Qué hay bajo la campaña electoral en Argentina

Deberían disputar otra clase de competencia. Mauricio Macri y Alberto Fernández están lanzados a una carrera para dirimir quién miente más. No deberían ser candidatos a presidir Argentina sino desafiantes en un torneo mundial de incapacidad y cinismo.

Con más de un tercio de la población bajo la línea oficial de pobreza, en medio de una implacable recesión, endeudamiento interno y externo impagable y descontrolada inflación, Macri y Fernández proponen absurdos impracticables con el único objetivo de ganar votos y permanecer o recuperar el poder político, como fuente de enriquecimiento en medio de la decadencia que nada perdona. Desde hace décadas el discurso electoral de los políticos establecidos fue vaciándose de contenido hasta reducirse a la nada. Ahora da un paso más: miente descaradamente para ocultar causas y efectos de la devastadora crisis que asuela al país.

El panorama económico resulta del fracaso en el proyecto de saneamiento capitalista intentado por el frente amplio burgués (Fab) con Macri como instrumento. La agonía política, plasmada en la estolidez de los candidatos -y no sólo de los dos principales- resume una decadencia arrastrada durante décadas. No es de Macri el fracaso ni es de la fórmula Fernández-Fernández la incapacidad para dar respuesta al colapso del frente amplio burgués. Ese conjunto incluye como socio dominante a Estados Unidos, también frustrado. Es el agotamiento del sistema. Y la ausencia de una fuerza arraigada en las mayorías para superarlo.

Así se empina el camino hacia el abismo. Macri adopta paliativos de emergencia hasta fin de año. Medidas positivas como eliminación de Iva para los productos básicos de la canasta familiar, aumento del mínimo no imponible para salarios, control de cambios, así como el congelamiento de precios para combustibles, electricidad y gas, duran hasta el 31 de diciembre. ¿Quién y cómo volverá a imponer el Iva, aumentar el impuesto al salario, multiplicar los precios ahora congelados? Todo el plan de saneamiento fiscal y reordenamiento de los precios relativos está condenado con estas medidas demagógicas e insustentables para el capitalismo. Pero ¿qué plan político podría hacerse cargo de este presente griego?

Fernández promete bienestar, aumento de salarios y jubilaciones, industrialización del país. Tras subrayar que el país está en cesación de pagos (ellos dicen default), llegó a decir que todo eso lo hará aplicando el dinero que hoy va al pago de intereses de la deuda interna (con tasas superiores al 70%) y externa (amarrada a compromisos con el FMI). Quienes se anuncian como miembros de su eventual gabinete económico corren tras el candidato para explicar a la prensa que eso es sólo un error de expresión. Para justificar el dislate uno de ellos llegó a decir: “Fernández es candidato a Presidente, no a ministro de Economía”.

Pero a cambio de planes sólidos Fernández tiene un eslogan: pacto social. Intenta ponerlo en marcha antes del 27 de octubre aliando a empresarios y ejecutivos sindicales. Miguel Acevedo y Daniel Funes de Rioja por la Unión Industrial Argentina (UIA), Héctor y Rodolfo Daer por la CGT (ambos del sindicato de Sanidad, ligados al negocio de los medicamentos), son los encargados de poner en marcha la enésima reedición de esa engañifa denominada pacto entre empresarios y trabajadores.

 

Debacle de un sistema

Entrenados en el arte de la trampa y la hipocresía, ambos candidatos exponen impúdicamente su completa ausencia de principios, a la par de una pobreza intelectual asombrosa. Lacera escuchar sus discursos. No tienen una sola propuesta para revertir la decadencia y ofrecer un futuro al país. Más aún: no son capaces de expresar correctamente las mentiras con las que pretenden engañar a la sociedad. Reflejan la degradación y la impotencia del sistema del que son producto y el nivel al que han caído los políticos del capital.

Es apropiado el verbo “reflejar”. Los candidatos del capital –y no sólo ellos- espejan el fenómeno más relevante hoy en Argentina: la fragmentación, desorientación y virtual parálisis de la gran burguesía. La clase dominante no tiene instrumentos para ejercer su dominio. Sin partidos ni líderes de envergadura, intenta paliar su escualidez con la unificación del también fragmentado y aún más desprestigiado movimiento sindical, que en este momento histórico no es tal sino una casta corrupta, ajena y contrapuesta a los intereses de la masa trabajadora y de la nación en su conjunto. Cuenta con la anuencia de prácticamente todas las fracciones de ese aparato descompuesto, en acuerdo con la UIA para escenificar un nuevo “pacto social”.

Con este objetivo, días atrás se realizó un así llamado Congreso, de la así llamada Central de Trabajadores Argentinos – de los Trabajadores (la denominación misma indica la ausencia de brújula). Es una de las fracciones en que se hundió la antigua CTA. El encuentro estuvo presidido por Fernández, el hijo de la ex presidente y actual candidata a vicepresidente Cristina Fernández, más el presidente del club Independiente y secretario general del sindicato de Camioneros, Hugo Moyano. Como se ve, la CTA… “de los trabajadores”.

El encuentro fue para santificar la desaparición de la CTA-T y subsumirla en la CGT. Muchos años atrás fue previsto este destino para quienes por arte de birlibirloque transformaron el CTA (Congreso de Trabajadores Argentinos), en la CTA (Central de Trabajadores Argentinos). No hace falta agregar una palabra a lo escrito para enfrentar aquella maniobra, cuyo verdadero sentido se vio en la operación para llevar al Frepaso al gobierno en 1999 y ahora para dar aliento a otro gobierno burgués, el de AF y CF, supuestamente alternativo al de Macri, cuyo candidato a vicepresidente presidió el Senado bajo las órdenes de Néstor Kirchner y su esposa: Miguel Ángel Pichetto.

Aún se ignora qué hará la otra fracción de la ya extinguida Central: la CTA-Autónoma. También fragmentada, tiene igualmente como cuña la presión para impulsar un voto por F y F, aunque algunas tendencias propugnan un Voto Protesta, opuesto sin distinción a todos los candidatos capitalistas.

 

Bitácora de la corrupción sistémica

Tras este panorama hay un factor imprevisto: los llamados “cuadernos de la corrupción”. Todavía no está suficientemente analizado el papel de ese alud de denuncias sólidamente fundadas que llevó a decenas de altos empresarios a declararse “arrepentidos” y confesar fechorías multimillonarias en dólares, todas las cuales tienen como figuras principales al fallecido Kirchner y su esposa. 174 grandes empresarios y funcionarios de primera línea de los gobiernos Kirchner están procesados. Para causas principales ya está definido el juicio oral. Se trata de un tsunami descargado sobre el empresariado argentino. Ya se ha dicho que Paolo Rocca, titular de Techint, la mayor empresa privada en el país, debió viajar apresurada y furtivamente a México para evitar la cárcel en prisión preventiva. No tuvo la misma suerte su principal gerente y portavoz. Como así tampoco el ex titular de la Cámara de la Construcción, Carlos Wagner, o el propietario de la poderosa constructora Roggio, entre tantos otros nombres impensables (entre ellos familiares de Macri), que pasaron a ser “testigos arrepentidos” e hicieron fila para denunciar al gobierno anterior.

Es un terremoto sistémico. En su discurso de apertura de sesiones del Congreso Nacional, Macri puso el juicio “de los cuadernos” como una de las tres causas a las que atribuyó la debacle económica. Las otras eran sequía e inundaciones que frustraron la cosecha 2017-1018 (se perdieron más de 8 mil millones de dólares), y los problemas financieros del primer mundo, que provocaron una fuga masiva de divisas (flight to quality llaman a esta carrera demencial por la tasa de ganancia). No erró quien escribió el discurso del Presidente. Los cuadernos cayeron como una bomba de acción retardada sobre el Fab. Primero contribuyeron a frenar el giro económico; luego llegaron las consecuencias políticas. Pero es apenas el comienzo.

Hay una poderosa operación en curso para acabar con estos juicios. Son potencialmente más graves que la calamitosa situación económica, puesto que hieren de muerte a un sector clave del poder político y a 7 de cada 10 grandes empresarios del país. Fernández ya ha exculpado a su compañera de fórmula. Pero se mantiene ambiguo frente a los demás inculpados. Si en caso de ganar lo espera un cataclismo económico apenas asumir, este problema es más grave aún en la coyuntura dramática que vive Argentina.

Hay que repetirlo: ninguna justicia verdadera puede esperarse del sistema judicial argentino. Por definición, por naturaleza de clase, su función no es la Justicia, sino la defensa del poder del capital. El problema es que la disputa en este caso en la elite del capital mismo. Como en el caso del juicio a los militares, una primera intención parcial de un sector de las clases dominantes por preservarse, derivó en un alud imparable que acabó con las fuerzas armadas tal como eran antes de 1983. Ahora el caso es análogo, aunque diferente: tal como están hoy los juicios no derivan de la voluntad de una fracción del capital, sino de un encadenamiento imprevisto y, actualmente, inmanejable. Es más que improbable que el próximo gobierno pueda desarmar esta bomba. Incluso si ganare Fernández y el juicio llevara al estrado a la vicepresidente. Pero al margen las figuras políticas, el problema mayor siguen siendo los empresarios.

Ese proceso, además, se desenvolverá sobre una base de descontrol económico crecientemente acelerado. Sería contrario a toda experiencia histórica que en este clima no aparezca una vanguardia capaz de condenar al unísono a las variantes partidarias, sindicales, religiosas, periodísticas, empeñadas en salvar el sistema y saltando de Macri a Fernández al compás de sondeos en los que nadie confía.

 

Tiar: la prueba ácida

Mientras lanza golpes desesperados en una campaña de “30 días – 30 ciudades”, con discursos cada día más demagógicos y contrapuestos a lo actuado en tres años y medio, Macri volvió a sumarse a las exigencias de Washington y apoyó la activación del Tratado de Asistencia Recíproca (Tiar) para utilizarlo contra la Revolución Bolivariana de Venezuela, acosada por los cuatro costados. Fernández no ha dicho una palabra al respecto. No deja de ser lógico: Argentina se sometió al Tiar en 1947 con la firma del entonces presidente Juan Perón. El doble discurso no tiene por qué cambiar ahora, cuando el país afronta, como en aquella oportunidad, una crisis mundial del capitalismo y el riesgo de que en su transcurso se conforme un movimiento revolucionario de masas.

De manera más translúcida que nunca, el peronismo se verá obligado a jugar el papel de defensor de última instancia para el capitalismo. Sus múltiples fracciones actuales no podrán convivir en ninguna hipótesis. No faltan fascistas confesos en el Partido Juticialista y en varias de sus corrientes, incluidas algunas consideradas “de izquierda”. Fernández se ha declarado Liberal. Es conocida la frase según la cual el peor fascista es un liberal asustado. Hay muchos con miedo en este momento. Y habrá más. Las tendencias internas comprometidas con una perspectiva antimperialista y latinoamericanista deberían saber esto y actuar en consecuencia. Desde ahora mismo.

5 de octubre de 2019

@BilbaoL

Coyuntura en Argentina: militancia y campaña electoral

Fracturado a comienzos de año, parcialmente recompuesto luego y dinamitado después, como resultado de las Paso del 11 de agosto, el frente amplio burgués (Fab), sostén del gobierno de Mauricio Macri hasta la reaparición del descontrol económico y la endeblez política, busca por estas horas reestructurarse a partir de dos ejes: el freno a la convulsiva crisis desatada tras la elección que nada eligió y el rearmado de un plan de control político tras las elecciones. El 27 de octubre o el 24 de noviembre, según haya o no segunda vuelta.

Un reciente encuentro de la Asociación Empresaria Argentina (AEA), ampliada esta vez con numerosos grupos capitalistas marginados de ese cenáculo máximo, mostró desconcierto, división, ausencia de claridad y energía para afrontar el próximo período .

Unos pocos en ese centro de poder apuntan dudas sobre la inevitabilidad de una victoria del dúo Alberto Fernández-Cristina Fernández (FF) el 27 de octubre. Pero todos, incluso quienes la dan por segura, se muestran temerosos ante la probable victoria panperonista. Así, incertezas y temores combinados impiden la reaparición actuante del Fab. Esto equivale a decir que Macri flota en el vacío y FF no encuentran suficiente base de sustentación. Con apariencia de estabilidad e impresión dominante de que vendrá un gobierno FF, el país está a la deriva.

A la fecha, todo indica que el temblor económico ha sido circunstancialmente conjurado y podría ofrecer la estabilidad mínima para que Macri llegue sin sobresaltos mayores a los comicios de octubre. La inestabilidad proviene en cambio de la total oscuridad política: si bien son escasas las voces que sostienen la posibilidad de una victoria de Macri, es unánime la alarma respecto de quién de los dos miembros de la fórmula tendría el poder y cuál sería el programa de un gobierno FF. En otro plano, nadie ignora la amenaza mayor: la inquietud social no expresada en movilización, aunque palpitante bajo la superficie.

 

Chubut, botón de muestra

Un caso que resume las claves de la coyuntura es la gravísima crisis en Chubut. Allí, para ganar las elecciones el peronismo otorgó aumentos salariales por sobre la media pactada a nivel nacional. Una vez obtenida la victoria, el gobernador admitió que tales salarios excedían las posibilidades de la Provincia. Conclusión: no pagó y la Provincia se incendió. Se multiplicaron las huelgas, fueron ocupadas escuelas, juzgados y otros centros de la administración. Quedaron instaladas como realidad cotidiana movilizaciones, corte de calles y rutas, acampes y protestas, que llevaron a Chubut a un completo desquicio.

Días atrás, esta situación derivó en un choque violento entre el sindicato de petroleros que buscaba garantizar el paso de camiones y trabajadores de ese gremio y el sindicato docente, que cortaba las rutas por donde aquéllos debían transitar. Trabajadores contra trabajadores. Significativamente, ambos sindicatos tienen conducciones integrantes del Frente de Todos y propulsores de la fórmula FF a nivel nacional. Un eventual gobierno panperonista encontraría una situación análoga en todo el país.

Macri contrarrestó el violento impacto de la devaluación del día posterior a las Paso con una serie de medidas que hasta el momento han sido efectivas: eliminación del IVA para 14 productos básicos de la canasta familiar; elevación del mínimo para el pago de ganancias en los salarios; congelamiento del precio de servicios públicos y combustibles; aumento del 35% del salario mínimo, entre otros paliativos. Salvo la eliminación del mínimo no imponible, todo caduca el 31 de diciembre. A partir del 1º de enero de 2020 la realidad caerá como un alud sobre la futura administración.

