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Pioneros y líderes de la globalización

porLBenLMD

 

De Daniel Yergin y Joseph Stanislaw

Editorial: Javier Vergara Editor-Grupo Zeta
Cantidad de páginas: 650
Lugar de publicación: Buenos Aires
Fecha de publicación: Enero de 1999

 

“Las alturas del poder”, título original de esta obra, alude al enfoque y el plan de los autores. Profesores de Cambridge y alineados sin rodeos con la corriente de pensamiento económico denominada neoliberalismo, Yergin y Stanislaw atribuyen a Lenin esa expresión, en el contexto de la Nueva Política Económica que un lustro después de la revolución abrió espacios al funcionamiento del mercado en el marco de la planificación central. “El Estado debía seguir controlando ´las alturas del poder´ económico, es decir, los elementos más importantes de la economía”, dicen en la introducción.

A partir de allí, los autores emprenden un recorrido destinado a mostrar cómo la crisis de los años 20 y 30 del siglo pasado trasladó esta noción a Occidente y la impuso en el período de postguerra mediante lo que luego sería conocido como Estado de bienestar. Con fluido conocimiento de hechos y personajes -y una composición y escritura más emparentadas con el periodismo que con los tratados económicos- Yergin y Stanislaw muestran cómo aquellas “alturas” fueron pasando en los países industrializados a manos de los Estados, ya sea mediante empresas públicas o métodos de regulación. Un capítulo expone ese fenómeno en el tercer mundo.

Una vez descripto el panorama de una economía mundial dominada por los conceptos keynesianos, el siguiente paso es mostrar “el giro en U” de partidos y teóricos, que comenzaría a insinuarse a partir de mediados de los años 70 y daría lugar a la denominada “revolución conservadora” con la llegada de Margaret Thatcher al gobierno británico, en 1979. Los autores recorrerán la extensión de las nuevas políticas a través de Europa, Estados Unidos, América Latina, Africa, Rusia, China e India hasta recalar en los tigres asiáticos. Una abundante bibliografía remite en cada capítulo a las fuentes de información, que los autores no utilizan a la manera académica, con lo cual el texto se hace más accesible para lectores no especializados.

Incorporados los datos más recientes de la evolución económica mundial, el libro plantea explícitamente la incógnita hoy en debate: ¿volverán “las alturas del poder” a manos del Estado? Yergin y Stanislaw señalan zonas de riesgo y advierten que “la mayor amenaza al nuevo consenso y a la confianza en que el mismo se basa podría surgir de una ruptura masiva del sistema financiero internacional”.

Tras haber observado desde lo alto el movimiento global de la economía a lo largo del siglo -y esto constituye el principal mérito del libro- previsiblemente el lector quedará también abismado en las dudas de los autores.

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Democracia y sistema de mercado

porLBenLMD

 

De Charles E

Editorial: Fondo de Cultura Económica
Cantidad de páginas: 500
Lugar de publicación: México
Fecha de publicación: Enero de 1999

 

Lindblom, profesor de economía y ciencias políticas de Yale, hace un esfuerzo riguroso por hallar fundamentos científicos para el accionar político.

Descartada por definición toda viabilidad práctica para erradicar las iniquidades sociales mediante cualquier forma de revolución, el autor propugna y desarrolla con criterio sistemático el incrementalismo. “¿Necesitamos entonces cambios drásticos? Ciertamente sí. Sin embargo, teniendo en cuenta las estructuras políticas de las supuestas democracias, hay pocas esperanzas de lograrlo, excepto a través de largas secuencias de cambios incrementales”. Los otros dos ejes temáticos son el sustento real del pluralismo político y la integración de las ciencias sociales, específicamente de la economía con la política. En otro orden, el autor retorna a un debate olvidado: originalmente, el estudio científico de los fenómenos económicos era inseparable de la política; la disciplina nació como economía política. Pero a poco andar sobrevendría la fractura. Ya en 1820 uno de los padres de la ciencia económica, David Ricardo, le recriminaba a Thomas Robert Malthus: “Usted supone que la economía política es la investigación de la naturaleza y las causas de la riqueza y yo estimo que debería llamarse investigación de las leyes que determinan el reparto de la industria entre las clases que concurren a su formación”. Venció la óptica del ocasional corresponsal de Ricardo. A fines del siglo XIX el concepto fue alterado y, durante el siglo XX, la ciencia se transformó en “técnica”. Refiriéndose a las inconsecuencias en sus ensayos -que él mismo adelanta- dice el autor: “Las Universidades y disciplinas me presionaron y yo cedí (…) la verdad es que, aunque no se presionó a algunos científicos sociales, sí se impusieron limitaciones a muchos otros, entre los cuales me contaba yo.”; y tras narrar sus primeras experiencias difíciles reconoce: “aprendí la lección y decidí tener más cuidado en lo referente a mis propósitos académicos”.

