Ensayo fascista

PorLBenAXXI

 

Con frío cálculo el mando contrarrevolucionario ordenó el asesinato de nueve personas y numerosos hechos de violencia y destrucción desde la madrugada del 15 de abril. Estados Unidos ensaya un nuevo camino para derrotar la Revolución Bolivariana: la conformación de un movimiento fascista clásico.

Una semana antes de la victoria electoral de Nicolás Maduro, a propósito del ataque a artistas comprometidos con la Revolución, señalé las diferencias entre macartismo y nazi-fascismo:

“Aquel –decía en esas líneas publicadas en Correo del Orinoco- opera desde una relación de fuerza favorable al sistema que defiende desde lo alto de una ideología totalitaria, en tanto éste aparece como recurso de última instancia de un orden social acosado por las masas, a las cuales el capital pretende responder también desde sectores de masas, buscando organizar las capas más pauperizadas, inarticuladas y carentes de conciencia, acompañadas por franjas de las clases medias”.

A partir de allí se apuntaba la dinámica previsible: “en tanto expresión macartista (la agresión contra los artistas) tiene una dimensión limitada. Pero es inexorable su metamorfosis en conductas nazi-fascistas crudas y duras, no ya contra artistas, sino contra las masas que impulsan la revolución”. Eso es lo que ocurrió tras la jornada electoral.

A diferencia de no pocos partidarios de la Revolución, en el Departamento de Estado midieron correctamente el significado de la victoria revolucionaria en las urnas, respaldada por una movilización de masas de magnitudes y duración sin paralelo. Y prepararon de antemano la respuesta: enfrentar aquellas movilizaciones con una reedición escuálida del fascismo, apuntalado por mercenarios extranjeros y derroche de dinero para arrastrar franjas locales marginalizadas.

 

Disputa estratégica

Esa línea de acción estaba definida de antemano. Pero importa subrayar su carácter de ensayo: por la misma naturaleza de la movilización sin precedentes protagonizada entre el 9 de diciembre y el 11 de abril, por la relación de fuerzas entre las clases que ésta instauró, el mando contrarrevolucionario descartó una ofensiva final tras las elecciones. Sólo buscó poner sus mercenarios en movimiento y medir la capacidad de respuesta de la Revolución. El multifoquismo no es un movimiento fascista, sino una paso en el intento de construirlo. Además, cabía la posibilidad de que una conducta errada del gobierno bolivariano detonara hechos de violencia descontrolada, que hubieran sido enderezados hacia la intervención extranjera en el conflicto interno.

En cualquier hipótesis, la burguesía tenía un saldo ganancioso: si el gobierno erraba, aquélla daba un salto en su estrategia intervencionista militar; si no caía en la trampa, le dejaba un espacio para actuar impunemente hostigando a las fuerzas de la revolución sin que éstas pudieran emplear su capacidad de contraataque, con todas las derivaciones que esto conlleva en el orden interno.

Es éste el punto actual. Y es aquí donde se plantea el cruce de caminos para saber si el fascismo injertado brota o no en Venezuela; es decir, si la contrarrevolución puede o no contar con base social organizada para chocar de frente con la Revolución.

Aquí sí cuenta el resultado electoral. La intervención agresiva y osada del imperialismo en la campaña electoral en ausencia de Chávez logró, en proporción mayor a la esperada, desprender sectores de la pequeña burguesía y partes desarticuladas de las masas desposeídas. Explicar ese desplazamiento por errores y falencias de la Revolución es como descubrir humedad en la lluvia. A menudo tales actitudes revelan inclinación a rechazar la lluvia para no sufrir la humedad. Como sea, el hecho es que esos sectores de la sociedad continúan ahora en disputa, pero en condiciones diferentes. Y constituyen un desafío también diferente para la Dirección Político-Militar de la Revolución.

 

Opciones

Todas las figuras prominentes del gobierno y el Partido Socialista Unido de Venezuela, comenzando por Nicolás Maduro, han reiterado que no habrá impunidad para los responsables materiales e intelectuales de los nueve muertos, casi un centenar de heridos e innúmeros actos de vandalismo. Respaldada esa posición por la voluntad de las masas chavistas, es indudable que se llevará a la práctica y se procederá judicialmente contra Henrique Capriles Radonsky, Leopoldo López, Carlos Ocariz, Armando Briquet y otros que llamaron a la violencia. Cuando esto se ponga en marcha, en los próximos días, la ultraderecha intentará recrudecer el accionar terrorista. Además, en entrevista publicada por El Mundo de España y La Nación de Argentina Capriles ya adelantó su línea de acción: cuando termine la auditoría del CNE exigirá nuevas elecciones y justificará así la continuidad del accionar terrorista.

El imprescindible juzgamiento y condena de los responsables es sólo un aspecto del problema. El desafío mayor está en la conducta a aplicar frente a la continuidad de actos violentos encabezados por mercenarios extranjeros y locales. En ese punto reside el ensayo que ahora comienza, tras la primera semana de acciones terroristas: chequear el comportamiento del gobierno y las fuerzas revolucionarias.

Sigue planteada la necesidad de no desbarrancarse por la vía de la respuesta violenta a los comandos de ultraderecha. Al mismo tiempo, es imprescindible impedir la continuidad de asesinatos y destrucción, dado que esto tendría un doble efecto: por un lado desmoralizaría e introduciría semillas de división en las filas de la revolución; por otro, alentaría el desarrollo de los comandos de ultraderecha y su avance hacia un movimiento fascista en toda la significación del concepto, es decir, como fuerza con respaldo de masas en el accionar violento contra las masas. Los llamados a la paz, a la reflexión, son necesarios pero insuficientes. Hace falta algo más: capacidad de disuasión y de autodefensa.

El Estado tiene todos los instrumentos para resguardar bienes y personas amenazadas y, al límite, arrasar con los comandos ultraderechistas: la Fuerza Armada Nacional Bolivariana y específicamente la Milicia Popular. Sin embargo, el verdadero instrumento en esta fase de la confrontación es primordialmente de carácter político: el Psuv y su posibilidad de intervención multiplicada a través de Consejos Comunales y otros organismos de masas.

A contramano de valorables opiniones que desestiman o incluso condenan al Psuv, he defendido la certeza de que en él reside la fuerza que permitió dar continuidad al gobierno y la revolución durante la prolongada enfermedad del comandante Hugo Chávez, articular el Polo Patriótico y ganar las elecciones del 7 octubre, ganar luego la gobernación en 20 Estados, sostener la movilización creciente de masas durante cuatro meses y volver a ganar las presidenciales el 14 de abril.

Pero la nueva etapa plantea más exigencias. Los conceptos fundacionales del Psuv, tanto como la práctica desarrollada en su corta existencia, lo habilitan para afrontar este desafío histórico. Su dirigencia está llamada a revitalizar la vida interna del Partido más grande e importante de América Latina, ordenar el debate, informar a la militancia, seguir con criterio científico la coyuntura y trazar día a día la línea de acción. Para esto el Psuv necesita un medio de prensa propio que informe, instruya, eduque y organice. Y asuma el accionar político y de autodefensa imprescindible para cortarle el paso al movimiento fascista impulsado por Washington.

Cabe a la militancia antimperialista en América Latina contrarrestar y vencer la campaña de desinformación y calumnias lanzada por la Internacional Parda y los medios de prensa a su servicio. Todos deberíamos empeñarnos en esta gran batalla de alcance estratégico.

 

Caracas, 22 de abril

 

Venezuela: Coup attempt defeated by counter-coup

ByLB

 

“The coup has already been defeated” declared Nicolas Maduro, the winner of the April 14 presidential elections, mid-morning on April 16. By that time, seven people had been assassinated by fascist bands who were activated the night before in attacks at headquarters of the governing Unified Socialist Party of Venezuela (PSUV), popular health centres and houses recently turned over by the government to displaced families.

Also at that point of the day, the call for a general strike did not materialise. The call was made by the fascist high command led by the failed candidate of April 14.

The true relationship of forces in Venezuela were expressed in the constant mobilisation of millions and millions of people from the December 9 (when the recently re-elected president Hugo Chavez left for to receive treatment in Cuba for the cancer that killed him on March 5) to April 11, when Maduro closed the electoral campaign.

On April 11, seven central avenues of Caracas were overflowing with men and women committed to the revolution. The true correlation of forces was not borne out correctly by the election results.

It was a feat of the revolution to have obtained 50.75% of the vote. But it is only from an electoral viewpoint (bourgeois or reformist) that interprets the reality based solely on votes cast. Votes cast are indications that have to be dealt with as a measure of the state of enthusiasm at any particular time, but it does not reveal the full dynamic of a revolution.

Meeting with the executive board and the entire group of operation chiefs of the state-owned petroleum company PDVSA, Maduro repeated that he did not make a pact with the capitalist class: “Here what we have is a socialist revolution, revolution, revolution”, he affirmed amid a roar that echoed throughout the chamber, coming from outside, where spontaneously thousands of petroleum workers had gathered.

On the contrary, Maduro said, we can radicalise the revolution and attack the causes of a lack of supplies of some basic goods in the shops and other problems that are confronting our nation. Maduro’s comments met a thunderous standing ovation of the chiefs of the enterprise. All this was transmitted by the national chain of radio and television stations.

Rafael Ramirez, president of PDVSA, gave an exhaustive report of the state of the company, functioning to its fullest with the workers ready to reject any attack — such as the ones that occurred on the night of April 15, when fascist groups were prevented from entering PDVSA’s installations.

Despite the escalating tension when the opposition refused to recognise Maduro’s victory and began a campaign to overturn it, the overall situation has been calm. Maduro engaged in his energetic official activity, taking advantage of each occasion to exemplify an attitude of firmness in confronting the blackmail of a coup.

He announced that a national march planned by the opposition for April 17 “will not enter Caracas. We will not have another April 11” (in reference to the military coup begun on April 11, 2002 after premeditated violence against pro-and anti-government marchers).

Maduro added that the opposition has entered a situation that it does not know how to get out of. He said there are three opposition governors of the opposition who, if they follow with the position adopted by the leaders of the ultra right, will find themselves confronting a direct response: “I do not recognise a governor who does not recognizse me; I do not recognise a governor behind the coup. Instead of sending the money stipulated by the budget to him, instead, I will send it to the people.”

Maduro also denounced the United States government as the party responsible for the escalating tension behind the coup attempt. He said he would present the proof of direct US interference via local fascist leadership.

Defeated again, the imperialist conspiracy will continue. It is the task of every revolutionary man and woman in the world to contribute to building the biggest front in defence of the socialist Bolivarian revolution. The battle involves all of us.

[Originally published at America XXI, it was translated from Spanish by Miguel Hoffman. Luis Bilbao is a member of the Argentine Union of Militants for Socialism. Bilbao lived in Venezuela and as director of the Latin America-wide America XXI magazine, helped in the creation of the PSUV.]

Golpe y contragolpe

PorLBenAXXI

 

“El golpe ya está derrotado” declaró Nicolás Maduro a mediamañana del martes 16. A esa hora ya se contabilizaban siete personas asesinadas por bandas fascistas activadas desde anoche, en ataques a casas del Psuv, CDIs y viviendas recientemente entregadas por el gobierno a familias desposeídas. Pero también a esa altura del día había fracasado la huelga general convocada por el alto mando nazi encabezado por el candidato vencido el 14 de abril.

Así se expresa la verdadera relación de fuerzas expresada en la constante movilización de millones y millones de personas desde el 9 de diciembre hasta el 11 de abril, cuando Maduro cerró la campaña electoral con 7 avenidas centrales de Caracas colmadas de hombres y mujeres comprometidas con la revolución. Esa relación de fuerzas no está correctamente traducida por los resultados de la elección. Ya es una proeza de la Revolución haber obtenido el 50,75% en las urnas. Pero sólo la mirada electoralista (burguesa o reformista) interpreta la realidad a partir de votos. Estos son indicios a los que sí hay que atender para medir el estado de ánimo en un momento dado, pero en modo alguno traducen la situación social y mucho menos la dinámica de una Revolución.