Lo mismo cabe al control de cambios impuesto por Macri para frenar el drenaje de reservas y a la reprogramación de los pagos de diferentes instrumentos financieros, en pesos y en dólares, con insostenibles tasas superiores al 70%. Años atrás alguien tituló un libro “El diluvio que viene”. Sería apropiado para describir el panorama que espera al próximo gobierno. Sobre todo si se toma en cuenta que una improbable victoria de Macri lo pondría en choque frontal desde el inicio con un amplio espectro de las cúpulas sindicales, hasta ahora extremadamente concesivas, mientras que una administración FF quedaría presa de expectativas que incluyen transversalmente a todas las clases, resumidas en la necesidad de salir de la recesión y aumentar el poder adquisitivos de trabajadores y clases medias.

Nada será inmediato. Pero en uno u otro caso, a partir de 2020 detonará un Chubut a escala nacional. Con el mismo rasgo dominante en la crisis de aquella provincia: todas las conducciones que cuentan están alineadas con el capital y sus diferentes fracciones, mientras que las izquierdas permanecen limitadas a reclamos economicistas o, peor aún, meramente electoralistas.

 

Reflujo prolongado

Es en este cuadro general que la militancia antimperialista y anticapitalista afronta otra campaña electoral. Desde los albores del movimiento obrero y revolucionario en Argentina, un siglo y medio atrás, jamás la vanguardia estuvo tan huérfana de perspectivas propias, tan desconcertada, dividida y, en consecuencia, paralizada.

Una cantidad de factores confluyen en esta situación. Todavía pesa la consumación de la derrota de la Revolución Rusa, en 1991. En el plano nacional, también llega al pináculo una debilidad que viene de lejos, acentuada por la devastadora represión de la última dictadura militar pero realizada en toda su magnitud cuando, bajo las reglas de la democracia burguesa, las izquierdas no logramos edificar una alternativa anticapitalista de masas. Por el contrario, un conjunto de organizaciones de origen marxista marchó hacia un sectarismo esterilizante que desembocaría en formas renovadas de electoralismo y economicismo, combinadas con lenguaje súper izquierdista. A su vez, otro flanco de lo que convencionalmente se denomina izquierda, proveniente de diferentes ramas peronistas y del antiguo partido comunista, sencillamente se despeñaron por las barrancas del reformismo populista hasta identificarse con gobiernos y fórmulas electorales de la burguesía. Como colofón, sobrevino el debilitamiento de la Revolución Bolivariana de Venezuela y la inversión del signo de marcha del proceso de unificación latinoamericana impulsado por el fallecido Hugo Chávez. Como es lógico, enfrentar esa correntada aisló y debilitó en la etapa a las organizaciones revolucionarias marxistas. Y hasta el momento se mostró impracticable el proyecto estratégico de recomposición.

 

Signos de comportamiento político en las juventudes

Aparte el resultado de las Paso, en la primera semana de septiembre tuvo lugar la elección para renovación de autoridades en la Universidad de Buenos Aires (UBA), en la que participaron más de 300 mil estudiantes.

Ganó a gran distancia una alianza reformista de radicales (UCR), peronistas no alineados con la fórmula FF y socialdemócratas. “La izquierda sufrió su peor derrota desde el regreso de la democracia”, constata con indisimulado placer el 7 de septiembre uno de los portales considerados portavoces del Departamento de Estado estadounidense. En Medicina, la mayor facultad, con 90 mil estudiantes, ganó un conglomerado reformista, denominada Nuevo Espacio, por el 71,74%, mientras que el Frente de Todos, anunciado como vencedor en las próximas presidenciales, obtuvo el 13,29%. Un sector de lo que para los comicios del 27 de octubre se presenta como unidad de la izquierda, denominado El Frente, fue relegado a un tercer lugar con un 7,56%. Otro sector de esa coalición electoralista, el PTS, recibió el 2,74% de los votos.

Notas distintivas: en Odontología la lista de Cambiemos tuvo el 91,86% de los votos; en algunas Facultades la lista del PO se sumó al kirchnerismo y en otras las dos corrientes internas de esta formación fueron enfrentadas entre sí.

No es preciso detallar los resultados en cada Facultad. Mantienen esta tónica de estrepitoso derrumbe de las izquierdas, e incluso del centrismo a veces camuflado con ropajes ajenos. En medio de una crisis pavorosa por donde se la mida, el movimiento estudiantil le da la espalda a las izquierdas electoralistas encerradas en el sectarismo o montadas al último vagón del tren lumpenburgués. En esto se ha convertido el electoralismo en la Universidad, jugado a conquistar centros de estudiantes con el mismo objetivo de las fuerzas burguesas: capturar aparatos para sustentar económicamente a otros que se presentan como vanguardia anticapitalista.

Se trata de una catástrofe política que no puede ser medida simplemente en cantidad de votos: es una derrota ideológica profunda y significa la desaparición estratégica tanto de las corrientes neoreformistas con lenguaje infantoizquierdista, como del ultraoportunismo populista. Como indican los resultados, los vencedores de esta farsa de pseudo democracia estudiantil son los partidos burgueses de Cambiemos en primer lugar, y también del Frente de Todos, aunque a mucha distancia y con previsibles convulsiones internas a corto plazo.

Estos resultados concuerdan en última instancia con los del Frente de Izquierda en las Paso y, para mal de todos, adelantan lo que ocurrirá en el 27 de octubre: frente al colapso capitalista, las mayorías buscan una salvación desesperada en las propuestas del capital.

 

Por una coalición de hecho en favor de un voto programático

En tal coyuntura, el activo militante con genuinos propósitos de enfrentar al imperialismo y el capitalismo no debería dejarse ganar por el desaliento. Es posible participar de la campaña electoral sin someterse al proyecto contrarrevolucionario del Frente de Todos ni caer en el cretinismo parlamentario del neoreformismo.

No están dadas las condiciones para afirmar una coalición nacional para canalizar el descontento de masas en favor de un voto programático, que no procure elegir candidatos sino contribuir a la educación política e ideológica de las mayorías, con el objetivo explícito de construir un partido de los trabajadores y sus aliados.

Sin embargo es preciso echar cimientos para afrontar la lucha social que necesariamente deberá agudizarse a partir del año próximo y la asunción del nuevo gobierno, sea quien sea el vencedor de la tramoya electoral. Se trata de transformar esa lucha social en lucha de clases. De poner un objetivo estratégico de transición anticapitalista y de organizar a todos los niveles la fuerza para llevar a cabo ese objetivo. Sin cimientos que ahora pueden ser presentados ante las masas y sus vanguardias, las derivaciones de una confrontación espontánea amenazan ser sumamente riesgosas para la sociedad en su totalidad. La desagregación social y la enajenación que por diferentes vías se manifiesta en la vida cotidiana en nuestro país, constituyen una amplia base para el desarrollo del fascismo. Los partidos burgueses que no cesan de hablar de democracia son incapaces de poner freno a esa dinámica.

Téngase en cuenta que a todo lo dicho respecto de la inevitable crisis económica habrá de sumarse el impacto de una recesión en los centros del capitalismo mundial, ya claramente prefigurada.

Es posible desarrollar de manera autónoma, en cada punto del país, una campaña explicativa de la naturaleza de estas elecciones, el papel de las fuerzas burguesas y la necesidad de trazar un rumbo diferente.

No es indispensable –aunque sería deseable- comenzar por la constitución de instancias organizativas para impulsar la campaña. Bastaría con acordar propósitos básicos, un horizonte estratégico y un programa de acción a partir de un Voto Protesta que resuma en una boleta electoral -obviamente destinada a ser anulada- las demandas económicas que la realidad de la crisis hace impostergable, la propuesta de organización de masas y la estrategia antimperialista y anticapitalista.

10 de septiembre de 2019

Qué anuncian las Paso

Como nunca antes, la burguesía argentina está aturdida, paralizada. No es para menos: acaba de desmoronarse el último intento por construir una efectiva herramienta política para comandar el sistema. Los escombros de Cambiemos aplastan, además, el plan de edificar la contraparte de un ansiado bipartidismo con los restos de lo que llaman “peronismo racional”. Es un cimbronazo de graves consecuencias históricas para el sistema capitalista, al margen de lo que depare la coyuntura inmediata.

Se trata de una oportunidad excepcional. Si lograra conformarse un conjunto de hombres y mujeres con sólida formación teórica, mirada de largo alcance, coraje para la acción e integridad moral sin tacha, dispuestos a darlo todo por la abolición del capitalismo y la edificación de una nueva Argentina, éste es justamente el momento para afirmar los talones, frenar la decadencia nacional y comenzar a remontar la cuesta. Pero ésa es harina de otro costal.

A diez días de las Paso (primarias abiertas, simultáneas y obligatorias) todavía no está definida la conducta de las clases dominantes. La ventaja de 15 puntos obtenida por el peronismo frente al gobierno de Mauricio Macri abrió una crisis política y detonó el frágil equilibrio económico de los últimos meses. El capital no sabe cómo evolucionará el país hasta el 10 de diciembre.

Dicho de otro modo: Argentina tiene a un lado un Presidente vaciado de poder; enfrente, Alberto Fernández, receptor de mayor cantidad de votos en una elección en la que nada se elegía. Pero el país carece también de una burguesía con opciones claras y capacidad de acción para cualquier otra cosa que no sea transferir miles de millones de dólares al exterior. Sus editorialistas, con mayor desconcierto del habitual, se limitan a repetir naderías y reproducir chismes. No hace falta insistir en el dato esencial: la clase obrera continúa ausente del escenario.

Los sorprendidos buscan culpables. Tenían una veintena de empresas encuestadoras que hasta última hora se refugiaban en la idea de un “empate técnico”. El equipo de Fernández anunció a media tarde una ventaja de entre 6 y 8 puntos mediante las encuestas de boca de urna. El oficialismo recién tomó conciencia de la realidad cuando en el atardecer del 11 de agosto se contabilizaron las llamadas “urnas testigo”, eficiente mecanismo de proyección estadística.

Buscan en el lugar errado. No es que los encuestadores no pudieron prever el resultado electoral. Es que las clases dominantes no tienen instrumentos válidos para comunicarse con la sociedad y conocerla. Tampoco, claro está, para gobernarla con métodos de apariencia democrática. Carecen de Partidos. Y al menos en el sentido tradicional, el de la democracia burguesa, no volverán a tenerlos.

Sólo organizaciones políticas con arraigo genuino en la sociedad pueden medir con certeza el clima social, además de determinarlo en gran medida. En ausencia de Partidos, progresivamente fueron ocupando lugar las consultorías de opinión pública, última moda en negocios de ocasión. No es la primera vez que muestran su precariedad e insuficiencia a la hora de saber cómo discurre la conducta social. Pero esta vez convirtieron incapacidad en colapso.

 

Expresión electoral

Pese al impacto provocado por la inesperada ventaja a favor de Fernández, hubo una rara persistencia del voto tradicional. Esa continuidad la puso de manifiesto, a contrapelo de análisis adocenados, el columnista de Clarín Ignacio Zuleta: “en las Paso del domingo el Gobierno sacó dos puntos más que en las Paso de 2015, y aumentó casi un millón de votos, de 30% a 32,81%, de 6.791.342 a 7.824.496. Los Fernández, en cambio, sacaron 47,66%, más de diez puntos menos de lo que habían obtenido, sumados, en 2015 Daniel Scioli y Sergio Massa, que sumaron 59,24%”.

Desde luego fue diferente el comportamiento en la segunda vuelta de las presidenciales en 2015 y en las legislativas de 2017. Sobre todo cuando Cambiemos venció con un candidato desconocido a Cristina Fernández en la disputa por senadores en la provincia de Buenos Aires. En 2018 reapareció la crisis económica estructural detonada por una suma de razones coyunturales y Cambiemos comenzó a trastabillar. En todo caso, nadie previó el vuelco electoral ocurrido en las Paso.

Tampoco las izquierdas entrevieron lo que vendría, convencidas de que el obvio y más que visible descontento aumentaría su cosecha. No fue así. Por mi parte, adelanté lo siguiente en un artículo fechado tres días antes de los comicios: “La confusión de muchos y el hartazgo de otros tantos puede dar lugar a giros impredecibles de la conducta electoral”. Y a partir de experiencias similares años atrás deduje la posibilidad de “un aumento significativo de la abstención o el voto en blanco” (Consecuencias previsibles de una elección absurda).

Ese supuesto también falló. Error por exceso al medir la conciencia social. Y por defecto al sopesar el vuelco de las clases medias golpeadas por la recesión. No hubo abstención superior a la media ni significativo aumento del voto en blanco. El rechazo no tomó esos caminos. En todo caso, los votos en blanco superaron a la suma de las izquierdas (758.955), mientras los anulados sumaron otros 300 mil. Se puede –y se debe- buscar proyecciones tácticas en esta expresión de rebeldía electoral que suma más de un millón y medio de votos. Lo que no se puede es ocultar que el peronismo, con un candidato asociado públicamente a la embajada estadounidense, ante el colapso del plan de saneamiento, circunstancialmente ha recuperado el voto desesperado de la mitad de la población. Mucho menos desconocer que los candidatos explícitamente burgueses y procapitalistas obtuvieron 94 de cada 100 votos.

 

¿Victoria de quién?

Como saldo, proliferan afirmaciones que hablan de “victoria popular” y “derrota del neoliberalismo”. Nada más lejos de la verdad. Dos razones explican la disparidad de votos a favor de Fernández y la sorpresa por ese resultado: la ausencia de canales de expresión de las mayorías –es decir, su silencio durante la campaña- y la unificación de un peronismo extremadamente diverso. Ni una ni otra pueden computarse como un paso adelante de la clase trabajadora y el conjunto de la población.

Hay quienes atribuyen el paso al costado de Cristina Fernández a una gestión del Papa. Como sea, lo cierto es que tras designar como candidato presidencial a Fernández, quien se define como liberal y oculta su historial como discípulo de Domingo Cavallo, ella mismo sobreactuó durante la campaña su adhesión al capitalismo. Permítase repetir sus palabras, citadas en un artículo publicado el 4 de agosto: “Los buenos capitalistas quieren que la gente gane bien y tenga trabajo, porque si no, ¿quién corno compra las cosas de ellos? Estos (los macristas) se dicen capitalistas y no te podés comprar nada, no podés viajar, no te podés comprar ropa ni ir al supermercado”. Y agrega para que no haya lugar a dudas: “Yo soy mucho más capitalista que ellos. Conmigo en Argentina había capitalismo y la gente se podía comprar lo que quería. Que no me jodan más con lo del capitalismo. ¡Por Favor! Conmigo había capitalismo” (Ideología y política en la reconfiguración del poder continental).

