Estados Unidos y una victoria a lo Pirro

porLBenLMD

 

El pasado miércoles 18, EE.UU. consiguió una vez más que la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas condenase a Cuba, por una exigua mayoría de 22 votos a favor, 20 en contra, 10 abstenciones y uno «ausente» . Pero el análisis del voto demuestra las dificultades de la gran potencia para imponer su cínica política.

 

En la Comisión de Derechos Humanos de la ONU quedó en evidencia que, en términos políticos, Estados Unidos está cada día más aislado y debilitado. Los hechos no dejan lugar a dudas: el miércoles 18, para condenar a Cuba, la gran potencia obtuvo 22 votos a favor, 20 en contra, 10 abstenciones y un voto ausente. Si el pequeño país triplemente sitiado (porque es una isla, porque se derrumbó la Unión Soviética y porque desde hace 42 años es víctima de un bloqueo económico y una guerra informativa) pierde frente a Estados Unidos por dos votos, los argumentos huelgan.

Sin embargo la realidad es más gravosa aún para Washington, a poco que se observen dos factores ocultos en la mera proporción numérica: cómo se llegó a ese resultado y qué países y realidades internas hay detrás de cada número.

Lo primero es, si se quiere, anecdótico, pero por demás significativo: hasta el último minuto tres países (Guatemala, Camerún y Madagascar) tenían decidido abstenerse y otros dos (Kenia y Congo) votar en contra. Estados Unidos perdía y ante ese riesgo redobló las presiones y llegó a plantear incluso la postergación de la votación. El esfuerzo de los funcionarios estadounidenses -no sólo retórico, se puede conjeturar- logró que Guatemala, Camerún y Madagascar pasaran de la abstención al voto favorable a la moción y Kenia virase del voto negativo a la abstención. El representante de un quinto país, Congo, se retiró subrepticiamente antes del pronunciamiento(1). ¿Es preciso abundar sobre semejantes procedimientos, sus causas de fondo y la significación internacional de los países cuya voluntad se torció?

No obstante, la relevancia mayor respecto del contenido de la votación estriba en los países que votaron en contra y se abstuvieron. China, Rusia e India (tres potencias atómicas, que suman más de 2.500 millones de habitantes), enfrentaron a Washington. En América Latina, Brasil, México, Colombia y Perú se abstuvieron y Venezuela votó en contra. Súmese número de habitantes, producto bruto interno y relevancia política regional y el resultado aventa cualquier duda: Estados Unidos perdió rotundamente en su intento de aislar a Cuba en la región y desprestigiarla ante el mundo. Deben estar retumbando en los oídos de Condoleeza Rice, arquitecta de la política exterior estadounidense, las palabras del embajador alterno de Venezuela en Ginebra, Víctor Rodríguez: «Consideramos muy grave la medida unilateral del embargo de Estados Unidos. Eso sí es una violación masiva de derechos humanos».

Hasta el más pequeño país del planeta merece consideración y respeto. Ello no significa desconocer el peso real de cada uno en el conturbado mundo de hoy. Y si Washington celebra con Guatemala y Camerún contra China, India, Rusia, Brasil, Venezuela y México, ahí están las proporciones de su victoria.

Desde luego cuenta aquí el voto de Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, España y Gran Bretaña, que se alinearon con Estados Unidos. Pero también en este punto los hechos superan la apariencia. Aparte la hipocresía inhabilitante de quienes como España, Francia o Alemania se abalanzan para realizar negocios en Cuba, debe considerarse el hecho de que la Unión Europea trató de introducir en la condena a Cuba una alusión crítica al bloqueo estadounidense. Pero aquí la Casa Blanca fue inflexible y sus competidores occidentales y cristianos, que apenas un mes atrás anunciaban en Estocolmo su decisión de «asumir el liderazgo de la economía mundial»(2), admitieron la doble humillación de la negativa estadounidense a cualquier mención al bloqueo y el voto por una condena que, en la práctica, no respaldan.

 

¿Cómo votó Argentina?

Una consideración adicional respecto del contenido real de la votación contra Cuba queda expuesta en el voto del gobierno argentino. Al igual que para cualquiera de los países mencionados (desde Guatemala a Francia), una cosa es la posición del gobierno y otra muy diferente la de la población. Pero en el caso argentino la contradicción es escandalosa: la inmensa mayoría de los integrantes de la Alianza gobernante, e incluso de los propios cuadros ejecutivos y legislativos, está contra la posición oficial. El jefe de gobierno de Buenos Aires y ahora principal líder del Frepaso, Aníbal Ibarra, condenó en durísimos términos el voto contra Cuba, y arrastró a la conducción formal de su partido a emitir un pronunciamiento crítico. Federico Storani, hasta un mes atrás ministro de Interior, fue más contundente aún que el Frepaso en su rechazo al alineamiento del gobierno de su partido con Estados Unidos. Y es conocida la posición del presidente de la Unión Cívica Radical, Raúl Alfonsín, que ya desde el año pasado enfrentó sin circunloquios la postura oficial. Ultimo pero de primera importancia: cualquier encuesta (casera o científicamente estructurada), revela que, si se trata de tomar posición entre George Bush y Fidel Castro, es abrumadora la mayoría ciudadana que se alínea con Cuba(3).

¿Qué hay entonces detrás de la apariencia de firmeza del canciller Adalberto Rodríguez Giavarini, cotidianamente vejado por el ministro de Economía Domingo Cavallo, que sólo para menesteres como éste le permite presentarse como jefe de la diplomacia argentina?

La respuesta es transparente: bajo el voto del gobierno de Argentina hay un inmenso vacío. Y -siempre aludiendo a fuerza política- es sólo eso lo que hay debajo de Estados Unidos. Basta considerar que cuando la misma intencionalidad de Washington se traslada de La Habana a Pekín, la forzada y exigua mayoría se transforma en lisa y llana minoría: la moción de Washington para condenar a China obtuvo 23 votos en contra, 17 a favor, 12 abstenciones, 1 ausente.

En esta oportunidad el canciller Giavarini, quien declaró haber decidido su voto «por amor al pueblo de Cuba» , mostró que pese a su misa diaria es inconsecuente en amores: se abstuvo de condenar al gobierno chino. La razón es obvia: Estados Unidos presenta la moción porque necesita mostrar coherencia en su política exterior. Pero no tiene la misma necesidad en ambos casos y no ejerce presión para que sus seguidores (Fidel Castro los denominó semanas atrás con mayor crudeza) lo acompañen en el voto.

 

Derechos y humanos

Resta todavía entrar al mérito de la cuestión: ¿se violan los derechos humanos en Cuba? ¿Puede el gobierno argentino salir ganancioso en una comparación con el gobierno cubano en esta materia?

Sólo el planteo de la pregunta parece una ofensa a la inteligencia: un país que no tiene un solo desocupado, donde no hay un solo niño en la calle, un solo anciano abandonado, no hay analfabetismo y la educación es absolutamente gratuita a todos los niveles, la atención sanitaria es universal, gratuita y de altísimo nivel, la mortalidad infantil es menor que la de Estados Unidos y pareja a la de Suecia; un país donde la delincuencia es ínfima y sin violencia, donde la policía anda sin armas y las armas las tienen a su disposición los obreros en sus fábricas, los estudiantes en sus universidades o en sus barrios… ¿puede ser condenado por los titulares del Ejecutivo argentino?

«No hay libertad de prensa en Cuba» , se afirma. ¿Puede reivindicarse tal derecho esencial cuando se vuelcan cientos de millones anuales para alimentar una oposición prefabricada y manipulada desde el Departamento de Estado? ¿Y que son las miles de horas diarias de transmisión radial desde Miami enderezadas a la isla caribeña, llamando sin cesar -y con los resultados a la vista- a sublevarse contra Fidel Castro?

«No hay democracia política en Cuba» , se agrega. ¿La hay en Argentina? ¿Quién está gobernando? ¿Las personas elegidas en comicios donde los candidatos gastaron cientos de millones en asesores de imagen y publicidad del estilo utilizado para vender gaseosas? ¿Es con el espíritu y la voluntad de los electores que votaron por la Alianza que se ejerce hoy el poder político?

Antes de tener la altura moral y política para discutir la situación interna de Cuba, el gobierno de Argentina debe responder a estas preguntas. Luego será posible entrar a la segunda fase y debatir qué es necesario perfeccionar en aquel país, cómo y quién puede hacerlo. Hasta ese momento, sobre los hombros de las y los ciudadanos dignos de este país pesará el cargo lanzado contra el gobierno por el embajador cubano en Buenos Aires, Alejandro González Galiano: «Se ha consumado la nueva traición contra el pueblo de Cuba».

Es saludable que ante la justa acusación, aunque esté dirigida contra las autoridades y no contra la ciudadanía, suba la sangre al rostro y se conmuevan las fibras más íntimas allí donde no cuentan siquiera los alineamientos ideológicos y las posturas políticas, sino razones más primarias, que hacen a la integridad de las personas y el espíritu colectivo de una nación. Pero no lo sería perder la medida de la realidad objetiva y evitar las múltiples conclusiones -todas de enorme trascendencia histórica- a que da lugar la comprobación del creciente debilitamiento político de Estados Unidos.

  1. «El Gobierno volvió a votar contra Cuba y junto a Estados Unidos» , Clarín, Buenos Aires, 19-4-01
  2. Luis Bilbao, «Estados Unidos y la Unión Europea confrontan en Sudamérica» , Le Monde diplomatique Edición Cono Sur, Buenos Aires, abril de 2001.
  3. Carlos Gabetta, «Diplomacia de la sumisión» , Le Monde diplomatique edición Cono Sur, mayo 2000.

Brasil desaira a Estados Unidos y lidera un nuevo bloque regional

porLBenLMD

 

Con el fiasco de la reunión Bush-Cardoso, un nuevo eje sudamericano con apoyo en Caracas y Brasilia y la simbólica postergación sin fecha del viaje del Presidente brasileño a Buenos Aires, el hasta ahora impreciso trazado de una línea de resistencia a la voluntad de Washington en relación al ALCA comienza a tomar cuerpo y forma definidas.

 

«Jeito mineiro» es la expresión utilizada en Brasil para aludir a la infinita capacidad de negociación y compromiso de los partidos tradicionales, supuestamente patrimonio de los políticos de Minas Gerais. Ese pragmatismo, para muchos exasperante, tiene su fundamento histórico en la imposibilidad de imponer una hegemonía neta para gobernar el país por parte de los Estados más ricos y poderosos (Minas Gerais y San Pablo), que diese lugar a la llamada «política de café con leche» : el constante acuerdo sobre desacuerdos de las elites de ambos Estados. Nadie como Tancredo Neves (el «mineiro» elegido primer Presidente después de la dictadura, fallecido antes de asumir), definió mejor en qué consiste exactamente aquel «jeito»: en cierta oportunidad, frente a las cámaras y ante una pregunta difícil respondió: «No estoy a favor ni en contra, sino todo lo contrario».

