Más grave que en 2008

PorLBenAXXI

 

Otra vez los tres centros de la economía mundial ingresan a paso de paquidermo en la ciénaga de la recesión. Como en 2008, todo lo que pueden proponerse quienes manejan las palancas del poder planetario es impedir que esa marcha inexorable dé un paso más y se transforme en depresión. El alerta máximo deriva de un hecho a la vista: el remedio utilizado dos años atrás se revela inocuo tras haber agravado la enfermedad. La alegada recuperación de 2009/2010 no fue tal: ahora se reconoce que la economía estadounidense es más chica que en 2007. Y reemprende la caída. Otro fraude comunicacional de alcance mundial que se derrumba.
He allí la causa de la fiebre bursátil: ya no se puede ocultar el horizonte recesivo ni dar garantías ante el riesgo de depresión. Basta ver la secuencia que desemboca en el desbarajuste actual: el keynesianismo fue el antídoto fuerte contra los estragos del liberalismo y el riesgo de revolución mundial tras la primera, y sobre todo la segunda, guerras mundiales. La celebrada fórmula del lord inglés empeñado en salvar al imperialismo soportó cinco décadas. A los obvios argumentos de sus críticos anunciando las consecuencias Keynes respondía con flema inglesa: “en el largo plazo estaremos todos muertos”. El largo plazo llegó. Keynes, efectivamente, ya había fallecido. No pudo defenderse de las descalificaciones esgrimidas por nuevas escuelas, que afrontaron la situación de extremo riesgo con una contrafórmula denominada “neoliberalismo”. Este remedio salvador tuvo un efecto igualmente destructivo de las bases del sistema, pero duró mucho menos: en algo menos de dos décadas produjo una hecatombe social y económica.
In extremis, renombrados economistas laureados con sendos Nobel, dieron paso al “neokeynesianismo”. Para su desazón, esta vez, en apenas dos años, la fórmula produjo resultados demoledores y fuera de control, ante los cuales la teoría económica capitalista está perpleja.
Como boxeador en estado de knockout técnico, premios Nobel de economía y figuras mayores de la política mundial discuten en tono escasamente académico. Unos proponen apelar a una suerte de “neo-neoliberalismo”, a fin de contrarrestar la devastación macroeconómica provocada por la emisión de cantidades siderales de dinero sin respaldo para reactivar los mercados. Otros sugieren ensayar un “neo-neokeynesianismo” y ofrendar más montañas de papel pintado al Moloch del capital. Mientras tanto, a falta de respuesta teórica, se apela a una práctica híbrida: brutales ajustes de las economías centrales en detrimento de los ingresos de las masas (es decir, reducción drástica de la demanda agregada, inducción a la recesión, según indica la teoría económica liberal), combinados con salvatajes minuto a minuto de gobiernos y grandes Bancos (o sea, ingreso a saco del Estado en el mercado para salvar el sistema, en socorrida apelación al keynesianismo).
No será merecedor de un Nobel quien prediga que esta combinación, si acaso logra postergar una vez más la dinámica hacia la depresión mundial provocará, a término, un terremoto social planetario y mayores y más descontrolados desequilibrios de la macroeconomía capitalista. Pero acertará.

 

Suramérica en posición de autodefensa

Unasur reaccionó rápido cuando algunos de los gobiernos que la integran comprendieron la amenaza planteada por la súbita reaparición de la crisis en los centros del capitalismo mundial. Es por demás elocuente que el promotor de las reuniones realizadas en el último mes fuera el mandatario colombiano Juan Manuel Santos, en ocasión de un encuentro protocolar de presidentes en Lima, durante la asunción de Ollanta Humala.
Bien mirado, ese detalle está cargado de significaciones. En primer lugar, ratifica un hecho simple pero, curiosamente, tan olvidado en la información como desconocido en el análisis: la crisis del capitalismo, por lo mismo que entraña una agudización de la competencia por los mercados, conlleva la exacerbación de las luchas interburguesas.
Éstas se presentan en tres planos combinados: pugna entre los centros imperiales, enfrentamiento entre las metrópolis y las economías subordinadas, choques de estas últimas entre sí. No es preciso decir que ese conjunto revuelto está siempre en combate con los trabajadores: únicos productores de la riqueza que se disputan en las alturas de la sociedad. Mueve a confusión el hecho de que a menudo las fracciones más débiles del capital busquen treguas o alianzas con aquellos, a fin de alcanzar la fuerza que no tienen frente a los nodos principales del sistema mundial.
Así se explica la premura de Santos. Como asociado íntimo de Estados Unidos, Colombia es extremadamente vulnerable a la onda expansiva de la crisis en aquel país. La necesidad se convierte en virtud y pone a Bogotá a la vanguardia del hemisferio tras el propósito de, por fin, poner en marcha medidas de integración y autodefensa suramericana propuestas por el presidente Hugo Chávez desde hace años y constantemente eludidas y postergadas, cumbre tras cumbre, en monótonas y por lo general improductivas reuniones presidenciales, que sólo disimulan la hasta ahora indoblegable reticencia a la convergencia y unión por parte de un número de gobiernos en la región.
Así se explica, también, la rápida respuesta positiva de los gobiernos del área en esta oportunidad: aun con desigualdades notables, en los mandatarios suramericanos se abre paso una idea que pese a su obviedad ha demorado en hacerse conciencia: los estridentes signos de crisis en Europa, Estados Unidos y Japón, se descargarán como un maremoto sobre el conjunto de la economía mundial.
Con esto detrás, se reunieron en Buenos Aires el 12 de agosto los ministros de Economía y presidentes de Bancos Centrales de los 12 países de Unasur (ver Unasur frente a la crisis).

 

“Crisis y oportunidad”

No existe un contrapeso mayor a la inteligencia que la mezquindad. Pero ésta es componente inseparable, obligado, de un empresario o político capitalista, dado que apropiarse de lo que corresponde a otros y disputar por los medios que sean los excedentes de cualquier proceso económico está en la naturaleza misma del sistema. Ya la sabiduría popular advierte que “la avaricia rompe el saco”. Falta agregar que ciega como arena en los ojos, distorsiona los reflejos como el alcohol en la sangre, paraliza o lanza a la acción desesperada como el pánico.
Tal vez por eso pudo penetrar en ciertas esferas una noción carente de fundamento científico o, tanto menos, valoración humana de la crisis. Descontrolados por el terror de noticias tales como la amenaza de quiebra de Estados Unidos, ebrios por la suba en flecha del oro y las tierras, encandilados por los cotidianos anuncios de quiebras de grandes Bancos y, peor aún, de países –Grecia, España, Irlanda, Portugal, Italia, Gran Bretaña, riesgo de desaparición del euro y la Unión Europea, algunos publicistas del capital han llegado a la original conclusión de que la crisis entraña oportunidades y que los países productores de materias primas pueden salir altamente beneficiados del colapso mundial. Esa interpretación va acompañada de otro descubrimiento reciente: el eje del poder mundial se desplaza de los actuales centros imperialistas a los “países emergentes”.

 

Fetichismo de las palabras

Los mismos analistas y periodistas que miraban con desprecio a quienes desde hace años explicaron la inexorable decadencia de Estados Unidos, anuncian ahora con la misma falta de rigor que el eje del poder mundial se desplaza a los Brics (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Y para contrarrestar el impacto sobre la opinión mundial del derrumbe del capitalismo central, sostienen alegremente que el sistema sólo está cambiando de punto de apoyo en el planeta. Así las cosas, habría que celebrar la reprimarización de grandes economías de la región y garantizar la venta de grandes volúmenes a los nuevos ricos.

Esta interpretación no podría ser más irresponsable. El imperio más poderoso de la historia está en su agonía, sin duda. Pero el imperialismo es “la fase superior del capitalismo”. Es el modo de producción el que lleva al desastre y no el malfuncionamiento en su expresión más desarrollada y principal. Después de años de cháchara sobre la “globalización”, ahora se desconoce lo obvio: el mecanismo del capital es mundial, internacionalizado como nunca antes en todos los aspectos. La caída de Estados Unidos y la volatilización de su moneda, la desagregación de la Unión Europea y el fin del euro, romperán el equilibrio planetario y obligarán a medidas extremas en todos los órdenes. Sólo un dato: China tiene las reservas más voluminosas del mundo: 3,2 billones (millones de millones) de dólares. El 60% de esa masa está en dólares, de los cuales, 1,1 billones en bonos del Tesoro estadounidense.

Sin observar ni por un momento los problemas de la economía china en sí misma, es fácil deducir el impacto sobre el país más poblado del mundo de la caída del dólar verificada día a día o, por el contrario, medir los efectos de una eventual decisión de Beijing de poner a resguardo esa parte mayoritaria de sus reservas.

El sistema financiero y el aparato industrial mundiales, integrados e interdependientes a escala global como nunca antes, no pueden sostenerse sobre las actuales bases al margen de lo que ocurra con el dólar, el euro y el yen.

Pero hay algo más, y más importante: “emergente” es un término inventado a comienzos de los 1990 por el promotor de un fondo de inversión a ser colocado en el Tercer Mundo, que con fino olfato entendió que, tras la caída de la Urss, no era inteligente usar esa terminología para atraer inversores. Así, el Tercer Mundo (o, para decirlo apropiadamente, países semicoloniales, subdesarrollados, de economía dependiente), pasó a ser el mundo “emergente”. Para poner sólo un ejemplo: Argentina era así denominada cuando su economía, su industria y su población se sumergían en un océano de saqueo y destrucción de riqueza, de pobreza y marginalidad, de destrucción y distorsión de su aparato productivo. El fetichismo de la palabra “emergente” encubrió la naturaleza del fenómeno y hoy llega al punto de presentarlo como vía de salvación para el capitalismo.

A no dudarlo: China, India y Brasil –tres economías del Tercer Mundo, dígase sin rodeos– serán violentamente afectadas por la crisis en curso. No hace falta decir qué ocurrirá con las restantes economías de menor envergadura.

 

La guerra y la paz

Pero ése es sólo un aspecto. Imposible separar el recrudecimiento de la crisis global capitalista, la ofensiva bélica de la Otan contra Libia (y proyección a Siria e Irán) y la agresividad creciente de la diplomacia y los servicios secretos estadounidenses en América Latina. Nunca como en estos tiempos habrá quedado más en evidencia la correspondencia directa entre capitalismo y violencia, entre crisis sistémica, necesidad de potenciar la industria bélica y apelación a la destrucción como mecanismo de saneamiento económico. Estados Unidos no sólo tiene, todavía, el PBI más grande del mundo: es, a mucha distancia, el mayor aparato de dominación y destrucción jamás conocido en la historia. Incluso el peso económico de su dispositivo militar tiene enorme peso político. Véase si no la conducta servil de la Unión Europea en la agresión a Libia. O, en otro escenario: ¿cómo desconocer que en Colombia, donde el Gobierno trata ahora de protegerse de su sujeción económica a Estados Unidos, hay siete bases militares de su socio del Norte?