Pretender que trabajadores y juventudes obtienen una victoria al votar semejantes conceptos es algo diferente a la ingenuidad. En cuanto a la derrota del “neoliberalismo”, la confusión inconsciente o deliberada descalifica a quienquiera haga esta afirmación y pretenda llamarse “dirigente”. Aparte la inexistencia del supuesto neoliberalismo como categoría consistente, está más que probado que la pretensión de Macri y los suyos era sanear la estructura capitalista. Es ese ambicioso proyecto de largo alcance el que ha fallado, no el “neoliberalismo”. En todo caso, se ha demostrado la irreversible impotencia del desarrollismo. Fracaso previsible, que golpea a la totalidad de la burguesía, incluidas fracciones advenedizas y núcleos mafiosos.

La sola alusión al neoliberalismo revela aquello esencial que se pretende escamotear: como su antecesora y todos los que lo precedieron en el último medio siglo, Macri se ve impotente frente a la crisis estructural del capitalismo. Por lo mismo, no es cambiando “el modelo” como se resuelve la crisis. En esa afirmación palpita una nueva estafa política a las mayorías por parte de quienes se sienten vencedores, aunque en rigor no lo son todavía. De allí el desconcierto de la burguesía: es el capitalismo lo que está en juego, aun sin desafío socialista.

 

Lo que vendrá

No habrá unidad consistente de las fracciones con denominaciones peronistas. Es ridículo ingresar al mundo conjetural que imagina un Alberto Fernández renunciante o un decorado institucional con él como presidente y Cristina Fernández conduciendo todo tras bambalinas. Esto incluso sin contar que la ex presidente tiene 13 procesamientos sólidamente fundados y 7 pedidos de prisión preventiva. El hecho incontrastable es que, por los caminos que sean, los aparatos provinciales y municipales del PJ, más los sindicatos, no son compatibles con una política unificada para afrontar una crisis que no hará sino agudizarse.

Sea quien sea que gobierne, sostener el sistema capitalista exige asumir sin demora el saneamiento estructural y las enormes consecuencias sociales que conlleva. Cambiemos avanzó significativamente por ese camino, pero está a años luz de la meta, es decir, de restablecer bases sólidas para relanzar un capitalismo estable. Si ganaren, los Fernández deberían recorrer el tramo faltante. O tomar por el camino de la revolución socialista…

Allá quienes sostengan que esto último es posible. Aquí quienes comprendan que lo primero provocará el estallido. Una mayoría se aferrará al obvio recurso de zigzaguear por el camino del medio. En lugar de optar, dejarse llevar por la inercia. Sólo que la indefinición conduciría a la desagregación no ya del elenco gobernante, sino de la sociedad toda.

Véase un adelanto: para afrontar la coyuntura y el riesgo cierto de ingobernabilidad, el Macri post Paso elimina el IVA para 14 mercancías básicas de la canasta familiar y congela el precio de los combustibles, a la vez que asegura a las entidades agrarias que no aumentará impuestos al campo. Alberto Fernández no condena la permisividad frente a las patronales agrarias, pero dice sin rubor que está en contra del congelamiento de precios al combustible y la eliminación del IVA para los alimentos básicos (¡esto último figura en la plataforma electoral con la que fue a elecciones!). Los gobernadores le exigen semejante contorsión. Él obedece. La ex presidente calla y viaja a Cuba. ¡Y la bandera de eliminación del IVA a los alimentos básicos queda en manos de Macri!

Quienes integran o confían en el Frente de Todos (¡¿Frente de Todos?!) deberían saber que avanzan por el camino del quiebre sistémico, la ingobernabilidad, disgregación social mayor de la que ya aqueja al país, a la vez que dificultan o incluso clausuran la posibilidad de construir una fuerza de masas democrática, federal, antimperialista y anticapitalista.

No es una afirmación de ahora. En la oscuridad pre Paso era visible sin embargo la impotencia de los partidos tradicionales y el terremoto que en todos los órdenes desataría cualquier resultado del 11 de agosto. Con fecha 8 de agosto puede leerse: “Muertos sin sepultura, los partidos tradicionales encaran en Argentina (las Paso) que con toda probabilidad será el último gesto de impotencia en su actual configuración. Después del ciclo electoral en curso habrá un nuevo cuadro político, cuyo rasgo principal será la convulsión permanente” (Consecuencias previsibles…).

Lo mismo ocurriría en la improbable hipótesis de que Macri lograse impedir una victoria de Fernández el 27 de octubre y pudiera vencer en segunda vuelta, el 24 de noviembre. El problema en sustancia sería el mismo: crisis estructural desatada, fragmentación política, ingobernabilidad con métodos de democracia burguesa.

Hay indicios de que los principales núcleos del capital impulsan –ya para antes de las elecciones de octubre- una amplia “unidad nacional”. Eso significa unidad de fracciones burguesas y sus agentes políticos, sindicales y sociales. Van a la “unidad nacional” con un cuchillo entre los dientes y una pistola en cada mano. En eso están por estos días. Faltan dos meses para la elección verdadera. La calma lograda en los mercados es tan frágil como la que regía antes del 11.

Proponer, como hace un sector de las izquierdas, “Fuera Macri ya” y convocar a elección constituyente es una suma de irresponsabilidad y desapego de la realidad. Se pretende (¡para colmo con ayuda de un paro general de la CGT!) cambiar con otra elección el cuadro de situación plasmado en las Paso. La enfermedad del electoralismo produce también ceguera.

Y aquí se llega el nudo del problema: ¿Qué relaciones de fuerza dejan como saldo las Paso? La respuesta ya se ha dado: 94 de cada 100 electores votaron por candidatos capitalistas.

Salir de esa trampa requiere algo más que pegar afiches con rostros sonrientes, pedir un salvavidas a la CGT o imaginar una Constituyente en la que los trabajadores y las juventudes tengan mayoría y puedan afirmar los cimientos de un nuevo país.

Por delante hay una tarea más ardua, pero insoslayable: formar en la lucha de clases a las vanguardias y el activo militante; asumir y difundir la teoría científica de la transformación social; enfrentar con programas de acción y métodos organizativos democráticos a las representaciones políticas, sindicales y sociales del enemigo de clase.

Promover la organización de masas y la participación de millones en torno a un programa de acción anticapitalista no es reemplazable con artilugios retóricos, marchas de algunos cientos a la Casa Rosada u otros recursos para obtener un legislador más.

Con el Vaticano como vanguardia la burguesía promoverá un nuevo “Gran Acuerdo Nacional”. La militancia consciente habrá de romper con todas las variantes que inducen a la ciudadanía a creer en las instituciones del capital. En un momento de crisis excepcional, se trata de afirmar los cimientos conceptuales, morales y organizativos de una Argentina socialista.

21 de agosto de 2019

@BilbaoL

Argentina: consecuencias previsibles de una elección absurda

Muertos sin sepultura, los partidos tradicionales encaran en Argentina lo que con toda probabilidad será el último gesto de impotencia en su actual configuración. Después del ciclo electoral en curso habrá un nuevo cuadro político, cuyo rasgo principal será la convulsión permanente.

Basta describir el panorama inmediato: ir a una elección general, gastar 4 mil millones de pesos en ella… elegir nada. Eso son las Paso que tendrán lugar el domingo 11. Las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias son un artilugio más para manipular a la ciudadanía, creado por Néstor Kirchner en 2009, cuando pese a todo obtendría una estrepitosa derrota como candidato a diputado.

Se trata de primarias donde se debería elegir candidaturas para todos los cargos en juego entre competidores de un mismo partido, con la obligación de cada elector de concurrir a las urnas y votar, de manera abierta por cualquier candidato de cualquier partido, sin necesidad de estar afiliado a ninguno o aun perteneciendo a uno e interviniendo en la elección de otro.

Es a la vez el máximo de intromisión del Estado en la vida interna de un partido e instrumento de generalizada confusión para una ciudadanía cada día menos politizada y educada. Un fraude moral y político antes de que se emita un voto.

Adicionalmente, ocurre que al interior de los partidos esta vez no hay candidatos en disputa. O sea, no hay por quién optar. Elección sin elección. Irracionalidad institucional llevada al paroxismo. Meses de aturdimiento para tapar con naderías de candidatos vociferantes la gravísima situación económica y social del país. Al costo de alrededor de cien millones de dólares para el erario público, más una suma incalculable en propaganda, viajes y actos de candidatos que no compiten con nadie, para una elección en la que no hay nada en juego.

La prensa comercial la ha llamado “la gran encuesta”. Es así, en la noche del 11 lo único que se medirá es cuántos votos recibió cada partido. No habrá elección de presidente, gobernadores, intendentes y legisladores. Eso se hará el 27 de octubre.

Para un alto porcentaje de la población, esto no está claro. Esa porción de la población está convencida de que el 11 alguna de las fórmulas en juego ganará o perderá. La prensa en su conjunto contribuye a esa confusión, al pronosticar triunfos o victorias para éste o aquél. Como ya es habitual frente a cuestiones vitales de la vida política, tampoco las corrientes de izquierda se ocupan de educar al ciudadano frente a la agraviante engañifa con que se le obliga a votar.

Dicho de otro modo: la elección popular, principal instrumento de la democracia capitalista, está por completo vacía de contenido. Eso es hoy la institucionalidad burguesa en Argentina. Y refleja con exactitud no ya la decadencia, sino la desaparición práctica de los partidos políticos.

 

Después del 11-A

Como sea, habrá comicios. Y consecuencias. En las vísperas, no hay certeza sobre posibles resultados. Como ya se ha dicho, el enjambre de empresas encuestadoras después de manipulaciones sin cuenta concluye en la osada afirmación de que es posible “un empate técnico”.

Hay dos posibilidades entonces: obtiene más votos la fórmula Macri-Pichetto o es favorecido el dúo Fernández-Fernández. Seguiría Roberto Lavagna en un tercer puesto con menos de 10 puntos –posiblemente bastante menos. Lavagna fue lanzado por un sector del gran capital como globo de ensayo a comienzos de año, cuando temía que Mauricio Macri continuara barranca abajo. No ocurrió y el Frente Amplio Burgués (Fab) se rehízo en torno a su escuálido mesías post moderno. El experimento Lavagna involuntariamente viene a restarle votos al oficialismo, al menos en las Paso. El resto de las cuatro fórmulas (dos de derecha explícita y dos de izquierda), oscilarán entre 1 o 4 puntos.

Quien quiera que obtenga más votos el 11 no repetirá necesariamente ese resultado con una victoria en octubre. De hecho, las Paso sin competencia se convierten en una primera vuelta y se puede esperar un considerable desplazamiento de votos hasta el 27 de octubre, día de la elección efectiva. La certeza de ese desplazamiento aumenta la incertidumbre. Sobre todo porque al obrar octubre como segunda vuelta y dado que si una fórmula obtuviera el 45% de los votos no habría balotaje, el próximo gobierno quedaría elegido en esa instancia. El oficialismo sostiene que puede incluso obtener varios puntos menos en las Paso y recuperar esa distancia, con ventaja, en los dos meses siguientes. La oposición reunida en torno al Partido Justicialista asegura que tendrá una aplastante victoria el 11-A y la ratificará con creces el 27-O. Sorprendería que dijeran algo diferente. Pero lo cierto es que ambas afirmaciones tienen base objetiva de sustentación.

F&F han impreso a su campaña un carácter que sorprende a muchos de sus seguidores y perturba por igual al ala kirchnerista y al flanco conservador “pejotista”. El contenido esencial de esa campaña, reivindicar el capitalismo, lo expuse en un artículo reciente (Foro de Sao Paulo: ideología y política en la reconfiguración del poder continental). Está por verse si las incongruencias y visibles disidencias entre Alberto Fernández-Cristina Fernández terminan debilitando el mensaje o, por el contrario, permiten sumar voluntades estratégicamente contrapuestas.

Profesional, unívoca, la campaña oficial se esfuerza por remontar la vertiginosa caída económica del último año y medio. Es sensible la recuperación de la figura de Macri en los dos últimos meses, aunque no basta para un pronóstico cierto. Es seguro en cambio que, sea cual sea el resultado, Argentina está escribiendo el prólogo de una volcánica reconfiguración de sus partidos tradicionales. Y lo hace sobre la base de una crisis estructural sin precedentes por su profundidad y extensión.

Si Macri le impusiera a Cristina Fernández una tercera derrota consecutiva, la ex presidente sería barrida del escenario y las múltiples fracciones del PJ estarían lanzadas a una disputa salvaje, con Miguel Pichetto (en ese caso vicepresidente de Macri), como único eje de reagrupamiento peronista. Obviamente eso implicaría también la recomposición de la alianza Cambiemos, con la fusión de la UCR, el Pro y fracciones de la socialdemocracia para dar lugar a un nuevo partido, lo cual exigiría tiempo, esfuerzo y desorden, todo en grado superlativo.

Si, por el contrario, las urnas favorecieran a Alberto Fernández, Macri quedaría fuera de juego, mientras el nuevo oficialismo debería resolver el conflicto entre gobernadores, sindicalistas, restos dispersos del llamado kirchnerismo y varias denominaciones reformistas colgadas de esta candidatura. Allí debería ante todo imponerse una hegemonía interna y dar lugar a más de una nueva fuerza política, lo cual presumiblemente conllevaría, como en el caso de la eventual metamorfosis de Cambiemos, tiempo, esfuerzo y desorden.

Además, si las izquierdas electoralistas no logran superar cualitativamente el bajo porcentaje en el que están ancladas, al menos aquellas fracciones empeñadas sinceramente en la transformación social deberán también replantear su futuro. Es inexorable en ese ámbito un período de crisis y recomposición.

De manera que todos, ganadores o perdedores, ingresarán en un torbellino político dominado por un agobio económico que no dará tregua.

Los partidos del capital no tienen margen para una renovación genuina. Pueden cambiar de composición, de siglas y hasta de nombres principales. Pero sólo para asumir la crisis estructural de la sociedad argentina y la urgencia inaplazable de un saneamiento económico. Las izquierdas tienen en cambio un campo inmenso de posibilidades, aunque sólo a condición de revisar radicalmente todo aquello que las ha arrastrado a insalvable distancia de la teoría marxista y la práctica revolucionaria.

