El mundo a un siglo de la Revolución de Octubre

Publicado en América XXI,  edición Nº 148; octubre de 2017

Con su ironía siempre cruel, la Historia hace que el 100º aniversario de la Revolución Rusa ocurra cuando un desplazamiento oceánico del aceite mediante el cual funciona el engranaje capitalista mundial, el dólar, seca el mar donde navegan las mercancías y deja en su lugar una playa atiborrada y a la vez desierta, inmensa y desconocida.

A modo de poderosísima turbina cuya naturaleza y dimensiones no tienen todavía perfiles nítidos, una fuerza irrefrenable absorbe la divisa imperial. Tras años de acumulación, esta mutación cualitativa fue detonada –otra vez– por la Revolución Bolivariana de Venezuela que, también una vez más, azotada por el látigo de la contrarrevolución dio un salto adelante en el terreno internacional e inició el inexplorado camino de suprimir el dólar como moneda de intercambio comercial, no sólo para el petróleo, que de ahora en más cotizará según una canasta de Renminbi (Yuan), Rublo, Rupia y Euros.

China y Rusia anunciaron sin demora algo más que el apoyo a la decisión del presidente Nicolás Maduro. Y se puso en marcha un fenómeno mediante el cual la hegemonía política perdida desde hace tiempo por Washington comienza a transformarse en pérdida de la hegemonía monetaria para el manejo del mercado mundial. Reivindicación tardía, pero elocuente, del osado propósito de establecer una moneda latinoamericana, el Sucre, en tiempos de Hugo Chávez

Si es que tienen previsiones respecto de las consecuencias de este volcán en erupción, los altos funcionarios de Estados Unidos y la Unión Europea no las han hecho públicas. Tampoco se perciben las medidas destinadas a contrarrestarlas, si se exceptúa la fuga hacia la demencia explícita del presidente Donald Trump con su discurso en la ONU y sus declaraciones posteriores anunciando la “destrucción total” de Corea del Norte, a la vez que reiteraba su fracaso en el intento de arrastrar a América Latina en una aventura intervencionista en Venezuela, aceleraba su escalada verbal contra Irán y llevaba la situación a punto de no retorno en un choque entre Estados Unidos y Rusia en territorio sirio. En este panorama, hasta parece un sarcasmo el intento del reinado de España de aplastar la autonomía catalana…

Así está el mundo a 100 años del más lúcido y osado intento de acabar con el capitalismo y abrir paso a la historia.

Teoría y política

Antes de seguir con la actualidad, vale refrescar algunos conceptos y acontecimientos.

Para la teoría clásica el socialismo es la superación dialéctica (negación de la negación) del capitalismo más desarrollado. Hacia el final de su vida, Marx dejó entrever en carta a Vera Zasulich la intuición de que Rusia, país todavía feudal con enclaves capitalistas, podría ser el punto de partida de la revolución anticapitalista. No fue más allá. También hacia el final de su vida Engels comenzó a estudiar ruso, cuando ya no se pretende sumar un idioma más al acervo personal. Tampoco avanzó en previsiones sobre el futuro del imperio zarista. Todas las grandes figuras del movimiento revolucionario ruso siguieron esa línea de interpretación. Y pensaron la revolución en su país como fase democrático-burguesa mientras la transformación socialista ocurría en Alemania, Gran Bretaña, acaso Estados Unidos. Sólo después de la insurrección de 1905, preludio de la gran revolución, Trotsky se aventuró por un camino diferente (antes esbozado por Parvus, pseudónimo de A. L Hefland) y comenzó a hablar de una “revolución permanente”. Esto es, una revolución que no establecía una barrera entre el derrocamiento del Zar, la liquidación del feudalismo y el inicio de la revolución socialista.

Aunque ya había habido violentas diatribas entre Lenin y Trotsky por otras diferencias políticas –la más de las veces injustificables para los hirientes calificativos que se endilgaban– el punto de la existencia o no de una etapa previa a la transformación anticapitalista predominó desde entonces entre ambos. Hasta 1917. En medio de la Primera Guerra Mundial, en febrero de aquel año fue derrocado el Zar y asumió un gobierno burgués presidido por Kerensky. Mientras hacía arreglos para salir de su exilio en Suiza y viajar a San Petersburgo a través de las líneas alemanas, Lenin pergeñó lo que luego se conocería como Tesis de Abril. Allí, el líder Bolchevique (fracción mayoritaria del Partido Socialdemócrata Ruso, Psdr) trazó su línea de acción: “todo el poder a los soviets”. De regreso de su exilio en Estados Unidos y detenido en Inglaterra por los socios de la guerra contra Rusia, Trotsky proclamaba lo mismo.

Hubo una gran discusión en el Partido de Lenin, quien apeló al extremo de amenazar con su renuncia, hasta que el Comité Central asumió la necesidad de tomar el poder. La brecha se cerró. El líder el Partido que a poco andar tomaría el nombre de Comunista y el presidente del Soviet de Petrogrado, centro de la revolución en curso, marcharon juntos desde entonces.

Así llegó la insurrección de obreros, campesinos y soldados el 25 de octubre –en realidad el 7 de noviembre, para el calendario gregoriano, pronto en vigencia en Rusia– y comenzó “el asalto al cielo”. Desde la caída de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas en 1991, un número creciente de autores descubrió que los bolcheviques no debieran haber tomado el poder. Otros, más creativos y con menos temor al ridículo, concluyeron que, de ahora en más, se trata de hacer la revolución sin tomar el poder.

Unos y otros creen que el papel de un revolucionario es manipular los vericuetos de la historia a gusto y placer. No es casual que esa misma base pseudo teórica esté por detrás de quienes hoy acusan a la dirección revolucionaria político-militar de la Revolución Bolivariana de avanzar, en las circunstancias dadas, contra la burguesía local y el imperialismo, mientras en otras latitudes sus primos ideológicos condenan a Maduro por no consumar la realización del socialismo mientras ellos mismo hacen desesperados e infructuosos esfuerzos por ocupar un lugar en el andamiaje parlamentario del capital.

Como sea, los bolcheviques no podían ni debían eludir la realidad impuesta por el movimiento espontáneo de las masas. E hicieron lo que correspondía, sin desconocer la teoría: su mayor esfuerzo inmediato fue atizar la revolución en Alemania y echar las bases para una nueva Internacional, dado el franco alineamiento de la socialdemocracia con las burguesías europeas.

En los años siguientes fracasó la revolución alemana. Y comenzó el dilema de poner el eje en “construir el socialismo en un solo país”, o hacer de la IIIª Internacional el instrumento efectivo para la revolución mundial. (Ver sección Historia Teoría y Debate, pág. 38). Quienes se interesen en conocer este debate pueden leer los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista y compararlos con los que le siguieron hasta su disolución, en mayo de 1943, por orden de Stalin y en explícito beneficio de la “coexistencia pacífica” con el imperialismo. Tras una historia de guerras y tragedias colectivas e individuales, de voluntades vencidas e inteligencias obnubiladas, de inenarrables sacrificios frustrados, de búsquedas por veces desesperadas para hallar un camino de salida frente al abismo capitalista, la revolución más creativa, profunda y trascendente de la historia, llegó al fin de su primer ciclo.

Actualidad del debate

Retornar a este magno acontecimiento no es ritual celebratorio, pretensión de copia y mucho menos nostalgia de vencidos. Es el recurso para luchadores que no se rinden y buscan en la historia y la realidad actual el arsenal para continuar el combate. Es la necesidad, urgente como nunca antes por la coyuntura resumida en las primeras líneas, de reatar el hilo de la historia y lograr que la teoría se acompase con la vertiginosa velocidad de los acontecimientos.

Pocos comprendieron –y muchos no lo lograron nunca– las razones por las cuales Hugo Chávez reivindicaba la noción de Revolución Permanente. Menos aún se le escuchó y comprendió cuando dio el paso más audaz de su vida, signada precisamente por la audacia permanente, y convocó a formar la Vª Internacional.

¿Es posible hoy recrear el clima intelectual y político dominante en Europa entre fines del siglo XIX y comienzos del XX? Parece difícil porque el capitalismo le infligió una derrota cultural profunda al socialismo. Millones de militantes sinceros en todo el mundo se desmoralizaron y derrumbaron cuando vieron el inglorioso fin de la gloriosa Revolución Rusa. Los efectos encadenados de esa involución de masas se agigantaron en universidades y templos del conocimiento cuando profesores aferrados a sus carreras individuales concluyeron que no había otro futuro que el capitalismo, en el mejor de los casos reformado institucional y gradualmente. La resultante de estas conductas cobardes, acomodaticias y, ante todo, ciegas frente a la realidad, creó a escala planetaria generaciones de jóvenes lanzados al individualismo, el escepticismo, la inercia de un sistema entrado en barrena.

