Revolución, teoría e ideología

PorLBenAXXI

¿Qué ideas regirán el mundo de los próximos años? Medio siglo atrás, cuando leudaban las grandes movilizaciones obrero-estudiantiles con epicentro en Francia, México y Argentina –con Vietnam como símbolo de resistencia antimperialista– algunas voces aisladas comenzaron a insistir en una noción a contramano de aquel formidable auge social: confusión y fragilidad teórica primaban en el sustento ideológico de quienes protagonizaban aquellas batallas desde posiciones dirigentes.
No era evidente. No fue motivo de preocupación dominante. En América Latina pretender revalidar la teoría –es decir, afilar las armas conceptuales con aval científico– podía ser confundido con indecisión para la acción. Europa aceleraba por su propio camino: fuga hacia abstracciones con formulaciones impenetrables, de un reformismo dominante durante el medio siglo anterior, o de un dogmatismo ampuloso y vacío.
Hubo excepciones, desde luego. Notorias o apenas visibles. Hoy casi nadie las recuerda o reivindica. Eso basta para deducir su gravitación política.
Después vino el gran cataclismo, inesperado para el grueso de las vanguardias de entonces: la Unión Soviética se disolvió en el aire. Y fue el sálvese quien pueda. El idealismo, la metafísica, se impusieron al materialismo y la dialéctica. Se adueñaron de casi todos los espacios.
Aquellos países de vanguardia de los 1960 (Francia, México, Argentina) marchan hoy avergonzados a la retaguardia. Vietnam y Cuba ya no son reconocidos con la misma unanimidad. Si antes la retórica y el dogmatismo debilitaban el corpus teórico amasado en siglos de luchas sociales, después el pragmatismo sin ancla ni amarras vendría a completar la tarea de demolición. Como opuesto simétrico reapareció un izquierdismo desenfrenado, más aun que aquél denominado por Lenin como enfermedad infantil del comunismo.
Pero la lucha de clases no cesa por ausencia de comprensión teórica. Al contrario: se complejiza más y exige un esfuerzo mayor de estudio y elaboración para recuperar un curso racional. Mientras tanto, el retroceso ideológico señorea.
El papel de Venezuela
Desde hace años explico el fenómeno de la Revolución Bolivariana por un factor ausente en otros países políticamente más avanzados durante el siglo XX: Hugo Chávez tuvo un punto donde clavar los talones para detener la descontrolada marcha atrás: Simón Bolívar, su acción y su ideario (Venezuela en Revolución, Capital Intelectual, 2008).
Era volver muy atrás. A otra realidad socioeconómica mundial. A otro basamento ideológico. Pero bastó tener ese punto de apoyo para hacer posible la retomada de la marcha histórica.
En la historia Chávez ocupará ese lugar de privilegio: detuvo el retroceso y reinició un impetuoso avance que cambió los parámetros políticos de la región e impactó en todo el mundo. Su búsqueda lo llevó a replantear el antimperialismo y concluir en la insoslayable necesidad de abolir el capitalismo. Resignificó e hizo palpable el internacionalismo. En suma, el comandante Chávez sentó nuevas y sólidas bases para que los pueblos del mundo den la gran batalla que tienen por delante ahora, cuando el capitalismo sufre su crisis más grave; su irreversible agonía y el consecuente riesgo de aniquilación para la humanidad.
Pero esa magna tarea está inconclusa. Los gobiernos del Alba, la dirección revolucionaria político-militar de Venezuela, cargan la responsabilidad de hacerla avanzar y producir un salto cualitativo.
Porque la racionalidad teórica es condición necesaria para dar continuidad a la lucha revolucionaria. Se puede conocer la teoría y no ser revolucionario. Se puede ser revolucionario y no conocer la teoría. Pero sin conocer el mecanismo económico y social del sistema a abatir, sin la teoría científica de la lucha de clases, no se puede ser victorioso en una revolución socialista.
Socialdemocracia y socialcristianismo están aunados en una batalla mortal contra la revolución y, como arma mayor, cuentan con su capacidad para confundir ideológicamente no sólo a las grandes masas, sino a franjas significativas de la vanguardia, precisamente mediante la manipulación ideológica y la tergiversación teórica. El idealismo filosófico es una daga mortal apuntada al corazón de los esfuerzos revolucionarios. Como complemento perfecto, el desconocimiento teórico, por ejemplo, de la gravitación omnipresente de la teoría del valor, es un potente veneno para obnubilar la conciencia.
Venezuela ha llegado a un punto donde la transición demanda sin atenuantes un instrumental teórico adecuado, cuyas columnas están en el legado marxista: leyes del sistema capitalista; papel de las clases; Estado; Partido; planificación… En diferente grado y en cuadros diferentes, ocurre lo mismo en los restantes países del Alba. La victoria en la cumbre de las Américas agudiza esa necesidad y la hace más perentoria. No hay tiempo para perder. Como queda dicho, Washington retrocede para afirmarse y saltar.
Deberían florecer revistas teóricas en el hemisferio y apelar a contribuciones de los cinco continentes. Estudio profundo, elaboración a partir de la realidad concreta, debate franco. Y asunción hasta las últimas consecuencias de que la Revolución es una cosa seria. Que demanda de modo inapelable la exclusión de hablistas, irresponsables y exhibicionistas, tan abundantes hoy en la crítica a la Revolución Bolivariana y sus dirigentes.
Las ideas que regirán el mundo de los próximos años provendrán del resultado de una batalla decisiva entre la irracionalidad destructiva del capitalismo decrépito y la racionalidad científica de la Revolución. Y ésta tendrá sus raíces en la asunción latinoamericana del legado histórico e internacional, en pensamiento y acción anticapitalista, frente a la coyuntura actual.

27 de abril de 2015

@BilbaoL

Gobiernos, partidos y militancia ante un desafío crucial

PorLBenAXXI

 

 

Un paso insuficientemente medido por los estrategas del Departamento de Estado reveló aquello que no se ve en la superficie política del continente.

Es incuestionable la inversión de la tendencia convergente que dominó la primera década del siglo XXI. Está fuera de duda la regresión en varios países, particularmente en Brasil y Argentina, los dos mayores de la Unión de Naciones de Suramérica (Unasur). Pero en la Casa Blanca –y no sólo allí– el árbol impidió ver el bosque. El curso de gobiernos y clases dominantes, otra vez hacia la balcanización, ocultó la marcha de millones en sentido contrario.

Con la executive order de Barack Obama América Latina se vio obligada a pensar lo impensable: una invasión yanqui a su territorio. Caracas y las capitales del Alba reaccionaron como cuadra a conducciones políticas conscientes de que una revolución sólo puede enfrentar al imperialismo hasta las últimas instancias, o sucumbir. Mostraron, una vez más, que la rendición no está entre sus opciones. Nicolás Maduro no demoró 10 horas en plantarse ante su pueblo y el mundo para exponer una estrategia de resistencia, que apelaría en caso necesario a la guerra de todo el pueblo.

Puso a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana en alerta de combate y ordenó inmediatos ejercicios de defensa para los cuales convocó a toda Venezuela. Su palabra coronó un día en el que el estado anímico de la nación sufrió una drástica transformación. La totalidad del alto mando militar, el Psuv, los sindicatos, las comunas y restantes organismos de masas, se encolumnaron en defensa de la soberanía y la independencia nacionales, tras la bandera de Revolución Socialista Bolivariana.

Cuando Maduro concluyó su discurso Venezuela no era la misma de 24 horas antes. Los agobios de la guerra económica, la fatiga por largos años de lucha y la permanencia de rémoras de un ordenamiento social superado pero aún perviviente –ineficiencia, desidia, corrupción– se esfumaron ante la evidencia de la agresión inminente y el llamado de Maduro. Hugo Chávez estaba presente esa noche en la conducta de la Dirección Revolucionaria Político Militar y en el sentimiento íntimo de cada ciudadano.

 

Tempo, factor clave de la acción política

No sólo la determinación de la respuesta, sino la rapidez con que llegó, cayeron como rayo en las restantes capitales. Allí donde hasta horas antes se resignaba la perspectiva de la unión por disputas comerciales y captación de plusvalía; allí donde incluso ya se asumía el realineamiento hemisférico a través de la Alianza del Pacífico, se vio la necesidad de reconsiderar la táctica.

A través de sus principales medios de prensa, en la mañana del martes 10 las expresiones más duras del gran capital en cada país mostraron que habían interpretado el mensaje. En aparente contradicción con su furiosa prédica antivenezolana hasta el día anterior, los más augustos órganos de la propaganda burguesa tomaron distancia de la decisión de Obama. Alguno incluso se atrevió a criticarla. En línea con la orden implícita en esos medios, durante los días posteriores se produjo un reacomodamiento general, explicitado en la noche del sábado 14 en Quito. En la sede de Unasur 12 cancilleres del organismo rechazaban por unanimidad la posición de Obama y le exigían derogar el decreto. Doce días después los 33 países de la Celac firmaron un comunicado similar.

Durante la dura jornada en Quito, Delcy Rodríguez presentó la posición de su gobierno. La firmeza de la canciller estaba en consonancia con otra, de naturaleza diferente: en Venezuela la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Fanb) realizaba ejercicios y maniobras militares en todo el territorio nacional, con la participación masiva de hombres y mujeres de toda edad y condición.

 

Otra realidad

Dos fenómenos singulares en la historia latinoamericana se tradujeron en la Declaración de Unasur: la existencia misma de este organismo sin precedentes y una nueva conciencia de masas en cada país, acaso difusa, confusa, inorgánica y sin dirección, pero no por ello menos gravitante.

Esto se despliega además en un nuevo cuadro de situación, determinado por una crisis económica detonada en 2008 en los países centrales pero ya vigente en países que, con mucha premura y poco buen tino, dejaron de llamarse “Tercer Mundo” para soñar con la condición de “emergentes”.

Otro factor nuevo, de inusual peso en la coyuntura desatada por el decreto de Obama, lo marcó la irrupción de los gobiernos de China y Rusia. Por razones diferentes pero confluyentes, Beijing y Moscú se sumaron, del lado de Venezuela y de América Latina, a la crucial prueba de fuerza. La gira regional del canciller ruso Serguéi Lavrov todavía produce escalofríos en políticos de todas latitudes.

En cada capital de Suramérica dominó la certeza de que una guerra de todo el pueblo en Venezuela se expandiría como mancha de aceite a la región. Vieron, con certeza de pesadilla, que los actuales regímenes de democracia capitalista serían incapaces de sostenerse y reaparecería con inédita potencia la perspectiva de respuestas radicalmente revolucionarias.

La degradación de la democracia burguesa en algunos países no encuentra todavía respuestas adecuadas. Pero hay casos en que la nueva tendencia se muestra con nitidez. Basta ver el informe de Paraguay (pág. 20). En este país, tras el derrocamiento con fachada institucional de Fernando Lugo y la realización de elecciones amañadas, la deriva antipopular del nuevo gobierno ha provocado un drástico cambio en el panorama, como puede verse en la recomposición de las fuerzas sociales ya expresándose en el terreno político con inusitado vigor y con propuestas de inequívoca significación: “Que renuncie Cartes y toda su línea sucesoria, y que se instale una Junta Patriótica que pueda transformar profundamente la situación económica, social y política de nuestro país” declara un dirigente campesino ante una potente movilización de masas convocada por un multitudinario frente de organizaciones sociales y partidarias.

Entiéndase bien: “que se instale una Junta Patriótica” avalada por un amplísimo arco de organizaciones sociales para enfrentar a un gobierno puesto y dirigido por el imperialismo, para colmo ahora con intervención de Israel.
Es un lenguaje nuevo, que en la nueva situación mundial y regional prolonga la voluntad revolucionaria puesta de manifiesto mediante rigurosa vía institucional en casos como los de Venezuela, Bolivia y Ecuador.

Esa radicalización ya existe. En condiciones de agresión imperialista tendería a generalizarse. Nadie supone que las masas convencidas por reformas positivas en Brasil, Argentina, Uruguay, Perú o Chile se adecuarán mansamente a soluciones capitalistas salvajes para la crisis que ya golpea en cada puerta. Tanto menos si el recambio para retornar a la sujeción a Washington se desenvolviera al compás de una invasión a Venezuela. Si eso ocurriera, no hay duda de que en su apoyo acudirían los países del Alba. Pero también decenas de millares de hombres y mujeres dispuestos a tomar las armas para defender la Revolución Socialista Bolivariana.

Entre la espada y la pared, los jefes imperialistas y sus socios del Sur llegaron así a una nueva instancia de confrontación involuntaria, precisamente cuando creían estar en el momento de suturar las heridas del período anterior.

 

De aquí en adelante

Sería ingenuo suponer que el imperialismo desechará su estrategia de invasión militar a Venezuela. Allí están, por caso, las maniobras del Comando Sur en Puerto Rico y, menos visible, el aumento de presupuesto para las tropas de la Otan en Malvinas. Esto último nada tiene que ver con una amenaza de recuperación de las islas para la soberanía argentina. Es lamentable que en réplica a Gran Bretaña el ministro de Defensa Agustín Rossi no asociara el fortalecimiento de una base de la Otan en el Sur del continente con la tenaza militar tendida por Estados Unidos contra Venezuela, los países del Alba y los pueblos de la región.

