Temor justificado

PorLBenAXXI

Es comprensible el temor de la Casa Blanca ante la gira latinoamericana del presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad, precisamente cuando el Departamento de Estado tiene en agenda ataques militares a gran escala contra Siria e Irán.

Nada tiene que ver esa inquietud con el terrorismo o el fundamentalismo religioso. Esos son recursos propagandísticos de mala factura, destinados a anestesiar la opinión pública para justificar la agresión económica y militar en marcha: el portaaviones nuclear estadounidense USS Abraham Lincoln, seguido de una temible flota de navíos de guerra estadounidenses, británicos y franceses, ya instalados en inmediaciones del estrecho de Ormuz, son la amenaza terrorista más grave que jamás ha afrontado el mundo.

Aún así, es verdad que la visita de Ahmadinejad a cuatro capitales del Alba durante la segunda semana de enero, presupone un peligro. Recuérdese además que, en octubre de 2010, poco antes de que comenzaran los ataques terroristas comandados por el Mossad y la CIA contra Siria, el presidente Bashar Al Assad había declarado la intención de incorporar a su país como “invitado permanente” del Alba.

Cada día es más evidente la afirmación de un mapamundi político diferente, un reordenamiento en las relaciones de fuerza internacionales.

Rusia y China continúan desplazándose, a paso lento pero sostenido, desde un reticente alineamiento con el statu quo hegemonizado por Estados Unidos, hacia un retorno a francas posiciones dictadas por estrategias propias, ya sin sujeción –y crecientemente contrapuestas– a la voluntad de Washington.

Ese dato mayor se prolonga con la tendencia a un relativo ensimismamiento de India, también en detrimento del Departamento de Estado. Y combina con la búsqueda de neutralidad conjunta de Unasur y la flamante Celac.

Finalmente, de manera sobresaliente, está a la vista el tendido de una línea de resistencia antimperialista que atraviesa continentes, orígenes ideológicos y tradiciones políticas, con puntos de apoyo firme en América Latina, Cercano y Medio Oriente.

Tal el significado del viaje de Ahmadinejad a Caracas, Managua, La Habana y Quito. Para mayor abundamiento, en cada escala el presidente iraní subrayó su condena al imperialismo y la convicción de que el capitalismo está en agonía.

En efecto, el agravamiento extremo de la crisis sistémica del capitalismo exige cambios acelerados. Rusia y China no pueden permitirse hoy pagar el costo interno directo y geoestratégico

Es en ese contexto que aparece con vigor un bloque transcontinental, materialización política de la noción “frente antimperialista”.

 

Trasfondo objetivo y decisión política

Hay numerosos antecedentes de resistencia colectiva por parte de países subordinados. Desde el Movimiento de los No Alineados, pasando por innumerables siglas, las víctimas contemporáneas del mecanismo imperial han buscado formas de autodefensa. Pero desde la recomposición de la Opep a inicios del nuevo siglo, sucesivos viajes de Hugo Chávez por Asia y África, con Evo Morales y Rafael Correa ensanchando luego la huella, entrelazados con cinco viajes de Ahmadinejad a América Latina, se ha tejido un entramado consistente, diferente por situación y contenido, al alcanzado por bloques numéricamente más poderosos del pasado. Por detrás gravita también el constante incentivo de las relaciones ruso-latinoamericanas y el inédito acercamiento de China al hemisferio al sur del Río Bravo.

Tres factores marcan la diferencia de este nuevo intento con las limitadas y al cabo fallidas experiencias previas: la inexistencia de la Unión Soviética en su doble papel de poderoso sostén y freno implacable; la existencia del Alba y los gobiernos revolucionarios que la componen y, último pero de primera importancia, la magnitud sin precedentes de la crisis capitalista en curso.

Esto último constituye la poderosa fuerza material que determina el movimiento general. Pero el complemento subjetivo está en protagonistas marcadamente diferentes a los perfilados por el siglo XX. Las definiciones y prácticas antimperialistas de los países del Alba, con eje sobresaliente en la militancia internacional de Venezuela, son una novedad histórica. Como lo es el contenido conceptual profundo desde el cual Ahmadinejad encarna el estado islámico iraní.

Mucho será necesario estudiar, conocer y reflexionar para comprender el proceso político desenvuelto en aquel país desde 1979, cuando un formidable movimiento de masas depuso al títere impuesto por Estados Unidos en Teherán. Además de despojarse de la altanera superficialidad eurocentrista, que ve la paja en el ojo ajeno y omite la viga en el propio, habrá que seguir de cerca los resultados objetivos de la estrategia de apertura mundial que Irán está llevando a cabo en todos los terrenos (ver Ofensiva mediática). La riqueza histórica y cultural del pueblo persa, su férrea y muy arraigada voluntad antimperialista colectiva, con una conducción política consecuente, todo combinado con el ímpetu revolucionario en los países del Alba e inmerso en una época de profundas convulsiones, es la argamasa apropiada para producir grandes cambios cualitativos en unos y otros, precisamente en momentos en que la prolongada agonía capitalista pone de manifiesto una irrespirable degradación cultural en Occidente. El derrumbe imperial exige también, y acaso ante todo, una revolución cultural.

 

Grandes ausentes

Plasmado ya este verdadero frente antimperialista transcontinental, no explícito aunque sí en despliegue y franco avance, resalta aún más la omisión de tres protagonistas necesarios: los movimientos obreros y estudiantiles de todo el mundo (particularmente de Europa, donde permanecen anestesiados pese al brutal azote de la crisis), los partidos antimperialistas y revolucionarios de todo el mundo (muy en especial de Asia y África) más los movimientos sociales genuinos (notoriamente aquellos de América Latina cuyos gobiernos no integran el Alba). El tercer protagonista ausente cuya emergencia no admite demoras es un movimiento antiguerra de alcance mundial.

En la primera semana de junio próximo el Foro de São Paulo tendrá su encuentro regular, esta vez en Caracas. Bloque originalmente afirmado como punto de nexo para organizaciones y partidos de izquierda de América Latina y el Caribe, el FSP está desde hace años bajo la hegemonía de corrientes socialdemócratas. Pese a todo, es de esperar que los aires de la Revolución Bolivariana la oxigenen y alienten su participación en esas tareas urgidas por la necesidad de poner freno al belicismo más irracional y riesgoso de todos los tiempos.

El temor de la burguesía imperialista no lo provocan Chávez o Ahmadinejad. Reside en la posibilidad de que esa fuerza latente, la más poderosa, la única capaz de contrarrestar la capacidad destructiva del imperialismo en caída, dé un salto por sobre siglos y alumbre una nueva era.

 

América Latina y las relaciones de fuerza internacionales

PorLBenAXXI

 

En medio de la crisis económica más extensa y profunda de la historia capitalista, América Latina se recorta en el panorama mundial como factor singular, signado por tres datos principales: mantiene una dinámica de convergencia regional mientras todas las restantes áreas del planeta sufren violentas fuerzas centrífugas; hasta el momento sufre menos por la recesión en los centros imperiales; en el heterogéneo conjunto convergente existe un núcleo vital que, frente al colapso del capitalismo central, enarbola como perspectiva el socialismo del siglo XXI.
Por eso la constitución de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) plantea una oportunidad sin precedentes para colocar a la región como punto de partida de una nueva fase en la historia de la humanidad.
No hay exageración ni grandilocuencia en esta afirmación. Cuando América XXI esté en sus manos, en Caracas 33 mandatarios estarán abocados a la tarea de conformar una instancia política común al Sur del Río Bravo.
De entre ellos, los 12 componentes de la Unión de Naciones del Sur (Unasur) cuentan para trasladar al nuevo organismo con significativas conquistas alcanzadas hasta ahora. Están resumidas en los diferentes Consejos destinados a resolver con criterio y fuerza común los grandes problemas de la región, entre los que descuella el recientemente creado Consejo de Defensa.
Más aún, como engranaje de fuerza en un mecanismo mayor, la Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América (Alba), puede mostrar resultados. La misión Yo sí puedo, contra el analfabetismo; la misión Milagro, para devolver la vista a millones de latinoamericanos, entre otras, han avanzado de manera sorprendente en la resolución de calamidades sociales que durante el siglo XX, con el crecimiento capitalista, en lugar de desaparecer ganaron terreno. El Alba puede esgrimir también instrumentos de operatividad y racionalidad económica como el Banco del Sur; o el Sucre, moneda común del bloque.
De cada uno de esos temas hay testimonio en esta edición. También del que abrasa y condiciona a todos ellos: la respuesta de los estrategas y jefes políticos del capital frente a la imparable marcha de la crisis.

 

Contexto insoslayable

Es inevitable que la agenda en la fundación de la Celac esté determinada por la quemante realidad mundial. La recesión en los centros imperiales es un hecho. El deslizamiento hacia la depresión, un temor fundado. El impacto sobre cada economía nacional, una perspectiva inexorable. La ilusión de que el equilibrio mundial capitalista se mantendrá desplazando su eje hacia los Brics probablemente demore en disolverse por completo, pero al momento del cónclave en Caracas ya habrá datos suficientes como para que los cuadros serios asuman la realidad. También gravitará sobre los mandatarios la desembozada decisión bélica de Estados Unidos y la Unión Europea. No hay, no puede haber, una respuesta única en la Celac ante tamaño desafío. Es posible en cambio un mínimo común denominador.
Una Celac consolidada supondría la muerte de la Organización de Estados Americanos (OEA). Es obvio entonces que los esfuerzos desplegados por el Departamento de Estado y el Pentágono para quitarle empuje al nuevo organismo no tendrán límites. Para Washington es vital recuperar la iniciativa política a escala mundial. Sólo en América Latina, por las razones señaladas, está en disputa esa primacía. Si en la coyuntura inmediata los aprestos guerreristas están apuntados en primer lugar hacia Siria e Irán, el enemigo estratégico está en esta región y contra él se apuntan los cañones de la diplomacia y la prensa venal, mientras se despliega la IVª Flota y la CIA trabaja más que nunca.
La pérdida de control sobre el conjunto geopolítico plasmado en la Celac impide pasos esenciales para procurar la recuperación del ciclo económico capitalista. Pero también, y acaso ante todo, abre el camino a una respuesta revolucionaria para la crisis general.
Esta afirmación puede parecer una extrapolación desmesurada. De hecho, que tres miembros de envergadura de la Celac (México, Brasil y Argentina) sean a su vez integrantes del G-20 obra como argumento para desistir. En el mismo sentido pesa la presencia de otros presidentes alineados con la Casa Blanca. Todo cambia sin embargo cuando se pone en la balanza la descontrolada voracidad del imperialismo en caída, la amenaza bélica y, en primer lugar, la demanda creciente de cientos de millones de latinoamericanos, que a sus penurias de hoy sumarán las que descargará sobre ellos el colapso capitalista.
La Celac es una clave para resolver positivamente la relación de fuerzas frente al imperialismo. Una palanca más para bregar por la unión de los pueblos latinoamericanos.

Iniciativa

PorLBenAXXI

 

“Gaddafi pagará las consecuencias de violar los derechos fundamentales del pueblo”, declaró Barack Obama el 23 de febrero último, ocho meses antes de que un esbirro completara la faena inconclusa de un caza francés y un avión estadounidense sin tripulación cuando bombardearon la caravana en la que el líder libio se replegaba de Sirte.
Irán “pagará el precio”, volvió a amenazar Obama el 9 de octubre, tras exponer en conferencia de prensa una fantasiosa operación destinada a asesinar al embajador saudita en Washington. “No habríamos presentado el caso a menos que supiéramos exactamente cómo probar las afirmaciones contenidas”, agregó el Premio Nobel de la Paz. Tres semanas después no hay pruebas y, por el contrario, el caso cayó por el propio pesos de la absurda fabricación. “El precio”, en cambio, aumentó: horas después el Departamento de Estado volvió a la carga con sus acusaciones a Teherán, por estar supuestamente trabajando en la construcción de una bomba atómica. Simultáneamente fuentes responsables indicaban que en Israel altos jefes militares y ministros de Benjamin Netanyahu se reunían para discutir un eventual bombardeo a instalaciones nucleares iraníes.
El diario israelí Haaretz publicó una nota firmada por Amos Harel, quien informa que el secretario de Defensa de Obama, Leon Panetta, viajó a Tel Aviv para llevar un mensaje: “Estados Unidos apoya a Israel, pero un ataque no coordinado a Irán podría detonar una guerra regional. Estados Unidos defenderá a Israel, pero Israel debe ser responsable. Estamos muy preocupados y trabajaremos juntos para hacer lo que sea necesario a fin de evitar que Irán represente una amenaza para la región”.
Antes de Panetta, provenientes de Estados Unidos llegaron a Israel 50 bombas estratégicas de última generación, destinadas a destruir refugios subterráneos de hierro y cemento construidos por Teherán a gran profundidad. Netanyahu habría aceptado la presión de Obama, pero con un plazo: comienzos del invierno boreal. Por razones inciertas (aparte la quiebra económica estadounidense y los 12.500 millones de dólares mensuales que cuesta la ocupación), el presidente estadounidense anunció sorpresivamente el 22 de octubre que retiraría antes de fin de año los 39 mil soldados emplazados todavía en Irak.
Esto último y el asesinato de Gaddafi, dijo Obama, “son poderosos recordatorios de cómo hemos renovado el liderazgo de Estados Unidos en el mundo”.

 

Premura

Por “renovación del liderazgo” debe entenderse desesperado intento por recuperar la iniciativa estratégica, perdida por Estados Unidos en la última década. A sangre y fuego el gobierno estadounidense recorre la fase final de una línea de acción aplicada desde hace cinco años con ese objetivo. Acuciado por la necesidad de mostrarse exitoso, Barack Obama dio por alcanzada la meta, precisamente cuando ésta se desdibuja bajo la presión de la crisis capitalista internacional y el inicio de movilizaciones en los centros imperiales.
Si desde una perspectiva militar el punto de partida de ese plan de largo alcance puede señalarse con la invasión a Irak, desde el ángulo político el primer movimiento coincide con el viaje de George W. Bush a Suramérica en 2007 (esta columna caracterizó el periplo en la edición de marzo de 2007). Bajo la férrea mano de Condoleezza Rice el Departamento de Estado dio inicio al contraataque tras la lacerante derrota estadounidense en Mar del Plata dos años antes, cuando se hundió sin remedio la estrategia del Alca (Área de Libre Comercio de las Américas).
En ambos casos los resultados no fueron concluyentes y quedaron muy lejos de reubicar a Washington como autoridad planetaria y centro de un reordenamiento mundial. No obstante, sería incorrecto desestimar lo hasta ahora alcanzado por el guerrerismo desenfrenado, así como las victorias parciales en la tarea de mellar la voluntad unitaria de América Latina. Puede percibirse en los últimos tiempos una peligrosa tendencia a dar por resuelto el desafío que un Estados Unidos en convulsiva crisis le plantea a la humanidad, mediante el superficial expediente de suponer que el eje capitalista hoy apoyado en Washington y Bruselas se traslada a otro, presumidamente virtuoso, con asiento en los Brics.
Es verdad que Estados Unidos ya no puede vencer. Se aplica en cambio a destruir, degradar, promover guerras fratricidas y cobrar los dividendos. Y continúa siendo la economía de mayor tamaño, imbricada además con el aparato bélico más poderoso, con mucho, de todo el planeta, al cual en última instancia se le somete Europa.
Se retira de Irak y de Libia. No sería erróneo entender ese paso atrás como expresión de impotencia. Pero deja tras de sí economías arrasadas, infraestructuras en escombros y, sobre todo, muy en primer lugar, pueblos heridos por profundas fracturas, insanables en el corto plazo. Ésa es y seguirá siendo su estrategia de “renovación de liderazgo”.
Tendencialmente esa línea ya está desplazándose, como amenazante nube, sobre Siria e Irán. En paralelo, con otros matices, la Casa Blanca despliega esa misma estrategia hacia América Latina, con centro en los países del Alba y en particular Venezuela. Cuenta con la conducta timorata y maleable de las burguesías de la región. Y con las vacilaciones de gobiernos ambiguos, irresueltos a la hora de buscar fortaleza en el único arsenal posible: la movilización y organización de las grandes mayorías.
Aviones de la Otan en Libia, calumnias lanzadas como misiles de acción retardada sobre Caracas, La Paz, La Habana, Quito o Managua. Obama es el circunstancial ejecutor de la estrategia imperial por recuperar la iniciativa. Unasur y próximamente la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), tienen la misión inversa. El Alba, con sus netas definiciones en favor del socialismo del siglo XXI obra como pequeño engranaje de un gran mecanismo apuntado a impedir la consumación del propósito yanqui. El 3 y 4 de noviembre se reúne en Cannes la cumbre del G-20. El 2 y 3 de diciembre, en Caracas quedará fundada la Celac. Al compás de la crisis que ya sacude las columnas del capitalismo estadounidense, se aproxima la hora de las definiciones.

v congreso extraordinario del partido de los trabajadores de brasil

Un gigante en la tormenta

PorLBenAXXI

 

Mudanzas: a contramano de anuncios y pronósticos de la economía mundial, el Congreso del Partido dos Trabalhadores delineó un objetivo de gran potencia. El camino es asociarse con los Brics (Brasil, Rusia, China, India, Suráfrica), el bloque en gestación, señalado como punto de reequilibrio del capitalismo. A la vez, el PT y su gobierno persisten en acabar con el hambre y la marginalidad de millones de habitantes. La presidente Rousseff muestra logros concretos: haber sacado de la pobreza a 40 millones de  seres humanos. Y reconoce lo mucho que falta. La incógnita es si la economía mundial permitirá sostener lo logrado y continuar avanzando. Y si el horizonte de los Brics es aceptable para quienes llevaron al PT al poder.

