay una correspondencia directa entre agravamiento de la crisis capitalista y sistemática negación de los derechos y garantías individuales», afirmaba el mismo texto. También la hay entre la revelación del espionaje masivo practicado por Estados Unidos en todo el mundo y los agresivos pasos dados por la Casa Blanca, que en las semanas siguientes, directa e indirectamente, a través de sus aliados, sumó gestos de belicosidad extrema hacia todos los flancos.

La agresión a Evo estuvo enmarcada por el relanzamiento de la política de intervención en Siria, ostensible distanciamiento respecto de China, llamados telefónicos amenazadores a presidentes y ministros latinoamericanos para evitar la concesión de asilo a Snowden, una advertencia fuera de lugar y proporciones a Rusia por el mismo caso y el giro en redondo respecto de la distensión con Venezuela: del encuentro de los cancilleres de ambos países en Guatemala destinado a reiniciar relaciones diplomáticas plenas, a una gratuita acusación utilizada como provocación.

El Departamento de Estado utilizó a Samantha Power para dinamitar la balbuciente relación diplomática con Venezuela. Al presentarse ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado en el trámite de aprobación como embajadora ante la ONU, Power sostuvo que su trabajo incluirá “responder a la represión a la sociedad civil que se está produciendo en países como Cuba, Irán, Rusia y Venezuela”.

Estados Unidos está actuando como en los años 1980 frente a la Unión Soviética y sus aliados. En ese entonces ensayó la combinación de un discurso democrático (allí nació la noción actual de «derechos humanos», entendidos exclusivamente como garantías constitucionales) con la extrema agresividad de la llamada «guerra de las galaxias». Tuvo excelentes resultados para el capitalismo central. Pero los tiempos han cambiado: dos ciclos de agravamiento sistémico colocan a la economía mundial en un cuadro de fragilidad sin precedentes; mientras Estados Unidos, lejos de poder ser presentado una vez más como cuna de la democracia, se exhibe como motor del totalitarismo y la negación de las garantías individuales. La diferencia fundamental, sin embargo, reside en que los países del Alba no son equiparables a la ex Unión Soviética. En ellos prima la plena participación democrática de las mayorías. Y no sostienen una política de statu quo, sino la propuesta revolucionaria definida como «socialismo del siglo XXI». Ahora hay capacidad de respuesta frente a la estrategia yanqui.

Quedó comprobado con el conjunto de decisiones que obligaron a la retractación de Europa. Fue reafirmado con la réplica venezolana a la provocación estadounidense: “Yo repudio, rechazo en todas sus partes las destempladas, injustas y además agresivas declaraciones de la embajadora Samantha Power contra Venezuela. Y pido una rectificación inmediata del Gobierno de Estados Unidos por estas declaraciones infames”, dijo Maduro. Como esa rectificación no llegó en las horas siguientes, el presidente venezolano suspendió las conversaciones con el gobierno de Barack Obama: “Hasta que ustedes no respeten, no hablamos; hasta que ustedes no rectifiquen, no habrá punto de encuentro», anunció el mandatario. Días después Samantha Power fue confirmada como embajadora ante la ONU y ocupará el puesto de Estados Unidos en el Consejo de Seguridad.

Maduro asumió en los hechos que el poder real en Washington no quiere restablecer relaciones con Venezuela. De hecho, necesita lo contrario. La Revolución Bolivariana es la vanguardia de un cambio muy profundo en América Latina. Una revolución de neto cuño antimperialista y estratégicamente anticapitalista. Washington quiere, necesita, chocar de frente con esta perspectiva: no sólo por lo que Venezuela implica en sí misma, sino porque se desarrolla en medio de la desestructuración del mecanismo capitalista y el debilitamiento del imperialismo en todos los órdenes, excepto el militar.

Librada precisamente a esa ventaja, la Casa Blanca apeló a su ultima ratio y amenazó a Rusia con «problemas de largo plazo», supuestamente para impedir que Vladimir Putin diera asilo a Snowden. Pero el célebre fugitivo de la CIA es una excusa en el deterioro de las relaciones entre las dos principales potencias atómicas del mundo, como lo es para la coacción estadounidense a Ecuador y la ruptura con Venezuela. No existía el caso Snowden cuando el Pentágono comenzó a establecer bases con misiles estratégicos en torno a Rusia. En esta dinámica irracional hay razones geopolíticas y por debajo hierve la crisis estructural de una economía que ni Estados Unidos ni la Unión Europea han conseguido resolver desde 2008 y ahora anuncia nuevos terremotos.

 

Desafío al Alba

Esta tensión creciente y las causas que la generan están en el centro de la reflexión y las decisiones que afrontan los presidentes de la Alianza Bolivariana para los pueblos de nuestra América en su reunión de Guayaquil el 29 y 30 de julio, cuando estas páginas estarán en las rotativas.

En tanto presidente anfitrión, Correa lleva tres propuestas al cónclave: hacer un bloque para luchar contra los centros de arbitraje internacionales dependientes de intereses de las ricas multinacionales y no de los Estados; insistir en la reforma al sistema interamericano de derechos humanos, utilizado por Estados Unidos como ariete contra la rebelión suramericana; fortalecer la unión de todas las naciones integrantes.

Ya hubo un adelanto de tales definiciones en la reunión conmemorativa del 60 aniversario del asalto al cuartel Moncada, punto de partida de la Revolución Cubana. Con toda certeza Washington tomó buena cuenta de los discursos allí pronunciados por los presidentes de los países del Alba. En ellos también se percibe un cambio en las relaciones de fuerzas, que desde América Latina se proyecta al mundo entero.

 

 

 

Injerencia de Washington en el Mercosur

PorLBenAXXI

 

Aunque recién asumirá su cargo el 15 de agosto próximo, Horacio Cartes ya asumió una operación estratégica diseñada por Washington en función de una embestida imperialista contra América Latina. «Si asume Venezuela de nada servirá todo lo conversado», declaró el futuro mandatario. Más explícito fue el ministro de Relaciones Exteriores: “Paraguay no retornará al Mercosur si Venezuela asume la presidencia pro témpore” dijo José Fernández.

 

A nombre de la Casa Blanca las autoridades de Paraguay están operando como instrumento destinado a trabar la reunión del Mercosur el próximo viernes 12 en Montevideo. El plan consiste en potenciar los conflictos internos que aquejan al bloque. Para ello el Departamento de Estado utiliza a Cartes como palanca y, como punto de apoyo, la excusa de la presidencia pro tempore y el retorno pleno de Paraguay, tras la suspensión provocada por el golpe de Estado que un año atrás derrocó a Fernando Lugo.
Venezuela asumirá en el encuentro de la capital uruguaya el comando del Mercosur para los próximos seis meses. Con escaso sentido de la realidad, como si nada hubiese ocurrido, Cartes pretende que la reunión se aplace hasta después de su asunción y que él mismo sea elegido en lugar de Nicolás Maduro como presidente temporario. No es exceso de autoestima. Es la forma que encontró Washington para clavar una cuña en el organismo regional y, de paso, quitar obstáculos para la incorporación plena de Paraguay a la Alianza del Pacífico, criatura del imperialismo como alternativa estratégica a Unasur y Celac.
Está claro, sin embargo, que el objetivo de los estrategas imperialistas consiste en golpear a la Revolución Bolivariana. Todo lo que ocurre hoy, aquí y en cualquier latitud, se explica en última instancia por la necesidad del capitalismo de neutralizar y eventualmente aplastar una alternativa frente a la crisis que lo acosa. Para el Departamento de Estado es claro que ésta reside en el Alba, con Venezuela y su propuesta socialista a la vanguardia.

Formatear el Mercosur
Es presumible que Washington una vez más dé con los dientes contra la pared. No se trata de minimizar las barreras objetivas y subjetivas que en el último período han paralizado al Mercosur. Pero no es el momento más adecuado para que Estados Unidos se apunte una victoria. Ante todo, porque la presión incontenible de la crisis interna le quita al imperialismo cualquier margen de acción mutuamente beneficiosa frente a la las burguesías subordinadas. Además, el escándalo del espionaje masivo denunciado por Edward Snowden golpea de lleno al gobierno brasileño. San Pablo y otras capitales fueron utilizadas como eje para obtener información secreta en toda América del Sur. La NSA estadounidense no buscaba terroristas allí. Buscaba información sobre convenios económicos y transacciones empresarias de Brasil con sus vecinos. No sólo el gobierno de Dilma Rousseff y el PT tienen ahora menos incentivo para ser concesivos: la propia gran burguesía industrial paulista tiene claro ahora el tipo de relación planteada por Estados Unidos.
La guerra por los mercados, así como dificulta las relaciones entre las burguesías de la región y por esa vía empantana al Mercosur, contrapone ante todo los intereses del capital imperialista con los de sus socios-enemigos del Sur. Hay un sector no desdeñable de empresarios latinoamericanos dispuestos a someterse una vez más a las exigencias del Norte y abandonar la idea de disputar el mercado regional con las transnacionales asentadas en Estados Unidos y Europa. La avidez ciega ojos que, por lo demás, nunca se caracterizaron por la agudeza de su mirada. En mayor o menor grado estos sectores tienen, en cada país, capacidad de influenciar a sus gobiernos.
Allí reside la trabazón del Mercosur. Y el margen de acción de la Casa Blanca con su Cartes en la manga. Washington sabe que la presidencia de Venezuela puede imprimirle al bloque una energía diferente, capaz de revitalizarlo y replantearlo como un enemigo imbatible para la Alianza del Pacífico. Esto es tanto más así por cuanto Bolivia y Ecuador participarán de la cumbre en Montevideo y, presumiblemente, se incorporarán a pleno en esta instancia que, así, cambiaría de naturaleza y carácter. “El Mercosur se formatea o se muere”, decía hace años, palabra más o menos, el comandante Hugo Chávez, cuando culminaba el camino de incorporación de Venezuela al bloque, después postergado por acción del Senado paraguayo, en función de instrucciones directas de Washington.
La perspectiva planteada por esa expresión tan elocuente tomada del lenguaje cibernético, “formatear el Mercosur”, es lo que teme Washington. Con la incorporación de Bolivia y Ecuador y la presidencia de Venezuela, Brasil y Argentina podrían imprimir un nuevo impulso por el camino que a comienzos de la década diera lugar a la creación de Unasur y la Celac.
Tal parece que el presidente Nicolás Maduro confía enteramente en esa perspectiva. En una actividad especialmente destinada a imbuir al pueblo venezolano de las posibilidades planteadas por el Mercosur, el martes 9 explicó que este bloque apunta a «trascender lo económico, lo comercial, y va constituyéndose en un bloque social, en un bloque político, el Mercosur social, el Mercosur político». Se comprende la inquietud de Washington.
Los ojos de la región están puestos en los presidentes de Uruguay, de Brasil y Argentina. Sobre todo el accionar del titular saliente del bloque y anfitrión de la cumbre, José Mujica, puede facilitar la incorporación de Ecuador y Bolivia y dar un formidable impulso, de hecho un contraataque a la maniobra urdida por Washington con su Alianza del Pacífico. En tal hipótesis, es improbable que Paraguay lleve al extremo de romper con Mercosur. Se juega en estos días una batalla importante para el futuro suramericano.
Buenos Aires, 9 de julio de 2013