Es impensable una conducta consecuente con la Declaración de la Mitad del Mundo por parte de varios gobiernos que la firmaron. La permanente voluntad de frente único antimperialista nada tiene que ver con la falta de caracterizaciones precisas respecto de tales aliados eventuales.

Panamá será el escenario de esa gran batalla. Obama de un lado y varios mandatarios de otro harán impensables contorsiones para evitar el filo de la espada sin retroceder más hacia la pared. Pero nada allí será concluyente. Habrá que seguir con detalle la conducta de cada uno y, con encomio o condena, exponerla ante la opinión pública latinoamericana y mundial.

La amenaza de invasión seguirá latente. Es preciso prepararse en cada lugar del hemisferio para evitarla y, si esto al cabo no fuera posible, enfrentarla con decisión de victoria. La primera tarea es obtener millones de firmas para la Carta de Maduro al pueblo estadounidense. Se trata de llegar a Panamá con pruebas irrefutables de la voluntad latinoamericana. Mientras tanto, Washington y sus temerosos socios del Sur buscarán que el precio de la paz sea el abandono de la Revolución. Maduro, Raúl Castro, Evo Morales, Daniel Ortega, han sido terminantes al respecto.

Pero desde más de una cancillería se insistirá, pública o soterradamente, en la necesidad de rendición. Ante lo que esa pugna pondrá en tensión en los próximos meses será necesario desestimar la liviandad hablista del infantoizquierdismo, con la misma firmeza que se enfrente la tendencia a la claudicación de franjas reformistas siempre dispuestas a la conciliación.

En medio del agravamiento de la crisis capitalista en los centros imperiales –y ahora también en los resumergidos– los países del Alba, con Venezuela a la vanguardia, juegan un papel potencialmente decisivo para el futuro inmediato. Eso equivale a decir que la acción no ya de cada gobierno, sino de cada organización, de cada hombre o mujer, cuenta para el resultado.

 

@BilbaoL
Desde Caracas y Buenos Aires
25 de marzo de 2015

Podemos detenerlos

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Amenaza de invasión y nueva situación en América Latina

Un rayo quema e ilumina. Denominada formalmente Zona de Paz por Unasur, América Latina despertó el 9 de marzo con una declaración de guerra, lanzada por el imperio más poderoso de la historia.

Barack Obama puso a Estados Unidos en estado de “emergencia nacional” y aludió como causa sólo a Venezuela. Pero en cada Capital del hemisferio quedó claro que una eventual acción militar contra el país de Chávez produciría una conflagración de largo plazo desde el Bravo a la Patagonia, en cuyo transcurso el sinuoso proceso de convergencia iniciado con el siglo XXI sufriría una violenta transformación, partiría limpiamente en dos el espectro político regional, ubicaría a cada Partido en su lugar e inauguraría un era de Revolución sin bemoles.

Si alguien tuvo dudas, éstas se esfumaron al anochecer de ese mismo día, cuando el presidente Nicolás Maduro respondió a Obama.

Lectores habituales de la prensa conservadora tradicional de América Latina pudieron sorprenderse (y algunos confirmar presunciones) en la mañana siguiente. Sin excepción tomaron distancia del dictum imperial. Los más venerables se permitieron incluso mostrar una franca oposición, sea a través de columnistas extranjeros, sea mediante la repetición de un artículo de la BBC, que sin rodeos mostraba el enorme desatino de Obama. Aun en casos irredimibles, el instinto de conservación manda.

Puesto que no es lo mismo escribir y representar, no tuvieron la misma posibilidad ciertos gobiernos del área. El silencio de algunos en las siguientes 60 horas atronó el horizonte. No pocos nombres fueron incinerados en ese lapso, siquiera por simple comparación con rotundos posicionamientos de Evo Morales, Rafael Correa, Fidel Castro o Daniel Ortega.

Al interior de Venezuela partidos y figuras de oposición quedaron acorralados. Aun con dosis insoportables de hipocresía, no pudieron eludir que el país y el mundo los viera aunados con la Casa Blanca. El panorama político interno se recompuso en cuestión de horas, recuperando ejes y relaciones de fuerzas a partir de las cuales Venezuela vivió la honda transformación revolucionaria de los últimos 16 años. Estupefactos, los líderes de oposición ven a Obama como al verdugo que les da el tiro de gracia. “Obama es el jefe de campaña del Psuv”, llegó a decir un ultrarreaccionario opositor venezolano. No son los únicos anonadados por el estupor y la sorpresa. Un fenómeno análogo se reproduce en toda Suramérica, precisamente en momentos en que la abrupta caída en los precios de las materias primas acaba con un lapso de bonanza durante la cual, como en la noche metafísica, todos los gatos pudieron verse pardos.

 

Nueva etapa de la revolución latinoamericano-caribeña

Con el fiasco de Obama y la cumbre de las Américas, fijada para el 11 de abril, se abre una situación nueva en la región. En la Casa Blanca reside la opción de avanzar, retroceder o demorar la decisión. De su parte, Maduro no sólo hizo dos discursos principistas y programáticos que quedarán en los anales de la historia revolucionaria mundial. También pasó a la acción: llamó a la movilización de las masas, reivindicó la guerra de todo el pueblo y fijó el sábado 14 como fecha para un Ejercicio Militar de Defensa, del que no sólo participarán los cinco componentes de la FANB (Ejército, Marina, Aeronáutica, Guardia Nacional y Milicias Populares), sino también el Partido Socialista Unidos de Venezuela y todo ciudadano que se disponga a hacerlo, convocado por Maduro en su condición de Comandante en Jefe. Como detalle, participarán invitados militares rusos mientras naves de la flota de aquel país estarán emplazadas en son de amistad sobre la costa próxima a Caracas.

Entre el martes 10 y el viernes 13 Venezuela vivió un proceso de movilización con escasos o ningún precedente. La noción de Partido Revolucionario de masas, democrático, antimperialista y anticapitalista, podrá ser reconsiderada por la militancia de todo el mundo a partir de este ejemplo. Como sea, esta poderosa conjunción de definiciones netas y movilización de millones “rodilla en tierra” deja claro, así como los pronunciamientos en cascada de centenares de organizaciones sociales y políticas de toda América Latina –y antes de tomar en cuenta las declaraciones del gobierno chino y los gestos del Kremlin- qué fuerza debería enfrentar un gobierno estadounidense que resolviera atacar militarmente a la Revolución Socialista Bolivariana.

Semejante impacto produciría un nuevo terremoto geopolítico, otra vez y sin duda en detrimento de la hegemonía estadounidense. Justo en el momento en que Alemania y Francia dan inequívocos signos de que pretenden alejar a la Unión Europea de las decisiones de Washington y hasta impulsan un ejército único de la UE. Pero esto lleva otra vez al hemisferio americano, a los nuevos organismos regionales creados en este siglo y a la oportuna cumbre en Panamá. Para decirlo con las palabras de Evo Morales: “Si Obama no quiere encontrarse con la horma de sus zapatos, antes de la Cumbre de las Américas, que pida perdón a América Latina y en especial a Venezuela. Si no se va a encontrar con presidentes antimperialistas, con gobiernos antimperialistas”.

Claro que no todos los asistentes a esa cumbre, si efectivamente se realiza, tienen las mismas definiciones de Evo y los gobiernos del Alba. Y aquí se llega al meollo de la nueva situación: los mandatarios que antes, durante y después de Panamá eludan definiciones claras, contundentes, pagarán un precio político que aumentará a medida que pasen los meses y se sucedan los acontecimientos, sea que Washington resuelva atacar o dé un paso atrás.

Si ocurriera esto último, Estados Unidos, todos sus socios, pero también dirigentes y partidos vacilantes, perderían la iniciativa por un largo período. Se abriría una etapa de alza revolucionaria en toda la región. Y en el marco de crisis económica y tremenda debilidad política de prácticamente todos los gobierno por fuera del Alba, esto significaría que América Latina tomaría la vanguardia mundial en momentos en que la crisis económica no hace sino agravarse en los países metropolitanos.

Esto es lo que intuyeron las burguesías locales y la prensa orgánica del gran capital. Saben que ellas serían las primeras víctimas propiciatorias. Por eso pusieron el freno el primer día y desde entonces ocultan el tema, como para hacer menos costoso un eventual paso atrás de Obama.

Pero semejante dinámica no espera a que el Departamento de Estado y el Pentágono decidan poner en movimiento su plan de ataque. A 24 horas de conocida la declaración de guerra de Obama comenzaron los primeros pasos para conformar Brigadas Internacionalistas con el propósito de defender la Revolución Socialista Bolivariana desde cada país o, si fuera el caso, para acudir a Venezuela a luchar en el terreno que la Dirección Revolucionaria Político-Militar indique.

Unasur toma debida cuenta de este fenómeno. Es la causa de vaivenes de varios de sus miembros, conscientes de estar entre la espada y la pared. La creación de nuevos organismos de convergencia regional en los últimos 15 años corre pareja con la agonía de otros correspondientes a la hegemonía anterior, como la OEA, la cumbre Iberoanoamericana y la propia cumbre de las Américas. Es improbable que este choque histórico se resuelva con el simple reemplazo de éstas por aquéllas. Más bien, este conjunto, que incluye nada menos que a USA y la UE, sufrirá una ruidosa crisis y recomposición, en la que la línea de división estará demarcada por posturas antimperialistas y anticapitalistas. Es decir, por la unión de pueblos oprimidos y proletariados en todos los miembros de esos organismos, con obvia repercusión sobre el resto del mundo.

Cuando pocos lo esperaban, cuando muchos celebraban el terreno recuperado por Estados Unidos en los últimos tres años, el rayo de fuego y luz permite ahora ver claro aquello que hasta el error de Obama aparecía difuso.

Sea cual fuere la decisión de Washington, doblan las campanas por el orden burgués. Tanto más cuanto está a la vista que un acompañamiento militante a la enérgica, lúcida y valiente decisión de Venezuela, puede cerrarle el paso a los guerreristas. Es hora de combate y alegría para los enemigos de la explotación y la opresión en el mundo entero.

Caracas, 13 de marzo de 2015

De Venezuela depende

PorLBenAXXI

Quién pondrá el gramo que defina el fiel de la balanza en el delicado equilibrio mundial: ésa es la cuestión de más difícil respuesta a comienzos de 2015.

¿Será Estados Unidos, con una decisión bélica extrema en algunos de los innumerables puntos donde el planeta bascula? ¿Serán los Brics, mediante un paso económico que haga estallar definitivamente el sistema financiero que pende del dólar? ¿O será acaso una revolución (un darse vuelta del orden actual, para ceñir el término a su estricta etimología) encadenada a escala global? ¿Qué países, qué estructuras organizativas, qué ideologías y estrategias prevalecerían en cada caso?
Incluso quienes no se ocupan especialmente de economía y política internacionales perciben, siquiera de manera inconsciente, que el mundo está en constante amenaza de un vuelco imprevisible. Y actúan en consecuencia. La dramática situación de judíos y árabes en Europa, víctimas de xenofobia descontrolada, afirma en millones de seres humanos la idea de que la crisis tiende a un desenlace.

A propósito de los abruptos cambios políticos recientes en Grecia y España no pocos analistas del Norte han hecho un descubrimiento: resulta que el pensamiento y la acción de Hugo Chávez habría inspirado esos movimientos. Nada como la sagacidad de la prensa imperial. América XXI hizo la crónica analítica de la última gira internacional de Hugo Chávez en su edición de noviembre de 2010. A partir de sendos actos en Viena y Londres, adonde acudieron miles de jóvenes de toda Europa, quedaba claro el impacto que la palabra de Chávez producía en esos segmentos ávidos de la juventud europea.
En el segundo aniversario de su muerte es el mejor homenaje posible a su memoria reafirmar hoy, con ayuda involuntaria de editorialistas imperiales, que Chávez efectivamente dejó una honda huella en aquellas sociedades, proseguidas por nuevas fuerzas políticas ahora, cuando resulta inocultable por más tiempo que el capitalismo llegó a su nadir. Él llevó a la Europa exhausta los conceptos olvidados de revolución y socialismo. No como mera idea, sino como ejemplo palpable: Venezuela en Revolución, en combate por la transición al socialismo.

Su mensaje entonces, encarnado ahora en la lucha de todo un pueblo, en el Partido al que dejó su legado, en los cuadros dirigentes a quienes encargó la continuidad, pesan de manera sobresaliente en la balanza de un sistema mundial a punto de colapso. No hay exageración en la afirmación de que un gramo más o un gramo menos en la transición venezolana será muy difícilmente contrarrestado por lo que hagan o pretendan hacer quienes pugnan por que prevalezca uno u otro platillo. Y no habrá que esperar otro quinquenio para que lo admitan los ideólogos del imperialismo: lo están haciendo ahora mismo por la vía de los hechos, al centrar en Venezuela toda su panoplia contrarrevolucionaria para evitar, justamente, que la continuidad de ese ejemplo se sostenga y pese en el escenario internacional con potencia decisiva.