 

Ante las urnas

La confusión de muchos y el hartazgo de otros tantos puede dar lugar a giros impredecibles de la conducta electoral, aunque no está descartado un aumento significativo de la abstención o el voto en blanco.

A estas dos alternativas frente a la farsa electoral, agrupamientos y militantes sin partido (entre quienes está el autor de estas líneas), proponen un voto protesta. Esto es, la confección de una boleta programática para dejar en las urnas una propuesta de futuro. Se trata de un gesto que implica no resignarse al chantaje de quienes pueden ganar ni al ostracismo de quienes abandonan cualquier perspectiva de darle forma y vida a una fuerza política de las grandes mayorías. Para ser un gesto válido, esta actitud de rechazo deberá prolongarse en el esfuerzo por articular millones de voluntades dispersas en un partido de masas, única fuerza capaz de construir la nueva Argentina sobre los escombros del desmoronamiento actual.

8 de agosto de 2019

@BilbaoL

Foro de São Paulo: ideología y política en la reconfiguración del poder continental

Tuvo lugar en Caracas, entre el 25 y el 28 de julio, el XXV encuentro del Foro de São Paulo (FSP). Inmediatamente antes se reunió, también en la capital venezolana, el Movimientos de Países No Alineados (Noal), presidido hasta ese momento por Nicolás Maduro.

Ambas fueron oportunidades para que la población venezolana, castigada por el acoso permanente de Estados Unidos y la Unión Europea, pudiera contrarrestar siquiera en parte la campaña que muestra una Venezuela aislada y ya definitivamente condenada. La ciudadanía pudo comprobar cuántos países, con los gobiernos más disímiles, cuántos partidos y organizaciones políticas de diferente signo, se ubican en la línea contraria a la ordenada por la Casa Blanca.

Más allá de señalamientos críticos respecto de ambas reuniones, el esfuerzo del gobierno venezolano responde a una política de frente único antimperialista, teorizado y lanzado como eje de acción por la IIIª Internacional en sus inicios, bajo el comando de Lenin y Trotsky. Fuera de toda duda, en esa tradición teórico-política debe afirmar sus pies la Revolución Bolivariana para hacer frente a la escalada capitalista que intenta no sólo ahogarla, sino -acaso en primer lugar- usarla para desprestigiar ante las masas del mundo cualquier intento de transición al socialismo. Cuidar este último aspecto, que comienza por defender la propia revolución, es una tarea trascendental para el Psuv y la dirección político-militar en Venezuela, a la que debiera contribuir cada militante comprometido/a con el socialismo en cualquier punto del planeta.

Washington y Bruselas utilizan las flaquezas de la economía venezolana, agravándolas mediante infinitas herramientas a su alcance, para convencer a América Latina que el capitalismo es la única solución a la multiplicación de desocupación, pobreza, exclusión y violencia en nuestra región; que hay diferentes formas de capitalismo y el único debate posible es por cuál de ellas optamos. Semejante perspectiva ha calado hondo en la gama cada día más estratificada de las izquierdas latinoamericanas.

 

Declaración final del XXV encuentro del FSP

El cartel de prensa internacional condenó el encuentro del FSP calificándolo de terrorista o, en la versión más leve, como mero recurso para legitimar a Maduro. Como se verá enseguida, esto tuvo consecuencias inmediatas.

Al margen de diferencias respecto de caracterizaciones sobre la coyuntura hemisférica, cabe un señalamiento de otro orden al texto final asumido por el XXV encuentro. El texto apoya explícitamente candidaturas para las próximas elecciones en Uruguay y Argentina (también lo hace respecto de Bolivia, pero éste es un caso diferente, porque Evo Morales ha sostenido y sostiene desde el poder posiciones antimperialistas).

Propone la declaración: “apoyar la fórmula de Daniel Martínez para presidente y Graciela Villar para vicepresidenta de Uruguay”; y también “apoyar al movimiento popular de Argentina que ha logrado conformar una alianza unitaria en el Frente de Todos, que lleva como candidato a presidente a Alberto Fernández y como candidata a vicepresidenta a Cristina Fernández de Kirchner”.

El mismo día en que se votaba la declaración final, primero José Mujica y luego el candidato presidencial del Frente Amplio condenaron al gobierno de Venezuela calificándolo como dictadura. Con apenas tiempo para respirar, Alberto y Cristina Fernández sostuvieron que hay en Venezuela un régimen autoritario y la ex presidente abundó, en claro gesto electoralista y asociándose a la campaña de calumnias comandada por Macri contra la Revolución Bolivariana: “Sorry, en cuestión de alimentos, Argentina está como Venezuela”. Para ganar votos frente a Macri comparó sus resultados con los del gobierno venezolano.

No fue por azar que semejante embate tuviera lugar al fin de la reunión en Caracas: según sus objetivos y en función de la concepción que los mueve, Mujica, Martínez, Fernández y Fernández debían tomar distancia de ese apoyo del FSP, para evitar comprometerse con esta organización en medio de sendas campañas electorales. El falaz informe de Michelle Bachelet fue utilizado como excusa por unos y como exigencia por otros para emitir estas declaraciones. Antes de ellos, y antes de las elecciones que perdió frente a Jair Bolsonaro, el ex candidato del PT Fernando Haddad había tomado el mismo camino, condenando al gobierno de Venezuela por ser “una dictadura”.

En otro párrafo la declaración llama a exigir “la libertad inmediata de Lula, víctima de un abusivo, ilegal e indignante ejercicio del poder judicial contra él”. E inmediatamente condena “hechos graves de persecución política y violación de los derechos humanos en Ecuador, Brasil, Argentina. La prisión de Lula y Jorge Glas así lo demuestran, como también la persecución judicial contra Cristina Fernández de Kirchner, Rafael Correa y Ricardo Patiño. Y exigimos la libertad de todas y todos los presos políticos”.

Es correcto calificar la prisión de Lula como “abusivo, ilegal e indignante ejercicio del poder judicial”. Sólo faltaría explicar que se trata de justicia de clase, finalmente aplicada al fundador del PT, por mucho que él mismo se empeñara en no considerarla como tal cuando fue presidente. Pero si es correcto condenar la prisión de Lula, es contrario a la más elemental verdad de los hechos comparar su caso con el de Cristina Fernández.

Antes de continuar con este punto, vale subrayar que el documento menciona sólo una vez al Alba. Lo hace cuando propone fortalecer “los proyectos de integración soberana como la CELAC, el Alba-TCP, el Mercosur y otras iniciativas integracionistas populares y autonómicas”. Sin haber participado del encuentro, se puede afirmar que tal omisión ocurre porque las delegaciones de Argentina, Brasil y Uruguay, se oponen de modo tajante a ser parte del Alba o siquiera respaldarlo. Desde su fundación rechazaron el único instrumento actuante de frente único antimperialista en América Latina. En cambio, esas mismas dirigencias no vacilan a la hora apoyar la carrera presidencial de quienes califican como Dictadura a la Revolución Bolivariana: Martínez en Uruguay, Alberto Fernández en Argentina (quien dicho sea de paso, se define como liberal e inició su carrera como seguidor de Domingo Cavallo, ex ministro de economía de Carlos Menem).

 

Corrupción desenfrenada

Ni la persona más desinformada ignora que durante los 12 años entre 2003 y 2015 hubo en Argentina casos de corrupción sin precedentes. Involucran a funcionarios del gobierno anterior y muy específicamente a los ex presidentes Néstor y Cristina Kirchner. Esto iba a la par de gestos y palabras sin ninguna correspondencia con la realidad, enderezados a presentarse como parte de la propuesta antimperialista continental encabezada por Hugo Chávez. Mientras tanto se negaban a ingresar al Alba, a la moneda regional, al Banco del Sur… Una estafa política que aún tiene efecto sobre buena parte de la militancia, en especial jóvenes.

No lo decimos ahora, cuando el sistema judicial del capital se ha lanzado contra ellos. Quedó registrado en innumerables textos publicados en los últimos diecisiete años. Va de suyo que hubo también infinidad de denuncias de otros autores, muchas de ellas ampliamente documentadas.

Atribuir los juicios en curso contra Cristina Fernández a “persecución judicial” es comprometer la firma de organizaciones revolucionarios con un caso de enriquecimiento ilícito de enormes proporciones. Es, también y en primer lugar, dar crédito, aunque sea por la negativa, a la justicia burguesa. Una perspectiva anticapitalista no puede basar sus juicios en el sistema judicial del Estado burgués y por lo mismo jamás avalará como parte actuante los procesos que éste lleve a cabo. Eso es muy diferente a exculpar delincuentes porque los condenan jueces de la burguesía. En Argentina hay un precedente muy claro: la justicia que cerró los ojos ante los crímenes inenarrables de la dictadura entre 1976 y 1982, dos años después produjo un juicio sin parangón en el mundo: procesó y condenó a los miembros de las juntas militares gobernantes en ese período: 12 comandantes de las 3 fuerzas fueron expuestos en su accionar criminal y enviados a la cárcel.

¿Por qué lo hicieron? Porque había un poderoso movimiento popular que lo exigía y porque la burguesía comprendió que sin curar esa herida no había posibilidad de recuperar el equilibrio del sistema capitalista en el país. Hoy el cuadro es totalmente diferente. No hay un movimiento de masas exigiendo castigo a los ladrones, aunque sí hay conciencia de la magnitud de lo robado y de los efectos que esto tuvo en la vida económica de la sociedad. La declaración del FSP choca con ese sentimiento extendido en toda la sociedad y muy particularmente en el proletariado más avanzado, que huérfano de verdadera alternativa en alto porcentaje votó a Macri en 2015. A cambio de fuerza política que la acose, la burguesía afronta una hecatombe estructural en la economía y la consecuente bomba social que esto inevitablemente provocará si el sistema no es saneado. Uno de los aspectos de ese saneamiento ha llevado a la realización de estos juicios.

 

Confusiones

En Argentina no hay presos políticos. Hay sí ladrones en prisión. No será negando la realidad como podremos vencer la escalada del gran capital. La causa de los Cuadernos (episodio de inteligencia que explotó y produjo una cadena incontrolable de denuncias) lleva a la fecha 174 procesados. Esta cifra incluye al menos un familiar y socio del Presidente. 71 de estos procesos –entre los cuales está uno de los 13 que acorralan a Cristina Fernández- han sido confirmados por tribunales superiores y están a un paso del juicio oral. Sólo por sus fueros como senadora no está presa la ex presidente, como sí lo está Julio De Vido y una docena de sus funcionarios. De Vido fue ministro de planificación durante los 12 años de gobierno del matrimonio Kirchner. Desde 2016 el país vio una y mil veces innumerables pruebas fílmicas de la corrupción de ese régimen. Una cascada de los denominados “arrepentidos” corroboró ante fiscales y jueces los hechos de robo desenfrenado al erario público. El propio contador de Néstor y Cristina Kirchner aportó como arrepentido pruebas documentales del fabuloso enriquecimiento ilícito del matrimonio. Aunque se trate de una cifra mínima en comparación al botín total, en la población impactó el hallazgo de 4 millones de dólares de imposible justificación en una caja de seguridad a nombre de la hija de Cristina Fernández. Durante el período en el que estuvieron en el gobierno Néstor y Cristina Kirchner multiplicaron su patrimonio por un número todavía desconocido, pero sin duda elevadísimo. Una parte de esa incalculable fortuna se puede ver en Hoteles y departamentos lujosos, a nombre de la ex presidente y sus hijos. El cartel de prensa, por supuesto, hace un festín cotidiano de esta tragedia nacional. Pero no por esto los hechos dejan de ser reales, comprobados y a la vista de todos.

En la rebatiña participaron también decenas de altos empresarios. El propio Paolo Roca, titular de Techint, fue acusado y estuvo a punto de ir preso. Se refugió oportunamente en México y en cuestión de meses su nombre salió del proceso judicial, porque los hechos de corrupción sobradamente comprobados… habrían sido responsabilidad de uno de sus gerentes.

No es que ahora se esté “haciendo justicia”. Es que hay una feroz lucha interburguesa. Desde hace años calificamos al elenco en torno a Kirchner como advenedizos. Llegaron al poder y decidieron que a la pseudoteoría de la “burguesía nacional” le faltaba, precisamente, un poderoso sector identificado con ese presupuesto. Y se abocaron a llenar el vacío sin reparar en métodos (como, por otra parte, hizo siempre la hoy llamada burguesía tradicional, en cualquier país del mundo). Por tanto, no se trata de creer en el Poder Judicial del capitalismo y mucho menos en el gobierno de Macri. Se trata de comprender que el capital arraigado encontró en el actual equipo gobernante un punto de apoyo para procurar el saneamiento profundo de un régimen que, de otro modo, se desploma. En el curso de ese proyecto imposible apareció la necesidad/posibilidad de recuperar cientos de miles de millones de dólares escamoteados durante estos años. A eso se refiere Macri cuando, en plena campaña, repite que “hay que recuperar lo robado”.

Al condenar del modo que lo hace la “persecución judicial” contra ex presidentes, por omisión la declaración quita carácter de clase a los sistemas judiciales en cuestión. Al comparar fenómenos incomparables, confunde a la militancia. Al ocultar la responsabilidad de consumados corruptos como en el caso argentino, choca de frente con una columna fundamental de cualquier proyecto genuinamente revolucionario y socialista. “Moral y luces” decía Bolívar y repetía Chávez.

Si esta descripción no fuera bastante, hay algo de otro orden que debería haber convencido a algunos partidos del Foro a no firmar esta declaración: la defensa del capitalismo por parte de Cristina Fernández (del candidato a presidente nada hay que decir, puesto que él mismo se define como liberal capitalista).

No hace falta recordar las declaraciones de la ex presidente cuando su esposo le pasaba el testigo en 2007 y ella afirmaba defender a Alemania como modelo para Argentina. Ahora, después de dos períodos de gobierno, como propuesta para un tercero, con su elevado estilo Cristina Fernández da una clase de economía política y sociología: «Los buenos capitalistas quieren que la gente gane bien y tenga trabajo, porque si no, ¿quién corno compra las cosas de ellos? Estos (los macristas) se dicen capitalistas y no te podés comprar nada, no podés viajar, no te podés comprar ropa ni ir al supermercado”. Y agrega para que no haya lugar a dudas: “Yo soy mucho más capitalista que ellos. Conmigo en Argentina había capitalismo y la gente se podía comprar lo que quería. Que no me jodan más con lo del capitalismo. ¡Por Favor! Conmigo había capitalismo”.