Reunido con la Junta Directiva y la totalidad de jefes operativos de la empresa petrolera, Maduro repitió que no habría pacto con la burguesía: “Aquí lo que hay es Revolución, Revolución, Revolución Socialista”, afirmó y un rugido se escuchó dentro de la sala, proveniente de fuera, donde espontáneamente se habían reunido miles de trabajadores petroleros. Al contrario, podríamos radicalizar la Revolución y atacar las bases del desabastecimiento, de todos los problemas que afronta nuestro país, siguió diciendo Maduro, ante el fervoroso aplauso de pie de los jefes de la empresa. Todo transmitido por cadena nacional de radio y televisión.

Rafael Ramírez, presidente de Pdvsa, dio luego un informe exhaustivo de la situación de la empresa, funcionando a pleno y con los trabajadores prestos a rechazar cualquier ataque, como ocurrió anoche, cuando fueron rechazados grupos fascistas que intentaron entrar en instalaciones de la empresa.

Pese a la escalada, la situación general es de normalidad. Y Maduro está en enérgica actividad oficial, aprovechando cada ocasión para ratificar la actitud de firmeza frente al chantaje golpista. Anunció que una marcha nacional preparada por la oposición “no entrará a Caracas. No volverá a haber un 11 de abril”. Y agregó que la oposición está metida en una situación de la cual no sabe cómo salir. Porque hay tres gobernadores de la oposición que, si siguen con la posición adoptada por el mando ultraderechista, se encontrarán frente a una respuesta sin rodeos: “No reconozco gobernador que no me reconozca; no reconozco gobernador golpista. El presupuesto que le corresponda se lo daré al pueblo”.

Maduro también denunció al gobierno de Estados Unidos como responsable de esta escalada golpista y anticipó que presentará las pruebas de la injerencia directa a través de la dirigencia fascista local.

Vencida una vez más, la conspiración imperialista continuará. Es tarea de todo revolucionario/a en el mundo contribuir a la articulación de un amplísimo frente en defensa de la Revolución Socialista Bolivariana. Aquí se define la relación de fuerzas entre Estados Unidos y los pueblos y gobierno que buscan liberarse de su opresión. La batalla concierne a todos.

 

 

Reafirmación, advertencia e impulso para la revolución

PorLBenAXXI

 

Continuidad: con el 50,66% de los votos Nicolás Maduro fue elegido Presidente. Es la sexta elección para la primera magistratura que en 14 años lleva a la victoria a la propuesta revolucionaria. Pese a la magnitud de una movilización sin precedentes de las masas en defensa de la Revolución, la oposición avanzó hasta 49,07%, cinco puntos más respecto del resultado del mismo candidato en octubre pasado. La diferencia supone un llamado de atención que el Presidente asumió en su discurso tras el anuncio del CNE. Ahora viene la aplicación del Plan de la Patria; los enormes desafíos económicos de la transición en tiempos de agonía capitalista; la lucha contra la ineficiencia, el sabotaje y la inseguridad; la defensa de la unión regional; la consolidación y proyección del Alba. Todo en el marco de una ofensiva de la oposición y el imperialismo envalentonados. Pero el verdadero resultado, de alcance estratégico, es el protagonismo de las masas en una campaña que contrapuso explícita y frontalmente al “candidato obrero” contra “el burguesito”; al hijo de Chávez contra el delegado del imperialismo, al socialismo contra el capitalismo.

Fue la movilización más prolongada y masiva de que se tenga registro. Comenzó en diciembre, en cada rincón del país, cuando ante los riesgos planteados por una cuarta cirugía, Hugo Chávez designó a Nicolás Maduro como candidato para la eventual nueva elección presidencial. Y culminó el jueves 11 de abril –aniversario del golpe de Estado de 2002– con Caracas desbordada por un aluvión humano sin precedentes. Antes, con otro carácter, Venezuela vivió el protagonismo de las grandes masas para la elección presidencial del 7 de octubre.

Como un 14 de abril 11 años atrás, Chávez retornó a Miraflores, ahora encarnado en la figura de Nicolás Maduro.

A diferencia de aquella fecha simbólica en la que las masas espontáneamente alzadas derrotaron el Golpe teledirigido desde Washington, esta vez ganó una estrategia explícita de transición al socialismo, la conciencia organizada y en lid electoral: 50,66% el candidato de Chávez; 49,07% el de la Casa Blanca y la burguesía local. Un resultado que adquiere otra dimensión cuando se tiene en cuenta que llega después de 14 años de gobierno revolucionario, en constante confrontación con la burguesía y los centros del poder mundial capitalista. Con el paso de los días se conocerán detalles de la cantidad de actos de sabotaje a las redes eléctricas, las maniobras de desabastecimiento y carestía, la actividad de mercenarios extranjeros infiltrados que actuaron a favor del candidato de la derecha.

Pese a todo, la formidable movilización de masas logró imponer al candidato de la Revolución. No ocurrió por simple espontaneidad, aunque las masas hubiesen ganado la calle en cualquier circunstancia: fue la línea de acción y la determinación de la Dirección Político-Militar de la Revolución Socialista Bolivariana, denominación que traduce una virtuosa conjunción: clase obrera, campesinos, estudiantes, masas populares y fuerza armada, con el Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv) como centro ordenador y dirigente, conducido por el equipo más próximo a Chávez: Nicolás Maduro candidato presidencial, Diosdado Cabello desde la titularidad del Psuv y la Asamblea Nacional, el ahora canciller Elías Jaua y Rafael Ramírez, presidente de Pdvsa y figura clave en el decantado núcleo chavista. También componen esa Dirección Político-Militar ministros, ministras y jefes militares probados y comprometidos, cuadros del Psuv, Consejos Comunales, dirigentes de sindicatos y otras organizaciones sociales, todos abroquelados en torno al Plan de la Patria y la figura de Maduro.

 

Protagonismo de las masas

Imposible cuantificar la erupción de masas ocurrida en estos 120 días. Es de esperar que alguien encare el relevamiento riguroso de las innumerables concentraciones, actos y marchas de este período (7 millones contabilizó Maduro entre el 2 y el 11 de abril). Millones y más millones de personas ocuparon el escenario político. Para defender a Chávez durante su último post operatorio. Para llorar su muerte y enarbolar su legado después. Para garantizar la continuidad de la Revolución, desde el 5 de marzo en adelante.

Esa portentosa movilización no se corresponde con los votos. El autor de estas líneas confió hasta última hora en una distancia significativamente mayor. Idéntica previsión tenía la totalidad de las consultoras locales –y hasta el informe oficial de la CIA– las que aseguraban la victoria de Maduro y adelantaban ventajas superiores al 10%. A la luz de los resultados se revelan descontentos ocultos que, en ausencia de Chávez, se manifestaron en una leve disminución de la concurrencia a las urnas (78,71% contra el 80,67% en octubre pasado), pero sobre todo en una considerable fuga de votos a favor del candidato opositor. La propia derecha se sorprendió con el resultado y no tuvo reflejos adecuados a la nueva situación que éste le abría. En su discurso en la medianoche del domingo 14, en una tarima montada en Miraflores y ante miles de personas agolpadas dentro y fuera del Palacio, Maduro denunció que el candidato perdedor lo había llamado para que delegados de ambos negociaran un acuerdo junto con el Consejo Nacional Electoral. La amenaza era desconocer los datos oficiales y lanzar una movilización. El Presidente rechazó la pretensión y el candidato vencido acabó por declarar que tomaba los resultados del CNE como provisionales, mientras daba curso a protestas callejeras que, hasta el momento de completar esta nota, se redujeron a pequeños focos en barrios oligárquicos.

A continuación Maduro reiteró puntos señalados durante su campaña como factores que, si bien días atrás se admitían como problemas serios en la marcha del gobierno revolucionario, ahora explican el descontento traducido en pérdida de votos: innumerables atentados que redundaron en constantes cortes de energía eléctrica, inseguridad, rémoras de ineficiencia, bolsones de corrupción, inflación, ineficacia para combatir desabastecimiento y carestía. Y ratificó que la solución pasaba por fortalecer y revitalizar la Revolución, un mayor protagonismo y asunción del poder por parte de los Consejos Comunales y, en suma, avanzar más radicalmente hacia “la construcción de un socialismo bolivariano, cristiano, chavista, en democracia y en paz”.

Hay que señalar que en el brevísimo plazo planteado por la Constitución para la elección tras la muerte de Chávez el Gobierno no podía responder con mano firme a tácticas preelectorales tales como sabotaje y desabastecimiento y otras acciones desestabilizadoras. Eso hubiese sido la excusa para la condena mundial, la justificación para el retiro de la candidatura opositora y la preparación del terreno para una ofensiva violenta articulada por Washington. En la semana previa a los comicios fueron enviados grupos de estudiantes a irrumpir violentamente en instalaciones militares, en la obvia búsqueda de hechos de sangre atribuibles a las autoridades. Así, el Gobierno debía moverse en un estrechísimo margen, en tanto la oposición obtenía rédito tanto si se le dejaba hacer como si se tomaban las medidas requeridas, que en ningún caso podían ser superficiales o meramente retóricas para ser efectivas.

Es obvio que además de estos factores, en los resultados influyó significativamente la ausencia de Chávez. Una hipótesis a corroborar con estudios puntuales señala que el grueso de los votos migrantes hacia el candidato contrarrevolucionario proviene de las capas medias. La tradicional volatilidad política de la pequeña burguesía volvió a manifestarse y a dar una lección a las fuerzas revolucionarias. No obstante, eso no puede empañar ni disminuir la proeza política del reemplazo social y electoral de una figura de la magnitud de Chávez en apenas un mes y en 10 días de campaña efectiva.

Ya antes de iniciar formalmente el período electoral el 2 de abril, Nicolás Maduro había sorteado la prueba más difícil: la masa popular lo reconoció como el hijo de Chávez. Atrás quedaron elucubraciones vacías empeñadas en señalar la “falta de carisma” del inesperado candidato. Pareciera que el pensamiento burgués ya no puede comprender la realidad y sólo repite estereotipos. Si no cabe duda de que los rasgos de Chávez ayudaron a la asunción de la perspectiva revolucionaria y socialista por parte de las mayorías, es evidente que aquéllos sin ésto no hubieran soportado el paso del tiempo. Tan obvio como que la identificación de Maduro con la estrategia socialista abrió el camino y, en plazos vertiginosos, dotó al discípulo con rasgos del maestro hasta entonces invisibles en él.

Hubo, como era de esperar, resistencia y resquemor en capas y estratos medios de la sociedad y el Psuv para aceptar de buen grado la última decisión estratégica del Comandante. Pero Maduro logró comunicarse con las masas trabajadoras y desposeídas; desplegó en forma agitativa el Plan de la Patria (al que llamó “Testamento de Chávez”); sostuvo los símbolos; sumó adhesiones y afirmó el rumbo socialista. Y cuando en la mañana del 2 de abril inició su recorrido “De Barinas a Miraflores” ya la batalla estaba decidida. No obstante, lo que vino en los nueve días siguientes asombró hasta a los más optimistas conocedores de la fuerza raigal de la Revolución: en una conmovedora combinación de tristeza, dolor, alegría y combatividad, ríos de hombres y mujeres se sumaron a la consigna “Chávez, lo juro, mi voto es pa’ Maduro”.

Chávez, Revolución, Socialismo, Patria, fueron las palabras más repetidas en estos días. Gritadas por millones, musicalizadas en decenas de canciones de todo ritmo, reafirmadas una y otra vez por Maduro en cada uno de los 25 actos de campaña. Una sinergia avasallante entre millones de voluntades expresadas a viva voz y el candidato alimentó la determinación de combate y la certidumbre en la continuidad de la transición anticapitalista.

Objetivos claros, energía sin par, una vanguardia resuelta y organizada, más los rasgos propios de este pueblo singular, fue la argamasa con la que se recompuso el espíritu colectivo tras el durísimo golpe provocado por la muerte de Chávez. Esa fuerza, arraigada en las masas y puesta en marcha, arrinconó a la burguesía y doblegó otra vez a su candidato.