El hecho es que ahora el filoso dardo de esa política austroflorentina hizo impacto en el corazón de la estrategia estadounidense: el presidente George W. Bush protagonizó un papelón histórico en el encuentro del viernes 30 de marzo con su par brasileño, Fernando Enrique Cardoso, no tanto por la distancia individual respecto de la intelección y manejo de los grandes problemas del mundo contemporáneo -que es mucha, a favor del brasileño- sino por el fiasco sufrido por el Departamento de Estado ante la postura de Itamaraty en relación con la aceleración de la puesta en marcha del Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA).

Las causas de fondo por las cuales la gran industria brasileña se opone a levantar toda restricción aduanera en el continente son demasiado obvias; no es preciso ser un especialista para comprenderlo: «desde el punto de vista de las exportaciones, la industria brasileña corre el serio riesgo de perder participación en mercados ya conquistados por la preferencia tarifaria del Mercosur. Al mismo tiempo, en el mercado interno, el producto brasileño tendrá que enfrentar la competencia del extranjero, que puede ser mejor y más barato que el nacional» , reconoce el más poderoso diario brasileño(1).

Sobre esta base, por cierto más compleja y trascendente que su reducción a un problema de productividad para afrontar la competencia -y que de ningún modo excluye las contradicciones internas de la clase dominante brasileña, prolongación en último análisis de aquélla que diera lugar a la «política de café con leche» – Cardoso se plantó frente a Bush como representante de un país que no está dispuesto a entregar el control y la proyección internacional de su economía en beneficio de la estadounidense. Peter Romero, secretario adjunto de Estado para América Latina, presente en la reunión de ambos Presidentes, «dejó en claro el sentimiento de frustación tras la visita»(2). Otro testigo, presumiblemente del equipo de Cardoso, declaró sin identificarse: «la sensación que quedó es que la visita no sumó nada nuevo y que no hubiese habido diferencia si no se hubiera llevado a cabo»(3).

Innecesario aclarar que la frustración fue para Washington. Aunque tal vez vale llamar la atención sobre el hecho de que la súperpotencia tenida por todopoderosa e imposible de desafiar se haya visto de tal manera desairada por un país sudamericano.

 

Un bloque diferente

¿Es verdad que antes de este desplante Itamaraty negoció en secreto y con la posición contraria a la mostrada por Cardoso el adelanto de los plazos para el ALCA, a cambio de compartir con Estados Unidos la presidencia de la comisión para la creación de este mercado único, que de acuerdo con lo convenido debe asumir Ecuador a partir del encuentro en Quebec el próximo 20 de abril? Esa fue la versión que difundió otro diario de peso en Brasil, Folha de São Paulo(4).

A falta de información incontrovertible, caben dos presunciones: una maniobra del Departamento de Estado amplificada por su herramienta predilecta, la CIA, o una manifestación inesperada del «jeito mineiro».

Como quiera que sea, lo cierto es que tras la prueba de fuerza en Washington, Itamaraty aceleró en dirección exactamente inversa a la deseada por la Casa Blanca y produjo un acontecimiento que previsiblemente tomará cuerpo en Buenos Aires durante la reunión de responsables de Comercio de los países americanos (los días 6 y 7 de abril), para eventualmente completarse en la reunión de presidentes el 20 de este mes: invitó a una reunión de urgencia en Brasilia al presidente venezolano Hugo Chávez, quien como era de esperar, no dudó en cambiar de inmediato su agenda para acudir a lo que sería su octavo encuentro con Cardoso desde que asumió la presidencia en 1999. Al menos un sector de la prensa influyente en Brasil lo recibió con alborozo: «(Chávez) vino invitado por el gobierno brasileño como aliado de Brasil en el cronograma de creación del Area de Libre Comercio de las Américas»(5).

El resultado del encuentro no se hizo esperar: «El ALCA puede ser un factor de desintegración de América Latina, que vive actualmente el punto más profundo de su debilidad» , declaró Chávez a su arribo a Brasilia, y agregó: «El neoliberalismo no el es único, pero es el camino más rápido al infierno (…) Venezuela no está de acuerdo con la propuesta de adelantar el ALCA y nuestra posición es muy semejante a la del presidente Cardoso»(6). Tras más de dos horas de reunión con su par brasileño, el Presidente venezolano completó su postura: anunció el pedido de ingreso de Venezuela al Mercosur antes de fin de año y su compromiso de impulsar esa posición para todos los miembros de la Comunidad Andina de Naciones (CAN: Venezuela, Colombia, Ecuador y Perú) cuya presidencia temporaria ejerce. «Fernando Henrique recibió con satisfacción el anuncio y se comprometió a apoyar el pedido ante los demás socios del bloque»(7). De inmediato, el presidente paraguayo Luis González Macchi hizo saber que Chávez está invitado a la reunión del Mercosur en Asunción, en junio próximo.

Este gesto se completó con otro no menos inesperado y contundente: la suspensión del viaje de Cardoso a Buenos Aires, prevista para el 16 de abril. El socio principal del Mercosur coloca al irresuelto gobierno de Argentina ante una exigencia de alineamiento definido y la implícita amenaza de quien es, nada menos, el principal comprador de las exportaciones argentinas.

¿Nuevo bloque latinoamericano o una expresión «globalizada» del «jeito mineiro» ? Conjeturas aparte, basta ver el clima en que comienza la reunión de ministros americanos (con excepción de Cuba) en Buenos Aires, para comprobar que el gesto brasileño ha desconcertado a Washington, al punto que el día previo a la reunión en el Hotel Hyatt, (y antes de escuchar el estrépito de los manifestantes que irán a expresar su oposición al ALCA), algunos funcionarios de la cancillería argentina no descartaban la suspensión del encuentro. Si se tiene en cuenta la historia de este Hotel construido por Gaith Pharaon en tiempos de la euforia «neoliberal» y con fondos sospechados de provenir de operaciones ilícitas de tráfico y lavado, el lugar elegido para realizar el cónclave secreto de ministros (perplejos funcionarios de la fracturada diplomacia argentina no descartaban un cambio de último momento), es un símbolo exacto de la significación estratégica del ALCA. Como lo es la conformación del eje Brasilia-Caracas, que dejará su impronta incluso si el «jeito mineiro» (las vacilaciones de las cúpulas gobernantes brasileñas), impiden que en torno a él comience a girar un bloque confrontado con las imperativas urgencias de Washington.

  1. Paulo Puliti, «El país no está preparado para la competencia» , O Estado de São Paulo, 4-4-01
  2. Paulo Sotero, «Visita de FHC a Bush não tería acrescentado nada, diz americano» ; O Estado de São Paulo, 3-4-01.
  3. Ibíd.
  4. «Brasil y EEUU negociaron en secreto una alianza sobre el ALCA» , El País, Madrid, 3-4-01.
  5. Claudia Dianni, «Chávez vem ao país para discutir inicio do bloco» , O Estado de São Paulo, 3-4-01.
  6. Claudia Dianni, «Chávez anuncia apoio á posicão brasileira» , O Estado de São Paulo, 4-4-01.
  7. Marise Lugullo, «Hugo Chávez pede adesão ao Mercosul» , Jornal do Brasil Online, Río de Janeiro, 3-4-01.

Chávez acelera sus pasos

porLBenLMD

 

Mientras el presidente venezolano realiza una gira internacional de 21 días y anuda acuerdos decisivos en países de gravitación planetaria, al interior de su país se agudiza la confrontación política.

 

Tres pasos dados en las últimas semanas por el presidente venezolano Hugo Chávez indican que los múltiples signos indicativos de una radicalización en la actitud de las fuerzas opositoras, tienen como respuesta un endurecimiento de la respuesta oficial.

La gira internacional de Chávez (Rusia, Irán, India, Bangladesh, China e Indonesia); la formalización del pedido de ingreso de Venezuela al Mercosur y el llamado a construir un nuevo partido, constituyen el despliegue de una estrategia interna e internacional que, lejos de ceder ante la agudización de las contradicciones, muestra la decisión de acelerar por el camino trazado.

Aun antes de completados los 21 días de gira, el viaje de Chávez tiene saldos inequívocos. En Rusia se anudó un acuerdo que proyecta la participación de aquel país en el diseño energético venezolano y específicamente la explotación del gas. Además, «hemos hablado de la posibilidad de hacer asociaciones estratégicas en cualquier parte del mundo bien sea en países de Asia, Europa, América Latina, Oceanía y Africa» , declaró Chávez(1). En Irán, recibido con singular deferencia, el presidente venezolano sostuvo en la ceremonia oficial que «la lucha contra el imperialismo y el hegemonismo son puntos en común entre Irán y Venezuela» ; recibió del líder religioso iraní, ayatolá Alí Jamenei, una respuesta en la misma cuerda: «La decisión de hacerle frente a la agresión y la dictadura internacional (de Estados Unidos), cuyo objetivo es dominar otros países y enfrentar al imperialismo norteamericano son rasgos comunes entre Irán y Venezuela»(2). La trascendencia política de esta proclama supera incluso el significado de los acuerdos sellados en Teherán para garantizar las cuotas de producción petrolífera y el precio del petróleo, un tema particularmente delicado para Washington, sobre todo en la coyuntura recesiva que atenaza a la primera potencia mundial. Motor decisivo para la reactivación, a partir de 1999, de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), Chávez es ahora el más enfático defensor del control de los volúmenes de producción y la consecuente defensa de un precio para el barril de petróleo que triplica el de tres años atrás. «Los países de la OPEP están dispuestos a no dejar que los precios bajen. Hace falta firmeza por parte de la OPEP, para no aumentar la producción» sostuvo Chávez, quien subrayó un dato habitualmente minimizado: «Estados Unidos se enfrenta a su peor crisis de energía desde 1970 «(3). Agregó además que la única manera de contrarrestar la hegemonía estadounidense es «evitar que nos impongan un modelo y eso sólo podemos lograrlo integrándonos en bloques de fuerza para darle equilibrio al mundo»(4).

A la misma hora en que el presidente venezolano hacía estas declaraciones en Teherán, en Caracas la oposición utilizaba la tribuna de un encuentro internacional para afirmar que «Venezuela tiene las condiciones para dolarizar su economía»(5). Y en Buenos Aires el canciller paraguayo, José Antonio Moreno Ruffinelli, anunciaba que Venezuela había pedido formalmente su ingreso al Mercosur y confirmaba que Chávez asistirá a la cumbre que se realizará en Asunción el 21 y 22 de junio próximo(6). Es un acuerdo ya asegurado por la posición de Brasil que Venezuela «será un socio con rango político» , con lo cual cambiará significativamente la relación de fuerzas al interior del bloque regional respecto de dos cuestiones fundamentales: el Area de Libre Comercio de las Américas y el Plan Colombia. A partir de esa fecha, por tanto, habrá un nuevo cuadro de situación que impactará no sólo en la política estadounidense, sino en la del principal socio de Brasil en el Mercosur, hoy indefinido y vacilante: Argentina.