El desplazamiento del unicato estadounidense hacia una multipolaridad es una evidencia que no requiere argumentos. Pero la idea de que la crisis estructural del capitalismo y los devastadores efectos sociales en todo el mundo (sea que se hable de Inglaterra, España o Etiopía), se resuelven con una graciosa mudanza del poder de Washington a Beijing, carece de fundamento. Del mismo modo, el desmoronamiento financiero no se soluciona con reformas a las instituciones de Bretton Woods.

Innecesario aquí insistir con índices económicos o bursátiles, cifras de desempleo, millones de hambrientos… El intento de ocupación de Libia, las imágenes dantescas de incendios en Londres y Santiago de Chile en medio de grandes sublevaciones de masas, la preparación fáctica y propagandística de un ataque exterior contra Siria, las provocaciones contra el gobierno de Venezuela también apuntadas a una agresión externa, todo en el marco de una nueva recesión y el riesgo cada vez más cercano de depresión, no dejan lugar a dudas. La antigua disputa entre reforma o revolución tiene hoy una única alternativa.

 

Notas de referencia:

  •  El fantasma de 1929 recorre el mundo, Raúl Valdés Vivó, América XXI, Nº 35, febrero de 2008.
  •  Ensayo contraofensiva de diplomacia y guerra, América XXI, Nº 42-43, octubre – noviembre de 2008.
  •  Respuestas del Sur frente la crisis económica mundial, Luis Bilbao, América XXI, Nº 42-43, octubre – noviembre de 2008.
  •  Dos caminos frente a la quiebra mundial del capitalismo, Luis Bilbao, América XXI, Nº 44-45, diciembre de 2008 – enero de 2009.

Replanteo

PorLBenAXXI

 

En el cuadro geopolítico latinoamericano hay signos de un inminente nuevo salto de calidad. Diferente al vivido en la primera década del siglo XXI; con menos definiciones estratégicas y por eso, tal vez, menos energía transformadora. Aun así, sumados ambos pondrían a la región en un nivel cualitativamente superior al actual, replanteando incluso los parámetros de la política internacional.
Signos semejantes hay, claro, en todo el mundo. La diferencia es que entre el Río Bravo y la Patagonia un conjunto de países que estructuran la región cuentan con una formación económico-social homogénea y desarrollo capitalista relativamente elevado. Sobre todo, tienen a su favor una poderosísima combinación de experiencia histórica y realización reciente, posible de sintetizar en una bella y sugerente palabra: Alba. Pese a todos los intentos en contrario, los países componentes de la Alianza Bolivariana para los pueblos de nuestra América están afianzándose, cada uno en su propia experiencia y como nuevo bloque regional.
Ahora es posible esperar la irrupción de otro conjunto, con diferencias entre sí y respecto del Alba, entrelazados por una dinámica convergente impulsada por dos motores principales: los efectos de la crisis mundial del capitalismo y la necesidad de tomar distancia de las políticas con las que Estados Unidos y la UE pretenden contrarrestarla.
Esa segunda oleada, por demás heterogénea, está encabezada por Perú. Le siguen dos países que en apariencia podrían ubicarse en galaxias diferentes, pero en los hechos han comenzado a ser arrastrados por la combinación de crisis en los centros del capital, agotamiento de sus sistemas de poder y efecto en las masas del ejemplo del Alba: Chile y Colombia. Esos tres países signarán el cambio en el próximo período.
A la zaga viene Argentina, donde fuerzas agazapadas se disputan la definición a izquierda o derecha de la estrategia nacional. Algo semejante ocurre con México, más atenazado aún que el país austral por el riesgo de disgregación. En otro plano, distante y más estable, en vano a la busca de un lugar entre las grandes potencias capitalistas, está Brasil. Paraguay y Uruguay, condicionados por sus dos grandes vecinos, oscilan entre el Alba y la quimera capitalista.

 

Capitalismo en cesación de pagos

Inestable expresión de este replanteo es la Celac. La Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños traduce en términos geopolíticos la impotencia imperialista. Esa relación de fuerzas tomara forma en Caracas en fecha a determinar (inicialmente fijada el 9 de diciembre, coincide con la asunción al día siguiente del próximo gobierno argentino). En la segunda década del siglo XXI ya son escombros irreconocibles los planes de ocupación del mercado latinoamericano avanzados por la Cumbre Iberoamericana y la Cumbre de las Américas, en función de las estrategias de la Unión Europea y Estados Unidos, respectivamente. Esas estrategias, implementadas como parte de la lucha interimperialista en el último tramo de los 1990, fueron neutralizadas por el accionar de un bloque latinoamericano encabezado por Venezuela, quedaron fuera de combate entre 2005 y 2008. En ese punto irrumpió la crisis estructural del capitalismo y tres años después, los gemidos de Barack Obama, las peleas a cuchillo entre Angela Merkel y Nicolas Sarkozy, la amenaza cotidiana de que Estados Unidos caiga en cesación de pagos (eso significa default) y la UE vea la desaparición del euro y el estallido de su bloque, sencillamente inhabilitan a los dos mayores centros imperialistas para disputarse entre ellos y con las burguesías locales el control y usufructo del capitalismo hemisférico o, dicho de otro modo, el saqueo de la plusvalía regional.
El espectáculo de Demócratas y Republicanos estadounidenses peleando por la extensión o no del endeudamiento, los pasos de ebrios de los presidentes europeos frente al colapso griego, indican la fractura de las burguesías imperialistas. No pueden ya imponer una línea de acción única y coherente en sus ámbitos directos, mucho menos pueden hacerlo en otras regiones, donde las clases dominantes tambalean y temen la amenaza de la revolución.
No se trata del desfasaje de las cuentas fiscales en Washington o los cimbronazos del colapso financiero en Grecia. Esos son apenas síntomas. La causa reside en otro lado: el sistema capitalista está en quiebra. El desconcierto divide a la burguesía imperialista y acentúa esa división entre sus socios menores en América Latina. Las clases dominantes de la región miran espantadas los hipotéticos efectos de medidas de saneamiento como las que el capital adopta ahora en Estados Unidos y la UE. Alguien lo decía con palabras elocuentes un siglo atrás: “los de arriba ya no pueden”.
Por esa brecha avanza el replanteo estratégico. No hace falta abundar sobre la fragilidad de posturas nacidas del desconcierto y el temor. Tampoco acerca del momento táctico que ese conjunto revuelto ofrece a un bloque armado de una estrategia antimperialista y anticapitalista.
En efecto, la impotencia de las metrópolis y la crisis del sistema alumbra la Celac, en tanto la larga y multifacética historia de lucha de los pueblos latinoamericanos y caribeños ha plasmado en el Alba. Ese diferencial ubica a la región como potencial nueva vanguardia, en un momento de crisis global sin precedentes.

la salud de chávez, la salud de la revolución

Aquí no se rinde nadie

PorLBenAXXI

 

Chávez en combate contra un cáncer. Mucho se ha escrito acerca de las ironías de la historia. Inimaginable la trágica ironía de un revolucionario al comando de un proceso continental abatido por una parte descontrolada de su propio organismo, en medio de la gran batalla y después de haber sorteado tantos intentos de magnicidio, tantas conspiraciones urdidas en Washington, tanta endeblez ideológica y desvío político acumulados.
Semejante desenlace hubiese sido un factor revulsivo con graves consecuencias. América Latina vive los prolegómenos de la gran batalla final por la consumación de la independencia, doscientos años después de iniciada la gesta. La ausencia de su primer comandante hubiese puesto a girar sin control la brújula política en la región. Con velocidad de vértigo y por caminos impensables, las fuerzas de la historia estarían ahora mismo desbordando todos los cauces.
No ocurrió. Y a estar por los informes médicos, no ocurrirá. Hugo Chávez se restablece. El sistema político venezolano ha mostrado una fortaleza sorprendente incluso para sus propios protagonistas. Las fuerzas conscientes pueden continuar prevaleciendo sobre la irracionalidad dictada desde fuera y encarnada en una oposición sin vigor propio. Los días de incertidumbre permitieron observar cómo se movieron, dentro y fuera de Venezuela, los factores favorables y adversos a la revolución. Cómo actuaron las clases sociales y sus representaciones políticas. Cómo se desempeñó un elenco ministerial compuesto por cuadros probados en estos duros años y nuevos militantes con apenas meses en sus cargos. Dada la centralización del poder en manos de Chávez durante todo un largo período de afirmación revolucionaria, no hubiese sido sorprendente que su limitación redundara en confusión y parálisis. En lo esencial sucedió lo contrario. El inesperado episodio reveló la existencia de un equipo dirigente articulado en todos los planos y, en lo fundamental, eficiente.
Hasta donde llega la vista, no se manifestaron pugnas intestinas por retazos de poder, en un momento proclive para la explosión de mezquindades y bajas pasiones. En suma: merced a la enfermedad del Presidente, la Revolución mostró una faz imperceptible en tiempos normales; una fortaleza estructural que por estas horas estará obligando a ajustar muchas tuercas en el mecanismo conspirativo de los estrategas del Departamento de Estado.

 

Respaldo masivo

Estas líneas se redactan pocas horas después de la aparición televisiva del paciente informando acerca de su enfermedad. En el tiempo que demoren hasta llegar a sus manos en forma de revista, habrán ocurrido hechos relevantes. Combinando espontaneidad e impulso del Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv) el pueblo venezolano colma y continuará colmando plazas y calles, teatros e iglesias de todo el país en apoyo al Presidente. Una identificación genuina y muy profunda de la masa popular con Hugo Chávez vuelve a desplegarse con potencia avasalladora. Pero no se trata sólo de pueblo alzado y resuelto. El martes 5, el esperado Bicentenario habrá sido celebrado con un desfile militar que se anuncia imponente, desde el cual el mundo podrá advertir tres datos elocuentes: el incremento en calidad y cantidad de armamento de la Fuerza Armada Bolivariana, la capacitación técnica de jóvenes cuadros militares y la estricta disciplina de sus mandos, con el Presidente en la cúspide de una estructura acerada y aceitada. Habrá ocurrido más: los días 6, 7 y 8, en coincidencia con el proceso que 200 años atrás dio lugar a la recolección de firmas para el Acta de Independencia, se mostrarán masivamente, en desfiles de celebración, fuerzas civiles de todo el espectro nacional venezolano.
Ni por un minuto habrá espacio para que la oposición contrarrevolucionaria, empeñada en apoyarse en la enfermedad de Chávez para desestabilizar el gobierno, pueda intentar adueñarse de la iniciativa política. No lo hubo en las semanas previas, durante las cuales, pese a los temores que atenazaban el pecho de las mayorías, continuó desplegándose la labor de gobierno en todos sus planos. Es posible incluso que por esos días Chávez regrese a Caracas a continuar con su recuperación.