 

En medio de rayos y centellas que estremecen al capitalismo mundial, el gobierno brasileño luce más que optimista. No es que no tome medidas preventivas. Pero parece convencido de que el poderío de la economía local saldrá indemne de la tormenta. Más aún: anuncia un futuro al alcance de la mano en el cual la rémora de una desigualdad abrumadora será vencida por el crecimiento sostenido, la redistribución de la riqueza y la abolición de la marginalidad a la que ha sido arrojada una proporción inabarcable de sus 194 millones de habitantes.
“Brasil se encamina a ser la cuarta economía en el mundo y tal vez la tercera”, explicó Lula en su breve y coloquial discurso en la apertura del IVº Congreso del Partido dos Trabalhadores (PT), realizado en Brasilia entre el 1° y el 4 de septiembre. Fue mucho más que una afirmación optimista: ratificó el eje estratégico que guió sus ocho años de gobierno y se prolonga sin desvío en la administración de Dilma Rousseff, quien aplaudió sonriente antes de tomar el micrófono para clausurar el acto inaugural. De esta manera Luiz Inácio da Silva puso la nota dominante que, consciente o inconscientemente en la conducta de los 1.230 delegados presentes, presidiría el Congreso del partido gobernante: Brasil potencia.
Puede parecer extraño que a ocho meses del tercer gobierno y la segunda presidencia petista, en medio de una situación mundial tremulante, a meses de elecciones en las alcaldías de todo el país, el PT centre sus esfuerzos en una mudanza de su régimen interno. No lo es. Aunque haya quedado en el olvido, en 2005 el PT y su gobierno sufrieron una crisis que diezmó sus filas, ahondó la distancia entre sus corrientes internas (pluralidad palpitante que hizo poderoso y estratégicamente fértil a este partido) y puso a Lula al borde del abismo. Seis años después, tras la nueva victoria en las presidenciales, la consagración de Rousseff, en alianza con el otrora principal enemigo, el Partido do Movimento Democrático Brasileiro (Pmdb), la consolidación partidaria y electoral, requiere un manejo diferente de las nueve tendencias internas. Extraño pero coherente. El año próximo hay elecciones municipales, de enorme importancia para afianzar el poder del PT y sostener su hegemonía ante un desafiante Pmdb, lo cual a su vez fortalecerá o no las perspectivas de reelección de Dilma Rousseff dos años más tarde. Como mero ejemplo de lo que se reproduce multiplicado en todo el país, en San Pablo tres precandidaturas petistas amenazan la unidad partidaria y ponen en riesgo siquiera la posibilidad de ganar esa capital clave, hoy gobernada por el Partido da Social Democracia Brasileira (Psdb). Lula se ha empeñado personalmente en revertir esa situación. Pero no puede resolver cada caso a lo largo de la geografía brasileña. Recentralizar el PT es una exigencia insoslayable para la Dirección Nacional, tanto como aumentar su masa de afiliados y reorganizar sus finanzas mediante la cotización militante.
No menos curioso es que pese a la existencia de nueve tendencias (la última creada recientemente, a partir de una escisión de Articulação de Esquerda, a su vez escisión de la originaria Articulação, encabezada entonces por Lula), no hubo documentos contrapuestos como tradicionalmente ocurrió en el PT. La paradoja es entonces que, a la vez que se produce una pugna interna expresada en crudas disputas por candidaturas, las tendencias que en conjunto representan más de un 90% de los afiliados se pusieran de acuerdo para presentar un único proyecto de Resolución Política. El actual presidente del Partido, Rui Falcão, tuvo además la flexibilidad suficiente para reducir a pequeñas enmiendas los conflictos alrededor del nuevo Estatuto.
Sería erróneo concluir de aquí que el PT ha clausurado su tradicional régimen democrático interno. No; es que las diferencias se han limado entre las principales tendencias históricas. La idea de “Brasil potencia” obró el milagro. Quienes no comulgan con los cambios estratégicos implícitos en esa nueva concepción son una minoría ínfima. El Congreso puede dar cuenta de ellas con el simple recurso democrático de poner a votación cualquier diferencia mayor. Esta nueva realidad partidaria se respiraba en el IVº Congreso Extraordinario.

 

Aurea mediocritas

Lula y Dilma tienen en qué apoyarse. En un cuarto de siglo de institucionalidad sin sobresaltos, tras dos períodos de Lula en el Planalto y ocho meses con Dilma Rousseff, la marcha de la economía reafirmó la paradojal dinámica de crecimiento en cuya lógica los extremos de riqueza y miseria crecieron más allá de toda medida. Hace ya mucho tiempo estas tierras fueron bautizadas por la intelectualidad progresista como Belindia: Bélgica por sus cuantiosas fortunas y el adelanto del primer mundo, India por el atraso y la espantosa marginalidad.
Ese contraste intolerable está afirmado por la simple percepción de la vista y el sentido común. Pero el sentido común no alcanza –tanto menos la mirada individual– para comprender una realidad compleja. Y si hay complejidades en cualquier fenómeno económico-social, Brasil es un ejemplo superlativo.
El hecho es que las estadísticas, oficiales u opositoras, dicen algo diferente. Aun con la relatividad propia de cualquier estadística abocada a medir la realidad humana, Brasil muestra cambios impactantes. Si bien el crecimiento medio de la última década fue menor al de algunos de sus afortunados vecinos al Sur y al Oeste, la Presidente pudo inaugurar el Congreso con una afirmación imposible para cualquiera de sus pares del Cono Sur: durante el gobierno del PT “40 millones de personas salieron de la pobreza”. Ella agregó que esa masa humana (equivalente a la totalidad de la población argentina, para poner una magnitud comparativa), “pasó a la clase media”. Esto último, un alegado “milagro brasileño” del siglo XXI, es discutible. Por mucho que el concepto “clase media” se preste a plasticidades excesivas, y sin menguar el valor humano y social del resultado, no parece adecuado caracterizar de esa manera el salto de quienes salieron del abismo.
Con todo, apelando al lenguaje de consultoras y centros de estudio que trueca clases por niveles A-B-C-D y E, la estadística ratifica la significación política del fenómeno. Citada por el semanario Carta Capital, que casualmente publicó una nota sobre los nuevos ricos brasileños en la semana del Congreso del PT, la Fundación Getulio Vargas (FGV) indica que el nivel C creció un 46,6% entre 2003 y 2011, es decir, el período Lula.
También afirma la FGV que “39,6 millones de brasileños dejaron la pobreza”, para afirmar enseguida que los niveles A y B (las burguesías grande y mediana alta), crecieron en un 54,7%: “son más de nueve millones 200 mil brasileños que se enriquecieron en el período”. He allí el “dorado justo medio”: felices arriba y abajo en la pirámide social, no obstante, el 10% más pobre contribuye con el 33% de sus ingresos a las arcas fiscales, mientras que el 10% más rico cede sólo el 22,7% de lo anualmente embolsado. El Banco Mundial muestra la misma realidad de otra manera: el 55% de la carga tributaria grava el consumo, el 31,5% la renta y el 13,5% el patrimonio.
Como quiera que sea, el hecho es que “Entre 2000 y 2010 la renta per capita de la mitad más pobre de la población aumentó un 68%”.
Es obvio que ese aumento no es homogéneo. Y cabe recordar que el período incluye los últimos tres años del anterior presidente Fernando Enrique Cardoso. No obstante, nada podría reducir el impacto de esta magnitud.
¿Habrá de concluirse entonces que, en efecto, la concepción de aurea mediocritas, la lógica Brics, la estrategia “Brasil potencia”, han asestado una derrota letal al materialismo dialéctico y se imponen sin remedio al Manifiesto, el programa y el plan de acción que dio nacimiento al PT? En su discurso de clausura de la primera convención partidaria Lula preguntaba retóricamente “¿No sería el PT apenas un partido socialdemócrata, interesado en buscar paliativos para las desigualdades del capitalismo?”, para enseguida responder: “Nosotros, del PT, sabemos que el mundo camina al socialismo (…) sentimos en carne propia y queremos con todas las fuerzas una sociedad que, como dice nuestro programa, tendrá que ser una sociedad sin explotados ni explotadores. ¿Qué sociedad es ésta sino una sociedad socialista?” (ver Historia -Teoría – Debate, pág. 38).
No sólo en las filas del PT creen que ése es un lenguaje superado. Algunas delegaciones asistentes al Congreso parecían caer en estado de éxtasis al oír la implícita afirmación de que es innecesario pensar en una revolución, que es posible aplicar una estrategia de sostenido desarrollo e igualación social con apoyo en los Brics y ayuda del capital bueno. Es el gran debate que afronta ahora América Latina y buena parte del planeta.
Puede presumirse que la respuesta llegará antes de los hechos que de la teoría. El viernes 1° de septiembre, mientras sesionaba el Congreso, las Bolsas dieron en todo el mundo el reiterado aviso de que algo anda muy mal en los cimientos del edificio capitalista. Otro aviso, aunque de menor inmediatez, merecía atención en ese mismo momento: una multitud estudiantil manifestaba en Brasilia sus reclamos y se solidarizaba con el fantasma redivivo: el estudiantado chileno, mientras el movimiento campesino marchaba para recordar que está pendiente la reforma agraria y la Central Única de Trabajadores (CUT), a través de sus delegados al Congreso exigía la baja de las tasas de interés y una profunda reforma tributaria.

 

Molde nuevo

Ínterin, en el PT soplan nuevos vientos. Ideas, programa y líneas de acción política, incluso la tipología del militante petista, deben adecuarse a la noción de “Brasil potencia”, complementada con otro concepto fundamental, descripto en la resolución política: “la actualidad mundial está marcada por tensiones y disputas entre dos grandes y diferentes líneas de orientación política, económica y social –aunque en los marcos del capitalismo– un proceso en cuyas derivaciones deberemos incidir”.
Esas dos orientaciones en el terreno internacional las define de la siguiente manera el texto aprobado: “de un lado … políticas neoliberales que dejaron al capital financiero y a las grandes corporaciones privadas mundiales el control de los movimientos económicos”, en tanto “otra parte del mundo, en la cual se incluye Brasil, rechazó el neoliberalismo como alternativa para sus pueblos y naciones”. Agrega este texto que: “Con victorias históricas contra la derecha, la mayor parte de los gobiernos latinoamericanos –sobre todo en América del Sur– han adoptado una línea progresista, apuntando a promover el crecimiento económico, generación de empleos, distribución de la renta, justicia social y democracia”.
Tras explicar que “los países del Sur del mundo pasaron a crecer más y sus economías fueron haciéndose más fuertes que las de varios países ricos del Norte”, la resolución del PT subraya que “los llamados ‘países emergentes’ se convirtieron en motores dinámicos y promisorios de la economía mundial. Su fortalecimiento hizo también que la antigua distribución del poder en los organismos internacionales comience a ser superada. Se plantea ahora una lucha de poder en las instituciones internacionales entre representantes de estas dos líneas de orientación; en esto se inscribe la sustitución del G-8 por el G-20, la articulación de los Brics, la pretensión de Brasil e India de tener un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU y varias otras iniciativas, como la victoria reciente de Brasil para ocupar la dirección de la FAO”.
El documento aprobado señala con claridad la línea de marcha: “Incluso con la inevitable competencia entre sí de los Estados nacionales, y con las diferencias resultantes de la historia y de la vida interna de cada país, esta nueva alternativa va delineándose en el mundo. Aunque los países ricos del Norte continúen ricos y poderosos, y todavía mantengan la supremacía militar, hay otros nuevos países ricos y poderosos en la escena mundial presentando alternativas diferentes a los pueblos”. En ese universo de alternativas diferentes se propone incidir el programa de acción del PT.
Puertas adentro, esa estrategia tiene sus bemoles. Por las características señaladas, el Congreso no discutió temas de fondo. Pero hubo dos cuestiones que no pudieron ser eludidas: la privatización de aeropuertos y la presencia en Haití de tropas internacionales comandadas por Brasil.
Aquí también se comprobaría la adecuación del PT a los nuevos tiempos. Resuelta de antemano por acuerdo la Resolución Política, votada y aprobada en general por el Congreso, esos puntos quedaron como enmiendas. El trámite democrático fue formalmente impecable: la presidencia leyó en cada caso las enmiendas y luego hubo cinco minutos para argumentar a favor y otros cinco para la defensa del texto original. No se puede negar la eficiencia: en 20 minutos se debatió privatizaciones y Haití.
Causó sorpresa –y cierto malestar– el hecho de que en ambos casos el texto oficial fuera defendido por un antiguo dirigente petista, izquierdista en sus orígenes y relegado en los últimos años, quien utilizó un tono dramático para defender en altísimo tono de voz la privatización de aeropuertos (en 2014 se realiza en Brasil el campeonato mundial de fútbol y en 2016 las Olimpíadas) y la permanencia en la mediaisla caribeña, donde, según su opinión, las tropas estarían cumpliendo “una misión civilizatoria”. Por azar, ese mismo día estaba perpetrándose un acto incalificable contra un joven haitiano, sometido por militares uruguayos con raro concepto de civilización. Pero eso se ignoraba en Brasilia, donde sesionaba el Congreso. En ambas votaciones ganó la posición oficial por mayoría abrumadora, superior al 80%.
No obstante, el Congreso culminaría con dos decisiones caras a la tradición petista: el cupo femenino en los organismos de dirección fue elevado del 30 al 50%; y se respaldó el proyecto de reforma política que la bancada del PT defiende en el Parlamento.

 

Brics o no Brics

Por necesidad fonética, éste es el primero de los países de la fórmula mágica por estos días: Brics (Brasil, Rusia, China, India, Suráfrica). En cuanto a relevancia económica, ocupa el tercer lugar, con apenas una cuarta parte del volumen de China y muy cerca de Rusia. En 2010, en millones de dólares, el PBI de cada uno de los Brics indicaba la siguiente proporción: China: 4.667.000, Rusia: 1.371.000, Brasil: 1.346.000, India: 1.256.000, Suráfrica: 527.500.
La promoción de este potencial bloque internacional, así como el ingreso al G-20, determinaron la política internacional de los sucesivos gobiernos petistas. La otra palanca de esa estrategia es Unasur, conjunto al cual, en caso de consolidarse los Brics como protagonista internacional, Brasil objetivamente representaría (el PBI brasileño más que cuadruplica el de Argentina, la segunda mayor economía suramericana). No está claro en cambio cuánto énfasis pondrá Itamaraty en la consolidación de la Celac, que incorporará a México, cuyo PBI equivale a dos terceras partes del de Brasil.
En esta compleja e inacabada arquitectura intenta apoyarse la estrategia “Brasil potencia” o, como lo apunta Lula, ser “la cuarta o tal vez la tercera” economía en el mundo capitalista. Implícita queda la convicción de que la crisis económica en los centros imperialistas no quebrará la dinámica de crecimiento de los Brics y de Brasil en particular. Más aún: esta visión estratégica parte de la certeza de que la crisis beneficiará a estos países.
Es una hipótesis sin sustento teórico. Al contrario: incluso razonamientos elementales advierten la afectación que ya siente China y sufren Rusia e India. Pero ése es otro debate. De hecho, se trata de la cuestión de mayor importancia que deberán indagar dirigencias políticas, teóricos y analistas: ¿serán los Brics –o al menos podrían teóricamente ser– el gran protagonista mundial destinado a salvar al capitalismo mundial de un colapso generalizado, reequilibrar el sistema sobre un nuevo eje y afirmar un nuevo polo de poder y riquezas mientras Estados Unidos, la Unión Europea y Japón se hunden en la decadencia?
Inútil subrayar la trascendencia de la respuesta. En la región, más de un sector burgués –y más de un gobierno– aboga por montarse sin demora al tren brasileño para ser partícipes, siquiera subordinados, en el reparto de las mieles prometidas por esta interpretación del futuro regional y mundial.
Si la burguesía industrial y agroganadera brasileña tiene una medición diferente de la situación, no lo hace público. El establishment no se planta contra el PT. Desde los flancos, lo reconoce y valora sin dejar de lado los esfuerzos por cercarlo, eventualmente arrancarle parcelas de poder y, en todo caso, amarrarlo en una sofisticada urdimbre institucional. El gran capital aplica una línea de acción para ganar-ganar: si el milagro de crecimiento económico sostenido y desarrollo en la justicia social se verificara, la burguesía continuaría beneficiada por la proporción de absorción de riquezas arriba señalada y favorecida por la paz social y el equilibrio político (por el momento, en el club de los milmillonarios reportado por la revista Forbes, Brasil cuenta con 30 afortunados, contra 55 en India, 101 en Rusia y 115 en China).
Si, por el contrario, los Brics sufriesen el impacto del colapso en las metrópolis y vieran transformarse los sueños en pesadilla de caída económica y conmoción política, el precio lo pagaría en primer lugar el PT y su gobierno, que al menos con la Resolución Política votada en este Congreso queda por completo desarmado para afrontar semejante eventualidad.

 

Cielo celeste…

Entre los factores que alimentan el optimismo oficial sobresale uno: el descubrimiento de inmensas reservas petroleras a 300 kilómetros de la Costa Sur y Sureste. Petrobras (40% propiedad del Estado) proyecta una inversión de 225 mil millones de dólares hasta 2015. Si bien el titular de la compañía, José Gabrielli se muestra animado por el efecto multiplicador de este descubrimiento sobre la industria, la ciencia y la tecnología, no deja de señalar dificultades: extraer petróleo de las profundidades en que se lo halló (de 5 a 7 mil metros después de tocar el fondo del mar a 2000 metros), es “como producir en la Luna”, explicó en entrevista al semanario Carta Capital. Hoy se extraen allí unos 100 mil barriles diarios, un 2% del total. El propósito es llegar al 18% en 2015 y al 40% en 2020. Los altísimos costos que implica “producir en la Luna” podrían, en dependencia del giro mundial, presentar problemas no sólo para obtener la financiación necesaria, sino para sostener la rentabilidad empresaria. Gabrielli adelanta que Petrobras va a desinvertir, vendiendo activos y reestructurando activos financieros, además de tomar deuda por más de 13 mil millones de dólares.
Por el momento prevalece la confianza. “Estamos serenos, pero muy atentos al cuadro internacional”, declaró la ministra de Planeamiento, Miriam Belchior. La serenidad es una virtud mayor, sobre todo cuando cada jornada se observan los movimientos bursátiles y los índices macroeconómicos en las metrópolis. Y no sólo en esas lejanías: el PBI pasó de un crecimiento del 7,5% en 2010 a un 3,1% en el segundo trimestre de este año. Aun con un flujo sostenido de capitales del exterior, el déficit en cuenta corriente sube este año al 2,5% del PBI. Más elocuente, sin embargo, es que ese flujo se explica por las altísimas tasas de interés, ésas que la CUT exige disminuir y que Rousseff bajó a fin de agosto en medio punto: de 12,5 a 12%. Una gota de combustible para el motor desacelerado.
Pero el fenómeno tiene otro costado. Brasil está calificado con “grado de inversión”. Con esa calificación los países centrales pagan tasas cercanas a 0%. Se explica entonces el alud de divisas que llegan para especular en moneda local, fenómeno que hizo crecer las reservas en 64 mil millones de dólares en los primeros 8 meses del año, contra 41 mil millones en todo 2010. La deuda continúa siendo, como siempre fue, una sangría dolorosa.
Y resistente: esa ínfima baja del 0,5% supo a nada a la dirigencia sindical. No obstante, produjo una devaluación del Real de alrededor del 20% en las cuatro semanas siguientes, provocando alarma en Argentina, en constante pugna comercial con su vecino.
Tales indicadores no se traducen por el momento de manera sensible en la vida social. Brasil continúa exhibiendo riqueza y pobreza extremas, pero la rueda sigue girando con luz enceguecedora. Todo es desmesurado aquí. Por contraste, el carácter de la mayoría de sus habitantes, al menos en la afabilidad del habla y la prudencia en la palabra, denota un universo asible, amable, a la medida humana. Así, también, es este Congreso: calmo, equilibrado, pese al tifón que viene de la economía y la política mundiales y penetra en Brasil como sibilante viento helado. En una paradoja tan estridente como sus dimensiones, el gigante se lanza a conquistar un lugar privilegiado en el mundo a la vez que se cierra sobre sí mismo, en sorprendente giro, para ocultarse la crisis que estremece al planeta.

