Entrevista radial: “En Venezuela no hubo un golpe de Estado”

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Luis, queríamos que nos contaras un poco cuál es la situación que se está viviendo en Venezuela, lo que estuvo pasando estos últimos meses en relación a los ataques al gobierno de Maduro y a la Revolución Bolivariana en general.

Es un panorama difícil pero yo no sería pesimista en cuánto al curso de los acontecimientos. Me hiciste muchas preguntas a la vez pero voy a tratar de responderlas. Lo que ocurrió hoy (por el martes) en Venezuela es simplemente una manifestación de la realidad estructural y permanente desde hace muchos años ya, en Venezuela. Una manifestación de la oposición muy dispersa, muy dividida y muy minoritaria, débil, también muy violenta. Y al mismo tiempo una movilización muy grande del conjunto de la población venezolana que responde a la perspectiva de la continuidad de la Revolución Bolivariana. El gobierno tuvo el buen tino de impedir que esas dos manifestaciones que debían converger supuestamente ante la Asamblea Nacional no pudieran llegar. Porque si hubieran llegado en este momento estaríamos hablando de mucha violencia y probablemente de muchos muertos. Eso se evitó y es una victoria más de la perspectiva implementada por el gobierno de Nicolás Maduro.

¿Por qué llegamos a esta situación? 

Es tan grande la distorsión de los medios comerciales que puede parecer muy pesado, muy farragoso, lo que yo tenga que explicar antes de responder tu pregunta. Es fundamental esta explicación previa porque la idea es saltar este cerco mediático que nos imponen. Te agradezco entonces que me des la oportunidad. No es habitual que la tengamos. Bien, el tema es el siguiente, hubo una avanzada contra Venezuela a comienzos de la semana pasada que tuvo sus expresiones más claras en los intentos de declarar a Venezuela fuera del marco democrático de la OEA, o sea aplicarle la carta democrática de la OEA. Y esto se planteó el lunes y el martes y tuvo dos rotundas pero muy rotundas, y por supuesto no explicitadas por la prensa, derrotas de EEUU, porque todo lo articulaba Estados Unidos a través del Secretario General de la OEA, llamado Almagro, a quién yo prefiero llamar como algunos de ustedes saben “el malinche uruguayo”, que es un perfecto traidor, a su historia, a su clase, a su pueblo, en función de subordinarse de manera vil al patrón imperialista como lo hizo muchos años atrás malinche. Entonces tuvieron una derrota espantosa y sin embargo tuvieron la capacidad de dar vuelta en pocas horas, menos de 24 horas, dieron vuelta la situación y proclamaron que algo que venía desarrollándose en Venezuela desde hacía varios meses que es el conflicto de poderes entre la Asamblea Nacional y el Supremo Tribunal de Justicia, lo convirtieron –a ese conflicto- en un golpe de Estado. Pero todo lo que había hecho el Supremo Tribunal de Justicia, menos algunos detalles finales, estaban ya hechos las semanas anteriores y no habían sido calificados de ninguna manera como un golpe de Estado, entre otras cosas porque no lo era.

¿Y qué pasó en la OEA?

Pero cuando tuvieron esta tremenda derrota en la OEA, Estados Unidos, Almagro y los 15 países que intentaron aplicar la Carta democrática, entre los cuales estaba por supuesto y para la vergüenza de todos nosotros, Argentina (el gobierno Argentino), cuando tuvieron esa derrota dieron vuelta la situación y en cuestión de horas la prensa de todo el mundo apareció hablando de un golpe de Estado en Venezuela. Seguramente ustedes son muy jóvenes y no lo recuerdan, no lo vivieron pero hace 14 o 15 años, hubo un golpe de Estado en Venezuela.

Sí, lo recordamos. 

El 11 de abril de 2002 hubo un golpe de Estado en Venezuela y si ustedes abrían el 12 a la mañana los diarios de todo el hemisferio no hubieran encontrado ningún titular hablando de un golpe de Estado en Venezuela. Mientras tanto Chávez había sido secuestrado, se había derogado la Constitución, se había cerrado el Parlamento, se había aprisionado a miles y miles de personas, en fin, un golpe de Estado brutal, (nosotros podríamos compararlo a lo que fue el golpe de Estado de 1976 en la Argentina) y ningún diario del hemisferio tituló con ‘golpe de Estado en Venezuela’. Incluso diarios que se suponían progresistas publicaban artículos de un socialdemócrata prominente en Argentina, el Señor Terragno, que explicaba por qué Chávez no podría seguir y debía ser reemplazado. El artículo fue escrito el día 12 pero fue publicado el día 13, y el día 13 ya todo se había dato vuelta. Chávez empezaba a ser restituido en su poder, las masas habían salido a la calle y entonces los diarios empezaron a descubrir que algo raro había pasado en Venezuela. Hace 15 años de esto. Nadie habló de golpe de Estado cuando había un brutal golpe de Estado militar y civil contra el presidente Chávez. Hace 5 días que no hubo absolutamente en ningún sentido un golpe de Estado, pero toda la prensa del hemisferio habló de un golpe de Estado.

Sí, ahí podemos ver cómo se manipula la información de acuerdo a los intereses de los medios de comunicación, que pareciera que en relación a Venezuela tienen muchos intereses.

Claro, pero en otras épocas los intereses eran defendidos con ideas y eran defendidos con un mínimo de respeto por la razón, la verdad y la hidalguía de una persona que defiende una idea. Pero hoy, el nivel de letanía que los medios y obviamente para desgracia de ellos que son mis compañeros en última instancia, de los periodistas que aceptan hacer este tipo de cosas, es algo que no tiene precedentes. No tiene precedentes porque han pasado hace 5 días en el hemisferio completo y en buena parte del mundo (con epicentro en España), con denunciar un golpe de Estado que jamás existió. Y mucho menos se puede defender semejante idea cuando es el propio presidente el que llama a un Consejo de Seguridad en esta situación. El Consejo de Seguridad se reúne, le recomienda por una interpretación táctica al Supremo Tribunal de Justicia que no aplique a fondo la última decisión que consistía en impedirle, no ya en impedirle,( porque se lo había impedido hace tiempo a la Asamblea Nacional que aplicara sus decisiones) sino en algunas decisiones imperativas, urgentes aplicarlas el propio Supremo Tribunal de Justicia, le pide el Consejo de Seguridad que retire esto último, el Supremo Tribunal de Justicia admite esto, y vuelve todo a foja cero y el país sigue absolutamente normal , como puede ver cualquiera que haya querido sencillamente mirar la realidad y obviamente quedó desbaratada por completo la idea de un golpe de Estado. Y por el contrario, quedó ratificada la idea de que esos 5 poderes (a diferencia de los 3 tradicionales de la democracia burguesa), esos 5 poderes institucionales que hay en Venezuela obviamente tienen compromiso político con uno u otro lado pero se mantienen y manejan en función de la Constitución.

¿Son sólo los medios los que manipulan la información?

El domingo, después de que todo esto había ocurrido, en las misas de todo el país (Venezuela es un país muy católico, no es que todo el mundo vaya a misa ni mucho menos pero es un país muy católico), los sacerdotes de la inmensa mayoría de las iglesias leyeron un comunicado que además fue impreso y distribuido masivamente como un volante de una organización militante, que decía nada más y nada menos que era necesaria la desobediencia civil. O sea, estaba llamando a la insurrección contra el Gobierno. Eso fue el domingo. Y en función de esto, hoy (por el martes) se hizo una marcha de la oposición y por supuesto el Gobierno había llamado a una movilización de las fuerzas revolucionarias y el resultado es el que les dije al comienzo de esta charla. Entonces esta es la realidad de lo que ha pasado pero nos muestra muy claramente, en primer lugar, la capacidad de reacción que tiene el Gobierno de Estados Unidos, la capacidad de presión que tiene sobre gobiernos débiles, títeres del resto del continente y la decisión terminante, definitiva, irrevocable, de impedir la marcha de la Revolución Bolivariana. Es decir, de impedir la marcha de la democracia. Ustedes piensen simplemente en esto: una de las exigencias que pretendían imponer el lunes y martes de la semana pasada y que intentaron poder hacer ayer en el Consejo Directivo de la OEA, era que hubiera elecciones inmediatas en Venezuela. Elecciones presidenciales, que por la Constitución deben ocurrir a fines de 2018 y se pretendía justamente que se adelantaran las elecciones presidenciales, es decir, que renunciara Nicolás Maduro. Nada menos que esto es lo que está en juego. No tienen el más mínimo pudor, y esto se vio ayer en la OEA.