 

De Sabaneta a Miraflores

El punto de partida del último tramo en esta movilización, ya en la forma específica de campaña electoral, fue una humilde casa en Sabaneta de Barinas, donde Chávez vivió niñez y adolescencia con su amada abuela Rosa Inés. Ahora ese lugar, convertido ya en punto de referencia histórico, es sede del Psuv. En el extenso patio trasero crecen dos árboles plantados años atrás por Evo Morales y Hugo Chávez. Los bautizaron Rebelión y Revolución, respectivamente, como si hiciese falta un símbolo más de la consecuencia de ambos con su origen proletario. A su sombra, Maduro reunió a los padres y hermanos del Comandante y se hizo una rueda de anécdotas y recordaciones, siempre al borde del llanto y con tal firmeza de propósitos que no necesitaba de consignas ni frases hechas. Demoledora y a la vez vivificante emotividad genuina, sin luto mentiroso, culminada en música y canto llanero, combinación constante que caracterizaría cada acto por venir.

Fuera se agolpaban miles de hombres y mujeres, de quienes emanaba una fuerza, una convicción, una claridad de propósitos asombrosos. Pero esa explosión de fervor era nada en comparación con lo que vino enseguida, en el trayecto entre Sabaneta y la capital Barinas, recorrido por Maduro en un simple vehículo descapotado primero y al volante de un autobús después.

La burguesía intentó deslegitimar al candidato de Chávez recordando su pasado de chofer en la empresa del Metro de Caracas. Lejos de amilanarse, Maduro reivindicó con orgullo su condición obrera y la convirtió en imagen de campaña: un obrero, contra “un burguesito-caprichito”, como lo llamó. A tal punto que llegó a cada concentración conduciendo un autobús y a menudo hizo cientos de kilómetros al volante entre una y otra capital de Estado. El intento descalificador se convirtió en lo contrario: le dio a la campaña un inequívoco contenido de clase y adquirió un arraigo natural que catapultó al candidato. Quien esto escribe sabe de qué habla cuando afirma que Maduro es un chofer veterano, cuyos muchos años de profesión se revelan al sentarse al volante y conducir, mientras habla con quienes lo acompañan y saluda sin pausa a la bandada de motos que le hace de escolta tumultuosa y a las multitudes agolpadas a ambos lados del camino.

Ese espectáculo es un libro lleno de incógnitas y revelaciones. Como abejas las motos se entrecruzan, frenan o aceleran para aproximarse al ómnibus, cargadas las más con padre, madre y uno o dos niños. Abundan las boinas rojas, las banderas de Venezuela, las fotos de Chávez enarboladas desde las motos como lanzas apuntadas a un interlocutor imaginario. ¿De dónde brota ese fervor? ¿Qué fuerza invisible mueve a esta gente? Pesa sin duda la religiosidad sobresaliente de este pueblo, rasgo que supone a la vez una poderosa fuerza en la lucha anticapitalista y flancos de penetración para los cuales ya el enemigo ha diseñado una estrategia. Pero hay mucho más. Han entrevisto un horizonte de emancipación.

Adán Chávez, gobernador de Barinas y hermano del Comandante, comenta el espectáculo con una sonrisa triste. La pregunta de todos es cómo no ocurren accidentes. Pero como en un enjambre, cada abeja tiene un sensor invisible y se entrecruza zumbando entre miles sin siquiera rozar a nadie. Hay una inteligencia y un orden en esa aparente irracionalidad.

Lo que viene es aún más impactante: una multitud abigarrada espera al autobús en las cercanías del lugar donde se hará el acto. Saltos, bailes, gritos, consignas, siempre acompañados de sonrisas, banderas al viento y proclamas a toda voz. A partir de allí la simbiosis entre masa y candidato sube a un tono mayor. El ardor parece ser contagioso y se expande como llamarada. Desde balcones y techos, encaramados en árboles y columnas, miles de hombres y mujeres de toda edad quieren saludar, tocar, darle un mensaje, entregarle un papel al hijo de Chávez. Y siempre resuena, repetido con ardor, el nombre del comandante fallecido.

He allí el motor de la Revolución, la energía infinita de las masas penetradas por la idea de un mundo mejor, ondeando banderas rojas y afirmando el socialismo. “Las ideas son una fuerza material cuando penetran en las masas”. Maduro saluda sin cesar, golpea con el puño izquierdo su palma derecha, gesto característico de Chávez, que el pueblo hizo suyo y utiliza para transmitir de manera inequívoca una propuesta política. Invisible, la aceitada maquinaria del Psuv actúa como eje ordenador en lo que el poeta Herbert Read llamaría “el orden superior de una vasta convulsión”. ¿Asimilarán estas lecciones los cuadros políticos de Europa y América Latina, que afrontan la crisis capitalista sin ese legado histórico de la lucha de clases, la noción de partido revolucionario?

Lo inmediato se impone y corta la reflexión: el candidato sube al palco con todos sus acompañantes. Y comienza la gran prueba. El himno, cantado por Chávez desde una grabación como él siempre lo hacía en sus actos, estremece a todos. El Comandante está allí y el elegido no trata de disimularlo, todo lo contrario. Se ubica como discípulo humilde y leal. Llega el video donde Chávez anuncia que “si algo me pasa”, el candidato es Maduro. “Por eso estoy aquí”, explica el candidato. Él toma la bandera que le entregó el Comandante, quien desde su legado y con el Plan de la Patria, el programa con el que ganó las elecciones del 7 de octubre pasado, sigue al mando de la Revolución. Maduro pasa largos minutos buscando el contacto invisible que ocurre cuando, por sobre gritos y gestos enardecidos, se produce el diálogo entre el orador y una masa en la que cada componente siente y actúa como individuo. Hasta que llega el momento y la sintonía se afirma. Entonces Maduro despliega la propuesta de gobierno. Arranca explosiones de identificación y respaldo. Ya está: Barinas, la cuna de Chávez, ha reconocido y aceptado a su hijo.

 

Campaña febril

El canal oficial acompaña al candidato. Y presumiblemente la televisión combina desigualdades. Como sea, lo cierto es que ya en la segunda etapa de la campaña, horas después en Maracaibo, capital del Estado Zulia, clave nacional, el punto de partida es el dejado en Barinas y ya el candidato está instalado. De allí en más cada acto fue una expresión creciente en cantidad y calidad a ambos lados: abajo y arriba del palco. Maduro apela a todos los recursos siempre utilizados por Chávez para hacer llano y amigable el discurso; pero no copia al maestro. Introduce variantes que gustan a unos y a otros no, pero que invariablemente impactan en quienes tiene enfrente.

A un promedio de tres actos por día, con el prólogo de largas marchas entre las multitudes en cada caso y luego horas de discursos, intercambio con la concurrencia, más música y canto como colofón cada vez, parece imposible que la energía de las masas y, sobre todo las fuerzas y la voz del candidato, resistan para continuar. Pero resisten. Y tal como ocurrió con Chávez en octubre, se percibe en cada acto mayor concurrencia y más fervorosa combatividad. Con una diferencia: aunque resulte imposible medirlo con rigor, el observador se convence de que estos actos convocan multitudes y emanan una determinación revolucionaria todavía mayores. No es ilógico: una de las consignas más acertadas del comandante fue explicar que “Chávez somos todos”. Resulta transparente que esa idea penetró en las masas. Millones de personas asumieron que en ausencia del líder revolucionario, su papel es imprescindible. Y eso ensambla con la actitud de Maduro, quien ante el señalamiento opositor de que él no es Chávez, lo confirma, asume que el jefe muerto es irreemplazable y que sólo juntos –el pueblo en su conjunto, la dirigencia de partido, organizaciones de masas y Fuerza Armada– pueden ocupar su lugar y llevar adelante la Revolución.

La apoteosis llegó el jueves 11, en Caracas. Millones de personas colmaron siete avenidas centrales. Las tomas aéreas no permiten exagerar. Pero la vivencia directa en las calles habla un lenguaje diferente al de los números: los contingentes organizados se complementaron con multitudes espontáneas empeñadas en ratificar su voluntad de continuidad revolucionaria. Cuando inmensas pantallas trajeron la imagen de Chávez en ese mismo lugar, el 4 de octubre, bajo la lluvia, con su voz estridente y sus conceptos más potentes aún, una emoción incontenible se desató a lo largo de la inabarcable muchedumbre.

No podría ser más grande el contraste con las concentraciones opositoras, doblemente escuálidas: en el cierre de Caracas, cuatro días antes, ocupó apenas dos cuadras y media de la Avenida Bolívar con filas raleadas y apáticas, que comenzaron a desconcentrarse en el momento mismo en que el candidato ultraderechista comenzó su discurso. Más negativa resultó aún la comparación de los actos de unos y otros en cada Estado. Tras la derrota en las calles y con exigua diferencia de votos, la denominada Mesa de Unidad Democrática entrará en una vorágine. Presumiblemente sus sectores más reaccionarios avanzarán hacia una franca ruptura con el régimen institucional, sobre todo si, como adelantó Maduro en su discurso como presidente electo, las fuerzas de la Revolución salen a renovarse, corregirse y vivificarse y logran su objetivo, recuperando una nueva y más sólida mayoría amplia.

Por todo esto, es erróneo calificar lo ocurrido en los últimos días como “campaña electoral”. Se trata de una erupción de masas en actitud de combate para defender y proyectar la Revolución, asumiendo que el propio Chávez preparaba para su tercer gobierno una aceleración capaz de barrer los obstáculos que frenan y desvían la transición al socialismo. Cuatro meses coronados por nueve días que conmovieron a Venezuela jalonan una victoria estratégica de la Revolución. Queda como saldo residual la suma de hábitos, ideas y conductas deformantes de cualquier campaña electoral de naturaleza esencialmente burguesa.

 

Definiciones y perspectivas

En perfecta sintonía con esa afirmación colectiva, durante los actos de campaña Maduro repitió su compromiso con el Plan de la Patria y en sus discursos produjo una polarización como sólo Chávez supo hacerlo. “Hay dos modelos –repitió una y otra vez: Patria o antipatria; hay dos sistemas: capitalismo neoliberal o socialismo bolivariano, cristiano, chavista; hay dos candidatos: un hijo de la burguesía o un obrero, un hombre del pueblo, formado por Chávez, hijo de Chávez”.

Contra esta dinámica, desde sectores reformistas dentro y fuera del Polo Patriótico y el aparato del Estado, pulularon mientras tanto las propuestas de cambiar esa radicalidad a partir del día 15. Interpretaciones aviesas e interesadas de las dificultades económicas actuales y por venir defienden como solución un paso estratégico atrás, negociación con núcleos burgueses y abandono de la perspectiva de radicalización en la transformación del aparato productivo, tal como lo indica el Plan de la Patria.

Es más que improbable que la Dirección Político-Militar de la Revolución opte por semejante camino. Al margen de conjeturas sobre la conducta de estos hombres y mujeres que han jurado dar la vida por la revolución y el legado de Chávez, está el poderío inapelable de las masas en la calle. No es sensato suponer que tras esta epopeya obrera y popular los protagonistas volverán a sus hogares a escuchar cómo el 80% de las emisoras de televisión, el 90% de los diarios de alcance nacional y el 90% de las emisoras de radio en manos de la oposición burguesa atacan a la Revolución, mientras en los febriles ensueños reformistas el Gobierno encabezado por Maduro se ocupa de hacer concesiones a aquellos a quienes ha arrasado en las calles y vencido en las urnas pese a la utilización de recursos extremos por parte de la oposición.

No hay voluntad política ni espacio histórico para retroceder. La Revolución Socialista Bolivariana ha ganado otra gran batalla. En las urnas, pero ante todo en la articulación y puesta en movimiento de fuerzas sociales y políticas comprometidas con el tránsito al socialismo. En cuanto a los riesgos que plantea la recuperación electoral de la ultraderecha, tal como solía repetir Chávez citando a Trotsky, “a menudo la revolución necesita del látigo de la contrarrevolución”. Éste es uno de esos casos. La inteligente y efectiva arremetida contrarrevolucionaria que disminuyó circunstancialmente la relación de fuerza del gobierno en el plano electoral, compele a la Dirección Revolucionaria Político-Militar a afirmarse allí donde es fuerte y perfeccionar, como adelantó Maduro, la obra revolucionaria. Eso significa hacer más frontal y eficiente la confrontación con la burguesía y el imperialismo que no cejarán en su empeño contrarrevolucionario. A su vez, esa potencia revelada desde diciembre como nuevo protagonista exigirá al Gobierno, y al mismo tiempo le permitirá, asumir todas las medidas necesarias para hacer efectivo su accionar, única manera de consolidar su relación con las masas.