 

Desde Brasilia, enviado especial

argentina: balance de las primarias del 14 de agosto

Continúa la desagregación

porLBenCR

 

Introducción

Con movimientos espasmódicos y señales contradictorias, el arco político argentino dio un largo paso más por el camino de decadencia y desagregación. En las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (Paso) del 14 de agosto la precandidatura de Cristina Fernández se impuso con 50,07%, relegando a un nivel ignominioso a la Unión Cívica Radical (UCR) y a dos fracciones del Partido Justicialista (PJ). Si bien la elección efectiva tendrá lugar el 23 de octubre, es improbable que lo esencial de este resultado se revierta, aunque en modo alguno es descartable que cambien las proporciones y puede esperarse resultados diferentes a nivel de legisladores e intendencias. De esta manera el éxito circunstancial de la Presidente coloca una lápida a los dos partidos tradicionales del capital pero no los reemplaza, ni podrá hacerlo, con una fuerza política definida, capaz no ya de trazar y conducir una estrategia nacional, sino siquiera de sostener la gobernabilidad en el próximo período.

Muy lejos de la consolidación de un Ejecutivo fuerte, tanto menos de un bonapartismo efectivo, este saldo aún provisional ratifica que la crisis detonada en 2001 continúa abierta y, sin perspectiva de resolución a la vista, augura un estado de desequilibrio permanente y creciente, alimentado además por la ya reiniciada recesión mundial y la insustentable base económica de la Argentina actual(1).
Resultado en cifras

Aun cuando para analizar el curso social una elección es apenas un factor, a menudo equívoco y sin fundamentos de largo plazo, es preciso comenzar por los resultados de estos comicios según datos oficiales(2): sobre un padrón total de 28.853.153 electores, acudieron a votar 21.757.053, equivalentes al 75,41%. Incluso con voto obligatorio (y la amenaza explícita de no poder votar en octubre si no se cumplía en esta oportunidad), es un porcentaje elevado, demostrativo de interés mayor al esperado. De ese total fueron contados como positivos 20.699.663. Como se sabe, los porcentajes de cada contendiente se calculan desconociendo el padrón total, pero también los votos en Blanco, nulos e impugnados, es decir, se hace como que no existen 7.096.100 ciudadanos que no concurrieron a las urnas y se desconoce la opinión de 1.057.390 que sí acudieron, pero con la decisión de mostrar que ninguna de las fórmulas los representaba.

El frente en torno al Partido Justicialista, con Cristina Fernández como candidata, alcanzó el 50,07%. La Unión Popular, una fracción del PJ encabezada por Eduardo Duhalde el 12,16. Compromiso Federal, otra fracción peronista con Alberto Rodríguez Sáa como candidato, el 8,17. La UCR encabezada por Ricardo Alfonsín pero con la inclusión de dos reconocidos peronistas (Javier González Fraga como candidato a vicepresidente y Francisco De Narváez como aspirante a gobernador de Buenos Aires), fue condenada con el 12,17%. y la Coalición Cívica de Elisa Carrió el 3,24%. El Frente Amplio Progresista de Hermes Binner logró el 10,26%. Hubo 776.880 en Blanco, 258.002 anulados y 22.508 recurridos e impugnados, que sumados y según el modo oficial de calcular equivalen al 5,1% de franco rechazo. El denominado Frente de Izquierda y los Trabajadores (FIT) alcanzó el 2,48% y Proyecto Sur el 0,9%. Si bien este último no tuvo una definición anticapitalista (pese a que dos partidos definidos como revolucionarios integran ese frente, MST y PCR), podría considerárselos como conjunto contestatario, la suma de cuyos votos implica el 3,38% del electorado que concurrió a las urnas.. Aunque resulta imposible confirmarlo, puede estimarse que de esa forzada suma que resulta en un 8,39% (unos 700 mil votos de PSur y FIT, más el millón largo de votos Blancos y anulados), al menos la mitad está integrada por el activo obrero y juvenil. Está a la vista que la abrumadora mayoría de la clase trabajadora y el grueso de la juventud prestó su apoyo al peronismo en general y al FpV en particular, coincidiendo en esa opción con las clases medias urbanas y rurales.
Un segmento numéricamente mayoritario -en más de un caso atravesando líneas partidarias- rechazaba ambas caracterizaciones. Pero carecía de cohesión teórica y de estrategia común. Y salvo excepciones, estaba compuesto por organizaciones de porte menor.

 

 Espanto y sorpresa

A la reacción de espantada perplejidad en la oposición burguesa por semejantes resultados le hizo espejo la sorpresa del propio oficialismo: si bien era unánime la previsión de que Fernández sería ganadora, fueron inesperados los porcentajes de unos y otros. Luego, entre los balbuceos de aquélla y el triunfalismo de éste, el análisis objetivo del proceso en curso ha quedado al margen. Mención aparte merecen las consultoras y ciertos analistas al uso, a quienes les volvió el alma al cuerpo y se apresuraron a confirmar sus previsiones de meses atrás, pese a que evitaron hacer públicas sus encuestas u opiniones previas al 14 de agosto, apabullados como estaban por los resultados de tres elecciones sucesivas en puntos clave del país: Capital Federal, Santa Fe y Córdoba, donde el oficialismo fue arrasado.

Así las cosas, ha quedado en el limbo la explicación objetiva de la lógica interna entre la conducta social en esos tres casos insoslayables y el resultado de las Paso. Comentaristas ajenos al rigor y la seriedad elementales eligen entre cargar la responsabilidad a los impresentables candidatos de la oposición burguesa o celebrar la supuesta solidez del enraizamiento social del elenco gobernante, atribuido a no menos supuestos avances en pos de la igualdad y la justicia. Los hechos distan de estas socorridas interpretaciones como está lejos el gusano de la mariposa.

Como primera evidencia salta a la vista el irremediable descalabro de la UCR, la imposibilidad de recomponer este aparato principal del dominio de clase, así como el fiasco de quienes intentaron recomponer el PJ a través de un discurso peronista ortodoxo. Estos son dos factores cruciales para comprender la realidad argentina y su dinámica: los de arriba han perdido, y para siempre, sus dos partidos con enraizamiento y control de masas. Pero esto significa nada sin la contraparte, que es todavía más transparente a poco que se quiera mirar de frente la realidad: el oficialismo está apoyado sobre un PJ todavía más fragmentado que aquellos que asumieron la oposición, y la sigla bajo la que se cobija el gobierno, Frente para la Victoria (FpV), es un enorme tambor de hojalata vacío, capaz de eventualmente hacer mucho ruido pero sin nada dentro.

Desde luego, las causas son múltiples y residen en un imbricado entretejido de fuerzas objetivas y subjetivas, imposibles de percibir a simple vista. Entre las primeras están el crecimiento económico (superará el 7% este año) y el auge consumista (con base en el endeudamiento individual) de los últimos años, combinado una semana antes de los comicios con la eclosión de un nuevo y gravísimo episodio de la crisis económica capitalista en los países metropolitanos, anunciador del retorno de la recesión mundial. Aquí aparece el factor subjetivo atravesando el conjunto social, cuando cada ciudadano, en primer lugar las clases medias, se preguntó acerca de los efectos posible en Argentina y, con prescindencia de color político, vio y oyó a candidatos de la oposición en una catarata de vaciedades repetidas hasta el hartazgo por radio y televisión.

La extraordinaria volatilidad de la opinión general es el punto en que más crudamente plasma el cataclismo político argentino, que ha desmoronado a los partidos tradicionales de las clases dominantes, pero también a las izquierdas.

A lo largo de la historia el marxismo ha estudiado exhaustivamente el comportamiento político de las clases medias. En una de sus elocuentes metáforas, Trotsky las comparó con un enfermo afiebrado, que se revuelve en su lecho volcándose ora a derecha, ora a izquierda. Lo nuevo, en Argentina, es que no hay en el arco partidario estructuras realmente existentes a derecha o izquierda para que esas masas oscilantes puedan recostarse en ellas. No puede asombrar, por tanto, que en un momento de zozobra internacional hayan optado a último momento por el statu quo(3).

A propósito, un ejemplo muestra la irracionalidad del pensamiento adosado al oficialismo: los intelectuales del poder, desesperados por el supuesto «giro al fascismo» de la ciudad de Buenos Aires cuando el 31 de julio Mauricio Macri obtuvo en segunda vuelta el 63% de los votos, dos semanas después atribuyen a la «sabiduría popular» y a las virtudes oficialistas la victoria en las Paso. En vano se buscará siquiera un intento por vincular con criterio científico ambos fenómenos. Es una renuncia al pensamiento y a la seriedad individual.

Pues bien, el nuevo barquinazo mundial, combinado con el perfil de incapacidad y corrupción de los dos principales candidatos opositores hizo virar en redondo a las clases medias urbanas y rurales respecto de su comportamiento apenas horas antes, arrojándolas a los brazos trémulos de un asustado oficialismo.

En cuanto a la clase obrera y los sectores populares, que en las tres elecciones aludidas se volcaron mayoritariamente a la oposición, la explicación de su giro, también condicionada por la reaparición de la crisis mundial, tiene sin embargo otro factor determinante. Un análisis de las elecciones en Santa Fe elaborado por el periódico El Espejo(http://deargentinaelespejo.blogspot.com/), concluía el 26 de julio con la siguiente afirmación, en referencia a la toma de distancia del gobierno frente a la CGT y el aparato del PJ para armar las listas de candidaturas y los resultados obtenidos en tres distritos fundamentales:

«El elenco gobernante ensayó un intento desesperado para eludir el cepo en el que lo tienen la CGT y el PJ. De aquí al 14 de agosto al gobierno le quedan dos posibilidades: cede a las exigencias de esos aparatos (negocios contantes y sonantes), o se arriesga a no tenerlos como aparato efectivo para la crucial tarea de movilizar electores para las Paso. En cualquier hipótesis, los intereses de la nación, de la clase trabajadora y el conjunto del pueblo, están fuera de los planes de las camarillas burguesas y aparatos corruptos hoy enfrentadas a cuchillo por el poder y el reparto de la renta nacional».

A la luz del resultado del 14 de agosto, queda claro que, tras los sopapos recibidos en Capital Federal, Santa Fe y Córdoba, el gobierno cedió a exigencias de ambos aparatos. Así, la amenaza de estos de volcarse en favor de Duhalde o Rodríguez Sáa, se transformó en un frente único circunstancial de los llamados «barones del conurbano» (la mafia y la ultraderecha enquistada en el PJ), y la CGT, en este caso acompañada por la fracción oficialista de la CTA(4). Entre muchas informaciones imposibles de ser probados relativas a esa negociación (por ejemplo el freno al juicio que amenaza con llevar a la cárcel a Hugo Moyano), hay uno públicamente constatable: Moyano -acompañado por Hebe de Bonafini, antes de que estallara el escándalo- fue el principal apoyo en el acto de lanzamiento de Amado Boudou como candidato al gobierno de Buenos Aires, mientras simultáneamente el titular de la CGT y sus hombres más allegados defendían la necesidad de que el vicepresidente de Cristina Fernández fuera un hombre de la central sindical. Obligada por encuestas que mostraban la irremediable flaqueza electoral de Boudou, la Presidente eligió a última hora a Daniel Filmus el 20 de mayo. Cinco semanas después, a despecho de sus sólidos antecedentes neoliberales, Boudou fue designado por Fernández como su segundo en la fórmula presidencial.

Es verdad, también, que los aparatos del PJ y la CGT actúan con un doble movimiento, inverso en su expresión pero coherente en su objetivo: garantizar que el poder quede en manos del peronismo, a la vez que se realizan todas las maniobras necesarias para quitarle espacios al gobierno y tener capacidad para condicionarlo. En ese sentido, la nueva ley electoral acordada por el PJ y la UCR dos años atrás y el absurdo de más de 20 elecciones en ocho meses, calza como un guante en aquellas necesidades de manipulación electoral y sobrevivencia política.

Otro factor de relativo peso fue la abrumadora cantidad de recursos financieros destinados por la campaña oficialista en general y en particular la apuntada a la juventud, que tuvo éxito en franjas electoralmente significativas de jóvenes de la pequeño-burguesía. En este terreno fue particularmente efectiva la táctica en relación con los derechos humanos, tanto más despreciable cuanto la pareja presidencial jamás estuvo involucrada en esa noble tarea. La cooptación de organismos como Madres y Abuelas de Plaza de Mayo tuvo, no obstante, un significativo impacto en la captación de sectores juveniles. El cinismo de esta política es una prueba más de la degradación de las clases dominantes cuando de manipular la conciencia social se trata. En ese mismo sentido, el doble discurso relativo al alineamiento con el proceso revolucionario en América Latina -mientras se encolumna efectivamente con el G20- es una palanca de enorme efectividad para atraer el respaldo in extremis de gran parte del activo militante disperso.

En un marco de prolongada parálisis del movimiento obrero y férreo control de las estructuras por parte de la burocracia sindical, cuenta también la conducta circunstancialmente conservadora de la clase obrera industrial con empleo formal, beneficiada por aumentos salariales que neutralizaron -o poco menos- los efectos de la altísima inflación. Y sobresale el papel del aparato corrupto de los denominados «punteros», que mediante los planes trabajar y el subsidio para los menores manipulan a grandes sectores sociales sumergidos.

Por último, aunque de primera importancia, es preciso afirmar sin rodeos que el desplazamiento de votos que dio una neta victoria al gobierno tiene como palanca principal la inexistencia de una fuerza revolucionaria con raigambre en las masas, factor que, desde luego, es causa y a la vez efecto del estado de confusión y parálisis de la clase obrera y el conjunto del pueblo.

 

Sociedad, política y elecciones

Quien suponga exagerada la afirmación de que el gobierno temía los resultados del 14 de agosto simplemente debe recordar la retahíla de acontecimientos que precedió a las Paso. Además del clima creado por las derrotas oficialistas en Capital Federal, Santa Fe y Córdoba, en incompleta síntesis sobresalen la revelación de la estafa en torno a la construcción de viviendas para sectores desposeídos, que involucró a la Fundación Madres de Plaza de Mayo y derrumbó un preciado ícono para las vanguardias de las últimas tres décadas, el escándalo de latrocinio y mentira expuesto en el Instituto Nacional contra la Discriminación (Inadi), el resultado negativo en el caso de los hijos adoptivos de Ernestina Herrera de Noble (propietaria del grupo Clarín) acusada por la Presidente de ser «apropiadora» y desmentida por la Justicia en vísperas de la elección, la admisión por parte del juez de la Suprema Corte Eugenio Zaffaroni (cuyo nombre había sonado como eventual vicepresidente de Fernández) de que cinco de sus quince departamentos alquilados eran utilizados como prostíbulos(5) y, como colofón, la toma de tierras para vivienda en Jujuy, con el saldo de cuatro personas muertas, sumadas a otros diez asesinatos en luchas sociales en poco más de un año, sin que la Presidente, a escasos días de las elecciones, dijera una sola palabra al respecto. Eran hechos con peso suficiente para incinerar una candidatura. Como se sabe, ocurrió lo contrario.

Visto desde el punto de vista social, ese apoyo de la mitad de la ciudadanía al gobierno implica un frente de clases coyuntural tras la figura abstracta del «kirchnerismo» y un jamás definido «modelo», ambos encarnados en Cristina Fernández, con un programa de gobierno burgués, formulaciones equívocas respecto de la unión latinoamericana, la justicia social y la rendición de cuentas de la última dictadura, todo regido por un hecho probado de fe capitalista y subordinación al imperialismo (póngase de lado el pago de la deuda externa y la entrega a mineras, petroleras, pesqueras y telefónicas): el ingreso al G-20 en medio del cataclismo capitalista de 2008.

Desde el punto de vista político ese resultado se expresa en que los candidatos peronistas obtuvieron en las Paso el 70,4% de los votos válidos; el liberalismo conservador (Alfonsín más Carrió) el 15,41%; el liberalismo progresista del Partido Socialista más pequeños aliados en el FAP, el 10,26%. En suma, las diferentes caras de la burguesía conquistaron el 85,81% de los votos válidos; la propuesta socialdemócrata-socialcristiana el 10, 5%; Proyecto Sur y el FIT un 3,3%, bastante menos que la suma de votos en Blanco y anulados: 5,1%.

La mostrada volatilidad política, por tanto, se apoya en un consistente alineamiento social de sujeción del proletariado y el pueblo a las expresiones partidarias del capitalismo. Para una estrategia de unión latinoamericana, frente antimperialista y revolución socialista, el verdadero problema es este último y no su resultante política: a este respecto el balance no sería diferente si las urnas hubiesen dejado la posibilidad de que el 23 de octubre, en la elección real para el ejecutivo nacional, la oposición burguesa hubiese obtenido un resultado más equilibrado, la posibilidad de pasar a segunda vuelta y, como lo tenía planeado, hacer un bloque para desplazar del gobierno al actual elenco. En todo caso, la gran diferencia consiste en que los abanderados del mal menor se han salvado de tener que llamar en una segunda vuelta a votar por Fernández y su vice, funambulesco producto residual del liberalismo de los 1990, argumentando según la lógica de la continuidad capitalista con rostro, según su gusto, menos fiero.

 

Agotamiento de la democracia burguesa

Tras la rodada de Duhalde y Alfonsín en las Paso, no hay comentarista que no destaque la inviabilidad de un PJ reconstituido por fuera del oficialismo y reconozca que la aparente recuperación de la UCR era sólo el soplo de energía que suele preceder a la muerte. No habría que descartar que se equivoquen ahora como lo hicieron semanas atrás, al poner expectativas en aquellas formaciones no ya para ganar una elección, sino para garantizar la gobernabilidad. Es que este episodio es uno más de la larga serie demostrativa del agotamiento tendencialmente irreversible de la UCR y el PJ que, además de reflejar la crisis estructural del capitalismo, anuncia el inexorable ocaso institucional del poder burgués(6). En este decurso, los últimos treinta años han quedado bajo el predominio de quienes se empeñaron en buscar la menos mala de las innumerables ramas de aquellos dos troncos podridos. Junto con el inicio de la escalada electoral este año, una cantidad de cuadros fueron arrastrados y otros tantos paralizados por la gravitación objetiva de la eventual victoria oficialista, señalada en el desierto político actual como «lo menos malo».


Esa funesta idea del mal menor, intrínsecamente reformista, aunque pretenda lo contrario suma impulso a la dinámica de disgregación y descontrol, con el agravante de que contribuye a impedir la creación de una alternativa real de masas, de carácter anticapitalista. Ensambla así a la perfección con las formaciones infantoizquierdistas y con el accionar irracional de las clases dominantes.

Potenciándose mutuamente, la degradación de los partidos y sus candidatos, el vaciamiento de las campañas electorales, el clientelismo descarado, la corrupción rampante en los tres poderes, todo en el marco del agravamiento de la situación social para vastas mayorías y el aumento palpable de la marginalización de millones de argentinos, están clausurando en términos estratégicos la vía democrática para mantener el control burgués sobre la sociedad mediante mecanismos institucionales.