Con todo, tal vez el aspecto más contundente de la voluntad que anima a Hugo Chávez es la decisión de crear una nueva fuerza política, de masas, en su país. La revitalización del Movimiento Revolucionario Bolivariano-200 (estructura conspirativa formada al interior del ejército con motivo del 200º aniversario del nacimiento de Simón Bolívar) es un eslabón en el propósito explícito de alcanzar la unidad de amplios sectores sociales en una organización que adopte las posiciones programáticas delineadas por Chávez, quien se halla en una situación paradojal: tiene el poder y el apoyo de las grandes mayorías, pero carece de una estructura partidaria para continuar avanzando por un camino en el cual se multiplican barreras que hacen imperativa -y urgente- la exigencia de contar con una herramienta política con honda y efectiva inserción social, destinada no ya a conquistar el poder, sino a ejercerlo.

La determinación de dar ese paso desató la furia -el temor- de la oposición. Entre otras manifestaciones de un cambio significativo en la confrontación, la prensa vehiculizó una ola de rumores que aluden a la existencia de una facción militar que se apresta a dar un golpe de Estado. Pero también tensó la cuerda en las filas de los aliados del presidente, dentro y fuera del Movimiento Vº República (coalición con la cual ganó siete elecciones generales y cuyo nombre es fonéticamente idéntico al MBR): la argumentación de Chávez para convocar a la creación de una nueva fuerza política con alcance de masas y estructura partidaria pone a prueba la capacidad teórica y práctica de numerosas organizaciones de izquierda, obligadas ahora a definir su lugar en la vertiginosa transformación del cuadro político venezolano. «Sería ideal que a la larga, cuando se logre una verdadera discusión ideológica, se vaya a un partido único. Pero eso no lo puede decretar el presidente sino el tiempo; y el MBR-200 pudiera ser el primer paso (…) no se descarta que, en un momento dado, los partidos políticos, incluyendo el MVR, disuelvan sus estructuras nacionales y medias, para ir a un partido único» , explican Tarek Saab y Francisco Ameliach, antiguos colaboradores de Chávez y dirigentes del MVR(7).

Desde el otro extremo, Franciso Arias Cárdenas, ex coronel aliado a Chávez y desde hace tres años su peor enemigo, fundó el partido Unión, respaldado por Washington y el establishment local, con la intención de abroquelar el desperdigado campo opositor.

Tal parece que las fuerzas contrapuestas de la realidad venezolana buscan la definición de sus perfiles mientras avanzan sin pausa por un rumbo de colisión.

  1. EFE; «Hugo Chávez anuncia una alianza de petroleras rusas y venezolanas» ; El País, Madrid, 17-5-01.
  2. «Chávez y ayatolá iraní denuncian hegemonismo de Estados Unidos» ; El Nacional, Caracas, 22-05-01.
  3. «Los países de la OPEP deben resistir todas las presiones» ; El Universal, Caracas, 23-05-01.
  4. «Aboga Chávez por evitar la imposición de un solo modelo mundial» ; Granma, La Habana, 23-05-01.
  5. Clara Franco, «Venezuela puede dolarizar su economía» , El Universal, Caracas, 23-05-01.
  6. «Venezuela pidió ingreso formal a Mercosur; El Universal, Caracas, 23-05-01, y Granma, 23-05-01.
  7. Taynem Hernández, «MBR-200: el primer paso hacia el partido único del chavismo» . El Universal, Caracas, 21-05-01.

El bloque Brasil-Venezuela impide la anticipación del ALCA

porLBenLMD

 

Estados Unidos pudo medir la magnitud de las fuerzas que se oponen a su intención de imponer de inmediato un área de libre comercio continental. Tras la línea marcada por Brasil en alianza con Venezuela, el Mercosur se definió contra la voluntad de Washington, mientras un multitudinario movimiento opositor comenzó a tomar cuerpo en la sociedad.

 

Estados Unidos perdió una batalla, aunque por supuesto la guerra será larga. Su intento de adelantar la concreción del &Area de Libre Comercio de las Américas fue enfrentado y neutralizado en la reunión de ministros de Comercio y Economía de toda América el sábado 6 de abril pasado en Buenos Aires. El revés adquiere mayor significación si se toma en cuenta la desembozada presión ejercida por Washington para que el año próximo se ajustaran los términos de funcionamiento del ALCA, a fin de ponerlo a plena marcha desde el primer día de 2003. En Buenos Aires debía aprobarse un documento con tales definiciones, de modo que en la reunión de Presidentes americanos (Cuba excluida, por imposición de Estados Unidos) el próximo viernes 20, en Quebec, Jorge W. Bush pudiera hacerse acreedor de una victoria. No pudo ser. Y parece improbable que en el lapso restante hasta el encuentro en Canadá los términos aprobados en Buenos Aires puedan ser variados: la puesta en marcha del área de libre comercio quedó fijada para «el último día de 2005 «, es decir, el 2006, tres años después de lo exigido por Washington.

No cabe minimizar la significación de la dinámica instaurada por este acuerdo: si no se produce un muy drástico cambio en las relaciones de fuerza a escala continental, en aquella fecha se pondrá en marcha bajo la égida de Estados Unidos un mercado único de 800 millones de personas, con un producto bruto conjunto de 11,5 billones de dólares, equivalente al 40% del producto bruto mundial.

Sería igualmente aventurado suponer que tal vuelco en las relaciones de fuerza se produzca en tan breve plazo. No obstante, basta registrar el hecho de que mientras los ministros debatían borradores de un documento que finalmente no saldría como expresión de consenso, el presidente Fernando de la Rúa recibía por la mañana al presidente chino Jiang Zemin y por la noche al primer ministro de Francia Lionel Jospin (representantes de dos centros de poder mundial que disputan con Estados Unidos el mercado latinoamericano), para concluir que la partida no se juega sólo entre los gobiernos sudamericanos y la Casa Blanca. En este sentido, es de remarcar la expresión de De la Rúa al referirse a los visitantes, mientras a pocos metros se debatía la anticipación del ALCA: «Es bueno saber que los amigos están de nuestro lado» , dijo el Presidente.

Se multiplican pues los indicios de que el traspié de Washington en Buenos Aires no es un dato circunstancial. En el plano regional los acontecimientos se precipitaron en las últimas semanas: el gobierno brasileño dio un giro para muchos inesperado en su política continental cuando confrontó explícita y públicamente la voluntad de la Casa Blanca en la reunión de Fernando Henrique Cardoso con George Bush el 30 de marzo; cerró un trato con el presidente venezolano Hugo Chávez en Brasilia el 6 de abril, y canceló su visita a Buenos Aires para el 18 de abril, en un evidente gesto negativo hacia las vacilaciones de Buenos Aires. Esto configura un giro estratégico que, en caso de consolidarse, podría replantear la perspectiva del ALCA.

Por lo pronto, Washington acentúa su presión: el principal negociador estadounidense, Robert Zoellick, a la vez que retrocedía de las pretensiones con las que llegó a Buenos Aires, adelantó a De la Rúa y su canciller, Adalberto Rodríguez Giavarini, lo que presumiblemente dirá Bush a su par argentino cuando lo reciba en el Salón Oval el próximo 19: el ALCA es una condición para toda negociación financiera relativa a la crisis argentina y entre las condiciones inamovibles para su concreción, ahora admitida para «el último día de 2005 «, tiene especial relieve la de aunar las legislaciones laborales del continente según el modelo estadounidense: total y absoluta desregulación en las relaciones obrero-patronales. Este punto prefigura la otra faz de la batalla en curso. (No es casual que el gobierno argentino, con futiles excusas y violando elementales derechos democráticos, impidiera el ingreso al país de nutridos contingentes de trabajadores brasileños que venían a sumarse a la manifestación opositora).

Zoellick deslizó además que, ante la evidencia del peso predominante del eje Brasilia-Caracas, que impuso la actuación unitaria del Mercosur en la reunión de Ministros pese a los brulotes lanzados contra Brasil por el ministro de Economía Domingo Cavallo, varios países tomaron contacto bilateral con la delegación estadounidense para proponer un acuerdo directo con el Tratado de Libre Comercio Norteamericano (TLC). Esto podría interpretarse como una nueva línea de ataque del Departamento de Estado, que si bien por un lado presupone la absorción de varios países sudamericanos(1), por otro implica la admisión tácita de que frente al TLC se yergue otro bloque, al que no se considera integrable en los términos exigidos por Washington. Pero un ALCA sin Brasil y Venezuela no puede ser reemplazado por un TLC al que se sumasen Chile, Bolivia, Colombia y Uruguay. Y si Brasil afirma la línea de acción esbozada en los últimos meses; si Venezuela se integra efectivamente al Mercosur… ¿qué hará el gobierno argentino?

Mientras se aceleran los pasos hacia la reunión de Quebec, continúa pendiente el debate respecto de la doble significación de un mercado continental único: el aspecto históricamente positivo que supone la eliminación de barreras entre los pueblos y la precisa intencionalidad de absorción de mercados y maximización de ganancias con que lo proyecta Washington.

 

Reaparición de la movilización

Ese debate es tanto más necesario a la luz de un fenómeno nuevo que, si bien no explica el saldo de la reunión de Ministros, conforma el cúmulo de fuerzas dispuestas frente a Estados Unidos. Desde Seattle en adelante, (pero con antecedentes tales como las grandes movilizaciones estudiantiles que en Indonesia darían como resultado en 1999 la caída de una dictadura de medio siglo, luego expandidas de manera sistemática a toda la región sudasiática y enfilada paso a paso hacia Occidente), reaparecieron en el panorama político internacional factores supuestamente superados en términos históricos: la movilización de amplias capas de la población y un creciente sentimiento antimperialista en general y antiestadounidense en particular.

Aun en un país como la Argentina de hoy, donde reinan la apatía y el escepticismo, la reunión de Ministros que planteaba como posibilidad una inmediata puesta en marcha del ALCA desató una oleada en la que se involucraron decenas de miles de personas. En ellas se pudo percibir desde un primario interés por saber de qué se trata, hasta el más rotundo rechazo. Numerosos actos, reuniones y debates precedieron a las movilizaciones que el 6 de abril pusieron una nota casi olvidada en las calles de Buenos Aires, con singular predominancia de jóvenes y ciudadanos que marcharon y entonaron cánticos al margen de formaciones partidarias o sindicales. Las tres centrales sindicales argentinas, aunque separadas, organizaron por su parte manifestaciones contra el ALCA.