estado policial imperialista y crisis del capital

“Para la libertad

PorLBenAXXI

 

El mundo en el umbral de un nue­vo capítulo de la crisis económica. Al compás de anunciadores temblores bursátiles en los centros financieros del planeta y nerviosos golpes de timón en los Bancos Centrales, aparecen de­nuncias espectaculares sobre formas contemporáneas de confrontación entre potencias y de los Estados imperialistas contra sus ciudadanos.

 

Espionaje masivo e intrusión sin lími­tes en la vida privada de cada habitan­te. Más que nunca antes el capitalismo embiste contra toda y cualquier forma de libertad individual. Metamorfosis de democracia burguesa en Estado policial y de medidas heterodoxas en políticas clásicas de saneamiento capitalista.

Lo denuncian los propios grandes me­dios, atrapados en una contradicción sin salida: si llevan hasta el extremo la denuncia, acaban cho­cando de frente consigo mismos, puesto que forman parte inseparable del sistema.

Ése es el corolario de la denuncia de Edward Snowden, ex­haustivamente informada en esta edición de América XXI: el capitalismo, bajo cuyo reinado la humanidad alcanzó cimas de garantías individuales más elevadas que en cualquier otro momento de la historia, en su agonía se vuelve obligadamen­te contra ellas y se transforma en negación absoluta de la libertad. Así, en esta fase histórica, defender derechos civiles y garantías democráticas equivale a luchar por el socialismo. Lo contrario obliga a participar en mayor o menor grado de la deriva totalitaria y represiva del sistema.

Así lo comprendió The New York Times, que como de­nuncia ahora el titular de WikiLeaks desde su encierro en la embajada ecuatoriana en Londres, Julian Assange, en su momento censuró miles de documentos y –para dar sólo un ejemplo– de un cable secreto de 62 páginas sobre los críme­nes en Irak publicó unas pocas líneas irrelevantes.

Aunque de manera pasiva, el ciudadano común rechaza esa conducta periodística y le da la espalda. La encuestado­ra Gallup reveló que más del 77% de los estadounidenses desconfía de los medios de comunicación. Sólo el 23% tie­ne confianza en grandes diarios y en la televisión. La caída es sistemática: ese porcentaje fue del 25 en 2012 y del 28 en 2011. He allí uno de los factores del colapso económico de pilares supuestamente inconmovibles de la comunica­ción imperialista.

Pero no sólo el gran capital y la prensa que lo defiende están ante una encrucijada dramática. También quienes pre­tendemos abolir el mecanismo devenido trituradora de sus propias conquistas afrontamos un dilema no menos crudo y perentorio: cómo articular las fuerzas necesarias, en cada país y a escala mundial, para doblegar al gigante agónico que amenaza destruirlo todo en sus violentos estertores.

 

 

La crisis económica no se detiene

Hay una correspondencia directa entre agravamiento de la crisis capitalista y sistemática negación de los derechos y ga­rantías individuales. Este es uno de los debates que atenazó a las izquierdas sinceras en los últimos tiempos: ¿se derrum­ba o no por su propia dinámica el capitalismo? No importa que Marx haya dado su conclusión científicamente fundada con impar claridad: sí, el derrumbe ocurre por la evolución lógica del propio mecanismo. Siempre hay espacio para el debate. Eso es sano y positivo, al menos cuando la contra­dicción proviene del estudio concienzudo, lo que no siempre ha sido el caso en los aludidos debates. Como sea, el mundo está ante la evidencia de una retrogradación sin precedentes, a menos que se prefiera sostener la idea de que Bush era sim­plemente un demente y Obama un traidor más.

No. Está claro que el problema no son los individuos ni los partidos a los que pertenecen. Es la lógica interna del siste­ma la que se impone sobre cualquiera de ellos y somete a la política a sus designios. Marx lo decía de otro modo y nun­ca será suficiente repetirlo: es la caída tendencial de la tasa de ganancia; la sobreproducción; la pugna feroz por los mercados y la necesidad inexorable de sanear el mecanis mo expulsando a miles de millones de personas y destruyendo la mercancía sobrante.

Por cierto, los portavoces del capital dicen lo contrario. Ben Bernanke, titular de la Reserva Federal, anunció días atrás que hacia fines de año Estados Unidos ingresará francamente en una fase de crecimiento, lo cual habilitará a la Fed para cambiar el recurso empleado hasta ahora para contener el tránsito de la recesión a la depresión, pomposamente denominado Quantiti­ve Easing (QE). Se trata de la emisión descontrolada de bonos para aumentar la liquidez y postergar la inexorable llegada del momento en que el motor se engrana por falta de aceite. Hubo tres fases ya de esa política iniciada en medio del desmorona­miento de 2008, conocidas en la jerga como QE1, QE2 y QE3: tres momentos de una carrera demencial en la decisión de agre­garle aceite usado a un motor que tose y se ahoga.

Con estadísticas groseramente falsificadas, las autoridades estadounidenses dicen que la desocupación bajó del 10 al 7% y que llegará al punto de equilibrio (6,5% según sus teorías) a comienzos de 2014. Allí, la Fed aumentará las tasas de interés, frenará la emisión de dinero ficticio y reiniciará, asegura Ber­nanke, la conducta monetaria “normal”.

Hay otra manera de explicar esto: tras cinco años de cavar zanjas con dinero del Estado (Keynes dixit), con todas las luces rojas encendidas es preciso retomar el dogma liberal (von Hayek dixit). Cunde la alarma en las cúpulas máximas de la gestión financiera. En la reunión de junio de la Fed, dos de los 10 miem­bros votaron contra la propuesta de Bernanke para sostener la QE. Simultáneamente, en Londres tres de los seis integrantes del Comité de Política Monetaria, responsable por la fijación de tasas en el Bank of England, votaron contra la intención de su gobernador, Mervin King, de incrementar la emisión. Esa in­usual rebeldía y la certeza de que se aproxima un brusco golpe de timón en los Bancos Centrales imperialistas provocaron en las horas siguientes el barquinazo bursátil que invirtió la curva ficticia de subida de los índices en los últimos meses. No es arbi­trario conectar esta dinámica y la estrategia del capital con el es­pionaje masivo de ciudadanos potencialmente sublevados contra los efectos del viraje. El Estado policial es la contracara obligada de la agudización de la crisis y del retorno al liberalismo tras un quinquenio de desesperación keynesiana. Cabe esperar que, en esta oportunidad, el facilismo no lleve a calificar la política de saneamiento capitalista como neoliberalismo y el activo mundial sea arrastrado una vez más a buscar respuesta en el fortaleci­miento del Estado burgués.

La realidad es que muy lejos de avanzar hacia la estabilidad y el retorno del crecimiento, en Estados Unidos se afirma el estancamiento y aumenta la probabilidad de una franca caída económica. Esto se combina con la recesión hasta el momento irreversible en la Unión Europea, la brusca desaceleración de la economía china y un ostensible estancamiento de los hasta ayer salvadores Brics. Masivas e hipercombativas manifesta­ciones en Turquía y Brasil, por motivos aparentemente bana­les, son un termómetro de la temperatura real de la economía mundial. Los tres centros del capitalismo mundial, más China y los Brics, caminan por el borde de un abismo recesivo.

 

“Sangro, lucho, pervivo”

En ese punto está la humanidad. No ya en la periferia, sino en el centro mismo del capitalismo. El único punto a favor de los que mandan en medio de la tempestad es la ausencia política de su contraparte: las mayorías explotadas y oprimidas, las juventu­des, munidas de una estrategia y un programa. No tienen, como Miguel Hernández cuando partió a la guerra y escribió herido su célebre poema, un objetivo nítido por el cual luchar.

La omisión permite no sólo dar por inexistente cualquier alterna­tiva a las recetas de uno u otro signo para afrontar la crisis. También da lugar a la posibilidad de engaño colectivo. Eso ha venido ocu­rriendo desde el estallido global de 2008, tras el cual los medios de difusión anunciaron día tras día la solución del colapso, la recupe­ración, el retorno del crecimiento. Frente a las usinas de falsedades que alimentan a periodistas y analistas –por regla general ignorantes de la economía política como ciencia– no hubo ni hay un centro político capaz de analizar la extraordinaria complejidad de la crisis, explicar la naturaleza y dinámica de las medidas de salvataje y pro­poner un programa para la acción al alcance al menos de cientos de millones entre víctimas que se cuentan por miles de millones.