Bajo la lógica del capitalismo tardío y agonizante, las maravillas de la técnica se transformaron en juegos de solipsismo inconsciente y mecanismo de aumento circunstancial de la tasa de ganancia. En lugar de impulsar un paso sideral hacia la libertad la formidable revolución telemática ha aumentado la enajenación y desestimulado el estudio, la reflexión y el debate profundos. El pragmatismo más ramplón se adueñó del terreno de la política. Hoy la intelectualidad integrada al sistema cambia contenido por palabras, canta la melodía escrita en los centros de poder imperialista y reproduce sin dudarlo la biblia de la explotación capitalista. El periodismo se transformó en burda propaganda, sin espacio para el pensamiento crítico, pero tampoco para el ejercicio de la crónica veraz de los acontecimientos: su misión es sostener un sistema basado en mentira y manipulación.

Sí, parece difícil recrear un clima de pensamiento consistente y audaz, científico y apegado a la realidad, honrado al punto de rechazar toda forma de sujeción a becas, prebendas o formas corruptas fincadas en aparatos sindicales, estudiantiles, políticos.

No sería congruente programar semejante paso para la humanidad con base en la facilidad. Es difícil como toda verdadera empresa trascendental. Difícil y posible. Al alcance de manos sin ataduras.

Para lograrlo hay condiciones a cumplir: salir de las trampas a que ha conducido la mentira sobre un hecho histórico de la envergadura de la Revolución Rusa; comprender las causas profundas de su derrumbe y conocer los hechos y personajes que pesaron en ese rumbo; embeberse de las luchas actuales dejando de lado toda pretensión de hacerlas encajar en la dinámica capitalista para beneficio de estructuras políticas inviables por depender de la burguesía o por girar en torno a sí mismas en beneficio de pequeñas burocracias intrascendentes; entablar un intercambio profundo de ideas acerca de la realidad en cada país; asumir que mientras gravite la ley del valor sobre el conjunto de la economía mundial no es posible afirmar definitivamente el socialismo pero, a la vez, que no es posible vencer esa fuerza poderosa si no se la ataca consciente y coordinadamente en cada lugar donde haya un grupo humano dispuesto a hacerlo (¡y los hay en todo el mundo!).

Nada de esto es posible desde un centro de estudios o un partido nacional, aunque aquéllos y éstos son imprescindibles. Además de conmemorar la gesta de las masas rusas y sus lúcidas, generosas, valientes dirigencias, hoy se impone reivindicar la no menos lúcida, generosa y valiente decisión de Chávez cuando en soledad convocó a la creación de una nueva Internacional. Tarea pendiente para el período simbólicamente iniciado con el centenario de la Revolución de Octubre.

24 de septiembre de 2017

Luces de una Revolución asediada

Publicado en América XXI,  edición Nº 147; septiembre de 2017

Dos causas de fondo, de naturaleza diferente, acompañan la escalada estadounidense contra Venezuela.

Una es el fracaso sistemático de todos los recursos empleados para derrocar al presidente Nicolás Maduro sin invadir militarmente al país. La otra, remite a la crisis general del sistema capitalista, a las perspectivas de agravamiento a mediano plazo y al hecho, ahora evidente, de que esa crisis golpeará ante todo a Estados Unidos y acelerará el proceso de una decadencia irrefrenable. Venezuela es una pieza relevante en la evolución y desenlace de esta perspectiva.

En la combinación de ambos factores se entrevé la concreción de un cambio drástico de la política internacional. Resulta obvio que el pensamiento político, sea en los poderes establecidos, sea en las izquierdas integradas al sistema, ha sido incapaz de prever esos cambios. Por eso unos y otros van a remolque de la crisis, apelando a un pragmatismo cada vez más inmediatista.

Véase si no el panorama mundial de estos días. Siempre sobre el telón de fondo de la debacle de 2008, controlada pero nunca realmente resuelta, el deterioro de las relaciones internacionales, la agudización de la pugna interimperialista y sus intrincadas nuevas formas de expresión dibujan un mapa de riesgos planetarios de gravedad jamás igualada en la historia.

Un mundo convulsionado

Por estas horas predomina la denominada “crisis de los misiles” que ubica a Estados Unidos no contra Corea del Norte, sino directamente frente a China. En medio, Japón busca el equilibrio basculando entre su antiguo tutor y los nuevos poderes prevalentes en la región. En cada capítulo de esta confrontación con las autoridades de Pyongyang como protagonistas visibles, se juega el riesgo de una conflagración nuclear que no se limitaría a aquella región del mundo.

No es menos candente la situación creada en Medio Oriente a partir del sonoro fracaso de Estados Unidos en su propósito de someter a Siria y, con ejércitos mercenarios de la región –más sus puntos de apoyo en Irak y Afganistán– atacar y doblegar a Irán, para imponerse en toda el área y a partir de esa supuesta victoria iniciar una nueva escalada contra Rusia. No es éste el lugar para exponer los pasos de Washington hasta llegar a la ciénaga en que ahora se encuentra atrapado, con Rusia como protagonista decisivo. Basta afirmar que el desenlace previsible de este combate regional no será en favor del poderío estadounidense.

Otro frente en el que la táctica del Departamento de Estado se encuentra empantanada es el que tiene a Rusia como antagonista directo. La Casa Blanca no ha podido estabilizar el poder de la ultraderecha ucraniana y, mucho menos, vencer las rebeliones independentistas en Crimea, Donetsk y Lugansk. En el actual contexto esos puntos estratégicos están perdidos para Ucrania, por mucho que sea finalmente incorporada a la Otan (Organización del Tratado del Atlántico Norte, instrumento militar global conducido por Estados Unidos).

Con base en el débil gobierno de Kiev, pasando por Polonia y hasta los países bálticos, Washington tendió un arco de bases de la Otan apuntadas a Rusia. Innecesario explicar los riesgos de guerra a gran escala que entraña esta situación. La complicidad de la Unión Europea (UE) no excluye disidencias en sordina, aumentadas por crecientes conflictos económicos entre ambas potencias. La salida de Gran Bretaña de la UE es apenas un adelanto de lo que vendrá. La eventual recaída en recesión aceleraría el proceso de disgregación y recomposición, siempre en detrimento de Estados Unidos.

Aunque la multiplicación de conflictos en África no se manifiesta en esta etapa sino por la afluencia incontenible de emigrantes a Europa, dificultades de otra naturaleza y envergadura se preparan en el continente, siempre con los imperialismos europeo y estadounidense como enemigos comunes, a lo cual se suma la creciente presencia de China. En este cuadro general, donde proliferan las mafias, el narcotráfico y la trata de personas, el terrorismo que golpea a Europa y repercute cada vez con mayor impacto en su relación con Estados Unidos es sólo una resultante colateral.

La creación de nuevos bloques internacionales sin la participación de Estados Unidos y por lo general desde perspectivas económicas confrontadas, plasmados en instituciones políticas, financieras y militares, prueban la dinámica de debilitamiento y creciente aislamiento de Washington, a su vez envuelto en múltiples frentes de guerra simultáneos.

Desde esta situación global llega la Casa Blanca a lidiar con la Revolución Bolivariana de Venezuela, sólo para ratificar que no tiene respuesta estratégica para ninguno de estos desafíos.

Adónde va la burguesía latinoamericana

En un mapa geopolítico en ebullición y todavía sin relaciones de fuerzas definidas que impide resultados netos en lo inmediato, Venezuela ha sido el ejemplo más desarrollado y hasta el momento exitoso de una revolución sin derrota letal del enemigo. Una y otra vez, a comenzar por el golpe de abril de 2002 contra el entonces presidente Hugo Chávez, sectores del capital intentaron cerrar la vía pacífica al socialismo, avalando una antigua certeza teórica.

Una y otra vez, con vericuetos y zigzags, por veces con retrocesos, la revolución continuó su marcha y logró evitar una confrontación violenta, aunque a partir de 2003 tenía al alcance de la mano, política y militarmente, una victoria inmediata. Esto fue y será así por todo un período porque el choque de fuerzas no es con la burguesía local, sino directa y frontalmente con el imperialismo.

Con el llamado a una Asamblea Nacional Constituyente (ANC) el 1º de mayo pasado y el rotundo éxito logrado el 30 de julio, la dirección político-militar de la Revolución Bolivariana definió en la coyuntura la opción estratégica entre guerra o paz para alcanzar la transformación social. Más aún, se convirtió en un ejemplo para toda América Latina.

En los cuatro meses previos a esta irrefutable muestra de voluntad democrática de la Revolución, Washington y su cadena de medios en el hemisferio llevó adelante una guerra sin precedentes de mentiras y calumnias, mientras al interior de Venezuela la burguesía lanzó sucesivos ataques violentos que dejaron más de 120 muertes. Pese a todo, más de 8 millones de ciudadanos acudieron a elegir la ANC y ratificaron, a la vez, el camino revolucionario y la institucionalidad de una República en transformación.

Luego de esta demostración cabal de relaciones de fuerzas sociales a favor de la Revolución, luego del llamado a elecciones de gobernadores y alcaldes para diciembre por parte del Ejecutivo, adelantado a octubre por la ANC, la burguesía continuó conspirando. Un paso adelante, la Casa Blanca declaró el bloqueo económico y amenazó con la invasión militar. Más de un millón de hombres y mujeres, militares, milicianos y civiles, adelantaron la respuesta que recibiría Estados Unidos si optara por la invasión. No ha sido suficientemente difundida esta formidable muestra de resolución, valentía y capacidad de combate.