El eco de ese reclamo de previsible crecimiento (y no menos previsible radicalización), llegó al recinto de los Ministros. Y es de suponer que quienes lideraron la oposición a la embestida de Zoellick lo escucharon como una voz aliada. De modo que, aun en un marco restringido y de escasísima -si no nula- capacidad de articulación política, la irrupción de este nuevo factor en el escenario político suma un punto potencialmente decisivo en la nueva disposición de fuerzas a escala internacional. En pocos días más, en Quebec, los protagonistas de esta singular batalla volverán a encontrarse. El desmesurado aparato represivo y de control montado por el gobierno canadiense(2) traduce al tosco lenguaje del poder la balbuceante conformación de una nueva constelación opositora y una lenta transformación en la relación de fuerzas, en el centro de la cual está como perspectiva la pérdida, al menos en parte, de la iniciativa política por parte de Estados Unidos. El escenario en el que fue desplegándose esta confrontación (Seattle, Praga, Washington, Zurich, Porto Alegre)(3) es por sí mismo una definición de la naturaleza internacional de este nuevo protagonista. El encuentro de jóvenes, obreros y campesinos en tan dispares terrenos, es otro rasgo sobresaliente y anunciador. Las disonancias y los acordes de tono menor que suelen preponderar en ciertos momentos carecen de toda importancia frente a la magnitud y la potencialidad de esta fuerza en gestación, que ha comenzado a ser tomada en cuenta por los dueños del mundo.

  1. Dossier «¿Alca o Mercosur?, varios autores, Le Monde diplomatique Edición Cono Sur, Buenos Aires, abril de 2001.
  2. Michel Brodeur y Pierre Henrichon, «Quebec militarizada» , Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, abril 2001.
  3. Carlos Gabetta, «Porto Alegre, propuestas para cambiar el mundo» , Le Monde diplomatique Edición Cono Sur, febrero 2001. Ver igualmente «Resistencias mundiales» (de Seattle a Porto Alegre), compilación de varios autores, Clacso, Buenos Aires, marzo 2001.

reseña

Escritos 1929-1940

porLBenLMD

 

De León Trotsky

Editorial: CEIP
Lugar de publicación: Buenos Aires
Fecha de publicación: Enero de 2001

 

No se trata en este caso de un libro, sino de seis, reunidos en un disco compacto. Cada uno de ellos compila textos del revolucionario ruso en períodos que van desde 1929, cuando es deportado a Turquía, hasta 1940, fecha en que será asesinado por agentes de Stalin en su residencia mexicana en Coyoacán. Materiales inhallables hoy y de interés no sólo para adeptos a esa corriente del pensamiento marxista, sino para estudiosos interesados en seguir paso a paso, a través de artículos periodísticos, cartas y pequeños ensayos, la historia que terminaría con el advenimiento del fascismo, la IIª Guerra Mundial y finalmente el derrumbe de la URSS. Algunos textos de importancia no están incluidos en esta compilación minuciosa. Otros dos libros –estos sí en el sentido tradicional de la palabra– publicados por la misma editorial (Escritos Latinoamericanos y compilación de materiales relativos a La Teoría de la Revolución Permanente), completan el cúmulo de escritos producidos, al margen de las obras mayores que dio a luz en ese período, por el controvertido fundador del Ejército Rojo.

Bolivia conmocionada por la sublevación campesina

porLBenLMD

 

En la gravísima crisis que sacude a Bolivia se prefigura un cuadro económico y sociopolítico extensible a casi todo el continente, mientras peligra la estabilidad del gobierno de Hugo Banzer. La oposición, no obstante, se muestra dividida.

 

¿Caerá el presidente boliviano Hugo Bánzer? Los campesinos movilizados desde hace tres semanas sostienen que con esta embestida -la tercera que en el último año adopta la modalidad de bloquear los acesos a la capital y sitiar las principales ciudades del país- lograrán su objetivo, que ya no se limita a defender los últimos sembradíos de coca restantes, sino que apuntan a derrocar al gobierno. «Coca o muerte» , entonan mientras marchan y se enfrentan con las fuerzas represivas.

La legendaria COB (Central Obrera Boliviana) oscila entre la huelga y la negociación, pero afirma también la necesidad de derrocar al Presidente. El alicaído MNR (Movimiento Nacionalista Revolucionario), mediante un sesgo legalista -acortamiento del mandato presidencial- confluye no obstante en la misma demanda. Y hasta la Confederación de Empresarios Privados emplazó al ex dictador a resolver la crisis económica antes de fin de mes…

Banzer estaba en la cumbre de las Américas, realizada en Quebec del 20 al 22 de abril, cuando las columnas de campesinos llegaron a La Paz luego de una semana de marcha sorteando el accionar represivo. La policía y las fuerzas armadas actuaron con extrema dureza y la capital boliviana fue escenario de una batalla campal. Otro tanto ocurría en el interior. El país se incendió y las fuerzas represivas ocuparon las calles. Con los campesinos a la delantera, acompañados por obreros, empleados y hasta una singular organización que agrupa a «deudores de bancos» , la mayoría de la población se aunó tras la consigna «Fuera Banzer» . El lunes 23 el presidente estadounidense George W. Bush emitió un comunicado de respaldo al Presidente boliviano, en el cual expresó su voluntad de que éste termine su mandato. Por esas horas, con obreros y empresarios del transporte sumados a la movilización. y con la muerte de dos ciudadanos por el accionar represivo, la crisis planteaba precisamente la cuestión de quién y cómo gobernará Bolivia.

Cuando el miércoles 25 arribó a La Paz de regreso de Quebec, Banzer declaró que no renunciará; respondió al alud opositor clausurando una instancia de negociación con los partidos reconocidos y anunció que impediría los bloqueos de rutas con policías y militares.

Hasta el momento de redactar estas líneas, el 26 de abril, tales palabras no reflejaban la realidad: «A pesar de la presencia de policías y militares armados hasta los dientes en varios tramos estratégicos sobre la carretera, los productores de coca consolidaron más de una veintena de puntos de bloqueos relámpago» en la región del Chapare(1). El mismo corresponsal describe el clima imperante: «Con los rostros pintados en señal de guerra (a diferencia de otras intervenciones), los conscriptos enfundaron sus bayonetas en los cañones de sus fusiles FAL para defenderse de cualquier tipo de agresión física por parte de los cocaleros» . También el periodista da la palabra a Julio Salazar, dirigente de la central campesina: «No somos locos para estar bloqueando la carretera Cochabamba-Santa Cruz. El pueblo de Bolivia tiene que entender que es por necesidad, pobreza, hambre y falta de empleo porque el desarrollo alternativo no existe y los convenios firmados nunca se hacen realidad».

 

Una realidad latinoamericana

Pobreza, hambre, falta de empleo… y generalizada impotencia política. Con su crisis Bolivia configura un caso paradigmático de la realidad latinoamericana. La propia existencia de Banzer como presidente constitucional después de su sanguinario pasado como dictador militar refleja el callejón en que se halla el país. Banzer y quienes los sostuvieron como dictador o «demócrata» no pueden ni relanzar el crecimiento del país ni contener el descontento masivo. Tampoco el partido de la revolución de 1952, el MNR. Como todas las expresiones del populismo tercerista que condujeron a las masas durante el siglo -desde el PRI mexicano hasta el peronismo argentino, desde el aprismo peruano al varguismo brasileño- el MNR ha agotado absolutamente su capacidad para concitar el apoyo activo de las mayorías y no se diferencia en nada sustantivo de otros partidos tradicionales.

Sin embargo la verdadera gravedad de la situación estriba en la fractura social y la confusión -incluso la degeneración- ideológica de las organizaciones que canalizan los sentimientos de los desposeídos y acosados por la crisis. Hace ya mucho tiempo que la COB no es la que enarboló el Programa de Pulacayo, que proponía un plan económico y político de corte anticapitalista. También es cierto que la clase obrera boliviana no es la que inervaba el poderoso y combativo movimiento minero. Esa ausencia ha dado lugar a un corte vertical en el campesinado, con la derivación de una fracción hacia un indigenismo francamente reaccionario corporizado en el dirigente Felipe Quispe, quien no sólo propone echar de Bolivia a todos quienes no sean indígenas, sino que opone la nacionalidad aymara a las demás etnias aborígenes. Esa fractura logró que Banzer pudiera imponerse en noviembre último y fue el propio Quispe quien acordó por separado un cese de hostilidades. Desde entonces, las fuerzas militares, respaldadas por Estados Unidos, avanzaron en la destrucción de los últimos reductos de plantación de coca y los campesinos parecen haber dado cuerpo a la advertencia del otro líder con mayor predicamento, Evo Morales, quien entonces advertía que no le dejaban otro camino que la lucha armada «como en Colombia»(2).

No será un discurso falsamente indigenista el que pueda encaminar la solución de esta gravísima crisis, cuyo origen puede remontarse al fracaso de la revolución de 1952. Pero todo lo que tiene Banzer para ofrecer es la «cláusula democrática» pomposamente votada en Quebec.

  1. «Chapare: lluvia de bloqueos y una carretera militarizada» ; Los tiempos, La Paz, 26-4-01.
  2. Luis Bilbao, «Colapsa en Bolivia la estrategia de Washington» , Le Monde diplomatique, Edición Cono Sur, noviembre 2000.

Aumenta la inestabilidad política en Paraguay

porLBenLMD

 

Asunción es el centro de tensiones que exceden la gravitación de ese pequeño y empobrecido territorio. En el marco de una profunda crisis, en Paraguay se resumen hoy las claves de una situación regional que oscila y vacila, mientras encumbradas voces hablan de guerra civil y retorna el fantasma de la intervención militar extranjera.

Guerra civil, intervención militar extranjera, son conceptos presumiblemente ajenos para los habitantes del Cono Sur de América Latina y aplicables sólo a países distantes. Es un signo a tener en cuenta que hayan comenzado a resonar en referencia a Paraguay.

«Los obispos de Paraguay alertaron al presidente Luis González Macchi que se están dando los síntomas preliminares de una revolución civil, similar a la de 1947″informaba un diario asunceño al que se supone próximo a las posiciones del general Lino Oviedo -actualmente detenido en Brasil- mientras arreciaban los rumores de golpe de Estado(1).El otro matutino de la capital paraguaya, opuesto en todo al anterior, reconocía al día siguiente: «Monseñor Pastor Cuquejo reiteró ayer que efectivamente podría darse una guerra civil, a partir de las explosiones sociales que están ocurriendo en nuestro país»(2).

La alarma hizo eco, aunque algo tardío, en Buenos Aires, antigua metrópoli celosa y temerosa de aquel Paraguay desarrollado e independiente del siglo XIX: «Hoy los principales sindicatos se reunirán para definir el inicio de una huelga general contra la política económica del gobierno y para exigir un aumento del 20% en el salario mínimo»(3).

Simultáneamente se informaba del arribo anticipado de efectivos militares estadounidenses, avanzada de un contingente de 400 que, con otros tantos soldados de países latinoamericanos -entre ellos Argentina- se emplazaron en la ciudad de Concepción, cercana a la frontera con Brasil, donde a partir del 1 de abril y hasta el 30 de junio desarrollarán maniobras militares encuadradas en el operativo denominado «Nuevos Horizontes»(4).