Ésa no es tarea de un individuo. Ni de un centro de estudios. Ni de un partido nacional. Por supuesto, tampoco es tarea de hablistas pre­suntuosos, convencidos de que basta conocer algunos fundamentos científicos de la economía política para pontificar respuestas frente a cualquier coyuntura, en cualquier latitud, sean cuales sean las condi­ciones específicas. El conocimiento minucioso de la realización de la crisis a escala global y en cada país, así como de las medidas del capital para sortearla (siempre al precio de agudizar su gravedad), pero sobre todo el trazado de una línea de acción alternativa, cons­tituyen una tarea ciclópea que sólo una instancia internacional de máxima calificación en todos los terrenos podrá cumplir.

Con las revelaciones del espionaje masivo, sumadas a las ac­ciones de guerra que el imperialismo ha emprendido en cada región del planeta, queda clara la naturaleza de la respuesta capi­talista a este cuadro de degradación general.

Resta saber cuál será la habilidad para responder por parte de los contingentes de diversa condición y envergadura que, en cada rincón del mundo, buscan articular una respuesta en fun­ción de los intereses de las mayorías y en defensa de la huma­nidad. El punto de partida es que capitalismo y democracia son términos antitéticos, no ya en un sentido estratégico, como lo hemos defendido siempre, sin en términos actuales y concretos. No se podrá defender la democracia sin luchar franca y resuelta­mente por el socialismo.

Repítase: esa aseveración terminante es sólo un punto de par­tida, que sirve a nada si no se traduce en capacidad de aglutina­miento consciente de grandes masas enderezadas hacia la aboli­ción del capitalismo. Por eso el punto de unión no es ideológico, sino programático, estratégico. Plasmado en organización. Gra­dual pero inequívocamente avanzando hacia un partido de ma­sas, con la cohesión y la eficiencia suficientes para alcanzar y ejercer el poder. Esto no se hace con gestos ni maniobras, sean electorales o de cualquier otro género.

 

 

22 de junio de 2013

entrevista con luis bilbao

“Creen que la muerte de Hugo Chávez les da la oportunidad”

ElDeber
 

Carlos Morales Peña, del diario El Deber, de Santa Cruz de la Sierra, entrevistó a Luis Bilbao para la edición dominical del pasado 9 de junio, en torno a la conformación de la Alianza del Pacífico y la respuesta dada desde la integración regional.

 
 

Luis Bilbao es uno de los mayores expertos en política internacional de la región. Dirige en Argentina América XXI, que se ha transformado en uno de los principales observatorios de los procesos de integración en América Latina.

 
 
¿Qué evaluación hace Ud. de la decisión del Gobierno de Colombia de establecer un acuerdo con la Organización del Tratado del Atlántico Norte? ¿Es una “provocación” para la región como dijo el presidente de Bolivia, Evo Morales? 

Es mucho más que una provocación. Es una línea de acción estratégica. En esta edición que acaba de salir de América XXI decimos en el título principal: “Obama pesca en el sur”. Esto fue escrito antes de la declaración de Juan Manuel Santos, pero después de la reunión en Cali para la conformación de la Alianza del Pacífico. Está claro que hay una línea de acción frontalmente contrapuesta con la idea de la Unión de Naciones de Suramérica (Unasur) y de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac). En cambio, la Alianza del Pacífico (México, Colombia, Perú, Chile y ahora Costa Rica) tiene todos los trazos de una continuidad del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (Alca) que se inició en 1994 y viene a romper -hay que ver si puede- la dinámica de convergencia en América Latina.
Hay un intento de rearticulación de los esquemas de libre comercio. No es seguro que esto vaya a tener éxito porque las posibilidades de un mercado común en el sentido liberal de la palabra está muy condicionada, como lo muestra hoy la Unión Europea.

 

¿En qué medida el nuevo acercamiento de Estados Unidos coincide con el declive del Alba y del Mercosur?

Estados Unidos evaluó que la muerte del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, abría la posibilidad de embestir contra la dinámica de convergencia que precisamente se había puesto en marcha bajo su presidencia en combinación con Brasil. Creo que Estados Unidos yerra su evaluación cuando piensa que hay un debilitamiento de la Revolución Bolivariana y, por tanto, también equivoca su evaluación cuando piensa que es posible revertir el proceso. Ahora, sin duda, Washington está intentando rearmar a sus aliados más firmes. El problema que queda abierto es cuán firmes son sus aliados más firmes y por cuánto tiempo van a durar.

 

¿Qué otros elementos observa usted que son parte de este nuevo esquema de poder?

En la reunión de la Alianza para el Pacífico estaba el presidente español, Mariano Rajoy, que además es presidente del Partido Popular (PP). Esta organización está intentando armar una ‘internacional parda’, como la llamamos nosotros, de corte fascista que ha tenido varias reuniones. No ha conseguido hacer pie, pero está buscando establecer un nuevo esquema político en la región. El tercer punto de apoyo de esta embestida estratégica sería entonces una internacional de carácter ultraderechista.

 

¿Cómo deben tratar los países de la región a esta nueva estrategia de rearticulación? 

Hay dos planos. En el plano de los Gobiernos, estos tienen que superar las trabas que están frenando al Mercosur, impulsar mucho más a Unasur y perseverar en la articulación de la Celac, que es el proyecto más ambicioso. Pero hay un desafío que va mucho más allá de los gobiernos. Creo que los movimientos sociales y los partidos políticos comprometidos con los intereses de sus naciones y de sus pueblos tienen que articular sus propias fuerzas para poder actuar no solamente en función de Gobierno sino en función de movimientos de carácter antiimperialista, que empujen a las administraciones que vacilan o se suman a esta corriente reaccionaria que supone la Alianza del Pacífico.

 
¿Cómo juega Brasil en este contexto?  

Esta línea de acción de Estados Unidos a través de la Alianza del Pacífico tiene tres objetivos muy claros. Uno es la Revolución Bolivariana y el Alba. El otro es Brasil. Estados Unidos está disputando el mercado latinoamericano, que el gigante de la región intenta hegemonizar. Y el tercer objetivo que se plantea la Alianza del Pacífico es frenar a China frente al mercado latinoamericano.
Hay, entonces, un despliegue estratégico complejo donde los actores juegan con intereses contradictorios. En el caso de Brasil, por un lado es el más afectado por esta estrategia y, por otro lado, como gran contraparte económica y política de Estados Unidos en América del Sur, negocia muchas veces en función de los intereses de sus capitales más concentrados, es decir, de la burguesía industrial paulista.

 

¿Cómo deben tratar los países de la región a esta nueva estrategia de rearticulación?

Hay dos planos. En el plano de los Gobiernos, estos tienen que superar las trabas que están frenando al Mercosur, impulsar mucho más a Unasur y perseverar en la articulación de la Celac, que es el proyecto más ambicioso. Pero hay un desafío que va mucho más allá de los gobiernos. Creo que los movimientos sociales y los partidos políticos comprometidos con los intereses de sus naciones y de sus pueblos tienen que articular sus propias fuerzas para poder actuar no solamente en función de Gobierno sino en función de movimientos de carácter antiimperialista, que empujen a las administraciones que vacilan o se suman a esta corriente reaccionaria que supone la Alianza del Pacífico.

 

¿Cómo juega Brasil en este contexto?  

Esta línea de acción de Estados Unidos a través de la Alianza del Pacífico tiene tres objetivos muy claros. Uno es la Revolución Bolivariana y el Alba. El otro es Brasil. Estados Unidos está disputando el mercado latinoamericano, que el gigante de la región intenta hegemonizar. Y el tercer objetivo que se plantea la Alianza del Pacífico es frenar a China frente al mercado latinoamericano.

Hay, entonces, un despliegue estratégico complejo donde los actores juegan con intereses contradictorios. En el caso de Brasil, por un lado es el más afectado por esta estrategia y, por otro lado, como gran contraparte económica y política de Estados Unidos en América del Sur, negocia muchas veces en función de los intereses de sus capitales más concentrados, es decir, de la burguesía industrial paulista.

repetición de una entrevista televisiva a luis bilbao en 2010

Estados Unidos da un paso más en planes de agresión militar contra Venezuela

enaxxi

 

La oposición fascista que desde Caracas responde a los dictados de Washington compró 18 aviones de guerra en Estados Unidos. Es información segura: estos instrumentos de agresión aérea estarán en las siguientes coordenadas: P 11°25’31» y M72°7′, 46». Serán ubicados en una base militar de Estados Unidos ubicada en Colombia.

 

La oposición fascista que desde Caracas responde a los dictados de Washington compró 18 aviones de guerra en Estados Unidos.

Es información segura: estos instrumentos de agresión aérea estarán en las siguientes coordenadas: P 11°25’31» y M72°7′, 46».

Serán ubicados en una base militar de Estados Unidos ubicada en Colombia.

Hizo la denuncia un periodista que fue vicepresidente, canciller y ministro de Defensa de Venezuela: José Vicente Rangel (ver http://www.americaxxi.com.ve/notas/ver/jos-eacute-vicente-rangel-denunci-oacute-compra-de-aviones-de-guerra-para-agresi-oacute-n-contra-venezuela).

Una operación de este tipo estuvo a punto de desencadenarse en 2010. El presidente saliente Álvaro Uribe mintió afirmando que las Farc actuaban desde territorio venezolano y puso a ambos países a un milímetro de la guerra.