¿Podés detallar con precisión lo que pasó en la OEA?

Por si alguien no lo sabe déjenme explicar esto también: ayer a la mañana (por el lunes) asumió la presidencia temporaria de la OEA, Bolivia. Bolivia naturalmente se opuso al intento de 11 países, entre los cuales de nuevo estaba Argentina, para tratar la exigencia ésta a Venezuela. El centro de eso era la realización inmediata de las elecciones. Y como el presidente boliviano de la Asamblea se negó a hacer esa reunión que además era inconsulta, no estaba preparada, no estaba citada, no tenía ningún tipo de fundamento institucional lógico, qué hicieron: cambiaron al presidente, que había asumido a la mañana; a la tarde volvieron a hacer una reunión y 17 de los 34 países designaron como presidente al representante de Honduras, hicieron la reunión y sacaron la resolución. La votaron la mitad de los 17 que estaban presentes. Entre ellos, siempre, el Gobierno de Argentina. Pero fíjense han violado completamente la institucionalidad de ese engendro maléfico y malévolo que es la OEA y violando su propia institucionalidad cambiaron al presidente en menos de seis horas para poder aplicar esta línea que por lo demás no les sirvió absolutamente de nada. Entonces este es el cuadro en el que la OEA muestra una vez más para quienes no lo supieran, no conozcan la historia, no la hayan vivido por ser jóvenes o no lo hayan estudiado porque no es lo que habitualmente se estudia, pero el historial de la OEA es absolutamente nefasto, desde antes de que en 1962, Ernesto Guevara la enunciara como ‘Ministerio de Indias’ en una Asamblea General de la OEA en Montevideo.

Sí, tiene su historial la OEA.

Sí, tiene su historia, una historia nefasta, yo creo que a esta altura, si los gobiernos componentes del ALBA consideran que tienen la relación de fuerza suficiente deberían directamente retirarse de la OEA. Hay que acabar con ese organismo que ha sido ‘el Consejo de Indias’ en la época imperial de los españoles.

 

 

Sacudones políticos en Argentina

Detenido el ex jefe del Ejército con gravísimos cargos por violaciones a los derechos humanos, el cuadro político se completa con una sucesión de reveses de todo orden para el oficialismo.

 

¿Hay una crisis política del gobierno Macri? Sí. ¿Desembocará esta coyuntura en un colapso? Altamente improbable a corto y mediano plazos.
La Confederación General del Trabajo (CGT) programa una movilización para el 7 de marzo. Por azar –sí, por un azar que disgusta tanto a la cúpula sindical como al gobierno– ese mismo día la ex presidente Cristina Fernández acudirá a los Tribunales imputada por numerosas causas de enriquecimiento ilícito que la ubican en difícil situación. La protesta sindical será acompañada no sólo por otros agrupamientos menores sino también, muy significativamente, por cámaras empresariales espantadas por una deriva económica que tras la abrupta caída de 2016 (4,9% en la industria), pese a signos de tímida reactivación, se prolonga en derrumbe del consumo (10% en lo que va del año), la producción en varias áreas y el empleo (sin datos firmes todavía).
Esto en momentos en que Argentina discute las llamadas “convenciones paritarias”, donde sindicatos y empresas pugnan por definir el nivel salarial con la asistencia del Estado. La CGT lleva a cabo una ronda de negociaciones con todos los partidos e instituciones principales: de lleno en función política, en ausencia del Partido Justicialista como eje para la acción.
En tanto, con tropiezos, en zigzag, insuficiente respecto de lo buscado, el plan de saneamiento capitalista avanza de la mano de Mauricio Macri y con el acompañamiento de todas las fracciones políticas que, en una fragmentación sin precedentes, disputan la representación de la burguesía. También integran ese bloque no explícito las cúpulas sindicales, más allá de gestos de protesta. Se anuncia incluso una huelga general antes de fines de marzo, que en caso de realizarse bajo la dirección de las actuales cúpulas sindicales no torcería un milímetro el curso esencial de los acontecimientos.
Todo el poder establecido está igualmente empeñado en que el sistema se estabilice y avente las amenazas de un nuevo colapso, que en caso de ocurrir –y esa posibilidad no puede descartarse– sería incomparablemente más grave que el de 2001. Por eso la iglesia, también con declaraciones que enmascaran su compromiso, se suma al conjunto empeñado en que el sistema no sufra una herida irreparable. Todos saben que una hipotética explosión social y el consecuente desplazamiento de Macri, sería la detonación de una situación prerrevolucionaria para la cual el sistema no tiene anticuerpos. Por eso, pese a todo, la ruptura del bloque interburgués y la eclosión de una inmanejable crisis política no es, al momento, lo más probable.

 

Secuestrador en prisión
No es verdad que el gobierno de Cambiemos sea incapaz de aprender. La detención del jefe del Ejército designado por Cristina Fernández, César Milani, si bien resulta del incansable esfuerzo de familiares y organizaciones de derechos humanos no cooptadas por el Estado, es fruto también del intento de tapar la realidad satisfaciendo un reclamo muy profundo de la sociedad argentina: juicio y castigo a los culpables por la represión, tortura, secuestro y asesinato de miles de personas en los años 1970.
Como sea, Milani está preso. Además de hechos represivos aberrantes, afronta también acusaciones por fulminante enriquecimiento ilícito. Quienes lo arroparon durante los últimos años por orden del gobierno anterior, se hallan en difícil situación. Tanto que a cinco días de su detención, sólo un par de kamikazes salió al ruedo. Uno (su socio actual en una cadena de comida chatarra y ex secretario de Comercio) para decir que es inocente. Otro (un diputado del Frente para la Victoria) para asegurar que esto es posible por la política de Cristina Fernández. No parece haber límites para la impudicia en la Argentina de hoy.

 

Transparencia
En la raíz de todo, sin embargo, está la realidad económica. Afortunadamente, ahora es transparente cuando un Presidente actúa a favor de un grupo económico (el caso del Correo es un escándalo a la vista de todos); es transparente que se gobierna para los ricos (¿cuándo no fue así, desde la Organización Nacional hasta la fecha?); que lavadores de dinero y tránsfugas de la peor calaña están en lugares clave del Estado, como por ejemplo el servicio de espionaje, la Oficina Anticorrupción, el propio Congreso y la Justicia.
Será igualmente diáfano en plazos no lejanos que recesión y desocupación no resultan de la maldad de un Presidente, por más hijo de papá que sea (ver pág. 20). La crisis es un dato objetivo, fruto de la lógica inexorable de un sistema ya incapaz de dar lo elemental a los seres humanos. Aquí, o en cualquier parte del mundo, como lo prueba con estridencia la conducta de Donald Trump.