 

Los detonantes

Esta situación se daba en las vísperas de la marcha campesina que, como desde hace ocho años, lleva a Asunción la demanda de la clase social más relevante y a la vez más postergada del país y en el marco de un pico extremo de la permanente crisis en la que vive el gobierno del presidente Luis González Macchi. La debilidad del actual gobierno parte de su origen5 : González Macchi asumió luego del asesinato del vicepresidente Luis María Argaña y la destitución del presidente Raúl Cubas Grau, acontecimientos ocurridos en el marco de la movilización campesina de 1999. Un año después hubo comicios para elegir vicepresidente y resultó electo Julio César Franco, el candidato del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), que poco antes había abandonado la coalición gobernante. Absurda en sí misma, la existencia de un Vicepresidente respaldado por una elección frente a un Presidente apoyado sólo en una de las innumerables facciones del tradicional Partido Colorado, recrudeció este año con motivo de la nueva marcha campesina y de un factor adicional que en realidad transformó y aceleró el carácter de la crisis política paraguaya: González Macchi se alineó con Brasil en la pugna de este país por revitalizar el Mercosur, mientras Franco, cuyo partido no oculta sus conexiones con la embajada estadounidense, propugna la inmediata consumación del ALCA (Alianza de Libre Comercio de las Américas).

 

Perfil de las fuerzas en pugna

En la tarde del martes 13 de marzo, horas antes de que arribaran a la capital paraguaya los contingentes de sin tierra y pequeños productores agrícolas que desde todo el país marchaban hacia Asunción convocados por la Federación Nacional Campesina (FNC), llegó a la redacción de Le Monde diplomatique la reproducción facsimilar de un comunicado oficial del Comando de las fuerzas militares cuyo texto no requiere explicaciones: «Comunicado Nº 32

El comando de las fuerzas militares informa a la ciudadanía en general que por directiva emanada del excelentímo señor presidente de la Repúbica (…) las unidades militares permanecerán en apresto operacional y en condiciones de poner en ejecución planes de contingencia, a partir de las 18 horas del día de hoy y hasta nueva disposición, a fin de cooperar con las fuerzas policiales si fuera necesario, durante el desarrollo de la marcha campesina prevista para el día miércoles 14 del corriente».

Minutos después recibimos la réplica de la FNC, un documento inusual que en uno de sus párrafos señala: «No somos una amenaza a nuestra integridad territorial ni a nuestra soberanía, somos el sector mayoritario de la nación paraguaya (…) De mantenerse estos Aprestos Operacionales, necesariamente debemos concluir que la mayoría del pueblo paraguayo son fuerzas extranjeras o que la minoría armada responde a intereses de otra nación. Por si no están enterados, les informamos que más de 400 militares de otro país se encuentran movilizándose libremente en nuestro territorio, específicamente en el Departamento de Concepción; y probablemente tanta preparación y solemnidad sería mejor aprovechada en relación a la presencia de ellos y no a una marcha de paraguayos»(6). Declaración de la Federación Nacional Campesina.

Carta abierta a las fuerzas militares

«La Federación Nacional Campesina ante el comunicado Nº 32 de las fuerzas militares, expresa cuanto sigue:

a) que la marcha campesina para el día miércoles 14 del corriente está compuesta en su totalidad, desde la dirigencia hasta el último niño que estará presente, por paraguayos que están aportando día a día con su trabajo y esfuezo a nuestra nación; es claro que es la parte más sufrida y la más expoliada de esta nación, pero la que mantiene la dignidad (que falta a muchos de los gobernantes), para que defendiendo el pan de cada día y otros derechos de los cuales fuimos despojados planteamos la lucha por la soberanía nacional como centro. Soberanía que mantuvimos hasta el año 1870 y que para despojarnos, ejércitos extranjeros tuvieron que llegar hasta el genocidio de nuestro pueblo. Resultado del mismo, hasta hoy todo el pueblo sufre la barbarie del latifundio, la vergüenza de la dependencia y la humillación de la miseria. En ese sentido, (aunque ya nada nos sorprende), el comunicado Nº 32 de las fuerzas militares en su actitud nos parece muy similar a la de esos ejércitos que no dudaron en destruir nuestra nación para liquidar nuestra soberanía;

b) Aunque ya lo aclaramos muchas veces, la FNC es una organización de masas compuesta por pequeños, medianos productores y sin tierra con una política propia que tiene como base: Primero, que las conquistas de los pobres es resultado de la lucha de los mismos; Segundo, que la única fuerza que podrá transformar las condiciones políticas, sociales y económicas perversas de nuestro país es la unidad de la clase obrera, el campesinado y todos los sectores mayoritarios que sufren la miseria; Tercero, que la lucha del campesinado entronca con nuestra historia de independencia y se proyecta hacia un futuro digno sin amos de adentro ni de afuera y con justicia social.

c) Por lo tanto, Señores Oficiales de las Fuerzas Militares, no somos una amenaza a nuestra integridad territorial ni a nuestra soberanía, somos el sector mayoritario de la nación paraguaya por lo cual no hay ninguna necesidad de aprestos operacionales ni preparar planes de contingencia. De mantenerse estos Aprestos Operacionales, necesariamente debemos concluir que la mayoría del pueblo paraguayo son fuerzas extranjeras o que la minoría armada responden a intereses de otra nación. Por si no están enterados, les informamos que más de 400 militares de otro país se encuentran movilizándose libremente en nuestro territorio, específicamente en el Departamento de Concepción; y probablemente tanta preparación y solemnidad sería mejor aprovechada en relación a la presencia de ellos y no a una marcha de paraguayos;

d) Una vez más, aclaramos que la FNC, dirigencias y bases no somos rehenes de una «democracia» formal que mantiene al pueblo en la miseria y gobierna para la minoría explotadora y mucho menos instrumentos de alguna que otra fracción de la minoría explotadora y mucho menos instrumentos de alguna que otra fracción de la minoría golpista que manipulando las necesidades del pueblo intentan tomar el gobierno.

Esta carta, Señores, no es porque estamos asustados, ni para justificarnos ante ustedes. Tiene la única intención de dejar clara la posición de la FNC ante el pueblo y la historia

La lucha continúa… Venceremos

Eladio Flecha, presidente

Alberto Areco, Secretario de Organización

Asunción, 13 de marzo de 2001.

 

Durante las movilizaciones de 1999 y de 2000, la FNC logró eludir las maniobras que intentaban capitalizar la masiva presencia campesina a favor de una u otra de las fracciones en pugna por el poder. Y en ambos casos aprovechó para arrancar importantes concesiones al gobierno, que redundarían en un fortalecimiento de esta organización. Pero en esta oportunidad la FNC fue más allá. Dejó sentado que «no somos rehenes de una democracia formal que mantiene al pueblo en la miseria y gobierna para la minoría explotadora, y mucho menos instrumento de alguna que otra fracción de la minoría golpista que manipulando las necesidades del pueblo intenta tomar el gobierno»(7). Pero simultáneamente y a través de la fuerza política hegemónica en esta organización campesina de masas, el Partido Popular Revolucionario Paraguay Pyahurá (PPRPP), lanzó la alternativa de «Un gobierno patriótico de emergencia nacional».

Consultado por «el Dipló», el secretario general de este partido, Eris Cabrera, sostuvo que «No se puede tolerar más esta situación. Sin excepción, los políticos de la oligarquía deben ser desalojados del poder por medio de la presión popular. Los campesinos, los obreros, todos los sectores oprimidos, tenemos que constituir un gobierno patriótico de emergencia y llamar a verdaderas elecciones, no a esta farsa que denominan democracia» . Cabrera agregó que en su país se percibe como nunca antes la confrontación entre representantes de grandes intereses estadounidenses y europeos. «El Citicorp acaba de denunciar falta de garantías en las privatizaciones y se retiró de las negociaciones, mientras que bancos de Alemania y Holanda sostienen que todo está muy bien. Es curioso que al mismo tiempo Estados Unidos manda tropas militares para hacer maniobras en nuestro territorio» , agregó el dirigente paraguayo.

 

Una solución inestable

En la noche del miércoles 14, mientras decenas de miles de campesinos se retiraban de Asunción tras una impresionante demostración de fuerza y sin que se produjera ningún incidente, González Macchi anunciaba la recomposición de su gabinete y un nuevo plan económico cuyas medidas se conocerían el viernes (en significativa concidencia con los anuncios en Buenos Aires). Se espera una devaluación de la moneda. González Macchi prometió al presidente y al secretario de organización de la FNC, Eladio Flecha y Alberto Areco, inversiones de 200 millones de dólares para elevar del 5 al 30% la industrialización de la cosecha de algodón. Ambos dirigentes ingresaron a la casa de gobierno protegidos con chalecos antibalas y se retiraron para anunciar a la asamblea el compromiso del Presidente.

Otra cosa es que éste pueda cumplirlo: el domingo 18 el PLRA realiza una reunión especial de sus autoridades para definir si reclama o no la inmediata renuncia del presidente y la asunción de Julio César Franco.

  1. «Alerta episcopal sobre ciertos síntomas de una guerra civil» ; «ABC Color» ; Asunción, 05-03-01.
  2. «Reafirman posible choque armado» ; «Noticias» , Asunción, 06-03-01.
  3. «Se agrava la tensión en Paraguay con una ola de protestas» ; «La Nación» , Buenos Aires, 12-03 01.
  4. «Genera suspicacias presencia de militares norteamericanos» ; «ABC Color» , Asunción, 06-03-01.
  5. Luis Bilbao, «Un pequeño país desbordado» , Le Monde diplomatique Edición Cono Sur, marzo de 2000.
  6. El texto íntegro es el siguiente:
  7. Ibíd.

 

El mundo en los ´70

porLBenLMD

 

¿Es lo mismo avanzar que huir hacia delante? La respuesta es no, y aplicada a la política estadounidense desde mediados de los ´70 permite inteligir lo ocurrido en Argentina y el mundo durante el último cuarto de siglo, pero sobre todo extraer conclusiones respecto del momento actual y las perspectivas futuras.

 

Tanto discurso alabando o condenando la «victoria occidental» en la guerra fría, tanta producción literaria celebrando o lamentando «el fin de las utopías», acabó por desdibujar para unos y encubrir para otros no ya el estado de ánimo, sino la realidad objetiva que vivía el mundo 25 años atrás. A la sazón, Estados Unidos se hallaba poco menos que acorralado en el terreno político y la economía mundial había ingresado en una zona de turbulencia -luego del larguísimo y para muchos inagotable ciclo de crecimiento de posguerra- que replanteaba en términos concretos la necesidad y posibilidad de superar el sistema en la parte del mundo donde su reinado declinaba: un tercio del planeta estaba fuera del capitalismo.

Es muy difícil, en el clima social e intelectual de hoy, que los jóvenes perciban el momento histórico que predominaba en todos los ámbitos y que para unos era motivo de temor y para otros -los más- de alegría y esperanza. Es igualmente difícil proponer que quienes vivieron conscientemente ese período, depongan hoy la actitud de nostalgia o satisfacción, según los casos, para asumir, si no una mirada de rigor científico, al menos de objetividad y sentido común: ¿qué ocurría en el mundo en los años ´70? ¿y por qué?

 

El Imperio pierde una guerra

El planeta crujió cuando Estados Unidos huyó de Vietnam, derrotado militar, política e ideológicamente. Pero esa humillación era apenas la parte visible del témpano que parecía avanzar contra el corazón de lo que entonces se denominaba sin remilgos imperialismo.