Culminada su carrera, reconocido como uno de los más sólidos teóricos del capitalismo y tras una devastadora crítica a la ciencia política a la que denomina “predominante”, Lindblom puede afirmar : “dije y ahora repito, que avergüenzan las deficiencias de la teoría convencional, y que (ésta) necesita pedir ayuda al pensamiento radical”.

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Conversaciones con Marx y Engels

porLBenLMD

 

De Hans Magnus Enzensberger

Editorial: Anagrama
Cantidad de páginas: 586
Lugar de publicación: Barcelona. Primera edición, 1973. Primera edición en castellano, 1974. Seguna edición en castellano,1999
Fecha de publicación: Enero de 2000

 

Conversaciones no es un título adecuado a la obra y puede dar una idea errónea respecto de su contenido al lector potencial. No hay asomo del recurso consistente en montar diálogos en los cuales el interlocutor elegido habla a través de sus textos, pero de acuerdo con el criterio del autor. Aquí el montaje es de otro tipo. Es una suma de cartas, apuntes, documentos, declaraciones y memorias -en la que no faltan jugosos informes policiales- que incluyen anécdotas, juicios personales o posiciones sostenidas respecto de los fundadores del socialismo científico.

Organizados por orden cronológico (entre 1823 y 1895) y con la única condición de que sus autores hubieran tratado personalmente a Marx y Engels, estos documentos incluyen por tanto la opinión de amigos y enemigos. Enzensberger ha realizado una laboriosa búsqueda y el resultado es un ensamble en el que, a través de los puntos de vista más diversos y con materiales igualmente heterogéneos -que van desde cartas familiares hasta iracundas diatribas por la organización de la Liga de los Comunistas o la Asociación Obrera Internacional- se van revelando rasgos personales, ambiciones científicas, pasiones y posiciones políticas de ambos amigos.

En medio de los grandes debates teóricos y las luchas sociales que conmovieron a la Europa del siglo XIX, aparecen entremezcladas peleas organizativas -a menudo increíblemente mezquinas- en las cuales los adversarios de Marx y Engels no ahorran calificativos para su condena.

No falta ninguno de los nombres relevantes que intervinieron en el combate filosófico y político. Y al recorrer sus controversias puede sorprender cuán poco han variado en un siglo y medio los temas -y las posiciones adoptadas ante ellos- que entonces debatían Marx y Engels con sus opositores reformistas, anarquistas o ultraizquierdistas.

Al final del libro Enzensberger incluyó un imperdible Indice de injurias y elogios, en el cual por orden alfabético extractó las opiniones de Marx y Engels sobre casi todos los que en las páginas anteriores han opinado sobre ellos.

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La riqueza y la pobreza de las naciones

porLBenLMD

 

De David S. Landes

Editorial: Javier Vergara Editor-Grupo Zeta
Cantidad de páginas: 815
Lugar de publicación: Barcelona
Fecha de publicación: Enero de 1999

 

Profesor de historia y economía en Harvard y otras Universidades, Landes preparó este libro ideológicamente inspirado, como su título lo indica, en la obra fundacional de la economía política, La riqueza de las naciones, de Adam Smith, en los años de apogeo del “neoliberalismo”. Pero su aparición coincide con el precoz y ruidoso desplome de esta funcional postura teórica en el terreno de la economía, que sume en la perplejidad a buena parte de sus cultores. “La meta que me he fijado (…) es hacer una historia del mundo”, adelanta el autor. No hay correspondencia entre tan ambicioso objetivo y el saldo a la vista. Tampoco una respuesta inequívoca a las cuestiones: ¿por qué unas naciones son pobres y otras ricas? ¿por qué China, pionera en los grandes descubrimientos científicos y realizaciones político-económicas, cedió su lugar a Europa y fue relegada al atraso y la dependencia?.