 

Bicentenario y Celac

Caracas remozada, edificios históricos recuperados, cientos de miles de ciudadanos de todo el país asistiendo a las celebraciones del Bicentenario, aun en ausencia de Chávez plasmarán en los desfiles civiles y militares el eslabón de acero con el que la estrategia bolivariana pretende anudar el combate actual con la inacabada lucha por la independencia. Un hecho crucial de esa continuidad debía ocurrir el 5 y 6 de julio, en Margarita: el encuentro de 33 presidentes para fundar la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac). Tras una reunión de Chávez con altos miembros del gobierno, el 29 de junio ese hito fue postergado, sin fecha. En el video de esa reunión, transmitido dos días después, el canciller Nicolás Maduro informa que 30 de los 32 mandatarios comprometidos habían confirmado su asistencia. El movimiento convergente que empuja a la creación de esa instancia hemisférica sin la presencia de Estados Unidos y Canadá configura una novedad geopolítica y un revés estratégico, trascendental, para el imperialismo.

Sólo faltó la confirmación de los presidentes de México y Argentina. Este último caso se explicó por la prohibición médica de trasladarse en avión para Cristina Fernández, que ese mismo día había suspendido su participación en la cumbre del Mercosur en Asunción. Como quiera que sea, el post operatorio de Chávez explicó la suspensión del gran encuentro. Se había avanzado en la aprobación de documentos e incluso en el consenso para ofrecerle la presidencia a Lula da Silva, el ex mandatario brasileño.

El espacio para la creación de la Celac radica en la misma causa que dificultará su consolidación y funcionamiento: la crisis estructural del sistema capitalista con epicentro en los países altamente desarrollados. Esa crisis desata innumerables conflictos interburgueses por el control de los mercados y la apropiación de la plusvalía global. Una misma fuerza irracional e incontrolable provoca la disputa interimperialista, el choque de las metrópolis con los países subordinados y las pugnas entre estos últimos. A su vez, del mismo modo que aquella potencia ciega empuja a los centros imperiales a luchar aunados contra posibles focos revolucionarios -como por ejemplo el detonado a comienzos de año en el Norte de África y el Medio Oriente- también conmina a conjuntos de países dependientes a formas de resistencia basadas en diferentes instancias de unidad.

Si la medición cuantitativa de las riquezas de la Celac hablan por sí mismas (ver recuadro de pág. 9), las calidades en cuanto a nivel educativo de la población, desarrollo técnico, acumulación primitiva de capital y capacidad tecnológica, hacen de este bloque un factor de peso singular para el futuro de la humanidad.

Esto dispara la obligada avidez imperialista, que a su vez produce, como contraparte, una obligada búsqueda de formas de autodefensa para sus componentes.

No obstante, en la propia fuerza centrípeta que tiende a aunar la región, gravita sin pausa un conjunto de fuerzas centrífugas, propias de las partes componentes y en más de un caso propulsadas por el imperialismo. No hace falta ir muy lejos para comprender esa dinámica contradictoria: el Mercosur, con dos décadas de existencia, se muestra una y otra vez paralizado por minucias comerciales que sin embargo obran como barreras insuperables para las burguesías en disputa por la succión de plusvalía.

La presencia de la Alianza Bolivariana para los pueblos de nuestra América (Alba) en ese conjunto de 33 países agrupados en varios bloque cambiantes, es la única garantía de existencia y movimiento de la Celac, dando por cierto que tanto por las presiones de Estados Unidos como por los conflictos de intereses materiales entre algunos de sus componentes, persistirán y eventualmente preponderarán las dificultades y vaivenes para su conformación y afianzamiento.

Dos episodios en la reciente cumbre del Mercosur revelan el arco de conflictos: Uruguay necesita comprar energía eléctrica a Paraguay, pero Argentina traba la autorización para que el tendido de líneas pase por su territorio (eso pesó más que el malestar de Fernández para explicar su ausencia en Asunción); Rafael Correa propuso avanzar hacia una moneda única para América Latina, llevando al conjunto de la región el ejemplo ya vigente del Sucre, la divisa común del Alba. “El Banco del Sur, un Fondo Común de Reservas y un Sistema de Pagos conformarían una nueva arquitectura financiera para la región, culminando con una moneda regional … para la optimización de la utilización del ahorro regional, para hacer a Suramérica menos vulnerable (…) más soberana y mucho más eficiente en el uso de sus recursos”, explicó el presidente ecuatoriano. Como contrapunto, el ministro de Economía de Argentina Amado Boudou argumentó a favor de monedas propias, dado que “trabajando coordinadamente y con intercambios en monedas locales (cada país mantiene) el instrumento macroeconómico de su política monetaria”.

 

Circunstancia difícil

El mundo marcha otra vez a un gran colapso económico-financiero. Con el dólar en caída libre, el euro amenazando cada día con desaparecer y el imperialismo lanzado a nuevas guerras, el intento de integrar América Latina y el Caribe desde la realidad capitalista está destinado al fracaso. La Celac, con el Alba en su seno, es una instancia transitoria en la que se revelarán las fortalezas y debilidades de cada país. Brasil continúa empeñado en que su gran industria tome la parte del león en un mercado regional con Estados Unidos en repliegue. Otras burguesías locales diseñan un plan de supervivencia y eventual crecimiento como subordinados de un nuevo amo. Pero tal expectativa es inviable. Sólo los países del Alba tienen una estrategia objetivamente fundada para afrontar el momento histórico. Y en ese bloque, el lugar de la Revolución Bolivariana es una clave de consistencia y cohesión.

Informes científicos y pruebas a la vista alientan la convicción de que Hugo Chávez continuará al comando. También es presumible que el imperialismo intentará explotar al máximo la coyuntura para adelantar la escalada desestabilizadora con vistas a las elecciones de 2012. Una primera línea de desestabilización es exigir que Chávez ceda su cargo y asuma el vicepresidente. La respuesta de Elías Jaua no podría ser más clara: no se equivoquen, dijo palabra más palabra menos: soy un revolucionario y soy leal a Chávez. Caso cerrado.

Mientras Cuba protege y sana al presidente venezolano, Evo Morales, Rafael Correa, Daniel Ortega y los demás mandatarios del Alba cierran filas con el comandante. Decenas de miles de militantes, del Río Bravo a la Patagonia, hacen lo propio. Washington y otras cancillerías del hemisferio deberían tomar nota: aquí no se rinde nadie.

 

1 de julio de 2011

estrategias en colisión

Marxismo e idealismo en el combate contemporáneo

PorLBenAXXI

 

Polémica: una viva discusión desató la deportación de un cuadro de las Farc, resuelta por el gobierno venezolano en abril pasado. En mayo, otro dirigente de la organización guerrillera colombiana fue detenido en Venezuela. El autor de estas líneas se expidió horas después del primer caso en un texto titulado La deportación de un militante. El texto que sigue surge a propósito del segundo hecho y de una carta firmada por intelectuales. Esta sección, así como la página web de la revista, saluda la posibilidad de hacer un debate y se compromete a reproducir los aportes que la controversia produzca.

 

Con ribetes diferentes al de tiempo atrás, una contradicción velada en la última década se agudiza en América Latina para las fuerzas anticapitalistas: vía armada o camino institucional para la conquista, afianzamiento y defensa del poder.
En la perspectiva de revolución socialista, lucha armada o electoral son métodos. En tanto tales deberían ser asumidos como tácticas, determinadas por circunstancias y posibilidades, que bien pueden transformarse en su contrario según el desarrollo de los acontecimientos. Pero en un período histórico acotado, concebidos como estrategias, esos métodos difícilmente pueden coexistir y al cabo uno habrá de resumirse en el otro o acabarán chocando de frente.
Dos casos recientes, resonantes en el ámbito militante internacional, corporizan de manera dramática esta dinámica de colisión. Se trata de la detención en Venezuela e inmediata deportación a Colombia de Joaquín Pérez Becerra, seguida un mes después de la detención de Guillermo Torres Cueter (alias Julián Conrado), cuya eventual deportación está en trámite al momento de redactar estas líneas. El primero es director de una agencia de noticias con sede en Estocolmo, próxima a las Farc; el segundo, un comandante de esa organización, conocido además en su ámbito como cantautor.
A propósito de este segundo caso, un grupo de intelectuales emitió un pronunciamiento crítico (ver recuadro). Antes de otra consideración hay que decir que esta carta implica una injusticia contra Hugo Chávez y sus esfuerzos por contribuir con la difícil situación del pueblo y los revolucionarios colombianos. Pero omitiremos ese aspecto aquí.
El más notorio de los firmantes es István Meszaros. Es un hombre culto y consecuente. Ha investigado y compilado ideas de gran valor para los revolucionarios. Ha sostenido posiciones en tiempos de pleamar. Ha pasado la difícil prueba de ser secretario de Lukacs y de enseñar en universidades británicas. Pena que todo eso haya desembocado, como desde la lógica formal podría presumirse, en un salto mortal hacia el idealismo cuando afrontó la exigencia de analizar una revolución viva en un momento crucial.
Los corresponsales transformaron un hecho ciertamente penoso en argumento para descargar un juicio lapidario contra una revolución viviente, que brega en el torbellino de la transición en situación sin precedentes. Lo hicieron al margen de toda consideración sobre el cuadro en el que la decisión de Chávez fue tomada. El ariete argumental esta afirmado en principios y símbolos. Pero ni aquéllos ni éstos son suficientes (a menudo siquiera son válidos) cuando se trata de dar respuesta a una necesidad planteada en el fragor de una revolución. Como se verá enseguida, nada hay de maquiavelismo ni realpolitik en esta afirmación.
Es para otra oportunidad analizar la abrupta mudanza de Meszaros, quien pasó de paladín premiado de la Revolución Bolivariana a puntero en la denuncia de una supuesta contrarrevolución en Venezuela. Asombra que un hombre de su formación no haya detectado y denunciado previamente los signos de una supuesta degeneración de la Revolución Bolivariana en Venezuela y defina su posición en torno a un hecho puntual. Por ahora sólo es posible afirmar con certeza que el compañero respetable ha dejado de lado, en la prueba ácida, su alegada condición marxista.
La revolución, la genuina, tan ansiada y siempre original revolución, ya no está en la hora de los símbolos. Es una actualidad arrolladora a la que todo debe amoldarse. Si principios y símbolos no logran o se niegan a hacerlo, fatalmente se ubicarán frente a ella.
Enarbolar símbolos y principios como brújula para la conducción política puede ser comprensible y aun necesario cuando está ausente la fuerza viva de la revolución. Pero cuando ésta irrumpe, continuar con esa conducta equivale a ponerse al margen –y a menudo en contra– del flujo histórico.
Carlos Marx lo decía de otra manera (lo hemos citado infinidad de veces):
“El desarrollo del sistema de las sectas socialistas y el del verdadero movimiento obrero siempre están en relación inversa entre sí. Mientras se justifica (históricamente) la existencia de las sectas, la clase obrera no está aún madura para un movimiento histórico independiente. En cuanto alcanza su madurez, todas las sectas son esencialmente reaccionarias”(1).
La idea de que se puede conducir un combate político con alegorías lleva al desvío y de allí al desastre. Ocurre que la burguesía sabe mucho en materia de apropiación y manipulación de símbolos, como lo estamos comprobando a altísimo costo en Argentina en torno al caso Madres de Plaza de Mayo. La clase dominante sabe también burlarse de la incapacidad para la acción de quienes practican la utilización abstracta de los principios, hasta lograr que buena parte del activo político deseche cualquier noción principista, para empantanarse en el pragmatismo y el oportunismo.
Hoy la revolución viva es una realidad. No requiere frases ni gestos; exige estudio sistemático, análisis, debate, accionar organizado.