Buenos Aires, 20 de febrero

América Latina a cargo de su destino

Nueva e inesperada pugna estratégica se ha desatado en América Latina. Es el resultado del advenimiento de Donald Trump a la Casa Blanca. Dada la degradación política que desarticula por estos días a Brasil, más la desestabilización difícilmente reparable a mediano plazo del gobierno mexicano, el nuevo cuadro pone frente a frente a Caracas y Buenos Aires.
Esto es así porque Trump y el colapsado esquema de poder estadounidense, al romper con los planes estratégicos del Departamento de Estado, en la práctica separan de modo tajante al continente a la altura del Río Bravo y obligan/permiten a América Latina hacerse cargo de su propio destino.
Bajo control de los centros de poder tradicionales en Estados Unidos la línea de acción del Departamento de Estado consistía, hasta el inopinado triunfo de Trump, en tender un eje entre Washington y Buenos Aires para ahogar a los países del Alba y aplastar la Revolución Bolivariana de Venezuela. El nuevo Presidente no reemplazó aquel plan. Si acaso tiene uno alternativo, hasta ahora no lo ha mostrado. Se limitó a dinamitarlo.
Esa conducta expresa la probada torpeza del excéntrico ocupante de la Casa Blanca. Pero resulta de una realidad que lo antecede y largamente lo excede: la decadencia estadounidense, la ruptura de su hegemonía global y sobre todo su irreversible pérdida de peso en el hemisferio, que por una ironía de la historia tomó un perfil tan grotesco como el peinado de Trump.
Tras las groseras balandronadas de Trump –en primer plano su ataque a México y el intento de convertir a Venezuela en un nuevo Irak– se percibe la incapacidad objetiva para el imperialismo de mantener el control estratégico sobre la región, con su inexorable corolario: la fuerza militar como único recurso para imponerse.
A eso apunta la provocación contra el gobierno de la Revolución Bolivariana, con la insostenible denuncia por narcotráfico contra el vicepresidente Tareck El Aissami. El riesgo de escalada existe. El 15 de febrero Trump llamó por teléfono a Macri. En una charla de cinco minutos el centro de interés lo ocupó Venezuela. Luego, en el informe sobre la conversación, la Casa Blanca subrayó “el liderazgo que el presidente Macri juega en la región”. ¿Un retorno al intento de eje Washington-Buenos Aires? Improbable, aunque habrá más datos objetivos cuando se concrete la invitación de Trump para que el presidente argentino lo visite en mayo. En todo caso, hay hechos suficientes para afirmar que éste ya está involucrado en un nuevo juego y difícilmente acate linealmente la conducta exigida por Trump, de abierto tono belicista contra Venezuela. Macri aspira sin ocultamientos a ese “liderazgo regional” retóricamente concedido por el showman estadounidense. La primera condición para semejante propósito es evitar hechos de violencia mayor que desencadenarían un pandemónium en toda la región y harían volar por los aires, en primer lugar, a su propio gobierno.
En principio esto aleja la perspectiva de una agresión militar directa contra la Revolución Bolivariana, aunque ya está visto que a la irracionalidad capitalista que dicta la política estadounidense se suman ahora las pulsiones de un Presidente, cuyas facultades mentales han sido puestas en cuestión en un documento firmado por 35 de los más renombrados psiquiatras de Estados Unidos y publicado en el New York Times.
Continuidad y desconexión
Hay en este replanteo regional una elocuente línea de continuidad con la tendencia de convergencia dominante en la región desde comienzos de siglo. Ahora desconectada de Estados Unidos por razones formalmente diferentes pero en el fondo idénticas: la lucha interburguesa resultante de la crisis capitalista mundial.
En cualquier hipótesis, en la coyuntura se ha roto el alineamiento automático de una mayoría de países latinoamericanos con Washington y los desafíos del futuro han desatado una batalla, sin precedentes, en dos planos principales: uno entre los países de mayor envergadura con gobiernos conservadores de derecha en la puja por el lugar que ocuparán en el nuevo cuadro; el otro, entre estos y el Alba. Con este trasfondo se inicia el choque estratégico entre los gobiernos de Argentina y Venezuela.
Esa confrontación se muestra en la superficie personificada en Nicolás Maduro y Mauricio Macri. Tras la apariencia, yace la batalla histórica por un camino hacia el futuro, por una opción estratégica no ya para Venezuela y Argentina, sino para toda la región, en un mundo atenazado por el mismo dilema, aunque en situaciones diferentes: avanzar hacia el socialismo o buscar respuesta en la reconstitución del hoy insostenible orden capitalista.
Son justamente las características propias de América Latina, indisolublemente ligada en todos los órdenes al norte del continente, las que plantean de manera más neta, más simple y a la vez más espinosa esa alternativa inconciliable. Tal nitidez no hace más sencilla la tarea de Maduro y Macri. Todo lo contrario.
La Revolución Bolivariana debe avanzar en la transición al socialismo desde una economía subdesarrollada, acosada por enemigos internos y externos y con un aparato productivo cuya sujeción estructural al poder capitalista aún no ha transpuesto el punto de no retorno. Es una hazaña política haber llegado al cuarto aniversario de la muerte de Hugo Chávez sin que la ininterrumpida conspiración contrarrevolucionaria haya podido conmover –mucho menos derrocar, como proclamaron desde el primer momento- al gobierno de Nicolás Maduro.
Esto fue así por tres factores principales: la sostenida unidad cívico-militar, la existencia del Partido Socialista Unido de Venezuela y la sabia conducta de la dirigencia principal para evitar fracturas y buscar sin pausa la movilización popular.
No obstante, la cuesta a remontar es más que ardua, porque el momento internacional, con todos los cambios producidos desde la primacía contrarrevolucionaria de 1991 hasta comienzos de este siglo, no ha dado un salto cualitativo que permita a las autoridades venezolanas marchar acompasadas con una fuerza intelectual, política y organizativa de alcance mundial. Todavía y pese a las transformaciones positivas, lo contrario es verdad.
En cuanto a Macri, llegó al poder por un voto de rechazo al gobierno anterior, pero no por consustanciación de las mayorías con su figura, sus propuestas, sus candidatos o sus aliados. La fuerza del gobierno de la incoherente coalición Cambiemos y su presidente reside en la ausencia de alternativa con raíces en la clase trabajadora y las fuerzas revolucionarias, cuya rica tradición está hoy contrarrestada por la división, la confusión y, en no pocos casos, la sumisión a variantes burguesas supuestamente progresistas. El resultado electoral y su primer año de gobierno –exitoso para los intereses del capital- traduce en realidad la gravísima situación de una sociedad desagregada, con grandes franjas de marginalización, sin pautas de conducta colectiva, con la mitad de la población en la pobreza y la indigencia.
Esa realidad social resulta de una economía sistemáticamente saqueada por el gran capital local y extranjero durante los últimos 60 años, al punto de que todos los índices económicos y sociales son hoy peores que los vigentes al fin de la dictadura, en 1983, o tras el colapso general de 2001.
Acompañado por un frente único del conjunto de la gran burguesía, las cúpulas sindicales y la iglesia, Macri tiene el mandato de restaurar el capitalismo y recomponer el sistema de poder burgués.
Quienes creen que esto es históricamente posible, debaten sobre tal o cual política oficial para llegar más eficazmente al objetivo. Viejas y nuevas corrientes reformistas reclaman mejoras económicas y se desgarran en denuncias de carácter personal contra el Presidente, sin cuestionar el sistema mismo. Así, Macri tiene un amplio espacio de acción.
Quienes creemos que el capitalismo no tiene fuerzas intrínsecas -en Argentina y en el mundo- para superar la crisis que lo demuele y aplasta a millones de seres humanos, sea por la violencia, la pobreza o la enajenación, tenemos la certeza del que el gobierno argentino no puede en ningún caso ser exitoso en el largo plazo y está negada de manera absoluta la posibilidad de una Argentina capitalista en desarrollo, paz y justicia. La impotencia estructural de la burguesía local no puede ser neutralizada por la debilidad coyuntural de la clase obrera. Aquí, como en todo el mundo desarrollado, a término la alternativa es socialismo o barbarie. Una barbarie ya visible en muchos aspectos –con el narcotráfico con mayor protagonismo cada día- apuntada inexorablemente hacia una perspectiva fascista que será, en última instancia, la que chocará de frente con la revolución latinoamericana.
Maduro y el gobierno revolucionario de Venezuela tienen un basamento exactamente inverso al que sostiene a Macri. A la cohesión social, la estrategia definida y la organización consciente de las masas en el país caribe, se contrapone en el Sur la desagregación, la ausencia de cualquier objetivo que no sea sostener el sistema a costa de lo que costare, la ausencia de conciencia y la inexistencia de organizaciones sólidas y enraizadas de cualquier origen social.
La otra cara de la medalla muestra a Argentina aliada a Brasil, México y Colombia para sostenerse entre sí y enfrentar a Venezuela y el Alba. Con los centros imperiales como respaldo de última instancia y más allá de cualquier contradicción.
En ese entramado se dirimirá el destino de América Latina. La Revolución Bolivariana tiene potencialmente la posibilidad de convocar a los pueblos de la región y en una acción conjunta paralizar los centros nerviosos del capital en el hemisferio. Esa certeza no debería soslayar la necesidad, urgente, de acudir sin fisuras a formar filas en esta confrontación trascendental.