 

Amenaza de invasión

Tras la derrota del último intento golpista, Estados Unidos parece dispuesto a apelar a su ultima ratio: la intervención militar en Venezuela. Así lo sugiere el comunicado del Departamento de Estado que se arroga el derecho de “encauzar” al país. Y lo avalan la campaña feroz de la prensa comercial continental y el alineamiento innoble de todos los partidos conservadores y socialdemócratas al sur del Río Bravo contra el gobierno de Nicolás Maduro.
No obstante, si no hay duda de la voluntad imperialista, sí la hay respecto de sus capacidades para llevarla adelante. O, más bien, cabe una certeza: Estados Unidos no puede hacerlo en el actual contexto.
Sus estrategas han leído a Lenin y saben el significado de “el eslabón más débil”. Por eso arremeten contra otros anillos de la nueva conformación geopolítica regional y, a partir de debilidades notorias, acorralan a los gobiernos de Brasil y Argentina. No para consumar un golpe de Estado mediante la forma buscada en Venezuela o cualesquiera otras. No. Se trata de congelar las actuales relaciones sociales de fuerza en ambos países, coyunturalmente negativas para sus pueblos, por razones que América XXI expuso paso a paso. Al margen los gobiernos, es improbable que en el mediano plazo alcancen ese objetivo. Pero cuenta el corto plazo. Y a eso apuestan en el Departamento de Estado para hacer que la semilla Chávez no fructifique.

Una cruel ironía de la dialéctica histórica hace que en los dos países de mayor desarrollo económico –y en consecuencia con proletariados más poderosos– de Suramérica, el enorme peso alcanzado por la figura de Chávez no haya plasmado hasta el momento en fuerzas políticas que retomen, en sus propias condiciones y a partir de sus singulares historias, el ejemplo venezolano. Aquello que ya comienza a expresarse en Europa (donde sin duda recorrerá un sinuoso camino), no tiene carnadura en Brasil y Argentina. Ésa es la ventaja de Washington. Y la utilizará en todo el período que demande la edificación o reconfiguración y recomposición de fuerzas revolucionarias de masas en ambos países.

A cambio de invasión inmediata a Venezuela, Washington persistirá con la guerra económica, el acoso político, la acción militar limitada a partir de comandos paramilitares enviados desde Colombia y la infiltración en cada resquicio donde le sea posible. “Están buscando muertos y sangre para desestabilizar a Venezuela”, señaló Maduro. El asesinato de un adolescente en Tháchira el 23 de febrero lo prueba.

De allí la importancia trascendental de las medidas adoptadas por el Presidente ante el último intento golpista: ellas indican que no está dispuesto –y la totalidad de la Dirección Revolucionaria político-militar lo acompaña– a entregar la Revolución por presión de la burguesía local y el imperialismo.

Detener y procesar a Antonio Ledezma, alcalde de Caracas y uno de los promotores del golpe fallido del 12 de febrero, muy lejos de mostrar una deriva antidemocrática de la Revolución, prueba la determinación de defender la verdadera democracia frente a contumaces representantes de la dictadura civil que gobernó durante la IV República.

Supuestos demócratas-republicanos escandalizados por la detención de Ledezma, trasladados a 1789 actuarían como quienes enfrentaron la Revolución de la cual nació la democracia y la República burguesas. Aunque bien es cierto que no pocos revolucionarios de hoy actúan de igual manera, intoxicados por la propaganda del capital al punto de perder el más primario sentido de la orientación.

Alzados en armas como mascarones de proa del imperialismo, Ledezma, Julio Borges y María Corina Machado en la cárcel, junto al ya prisionero Leopoldo López, son condición necesaria, aunque no suficiente, para impedir que Washington empuje a Venezuela a un baño de sangre, pero también para detener y revertir el contraataque imperialista empeñado en desandar el camino de convergencia de América Latina y recuperar la hegemonía en la región.

 

Se ahonda la crisis capitalista

Un dato reiterado en estas páginas desde hace meses es mostrado ahora con temor por conspicuos medios de prensa del gran capital: la deflación. Técnicos en economía imperial asumen –y por estos días propagandizan- que para el sistema es imprescindible un mínimo de inflación del 2% anual. Pero admiten que Estados Unidos (donde la gasolina bajó un 35%), Canadá y Gran Bretaña –cuyos PIB crecen alrededor del 2%- no alcanzan el nivel de inflación necesario, mientras que Japón está ya directamente en situación deflacionaria, tal como 15 de los 19 miembros de la eurozona. En China la inflación llegó a 0,8%, muy lejos del nivel adecuado a las necesidades del capital y con tendencia a disminuir.
Se trata de un signo particularmente elocuente de la crisis capitalista. Y tiene directa correspondencia con la belicosidad de Washington y Bruselas, puesto que se traduce en la práctica en graves problemas sociales y desafíos políticos más graves aún para las clases dominantes.

Los países rectores de la Unión Europea tienen sus propias razones para enfrentar a Rusia en torno al control de Ucrania, pero Washington los empuja a un ritmo que corta el aliento en Berlín, París y Londres. Tanto más cuanto Rusia avanza con China en la afirmación de un bloque global objetivamente confrontado en competencia económica con Estados Unidos y la UE. En torno a Ucrania hay un riesgo de guerra de incontrolables derivaciones. Allí se plantea el punto de más riesgosa confrontación del planeta, mayor que en Medio Oriente, donde está a punto de generalizarse una nueva guerra en Irak en torno al denominado Estado Islámico y siempre late la posibilidad de conflagración general con Israel como ariete imperial. Junto con el ya descripto punto de choque por la recuperación del control sobre América Latina, con eje en Venezuela, son éstas las áreas donde el gobierno estadounidense oscila entre retroceder o huir hacia delante.
La opción de guerra por parte de Washington es el gramo que inclinaría la balanza en el sentido de la barbarie. El frente único mundial antimperialista es el único recurso para frenar esa carrera irracional, empujada no por un individuo o un gobierno, sino por la lógica propia del capital. Ése es el gramo en el otro platillo.

Sólo Venezuela está en condiciones de articular tal frente en América Latina y de ésta con los Brics y otros países, no sólo en torno a gobiernos, sino a partir de actuales y potenciales fuerzas revolucionarias con enraizamiento de masas.
Es una carga demasiado pesada. Pero los hijos de Chávez –en Venezuela y el mundo– sabrán hacerlo.

 

Atlas ya no sostiene el planeta

PorLBenAXXI

 

No cesa el terremoto geopolítico. La humanidad asiste a un torbellino de fuerzas ciegas. Pocos están “un paso delante del caos”. Sólo el hecho de ver al mayor imperio de todos los tiempos doblegarse ante la Revolución Cubana bastaría para intuir la magnitud de los cambios en ciernes.

Hay mucho más: convergencia objetiva de China y Rusia con un número creciente de países de porte medio; suma incontable de intentos fracasados por derrumbar la Revolución Socialista Bolivariana; victoria en Grecia de una izquierda nueva, sin formas definidas pero potente; pánico en Madrid, Lisboa y Roma por la amenaza inmediata anunciada por el giro masivo del pueblo griego hacia una propuesta de cambio radical; aparición de un anacronismo poderoso como el denominado Estado Islámico; irrupción del terrorismo en Europa en escala impensada y con base objetiva para multiplicarse; temor en Berlín, París y Londres por el devastador efecto económico latente en la imposibilidad de mantener las actuales políticas de salvación capitalista; capacidad de resistencia en Siria frente a una embestida múltiple de los centros metropolitanos y afirmación, con Irán en el centro, de un eje de poder capaz de cambiar definitivamente las correlaciones de fuerza en Medio Oriente, en detrimento de Estados Unidos, la Unión Europea y el Estado sionista; persistencia y proyección potencial del Alba… Por detrás, la impotencia de los centros imperiales para romper con la dinámica de caída y descontrol económico impuesta desde el estallido de 2008.

 

Los 5 

Quién podía creer, 16 años atrás, cuando el capital parecía todopoderoso, que los cinco luchadores antiterroristas, detenidos en Estados Unidos y encarcelados con juicios viciados al punto de desacreditar definitivamente cualquier noción de genuina democracia, saldrían finalmente en libertad. Quién podía creer que la imagen de fuerza inconmovible del sistema judicial imperialista estallaría en mil pedazos. Sólo quienes estaban armados con una honda convicción revolucionaria, combinada con visión estratégica, capacidad para la acción y férrea voluntad política. Con Fidel a la cabeza, fueron decenas de miles los que en Cuba y en todo el mundo creyeron y se comprometieron en una lucha aparentemente quijotesca, que ahora muestra su fruto.

El regreso de Los 5 a Cuba, con la voluntad revolucionaria intacta, debería ser motivo de reflexión no sólo para demócratas sinceros que en el mundo han condenado a la isla socialista, sino también para expresiones infantoizquierdistas dispuestas incluso a entender esta victoria como una rendición de La Habana, encaminada además hacia la restauración capitalista.

No hay modo de ser consecuentemente demócrata sin asumir la perversión profunda del sistema judicial resultante de las necesidades imperialistas combinadas con extraordinarias luchas del movimiento obrero y popular estadounidense en un momento de auge del capital. Hoy, en el punto inverso de esa dinámica histórica, libertades civiles, garantías individuales y justicia sólo valen allí cuando conviene a los intereses de las clases dominantes y, dentro de ellas, a un grupo de megamillonarios enajenados.

No hay modo de ser revolucionario sin comprender el conjunto extraordinario de fuerzas acumuladas en todo el mundo para doblegar la voluntad de Washington. Llevar a cabo esa tarea implica una formidable capacidad política y prueba el sentido estratégico de esa línea de acción, obviamente en choque frontal con el capitalismo imperialista.

No son demócratas o revolucionarios quienes en un acto de irracionalidad dan la espalda a este ejemplo histórico. Lo serán mucho menos en el futuro inmediato. Unos y otros, aunque se presenten como opuestos entre sí, estarán aunados como adláteres de la fuerza que crece en medio de la crisis y frente a sucesivas victorias revolucionarias: el fascismo. No son las palabras las que definen a individuos u organizaciones. Es la actitud que asumen en medio del terremoto provocado por un sistema que se resquebraja.

 

Irracionalidad creciente

Un ejemplo es lo ocurrido en París tras el atentado terrorista en la redacción de una revista humorística, brutal como pocos.

Personas seguramente movidas por las mejores intenciones redujeron el hecho al salvajismo enajenado de un grupo religioso. Con tal base, se produjo una oleada de indignación y rechazo en todo el mundo. Una multitudinaria manifestación en París –ciertamente magnificada por los medios de comunicación– más que compromiso democrático mostró temor e inconsciencia: a la cabeza de la marcha estaban François Hollande, Nicolás Sarkozy y …Benjamín Netanyahu, al lado de Angela Merkel y Mariano Rajoy. Es decir, algunos fascistas connotados acompañados por una pléyade de cómplices del terrorismo de Estado practicado por potencias imperiales en países dependientes.

Sin esas operaciones de guerra en todas las cuales participaron sucesivos gobiernos de Francia, es incomprensible el atentado contra Charlie Hebdo. De paso: la ministra de Cultura de Francia respondió al Papa, quien había condenado el hecho de burlarse de una religión. “En el país de Voltaire –dijo, palabra más o menos– es posible mofarse de cualquier religión”. Brava funcionaria. Aunque un tanto irreflexiva. En efecto había que responder al Papa. Sin embargo, Christiane Taubira dijo más de lo que pretendía: hay tanta distancia, en todos los sentidos imaginables, entre la figura de Voltaire y la revista en cuestión, como la que media entre las luces que darían base a la revolución burguesa y la oscuridad irrespirable del capitalismo en putrefacción. Los alcances de una consigna vacía como “Yo soy Charlie Hebdo”, más que superficialidad indican inconsciencia y proclividad a dejarse llevar por la irracionalidad. La misma que transforma a víctimas del imperialismo en máquinas de matar sin sentido, ni estrategia, ni propósitos fundados de emancipación humana. Dicho de otro modo: a menos que una poderosa fuerza consciente y organizada se oponga a esa dinámica, la potencia social mostrada en la marcha contra el atentado terrorista, encabezada por terroristas, está mayoritariamente encaminada a transformse en locura fascista. Si esa dinámica se afirmara, Europa sería un campo de demencial batalla entre terroristas enajenados por una idea religiosa y ciudadanos no menos alienados por el opio capitalista.

 

De la mitología al materialismo

Una tendencia inversa se revela en Grecia, con la victoria de la coalición Syriza. Allí la crisis estructural derivó en respaldo a una propuesta genéricamente anticapitalista. Comprobado que el titán contemporáneo, Atlas-Unión Europea, ya no sostiene al planeta –ni puede hacerlo con la tambaleante ayuda cribada de amenazas de Estados Unidos– las masas optaron por salir del laberinto rompiendo los muros levantados por el sistema. El mensaje más claro para el resto del mundo es lo ocurrido a la socialdemocracia: el antes poderoso Pasok fue arrasado. Y no volverá a levantarse. No obstante, también allí se vio la endeblez general de una sociedad anestesiada por el consumismo. Para vencer, Syriza se vio compelida a morigerar su programa. Esa flexión, electoralmente justificada, puede ser mera táctica. Se verá en el devenir. En todo caso, no hay salida en Grecia sin romper –siquiera tendencialmente– con el dogal capitalista. Tal como ocurre en España y Portugal, otros dos miembros de la UE en situación análoga y con dinámicas electorales semejantes.