Entiéndase bien: esta perspectiva estratégica no se verificará linealmente y, mucho menos, en el corto plazo. Como sea, es incontrastable que las masas y sus vanguardias están empujadas a buscar nuevos caminos. Yerra quien suponga que los ejemplos a la vista en el Norte de África, en España y Gran Bretaña, en Chile, no impactarán en el estudiantado y las juventudes marginalizadas de Argentina.

De seguir la política nacional con el rumbo actual y, en la certeza de que la situación económica se agravará y descargará calamidades sobre las mayorías, las clases explotadas y oprimidas, sus vanguardias, las juventudes, renegarán del sistema democrático-burgués que desde la restauración institucional, 30 años atrás, ha entregado y empobrecido hasta niveles impensables a la otrora orgullosa Argentina. Pero el hecho es que las clases dominantes no tienen opción. No pueden regenerar un sistema republicano genuino. Tampoco pueden apelar, como tantas veces en el siglo XX, a un golpe militar. Desde 1983 han avanzado en zigzag pero con una resultante inequívoca, hasta que todo explotó en diciembre de 2001. Luego vino la pausa reconstructiva del equilibrio burgués, timoneada por Raúl Alfonsín y Duhalde. Y, tras el fracaso de recomposición partidaria de esa operación, el gobierno le fue entregado a Néstor Kirchner, quien luego de un fugaz intento «transversalista» regresó al vientre del monstruo: el PJ. El panorama post-Paso muestra que no hay reconstrucción posible de los partidos burgueses y replantea la vigencia de la crisis expuesta en 2001.

 

El FpV no tiene existencia real ni futuro posible

En el marasmo, no son pocos los que visten a Cristina Fernández con ropas de salvadora. Así como en 1995, cuando fue reelegido con el 49,6% de los votos, Carlos Menem era «alto, rubio y de ojos celestes», ahora la señora es «una estadista, maestra en el arte de interpretar los sentimientos de las masas». Ella misma se definió con elegancia estilo Chateaubriand (o Churchill, si se prefiere): «no soy gila», explicó en un discurso oficial transmitido por cadena nacional. Además de las huestes oficialistas, estas interpretaciones provienen de una izquierda residual frepasista y ex comunista, pero también de sectores del capital.
Más que ilusión, es un dislate. El peso de 10.363.319 votos es obviamente muy grande y, en determinadas circunstancias y dependiendo de las medidas que la Presidente tome en materia económica y social en el próximo año, puede dar un margen de maniobra igualmente importante. Pero la volatilidad señalada, también en dependencia de las medidas a adoptar, puede disolver ese poder en cuestión de días. Con base en lo ocurrido a lo largo de ocho años (y sin contar el cumplido por Kirchner como gobernador de Santa Cruz), es posible excluir una afirmación antimperialista y popular que revierta la constantemente regresiva distribución de la riqueza. Más aún, esto permite asegurar que no se construirá un partido de ninguna naturaleza. Ocurrirá lo contrario: más pobres y marginalizados, más fuerzas centrífugas, más disgregación. El así llamado «kirchnerismo» es la fase superior de una decadencia de clase planteada desde fines de los 1960, cuando una oleada de sublevaciones obreras, estudiantiles y populares, rompió para siempre la fantasía de una Argentina capitalista en crecimiento bajo la égida del capital. Recurso desesperado de la burguesía tras el ensayo insurreccional de 2001 y las Asambleas de 2002, el actual elenco gobernante cumplió su tarea de destruir lo que quedaba del movimiento popular, revolucionario y democrático, cooptando cuadros, corrompiendo organizaciones insospechables y desmoralizando a miles de activistas. Pero el verdadero objetivo por el cual el capital local e imperialista dieron lugar a esta instancia, recomponer los instrumentos sociales y políticos de dominación de clase, no pudo llevarlo a cabo. Por el contrario, al comportarse como una camarilla de advenedizos dispuestos a enriquecerse en poco tiempo y a cualquier costo, sin plan de acción y mucho menos estrategia nacional, el «kirchnerismo» aceleró hasta el paroxismo la corrupción, la disgregación de partidos, el desprestigio de dirigencias en todos los planos, el descreimiento de las masas en las instituciones de una república burguesa. Eso fue evidenciado y bien medido con las derrotas señaladas en los tres centros vitales del país.
La naturaleza y condición de esta corriente aparece en un hecho si se quiere anecdótico: en 1973 buena parte de quienes hoy integran el oficialismo levantaron la consigna «Cámpora al gobierno, Perón al poder». No hace falta recordar cómo se desenvolvió aquella estrategia. Como lacerante farsa de esta repetición histórica, cuatro décadas después la consigna es «Cristina al gobierno, La Cámpora al poder». El sólo hecho de apelar al nombre de un personaje autodefinido como «obsecuente», conservador, invertebrado, carente de toda idea propia y ajeno a cualquier expresión de lucha de masas, califica por sí mismo el contenido ideológico, político y estratégico de esta agrupación prefabricada. Pero, sobre todo, habla de la impotencia y segura intrascendencia histórica del kirchnerismo. Fuera de duda, en sus filas militan cuadros valiosos. Pero lo mismo podría decirse de otras formaciones cuya estrategia es mejorar el capitalismo argentino y bregar por su sustentabilidad. Con todos ellos el debate es respecto de la posibilidad de avanzar en materia de soberanía, justicia social y desarrollo económico autónomo sin adoptar, como punto de partida, medidas anticapitalistas que, naturalmente, presuponen una ruptura franca con el imperialismo. El papel jugado por el gobierno argentino al ingresar al G-20 en medio del colapso económico mundial exime de toda argumentación ulterior: sumarse a la operación imperialista para salvar el capitalismo no es una manera congruente de iniciar una larga transición al socialismo. La lucha ideológica con esta militancia, así como con agrupamientos reformistas adosados al poder con argumentaciones pseudo revolucionarias, no puede pedir ni ofrecer tregua.

 

Dos caras de la misma medalla: sectarismo y oportunismo

Tras muchos años de sistemático debilitamiento y como efecto directo de la nueva ley electoral, la izquierda sectaria se movió abruptamente a contramano de su historia. Izquierda Socialista, Partido Obrero y Partido de los Trabajadores Socialistas, conformaron el denominado Frente de Izquierda y los Trabajadores. El MST se incorporó a Proyecto Sur. Posteriormente el PCR -un partido diferente a los cuatro restantes- tomó la misma línea y se sumó a la sigla encabezada por Fernando Solanas.

Explícitamente en el primer caso, encubierto en el segundo, el motor de decisiones que contradicen la totalidad de la práctica de estas organizaciones durante años no fue otro que el temor a perder el registro electoral, la personería legal trabajosamente obtenida y puesta en riesgo por una ley restrictiva y proscriptiva. Sólo desde una perspectiva sectaria, como la que las mencionadas organizaciones esgrimen en cualquier momento y lugar, se podría condenar desde un principismo abstracto la decisión de asumir una maniobra política para preservar un espacio de lucha en el ordenamiento obligado por el Estado patronal. Otra cosa es evaluar y debatir la manera en la que se concreta esa maniobra, su contenido político concreto y su dinámica futura.

El FIT centró su campaña en pedir el voto contra «la proscripción»; algo así como «vótenos para… poder seguir votándonos». La consigna de las últimas semanas, la más difundida, es sorprendente en un partido político, tanto más si se proclama revolucionario: «400.000 votos para hacer oír tu reclamo». El FIT tomó como punto de partida la certeza de que no alcanzaría el 1,5% exigido por la ley. Y el cálculo no era errado, a estar los registros sucesivos alcanzados por las tres siglas sumadas. Tal contenido, con tono plañidero, tuvo el grueso de las intervenciones radiales y televisivas de los candidatos. Al punto que un redactor del diario Clarín lo denominó «voto lástima». En esa cuerda, un periodista del área de espectáculos, conocido por los chismes del corazón, ajeno y contrario a las ideas de estos partidos, tuvo la ocurrencia de hacer una campaña mediante twitter para pedir «un milagro». El tono y contenido de semejante idea fue una verdadera ofensa al militante revolucionario: sólo un milagro podía hacer que tres partidos sumados alcanzaran el 1,5%. Y la permanencia de una organización revolucionaria quedaba en manos de personas no ya contrarias al socialismo, sino cuestionables por su labor pública. Como sea, el hecho es que la campaña cobró inusitado vuelo (el periodista de marras tiene, según se asegura, 600 mil seguidores en Twitter). Lo peor de la prensa burguesa, empeñada en restarle votos al oficialismo, difundió la boutade y dio inusual espacio a los candidatos del FIT. Una oportunidad magnífica, en cualquier caso. El hecho es que sólo marginalmente esa oportunidad fue utilizada para educar a obreros y jóvenes respecto de la sociedad de clases, el papel del capitalismo, el significado del consumismo, la crisis galopante del imperialismo. Por supuesto no hubo un segundo dedicado a la defensa de Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Ecuador, puesto que para el FIT los gobiernos de esos países son «agentes del imperialismo». Mucho menos denunciar la guerra contra Libia o la provocación belicista contra Siria.

El resultado, positivo en este caso, fue otra abrumadora prueba de la confusión ideológica y orfandad política de la sociedad argentina: en la convicción de que estaban adoptando una posición de defensa democrática del derecho de un partido a participar de elecciones, individuos y agrupamientos, sobre todo jóvenes, anunciaron que votarían al FIT, subrayando que no comparten sus posiciones y que ese voto no se repetirá el 23 de octubre. Así, el FIT superó por nueve décimas la prueba y su fórmula presidencial podrá participar en los comicios presidenciales. Es de esperar que ahora, sin la presión del registro electoral, utilicen el espacio mediático al que accedan para difundir las ideas de la revolución y defender explícitamente el «derecho democrático» de Raúl Castro en Cuba, Hugo Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia, Daniel Ortega en Nicaragua y Rafael Correa en Ecuador a continuar con sus gobiernos revolucionarios sin amenazas y boicots de Estados Unidos, sin campañas calumniosas por parte de los medios del capital donde son invitados a exponer. El verdadero milagro sería ése y que los tres agrupamientos continúen aunados después del 10 de diciembre, cuando asumirá el próximo gobierno y comenzará un vigoroso período de luchas sociales y políticas.

Otro fue el resultado del intento ensayado por el MST. Pergeñado al calor de una elección en la que Solanas obtuvo casi el 25% de los votos en la Capital Federal, en 2009, el ingreso del MST a Psur apuntó al mismo objetivo del FIT, mantener el registro electoral, aunque subordinándose al arbitrio de una dirección inorgánica y personalista. Ocurre que en algún punto del camino, por razones que resultan políticamente inexplicables, Solanas torció el rumbo conceptual y acentuó el unicato dirigencial. No sólo fue abandonado el antimperialismo -ni hablar de socialismo- sino que también el proceso revolucionario latinoamericano desapareció de las profusas intervenciones de Solanas en radio y televisión(7), que monopolizó en grado absoluto la representación de ese espacio en los medios de comunicación. De modo que el MST desapareció de la agitación revolucionaria en campaña electoral. Precio demasiado elevado, tanto más aún si al cabo Psur no llegó ni al 1% de los votos y perdió la posibilidad de presentarse a la elección presidencial. Como saldo de este viraje, este agrupamiento contabiliza a su favor una victoria estratégica: un legislador en la Capital Federal, como parte de la lista de Proyecto Sur el 10 de julio.

Detalles y anécdotas al margen (la celebración de su dudosa victoria por parte de la dirigencia del FIT quedará en los anales del contorsionismo oportunista), importa subrayar que la izquierda sectaria mostró la otra cara de la medalla, se hundió en el electoralismo y ratificó su incapacidad táctica y estratégica para dar respuesta al proletariado y las grandes masas en un momento de convulsiva crisis capitalista.

 

FAP: siglas nuevas, resonancias antiguas

En el tramo final del camino al abismo emprendido por Solanas, Psur pareció consumar un bloque con el Partido Socialista (PS), el Frente Cívico dirigido por Luis Juez, Libres del Sur y varias siglas surgidas de la fracción no oficialista de la CTA. Tres días después de un acto público en el cual esa coalición quedó públicamente sellada, Binner anunció el nacimiento del Frente Amplio Progresista, al tiempo que Solanas denunciaba una traición, rompía con la nueva formación y espejando el primer paso del FAP designaba, sin la menor participación de sus adherentes, la fórmula presidencial y demás candidaturas principales.

Esta abrupta fractura, en el tramo final de la campaña electoral, pareció programada para aumentar la confusión del ciudadano y la desmoralización de la militancia. Pero fue en realidad la consumación de proyectos en un caso centrado en torno a un individuo y en otro en un programa de cuidadosas reformas al capitalismo local, defensa del sistema capitalista mundial y choque estratégico con la revolución latinoamericana.

Así se explica el, en apariencias, insólito lanzamiento del FAP sin la presencia de Psur y la designación de candidatos de uno y otro bloque que la militancia conoció por la prensa burguesa. No es que Psur mantuviera banderas antimperialistas. Pero el programa de los cinco puntos originales de ese bloque es redondamente incompatible con el programa del FAP. Por cierto a esto hay que sumar una enfermiza disputa por cargos y candidaturas, que marcó el nacimiento del FAP y la declinación de Psur con los peores rasgos de la política burguesa.

Tras la disgregación y colapso electoral de Psur (25% Solanas en 2009; 12% él mismo como candidato a jefe de gobierno en Buenos Aires; 0,9% su fórmula presidencial en las Paso), el cineasta la emprendió contra Binner y contra los dirigentes de la fracción no oficialista de la CTA que, habiendo estado con él en Psur, cambiaron de caballo a mitad del río. No ahorró calificativos ni revelaciones (ciertas, sin duda) para explicar la conducta de sus aliados en los dos últimos años. También acusó a Libres del Sur: estuvieron, dijo «en 2008 con Kirchner; en 2009 con Sabbatella; en 2010 con Proyecto Sur y en 2011 con los socialistas. ¿Dónde estarán en 2012? Son fuerzas que se posicionan de acuerdo a lo que pueden conseguir en los armados electorales; nosotros abrimos la fuerza para conformar algo serio». Verdad. Sólo que en 2010 Libres del Sur fue un punto de apoyo clave de Solanas para timonear al Psur desde un solitario puente de mando. Y los brazos políticos de la fracción de la CTA proveyeron la única ilusión de proyección de bases del Psur. Ocurre que estos desgajes son ahora parte del FAP, hegemonizado en todo sentido por el PS.

Desde mucho tiempo atrás(8), a partir de la derrota de Néstor Kirchner en las legislativas del 28 de junio de 2009 y la abrupta caída en la aceptación social del gobierno (luego revertida con la recuperación económica de 2010 y, singularmente, con la muerte del ex presidente), la burguesía se planteó el recambio y, ante el páramo que tenía enfrente, comenzó a considerar y promover la figura de Binner(9).

En un escenario muy diferente -fracaso rotundo de la burguesía para revivir la UCR y el PJ, recuperación de la imagen de Cristina Fernández- con el 10% obtenido por el FAP Binner vuelve a ser una carta capaz de mover el fiel de la balanza. No por acaso el Pro de Mauricio Macri, a través de su diputado Federico Pinedo propuso formalmente que Alfonsín y Duhalde renunciaran a sus candidaturas y apoyaran a Binner.

En pos de la unidad social y política de los trabajadores y el conjunto del pueblo, en función del valor estratégico que tendría sepultar al bipartidismo y romper ese recurso de equilibrio del poder burgués, un bloque electoral con «Binner como candidato a presidente, con Luis Juez en Córdoba, Fernando Solanas en Capital Federal, Miguel Lifschitz en Santa Fe y una figura a definir en Buenos Aires -que puede provenir del grupo de Margarita Stolbizer o de los restos desperdigados de la CTA», como propuso la UMS en enero de 2010 en el periódico citado, era una línea de acción reivindicable y posible. A condición, claro está, de que afirmara un programa en torno de los cinco puntos poco después olvidados por Psur, que garantizara un funcionamiento interno participativo y democrático y diera lugar a identidades diferentes aunadas por un programa. Decía el texto citado: «No hay aquí una cuestión de principios. Es preciso diferenciar entre bloque electoral y herramienta política de masas. El dilema estriba en medir con objetividad y precisión si (…) en una situación de extrema volatilidad, la militancia revolucionaria puede encontrar un punto de cohesión y alcanzar la capacidad para actuar eficientemente tras la perspectiva de la unidad latinoamericana, la confrontación sin concesiones con los imperialismos y la afirmación de cimientos para el socialismo del siglo XXI. El punto en debate es si se puede o no lograr un paso adelante efectivo en la conciencia y la organización de las masas, en pos de superar cualitativamente la noción de frente popular según la fórmula stalinista para dar paso a un frente antimperialista encabezado por fuerzas revolucionarias y con base en las clases explotadas y oprimidas».

Y agregaba a continuación «Una eventual alianza electoral con Binner no podría retroceder de aquella plataforma que incluye la recuperación de las riquezas nacionales, la negativa a pagar la deuda externa ilegítima y el compromiso con la unión latinoamericana, además de las demandas obvias relativas al salario, el empleo, la salud, educación y vivienda».

Es en este punto donde importa el anecdotario de la pelea entre las tres principales figuras de Psur, el fraccionamiento de éste, el salto de varios de sus componentes principales hacia la formación del FAP y el choque de ambos bloques. Para comprender el significado de fondo de ese desenlace basta recorrer el Manifiesto Fundacional y la Plataforma Programática del Frente Amplio Progresista.

Si bien Solanas había relegado al arcón de los recuerdos las bases antimperialistas y latinoamericanistas de Psur, éstas estaban como referencia insoslayable de esa formación. El FAP, en cambio, además de tomar explícitamente como punto de referencia «los gobiernos progresistas de la ciudad de Rosario, durante los últimos veinte años, y de la provincia de Santa Fe desde 2007», (ambos integrados por la UCR, la Coalición Cívica y hasta la Democracia Cristiana), transforma «la recuperación de los recursos naturales, la soberanía y la defensa del patrimonio y el medio ambiente» de las cinco causas de Psur en una «defensa firme y responsable de nuestros recursos naturales y la recuperación de la capacidad de decisión sobre los mismos».

No hace falta explicar que «responsable» significa oposición a cualquier propuesta de nacionalización de petróleo, minas, territorio marítimo, telecomunicaciones y transporte (para más abundamiento, el párrafo sigue a la reivindicación de la política aplicada en Santa Fe), en tanto «capacidad de decisión sobre los mismos» no es sino resultado de la pugna interna en la redacción del documento.

Mientras que el horizonte estratégico queda definido por la fórmula «mejorar nuestra democracia», la ya lavada definición de Psur en sus cinco puntos, «integración autónoma de América Latina», queda convertida por la FAP en «una perspectiva estratégica de inserción internacional basada en una efectiva cooperación mutua con Brasil en el contexto del Mercosur, en la profundización de la regionalización y en una amplia multilateralidad económica, política e institucional».