Macri eligió como candidato a la vicepresidencia a Miguel Pichetto, quien durante 12 años fue jefe del senado para Néstor y Cristina Kirchner. Él explica su salto al oficialismo del siguiente modo: “Macri es un verdadero defensor del capitalismo”. Gracias a él, entonces, ahora está en discusión el sistema y no lo que antes llamaban “el modelo”. Cristina Fernández se vio obligada a hablar claro y sepultar la retórica progresista: “¡soy mucho más capitalista que ellos!”.

Aunque por razones diferentes, exigencias semejantes de definiciones netas ocurren en otros países del área, Brasil y Colombia entre ellos. En Argentina, tanto como en estos países, las masas están entrampadas por opciones burguesas, vacilaciones reformistas y aun expresiones del infantoizquierdismo. De allí la importancia de las posiciones asumidas por el texto del XXV encuentro del FSP. Es a esas masas desorientadas a quienes debería dirigirse la declaración.

Si acaso en las elecciones de octubre –o en la segunda vuelta en noviembre- ganara la fórmula apoyada por el FSP, aplicaría la política de salvataje capitalista, con apenas matices respecto del intento de saneamiento procurado por Macri. Si algo necesitan los trabajadores y las juventudes en Argentina son orientaciones claras para salir de la trampa impuesta a la nación por los candidatos del sistema.

Desde hace años el FSP no es ya ámbito apropiado para defender el socialismo ante los pueblos de América Latina. No por acaso Chávez llamó a construir una V Internacional, tarea todavía pendiente. Eventualmente este FSP podría ser válido para contribuir a un frente antimperialista. Eso está por verse. Pero apoyos electorales que dividen a las masas entre falsas opciones, desorientan y confunden a la militancia y dificultan la labor de las organizaciones revolucionarias, como ocurre dramáticamente en el caso argentino, no es algo que pueda pasarse por alto. Aquellas corrientes que, sin desconocer las enormes dificultades en la coyuntura mantienen inalterable su compromiso con los esfuerzos de transición al socialismo en Venezuela, Cuba, Nicaragua y Bolivia, pierden base de apoyo para contrarrestar las calumnias de la derecha y el reformismo cuando los partidos gobernantes en estos países apoyan a los mismos que los repudian, sumándose a las calumnias contra Venezuela para reivindicar el capitalismo.

La reconfiguración del poder en medio de la crisis capitalista requiere la afirmación programática, organizativa y política de millones de seres humanos en torno a ideas claras y estrategias inequívocas, todo tras el objetivo de una sociedad que niegue y supere al capitalismo. No se trata de una discusión abstracta. La estructura de la economía capitalista mundial cruje y se resquebraja. Desde el poder, las burguesías tienen como último recurso la violencia de los Estados imperialistas y el fascismo que germina en nuestros países. Ésa es la batalla planteada.

Argentina, 4 de agosto de 2019

@BilbaoL

 

 

P/S: Como delegado de uno de los 47 partidos y organizaciones que asistieron en 1990 al llamado del PT en San Pablo, el autor fue miembro fundador de lo que a partir del II encuentro se llamaría Foro de São Paulo. Asistió a numerosos encuentros, hasta que la hegemonía del reformismo se impuso y participar en ellos dejó de ser tarea estratégica. Sobre el nacimiento y definiciones iniciales de este bloque publicó en 1990 un pequeño libro, titulado “La Izquierda Latinoamericana Frente a la Crisis Mundial (Ensayo de interpretación marxista de la realidad contemporánea, a partir del Encuentro de Partidos y Organizaciones de Izquierda de América Latina y el Caribe)”. Luego publicó en Crítica de Nuestro Tiempo propuestas y análisis de sucesivos encuentros.

Rechazo social al espectáculo pre-electoral en Argentina

Concluyó el sábado 22 de junio la formación de listas para las elecciones nacionales. Por repugnancia o indiferencia el rechazo en todo el espectro social probó que los partidos de las clases dominantes ya no existen como tales.

Junto a la degradación y muerte de la Unión Cívica Radical, el Partido Justicialista y demás estructuras menores que durante el siglo XX sostuvieron la gobernabilidad del capital, han desaparecido valores básicos, imprescindibles para contener de manera sostenida al conjunto social en cualquier sistema.

Es un proceso que viene de larga data. Sólo que, como quedó a la vista en los últimos meses, ha llegado a límites imposibles de transponer sin consecuencias de largo alcance. Reinan en la política argentina la indecencia, la ignorancia, la mezquindad, la ausencia de todo horizonte que no sea el beneficio individual. Es con arreglo a esto último que se estructuran y funcionan los “frentes” y “espacios” que disputarán en las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias (Paso) del 11 de agosto, prólogo manipulador de los comicios a realizarse en octubre y noviembre.

No hubo periodista o comentarista que omitiera registrar el bochorno de cabriolas y tramoyas escenificadas por desesperados aspirantes a candidatos, con saltos de una lista a otra, armado y disolución de alianzas y fórmulas, alquiler de sellos partidarios a su vez comprados por mejor precio a última hora, todo ello sin la más mínima participación de quienes forman fila tras los nombres finalmente escogidos. Gestos de condena aparte, la prensa no extrajo conclusiones de esta exhibición obscena y evitó asociarla con la crisis del sistema al que representan sus protagonistas. Niños tapándose los ojos y convencidos de que así desaparece el cuco. Pero está allí. Como en 2001, aunque con mayor potencia demoledora.

Paradojal y desafortunadamente, cuadros políticos y sindicales que dos décadas atrás pudieron presentarse como alternativa a la debacle de las instituciones del capital, ahora están en el mismo palco con los políticos burgueses. Organizaciones que en documentos y fiestas de guardar se proclaman revolucionarias, en los hechos optaron por ganar lugares en parlamentos y legislaturas e incurrieron en conductas análogas para llenar sus listas. Otras formaciones escogieron subordinarse a “espacios” de diferentes alternativas patronales y acceder por esa vía a cargos legislativos. Con alguna excepción, fueron humillados por personajes vacíos y altaneros que desde tronos de papel les negaron la ilusión de acceder siquiera a una ínfima legislatura. No hubo respuesta de los agraviados. Parecen ajenos a todo principio, dignidad personal y sentido de la vergüenza.

Alguno de ellos alcanzará el ansiado fetiche de un puesto público. No obstante, desde ahora mismo el conjunto de neoreformistas y ultraoportunistas se ven aplastados por el desmoronamiento de las instituciones burguesas y están, como sus cofrades candidatos de otros “espacios”, en la lista del desprecio popular.

Ya el electoralismo y la lucha cuerpo a cuerpo por cargos en el Frente de Izquierda Unidad muestra signos de descomposición: fue expulsado del llamado Partido Obrero su fundador y única voz audible durante décadas. Es sólo el comienzo. La onda expansiva golpeará, a término, al frente electoralista de organizaciones que ahora se regocijan por el debilitamiento de una de ellas.

 

Consecuencias inmediatas

En paralelo, el gobierno logró frenar la caída de la economía, lanzó medidas paliativas para recuperar votantes perdidos, estabilizó el precio del dólar, puso un freno a la desbocada inflación y así restauró a medias el frente amplio burgués (Fab) que lo sostiene.

Adicionalmente, el Ejecutivo presenta como panacea de crecimiento y desarrollo la firma de un tratado de libre comercio del Mercosur con la Unión Europea. Otra utopía del capital, de incierta y en todo caso muy lejana entrada en vigencia. En cualquier caso, puede obrar como efectivo anzuelo electoral y, sobre todo, ratifica el apoyo a Macri del gran capital financiero internacional, lo cual contribuye al alineamiento de franjas desconformes de la burguesía local.

Dicho de otro modo: otra vez la corrupción de los partidos tradicionales y la ausencia de una línea de acción revolucionaria en las izquierdas favoreció al gran capital, que continuará su plan de saneamiento cualquiera sea el vencedor en la carrera presidencial.

La militancia puede hacer como los periodistas: taparse los ojos e imaginar que el cuco desaparece. Puede reiterar la certeza que durante 2016 y 2017 llevó a propagar la “teoría del helicóptero” (fuga de Fernando de la Rúa en 2001). Puede confundir análisis objetivo con simpatía hacia el gobierno del Fab. Y aferrarse a la certeza de que éste será vencido en las presidenciales. Los hechos, con todo, son difíciles de desmentir: no hubo helicóptero; en 2017 Cristina Fernández (CF) salió en segundo lugar frente a un inexistente candidato oficialista a Senador; Mauricio Macri llega al final de su mandato; la ex presidente, representante del otro “espacio” burgués, temerosa de perder cedió la primera candidatura a Alberto Fernández (AF), quien para intentar ganar terreno electoral revela su condición de liberal. Por si fuese poco, el candidato del ahora llamado Frente de todos (¿?) acumula declaraciones contra lo actuado por su jefa cuando ocupó la Casa Rosada y da garantía de pago al FMI, aunque con necesaria renegociación de plazos: lo mismo que ya arregló el oficialismo con ese organismo.

 

Corrupción y campaña

Imposible hoy hacer un pronóstico electoral. El gobierno y sobre todo Macri sufrieron una marcada caída en la aceptación de la sociedad. Las encuestas no son creíbles, aunque un promedio del enjambre de nuevas y antiguas consultoras podría indicar que la caída en la estimación del oficialismo ha comenzado a revertir: ahora el conjunto parasitario de medidores de opinión converge en la idea de un “empate técnico”. El elenco del desde hace un mes llamado Juntos por el cambio (ex Cambiemos) guarda muchas cartas en la manga. Sólo algunas serán mostradas antes de las Paso del 11 de agosto, cuando la campaña oficialista espera perder por un margen de 3 a 7 puntos porcentuales, distancia que, siempre según ellos, sería recuperada antes del 27 de octubre.

Al otro lado del callejón, el Frente de todos (nótese que antes se llamaba Frente para la victoria), remeda al oficialismo y afirma que ganará en primera vuelta.

Mientras tanto, cada sector del sindicalismo está empeñado en morder su parte de candidaturas en algunas de las tres fórmulas explícitas del capital. Si acaso la CGT vuelve a decretar un paro general, será como los anteriores un mero recurso electoral y válvula de escape para la presión social.

 

Voto Protesta

Aunque esté claramente volcado a la continuidad de Macri, el Fab duda respecto del resultado comicial. La argucia del “empate técnico” de las encuestadoras refleja esa incertidumbre. Empujada por disidencias internas la burguesía alentó a CF para tener todo bajo su manto electoral. Esto se combinó con los coletazos del saneamiento económico y político (el caso de los “cuadernos de la corrupción” y la proliferación de “colaboradores arrepentidos” sembró el terror en filas empresarias). El resultado es que el candidato principal del Fab no tiene la victoria asegurada.

Desde diferentes ángulos se reconoce la ruptura entre cúpulas pseudo dirigentes y el conjunto social. Hay una fatiga moral perceptible en la ciudadanía, que atraviesa líneas de clase y cala hondo en las juventudes. A la luz de la experiencia de 2001, gerentes y filósofos del capital comprenden que a mediano plazo la verdadera amenaza a sus planes proviene de ese rechazo que, sin opción electoral, podría enfilarse hacia la abstención, el voto en blanco y, en primer lugar, lo que en 2001 se impuso como “Voto Protesta”.

Hay diferentes fuentes para el descontento. Por supuesto prima la penuria económica, la inseguridad, la ausencia de perspectivas acentuada por falta absoluta de propuestas comprensibles y creíbles de los candidatos principales. Una franja todavía imposible de medir ya ha comprendido que el saneamiento capitalista propuesto por Macri y los suyos (ahora acompañados por sectores del peronismo) implica, incluso en la negada hipótesis de que pudiera realizarse hasta sus últimas instancias, un costo inmenso para la clase obrera y las clases medias bajas.

En otro orden, la corrupción asquea a las mayorías. Quienes pretenden destronar a Macri se empeñan en negar lo obvio respecto de CF y su elenco, consideran a los encarcelados por corrupción como presos políticos y han difundido la idea de que la conducta delictiva del gobierno anterior no influye en el voto popular. Las evidencias de robos por cifras siderales son abrumadoras y, hasta que lo golpeó a él mismo, el Fab se encargó de mostrarlas ad nauseam.

Los acusados se defienden con argumentos de manipulación judicial y contradenuncias de que en el actual gobierno, a comenzar por Macri, hay notorios corruptos. Esto no redunda en mayor credibilidad para el llamado kirchnerismo, hoy por completo desdibujado y bajo fuego de sus propios aliados en el Frente de todos. Pero consigue hundir en el mismo fangal al oficialismo.

El patético desempeño presidencial en materia de comunicación con la sociedad, sumado al alud de pruebas contra CF y funcionarios del gobierno anterior, más el desencanto de buena parte de los adherentes juveniles ante el llamado de CF a votar por AF, son otros tantos ingredientes de un clima análogo (para nada idéntico) al que vivió Argentina en los meses previos a los estertores de la Alianza, 18 años atrás.

El neoreformismo-infantoizquierdista apuesta a que ese formidable descontento desagüe en sus listas y le permita superar el 3% de los votos. Es dudoso, aunque no imposible. En ningún caso, sin embargo, se producirá un cambio cualitativo en la conducta electoral de la clase obrera y en las relaciones sociales de fuerza. Con expulsiones, insultos y condenas -que su prensa trata de ocultar, en la mejor tradición stalinista- también hay desazón y rechazo en la franja más consciente de sus adherentes y votantes. En cualquier hipótesis, es seguro que la abstención habitual del 20/30% aumentará significativamente. Habrá sin duda un porcentaje elevado de votos en Blanco y anulados. A diferencia de 2001 hoy resulta más arduo articular fuerzas militantes a escala nacional para promover el Voto Protesta. La evolución de los hechos, sobre todo después del 11 de agosto, puede cambiar el panorama.

En cualquier caso, las tres fórmulas puestas en juego por la burguesía (Macri, Fernández y Roberto Lavagna, tan diferenciados por su condición de clase y sus programas como tres gotas de agua) obtendrán más del 90% de los votos válidos. La moderna política ha impuesto una manipuladora forma de medir la votación, al calcular porcentajes excluyendo abstención, votos blancos y anulados. La totalidad de quienes hablan de inclusión social participan de este fraude. Lo contrario mostraría la proporción de la población que los vota. Aun así, la relación de fuerzas entre el capital y la clase trabajadora, las juventudes y las clases medias bajas, es en extremo negativa para estos últimos. Eso no cambiará en los próximos comicios sea quien sea el ganador, dada la inexistencia de una clase obrera consciente y organizada y la irreversible escualidez del neoreformismo-infantoizquierdista.