 

Celac: dinámica de convergencia y fuerzas opuestas

Cuando esta columna va a imprenta se reúne la Celac en Costa Rica. De los 33 países del bloque, 12 mandatarios no asistieron a la cita. Argentina, México y Perú estuvieron entre los ausentes. Cuba fue acogida con el alborozo de muchos y el asombro de unos pocos. Raúl Castro señaló que la continuidad del bloqueo estadounidense a la isla supone un límite infranqueable para la normalización diplomática. Y atacó el punto clave cuando dijo: “Expresamos enérgica condena a las inaceptables e injustificadas sanciones unilaterales impuestas a la República Bolivariana de Venezuela y a la continuada intervención externa dirigida a crear inestabilidad en esa hermana nación”. Adiós al ensueño del Departamento de Estado de poner una cuña entre ambos gobiernos revolucionarios. Cuba ya está reincorporada en el concierto latinoamericano. Washington continúa dando puñetazos al aire.

El discurso de Nicolás Maduro ratificó la línea estratégica trazada por Hugo Chávez, hoy ostensiblemente victoriosa frente a la potencia del Norte: “Clamo por la voluntad política, por el respeto y la diversidad para continuar el camino de la construcción de la nueva América Latina y el Caribe. Desde Venezuela seguiremos aportando nuestro granito de arena con voluntad, amor y paciencia”, dijo en su intervención, aludiendo sin decirlo al concepto clásico de frente único antimperialista.

Sólo omisión –o gestos de disgusto o perplejidad– fueron las respuestas contrarias a estos discursos. Primó el acuerdo con ellos. La Casa Blanca continúa perdiendo terreno en América Latina.

 

Contrarrevolución

No habrá rendición por parte del Departamento de Estado frente a este desplazamiento de fuerzas. Hoy los estrategas imperialistas apuntan a tres frentes principales: Venezuela, Siria y, en primer lugar y de máxima gravedad, Ucrania. Por supuesto pretenden imponer su superioridad económica y capitalizar la ideología consumista en franjas de la población cubana. No cejarán en su propósito de derrocar al gobierno revolucionario. El paso atrás supone buscar base de apoyo para el contraataque capaz de recuperar terreno en toda la región, a partir de una supuesta desmoralización de la Revolución Cubana y un no menos hipotético desmoronamiento de la Revolución Socialista Bolivariana.

Aun con toda la gravedad que implica la escalada sobre Venezuela y Siria, el riesgo mayor reside hoy en Ucrania, donde Estados Unidos ensaya una prueba de fuerzas de incalculables derivaciones, puesto que mientras el Departamento de Estado pretende ocupar ese país y ganar espacio geopolítico, el Pentágono rodea a Rusia de bases militares y avanza en una guerra que puede desembocar en confrontación nuclear.

Ante su derrota histórica, el imperialismo huye hacia delante por el camino de la irracionalidad; de la violencia sin límites. Cada quien sabrá cómo ubicarse frente a este desafío de dimensión universal y alcance histórico.

un desafío para toda américa latina

Momento clave para la Revolución Bolivariana

PorLBenAXXI

 

Perspectivas: Venezuela es un obstáculo mayor para los planes de sobrevivencia imperialista. Su lugar en América Latina y sus alianzas estratégicas traban los planes de Washington, que descargará sobre el gobierno de Nicolás Maduro todo el peso de su desesperación.

 

No será 2015 un simple año más para la Revolución Bolivariana. La suerte de Venezuela puede resultar una clave para la relación de Estados Unidos con América Latina y, por lo mismo, para que pueda sostener o no su papel rector en el concierto mundial, dado el marco general de retracción económica y multiplicación de conflictos bélicos o pre-bélicos de gran envergadura.
Adicionalmente, la política exterior de Venezuela tiene un componente en extremo preocupante para Washington, puesto que ha establecido lazos muy sólidos con los dos países que constituyen hoy el mayor desafío para el centro histórico del poder imperial: Rusia y China. Hay otro cúmulo de razones, de carácter interno, que completan el cuadro.
Ante todo gravita el papel geopolítico de Venezuela y la perentoria necesidad para Estados Unidos y Europa de erradicar su ejemplo. Basta ver el curso de los hechos políticos en España y Grecia –dos casos avanzados en que vanguardias nacientes encuentran inspiración e impulso en la Revolución Bolivariana– o interpretar el significado potencial de la ola de movilizaciones desatada en Estados Unidos por el asesinato de Michael Brown, para comprender la razón por la cual quienes diseñan la estrategia de sobrevivencia imperial encuentran en Bolivia y los restantes países del Alba, pero en primer lugar en Venezuela, un obstáculo con el que deben acabar sin demora.

 

Fiasco estadounidense en el Cono Sur
Ya se ha dicho que el reciente resultado electoral en Uruguay y Brasil fue a contramano de los esfuerzos de la Casa Blanca y abrió un paréntesis para la aplicación rampante de políticas anticrisis de saneamiento capitalista en toda la región, cuyo corolario inevitable hubiese sido el aislamiento de Venezuela y el Alba. El fiasco del Norte no es necesariamente una victoria de su contraparte. Para afrontar la coyuntura crítica el reelecto gobierno brasileño no programa medidas de corte anticapitalista. Tampoco el del Frente Amplio uruguayo. Pero sí supone una obligada pausa en el contraataque imperialista y la posibilidad de utilizar convenientemente ese tiempo adicional.
Eso es lo que se verá en 2015: la capacidad –o lo contrario– de aprovechar el aliento estratégico que la voluntad espontánea de las masas insufló a toda la región con su comportamiento electoral en aquellos países. Pero lo que constituye impulso y espacio para el proyecto de unión y emancipación latinoamericana es exactamente lo inverso para Estados Unidos: estrechamiento y freno para su estrategia contrarrevolucionaria.
Los efectos inexorables de la crisis económica en los centros de la economía mundial golpearán con dureza a gobiernos latinoamericanos débiles y agudizarán la necesidad de cambios profundos. Dos países clave en la región, Brasil y Argentina, se mantuvieron hasta hoy con programas de reformas dentro del sistema capitalista. Si al llegar al límite dan paso a movimientos políticos de masas con definiciones anticapitalistas, el debilitamiento estratégico de Estados Unidos daría un salto cualitativo de difícil reversión.
La conclusión puede parecer una simplificación excesiva. Pero es linealmente así: abatir la Revolución es condición para que Washington desarrolle exitosamente su estrategia mundial.

 

Qué harán
En 2015 habrá elecciones en Venezuela para renovar la Asamblea Nacional. Encuestas diversas indicaban a comienzos de noviembre una caída relativa en la aceptación ciudadana al presidente Nicolás Maduro. Esto se debía, según aquellas consultas, sobre todo a los problemas derivados de la guerra económica: desabastecimiento e inflación. Los mismos sondeos señalaban sin embargo que en la oposición no había una mengua, sino un estrepitoso derrumbe. Sin contar con la drástica mejoría que desde entonces pudo verificarse en materia de abastecimiento, control de la inflación y aumentos de ingresos reales para las mayorías, las conclusiones a la luz de tales consultoras era nítida: no se puede confiar en una derrota electoral del gobierno revolucionario.
Tras dos años de incesante ofensiva en todos los terrenos, el imperialismo y sus representantes locales sólo cosecharon fracasos. Desde diciembre de 2012, cuando Hugo Chávez anunció que Nicolás Maduro sería su candidato en caso de nuevas elecciones presidenciales, todas las opciones fueron exploradas por ellos y en todas fueron vencidos. Intentaron desconocer el resultado de abril de 2013, que llevó a la presidencia a Maduro. Al costo de más de una decena de muertos, la asonada se agotó. Luego vino la elección para alcaldes, presentada como plebiscito por la oposición, otra vez convencida de su victoria. Fue tan aplastante la derrota en diciembre de 2013 que dos meses después desataron un ensayo insurreccional y separatista con eje en el Estado Táchira. A un elevadísimo costo en vidas, dos meses después también ese zarpazo fue derrotado.
A partir de allí la oposición se pulverizó. Hoy, Maduro y el Partido Socialista Unido de Venezuela mantienen la iniciativa en todos los terrenos. La elección directa el 23 de noviembre de 3.988 jefes y jefas de Círculos de Luchas Populares (CLP), organizaciones de base que agrupan cada una a cuatro Ubchs (Unidades de Batalla Bolívar-Chávez) movilizó y tonificó como nunca a la estructura partidaria. Se adelantó que también serán escogidos mediante el método democrático de participación de las bases los candidatos a diputados para las próximas legislativas.
La conclusión es sencilla para los estrategas del Norte: no se podrá derrocar al presidente Maduro, mucho menos acabar con la Revolución, mediante elecciones. Tampoco es pensable una simple intervención militar, según la fórmula empleada en Siria, ni un violento golpe de mano como en Ucrania. Probada unidad de la dirigencia del Partido y el Gobierno, cohesión de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Fanb), fortalecimiento sistemático de las milicias obreras y populares, excluyen él éxito para tales planes.
De manera alguna esto descarta la continuidad de actos terroristas y pujos guarimberos. Pero en Washington saben que eso no basta para alcanzar el objetivo. El camino que les resta es continuar trabando el funcionamiento de la economía, magnificar focos de corrupción existentes e invertir millones para sobornar funcionarios y agravar ese problema, mellar por esa vía la relación entre el Gobierno y las masas, y finalmente hacer coincidir esos factores en vísperas electorales con focos de violencia apoyados desde el exterior.

 

Cansancio, falencias, errores… y respuestas
En otras palabras: para aspirar al éxito Estados Unidos depende de actuales y eventuales flaquezas de la Revolución. En primer lugar la economía. Unido a eso, la ruptura de la prolongada relación entre masa y dirección. Como corolario, cansancio en la base social de sustentación de la Revolución y posibilidad de abrir una brecha para la guerra civil y la contrarrevolución.
Basta observar las medidas adoptadas ahora por la Dirección Revolucionaria, con el trasfondo de dos años de durísima ofensiva imperialista, para comprender que hay en esos hombres y mujeres plena conciencia del lugar donde reside la chance del enemigo.
El problema mayor está en la economía. Hay rémoras graves, resultantes de causas objetivas y subjetivas. En primer lugar, la transición en términos institucionales, democráticos y pacíficos, sobre la base de una estructura económica dependiente del petróleo e industrialmente subdesarrollada, que supone además una cultura rentística y bajísima productividad relativa. En segundo lugar, pero de primera importancia, el hecho de que el salto al socialismo lo impulsa Venezuela en un contexto histórico de profunda derrota ideológica, organizativa y política de la clase obrera mundial y sus vanguardias. Éstas, como en otros momentos difíciles de la historia, juegan a menudo el papel inverso al que en teoría les corresponde. Tal como decía Marx: “cuando las masas se ponen en movimiento, las sectas son reaccionarias en esencia”.
Ciclópea y extremadamente compleja es la tarea de la Revolución Bolivariana para resolver debilidades ajenas de alcance internacional y raíces históricas, lo cual hace todavía más difícil afrontar desde la teoría y la práctica la transición económica, sin apelar a la fuerza –que poseen en grado más que suficiente– y evitando a la vez los efectos más nocivos de la gradualidad: desabastecimiento e inflación.
Los hechos comprueban los extraordinarios pasos adelante de la Dirección Revolucionaria. Gobierno y Partido han evitado el abismo de una ruptura en su relación con las masas. Y han avanzado hacia la resolución consistente y sostenida de los problemas provocados por la guerra económica. Queda mucho por hacer, pero allí reside la clave del año 2015 y del margen para el accionar imperialista.
Acaso América Latina comprenda a tiempo que esta lucha no se reduce a Venezuela y su desenlace no recaerá únicamente sobre la Revolución Bolivariana.

Desde Caracas,
L.B

Por qué Estados Unidos ataca a Venezuela

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Ajeno a la nueva realidad que lo circunda, el Senado estadounidense votó sanciones para Venezuela por supuestas violaciones a los derechos humanos. La cámara baja debe aún confirmar esa medida, a través de la cual se pretende sancionar a 56 altos funcionarios bolivarianos.

No se hizo esperar la reacción del presidente Nicolás Maduro: “¿Quién es el Senado de Estados Unidos para sancionar a la patria de Bolívar? (…) No aceptamos sanciones imperialistas. Esta es la patria de Bolívar, que ustedes deben aprende a respetar. Somos los herederos de Ayacucho, somos los hijos de Bolívar, de Chávez”. Y agregó, en un acto donde se celebraba precisamente el 190º aniversario de la victoria del mariscal Sucre contra el imperio español: “Si se impone la locura de las sanciones Estados Unidos va a salir muy mal parado”.