 

Esquemas en lugar de hechos

Es propio del pensamiento metafísico separar algunas fórmulas a las que denomina “principios” de la realidad concreta. Aquí entiéndase concreto en su sentido etimológico: con-crescere. Lo concreto no es lo pequeño e inmediatamente palpable, sino todo lo contrario: el devenir hacia la totalidad. Conocer el con crescere de un fenómeno requiere esfuerzo y aptitudes. Los principios se extraen, se moldean y convierten en tales a partir de ese conocimiento, del cual la acción organizada es inseparable.
Cuando llega la hora de una genuina revolución, al calor del combate se forjan nuevos principios y aparecen nuevos símbolos. Y quienes no pueden o no quieren dejarse tocar por el tifón de fuerzas encontradas –eso es una revolución– quedan aferrados a “principios” inhabilitados por definición para dar respuesta a la realidad.
Es previsible que habrá quien responda con sarcasmo o injuria, igualando esta proposición a la real politik, a la defensa de cualquier arbitrio, al abandono de toda conducta moral. Pero estamos hablando de materialismo histórico, de dialéctica materialista. Y no inventamos nada. El error teórico tras la postura de los firmantes de la carta de marras ya lo denunció con precisión Federico Engels en su debate con Düring, en 1877:
“Los esquemas lógicos no pueden referirse sino a formas de pensamiento; pero aquí no se trata sino de las formas del ser, del mundo externo, y el pensamiento no puede jamás obtener e inferir esas formas de sí mismo, sino sólo del mundo externo. Con lo que se invierte enteramente la situación: los principios no son el punto de partida de la investigación, sino su resultado final, y no se aplican a la naturaleza y a la historia humana, sino que se abstraen de ellas; no son la naturaleza ni el reino del hombre los que se rigen según los principios, sino que éstos son correctos en la medida en que concuerdan con la naturaleza y con la historia … (la concepción del Sr. Dühring) es idealista, invierte completamente la situación y construye artificialmente el mundo real partiendo del pensamiento, de ciertos esquematismos, esquemas o categorías que existen en algún lugar antes que el mundo y desde la eternidad”(2).
No sería un exceso de suspicacia suponer que algunos de los firmantes integran las filas –acrecidas en los últimos años en el mundo académico– de quienes denuncian a Engels y lo separan de Marx. Si fuera el caso, eso daría lugar a otro debate productivo. Por mi parte, sostengo que el corpus engelsiano –y este concepto, como todo el capítulo filosófico que lo contiene– lejos de contraponerse a la teoría científica de la revolución, es un puntal sin el cual el marxismo se convierte en religión o palabra vacía.
Dice la carta de los intelectuales en defensa de Julián Conrado: “Los argumentos citados por el gobierno venezolano para justificar la medida (solicitud de la Interpol, acuerdos con Bogotá, etc, son inaceptables e incluso ridículos)”.
Entiéndase bien: Interpol, acuerdos con el colombiano (y el cumplimiento de la propia Constitución venezolana) son argumentos ridículos. He aquí ideas extraídas del propio pensamiento. Completo desprecio por la realidad, al punto de calificarla como “ridícula”.
Hasta donde sé, los firmantes de la carta no aparecieron públicamente de manera conjunta ante el caso de Joaquín Pérez Becerra. Por mi parte, emití inmediatamente una declaración frente a aquel hecho. Puede leerse allí:
“(Pérez Becerra) No debía ser deportado a su país de origen. No porque sea ciudadano sueco y viva en Estocolmo desde hace dos décadas. Sino porque siendo un enemigo de la oligarquía colombiana –la más orgánica y salvaje del continente– debía ser preservado de semejante circunstancia”.
Tras aclarar que esa conclusión no podía ser desdibujada, subrayé que el tema no se agotaba allí y requería otro ángulo de interpretación:
“Hay en curso una revolución en América Latina. Y en consecuencia, una contrarrevolución, eficiente y extraordinariamente poderosa.
He sostenido (en ésta y otras tribunas) que en América existe de manera simbólica el partido revolucionario hemisférico; que sus dirigentes son Fidel Castro, Hugo Chávez y Evo Morales. Por eso, alenté sin demora ni vacilación la posibilidad de construir una Vª Internacional [es decir, agrego ahora, pasar de los símbolos a la concreción] cuando Hugo Chávez la propuso, hace ya un año y medio. La extraordinaria diversidad y complejidad de las fuerzas antisistema en la región necesita un punto de coherencia y comando unificado.
El día en que Joaquín Pérez Becerra arribaba a Caracas, comenzaban a llegar también los cancilleres de toda América Latina y el Caribe para una reunión preparatoria de la Celac (Comunidad de Estados Latino Americanos y Caribeños). El 5 de julio debe tomar cuerpo en Caracas esta organización que, por primera vez, dará lugar a una instancia regional sin la presencia de Estados Unidos. En otras palabras: es el certificado de defunción para la siniestra OEA. Una victoria sin precedentes contra el imperialismo estadounidense.
¿Es o no crucial para el difícil proceso de convergencia latinoamericana la creación de la Celac? ¿Es deseable, estratégicamente positivo, impedir su formación? ¿Quién tiene más interés en bloquear la realización de ese objetivo? ¿No era un obvio propósito de la CIA señalar a Venezuela como santuario de las Farc para abortar el encuentro fundacional de julio? ¿No calzaba como un guante a la provocación imperialista la presencia de Pérez Becerra en Caracas en ese momento?
Una dirección revolucionaria seria, responsable, no puede eludir estas cuestiones. Son, literalmente, de vida o muerte. No para un individuo, sino para millones. Estados Unidos prepara minuto a minuto una guerra de invasión contra nuestra región, como la que ha iniciado en Noráfrica y Medio Oriente con la agresión devastadora contra Libia, sumada a las que ya comanda en Irak, Afganistán y Pakistán.
Quien obre por decisión o inadvertencia contra la concreción de la Celac, está haciendo algo muy grave. Quien desestime que el Departamento de Estado mueve todos sus tentáculos para buscar resquicios y hacer estallar la obvia fragilidad de la arquitectura regional, no puede reclamar título de vanguardia. Y quien apele a la política de los hechos consumados, no puede gemir luego porque encuentra frente a sí, también, hechos consumados”(3).
Era previsible que el imperialismo y sus aparatos de espionaje y sabotaje, incluyendo al gobierno colombiano, continuarían sin cesar las provocaciones para abortar la Celac. Y que eventuales acciones como la que dio lugar al caso Pérez Becerra, en caso de repetirse tendrían el mismo resultado. En ausencia de un órgano dirigente o, como mínimo, coordinador, de las fuerzas revolucionarias, queda a la vista que la estrategia de la Revolución Bolivariana choca con la de las Farc en cuestiones tan elementales como enviar un periodista en momentos en que se realiza un encuentro internacional, o mantener cuadros clandestinos en territorio venezolano, dos ejemplos que están lejos de agotar el listado.
Chávez explicó en el caso Conrado que los órganos de seguridad del Estado recibieron la denuncia de la presencia de un irregular y actuaron sin saber de quién se trataba. Resultó ser un comandante de las Farc. Chávez agregó: “lo hemos hecho cumpliendo con nuestra obligación y seguiremos haciéndolo”.
Para los firmantes de la carta, es ridículo cumplir los acuerdos con el gobierno colombiano porque es de ultraderecha; atender a Interpol es simplemente cosa de traidores. ¿Qué proponen? Nada. Sólo condenan. El silencio se explica: no podrían alcanzar acuerdo para proponer el abandono del curso llevado durante 12 años por la Revolución Bolivariana y emprender la lucha armada, que en este caso implica la guerra abierta con Colombia y Estados Unidos y el estallido irremediable de Unasur y Celac. Entonces callan. Se atienen… a “principios”: un cuadro de las Farc, aun cuando esté por su cuenta en territorio venezolano, no puede ser entregado a su gobierno, criminal y enemigo de ambos.
Bien. Pero hay otros principios en cuestión: ¿qué hacer con la estrategia hasta ahora vigente –¡y exitosa!– de la Revolución Bolivariana? ¿Chávez y el Psuv no tienen obligaciones de principio con las masas venezolanas –y con millones de luchadores en América Latina y el mundo? El cumplimiento de la Constitución y las leyes venezolanas ¿no es un principio? ¿No será un principio hacer todo lo posible para evitar el desenlace que busca Washington: una guerra entre Venezuela y Colombia, prólogo del ingreso al escenario de Estados Unidos y su aparato guerrero? ¿O tal vez no es verdad que Estados Unidos está preparando la guerra contra nuestros pueblos y tiene a Venezuela en la mira y con el dedo en el gatillo? Actuar en función de evitar ese desenlace, o más precisamente, en función de que la mayoría de la población mundial y específicamente latinoamericana entienda que el inexorable accionar violento de Estados Unidos contra América Latina es sólo y exclusivamente una acción contrarrevolucionaria unilateral… ¿no debería ser considerado un principio en este momento histórico?
Es por demás evidente que hay un choque de principios, resultante de la colisión de estrategias. El error de los compañeros firmantes es de concepción y de método: actúan en base a un pensamiento idealista y no se involucran en el análisis de la realidad concreta. No sólo yerran:se apartan del problema a resolver y se instalan en la noche metafísica, donde, como se sabe, todos los gatos son pardos.