Es una obligación ética tomar posición frente a la clausura en Venezuela de CNN en castellano

El director de América XXI respalda el derecho del gobierno revolucionario a defenderse también en esta fase de la guerra.

Ver el video en http://bit.ly/2meTV2h

El texto de la intervención es el siguiente:

Es una obligación ética tomar posición frente a la clausura en Venezuela de la señal de CNN en castellano.

Defiendo la libertad de expresión. Y entiendo el periodismo como un trabajo comprometido en la defensa de ideas.

Lo sepa o no, ningún periodista es ajeno a la lucha de clases. Cuando en el fragor de esa lucha un medio de prensa defiende ideas, debe garantizársele el espacio para su labor. Y combatirlo en ese terreno. Cuando en función de su ubicación en la confrontación de clases apela a campañas sucias, calumniosas y destinadas a contrarrestar un proceso de revolución social, le caben las leyes del combate y debe ser silenciado.

Lo hecho por CNN en castellano durante las últimas semanas respecto de Venezuela no es periodismo ni defensa de ideas. Es una operación de guerra, contra un país al que Estados Unidos pretende invadir. Nada más legítimo que defenderse de una agresión imperial.

Las quejas de CNN sólo merecen desprecio. En años de clandestinidad jamás condené la represión capitalista porque se me impidiera la libertad de prensa. Cuando se lucha por una revolución, o como en este caso por una contrarrevolución, apelar a tal subterfugio es un acto de hipocresía y cobardía. Como diría Atahualpa Yupanqui, «de esos no soy».

De manera que en consecuencia con toda una vida de trabajo periodístico, en las más diversas circunstancias, respaldo el derecho del gobierno revolucionario de Venezuela a defenderse también en esta fase de la guerra y cortar la señal de CNN. Que los fariseos giman y sigan mintiendo. Los revolucionarios socialistas sabemos adónde vamos. Y cómo hacerlo.

 

El Alba frente al nuevo cuadro geopolítico

Son los fracasos de Washington, no sus ceñidas victorias del último período en América Latina, los que definen la nueva situación mundial y regional.

En primer lugar pesa la imposibilidad de remontar la economía del corazón del capitalismo mundial: la caída de 2008 fue frenada, pero de ningún modo revertida. Allí reside el descontento de masas que dio lugar al triunfo de un personaje como Donald Trump, malestar que se acrecentará durante su gobierno. Esto viene a la par de la disolución de la hegemonía global estadounidense y el inicio del desgranamiento de la Unión Europea. El ascenso de China y el audaz reposicionamiento de Rusia acabaron con el mundo fugaz tras la caída de la Unión Soviética y el ensueño de un capitalismo senil pretendidamente rejuvenecido e invencible. En tercer lugar –acaso el primero visto desde otra perspectiva- cabe señalar que la victoria de Trump es la derrota del sistema político estadounidense. La primera en más de dos siglos y a partir de la cual queda planteada la creación de un partido de masas anticapitalista en el centro del sistema mundial. Por último está el hecho resonante del cual no quieren hacerse cargo los analistas del capital: Washington no pudo derrocar al presidente Nicolás Maduro y aplastar la Revolución Bolivariana. Los gobiernos del Alba están firmes y en condiciones de presentar batalla a lo que viene, en un mundo pluripolar donde hay muchos intereses empeñados en dejar exangüe a Estados Unidos.

 

Augurios y realidades

Inicia febrero de 2017 y muy lejos de abandonar su cargo, Maduro recompone las bases políticas de la Revolución (ver pág. 14), avanza significativamente en la reconstitución de una economía devastada (por la caída en el precio del petróleo, la guerra económica y, último pero no menos importante, por errores y omisiones del equipo gobernante) y rearma su gobierno. La oposición burguesa está vencida y diezmada. Por eso la derecha aniquila la Asamblea Nacional, rompe con el marco institucional y finca su última esperanza en una guerra tercerizada, mercenaria, financiada y dirigida por la Casa Blanca.

Pero esta opción tiene espacio sólo si la Revolución Bolivariana no resuelve los problemas de producción y distribución que la sangraron en los últimos años. Hacerlo significa, sin retórica, más revolución, más socialismo. Y eso afirman como objetivo inmediato el Presidente, sus ministros, la Fuerza Armada y el Partido Socialista Unido de Venezuela.

Esta edición expone al detalle el fracaso del imperialismo en Medio Oriente y resume la impotencia que define su posición en otras latitudes. Resta decir que si bien el centro de las tensiones lo ocupa el riesgo de guerra a gran escala entre Estados Unidos, China y Rusia, lo más probable es que ese desenlace que bien podría significar el fin de la humanidad, en realidad tendrá escenarios previos donde se dirimirán relaciones de fuerza que permitirán o no la derrota del gigante guerrerista antes de que algún sucesor de Trump desencadene la catástrofe nuclear.

 

Brasil, Argentina

A la vez que se reafirmó el bloque del Alba, lo contrario ocurrió con los aliados de Washington en el Sur, ahora desperdigados y sin mando. El golpe de Estado en Brasil estuvo lejos de resolver el problema estratégico mayor para Estados Unidos: no cuenta allí, ni podrá contar a mediano plazo, con un punto de apoyo sólido para tender un eje contrarrevolucionario continental.

En la planificación previa del Departamento de Estado estaba Argentina como reemplazo del gigante suramericano. Está por verse si Trump y el Pentágono que lo catapultó mantendrán esa estrategia. En cualquier caso, pesarán por un período de duración incierta dos factores principales: el gobierno de Mauricio Macri también se ha afirmado, pero hay bajo sus pies una bomba de tiempo económica. Ésta sólo puede explotar socialmente: su gobierno cuenta con un frente único del gran capital, las dirigencias sindicales y la iglesia. Frente a ese bloque no existe una fuerza de masas para frenar al actual gobierno o a un eventual reemplazo de emergencia. Además, ante la retirada estadounidense, otros grandes centros del capitalismo buscan ocupar su lugar en Argentina.

En suma: Maduro se afirma en Venezuela y Macri en Argentina. Ambos tienen la economía como talón de Aquiles. Compleja transición al socialismo contra agónico intento de restauración capitalista.

Así las cosas, Trump inicia frente a una Suramérica desarticulada, con el Alba como polo antimperialista centrado en Caracas, Brasil en situación de ingobernabilidad y Argentina afirmada sobre una ciénaga, aunque sin oposición verdadera y con significativo respaldo internacional.

Este es el escenario latinoamericano de la nueva fase global. Asombra la postura de numerosas organizaciones y personalidades de la izquierda mundial frente a los gobiernos que componen el Alba y son, en América Latina, el enemigo contra el cual la Casa Blanca está montando un dispositivo múltiple de acción propagandística de masas, cerco diplomático y guerra.

Una parte de responsabilidad por la escalada de insensateces con signo izquierdista la tienen los propios gobiernos del Alba. Por diferentes razones no han promovido con suficiente vigor y eficiencia el debate y la formación teórica, columnas indispensables para la convergencia plural de fuerzas de masas que desde América Latina concurran a la gran confrontación en ciernes.