Desde luego el Capitolio no espera un paso atrás de la Revolución. Se trata sólo de una medida más en la escalada de agresiones recrudecida desde abril 2013. Un vuelta más de tuerca, para contribuir al plan de desestabilización complementado con proyectadas acciones violentas.

Entre numerosos factores que los senadores no pesaron correctamente sobresale uno, aparte de que a una Revolución no se la hace retroceder con resoluciones legislativas: pocas horas después un informe especial del mismo Senado revelaría que el gobierno estadounidense secuestró y torturó a un número indeterminado de personas para, supuestamente, “combatir al terrorismo”. Y lo hizo, según el propio informe, con la participación de decenas de países, entre ellos Polonia, Austria, Alemania, Canadá, Dinamarca, Australia… y un larguísimo etcétera.

Además de desconocer la soberanía venezolana el Senado parece no comprender que ya no puede manipular la opinión pública mundialalegando que Estados Unidos es el bastión universal de la democracia y los derechos humanos, como lo hizo desde los 1980 contra la Unión Soviética.

 

Otras razones 

Nadie espera que las clases dominantes imperialistas adecuen su política internacional al hecho obvio de que la hegemonía planetaria de Washington es cosa del pasado. Por el contrario, incluso razones de orden interno llevan a acelerar la marcha irracional de la Casa Blanca. La oleada de movilizaciones masivas desatada por el asesinato de inocentes ciudadanos afroamericanos a manos de policías blancos expresa un malestar muy hondo que explota por esos viles asesinatos. En primer lugar, la despiadada política económica mediante la cual las clases dominantes del mayor imperio tratan, sin éxito, de neutralizar la crisis que carcome las entrañas del sistema.

Barack Obama, del partido Demócrata y primer presidente negro de Estados Unidos, quedó muy lejos de las expectativas despertadas dentro y fuera de su país seis años atrás. En ese período la economía estadounidense creció en total el 8%. Y el ingreso promedio de los asalariados cayó un 4%.

Relea las cifras y compárelas con las equivalentes a los primeros seis años de George W Bush: casi 16% de crecimiento y 2% de caída. Ahora considere que esas estadísticas falsean esencialmente la realidad. Tales promedios son indicativos de una tendencia general: en los últimos 14 años el “crecimiento” es en realidad estancamiento y el ingreso medio ha caído un 10%, aunque el proceso de caída comenzó hacia 1980 y ya supera el 25% de disminución para el período.Pero esas mediciones son inútiles para registrar la situación de las mayorías, a quienes golpea la desocupación rampante y la pobreza creciente.

No hay exageración. “El año pasado 2,5 millones de niños en Estados Unidos vivían en refugios, en las calles, en los autos, o en campamentos desprotegidos”. Es una afirmación del Centro Nacional de Familias Desamparadas (NCFH), publicado por el antaño prestigioso semanario Newsweek. No están contabilizados aquí los niños centroamericanos mantenidos en jaulas a espera de la deportación. El informe, titulado Más jóvenes marginados en Estados Unidos, subraya que de 2012 a 2013el número de niños sin hogar aumentó en un 8%, alcanzando un máximo histórico, según los datos del American Institutes for Research (AIR).¿Cuántos Michael Brown habrá en los próximos años? ¿Y cuántas sublevaciones espontáneas de ciudadanos desesperados?

La contracara de esa política interior es la aceleración de la dinámica belicista en todo el planeta y el relanzamiento de la carrera armamentista, en la cual se inscribe esta nueva agresión contra Venezuela.

Estancamiento, pobreza y súper explotación son los signos sobresalientes de la realidad estadounidense en las últimas décadas. La carrera armamentista agravará los dos últimos factores y no resolverá el primero. A término, esta política transformará en conciencia organizada la sublevación espontánea de hoy, bajo el ejemplo de resistencia y lucha revolucionaria en otras latitudes. En particular, Venezuela.

 

*Artículo publicado en Cuatro-F, semanario del Psuv, el domingo 14 de diciembre de 2014.

 

 

 

 

campaña presidencial como síntoma de enfermedad incurable

Debacle final del progresismo argentino y perspectiva de choque clase contra clase

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Argentina saldrá del lodazal irrespirable donde la han sumergido sus clases dominantes. Pero no lo hará por el camino propuesto por ellas mismas, a través de candidatos prefabricados, en esta campaña presidencial ignominiosa.

La clase trabajadora, las juventudes, el pueblo argentino todo, deberemos recorrer un tránsito doloroso. El precio de décadas de destrucción, de omisión, incapacidad o complicidad, según el caso, se paga y pagará con sufrimiento social y creciente conmoción política, durante un período tanto más prolongado y gravoso cuanto más se demore la conformación de la fuerza política que incluya a millones tras una propuesta de intransigentes transformaciones raigales.

En el ocaso irreversible del período Néstor Kirchner-Cristina Fernández el país afronta un penoso cuadro, resultante obligado de su accionar, razón por la cual el denominado kirchnerismo no tiene ni puede tener continuidad en ningún sentido. Pero esta afirmación es incompleta sin afirmar de inmediato que la oposición burguesa es peor aún. No por acaso todas sus facciones partíciparon del elenco oficialista hasta poco tiempo atrás, o fueron cómplices con actitud acomodaticia.

Frente a este desenlace del período abierto en 2002, desde las filas de los de abajo, desde las víctimas del saqueo ininterrupido, no existe la menor capacidad para obrar como alternativa en lo inmediato.

Hablar claro no trae adhesiones en este período histórico de reflujo en la lucha de clases en todo el mundo y de inédita corrupción política en Argentina. Pero continuar en la mentira o el silencio será más costoso aún. En primer lugar para trabajadores, estudiantes, chacareros y cuentapropistas. Pero también para quienes pretenden actuar en este escenario con sana intención y genuina voluntad de transformación.

A siete meses de las Paso y once de las presidenciales, un pantallazo muestra la magnitud del derrumbe político nacional.

La innoble agonía del régimen lleva a primer plano una lucha interburguesa en torno a la corrupción, de la que todos han sido partícipes. Como parte de una maniobra para desviar otra vez a las masas, una vertiente del progresismo acaba de expresar la idea clave de su devenir: «si ganan Massa o Scioli Argentina será Colombia», razón por la cual convoca al bloque socialdemócrata Unen a unirse al jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri.

En simultáneo, el G-6 (Grupo de los 6, representación de la totalidad del gran capital local y transnacional), invitó con tono de exigencia a los dos candidatos definidos como «oposición», Mauricio Macri y Sergio Massa, a participar conjuntamente en las presidenciales del año próximo.

Otra rama del árbol seco denominado progresismo, se sumó sin demora al pedido y desde Unen exigió que esa coalición participara en las Paso junto con el Pro y el Frente Renovador, aparatos vacíos edificados a fuerza de millones por Macri y Massa.

Pocos antecedentes bastan para caracterizar a estos dos personajes, hoy presentados, junto con el gobernador de Buenos Aires Daniel Scioli, como los tres nombres entre los cuales se dirimirá la futura presidencia.

Massa fue desenmascarado por Wikileaks como confidente de la embajada estadounidense mientras era jefe de gabinete. Según los cables enviado a su gobierno por la embajadora, poco después de dejar el cargó calificó a Néstor Kirchner ante sus controladores como “psicópata” y sostuvo que su jefe “no es un genio depravado, sólo es un perverso”.

Si tal caracterización es hasta el momento la única prueba escrita asequible para valorar el talento de quien luego sería intendente de Tigre y más tarde abriría una grieta insalvable en el aparato oficial, no vale lo mismo para estimar su conducta individual y política: denunciar de tal manera ante un representante imperial al presidente al que servía es mucho más que un acto de artera cobardía. Es prueba de pertenencia a la rancia estirpe de los comisionistas del imperialismo, encabezada por Julio Argentino Roca (hijo), quien en 1933 propuso que Argentina fuese un diamante más en la corona británica.

Por su lado Macri es el único alto funcionario que ha invitado y recibido varias veces a Álvaro Uribe. Y lo ha hecho porque integra con él una estructura internacional de explícito corte fascista, encabezada y financiada a través de José Aznar. Uribe, jefe de los paramilitares y representante político del narcotráfico colombiano; Aznar, títere de Estados Unidos que además de llevar a España a las guerras de la OTAN hundió a su país en el marasmo, donde ahora padecen 5 millones de desocupados y otros 40 millones de españoles despertados a los golpes del ensueño socialdemócrata.

A Scioli puede describírselo más simplemente: connotado motonauta en los 80, menemista en los 90, para-aliancista luego, duhaldista tras el colapso de 2001 y kirchnerista a partir de 2003, exhibe una carencia absoluta de ideas políticas, encubierta con discursos vacíos de todo contenido, elaborados por publicistas de renombre internacional: antes un cotizado brasileño, ahora un estadounidense, más caro aún. Además cuenta con un promotor de peso: el Papa, que en función de su antigua militancia en la derecha peronista encuentra en Scioli la vía de defensa del sistema y del Partido Justicialista.

Así las cosas, para evitar que Argentina “se convierta en Colombia”, la totalidad del arco progresista propone aliarse con Macri o Massa, o con ambos a la vez. Ésa es la estrategia de quienes se proclaman defensores de la República contra la tarea de demolición y corrupción institucional completado por el actual gobierno, cuyo desempeño hace que, al cabo de 12 años, las opciones electorales para 31 millones de ciudadanos sean Scioli, Macri y Massa. Nada resume mejor que semejante oferta electoral el contenido de este paréntesis malhadado en la historia argentina.

Ante el riesgo cierto de infinidad de juicios y muy probables condenas por corrupción el gobierno busca su propia salvación en Scioli. En cambio para los bravos progresistas y demócratas de la burguesía argentina la defensa de la República consiste en someterse a un portavoz del Departamento de Estado, a la ultraderecha internacional, o a una inefable combinación de ambos.

Por extraño que parezca, en esta coyuntura, mientras el país se deshace, la economía –local e internacional- cae como misil sobre los trabajadores, sectores definidos como revolucionarios optan por juntar migajas de la mesa electoral servida por el capital: su gran objetivo es alcanzar el 4% de los votos y lograr alguna banca legislativa más.

Propuestas dispersas para enarbolar el propósito de aunar grandes masas tras un programa antimperialista y anticapitalista, de democracia socialista, carecen por el momento de entidad suficiente para llegar a las mayorías.

No obstante, hay que repetir lo afirmado en las primeras líneas: Argentina no seguirá el mentiroso camino trazado por los representantes del capital ni tampoco el de variantes reformistas que, con lenguaje ultrarrevolucionario recaen en el electoralismo, vicio que transforma la obvia necesidad de participación electoral en estrategia de incorporación al sistema.

Mientras tanto el capital desenvuelve su propio plan. Sea cual sea el gobierno que viene, por una u otra vía, durante la campaña electoral o luego de la elección, las formaciones burguesas confluirán en una coalición para enfrentar a los trabajadores y las clases medias pauperizadas del campo y la ciudad. Saben que solos no pueden. Deberían saber además que ningún presidente gobernará establemente ni podrá sentar las bases para sacar al país del abismo, tanto más cuanto todo esto se inscribe en una coyuntura de agravamiento de la crisis estructural e irreversible del capitalismo mundial.

 

Resumen de un catastrófico saldo económico

Aunque no es propósito de esta nota analizar la realidad económica nacional, resulta imprescindible hacer un sumarísimo esbozo. Baste decir que 2014 dejará una inflación cercana al 40%, aunque para la canasta alimentaria supera los 50 puntos. Eso es tanto más grave porque ocurre cuando la economía lleva 18 meses de recesión, precedidos por más de un año de estancamiento. El propio Indec –convertido en una fábrica de absurdas mentiras- reconoce que la industria lleva cinco trimestres en caída. La deuda reaparece para mostrar la triple estafa del llamado “desendeudamiento”: porque Argentina tenía en 2003 200 mil millones de dólares de deuda y se anunció una quita teórica del 65%; porque la propia presidente se jacta de haber pagado 190 mil millones -en realidad, más de 220 mil millones- pero a la fecha debemos más de 230 mil millones; y porque bien medido y en dólares reales el peso de la deuda supera el 60% del PIB, en lugar del 10 que desvergonzados funcionarios proclaman. Imposible presentar cifras exactas: uno de los recursos para gobernar en estos años ha sido falsear escandalosamente todas las estadísticas, por lo cual nuestras afirmaciones tienen un carácter indicativo general.

No es todo. En su fase final, en una coyuntura de recesión y ajuste clásico (con medidas idénticas a las impuestas por el ministro de la dictadura Alfredo Martínez de Hoz y por Domingo Cavallo, el adalid de Carlos Menem), el gobierno avanza con la ley de Hidrocarburos en un plan de entrega de riquezas naturales sin parangón en una historia donde no faltan ejemplos de cipayismo descarado. Ya había hecho lo mismo con la minería. Ahora completa la cesión de las telecomunicaciones a las transnacionales e institucionaliza mediante leyes del Congreso el saqueo de las transnacionales del agronegocio con la soja transgénica. Como prolongación inseparable de tales políticas, reimplanta la Ley de Residencia, mediante la cual la burguesía conservadora enfrentó las luchas sociales a comienzos del siglo XX con la expulsión de los extranjeros, que un siglo más tarde son bolivianos, peruanos, paraguayos y uruguayos.