 

El verdadero debate

No es sólo en Venezuela donde la Revolución se abre paso en un marco institucional y esforzándose por eludir o minimizar la violencia. Están allí también Bolivia y Ecuador, más los restantes países del Alba, entre los cuales no cabría soslayar los casos de Cuba y Nicaragua pese a su punto de partida diferente. ¿Deben o no las Farc contemplar esa realidad como factor determinante de su accionar fronteras afuera? ¿Qué pesa más a la hora de tomar una decisión en ese terreno: el rumbo adoptado por estos procesos revolucionarios (a su vez diferentes entre sí) o la lógica propia de las Farc? Desde luego está planteado también el interrogante de cómo continuará su lucha esta antigua organización, que durante décadas recibió la solidaridad de miles de revolucionarios en América Latina. Ese debate no es exclusivo de las Farc, pero parte de ellas y a ella se subordina, en lo atinente a la política interna. El hecho es que en materia internacional, hay otros protagonistas. Continuar con la política de los hechos consumados frente a ellos, no es sólo un error propio sino, como queda a la vista, fuente de conflictos de difícil resolución.
El verdadero debate es, entonces, qué estrategia de poder se adopta a escala latinoamericana. Una estrategia diferente determina diferentes principios aunque, como éstos, no es ni puede ser jamás definitiva e inconmovible.
Tal como lo admite la carta en cuestión, “durante años el presidente Hugo Chávez apeló para el reconocimiento de las Farc como fuerza revolucionaria beligerante”. Los acuerdos firmados por Chávez con Santos (esos cuyos compromisos la carta califica de ridículos) han dado lugar, precisamente, a que el presidente colombiano hiciera ese reconocimiento de hecho y abriera la posibilidad de un reconocimiento de derecho, lo cual a su vez podría abrir nuevos caminos para Colombia.
No tengo razones para cambiar mis puntos de vista y mi accionar político respecto de la Revolución Bolivariana y su principal dirigente, Hugo Chávez(4). A la par, no cambiaré una práctica de muchos años de solidaridad con la militancia de las Farc que jamás implicó identificación con concepciones ni métodos.
Si las contradicciones en materia de estrategia y tácticas de acción vuelven a contraponer a esta organización con las políticas fijadas por la dirigencia de la Revolución Bolivariana (y lo mismo vale para Bolivia, Ecuador, etc.), continuaré bregando por la creación de una instancia organizativa que permita elaborar y encuadrar esas diferencias, pero sin ambigüedad respecto del accionar necesario para mantener la línea de marcha trazada. Siempre habrá espacio para discutir medidas puntuales, cuya adopción requiere el conocimiento exacto de condiciones y circunstancias, por lo general al alcance sólo de los principales protagonistas. En cambio, no hay espacio para condenar aquello que, en este momento de la historia, ofrece la única posibilidad de unir a los pueblos del continente y afirmar el combate de masas contra el imperialismo y el capitalismo.

 

Referencias:

1.- Carta de Marx a Bolte; Marx-Engels, correspondencia. Ed. Cartago, pág. 260.

2.- Federico Engels, Anti-Dühring; OME/35; Crítica; pág. 36.

3.- Ver Luis Bilbao, La deportación de un militante, América XXI N° 73; mayo de 2011; (http://www.americaxxi.com.ve/notas/ver/la-deportaci-oacute-n-de-un-militante)

4.- Remito al lector a mis libros y artículos al respecto, específicamente Venezuela en Revolución – Renacimiento del Socialismo; Capital Intelectual, Buenos Aires, octubre de 2008.

 

Buenos Aires, 11 de junio de 2011

Nuevo capítulo en la lucha por la soberanía y el socialismo

PorLBenAXXI

 

Un un momento geopolítico de enormes amenazas para el poderío imperial, la Casa Blanca vuelve a la carga contra Venezuela. Esta vez se trata de sanciones a Pdvsa, anunciadas el 24 de mayo por el Departamento de Estado. La excusa: el gobierno de Hugo Chávez comercia hidrocarburos con Irán, en violación de leyes… estadounidenses.
Washington decretó contra la petrolera estatal una copia del bloqueo a Cuba. Las intenciones están claras. La incógnita es si se trata de una prueba a la capacidad de respuesta bolivariana o es el primer paso de una escalada inminente.
Antes de hacerse siquiera la pregunta, Chávez dio respuestas inequívocas, contundentes. Minutos después de conocida la agresión, el presidente de Pdvsa Rafael Ramírez, junto al canciller Nicolás Maduro, en conferencia de prensa denunciaron la pretensión de Barack Obama como absurda e ilegal y sostuvieron con elocuencia que en ninguna hipótesis el gobierno venezolano aceptaría el menor condicionamiento a sus relaciones internacionales. Adelantaron que en materia de exportación de petróleo a Estados Unidos –hacia donde salen diariamente 1 millón 200 mil barriles– la réplica sería equivalente al alcance de la disposición anunciada por la secretaria Hillary Clinton, en ese momento todavía desconocido en los detalles. Culminaron convocando a los trabajadores petroleros y a toda la población a movilizarse para rechazar la medida.
En apenas horas la respuesta tomó otra dimensión: concentraciones masivas de obreros petroleros en todo el país, donde Ramírez cambió su traje de ministro de Energía y Petróleo por el de agitador de multitudes, para ratificar que el gobierno de Hugo Chávez no haría la menor concesión a la presión estadounidense y explicar, con lujo de detalles, que Pdvsa no necesita asistencia financiera de Estados Unidos, que tiene autonomía tecnológica y capacidad para continuar desarrollando su agresiva estrategia de crecimiento y diversificación. Al día siguiente Maduro convocó a nombre del Partido Socialista Unido de Venezuela a que el pueblo se volcara a las calles el domingo 29.
Se requiere más tiempo para confirmar la impresión que surge al cabo de esta primera oleada de movilización de masas: la Revolución Bolivariana podría estar ingresando en una nueva fase, de mayor frontalidad y radicalidad efectiva en la lucha contra el capital, con todavía más protagonismo obrero y popular del ya muy significativo que caracterizó este proceso desde sus inicios, y con un sacudón político a las estructuras burocrático-administrativas del Gobierno y el Psuv. La Celac abre un nuevo capítulo en la lucha por la soberanía; la respuesta de Chávez a la agresión yanqui puede ser un nuevo capítulo en la lucha por el socialismo.
Sabotaje a la Celac, desestabilización preelectoral
Con el alumbramiento de la Celac queda a la vista la grieta geopolítica abierta por el conflicto intercapitalista y la posibilidad de avanzar a partir de la relación de fuerzas dada en este momento particular. Las fisuras intercapitalistas, inmensas en las junturas de los países centrales, se replican en la relación de los centros imperiales con sus vástagos y se multiplican entre éstos. Jefes de Estado de la región en modo alguno enemigos del sistema, toman sin embargo distancia de Estados Unidos. El 5 de julio próximo, en Caracas, 32 países consumarán el reordenamiento de sus relaciones según una lógica que excluye a Washington. Con el burdo zarpazo contra Pdvsa, el Departamento de Estado busca condicionar la conducta de un número de gobiernos, alineados con la Casa Blanca o proclives a ceder bajo presión. En términos estratégicos, la Celac es la tumba de la OEA, es decir, de la herramienta imperialista para subordinar al continente. No sorprende que Barack Obama apele a cualquier recurso para dificultar esa reunión y evitar un desenlace neto. Horas antes de hacer conocer las sanciones a Pdvsa, la prensa comercial del mundo repitió una noticia sin fundamento ni pruebas: Venezuela “estaría” emplazando misiles iraníes en la Península de Paraguaná. Son pasos de un intento desestabilizador a gran escala, que si bien apunta al ya iniciado período preelectoral para el recambio presidencial en diciembre de 2012, plantea escenarios hipotéticos de agresión mayor. Esto en el momento en que la Otan bombardea Libia, busca desestabilizar a Siria y continúa sus preparativos bélicos contra Irán. En el exacto momento en que la Unión Europea bordea un colapso financiero con epicentro en Grecia, Irlanda, Portugal y España. Cuando el G-8 (los siete países imperialistas más Rusia), se muestra impotente para hacer más que imprimir montañas de dólares con el objetivo de detener la revolución en el Norte de África y el Cercano Oriente…
¿Hasta dónde llegará el premio Nobel de la paz en esta carrera demencial? Hasta donde los pueblos del mundo se lo permitan.

 

El Alba en el centro

La Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América está en el centro de la respuesta estratégica a esa demanda acuciante. Y también está en el centro objetivo de la Celac. No es extraño que Obama apunte a Venezuela.
El resquebrajamiento del orden imperial está dando lugar a un mapamundi esencialmente nuevo, difícil de aprehender con las herramientas de la comprensión política del siglo pasado. Es estridente el silencio de la teoría. Tanto como la ausencia de una instancia internacional militante, revolucionaria, capaz de congregar talentos, experiencias y fuerzas.
Cambiaron los vientos, aunque todavía es esquiva la comprensión de los sinuosos caminos de la recomposición. Impensable un desafío más estimulante.

Cuba y la teoría del valor

PorLBenAXXI

 

Es conveniente observar los cambios debatidos y aprobados por el VI° Congreso del Partido Comunista de Cuba a la luz del mayor poder de gravitación que tendrá la ley del valor.
Cupo a Adam Smith, fundador de la economía política como ciencia, descubrir en los albores del capitalismo que el valor de cualquier objeto proviene de la cantidad de trabajo humano que tenga incorporado. Ya con el sistema consolidado, Carlos Marx descubrió que en el capitalismo todo se intercambia por su valor, es decir por la cantidad de trabajo socialmente necesario para su producción… incluida la fuerza humana de trabajo. Esto supone que el salario equivale al valor necesario para sostener y reproducir aquella mercancía que encarna la capacidad de realizar trabajo productivo: el ser humano. Marx llamó “trabajo necesario” a la porción de la jornada laboral destinada a cubrir el salario y “trabajo excedente” al resto, que dependerá del tiempo que el obrero trabaje, de los medios técnicos que el capitalista ponga a su alcance y de los ritmos y destreza que logre imponerle. Obtener el máximo de beneficio de ese proceso, en ininterrumpida competencia con otros capitalistas, es el motor ciego, irracional e impiadoso del sistema. La ley del valor se constituye así en reguladora de la producción, de las relaciones sociales y de la distribución del trabajo y el producido social.