Reaparecerá en ese punto el valor estratégico del Psuv, no ya limitado a la función de maquinaria electoral, sino como organismo vivo en el seno de la clase trabajadora en todos sus estratos, capaz de afirmar la conciencia y extender la organización de esas mayorías articuladas con las demás clases y sectores de clases comprometidas con la transición.

Serán excepción los cuadros principales que no comprendan estas exigencias de la hora. El mismo equipo que supo sobreponerse a la muerte de Chávez, promover y darle dirección a la movilización de masas, sabrá superarse a sí mismo para afrontar esta nueva etapa.

Venezuela continuará a la vanguardia del curso antimperialista latinoamericano-caribeño. Resta comprobar si los pueblos y sus vanguardias asimilan, en los plazos perentorios exigidos por la crisis, el legado de Chávez y esta nueva lección de la Revolución Socialista Bolivariana.

Desde Caracas 15 de abril de 2013

 

Fuerza Armada y revolución

Propagandistas del capital, infiltrados y hablistas al uso se regocijaron anunciando que la muerte de Hugo Chávez prologaba la disgregación del Psuv y el choque frontal de éste con la Fuerza Armada.

Antes de comenzar el ejercicio del nuevo gobierno los hechos demuestran la ignorancia –y las expectativas ocultas– de estos agentes de la confusión: ¿cómo imaginar la organización de esta portentosa movilización de masas sin una Dirección Político-Militar cohesionada por una estrategia, un plan de acción y una convicción común? ¿Cómo explicar los golpes letales a la conspiración en las horas previas a la elección, el impecable e implacable despliegue de la Fuerza Armada en el Plan República, que garantizó los comicios?

Claro que hay tendencias en el Psuv. Claro que hay diferentes grados de asunción de la estrategia revolucionaria en la Fuerza Armada. Claro que, por definición, es presumible la existencia de partes blandas y hasta de traidores en toda y cualquier organización que involucra a cientos de miles y millones de personas.

Pero la pluralidad ideológica y la diferenciación política es parte conceptualmente afirmada desde su fundación en el Psuv. Y la mano férrea de la estructura de altos mandos y cuadros de la Fuerza Armada está a la vista de quien intente una vía de desestabilización.

Los heraldos de la penumbra, los agentes encubiertos, los hablistas de oficio, deberán buscar nuevos argumentos.

 

En la Casa Blanca la contrarrevolución no descansa

En la mañana del jueves 11, a tres días de las elecciones, las autoridades descubrieron y apresaron mercenarios de origen colombiano vestidos con uniformes militares de Venezuela y prontos a entrar en acción de acuerdo a un plan terrorista. Antes, 30 personas fueron apresadas in fraganti en diferentes procedimientos cuando intentaban sabotear plantas de electricidad y líneas de alta tensión. En las semanas previas hubo cortes de energía eléctrica en diferentes puntos del país a causa de acciones de sabotaje.

También en los días anteriores un grupo de 30 jóvenes ingresó de forma violenta en la base aérea La Carlota, en Caracas, superando la resistencia de cuatro funcionarios que custodiaban la entrada. En otras unidades militares del país ocurrieron casos similares; en todos ellos las fuerzas militares eludieron una confrontación directa, con la posibilidad de heridos y muertos, que era precisamente el objetivo buscado por los promotores de estos ataques.

A su vez, dos grupos comandos provenientes de El Salvador fueron detectados por los servicios de inteligencia, que detuvieron a tres integrantes y continuaban buscando a los restantes en las horas previas a las elecciones. A su vez, en la noche del jueves 11 fue asesinado de un balazo un trabajador que, a las puertas de Pdvsa, lanzaba fuegos artificiales en celebración por la portentosa concentración en las siete avenidas del centro de Caracas.

En conferencia de prensa el 12 de abril por la mañana, el vicepresidente Jorge Arreaza, acompañado por el ministro de Interior Néstor Reverol y el de Defensa Diego Molero, confirmó estas informaciones subrayando que las operaciones de seguimiento y captura continuaban, razón por la cual no se daría información precisa hasta que éstas fueran completadas.

“Seremos implacables contra quien pretenda desconocer la voluntad del pueblo venezolano”, sostuvo Arreaza.

Paralelamente, el candidato de la derecha se negó a firmar un compromiso reconociendo el resultado que el Consejo Nacional Electoral daría en la noche del 14.

Datos todos que confirman el ininterrumpido accionar desestabilizador de la oposición y sus mandantes, que sólo pasa a mayores por el constante alerta de las masas y el accionar eficiente y silencioso de la Fuerza Armada y sus organismo de investigación secreta.

 

Elecciones y revolución

Participación ciudadana en la elección de autoridades y genuinidad democrática son inseparables. Pero tal como se las conoce en las sociedades burguesas, las elecciones distan de ser un ejercicio de democracia.

En el difícil tránsito de Venezuela del capitalismo al socialismo, las elecciones son a la vez un modo de participación de masas y una fuente de deformaciones de todo orden para votantes y candidatos, que se transforma en abierta manipulación en el caso del representante de la burguesía.

La presión de constantes elecciones supone más participación, más protagonismo y la posibilidad de educar y organizar a las grandes mayorías. En el revés de la medalla el mismo fenómeno tiende a convertir a más de un gobernante en sólo un candidato y a los candidatos en productos de oferta; al producto de oferta en mercancía y a la mercancía en objeto de publicidad, donde será nocivo todo lo que reste votos y loable todo lo que arrastre adhesiones. La verdad es la primera víctima de esta lógica perversa.

Proliferan así los “asesores”, suerte de gerentes de marketing que cosificarán al candidato y la ciudadanía a la que éste se dirige. Las ideas están vedadas: sólo hay espacio para frases de impacto, que digan lo menos posible. Las técnicas de la publicidad capitalista volcadas a la acción política obran como veneno letal sobre la inteligencia y, al cabo, sobre la participación genuina. Y, desde luego, asesores exitosos y publicidad masiva significa dinero, mucho dinero, por lo cual al límite será mejor candidato (lo que no implica mejor dirigente) quien tenga más dinero.

Por cierto, una transición no violenta debe convivir con este fenómeno de hibridez nociva y es bueno que así sea: lo contrario es la guerra. Y así como los pueblos, las genuinas vanguardias sólo apelan a la violencia cuando el enemigo no les deja otro camino. Ésa es, entre otras tantas, una extraordinaria lección del comandante Hugo Chávez y la Revolución Bolivariana. Y una posibilidad excepcional a partir de la excepcionalidad de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana.

No obstante, glorificar acríticamente las elecciones al estilo conocido es una vía segura hacia errores y desviaciones de altísimo costo potencial. La superación del sistema capitalista implica también, de manera insoslayable, la superación de las elecciones tal como se practican en los regímenes burgueses.

 

Internacional parda y macartismo

PorLBenAXXI

 

Hoy comienza en Rosario, Santa Fe, Argentina, una reunión organizada por la CIA como parte de una ofensiva múltiple contra la Revolución Bolivariana en Venezuela y las luchas en alza en toda América Latina. El siguiente artículo, publicado el sábado pasado, adelanta la significación estratégica de esta reunión.

 

Mucho más que un brote macartista, el ataque contra artistas definidos a favor de la Revolución Bolivariana es el signo de la marcha opositora hacia conductas nazi-fascistas.

Denominado a partir del senador estadounidense Joseph McCarthy, esta excrecencia política del capitalismo consistió en la persecución y represión en Estados Unidos a artistas, escritores, deportistas y periodistas en los años 1950, acusados de comunistas, en la mayoría de los casos sin fundamentos. La “Caza de Brujas” (que entre tantas obras daría lugar a la pieza de teatro Las Brujas de Salem, de Arthur Miller) alcanzó a tirios y troyanos. Y durante más de un quinquenio convirtió a la potencia emergente de la segunda Guerra Mundial en un país dominado por la delación y el oscurantismo, cuando ya el poderoso movimiento obrero había sido puesto en caja, tras un frustrado intento de consolidarse como partido de clase en torno a la organización sindical de los entonces poderosos gremios industriales.

Nazismo y fascismo surgieron luego de la primera guerra mundial, cuando tras la victoriosa Revolución Rusa en Europa los grandes partidos y sindicatos socialistas y comunistas amenazaban la continuidad del capitalismo. Ahogada en sangre la Revolución Española, la reacción avanzó por esa vía en el resto de Europa.

Aunque están conectados por una común definición represiva contra cualquier avance social frente al sistema capitalista, macartismo y nazi-fascismo se diferencian en algo sustancial: aquel opera desde una relación de fuerza favorable al sistema que defiende desde lo alto de una ideología totalitaria, en tanto éste aparece como recurso de última instancia de un orden social acosado por las masas, a las cuales el capital pretende responder también desde sectores de masas, buscando organizar las capas más pauperizadas, inarticuladas y carentes de conciencia, acompañadas por franjas de las clases medias.

Así ha sido hasta ahora en las experiencias históricas de revolución y contrarrevolución. Como todo en la Venezuela contemporánea, la originalidad del fenómeno exige una mirada propia y puntual.

Desde el año pasado se suceden aquí ataques contra cantantes, artistas y deportistas que osaron comprometerse con el proceso revolucionario en curso y con la figura del comandante Hugo Chávez. Pero la situación se agravó cuando un grupo de artistas se propuso recuperar el sindicato de artistas, conformó una plancha para tal fin y proclamó su apoyo a la campaña presidencial de Nicolás Maduro.

Desde entonces, arreció la campaña de calumnias por las así llamadas “redes sociales”, por lo general centradas en que tales alineamientos resultan de la paga de fuertes sumas a los involucrados. Hubo casos más graves en los que estos artistas recientemente alineados con la revolución fueron agredidos de palabra o de hecho en la calle.

El firme respaldo del gobierno a las víctimas de estos ataques y el peso social de las ideas y el plan de acción oficial acota la capacidad de acción de tales agresiones, aunque no les quita gravedad en la experiencia cotidiana de estos hombres y mujeres que, desde su lugar, han comprendido y asumido los desafíos de la hora histórica.

Dicho de otro modo: en tanto que expresión macartista, el fenómeno tiene una dimensión limitada. Pero es inexorable su metamorfosis en conductas nazi-fascistas crudas y duras, no ya contra artistas, sino contra las masas que impulsan la revolución.

 

Desde Washington y Madrid, para toda América Latina

Dada la probada potencia social, política y militar de la Revolución Bolivariana, la marcha de las clases dominantes hacia el fascismo no puede partir de Venezuela. Cabe insistir: el fascismo consiste en atacar a la revolución socialista desde un movimiento de masas, estructurado a fuerza de dinero y violencia en los sectores más desarticulados e inconscientes de la sociedad. Pero como en Venezuela el grueso de estos sectores ha adquirido una ostensible conciencia revolucionaria, traducida en organización a gran escala, y como la pequeña burguesía no puede llenar como fuerza de choque directa ese vacío, el imperialismo se esfuerza por poner en pie un movimiento fascista en toda América Latina, con la expectativa de aislar a Venezuela e intervenir desde allí en el cuadro local. Un adelanto de esa conducta es la utilización de paramilitares colombianos para lanzarlos a la acción en Venezuela.

A eso denominamos “Internacional parda”. Una organización fascista de alcance internacional, impulsada por Washington a través del Partido Popular de España y una troupe de figuras apuntaladas por los medios de difusión de masas.

No es una entelequia. Esta “Internacional fascista se reunirá entre el 8 y el 11 de abril en la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe, en Argentina. Como mascarón de proa los organizadores –autodenominados “liberales”, para encubrir la metamorfosis que esa corriente de pensamiento histórico sufrió desde los años 1920- han contratado a escritores como Mario Vargas Llosa, periodistas de origen cubano públicamente asociados con la CIA, ministros y ex ministros latinoamericanos –por ejemplo Joaquín Lavin, chileno colaborador de la dictadura de Augusto Pinochet-, ex presidentes como el fascista español José María Aznar, o figuras como Marcel Granier, conocido en Venezuela, aunque en menesteres públicos diferentes al que ahora asume en el aquelarre de Rosario. Un instrumento clave para penetrar y financiar periodistas e intelectuales en América Latina es FAES (Fundación para el análisis y los estudios sociales) presidida por Aznar.