Si la marcha inexorable del imperialismo hacia la guerra es una certeza, se impone otra pregunta: ¿busca conscientemente la burguesía regional empujar toda oposición radical hacia la lucha armada? ¿Sus ideólogos tienen conciencia del futuro que tal conducta inaugura a partir de ahora mismo? Por mucho que en público repitan calumnias contra una supuesta dictadura en Venezuela, no existe analista serio convencido de sus propias mentiras y ajeno a la preocupación por el desarrollo de este conflicto de alcance hemisférico.

Desde México a Argentina la región es un polvorín. Como mecha lenta obra la crisis económica irreversible, el crecimiento de la pobreza y la precariedad; decadencia general a la vista del más miope. Si se toman ambos países mencionados, extremo Norte y Sur de la región, segunda y tercera economía más importantes en el área, la degradación en todos los órdenes produce vértigo en quienquiera que observe objetivamente. ¿Alguien supone que la violencia obligada de los 1970 no se multiplicará al infinito -con formas diferentes y objetivos más radicales- si la dinámica actual continúa? ¿Es posible seguir denostando a la delincuencia común y el papel de las mafias de todo tipo sin comprender que en la vida cotidiana son expresiones menores de un desequilibrio mayor, fincado en el conjunto de las instituciones burguesas? ¿Se dejará llevar la intelectualidad latinoamericano-caribeña por escribas cargados de premios e ignominias?

Venezuela en la coyuntura histórica

Washington y su séquito no tiene más argumentos frente a Maduro. La Asamblea Constituyente, constitucional y democráticamente elegida, prepara un salto cualitativo en las relaciones sociales bajo institucionalidad republicana. En pocas semanas habrá elecciones para gobernadores y alcaldes, con participación de todos los partidos. En 2018 habrá elecciones presidenciales.

El asedio a la Revolución, ahora transformado formalmente en bloqueo económico y amenaza de invasión no tiene otro fundamento que la sobrevivencia del capitalismo. Apoyado exclusivamente en la violencia. Fascismo desembozado.

A comienzos de siglo las burguesías de la región ensayaron tímidamente un camino de convergencia y resistencia frente al imperialismo. Aquella dinámica se quebró, pero nada la reemplaza. Maduro convoca a la Celac y el Departamento de Estado tiembla. Reaparecen las contradicciones entre metrópoli y capital subordinado. La Casa Blanca no logra afirmar el eje Washington-Buenos Aires. Se le cae el gobierno en Brasil. Washington no alcanza a liderar un bloque homogéneo para la contrarrevolución.

En tanto, Maduro sigue en su puesto y con la totalidad de la iniciativa política. Asediada y sin tregua la Revolución debe satisfacer desmedidas expectativas puestas en la ANC para resolver un prolongado y dramático desajuste económico. No habrá solución inmediata e indolora al saneamiento y puesta en marcha del aparato productivo y de distribución. Pero incluso un paso en esa dirección, cuyo costo no caiga sobre los desposeídos y, por el contrario, vaya en su beneficio, será una señal luminosa de la Constituyente frente al mundo de destrucción y opresión que propone Estados Unidos.

Con la práctica por delante, la Revolución Bolivariana esboza una teoría de unidad social y política para afrontar, no sólo en Venezuela, los espasmos de un sistema agónico.

30 de agosto de 2017

Hegemonía política y de clase

Macri vencedor en las primarias de agosto

Publicado en la edición Nº 147; septiembre de 2017

Con el resultado de las Paso, el gran capital anuncia una victoria electoral de consecuencias graves en octubre. Más que nunca es necesario un debate sin concesiones en la militancia anticapitalista.

Con la figura del presidente Mauricio Macri y el aparato de la Unión Cívica Radical (UCR, socialdemócrata), la coalición Cambiemos arrasó al Partido Justicialista (PJ, peronista) en las pseudo primarias del 13 de agosto pasado.

No fue una lid electoral. Fue una suerte de sondeo de opinión a un costo de 2.800 millones de pesos, en beneficio de una operación distractiva de grandes proporciones. Además, realizado con el método de boleta sábana y en papel, por férrea negativa del ya inexistente Frente para la Victoria de Cristina Fernández a la implantación del voto electrónico. Conocedores del submundo electoral, sobre todo en la provincia de Buenos Aires, dan por cierto que el antiguo aparato obtiene un adicional mínimo del 3% con este método.

En las primarias deben competir candidatos de un mismo partido o alianza. Excepto en un puñado de casos sin mayor importancia, eso no ocurrió. Las principales fórmulas compitieron consigo mismas. Pese a lo obvio, analistas y comentaristas atribuyeron victorias a aquellos nombres que obtuvieron más votos en relación con fórmulas de otros partidos, con las que no competían. Más que fraude a la opinión nacional, muestra adicional de irreversible decadencia del sistema político en Argentina.

Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (Paso) se denomina una novedad impuesta durante el gobierno anterior con exclusivo interés manipulatorio de la conducta ciudadana. Ni siquiera sirven como encuesta consistente, aunque desde luego tienen más valor que las realizadas por consultoras desprestigiadas y, en su mayoría, dispuestas a decir lo que el candidato que las paga les requiere. Por eso las Paso tienen un alto grado de imprecisión incluso como recurso para prever los resultados de las legislativas a realizarse el 22 de octubre próximo.

Desplazamiento del voto

Tienen en cambio un valor considerable para medir la evolución de la relación de fuerzas entre las clases. A escala nacional el PJ fue arrollado, dejando un mapa nacional pintado prácticamente en su totalidad con el color del partido de Macri, elocuentemente amarillo. En la medida en que desde hace décadas el PJ cuenta con el apoyo de los sindicatos, este resultado es indicativo de que los aparatos gremiales y su expresión política sufrieron una contundente derrota, fruto evidente de un desplazamiento gigantesco del voto obrero y juvenil. A esto cabe sumar un marcado retroceso de las izquierdas insertadas en el sistema, cuyas aspiraciones de crecimiento electoral se vieron frustradas.

En cuanto al saldo para la ex presidente Cristina Fernández, viuda de Kirchner, cabe decir que obtuvo un 0,21% de votos más que Cambiemos en la provincia de Buenos Aires, donde sólo se impuso –de manera sobresaliente– en la tercera sección (la franja más empobrecida y marginalizada del conurbano), mientras fue superada por mucho en el resto de la provincia, incluyendo la totalidad de los municipios principales, con mayor cantidad de habitantes y más presencia de la industria y la agroindustria. Por lo demás, su candidato en Capital Federal obtuvo el segundo lugar, a 30 puntos porcentuales de distancia de la candidata de Cambiemos. De hecho, el llamado cristinismo, quedó reducido a la tercera sección electoral de la provincia de Buenos Aires.

Haciendo equilibrio entre el análisis de una elección y una encuesta, el periodismo comercial llamó “empate técnico” a los resultados de dos provincias clave: Buenos Aires y Santa Fe. Es improbable que esas proporciones se mantengan en las elecciones verdaderas, en octubre. Aún así, sumado a la supremacía en las provincias ya señaladas, ganar o perder en un “empate técnico” con el PJ en estos distritos sería una victoria cualitativa para Macri.

Esto supone que los partidos y dirigencias conservadoras de todo el país cosecharon sus propios votos y capitalizaron el rechazo de los trabajadores al PJ en sus diversas variantes. La decisión de última hora de Cristina Fernández de romper con el PJ, desconocer a su propio Frente para la Victoria y empujar fuera a sus aliados con posiciones más radicalizadas, lejos de sumarle voluntades la ubicó en una situación de ahogo y aislamiento.

Lo cierto y perfectamente mensurable es que en centros proletarios clave, tanto de la gran industria como de pequeñas y medianas empresas productivas, las fórmulas del oficialismo nacional obtuvieron en esta confusa instancia primaria más respaldo que el PJ. La rotunda supremacía de Cambiemos en Córdoba, Capital Federal, Mendoza y, para sorpresa de todos, en los feudos peronistas supuestamente inexpugnables de La Pampa, San Luis y Neuquén, más el bastión originario de la familia Kirchner en Santa Cruz (donde es gobernadora la hermana del ex presidente, Alicia Kirchner) suponen un revés de proporciones que estalla no sólo al interior del PJ y sus diferentes fracciones, sino también en el estrecho núcleo de la ex presidente.

Saldo neto

Más que suma y comparación de guarismos comiciales, cabe valorar los resultados de las Paso como afirmación de neta hegemonía política de Cambiemos y del gran capital en su conjunto, en una sociedad desarticulada y con la clase obrera a la deriva.