En vano se buscará en esos documentos fundacionales improperios tales como Alba, Cuba, Venezuela, Bolivia, Nicaragua o Ecuador. La «responsabilidad» y pulcritud del FAP los excluye por definición.

De modo que el FAP no sólo nace signado por una metodología en todo y por todo ajena a la participación de sus bases y partes componentes, sino que asume un programa contrario a cualquier perspectiva de confrontación con el imperialismo, voluntad de concientizar y organizar a las masas tras una estrategia anticapitalista y, en cambio, ratificando el orden burgués al que se embellece con la supuesta posibilidad de imponerle cambios significativos en materia de distribución de riqueza y se reafirma como non plus ultra del accionar político.

Sería excesivo afirmar que las ramas de la CTA incorporadas al FAP y Libres del Sur han renegado de definiciones defendidas durante mucho tiempo. Pero es legítimo sostener que con su ingreso al FAP emprenden un camino exactamente inverso en el caso de algunos agrupamientos y de tardía definición explícita en el caso de otros.

El FAP es el hijo prematuro de la alianza internacional entre socialdemocracia y socialcristianismo, destinada a impedir la revolución. Réplica del FpV, con menos votos e impronta liberal. Los desaguisados al interior de la UCR impidieron que el vástago naciera según lo planeado por sus gestores. Pero estos volverán a la carga. En todo caso, aquello que en el plano sindical es la Confederación Sindical Internacional, creada en noviembre de 2006 para afrontar la radicalización de las masas sobre todo en América Latina, es hoy el FAP en el plano político argentino.

La posibilidad de que el PS y Binner fueran hegemonizado por un amplísimo bloque con enraizamiento de masas y carácter nacional, democrático y antimperialista, no superó el estadio de hipótesis jamás asumida por fuerzas revolucionarias, y tras un sinuoso recorrido quedó trastocada en la conformación de una estructura vertical, sin proyección de masas, burocrática y de naturaleza reformista burguesa.

En el próximo período es esperable una evolución que deje sin alternativa a los sectores comprometidos con posiciones antimperialistas, latinoamericanistas. El matrimonio socialdemocracia-socialcristianismo habrá logrado una vez más (como lo hizo con el Frente Grande, el Frepaso y la Alianza), bloquear el camino de la unidad social y política de las masas. Las cabezas responsables de esta deriva no podrán eludir el juicio de la historia ni cabalgar sobre la próxima ola social que la crisis necesariamente pondrá en movimiento.

 

Nuevo cuadro de situación

En el transcurso de la última década y algo más, Argentina se ha transformado. No sólo por la caída a pique del ingreso en tres cuartas partes de la población, el aumento en flecha de la pobreza y la indigencia, la desarticulación y prostitución de las instituciones. Las clases mismas han sufrido un sensible proceso de cambio cualitativo. Tras la experiencia de los 1990, la burguesía se parapetó frente a la conducta descontroladamente voraz del imperialismo y, en todas sus fracciones locales -e incluso en sectores transnacionales de la industria y el comercio- viró hacia una política de toma de distancia respecto de Washington y aun Bruselas, respaldando con mayor o menor vigor la noción de mercado latinoamericano y alineándose para ello con Brasil.

Las clases medias se polarizaron notoriamente entre una minoría rica y una mayoría empobrecida, perdiendo la homogeneidad que caracterizó al país durante el siglo XX. El impacto de la crisis permanente con paréntesis de prosperidad, combinado con los cambios culturales traídos por la postmodernidad y la revolución en las telecomunicaciones demolió el precario sustento ideológico con el que estas capas sociales sostuvieron durante más de un siglo su hipócrita moral, lanzándolas al vacío de una amoralidad que, en el actual contexto mundial, no podía sino agravarse afirmando la inmoralidad como definición ideológica y práctica social.

La clase obrera, a la vez que aumentó cuantitativamente con la proletarización de las profesiones antaño liberales y de una masa creciente de ingenieros y técnicos, perdió en grado absoluto la condición de «clase para sí». Al compás de la ola mundial de dilución ideológica del proletariado, destrucción de los partidos de clase y corrupción extrema de los sindicatos, en Argentina las organizaciones gremiales llegaron al punto de transformar su naturaleza y función: la antigua burocracia sindical se transmutó en expresiones directas de la patronal y el Estado, cuando no en patrones ella misma. La parálisis del movimiento obrero como tal, experimentada a partir de las últimas dos grandes huelgas de clase como lo fueron la de metalúrgicos y ferroviarios en 1992, al influjo además de la deriva de las izquierdas hacia el ultrismo vacío y el reformismo burgués, acabó transformando también a las direcciones sindicales que dos décadas atrás se plantaban, desde la honestidad y la combatividad, contra los antiguos aparatos corruptos, para terminar sumándose a ellos o copiándolos en instancias originalmente comprometidas en dar paso a lo nuevo. Disgregada y sin brújula la clase obrera fue permeable a la corrupción de las clases dominantes y las capas medias.

La degradación y vaciamiento de los partidos tradicionales arrolló en la práctica política principios colectivos y conductas individuales, no ya en las cimas del poder, sino en toda la escala social, sin excluir a buena parte de lo que fuera militancia revolucionaria. Al no encontrar un cauce anticapitalista la crisis corrompió poco menos que todo. El caso de Hebe de Bonafini es ejemplo sobresaliente de esta caída al abismo. Con la tortura y la desaparición masiva de personas, la última dictadura dio una muestra adelantada de degradación extrema de la clase dominante. Aquel mal hizo metástasis en todas las instituciones, en el conjunto social y en una cantidad sorprendente de hombres y mujeres antes comprometidos con una revolución.

La estrategia burguesa-imperialista, sean cuales sean sus conflictos internos, campea en este terreno sin oposición de clase consciente y organizada. El así llamado «kirchnerismo», ahora devenido «cristinismo» (mutación demostrativa de la consistencia del fenómeno), es resultante y a la vez efectivo promotor de esta tarea de demolición.

En este nuevo cuadro la idea de edificación de una herramienta política de masas, tal como interpretada y defendida por incontables militantes entre los cuales nos contamos, ya no es realizable.

Las transformaciones sociales y los cambios políticos de signo negativo eran previsibles. Y fueron previstos. Cabe citar caracterizaciones de 1997, cuando el gobierno que dos años antes había arrasado en las urnas estaba liquidado y el reemplazo había tomado la forma del Frepaso, integrado, sugestivamente, por quienes hoy componen el FAP y el sector subordinado del elenco gobernante:

«en tanto el proletariado -entendido aquí estrictamente como proletariado industrial– no asuma la lucha política en función de sus intereses de clase, la creciente oposición, el malestar y el descontrol, incluso en la hipótesis altamente probable de grandes explosiones sociales (ocurridas efectivamente en 2001/02), estos no sólo no revertirían los resultados de la política aplicada consistentemente por las clases dominantes desde 1974, sino que servirán para asestar nuevas derrotas a las masas, descomprimir la situación social y hallar un nuevo punto de equilibrio para continuar con la misma política, aunque utilizando diferentes métodos, partidos y dirigentes (…)
 «las organizaciones responsables (de la subordinación a nuevas expresiones burguesas) demostraron con ello su incapacidad para la gran tarea de educar, organizar y conducir a las masas en la lucha contra el poder burgués. Por lo tanto no son ni pueden ser aliados permanentes y sólo cuentan como fuerzas allí donde puntualmente podemos converger en luchas concretas, a condición de jamás aparecer ante las masas y/o las vanguardias como integrantes de un frente, bloque o cualquier otro tipo de alianza partidaria (…) Esta situación no remite a circunstanciales movimientos tácticos, sino a su concepción política global hacia el movimiento de masas (…)

«Es por responsabilidad directa del espontaneísmo, el sectarismo y el reformismo de estas organizaciones que el Frepaso captó el descontento de masas, la búsqueda de una nueva expresión política por parte de decenas de miles de activistas del movimiento obrero, la juventud, los profesionales y los sectores más sanos de la sociedad. Y es por la existencia del Frepaso que se clausuró por un período la creación de un partido de masas, antimperialista y anticapitalista, de los trabajadores y el pueblo. Por responsabilidad de quienes se autoproclaman revolucionarios y marxistas, el Frepaso ocupó el escenario político, en favor de una política de defensa del sistema de explotación y opresión, ahondando la división, la confusión, la desmoralización y desmovilización del proletariado.

 «La única fuerza actual de las clases dominantes es la ausencia política del proletariado. Esa ausencia no era inevitable. Todo lo contrario (…)

 «Si no hay convulsiones sociales o crisis económica de envergadura, este proceso culminará en las elecciones presidenciales del 99. Pero desde ya se ha abierto una nueva fase en la lucha por la unidad social y política de los trabajadores; significativamente diferente de la recorrida hasta ahora.

 «El aspecto central de esa diferencia es que como elemento dominante de la unidad social y política no están las organizaciones sindicales ni los dirigentes honestos y combativos de éstas en cuanto tales (…)

 «La primera consecuencia de esta nueva situación es un grado mayor de dispersión y confusión del activismo sindical comprometido con las bases, los cuadros sindicales no subordinados a expresiones políticas burguesas y la militancia revolucionaria en general. La segunda consecuencia, inseparable de la anterior, es un desplazamiento del punto de unidad hacia la izquierda. Esto debe entenderse en términos programáticos, políticos y organizativos (…)

 «No cejaremos ni por un instante de defender la necesidad de una instancia de las características de la Propuesta Agustín Tosco, como puente hacia un Partido de los Trabajadores. Y estaremos en alerta máximo para detectar cualquier signo que desde el movimiento obrero indique que este paréntesis se ha cerrado.

 «Mientras tanto, no intentaremos sustituir con nuestro esfuerzo lo que la clase no sustenta por sí misma. No incurriremos en el error simétrico de quienes pretenden reemplazar a la clase obrera por un partido autoproclamado como vanguardia. Pero aun en esta coyuntura nuestras tácticas estarán constante e invariablemente dictadas por la necesidad de contribuir al desarrollo y consolidación de cualquier movimiento propio de los trabajadores, la juventud y sus aliados, que se encamine o tenga la posibilidad de hacerlo, hacia la organización de un Partido de los Trabajadores, plural, de masas, democrático, antimperialista y anticapitalista (…)

 «el cambio de acento sobre uno de los términos (herramienta política de masas y partido revolucionario, nota de esta edición) es sólo el reconocimiento de una circunstancia que tendrá tanta vigencia como el curso de los acontecimientos determine. El cuadro vigente al momento (…) indica una táctica que puede cambiar bruscamente, en la misma medida en que puede cambiar el estado de ánimo y el accionar del movimiento obrero. Mientras tanto, la concepción estratégica respecto del concepto de Frente Único en las condiciones concretas de este país será el reaseguro para no caer en la construcción de una organización sectaria y la educación de militantes ajenos a la práctica cotidiana de las masas»(10).

En esta nueva repetición circular de la historia (la cuarta, si se cuentan el desvío sectario al inicio de la etapa institucional en 1982/83, la incorporación de la CTA al Frepaso en 1994, la omisión y el ultrismo en 2001 y el afianzamiento del actual gobierno en 2003), las dirigencias sindicales que dieron un nuevo aliento a la lucha sindical y política a comienzos de los 1990, ya no existen como tales. Para resumir un fenómeno abarcador y complejo, se puede observar lo ocurrido con la CTA. Primero torció el rumbo original y se transfiguró, sin debate ni participación, de Congreso a «Central»; después ingresó al Frente Grande y acompañó el camino posterior por el Frepaso y la Alianza; más tarde, ya una sombra de lo que fuera, se dividió; y finalmente la fracción contraria al gobierno nacional ingresó al FAP en la figura de su principal dirigente. Otras direcciones sindicales de entonces o el período inmediatamente posterior (Fraternidad, UOM Villa Constitución, Telefónicos, Luz y Fuerza de Córdoba, etc), abandonaron con diferentes recursos y justificaciones la construcción de un partido de masas independiente y contrario a cualquier expresión del capital, sea para sumarse al gobierno de Kirchner, sea para incorporarse al reciente frente de la socialdemocracia y el socialcristianismo. Por todo un período estos alineamientos no cambiarán. Y cuando lo hagan, es impensable que en su actual composición dirigente contribuyan a la creación de una herramienta de masas antimperialista y anticapitalista.

Meritorias expresiones diferentes, como Fasimpat y una cantidad innumerable de empresas recuperadas, cooperativas de autogestión y otras experiencias del mismo género, así como agrupaciones sindicales, estudiantiles, indígenas, de mujeres, son excepciones de esta ley general que como tales la convalidan, pero que en condiciones diferentes podrán ser la base para la afirmación de una poderosa fuerza política con enraizamiento de masas.

Al momento, sin embargo, tampoco hay movimientos sociales genuinos dispuestos a pasar a la acción política desde una perspectiva antimperialista y anticapitalista. El caso del movimiento de mujeres es particularmente elocuente en cuanto a la esterilidad resultante de la manipulación socialdemócrata y la vocinglería ultrista, con el accionar eficiente de incontables ONGs en el centro operativo.

Desde luego hay reservas en todos los sentidos, en todos los ámbitos, en todas las organizaciones sociales y políticas. La traba consiste en que así como la continuidad de la lucha se dio en este prolongado período de manera fragmentaria, puntual, aislada, también aquellos yacimientos de fuerza futura están ocultos, separados, impotentes. Bastaría que existiese el punto de nexo para esa conjunción y todo el panorama político argentino cambiaría de signo. Pero ese punto, al menos en el cuadro actual, sólo podría existir en torno de un proletariado en lucha, con dinámica de aglutinación social. Una nueva clase obrera, aunada en todos sus estratos, constituida en «clase para sí», es decir en colectivo consciente de su lugar en la sociedad, a partir de esta realidad, permitiría la eclosión de las múltiples fuerzas existentes bajo la superficie, su unificación y potenciación. Pero no hay atajos para recomponer el tejido social, aunar al proletariado con las juventudes estudiantil y trabajadora y plantear una salida revolucionaria a la crisis del capitalismo.

 

Nuestras tareas

Mirar la realidad de frente y exponerla sin rodeos puede resultar amargo. Pero es condición necesaria para poner los pies en la tierra y echar a andar. Allá quienes se dejaron arrastrar por el elenco gobernante. Allá quienes persisten en el infantoizquierdismo, ahora devenido extremo oportunismo electoralista. Allá quienes buscan un lugar en el mundo en el rinconcito hoy soleado del FAP. El punto es dónde se ubicarán los centenares de miles de luchadores sociales que rechazan o toman distancia de estos desvíos. Dónde los revolucionarios en general y los marxistas en particular.

No hay mucho para descubrir, aunque todo lo porvenir será diferente en forma y contenido. Como fue señalado en 1997 y como, en otro cuadro, reconfirmamos en los meses posteriores al Encuentro Huerta Grande-Cordobazo en mayo de 2009, «La primera consecuencia de esta nueva situación es un grado mayor de dispersión y confusión del activismo sindical comprometido con las bases, los cuadros sindicales no subordinados a expresiones políticas burguesas y la militancia revolucionaria en general. La segunda consecuencia, inseparable de la anterior, es un desplazamiento del punto de unidad hacia la izquierda».

Esto significa que está coyunturalmente clausurada la posibilidad de una confluencia plural y masiva en torno de un programa antimperialista y con metodología de plena participación democrática. Permítasenos volver al documento de 1997:

«En el cuadro descripto de crisis capitalista, cuanto más demore la realización de la unidad social y política de los trabajadores, más aguda será la polarización de fuerzas y, por lo mismo, más a la izquierda se desplazará el punto capaz de obrar como centro de gravitación para la unificación de las masas explotadas y oprimidas con un programa de acción común»(11).

Ahora bien, en comparación con el panorama que afrontaban los revolucionarios en 1997 tras la victoria del Frepaso en la lucha por el corazón y las conciencias de las masas, hoy el cuadro es radicalmente diferente por la existencia de un proceso ya adelantado de revolución latinoamericana, con eje político en Venezuela. La polarización en 1997 e incluso en 2001/2002 remitía a definiciones teóricas e ideológicas a contramano de la conciencia social en Argentina, América Latina y el mundo, lo cual empujaba hacia el aislamiento, el infantoizquierdismo o desesperados recursos oportunistas, sin excluir la deserción y la corrupción. Resistir aquello supuso, en el mejor de los casos, el freno a toda posibilidad de crecimiento organizativo. Hoy, la Revolución Bolivariana produjo un renacimiento del socialismo y puso como eje viviente de unidad social y política para las amplias masas el programa del Alba(12) y el socialismo del siglo XXI.

Ese cambio hace cierta la posibilidad de que la inmensa fuerza desperdigada en todos los ámbitos, tenga un punto de encuentro que potenciaría extraordinariamente su capacidad y, a no dudarlo, en poco tiempo revertiría el cuadro hoy predominante. De manera que ya no se trata sólo de actuar a la defensiva hasta que el movimiento espontáneo -o una nueva eclosión de la crisis, por lo demás inexorable- dé por concluida esta fase de predominio del reformismo burgués sobre la clase obrera, las juventudes y el pueblo. Tal coyuntura puede durar años o meses. Pero ahora es posible promover formas organizativas transitorias y transicionales de unión plural en torno de definiciones mucho más amplias y abarcadoras: el Partido Socialista Unido de Venezuela y el Alba constituyen una plataforma material de enorme potencia para eso. 

En ese marco, a la vez circunscripto pero amplio, es posible pasar a la ofensiva desde una perspectiva revolucionaria. En todo caso, es más urgente que nunca poner como insoslayable tarea la recomposición del pensamiento y la organización revolucionarios. Eso supone redoblar esfuerzos en torno a centros de estudio y elaboración teórica y política, multiplicando escuelas de cuadros en todo el país, pero con eje y punto de partida en un proyecto político-organizativo muy preciso, que en plazos perentorios dé lugar a la confluencia orgánica de cuadros y equipos revolucionarios marxistas dispuestos a presentarse en el gran escenario político nacional y latinoamericano.

 

1.- El texto a continuación omite toda referencia a ambas cuestiones. Remitimos a Respuestas del Sur frente a la crisis económica mundial, Crítica, N° 38, octubre 2008 (http://www.revistacritica.com.ar); y, en el plano local, a Economía de la manipulación, Eslabón N° 93, febrero de 2011 (http://uniondemilitantes.com.ar/).