Ahora, está en curso una nueva escalada. Es útil chequear lo que decía públicamente el Director de América XXI en aquel momento y encadenarlo con el conversatorio que esta página publicó el sábado pasado (ver: http://www.luis-bilbao.com.ar/?p=3053).

 

 

definiciones y desplazamientos en el damero geopolítico

Alianza del Pacífico: Obama pesca en el Sur

PorLBenAXXI

 

Escalada: la constitución de la Alianza del Pacífico es sólo un movimiento más en el cambiante mapa regional. Desde abril a la fecha Barack Obama viajó a México y Costa Rica; Maduro a Uruguay, Argentina y Brasil, para enseguida partir a Ecuador y Bolivia; Joseph Biden estuvo en Colombia y Brasil; Xi Jinping llega en estos días a Trinidad y Tobago, Costa Rica y México. Una disputa feroz ocurre al compás de la agudización de la lucha por los mercados y los esfuerzos por detener la revolución de un lado y por afirmarla y proyectarla del otro.

 

Un cerco político-ideológico está tendiéndose contra Venezuela, el Alba y el proceso de convergencia latinoamericano-caribeño. El Departamento de Estado tiene tres objetivos prioritarios en la región:

 

• derrotar la Revolución Bolivariana y con ella al Alba;

 

• dividir el bloque económico latinoamericano por el cual trabajó Brasil en la última década;

 

• cerrar el paso a China en el mercado del Río Bravo a la Patagonia.

 

A tales fines sirve la nueva criatura de la Casa Blanca: la Alianza del Pacífico, puesta en marcha en 2011 por el entonces presidente de Perú Alan García. Patrocinado ahora por México, este bloque traza un eje con apoyo en Colombia, Perú y Chile y se proyecta en un plan de expansión a través de Costa Rica, Panamá y Paraguay.

 

“Es el nuevo motor económico y de desarrollo de América Latina y el Caribe”, declaró Juan Manuel Santos, presidente de Colombia, al asumir la titularidad temporaria del bloque en la reunión realizada en Cali el pasado 23 de mayo.

 

Allí participaron en calidad de observadores el presidente de España Mariano Rajoy; el primer ministro de Canadá Stephen Harper; el presidente de Guatemala Otto Pérez Molina y el vicepresidente de Uruguay, Danilo Astori. También estuvieron presentes altos funcionarios de Nueva Zelandia, Australia y Japón. Como observadores fueron acreditados Ecuador, El Salvador, Francia, Honduras, Paraguay, Portugal y República Dominicana. Días antes, en su visita a Colombia, el vicepresidente estadounidense Joseph Biden declaró el interés de su país por integrarse al bloque como observador. Santos celebró la demanda y se comprometió a presentarla ante sus pares.

 

La Declaración final adelanta que “el 90% del universo arancelario tendrá arancel cero a la entrada en vigor del Acuerdo (el 30 de junio) y el 10% remanente se desgravará conforme lo acordado entre las Partes”. Señala también que Chile y Colombia acordaron compartir embajadas en Argelia y Marruecos, en tanto Perú y Colombia tendrán conjuntamente la embajada en Vietnam. Se estableció también, sin detalles, un Fondo de Cooperación. Esta inconsistente fusión del credo liberal con el discurso integracionista tiene un destino menos glorioso y más acelerado que el de la Unión Europea. No obstante, en la coyuntura sirve a los objetivos de la Casa Blanca.

 

Voceros oficiosos de la cumbre difundieron el propósito de sumar como miembros plenos a Paraguay y Uruguay, Honduras, El Salvador y República Dominicana. Santos no disimuló la intención de crear una contraparte regional frente a Brasil, Unasur y Mercosur: los organizadores entregaron a la prensa un resumen informativo donde se subraya que el nuevo bloque cuenta 210 millones de personas, 38% de la población de la región, frente a Brasil que con 195 millones de habitantes tiene el 35%, mientras que el Producto Interno Bruto (PIB) de los 4 países equivale al 35% de la región, en tanto Brasil representa el 45%. Una semana después Santos dio un paso más audaz: recibió en la Casa de Nariño al ultraderechista candidato derrotado en las recientes elecciones de Venezuela, Henrique Capriles, quien peregrina por la región buscando apoyo para desestabilizar al gobierno revolucionario. Biden estuvo también para eso en Colombia. Logró su objetivo táctico y, de paso, hasta puede torcer el rumbo de las negociaciones de paz entre Santos y las Farc: Estados Unidos necesita que la guerra continúe.

 

 

Golpear a Maduro

Aunque los centros imperiales están gravemente afectados por la crisis, con sus capacidades menguadas en todos los sentidos, la escalada iniciada tras la elección de Nicolás Maduro es una amenaza seria para las grandes conquistas alcanzadas en la región durante la última década. También para la Revolución Bolivariana.

Convulsionar la situación política y social, confundir y desmovilizar a las masas, mellar la unidad de las corrientes revolucionarias, debilitar a Maduro, son otros tantos objetivos inmediatos en la estrategia de Washington. Como ha ocurrido en otros momentos decisivos de la historia, no todas las tendencias del arco de izquierdas –y sus intelectuales– comprenden la magnitud del desafío y asumen la responsabilidad que les cabe.

Hugo Chávez murió en el preciso momento en que la Revolución Bolivariana debía atravesar el Rubicón y llevar la transición al socialismo hasta el punto de no retorno. Convencido de que la desaparición del líder dejaba huérfanas a las filas anticapitalistas y ofrecía la oportunidad por la que se esforzó sin éxito durante 15 años, Washington lanzó la contraofensiva general.

Por su parte, sin demorar un instante la Dirección Revolucionaria desplegó un enérgico esfuerzo interno e internacional. Mientras Barack Obama se desplazaba a México y Costa Rica, donde expondría sin tapujos su plan regional contrarrevolucionario con eje en Venezuela, Nicolás Maduro se abocó a reatar su relación con las masas a través del “Gobierno de calle”, reavivó Petrocaribe mediante una cumbre y nuevos acuerdos –que incluyen la incorporación de Guatemala y el retorno de Honduras– y realizó una gira por Uruguay, Argentina y Brasil.

Un duelo estratégico, reflejado de manera desigual en la prensa. Los medios comerciales empeñados en una furiosa campaña contra Maduro, multiplicando mentiras y calumnias respecto de la situación real de Venezuela. A mucha distancia, los órganos de difusión comprometidos con la Revolución, en marcada desventaja por capacidad de llegada y claridad de objetivos inmediatos.

 

América Latina como campo de combate

Para todos es claro que Estados Unidos procura recuperar terreno perdido durante la última década y media. No todos asumen que esta contraofensiva apunta a consolidar una opinión pública proclive a aceptar primero la desestabilización de Maduro y de seguido el inicio de acciones violentas al interior de Venezuela. Menos clara aún está la percepción de que Washington tiene en la mira a toda América Latina.

Una prueba de última hora: como parte de la escalada, en Argentina un oscuro fiscal hizo una presentación formal ante la justicia el 29 de mayo, denunciando un plan iraní para “exportar la revolución islámica” hacia América Latina. Según Alberto Nisman, fiscal general encargado del caso por la voladura de la mutual judía en Buenos Aires en 1994, Teherán habría emplazado “unidades de inteligencia y operación en Brasil, Paraguay, Uruguay, Chile, Colombia, Guyana, Trinidad y Tobago y Surinam”. Y esto no es, según el avispado fiscal, cosa del pasado. En su presentación Nisman asegura haber obtenido elementos de juicio suficientes para afirmar que “distintos pasos del plan criminal establecido por Irán podrían estar llevándose a cabo”. Nisman ha sido señalado, por periodistas de su propio entorno, como beneficiario de informes entregados por el Instituto para Inteligencia y Operaciones Especiales, más conocido por su sigla en hebreo: Mossad. Falta agregar que la principal base de operaciones del “Instituto” en la región está en Bogotá.

Nadie podría sorprenderse del otro dato importante descubierto por este creativo funcionario: según sus investigaciones el centro del esquema subversivo-terrorista para Norte, Centro y Sur América está… en Caracas.

Si la provocación coincide con la escalada general de Washington, la programación es antigua. El componente militar de esta encerrona comenzó hace tiempo con la reactivación de la IV Flota, luego el dispositivo bélico contra Venezuela a partir de siete bases en Colombia, seguido desde entonces con la multiplicación de bases no convencionales para reconocimiento y ataques puntuales mediante aviones no tripulados en toda la región. Y siempre la campaña mediática como parte esencial del plan de ataque. Todo complementado con un accionar diplomático minucioso, destinado a neutralizar y eventualmente cooptar las partes blandas del entramado político regional, mientras se anuda un esquema propio con aliados más firmes.

Se trata de una operación estratégica diseñada y sistemáticamente aplicada por la Casa Blanca desde el último tramo del gobierno de George W. Bush. Los golpes de Estado en Honduras y Paraguay son parte del plan. El G-20 es una pieza mayor en este ajedrez hemisférico.

 

 

Brasil en disputa

Desde los tiempos de Henry Kissinger la Casa Blanca considera a Brasil como punto decisivo de apoyo para su estrategia continental. Otra titular de la Secretaría de Estado, Condoleezza Rice, no sólo hizo su tesis de grado con el tema sino que, ya como ministra de Bush, tuvo oportunidad de comprobar el fracaso de todas sus cuidadas líneas de acción para seducir a Brasilia: con Fernando Henrique Cardoso primero, con Lula después, el gigante regional tomó por el camino de los intereses dominantes de la gran burguesía paulista y se lanzó a la conquista del mercado latinoamericano.