Se trata de un cuadro de situación grave, pero circunstancial. Dependiendo de cómo evolucionen la economía mundial, la situación regional y la actitud de las fuerzas revolucionarias locales, podría tener vigencia sólo por un plazo breve. Mientras tanto, Argentina y América Latina estarán obligadas a asumir esta realidad, ya manifiesta con la extrema beligerancia de Macri frente a la Revolución Bolivariana.

Hacerlo implica reconocer responsabilidades por este desenlace. No es inteligente condenar a los representantes y agentes del gran capital por hacer su labor. Nunca como ahora ha sido necesario un debate sin concesiones en el amplio espectro de agrupamientos y militantes de izquierdas.

Hasta el momento los textos al alcance publicados por agrupamientos de izquierda con personería legal para competir en elecciones, sólo se ocupan de porcentajes y números con artes malabares para desconocer lo evidente: a la inversa del impetuoso crecimiento esperado, los candidatos genéricamente calificables como “izquierdas”, retrocedieron y en el mejor resultado quedaron estancados. Dicho de otro modo: el brusco desplazamiento de votos de la clase trabajadora, las juventudes y las clases medias bajas, no giró a izquierda. Fue a respaldar las promesas desarrollistas de Macri o, en menor proporción, se desperdigó entre opciones socialdemócratas abiertamente proimperialistas como la de 1País (Margarita Stolbizer y Sergio Massa), o la criatura oficial-sindical personificada en Florencio Randazo.

Con cargo de secretario general de una fracción de la Central de Trabajadores Argentinos, un aspirante a diputado se presentó en la provincia de Buenos Aires. Obtuvo el 0,5% de los votos. Está a la vista que no lo respaldó su propio sindicato, el de trabajadores del Estado. Como en el caso de otras varias agrupaciones de izquierdas, no pasa el filtro que permite o no participar de las elecciones legislativas en octubre. Eso ocurrió igualmente con dirigentes de otros sindicatos, de mayor envergadura y peso económico, enrolados en alguna de las variantes peronistas.

Lo que vendrá

Aunque parezca contradecir las evidencias, vale decirlo sin rodeos: no hay un giro a derecha en la sociedad argentina, tanto menos en las juventudes y la clase trabajadora en su estratificado conjunto. Hay una extrema confusión, alentada por el Estado burgués y sus múltiples tentáculos. Y resuelta por la ausencia, ahora inocultable, de una alternativa genuinamente revolucionaria. Con todo, gravita y se impone una fuerza oculta bajo la superficie.

Macri fue el primero que se plantó frente a la amenaza de Donald Trump de invadir a Venezuela. Aunque el tiempo haya podido enseñarle algo, no es por convicción ideológica que exigió y obtuvo que el Mercosur emitiera una declaración contra la voluntad de Washington. Como discípulo de Álvaro Uribe y José Aznar, el presidente argentino debía encolumnarse sin chistar tras la Casa Blanca. No lo hizo. Lo mismo ocurrió en 2002, cuando Eduardo Duhalde fue el primero en calificar el derrocamiento de Hugo Chávez como golpe de Estado y pronunciarse en contra. Negarlo no es sólo mezquindad. Es franca estupidez.

Ni uno ni otro se habían transformado súbitamente en bravos antimperialistas. Nada de eso. Alguien, en representación verdadera del sistema, les advertía sobre las relaciones sociales de fuerzas. Un error en ese terreno hubiera agrandado la fisura en la represa que regula la presión de un poderoso torrente. No lo cometió Duhalde y esa fue una clave para conseguir los objetivos del conjunto de la burguesía en la coyuntura de 2002. El fugaz y aparentemente fracasado Presidente impuso su sucesión y consumó el plan diseñado por sus mandantes. Con la misma intencionalidad actúa Macri.

Vendrá una lucha sin brújula de las clases oprimidas frente al gran capital, cuya hegemonía se hará sentir en todos los terrenos. Y un combate franco, sin tregua, en el campo de batalla de ideas por la genuina emancipación. Ideas a menudo encubiertas por quienes no buscan sino un rinconcito apacible al amparo del sistema burgués en crisis. Pero siempre límpidas para la mirada franca de un hombre o una mujer sinceros.

28 de agosto de 2017

Nuevo ciclo para Venezuela y la región

Publicado en América XXI,  edición Nº 146; agosto de 2017

No fue una victoria electoral más. Fue la ratificación del rumbo de transición al socialismo, encarnada en masas signadas por dos rasgos sobresalientes: determinación de lucha y organización consciente para dar la batalla. La elección de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC) es una derrota estratégica para el capital en toda la región.

A nombre de la Revolución Bolivariana el Gobierno recuperó la confianza de las bases, desgastada por razones de diferente naturaleza en los últimos cinco o seis años.

Sería pueril dar por ganada la guerra. Al contrario. Con la elección constituyente del 30 de julio y su instalación el viernes 4, la dirección político-militar de Venezuela afronta un desafío mayor, acaso el más difícil desde 1999.

Basta ver la reacción de Washington y un conjunto de gobiernos latinoamericanos y europeos para medir las relaciones de fuerzas internacionales que afronta la Revolución y la convulsión de realineamientos en la región. En ese terreno, a partir del 31 de julio comienza un ciclo de definiciones para el futuro latinoamericano-caribeño, con Venezuela a la vanguardia y la Casa Blanca en desesperado intento por detenerla. Sería un error suponer que la reubicación política de varios países hoy totalmente subordinados a Washington se mantendrá en el mediano plazo. Esto es galope de corto aliento.

Depuración y reasunción de valores

Aparte las relaciones de fuerzas, hay en Venezuela problemas económicos de inaplazable resolución. Replantear y poner en marcha la producción y distribución de bienes es impostergable para gobierno y ANC. Ya antes de asumir lo tomaron como tema dominante. Sin embargo ese paso está en estricta dependencia con la depuración de corruptos e infiltrados en las filas de la Revolución. No hay ejemplo en la historia de una transformación profunda que no repita la multiplicación de desertores, traidores y ladrones en sus propias filas, sobre todo en las horas difíciles. Incluso cualquier organización revolucionaria, por pequeña que sea, sufre esa dolorosa –a veces mortal– ley del desenvolvimiento de la lucha social.

Para un conductor político, detectar a un actual o potencial traidor no significa expulsarlo de inmediato. La decisión depende de numerosos factores, siempre con las relaciones de fuerza efectivas como eje. Es conocido el ejemplo de Lenin, antes de la Revolución, cuando se descubrió que un hombre del Partido, diputado en la Duma, era informante del servicio secreto del Zar. En lugar de expulsarlo, o fusilarlo, se le encargó la tarea de ingresar el periódico partidario Pravda desde el exterior y distribuirlo en toda Rusia. Para mantener su lugar de observación –desde entonces estrictamente acotado– cumplió eficientemente esa tarea esencial. Después de la insurrección victoriosa de octubre, el sujeto fue, en un mismo acto, condecorado y fusilado (téngase en cuenta el momento: Rusia estaba en guerra y decenas de miles morían diariamente).

No pocos de los que hoy se revelan como traidores a Chávez, Maduro y la Revolución Bolivariana, se vieron obligados a cumplir tareas consideradas necesarias por la dirigencia. Tal vez no siempre hayan sido decisiones acertadas. Pero por esos sinuosos caminos se llegó a este punto, de modo que es banal discutir casos puntuales.

Habrá en la ANC un organismo clave para cumplir la tarea de saneamiento externo e interno, hacia atrás y hacia delante: la Comisión de Verdad. Todo indica que quienes la constituyan, avalados con énfasis por casi la totalidad de los/as 545 constituyentes, cumplirán hasta las últimas consecuencias con el cometido.

Maduro por su parte ya ha enviado los lineamientos económicos a discutir en la ANC. Recuperación de la buena teoría económica anticapitalista y mano más que firme para aplicarla serán necesidades insoslayables para salir sin demora del pantano en que se encuentra el sistema de producción y distribución de alimentos, de medicamentos y otros bienes. Eso implica poner en marcha sectores productivos afectados por causas diversas, entre ellas corrupción y desidia. También tomar control del sistema financiero, que sigue jugando con la economía nacional, ahogando a la Revolución y acumulando millones. Y poner en marcha la planificación, inexistente por gestión de un ministro ahora convertido en furibundo opositor.

La inmensa expectativa puesta por el conjunto de la población –y no sólo por los 8.089.320 votantes– en el accionar de la ANC no puede en ninguna hipótesis ser defraudada. Claro que el cuerpo de 545 diputados/as será el encargado de difundir, debatir y aprobar drásticas medidas en estos y otros terrenos. Pero en última instancia la elaboración conceptual, la fijación de las grandes líneas estratégicas, su articulación y aplicación práctica, corresponde al Psuv, al conjunto de la dirección revolucionaria político-militar presidido por Maduro. Así como la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Fanb) cumplió un papel más que relevante en los meses de guarimba y la realización de los comicios, ahora tiene por delante acaso una tarea más difícil: participar hombro con hombro junto a la ANC y el Gobierno para erradicar de sus filas individuos, métodos y comportamientos que contribuyeron al distanciamiento entre masas y Gobierno. Esa fase de deterioro no comenzó con la presidencia de Maduro. No por acaso los permanentes esfuerzos de Chávez dieron un salto cualitativo cuando, después de ganar su última elección presidencial en 2012, se propuso llevar a cabo un drástico “golpe de timón”. Su enfermedad y posterior fallecimiento lo impidieron.