Hay millones ansiosos y dispuestos a frenar la decadencia, proyectar una estrategia de cambio raigal y enfrentar la ofensiva reaccionaria encabezada por Estados Unidos y la Unión Europea en toda América Latina. Frente a esa masa de mujeres y hombres se plantea la perspectiva de una enérgica campaña nacional por abstención, voto en Blanco o Voto Protesta masivos. Única posibilidad objetiva de dar un paso adelante y prepararse para el inexorable colapso social y político, visible en un horizonte no tan lejano como suponen quienes ostentan, felices, una candidatura expectante.

2 de julio de 2019

@BilbaoL

Con deserciones, se rearticula el frente amplio burgués en Argentina

Puede sorprender el nombre, pero no la lógica de la designación de Miguel Pichetto como candidato a vicepresidente de Mauricio Macri, anunciada el 11 de junio como quien detona una bomba en medio de un concierto dodecafónico de Schönberg.

Es una diagonal para alcanzar los objetivos primigenios del frente amplio burgués (Fab). En rigor, la melodía escuchada en los días previos era un desenfreno desafinado y en apariencia sin director. Urgía un paso audaz en la composición de Cambiemos. Lo hubo a tal punto que llegó al abandono del sello para asumir el de Juntos por el Cambio, prueba de la creatividad y originalidad dominantes en estos tiempos. A la alianza de socialdemócratas, desarrollistas, ultraconservadores y liberales de diferente pelaje, el nuevo marbete electoral suma al socialcristianismo de un ala peronista y resigna “la pureza de lo nuevo” en pos de resultados electorales, puestos en cuestión por los asfixiantes efectos del saneamiento económico, en un marco mundial convulsionado.

Pocos repararon que en su mensaje de apertura del Congreso, el pasado 1º de marzo, entre los factores aludidos por Macri para justificar el descontrol económico por entonces en auge, explicó:

“Cuando empezábamos a crecer y a asomar la cabeza como país, tuvimos tres shocks imprevistos: la salida de capitales de mercados emergentes, la sequía que afectó como nunca en 50 años al campo argentino, y la causa de los cuadernos”.

A un lado la simplificación, cabe focalizar en la llamada “causa de los cuadernos”. Se trata de la revelación de un sistema de corrupción empresarial y administrativa en torno de la obra pública, mediante la cual se malversaron miles de millones de dólares y que registra hoy una treintena de grandes empresarios y altos funcionarios del gobierno anterior enjuiciados y detenidos, más otros tantos procesados y con el riesgo de terminar en la cárcel. En otras palabras: la implosión no buscada del Fab.

No hay precedentes en Argentina (probablemente tampoco en el mundo), de una redada tan extensa y profunda de prominentes empresarios capitalistas, ocurrida además durante un gobierno de empresarios capitalistas.

En Argentina el sistema judicial es más corrupto que todos aquellos a los que juzga. Eso equivale a decir que no son los jueces, ni una figura del Ejecutivo, quienes mueven los hilos de esta operación sin antecedentes. Historiadores de un futuro no lejano podrán desentrañar los mecanismos que dieron lugar a este proceso masivo, que tiene en el centro a la ex presidente Cristina Fernández, con 13 procesamientos y 7 pedidos de prisión preventiva. Fernández no está en la cárcel, junto a un tropel de sus ex funcionarios, únicamente por los fueros con los que cuenta como senadora. Por ahora baste decir que es una fuerza poderosa e invisible la que obra en función del saneamiento funcional impostergable para quienes quieren salvar el sistema.

Como sea, el hecho es que “la causa de los cuadernos” hizo tambalear el frente amplio burgués presidido por Macri, sacudió hasta las raíces el funcionamiento económico (frenó la mayoría de la obra pública puesto que los empresarios encargados de llevarla a cabo cayeron en desgracia, incluso familiares del Presidente) y puso en duda no ya la reelección del actual elenco, sino su arribo al final del mandato.

Baste señalar que uno de los empresarios acusados es Paolo Roca, titular de la mayor empresa privada argentina, de envergadura transnacional. Roca es el hombre más rico del país, con una fortuna valuada en casi 10 mil millones de dólares. Aun así, debió huir a México para evitar su detención. Jugó además todo su poder para inclinar la opinión editorial del grupo Clarín y de La Nación, que comenzaron a condenar a Macri con crudos adjetivos. Era preciso frenar al menos algunos de los juicios. En buena medida lo lograron, aunque el desenlace está por verse.

La circunstancia dio lugar a que el conjunto de advenedizos aspirantes a grandes capitalistas (encargados de darle por fin carnadura a la célebre “burguesía nacional” y reunificados ahora en torno a CF) tomara la iniciativa política mientras otras fracciones aprovecharon para lanzar sus propias fórmulas, con lo que el Fab pareció a punto de desaparecer.

Hasta la fecha, esa posibilidad no está por completo excluida. Pero con la incorporación de un sector del peronismo (que incluye a buena parte de los sindicatos más poderosos) el Ejecutivo ya recuperó la batuta y la orquesta ensaya el retorno a una melodía armónica. Bastaron 24 horas tras el anuncio para producir el milagro, que incluyó baja del dólar, suba de acciones y brusca caída del llamado “riesgo país”, instrumento de manipulación en manos del capital financiero internacional.

 

Realineamientos en la debacle

 

Como se sabe, antes de esto Cristina Fernández (CF) había abandonado la carrera presidencial designando –en otro hecho inédito de la historia política local- a Alberto Fernández (AF) como candidato presidencial y relegándose a sí misma como vice.

Algún memorioso recordará que AF era el jefe de gabinete a quien, durante el gobierno de Kirchner, se le atribuyó una simple maniobra que provocaría un conflicto de envergadura: hizo mover el avión presidencial Tango 01 de modo que un vuelo proveniente de Venezuela no pudiera arribar al punto de desembarco oficial y sus pasajeros debieran pasar por una aduana, donde casualmente una acuciosa agente (poco después convertida en bailarina de fugaz celebridad), detuvo a Antonini Wilson con 800 mil dólares en un maletín. Con ayuda de la prensa se produjo así un escándalo, poco antes de que asumiera CF. Así como ahora se atribuye la designación de AF a su cercanía con el Departamento de Estado, en aquella oportunidad se explicó el mazazo publicitario que a través de Antonini Wilson se asestaba a la Revolución Bolivariana también por la intromisión de Washington para decidir el lugar de estacionamiento del Tango 01. Como sea, las raleadas huestes de CF acataron sin chistar la decisión y se alinearon tras quien iniciara su carrera como concejal en las listas de Domingo Cavallo.

Con idéntica disciplina, un tropel de señores semifeudales con cargo de gobernadores o aspirantes a él se sumaron sin demora a la nueva fórmula. Esto hizo pensar que el peronismo superaba la pulverización que lo aqueja y se reagrupaba en torno de una nueva instancia, inicialmente llamada Frente Patriótico. Protoburgueses frustrados y grandes empresarios acorralados por el sistema judicial se sumaron como base de sustentación de ese frente, en el cual vieron su única perspectiva de salvación.

Así, el periodismo comercial pudo convencerse y convencer a no pocos de que el peronismo se había reunificado y ganaría las elecciones. La prensa tradicional argentina ha llegado a los más bajos niveles de calidad política y profesional. Ni que decir tiene respecto de su capacidad de análisis y previsión.

De hecho, la mayoría de aquellos señores semifeudales tienen como verdadero representante a Miguel Pichetto, quien no por acaso lleva 18 años en el Senado, cubil de atraso, corrupción e inepcia en Argentina. De modo que ahora o en poco tiempo pueden esperarse nuevos desplazamientos, sobre todo cuando los primeros indicadores –otra vez la prensa desnortada a la vanguardia, con las empresas encuestadoras como palafreneras- dan como seguro un giro electoral a favor de Macri.

En el torbellino desapareció el bloque del denominado “peronismo racional”, encabezado por Juan Schiaretti, Juan Urtubey (gobernadores de Córdoba y Salta), Sergio Massa y Pichetto, a quienes se sumaba el ex ministro de Economía de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner, Roberto Lavagna, asociado con el Partido Socialista y el Gen, todos originalmente bajo el sello Alternativa Federal.

Voces bien informadas aseguran que Lavagna tuvo el impulso de Roca para lanzarse al ruedo. Con ése y otros respaldos menores –como el del grupo Perfil- Lavagna se negó a someterse a Primarias en el bloque del peronismo tradicional. Llamado “ventajita” por Macri y revelado por Wikileaks como consultor permanente del embajador estadounidense en Buenos Aires, Massa abandonó sin aviso Alternativa Federal y viró hacia el bloque conducido por CF, quien ahora puede enarbolar como ejemplo de generosidad el hecho de que su precandidato a Presidente y su principal punto de apoyo en la provincia de Buenos Aires, durante los últimos seis años profirieron las más lacerantes críticas y condenas contra ella.

Implosionada Alternativa Federal, Pichetto obtuvo el premio mayor, Masa va a competir contra AF en las primarias, Lavagna se lanza con el menguado respaldo del PS y el Gen, Urtubey da una “muestra de grandeza” y se somete a ser candidato a vice de Lavagna en lo que ahora se llama Consenso Federal 2030, mientras Schiaretti va en Córdoba con “boleta corta”, es decir, sin candidato a Presidente, o sea, dejándole el campo orégano a Macri.

Es el realineamiento de la decadencia, donde la picardía reemplaza a la inteligencia y en lugar de estrategia y proyectos hay manotazos de ahogados. El cataclismo político, fruto de un más grave hundimiento económico no se hace patente por una razón sencilla y reiteradamente denunciada: la clase trabajadora carece de conciencia y organización; la burguesía y su extensión en los sindicatos tienen por completo el control del escenario político y sólo disputan el modo y la cuantía en el reparto de la riqueza.

Resta todavía ver la capacidad de reacción de quienes mantengan el apoyo a AF. Al momento, hay serios indicios de que el frente amplio burgués se recompone y ratifica la continuidad de Macri.

 

Izquierdas

Un último aspecto de este panorama es el que ofrecen las izquierdas. Fragmentos provenientes del peronismo o de aparatos stalinistas y católicos, trabajan sin pudor por la candidatura de AF. Algunos llegaron a ese lugar después de haber aniquilado la posibilidad de un partido de masas de los trabajadores, manipulando la CTA, sumándose al Frente Grande, al Frepaso y la Alianza.

Aparte esta forma extrema y descarada del oportunismo, están las formaciones infantoizquierdistas-neoreformistas, empeñadas en obtener alguna banca legislativa, del nivel que sea, sin otra aspiración que superar el 3% de los votos. La desvergonzada convergencia de un sector del peronismo con Cambiemos difícilmente se traduzca en un rechazo popular que permita al neoreformismo obtener porcentajes cualitativamente superiores en las presidenciales. Pero aún cuando esto ocurriera, nada cambiaría en las relaciones de fuerzas entre las clases.

El cretinismo antiparlamentario es la otra cara del cretinismo parlamentario en el que chapalean varias siglas anunciadas como anticapitalistas. El pseudo combativismo de marchas minúsculas y cortes de calles a razón de 10 veces por mes es lo contrario de la tarea revolucionaria de este período histórico: educar a la masa trabajadora en una perspectiva de clase; formar círculos de lectura y debate para que la comprensión del funcionamiento del sistema capitalista sea un acervo de las mayorías; organizar a la vanguardia natural de las y los trabajadores en función de su nivel de conciencia y disposición al combate; acompañar las luchas sociales espontáneas intentando siempre introducir la teoría científica del cambio social en la conciencia de las mayorías.

El 29 de mayo pasado se cumplieron 50 años del Cordobazo. La CGT llamó para ese día a un paro general, que se cumplió masivamente mientras las dirigencias negociaban con el gobierno el cobro de fondos de las obras sociales, a la vez que participaban en el realineamiento de fuerzas burguesas ya descripto. El neoreformismo llamó a un paro de 36 horas en lugar de 24, que debía seguir con una huelga general… Ahora esas consignas se guardan hasta la próxima oportunidad, mientras la obtención de votos para las primarias ocupa el primer lugar.

Por cierto los hechos políticos trascendentes no se hacen celebrando aniversarios. La militancia consciente –cientos de miles de hombres y mujeres luchadores de todas las edades- debería sin embargo haber utilizado esa fecha para explicar la significación histórica de aquella sublevación obrero-estudiantil que puso en cuestión al sistema capitalista.

Para desviarla primero y abortarla después la burguesía acudió a Juan Perón, quien puso a Cámpora como monigote para preparar la gran embestida contrarrevolucionaria. La presidencia de Perón, la Triple A, el papel de Isabel Perón, la dictadura, fueron hitos de una caída que aún no ha concluido y en la cual son inocultables tanto el papel de agentes del enemigo en filas sindicales y políticas supuestamente “progresistas”, como la magnitud de errores y omisiones de organizaciones comprometidas con la revolución social. La derrota ideológica, organizativa y política de la clase trabajadora es la causa de este juego siniestro de los políticos de la burguesía, cuya máxima expresión está a la vista ahora en la penosa decadencia del país.

“Moral y luces, son nuestras primeras necesidades”, decía Simón Bolívar hace 200 años. Es una consigna vigente hoy en nuestro país.

12 de junio de 2019

@BilbaoL

 

Qué significa el paso al costado de Cristina Fernández

Quedó consumada la decisión del gran capital de que Cristina Fernández y su equipo no puedan acceder al gobierno.

Fue sorprendente la decisión de la ex presidente de postularse como candidata a la vicepresidencia y poner como aspirante al cargo máximo a Alberto Fernández, sobre quien más abajo se darán algunos detalles elocuentes. Pero en modo alguno podía caber duda sobre el hecho de que la “abogada exitosa”, dos veces Presidente, debía buscar un atajo para evitar otra derrota electoral después de las tres extremadamente gravosas que sufrió desde 2013.

Resta todavía despejar dos incógnitas esenciales: 1. ¿Es el último movimiento de la ex presidente o faltan algunos capítulos de la telenovela? 2. Esa gran burguesía que bloqueó el camino a los remanentes del llamado kirchnerismo ¿está dispuesta a permitir el retorno del Partido Justicialista (PJ) al poder, o sostendrá la continuidad de Mauricio Macri?