@BilbaoL

19 de enero de 2017

Murió Andrés Rivera

En un Hospital de Córdoba murió el pasado 23 el gran escritor argentino Andrés Rivera, a los 88 años.
Obrero textil, periodista, luego escritor, siempre revolucionario marxista.
En los años 70, junto con su compañera Susana Fiorito participó en el fulgurante proceso de radicalización obrera centrado en los sindicatos Sitrac y Sitram. Como a tantos otros, esa experiencia lo marcó y terminó viviendo con Susana en el barrio Bella Vista de la capital cordobesa, último bastión desde el que resistimos obreros y estudiantes la ocupación militar de la ciudad tras el Cordobazo de 1969.
De sus más de 30 libros publicados destaca La Revolución es un sueño eterno. Como en otras de sus más celebradas obras Rivera da voz en esta novela al revolucionario argentino de 1810 Juan José Castelli.
No se trata aquí de hacer una reseña literaria de su producción. Tarea pendiente. Toda la prensa habla en estos días de la escritura de Rivera, inclinándose ante un escritor sobresaliente. Pocos artículos o menciones, si acaso alguno, hace hincapié en la raíz subversiva, inequívocamente anticapitalista, de su labor como escritor.
Ahora se tratará de mistificarlo como uno más de los buenos escritores argentinos. Si no hay una oleada de jóvenes que a propósito de su muerte descubra su obra, quedará, como tantos –y especialmente como los personajes históricos que trató en sus novelas- en el Panteón de la historia burguesa.
Aunque la inmediatez pueda sugerir lo contrario, es más probable que la matriz rebelde de su prosa sea rescatada para una nueva visión de la sufriente Argentina. En estos momentos se dirime una coyuntura histórica con dos caminos a tomar: los representantes del capital completan la tarea de destrucción del país que sus manos corrompieron y hundieron en el atraso y la miseria. O los trabajadores –esos que Rivera pintó en sus novelas- los estudiantes y un torbellino de hombres y mujeres insurrectas, comienzan a edificar desde los cimientos una sociedad radicalmente opuesta a la expuesta por la degradación actual.
Más allá de la sinuosidades del acontecer inmediato, no dudo de que este segundo, es en realidad el único camino. Y para cimentarlo estará la obra de Rivera. Escritor mayor; revolucionario socialista; buen amigo. ¿Qué más se le puede pedir y dar a la vida?
“Revolucionario sin Revolución, eso soy”, le hace decir Andrés a Castelli. Él también tuvo ese sino, como tantos otros.
Pero es un sueño eterno. Y se coronará con la victoria humana. Hasta siempre, camarada.
24 de diciembre de 2016

Mercosur en Buenos Aires: la historia los observa

(Bs As, 14 de diciembre de 2016, 0.30hs) Hoy a mediodía está programada en Buenos Aires una reunión de cancilleres del Mercosur, a la que no ha sido invitada Venezuela. Pese a ese gesto incalificable, el gobierno de Nicolás Maduro envió de todos modos a su canciller.

¿Permitirán o no ingresar a la sede histórica de la diplomacia argentina a Delcy Rodríguez, titular de la política exterior de la Revolución Bolivariana?

¿Acaso incurrirán los ministros de cuatro gobiernos de la región en una afrenta ante los pueblos de América Latina tal como dejar fuera a la representante del país de Bolívar y Chávez? ¿Querrán dejar en la historia el sino ominoso de una nueva alianza guerrerista y reaccionaria, esta vez en el siglo XXI y con cuatro componentes?

Por si no lo han advertido, vale recordárselo: las mayorías de Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, no se lo perdonarán jamás. Como jamás perdonamos la Guerra de la Triple Alianza. La historia, que ahora mismo los observa, los condenará no apenas en un futuro incierto, sino desde ahora mismo.

No me referiré a los presidentes de Brasil, Paraguay y Uruguay. Sobre los dos primeros puede leerse en las primeras planas de todos los diarios: están acorralados por sus propios pueblos. Y sea cual sea el resultado inmediato de esa situación, no cabe duda alguna de que son ya cadáveres políticos y en hipótesis alguna gravitarán sobre el futuro de América Latina.

Debo dos palabras, sí, sobre el Presidente de mi país. Mauricio Macri no es, como tantos desprevenidos condenan de antemano, un “neoliberal”. Es un punto de apoyo de la Internacional Parda, malogrado intento encabezado por José Aznar y Álvaro Uribe, que giró en redondo al ser elegido Presidente, acaso para mejor llegar a su objetivo. Su canciller, Susana Malcorra, es miembro de la Unión Cívica Radical y, por lo tanto, portavoz de la socialdemocracia internacional.

Empujado uno por aquella entelequia fascista sin destino y la otra por una poderosa estructura internacional en vertiginosa degradación, tomaron ambos como eje de acción política exterior la calumnia y la conspiración contra la Revolución Bolivariana de Venezuela.

No cabe pedirles acuerdo con una revolución antimperialista y anticapitalista. Pero si corresponde a un ciudadano argentino exigirles respeto por la historia, lealtad elemental a nuestras luchas seculares.

Ambos se declaran demócratas: ¿no atenderán una voz que, con certeza, en este punto coincide con millones para demandar que se trate con el respeto y la cortesía merecidos a la representante de este país hermano, que junto con el nuestro libraron y vencieron la gran batalla anticolonialista del siglo XIX?

Señor Presidente, Señora Canciller: no cometan el agravio -¡y el insondable error histórico!- de impedir el ingreso a la reunión a la canciller Delcy Rodríguez. Recuerden Junín y Ayacucho. Tomen cuenta de que la historia cuenta. Defiendan sus posiciones pero no impidan que la representante venezolana (que es también la nuestra, la de los desposeídos y sublevados de todo el continente) pueda defender las suyas ante ustedes y el mundo. No impidan que su voz valiente se exprese con libertad.

Sepan que el Mercosur sin la proyección latinoamericanista impresa por Chávez y Venezuela es una cáscara vacía y que ustedes, Presidente y Canciller argentinos serán fagocitados por la voracidad obligada de un Brasil en crisis, a menos que no sea gobernado por corruptos reaccionarios e ilegítimos como Michel Temer. Sepan también que tal desenlace golpearía con violencia sobre todo el pueblo argentino.

Me identifico con la caracterización de la coyuntura argentina expuesta en bit.ly/2ht8sX1. Como expresa ese texto, creo que ustedes pueden ganar una batalla como la que ahora libran contra Sergio Massa y otros remanentes del denominado kirchnerismo. Pueden incluso vencer en las elecciones del año próximo. Pero el plan por el que despliegan tantos esfuerzos no tiene futuro. El proyectado eje Washington-Buenos Aires se astilló antes de iniciar su tarea. El mundo capitalista desarrollado está en irreversible crisis y vuestro plan desarrollista no tiene la más mínima posibilidad de éxito. La estrategia contrarevolucionaria de Washington no tiene otra viabilidad que guerras devastadoras como la que hoy vemos en Siria, Libia, Irak. ¿Admiten semejante destino para nuestra gente?

No es una extrapolación. No es exagerado. Si ustedes se someten e impiden el ingreso de Venezuela a la reunión del Mercosur están restando a Argentina de una posición de defensa de la paz, la integración y la democracia en el mundo, para pesar en el plato opuesto de la balanza.

Y Argentina pesa mucho. Es un gran país aunque ahora esté desangrado y parezca impotente. De pie, puede ser clave de la unión latinoamericana y faro en la oscuridad ominosa de nuestro mundo actual.

Ustedes tienen la decisión en sus manos. Nosotros, desde el Bravo a la Patagonia, observamos para actuar.