Irrita a menudo, en un profesor de las más afamadas universidades del mundo, la ausencia de criterio y método científicos para respaldar conclusiones sobre temas cruciales; alarma el empleo hoy a la moda de tratar la historia con recursos de cierto periodismo estadounidense (impuestos por su editor en inglés, según aclara el propio autor) y pueden provocar más que rechazo explicaciones respecto de la diferente suerte entre las Américas del Norte y el Sur.

Pero el intento de ofrecer una visión global y unitaria de la historia económica mundial y la indiscutible erudición del autor valorizan estas páginas y las hacen tanto más útiles cuanto más evidente resulta la inconsistencia de sus tesis a la hora de concluir esta “historia del mundo” con respuestas para la acuciosa pregunta: ¿Hacia dónde vamos?

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Los usos de Gramsci

porLBenLMD

 

De Juan Carlos Portantiero

Editorial: Grijalbo
Cantidad de páginas: 214
Lugar de publicación: Buenos Aires
Fecha de publicación: Enero de 1999

 

Cristo no puede ser responsabilizado por interpretaciones y conductas de ciertos cristianos. Marx no debiera ser juzgado a la luz de determinados marxistas. Lo mismo vale, salvando las distancias, para Antonio Gramsci, un comunista italiano de pensamiento vigoroso y trágica historia individual, injustamente valorado a partir de interpretaciones arbitrarias y carentes de rigor histórico y metodológico. El título de este libro es, por tanto, un acierto mayor.

Los usos de Gramsci está conformado por la suma de cuatro textos redactados en diferentes períodos: “Estado y crisis en el debate de entreguerras” (1981); “Los usos de Gramsci” (1975); “Gramsci y la crisis cultural del Novecientos” (1997); “Gramsci y el análisis de coyuntura” (1971).

En el trabajo que da nombre al volumen el autor expone acerca de lo que señala como “los “temas” de Gramsci”. Estos “aparecerán en el momento de la ofensiva política, en el del reflujo revolucionario y del ascenso del fascismo y se condensarán finalmente en los bosquejos agrupados en los cuadernos de la cárcel”. Para exponer estos “temas de Gramsci” el autor recurre a Lenin como contrafigura. El revolucionario italiano emerge de estas páginas como polo opuesto al corpus teórico del líder de la Revolución Rusa.

En los años ´70 ésta fue una noción difundida y aceptada en amplios círculos intelectuales y políticos. Por diferentes razones, era funcional a quienes con diversas orientaciones se apartaban del stalinismo, a quienes se aproximaban al peronismo montonero, e incluso a un flanco de la Unión Cívica Radical con el cual convergerían, en la década siguiente, intelectuales provenientes de las otras dos vertientes. Un fenómeno análogo se verificaba en buena parte del planeta, especialmente en Europa.

El debate teórico y político está lejos de haberse agotado. Pero en dos décadas ha habido numerosas contribuciones que esta reedición, a pesar de corregida y aumentada, no registra. La más importante -insoslayable para quien se interese en la polémica- es la que en 1977 publicó un marxista inglés, Perry Anderson, tituladaLas antinomias de Gramsci. Con riguroso tratamiento de los hechos y demoledora consistencia argumental, el por entonces director de New Left Review rescató el pensamiento de Gramsci, subrayó su potencia, expuso con respetuosa admiración sus flaquezas y enfrentó aquella noción a la moda.

Un cuarto de siglo después, polemizar acerca del lugar y el papel de Gramsci en la teoría y la práctica continúa siendo estimulante y, sin duda, educativo para quienquiera se preocupe por el rumbo en el que marcha el mundo.

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Rusia bajo los escombros

porLBenLMD

 

De Alexandr Solzhenitsyn

Editorial :Fondo de Cultura Económica
Cantidad de páginas: 200
Lugar de publicación: Buenos Aires
Fecha de publicación: Enero de 1999

 

Esta obra es mucho más que una descripción inteligente. Es ante todo el alarido desgarrado -desgarrador- de un gran escritor. Y un ensayo que, en exacta reproducción del medio que lo alimenta, combina genialidad y ceguera, grandeza y miseria, coraje y cobardía, determinación y pusilanimidad, en proporciones que perturban al lector.