Speak softly and carry a big stick (habla suave y lleva un gran garrote) indica la sofisticada teoría política estadounidense. Joseph Biden llegó a Brasil una semana después del bautismo de la Alianza del Pacífico y se deshizo en lisonjas un tanto inapropiadas para el vicejefe del más poderoso imperio del mundo. El enviado de Obama explicó que “Ustedes demostraron una cosa que Estados Unidos cree: no es necesario escoger entre democracia y desarrollo”. Como buen político imperial, Biden desconoce la historia brasileña y pasa por alto el papel de la dictadura desde 1964 hasta 1984. En todo caso, no se privó de pasar el mensaje encomendado: “En América Latina, Colombia y Chile muestran un gran dinamismo económico” advirtió, oportunamente informado de que la economía brasileña atraviesa un alarmante período de estancamiento. Algún asesor le habrá acercado además datos recientemente publicados por la Comisión Económica para Latinoamérica y el Caribe (Cepal): los cuatro integrantes de la Alianza Pacífico crecieron en 2012 al 5%, en tanto el Mercosur registró un aumento medio del PIB del 2,9%. Más aún, el intercambio comercial del flamante vástago imperial aumentó un 1,3% en el mismo período en que en el Mercosur cayó 9,4%. Ése es un punto a favor de Washington: reaparecida la crisis estructural capitalista y sus efectos, sólo tienen respuesta aquellos gobiernos que, o bien están dispuestos y capaces de aplicar las medidas necesarias para el saneamiento del sistema, o bien están resueltos y armados para avanzar en la transición al socialismo.

Durante el empalagoso discurso de Biden un grupo de trabajadores petroleros parece haberse fijado más en el garrote. En consecuencia, enarboló pancartas explicándole que no era bienvenido. Por el contrario, la presidente Dilma Rousseff será recibida con plácemes en Washington el 23 de octubre, un mes antes de la reunión cumbre del G-20.

 

El dilema chino

En abril, dos meses antes de una gira de Xi Jinping por Trinidad y Tobago, Costa Rica y México, altos funcionarios chinos pidieron el status de observadores en la Alianza del Pacífico. No fueron invitados a la cumbre de Cali. Además de contrapeso frente a Brasil, este bloque debe operar como vallado contra la invasión de productos chinos en América Latina. La disputa feroz por los mercados es resultante obligada de la crisis estructural del sistema, traducida en sobreproducción y caída de la tasa de ganancia media para el capital. Y en este cuadro, mientras el coloso asiático registra un freno brusco en su crecimiento, se desenvuelve en paralelo la pugna estratégica por la primacía mundial entre el imperialismo en decadencia y la economía china en auge. Con todas las cartas jugadas a una repetición exitosa de su lucha contra la Unión Soviética, apuntada a la implosión y la disgregación, Washington aspira a que un proceso análogo impida que en la próxima década deba ceder el lugar de primera economía mundial.

Un factor cambia sin embargo el signo de la ecuación en la Alianza del Pacífico: el grado alcanzado por la crisis estructural del capitalismo. Aunque Obama y Biden no lo registren, las luchas interburguesas condicionan altamente la conducta de sus aliados más cercanos. No será suficiente la presión diplomática estadounidense para que sus cuatro aliados en este bloque eviten la tentación de utilizar también esa estructura para negociar con ventaja frente a las pretensiones de la Casa Blanca. Incluso si Santos, como indicaría su acatamiento a la imposición de Washington, pese al deterioro grave de las relaciones con Venezuela, se somete totalmente, no es esperable que a mediano plazo ocurra lo mismo con las burguesías de Chile y Perú, donde el gobierno de Ollanta Humala y el previsible retorno de Michelle Bachelet estarán compelidos por relaciones de fuerzas internas a tomar distancia de las urgencias estadounidenses. México será menos previsible: la crisis que le hace pagar su asociación con Estados Unidos se combinará con el desplazamiento interburgués plasmado por el retorno del PRI al gobierno.

La capacidad de seducción china frente a estas burguesías –a saber, compras de materias primas en elevadísimos volúmenes y precios– está llamada a torcer el rumbo y eventualmente llevar a la implosión de la Alianza del Pacífico, mientras Beijing define cómo actuará para resolver sus contradicciones internas y eludir la dinámica en la cual Washington ha puesto todas sus esperanzas. La volubilidad e inconsistencia de las burguesías cuyos gobiernos traducen directa o forzadamente sus necesidades inmediatas pesan también como factor de inestabilidad cuando se trata de seguir la voluntad imperial.

 

Venezuela sigue a la vanguardia

Al otro lado de estos ominosos indicios de fractura regional, en continuidad con la línea estratégica trazada por Chávez, la Dirección revolucionaria de Venezuela lleva a cabo el curso de acción necesario para neutralizarla. No sólo en el propósito de consolidar el poder interno y acelerar la transición: también –y acaso sobre todo– con el renovado impulso que Caracas está imprimiendo a Unasur y el vigoroso relanzamiento del Alba, anunciado con medidas de impacto por Maduro y Evo en Cochabamba el pasado 25 de mayo.

No obstante la incomprensión de ciertas fracciones de izquierdas, contra la presión negativa de partidos y gobiernos que en la región insisten en la necesidad de “disciplinar” a Maduro, la Revolución Bolivariana responde una vez más a la contraofensiva de Washington desde Mercosur, Unasur y Celac, con el Alba como punta de lanza para la transición conjunta al socialismo. Cada quién ocupará su lugar en el período histórico inaugurado ahora mismo, sin la presencia de Chávez pero con su legado más vigente incluso que en la década pasada.

 

murió videla, el sistema que lo engendró continúa su faena

Epitafio

PorLBenAXXI

 

Cada ser humano tiene la estatura de su enemigo. Regocijarse por la muerte de Jorge Videla revela la condición de quienes, más tarde o más temprano, de una manera u otra, con esta o aquella justificación, se han acomodado al sistema defendido por la junta militar de secuestradores.

 

Blasfemar contra un personaje en todo y por todo menor permite a no pocos vivir satisfechos en la desolada Argentina de 2013. Si la justicia consiste en llevar a la cárcel a las figuras visibles de secuestros, torturas y asesinatos… pues se ha hecho justicia: el comandante de torturadores fue juzgado y condenado en 1983, tuvo años de cárcel y murió en prisión.

¡Todos tranquilos y felices! ¡Videla ha sido derrotado! También Massera, y Suárez Masón y…

Por mi parte, no puedo sentir paz ni satisfacción; tanto menos alegría.

No se hizo justicia. El enemigo no eran Videla y su caterva.

Soy uno de los pocos sobrevivientes de un destacamento que resistió en los principales centros políticos del país durante más de cinco años de terrorismo de Estado: desde mediados de 1973 a mediados de 1978. La muerte del dictador no cierra la herida abierta por camaradas secuestrados, torturados y asesinados. Entre ellos Ana María Piffaretti, entonces mi compañera, llamada Inés Castellano en la clandestinidad. Pero tampoco es ese dolor sin cura por los camaradas desaparecidos lo que impide la satisfacción.

Sufrimientos y muertes eran una certeza calculada de la batalla emprendida. Éramos conscientes de lo que hacíamos y afrontábamos. Y estábamos felices por hacerlo. Ni en aquellos duros momento ni más tarde nos dejamos ganar por la cómoda idea de que es posible alcanzar la libertad y la justicia sin grandes sacrificios. Luchábamos -como hoy- por una revolución socialista. No pedimos tregua cuando los asesinos uniformados estaban en su apogeo. No la concedimos después, cuando fueron reemplazados por civiles. Mucho menos nos cebaríamos en los desechos humanos una vez condenados. Antes y después fuimos protagonistas de la lucha de clases y no plañideros por los «derechos humanos» según la definición impuesta al mundo por James Carter a nombre del imperialismo. Sabíamos que «en una revolución, cuando es verdadera, se triunfa o se muere».

Está a la vista: 37 años más tarde quienes armaron aquella máquina mortífera, quienes lanzaron contra el país a los esbirros y después los reemplazaron por supuestos demócratas, resultaron vencedores. Vencedores exhaustos de una victoria sin futuro, pero tangible y costosa. No ya para los revolucionarios, sino para Argentina toda.

Basta comparar nuestro país de hoy con el de 10, 20, 30 y 40 años atrás, para comprobar que la caída no ha cesado ni por un instante. Al contrario: es cada vez más acelerada, abarcadora y destructiva. No se pierde una confrontación histórica sin pagar el precio.

Para ellos el monto consistió en encarcelar y escupir a sus monstruos; perder fuerzas armadas, partidos, iglesia, sindicatos, que tendrían no obstante la sobrevida necesaria para asestar el verdadero golpe.

Para nueve de cada diez argentinos el costo fue más oneroso: asistir pasivamente a la destrucción de las más valiosas columnas de la nación; ver la degradación corroyéndolo todo; aceptar la mentira entronizada, el saqueo como motor principal, la ineptitud y la inmoralidad como condición necesaria.

Que los farsantes nunca involucrados en la lucha contra la explotación, jamás comprometidos en la resistencia a la dictadura, celebren cuando la muerte viene a poner punto final a una vida cobarde e innoble. Que los ladrones se vistan con galas de justicieros. Que los dispuestos a doblarse primero para romperse después traten de parecer magnánimos mientras pugnan por una banca o un cargo. Que los débiles de espíritu descarguen contra el asesino muerto todo lo que ya no le endilgan al sistema del que ahora son parte. Nada de eso importa demasiado hoy, ni durará más de un instante.

Argentina está nuevamente en el prólogo de una gran conmoción, mientras los centros de la economía capitalista se agrietan, tambalean y anuncian el derrumbe.

En honor a los ideales y a quienes cayeron en su defensa, siquiera le otorgamos carácter de enemigo a quien llegó al extremo de secuestrar recién nacidos. No son esos nuestros enemigos, como no podría serlo el hacha alzada por un verdugo.