Por el momento es otra victoria del oficialismo, aunque todavía está irresuelto si el Frente amplio burgués (Fae) se recompone y decide quién ocupa la Casa Rosada a partir de diciembre próximo, o consolida su fractura y a las elecciones de octubre próximo van dos o tres candidatos, con el mismo programa pero con diferente base de sustentación directa, con las clases dominantes formal y explícitamente divididas.

El próximo martes 21, comienza el juicio oral a la ex Presidente, además de su ex ministro Julio de Vido (también a cargo de Planificación durante los cuatro años de mandato de Néstor Kirchner), el socio comercial Lázaro Báez, el vituperado operador José López (célebre por llevar bolsos colmados de dólares a un convento) y otros tantos que acudirán al tribunal desde la cárcel donde cumplen prisión preventiva.

Una exitosa operación de prensa impuso la idea de que Alberto Fernández (AF) fue informado por su jefa Cristina Fernández (CF) el miércoles 15 de que su nombre sería anunciado como candidato a Presidente el sábado 18 por CF, que en un gesto de extraordinaria generosidad se contentaría con la candidatura a vice.

Es una patraña. En realidad esta candidatura resulta del estridente fracaso en la maniobra de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) para postergar sin fecha el juicio a CF. La insólita decisión de este cuerpo que salvaba a CF del oprobio durante la campaña electoral, fue anunciada el martes, fracasó en menos de 48 horas y obligó a un apresurado cambio de planes.

La prensa tradicional se mostró escandalizada por la connivencia de cuatro miembros de la CSJ para “elegir a Cristina Presidente”, tal como dijo en un crudo editorial un probado defensor del statu quo, que sin embargo mostró singular arrojo e influyó en gran medida para que los supuestos defensores de la justicia debieran retroceder de inmediato e ignominiosamente. Gestora de esta operación fulminante es la misma prensa que protegió a AF y su musa repitiendo que el arreglo entre jefa y subordinado ocurrió el miércoles 15.

No hay sino una explicación para todos estos pasos en falso y su evidente manipulación periodística: la perplejidad del gran capital frente a la reaparición agravada de la crisis política y las sanguinarias peleas internas por hallar una salida e imponerse, cada fracción, como fuerza hegemónica. Dicho de otro modo: las dificultades extremas para sostener la reelección de Macri.

En un texto fechado a fines de abril (Adónde va la burguesía en Argentina) reiteré la afirmación de que aun en sus disputas internas, el gran capital local y extranjero excluía la posibilidad de un retorno al poder de una protoburguesía asociada a sectores menores del capital, con CF a la cabeza. En la imposibilidad de obtener ese visto bueno radica el paso desesperado de la ahora candidata a vice. Si el paso al costado es o no una carta de negociación para obtener impunidad, se verá con el tiempo. Pero está claro que AF es el frágil parapeto con el que se pretende afirmar una perspectiva de eventual negociación con Washington, con el FMI y el gran capital local, en primer lugar con ciertos medios de prensa.

AF fue un mentor inicial de Kirchner. Fue su jefe de gabinete durante cuatro años y durante un primer período de CF. Su único cargo electivo fue el de legislador (concejal) en la Capital Federal. Lo logró en el año 2000 en la lista de Domingo Cavallo. Iba detrás de la Sra. Elena Cruz, quien por defender ardorosamente al dictador Jorge Videla terminó separada de su banca y dejó paso al ahora candidato a Presidente. AF tuvo además estrechos lazos con el ex diputado Eduardo Varela Cid, personaje más que oscuro radicado en Miami, denunciado como agente de la CIA entre otros por Carlos Andrés Pérez, ex presidente socialdemócrata de Venezuela, a su vez conocido como hombre de la agencia estadounidense en su país. También administró la campaña presidencial de Eduardo Duhalde y Palito Ortega, motivo por el cual se lo vinculó a fondos provenientes del cartel de Juárez y a la penetración de esta organización narcotraficante en la provincia de Buenos Aires.

AF es, además, pero acaso en primer lugar, también un enemigo pertinaz de la Revolución Bolivariana y del presidente Nicolás Maduro.

Hasta ahora los ataques al flamante candidato se redujeron a reproducir sus tremendas acusaciones contra CF mientras estaba asociado al Sergio Massa, antes de salir de ese partido nonato para dirigir la fallida campaña de Florencio Randazzo y, finalmente, recalar otra vez junto a CF como asesor principal de la campaña que ahora lo tendrá como figura principal.

Como queda dicho, resta saber si el peronismo autodenominado republicano se reúne en torno a Roberto Lavagna –lo cual significaría que al menos un sector importante del Fae decide llegar a segunda vuelta para luego competir con Macri- o deja paso a la continuidad del actual Presidente. También queda pendiente el destino de la ahora candidata a vicepresidente. Por estas horas hay nerviosas negociaciones en el cenáculo más exclusivo de las clases dominantes.

19 de mayo de 2019

@BilbaoL

Qué sigue tras el fracaso del putsch en Venezuela

30 de abril de 2019.- A las 14hs de Argentina, una hora menos en Venezuela, todo asegura que el farsesco intento de golpe de Estado contra la Revolución Bolivariana ha fracasado, con ninguna gloria y mucha pena para sus promotores.

El único punto a mostrar como logro para los golpistas, es la liberación de Leopoldo López de su prisión domiciliaria. Se trata de un personaje declaradamente fascista, titular de un pseudo partido al que pertenece Juan Guaidó, el diputado investido por sí y ante sí como “presidente encargado”, en contraposición a la magistratura constitucional de Nicolás Maduro. Esta fuga, sin embargo, está llamada a tener consecuencias de alta significación.

Según informes de esta mañana, López fue liberado por personal del Sebin, órgano nacional de inteligencia. Fuentes oficiales aseguran que esto ocurrió por la intervención directa de agentes estadounidenses, que repartieron dólares para lograr el objetivo. López y Guaidó, acompañados por el Teniente coronel Ilich Sánchez, solitario líder militar de la asonada, se dirigieron al Distribuidor Altamira, nudo de tránsito en las cercanías del cuartel La Carlota, sede de la Fuerza Aérea. Por cuerda separada arribó al lugar un medio centenar de guardias nacionales y agentes del Sebin, quienes al comprender de qué se trataba el movimiento regresaron rápidamente a sus cuarteles y denunciaron haber sido engañados por algunos de sus jefes, cuyos nombres denunciaron.

Los jefes fascistas llamaron a la población a marchar a Miraflores, sede del gobierno nacional. Los datos accesibles indican que no hay tal marcha y en cambio un grupo de militares se recluyó en la Plaza Altamira, el mismo lugar donde se atrincheraron jefes golpistas en 2002, sin otro efecto que un penoso debilitamiento hasta la extinción. Se desconoce el paradero de López y Guaidó.

Diosdado Cabello, vicepresidente del Psuv y titular de la Asamblea Nacional Constituyente, convocó a primera hora a la población a marchar a Miraflores para defender a Maduro. Una multitud se agolpó inmediatamente en torno al palacio. Poco después el ministro de Defensa, general Vladimir Padrino López, dio un parte del ensayo golpista, al que calificó como “pequeño y mediocre”. Junto a la totalidad de los altos mandos de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Fanb), Padrino dio por derrotado el intento y aclaró, significativamente, que hace responsables a los promotores de la intentona por cualquier muerte o derramamiento de sangre que pudiera producirse desde ese momento en adelante. Como hasta el momento no se han reportado muertos o heridos, cabe suponer que las autoridades suponen alguna forma de continuidad del proyecto golpista.

Los detalles de la operación estarán claros en los próximos días. Ya es visible, sin embargo, que el golpe no es sino un burda puesta en escena, destinada ante todo a la prensa comercial del mundo, que por supuesto respondió como se esperaba, magnificando hasta el absurdo los hechos durante toda la mañana, para menguar su entusiasmo apenas la información alternativa logró rasgar el manto de mentiras y exponer la realidad del fracaso contrarrevolucionario.

Destaca en esta circunstancia el papel del gobierno y la prensa burguesa de Argentina. En medio de un torbellino local, el presidente Mauricio Macri no demoró en tuitear (documentos conceptuales o discursos medulares no son recursos a la mano) que “apoyamos más que nunca la democracia en Venezuela”, para asegurar de inmediato que su gobierno reconoce al payasesco Guaidó. Inmediatamente antes, su canciller, personaje mentecato y estólido como pocos, hizo el encomio del intento de golpe (ya fallido mientras él hablaba) y comprometió a la ciudadanía argentina con el respaldo a la operación fascista. Este funcionario adelantó que esta misma tarde los cancilleres del cartel de Lima se reunirían para decidir qué medidas tomar en apoyo al títere de Washington en Caracas. Los mandatarios de Chile, Perú y Colombia acompañaron tan ignominioso desempeño, que las historia sin duda les demandará. Porque lo que están alentando, fracasado el golpe, es la intervención de una fuerza mercenaria, financiada por Estados Unidos y basada en Colombia, para irrumpir en Venezuela y mostrarle al mundo una supuesta guerra civil, ficción que no por serlo significaría un costo menor humano y material para el país donde se intenta la transición al socialismo.

Argentina no puede ser cómplice de este crimen de lesa humanidad. Semanas atrás, en una gira por el interior del país para difundir la verdad de Venezuela, tuve oportunidad de reafirmar en conferencias y encuentros con militantes del más amplio espectro, la convicción de que el activo político argentino simpatiza con la Revolución bolivariana y rechaza el intervencionismo guerrerista del imperialismo y sus súbditos del sur.

Aun con los condicionamientos de la coyuntura local y en plena conciencia de las dificultades que implican, la militancia antimperialista y anticapitalista debería hacer un supremo esfuerzo unitario para realizar acciones de verdadera significación en la denuncia de la agresión estadounidense a la que arrastra al cartel de Lima.

30 de abril de 2019

¡Último momento: el cofrade fascista del presidente Sebastian Piñera, Leopoldo López, se refugió en la embajada chilena!

@BilbaoL

Adónde va la burguesía en Argentina

Dos meses después de haber expuesto en público sus graves tensiones internas, el núcleo dominante del gran capital no ha resuelto la táctica a seguir y, en consecuencia, mantiene la posibilidad de ruptura y brusco cambio político.

En sordina durante 2018, abiertamente desde fines de enero pasado, los integrantes de la Asociación Empresaria Argentina (Aea) disputan en función de dos diferentes tácticas frente a las elecciones: mantener el apoyo al gobierno de Mauricio Macri y Cambiemos, o jugar su futuro a un candidato calificado como “de centro”, Roberto Lavagna.

En torno a la Aea, centro decisivo del capitalismo en Argentina, se aglomera el hasta ahora sólido frente amplio burgués (Fab), colocado por la coyuntura en situación de posible fragmentación.

El aún nonato proyecto de fuga hacia otro candidato con el mismo programa tiene base en por lo menos uno de los miembros de Aea, Paolo Roca (dueño de la transnacional Techint), quien a su vez ostenta estrechos vínculos de diferente tipo con el grupo Clarín, que oscila sobre la medianera, pero de todos modos pone a sus periodistas al servicio de una demolición sistemática de la figura de Macri. Otros empresarios, con peso pero fuera del círculo áulico, son el banquero Jorge Brito, el grupo Manzano-Vila, entre muchos otros nombres de menor gravitación, donde figuran por supuesto los más de 40 empresarios presos o procesados. Aunque todos ellos fueron socios-colaboradores-beneficiarios de los gobiernos de Kirchner y su esposa, buscan una figura capaz de vencer a Macri y, a la vez aventar la posibilidad de una eventual victoria de Cristina Fernández. Éste es el respaldo con que cuentan la socialdemocracia, diferentes ramas del Partido Justicialista (PJ) y el grueso de la estructura sindical, para presentar un tercer candidato. El plan es convocar otra vez (y van…) a un gran acuerdo nacional, con base en el PJ, la Unión Cívica Radical (UCR), las cúpulas sindicales y, como telón de fondo, el Vaticano. El candidato en cuestión, muy lejos del supuesto centro, cuenta con el respaldo del hoy menguado Opus Dei y su otrora famosa infantería di Dio, Comunión y Liberación, la vanguardia fascista del Vaticano.

La indefinición de Lavagna hasta el momento no proviene de sus dudas, sino de la irresolución del núcleo dirigente del Fab. Depende también de otro factor, para abrir el camino a la inclusión del peronismo: un acuerdo furtivo entre Lavagna y Cristina Fernández, para garantizar un trato judicial benévolo en caso de acceder a la Presidencia. El gestor de tal acuerdo es Alberto Fernández, hombre de Domingo Cavallo durante el menemismo, luego primera espada de Néstor Kirchner y siempre, según afirman quienes lo conocen de cerca, seguro colaborador del Departamento de Estado.

 

Argentina ha ingresado en una fase agravada de la lucha interburguesa

Ahora bien ¿por qué reemplazar a Macri? ¿Por qué el capital correría el riesgo de un gobierno de frente único entre socialdemócratas y peronistas clásicos, con estos últimos basados en feudos provinciales ajenos a toda idea de país Federal y con la conocida capacidad para barrer de un plumazo a tibios liberales socialdemócratas, acosados además por socialcristianos con rótulo de centro y garras derechistas?

Una respuesta generalizada es que el programa de Cambiemos ha fracasado. Que se ha instalado la volatilidad de la moneda y la inestabilidad puede tomar la forma de una espiral hacia la ingobernabilidad.

En función de estas inconsistentes certezas sectores patronales han llegado al extremo inédito de exigir públicamente que Macri no sea candidato para las presidenciales próximas y que en su luga ponga a la gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, devota discípula del papa Francisco. Una campaña mediática aplastante condena a Macri casi con la misma ferocidad con que denuesta a Nicolás Maduro. El alegado fracaso de Cambiemos parece ser un desenlace avistado recién desde febrero en adelante. Ya se verá qué ocurrió antes, para dar lugar a tan sagaz descubrimiento.

Hay considerable distancia entre la verdad y estas socorridas explicaciones. Porque… ¿fracasó Cambiemos? ¿Qué debía hacer y qué hizo este gobierno del frente amplio burgués?

Su misión explícita era sanear la economía, obviamente desde la perspectiva de la continuidad capitalista. Hacerlo implicaba atacar de frente a las masas, impidiendo a la vez que una sublevación social generalizada rompiera el frágil equilibrio del sistema. Está fuera de discusión la rampante ineptitud de una mayoría de los miembros del gabinete, así como la estolidez del Presidente. No obstante, tales objetivos se han alcanzado en gran medida en estos 40 meses.