No conviene confundirse: Alexandr Solzhenitsyn, premio Nobel de literatura, autor de libros imprescindibles para entender aspectos fundamentales de la ex Unión Soviética, continúa aferrado al misticismo, y lejos de cambiar su postura filosófica ante el pasado reciente de su país, avanza aún más por el camino del anticomunismo y la religiosidad como única respuesta.

El libro no es un ensayo riguroso con valor científico para explicar el colapso y la actualidad rusas. El escritor se impone al pensador; la percepción supera por lejos a la reflexión; y la búsqueda sincera y apasionada de un hombre insobornable produce destellos de genial intelección sobre la realidad rusa que ningún estudioso podrá desconocer.

Tras una gira por todo el país, durante cuatro años, el autor comienza su obra con un recurso tomado del periodismo: reproduce las frases que más lo impactaron durante sus conferencias y encuentros con el pueblo.

Estos registros terminan a fines de 1997; en agosto de 1998 Rusia se declaró insolvente, lo cual si para el mundo exponía la imposibilidad de completar la transición al capitalismo, para sus habitantes decuplicó las penurias. Pero ya en 1995, dice Solzhenitsyn, «viajé por la región del Volga (…) En mis reuniones, cada vez que alguien elogiaba el pasado (comunista), lo aplaudían unos dos tercios del auditorio. Cuando yo objetaba que los presentes, siquiera por su edad, no conocían los horrores del pasado, la sala se llenaba de murmullos de protesta».

Como se ve, a menudo importa más la honestidad intelectual. Esa misma actitud lleva al autor a conclusiones que en los teóricos provocan los más encendidos debates: «saltamos -nos arrojaron- no al Mercado sino a la Ideología de Mercado (sin que éste existiera)», dice Solzhenitsyn desde su defensa de una sociedad medieval.

Imperdible resulta la descripción de los múltiples efectos del stalinismo (Solzhenitsyn lo denomina, sin ingenuidad, comunismo) en la conciencia de las masas rusas.

No faltan propuestas en el texto; y no carece de interés leerlas, para comprobar hasta qué punto de desorientación e incoherencia puede llegar una inteligencia sobresaliente cuando no tiene en qué apoyarse. Pero son estas preguntas, desmesuradas en su patetismo, las que mejor definen a Rusia bajo los escombros.

A la fuerza original del texto, la acompaña una traducción que merece el mayor encomio, porque ha vertido al gran escritor en un castellano a su altura.

Al leer este fruto paradójico de un espíritu genial extraviado en mundos metafísicos y encarnado en posiciones ultra reaccionarias, vienen a la memoria las palabras con que Hegel señaló que el hombre libre no le teme a la grandeza y se congratula de que lo grande exista.

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Cultura e imperialismo

porLBenLMD

 

De Edward W. Said

Editorial: Anagrama
Cantidad de páginas: 542
Lugar de publicación: Barcelona
Fecha de publicación: Enero de 1996

 

No es un mérito desdeñable, en un libro publicado originalmente en 1993, presentarse con una palabra por entonces extinguida en los círculos intelectuales: imperialismo. Menos aún si se propone exponer la vinculación entre éste y la cultura, no como descubrimiento arqueológico de un pasado remoto, sino como actualidad de decisiva gravitación en materia de arte, literatura, periodismo y acción política.

Ese es el cometido de Edward Said, de origen palestino, profesor de literatura comparada en la Universidad de Columbia, políglota, miembro del Consejo Nacional Palestino entre 1997 y 1991.

Buena parte de las más de 500 páginas que componen este abigarrado texto producirán placer a quien espere de un autor erudición, originalidad, penetración y valentía. Said adelanta que su método «consiste en trabajar lo más posible sobre obras individuales, leyéndolas primero como grandiosos productos de la imaginación creadora e interpretativa, y luego mostrándolas dentro de la relación entre cultura e imperio».