Bastante antes de eso, en mayo del «68, una insurrección estudiantil en París había terminado con la ilusión de que la inestabilidad política y social era cosa del Tercer Mundo. El «mayo francés», además de poner en retirada al presidente Charles de Gaulle, símbolo de la Francia de posguerra, y de conmover los cimientos de lo que entonces se denominaba «Occidente», detonó un movimiento juvenil de alcance internacional y aceleradísima radicalización. Desde México a Japón, desde Bonn, Praga o Roma hasta Córdoba, Argentina, los estudiantes y -más alarmante aún- los obreros, se sublevaban no para demandar un aumento de salario, sino para denunciar la explotación y la enajenación, con la explícita intención de abolirlas. El «otoño caliente» de Italia en 1969, con millones de obreros lanzándose a las calles con banderas rojas y arrastrando al movimiento estudiantil y al conjunto de la sociedad, fue mucho más que un llamado de atención: una estructura social se estaba derrumbando; una fase crucial de la historia contemporánea mostraba su agotamiento.

En 1973, una coalición de los partidos Socialista y Comunista encabezada por Salvador Allende, ganaba las elecciones en Chile. Simultáneamente la irrupción de la Organización de Países Productores de Petróleo (OPEP) y el aumento del precio de esta materia prima vital fue el factor visible del fin de un ciclo económico de crecimiento y el ingreso a otro, cuya primera manifestación fue la llamada «stagflation» (estancamiento con inflación), frente a la cual Estados Unidos había puesto en 1972 la primera columna de lo que sería luego su política económica, al abandonar el patrón oro. En 1974, un año antes de que los ejércitos comandados por el general Vo Nguyen Giap hicieran morder el polvo a los hasta entonces invictos marines, la cadena imperialista se cortaba por su eslabón más débil: caía el dictador portugués Antonio de Oliveira Zalazar en Lisboa, se liberaban sus colonias en Africa y en Angola, Mozambique y Cabo Verde comenzaba un ensayo anticapitalista, poniendo en jaque estratégico a la potencia imperialista continental: la Sudáfrica del apartheid. Por interés, mezquindad o cretinismo un hecho sin precedentes en la historia fue silenciado o minimizado entonces y hasta ahora: Cuba envió un ejército voluntario de 10.000 hombres al continente africano para respaldar la revolución antimperialista en curso. Tal vez el subrayado del hecho permita intuir cuál era el mundo de entonces: Fidel Castro envía un ejército revolucionario a través del Atlántico y Estados Unidos, la potencia militar con armas suficientes para destruir 80 veces el planeta ¡no puede hacer otra cosa que enviar dinero para crear ejércitos mercenarios y presionar a Moscú para que le niegue apoyo a Cuba! Es que el movimiento antiguerra dentro de Estados Unidos y el odio antimperialista en todo el mundo por los inenarrables crímenes cometidos en Vietnam habían amarrado las manos de Washington. Y como corolario de este cuadro global, en América Latina nacía y se fortalecía el movimiento de sacerdotes del Tercer Mundo, munido de una «teología de la liberación», que introducía el herramentaje marxista para analizar la economía y proponía el socialismo como única respuesta válida a la crisis social.

Era apenas el prólogo. A comienzos de 1979, un movimiento de masas con pocos antecedentes en la historia acorraló y derrocó al Sha Reza Pahlevi, un títere puesto por Estados Unidos mediante un golpe de Estado(1) en un país clave en términos geoestratégicos para la confrontación Este-Oeste: Irán, gran productor petrolero y por entonces el quinto ejército más poderoso del mundo, equipado y teledirigido por Estados Unidos. En julio de ese mismo año, otra marioneta del Departamento de Estado caía derrotada por un ejército guerrillero: Anastasio Somoza, tercero de una dinastía criminal y corrupta, huía de Nicaragua y los sandinistas tomaban el poder. Poco antes, una pequeñisima isla caribeña mostraba que el fenómeno se manifestaba en las más diversas circunstancias: Maurice Bishop, un marxista educado en Inglaterra y muy próximo a Fidel Castro, encabezó una insurreción y tomó el poder en Granada, punto invisible en el mapa, pero cargado de símbolos: de población negra de habla inglesa (en momentos de gran efervescencia negra en Estados Unidos) y tierra de los ancestros de Malcom X, el revolucionario estadounidense que de la reivindicación racial había llegado a la idea de revolución social, por la cual fue asesinado.

Una hebra intangible, una fuerza invisible a los ojos pero muy sensible a la percepción de los grandes centros capitalistas unía de algún modo estos acontecimientos: la tasa de ganancia media había caído en los siete países de mayor envergadura a niveles que ponían en cuestión el mecanismo de reproducción del sistema.

 

Reacción defensiva

Es en este punto de tensión extrema, con Estados Unidos en situación de franca defensiva, cuando se pondrán en juego las reservas de las fuerzas en pugna. En su carácter de principal potencia capitalista, Estados Unidos asumió la vanguardia de un combate frontal, totalizante, sin tregua y sin improvisación, contra el conjunto de causas que minaban los cimientos de su imperio. Ese pujo histórico fue global en el sentido de que abarcó todos los ámbitos de la vida social -ideológico, económico, militar, cultural, religioso, político- y tuvo como escenario la totalidad del planeta. Washington puso a sus aliados ante la imposible opción de sumarse u oponerse a esta estrategia de largo alcance y a sus enemigos ante la exigencia histórica de mostrar si estaban o no en condiciones de resistir su contraofensiva en todos los planos.

La historia inmediata posterior mostró el veredicto: aquellas condiciones no existían. Estados Unidos logró una rotunda victoria en todos los ámbitos. El éxito fue más allá de lo esperado incluso por sus gestores, cuando se desmembró el llamado «mundo socialista» y desapareció la Unión Soviética, un hecho inimaginable para la casi totalidad de los estudiosos y analistas de la realidad mundial.

Antes de que cobrara forma acabada la contraofensiva estadounidense prevalecía todavía la doctrina de la llamada «seguridad nacional», según la cual el enemigo estaba fronteras adentro y la tarea de las fuerzas armadas era combatirlo, incluso tomando en sus manos el poder político. Pero estaba a la vista que por esta vía, con eje exclusivo en la violencia, el imperio se desangraría a la vez que alimentaría hasta límites incontrolables la oposición interna en Estados Unidos. Desde luego, esto no significaba en modo alguno resignar la utilización de la violencia, incluso en formas y niveles desconocidos hasta entonces, para sostener el poder. Allí están, para verificarlo, las dictaduras en Chile, Uruguay y Argentina, implantadas entre 1973 y 1976. El hecho es que mientras promovía y teledirigía golpes militares y la violación masiva de los derechos constitucionales en estos y otros países, el Departamento de Estado ponía a punto un mecanismo complementario en lo esencial, pero radicalmente opuesto en apariencia, diseñado por un think tank encabezado por quien luego sería Secretario de Estado, Zbigniew Brzezinski. A partir de 1977 le tocaría al presidente James Carter desplegar una campaña planetaria destinada a mostrar que, en realidad, Estados Unidos era el paladín de los derechos humanos y el nuevo gobierno demócrata llegaba para hacer que todo el poder estadounidense se volcara a favor de la democracia, las libertades públicas y los derechos civiles.

Para un observador objetivo, el intento podía parecer grotesco: hasta el menos avisado habitante del planeta conocía en detalle el genocidio en Vietnam, Laos y Camboya; era pública y notoria la responsabilidad directa del gobierno de Estados Unidos (y de Henry Kissinger en particular), en el golpe de Estado en Chile y el respaldo a las aberrantes políticas represivas de Augusto Pinochet; aunque de manera menos ostensible, era universalmente sabido que la embajada estadounidense fue una pieza clave para el golpe de Estado en Argentina y en la política de desaparición masiva de personas. ¿Cómo podría entonces la Casa Blanca presentarse ante la opinión pública mundial como inmaculada defensora de los derechos humanos y garantía de procesos de apertura política en todo el mundo? Más que un acto de hipocresía, el gesto podía parecer un total desatino.

No lo fue. Si bien la posición de Washington era muy débil en ese punto, la de la mayoría de sus adversarios lo era aún mayor. Durante décadas, la corriente por lejos más poderosa de las fuerzas que se proclamaban defensoras del socialismo marxista había desestimado el lugar de la activa y libre participación de la ciudadanía en la vida social. El sistema soviético llevaba medio siglo negando a los ciudadanos la participación en las decisiones políticas, pero además el stalinismo había cometido atrocidades represivas sin límites y su legado era una Unión Soviética (y por extensión el área de los países integrantes del Pacto de Varsovia bajo su férula) donde no existían derechos civiles y garantías individuales. Peor aún: los partidos comunistas de todo el mundo se negaban a reconocer esa realidad y se identificaban con ese «socialismo». E incluso en las débiles filas de la oposición marxista al stalinismo, cuando se trataba de ir más allá de las palabras se desestimaba por completo el ejercicio de libre participación del individuo y las clases en la toma de decisiones.

Así aparecen en el escenario ideológico político internacional el rescate de la palabra democracia y la reinvención de un concepto antiguo como la sociedad pero nuevo por su contenido y utilización: los derechos humanos.

Corresponde poner en la cuenta de Brzezinski el descubrimiento de que ésta era el arma más poderosa, la primera, con la que Estados Unidos podía afirmar su contraofensiva estratégica en un momento de gravísimo peligro para su predominio mundial. Fue una táctica brillante: la identificación de los derechos humanos con el ejercicio de los derechos constitucionales y las libertades civiles, puso en manos de Estados Unidos un ariete ideológico de extraordinaria potencia en lo que se presentaría como «lucha contra el comunismo». Era ésa la única posición sólida de Washington en aquel momento. No lo entendieron así quienes, con dogmática ceguera, siguieron negando que dentro de las limitaciones que impone el sistema socioeconómico, en el llamado Occidente -y particularmente en Estados Unidos- esa democracia existía y con vigor.

Desde luego esta era sólo una de las armas del arsenal montado para la contraofensiva. Mientras esta política comenzaba a desenvolverse la Junta Militar tomaba el poder en Argentina para que su ministro de Economía José Martínez de Hoz aplicara las políticas económicas previstas en aquella estrategia (ver pág. 6 ). Así, «democracia» y «derechos humanos» fueron consignas que ganaron vertiginosa y contradictoriamente terreno político e ideológico con tanto más vigor cuanto más se las violaba.

La implementación de los restantes componentes de la contraofensiva chocaba, desde luego, con la propaganda. Carter parecía creer en su propio discurso y muchas voces, entre ellas la de Fidel Castro, han dado crédito a su sinceridad. No cabe duda de que incontables funcionarios, intelectuales, periodistas, religiosos o ciudadanos comunes estadounidenses obraron convencidos de estar contribuyendo a terminar con los crímenes y la brutalidad: precisamente allí estriba el poder de un sistema político que incluye conquistas que la humanidad sólo abandonará para superarlas, jamás para dejarlas atrás.