 

@BilbaoL

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Fidel y Trump: «Quedarán las ideas»

En el turbulento período histórico que está inaugurándose ahora mismo, Fidel Castro gravitará más sobre el hemisferio que Donald Trump.
Dos semanas antes de la muerte de Fidel, el viernes 11 de noviembre, la Redacción de América XXI decidió el concepto central para la edición de diciembre y definió el título de tapa: “América capitalista sin rumbo”. Resultado de un análisis que no comenzó el 8 de noviembre, el propósito era mostrar que la victoria de Trump exponía la incapacidad de la plutocracia estadounidense para sostener el sistema político tradicional. Y que la onda expansiva lanzaba a las burguesías de la región a un mar embravecido, sin brújula ni timonel. La nota de tapa firmada por Adrián Fernández (también escrita y editada antes del fallecimiento de Fidel) expone de modo sistemático hechos y declaraciones demostrativos de la desorientación de las clases dominantes en toda América. De modo que con la afirmación inicial de este texto no forzamos la realidad ni apelamos a un arbitrio de última hora, dictado por la muerte del comandante revolucionario. A quienes celebran su desaparición física o titulan con inocultable regocijo “Murió el último revolucionario”, así como a Trump, que tuiteó insultando al Comandante, les cabe la sentencia latina stultitia gaudium stult: el necio siente placer con sus sandeces.
Les durará poco el gozo. Trump no es factor de una crisis futura, sino resultante de un desorden añejo que el capital no logra resolver.
La derrota de Hillary Clinton revela que la crisis económica de 2008 y su violentos efectos sociales no fue revertida. Sobre todo demuestra que la cúpula dirigente de las clases dominantes carece de los instrumentos tradicionales para controlar el poder (partidos Republicano y Demócrata, sindicatos, grandes medios de prensa, iglesias), no controla como durante 200 años el curso del país y no tiene instrumentos para conducir establemente a las grandes mayorías. Todas aquellas instituciones han sido rechazadas por las masas y no volverán a ser lo que fueron.
Incontrovertibles, estos datos determinan el futuro de Estados Unidos e impactan en el resto del mundo. Un futuro ya presente.

 

Fractura en Estados Unidos

Cuando se rehagan del golpe, los desconcertados estrategas del Departamento de Estado deberían apresurarse a explicarle a Trump que su tuit contra Fidel ya le ha enajenado una porción considerable de la masa electoral que lo llevó a la Casa Blanca. Son millones los trabajadores, farmers (pequeños propietarios campesinos), jóvenes e intelectuales que tienen apego a la Revolución Cubana y a Fidel. Respeto y admiración consolidados por años. Buena parte de ellos votaron por Trump, duramente afectados por la crisis o dispuestos a rechazar los antecedentes criminales de Clinton. No la utilización oficial de un correo electrónico privado, sino el despedazamiento de Libia, la matanza en Siria, la creación de un monstruo ahistórico como Daesh. El empresario presidente no tiene soluciones para esa franja desesperada de la sociedad. Sólo puede ofrecerles puestos formales en ejércitos mercenarios o informales en grupos de choque para expulsar inmigrantes. No será suficiente. Por el contrario, multiplicará ciudadanos descontentos que buscarán caminos de salida y sólo podrán hallarlos fuera del sistema.
Con la misma inconsistencia con que ocho años atrás se cifraron esperanzas en los cambios progresistas que Barack Obama derramaría sobre el mundo, ahora se concluye que los rasgos personales del electo presidente de Estados Unidos cambiarán la faz del planeta, haciéndolo un lugar más hostil y peligroso.
Pero ya no hay espacio para riesgos mayores y Trump nada tiene que ver con eso. Un individuo puede tener peso determinante en un momento de la historia. Si acaso ése fuera el lugar que le toca a Donald Trump, no será por su características personales, tanto menos por sus ideas, sino porque la degradación en todos los órdenes de Estados Unidos –como centro del sistema capitalista mundial– ha llegado al punto de imprescindible transformación y se servirá de este personaje funambulesco para cumplir tareas imposibles para un Presidente con jerarquía intelectual y moral. Los riesgos de deriva fascista son obvios y hasta cierto punto inevitables. Justamente allí nace la necesidad histórica de una contraparte. La prensa capitalista oculta que son incontables los signos de que tampoco esa búsqueda es algo del futuro: minoritarias y en muchos casos marginales, existen fuerzas anticapitalistas esparcidas en todo el territorio estadounidense. Ahora tendrán la posibilidad de salir del aislamiento y, para ello, fatalmente habrán de buscar formas de frente único con Cuba, Venezuela y el Alba. “Las ideas quedarán”, dijo Fidel en su último discurso, en la clausura del VIIº Congreso del Partido Comunista, el pasado 19 de abril, cuando todos comprendieron que preanunciaba su partida. Esas ideas tienen carnadura. Y nombres simbólicos: Fidel Castro y Hugo Chávez, Cuba y Venezuela. Allí están los símbolos de una futura fuerza continental sin precedentes. En tanto, Trump bregará, como ya ha admitido, por llegar al menos al segundo año de su mandato.

 

Crisis, política y conciencia

Habituados a mentir y calumniar a la Revolución Cubana, los medios de prensa dieron a la muerte de Fidel una cobertura jamás vista. Un alud de hipocresía y medias verdades, para usufructuar y desviar el interés de cientos, acaso miles de millones de personas en todo el planeta.
¿Qué líder burgués, de éste o cualquier otro momento histórico, podría haber causado un impacto mundial siquiera lejanamente semejante al provocado por la muerte de Fidel Castro? Quienes desde la defensa del capitalismo guarden todavía un mínimo de inteligencia y decoro deberían buscar las causas objetivas del fenómeno.
No las hallarán en el socorrido concepto de carisma con el que explican aquello que les resulta inexplicable o, a menudo, comprenden pero no quieren difundir. Nadie podría desconocer el peso de la capacidad oratoria de hombres como Fidel o Chávez. Pero las masas del mundo no se imantaron a esas figuras por sus discursos, sino por las ideas que expresaban en memorables, magníficas exposiciones ante las masas y por la concreción de esas ideas. En el centro estaba el concepto de revolución, abolición del capitalismo, emancipación humana. Eso atraía a los explotados y humillados de cinco continentes. Y eso está allí, latente en miles de millones.
¿Por qué Fidel pudo soportar los ataques de 11 presidentes de la primera potencia mundial? ¿Por qué se equivocaron quienes desde 2013 y sobre todo en el último año vienen anunciando semana a semana la caída de Nicolás Maduro? Porque no comprenden la realidad social espantosa, insoportable, de las mayorías en el mundo capitalista. Y su capacidad para asimilar la idea de revolución, cuando un liderazgo consecuente y capaz la enarbola con lucidez y tenacidad.
Quedarán las ideas, dice Fidel. Y alguien pudiera interpretar que fue la expresión nostálgica de un hombre vencido y a punto de morir. Nada de eso. En el mismo discurso Fidel reafirmó su condición de comunista. Pocos como él sabían que “a una fuerza material sólo puede vencerla otra fuerza material”. Nutrido en la teoría marxista, sabía además que “cuando penetran en las masas, las ideas son una fuerza material”. Esa transformación es un hecho en buena parte del continente. En el resto, ni el más torpe de los analistas desconoce que las condiciones objetivas empujan a que las víctimas tomen conciencia.
El proyectado eje Washington-Buenos Aires para apoyar la contrarrevolución regional fue dinamitado por Trump. Sean cuales sean las tácticas del próximo gobierno sus efectos caerán con mayor rapidez y violencia de lo previsto sobre los pueblos al sur del Río Bravo, sin excluir a sus atemorizadas burguesías. El proyecto desarrollista del gobierno argentino está empantanado y el presidente Mauricio Macri acorralado. No es imposible que un último aliento permita postergar el definitivo fracaso de ese pujo tardío de una burguesía escuálida, vetusta y corrompida hasta lo indecible. Por lo mismo, no es descartable un relativo afianzamiento de la coalición Cambiemos frente a un peronismo pulverizado. Ni lo uno ni lo otro, si ocurriera, evitaría la realidad de un tercio de la población por debajo de la línea de pobreza y su inexorable marcha al combate de clases.
En Brasil el pronóstico es peor, en la medida en que las magnitudes en todos los planos son incomparablemente mayores y el usurpador Michel Temer no logra afirmar los pies en el Planalto. La segura evolución negativa de su gobierno recaerá con fuerza sobre Argentina y se extenderá a todos los gobiernos capitalistas de la región.
En ese cuadro se dará una formidable batalla ideológica y política. Basta mirar al representante imperial en esa contienda y compararlo con las figuras representantes de las ideas de emancipación, para medir la magnitud del choque en ciernes y tener confianza en el futuro. Las ideas del socialismo, encarnadas en la sociedad, prevalecerán frente a la ignorancia brutal del imperialismo.