Entre las muchas obras sobre las que aplica su escalpelo, sobresale el tratamiento de El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, y de la ópera Aída de Giuseppe Verdi. Sin disimular su admiración por éstas y otras expresiones de la cultura occidental, Saíd las ilumina desde un ángulo que habitualmente escapa incluso a miradas calificadas: su condición no sólo de «productos» de una ideología imperialista, sino y sobre todo por su carácter de «instrumento» para que ésta se consolide y perpetúe. El autor llega a sugerir que la novela como género es un fruto histórico de la expansión imperial y puede percibirse la insinuación de que aquélla acabará con ésta. Pero este punto no será retomado a lo largo del extenso ensayo, excepto cuando hacia el final ataca con agudeza y determinación el papel del periodismo en relación con el tratamiento de las culturas no occidentales, y específicamente la guerra contra Irak en 1991.

Said aclara: «Usaré el término imperialismo como definición de la práctica, la teoría y las actitudes de un centro metropolitano dominante que rige un territorio distante». Hay demasiado espacio para la ambigüedad y la imprecisión en esta fórmula. Y por allí se abren grietas que debilitan la ambiciosa arquitectura propuesta por el autor. Aun compartiendo las esperanzas universalistas de Said resulta difícil obviar la enorme distancia existente entre su descripción del conflicto y la fragilidad de su propuesta.

Acaso por la misma causa, el libro adolece en algunos de sus capítulos de lo mismo que condena: atacar la cosmovisión imperialista desde un nacionalismo estrecho.

Desde luego es comprensible que en el momento en que escribió Cultura e imperialismo Saíd haya sido empujado a respaldarse sobre todo en la clásica posición «tercerista». Pero el precio de tal recurso es alto, aunque el autor no escatima compromiso tanto para exponer la condición última de ciertos nacionalismos árabes como la conducta de intelectuales occidentales acomodaticios.

El libro de Saíd no merecía una traducción deficiente hasta la exasperación y una edición que no ahorra innumerables errores tipográficos, palabras perdidas y hasta errores de ortografía que no ennoblecen a la industria editorial española.

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Fascismo y comunismo

porLBenLMD

 

De François Furet y Ernst Nolte

Editorial: Fondo de Cultura Económica
Cantidad de páginas: 140
Lugar de publicación: Buenos Aires
Fecha de publicación: Enero de 1999

 

Cabe ponerse en guardia si dos personas cultas se enzarzan en un debate absurdo. Tanto más si apelan a argumentos de ostensible liviandad. Es el caso del intercambio entre el historiador francés François Furet y su colega alemán Ernst Nolte, recogido en forma de libro .

Se trata de nueve cartas cruzadas a lo largo de 1996 y publicadas en 1998 en la revista francesa Commentaire, donde, en apariencia, se debate respecto del tema ¿tiene o no el antijudaísmo nazi un núcleo racional?, Nolte dice que sí (y para ello ha escrito Der faschismus im seiner Epoche, una obra en 3 volúmenes); Furet lo niega, pero está de acuerdo con todo lo sustancial del andamiaje sobre el cual su admirado colega arriba a tal conclusión. Nolte es discípulo de Heidegger y considera perfectamente justificable la adhesión de su maestro al nazismo. Expone así su propia contribución: «el núcleo racional del antijudaísmo nazi consiste en la realidad fáctica del gran papel representado por cierta cantidad de personalidades de origen judío -y manifiestamente en virtud de las tradiciones universalistas y mesiánicas propias del judaísmo histórico- en el seno del movimiento comunista y socialista».

El autor se apresura a aclarar que «por cierto, el nazismo no fue solamente una reacción contra el bolchevismo sino una reacción excesiva, y por regla general, el exceso en aquello que al comienzo es justificado conduce a lo injustificable». Furet responde, encantado, que tal explicación «reduce, sin suprimirlo, el espacio de nuestro desacuerdo». El lector que llegue hasta la última página de este curioso debate, sentirá cierta perplejidad a la hora de definir cuál es ese espacio. Impacta la noción expuesta por Nolte para sostener que no es antisemita: «¿no se cae de maduro que un historiador cuya investigación tiene por objeto el antisemitismo no debe ser antisemita, del mismo modo que no debe ser revolucionario el que se ocupa de las revoluciones americana, inglesa o francesa?».