Nuestro enemigo es el sistema que brutaliza y envilece. No hay perdón para ese mecanismo enajenante, degradante y destructor. Ni para quienes con diferentes disfraces lo sostienen y usufructúan.

Buenos Aires, 17 de mayo de 2013

 

 

Reaffirmation, Warning and Encouragement for the Revolution

ByLB

 

Continuity: with 50.75% of the votes, Nicolás Maduro was elected President. In 14 years, it is the sixth election to the presidency that carries the revolutionary proposal to victory. Despite the magnitude of an unprecedented mass mobilization in defense of the revolution, the opposition rose to 48,98%, five points higher than the same candidate’s outcome in October. The difference is a warning that the President acknowledged in his speech following the announcement of the National Electoral Council (CNE). Now comes the implementation of the Plan for the Homeland, the enormous economic challenges of transition in times of capitalism’s agony, the struggle against inefficiency, sabotage and insecurity, the defense of the regional union, the consolidation and projection of Alba (Bolivarian Alternative for the Americas). All this within the opposition’s offensive and an emboldened imperialism. But the real result of strategic significance is the role of the masses in a campaign that counter posed explicitly and directly the «labor candidate» against the “little bourgeois one;» the son of Chávez against the imperialism’s delegate, socialism against capitalism.

It was the longest and biggest mobilization in memory. It started in every corner of the country in December, when due to the risks posed by a fourth surgery, Hugo Chávez designated Nicolás Maduro as the candidate for the possible new presidential election. And culminated for the anniversary of the 2002 coup on Thursday April 11, with Caracas overwhelmed by an unprecedented human flood. Before that, with a different characteristic, Venezuela went through a similar mass mobilization for the October 7 presidential election.
As on April 14, 11 years ago, Chávez — embodied in the figure of Nicolás Maduro — returned to the Presidential Palace of Miraflores. Unlike that symbolic date in which the masses arose spontaneously to defeated the coup remote-controlled from Washington, this time an explicit strategy of transition to socialism won, it was the organized consciousness in an electoral struggle: 50.66% for Chávez’s candidate; 49.07% for the White House’s and local bourgeoisie’s candidate. It is a result that takes on another dimension considering that it comes after 14 years of a revolutionary government in constant confrontation with the bourgeoisie and the capitalist centers of world power. With the passage of time we will know details of the number of sabotages to power grids, the maneuvers to impose food shortages and cost of living, and the activity of undercover foreign mercenaries that acted in favor of the right’s candidate.
Nevertheless, the formidable mass mobilization succeeded in imposing the candidate of the Revolution. It did not happen by simple spontaneity; the masses would have won the street under any circumstances: it was the action and determination of the Political-Military leadership of the Bolivarian Socialist Revolution, that translated into a favorable outcome: working class, peasants, students, masses, armed forces, with the United Socialist Party of Venezuela (PSUV) as the center and leader, led by the team closest to Chávez: presidential candidate Nicolás Maduro, Diosdado Cabello from the directorate of the PSUV and the National Assembly, the Minister of Foreign Affairs Elias Jaua and Rafael Ramírez, President of the Venezuelan Petroleum Co. (PdVSA) and key figure in the finely-tuned Chávez core.
Also part of the political-military committee are ministers and military leaders, tested and committed cadres of the PSUV, Community Councils, union leaders and other social organizations, all united around the Homeland Plan and the figure of Maduro.

 

Advocacy of the masses

It is impossible to quantify the mass eruption of these 120 days. Hopefully someone will work on a rigorous survey about the many rallies, marches and acts of this period (between April 2 & 11, Maduro attracted 7 million). Millions upon millions of people took to the political stage to defend Chávez after his last surgical intervention, to mourn his death, lift his legacy and ensure continuity of the Revolution, from the March 5 onwards.
That prodigious mobilization is not reflected in the votes. Until late, the author of these lines expected a significantly greater difference. Local consultants’ polls had similar forecasts – even the official report of the CIA. They all ensured Maduro’s victory with an advantage of over 10% of the votes. In light of the results, a hidden discontent is revealed that, with Chávez’s absence, was demonstrated with a slight decrease in turnout (79.8% against 80.67% in October), and a significant vote crossover to the opposition candidate.
The right itself was surprised with the result and had no adequate reactions to the new situation open to them. In his speech at midnight on Sunday the 14th, on a mounted platform in Miraflores and in front of thousands of people in and out of the Palace, Maduro said that the losing candidate had called him to ask for delegates from both sides to negotiate an agreement with the National Electoral Council. The threat was to ignore the official data and launch a mobilization. The President rejected the claim and the defeated candidate finally announced that he considered the results of the CNE as temporary, while ordering street protests. When this article was finished, the protests were reduced to small pockets in neighborhoods of the oligarchy.
Then Maduro reiterated the points made during his campaign, the factors that resulted in the loss of votes. Days ago these were admitted as serious problems in the march of the revolutionary government, now they explain the countless attacks and constant power outages, insecurity, inefficiencies, pockets of corruption, inflation, shortages and incompetence to combat food shortages and the cost of living. These confirmed that the solution was to strengthen the Revolution, for a greater role and power by the Community Councils and, ultimately, a more radical advance toward «building a Bolivarian, Christian, Chavista socialism, in democracy and in peace.»
It is important to note that in the very short time stipulated by the Constitution for the election after the death of Chávez, the government could not respond with a firm hand to pre-election tactics such as sabotage and shortages and other destabilizing actions. That would have been an excuse for worldwide condemnation, the justification for the withdrawal of the opposition candidate and preparing the ground for a violent offensive articulated by Washington.
In the week prior to the election, groups of students were sent to violently protest at military installations. They were obviously seeking to provoke bloody confrontations to be blamed on the authorities.
Thus, the government had to move within very narrow space, while the opposition would get the benefits in either their actions or in the government’s reaction. In any case, to be effective, the authority’s actions required to stop the violent protests could not be superficial nor merely rhetorical. It is obvious that in addition to these factors, the results were significantly influenced by Chávez’s absence.
One hypothesis to be corroborated with specific studies indicates that the bulk of the votes that migrated to the counterrevolutionary candidate came from the middle class. Again, the traditional political flip-flopping of the petty bourgeoisie came to demonstrate and teach a lesson to the revolutionary forces. However, this cannot tarnish nor diminish the huge challenge of replacing — socially and politically — a figure of Chávez’s stature in just one month and 10 days of effective campaigning.
Even before the election period formally started on April 2, Nicolás Maduro had weathered the toughest test: the people recognized him as the son of Chávez. Gone are empty speculations engaged in pointing out the «lack of charisma» of the unexpected candidate. It seems that the bourgeois thought cannot understand the reality and can only repeat stereotypes. If it is certainly true that Chávez’s traits helped the majority of Venezuelans to assume a revolutionary and socialist perspective, it is also clear that without this perspective those traits could not have stood the test of time. Just as obvious is the fact that Maduro’s identification with the socialist strategy paved the way and in a dramatic timeline, endowed the disciple with the characteristics of the master Chávez, that up until now were invisible in Maduro.
There was, as expected, resistance and resentment in the middle class of society and the United Socialist Party of Venezuela (PSUV) to willingly accept the final strategic decision of the Comandante. But Maduro managed to communicate with the masses of workers and dispossessed; he vigorously promoted the Plan of the Homeland (which he called «Chávez’s Testament»); maintained the symbols; gained supporters and affirmed the socialist path. And when he began the journey «from Barinas to Miraflores» on the morning of April 2, the battle was already decided. However, what came in the next nine days astonished even the most optimistic connoisseurs of the grass-roots Revolution: in a poignant mix of sadness, pain, joy and combativeness, streams of men and women joined the slogan «Chávez, I swear to you, my vote is for Maduro.”
Chávez, Revolution, Socialism, Homeland, were the most repeated words these days. Shouted by millions, put into dozens of songs of all styles, and again acknowledged by Maduro in each of the 25 campaign events. An overwhelming synergy among millions of wills expressed loudly and the candidate ensured the determination to fight and the certainty in the continuity of the anti-capitalist transition.
Clear objectives, unparalleled energy, a determined and organized vanguard plus the unique traits of this exceptional people, was the mortar with which the collective spirit was recomposed after the severe blow caused by the death of Chávez. That force in action, rooted in the masses, cornered the bourgeoisie and defeated their candidate once again.