Doble poder

En otro orden, la ANC corporiza ahora un doble poder de características inéditas. Funcionará en el Palacio Federal Legislativo, a la par de la Asamblea Nacional (AN), paralizada desde hace meses por el choque de su mayoría con los demás poderes, su involucramiento directo en la guarimba y la división sin remedio de las diferentes fracciones burguesas.

Como base de la ANC están el pueblo convencido de la necesidad de defender la Revolución, el gobierno y la Fanb. Ésa es su fuente de poder. La AN, por su lado, prácticamente ha perdido base social, con excepción del gran capital. Depende exclusivamente de la Casa Blanca. Por eso le fue imposible formar un gobierno paralelo en su patética embestida para impedir la elección constituyente. El primer paso en ese sentido, al designar un pseudo Tribunal Supremo de Justicia, fue una fantochada sin consecuencias. Hoy la táctica de crear un gobierno para luego recibir el respaldo de Estados Unidos e iniciar la guerra civil en Venezuela, está moribunda: a 30 horas de conocido el resultado de la elección, el encargado para Suramérica en el Departamento de Estado, Michael Fitzpatrick, declaró que Washington no reconocerá un gobierno paralelo. Agregó que pretende “dialogar con el gobierno del presidente Maduro” aunque lo considera “una dictadura”. Primera de las muchas volteretas provocadas por la reaparición masiva del chavismo en el escenario electoral.

Por definición una situación de doble poder tiene corta vida. El desenlace sólo puede tener un resultado: derrota aplastante de uno por el otro. Tal vez por eso el secretario de Estado estadounidense Rex Tillerson enmendó la plana a Fitzpatrick y dijo que en su mesa están todas las opciones para que Maduro abandone Venezuela…

Cerco para el aniquilamiento

Aterradas con la perspectiva de que la lección de Venezuela sea otra vez escuchada y asimilada por decenas de millones en América Latina y el Caribe, las burguesías locales no perdieron un instante en sumarse al tren del imperialismo. Pero las causas que produjeron un vuelco geopolítico a comienzos de siglo y desembocaron en la aparición de organismos regionales como Unasur y Celac –las contradicciones interburguesas– siguen allí. Chávez aprovechó el ahogo provocado por Washington a sus socios subordinados, provocado a su vez por una causa indoblegable: la crisis estructural del capitalismo con eje en los centros imperialistas.

El nuevo cuadro es circunstancial. El tren al que se han montado gobiernos débiles como los de Argentina, Perú, Chile y Colombia –para no hablar del no-gobierno de Brasil– está triplemente averiado: irresuelta crisis económica, pérdida de la hegemonía mundial incluso entre sus pares, un presidente Trump irracional como el sistema cuya demencia se impone en todos los terrenos y arbitrario hasta el absurdo.

En caso de que, incluso de manera gradual y por caminos zigzagueantes, una vanguardia nueva en Brasil, Argentina, México, Colombia, Perú y sus demás socios en el vil ataque a Venezuela asumieran en un futuro cercano el ejemplo de la constituyente venezolana, ellos y las clases que representan están perdidos. No se trata del mero ejemplo en la elección. Sobre todo gravitará lo que la ANC hará con la expresión jurídica de un nuevo contrato social, determinado precisamente por la derrota de la burguesía y la victoria de las masas trabajadoras y oprimidas, todo con la conducción de una dirección político-militar revolucionaria, antimperialista y comprometida con el tránsito al socialismo.

Por eso la prensa que responde a las burguesías regionales ha superado todos los límites hasta ahora conocidos en la mentira, la tergiversación y el ocultamiento de lo que verdaderamente ocurre en Venezuela: deben impedir que el ejemplo se propague. Marginalmente, Venezuela también asusta al infantoizquierdismo neoreformista y a reformistas burgueses, que no trepidan en aliarse con la derecha extrema para condenar la Revolución Bolivariana.

Dicho de otro modo: el statu quo previo al 30 de julio, se ha derrumbado en Venezuela y la onda expansiva alcanzará a toda la región. Los beneficiarios de aquel estado de cosas y quienes se alimentaron de sus migajas mintieron y continuarán haciéndolo, calificando como dictatorial al gobierno de Maduro.

Ahora tendrán incluso nuevos argumentos para aferrarse a esa falacia ignominiosa: la aplicación de justicia en Venezuela, la neutralización de corruptos, infiltrados y terroristas será calificada como represión.

Un ejemplo inicial: dos dirigentes fascistas que antes de las elecciones recibieron prisión domiciliaria (sabio gesto de flexibilidad táctica), actuaron desde sus viviendas como portavoces públicos de acciones terroristas y llamaron al derrocamiento del gobierno constitucional. En la madrugada siguiente a la elección volvieron a la cárcel. Numerosos responsables directos e intelectuales de más de 110 asesinatos durante cuatro meses de guarimba, serán apresados, juzgados y condenados. Corruptos e infiltrados como la Fiscal General, acusada desde hace por los menos cinco años por corrupción y connivencia con notorios corruptos al interior del Gobierno, será desplazada y juzgada.

Manjar de dioses para las burguesías supuestamente democráticas, que se escandalizarán por la aplicación de justicia en Venezuela. Harán lo propio ifantoizquierdistas lanzados al electoralismo, así como reformistas comprometidos con la defensa del sistema capitalista. Juntos harán mucho ruido. Y mucho daño.

Habrá que soldar un frente único en todo el hemisferio, incluido Estados Unidos. Urge una acción enérgica del Alba. Y la búsqueda de aliados en todo el planeta para impedir el propósito de montar un cerco internacional. Hasta Suiza, la neutral traficante de dientes de oro de judíos llevados por los nazis a los hornos crematorios, se ha sumado contra Venezuela. El propósito es de cerco y aniquilamiento. Primero la Revolución Bolivariana. Luego una ofensiva arrasadora contra toda expresión de lucha por la emancipación.

Pero hay otras piezas en el tablero. Si la vanguardia abreva en la ciencia de la revolución y es capaz de combinar teoría y práctica desde el Río Bravo a la Patagonia, esta victoria de las masas venezolanas será el punto de partida de una recomposición general de fuerzas y la afirmación de un nuevo cuadro geopolítico con las burguesías y el imperialismo otra vez a la defensiva. Depende del factor subjetivo. De una voluntad revolucionaria que, tal como hicieron las masas en Venezuela, recupere el espíritu rebelde y anticapitalista legado por el comandante Chávez.

Caracas, 2 de agosto de 2017

Constituyente: rotunda victoria de la Revolución Bolivariana

Caracas, 30 de julio, 0,30 hs.- Ocho millones 89 mil 320 ciudadanos y ciudadanas votaron hoy para elegir diputados constituyentes. Es el 41,53% del padrón total de votantes habilitados, sobre el cual en elecciones normales hay entre 25 y 30% de abstención.

A las 11.55 el Consejo Nacional Electoral entregó la información oficial sobre los resultados de una jornada precedida por tres meses de violencia creciente y una escalada nacional e internacional para que los comicios no se realizaran.

Se trata de un éxito político de magnitud para el presidente Nicolás Maduro y su gobierno. A partir de la media tarde estaba claro que los ríos humanos volcados a las calles para ejercer un derecho que grupos violentos armados y financiados por las cúpulas derechistas, significaba un cambio en las relaciones de fuerza a favor de la Revolución Bolivariana y una costosa derrota para la derecha, en particular sus sectores abiertamente fascistas.

Fueron elegidos 545 diputados (8 de ellos, indígenas se elegirán el martes 1 de agosto)encargados ahora de redactar una nueva Constitución. La oposición se negó a participar y llamó al boicot, aunque algunos de sus miembros terminaron por presentarse como candidatos. Dentro de las 72 horas siguientes a su proclamación comenzará a funcionar la Asamblea Nacional Constituyente. Lo hará en el bello palacio legislativo federal, el mismo lugar donde funciona –o debería funcionar, porque desde hace semanas no lo hace- la Asamblea Nacional que desde diciembre de 2015 tiene mayoría opositora.

Dos poderes bajo un mismo techo. Inédita forma de doble poder, insinuada a comienzos de 2016, aunque no prosperó. Ahora plasma en una escala y en un grado incomparablemente superior al que era posible en aquel entonces. Queda para la historia y el debate teórico la pregunta respecto del acierto o desacierto de haber permitido la incalculable labor destructiva de la oposición durante este período que hoy terminó.