Es igualmente evidente que los hombres que encarnaron la reivindicación de Estados Unidos como paladín de la democracia no podían asumir ellos mismos lo que venía, sin destruir rápidamente su propia obra. Carter fue reemplazado en 1980 por un actor de películas de pistoleros y el lugar de Brzezinski lo ocupó la señora Jeanne Kirkpatrick, jefa del equipo que redactó el Documento de Santa Fe, donde se teorizaba el concepto de «guerra de baja intensidad». Según el guión, a Ronald Reagan le correspondía asumir sin cosmética el programa económico ya ensayado por Margaret Thatcher en Inglaterra (destinado básicamente a revertir la caída de la tasa de ganancia mediante el aumento de la explotación relativa y absoluta de la fuerza de trabajo, la baja de los precios de las materias primas y una mayor succión de riquezas del Tercer Mundo por medios financieros); volcar cifras millonarias a un proyecto denominado Sistema de Defensa Estratégico (bautizado por la prensa como Guerra de las Galaxias) y frenar la revolución centroamericana con eje en la Nicaragua sandinista mediante ejércitos mercenarios comandados por la CIA y el Pentágono. Todo ello sin dejar de enarbolar las banderas ya bien plantadas de los «derechos humanos» y la «democracia». Se resumía en estas medidas la necesidad de responder al desafío ideológico, político, militar y económico.

Mientras tanto, la nunca bien aclarada muerte súbita de Juan Pablo I había permitido que el Opus Dei colocara a su hombre en el trono de Pedro: un polaco de mente lúcida, grandes ambiciones y décadas de entrenamiento en la «lucha contra el comunismo». Su embajador en Estados Unidos, monseñor Pio Laghi (antes había ocupado el mismo cargo en Buenos Aires, como buen amigo del general Jorge Videla y el almirante Emilio Massera, con quien jugaba al tenis), confesaría años más tarde en un extenso reportaje publicado en el semanario Time, que se reunía una vez por semana en «desayunos de trabajo» con William Casey, legendario jefe de la CIA, para discutir dos temas: Polonia y Nicaragua.

 

Pirro en el siglo XXI

No es preciso narrar los acontecimientos posteriores. La contraofensiva de Estados Unidos fue victoriosa en todo: desde el desmembramiento de la Unión Soviética a la flexibilización absoluta de la fuerza de trabajo; desde el aplastamiento de la «teología de la liberación» hasta la imposición de pautas culturales clonadas de su decadencia para todo el planeta; desde la caída brutal en los precios de las materias primas a la asunción, como religión incuestionable, de una ideología que reduce los derechos humanos a votar regularmente y ofrecer a una proporción considerable de la población libertades civiles y garantías constitucionales.

A fines de los «80 la suerte de la batalla estaba echada y en la última década del siglo pasado Estados Unidos pudo proclamar su victoria con el respaldo poco menos que unánime de quienes conducen partidos, medios de comunicación, universidades, sindicatos… Con raras excepciones, el mundo -y sobre todo los jóvenes- se convenció de que aquella victoria era definitiva. Esa convicción obró además como fuerza suplementaria en respaldo de la estrategia estadounidense y se tradujo en pautas culturales que signaron la última década del siglo XX. Pocos distinguieron entre avanzar y huir hacia delante. Sin embargo la confusión duraría apenas una década. Al cabo de ese lapso quedó a la vista que, como el mítico general Pirro, para ganar la guerra Estados Unidos había destruido sus ejércitos amigos. Y el siglo XXI comenzó con evidencias ya inocultables de que la crisis conjurada con la contraofensiva lanzada un cuarto de siglo antes reaparecía multiplicada en todos los planos(2). Y con agravantes que la hacen cualitativamente diferente: ya no está el stalinismo para ser identificado con el fracaso de toda alternativa al actual orden social; han desaparecido los grandes movimientos populistas que durante décadas desviaron las esperanzas de millones de personas; los sindicatos que contuvieron, frenaron y desviaron a los trabajadores están vacíos; la reducción de salarios, el aumento de las horas y la intensidad del trabajo, la suba de la desocupación, dieron como resultado, tras una breve y limitada reversión de la curva en la caída de la tasa de ganancia, la reaparición de la sobreproducción a escalas siderales y la aceleración del círculo vicioso que aumenta la desocupación, reduce el consumo y vuelve a trabar el mecanismo de reproducción del sistema. Y como corolario no menor, la evidencia de una falacia insostenible por más tiempo: no hay derechos humanos sin trabajo, educación, vivienda y salud para todos. Y eso es precisamente lo que Estados Unidos, sin ninguna limitación ni desafío a su poderío, no ha podido garantizar. A la inversa, desde hace un cuarto de siglo, en todo el mundo -incluso en los países más ricos- las mayorías viven cada año en peores condiciones que el anterior. Y en la ex Unión Soviética, donde bajo un régimen de represión política no había un desocupado ni un pordiosero en la calle, la educación, la salud, la vivienda y la educación estaban garantizados para todos, hoy el panorama es pavoroso: 50 millones de rusos no pueden satisfacer sus necesidades mínimas; un 34,7% de la población tiene ingresos inferiores a los 40 dólares mensuales; 23% recibe entre 40 y 100 dólares; 20% no llega a los 200, un 14,6% gana menos de 300 y sólo un 7% supera esa cifra, mientras un minúsculo sector acapara fortunas fabulosas provenientes exclusivamente de la corrupción y el delito(3).

La conclusión resulta obvia: el socialismo sin democrática participación de las mayorías no sólo no puede ser llamado socialismo, sino que no puede sostenerse. Pero a su vez el sistema de mercado no puede garantizar la satisfacción de las necesidades mínimas de la humanidad, pese al fantástico desarrollo de la ciencia y la tecnología, que por primera vez en la historia hacen materialmente realizable ese objetivo. Por lo mismo, al cabo este sistema no puede garantizar la democracia.

 

Referencias bibliográficas

Arthur Mac Ewan and William Tabb, «Instability and change in the world economy», Monthly Review Press, Nueva York, 1989.

Zbigniew Brzezinsky, El gran fracaso, Vergara, Buenos Aires, 1989.

Paul Johnson, Tiempos modernos, Vergara, Buenos Aires, 1983

Paul Kennedy, Hacia el siglo XXI, Plaza y Janes, Barcelona, 1993.

Rafael Cervantes Martínez, Felipe Gil Chamizo, Roberto Regalado

Alvarez, Rubén Zardoya Loureda, Transnacionalización y desnacionalización, Tribuna Latinoamericana, Buenos Aires, 2000 (ver comentario en página 39).

Paul R. Krugman, De vuelta a la economía de la Gran Depresión, Norma, Buenos Aires 1999.

Pierre Bourdieu, La miseria del mundo, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 1999 (ver comentario en Le Monde Diplomatique Edición Cono Sur, octubre 1999).

Luis Bilbao, Crítica de Nuestro Tiempo, (Nº 1, 2, 4, 17, 18, 21, 25).

Daniel Yergin y Joseph Stanislaw, Pioneros y líderes de la globlización, Vergara, Buenos Aires, 1999 (ver comentario en Le Monde Diplomatique Edición Cono Sur, abril 2000).

  1. Mark Gassiorowski, «La CIA en Irán», Le Monde diplomatique Edición Cono Sur, octubre 2000.
  2. Luis Bilbao, «Los misiles de Washington apuntan a todo el mundo», semanal de Le Monde diplomatique Edición Cono Sur en internet, http://www.eldiplo.org; 23-02-01.
  3. Luis Matías López, «Las dos caras de Rusia», El País semanal, Madrid, 18-02-01

 

Aumenta la inestabilidad política en Paraguay

porLBenLMD

 

Asunción es el centro de tensiones que exceden la gravitación de ese pequeño y empobrecido territorio. En el marco de una profunda crisis, en Paraguay se resumen hoy las claves de una situación regional que oscila y vacila, mientras encumbradas voces hablan de guerra civil y retorna el fantasma de la intervención militar extranjera.

 

Guerra civil, intervención militar extranjera, son conceptos presumiblemente ajenos para los habitantes del Cono Sur de América Latina y aplicables sólo a países distantes. Es un signo a tener en cuenta que hayan comenzado a resonar en referencia a Paraguay.

«Los obispos de Paraguay alertaron al presidente Luis González Macchi que se están dando los síntomas preliminares de una revolución civil, similar a la de 1947″informaba un diario asunceño al que se supone próximo a las posiciones del general Lino Oviedo -actualmente detenido en Brasil- mientras arreciaban los rumores de golpe de Estado(1).El otro matutino de la capital paraguaya, opuesto en todo al anterior, reconocía al día siguiente: «Monseñor Pastor Cuquejo reiteró ayer que efectivamente podría darse una guerra civil, a partir de las explosiones sociales que están ocurriendo en nuestro país»(2).

La alarma hizo eco, aunque algo tardío, en Buenos Aires, antigua metrópoli celosa y temerosa de aquel Paraguay desarrollado e independiente del siglo XIX: «Hoy los principales sindicatos se reunirán para definir el inicio de una huelga general contra la política económica del gobierno y para exigir un aumento del 20% en el salario mínimo»(3).

Simultáneamente se informaba del arribo anticipado de efectivos militares estadounidenses, avanzada de un contingente de 400 que, con otros tantos soldados de países latinoamericanos -entre ellos Argentina- se emplazaron en la ciudad de Concepción, cercana a la frontera con Brasil, donde a partir del 1 de abril y hasta el 30 de junio desarrollarán maniobras militares encuadradas en el operativo denominado «Nuevos Horizontes»(4).

 

Los detonantes

Esta situación se daba en las vísperas de la marcha campesina que, como desde hace ocho años, lleva a Asunción la demanda de la clase social más relevante y a la vez más postergada del país y en el marco de un pico extremo de la permanente crisis en la que vive el gobierno del presidente Luis González Macchi. La debilidad del actual gobierno parte de su origen(5) : González Macchi asumió luego del asesinato del vicepresidente Luis María Argaña y la destitución del presidente Raúl Cubas Grau, acontecimientos ocurridos en el marco de la movilización campesina de 1999. Un año después hubo comicios para elegir vicepresidente y resultó electo Julio César Franco, el candidato del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), que poco antes había abandonado la coalición gobernante. Absurda en sí misma, la existencia de un Vicepresidente respaldado por una elección frente a un Presidente apoyado sólo en una de las innumerables facciones del tradicional Partido Colorado, recrudeció este año con motivo de la nueva marcha campesina y de un factor adicional que en realidad transformó y aceleró el carácter de la crisis política paraguaya: González Macchi se alineó con Brasil en la pugna de este país por revitalizar el Mercosur, mientras Franco, cuyo partido no oculta sus conexiones con la embajada estadounidense, propugna la inmediata consumación del ALCA (Alianza de Libre Comercio de las Américas).