 

From Sabaneta to Miraflores

The starting point of the last stretch of this electoral campaign, was a humble house in Sabaneta de Barinas, where Chávez lived his childhood and adolescence with his beloved grandmother Rosa Inés. That place, now a historic landmark, is PSUV’s headquarters. In the large backyard, two trees planted years ago by Evo Morales and Hugo Chávez grow. They named them Rebellion and Revolution respectively, as if another symbol to both proletarian background principles was needed. Under their shadows, Maduro gathered parents and siblings of the Comandante to a round of anecdotes and remembrances. On the verge of tears, such a firmness of purpose made no slogans nor elaborated phrases necessary. It was crushing and yet genuinely invigorating emotions, no feigned mourning, culminating in music and songs from the plains, a constant combination that characterized every rally to come.
Outside, thousands of men and women, exuding strength, conviction, and a stunning clarity of purpose gathered. But that burst of fervor was nothing compared to what came next: on the road between Sabaneta and the capital Barinas, when Maduro drove in a simple open-top vehicle first and a public bus later.
The bourgeoisie tried to discredit Chávez’s candidate remembering his past as a bus driver at the Caracas’ subway company. Far from being intimidated, Maduro claimed proudly his working class background and made it his campaign image: a worker against a «little bourgeois whim [of Capriles].» He arrived to every rally driving a bus and often drove hundreds of miles between each State capital.
The attempt to disqualify him became the opposite: it gave the campaign an unequivocal class content and to Maduro, an opportunity to show his grassroots upbringing and to broaden his popularity. This writer knows what he’s talking about when he says that Maduro is a veteran driver. His many years on this profession are revealed when he sits behind the wheel and drives, while talking to the passengers and greeting the escorting flock of motorcycles and the crowds piled up on both sides of the road.
That experience is a book full of mysteries and revelations. The bikes loaded with parents and one or two children intersect like bees slowing down or speeding up to approach the bus. Red berets and Venezuela’s flag abound. Chávez’s photos hoisted from the bikes as spears pointed at an imaginary interlocutor.
What invisible force moves these people? Where does that fervor comes from? The outstanding religiosity of these people stands out; a feature which is at once a powerful force in the anti-capitalist struggle and yet also flank for penetration, which the enemy has already devised a strategy for. But there is more. They have seen a horizon of emancipation.
Adán Chávez, governor of Barinas and brother of the Comandante, analyzes the event with a sad smile. The question everybody asks is how there are no accidents. But like a swarm, each bee has an invisible sensor which allows them to intersect, buzzing between thousands without even touching anyone. In this apparent irrationality there is intelligence and order.
What comes next is even more astonishing: A motley crowd waiting for the bus near the place where the rally is. Jumping, dancing, shouting slogans, always accompanied by smiles and flying flags. From there the symbiosis between mass and candidate goes to a major key. The furor seems to be contagious and spreads like flame. From balconies and roofs, perched in trees and columns, thousands of men and women of all ages want to say hello, touch, give him a message, deliver a message to Chávez’s son. And always resonates, repeated with ardor, the name of the deceased Comandante.
Behold the Revolution engine, the infinite energy of the masses inspired by the idea of a better world, waving red flags and reaffirming socialism. «Ideas are a material strength when they penetrate the masses.» Mature ceaselessly greets pounding his left fist into his open right palm; a characteristic Chávez gesture that the people assumed as its own and uses to convey unequivocally a political proposal.
Invisible, the PSUV’s oiled machinery acts as an organizational guide in what the poet Herbert Read called «higher order of a vast upheaval». The political leaders in Europe and Latin America are confronting the capitalist crisis without the historical legacy of the class struggle, the notion of a revolutionary party. Would they learn these lessons?
The present situation prevails and shortens the time for reflection: the candidate steps up to the stage with all his companions. And the great test begins. From a recording: the hymn sung by Chávez as he always did in his rallies. Everyone ripples with excitement. The Comandante is present and Maduro does not try to hide this fact, quite the opposite, he stands as a humble and loyal disciple.
A video is shown where Chávez announces that «if something happens to me», the candidate is Maduro. «That’s why I’m here,» says the candidate. Then he takes the flag that the Comandante gave to him. Because of his legacy and the Homeland Plan – the program with which he won the elections last October 7 – Chávez still in command of the Revolution.
Maduro spends long minutes searching the invisible contact between the speaker and the masses in which each component feels and acts as an individual. Finally the time comes and the contact’s tune is affirmed. Then Maduro displays the government program. An explosion of endorsement is ignited. Done: Barinas, Chávez’s birthplace, has acknowledged and accepted his son.

 

Feverish Campaign

The official channel accompanies the candidate. And, presumably TV combines inequalities.
However, what is certain is that already in the second phase of the campaign, hours afterwards in Maracaibo, capital of Zulia state, key in the nation, the point of reference is what happened in Barinas and the candidate is now established. From there with each act is a growing quantitative and qualitative expression on both sides: above and below the stage. Maduro applies all the resources utilized by Chávez to make his speech simple and friendly, but he doesn’t copy the maestro. He introduces variants that some like and others don’t, but it always impacts those who are up close.
With an average of three events a day, followed with long marches among the multitudes in each case and then hours of talks, exchange with the crowds, more music and, each time with singing as the climax. It almost seems impossible that the energy of the masses and above the strength and voice of the candidate can keep on going. But they do.
As what happened with Chávez in October, each event brings larger crowds and more fervent combativeness. With a difference: although it is impossible to measure it precisely, the observer is convinced that these acts are bringing out the multitudes and that the revolutionary determination is even greater. It is not illogical: one of the most repeated slogans of the Comandante was when he explained that “We are all Chávez.” It is obvious that the idea penetrated among the masses. Millions of people realize that in the absence of the revolutionary leader, his role is crucial. And it fits with Maduro’s attitude, who facing the opposition’s claim that he is not Chávez, agrees that the deceased leader is irreplaceable and only together, the people in its entirety — the leadership of the party, the mass organizations and the Armed Forces — can take his place and carry the Revolution forward.
The apothesis came Thursday the 11th, in Caracas. Millions of people packed seven central avenues. The aerial shots prove it is not an exaggeration. But the direct experience in the streets tells a different story beyond the numbers: the organized contingents were complemented by spontaneous crowds to affirm the continuity of the revolution. When enormous screens showed the image of Chávez in that same place, October 4, in the rain, with his strident voice and even stronger concepts, an irrepressible emotion broke over the boundless crowd.
The contrast with the opposition gatherings could not be greater, doubly sparse: in their closing rally in Caracas four days before, it filled barely two blocks and a half of Bolívar Avenue with apathetic and thin lines that began to break up at the very moment that the ultra-right candidate began his speech. Some of the events in other states were even weaker.
We can presume that his more reactionary sectors will move toward an open break with the institutional regime, especially if, as Maduro stated in his speech as elected president, the Revolution’s forces move to renew, correct errors, energize and achieve their objective, to recover a new and more solid, broad majority. Because of all this, it is erroneous to characterize what has occurred in the last few days as an “electoral campaign.”
What we have is an eruption of the masses in an attitude of combat to defend and push the Revolution forward, understanding that Chávez himself was preparing for his third government an acceleration that would be capable of sweeping away all the obstacles that hold back and divert away from the transition to socialism. Four months crowned by nine days that moved Venezuela mark a strategic victory of the Revolution.
A residual balance remains as the sum of deforming habits, ideas and behavior characteristic to any essentially bourgeois election campaign.

 

Definitions and perspectives

In perfect tune with this collective affirmation, during the campaign events Maduro repeated his commitment with the Plan of the Homeland and his speeches produced a polarization that only Chávez knew how to do. “There are two models — he repeated time and again: Homeland or treason; there are two systems: neoliberal capitalism or Bolivarian, Christian and Chavista socialism; there are two candidates: one, the son of the bourgeoisie and the other a worker, a man of the people, formed by Chávez, son of Chávez.”
Against that dynamic — proposals were teeming from reformist sectors inside and outside of the Patriotic Pole and the State apparatus, for changing that radicalism starting the 15th. Sinister and protagonist interpretations about the current and future economic difficulties, are defending the idea of a strategic step backwards, negotiations with bourgeois circles and the abandonment of the perspective of radicalization in the transformation of the productive apparatus, such as is called for in the Plan of the Homeland.
It is highly improbable that the political-military leadership of the Revolution would opt for such a solution.
Regardless of conjectures about the behavior of these men and women who have sworn to give their lives for the revolution and legacy of Chavez, the final power of the masses is in the streets. It is not realistic to assume that after this workers’ and people’s epic, the protagonists will return to their homes to hear how 80% of television stations, 90% of the national newspapers and 90% of radio stations in the hands of the bourgeois opposition attack the Revolution, while in the feverish dreams of the reformists, the government led by Maduro makes concessions to those whom he defeated in the streets and at the polls, despite of the extreme resources used by the opposition .
There is no political willingness nor historical space to go backwards. The Bolivarian Socialist Revolution has won another great battle in the polls, but above all in the articulation and motion of the social and political forces committed to the transition to socialism. Regarding the risks that are posed by the electoral gain of the ultra-right, as Chávez would repeat in quoting Trotsky, “sometimes the revolution needs the whip of the counterrevolution.” This is one of those cases.
The intelligent and effective counter-attack that circumstantially diminished the relationship of forces of the government on the electoral plane compels the Political-Military Revolutionary Directorate to assert where it is strong and improve, as Maduro anticipated, the revolutionary gains. That means making the confrontation with the bourgeoisie and imperialism more direct and efficient. The bourgeoisie and the imperialist will not relent in its counterrevolutionary efforts. In turn, the popular power unleashed since December will oblige — and at the same time permit — the government to take all the necessary steps for effective action, the only way to strengthen its relationship with the masses.
At that point the strategic value of the PSUV will resurge, not limited to the role of a electoral machine, but as a living organism within the working class in all its strata, capable of affirming the conscience and extend the organizations of these majorities, articulated with the other classes and sectors committed to the transition.
They will be a rare exception, the principle cadres who do not understand these demands of the moment. The same team that was able to overcome the death of Chavez, promote and give direction to the mass mobilizations, will know how to improve itself to face this new stage.
Venezuela will continue to lead the Latin American-Caribbean-antiimperialist course. It remains to be seen whether the peoples and their vanguard will assimilate in time the legacy of Chavez and this new lesson of Bolivarian Socialist Revolution.

 

From Caracas, April 15, 2013
Traducción: Jacqueline Reinel, Fernando Torres

 

Armed Forces and revolution

Propagandists of capital, infiltrators and opportunistic charlatans rejoiced announcing that the death of Hugo Chavez would mean the disintegration of PSUV and its frontal collision with the Armed Forces.