2.- Página del ministerio de Interior, al 15 de agosto, con el 96% de las mesas escrutadas. Posteriormente aparecieron denuncias de irregularidades, al momento de cierre de esta nota sin fundamentos suficientes para ser consignadas. En todo caso, la negativa al voto electrónico e incluso a la papeleta única, indican la persistencia de trampas en todos los órdenes, comenzando por el llamado «voto clientelar».
3.- Ya redactado este texto, un ajustado análisis de la consultora Poliarquía expresa esta realidad de la siguiente manera: «Fue infructuoso preguntar a los votantes acerca de su conducta el día de las primarias. Apenas tres semanas antes, el 75% afirmaba tener poca o ninguna información sobre lo que se elegía. Luego de iniciada la publicidad electoral -por otro lado bien distribuida y copiosa- aumentó el nivel de información, lo que permitió las primeras estimaciones, siempre inciertas, sobre lo que sucedería», Eduardo Fidanza, Un triunfo que sigue asombrando, La Nación, 18/8/11.
4.- Al respecto, puede leerse en Eslabón N° 94, de abril de 2011, bajo el título Realidad y mentiras de la coyuntura política argentina: «En pocos días más, el 29 de abril, la CGT hará una concentración por el Día del Trabajador en el centro de la Capital Federal. La realidad política argentina quedará allí resumida: la CGT será la única expresión numéricamente significativa en la celebración de esta fecha obrera. Su dirigencia, sostendrá en el acto la candidatura de Cristina Fernández, de la misma manera que la soga sostiene al ahorcado. Intentará ganar espacio en un futuro gobierno e imponer condiciones para que ese sea continuidad del actual. La clase obrera está a remolque de un proyecto lumpenburgués y mafiosoburocrático. Y los revolucionarios no lo evitamos, pese a que bastaría voluntad y coraje para sentar una alternativa diferente. Esta edición resume la coyuntura e insiste en la línea de acción para superarla».
5.- Es éste un caso elocuente de la degradación que acosa al país. El juez admite aquello que antes quedó a la luz pública: en 5 (hay quienes afirman que son 6) de sus propiedades se ejerce la prostitución organizada, pero niega conocimiento y responsabilidad en el asunto. Zaffaroni afirma que no renunciará a su cargo y contraataca denunciando una «maniobra de la oposición». Entre otros, a su defensa acude Hebe de Bonafini, quien en 1985, junto a Madres de Plaza de Mayo, presentó una denuncia contra 437 magistrados a los que el escrito calificaba como «jueces de la dictadura». En esa lista figuraba Zaffaroni. En 2003, el entonces senador Rodolfo Terragano, radical liberal, negó su voto para el nombramiento de Zaffaroni. Argumentó que «fue nombrado juez nacional por Rafael Videla y al asumir el cargo juró por el Estatuto del Proceso que confirió el poder político a la Junta Militar, declaró caducos todos los mandatos populares y removió a los miembros de la Corte Suprema Justicia»; informó además Terragno que «en 1980 Zaffaroni publicó un libro sobre derecho penal militar, supervisado por Laureano Álvarez Estrada –el primer Subsecretario de Justicia de Videla- y Ramón León Francisco Morel, ambos auditores del Ejército» y «defendió circunstancias indefendibles como: derecho penal militar de excepción, circunstancias especiales, necesidad terribilísima, legislación por bandos, excepcional necesidad de dar muerte al delincuente y usurpar justificadamente la función pública». En dos de los prostíbulos descubiertos eran explotadas jóvenes dominicanas y paraguayas, de modo que el caso también envuelve la trata de personas. Varios organismos de derechos humanos salieron en defensa del juez.
6.- La situación política de las clases dominantes queda perfectamente reflejada en el balance publicado por La Nación al día siguiente de la segunda vuelta en la Ciudad de Buenos Aires: «no hay que engañarse: la algarabía de anoche fue también la espléndida fachada de sus limitaciones para construir un proyecto de poder nacional. En otras palabras, Macri atraviesa un momento estelar de una carrera que parece detenida (…) La peripecia del macrismo es una desmentida al optimismo de quienes suponen que las miserias de la política pueden ser redimidas renunciando a la política (…) No es seguro que logre superar el cómodo umbral en el que se haya detenido. Para hacerlo, tendría que explicitar una concepción del país y diseñar una estrategia para su realización colectiva. Una meta inalcanzable si no edifica un partido; para eso no alcanza con volver más numeroso el cardumen que lo sigue. Construir un partido significa democratizar la toma de decisiones». La oligarquía clama al cielo por construir un partido… y no lo consigue.
7.- Ver Crisis de Proyecto Sur y elecciones, en Eslabón N° 94, abril de 2011, entre otros textos de ese periódico relativos a PSur.
8.- El tema fue tratado en el Comité Central de la UMS de diciembre 2009 (Ver Eslabón N° 86, Análisis de la coyuntura, balance político, líneas de acción) y reiterado en las ediciones sucesivas del periódico Específicamente fue considerado el eventual papel de Hermes Binner en Eslabón N°87, Qué hacer frente a la carrera electoralista: «Desde hace más de un año hemos señalado que las clases dominantes dan sucesivas señales de apuntar a Hermes Binner como próximo presidente. En los últimos días, también según lo adelantado en varios de nuestros documentos del año pasado, la dirigencia de Proyecto Sur por un lado y la del Frente Cívico por el otro, propusieron la concreción de un bloque con el PS, obviamente con Binner como candidato presidencial para 2011».
9.- La misma edición de Eslabón subrayaba «una disputa entre el Acuerdo Cívico y Social (donde todavía está el PS con UCR más Carrió, más centristas varios) y un conjunto a la izquierda, en el que se destaca Proyecto Sur, por ver quién se queda con Binner».
10.- Resoluciones del Primer Congreso de la UMS, octubre de 1997, http://uniondemilitantes.com.ar/congreso1_resolucion.html. Ver también Informe del Secretario General saliente, http://uniondemilitantes.com.ar/congreso1_saliente.html
11.- Ibid.
12.- Ver Alba – TCP, Selección de acuerdos y declaraciones. Casa del Alba Buenos Aires.

Más grave que en 2008

PorLBenAXXI

 

Otra vez los tres centros de la economía mundial ingresan a paso de paquidermo en la ciénaga de la recesión. Como en 2008, todo lo que pueden proponerse quienes manejan las palancas del poder planetario es impedir que esa marcha inexorable dé un paso más y se transforme en depresión. El alerta máximo deriva de un hecho a la vista: el remedio utilizado dos años atrás se revela inocuo tras haber agravado la enfermedad. La alegada recuperación de 2009/2010 no fue tal: ahora se reconoce que la economía estadounidense es más chica que en 2007. Y reemprende la caída. Otro fraude comunicacional de alcance mundial que se derrumba.
He allí la causa de la fiebre bursátil: ya no se puede ocultar el horizonte recesivo ni dar garantías ante el riesgo de depresión. Basta ver la secuencia que desemboca en el desbarajuste actual: el keynesianismo fue el antídoto fuerte contra los estragos del liberalismo y el riesgo de revolución mundial tras la primera, y sobre todo la segunda, guerras mundiales. La celebrada fórmula del lord inglés empeñado en salvar al imperialismo soportó cinco décadas. A los obvios argumentos de sus críticos anunciando las consecuencias Keynes respondía con flema inglesa: “en el largo plazo estaremos todos muertos”. El largo plazo llegó. Keynes, efectivamente, ya había fallecido. No pudo defenderse de las descalificaciones esgrimidas por nuevas escuelas, que afrontaron la situación de extremo riesgo con una contrafórmula denominada “neoliberalismo”. Este remedio salvador tuvo un efecto igualmente destructivo de las bases del sistema, pero duró mucho menos: en algo menos de dos décadas produjo una hecatombe social y económica.
In extremis, renombrados economistas laureados con sendos Nobel, dieron paso al “neokeynesianismo”. Para su desazón, esta vez, en apenas dos años, la fórmula produjo resultados demoledores y fuera de control, ante los cuales la teoría económica capitalista está perpleja.
Como boxeador en estado de knockout técnico, premios Nobel de economía y figuras mayores de la política mundial discuten en tono escasamente académico. Unos proponen apelar a una suerte de “neo-neoliberalismo”, a fin de contrarrestar la devastación macroeconómica provocada por la emisión de cantidades siderales de dinero sin respaldo para reactivar los mercados. Otros sugieren ensayar un “neo-neokeynesianismo” y ofrendar más montañas de papel pintado al Moloch del capital. Mientras tanto, a falta de respuesta teórica, se apela a una práctica híbrida: brutales ajustes de las economías centrales en detrimento de los ingresos de las masas (es decir, reducción drástica de la demanda agregada, inducción a la recesión, según indica la teoría económica liberal), combinados con salvatajes minuto a minuto de gobiernos y grandes Bancos (o sea, ingreso a saco del Estado en el mercado para salvar el sistema, en socorrida apelación al keynesianismo).
No será merecedor de un Nobel quien prediga que esta combinación, si acaso logra postergar una vez más la dinámica hacia la depresión mundial provocará, a término, un terremoto social planetario y mayores y más descontrolados desequilibrios de la macroeconomía capitalista. Pero acertará.

 

Suramérica en posición de autodefensa

Unasur reaccionó rápido cuando algunos de los gobiernos que la integran comprendieron la amenaza planteada por la súbita reaparición de la crisis en los centros del capitalismo mundial. Es por demás elocuente que el promotor de las reuniones realizadas en el último mes fuera el mandatario colombiano Juan Manuel Santos, en ocasión de un encuentro protocolar de presidentes en Lima, durante la asunción de Ollanta Humala.
Bien mirado, ese detalle está cargado de significaciones. En primer lugar, ratifica un hecho simple pero, curiosamente, tan olvidado en la información como desconocido en el análisis: la crisis del capitalismo, por lo mismo que entraña una agudización de la competencia por los mercados, conlleva la exacerbación de las luchas interburguesas.
Éstas se presentan en tres planos combinados: pugna entre los centros imperiales, enfrentamiento entre las metrópolis y las economías subordinadas, choques de estas últimas entre sí. No es preciso decir que ese conjunto revuelto está siempre en combate con los trabajadores: únicos productores de la riqueza que se disputan en las alturas de la sociedad. Mueve a confusión el hecho de que a menudo las fracciones más débiles del capital busquen treguas o alianzas con aquellos, a fin de alcanzar la fuerza que no tienen frente a los nodos principales del sistema mundial.
Así se explica la premura de Santos. Como asociado íntimo de Estados Unidos, Colombia es extremadamente vulnerable a la onda expansiva de la crisis en aquel país. La necesidad se convierte en virtud y pone a Bogotá a la vanguardia del hemisferio tras el propósito de, por fin, poner en marcha medidas de integración y autodefensa suramericana propuestas por el presidente Hugo Chávez desde hace años y constantemente eludidas y postergadas, cumbre tras cumbre, en monótonas y por lo general improductivas reuniones presidenciales, que sólo disimulan la hasta ahora indoblegable reticencia a la convergencia y unión por parte de un número de gobiernos en la región.
Así se explica, también, la rápida respuesta positiva de los gobiernos del área en esta oportunidad: aun con desigualdades notables, en los mandatarios suramericanos se abre paso una idea que pese a su obviedad ha demorado en hacerse conciencia: los estridentes signos de crisis en Europa, Estados Unidos y Japón, se descargarán como un maremoto sobre el conjunto de la economía mundial.
Con esto detrás, se reunieron en Buenos Aires el 12 de agosto los ministros de Economía y presidentes de Bancos Centrales de los 12 países de Unasur (ver Unasur frente a la crisis).

 

“Crisis y oportunidad”

No existe un contrapeso mayor a la inteligencia que la mezquindad. Pero ésta es componente inseparable, obligado, de un empresario o político capitalista, dado que apropiarse de lo que corresponde a otros y disputar por los medios que sean los excedentes de cualquier proceso económico está en la naturaleza misma del sistema. Ya la sabiduría popular advierte que “la avaricia rompe el saco”. Falta agregar que ciega como arena en los ojos, distorsiona los reflejos como el alcohol en la sangre, paraliza o lanza a la acción desesperada como el pánico.
Tal vez por eso pudo penetrar en ciertas esferas una noción carente de fundamento científico o, tanto menos, valoración humana de la crisis. Descontrolados por el terror de noticias tales como la amenaza de quiebra de Estados Unidos, ebrios por la suba en flecha del oro y las tierras, encandilados por los cotidianos anuncios de quiebras de grandes Bancos y, peor aún, de países –Grecia, España, Irlanda, Portugal, Italia, Gran Bretaña, riesgo de desaparición del euro y la Unión Europea, algunos publicistas del capital han llegado a la original conclusión de que la crisis entraña oportunidades y que los países productores de materias primas pueden salir altamente beneficiados del colapso mundial. Esa interpretación va acompañada de otro descubrimiento reciente: el eje del poder mundial se desplaza de los actuales centros imperialistas a los “países emergentes”.

 

Fetichismo de las palabras

Los mismos analistas y periodistas que miraban con desprecio a quienes desde hace años explicaron la inexorable decadencia de Estados Unidos, anuncian ahora con la misma falta de rigor que el eje del poder mundial se desplaza a los Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Y para contrarrestar el impacto sobre la opinión mundial del derrumbe del capitalismo central, sostienen alegremente que el sistema sólo está cambiando de punto de apoyo en el planeta. Así las cosas, habría que celebrar la reprimarización de grandes economías de la región y garantizar la venta de grandes volúmenes a los nuevos ricos.

Esta interpretación no podría ser más irresponsable. El imperio más poderoso de la historia está en su agonía, sin duda. Pero el imperialismo es “la fase superior del capitalismo”. Es el modo de producción el que lleva al desastre y no el malfuncionamiento en su expresión más desarrollada y principal. Después de años de cháchara sobre la “globalización”, ahora se desconoce lo obvio: el mecanismo del capital es mundial, internacionalizado como nunca antes en todos los aspectos. La caída de Estados Unidos y la volatilización de su moneda, la desagregación de la Unión Europea y el fin del euro, romperán el equilibrio planetario y obligarán a medidas extremas en todos los órdenes. Sólo un dato: China tiene las reservas más voluminosas del mundo: 3,2 billones (millones de millones) de dólares. El 60% de esa masa está en dólares, de los cuales, 1,1 billones en bonos del Tesoro estadounidense.

Sin observar ni por un momento los problemas de la economía china en sí misma, es fácil deducir el impacto sobre el país más poblado del mundo de la caída del dólar verificada día a día o, por el contrario, medir los efectos de una eventual decisión de Beijing de poner a resguardo esa parte mayoritaria de sus reservas.

El sistema financiero y el aparato industrial mundiales, integrados e interdependientes a escala global como nunca antes, no pueden sostenerse sobre las actuales bases al margen de lo que ocurra con el dólar, el euro y el yen.

Pero hay algo más, y más importante: “emergente” es un término inventado a comienzos de los 1990 por el promotor de un fondo de inversión a ser colocado en el Tercer Mundo, que con fino olfato entendió que, tras la caída de la Urss, no era inteligente usar esa terminología para atraer inversores. Así, el Tercer Mundo (o, para decirlo apropiadamente, países semicoloniales, subdesarrollados, de economía dependiente), pasó a ser el mundo “emergente”. Para poner sólo un ejemplo: Argentina era así denominada cuando su economía, su industria y su población se sumergían en un océano de saqueo y destrucción de riqueza, de pobreza y marginalidad, de destrucción y distorsión de su aparato productivo. El fetichismo de la palabra “emergente” encubrió la naturaleza del fenómeno y hoy llega al punto de presentarlo como vía de salvación para el capitalismo.

A no dudarlo: China, India y Brasil –tres economías del Tercer Mundo, dígase sin rodeos– serán violentamente afectadas por la crisis en curso. No hace falta decir qué ocurrirá con las restantes economías de menor envergadura.

 

La guerra y la paz

Pero ése es sólo un aspecto. Imposible separar el recrudecimiento de la crisis global capitalista, la ofensiva bélica de la Otan contra Libia (y proyección a Siria e Irán) y la agresividad creciente de la diplomacia y los servicios secretos estadounidenses en América Latina. Nunca como en estos tiempos habrá quedado más en evidencia la correspondencia directa entre capitalismo y violencia, entre crisis sistémica, necesidad de potenciar la industria bélica y apelación a la destrucción como mecanismo de saneamiento económico. Estados Unidos no sólo tiene, todavía, el PBI más grande del mundo: es, a mucha distancia, el mayor aparato de dominación y destrucción jamás conocido en la historia. Incluso el peso económico de su dispositivo militar tiene enorme peso político. Véase si no la conducta servil de la Unión Europea en la agresión a Libia. O, en otro escenario: ¿cómo desconocer que en Colombia, donde el Gobierno trata ahora de protegerse de su sujeción económica a Estados Unidos, hay siete bases militares de su socio del Norte?

El desplazamiento del unicato estadounidense hacia una multipolaridad es una evidencia que no requiere argumentos. Pero la idea de que la crisis estructural del capitalismo y los devastadores efectos sociales en todo el mundo (sea que se hable de Inglaterra, España o Etiopía), se resuelven con una graciosa mudanza del poder de Washington a Beijing, carece de fundamento. Del mismo modo, el desmoronamiento financiero no se soluciona con reformas a las instituciones de Bretton Woods.

Innecesario aquí insistir con índices económicos o bursátiles, cifras de desempleo, millones de hambrientos… El intento de ocupación de Libia, las imágenes dantescas de incendios en Londres y Santiago de Chile en medio de grandes sublevaciones de masas, la preparación fáctica y propagandística de un ataque exterior contra Siria, las provocaciones contra el gobierno de Venezuela también apuntadas a una agresión externa, todo en el marco de una nueva recesión y el riesgo cada vez más cercano de depresión, no dejan lugar a dudas. La antigua disputa entre reforma o revolución tiene hoy una única alternativa.

 

Notas de referencia:

  •  El fantasma de 1929 recorre el mundo, Raúl Valdés Vivó, América XXI, Nº 35, febrero de 2008.
  •  Ensayo contraofensiva de diplomacia y guerra, América XXI, Nº 42-43, octubre – noviembre de 2008.
  •  Respuestas del Sur frente la crisis económica mundial, Luis Bilbao, América XXI, Nº 42-43, octubre – noviembre de 2008.
  •  Dos caminos frente a la quiebra mundial del capitalismo, Luis Bilbao, América XXI, Nº 44-45, diciembre de 2008 – enero de 2009.