Contra cualquier interpretación del derecho internacional y, más aún, en choque frontal con el más ramplón sentido común, además sin antecedente alguno en la historia de las relaciones internacionales, Estados Unidos y un puñado de gobiernos exigieron primero que Maduro desistiese de su llamado a Constituyente y llegaron al extremo de anunciar que no reconocerían el resultado de la elección. Las argumentaciones, como se verá en próximos despachos, desafían la lógica formal y apelan a burdas mentiras en el intento de hallar fundamentos para una agresión sin precedentes. Habrá que ver si, con este respaldo, el fascismo que en últimos 110 días provocó más de un centenar de muertes y pérdidas materiales hasta ahora no cuantificadas, se atreve o no a seguir con acciones terroristas, que incluyen el atroz método de quemar vivas a 29 personas, 9 de las cuales fallecieron.

Lo cierto es que hoy comenzó una nueva fase de la Revolución Bolivariana. Equivale a poner fuego a una mecha cuya otro extremo acumula una inconmensurable carga social explosiva en toda la región, a comenzar por la vergonzosa y deplorable vanguardia que tras las órdenes de Washington pretende acabar con el ejemplo de la tortuosa pero sistemáticamente exitosa transición al socialismo en Venezuela.

Normalidad y votación masiva para la constituyente

Publicado en www.americaxxi.com.ve

Caracas, 30 de julio, 15.hs. Resumen informativo.- Hasta las 14 hs el proceso electoral constituyente se desarrolla con total normalidad, si se exceptúan conflictos que no alcanzan al 1% de las más de 14 mil mesas de votación en todo el territorio nacional.

Ya no es una consigna, es un hecho a la vista: “la Constituyente va”. Desde las 6 de la mañana y hasta pasado el mediodía, un alto porcentaje de la población ya ha votado y larguísimas colas se mantienen en cada centro electoral. A las 6 el presidente Nicolás Maduro emitió “el primer voto por la paz”.

Una recorrida por Caracas en horas de la mañana muestra una ciudad tranquila. Esta afirmación excluye los minúsculos reductos donde pequeños grupos persisten con guarimbas que secuestran a los habitantes de las urbanizaciones (zonas donde viven la burguesía). “Ya es un éxito político” declaró al emitir su voto el ministro de Comunicación e información, Ernesto Villegas.

En un estadio llamado Poliedro, el Consejo Nacional Electoral instaló mesas especiales precisamente para las personas que, habitantes de esos sitios y en su mayoría opositoras, quieren sin embargo votar y no pueden hacerlos en las mesas que les corresponden. Para desesperación de la derecha allí se agolparon las víctimas de los guarimberos, que llegaron al lugar caminando o en bicicletas para sortear las barricadas y cadenas con que están bloqueadas sus viviendas. A medio día se calculaba que esperaban para entrar al Poliedro más de 20 mil personas.

En Venezuela se usa más que en ningún otro lugar un sistema universal de medición de resultados electorales cuando los organismos correspondientes no dan resultados parciales: el “carómetro”. Basta observar los rostros de las figuras más conocidas del gobierno y el Psuv para intuir que lo que indican las colas y la normalidad de la votación se traduce en un elevado número de votos.

Entré a un centro de votación en El Valle, en Caracas, donde pude comprobar personalmente la asistencia multitudinaria y la elevada conducta cívica de esta nueva Venezuela. “Diga en su país que en Venezuela hay democracia, que queremos votar y queremos paz”, me dijeron de diferente manera quienes me reconocieron como argentino. Conmovedor.

Durante la mañana los canales opositores transmitieron programas de interés general e incluso dibujos animados (como el 12 de abril de 2002). Mientras tanto el Operativo Constituyente 2017, montado a escala nacional por VTV, el canal oficial, mostraba con notable eficiencia técnica y periodística la concurrencia masiva en todo el país. La presión obligó a la rabiosa oposición mediática a cambiar de táctica y mostrar, siquiera parcialmente, las imágenes de la gente ejerciendo su derecho a voto.

En pocas horas más, se sabrá qué porcentaje de los casi 20 millones de ciudadanos habilitados acudieron a las urnas.

La Mud se esforzará por deslegitimar este hecho al que se opuso apelando a formas extremas de violencia. Pero no podrá ocultar, ni eludir las consecuencias, de la gran derrota sufrida en esta jornada aún inconclusa.

Segundo día de no Toma de Venezuela

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Caracas, sábado 29 de julio, 16s. Después del intento fallido de paralizar el país los días miércoles y jueves, la Mud convocó inopinadamente a “La toma de Venezuela” el viernes y sábado. Más allá de la guerra informativa entablada por un atolondrado ejército de tuiteros de la Mud, algo está a la vista: Venezuela no fue “tomada” por la oposición ayer. Hasta el medio de este sábado y a pocas horas del comienzo de las elecciones para la Constituyente, al parecer no ha ocurrido ningún hecho digno de mención y la vida sigue su curso.

Lejos de un país ocupado por furibundos enemigos de la Revolución, se dan a conocer datos según los cuales ya están instaladas el 98% de las mesas electorales, sin que este complejísimo proceso que cubre todo el territorio nacional chocara con inconvenientes. Dicho de otro modo: la “Toma de Venezuela” convocada por la Mud es un fracaso más de quienes intentaron impedir la realización de la Constituyente.

Para mayor desesperación de las formaciones fascistas de la oposición, esta mañana en las primeras planas de la prensa opositora apareció la noticia de que el socialdemócrata ex presidente de España, José Luis Rodríguez Zapatero, actuando como mediador pide a Maduro “nuevos gestos para retomar el diálogo”, después de haber mantenido reuniones secretas con representantes del gobierno y la Mud. No podría haber mayor prueba del fiasco insurreccional. El retorno furtivo de dirigentes principales de la Mud a la búsqueda de negociaciones implica admitir que, tras comprobar que no pueden derrocar a Nicolás Maduro, deben reconocer que tampoco están en condiciones de impedir los comicios constituyentes.

Nadie podría excluir la posibilidad de atentados de última hora. Pero el despliegue de 230 mil miembros de la FANB (Fuerza Armada Nacional Bolivariana) en todo el país, así como la actitud militante de millones de integrantes del Psuv (Partido Socialista Unido de Venezuela), permiten creer que incluso ante algún hecho extremo, como sostiene la principal consigna oficial: “La Constituyente va”.

Será en las últimas horas de mañana cuando se sabrá qué porcentaje de la votación votó. O, dicho de otro modo, hasta qué punto el descontento y la oposición, sumados a la campaña de miedo de los fascistas locales, hacen retraer al electorado. Por el momento, diferentes encuestas indican que entre el 60 y el 70% de la ciudadanía opta por resolver la crisis mediante la negociación entre gobierno y oposición. Según la consultora ICS, citada por el diario Últimas Noticias, “59,5% de venezolanos ve la Constituyente como un escenario propicio para el diálogo”. Estos datos no indican la afluencia a las urnas mañana, aunque son un indicativo. Sobre todo, proyectan el escenario vigente en Venezuela a partir de las 72 horas posteriores a la elección de los diputados/s, cuando se instalen en sus bancas los 545 constituyentes.

Democracias

Mientras el supuestamente democrático presidente brasileño ocupa militarmente la ciudad de Río de Janeiro, sin que se oiga un chistido de otros presidente igualmente democráticos de la región –mucho menos de Washington-, la supuesta dictadura en Venezuela convoca a las masas a elecciones en plena libertad. Otros ejemplos tan disímiles de democracias burguesas, como lo son Panamá y Suiza, se suman al insólito pedido para que el gobierno venezolano desista de la Constituyente. Ya se sabía que algo andaba muy mal en el mundo. Pero estos signos indican que es peor de lo pensado.

Arrecia mientras tanto la campaña mediática internacional contra Maduro y la Constituyente. Parece absurdo, pero no lo es: ¿qué pasaría si Brasil, por ejemplo, o Colombia, México o Argentina, tuvieran fuerzas vitales en la sociedad para exigir y conseguir la convocatoria a redactar un nuevo contrato social, una nueva Constitución, con los criterios de elección de representantes que rigen en Venezuela?

La respuesta a esta pregunta no es en modo condicional: pasará que las burguesías de la región serán derrotadas. Hoy no están vigentes y visibles esas fuerzas vitales. Pero existen bajo la superficie con diferente grado de desarrollo. Si la Revolución Bolivariana logra un éxito más en esta vigésimo primera elección en 19 años, habrá un impulso arrollador desde el Río Bravo a la Patagonia.

Otra prueba de fuerzas

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Caracas, 28 de julio de 2017, 12.30hs.- Ayer, segundo fracaso consecutivo del paro convocado por la Mud y cierre de campaña del Psuv con la Avenida Bolívar y adyacentes inundadas por la marea roja. Hoy, llamado de la oposición a “La toma de Venezuela”, en simultáneo con una concentración frente al palacio de Miraflores, a realizarse a las 13hs en homenaje al cumpleaños de Hugo Chávez.

Imprevista y aparentemente no preparada, “La toma de Venezuela” fue convocada por algunos dirigentes de la Mud minutos después de concluida la concentración masiva en apoyo a la Constituyente. Al final de su larga alocución, el presidente Nicolás Maduro hizo un último llamado a constituir una Mesa Nacional de Diálogo y Reconciliación, dirigida explícitamente a los presidentes de los cuatro partidos opositores integrantes de la Mud.