También participarán dirigentes de la estructura política encabezada por el jefe de gobierno de Buenos Aires, Mauricio Macri, quien en oportunidades anteriores actuó como anfitrión. Los preparativos de esta reunión para propagandizar las ideas del fascismo, tras la cual se oculta una verdadera acción conspirativa de dimensión continental, fueron acompañados por el gobernador de la provincia de Santa Fe y la alcaldesa de Rosario, ambos pertenecientes al Partido Socialista –asociado a la Internacional Socialdemócrata- cuya principal figura, Hermes Binner, declaró recientemente que el 7 de octubre, si hubiese debido votar en Venezuela, lo hubiera hecho por Capriles. Un contemporáneo de Friedrich Ebert, el socialdemócrata alemán responsable del asesinato de Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg.

Lectores atentos podrán observar, antes y después de los días de esa reunión, una campaña sistemática contra Venezuela y los países del Alba. E incluso contra gobiernos que, aun distantes de estos, no están totalmente alineados con la Casa Blanca. Es presumible que en Venezuela esa escalada esté mechada con redoblados ataques contra los artistas incorporados a las filas de la Revolución. Tal capacidad de difusión global va acompañada por un enorme despliegue financiero: 15 fundaciones internacionales lubrican con dólares la participación de 250 invitados de todo el mundo.

La Internacional parda, inarticulada en toda su proyectada dimensión, limitada por ahora a la acción propagandística, es la respuesta política contra la radicalización creciente de las masas explotadas y oprimidas en el hemisferio. Es el complemento eventualmente lanzado a la acción, imprescindible para la panoplia político-militar dispuesta por Estados Unidos desde el Río Bravo a la Patagonia. Comprender esta estrategia imperialista y actuar en consecuencia es una exigencia de la hora.

 

El faro sigue alumbrando

PorLBenAXXI

 

Hay sorpresa y preocupación en Washington y en las clases dirigentes de la región. Así lo revelan el desconcierto en la cobertura de los grandes medios, las declaraciones vacilantes de sus líderes políticos y los textos erráticos de los analistas a su servicio. La movilización de masas provocada por la muerte de Hugo Chávez y su continuidad sin pausa desde el 5 de marzo son indicativas de una fuerza telúrica que mantiene a Venezuela como contraparte del imperialismo, en momentos en que se agudiza su crisis.

Mucho más que una holgada victoria, el clima político reinante en Venezuela augura una reafirmación revolucionaria de consecuencias más allá del 14 de abril. Con la muerte de Chávez no sólo no se frena la transición al socialismo: se acelera. Y muy probablemente se expandirá más allá de las fronteras.

Sorprende el vigor y la masividad de los actos a los que acude el presidente Nicolás Maduro. Pero impacta aún más la sintonía de las multitudes con el orador; el diálogo entre masa y dirigente y la invariable radicalización del discurso que resulta de ese intercambio. Maduro ha recibido el influjo poderoso de esos ríos rojos que lo envuelven todos los días, varias veces al día. Y ha logrado traducir esa fuerza en convicción de que continuará sin vacilación el camino señalado por Chávez. Tal certeza ha ganado el corazón de las mayorías, en todo caso seguras de su propio poder para garantizar el rumbo. El dolor se ha transmutado en confianza y determinación revolucionarias.

Ha calado muy hondo el legado de 14 años de gobierno, resumido en el Plan de la Patria, el programa de Hugo Chávez para transitar hacia el socialismo. Y comienza a verse que esto no ocurre sólo en Venezuela. Es perceptible que, a la manera de un Cid Campeador de estas tierras y estos tiempos, Chávez apronta batallas victoriosas a lo largo de América Latina desde el Cuartel de la Montaña, donde reposan sus restos. Esta radicalización espontánea coincide con el agravamiento de la crisis del sistema capitalista y el inicio de sus efectos en los países de economías subordinadas.

 

Repliegue táctico 

Aunque a su candidato Henrique Capriles le hace jugar por el momento el papel de alternativa a la Revolución Bolivariana, Washington ya asumió su derrota. Será una consideración táctica la que lo hará llegar a los comicios o indicará su retiro, con ataques al Consejo Nacional Electoral ya desplegados para justificarse ante la opinión internacional. Como sea, en pos de eludir el choque frontal con la marejada revolucionaria la Casa Blanca da un paso al costado y proyecta otras líneas de ataque.

El punto de preocupación de los estrategas del Departamento de Estado reside en la combinación de esta reafirmación interna e internacional de la Revolución Socialista Bolivariana con el inatajable agravamiento de la situación económica. El panorama económico internacional se agrava sin pausa. En la Unión Europea, con una perspectiva de crecimiento cero para 2013, cada día explota un eslabón de la corroída cadena del euro. Estados Unidos sortea con medidas inventadas día a día las amenazas del crack fiscal y la tendencia a la caída del giro económico, de todos modos prevaleciente.

Hay algo coyunturalmente más grave para los centros del poder mundial y sus socios del Sur: se avizora un ciclo de caída en los precios de las materias primas, con las consecuencias esperables en países que, aún con altos índices de suba del Producto Interno Bruto en los últimos años, no han cambiado su matriz productiva y están por completo dependientes de aquellos precios, a la vez que mantienen como espada de Damocles un gravoso endeudamiento externo.

Esa previsión alarmante tanto para Washington como para numerosas capitales del Sur se complementa con otra, más preocupante aún para ellos: según pronostican las consultoras del gran capital, la única materia prima que no proyecta una caída de precios es el petróleo. En suma: aunque la crisis penetrará por muchos resquicios, el corazón de la economía venezolana no latirá a menor ritmo y puede preverse que la transformación del sistema productivo en este país, más las medidas adoptadas con la moneda de cuenta del Alba, el Sucre, a la vez que protegerá a las economías de ese bloque de los duros golpes de la crisis en los países centrales, se convertirá en poderosa fuerza de atracción para los pueblos de la región. Si a esto se suma el hecho de que el estancamiento en muy bajos niveles del PIB ya ha llegado a Brasil y Argentina, mientras el resto de los países tiene como perspectiva una brusca retracción de sus economías, los efectos políticos de semejante dinámica son previsibles.

Por eso ahora el centro de atención de Washington no está tácticamente en Venezuela, sino en la necesidad de evitar que otros países de Unasur y Celac concurran a buscar soluciones aproximándose al Alba.

En esta coyuntura, doblemente negativa para el capital, el imperialismo articula y ya aplica una contraofensiva de largo alcance. Uno de los tentáculos de esa ofensiva es el paso dado con el reemplazo de Benedicto XVI por Francisco, el papa jesuita que desde su asunción no escatima gestos de demagogia, especialmente enderezados hacia América Latina. Como en los años 1980, es esperable una tenaza de Washington y el Vaticano para ahogar el desigual proceso de radicalización antimperialista verificado durante la última década en el hemisferio al Sur del Río Bravo.

El Departamento de Estado confía en que la crisis obligará a más de un gobierno en la región a abandonar gestos de soberanía e independencia y reemplazarlos por un rápido realineamiento con la Casa Blanca. La debilidad de alternativas antimperialistas consecuentes en esos mismos países, hacen a tales gobierno más permeables a las presiones imperiales y, en caso de resistencia, relativamente sencillo cambiarlos por alternativas de derecha.

Por esa vía, suponen, podrían aislar a Venezuela para después redireccionar su ofensiva centrándola en la Revolución Bolivariana.

No es pensable sin embargo que en el breve lapso hasta el 14 de abril, y mucho menos después, cuando se inaugure formalmente el período hasta 2019 encabezado por Nicolás Maduro, Venezuela se desentienda de esta encerrona estratégica programada por Washington. En la crítica coyuntura global, la ratificación de la política internacional trazada por Chávez permitirá avanzar como nunca hasta ahora en la estrategia de unidad antimperialista en toda la gradación que va del Movimiento No Alineado y el Grupo de los 15 hasta Unasur y Celac, con el Alba como núcleo duro con la propuesta de socialismo del siglo XXI, Venezuela como ejemplo para la transición acelerada y la multiplicación de instancias para que los pueblos y vanguardias puedan sumarse orgánicamente a la marcha. Sin misticismo, se puede asegurar que el Faro sigue alumbrando.

 

significado del nuevo papado para américa latina

Vaticano, revolución y contrarrevolución

 

Tiene mucho de simbólico y poco de casualidad la coincidencia entre la muerte de Hugo Chávez y la renuncia de Joseph Ratzinger al trono vaticano, para ser reemplazado por un jesuita argentino, de reconocida militancia en la organización peronista de ultraderecha Guardia de Hierro, quien adoptó el nombre de Francisco.

Es extraño y por demás elocuente que un jesuita adopte su nombre papal en homenaje a Francisco de Asís, fundador de otra congregación. No hace falta ser experto religioso para medir la magnitud de esa decisión. La Orden Franciscana hace voto de pobreza, virtud hace tiempo olvidada por las cúpulas jesuitas. Francisco explicó la decisión en su alegada adhesión a “una iglesia pobre, para los pobres”.

Pobreza y obligada austeridad son realidades olvidadas que, como rayo, caen otra vez sobre los pueblos de Europa. En América Latina predominan como siempre, pero tras una fugaz esperanza de superación, amenazan agravamiento para millones. Un papa elitista y amante de la pompa, encerrado en delirios místicos con ropajes teóricos, como Ratzinger, no podía seguir en el trono. Las calamidades propias de la internacional vaticana y sus secciones nacionales (despilfarro, desfalcos, déficits siderales, todo en el marco de una cascada imparable de revelaciones acerca de pedofilia y otras perversiones, mientras el celibato no resiste más como exigencia canónica), cuentan sin duda en la necesidad de cambiar rostros, hábitos y conductas públicas de la alta jerarquía. No obstante, priva en esa exigencia la fuerza que por debajo corroe y voltea día a día las columnas del sistema global, entre las cuales sobresale la iglesia católica romana: la crisis del sistema capitalista y su contracara: el avance de la revolución.

Razones más que suficientes para reemplazar al papa. Como al parecer Dios no tomó cuenta de la urgencia, los cardenales y alguien más fueron en su ayuda. No es la primera vez, pero los tiempos han cambiado. En octubre de 1978, un mes después de haber sido designado papa, Juan Pablo I apareció muerto en su cuarto. Fundadas investigaciones –jamás desmentidas con pruebas– denunciaron el hecho como asesinato. Beneficiario individual de aquella operación, Karol Wojtyla (Juan Pablo II), polaco y asociado con el Opus Dei. El cerebro: Ratzinger; teólogo alemán empeñado en retrogradar el andamiaje teórico del catolicismo romano a la etapa previa a la Revolución Francesa (1). Hubo además una mano ejecutora.

Ahora, después de 35 años y dos curvas vertiginosas en la historia universal, el recambio oportuno se produjo por renuncia de Benedicto XVI, hecho sin precedentes en más de 600 años.

En el conjunto de factores conjugados para el recambio de Juan Pablo I y la renuncia de Benedicto XVI la fuerza determinante fue el Departamento de Estado estadounidense. No es ésta una afirmación ligera, llevada por una coyuntura política local o un impulso circunstancial. En agosto de 1989 publiqué un pequeño libro titulado CIA-Vaticano: Asociación ilícita (2), en el que ofrezco información probatoria de esa sociedad contra natura.

Jamás he pretendido ser un experto en cuestiones eclesiales, mucho menos religiosas. Desde mi interés por la economía y la política internacionales observo los movimientos del Estado Vaticano, del papa y las altas jerarquías eclesiales, con la misma actitud –y con inalterable consideración y respeto por los católicos sinceros– que aplico al seguimiento de los pasos de cualquier otro Estado o gobierno del mundo.