Replanteo

PorLBenAXXI

 

En el cuadro geopolítico latinoamericano hay signos de un inminente nuevo salto de calidad. Diferente al vivido en la primera década del siglo XXI; con menos definiciones estratégicas y por eso, tal vez, menos energía transformadora. Aun así, sumados ambos pondrían a la región en un nivel cualitativamente superior al actual, replanteando incluso los parámetros de la política internacional.
Signos semejantes hay, claro, en todo el mundo. La diferencia es que entre el Río Bravo y la Patagonia un conjunto de países que estructuran la región cuentan con una formación económico-social homogénea y desarrollo capitalista relativamente elevado. Sobre todo, tienen a su favor una poderosísima combinación de experiencia histórica y realización reciente, posible de sintetizar en una bella y sugerente palabra: Alba. Pese a todos los intentos en contrario, los países componentes de la Alianza Bolivariana para los pueblos de nuestra América están afianzándose, cada uno en su propia experiencia y como nuevo bloque regional.
Ahora es posible esperar la irrupción de otro conjunto, con diferencias entre sí y respecto del Alba, entrelazados por una dinámica convergente impulsada por dos motores principales: los efectos de la crisis mundial del capitalismo y la necesidad de tomar distancia de las políticas con las que Estados Unidos y la UE pretenden contrarrestarla.
Esa segunda oleada, por demás heterogénea, está encabezada por Perú. Le siguen dos países que en apariencia podrían ubicarse en galaxias diferentes, pero en los hechos han comenzado a ser arrastrados por la combinación de crisis en los centros del capital, agotamiento de sus sistemas de poder y efecto en las masas del ejemplo del Alba: Chile y Colombia. Esos tres países signarán el cambio en el próximo período.
A la zaga viene Argentina, donde fuerzas agazapadas se disputan la definición a izquierda o derecha de la estrategia nacional. Algo semejante ocurre con México, más atenazado aún que el país austral por el riesgo de disgregación. En otro plano, distante y más estable, en vano a la busca de un lugar entre las grandes potencias capitalistas, está Brasil. Paraguay y Uruguay, condicionados por sus dos grandes vecinos, oscilan entre el Alba y la quimera capitalista.

 

Capitalismo en cesación de pagos

Inestable expresión de este replanteo es la Celac. La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños traduce en términos geopolíticos la impotencia imperialista. Esa relación de fuerzas tomara forma en Caracas en fecha a determinar (inicialmente fijada el 9 de diciembre, coincide con la asunción al día siguiente del próximo gobierno argentino). En la segunda década del siglo XXI ya son escombros irreconocibles los planes de ocupación del mercado latinoamericano avanzados por la Cumbre Iberoamericana y la Cumbre de las Américas, en función de las estrategias de la Unión Europea y Estados Unidos, respectivamente. Esas estrategias, implementadas como parte de la lucha interimperialista en el último tramo de los 1990, fueron neutralizadas por el accionar de un bloque latinoamericano encabezado por Venezuela, quedaron fuera de combate entre 2005 y 2008. En ese punto irrumpió la crisis estructural del capitalismo y tres años después, los gemidos de Barack Obama, las peleas a cuchillo entre Angela Merkel y Nicolas Sarkozy, la amenaza cotidiana de que Estados Unidos caiga en cesación de pagos (eso significa default) y la UE vea la desaparición del euro y el estallido de su bloque, sencillamente inhabilitan a los dos mayores centros imperialistas para disputarse entre ellos y con las burguesías locales el control y usufructo del capitalismo hemisférico o, dicho de otro modo, el saqueo de la plusvalía regional.
El espectáculo de Demócratas y Republicanos estadounidenses peleando por la extensión o no del endeudamiento, los pasos de ebrios de los presidentes europeos frente al colapso griego, indican la fractura de las burguesías imperialistas. No pueden ya imponer una línea de acción única y coherente en sus ámbitos directos, mucho menos pueden hacerlo en otras regiones, donde las clases dominantes tambalean y temen la amenaza de la revolución.
No se trata del desfasaje de las cuentas fiscales en Washington o los cimbronazos del colapso financiero en Grecia. Esos son apenas síntomas. La causa reside en otro lado: el sistema capitalista está en quiebra. El desconcierto divide a la burguesía imperialista y acentúa esa división entre sus socios menores en América Latina. Las clases dominantes de la región miran espantadas los hipotéticos efectos de medidas de saneamiento como las que el capital adopta ahora en Estados Unidos y la UE. Alguien lo decía con palabras elocuentes un siglo atrás: “los de arriba ya no pueden”.
Por esa brecha avanza el replanteo estratégico. No hace falta abundar sobre la fragilidad de posturas nacidas del desconcierto y el temor. Tampoco acerca del momento táctico que ese conjunto revuelto ofrece a un bloque armado de una estrategia antimperialista y anticapitalista.
En efecto, la impotencia de las metrópolis y la crisis del sistema alumbra la Celac, en tanto la larga y multifacética historia de lucha de los pueblos latinoamericanos y caribeños ha plasmado en el Alba. Ese diferencial ubica a la región como potencial nueva vanguardia, en un momento de crisis global sin precedentes.

la salud de chávez, la salud de la revolución

Aquí no se rinde nadie

PorLBenAXXI

 

Chávez en combate contra un cáncer. Mucho se ha escrito acerca de las ironías de la historia. Inimaginable la trágica ironía de un revolucionario al comando de un proceso continental abatido por una parte descontrolada de su propio organismo, en medio de la gran batalla y después de haber sorteado tantos intentos de magnicidio, tantas conspiraciones urdidas en Washington, tanta endeblez ideológica y desvío político acumulados.
Semejante desenlace hubiese sido un factor revulsivo con graves consecuencias. América Latina vive los prolegómenos de la gran batalla final por la consumación de la independencia, doscientos años después de iniciada la gesta. La ausencia de su primer comandante hubiese puesto a girar sin control la brújula política en la región. Con velocidad de vértigo y por caminos impensables, las fuerzas de la historia estarían ahora mismo desbordando todos los cauces.
No ocurrió. Y a estar por los informes médicos, no ocurrirá. Hugo Chávez se restablece. El sistema político venezolano ha mostrado una fortaleza sorprendente incluso para sus propios protagonistas. Las fuerzas conscientes pueden continuar prevaleciendo sobre la irracionalidad dictada desde fuera y encarnada en una oposición sin vigor propio. Los días de incertidumbre permitieron observar cómo se movieron, dentro y fuera de Venezuela, los factores favorables y adversos a la revolución. Cómo actuaron las clases sociales y sus representaciones políticas. Cómo se desempeñó un elenco ministerial compuesto por cuadros probados en estos duros años y nuevos militantes con apenas meses en sus cargos. Dada la centralización del poder en manos de Chávez durante todo un largo período de afirmación revolucionaria, no hubiese sido sorprendente que su limitación redundara en confusión y parálisis. En lo esencial sucedió lo contrario. El inesperado episodio reveló la existencia de un equipo dirigente articulado en todos los planos y, en lo fundamental, eficiente.
Hasta donde llega la vista, no se manifestaron pugnas intestinas por retazos de poder, en un momento proclive para la explosión de mezquindades y bajas pasiones. En suma: merced a la enfermedad del Presidente, la Revolución mostró una faz imperceptible en tiempos normales; una fortaleza estructural que por estas horas estará obligando a ajustar muchas tuercas en el mecanismo conspirativo de los estrategas del Departamento de Estado.

 

Respaldo masivo

Estas líneas se redactan pocas horas después de la aparición televisiva del paciente informando acerca de su enfermedad. En el tiempo que demoren hasta llegar a sus manos en forma de revista, habrán ocurrido hechos relevantes. Combinando espontaneidad e impulso del Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv) el pueblo venezolano colma y continuará colmando plazas y calles, teatros e iglesias de todo el país en apoyo al Presidente. Una identificación genuina y muy profunda de la masa popular con Hugo Chávez vuelve a desplegarse con potencia avasalladora. Pero no se trata sólo de pueblo alzado y resuelto. El martes 5, el esperado Bicentenario habrá sido celebrado con un desfile militar que se anuncia imponente, desde el cual el mundo podrá advertir tres datos elocuentes: el incremento en calidad y cantidad de armamento de la Fuerza Armada Bolivariana, la capacitación técnica de jóvenes cuadros militares y la estricta disciplina de sus mandos, con el Presidente en la cúspide de una estructura acerada y aceitada. Habrá ocurrido más: los días 6, 7 y 8, en coincidencia con el proceso que 200 años atrás dio lugar a la recolección de firmas para el Acta de Independencia, se mostrarán masivamente, en desfiles de celebración, fuerzas civiles de todo el espectro nacional venezolano.
Ni por un minuto habrá espacio para que la oposición contrarrevolucionaria, empeñada en apoyarse en la enfermedad de Chávez para desestabilizar el gobierno, pueda intentar adueñarse de la iniciativa política. No lo hubo en las semanas previas, durante las cuales, pese a los temores que atenazaban el pecho de las mayorías, continuó desplegándose la labor de gobierno en todos sus planos. Es posible incluso que por esos días Chávez regrese a Caracas a continuar con su recuperación.

 

Bicentenario y Celac

Caracas remozada, edificios históricos recuperados, cientos de miles de ciudadanos de todo el país asistiendo a las celebraciones del Bicentenario, aun en ausencia de Chávez plasmarán en los desfiles civiles y militares el eslabón de acero con el que la estrategia bolivariana pretende anudar el combate actual con la inacabada lucha por la independencia. Un hecho crucial de esa continuidad debía ocurrir el 5 y 6 de julio, en Margarita: el encuentro de 33 presidentes para fundar la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac). Tras una reunión de Chávez con altos miembros del gobierno, el 29 de junio ese hito fue postergado, sin fecha. En el video de esa reunión, transmitido dos días después, el canciller Nicolás Maduro informa que 30 de los 32 mandatarios comprometidos habían confirmado su asistencia. El movimiento convergente que empuja a la creación de esa instancia hemisférica sin la presencia de Estados Unidos y Canadá configura una novedad geopolítica y un revés estratégico, trascendental, para el imperialismo.

Sólo faltó la confirmación de los presidentes de México y Argentina. Este último caso se explicó por la prohibición médica de trasladarse en avión para Cristina Fernández, que ese mismo día había suspendido su participación en la cumbre del Mercosur en Asunción. Como quiera que sea, el post operatorio de Chávez explicó la suspensión del gran encuentro. Se había avanzado en la aprobación de documentos e incluso en el consenso para ofrecerle la presidencia a Lula da Silva, el ex mandatario brasileño.

El espacio para la creación de la Celac radica en la misma causa que dificultará su consolidación y funcionamiento: la crisis estructural del sistema capitalista con epicentro en los países altamente desarrollados. Esa crisis desata innumerables conflictos interburgueses por el control de los mercados y la apropiación de la plusvalía global. Una misma fuerza irracional e incontrolable provoca la disputa interimperialista, el choque de las metrópolis con los países subordinados y las pugnas entre estos últimos. A su vez, del mismo modo que aquella potencia ciega empuja a los centros imperiales a luchar aunados contra posibles focos revolucionarios -como por ejemplo el detonado a comienzos de año en el Norte de África y el Medio Oriente- también conmina a conjuntos de países dependientes a formas de resistencia basadas en diferentes instancias de unidad.

Si la medición cuantitativa de las riquezas de la Celac hablan por sí mismas (ver recuadro de pág. 9), las calidades en cuanto a nivel educativo de la población, desarrollo técnico, acumulación primitiva de capital y capacidad tecnológica, hacen de este bloque un factor de peso singular para el futuro de la humanidad.

Esto dispara la obligada avidez imperialista, que a su vez produce, como contraparte, una obligada búsqueda de formas de autodefensa para sus componentes.

No obstante, en la propia fuerza centrípeta que tiende a aunar la región, gravita sin pausa un conjunto de fuerzas centrífugas, propias de las partes componentes y en más de un caso propulsadas por el imperialismo. No hace falta ir muy lejos para comprender esa dinámica contradictoria: el Mercosur, con dos décadas de existencia, se muestra una y otra vez paralizado por minucias comerciales que sin embargo obran como barreras insuperables para las burguesías en disputa por la succión de plusvalía.

La presencia de la Alianza Bolivariana para los pueblos de nuestra América (Alba) en ese conjunto de 33 países agrupados en varios bloque cambiantes, es la única garantía de existencia y movimiento de la Celac, dando por cierto que tanto por las presiones de Estados Unidos como por los conflictos de intereses materiales entre algunos de sus componentes, persistirán y eventualmente preponderarán las dificultades y vaivenes para su conformación y afianzamiento.

Dos episodios en la reciente cumbre del Mercosur revelan el arco de conflictos: Uruguay necesita comprar energía eléctrica a Paraguay, pero Argentina traba la autorización para que el tendido de líneas pase por su territorio (eso pesó más que el malestar de Fernández para explicar su ausencia en Asunción); Rafael Correa propuso avanzar hacia una moneda única para América Latina, llevando al conjunto de la región el ejemplo ya vigente del Sucre, la divisa común del Alba. “El Banco del Sur, un Fondo Común de Reservas y un Sistema de Pagos conformarían una nueva arquitectura financiera para la región, culminando con una moneda regional … para la optimización de la utilización del ahorro regional, para hacer a Suramérica menos vulnerable (…) más soberana y mucho más eficiente en el uso de sus recursos”, explicó el presidente ecuatoriano. Como contrapunto, el ministro de Economía de Argentina Amado Boudou argumentó a favor de monedas propias, dado que “trabajando coordinadamente y con intercambios en monedas locales (cada país mantiene) el instrumento macroeconómico de su política monetaria”.

 

Circunstancia difícil

El mundo marcha otra vez a un gran colapso económico-financiero. Con el dólar en caída libre, el euro amenazando cada día con desaparecer y el imperialismo lanzado a nuevas guerras, el intento de integrar América Latina y el Caribe desde la realidad capitalista está destinado al fracaso. La Celac, con el Alba en su seno, es una instancia transitoria en la que se revelarán las fortalezas y debilidades de cada país. Brasil continúa empeñado en que su gran industria tome la parte del león en un mercado regional con Estados Unidos en repliegue. Otras burguesías locales diseñan un plan de supervivencia y eventual crecimiento como subordinados de un nuevo amo. Pero tal expectativa es inviable. Sólo los países del Alba tienen una estrategia objetivamente fundada para afrontar el momento histórico. Y en ese bloque, el lugar de la Revolución Bolivariana es una clave de consistencia y cohesión.

Informes científicos y pruebas a la vista alientan la convicción de que Hugo Chávez continuará al comando. También es presumible que el imperialismo intentará explotar al máximo la coyuntura para adelantar la escalada desestabilizadora con vistas a las elecciones de 2012. Una primera línea de desestabilización es exigir que Chávez ceda su cargo y asuma el vicepresidente. La respuesta de Elías Jaua no podría ser más clara: no se equivoquen, dijo palabra más palabra menos: soy un revolucionario y soy leal a Chávez. Caso cerrado.

Mientras Cuba protege y sana al presidente venezolano, Evo Morales, Rafael Correa, Daniel Ortega y los demás mandatarios del Alba cierran filas con el comandante. Decenas de miles de militantes, del Río Bravo a la Patagonia, hacen lo propio. Washington y otras cancillerías del hemisferio deberían tomar nota: aquí no se rinde nadie.

 

1 de julio de 2011

estrategias en colisión

Marxismo e idealismo en el combate contemporáneo

PorLBenAXXI

 

Polémica: una viva discusión desató la deportación de un cuadro de las Farc, resuelta por el gobierno venezolano en abril pasado. En mayo, otro dirigente de la organización guerrillera colombiana fue detenido en Venezuela. El autor de estas líneas se expidió horas después del primer caso en un texto titulado La deportación de un militante. El texto que sigue surge a propósito del segundo hecho y de una carta firmada por intelectuales. Esta sección, así como la página web de la revista, saluda la posibilidad de hacer un debate y se compromete a reproducir los aportes que la controversia produzca.

 

Con ribetes diferentes al de tiempo atrás, una contradicción velada en la última década se agudiza en América Latina para las fuerzas anticapitalistas: vía armada o camino institucional para la conquista, afianzamiento y defensa del poder.
En la perspectiva de revolución socialista, lucha armada o electoral son métodos. En tanto tales deberían ser asumidos como tácticas, determinadas por circunstancias y posibilidades, que bien pueden transformarse en su contrario según el desarrollo de los acontecimientos. Pero en un período histórico acotado, concebidos como estrategias, esos métodos difícilmente pueden coexistir y al cabo uno habrá de resumirse en el otro o acabarán chocando de frente.
Dos casos recientes, resonantes en el ámbito militante internacional, corporizan de manera dramática esta dinámica de colisión. Se trata de la detención en Venezuela e inmediata deportación a Colombia de Joaquín Pérez Becerra, seguida un mes después de la detención de Guillermo Torres Cueter (alias Julián Conrado), cuya eventual deportación está en trámite al momento de redactar estas líneas. El primero es director de una agencia de noticias con sede en Estocolmo, próxima a las Farc; el segundo, un comandante de esa organización, conocido además en su ámbito como cantautor.
A propósito de este segundo caso, un grupo de intelectuales emitió un pronunciamiento crítico (ver recuadro). Antes de otra consideración hay que decir que esta carta implica una injusticia contra Hugo Chávez y sus esfuerzos por contribuir con la difícil situación del pueblo y los revolucionarios colombianos. Pero omitiremos ese aspecto aquí.
El más notorio de los firmantes es István Meszaros. Es un hombre culto y consecuente. Ha investigado y compilado ideas de gran valor para los revolucionarios. Ha sostenido posiciones en tiempos de pleamar. Ha pasado la difícil prueba de ser secretario de Lukacs y de enseñar en universidades británicas. Pena que todo eso haya desembocado, como desde la lógica formal podría presumirse, en un salto mortal hacia el idealismo cuando afrontó la exigencia de analizar una revolución viva en un momento crucial.
Los corresponsales transformaron un hecho ciertamente penoso en argumento para descargar un juicio lapidario contra una revolución viviente, que brega en el torbellino de la transición en situación sin precedentes. Lo hicieron al margen de toda consideración sobre el cuadro en el que la decisión de Chávez fue tomada. El ariete argumental esta afirmado en principios y símbolos. Pero ni aquéllos ni éstos son suficientes (a menudo siquiera son válidos) cuando se trata de dar respuesta a una necesidad planteada en el fragor de una revolución. Como se verá enseguida, nada hay de maquiavelismo ni realpolitik en esta afirmación.
Es para otra oportunidad analizar la abrupta mudanza de Meszaros, quien pasó de paladín premiado de la Revolución Bolivariana a puntero en la denuncia de una supuesta contrarrevolución en Venezuela. Asombra que un hombre de su formación no haya detectado y denunciado previamente los signos de una supuesta degeneración de la Revolución Bolivariana en Venezuela y defina su posición en torno a un hecho puntual. Por ahora sólo es posible afirmar con certeza que el compañero respetable ha dejado de lado, en la prueba ácida, su alegada condición marxista.
La revolución, la genuina, tan ansiada y siempre original revolución, ya no está en la hora de los símbolos. Es una actualidad arrolladora a la que todo debe amoldarse. Si principios y símbolos no logran o se niegan a hacerlo, fatalmente se ubicarán frente a ella.
Enarbolar símbolos y principios como brújula para la conducción política puede ser comprensible y aun necesario cuando está ausente la fuerza viva de la revolución. Pero cuando ésta irrumpe, continuar con esa conducta equivale a ponerse al margen –y a menudo en contra– del flujo histórico.
Carlos Marx lo decía de otra manera (lo hemos citado infinidad de veces):
“El desarrollo del sistema de las sectas socialistas y el del verdadero movimiento obrero siempre están en relación inversa entre sí. Mientras se justifica (históricamente) la existencia de las sectas, la clase obrera no está aún madura para un movimiento histórico independiente. En cuanto alcanza su madurez, todas las sectas son esencialmente reaccionarias”(1).
La idea de que se puede conducir un combate político con alegorías lleva al desvío y de allí al desastre. Ocurre que la burguesía sabe mucho en materia de apropiación y manipulación de símbolos, como lo estamos comprobando a altísimo costo en Argentina en torno al caso Madres de Plaza de Mayo. La clase dominante sabe también burlarse de la incapacidad para la acción de quienes practican la utilización abstracta de los principios, hasta lograr que buena parte del activo político deseche cualquier noción principista, para empantanarse en el pragmatismo y el oportunismo.
Hoy la revolución viva es una realidad. No requiere frases ni gestos; exige estudio sistemático, análisis, debate, accionar organizado.