Ningún grupo económico dominante, ningún Banco, por supuesto, puede aducir pérdidas económicas. ¿Acaso los grandes capitalistas derraman lágrimas por las quiebras en masa y los cierres de pequeñas y medianas empresas, o por el aumento de la desocupación? ¿Será un fracaso la caída del salario real, el aumento del desempleo y las superganancias para los especuladores de aquí y allá? ¿Será un fracaso la suba del dólar de 15 a 45 pesos, con la consecuente licuación de deudas del Estado en pesos?

¿Qué pensamiento revolucionario es ése que basa su afirmación acerca del fracaso de un gobierno en las pullas de un sector burgués y los gritos en falsete de las burocracias sindicales?

El pequeño detalle, desde la perspectiva de la clase obrera y el socialismo científico, es que si el gobierno del frente burgués ha fracasado, las clases dominantes están a la defensiva y la clase obrera puede tomar la iniciativa, puede aprovechar relaciones de fuerza a su favor y dar un gran salto hacia delante. ¡Bravos estrategas quienes están viendo semejante paisaje en la Argentina de hoy!

No. La realidad es muy diferente. El gobierno de Macri no ha fracasado. Es verdad que sus tremendos éxitos en el saneamiento económico dieron lugar al empobrecimiento de las masas y la traslación volcánica de la plusvalía, lo cual pone en riesgo su victoria electoral en las presidenciales. Pero eso puede ser resuelto con relativa facilidad, dado que las víctimas de la victoria de Macri no tienen organización, ni programa de acción, ni estrategia propias. O puede que no, y que otro elenco con su mismo programa le haga morder el polvo en octubre o noviembre. En cualquier caso, los ataques que recibe Macri provienen de otras causas.

Mixturado con socialdemócratas y desarrollistas, además de liberales puros refunfuñantes pero de notoria plasticidad, apoyado en la venta por internet de espejitos de colores a las masas para consumar el saqueo, el de Cambiemos ha sido un gobierno extremadamente condicionado por presiones sectoriales de todo tipo, en primer lugar porque la carnada mayor en la excursión de pesca fue modernizar el país, acabar con la ineficiencia (y por extensión con una de sus causas principales, la corrupción, llegada con los Kirchner a niveles inmanejables para un sistema estable), erradicar al peronismo seguidor de la Sra. Fernández y, último pero de primera importancia, equilibrar precios relativos llevados a un desquicio sin límites.

Sometido a esas presiones múltiples y casi siempre contradictorias, en su recorrido hacia esos objetivos el gobierno del Fab dio lugar a acontecimientos resonantes, trascendentales más allá de su resultado inmediato. A comienzos de 2018 Macri envió al Congreso la ley sobre la despenalización del aborto, por las mismas razones que Néstor Kirchner y su esposa abrazaron en 2003, burda e inopinadamente, la causa de los derechos humanos.

Esa medida oportunista, obró como fulminante descarga eléctrica sobre la sociedad. No ya legisladores adocenados, en su mayoría ignorantes, acomodaticios y reaccionarios, sino grandes franjas de la población se vieron discutiendo un tema de peso singular: la interrupción voluntaria del embarazo.

Con Francisco a la vanguardia beligerante, la iglesia se lanzó contra Macri. En el camino, para poner sólo un ejemplo, el episcopado se vio obligado a admitir que el Estado deje de pagarle el salario a los miembros del egregio purpurado. Que la gran prensa lo minimice no debería implicar que el pensamiento político deje de medir el extraordinario impacto que esto tiene en el ordenamiento institucional.

Casi simultáneamente, y como por arte de magia (¿o habrá sido por la formidable laboriosidad y osadía de un periodista?), salieron a la luz misteriosos cuadernos con registro incontrastable de cobro de coimas a empresarios por parte de los gobiernos de Kirchner primero y su esposa después. La explosiva revelación no sólo golpeó a funcionarios del gobierno y en particular a Cristina Fernández. Sobre todo puso en la picota a grandes empresarios. Varios de ellos fueron detenidos y otros están desde entonces procesados, a merced del escarnio público. Dos emblemas del capitalismo local cayeron bajo el maleficio: Roggio y Roca. El primero se convirtió en colaborador arrepentido para eludir la cárcel; el otro lanzó a su segundo a los leones y huyó a México.

Sólo hay que imaginarlo: el titular de la única verdadera transnacional con asiento en Argentina, socio del Vaticano, patriarca entre los socios subordinados del imperialismo, huyendo como conejo en Pascuas frente a su propio sistema judicial.

Los mismos jueces comprometidos con la suma de tropelías cometidas desde siempre en el manejo de los tribunales respecto de los delitos económico, llenaron las cárceles VIP con nombres impensables. Muchos más están desde entonces procesados y a la espera del rumbo político que tome el país. Entre ellos figuran parientes cercanos del Presidente y hasta la empresa de su propia familia está bajo la lupa. Un fenómeno semejante no tiene parangón: grandes empresarios, altos funcionarios (entre ellos el ex vicepresidente y el todopoderoso ex ministro de Planificación), presos por un gobierno… ¡de empresarios!.

A esto cabe agregar que, sin cuadernos pero con montañas de pruebas, el gobierno de Cambiemos llevó a la cárcel –o intentó hacerlo, sin suerte en el caso más notorio- a prominentes señores feudales con membrete de dirigentes sindicales, también parte de la clase patronal, aunque con las singularidades del caso.

En suma: la búsqueda del indispensable saneamiento para que el capitalismo sobreviva, llevó por diferentes caminos y como resultante de un inmanejable juego de presiones a una confrontación interburguesa como jamás ha vivido Argentina.

Acaso involuntariamente, Macri estuvo al timón de esta tormenta impensable. Mientras tanto, para sofrenar los efectos del aspecto estrictamente económico del saneamiento, Cambiemos sostuvo e incluso incrementó las formas de contención social mediante asignaciones familiares y otros mecanismos adoptados por el capitalismo en las últimas décadas para evitar el apocalipsis social. Una herejía para el dogma liberal, existente sólo en antiguos libros que nadie lee. Paradojalmente, lo hizo con los que estaban y siguen estando al límite de la supervivencia, con lo cual el mayor peso del ajuste cayó sobre las clases medias: su propio electorado.

Quienes apostaron a la fuga de Macri en helicóptero y debieron soportar el oprobio de su arrolladora victoria electoral en 2017, cuando la Sra Fernández perdió contra nadie menos que Esteban Bullrich, en la Provincia de Buenos Aires, ahora han descubierto que Cambiemos comanda al Titanic. Para aludir al fracaso oficial, cambiaron de vehículo. Acaso no entienden la diferencia entre un helicóptero, símbolo de la derrota de un Presidente, y un transatlántico, representación del país todo, efectivamente a la deriva en medio de devastadores obstáculos. Al parecer el afán por regresar a la posesión de algún cargo oficial y eludir la cárcel nubla la vista y el entendimiento.

Quienes desechan o minimizan el papel de Macri en esta deriva de la crisis nacional, tienen razón en el sentido de que hay una fuerza invisible que ordena sus pasos, pero yerran redondamente en cuanto al significado de los hechos. Semejan a quienes pretendieron desconocer los juicios a las juntas militares, porque el presidente era Raúl Alfonsín.

Está ocurriendo una fractura muy honda en la burguesía y sus aliados de arriba (imperialistas de diferente nacionalidad) y abajo (sindicalistas venales, iglesias, instituciones deportivas, culturales, etc). En la coyuntura, la arremetida judicial contra algunos de los capitalistas mayores y la supuesta caída en las encuestas (otro instrumento repugnante de manipulación social) lleva al capital a la indecisión estratégica.

Como lo hizo después del Cordobazo, cuando la burguesía vio el rostro de la Revolución frente a frente, un sector entonces mayoritario y hoy minoritario apela al peronismo para sortear la crisis. Medio siglo atrás era la clase obrera quien lideraba la oposición social. Por eso los llamados “gorilas” abrieron las puertas a Perón para que –Triple A mediante- frenara ese ímpetu desde las bases, que implicaba un choque frontal con el capitalismo. Hoy, frente a quienes propugnan perseverar con Macri, hay quienes creen que es imprescindible abrir alguna válvula de escape y que para eso bastaría con… Lavagna. Tal la confusión, desorganización e indefensión políticas de trabajadores, estudiantes y pueblo en general. Aunque no está dicho que Lavagna llegue a ser candidato (aparte otras razones, las decisivas, hasta fines de abril no lo favorecen las mediciones), no está desencaminada la interpretación que le atribuya la posibilidad de encarnar “la tercera vía”.

Una suma considerable de siglas alusivas a agrupamientos denominados progresistas se ha sumado a la eventual candidatura del ex ministro de economía de Eduardo Duhalde. Algo semejante ocurre para apoyar un retorno de la ex presidente Fernández. Según ignotos encuestadores, tan corruptos como los empresarios hoy encarcelados, Macri sería el tercero frente a estos dos contrincantes.

Mientras tanto, si la tilinguería dominante en los medios de incomunicación ha reemplazado la división de la sociedad en clases por “la grieta”, el vaciamiento del pensamiento socialista científico ha cambiado la tarea de concientización y organización de las masas por la obtención de una banca legislativa, siquiera sea de Concejal.

Es comprensible que en este cuadro político las mayorías estén abrumadas y confundidas y la intención de voto cambie como veleta en torbellino. Esa indecisión se traslada a las clases dominantes, razón por la cual aún no han optado. Obligadamente lo harán en los próximos 45 días, puesto que deben definirse candidaturas y fórmulas para las Paso (Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias, engendro mediante el cual el país vive diez meses en campaña electoral y vota innumerables veces).

 

Papel de los intelectuales orgánicos del capital

Ínterin, la suma de cualidades de analistas, comentaristas y periodistas de los grandes medio los ha llevado al pánico.

Como ocurre con ciertas mentes enfermizas, crean una fantasmagoría en sus propios cerebros, la proyectan a su entorno, son presa del pánico que propagan y luego tuercen desesperadamente para alejarse del peligro imaginado. Así, obligados por sus mandantes a corroer a Macri, ahora gimen ante lo que creen un segura victoria de Fernández.

El mecanismo es retorcido pero simple: primero asumen que a la primera magistratura se llega por la opinión consciente de las mayorías; luego, con base en ridículas encuestas pagas arriban a la conclusión de que esa opinión mayoritaria ya escogió a Fernández; enseguida, ya en la frontera del delirio, se convencen y difunden que Fernández presidiría un gobierno de cambios radicales y transformaciones estructurales con sentido anticapitalista (no importa que la propia interesada ponga como modelo a Portugal, así como en 2007 señaló a Alemania). Finalmente, cocinados en su propia salsa, salen desesperados a pedir que Macri ceda su lugar, o que Lavagna los salve de la pesadilla.

No se debería minimizar el hecho de que están en la cárcel muchos de quienes robaron sumas fabulosas (Fernández está amparada en fueros, como su hijo y a diferencia de su hija, parapetada en Cuba por el momento), pero sólo una ínfima parte de esos dineros ha sido recuperada. Dicho de otro modo: hay montañas de recursos para acicatear la opinión de encuestadores, periodistas, comentaristas, analistas y políticos a la caza de un cargo o, al menos, buena pitanza.

Además de Clarín, también La Nación contribuyó con ese clima que llegó al límite de la histeria: “Fernández gana y Argentina vuelve a enfilarse hacia Venezuela”; la sagrada “libertad de prensa está en peligro”.

Hay más falacias que palabras en esa afirmación. Los historiadores del futuro podrán hacerse un festín con estas elucubraciones a mitad de camino entre la ignorancia, la enajenación y la corrupción. Pero no importa, hoy lo difunden los grandes medios. Y convence a buena parte de la ciudadanía interesada en la política (una ínfima proporción de la sociedad), más los operadores financieros, que al socaire aprovechan para hacer grandes fortunas con obscenas especulaciones día a día.

La lucha interburguesa a punto de salirse de control y la estridente debilidad de Cambiemos y su presidente alientan este absurdo político que no se corresponde con la coyuntura económica del país y, mucho menos, con las relaciones de fuerzas sociales y políticas.

Un sector del capital y los políticos y sindicalistas a su servicio, con el cuco del caos pretenden llevar el generalizado descontento a votar por un Perón calvo y con sandalias de pescador; tan anciano como aquél, pero con apenas el espectro de los sindicatos, partidos, iglesia y respaldo social que apoyaron al original.

Imposible predecir si al límite el gran capital recompondrá el Fab y mantendrá su apoyo a Macri u optará por Lavagna. Depende en mucho del devenir económico de los próximos tres meses. Es altamente probable que quienes ven a un Macri en agonía inmediata se lleven una sorpresa. Para estar al día, observe si acaso Clarín y La Nación comienzan a cambiar el tono.

Como sea, la crisis estructural del país muestra que ni siquiera dominando sin disputa el escenario político el capital logra sostener, por medios democrático-burgueses, la hegemonía sobre la propia clase dominante. Por eso, si Macri revierte el cuadro negativo en el que lo han encerrado los suyos propios, obligadamente acelerará la dinámica hacia un bonapartismo colindante con el fascismo.

Aunque los cerebros del Fab no le dan apoyo y por tanto descartan la perspectiva de una victoria de Fernández, si yerran Argentina ingresaría a una fase diferente, superior, de la lucha interburguesa. Nuevas mafias, con rasgos desconocidos hasta ahora, más carteles narcotraficantes, enseñoreados en el país en los últimos años, estarían formalmente en la disputa. Esto implicaría ingobernabilidad y descontrol económico. Lavagna ofrecería un desenlace semejante, aunque en ritmos diferentes y con otros modales. En los tres casos el país vería formas crecientes de violencia como forma regular del accionar político.

Estas son las perspectivas que la burguesía, en cualquiera de sus fracciones, ofrece al país. Será necesario un arduo esfuerzo para comprender, asumir y educar a millones sobre este horizonte en el abismo. Quiérase o no, el futuro reclama un drástico cambio del panorama político actual, con la irrupción de una fuerza de masas basada en un programa anticapitalista, con metodología democrática y vocación de transformación raigal. No hay racionalidad alguna en aceptar el rumbo que le ofrece el capitalismo a nuestro país.

@BilbaoL

28 de abril de 2019