En tanto, las cifras de pobreza superan el 30% y la indigencia está por sobre el 7%. La desocupación oficial del 7%, bien medida e incluyendo a los benefiarios de subsidios, a quienes se computa como empleados, es en realidad  superior al 18%. El trabajo informal ronda el 45% y el salario promedio, según el Indec, es de $5000 (menos de 400 dólares al cambio real). La educación –sobre todo secundaria y universitaria- cae en imparable tirabuzón, con deserción rampante en la secundaria: “alrededor de 750.000 chicos de entre 6 y 17 años están fuera del sistemas escolar y hay casi 4.000.000 de adultos que no terminaron la escuela primaria y su nivel educativo es deficiente” revela un informe del Observatorio de la Deuda Social, según el el cual “el 19% de los adolescentes en los primeros años del nivel medio y el 41% en los últimos años no asisten a la escuela o están atrasados respecto de su edad”. Los hospitales públicos, sin excepción en todo el país, están en colapso declarado. Hay un déficit de vivienda de alrededor de cuatro millones de casas y las villas miserias aumentaron en Buenos Aires un 60% en la última década y en porcentajes similares o aun superiores en otros grandes centros urbanos como Rosario y Córdoba. El consumo de droga ha crecido en línea vertical y el narcotráfico no sólo se ha extendido a la totalidad del país, sino que ha avanzado en dimensiones inauditas en la colonización de los aparatos políticos de la burguesía a todo nivel.

Nadie pronostica una recuperación económica significativa para 2015. El conjunto de los economistas del capital sostiene que la recesión estará en torno del 3% en 2014 y ni los más conspicuos oficialistas aseguran que esa caída pueda revertir el año próximo. Acicateada por la violenta espiral de pobreza, por el accionar de narcotraficantes y, sobre todo, por ausencia de organismos capaces de representar las necesidades de las masas en la lucha por la distribución de la renta nacional, la criminalidad y la consiguiente inseguridad social alcanza niveles jamás conocidos en el país.

Este panorama económico no tiene, sin embargo, correspondencia alguna con la respuesta social. Con sindicatos insertos en el sistema o directamente conducidos por empresarios en papel de sindicalistas, los trabajadores acompañan la decadencia social, la disgregación nacional y la corrupción institucional sin apenas reclamar por algo más -si acaso lo hacen- que un aumento salarial. La idea de que se sale de tal situación “recuperando sindicatos” con un esforzado plan de acción economicista, promoviendo huelgas generales comandadas por el enemigo, como catapulta para obtener alguna banca parlamentaria, es del más puro idealismo. Y quiérase o no, las concepciones idealistas van en sentido contrario a las necesidades históricas del proletariado. Sin organización política propia como condición primera, sin programa de acción unificadora, sin estrategia revolucionaria, incluso los más nobles esfuerzos de activistas clasistas están destinados al fracaso.

 

Preparan una nueva estafa 

Como queda dicho, por una u otra vía el capital tiende a gobernar mediante un bloque burgués de “unidad nacional”. Utiliza los aspectos más irritantes y degradados del denominado kirchnerismo como excusa para preparar una ofensiva contra las masas a fin de aplicar, de manera consecuente y hasta su última instancia, el plan de ajuste y saneamiento iniciado desde hace dos años por el actual gobierno. Con sus aparatos partidarios, sus medios de comunicación y sus instituciones decadentes –en primer lugar la iglesia, las fuerzas armadas y el aparato judicial- los falsos demócratas escandalizados hoy por la rebatiña kirchnerista son la causa de la corrupción que asuela al país y el mayor ejemplo de sumisa entrega al imperialismo. La mejor prueba salta a la vista: si los partidos burgueses no fueran lo que son, Argentina no hubiera tenido jamás gobiernos como los sufridos desde 1989, catálogo de un bestiario trágico y a la vez desopilante. La vertiginosa decadencia en que está atrapado el país resulta de la crisis estructural del sistema y la consiguiente corrupción intrínseca de los partidos burgueses, con la Unión Cívica Radical y el Partido Justicialista a la vanguardia.

Por eso el fin del actual régimen sólo puede desembocar a corto plazo en algo peor. Ninguno de los candidatos presidenciales y los aparatos que los siguen tienen el más mínimo propósito de soberanía nacional y redención social. No tienen un proyecto de país sino un plan de negocios.

Ahora condenan al kirchnerismo y todo indica que, para obtener un respaldo social que no tienen ni pueden tener, está en marcha una parodia justiciera. Pretenden manipular el rechazo masivo a la corrupción y aparecen condenándola; ellos, la fuente misma de la corrupción que corroe al país desde hace décadas.

Un ejército de periodistas acompaña a los hipócritas denunciantes de la corrupción como causa de nuestros problemas. Reproducen lo que otros hicieron en la década de 1990. Anhelan repetir el éxito en fama y fortuna obtenido por aquéllos, quienes conquistaron además el espacio para ocupar lugares redituables en este gobierno. Alcanzado su objetivo, este género de periodistas olvidan denuncias de antaño y encubren la desaforada corrupción actual. Son un componente adicional para la vertiginosa desagregación moral de la sociedad. No puede sorprender entonces que actuales justicieros sueñen con la misma suerte profesional y antepongan esa ilusión a la realidad y las necesidades del país.

No tendrán la misma fortuna de sus predecesores. La bonanza de estos años no se repetirá. Incluso si la burguesía de recambio logra aplicar su proyecto y lleva a la cárcel a varios de los corruptos con mando actual, cuando recupere las palancas del poder político se lanzará a una desenfrenada carrera por recuperar espacios en la lucha interburguesa mientras aplica las medidas requeridas por los gravísimos desequilibrios macroeconómicos y las tensiones acumuladas en todos los planos de la economía y las relaciones sociales. Para hacerlo pisoteará aún más las instituciones republicano-burguesas y acelerará la desagregación nacional.

En esa dinámica el kirchnerismo completará su disgregación y desaparecerá del panorama político nacional, aunque muchos de sus componentes se sumarán a la resistencia. En ese punto habrá que distinguir entre los sempiternos reciclados, empeñados exclusivamente en la continuidad de sus prebendas, y quienes por diferentes razones optaron equivocadamente o fueron arrastrados por esta marejada.

Repetimos: ya está en marcha la maniobra mentirosa de la supuesta “unión nacional”, en torno a lo que alegremente llaman ahora “políticas de Estado” y al calor de una cruzada justiciera que exhibirá el árbol putrefacto del régimen actual para ocultarle a la sociedad el bosque plagado de alimañas del sistema capitalista.

Para aplicar esta táctica los cerebros del plan han trazado una línea de acción que supone recorrer la distancia que faltaba en nuestra decadencia nacional. Ahora las estrellas de la política son… los intendentes.

A las innumerables torturas a las que somos sometidos los ciudadanos en la vida cotidiana, se le ha sumado la repetición ad nauseam de entrevistas radiales y televisivas a personajes que tienen el supuesto mérito de no haber pensado jamás en algo más amplio que negocios propios en el ámbito de un municipio. Estos individuos repiten vaguedades redactadas por asesores y abundan en gestos que supuestamente les abrirán el camino a la popularidad. En el colmo insuperable de la degradación, se promocionan invertebrados mediante alguna acompañante de lujo y a través de programas de televisión que cualquier gobierno responsable clausuraría sin vacilar. No falta quien cuente incluso con acompañantes de lujo de otra jerarquía, por ejemplo el papa Francisco. Hay algo de justicia en el fondo de esta pesadilla política: todos ellos están a la altura de los tres candidatos a presidente entre los cuales la burguesía escogerá su muñeco, al costo de cien millones de dólares para la campaña de cada uno.

En este relevo de emergencia los más informados explican que es necesario un “mani pulite” como en Italia, en paralelo con un “Pacto de la Moncloa”, como en España. En su estolidez, no atinan a pensar un instante en la situación que atraviesan hoy esos dos países, vanguardia del marasmo europeo. No pueden siquiera suponer que manos limpias y pactos sociales están igualmente sujetos a la naturaleza y la situación de la clase que los practica. Y que todo paso progresista de la burguesía está condenado de antemano.

Ignaros intendentes y farsecos candidatos presidenciales constituyen “la clase política” (la sociología al uso ha travestido funcionarios en clase) de repuesto que prepara la burguesía para el próximo período. Nadie puede sospechar que estará en condiciones de gobernar un país quebrado en un mundo en crisis. La degradación extrema de la democracia burguesa alcanzará nuevos límites. En ausencia de fuerza armada militar y con exceso descontrolado de fuerzas policiales, ahora también municipales, la lógica de la crisis tenderá a transformar la fragentación política y la disgregación social en fractura geográfica del país. La “anarquía del año 20”, fórmula por la cual se conoce el período de disgregación nacional entre 1819 y 1823, será un pálido antecedente de lo porvenir. Con el agravante de que aquello ocurrió cuando la burguesía no acababa de tomar forma para afirmarse, en tanto ahora está en su irremediable agonía.

 

Acción revolucionaria 

Ante todo hay que afirmar una verdad sin medias tintas: en este período histórico las clases dominantes llevan la corrupción en su naturaleza; es la palanca principal de su accionar. Han abandonado todo precepto religioso, incluso en sus formas más hipócritas, y desestiman con gesto altanero cualquier alusión a normas morales. El narcotráfico no existiría sin la participación activa y lucrativa de la burguesía en su conjunto. Y con eso está todo dicho.

Ocurre que la ideología dominante es la ideología de la clase dominante. En consecuencia, la clase obrera está también corrompida. No es el motor sino la víctima de esta degradación, pero la comparte. Y un proceso análogo se verifica en el movimiento estudiantil, histórico aliado de vanguardia del proletariado.

La salida de este pantanal será a través de una recomposición en diferentes planos: de la clase obrera como tal; de la fuerza política que unifique socialmente a los trabajadores y sus aliados; del pensamiento revolucionario científico.

No está garantizado un desenlace positivo. No se desarrollará como proceso consecutivo, sino en un movimiento entrelazado y simultáneo de diferentes momentos, en los que preponderará la tarea en uno u otro frente.

No puede haber recomposición política de una clase obrera moral y políticamente corrompida al punto de aceptar la actual dirigencia sindical o estar dispuesta a votar a personajes como Menem y Fernández por razones economicistas, para colmo malinterpretadas al punto de practicar suicidio económico. El paso previo, necesariamente al calor de un combate desigual, es la conciencia. Pero la comprensión colectiva de una razón histórica no proviene de la asunción teórica, sino de la praxis impulsada por el imperativo de la crisis.

No puede esperarse que el proletariado asuma una conciencia para sí a partir de las luchas económicas (o incluso políticas, en el contexto actual). Tampoco de cursos de marxismo. Es preciso una vanguardia armada con la teoría científica de la revolución social y con capacidad de intervención en la lucha social, para lo cual deberá ensamblar con el conjunto activo en el marco de un frente único. Sólo en ese arduo camino, en un marco de extrema heterogeneidad y en combate franco con socialdemócratas y socialcristianos, se avanzará en la conciencia de clase, a partir de la cual será posible construir nuevas organizaciones sindicales y políticas.

Ninguna organización, ningún sector de la clase obrera o las juventudes, cuenta hoy con las capacidades para encabezar esa tarea. Hay activistas u organizaciones militantes desarrollados en una u otra área. Pero sin la interpenetración de capacidades parciales y dispersas, eventuales ventajas tienden a convertirse en lo contrario, aislando contingentes militantes sea del contacto con los trabajadores y sus aliados potenciales, sea de la teoría revolucionaria, sea de la lucha política en el terreno impuesto por el enemigo. Sólo una instancia unificadora –o varias, a diferentes niveles- puede instaurar una dinámica de interacción virtuosa de los factores positivos y afrontar la lucha contra sus costados negativos.

No habrá esfuerzo exagerado para sobreponerse a esa fragmentación inhabilitante, inexorablemente destructiva. Las nociones de frente único de clase y frente único antimperialista serán claves permanentes durante el período de recomposición, necesariamente difícil y probablemente prolongado, aunque en modo alguno se debe descartar la posibilidad de bruscos saltos, que pongan a la vanguardia ante situaciones nuevas sin que la acumulación previa de capacidades se haya dado en niveles suficientes, obligando a la militancia a esfuerzos excepcionales.

Tampoco habrá tregua: la crisis capitalista sólo podrá agravarse y lo mismo vale para la degradación de la democracia burguesa. Una de las grandes victorias del capital en el último período es haber impuesto en el inconsciente colectivo –y en prácticamente toda la militancia- la idea de que el actual régimen de libertades y garantías es consistente y perdurable más allá de los conflictos sociales. No es así.

 

Respuesta a la fragmentación 

Así como la ideología dominante es la ideología de la clase dominante, en condiciones de omisión política del proletariado la fragmentación de los de arriba se replica en la división de los de abajo. La división no ya de la clase trabajadora y sus aliados sino de sus expresiones activas y de vanguardia es un factor fundamental de la coyuntura histórica nacional.