Si se puede escribir -y publicar, y traducir, y difundir a amplia escala- semejante criterio de verdad, más que malestar en la cultura puede admitirse que, en efecto, algo se cae por madurez en exceso.

Furet no se inmuta. Está ocupado en justificar su pecado de juventud: «A través de la idea comunista, un joven francés de mi generación, que había crecido en la guerra sin haberla hecho, podía nutrir la ilusión de coronar su sentido democrático al tiempo que trabajaba para un renacimiento nacional. Ése fue mi caso».

No se hallará una línea respecto del cuadro socioeconómico sobre el cual prosperó el movimiento nazi. Nada referido a la economía mundial de entonces. Ni acerca del papel de los grandes grupos empresarios alemanes. El centro, claro, son los judíos.

Con todo, hay un núcleo racional en este intercambio epistolar: en su común conservadurismo ultramontano Nolte y Furet registran una convergencia entre el pensamiento académico neonazi y un ala de la intelectualidad europea de vagaroso progresismo humanista. La actitud frente a la guerra contra Yugoslavia atestiguaría luego esa aproximación. En ese sentido, el anacrónico recurso de igualar comunismo y fascismo recupera actualidad y habla a las claras sobre quienes lo esgrimen.

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Noticias secretas de América

porLBenLMD

 

De Eduardo Belgrano Rawson

Editorial: Planeta
Cantidad de páginas: 450
Lugar de publicación: Buenos Aires
Fecha de publicación: Enero de 1998

 

Un texto literario es, ante todo, la impresión inmediata que provoca en quien se sumerge en él. Noticias Secretas de América no atrapa en esa primera instancia. No por acaso los editores han creído necesario aclarar, en la tapa y bajo el título, que se trata de una novela.

Si este obstáculo inicial no la relega al sector de la biblioteca que todo lector destina a los libros postergados, las reticencias serán vencidas, al cabo de unas cuantas páginas, por una fuerza paradojal: en la misma causa que provoca rechazo estriba la potencia de esta novela notable. Eduardo Belgrano Rawson habla de nuestra historia. Es decir, de nosotros. Pero con noticias diferentes.

Por eso choca: nos habla de un pasado oculto y en un lenguaje que salta de la altura poética a la más cruda procacidad vulgar, sin mediaciones. Del mismo modo que pasa de datos conocidos y comprobables a informaciones que desconciertan al lector: ¿estará contándonos un hecho real, descubierto por la evidente labor de investigación sobre la que reposan sus páginas? ¿O acaso ese dato crucial, aquella expresión rotunda, es obra del novelista? Incluso los profesionales de la materia dudan ante el minucioso trabajo del autor.

Para colmo, Belgrano Rawson no tiene el anclaje de Andrés Rivera, que en La Revolución es un Sueño Eterno y otras obras, recrea la historia desde un presente definido; educa y conmueve, deja el espacio obvio de la novela histórica entre ficción y realidad, pero traduce -con la fuerza que sólo la buena literatura puede alcanzar- certezas elementales.

Rawson expone en cambio simple y brutalmente hechos de cuya veracidad no habrá certidumbre, que ponen al actor -es decir, al lector- ante un panorama al que deberá darle significación y direccionalidad: ¿es ésta la argamasa sobre la que andan mis pasos? ¿de qué materiales está hecha?

En sus 450 páginas el libro se limita a lo que propone su título: informarnos. Pero desde la literatura. Es decir, desde la belleza y la ambigüedad. Excepto en su última parte, donde «el Indio» -José de San Martín- derrota al autor y le obliga a exponer su difusa visión de nuestra historia. El autor resiste la embestida, sin embargo, y no abandona su condición de novelista.

A menudo un detalle permite intuir esencias: entre los innumerables nombres a los que Belgrano Rawson ofrece su reconocimiento, figura el de Monteiro Lobato. Tal vez hay algo del entrañable e injustamente olvidado autor brasileño en esta forma de tomarse libertades extremas respecto de la realidad, para alcanzar la substancia. Como quiera que sea, Noticias Secretas de América es un libro gratificante. Y en esta Argentina sin rumbo de fin de siglo, sin duda necesario. Para jóvenes dispuestos a dejarse cautivar por nuestra historia bien narrada. Y para adultos a quienes el autor les concede la posibilidad de digerirla con una carcajada.