27 de noviembre de 2016

@BilbaoL

Argentina: clima enrarecido

Sin desafiante en el espectro político, con débil o nula respuesta social, el gobierno de Macri está trabado por causas estructurales agravadas por la victoria de Trump.

Tensión, incertidumbre, temor, son los rasgos dominantes de la sociedad argentina a fines de 2016. No hay sector que escape a ellos. A contramano de su historia, obreros y estudiantes no contrarrestan ese clima con pruebas de resistencia enraizada en amplias mayorías.
En la base está la penuria económica. Estancamiento con tramos recesivos vienen de un lustro atrás. Pero este año, pese a promesas de crecimiento a partir del segundo semestre, culminará con una caída estimada en 2,5%. Los pronósticos de recuperación pasan ahora a marzo próximo y reducen la perspectiva de aumento del PIB. En opinión de consultoras que hasta hace pocas semanas auguraban un 5% de crecimiento, la perspectiva es ahora de algo más del 3%, tal como previó el Gobierno en el presupuesto.
Al clima de desazón tampoco le falta el componente político: tras 12 meses de acompañamiento al gobierno presidido por Mauricio Macri las pugnas electorales para las legislativas de 2017 se han impuesto. Una fuerza centrífuga domina otra vez a pleno en las expresiones políticas y sindicales de las clases dominantes, incluso al interior de la coalición gobernante Cambiemos.
Pese a una batalla día a día más impiadosa, se mantiene el frente unido en torno a Macri: todos saben que una eventual desestabilización y caída del Presidente redundaría en imparable rodada hacia el abismo. Quienes apuestan a la perspectiva desestabilizadora no pesan. Un integrante clave de ese frente unido, la Confederación General de Trabajadores (CGT), amenazó con una huelga general pero hasta la fecha no hay signos de que la realice efectivamente. Una movilización de la CGT junto a llamados “movimientos sociales” (hecho sin precedentes) pretendía reunir a 200 mil personas para respaldar un proyecto de Ley de “emergencia social”. Como siempre, hay debate sobre la cifra de asistentes. Pero todos coinciden en que quedó demasiado lejos de aquel objetivo. La perspectiva de conflicto socialgeneralizado se traslada entonces a febrero o marzo, con un punto débil en las fiestas de fin de año. En muchas oportunidades para estas fechas se produjeron movilizaciones espontáneas de gran magnitud exigiendo bolsas de alimentos a los supermercados. Esa posibilidad está planteada ahora en los conurbanos con mayores problemas sociales (Buenos Aires, Mar del Plata, Rosario, Córdoba, en ese orden). Pese a la enorme penuria social (32% de pobreza, según cifras oficiales) en opinión de las dirigencias políticas de diferente signo una erupción de magnitud no es la perspectiva más probable.

 

Acuerdo preventivo

Para enfrentar ese riesgo eventual el Gobierno apela a multiplicar diferentes formas de subsidios a los más desposeídos, convenidos con los mismos agrupamientos que se movilizaron cinco días antes: el 23 de noviembre los ministros del área económica, laboral y social, firmaron simultáneamente con representantes de la principal cámara patronal y la CGT un acuerdo para que no haya despidos injustificados hasta fines de marzo. Con escasas horas de diferencia el ministro de Trabajo Jorge Triaca y la titular de Desarrollo Social Carolina Stanley firmaban con los titulares de las ahora llamadas “organizaciones sociales” (hasta no hace mucho denominadas “organizaciones piqueteras”, un acuerdo poco común: la emergencia social (vigente en realidad desde comienzos del nuevo gobierno) se extiende hastadiciembre de 2019. Además de elevar a 4 mil pesos subsidios vigentes hoy por 3.450 pesos mensuales bajo rubros tales como Argentina trabaja, Ellas hacen y Trabajo autogestionado, todos los cuales cobrarán un bono adicional en diciembre por 2.030 pesos. Para complementar la batería apuntada a impedir disturbios de fin de año el ministerio de Desarrollo Social distribuirá un millón de canastas navideñas. Éstas y otras numerosas concesiones, de hecho migajas para los condenados de la pobreza, suman 30 mil millones de pesos en tres años, a los que se agregan los 17 mil millones previstos en el Presupuesto 2017.
Acompañado de los titulares de bloques parlamentarios y con la presencia de los dirigentes de las organizaciones demandantes, el Gobierno festejó el acuerdo en alborozada rueda de prensa en la propia Cámara de Diputados. Fue después de una reunión un tanto surrealista, en la que los principales opositores y los dirigentes protestantes del 18 de noviembre se reunieran en el Congreso con los ministros de Interior y de Hacienda, Rogelio Frigerio y Alfonso Prat Gay. Incluso figuras del Frente para la Victoria y agrupamientos peronistas de acción barrial se mostraron allí, con gesto a medio camino entre obligada celebración y asombrada indiferencia.

 

Costosa victoria

No todos celebraron. Ciertos empresarios y buena mayoría de economistas profesionales se mostraron escandalizados por el rumbo de Macri. Esgrimen números para muchos sorprendentes: octubre concluyó con un déficit primario (es decir, antes del pago de intereses) de 63 mil millones de pesos, un 183% más elevado en relación con el mismo mes del año pasado. Sumado el pago de deuda, el déficit se eleva a 77.500 millones, 336% más que en octubre pasado.
Es el costo de una línea de acción inesperada para la casi totalidad del espectro político, que a priori condenó a Macri como “neoliberal”. Esta política liberalpopulista no puede sino financiarse con endeudamiento. En los primeros 10 meses de 2016 el Gobierno tomó préstamos por 52.138 millones de dólares. Bien es verdad que una parte sustancial, alrededor de 17 mil millones, se tomaron para pagar la deuda pendiente con los fondos buitres. El resto, en cambio, pasa a cubrir gastos corrientes y otros pagos por intereses.
Con tamaña hipoteca para sustentar el déficit se evitaron huelgas y acotaron movilizaciones. Esto ha dejado sin aliento al anterior elenco gobernante: el monto disponible para ayuda social de la ministra Stanley casi duplica el de su predecesora, Alicia Kirchner. Pero alarma igualmente a los propios partidarios del gobierno y, sobre todo, a otros miembros del amplio bloque que acompaña estratégicamente al Gobierno. La victoria de Donald Trump ya obligó a devaluaciones en países del área, lo cual redunda en la apreciación del peso argentino, y amenaza con un alza de tasas de interés que haría inviable la prolongación de la actual política oficial de endeudamiento. No hacen falta cálculos sofisticados para concluir en la inviabilidad a mediano plazo de tal estrategia. Otra cosa es que alguien como el ex ministro de Economía Roberto Lavagna diga a la prensa que por este camino “se marcha hacia un colapso”. Cualquier ciudadano argentino se estremece ante la idea de un colapso económico. Pero Lavagna sabe de qué habla: él asumió en Economía con un dólar equivalente hoy a 30 pesos, mientras que el actual está alrededor de 15,50. En el Ejecutivo sospechan que Lavagna aboga por una drástica devaluación. No es el único, desde luego. Pero tal medida provocaría una estampida inflacionaria, una aceleración del empobrecimiento y una crisis política incontrolable. La pregunta es entonces: ante los signos de fortalecimiento político de Macri y Cambiemos ¿aparece un sector burgués dispuesto a alentar la desestabilización?
Difícil de creer. Pero lo cierto es que en paralelo el conjunto de bloques peronistas, sin perspectivas visibles de unificación para las legislativas, acaban de bloquear la propuesta oficial de reemplazo del vetusto y tramposo sistema de votación con boletas únicas de papel por el voto electrónico.
Esta triquiñuela anacrónica está impulsada por una paradoja: recesión y aumento de la pobreza apenas han mellado la figura del Presidente, que según diferentes mediciones cuenta con más del 50% de aprobación. Sumado al elevado apoyo que concita la gobernadora de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, se puede concluir que Cambiemos tiene serias perspectivas de asestar una nueva derrota electoral al peronismo el año próximo.
Esta paradoja deja de serlo si se tiene en cuenta otro dato indigerible para las dirigencias tradicionales: Macri ha volcado recursos para paliar las vicisitudes de los sectores más empobrecidos a la vez que busca sofrenar el déficit fiscal con impuestos que afectan a clases medias y altas. Estancamiento del precio del dólar, restricción de la masa monetaria, altas tasas de interés, son otros recursos para domeñar la inflación que en mayor o menor medida afectan a las capas medias así como a las franjas mejor pagas de la clase obrera, las cuales, suponen los estrategas de la Casa Rosada, no quieren el retorno de un gobierno peronista.
Como sea, las distorsiones profundas de la economía argentina no se han resuelto en el primer año de Macri, ni tienden a hacerlo. El plan desarrollista no se pone en marcha sino en medidas homeopáticas. En el primer semestre se perdieron 113 mil puestos de trabajo en el sector privado formal (se calcula que el empleo disminuyó el doble en el sector privado informal, en el Estado, tras despidos e incorporaciones, el saldo fue positivo). A partir de agosto hubo una leve recuperación de puestos de trabajo, que revirtió en octubre. Si acaso en 2017 Cambiemos logra que arranquen las inversiones en infraestructura, revierta la caída del empleo y del consumo, tal vez logre la hegemonía que necesita para poner el mínimo imprescindible de orden en las cuentas del capital.
Por el momento la burguesía no logra acuerdo para fijar bases sólidas al gasto fiscal, a la inaplazable urgencia de una política impositiva racional, a la reforma de un sistema electoral insostenible, al saneamiento de instituciones colonizadas por mafias de todo tipo, en primer lugar las que por una u otra vía responden al narcotráfico.
Ese desacuerdo probablemente irreparable pone en riesgo el frente unido que mantuvo a Macri en su primer año de gobierno. La única ventaja del capital es que frente a él no se perfila todavía una alternativa política real. Poco, pero por el momento suficiente.