Desde que el Congreso de Trabajadores Argentinos abandonó su proyecto original para pasar a denominarse Central de Trabajadores Argentinos, se perdió la posibilidad de afirmar un punto de unión a escala nacional con un programa de clase, aún con todas las flaquezas que anunciaban los textos de Burzaco y Rosario. A la vuelta de estos años, la CTA se dividió y quedaron formalizadas dos “centrales” (si la palabra central tiene algún sentido es obvio que ninguna de las dos lo es). Pero eso no es lo más grave. Cada bloque está subdividio al infinito y, peor aún, sin una fuerza hegemónica real en ninguna de las dos. Este proceso negativo se completó con la conformación de un partido político verticalmente manipulado. Un pequeño núcleo dirigente que cambió la naturaleza del Congreso de Trabajadores para adosarse al Frepaso y luego integrarse a la Alianza, dividido ahora con toda lógica entre quienes siguen el camino del Frepaso desde las filas del oficialismo y quienes lo hacen tratando de formar un aparato político con el patrocinio de un sector de la iglesia, intenta vanamente capitalizar años de lucha político-sindical de un activo que creyó en el CTA primero y la CTA después.

La deriva destructiva del/la CTA coadyuvó y a la vez resultó del creciente e ininterrumpido repliegue del movimiento obrero –un fenómeno de alcance mundial- lo cual, sumado a lo anterior, alentó la fragmentación como nunca antes en las filas revolucionarias marxistas, dando lugar a todo tipo agrupamientos, con un único punto en común: su impotencia. En este terreno la historia profunda del movimiento obrero comenzó su reaparición en la superficie por su aspecto más negativo: el anarcosindicalismo y las expresiones políticas anárquicas, que no asumen tal condición y se manifiestan a través del rechazo a la noción de partido revolucionario, enmascarado en una exaltación del espontaneísmo, a menudo desnaturalizando el significado de los movimientos sociales.

Mientras tanto el elenco gobernante completaba su giro a derecha y dejaba como única contraparte visible al nuevo electoralismo infantoizquierdista que, con ayuda adicional y artera manipulación de medios masivos, ganó espacio considerable en el activo sindical más combativo.

Un rasgo particular de este último fenómeno es su choque frontal –casi fanático y por completo irracional- con los procesos revolucionarios latinoamericanos, a los que no les critica falencias y debilidades sino que los califica como contrarrevolucionarios y agentes del imperialismo. Esto último, desde luego, bloquea toda posibilidad de frente único, lo cual resta un número significativo de bravos activistas a la lucha que se avecina.

Desde que el Congreso de Trabajadores fue abortado, un agrupamiento de revolucionarios marxistas exploró todas las posibilidades de unidad social y política de los trabajadores. Vehiculizados mediante el períodico Eslabón y un órgano de frente único, El Espejo, fueron convocadas principalmente dos instancias: un Congreso del Pueblo (2007) y una estructura no tradicional a la que tentativamente se denominó Organización Federal para la Revolución Argentina (2009). En ambos casos se buscaba dar respuesta práctica a la dinámica de fragmentación de la clase y sus vanguardias.

Innecesario decir que no se logró el objetivo. La tarea, por tanto, sigue planteada. Sea cual sea el o los nombres que adopten los esfuerzos que con certeza se multiplicarán a partir de 2015, deberán partir de la realidad profunda de fragmentación y desigualdad extrema en los niveles de conciencia y organización de los trabajadores y sus vanguardias.

La militancia marxista que no ceja en el propósito de construir un partido revolucionario debe perseverar en esa tarea estratégica, pero sin desconocer ni negarse a toda posibilidad –también de proyección estratégica- que contribuya a la unidad social y política de las grandes mayorías. Se trata de dos aspectos de un mismo fenómeno, que se realizará de manera combinada o arrastrará a la derrota conjunta de vanguardia y masa.

En dependencia del desenlace coyuntural de un período relativamente breve que se inicia a fines de 2014, Argentina será un factor positivo o negativo en el retroceso dispar del fenómeno de convergencia latinoamericana, el cual  sólo podrá revertirse sobre la base de una perspectiva anticapitalista. Cada militante tiene esa responsabilidad sobre sus hombros.

17 de noviembre de 2014

 

Post Scriptum:

Este texto fue redactado en la fecha señalada, en el curso de un largo viaje. Razones diversas impidieron completar y corregir los numerosos detalles que requerían la ayuda de un archivo. En los 20 días transcurridos, no ha ocurrido nada que cambie la perspectiva aquí descripta, aunque es necesario señalar algunos detalles eventualmente muy importantes para acelerarla:

–      se agudizó abruptamente la confrontación USA-Rusia, sobre todo con eje en Ucrania;

–      nuevas estadísticas reconfirmaron la retracción de la economía mundial en todos sus sectores;

–      Israel bombardeó suburbios de Damasco, en una objetiva operación de pinzas con el cerco de la Otan sobre Ucrania;

–      cientos de miles de jóvenes se movilizaron en Estados Unidos y en México, anunciando una fase de radicalización en ambos países;

–      socialdemocracia y socialcristianismo operaron sobre los gobiernos de Unasur para intentar aislar al bloque del Alba;

–      se acentuó la guerra económica en Venezuela a la vez que se multiplicaban los indicios de una nueva intentona violenta contra el gobierno de la Revolución Bolivariana;

–      el reelecto gobierno de Brasil designó como ministro a un publico representante del capital financiero internacional;

–      el sector de Unen que proponía la alianza con Macri dio el paso y fracturó ese frente, mientras otro flanco del mismo hizo pública su aproximación a Massa y el tercero, minúsculo, quedó boyando en el vacío;

–      se lanzó una ofensiva judicial en toda la línea contra la Presidente y varios de los suyos, basada en inocultables hechos de corrupción desmesurada, que ahora parecen ser el primer paso en un procesamiento –hay pruebas irrefutables- que llevaría al agravamiento extremo de la crisis política, sin excluir la dimisión anticipada;

–      en un alarde de jesuitismo el papa lanzó un llamado, con enorme despliegue de prensa internacional y local, advirtiendo que sería muy negativo que en Argentina se interrumpiera el proceso institucional, pese a sus inocultables lazos con el juez que lleva a cabo la investigación…

No caben dos interpretaciones para esta sucesión de acontecimientos.

 

7 de diciembre de 2014

Disputa geopolítica, despliegue militar y crisis económica

PorLBenAXXI

 

2015: no será el año en que se desaten las gravísimas tensiones que atenazan al mundo actual y detonen una guerra sin precedentes. Puede ser, en cambio, el punto histórico en el que la dinámica de inexorable confrontación que hoy domina al planeta gane en irracionalidad y desmanejo o, por el contrario, sea revertida por el accionar consciente de nuevos bloques de poder mundial, capaces de iniciar un camino que no se limite a enfrentar a Washington y Bruselas por disputas geopolíticas y control de áreas mercantiles. La Revolución Bolivariana y el Alba en la coyuntura internacional.

 

Sin el estrépito del muro de Berlín, uno tras otro han caído mitos y tópicos con los cuales se reemplazó la reflexión política en los últimos 25 años.

Victoria definitiva del capitalismo, nuevo orden mundial, globalización, unipolaridad, fin del socialismo… nada queda de aquello, a siete años del colapso económico en los centros del mercado mundial. Excepto la inercia, no sólo en cerebros defensores del capitalismo, que insisten en calzar la nueva situación en moldes pasados.

El derrumbe de aquel simbólico muro y el posterior desmoronamiento de la Unión Soviética pusieron punto final a un largo período de transición fallida al socialismo. Pero el colapso financiero de 2008 acabó con la ilusión de un ordenamiento planetario con plataforma capitalista y comando en Washington. De paso, apagó el áurea enceguecedora de un futuro de prosperidad y libertad estilo estadounidense.

Los países del entonces llamado “socialismo real” torcieron un cuarto de siglo atrás su línea de marcha e iniciaron una transición inversa: hacia el capitalismo.

Acaso las flamantes Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk, no sólo por el nombre escogido y su intento federativo bajo la denominación Novorossia (Nueva Rusia), estén adelantando una señal del desenlace futuro de aquella marcha ahistórica. Es temprano aún para sacar conclusiones, aunque no para registrar el nuevo curso de los acontecimientos: junto con la hegemonía estadounidense se desdibuja el horizonte de una ilusoria prosperidad capitalista.

Eso no implica un nuevo orden. No se trata de múltiples centros de poder con gravitación regional en armónico reemplazo del statu quo ante. No hay ni podrá haber equilibrio estable entre esos bloques, ni al interior de ellos mismos.

La coexistencia pacífica establecida entre Estados Unidos y la Unión Soviética luego de la segunda gran guerra no semeja en nada al cuadro de situación actual. Aunque el tránsito hacia el capitalismo (sobre todo en Rusia y China) no se completó al punto de arrasar total y definitivamente con la antigua sociedad, sí es comprobable que la disputa actual se desenvuelve estrictamente en términos de confrontación intercapitalista. La disputa geopolítica no está determinada por el choque estratégico entre dos sistemas, sino por el poder como palanca vital para afrontar una economía en crisis.

Hoy lo admiten las voces más obstinadas del sistema dominante: las economías de los centros mundiales del capitalismo no se recuperaron del estallido de 2008. Evitaron el deslizamiento de la recesión a la depresión. Y ése no fue un logro menor. En medio del cataclismo el imperio dio una formidable prueba de fuerza y lucidez: la constitución del G-20. Pero aunque éste consiguió reorientar las políticas mundiales en favor del sistema, no alcanzó para neutralizar las fuerzas centrífugas provocadas por la crisis estructural. Y se agotó.

Así está el mapa mundial al cabo de un lustro de esfuerzos por recobrar el equilibrio: disgregado, sin liderazgo, en el punto de reinicio de una nueva fase recesiva, signada esta vez por la deflación. La caída en los precios del petróleo, con obvios componentes especulativos, es acompañada por reducciones igualmente empinadas en los precios de cereales, otras materias primas e incluso el oro. Son signos de la retracción de la economía mundial, el achicamiento de la demanda agregada, la agudización de la competencia y la tendencia deflacionaria: el más temible indicio de deslizamiento hacia la depresión.

Con los instrumentos de incentivos estatales ya agotados, con Japón y la Unión Europea en retroceso sostenido, Estados Unidos no podrá eludir la retracción de su economía. Está por verse si otra vez los manejos de la Reserva Federal, convenientemente aceitados por guerras puntuales y controlables, consiguen sortear el abismo de la depresión mundial. Es la hipótesis menos probable para el próximo quinquenio y se verificará en 2015.

Por lo demás, la fragmentación no se reduce al choque entre Occidente y Oriente, como pretenden ciertos autores.

Las grietas se ahondan entre todos los actores principales de la economía mundial capitalista. También por eso es errado comparar la agudización actual de tensiones con la Guerra Fría. La Otan no es ahora el dispositivo militar para abroquelar a Europa frente al fantasma del comunismo. Es ante todo el instrumento de la primera potencia militar mundial para disciplinar a la Unión Europea y, eventualmente, lanzarla a la guerra por mercados hoy disputados en los cinco continentes, en coaliciones imprevisibles.

 

Estados Unidos, China, Rusia

Como sea, en la coyuntura histórica nada disminuye la significación de la dinámica de choque entre dos bloques principales de poder mundial: Estados Unidos, la Unión Europea y Japón por un lado, Rusia y China por el otro.

Si bien Washington y sus subordinados ya están en guerra en puntos como Libia, Siria, Palestina, sumados en los últimos años a las invasiones a Afganistán e Irak, además de internarse en situaciones pre-bélicas como en Venezuela o Irán, los puntos más sensibles de la geopolítica mundial son el noreste europeo, con Ucrania como víctima, y la sorda confrontación con China a través de Japón, centrada en el control de la región Asia-Pacífico, con el Tratado Transpacífico (TPP) como punto de apoyo para las fuerzas imperialistas. La magnificente acogida de Beijing a la cumbre de la Apec (Asian Pacific Economic Cooperation) en noviembre, apenas una semana antes de la cumbre del G-20 en Australia, presentó al mundo una nueva gran potencia con gravitación sobre la mayoría de sus vecinos y con proyección planetaria, en inequívoca y victoriosa prueba de fuerza con Estados Unidos y su TPP.

Ya en junio América XXI reseñaba el acuerdo Rusia-China del 21 de mayo calificándolo de “enorme desplazamiento de fuerzas” y simbólico punto final para la hegemonía estadounidense.

Ese movimiento geológico se vería amplificado poco después con la cumbre del G-77 en Santa Cruz, Bolivia, para prolongarse todavía en tono mayor con las reuniones de los Brics en Brasil e inmediatamente de estos con Unasur y Celac.

Es el recorrido de una dinámica de disputa que culminaría el mes pasado en Beijing y Brisbane con un saldo neto: la Casa Blanca en retirada.