Mientras tanto se reportaban tres policías muertos a balazos en el estado Mérida, un muerto y 131 detenidos en el estado Zulia, heridos en diferentes ciudades, un adolescente muerto en El Paraíso y otros dos muertos en Caracas. Algunas de estas informaciones provienen de portales informativos crudamente opositores, así como de diarios y canales de TV enfrentados al gobierno; sus datos no siempre pueden ser confirmados, aunque está fuera de duda la persistencia de la violencia tras más de 100 días de intento insurreccional, hasta el momento no concretado.

Las autoridades cuentan alrededor de 110 muertos. Los guarimberos, a los cuales el gobierno califica como terroristas, incendiaron 29 personas, de las cuales 9 fallecieron y varias continúan en grave estado. Jóvenes (“algunos casi niños”, dice un corresponsal argentino, sin ahondar en las razones de tal característica) han incendiado más de 5 mil pequeños negocios que se resistieron a cumplir órdenes de paro de los guarimberos, 500 autobuses, un número indefinido de camiones de carga, varios jardines de infantes y hasta una maternidad con madres y bebés dentro.

El hecho es que todo parece haber desembocado ayer en la multitudinaria marcha de respaldo a la Constituyente y el fracaso del paro opositor. Hoy habrá una nueva prueba de fuerzas, cuyo resultado dará más y mejores indicios de lo que ocurrirá el domingo 30, a la hora de votar por 545 constituyentes y la perspectiva de una aceleración del proceso revolucionario.

Incógnitas

No es posible traducir directamente a cantidad de votos la oleada nacional de inmensas manifestaciones a favor de la Constituyente. Dos factores llevan a pensar en una respuesta altamente positiva. Uno es que además de marchas, actos y concentraciones, se puede percibir un renacimiento de la esperanza –en muchos casos dubitativa- en el pueblo no politizado. El otro, la formidable maquinaria de concientización y movilización que ha armado y puesto en marcha el Psuv. Y lo ha hecho, esta vez, de manera austera y con notable eficiencia.

Combinados, estos nuevos datos de la realidad permiten creer que el domingo 30 será una jornada de gran participación, lo cual implicaría a priori un éxito vital para el gobierno y el presidente Nicolás Maduro.

Hay condicionantes, sin embargo, que impiden un optimismo ingenuo. Son muy hondos los efectos de las penurias económicas que ha vivido la mayoría de la población que durante dos décadas apoyó a Hugo Chávez y luego a Maduro. Sobre todo porque fueron a la par con manifestaciones de burocratismo, corrupción, indolencia e ineficiencia de funcionarios a todos los niveles. Esas lacras parecen estar en vías de superación, pero sus responsables no han sido sancionados a la luz de las masas.

Las carencias materiales, que comienzan por la falta de alimentos básicos, o la dificultad para obtenerlos, o los precios inalcanzables, desanimaron, desmoralizaron e incluso empujaron a la oposición a una parte considerable del chavismo de base. Este debilitamiento provocaría –y a la vez se complementaría- con la fuga de no pocos intelectuales y funcionarios oficialistas convencidos de que el barco se hundiría irremediablemente.

De hecho esto obró como una suerte de depuración indolora en el gobierno y el Psuv y tal vez haya sido la causa de la posibilidad entrevista por Maduro y su núcleo más próximo, para relanzar el proceso revolucionario apelando a una herramienta inusual, inesperada para muchos, que convoca al conjunto social con eje en explotados y oprimidos y les propone ser los artífices de un nuevo contrato social, a partir de sus intereses.

La caída en el funcionamiento productivo y la distribución de bienes fue provocada por razones de arrastre pero detonada por la caída de los precios del petróleo, aprovechada por la burguesía y el imperialismo mediante una feroz guerra económica. Y fue tan vertiginosa como puede indicar que el precio del petróleo se derrumbó de más de 100 dólares el barril a menos de 30.

Este simple dato, que está lejos de explicar la totalidad y hondura del problema, hace más revelador un hecho que ocurrirá también esta tarde: Maduro entregará las llaves de la casa 1.700.000 construida por la Misión Vivienda Venezuela y entregada a las familias más pobres y desposeídas de la nación.

La vocación plebeya, proletaria, revolucionaria y socialista del equipo dirigente está resumida en este dato crucial, aunque no ha convencido a ciertos sectores de izquierdas antes asociados al gobierno, que hoy llaman a abstenerse en la elección.

Falta un día y medio para que se inicien los comicios constituyentes. Hasta este momento, “La toma de Venezuela” anunciada por la oposición para hoy no pasa de una balandronada más de figuras sin condiciones de ningún género y, ante todo, sin apoyo social de ningún tipo. Penden de la voluntad de unos pocos grandes capitalistas locales y de confundidos funcionarios del Departamento de Estado estadounidense.

Una gran movilización opositora o hechos de violencia mayor podrían afectar la elección. Hasta último momento, con el saboteo y actos terroristas contra centros de votación, el gobierno deberá afrontar el riesgo de una confrontación inevitable, evitando a la vez la tentación de utilizar una fuerza abrumadoramente superior para aplastar a los grupos pseudoinsurgentes y el peligro de que la permisividad consolide el miedo de un sector muy amplio de la sociedad amenazada para no votar. El destino está en juego. Y no sólo para Venezuela.

Segundo día de no paro

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Caracas, 27 de julio, 11hs.- Se repite hoy el fracaso de ayer en el intento opositor de paralizar el país como paso previo a un levantamiento insurreccional.

La totalidad de la industria está en funcionamiento. El transporte es normal. El comercio tiene algunos shoppings cerrados por sus propios dueños en la zona donde habitan las clases pudientes, único lugar en el que se reproducen barricadas y se impide el tránsito. En el conjunto del país, sólo en un 8% del territorio sufre embates de grupos violentos. Pero no se trata de que ese porcentaje esté bajo control de los fascistas, sino que es el área donde actúan esporádicamente. El resto –es decir, toda Venezuela- en centros urbanos e interior del país mantiene la cotidianeidad habitual.

Esta última afirmación debe ser acotada: ayer hubo una oleada de movilizaciones (otra vez la “marea roja”) en las principales ciudades, con actos masivos a los que asistieron lo dirigentes principales del gobierno y el Psuv, distribuidos en toda la geografía nacional para asegurar la participación de la población en la elección Constituyente del domingo próximo.

También hoy la normalidad ciudadana está conmovida porque a partir del mediodía comienzan a llegar a Caracas contingentes de todo el país para realizar en la Avenida Bolívar y otras adyacentes el cierre de campaña por la Constituyente. Se espera una participación masiva, con participación destacada de columnas obreras ya movilizadas ayer en sus zonas de trabajo.

A la par, se multiplican las divisiones en la oposición, de las cuales hay expresiones públicas: el cálculo de que Maduro suspendería la Constituyente falló y una vez más la oposición queda fuera de una contienda política que, según diferentes analistas, incluso cercanos a la Mud, se espera una amplia participación ciudadana.

En la encrucijada, los grupos francamente fascistas intentan redoblar hechos de violencia y otro flanco gira en redondo y trata de negociar con el gobierno. Hay numerosos candidatos inscriptos para participar en los comicios constituyentes, entre ellos notorias figuras asociadas a la oposición y sectores empresarios. Esto produce airadas denuncias públicas de figuras abiertamente comprometidas con el intento golpista. Una periodista comprometida públicamente con el golpe de Estado de 2002, en su programa de televisión desde Miami acusa como traidores a Henry Ramos Allup (Acción Democrática), Henry Falcón (gobernador del estado Lara) y Ramón Rosales (ex gobernador de Zulia). El diputado y vicepresidente del Psuv Diosdado Cabello denunció que en el edificio de la fiscalía (cuya titular adoptó públicamente las posiciones de la Mud) se realizó una reunión secreta en la que participaron representantes de las embajadas de Estados Unidos, Colombia, México y Argentina. Parece evidente el estado de perplejidad e indecisión de Washington frente a la evolución de la confrontación en curso. El fracaso ayer de Luis Malinche Almagro para que la OEA asumiera una posición activo contra la Constituyente completa ese panorama.

La magnitud y carácter de la manifestación de hoy, así como los resultados de la elección del domingo, seguramente gravitarán sobre la decisión que adopte la Mud en las próximas horas: redoblar las guarimbas o asumir la derrota política y prepararse para nuevas formas de violencia e intervención extranjera a partir del 31 de agosto.

Como sea, y pese a la continuidad agravada de las mentiras de la prensa hemisférica sobre la situación venezolana, lo cierto es que el paro de 48hs fracasó rotundamente y es sobre esta relación de fuerzas que Washington deberá decidir si frena o acelera en su agresión.

Es de esperar que los gobiernos latinoamericanos arrastrados por la política de la Casa Blanca analicen con objetividad las consecuencias de amarrarse a una propaganda falsa e insustentable. Trazar estrategias políticas a partir de creerse las propias mentiras es una conducta que aumentará, en plazos perentorios, la debilidad que ya los acosa en todos los órdenes.