 

Perfil de las fuerzas en pugna

En la tarde del martes 13 de marzo, horas antes de que arribaran a la capital paraguaya los contingentes de sin tierra y pequeños productores agrícolas que desde todo el país marchaban hacia Asunción convocados por la Federación Nacional Campesina (FNC), llegó a la redacción de Le Monde diplomatique la reproducción facsimilar de un comunicado oficial del Comando de las fuerzas militares cuyo texto no requiere explicaciones: «Comunicado Nº 32

El comando de las fuerzas militares informa a la ciudadanía en general que por directiva emanada del excelentímo señor presidente de la Repúbica (…) las unidades militares permanecerán en apresto operacional y en condiciones de poner en ejecución planes de contingencia, a partir de las 18 horas del día de hoy y hasta nueva disposición, a fin de cooperar con las fuerzas policiales si fuera necesario, durante el desarrollo de la marcha campesina prevista para el día miércoles 14 del corriente».

Minutos después recibimos la réplica de la FNC, un documento inusual que en uno de sus párrafos señala: «No somos una amenaza a nuestra integridad territorial ni a nuestra soberanía, somos el sector mayoritario de la nación paraguaya (…) De mantenerse estos Aprestos Operacionales, necesariamente debemos concluir que la mayoría del pueblo paraguayo son fuerzas extranjeras o que la minoría armada responde a intereses de otra nación. Por si no están enterados, les informamos que más de 400 militares de otro país se encuentran movilizándose libremente en nuestro territorio, específicamente en el Departamento de Concepción; y probablemente tanta preparación y solemnidad sería mejor aprovechada en relación a la presencia de ellos y no a una marcha de paraguayos»(6)

Declaración de la Federación Nacional Campesina.

Carta abierta a las fuerzas militares

«La Federación Nacional Campesina ante el comunicado Nº 32 de las fuerzas militares, expresa cuanto sigue:

a) que la marcha campesina para el día miércoles 14 del corriente está compuesta en su totalidad, desde la dirigencia hasta el último niño que estará presente, por paraguayos que están aportando día a día con su trabajo y esfuezo a nuestra nación; es claro que es la parte más sufrida y la más expoliada de esta nación, pero la que mantiene la dignidad (que falta a muchos de los gobernantes), para que defendiendo el pan de cada día y otros derechos de los cuales fuimos despojados planteamos la lucha por la soberanía nacional como centro. Soberanía que mantuvimos hasta el año 1870 y que para despojarnos, ejércitos extranjeros tuvieron que llegar hasta el genocidio de nuestro pueblo. Resultado del mismo, hasta hoy todo el pueblo sufre la barbarie del latifundio, la vergüenza de la dependencia y la humillación de la miseria. En ese sentido, (aunque ya nada nos sorprende), el comunicado Nº 32 de las fuerzas militares en su actitud nos parece muy similar a la de esos ejércitos que no dudaron en destruir nuestra nación para liquidar nuestra soberanía;

b) Aunque ya lo aclaramos muchas veces, la FNC es una organización de masas compuesta por pequeños, medianos productores y sin tierra con una política propia que tiene como base: Primero, que las conquistas de los pobres es resultado de la lucha de los mismos; Segundo, que la única fuerza que podrá transformar las condiciones políticas, sociales y económicas perversas de nuestro país es la unidad de la clase obrera, el campesinado y todos los sectores mayoritarios que sufren la miseria; Tercero, que la lucha del campesinado entronca con nuestra historia de independencia y se proyecta hacia un futuro digno sin amos de adentro ni de afuera y con justicia social.

c) Por lo tanto, Señores Oficiales de las Fuerzas Militares, no somos una amenaza a nuestra integridad territorial ni a nuestra soberanía, somos el sector mayoritario de la nación paraguaya por lo cual no hay ninguna necesidad de aprestos operacionales ni preparar planes de contingencia. De mantenerse estos Aprestos Operacionales, necesariamente debemos concluir que la mayoría del pueblo paraguayo son fuerzas extranjeras o que la minoría armada responden a intereses de otra nación. Por si no están enterados, les informamos que más de 400 militares de otro país se encuentran movilizándose libremente en nuestro territorio, específicamente en el Departamento de Concepción; y probablemente tanta preparación y solemnidad sería mejor aprovechada en relación a la presencia de ellos y no a una marcha de paraguayos;

d) Una vez más, aclaramos que la FNC, dirigencias y bases no somos rehenes de una «democracia» formal que mantiene al pueblo en la miseria y gobierna para la minoría explotadora y mucho menos instrumentos de alguna que otra fracción de la minoría explotadora y mucho menos instrumentos de alguna que otra fracción de la minoría golpista que manipulando las necesidades del pueblo intentan tomar el gobierno.

Esta carta, Señores, no es porque estamos asustados, ni para justificarnos ante ustedes. Tiene la única intención de dejar clara la posición de la FNC ante el pueblo y la historia

La lucha continúa… Venceremos

Eladio Flecha, presidente

Alberto Areco, Secretario de Organización

Asunción, 13 de marzo de 2001.

Durante las movilizaciones de 1999 y de 2000, la FNC logró eludir las maniobras que intentaban capitalizar la masiva presencia campesina a favor de una u otra de las fracciones en pugna por el poder. Y en ambos casos aprovechó para arrancar importantes concesiones al gobierno, que redundarían en un fortalecimiento de esta organización. Pero en esta oportunidad la FNC fue más allá. Dejó sentado que «no somos rehenes de una democracia formal que mantiene al pueblo en la miseria y gobierna para la minoría explotadora, y mucho menos instrumento de alguna que otra fracción de la minoría golpista que manipulando las necesidades del pueblo intenta tomar el gobierno»(7). Pero simultáneamente y a través de la fuerza política hegemónica en esta organización campesina de masas, el Partido Popular Revolucionario Paraguay Pyahurá (PPRPP), lanzó la alternativa de «Un gobierno patriótico de emergencia nacional».

Consultado por «el Dipló«, el secretario general de este partido, Eris Cabrera, sostuvo que «No se puede tolerar más esta situación. Sin excepción, los políticos de la oligarquía deben ser desalojados del poder por medio de la presión popular. Los campesinos, los obreros, todos los sectores oprimidos, tenemos que constituir un gobierno patriótico de emergencia y llamar a verdaderas elecciones, no a esta farsa que denominan democracia» . Cabrera agregó que en su país se percibe como nunca antes la confrontación entre representantes de grandes intereses estadounidenses y europeos. «El Citicorp acaba de denunciar falta de garantías en las privatizaciones y se retiró de las negociaciones, mientras que bancos de Alemania y Holanda sostienen que todo está muy bien. Es curioso que al mismo tiempo Estados Unidos manda tropas militares para hacer maniobras en nuestro territorio» , agregó el dirigente paraguayo.

 

Una solución inestable

En la noche del miércoles 14, mientras decenas de miles de campesinos se retiraban de Asunción tras una impresionante demostración de fuerza y sin que se produjera ningún incidente, González Macchi anunciaba la recomposición de su gabinete y un nuevo plan económico cuyas medidas se conocerían el viernes (en significativa concidencia con los anuncios en Buenos Aires). Se espera una devaluación de la moneda. González Macchi prometió al presidente y al secretario de organización de la FNC, Eladio Flecha y Alberto Areco, inversiones de 200 millones de dólares para elevar del 5 al 30% la industrialización de la cosecha de algodón. Ambos dirigentes ingresaron a la casa de gobierno protegidos con chalecos antibalas y se retiraron para anunciar a la asamblea el compromiso del Presidente.

Otra cosa es que éste pueda cumplirlo: el domingo 18 el PLRA realiza una reunión especial de sus autoridades para definir si reclama o no la inmediata renuncia del presidente y la asunción de Julio César Franco.

  1. «Alerta episcopal sobre ciertos síntomas de una guerra civil» ; «ABC Color» ; Asunción, 05-03-01.
  2. «Reafirman posible choque armado» ; «Noticias» , Asunción, 06-03-01.
  3.  «Se agrava la tensión en Paraguay con una ola de protestas» ; «La Nación» , Buenos Aires, 12-03 01.
  4. «Genera suspicacias presencia de militares norteamericanos» ; «ABC Color» , Asunción, 06-03-01.
  5. Luis Bilbao, «Un pequeño país desbordado» , Le Monde diplomatique Edición Cono Sur, marzo de 2000.
  6. El texto íntegro es el siguiente:
  7. Ibíd.

reseña

Transnacionalización y desnacionalización. Ensayos sobre el capitalismo contemporáneo

porLBenLMD

 

De Rafael Cervantes Martínez, Felipe Gil Chamizo, Roberto Regalado Alvarez, Rubén Zardoya Loureda

Editorial: Tribuna Latinoamericana
Cantidad de páginas: 240
Lugar de publicación: Buenos Aires
Fecha de publicación: Agosto de 2000

 

No abundaron en la última década textos como éste. Ante todo por el objetivo: “someter a una crítica científica la metamorfosis por la que atraviesa el imperialismo contemporáneo”. Luego por el método asumido para acometer la empresa: “no en la forma de generalidades abstractas, desligadas del objeto de investigación, sino como automovimiento de determinaciones objetivas del proceso que analizamos”. Finalmente, por la base filosófica que no temen explicitar: “la concepción materialista de la historia, su consustancial dialéctica materialista, la teoría económica y política de Marx y Engels y la teoría leninista del imperialismo”. Un rasgo distintivo adicional: los cuatro autores son cubanos, comprometidos con su país y con la elaboración y aplicación de las politicas del gobierno presidido por Fidel Castro.

Con tales bases, se proponen “callar y permitir al objeto contar su propia historia y revelar sus determinaciones lógicas e históricas esenciales”. Esto puede ser entendido como un acto de humildad de los autores. Pero al avanzar en el texto el lector descubrirá que es mucho más: es la plasmación de una concepción teórica según la cual no son los “principios” los que encuentran confirmación en los hechos, sino que son éstos los que dan forma y contenido a aquéllos. En otras palabras: los cuatro autores cubanos se proponen, además de lo que explicitan, utilizar y revalidar un marxismo olvidado, oculto o desconocido.

Además de los previsibles escozores que causará la reivindicación del materialismo dialéctico (en choque frontal con la moda que manipuló a Gramsci para encubrir una reivindicación del pensamiento idealista), este libro obligará a no pocos autores y comentaristas a replantear la utilización de términos y conceptos tan habituales como “globalización”, “nuevo paradigma”, “posfordismo”… entre tantos otros. Pero lo más importante es que a lo largo de este ensayo se reinterpreta la historia reciente porque se debaten las causas de los grandes acontecimientos de la última década y, por lo mismo, se presenta la realidad actual bajo un prisma diametralmente opuesto al dominante en claustros y redacciones desde que se derrumbó el muro de Berlín.

El valor propedéutico de este texto, la interpretación que ofrece de la realidad económica mundial y su dinámica, superan por lejos las omisiones y limitaciones que, paradojalmente, constituyen a su vez un aliento para quienes pretenden -con prescindencia incluso de posicionamientos ideológicos- acometer el estudio científico y el debate riguroso del mundo actual.