 

Esquemas en lugar de hechos

Es propio del pensamiento metafísico separar algunas fórmulas a las que denomina “principios” de la realidad concreta. Aquí entiéndase concreto en su sentido etimológico: con-crescere. Lo concreto no es lo pequeño e inmediatamente palpable, sino todo lo contrario: el devenir hacia la totalidad. Conocer el con crescere de un fenómeno requiere esfuerzo y aptitudes. Los principios se extraen, se moldean y convierten en tales a partir de ese conocimiento, del cual la acción organizada es inseparable.
Cuando llega la hora de una genuina revolución, al calor del combate se forjan nuevos principios y aparecen nuevos símbolos. Y quienes no pueden o no quieren dejarse tocar por el tifón de fuerzas encontradas –eso es una revolución– quedan aferrados a “principios” inhabilitados por definición para dar respuesta a la realidad.
Es previsible que habrá quien responda con sarcasmo o injuria, igualando esta proposición a la real politik, a la defensa de cualquier arbitrio, al abandono de toda conducta moral. Pero estamos hablando de materialismo histórico, de dialéctica materialista. Y no inventamos nada. El error teórico tras la postura de los firmantes de la carta de marras ya lo denunció con precisión Federico Engels en su debate con Düring, en 1877:
“Los esquemas lógicos no pueden referirse sino a formas de pensamiento; pero aquí no se trata sino de las formas del ser, del mundo externo, y el pensamiento no puede jamás obtener e inferir esas formas de sí mismo, sino sólo del mundo externo. Con lo que se invierte enteramente la situación: los principios no son el punto de partida de la investigación, sino su resultado final, y no se aplican a la naturaleza y a la historia humana, sino que se abstraen de ellas; no son la naturaleza ni el reino del hombre los que se rigen según los principios, sino que éstos son correctos en la medida en que concuerdan con la naturaleza y con la historia … (la concepción del Sr. Dühring) es idealista, invierte completamente la situación y construye artificialmente el mundo real partiendo del pensamiento, de ciertos esquematismos, esquemas o categorías que existen en algún lugar antes que el mundo y desde la eternidad”(2).
No sería un exceso de suspicacia suponer que algunos de los firmantes integran las filas –acrecidas en los últimos años en el mundo académico– de quienes denuncian a Engels y lo separan de Marx. Si fuera el caso, eso daría lugar a otro debate productivo. Por mi parte, sostengo que el corpus engelsiano –y este concepto, como todo el capítulo filosófico que lo contiene– lejos de contraponerse a la teoría científica de la revolución, es un puntal sin el cual el marxismo se convierte en religión o palabra vacía.
Dice la carta de los intelectuales en defensa de Julián Conrado: “Los argumentos citados por el gobierno venezolano para justificar la medida (solicitud de la Interpol, acuerdos con Bogotá, etc, son inaceptables e incluso ridículos)”.
Entiéndase bien: Interpol, acuerdos con el colombiano (y el cumplimiento de la propia Constitución venezolana) son argumentos ridículos. He aquí ideas extraídas del propio pensamiento. Completo desprecio por la realidad, al punto de calificarla como “ridícula”.
Hasta donde sé, los firmantes de la carta no aparecieron públicamente de manera conjunta ante el caso de Joaquín Pérez Becerra. Por mi parte, emití inmediatamente una declaración frente a aquel hecho. Puede leerse allí:
“(Pérez Becerra) No debía ser deportado a su país de origen. No porque sea ciudadano sueco y viva en Estocolmo desde hace dos décadas. Sino porque siendo un enemigo de la oligarquía colombiana –la más orgánica y salvaje del continente– debía ser preservado de semejante circunstancia”.
Tras aclarar que esa conclusión no podía ser desdibujada, subrayé que el tema no se agotaba allí y requería otro ángulo de interpretación:
“Hay en curso una revolución en América Latina. Y en consecuencia, una contrarrevolución, eficiente y extraordinariamente poderosa.
He sostenido (en ésta y otras tribunas) que en América existe de manera simbólica el partido revolucionario hemisférico; que sus dirigentes son Fidel Castro, Hugo Chávez y Evo Morales. Por eso, alenté sin demora ni vacilación la posibilidad de construir una Vª Internacional [es decir, agrego ahora, pasar de los símbolos a la concreción] cuando Hugo Chávez la propuso, hace ya un año y medio. La extraordinaria diversidad y complejidad de las fuerzas antisistema en la región necesita un punto de coherencia y comando unificado.
El día en que Joaquín Pérez Becerra arribaba a Caracas, comenzaban a llegar también los cancilleres de toda América Latina y el Caribe para una reunión preparatoria de la Celac (Comunidad de Estados Latino Americanos y Caribeños). El 5 de julio debe tomar cuerpo en Caracas esta organización que, por primera vez, dará lugar a una instancia regional sin la presencia de Estados Unidos. En otras palabras: es el certificado de defunción para la siniestra OEA. Una victoria sin precedentes contra el imperialismo estadounidense.
¿Es o no crucial para el difícil proceso de convergencia latinoamericana la creación de la Celac? ¿Es deseable, estratégicamente positivo, impedir su formación? ¿Quién tiene más interés en bloquear la realización de ese objetivo? ¿No era un obvio propósito de la CIA señalar a Venezuela como santuario de las Farc para abortar el encuentro fundacional de julio? ¿No calzaba como un guante a la provocación imperialista la presencia de Pérez Becerra en Caracas en ese momento?
Una dirección revolucionaria seria, responsable, no puede eludir estas cuestiones. Son, literalmente, de vida o muerte. No para un individuo, sino para millones. Estados Unidos prepara minuto a minuto una guerra de invasión contra nuestra región, como la que ha iniciado en Noráfrica y Medio Oriente con la agresión devastadora contra Libia, sumada a las que ya comanda en Irak, Afganistán y Pakistán.
Quien obre por decisión o inadvertencia contra la concreción de la Celac, está haciendo algo muy grave. Quien desestime que el Departamento de Estado mueve todos sus tentáculos para buscar resquicios y hacer estallar la obvia fragilidad de la arquitectura regional, no puede reclamar título de vanguardia. Y quien apele a la política de los hechos consumados, no puede gemir luego porque encuentra frente a sí, también, hechos consumados”(3).
Era previsible que el imperialismo y sus aparatos de espionaje y sabotaje, incluyendo al gobierno colombiano, continuarían sin cesar las provocaciones para abortar la Celac. Y que eventuales acciones como la que dio lugar al caso Pérez Becerra, en caso de repetirse tendrían el mismo resultado. En ausencia de un órgano dirigente o, como mínimo, coordinador, de las fuerzas revolucionarias, queda a la vista que la estrategia de la Revolución Bolivariana choca con la de las Farc en cuestiones tan elementales como enviar un periodista en momentos en que se realiza un encuentro internacional, o mantener cuadros clandestinos en territorio venezolano, dos ejemplos que están lejos de agotar el listado.
Chávez explicó en el caso Conrado que los órganos de seguridad del Estado recibieron la denuncia de la presencia de un irregular y actuaron sin saber de quién se trataba. Resultó ser un comandante de las Farc. Chávez agregó: “lo hemos hecho cumpliendo con nuestra obligación y seguiremos haciéndolo”.
Para los firmantes de la carta, es ridículo cumplir los acuerdos con el gobierno colombiano porque es de ultraderecha; atender a Interpol es simplemente cosa de traidores. ¿Qué proponen? Nada. Sólo condenan. El silencio se explica: no podrían alcanzar acuerdo para proponer el abandono del curso llevado durante 12 años por la Revolución Bolivariana y emprender la lucha armada, que en este caso implica la guerra abierta con Colombia y Estados Unidos y el estallido irremediable de Unasur y Celac. Entonces callan. Se atienen… a “principios”: un cuadro de las Farc, aun cuando esté por su cuenta en territorio venezolano, no puede ser entregado a su gobierno, criminal y enemigo de ambos.
Bien. Pero hay otros principios en cuestión: ¿qué hacer con la estrategia hasta ahora vigente –¡y exitosa!– de la Revolución Bolivariana? ¿Chávez y el Psuv no tienen obligaciones de principio con las masas venezolanas –y con millones de luchadores en América Latina y el mundo? El cumplimiento de la Constitución y las leyes venezolanas ¿no es un principio? ¿No será un principio hacer todo lo posible para evitar el desenlace que busca Washington: una guerra entre Venezuela y Colombia, prólogo del ingreso al escenario de Estados Unidos y su aparato guerrero? ¿O tal vez no es verdad que Estados Unidos está preparando la guerra contra nuestros pueblos y tiene a Venezuela en la mira y con el dedo en el gatillo? Actuar en función de evitar ese desenlace, o más precisamente, en función de que la mayoría de la población mundial y específicamente latinoamericana entienda que el inexorable accionar violento de Estados Unidos contra América Latina es sólo y exclusivamente una acción contrarrevolucionaria unilateral… ¿no debería ser considerado un principio en este momento histórico?
Es por demás evidente que hay un choque de principios, resultante de la colisión de estrategias. El error de los compañeros firmantes es de concepción y de método: actúan en base a un pensamiento idealista y no se involucran en el análisis de la realidad concreta. No sólo yerran:se apartan del problema a resolver y se instalan en la noche metafísica, donde, como se sabe, todos los gatos son pardos.

 

El verdadero debate

No es sólo en Venezuela donde la Revolución se abre paso en un marco institucional y esforzándose por eludir o minimizar la violencia. Están allí también Bolivia y Ecuador, más los restantes países del Alba, entre los cuales no cabría soslayar los casos de Cuba y Nicaragua pese a su punto de partida diferente. ¿Deben o no las Farc contemplar esa realidad como factor determinante de su accionar fronteras afuera? ¿Qué pesa más a la hora de tomar una decisión en ese terreno: el rumbo adoptado por estos procesos revolucionarios (a su vez diferentes entre sí) o la lógica propia de las Farc? Desde luego está planteado también el interrogante de cómo continuará su lucha esta antigua organización, que durante décadas recibió la solidaridad de miles de revolucionarios en América Latina. Ese debate no es exclusivo de las Farc, pero parte de ellas y a ella se subordina, en lo atinente a la política interna. El hecho es que en materia internacional, hay otros protagonistas. Continuar con la política de los hechos consumados frente a ellos, no es sólo un error propio sino, como queda a la vista, fuente de conflictos de difícil resolución.
El verdadero debate es, entonces, qué estrategia de poder se adopta a escala latinoamericana. Una estrategia diferente determina diferentes principios aunque, como éstos, no es ni puede ser jamás definitiva e inconmovible.
Tal como lo admite la carta en cuestión, “durante años el presidente Hugo Chávez apeló para el reconocimiento de las Farc como fuerza revolucionaria beligerante”. Los acuerdos firmados por Chávez con Santos (esos cuyos compromisos la carta califica de ridículos) han dado lugar, precisamente, a que el presidente colombiano hiciera ese reconocimiento de hecho y abriera la posibilidad de un reconocimiento de derecho, lo cual a su vez podría abrir nuevos caminos para Colombia.
No tengo razones para cambiar mis puntos de vista y mi accionar político respecto de la Revolución Bolivariana y su principal dirigente, Hugo Chávez(4). A la par, no cambiaré una práctica de muchos años de solidaridad con la militancia de las Farc que jamás implicó identificación con concepciones ni métodos.
Si las contradicciones en materia de estrategia y tácticas de acción vuelven a contraponer a esta organización con las políticas fijadas por la dirigencia de la Revolución Bolivariana (y lo mismo vale para Bolivia, Ecuador, etc.), continuaré bregando por la creación de una instancia organizativa que permita elaborar y encuadrar esas diferencias, pero sin ambigüedad respecto del accionar necesario para mantener la línea de marcha trazada. Siempre habrá espacio para discutir medidas puntuales, cuya adopción requiere el conocimiento exacto de condiciones y circunstancias, por lo general al alcance sólo de los principales protagonistas. En cambio, no hay espacio para condenar aquello que, en este momento de la historia, ofrece la única posibilidad de unir a los pueblos del continente y afirmar el combate de masas contra el imperialismo y el capitalismo.

 

Referencias:

1.- Carta de Marx a Bolte; Marx-Engels, correspondencia. Ed. Cartago, pág. 260.

2.- Federico Engels, Anti-Dühring; OME/35; Crítica; pág. 36.

3.- Ver Luis Bilbao, La deportación de un militante, América XXI N° 73; mayo de 2011; (http://www.americaxxi.com.ve/notas/ver/la-deportaci-oacute-n-de-un-militante)

4.- Remito al lector a mis libros y artículos al respecto, específicamente Venezuela en Revolución – Renacimiento del Socialismo; Capital Intelectual, Buenos Aires, octubre de 2008.

 

Buenos Aires, 11 de junio de 2011

Nuevo capítulo en la lucha por la soberanía y el socialismo

PorLBenAXXI

 

Un un momento geopolítico de enormes amenazas para el poderío imperial, la Casa Blanca vuelve a la carga contra Venezuela. Esta vez se trata de sanciones a Pdvsa, anunciadas el 24 de mayo por el Departamento de Estado. La excusa: el gobierno de Hugo Chávez comercia hidrocarburos con Irán, en violación de leyes… estadounidenses.
Washington decretó contra la petrolera estatal una copia del bloqueo a Cuba. Las intenciones están claras. La incógnita es si se trata de una prueba a la capacidad de respuesta bolivariana o es el primer paso de una escalada inminente.
Antes de hacerse siquiera la pregunta, Chávez dio respuestas inequívocas, contundentes. Minutos después de conocida la agresión, el presidente de Pdvsa Rafael Ramírez, junto al canciller Nicolás Maduro, en conferencia de prensa denunciaron la pretensión de Barack Obama como absurda e ilegal y sostuvieron con elocuencia que en ninguna hipótesis el gobierno venezolano aceptaría el menor condicionamiento a sus relaciones internacionales. Adelantaron que en materia de exportación de petróleo a Estados Unidos –hacia donde salen diariamente 1 millón 200 mil barriles– la réplica sería equivalente al alcance de la disposición anunciada por la secretaria Hillary Clinton, en ese momento todavía desconocido en los detalles. Culminaron convocando a los trabajadores petroleros y a toda la población a movilizarse para rechazar la medida.
En apenas horas la respuesta tomó otra dimensión: concentraciones masivas de obreros petroleros en todo el país, donde Ramírez cambió su traje de ministro de Energía y Petróleo por el de agitador de multitudes, para ratificar que el gobierno de Hugo Chávez no haría la menor concesión a la presión estadounidense y explicar, con lujo de detalles, que Pdvsa no necesita asistencia financiera de Estados Unidos, que tiene autonomía tecnológica y capacidad para continuar desarrollando su agresiva estrategia de crecimiento y diversificación. Al día siguiente Maduro convocó a nombre del Partido Socialista Unido de Venezuela a que el pueblo se volcara a las calles el domingo 29.
Se requiere más tiempo para confirmar la impresión que surge al cabo de esta primera oleada de movilización de masas: la Revolución Bolivariana podría estar ingresando en una nueva fase, de mayor frontalidad y radicalidad efectiva en la lucha contra el capital, con todavía más protagonismo obrero y popular del ya muy significativo que caracterizó este proceso desde sus inicios, y con un sacudón político a las estructuras burocrático-administrativas del Gobierno y el Psuv. La Celac abre un nuevo capítulo en la lucha por la soberanía; la respuesta de Chávez a la agresión yanqui puede ser un nuevo capítulo en la lucha por el socialismo.
Sabotaje a la Celac, desestabilización preelectoral
Con el alumbramiento de la Celac queda a la vista la grieta geopolítica abierta por el conflicto intercapitalista y la posibilidad de avanzar a partir de la relación de fuerzas dada en este momento particular. Las fisuras intercapitalistas, inmensas en las junturas de los países centrales, se replican en la relación de los centros imperiales con sus vástagos y se multiplican entre éstos. Jefes de Estado de la región en modo alguno enemigos del sistema, toman sin embargo distancia de Estados Unidos. El 5 de julio próximo, en Caracas, 32 países consumarán el reordenamiento de sus relaciones según una lógica que excluye a Washington. Con el burdo zarpazo contra Pdvsa, el Departamento de Estado busca condicionar la conducta de un número de gobiernos, alineados con la Casa Blanca o proclives a ceder bajo presión. En términos estratégicos, la Celac es la tumba de la OEA, es decir, de la herramienta imperialista para subordinar al continente. No sorprende que Barack Obama apele a cualquier recurso para dificultar esa reunión y evitar un desenlace neto. Horas antes de hacer conocer las sanciones a Pdvsa, la prensa comercial del mundo repitió una noticia sin fundamento ni pruebas: Venezuela “estaría” emplazando misiles iraníes en la Península de Paraguaná. Son pasos de un intento desestabilizador a gran escala, que si bien apunta al ya iniciado período preelectoral para el recambio presidencial en diciembre de 2012, plantea escenarios hipotéticos de agresión mayor. Esto en el momento en que la Otan bombardea Libia, busca desestabilizar a Siria y continúa sus preparativos bélicos contra Irán. En el exacto momento en que la Unión Europea bordea un colapso financiero con epicentro en Grecia, Irlanda, Portugal y España. Cuando el G-8 (los siete países imperialistas más Rusia), se muestra impotente para hacer más que imprimir montañas de dólares con el objetivo de detener la revolución en el Norte de África y el Cercano Oriente…
¿Hasta dónde llegará el premio Nobel de la paz en esta carrera demencial? Hasta donde los pueblos del mundo se lo permitan.

 

El Alba en el centro

La Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América está en el centro de la respuesta estratégica a esa demanda acuciante. Y también está en el centro objetivo de la Celac. No es extraño que Obama apunte a Venezuela.
El resquebrajamiento del orden imperial está dando lugar a un mapamundi esencialmente nuevo, difícil de aprehender con las herramientas de la comprensión política del siglo pasado. Es estridente el silencio de la teoría. Tanto como la ausencia de una instancia internacional militante, revolucionaria, capaz de congregar talentos, experiencias y fuerzas.
Cambiaron los vientos, aunque todavía es esquiva la comprensión de los sinuosos caminos de la recomposición. Impensable un desafío más estimulante.