 

Combate histórico

El socialismo tiende a abolir esa ley, que sin embargo regirá en diferente gradación durante la transición de un sistema a otro. Puesto que no existe una economía nacional cerrada al mundo, aun cuando en un país se haya reducido al mínimo la gravitación de la ley del valor en el ordenamiento de su producción y sus relaciones sociales, aquella penetra por las relaciones económicas internacionales y choca de frente con la economía local. La productividad, los precios relativos, las formas de organización del trabajo y las asignaciones del producido nacional están severamente condicionados en un país no capitalista por el peso del comercio internacional. Por eso, dicho sea de paso, no es posible construir acabadamente el socialismo en un solo país: el capitalismo penetra y busca reconstituirse a partir de la economía mundial.
Así, la abolición de los medios privados de producción es una condición necesaria, pero no suficiente para instaurar el socialismo. Una transición genuina gana terreno a la ley del valor; avanza en la economía planificada y minimiza la irracionalidad capitalista. La transición es, al límite, la lucha contra la existencia y gravitación de la ley del valor. Y ése es un combate que se manifiesta en el terreno nacional, pero se libra a escala internacional.
Reto a la inteligencia y la voluntad
Cuba, país pequeño, subdesarrollado y bloqueado, tendrá necesariamente mayores dificultades que una economía mayor para conducir por los sinuosos caminos de la transición. Ya había emprendido un proceso de “Rectificación de errores y desviaciones” cuando el desplome de la Unión Soviética obligó a un período especial. Superado ese trance extremo, cayó sobre la isla una fatídica sucesión de huracanes y catástrofes naturales, que produjeron daños materiales inconmensurables. El discurso de Raúl Castro en la apertura del VI° Congreso (publicado en esta edición, complemento de Lineamientos para el cambio, aparecido en la edición de abril), testimonia la asunción de decisiones imprescindibles para acompasar las contradicciones económicas y sociales producidas en una isla no capitalista inundada por un avasallador océano de capital. También afrontar “errores y desviaciones” de arrastre.
No cabe tomar en serio las voces pseudo revolucionarias que acusan al PCC de emprender el camino del capitalismo. Provienen de la ignorancia, la petulancia, o algo peor. En todo caso, son contrarias al pensamiento marxista, reemplazado por estridencias vacías. Desde la visión marxista, es claro que las medidas adoptadas entrañan un riesgo calculado, impuesto por esa ley “de hierro y de diamante”.
Ahora bien: aumentar la productividad, mejorar la organización del trabajo, adaptar las asignaciones a las urgencias de la economía cubana, en las condiciones dadas tiene como insoslayable contrapartida negativa la cesión de mayor espacio a la ley del valor, que empuja violentamente hacia la irracionalidad capitalista. Es una contradicción no apta para el pensamiento idealista, ajeno a la dialéctica. Infantoizquierdistas y reformistas desconocen el materialismo y piensan a partir de la lógica formal; se diferencian en que estos últimos entienden los cambios como un paso necesario de retorno al capitalismo.
Manejar esas contradicciones para enrumbarlas hacia una aceleración de la transición es un desafío mayor para los revolucionarios cubanos. Tanto más difícil porque la ley del valor acentuará deformaciones actuales y porque, como desde hace 52 años, el imperialismo acecha a cada instante para usufructuar el más mínimo error.
Los Lineamientos para el cambio se revelan como instrumento para reencauzar la eficiencia económica, mantener la unidad social de todo un pueblo y dar continuidad a la transición, ahora en el marco del Alba.
No hay razones para dudar que el PCC y el pueblo revolucionario sabrán afrontar y vencer la ley del valor con el valor de la teoría, potenciado por otro valor: el que equivale a coraje; el que siempre mostró la primera revolución socialista de América Latina.

Dos horizontes

PorLBenAXXI

 

«No andes errante
y busca tu camino
Dejadme
ya vendrá un viento fuerte
que me lleve a mi sitio»
León Felipe

 

Una vez más Estados Unidos busca frenar y revertir la dinámica hemisférica de convergencia dominante en la última década. Ése es el significado del viaje de Barack Obama por la región. Brasil es siempre el objetivo mayor, aunque no debe subestimarse el interés puesto por el Departamento de Estado en países de menor envergadura, que circunstancialmente pueden jugar un papel en la misión de trabar, demorar e impedir todo aquello que contribuya a plasmar la integración independiente al sur del Río Bravo.
El escenario ha cambiado desde que su antecesor George W. Bush hiciera lo propio en 2007. Esos cambios han sido de diferente signo y desigual importancia, en un delicado balance de fuerzas. La línea dominante es nítida: un mes después de la gira de Bush, en Margarita nacía Unasur, el 17 de abril. Ahora, dos semanas antes de la llegada de Obama, en Quito se formalizaba legalmente la incorporación a Unasur de los 12 países del área. La posibilidad de que a mediados de año se constituya una instancia aún mayor, la Celac (Comunidad de Estados latinoamericanos y caribeños), para dar lugar a un cuerpo que asestaría el golpe de gracia a la OEA (Organización de Estados Americanos), mostraría una empinada curva hacia arriba de aquel movimiento.
Como no podría ser de otro modo, semejante salto histórico provoca enormes fuerzas en sentido contrario. De hecho, esas fuerzas gravitaron significativamente en este lapso de intensas disputas. Para comprobarlo, basta observar los zigzagueos del Mercosur y la irritante demora de aspectos clave en la consolidación de Unasur.

 

Marchas y contramarchas

Ese delicado equilibrio pareció alterarse cuando el 19 de marzo Barack Obama estrechaba en Brasilia la mano de la presidente Dilma Rousseff en la primera escala de su gira latinoamericana, en el exacto momento en que comenzaba el bombardeo aéreo contra Libia. El presidente estadounidense pudo felicitarse por el silencio de Rousseff frente a un hecho de tal magnitud. Pero la alegría no fue total: el mensaje que trajo de Washington, negando un puesto permanente para Brasil en el Consejo de Seguridad de la ONU, revela persistencia de choques económicos entre la estrategia de Estados Unidos y, como señalara esta columna en la edición de marzo de 2007 al evaluar la gira de Bush, la pretensión de la burguesía paulista “de afianzar una comunidad de negocios en beneficio del proyecto de subpotencia regional”. No fue poco lo que consiguió Bush con su táctica de “la Opep del etanol, para comprar voluntad a precio de maíz, con la intención de captar también a Argentina en un proyecto de biocombustible, apuntado ante todo contra Venezuela y con más sentido político que fundamento económico real”. Pero no hubo saldo neto y mucho menos a favor del imperialismo.
En el camino se cruzó el colapso económico de 2008. Como ahora con la insurrección árabe, la Casa Blanca tuvo la lúcida rapidez necesaria para ganar espacio en medio de su propio derrumbe. Para ello contó con el terror de la burguesía regional (como ahora lo hace con el de la arábiga) ante la posibilidad revolucionaria objetivamente inaugurada por la crisis central. Y logró atraer a las tres principales economías latinoamericanas (Brasil, México y Argentina), a un organismo estratégico ajustado a las urgentes necesidades del imperialismo naufragante: el G-20.

 

Chávez otra vez

Diez días después del arribo de Obama a Brasilia, en una cálida madrugada, llegaba a Buenos Aires Hugo Chávez, en un viaje programado para recalar también en Uruguay, Bolivia y Colombia. A esa hora, numerosas manos anónimas pegaban un afiche dándole la bienvenida con cuatro palabras: Paz, Unión, Revolución, Socialismo. Reconocimiento y demanda al presidente venezolano, que una vez más planteó un estridente contrapunto a la voz guerrerista de Obama (pág. 20).
Los 46 acuerdos de carácter económico firmados en tres países (la visita a Colombia se postergó para el 9 de abril), ceden en importancia ante su propuesta estratégica: contra la lógica de guerra del capitalismo en crisis, sólo la unión latinoamericana tras la perspectiva del socialismo del siglo XXI puede ofrecer un horizonte a la humanidad.
Chávez reiteró ese mensaje en Buenos Aires, Montevideo y Cochabamba. Pero agregó un punto dramático a su propuesta: es preciso que los pueblos, a través de sus organizaciones sociales, políticas, profesionales, se incorporen al Alba.
En el plano gubernamental, explicó, hay que sobreponerse a las divisiones ideológicas en las que busca afirmarse el imperialismo para dividir: “Qué importa que en Colombia gobierne la derecha o la izquierda, hay un compromiso más allá de los asuntos internos que es la unidad entre nosotros; no más guerra, conflictos ni dictadura, sino hermandad respetando las diferencias”. A la vez, es imprescindible poner el acento en el Alba, no sólo afianzando el accionar de los gobiernos integrantes de la Alianza Bolivariana para los pueblos de nuestra América, sino poniendo particular énfasis en la incorporación de movimientos de base con el máximo de amplitud y masividad.
El eco que estas palabras tengan en cada gobierno depende de innumerables factores. Pero no es lo fundamental. Porque todo discurre a partir de la crisis estructural del sistema capitalista, replanteada a fines de marzo con Portugal como nuevo foco. Y porque en este terreno el imperialismo no tiene margen: en la próxima reunión del G-20 planteará sin concesiones su estrategia de guerra y ajuste económico. Allí se verá hacia qué horizonte se encamina cada uno. Queda escaso margen para la ambivalencia y la simulación. Ya sopla el viento fuerte.

la insurrección del mundo árabe pone fin al actual orden imperialista

Washington apronta una operación militar regional con eje en Libia

PorLBenAXXI

 

Cambia definitivamente el mundo a partir de esta insurrección en cadena. Con la caída de las satrapías de Túnez y Egipto, el mapa geopolítico de la amplia faja que abarca el norte de África, Cercano y Medio Oriente, se trastoca de manera irreversible. El perdedor neto de cualquier ordenamiento futuro es Estados Unidos. Y también Israel, su enclave regional.
Es para defenderse de esa fuerza arrolladora –y no en un movimiento de ofensiva programada– que Washington mide el terreno y presiona a la Unión Europea para intervenir militarmente en la región, presumiblemente a partir de Libia, donde ha logrado fracturar la cúpula gobernante, tomar el control de puntos claves para dominar la producción petrolífera y desatar una guerra civil.
La conmoción en curso dirá, en medio de una batalla estratégica de ideas, propuestas y capacidades concretas, si serán o no las grandes mayorías quienes se verán beneficiadas por el saldo de este combate singular.
Es la crisis estructural del sistema capitalista, expresada en este caso por el alza descontrolada de los alimentos, factor detonante de una compleja carga explosiva acumulada en aquella región. Por lo mismo, un resultado positivo tiene como condición necesaria la abolición del sistema generador de estos cataclismos. No hay ni puede haber ninguna fase intermedia en el maremoto de fuerzas sociales e internacionales desatadas. La magnitud de esa exigencia primera traza con nitidez la dificultad de la coyuntura.
Que el bosque no oculte el árbol: mientras el esquema de poder imperial estalla en aquella región, en las entrañas del monstruo 80 mil trabajadores marcharon en Madison, Wisconsin, a la sede del Congreso y otros 10 mil manifestaron en las calles de Columbus, Ohio, también en el Medio Oeste estadounidense, en defensa de reivindicaciones básicas del movimiento obrero y sus organizaciones sindicales. Salieron a la calle incluso aparatos que durante décadas formaron parte indisoluble y militante del entramado imperial. Son expresiones liliputienses en relación con el cuadro social de Estados Unidos, o comparadas con la rebeldía detonada en el mundo árabe. Pero no hay bosque sin árboles. Y cabe señalarlo: el tronco más grueso en la maraña capitalista ha comenzado a sentir los hachazos de quienes ya no pueden vivir de sus frutos.