Si 25 años atrás me aboqué a ese tema fue porque en aquel momento, en medio de la contraofensiva global estratégica lanzada por el imperialismo para afrontar la crisis estructural del capitalismo, el Vaticano constituía una herramienta decisiva en dos puntos fundamentales del planeta: Europa del Este y América Latina. Más específicamente, Polonia en Europa, Nicaragua y Brasil en América. Es sabido el desenvolvimiento de los hechos desde entonces: derrumbe de la Unión Soviética, ahogo a sangre y fuego de la Revolución Sandinista, posterior recuperación de aquella gesta centroamericana al calor del nuevo auge de los pueblos en América Latina, encabezado por la Revolución Bolivariana de Venezuela. Detrás de ese telón, victoria cultural del ultraliberalismo, auge económico ficticio, seguidas de desagregación moral sin límites y reaparición volcánica de la crisis estructural del capitalismo.

Si ahora retorno al tema es porque, tras la arrolladora victoria de aquella ofensiva global estratégica y el breve período de aparente estabilidad y re-afianzamiento del capitalismo mundial, la crisis del sistema reapareció, con fuerza jamás vista, en los propios centros metropolitanos. Esa reaparición inesperada tanto en los centros dirigentes del poder mundial como en el conjunto de las izquierdas, con las excepciones que ya se verán, dio lugar al desplazamiento del epicentro de la revolución mundial hacia América Latina, lo cual conjuntamente con otros factores de la economía y la política internacionales debilitó como nunca antes al imperialismo estadounidense como centro inapelable del poder mundial. Y en ese cuadro, acompañado por una coyuntura de espasmódica crisis y debilitamiento de la iglesia vaticana, se produjo la renuncia de Joseph Ratzinger y la entronización de un obispo argentino y jesuita.

 

Individuo e institución

Es preciso despejar un punto que hoy desvía la mirada: antecedentes y rasgos individuales de Jorge Bergoglio, papa desde el 13 de marzo.

Después de la fumata blanca, desde Argentina aparecieron denuncias sobre la participación activa de Bergoglio en la represión de la dictadura entre 1976 y 1982. Se lo acusó de ser responsable del secuestro de dos sacerdotes de su orden e incluso de haber estado en los lugares secretos de detención. También sin demora estas denuncias fueron negadas por personas reconocidas por su compromiso en la defensa de los derechos civiles durante la dictadura, como Adolfo Pérez Esquivel, quien en aquel período recibió el premio Nobel de la Paz. Por cierto ese premio no garantiza nada (notorios criminales lo ostentan), pero sí la conducta de Pérez y otros que como él han negado los cargos contra Bergoglio.

Contrario sensu, no todas las voces acusadoras tienen la respetabilidad suficiente para hacer valer su palabra. De modo que, hasta que nuevos datos llevaren a un cambio de juicio, esos avales eximen al papa de crímenes aberrantes que, en la medida en que en Argentina el catolicismo es religión de Estado, constituirían crímenes de lesa humanidad. 

Defensores y detractores de Bergoglio tienen en común algo más poderoso que sus ruidosas diferencias: unos cargan contra el individuo y escamotean el papel de la institución; otros lo protegen… para rescatar la institución.
Así las cosas y contra los fuegos de artificio, el tema no es Bergoglio sino el aparato eclesial. Es un hecho reconocido que la jerarquía católica, acompañada por el entonces nuncio (embajador) del Vaticano en Buenos Aires, Pio Laghi, respaldó a la dictadura y colaboró con ella, al punto de ceder una propiedad en el Delta del Paraná para que funcionara allí un campo secreto de detención. Bergoglio era por entonces la máxima autoridad jesuita en Argentina, donde miembros de esa congregación habían sido punta de lanza de la Teología de la Liberación, corriente católica cuyo desmantelamiento, también a sangre y fuego, fue uno de los objetivos por los cuales Juan Pablo II fue entronizado a costa de la vida de su antecesor.

Conviene refrescar el cuadro de época: el citado CIA-Vaticano registraba en 1989: “El 23 de agosto de 1982 Wojtyla otorgó a la Obra (Opus Dei) el rango de prelatura personal (diócesis sin territorio). De este modo Opus Dei se liberó de todo lazo de sujeción o control por parte de los obispados o, lo que es lo mismo, obtuvo carta franca para llevar a cabo sus empresas con plena independencia de las jerarquías nacionales y con la obligación de responder sólo ante el sumo pontífice (…) Al mismo tiempo que elevaba el status –y cedía más poder– a Opus Dei, el papa suspendía a la Orden de los Jesuitas, comprometida con la Teología de la Liberación y reemplazaba a su superior general, Pedro Arrupe, por otro escogido por él mismo. Así Opus Dei logró su doble objetivo de sentar en el trono papal a un hombre con idénticas posiciones ideológicas a las suyas y situarse como institución en un puesto apropiado para lanzar en todos los planos la ofensiva final contra la Teología de la Liberación”. Entre otros muchos terrenos, Opus Dei y jesuitas se disputaron con uñas y dientes la primacía en los medios de comunicación. El texto dedicaba un capítulo a explicar la condición de Opus Dei como aparato representativo del gran capital, industrial y financiero, controlado por la CIA, introducido como cuña irrefrenable en la estructura vaticana. Es en ese contexto que Bergoglio actuó en Buenos Aires, bajo la dictadura –cribada de miembros de Opus Dei, para comenzar el célebre ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz– y según su propia convicción frontalmente opuesta a los “sacerdotes del Tercer Mundo”.

 

La mano amiga

No es casualidad que Opus Dei pierda ahora la primacía y lo haga en favor del sector al que se impuso en los años posteriores a 1978, la orden de los jesuitas, ya depurada de su ala radical de izquierda. Con origen en España y manejando los hilos financieros desde Italia, Opus Dei sufre la suerte de la economía y la política en esos dos países, que no es sino la expresión del vuelco operado en todo el mundo tras el colapso de 2008, que en Estados Unidos llevó a la derrota republicana y la asunción de Barack Obama quien, dicho sea de paso, se apresuró a enviar un caluroso y fraternal saludo a Bergoglio, a quien llamó “el primer papa americano”. El reemplazo de la “prelatura personal” de Escrivá Balaguer por la orden creada por Ignacio de Loyola equivale al reemplazo en la conducción vaticana de banqueros por curas que trabajan en villas; dibuja la curva de caída del capitalismo central y del predominio de una política anticrisis. Así, la agónica situación del capitalismo central explica la necesidad de apelar a un miembro de la Compañía de Jesús, concebida por su fundador como ejército combatiente, para conducir el “poder espiritual” en la cúpula del capitalismo mundial.

Eso no significa un repliegue político del imperialismo, aunque al menos en términos teóricos el debilitamiento relativo de Estados Unidos se hará sentir también en ese terreno, dándole a Francisco un margen de maniobra mayor para enfrentar a Washington en más de un terreno, siempre girando en torno a temas fundamentales para el ultraconservadurismo jesuítico de Bergoglio, empeñado en acabar con el legado liberal de la Revolución Francesa. Por lo que se puede prever a partir de textos suyos y gestos posteriores a su elección, tras ese objetivo Francisco no vacilará en buscar apoyo en la potente dinámica de convergencia latinoamericano-caribeña, para negociar desde allí en mejores términos con la Casa Blanca. La reivindicación del concepto de Patria Grande por parte de Bergoglio (3) ha llevado al estado de éxtasis a algunos exponentes del llamado “marxismo nacional”, ha dado vuelta en cuestión de horas la oposición frontal de funcionarios argentinos que lo atacaron desmesuradamente cuando se conoció su designación y producirá riesgosos zigzagueos y violentos giros en más de una fuerza política en América Latina. Con certeza, se verá en acto al jesuitismo, forma pragmática, aviesa, pero implacable en sus objetivos, en torno a la necesidad estratégica de acabar con la revolución al Sur del Río Bravo, pero adosándose a la fuerza hoy predominante en los pueblos de la región. Puede esperarse un papa disfrazado de Chávez, tal como en la Venezuela de hoy lo hace Henrique Capriles Radonsky, quien contra toda lógica pretende copiar el discurso del líder bolivariano (de paso: Capriles integró las filas del Tradición familia y Propiedad, otra de las organizaciones que obran como tentáculos de la CIA al interior del Vaticano. Las restantes son la ya citada Opus Dei, Comunión y Liberación y la Orden Militar Soberana de Malta. Por caso, esta última ya puso a uno de los suyos como secretario privado de Francisco).

Aun en los previsibles momentos de tensión y aparente choque que vendrán a no muy largo plazo, el camuflaje demagógico de Bergoglio es un riesgo para las fuerzas revolucionarias pero no distanciará al Vaticano de Estados Unidos en la cuestión que interesa: la contrarrevolución en América Latina.

El Departamento de Estado, es decir, de la estrategia estadounidense, pesará sobremanera en el curso del próximo papado. No es éste el lugar para detallar los pasos que terminaron en la elección de Bergoglio con más de 90 votos sobre 115 cardenales. Baste decir que el articulador principal del bloque en favor del cardenal argentino fue su homólogo de Nueva York, Timothy Dolan. Tanto la prensa italiana como la estadounidense coinciden en señalar que, a partir de los 11 votos estadounidenses en el cónclave, Dolan tuvo un papel decisivo en la tarea de convicción sobre prelados de América Latina, África, Asia y Europa, para que finalmente una sólida mayoría votara a favor de Bergoglio. Con escasa sutileza, The New York Times subraya que lo único que le faltó a Dolan fue ungirse él mismo en el trono de Pedro, para inmediatamente señalar que su papel en la próxima administración vaticana será de sobresaliente gravitación.
Ahora bien: ¿cuáles son los puntos de acuerdos y cuáles los desacuerdos entre el Vaticano y Washington?

Aquí sí importa, y mucho, la biografía de Bergoglio. Desde el peronismo sui generis de Guardia de Hierro, en los años de alzamiento revolucionario en Argentina, cuando una poderosa corriente de sacerdotes identificados con las causas populares y la lucha contra el imperialismo y el capitalismo, resueltos al combate por el socialismo, crecía al interior de la iglesia y de su congregación en toda América Latina, el entonces principal jesuita en su país optó por la decisión central del Vaticano –conducido entonces por Opus Dei a través de Wojtyla– y con una u otra conducta individual respecto de secuestros y asesinatos puntuales, no sólo avaló aquella ofensiva contrarrevolucionaria sino que su accionar redundó en una escalada sistemática en la jerarquía eclesial que lo llevó hasta la cima.

No sólo los jesuitas, sino el conjunto de la iglesia romana –con excepción de Opus Dei y sus áreas de influencia– condenan sin atenuantes el curso adoptado en el último siglo por las sociedades liberales. No sólo el conjunto de la iglesia romana, sino la Compañía de Jesús, hoy monolítica, defienden el capitalismo, al cual están integrados económica, política y culturalmente. La alianza cada vez más íntima en las últimas décadas entre el socialcristianismo y su eterna enemiga, la socialdemocracia, Lucifer liberal, confirman en la política y el sindicalismo mundiales cuál es el verdadero enemigo de quienquiera ocupe el trono de Pedro. La contradicción entre liberalismo y oscurantismo medieval se resuelve siempre y fatalmente por un frente único entre la Casa Blanca y la Basílica de San Pedro; entre CIA y Vaticano, para enfrentar las fuerzas revolucionarias en cualquier punto del planeta.

 

Por qué argentino

Todo indicaba en los días previos al cónclave de cardenales que el nuevo papa provendría del continente americano. Pero los candidatos principales eran el canadiense Marc Ouellet y el brasileño Odilo Scherer. Al menos en público, nadie daba un centavo por la elección de un argentino.

Hay una causa interna que hacía necesaria la elección de un americano, más específicamente latinoamericano. Desde que el Vaticano, en funesta alianza con la CIA, se embarcó en la operación contrarrevolucionaria que doblegó a Nicaragua y exterminó en la región a los sacerdotes del Tercer Mundo, la iglesia romana perdió más de un cuarto de sus feligreses. Y se trata del bastión mundial del catolicismo. De modo que, así como en los años 1970 la cúpula vaticana debía empeñarse en la masacre contrarrevolucionaria por razones de sobrevivencia, ahora debe hacerlo en sentido inverso, aprovechando la emergencia de numerosas corrientes y líderes políticos que afirman la posibilidad de realizar una “revolución” que no conmueva las bases del sistema capitalista. La condición de jesuita de Francisco y sus alegadas dotes intelectuales lo habilitan para ese delicado juego estratégico. Su adopción franciscana le abre camino a la base social en disputa.