Diferente es el panorama en relación con Rusia. En este frente, Washington está lanzado a una beligerancia al parecer descontrolada. No sólo prorrogó la estada de sus tropas en Afganistán y disfrazó una nueva ofensiva contra Siria con la escalada contra su criatura terrorista denominada Estado Islámico. Entre el 15 y el 26 de septiembre 1.300 militares de 15 países realizaron maniobras al sur de Polonia. Bajo el comando de la Otan participaron efectivos de Ucrania, Azerbaiyán, Bulgaria, Canadá, Alemania, Georgia, Reino Unido, Letonia, Lituania, Moldavia, Noruega, Polonia, Rumanía, España y Estados Unidos.

“La Otan convierte prácticamente la región del Báltico en una zona de confrontación militar con Rusia”, afirmó Alexánder Grushkó, embajador ruso ante la otrora Alianza Atlántica, hoy dispositivo ofensivo de jurisdicción planetaria. El plan, acordado en la cumbre de la Otan en Gales en septiembre último, prevé la instalación de puestos de comando y tropas en seis países: Estonia, Lituania y Letonia, además de Polonia, Rumania y Bulgaria.

Semejante cerco contra Rusia se complementa con las sanciones económicas que pretenden ahogar la economía de ese país, afectado por la baja en el precio del petróleo. “Nadie levantará un muro a nuestro alrededor”, replicó el presidente Vladimir Putin, blanco de una orquestada campaña de desprestigio en la prensa internacional.

Mientras tanto, se acelera una nueva carrera armamentista. El Pentágono se ha lanzado a la planificación de un avión que supere al temible J-31 chino. Algo análogo planea la Fuerza Aérea de Japón, empeñada en construir un “caza-monstruo” capaz de enfrentarse a una escuadra. Estados Unidos continúa preocupado –aquí sí como en los peores momentos de la Guerra Fría– por la capacidad nuclear de las fuerzas armadas rusas. No le faltan razones: Rusia ya tiene el mismo número de portadores de armas nucleares y de ojivas que Estados Unidos.

Pável Podvig, responsable del proyecto Armamento Nuclear Ruso, explicó que la Armada ha recibido en los últimos años los primeros submarinos equipados con los nuevos misiles Bulavá con varias cabezas nucleares cada uno. “El submarino Alexandr Nevski, entregado el año pasado a la Marina de Guerra, ya está dotado de 16 misiles con seis cabezas cada uno. Los misiles Yars, con tres ojivas cada uno, han comenzado a sustituir los Topol-M que tienen sólo una” detalló Podvig. Desde el inicio del siglo XXI, es la primera vez que se ha alcanzado esa paridad. Otro motivo de preocupación para el Pentágono es el tanque de guerra ruso Armata, muy superior a los propios.

Esta carrera siniestra se espeja en otra por todos conocida: masacre israelí contra el pueblo palestino; decapitaciones de Isis; destrucción de mezquitas; asesinato de cinco judíos mientras rezaban en una sinagoga; 36 mil niños centroamericanos enjaulados por las autoridades estadounidenses; creación de un apartheid constitucional en Israel; boicot al proceso de paz en Colombia; destrucción institucional en México para alimentar el consumo de drogas en Estados Unidos y Europa…

Enajenación, brutalidad, irracionalidad: la lógica del capitalismo. O socialismo del siglo XXI, hoy empeño tenaz de la Revolución Bolivariana y el Alba

Fracasó el contraataque imperial

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No cesa el oleaje antimperialista en el continente. En forma de votos una fuerza telúrica remontó flaquezas y llevó al fracaso la más sofisticada, integral y mejor financiada contraofensiva estadounidense.

Comienza así una nueva fase en la lucha de la región contra la hegemonía estadounidense y la explotación capitalista.

Podía oírse el jadeo de las hienas, prontas a despedazar el ansiado cadáver. Pero no ocurrió la derrota electoral de las mayorías, por la que Washington trabajó a cara descubierta en Brasil y Uruguay. Tampoco tuvo éxito la escalada violenta ensayada otra vez en Venezuela.

Álvaro Uribe y José Aznar, cabezas visibles de la Internacional Parda, desperdiciaron el viaje simultáneo a Argentina en fecha supuestamente tan propicia para ellos. Esperaban anudar el gran éxito reafirmando un elenco fascista para el próximo período presidencial en el país sureño. Debieron limitarse a masticar arena en entrevistas con candidatos y periodistas adeptos. Los habían precedido celebridades de la prensa venal, todos contra Venezuela y aunando en la fácil condena al populismo el proceso político regional más rico y diverso en cinco siglos.

Así, por el momento el Departamento de Estado ha perdido la batalla. Continúa la guerra, desde luego, pero esta victoria tiene un valor trascendental y da nuevo aliento a las fuerzas revolucionarias de la región, debilitadas y en cierta medida confundidas por el retroceso visible de los últimos tiempos, interpretado por la Casa Blanca como su oportunidad para dar el zarpazo.

Este nuevo capítulo tiene base de sustentación en Bolivia, donde el saldo fue neto y no sólo ratificó la estrategia hacia el socialismo en ese país: orientó y estimuló a trabajadores, campesinos e indígenas de toda la región, contribuyendo a las victorias del Partido dos Trabalhadores en Brasil y el Frente Amplio en Uruguay.

Un horizonte nítido para esta nueva fase fue trazado en Venezuela por los estrategas del gran capital. Mientras volcaban cientos de millones para alimentar un letal aparato de propaganda, destinada a intoxicar a las mayorías en Suramérica, en Venezuela programaron una campaña terrorista, con base en paramilitares colombianos. El propósito inmediato era alentar la derrota del PT y el FA. Pero apuntaba también a sacar rédito en cada país de la región, sobre todo en Argentina, donde las metrópolis dan por seguro la victoria de fuerzas explícitamente proimperialistas en las presidenciales del año próximo.

Fallaron ambos objetivos. Descubierta y desmantelada por la inteligencia de la Revolución, la intentona terrorista tuvo un corolario particularmente brutal con el asesinato a sangre fría del joven diputado Robert Serra y su compañera. Operó otra vez sin embargo la conciencia y disciplina revolucionaria de vanguardias y masas, quienes comprendieron el sentido de la provocación. De modo que mientras fracasaba el intento de desatar un baño de sangre en Venezuela, la táctica imperial chocaba contra la voluntad de las masas en Brasil y Uruguay.

El papel que en la campaña de prensa tradicional jugó el elenco estable de pseudointelectuales itinerantes al servicio del Departamento de Estado lo cumplieron mercenarios en acción en Venezuela, donde el capital ya descarta la vía electoral. La beligerancia yanqui reitera el empleo de mercenarios terroristas, destinados a dividir el país y detonar una guerra civil como en Siria y Ucrania.

Con la programada derrota electoral de las mayorías en Uruguay y, sobre todo, en Brasil, Washington aspiraba al aislamiento de los países de la Alianza Bolivariana para los pueblos de nuestra América, condición para continuar en escala mayor el accionar terrorista en Venezuela y extenderlo luego al resto del Alba.

 

Nuevo cuadro regional

Doble frustración para la contrarrevolución. Y, de aquí en más, un desafío táctico-estratégico sin precedentes para gobiernos y fuerzas políticas anticapitalistas.

Son numerosas las consecuencias de esta derrota estadounidense. Inicia un nuevo ciclo en las relaciones de fuerza al sur del Río Bravo. La expresión no es mera fórmula: en consonancia con las victorias de naturaleza diferente en Venezuela, Bolivia, Uruguay y Brasil, México se ha instalado en una zona de turbulencia que dificultará su papel de plataforma estadounidense para vaciar de contenido a Unasur-Celac y ocupar el espacio con la Alianza del Pacífico.

Por un lapso de tiempo necesariamente breve las fuerzas de la revolución están en ventaja. La reforma política anunciada por Dilma Rousseff, aún indefinida, tendrá necesariamente un contenido democratizador, es decir, contrario al aparato elitista de la burguesía que integra el propio gobierno en la figura del Pmdb. En Uruguay el resultado electoral debe ser todavía refrendado en segunda vuelta, aunque es improbable otro resultado que afirmación de Tabaré Vázquez. En ambos casos es previsible que, pese a las exigencias objetivas de la economía y la eventual voluntad de los gobiernos o algunos de sus sectores, será imposible aplicar las medidas de saneamiento exigidas por la crisis internacional del capital, particularmente en el caso de Brasil.

A menos que el PT y el FA contradigan en lo inmediato sus promesas de campaña, la Alianza del Pacífico perderá músculo durante un período. Si el Alba actúa con eficacia, Unasur y Celac podrán recuperar autonomía frente a Estados Unidos, neutralizando las intenciones del arco Chile-Perú-Colombia-México. Frente a éste, el bloque suramericano del Alba –Venezuela, Ecuador y Bolivia- se convierte en un eje de enorme proyección potencial, incluso contando con el posicionamiento centrista de Brasilia y Montevideo y la presumible debilidad en el accionar de Buenos Aires, víctima de un desgaste extremo y en período preelectoral.

Sobre estos tres conjuntos dispares gravitará con creciente fuerza la crisis estructural del capitalismo que ya ha pasado de los centros imperiales al llamado bloque Brics (Brasil, Rusia, India, China y Suráfrica) y golpeará con dureza creciente sobre la totalidad del planeta, no sólo por la caída en los precios de las materias primas. De la respuesta táctica y estratégica a esta crisis dependerá el resultado de la gran batalla.

Socialdemocracia y socialcristianismo actúan alineados ora con el bloque centrista, ora con el arco de la Alianza del Pacífico. La manipulación de movimientos sociales bajo el manto de Francisco es una herramienta poderosa en solapado apoyo a la línea de acción estadounidense en esta pugna estratégica.

La Internacional socialdemócrata y el Vaticano obran con mayor peso incluso que el de algunos gobiernos del área. Oposición explícita o camuflada frente a la Revolución Bolivariana de Venezuela, combinada con ambigüedad y ambivalencia respecto de la definición socialista y la asunción de urgentes medidas de transición anticapitalista, son las maneras en que a menudo se filtran posiciones que dividen y debilitan a las masas. El Alba tiene la difícil tarea de mostrar un camino diferente al centrista, a la vez que detecta y proyecta toda posibilidad de frente único antimperialista.

En esta suerte de paréntesis estratégico se librará una franca batalla de clases extensible a toda la región, en la cual la perspectiva socialista enfrentará a corrientes reformistas y otras que se empeñan en afrontar la crisis del sistema desde el “capitalismo nacional”. Ese combate dirimirá quién estará al comando en la próxima etapa.

Aquí el terreno no es electoral y sólo en escasa proporción partidario. Se trata de cómo evolucionan las clases trabajadoras en materia de conciencia y organización. Si logran o no salir de la encerrona histórica en la que quedaron prisioneras tras la degeneración de la Revolución Rusa primero y la disolución de la Unión Soviética después. Por definición es una batalla a librar a escala mundial, con preponderancia en los países de mayor desarrollo industrial. Brasil entre ellos.

Acaso el factor más relevante del resultado electoral en ese país es que la clase obrera no se dejó engañar con la socialdemocracia que asume su condición, lo cual no atenúa el hecho de que esté encuadrada en estrategias de ese signo o, aún peor, adosada a fuerzas declaradamente burguesas. Es un hecho a subrayar y revertir que franjas juveniles y altamente calificadas de la clase obrera brasileña sí se encolumnaron electoralmente con el Psdb.

 

Cruje la economía mundial

América XXI lo repitió una y otra vez. Ahora lo admiten los medios del gran capital. Dice The Economist “A comienzos de año todo lucía color de rosa (…) Las problemáticas economías de la ‘periferia’ europea (¡¿por qué pondrán periferia entre comillas?!) comenzaban a cambiar de rumbo, parecía, y el Banco Central Europeo haría lo necesario para mantener unida la eurozona. Todo fue arrojado por la ventana durante la corrida de los mercados globales del 15 y 16 de octubre”.

Parecía que todo era color de rosa. Bravos editores los de la prensa imperialista…

Por la ventana fueron arrojadas las expectativas de recomposición no sólo de Grecia, sino también de España, Portugal y, un paso atrás, Italia y Francia, todo al compás de un anuncio para ellos asombroso: Alemania, la locomotora europea, beneficiaria de la estafa continental de la eurozona, ingresa al neblinoso terreno de la recesión. “Europa se está precipitando hacia una trampa de deflación y estancamiento de tipo japonés”, dice Paul Krugman, el keynesiano frustrado por las noticias cotidianas no sólo en el viejo continente: la Reserva Federal estadounidense aumentará en pocos meses la tasa de interés. Es decir: acaba con su política de descontrolada emisión de dólares sin respaldo, a la que denominó quantitative easing. Dicho de otro modo: deja de sostener la fallida reactivación con recursos falsos y admite el retorno de la recesión en Estados Unidos.

Yerran a distancia quienes pretenden responder a esta realidad corrigiendo el capitalismo con algún adjetivo, sea “humano”, “social”, “de Estado” o “progresista”. Ilusiones vanas. Queda recorrer el camino de la transición socialista, quebrar la espina dorsal de la ley del valor, abolir el sistema de opresión y explotación… o resignarse ante a las hienas que siguen allí.

 

 

27 de octubre de 2014