 

Imprevisión

Estados Unidos fue tomado por sorpresa cuando el temblor tunecino derrumbó su pieza mayor en Egipto. No es flaqueza de los estrategas del Departamento de Estado. Es una tara del sistema en su estado actual. Como cuando a fines de los 1980 la cúpula soviética se mostró ciega ante lo que estallaba en su rostro. Hoy, esta minusvalía del imperialismo habla con elocuencia acerca de los cambios cualitativos ocurridos en las relaciones de fuerzas internacionales en las últimas décadas.
Vale una comparación: entre 1986 y 1989 Washington tuvo la lúcida agilidad necesaria para reemplazar, planificadamente y en sordina, las dictaduras en Haití y Filipinas. Desde la Casa Blanca se dieron las órdenes que en pocos movimientos terminaron con la huída de Baby Doc de Puerto Príncipe y Ferdinando Marcos de Manila. Basta ver la evolución política posterior del archipiélago surasiático y la mediaisla caribeña para comprender el significado de una exitosa maniobra preventiva: Estados Unidos mantuvo sin sobresaltos el control de esos países en las décadas posteriores.
Operaciones estratégicas capaces de dar tales dividendos exigen, naturalmente, contar con la iniciativa y la capacidad ofensiva. Eso es lo que estuvo ausente en la Casa Blanca en relación con Túnez y Egipto. Y seguirá estándolo: el imperialismo ha perdido la iniciativa estratégica y sólo puede dar golpes –eventualmente letales– en los límites de una coyuntura.
Zine el Abidine Ben Alí y Hosni Mubarak eran aliados firmes y probados, a los cuales, después de interminables días de vacilación, la Casa Blanca libró a su suerte mientras la prensa, en asombroso ejercicio de autofagia, descubría cuán tiránicos eran esos dictadores.
El régimen egipcio era la pieza clave en el damero estadounidense de la región, llave estratégica para un inmenso reservorio de petróleo. También -y esto no es secundario- para la proyección del poder imperial hacia Eurasia y Asia. Ésa es la primera comprobación a poco de observar los portentosos acontecimientos en curso en el norte de África: para sobrevivir, el imperio se devora a sí mismo.

La segunda es menos transparente. Atrapado en una situación de obligado repliegue, Washington apela a una improvisada operación ofensiva.
En los papeles de guerra, ha ensayado hasta el hartazgo esos movimientos. Y ha sumado piezas en función de ese plan durante mucho tiempo. Aún así, el estallido tomó a Washington por sorpresa y, si de un lado lo conminó a desprenderse de aliados estratégicos, por otro puso como única opción lanzar un contraataque allí donde tenía espacio para hacerlo. A la defensiva, el Departamento de Estado lanzó un zarpazo de proyecciones hoy imprevisibles.

 

Petróleo y guerra

Argelia y, sobre todo, Libia, son los blancos del intento de contraataque estadounidense, bajo una forzada apariencia de continuidad e identidad con las insurrecciones en el resto del área.
No es que en ambos países falten razones para rebeliones juveniles y populares. De hecho estos regímenes, fundados en durísimas luchas antimperialistas exitosas, gradualmente fueron integrándose a la lógica mundial del capital. Son revoluciones truncas. Por lo mismo, marcadas por un sistemático alejamiento entre autoridades y masas. El callejón sin salida de una revolución interrumpida da lugar a la gestación de fuerzas políticas disímiles, mediante las cuales se canalizan las necesidades insatisfechas de las mayorías. Buena parte de éstas provienen de capas medias beneficiadas por la deriva procapitalista de estos regímenes, que sin embargo no pueden alcanzar todo lo que reclaman -en materia de consumo, de organización de la sociedad civil y de ideología alineada con el Occidente altamente desarrollado- y son caldo de cultivo para operaciones de infiltración, fragmentación y eventualmente invasión. Y están desde luego las masas trabajadoras y oprimidas, frustradas en sus esperanzas y, a menudo, manipuladas.
Es significativo el caso del general Abdel Fattah Younes al Abidi, uno de los coroneles sublevados junto a Muammar Gaddafi en 1969, hombre de confianza para operaciones internacionales del gobierno y ministro del Interior libio hasta el 24 de febrero. Horas después de su defección, le pidió a Gaddafi que renuncie “ya que está colapsando y durará sólo unos días más”. En declaraciones a la BBC dijo: “Mi querido hermano, cuando Benghazi cayó has debido darte cuenta de que el fin había llegado. Espero que te vayas a Venezuela u otro lugar”. Cualquiera haya sido su pasado, es evidente que Al Abidi no sólo desiste de continuar junto a su jefe, sino que se alinea descaradamente con la propaganda imperialista, con el gobierno de Estados Unidos.
Mientras tanto, el Departamento de Estado apronta una operación militar sobre Libia. Hay reticencia de la Unión Europea para dar ese paso y dudas sobre el carácter del involucramiento en la propia Casa Blanca. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, en todo caso, se muestra dócil a la escalada de Washington.
Al mediodía del domingo 27 de febrero, cuando se redactan estas líneas, según informaciones no comprobables, se ha conformado una junta provisional de gobierno en el arco que va de Ajdabiya hasta Tobruk, pasando por Benghazi y Shahaat, al este de la capital y sobre la frontera con Egipto.
La labor de contrainformación, presente en cualquier guerra, está superando todos los antecedentes, con la colaboración automática de los grandes medios gráficos y electrónicos. Al Jazeera, la cadena árabe, asumió una violenta oposición a Gaddafi. Un corresponsal de Telesur y su camarógrafo mostraron ayer sábado 26 que Trípoli estaba en calma. La valiente labor de estos enviados contrarrestó la operación de los grandes medios, según los cuales se combatía desde los dos días previos en las calles de la capital. Ahora, esos mismos medios machacan la noticia de que las fuerzas opositoras están cerrando el cerco en torno a Trípoli. Numerosos embajadores libios en diferentes países desconocen la autoridad del gobierno central y se pronuncian a favor de la caída del régimen.
Esas fuentes de información aluden a acciones de represión masiva por parte de Gaddafi. En ausencia de fuentes propias y confiables, sólo cabe una afirmación de principios: una revolución en marcha tiene el derecho y la obligación de armar al pueblo contra la reacción. Un proceso estancado y en retrogradación, no. Sólo una hipotética recomposición tras una estrategia socialista y drásticos cambios políticos podría plantarse contra la reacción interna y el bloque imperialista que aprieta el nudo sobre ese país, tan caro a América Latina en el último medio siglo. “Revolución socialista o caricatura de revolución”, sostenía el Che.
En cualquier caso, Washington está allí con el propósito de recuperar terreno firme bajo sus pies en la región, garantizar que la producción de petróleo (Libia es el tercer abastecedor de Europa y uno de los grandes productores mundiales de crudo de máxima calidad) no se interrumpa y proyectar desde allí su contraofensiva sobre un área en la cual la efervescencia, lejos de concluir, aumenta a estas horas.

 

Lección estratégica: “Roma no paga a traidores”

En este primer tramo del siglo XXI Mubarak será el símbolo del destino de individuos –o regímenes– que creen garantizar su futuro alineándose con los poderosos, después de haber formado en las filas de pueblos y naciones en busca de redención.
La sublevación del Norte de África y el Cercano Oriente continuará extendiéndose y profundizándose. No hay chance de que Estados Unidos pueda establecer en Libia un gobierno estable a su favor. Hasta el momento no se percibe en ningún caso una fuerza de carácter revolucionario explícitamente anticapitalista que dé orientación y organización a las masas levantadas contra sus gobernantes. No se trata de desconocer la tradición de lucha y los innumerables ejemplos de organizaciones y cuadros que, desde diferentes experiencias y definiciones ideológicas, convergen en un momento excepcional. Se trata de subrayar que esa rebeldía de millones paga tributo también al momento histórico, de incipiente recomposición, de las fuerzas antisistema a escala mundial. Esperar que, sin tal condición, esta explosión espontánea llegue a la instauración de gobiernos de transición al socialismo, es tan erróneo como desdeñar el fenómeno o reducir su trascendencia negándole carácter revolucionario.
Calibrar adecuadamente ese proceso es tanto más importante cuando la eclosión inesperada reconfirma que en aquella región, y más allá, pero también y acaso sobre todo en América Latina, buscar un nicho seguro en el edificio tambaleante del capitalismo mundial es, más que un error, un suicidio.
Se verá en la próxima reunión del G-20 hasta qué punto Estados Unidos y Europa ajustarán el mecanismo al punto de obligar a los países subordinados, a los cuales se convocó para conjurar el colapso económico según las pautas imperiales, a asumir decisiones políticas que, muy probablemente, ocurran en el marco de una nueva intervención militar estadounidense, ahora desde el continente africano. Sea cual sea el curso inmediato de la rebelión general y la eventual guerra civil en Libia, esto acentuará la crisis económica en los centros imperiales.

Un punto de convergencia internacional
Vale repetirlo: Estados Unidos lanza un zarpazo ofensivo desde una situación histórica de repliegue estratégico, mientras su economía se deteriora día a día y comienzan a brotar semillas de rebeldía en su propio territorio.
Egipto es también en ese sentido un símbolo: Washington pasa de tener allí un bastión estratégico inconmovible, a un gobierno provisional armado a los manotazos y jaqueado por la hasta ahora ininterrumpida movilización de masas.
Imposible prever el desarrollo inmediato en cada uno de esta suma creciente de países arrastrados por el torbellino revolucionario. En cambio, no hay necesidad de oráculos para tener la certeza de la necesidad de contribuir a la unión de ese conjunto rebelde, y no sólo en aquella región.
Una y otra vez se ha insistido desde estas páginas en el papel que América Latina juega en el mapa político mundial en turbulenta recomposición. Aquí, donde el Alba corporiza a gran escala la necesidad de unión de países enfilados contra el imperialismo y el capitalismo, es posible, necesario, inaplazable, dar el demorado paso hacia el encuentro de partidos, organizaciones y representaciones sociales genuinas en una nueva instancia internacional, a la cual contribuirán ahora con renovado vigor los revolucionarios árabes. Después de todo, el viejo Hegel tenía razón: el árbol no debe ocultar el bosque.

 

Desde Buenos Aires, 27/2/11, 16hs.