Ésa es, no obstante, una causa subordinada. La tónica de este movimiento estratégico en escala mayor la pone Estados Unidos, aliado en este punto con la Unión Europea y todos los regímenes empeñados en evitar que la crisis en curso desemboque en la revolución socialista.

Existen conflictos sociales, políticos y militares de magnitud en cada punto del planeta, constantemente agravados por la marcha ininterrumpida hacia el derrumbe en los países centrales. Pero la vanguardia de la respuesta socialista se desplazó a América Latina. Esta visión geopolítica, resistida a derecha e izquierda hasta no hace mucho, es ahora prácticamente común a todas las corrientes del pensamiento.

Washington necesita frenar primero y destruir después la vanguardia de esa vanguardia: la Revolución Bolivariana de Venezuela. No es una simplificación entonces afirmar que Francisco está en Roma para contribuir desde la trinchera eclesial en la batalla estratégica contra Venezuela. Los estrategas del Departamento de Estado parecieron en los últimos meses convencidos de que la muerte de Hugo Chávez permitía irrumpir en el entramado de las fuerzas revolucionarias para lograr su objetivo. Por eso, tampoco es desatinado pensar que la coincidencia entre la muerte de Chávez y la renuncia de Ratzinger no es casual. Quienes aludan a la condición milenaria de la iglesia, deberán considerar que su crisis interna es potencialmente letal. Y evaluar hasta qué punto, en el mar de dificultades que atraviesa, el Vaticano es realmente impermeable a las decisiones de la Casa Blanca. Ante el gesto escandalizado de presumibles vaticanólogos, sólo puedo decir que, sin el recurso de explicar el fenómeno atribuyéndolo a un designio divino, apelo al análisis de los hechos y su encadenamiento. El tiempo dirá si la hipótesis tiene o no asidero.

Es posible que a la luz de la formidable, inédita manifestación de masas que provocó en Venezuela la muerte de Chávez, aquellos estrategas de la contrarrevolución hayan corregido su apreciación y desechen ya su idea de una inminente caída de la Revolución. Pero insistirán en dos puntos: dividir las fuerzas revolucionarias en Venezuela; forzar el aislamiento de este país en la región. Si eventualmente la táctica en el plano interno tuviese algún grado de éxito, podría abrir la brecha por la cual el imperialismo entrase con su devastadora fuerza contrarrevolucionaria. Dado que ya está probado que los intentos divisionistas han fracasado una y otra vez, es presumible que Francisco será tomado por Washington como una herramienta salvadora. Al interior de Venezuela esto es difícil, porque el socialcristianismo (aquí también aunado con la socialdemocracia) está en el nadir del desprestigio. Y lo mismo vale para la jerarquía eclesial local, reconocida por las masas como golpista y por eso repudiada.

Otra consideración merece la táctica del debilitamiento en los apoyos de Venezuela en la región. Y allí es donde aparece Argentina. Sea por el abrazo asfixiante que, mientras se redactan estas líneas, Francisco ha comenzado a practicar sobre el gobierno argentino, sea por el hecho de que el actual elenco oficial afronta enormes dificultades y en el cuadro actual está descartada la posibilidad de reelección de la presidente Cristina Fernández, es pensable que a corto o mediano plazo Argentina pueda ser desplazada hacia un bloque enfrentado con la revolución en marcha en Bolivia, Ecuador, Venezuela y otros países del Caribe, a los que se suman naturalmente Nicaragua y Cuba. Baste recordar que días atrás el candidato socialdemócrata Hermes Binner, preguntado acerca de si en Venezuela hubiera votado en octubre último por Chávez o Capriles, respondió sin vacilar que su opción era Capriles. Es presumible en Argentina una amplia coalición electoral para 2015 que tenga como eje de reagrupamiento la estrategia latinoamericana de Estados Unidos, ahora asumida explícitamente por el papa Bergoglio en su ataque a las revoluciones en curso, al regalarle a Fernández un libro con documentos del Celam donde se condena el “avance de diversas formas de regresión autoritaria por vía democrática que, en ciertas ocasiones, derivan en regímenes de neto corte neopopulista”. Firma el Consejo Episcopal Latinoamericano; redacta la CIA.

En un libro publicado en 2007 sostuve que Argentina es una clave regional, aunque en el actual período histórico lo es por su debilidad, no por su fuerza (4). Su peso específico en América Latina, su nivel de desarrollo, los altos parámetros de experiencia y combatividad de obreros y estudiantes en términos históricos, no obstante sumidos en una coyuntura de confusión, desorganización y total parálisis, ubican al país como fiel de un delicado equilibrio continental, pasible de presiones y políticas extremas desde los dos extremos de la batalla estratégica.

Desde el año 2000, cuando comenzó el proceso de convergencia desigual pero generalizado en América Latina, Argentina ha navegado a dos aguas. La resultante de esa marcha ambigua estuvo determinada por el fenómeno general: concordancia latinoamericana en detrimento de los intereses imperialistas. Para ninguno de los países que han sostenido una conducta regional igualmente ambigua e igualmente en colisión con la hegemonía estadounidense, es posible mantener esa posición de manera indefinida. Pero en Argentina los plazos son más cortos. Es un rasgo de aguda inteligencia táctica y osadía estratégica el que han demostrado los gestores de la operación que dio como resultado la elección de Bergoglio.

Ahora cabe a las fuerzas revolucionarias genuinas en América Latina demostrar si están o no a la altura de tamaño desafío. Esto vale también para millares de católicos, sacerdotes y seglares, que ante una reedición del giro contrarrevolucionario de los años 1970/80, aunque a la inversa en su forma, están ante la opción de seguir sometidos a las órdenes de Roma o acometer un cisma revolucionario, antimperialista y anticapitalista.
La unidad de revolucionarios cristianos, marxistas, o militantes de cualquier otra religión, sólo tiene futuro sobre esas bases. Ése es el ejemplo de la Revolución Bolivariana de Venezuela, a emular en todo el continente, desde Alaska a la Patagonia.

 

19 de marzo de 2013

 

Referencias

(1) Véase si no la encíclica Spe Salvi, redactada por Benedicto XVI:
«hay un texto de san Gregorio Nacianceno que puede ser muy iluminador. Dice que en el mismo momento en que los Magos, guiados por la estrella, adoraron al nuevo rey, Cristo, llegó el fin para la astrología, porque desde entonces las estrellas giran según la órbita establecida por Cristo. En efecto, en esta escena se invierte la concepción del mundo de entonces que, de modo diverso, también hoy está nuevamente en auge. No son los elementos del cosmos, la leyes de la materia, lo que en definitiva gobierna el mundo y el hombre, sino que es un Dios personal quien gobierna las estrellas, es decir, el universo; la última instancia no son las leyes de la materia y de la evolución, sino la razón, la voluntad, el amor: una Persona».

(2) Luis Bilbao; CIA-Vaticano: Asociación Ilícita. Editorial Búsqueda, Buenos Aires, agosto de 1989.

(3) “América Latina puede y tiene que confrontarse, desde sus propios intereses e ideales, con las exigencias y retos de la globalización y los nuevos escenarios de la dramática convivencia mundial. A la vez, América Latina necesita explorar, con buena dosis de realismo pragmático – impuesto también por su propia vulnerabilidad y escasos márgenes de maniobra – nuevos paradigmas de desarrollo que sean capaces de suscitar una gama programática de acciones, un crecimiento económico autosostenido, significativo y persistente; un combate contra la pobreza y por mayor equidad en una región que cuenta con el lamentable primado de las mayores desigualdades sociales en todo el planeta”. Jorge Bergoglio, prólogo a Una apuesta por América Latina de Guzmán Carriquiry, Buenos Aires, Sudamericana, 2005.

(4) Luis Bilbao; Argentina como clave regional. Búsqueda Editorial; Buenos Aires, mayo de 2007.

 

 

Chávez, geoestrategia y revolución

PorLBenAXXI

 

No fue a causa del accionar de un individuo que en la última década el damero internacional sufrió un drástico vuelco. Fuerzas desatadas por la lógica interna del capital movilizaron cambios de tal magnitud que, en el fugaz lapso de una década, dibujaron un nuevo mapa geopolítico, todavía no cabalmente interpretado, en el cual Estados Unidos ha perdido su antiguo lugar de centro del equilibrio planetario y jefe inapelable en las cuestiones esenciales de la economía, la política y la guerra.

No fue a causa del accionar de un individuo, claro. Sin embargo, la intuición profunda de ese cambio en ciernes y la voluntad de intervenir con un programa y una estrategia capaces de orientar la coyuntura histórica hacia la consolidación de un mundo a la medida de las necesidades humanas, fue el rasgo distintivo de Hugo Chávez. Y puede asegurarse que su papel no sólo pesó de manera determinante en el curso inicial de esos cambios, sino que trascenderá en los períodos por venir. Nadie como Chávez entrevió la dinámica que desagrega el poder imperial y al imperialismo mismo, ni actuó con la lucidez y el coraje necesarios para ubicarse como fuerza dirigente. Por eso Venezuela está hoy en el centro del escenario mundial.

Honrosa responsabilidad para el gobierno que en pocas semanas presidirá Nicolás Maduro. Carga histórica para los trabajadores y el pueblo de un país relativamente pequeño, con escasa población, de economía todavía subdesarrollada y dependiente, que sin embargo pesa y pesará con fuerza multiplicada en el futuro de las relaciones de fuerzas internacionales y en diseño del mundo que viene.

Como ocurriera en el siglo XIX en el hemisferio por influjo de Bolívar, pero en mayor dimensión todavía, Venezuela gravitará en este siglo XXI a escala global. Tal el resultado de la política internacional de Hugo Chávez en los últimos quince años.

 

Práctica y teoría

 

Pocos comprendieron y menos acompañaron el itinerario por el cual Chávez lograría esa intervención fulminante. La clave puede hallarse en un concepto central, dos instrumentos transnacionales y una impar energía acompañada del coraje político imprescindible para romper con la diplomacia capitalista.

Antes de entrar en eso, un paréntesis necesario: la causa por la que pocos, específicamente en el arco de izquierdas, comprendieron a Chávez y lo acompañaron, está asociada con un hecho tan resonante como olvidado. En 1920, el Segundo Congreso de la IIIª Internacional hizo algo para muchos todavía hoy desconocido: cambió la consigna central con la que Marx y Engels trazaron el rumbo estratégico de la Iª Internacional: «Proletarios del mundo uníos». Presidida por Lenin y Trotsky la Internacional Comunista reemplazó ese grito de guerra por otro: «Proletarios y pueblos oprimidos del mundo, uníos». Era, nada menos, la incorporación de la noción de países sometidos a las metrópolis del capital y el concepto de frente único antimperialista.

Poco importa si Chávez había estudiado o no aquellos documentos claves en la historia del pensamiento revolucionario. El hecho es que se guió por esa estrategia: unir en todos los planos y en todo el orbe, a todo el amplísimo espectro de clases, sectores y gobiernos de una manera u otra confrontados con el imperialismo.

Aparte su inigualada militancia internacional (está todavía por trazarse el mapa de los innumerables viajes realizados en estos quince años), Chávez apeló a dos instrumentos transnacionales: uno para chocar de frente con él: Alca; el otro para construirlo desde la nada: Alba.

Recuerdo como si hubiese ocurrido ayer la rueda de prensa final de la Conferencia de presidentes del Caribe, el 13 de diciembre de 2001. En su transcurso, Chávez anunció la creación de una organización cuya sigla, dijo, había concebido mirando el horizonte marino en la madrugada de ese día: Alba. Mientras desgranaba esos conceptos, intuí que esa propuesta de formidable proyección estratégica pero carente de toda articulación real, era un llamado apasionado al mundo para comprender y actuar. Sólo un presidente respondió: Fidel. En los años siguientes muchas veces Chávez narró, con su conocido sentido del humor, la anécdota que pinta de manera inequívoca la realidad de entonces: «al día siguiente -contaba Chávez- Fidel me mandó una cartica pidiendo que le enviara los documentos del Alba. ¡¿Qué documentos?! ¡¡No había nada!!». El hecho es que poco después, Cuba y Venezuela fundaban la Alianza Bolivariana para los pueblos de nuestra América, inicialmente llamada Alternativa Bolivariana para los pueblos de nuestra América.