Before the new government has begun its term, the facts expose the ignorance — and hidden objectives — of these agents of confusion:

How otherwise could such organization, the tremendous mobilization of the masses, be possible without the political-military leadership that is unified by a strategy, a plan of action and a common commitment?
How do they explain the fatal blow to the conspiracy in the hours before the election, the impeccable and implacable deployment of the Armed Forces during the Plan of the Republic, which guaranteed the election?
Of course there are tendencies in the PSUV. Of course there are differing grades of acceptance of the revolutionary strategy within the Armed Forces. Of course, by definition, one can assume the existence of weak elements and even traitors in any organization that involves hundreds of thousands and millions of people.
But ideological plurality and political differentiation is a conceptually agreed-upon characteristic since the founding of the PSUV. And the iron hand of the high-command and cadre structure of the Armed Forces is keeping an eye on any who would try a means of destabilization.
The heralds of gloom, undercover agents, usual speakers, must seek new arguments.

 

In the White House the counterrevolution continues

On the morning of Thursday, April11, three days before the elections, the authorities discovered and detained mercenaries of Colombian origin, dressed in Venezuelan military uniforms and on the verge of activating a terrorist plan. Before that, 30 people were caught in the act of carrying out various actions to sabotage electrical plants and high-tension wires. In previous weeks there were electrical blackouts in different parts of the country due to the acts of sabotage.
Also in the days before the elections, a group of 30 youths violently entered the La Carlota air base in Caracas, when they overwhelmed the four officers guarding the entrance. Similar instances occurred in other military units of the country; in all of them the military forces worked to avoid a direct confrontation and to prevent any wounded or deaths, which was precisely the objective sought by the promoters of these attacks.
Then, two commando groups from El Salvador were detected by the intelligence services, which detained three of the members and continued searching for the rest in the hours before the election. In turn, on Thursday evening the 11th, a worker was assassinated by a bullet at the entrance to PdVSA, where he was shooting fireworks to celebrate the marvelous concentration of the seven avenues in downtown Caracas.
In a morning press conference on April 12, Vice President Jorge Arreaza, accompanied by Interior Minister Néstor Reverol and Defense Minister Diego Molero, confirmed this information. He emphasized that the operations of pursuit and capture were continuing and more precise information could not be given until it was completed.
“We will be resolute against those who try to deny the will of the Venezuelan people,” declared Arreaza. Meanwhile, the candidate of the rightwing refused to sign a commitment to recognize the results that the National Electoral Council was to issue in the evening of the 14th.
These are all facts that confirm the constant destabilizing actions of the opposition and their followers, actions that have been limited because of the constant alert of the masses and silent and efficient action of the Armed Forces and their secret research organizations.

 

Elections and revolution

Citizen participation in the election of authorities and genuine democracy are inseparable. But as they are known in the bourgeois societies, the elections are far from being an exercise in democracy.

In the difficult transition from capitalism to socialism in Venezuela, the elections are at once a means of participation by the masses, and at the same time a source of deformation of every type for the voters and candidates, which becomes an open manipulation in the case of the bourgeois representative.

On the one hand, the pressure of constant elections presumes more participation, more advocacy and the possibility of educating and organizing the great majority. On the other hand, the same phenomenon tends to convert many a leader into just a candidate and the candidate into a product for sale; the product on sale becomes a commodity and the commodity an object of publicity, where anything that takes away votes is considered harmful, and everything that draws support is considered laudable. Truth is the first victim of this perverse logic.

Thus the “advisors” proliferate, a kind of marketing manager who will capture the candidate and the citizenry that he leads. Ideas are prohibited: There is only room for sound bites that say the least possible. The capitalist techniques of capitalist focused on political action work like lethal poison against one’s intelligence, and even against genuine participation. From then on, successful advisors and massive publicity mean money, a lot of money, and therefore whoever has the most money becomes the best candidate (which does not mean a better leader).

Indeed, a nonviolent transition has to live with this dual, harmful phenomenon, and it’s just as well: the opposite is war. And the people, the genuine vanguard, resorts to violence only when the enemy leaves them no other way. That is, among many others, an extraordinary lesson of Commander Hugo Chávez and the Bolivarian Revolution. And a possibility only in extraordinary circumstances, due to the uniqueness of the Bolivarian National Armed Forces.

Nevertheless, to uncritically glorify the elections of this type is the sure way towards committing errors and deviations that could potentially be very costly. Overturning the capitalist system also means overturning the elections as they are conducted in the bourgeois regimes.

Fascist attempt in Venezuela

byLBenAVN

 

With cold calculation the counter-revolutionary command ordered the murder of nine people and numerous acts of violence and destruction since early April 15. The United States tries a newway to defeat the Bolivarian Revolution: the creation of a classic fascist movement.

 

A week before the election victory of Nicolás Maduro, referring to the attack on artists committed to the Revolution, I pointed out the differences between McCarthyism and Nazism-Fascism in an article published in the Correo del Orinoco.

McCarthyism “operates from a balance of power in favor of a system it defends from the top of a totalitarian ideology,” while fascism “appears as the last resort of a social order harassed by the masses, to which capital also aims to respond from mass sectors, trying to organize the poorest and disorganized class, which also lacks of consciousness, accompanied by strips of the middle classes.”

Thus, predictable dynamics is strengthened. The attack on the artists, as a expression of McCarthyism, has a limited size. But its metamorphosis is inexorable in harsh and hard Nazi-fascist behaviours, not against artists, but against the masses that drive the revolution.” That’s what happened after the election.

Unlike lots of supporters of the Revolution, the State Department correctly assessed the meaning of the revolutionary victory at the polls, supported by a mass mobilization of unprecedented magnitude and duration. Accordingly, they prepared the answer in advance: face those demonstrations with a scrawny reissue of fascism, backed by foreign mercenaries and waste of money in order to persuade low-income sectors.

 

Strategic Dispute

That line of action was defined in advance. But it is important to stress its test nature. Given the kind of unprecedented demonstrations organized between December 9 and April 11, and the relationship of forces among the classes that it (line of action) established, the counter-revolutionary command discarded a final offensive after the elections. This line of action
only sought to put their mercenaries in motion and measure the response of the Revolution.
Multifocal strategy is not a fascist movement, but a step in the attempt to build it. In addition, there was a possibility that a wrong behavior of the Bolivarian government detonated uncontrolled acts of violence, which would have led to foreign intervention in the internal conflict.

In any scenario, the bourgeoisie had a gainful balance. If the government failed, it (bourgeoisie) would have transformed their strategy into a military intervention, if not falling into the trap, the government would have left a space for them to act with impunity to harass the forces of the revolution and prevent them from launching a counterattack, no matter the internal consequences.

This is the point. Here is where the confrontation arises in order to see if the grafted fascism sprouts in Venezuela, It was necessary to see if the counter-revolution may or may not count on organized social support to face the Revolution.

The election results count. The bold and aggressive intervention of imperialism in the election campaign in the absence of Chávez, in higher proportion than expected, managed to detach sectors of the petty bourgeoisie and disjointed parts of the dispossessed masses. Explaining that displacement because of the errors and foolishness of the Revolution is like finding
moisture in the rain. Such attitudes often reveal an inclination to refuse the rain to not suffer moisture. Anyway, these sectors of society continue now in dispute, but on different conditions. And this represents a challenge for Political-Military Board of the Revolution.

 

Options

All prominent members of the government and the United Socialist Party of Venezuela (PSUV), starting with Nicolás Maduro, have reiterated that there will be no impunity for the perpetrators and masterminds of the nine dead, nearly a hundred wounded and countless acts of vandalism.

This position is supported by chavists and undoubtedly legal actions will be taken against Henrique Capriles, Leopoldo López, Carlos Ocariz, Armando Briquet, among others who called for violence. When this occurs in the coming days, the extreme right-wing will try intensifying terrorist actions. In an interview published by El Mundo of Spain and La Nación of Argentina, Capriles already announced his line of action. When the audit of the National Electoral Council
(CNE) is completed, he will demand new elections and justify the continuity of terrorist actions.

The essential prosecution and conviction of those responsible is only one aspect of the problem. The biggest challenge is to face the continuation of violence led by local and foreign mercenaries. This is the core of the essay that begins after the first week of terrorist actions: check the behavior of the government and the revolutionary forces.

It is still necessary not to fall over the cliff by way of violence as a response against extreme right commands. At the same time, it is essential to prevent the continuity of killings and destruction, as this would have a double effect. On the one hand, this would demoralize and sow seeds of division in the ranks of the revolution. On the other hand, it would encourage the
development of extreme right-wing commands and their progress towards a fascist movement, considering the whole concept of that word: a mass-backed force that perpetrates violent actions against the masses. The calls for peace, reflection, are necessary but insufficient. It is necessary to develop the power of persuasion and self-defense .

The State has the tools to protect property and people at risk and, at most, to demolish ultra-right commands: the Bolivarian National Armed Forces and Militia specifically. However, the true instrument at this stage of the confrontation is primarily the political aspect: the PSUV and the possibility of intervention by Community Councils and other mass organizations.

Contrary to valuable opinions that plays down or condemn the PSUV, I have defended the certainty that the PSUV has the strength that allowed the continuity of the government and the revolution during the prolonged illness of Commander Hugo Chávez, as well as the articulation of the Polo Patriótico, the victory of the elections held on October 7th, the win of governorship in 20 states, the keeping of increasing mass mobilization for four months, and then winning of the
presidency on April 14.

But the new stage is more demanding. The PSUV founding concepts, as well as the practice developed in its short existence, enable it to meet this historic challenge. Its leadership is called to revitalize the internal life of the largest and most important Party in Latin America, to organize the debate, inform the membership, follow the joint scientific criteria and organize daily line of action. The PSUV needs a media that informs, instruct, educate, organize and take the
necessary political action for the self-defense, essential to the passage to the fascist movement
promoted by Washington.

It is up to the imperialist membership in Latin America and the world to counteract and defeat the misinformation and slander campaign launched by the Internacional Parda and media at their service. We should all strive in this great battle of strategic scope.

 

Caracas, April 22, 2013.