Comicios sin programas ni estrategias en Argentina

Comprometido el futuro de un país que supo ser vanguardia. Acaso la recuperación está a pocos milímetros bajo la superficie. Pero no a la vista. Señorea la crisis económica y una debacle política sin precedentes. Lo viejo resiste. Lo nuevo no puja por nacer.

Con la pulverización formal del Partido Justicialista (PJ, peronismo), expuesta con crudeza en la presentación de listas para las legislativas de este año, se completa la desintegración de los aparatos políticos de las clases dominantes en Argentina.
Estas elecciones de medio término son utilizadas como palanca por el frente único de una estratificada burguesía para recomponer precisamente aquellos aparatos demolidos por la prolongada crisis estructural argentina, cuya decadencia ha arrastrado con todas las instituciones, incluidos sindicatos, fuerzas armadas e iglesia católica.
Como ya se verá, hubo numerosas razones para que Cristina Fernández abandonara el PJ y lanzara su candidatura a senadora mediante un agrupamiento nuevo. Todavía indefinida, esta denominada Unidad Ciudadana reduce también a cenizas al Frente para la Victoria. Pero más aún que éste carece de homogeneidad y conducción. Para no hablar ya de amplitud, programa de acción, estrategia y proyecto de país.
Aunque en términos tácticos no la principal, una razón para desechar al PJ fue que este partido ya no es parte constitutiva de la sociedad. Por eso, para no tener que enfrentar a quien le exigía una primaria interna en el PJ, Florencio Randazzo, ex ministro de Interior de Fernández, la ex Presidente decidió regalarle la sigla a su frustrado contendor. Esto ya es indicativo de otra causa para la insólita decisión: Fernández temía, con muy buenas razones, que en una confrontación interna el conjunto del aparato peronista tradicional se uniera contra ella y le impusiera una derrota. De hecho, Randazzo es el recurso obligado de prácticamente todos los gobernadores peronistas y del sector más poderoso del movimiento sindical, “los gordos”, encaramados en las estructuras gremiales de la industria pero de tal modo desprestigiados que no pueden siquiera presentarse como candidatos. Ellos son, por eso mismo, representantes del gran capital y cuentan con poderosos recursos para afrontar una elección interna. Randazzo es el frágil madero al cual asirse en el naufragio, para de paso acabar con los restos del llamado kirchnerismo, hoy conducidos por Fernández.
No obstante, aquí reside sólo parte del problema. Antes del estallido visible del PJ ocurrió el de la Unión Cívica Radical (UCR, socialdemócrata de derecha), despedazada tras la crisis de 2001. Este partido con 130 años de vida tampoco mantiene arraigo en los sentimientos y las expectativas del ciudadano no politizado. Con todo, a diferencia del PJ guarda aún una estructura nacional con valiosos puntos de conexión con la vida cotidiana. Por ejemplo: varios centenares de diarios en todo el territorio nacional, emisoras de radio y canales de televisión locales, plasmados en algo menos de medio millar de gobiernos municipales y unos pocos gobiernos provinciales. Pese a esto, la UCR es socia menor de Cambiemos, la actual coalición gobernante presidida por Mauricio Macri.
El espectáculo de presentación de listas para las pseudo primarias abiertas y obligatorias (Paso) a realizarse el 13 de agosto expuso una decadencia obscena, naturalizando el hecho de que ningún candidato es presentado como tal por sus condiciones y su respaldo social, sino como resultado de jugarretas y presiones de un puñado de personas que, o bien tienen el dinero con el que se financiarán las campañas, o bien están enquistadas en los aparatos políticos y sindicales de espaldas a la sociedad. Dicho de otro modo: las clases dominantes no tienen instrumentos político-institucionales para conducir al conjunto social, tanto menos cuando la crisis económica, muy lejos de tender a resolverse, se agrava cada día, reduciendo a meras palabras los proyectos neodesarrollistas de Cambiemos.

Comicios sin elección
Como sea, el caso es que el país asiste a un absurdo insostenible: el complejo sistema de primarias abiertas y obligatorias, que costará al erario público 2.800 millones de pesos, en realidad no pondrá en disputa candidaturas diferentes puesto que se trata de listas únicas, con apenas excepciones sin peso. No hay candidatos que confronten internamente en agosto para ninguna de las fórmulas que en octubre deberán definirse en las urnas. Es una pantomima reveladora de la vaciedad agónica del sistema político vigente. Durante el gobierno de Cristina Fernández se impuso este mecanismo (que, por ejemplo, obligó a los ciudadanos de la Capital Federal a votar siete veces en seis meses durante 2015). Pero ella misma se negó a utilizar este recurso con su ex ministro para mantener la unidad del conjunto peronista, que como resultado a escala nacional irá con 38 listas autónomas. Esto parece un anuncio de que las Paso serán sepultadas más temprano que tarde. El gran capital necesita recomponer un sistema de partidos. Pero evidentemente este camino no es el adecuado siquiera para advenedizos que soñaron con apoderarse definitivamente de las palancas de mando del Estado y ahora saltan a la búsqueda de una “unidad ciudadana” que no pudieron articular durante 12 años de gobierno.
Por tanto, la iniciativa está enteramente en manos de la burguesía tradicional, grande, mediana y pequeña. Asombra que personas con experiencia se muestren sorprendidos y vociferen en términos individuales porque un presidente, constitucionalmente elegido, explícito representante del gran capital, quiera dar una respuesta capitalista a la crisis argentina. Asombra más que esas mismas personas, en no pocos casos con formación intelectual, no comprendan que al capitalismo no se lo puede enfrentar con éxito desde el feudalismo: condenan a Macri pero se niegan a asumir un proyecto anticapitalista.
Además de perplejidad ante tales conductas cabe una conjetura: se trata de sumisión a los planes estratégicos del capital, o directa complicidad con ellos. Ver a ex dirigentes sindicales o representantes de organizaciones originalmente contestatarias desesperados por obtener un cargo legislativo, incluso del nivel menos relevante, dispuestos a realizar las alianzas más extravagantes para montarse al carnavalesco carrusel electoral, puede ser doloroso para algunos, confirmativo de antiguas aseveraciones para otros o motivo de desmoralización para no pocos. Pero invariablemente tienen un resultado: en la coyuntura aumentan la fragmentación de las mayorías trabajadoras y oprimidas, acentúan la confusión y la desconfianza y, como saldo, fortalecen la iniciativa táctica del capital. Así comienza este nuevo proceso electoral.

Corrupción como factor de campaña
Casi no pasa día sin que aparezcan nuevos casos de corrupción que involucran a todo el espectro político, a jueces y policías, empresarios y militares. Cristina Fernández está incursa en seis causas, la mayoría por enriquecimiento ilícito. Todas las restantes fórmulas legislativas en pugna centrarán la agitación en esas denuncias. “Necesita los fueros y por eso decide ser candidata” disparó sin demora quien será su principal contrincante para la senaduría por la provincia de Buenos Aires, Sergio Massa, ex jefe de gabinete de Néstor Kirchner y de la propia Fernández. La ex Presidente acusa en los mismos términos a las actuales autoridades.
Así, el debate programático, estratégico, el proyecto de país, ya está reemplazado por acusaciones y réplicas de este tenor. Ciertos políticos y periodistas han ganado notoriedad con cataratas de denuncias contra Fernández y sus ministros, en muchos casos bien fundadas, aunque presentadas como problemas de moral individual, de avidez personal desmedida. Sin minimizar el peso de la ausencia de ética republicana y la codicia patológica, no se puede perder de vista que se trata de efectos. Las causas, como también lo demuestra el ejemplo de Brasil, es la crisis del sistema capitalista, que hizo estallar el andamiaje político burgués en 2001 e impidió reconstruirlo hasta hoy, abriendo espacio para casos tragicómicos de descarado latrocinio.
La sociedad observa azorada, en su gran mayoría asqueada por las emanaciones de un sistema en putrefacción. También es verdad, sin embargo, que esa conducta de clases y sectores dominantes ha permeado a buena parte de la sociedad, provocando una decadencia moral colectiva que demandará un sacudimiento muy profundo para ser superada.
A fines del siglo XIX, con un movimiento obrero organizado y consciente en lucha por el socialismo, con una clase dominante empeñada en construir un país capitalista de avanzada, Argentina bien pudo ser contada entre las naciones de vanguardia en América Latina y más allá. Un siglo y medio después, la degradación irrefrenable de la burguesía y sus instituciones, la incapacidad de la clase obrera y sus vanguardias para estructurar una genuina respuesta, arrastró al país hacia un abismo.
No sorprendería que los primeros signos de recuperación estén a punto de emerger. Por el momento, están en las sombras. La condición para que surjan a la luz es llegar a la raíz en el combate contra lo viejo que se resiste a morir y continúa trabando cualquier desarrollo positivo. Y en ese combate, la primera exigencia es recomponer el pensamiento y la acción colectiva anticapitalista. Una tarea hoy planteada con urgencia a escala continental.

26 de junio de 2017
@BilbaoL