 

Contra el Alca

Antes de eso, ya Chávez había comenzado la batalla crucial contra el Alca. Y lo había hecho, desde mediados de 2000, en frente único con un presidente ajeno al curso revolucionario ya en marcha en Venezuela: el brasileño Fernando Henrique Cardoso, quien actuaba en función de los intereses de la gran burguesía paulista, pero inequívocamente enfrentado con Estados Unidos y su plan de activar la Asociación de Libre Comercio de las Américas, Alca.

Una cita propia de un texto publicado en abril de 2001 puede traer a la actualidad el clima de entonces:

«Las causas de fondo por las cuales la gran industria brasileña se opone a levantar toda restricción aduanera en el continente son demasiado obvias; no es preciso ser especialista para comprenderlo: «desde el punto de vista de las exportaciones, la industria brasileña corre el serio riesgo de perder participación en el mercado interno, el producto brasileño tendrá que enfrentar la competencia extranjera, que puede ser mejor y más barato que el nacional», reconoce O Estado de São Paulo (4/4/01) el más poderoso diario brasileño (…) lo cierto es que (Cardoso) invitó a una reunión de urgencia en Brasilia al presidente venezolano Hugo Chávez, quien como era de esperar no dudó en cambiar de inmediato su agenda para acudir a lo que sería su octavo encuentro con Cardoso desde que asumió la presidencia en 1999 (…) la conformación del eje Brasilia-Caracas dejará su impronta incluso si el ‘jeito mineiro’ (las vacilaciones de las cúpulas gubernamentales brasileños), impiden que en torno a él comience a girar un bloque confrontado con las imperativas urgencias de Washington». Este artículo, publicado en Le Monde diplomatique, se continuó con otro cuyo título es suficiente para informar al lector: «El bloque Brasil-Venezuela impide la anticipación del Alca».

Con esa argamasa paciente e incansablemente trabajada, Chávez llegó, ya con otros protagonistas en la región, a asestar el golpe más duro y trascendental que Estados Unidos sufrió en términos estratégicos desde la derrota en Vietnam: el aplastamiento del Alca, en la célebre reunión de Mar del Plata, en 2005. Él, su concepción hondamente arraigada -explícita o no- de la consigna «Proletarios y pueblos oprimidos del mundo, uníos», fue el artífice de esta crucial derrota estratégica del imperialismo. Esos mismos conceptos lo guiarían para dedicarle enormes esfuerzos al Grupo de los 15, la reactivación de la Opep, el Movimiento No Alineados, Petrocaribe y cuanta instancia internacional ofrecía el más mínimo resquicio para sumar fuerzas contra el enemigo imperial fuera y dentro de Venezuela.

 

El Alba

Aquella política avanzó en un salto cualitativo con la creación del Alba y la sucesiva incorporación de países, que en 2008 llegarían a la creación del Sucre, palanca fundamental de ese proyecto, que desborda y eventualmente debe plasmar en un nuevo diseño del sistema financiero internacional. Mientras tanto, en Venezuela tomaban cuerpo los instrumentos estratégicos de la revolución: Consejos Comunales y, clave de todo, el Partido Socialista Unido de Venezuela. Una antigua sentencia asegura que la política internacional de un país es la prolongación de su política interna. Desde 1998 Venezuela permite invertir esa noción: el plan de acción internacional de Hugo Chávez y las nuevas relaciones de fuerzas regionales e internacionales a que dio lugar, permitieron e impulsaron la radicalización revolucionaria de la política interna.

Mientras impulsaba la consolidación y crecimiento del Alba, Chávez forzó (es necesario entenderlo literalmente) la transformación de Comunidad Suramericana de Naciones en Unión de Naciones Suramericanas. No era simple ni principalmente su gusto por armar siglas: es que la distancia entre comunidad para la integración y unión para la emancipación debía ser salvada, al menos desde el nombre. Luego fue la Celac, conquista real y potencial de efectos potencialmente trascendentales. Y la incorporación de Venezuela al Mercosur. El ingreso de una fuerza anticapitalista a otras tantas instancias donde predomina la mezquindad capitalista y por eso se frenan o desvían constantemente, constituye una piedra de toque en la estrategia de frente antimperialista y vitaliza estructuras a menudo paralizadas y agónicas.

Por eso el Alba está en el centro de esa estrategia: la definición por el socialismo del siglo XXI es la clave de una unión que, en dependencia de la lucidez y el coraje de sus componentes, eventualmente plasmará en formas de unidad superiores, en el camino de la reivindicación efectiva de la Nación Latinoamericano-caribeña, dando así el paso decisivo en confederación socialista de nuestros países. El camino quedó trazado por Chávez.

 

La Internacional

Pero esto, con ser tanto, no es todo. Chávez siempre subrayó la diferencia entre unidad de gobiernos y unidad de los pueblos. Amarradas sus manos por un momento histórico que le obligaba a avanzar primero y principalmente a través de formas diversas de frente único antimperialista con los más dispare gobiernos y gobernantes, llegó en un punto a intentar darle carnadura real al único instrumento que puede hacer realidad la consigna «Proletarios y pueblos oprimidos del mundo, uníos». Y fue así que convocó el 21 de noviembre de 2009 a la construcción de la Vª Internacional.

Es paradójico que habiendo avanzado tanto en el terreno donde lidiaba con jefes de Estado que recelaban de él y ponían una piedra a cada paso, no tuviera la posibilidad de ganar terreno allí donde los convocados eran partidos de izquierda, organizaciones sociales, militantes y cuadros revolucionarios. Paradojal y elocuente: el hombre que rescató del olvido y el oprobio conceptos cruciales como Revolución, Socialismo, Partido, Internacional, no fue comprendido por quienes en teoría debían estar por delante del comandante. Le pasó lo mismo en su primer paso decisivo hacia la revolución y la gloria: en el levantamiento de 1992 por regla general las izquierdas lo dejaron solo en Venezuela y el mundo. Es también elocuente que, pese a eso, Chávez, acompañado e impulsado por millones, produjera el hecho más relevante en el último medio siglo: el renacimiento del socialismo.

Ocurrirá lo mismo en el porvenir próximo: los hombres y mujeres que sí comprendieron y acompañaron a Chávez, tomarán su bandera y la llevarán adelante, hacia el futuro, hacia la emancipación de América Latina y la humanidad toda. No hay grandilocuencia ni pizca de misticismo en esto: el camarada muerto es un hacedor de historia porque sintió las necesidades más hondas de los pueblos, porque intuyó con destellos geniales la marcha de la crisis mundial más grave de la historia y porque supo darle respuesta.

 

 

Post scriptum:

Mientras completo estas notas desde mi mesa de trabajo en Buenos Aires, me anuncian desde Caracas que comienza el funeral del comandante. La presencia de 54 jefes de Estado y una decena de otros altos mandatarios en los funerales del Presidente prueba la efectividad de su política internacional. Una encuesta publicada por The Washington Post asegura que el 18% de los estadounidenses reivindica a Chávez. En Argentina es el 40% de adherentes. ¿Qué otra prueba es necesaria?

Al ver la ceremonia tomo conciencia de que ya no podré consultar estas opiniones con el más lúcido dirigente revolucionario de los últimos tiempos. Ya no tendremos su palabra viva. Y aún escribiendo sobre eso, no es posible asimilar la pérdida.

El Psuv, el gobierno revolucionario, el pueblo venezolano y los revolucionarios de todo el mundo que asuman la tarea de la hora, habrán de superar el golpe y llevar adelante el trazado de la estrategia antimperialista y anticapitalista. Hasta siempre compañero comandante, no daremos reposo al alma en la consecución del combate por el socialismo.

 

Publicado por Correo del Orinoco

 

Chávez se recupera y su gobierno marcha a paso firme

 PorLBenAXXI

 

Fue la prueba más difícil. Y el saldo es inapelable. Dos meses después de la clamorosa victoria del 7 de octubre Hugo Chávez anunció que debía operarse por cuarta vez. Con la misma franqueza de siempre, rodeado por sus ministros, el 8 de diciembre el Presidente hizo el dramático anuncio y designó a Nicolás Maduro como candidato del Psuv en caso de que debieran realizarse nuevas elecciones. Mensaje inequívoco: el riesgo de muerte estaba allí.

Luego vino la intervención quirúrgica y una sucesión de dificultades previsibles. Durante cuatro semanas Chávez batalló cara a cara con la muerte.

Con el alma en vilo el pueblo venezolano siguió paso a paso las cotidianas informaciones del Gobierno. Desde Washington entrevieron la posibilidad de provocar confusión y desaliento en la población, división en las filas de la Revolución. Opositores y medios comerciales de difusión machacaron: Chávez no sobrevive; muerto Chávez, la revolución acaba; al instalarse la Asamblea Nacional –5 de enero– el Psuv y la Fuerza Armada se fracturaría; el día de juramentación de Chávez, debía instalarse un gobierno provisional que llamara a elecciones.

Hay pocos precedentes de campañas mediáticas de alcance internacional con la virulencia, la inmoralidad y desmesura de ésta diseñada para demoler a la Revolución Bolivariana.

 

Movilización permanente

Aparecieron entonces a la vista del mundo las fuertes columnas del Programa de la Patria, la transición al socialismo. Cuanto más violenta e inhumana la campaña de la burguesía, más evidente la determinación de las mayorías, más abroquelados los cuadros de la Revolución, más ostensible la unión de pueblo, Partido y militares. Y  las masas movilizadas día por día.

Centrada la presión mundial sobre las figuras de Nicolás Maduro y Diosdado Cabello (respectivamente vicepresidente Ejecutivo y presidente de la Asamblea Nacional), ambos dieron prueba de firmeza y lucidez. El gabinete ministerial dio un salto cualitativo y fue más eficiente que nunca. El 5 de enero Cabello reasumió a la cabeza de la AN, juró ante representantes de las masas especialmente convocados, denunció y desbarató la maniobra opositora empeñada en hacerlo asumir como Presidente provisional. Al término de la ceremonia, junto con Maduro y demás ministros y diputados, hablaron ante una multitud que había seguido los debates desde las afueras del Capitolio.

Una masiva campaña de difusión puso en manos de todos la Constitución y el artículo 231, que textualmente prevé la juramentación del Presidente electo en fecha diferente al 10 de enero, si una eventualidad así lo exige.

Pero esa fecha tenía una elevada carga simbólica. El país fue convocado a Miraflores. Y desde la madrugada, allí se congregó. Cabello había propuesto que todos se calzaran una banda presidencial para asumir el poder. Carteles y vestimentas repetían “Yo soy Chávez”. Representantes de 27 gobiernos extranjeros hablaron ante esa masa confiada y resuelta. Al promediar el acto, aviones Sukhoy hicieron vuelos rasantes y saludaron al pueblo, enfervorizado al asumir la dimensión de ese mensaje. Luego habló Maduro. Tras contundentes definiciones pronunció el juramento que repitieron a viva voz los presentes y siguió el país entero por cadena de radio y televisión. El eco estremecedor repercutió en el mundo.

 

Noticias alentadoras

En ese punto comenzaron a llegar noticias alentadoras desde La Habana: Chávez remontaba la cuesta. Designó a Elías Jaua como canciller. Sus ministros lo visitaron. Envió una carta a la Celac. El accionar del gabinete en todos los terrenos mostró un gobierno a plena marcha. Así lo vieron y entendieron las mayorías, que vivieron el contundente revés asestado a El País como una victoria más contra el imperialismo y la contrarrevolución.

Sólo una revolución con hondas raíces y convicciones podía dar tal prueba de solidez. Mientras se aguarda la recuperación del comandante, la movilización y la lucha contra el desabastecimiento continúan, las definiciones siguen claras y netas: “Todo aquel que quiera ser empresario bienvenido, pero nosotros estamos construyendo el socialismo, que es el poder de la clase obrera sobre la producción y sobre la patria”, explicó Maduro en un acto al anunciar nuevas medidas económicas.

 

América XXI siguió paso a paso este período crucial y lo reprodujo en su portal: http://www.americaxxi.com.ve/notas/ver/em-am-eacute-rica-xxi-em-en-la-batalla-informativa-ante-la-ofensiva-imperial contra-la-revoluci-oacute-n-bolivariana