L.B
24 de noviembre de 2016
@BilbaoL

No hubo ni habrá golpe exitoso en Venezuela

Pudo iniciarse un baño de sangre el 3 de noviembre en Venezuela. Fue la fecha anunciada por la oposición para movilizarse hacia el palacio de Miraflores y obligar a la renuncia del presidente Nicolás Maduro. De su lado las fuerzas revolucionarias convocaron igualmente a defender la sede del poder y al Presidente. América XXI evaluó la posibilidad de que la confrontación tuviera lugar. Y postergó una semana su salida regular el primer jueves de cada mes, para cubrir sin demora un eventual choque de grandes proporciones. Ese choque había iniciado ya en la prensa comercial del hemisferio y era evidente que, batalla o escaramuza, incruenta o punto inicial de una guerra civil, sería magnificada y como cada día tergiversada por el poder mediático.

Horas antes del día D, la mal llamada Mesa de Unidad Democrática (Mud) postergó la movilización y aceptó participar del diálogo propuesto y reiterado por Maduro. Sin duda la intervención del Papa, quien recibió días antes al mandatario venezolano y envió al nuncio radicado en Argentina como mediador, tuvo su papel en la decisión de la Mud. Lo mismo vale para la socialdemocracia, que mediante representantes europeos y latinoamericanos se sumaron a la gestión vaticana. Incluso el Departamento de Estado intervino, como se vio después con el viaje a Caracas de Thomas Shannon.

En su inelegante paso atrás la Mud fue obligada por socialcristianismo, socialdemocracia y la Casa Blanca a reconocer lo obvio: la Revolución Bolivariana no se rendiría. Un ataque sangriento por parte de la oposición significaba el inicio de una confrontación violenta cuyo primer paso sería un golpe demoledor al gran capital local y extranjero.

Al borde del abismo, todos asumieron lo obvio: no puede haber un golpe exitoso en Venezuela. Y el marco mundial no aconseja, por ahora, iniciar una guerra contrarrevolucionaria cuya lógica sería extenderse como mancha de aceite hacia Sur y Norte del epicentro en Caracas.

Comprobaron in extremis la decisión bolivariana de chocar de frente con la reacción interna e internacional. La Mud postergó entonces la fecha del apocalipsis y dijo que ponía como ultimátum el 11 de noviembre. Antes, en las horas de su vacilación y retroceso, completó el proceso de pulverización del bloque burgués en Venezuela. Y descolocó hasta el oprobio a quienes proclamaron su valiente marcha hacia la victoria… durante días Venezuela salió de los titulares en los grandes medios latinoamericanos.

Tamaña victoria es tanto más elocuente cuando se tiene en cuenta que las dificultades económicas y sociales del pueblo venezolano son inmensas. Los intelectuales de derecha -¡y no pocos autodenominados de izquierda!- no comprendieron que su pensamiento economicista está largamente superado por trabajadores y juventudes que no se dejan chantajear y doblegar por la penuria material de la vida cotidiana.

 

Papel del Partido, la Fuerza Armada y las milicias populares

Antes de tratar el tema del subtítulo, vale un párrafo para aquellos que llevados por típicas manifestaciones de histeria pequeño burguesa pasaron, con conciencia o sin ella de lo que estaban haciendo, al otro lado de la talanquera.

El pensamiento burgués y socialdemócrata -que por vertientes diferentes confluye en acciones comunes- se ha convencido -e intenta convencer- de que es posible salir del yugo imperialista y de la superexplotación capitalista por un camino liso y recto de bienestar social. Ignoran dos factores clave para el funcionamiento económico de un país: la imprescindible acumulación primitiva del capital y la crisis global del sistema, acelerada cada día. Una ensoñación en vigilia es siempre más dulce que la realidad. Pero al cabo, ésta se impone. Sea quien sea, opositor u oficialista, quien se entregue a las quimeras. Hasta cierto punto, con límites precisos y condiciones inhabituales, es posible reemplazar en parte la acumulación primitiva inexistente en los países subordinados (porque precisamente esa riqueza excedente ha sido robada por los imperios). Pero quienes piden confort y alto nivel de vida para todos, consumo constantemente en alza, tajante ruptura con capitales que por diferentes razones pudieran colaborar para paliar el costo social de esa acumulación primitiva de capital y, como colofón, exigen una rauda marcha de la revolución socialista, o bien no han llegado al punto en que Sócrates reconoció que sólo sabía no saber nada, o bien forman en las filas de hipócritas arribistas, empeñados en su propio horizonte de funcionario del gobierno que sea. Cabe una tercera posibilidad, hoy por hoy a la vista en no pocos casos: la combinación virtuosa de ambas condiciones.

Como sea, llegado el punto en que la economía capitalista no puede satisfacer el reconocimiento social y los extraordinarios logros para las masas alcanzados por la Revolución, a la vez que ésta no puede mantener los requerimientos de las franjas pequeño-burguesas acostumbradas a migajas de privilegio, para no hablar de los verdaderos privilegiados del gran capital, lo único que puede zanjar la cuestión es la conciencia y la organización de las mayorías en una confrontación social insoslayable.

Ese punto determina la realidad de Venezuela desde hace tiempo, pero muy particularmente en lo que va del año. Alguien pensó que podía resolverlo el 3N a favor del capital. Falló. La batalla estaba en los cálculos de Hugo Chávez cuando impulsó un Partido Socialista Unido de Venezuela; bregó y consiguió que el grueso de los militares convergieran con el pueblo llano e incluso incorporara un componente más a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana: las milicias. Esa fuerza invencible predomina hoy en la sociedad venezolana, presidida por Maduro y con innumerables nombres de histórica valía. No habrá golpe exitoso. En Washington y sus compinches reside la decisión de un intento que reinicie una etapa de extrema violencia en América Latina.

4 de noviembre de 2016

@BilbaoL