Crisis, ideas y confusiones

PorLBenAXXI

 

«Niños del mundo,
si cae España -digo, es un decir-
si cae…»
César Vallejo

“Si cae España es un desastre”
Nouriel Roubini

César Vallejo no preveía un colapso económico. Corría 1937; el hondo poeta peruano intuía la derrota de la Revolución española y escribía su “Homenaje a los voluntarios de la República”: España, aparta de mí este cáliz; un canto de obligada lectura.
Tres cuartos de siglo después, sin belleza, sin generosidad ni pasión, el alerta proviene de oscuros analistas, consultoras y medios de difusión masiva: “si cae España…”
El temor, análogo en ese sentido al de Vallejo –aunque tan distante– es la onda expansiva de ese derrumbe. El “si cae España” de Vallejo adelantaba la posibilidad de un inmenso retroceso de la revolución mundial, por entonces en auge desde la victoria en Rusia. Hoy las campanas doblan por el capitalismo: “Si cae Grecia es un problema, si cae España es un desastre … España es demasiado grande tanto para caer como para ser rescatada … podría ser una amenaza para la cohesión monetaria europea … podría producirse una ruptura del euro”, trastabilla Nouriel Roubini, economista estadounidense ante el Foro Económico Mundial de Davos. Para morigerar el pronóstico agrega que eso no ocurrirá este año pero insiste: “es un riesgo creciente”. Esa tregua la imagina el economista porque Li Keqiang, vicepriministro chino, en visita a Madrid a comienzos de enero, se comprometió a comprar 6 mil millones de dólares en deuda pública española. Además la edad jubilatoria pasó a 67 años. Dos gotas en el mar de incertidumbres que azota al imperialismo europeo con epicentro circunstancial en Madrid: si el sistema financiero español se desploma, es imposible rescatarlo.
No tanto por el tamaño del país, sino porque la Unión Europea no está en condiciones de repetir lo hecho en Grecia e Irlanda: con un desempleo estimado en 11,7% para el año en curso, un crecimiento del producto bruto estimado en 0,7% durante 2010 (después de una caída del 4% en 2009, prolongada el año pasado en Gran Bretaña con un -0,5%) y un endeudamiento oficial general estimado en 83,7% en relación con el PBI de 2011, Bruselas tiene las manos atadas. Resta rezar para que en España las 700 mil nuevas casas sin comprador, el 20% de desempleados, el deterioro del 33% en la competitividad comparada con Alemania, el déficit fiscal cercano al 10% y otros tantos índices ominosos, puedan ser manejados a través de ajustes y austeridad por el gobierno socialdemócrata.

 

USA peor

En un discurso de 7 mil palabras Barack Obama no logró hallar las apropiadas para el diagnóstico y tratamiento de la economía estadounidense en su informe anual sobre el Estado de la Unión. Aparte las promesas y los lastimeros llamados a la unidad de ambos partidos, el presidente estadounidense se limitó a anunciar recortes de gastos y otras medidas para detener el fabuloso déficit fiscal estimado en 2,6 billones (millones de millones) de dólares para este año, casi un 10% del PBI (casualmente el índice de España). La promesa para crear los puestos de trabajo -que no cesan de caer, incluso con el repunte económico registrado el año pasado- consiste en dar créditos a pequeñas empresas. La utopía del capitalismo retrasado, ahora como teoría del imperio. The Washington Post sentenció: “La realidad, y Obama lo sabe, es que el país se dirige hacia un catástrofe fiscal a menos que haga cosas que no son populares políticamente: terminar con los recortes fiscales de Bush, incluyendo los de la clase media, reducir los beneficios de los futuros jubilados, exceptuando los de los pobres y de los inválidos, controlar el costo del sistema de salud y limitar las deducciones que se pueden hacer a los impuestos a los ingresos”. El gran diario propone este futuro luminoso para evitar “la catástrofe”.
Obama no aludió a los inexorables efectos que sufriría la economía estadounidense “si España cae” y llega “la ruptura del euro”. Tampoco aludió a los signos preocupantes de la banca china por el exceso de crédito sin calce fronteras adentro. Pero aquí la prudencia de Obama se entiende: Washington debe a Beijing unos 3 billones de dólares.

 

América Latina

Frente a este panorama, el último recurso de la pseudoteoría económica es aferrarse a la idea de que, sí, todo aquello anda muy mal, pero los denominados “países emergentes” están desacoplados y, más aún, constituyen la salvación del capitalismo mundial. A la vanguardia de este dislate están los políticos e intelectuales reformistas, azuzados por aquellos que saben, pero necesitan que esta ilusión gane espacio. Habrá que dar también esta batalla de ideas. Mientras tanto, corresponde redoblar esfuerzos por lograr un escudo de protección ante la debacle capitalista, incentivando bloques monetarios autónomos y avanzando a todos los niveles en la convergencia suramericana, que con la formación de la Celac (Comunidad de Estados latinoamericanos y caribeños), prevista para julio próximo en Caracas, alcanzará una nueva y más elevada plataforma. Para minar esa posible gran base objetivamente enfrentada con el imperialismo, entre otros propósitos, viajó al Sur recientemente el subsecretario de la cancillería estadounidense, Arturo Valenzuela. No logró lo que buscaba en Buenos Aires. Aunque tal vez alentado por la idea de un mundo regido por los “emergentes”, el canciller argentino Héctor Timerman lo despidió diciendo que “Argentina acepta un tratado de libre comercio, pero si Estados Unidos lo firma con el bloque del Mercosur, como el que estamos negociando con la Unión Europea”. Sepultado en Mar del Plata en 2005, el Alca no podrá renacer. Falta enterrar la idea de que el capitalismo ofrece un futuro a la humanidad.
(Ver el discurso de Obama el 24 de enero y la Memoria y cuenta de Hugo Chávez nueve días antes, en esta misma edición y en www.americaxxi.com.ve)

Qué depara 2011

PorLBenAXXI

 

Suramérica culmina la década como quien completa la primera jornada de ascenso al Aconcagua; o al Chimborazo: todo el ímpetu, alguna magulladura, la mirada en lo alto y la sangre latiendo fuerte por la empresa grandiosa.
A la inversa, Estados Unidos va camino abajo, herido de muerte en su corazón económico. No está mal hallado el título de la reunión conspirativa realizada el 17 de noviembre en Washington, en la sede del Congreso: “Peligro en los Andes” (ver pág. 20). Sí. Hay peligro allí para ellos. Es el lugar donde sufrirá su última derrota el imperialismo estadounidense, como 186 años atrás le ocurrió al imperio español en Ayacucho. Ya lo adelantaron hace medio siglo los revolucionarios cubanos, acompañados por iguales en todo el continente, al señalar la cordillera como “la Sierra Maestra de América Latina”. No está mal pensado el título de ese cónclave, ni el lugar donde se llevó a cabo. Es bueno saber a qué atenerse y que cada quien muestre su rostro: el Capitolio como antro de terroristas, estafadores, diputados ignorantes sin representación, oscuros escribas del amo asustado.
¿Cómo harán los demócratas sinceros del hemisferio para justificar semejante aquelarre? Por lo pronto, no hablan del asunto. Pero debieran hacerlo. Porque el derrumbe conceptual, moral y político de la democracia capitalista puede arrastrar la idea misma de democracia, como muestra el espacio ganado por los nazis contemporáneos del Tea Party.
En sustancia, eso es lo que depara 2011: un inmenso desafío ideológico, político y, eventualmente, si no se actúa con inteligencia y celeridad, militar. Incapacitado de remontar la crisis que carcome su estructura, el capitalismo se lanza por el camino de la derechización y la violencia. Ése es el significado del pedido de Barack Obama para aumentar en 522 mil millones de dólares el presupuesto militar de Estados Unidos. En 2011 el gasto militar será de unos 708 mil millones de dólares; el más alto de la historia. La provocación en Corea, las bases en Colombia, el despliegue en Costa Rica, están allí para señalar el destino de esos fondos. Al mismo tiempo se congelan por tres años los gastos en programas de educación, nutrición, energía y transporte.

 

Incendio

Europa no está mejor. Por estas horas tambalea España, detrás de Irlanda y Portugal, los últimos dos focos del incendio financiero. Del estancamiento la UE pasa nuevamente a la recesión, y esfuma las expectativas de recuperación en Estados Unidos. Importa sobre todo que los recursos empleados para postergar una vez más la cadena de quiebras bancarias, el colapso del euro y la desarticulación de la UE, operan como combustible sobre el incipiente incendio social en el viejo continente. Allí también se gesta una crisis política de magnitud.
Será interesante escuchar al último Borbón en la cumbre Iberoamericana que tendrá lugar en Mar del Plata (sí, allí donde en 2005 fue enterrado el Alca) apenas esta edición salga de imprenta. En ese cónclave los políticos socialdemócratas de América Latina no tendrán ya la posibilidad de volver a esgrimir a Irlanda y España como modelo de éxito. Si Madrid y Lisboa no hablan del futuro y un número de admiradores de sus antiguas propuestas en estas latitudes deciden callar ¿de qué habrá servido esta enésima cumbre? ¿Acaso puede esperarse mejor resultado que el fiasco del G-20 en Seúl?
No. Su utilidad será ratificar la necesidad de concentrarse en Unasur, rescatar Mercosur, extender y fortalecer el Alba. El Norte no tiene nada positivo para proponerle al Sur. Y este hemisferio habrá de tomar debida cuenta de la realidad económica mundial, desechando el espejismo de una sustentabilidad estratégica basada en altos precios de materias primas. Entre otras muchas razones, porque una parte sustancial de esos aumentos expresa otra fuga irracional del sistema acorralado: imposibilitados de refugiarse en monedas confiables, exprimida la posibilidad de correr al oro, inmensas masas de capital excedente buscan resguardo comprando materias primas a futuro, a precios tan demenciales como la lógica que les da existencia. Esa burbuja también explotará.
Se trata de la crisis estructural de un sistema agónico. Buscar caminos intermedios lleva a ninguna parte. Vacío ideológico, vacilación política, llevan al abismo.
Gobierno y Congreso estadounidenses, asumidos como derecha reaccionaria, entienden que el “Peligro en los Andes” es el socialismo, enarbolado ya como bandera por los gobiernos del Alba y una franja creciente de los pueblos del hemisferio. Vale escuchar la respuesta de Hugo Chávez: “¿a partir de enero habrá en Estados Unidos un Congreso de extrema derecha? Bueno, el Parlamento venezolano a partir del 5 de enero debe ser de extrema izquierda (…) necesitamos un gobierno mucho más radicalmente a la izquierda, una fuerza armada mucho más radicalmente revolucionaria, junto al pueblo (…) No debe haber cabida en nuestras filas civiles, militares, para las medias tintas. ¡No. Una sola línea: radicalizar la revolución!”.
Evo Morales no fue menos contundente (ver pág. 22): “estoy convencido: de la rebelión a la revolución; de la revolución a la descolonización”.
Este debate de ideas, este combate político, depara 2011. Precisar conceptos, afirmar estrategias, fortalecer organizaciones, frente a un enemigo poderoso, cruel, pero debilitado y obligado a enfrentar a la humanidad. El Ande está allí.